Read the book: «Discursos políticos»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 273


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por DANIEL RIAÑO RUFILANCHAS .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2000.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO479

ISBN 9788424932893.

INTRODUCCIÓN GENERAL

1. Vida

Los datos que tenemos sobre la vida de Temistio proceden fundamentalmente de sus discursos 1 . A pesar de que el panegírico no es una forma literaria que en principio favorezca las referencias personales, nuestro autor no es nada parco a la hora de insertarlas en sus obras, bien como mera ilustración de una argumentación retórica, bien en respuesta a los ataques de los adversarios. Como fuente secundaria contamos con el epistolario de Libanio, cuya correspondencia con Temistio no se interrumpe hasta el reinado de Valente y que, como señala Dagron, añade a las referencias objetivas «un poco de color y de vida» 2 . Por lo demás, son muchos los aspectos de su vida que permanecen todavía oscuros.

Aunque el fundamento es bastante endeble, la fecha generalmente admitida para su nacimiento es la del año 317, la misma del emperador Constancio II, a quien le dedica el Discurso I en calidad de «filósofo de su edad» (I 18a). Sí existen discrepancias a la hora de precisar el lugar. A pesar de que el autor alude a sus orígenes paflagonios (II 28d; XXVII 333c-d), algunos lo han considerado nativo de Constantinopla 3 . Sin embargo, los pasajes en los que se presenta como constantinopolitano parecen aludir más bien a los estrechos vínculos que lo unían con esta ciudad desde su juventud (XVII 214c; XXXIV 12). El discurso dirigido por Constancio al Senado, que alaba a Temistio por haber preferido la nueva capital a su ciudad natal, confirma esta interpretación 4 . Dentro de Paflagonia, se han propuesto los nombres de Abonútico, a orillas del Ponto 5 , y de Cimiata, en el interior de la región 6 .

Su infancia discurrió en el seno de una familia acomodada (aunque el autor insiste en su carácter modesto) 7 y de antigua tradición filosófica: su abuelo, que había obtenido el reconocimiento de Diocleciano (V 63d; XI 145b), y Eugenio, su padre, eran filósofos de profesión. Este último le inculcó el amor por Aristóteles y Platón que había de marcarlo durante toda su vida (XX 235c-d), y se preocupó de que recibiera una educación esmerada según los cánones de la época. Su formación comenzaría probablemente en Paflagonia, aunque desconocemos los nombres de sus maestros. La noticia de que Hierocles habría sido su profesor de retórica o de gramática se basa en la errónea interpretación de un pasaje de Libanio 8 . El propio autor nos informa de que su formación retórica tuvo lugar en una pequeña ciudad del Ponto cercana al río Fasis, posiblemente Neocesarea, adonde su padre lo habría enviado por haber estudiado allí él mismo o por conocer a algún profesor de su confianza (XXVII 332d-333b). Se ha sugerido, aunque no pasa de ser una hipótesis, que éste podría haber sido Basilio de Neocesarea, padre de Basilio de Cesarea, cuyo interés simultáneo por la retórica y por la filosofía, muy del gusto de Eugenio, explicaría la actitud conciliadora de Temistio entre las dos disciplinas 9 .

Una consideración del Discurso XXIII, sobre los veinte años transcurridos en Constantinopla hasta la embajada a Roma del 357, ha llevado a la mayoría a situar la llegada de Temistio a la capital en el año 337, fecha en la que habría comenzado la instrucción filosófica junto a su padre (XXIII 298b). Las dificultades con que se topa esta datación (el retraso excesivo del inicio de la instrucción, sus ausencias de la ciudad constatadas después del 340, o las alusiones a visitas ocasionales a Constantinopla durante la juventud, que presuponen estar residiendo fuera de ella: XVII 214c; XXXIV 12) han llevado a Vanderspoel a proponer que los veinte años mencionados por el autor no implican una residencia ininterrumpida en Constantinopla, por lo que propone adelantar su llegada a la capital a los años 332/333, fecha en la que habría iniciado su educación filosófica bajo la tutela de Eugenio, que a la sazón vivía en la ciudad 10 . De él habría de heredar la devoción por Aristóteles y el afán divulgador que va a plasmarse tanto en el enfoque práctico de su filosofía política y de su programa educativo, como en la propia composición de paráfrasis de los tratados aristotélicos.

En tomo al 340 Temistio contrae matrimonio con la hija de un filósofo (XXI 244b-d), unión de la que nacen varios hijos, entre ellos uno, de nombre Temistio, que estudiará retórica con Libanio antes de la marcha de éste a Antioquía en el 353/354 y morirá poco después 11 . También por estos años inicia su carrera de profesor y se dedica a impartir conferencias en la capital y en diversos centros culturales, aunque sólo tenemos constancia de su presencia en Nicomedia y en Ancira antes del establecimiento definitivo en Constantinopla. El tono del Discurso XXIV, pronunciado antes del 344 12 y que es, en efecto, un protréptico dirigido a los habitantes de Nicomedia con motivo de la inauguración de un ciclo de conferencias, parece sugerir una residencia estable más que una visita académica (XXIV 302c) 13 . Unos años después, en el 347, lo encontramos en Ancira, en la región de Galacia, donde pronuncia su primer panegírico a Constancio 14 , aunque en el 348 emprende ya el regreso a Constantinopla. Sin embargo, no puede hablarse de una fijación definitiva de su residencia hasta la década siguiente, y ello después de haber rechazado ofertas procedentes de Ancira y de Antioquía, ésta última debida quizá a su amistad con Libanio (XXIII 299a) 15 . El Discurso XXXIII, compuesto con toda seguridad en el 348 16 , ha sido considerado tradicionalmente la lección inaugural de su cátedra de filosofía en Constantinopla 17 , mientras que el XXXII, sobre la paternidad de los filósofos, corresponde también a esta etapa de su vida, probablemente al año siguiente 18 .

A partir de este momento la fama de Temistio se extiende rápidamente, aunque tenemos escasas noticias de sus actividades. Durante estos años se consagra a la enseñanza (sin que falten, por cierto, agrias polémicas con sus rivales) 19 y a la redacción de las paráfrasis de Aristóteles 20 . Los discípulos de un filósofo de Sición, un antiguo seguidor de Jámblico que se había trasladado con toda su escuela a Constantinopla, pudieron oír en Delfos de labios de Apolo que Temistio, como Sócrates antaño, era el hombre más sabio de su tiempo (XXIII 295b, 296a-b) 21 . Uno de estos discípulos, Celso, se desplazará años después a Constantinopla para entrar a formar parte del Senado y estudiar con Temistio 22 . El Discurso XXX, un elogio de la agricultura, es redactado también en este período anterior a la designación de su autor como senador 23 .

Si bien es cierto que el panegírico pronunciado en Ancira fue decisivo para la marcha de Temistio a Constantinopla, hay que esperar hasta el año 355 para que su vida se oriente definitivamente hacia la actividad pública y el compromiso con el régimen. Es en este momento cuando Constancio lo incorpora al Senado de la nueva capital, impresionado quizá por el contenido de sus piezas oratorias, particularmente por los Discursos I y XXXIII, y posiblemente gracias a la mediación de Saturnino, el futuro colega de Teodosio en el consulado y dedicatario, junto a éste, del Discurso XVI. La deuda de más de treinta años a la que aludirá entonces Temistio parece no ser otra que el haber sido presentado en aquella ocasión a Constancio (XVI 200a) 24 . La adlectio vino acompañada de multitud de obsequios que el orador rechazó en virtud de su condición de filósofo, con la única excepción de una annona privada (II 25d-26a) 25 . Constancio remitió al Senado un discurso encomiástico, conservado dentro del corpus temistiano 26 , en cuyos términos se evidencian las razones que lo llevaron a tomar la decisión: la filosofía política de Temistio congeniaba a la perfección con la realeza que él representaba, mientras que, por otro lado, la figura del intelectual pagano «comprometido» revestía de legitimidad «filosófica» al orden establecido. Con el Discurso II, pronunciado en el Senado en noviembre de este mismo año en ausencia del emperador, Temistio agradece el privilegio concedido. Simultánea a estos acontecimientos es, por último, la muerte de su padre 27 , que lo obliga a desplazarse a Paflagonia en el mes de octubre. Allí pronuncia el discurso fúnebre en honor de Eugenio (Disc. XX) y el XXVII, en defensa de las escuelas locales de retórica.

Con el Discurso XXI, que gracias a una referencia de Libanio se puede fechar en el invierno del 355/6 28 , comienza lo que será una constante en la vida de Temistio: la respuesta contra los duros ataques de sus adversarios. En este discurso y en los numerados como XXIII, XXVI y XXIX, pronunciados en Constantinopla entre los años 358 y 359, reivindica frente a sus detractores el papel del filósofo en la sociedad. Por estos mismos años, a finales del 355, o quizá durante el año siguiente, es posible que redactase un protréptico para Juliano, cuyo nombramiento como césar estaba próximo, el cual había de tener como respuesta al cabo del tiempo un texto de importancia excepcional para comprender las concepciones políticas enfrentadas del orador y del futuro augusto: la conocida Carta a Temistio que forma parte del corpus de Juliano. En la segunda mitad del 356 emprende un viaje por diversas ciudades orientales, entre ellas Ancira (XXIII 299a) y Antioquía, donde asiste a la visita de una delegación persa (IV 57b). Con su presencia en esta última ciudad intentaba quizá limar asperezas con el prefecto del pretorio Estrategio Musoniano, que no había logrado convencer al orador para que abandonase Constantinopla y fijase allí su residencia. Las quejas de Libanio por un pretendido distanciamiento de su amigo deben relacionarse también con estos acontecimientos 29 . En este mismo año Constancio, complacido por el discurso de agradecimiento a su adlectio, le concede una estatua de bronce (IV 54b; XXXI 353a) 30 , aunque el invierno se cierra trágicamente con la muerte de su hijo, el joven Temistio 31 . Por fin, ya a su regreso de Antioquía se le encarga componer un panegírico para la inauguración en Milán del consulado de Constancio y Juliano. El Discurso IV, pronunciado ante el Senado de Constantinopla el mismo día l de enero, justifica su negativa a emprender este viaje, aunque pocos meses después, en la primavera del 357, encabeza una embajada del Senado con ocasión de la visita del emperador a Roma. A esta primera misión diplomática oficial corresponde el Discurso III.

Las actividades públicas de Temistio durante el reinado de Constancio no se limitaron, sin embargo, a los panegíricos. Además de su más que posible supervisión de las actividades de la biblioteca de Constantinopla (IV 59b-61b), su condición de senador le acarrearía compromisos políticos de diversa entidad cuyos detalles desconocemos. Tenemos constancia, no obstante, de uno particularmente significativo: el encargo por parte del emperador de la tarea de reclutar nuevos miembros para el Senado de la capital. De esta actividad nos informa un pasaje recapitulativo del Discurso XXXIV (fechado en el 384) en el que Temistio también menciona, entre otros servicios prestados a la ciudad, el haber logrado de Constancio el restablecimiento de la asignación de trigo, que le había sido retirada a ésta tras el linchamiento de Hermógenes en el 342 (XXXIV 12). Las cartas de Libanio se hacen eco del resentimiento que generó en las provincias orientales la pérdida de sus más ricos y competentes ciudadanos en favor de Constantinopla 32 .

Pero el reinado de Constancio convirtió a Temistio, más allá de las críticas de sus adversarios, en una figura de gran influencia dentro de la corte. La dificultad estriba en comprobar si esta influencia la ejerció en algún momento desde un cargo político. En el citado pasaje del Discurso XXXIV el orador alude a esta situación privilegiada con el término de prostasía, lo que Dagron y Daly han interpretado como que Temistio habría ejercido la presidencia del Senado 33 , aunque es más verosímil entender por prostasía una posición influyente ajena a cualquier responsabilidad pública 34 . Seeck, sin embargo, y otros muchos autores son de la opinión de que Temistio desempeñó bajo Constancio el cargo de procónsul de Constantinopla 35 . Si Dagron se basaba en un pasaje del Discurso XXIII, en el que el orador afirma haber rechazado una magistratura, para afirmar que jamás llegó a ocupar el proconsulado 36 , recientemente Vanderspoel se ha sumado a esta postura aduciendo en su favor una noticia sobre las actividades públicas de Temistio. Sabemos, en efecto, por el Codex Theodosianus que nuestro orador formó parte en mayo del 361 de una comisión imperial para la elección de pretores; esta comisión, según se nos dice, estaba integrada por diez antiguos cónsules, procónsules y prefectos, a los que se unía Themistius quoque philosophus, cuius auget scientia dignitatem 37 . El hecho de que se le cite separadamente de los magistrados, en virtud de una sencilla dignitas que equivale quizá a la citada prostasía, parece dejar claro que, al menos hasta esa fecha, Temistio no había sido procónsul de Constantinopla.

Al final del reinado de Constancio encontramos a nuestro orador casado en segundas nupcias con una mujer frigia 38 y en la cumbre de su influencia política. En otoño del 359 el emperador incluso pudo llegar a ofrecerle la prefectura de la ciudad, aunque la falta de datos ha llevado de nuevo a los especialistas a adoptar diferentes posturas. El punto de partida es una vez más el Discurso XXXIV. Temistio, como praefectus Urbis en el 384, explica sus razones para aceptar bajo Teodosio la prefectura a diferencia de lo ocurrido años atrás con otro emperador que, como amigo de la filosofía, era dócil a sus consejos y le concedía un trato familiar (XXXIV 14):

«Y si alguno me pregunta por qué razón la rehusé en el pasado y en cambio ahora no, le responderé sin dudas ni reticencias. Aquel emperador es para mí digno de veneración y de glorioso recuerdo, pues no descuidó nada de lo que contribuye a ensalzar a la filosofía, ni grande ni pequeño. A menudo me sentó a su lado con mi capa de filósofo y me hizo compartir su mesa y su camino. Me trataba con dulzura cuando le amonestaba, y no se irritaba cuando le reprendía.»

Mai, el primer editor del Discurso XXXIV, identificó a este emperador con Juliano; y son muchos los que lo han seguido en esta interpretación 39 . Brauch ha revisado la cuestión en un documentado artículo en el que no sólo defiende contra la opinión mayoritaria que el emperador despechado fue Valente, sino que considera cierta la noticia de la Suda de que Temistio fue prefecto con Juliano 40 . Vanderspoel, aunque reconoce que los rasgos del monarca descrito se acomodan tanto a Juliano como a Constancio, se inclina por este último, dado que la familiaridad que se menciona se aviene mejor a la cercanía que el orador mantuvo con el hijo de Constantino. En su opinión, Temistio habría recibido la oferta de parte de Constancio, aunque nunca llegó a ocupar el cargo por la repentina muerte de éste en el 361 o quizá, lo que aventura como hipótesis, por las dudas que se suscitaron sobre la lealtad de Temistio a raíz de la publicación en este mismo año de la carta con la que Juliano, usurpador a esas alturas, respondía al protréptico que el filósofo le había dirigido en el 356 41 .

En cualquier caso, el acceso al trono de Juliano significó para Temistio todo un paréntesis en su carrera política 42 . La noticia antes referida de la Suda, según la cual el orador habría sido praefectus Urbis bajo este emperador, se debe probablemente a una errónea asociación de estas dos destacadas figuras del paganismo del siglo IV . De hecho, Temistio jamás ejerció sobre Juliano, más próximo a la corriente neoplatónica jambliquea, la influencia que sí tuvo sobre Constancio; y aunque resulte exagerado hablar de postergación, lo cierto es que las relaciones entre ambos personajes no pasaron nunca de un frío respeto.

No conocemos con exactitud cuándo se produjo el primer encuentro entre ambos, pero de la Carta a Temistio se puede deducir que Juliano tuvo la ocasión de conocerlo durante sus años de formación. El tono de la carta, más aún si realmente es la respuesta a un protréptico de Temistio, nunca se aleja del respeto debido a un antiguo profesor 43 , e incluso parece aludirse a una antigua relación entre alumno y profesor 44 . De existir tal relación, habría nacido probablemente con ocasión de la estancia de Juliano en Constantinopla antes de verse forzado a residir en Nicomedia, en torno al 348/9, aunque no tienen por qué descartarse otros encuentros en las breves estancias de Juliano en la capital.

La carta, no obstante, dejó a Temistio en una situación comprometida. A pesar de haber sido redactada originalmente en el 356 sin ninguna finalidad política, Juliano le imprimió su forma definitiva a finales del 360. En su nueva redacción, con un final en el que el inminente augusto justificaba su revuelta contra Constancio 45 , fue publicada como carta abierta, con lo que las referencias a las antiguas palabras laudatorias de Temistio despertaban serias dudas sobre la fidelidad de éste a su emperador, algo que, según se ha sugerido (creo que exageradamente), podría deberse a un deliberado intento por parte de Juliano de minar la influencia de Temistio en la corte 46 . Con todo, en lo que respecta a su contenido, la carta trazaba con absoluta claridad el enorme abismo que separaba el programa político de Juliano del ideario de Temistio, diferencias que afectan a la propia dignidad del emperador, ajeno para Juliano a toda noción de divinidad 47 , y al papel del filósofo en la sociedad, que para el emperador, más próximo a la ortodoxia neoplatónica, había de abstenerse de participar en la política activa 48 . Ambos partían, en definitiva, de dos formas opuestas de entender el helenismo que sostuvieron a lo largo del siglo IV uno de los debates más singulares de la Antigüedad tardía 49 .

Pero la relativa postergación de Temistio y de la línea política que representaba no significó una ruptura de las relaciones entre el orador y el monarca. En la primavera del 363 Libanio solicita a Temistio una copia de un panegírico a Juliano 50 , y en una carta de otoño del mismo año, posterior, por lo tanto, a la muerte de aquél en Persia, da su opinión favorable sobre esta obra 51 . Hoy se tiende a identificar este panegírico, aunque no sin discusión, con el tratado que con el título de Risâlat hemos conservado en dos manuscritos árabes y que es, por otro lado, la traducción de una primera versión siríaca 52 . La existencia de este panegírico, pronunciado quizá en Antioquía el uno de enero del 363 con ocasión del inicio del consulado de Juliano 53 , es la demostración más palpable de que Temistio siguió desempeñando las funciones habituales de un senador de su rango. Las alabanzas sinceras contenidas en la carta de Libanio, que, además de ser fervoroso seguidor de Juliano, tenía sobradas razones para mostrarse suspicaz con el senador de Constantinopla, nos confirman en la idea de que Temistio siguió desempeñando, aunque no en primera fila, un papel activo en la vida política del imperio, y que probablemente haya que relativizar el alcance de su «enfrentamiento» con Juliano.

La muerte del emperador el veintiséis de junio del 363 en pleno territorio persa dejó el imperio en una situación precaria. Los oficiales, apremiados por las circunstancias y ante la negativa del prefecto Salustio a aceptar el trono, proclamaron emperador a Joviano, quien se apresuró a firmar un humillante armisticio con los persas que incluía la cesión de Nísibis y otros territorios, para partir acto seguido hacia Antioquía. Sabemos por Libanio 54 que una delegación procedente de Constantinopla se encontró allí con el nuevo emperador en el otoño del 363. Temistio no formaba parte de ella, lo que Libanio, siempre suspicaz, interpretó como un intento de esquivar un encuentro personal entre los dos oradores; y quizá no le faltara razón, aunque los motivos no fueran de carácter personal, sino político, ya que probablemente Temistio habría considerado poco oportuna la visita a un conocido partidario de Juliano 55 . Por lo demás, las relaciones entre Temistio y Joviano habrían de limitarse al panegírico pronunciado en Ancira el uno de enero del 364, con ocasión del inicio del consulado del nuevo emperador y de su hijo Varroniano. En este panegírico, que hoy conocemos como Discurso V, intenta ganarse al emperador con su acostumbrada habilidad idealizando las circunstancias de su proclamación y el significado del tratado con Persia, para explayarse, acto seguido, con un bello alegato contra la intolerancia religiosa nacido del temor a una reacción antipagana.

Valente, sucesor de Joviano en Oriente, no se ajustaría a semejante programa de tolerancia. En éste y en otros asuntos políticos de gran importancia el nuevo emperador se iba a encontrar con la desaprobación de Temistio, que, ya en su madurez, tuvo la habilidad necesaria para ejercer una constante influencia sobre el monarca, a veces desde una actitud ciertamente crítica, aunque sin ocupar aparentemente ningún cargo o magistratura. Los seis panegíricos dirigidos a Valente son otras tantas reflexiones en las Temistio pretende responder a los principales problemas que se plantearon a lo largo del reinado.

El primero de ellos, el VI, pronunciado en el invierno del 364/5, es una reflexión a posteriori sobre las relaciones entre los dos augustos, Valentiniano y Valente, y sobre las circunstancias de su proclamación. Después de un período de dos años, que en buena parte coincide con la usurpación de Procopio y durante el cual carecemos de toda información sobre sus actividades, encontramos por fin la respuesta del orador ante los acontecimientos: el Discurso VII (pronunciado en el invierno del 366/7), en el que se ocupa de elogiar la clemencia del emperador con los partidarios del usurpador, así como de amplificar la figura de Procopio como paradigma de vileza. Ya en la primavera del 367 Valente marcha a la frontera del Danubio para castigar a los godos por su apoyo a Procopio. Hasta el cese de las hostilidades, que tiene lugar con la firma del tratado de paz en medio del Danubio en el invierno del 369/70, Temistio pronuncia tres panegíricos al hilo de los acontecimientos: el Discurso VIII (368), en Marcianópolis, cerca del Danubio, adonde se desplaza para la celebración de los Quinquennalia de los augustos, aunque el núcleo temático lo constituyan los impuestos y la administración económica del imperio; el IX (de comienzos del 369), en honor de Valentiniano, hijo de Valente, que había alcanzado el consulado en este mismo año con el general Víctor como colega; y por fin, el Discurso X (de comienzos del 370), pronunciado en Constantinople tras haber encabezado la embajada senatorial que había viajado al Danubio para persuadir a Valente de la firma del tratado de paz.

Valente no permaneció por mucho tiempo en la capital. En abril del 370 se encontraba ya en Antioquía 56 , donde habría de residir la mayor parte de su reinado. En esta ciudad, que ya había vivido un hondo desencuentro con Juliano, el emperador desató una política de terror religioso, primero contra la teúrgia pagana (la llamada «persecución de los filósofos», de los años 371/2), y después contra el cristianismo niceno. En estos años, entre el 373 o el 374, Temistio visitó probablemente Antioquía para pronunciar el Discurso XI, por los Decennalia de Valente, y el XXV, breve pieza de circunstancias con la que intentaba disculparse ante el emperador por su incapacidad para improvisar. Por otro lado, un pasaje de Sócrates 57 nos informa de un discurso de Temistio, pronunciado quizá en el invierno del 375/6, en el que intentaba persuadir a Valente de que pusiera fin a la persecución de los nicenos «homousianos», discurso que, según el historiador, cumplió en parte su objetivo de aplacar la saña del monarca. Los argumentos desarrollados estarían sin duda en la línea del Discurso V 58 .

Por último, anterior a la muerte de Valente es también el único panegírico que le dirigió a Graciano (a quien se alaba, con todo, en los panegíricos del período teodosiano por su decisión de elevar al trono al general hispano), pronunciado ante el Senado de Roma con ocasión de la segunda visita documentada del orador a la ciudad del Tíber, en los años 376 ó 377. Se trataba de un encargo personal del propio Valente, a quien acompañaba por entonces en sus campañas militares por las inmediaciones del Éufrates y del Tigris (XIII 165d, 168c, 171b). Aunque carecemos de datos sobre otras actividades realizadas por Temistio en Roma, sin duda tuvo ocasión de entrevistarse con destacados miembros de la aristocracia senatorial, entre ellos Símaco, cuya Relatio III recoge numerosos motivos presentes en el Discurso V de Temistio, y Pretextato, traductor de la Paráfrasis de los Analíticos de Aristóteles 59 . De hecho, las reflexiones sobre la venerable tradición piadosa de la ciudad de Roma, encarnada en las leyes de Numa, revela una sensibilidad cercana a la de los círculos paganos de la capital, empeñados por entonces en la defensa, frente al cristianismo oficial, de su religión tradicional 60 .

En la primavera del 378 Valente abandona Antioquía para emprender camino hacia Tracia. A su paso por Constantinopla, si hemos de creer a Sócrates, mantiene un tenso enfrentamiento con los representantes de la ciudad, que estaban atemorizados por la amenaza de los godos 61 . Poco después, el 8 de agosto del 378, el ejército romano es aniquilado, junto con su emperador, en Adrianópolis. Los acontecimientos se precipitan. Necesitado de un general capacitado para afrontar el problema bárbaro, Graciano llama a su lado al hispano Teodosio. En otoño lo designa magister equitum et peditum, y después de sus victorias militares, en enero del 379, lo proclama en Sirmio augusto de Oriente. Con ello puede afirmarse que comienza el período más brillante de la carrera política de Temistio, fundado en las excelentes relaciones que mantendrá desde el primer momento con el nuevo emperador: paradójicamente, el paladín heleno de la tolerancia religiosa llegará a lo más alto bajo el cetro del emperador que, años más tarde, impondrá la ortodoxia nicena y condenará el paganismo. Durante estos años nuestro orador dedicará importantes páginas de su panegíricos a la reflexión sobre los problemas del momento, todo dentro de su táctica habitual de buscar la influencia en el monarca a través del encomio. Sin embargo, frente a las discrepancias de fondo con la política de Valente, la sintonía será completa en el caso del emperador Teodosio, quien, por otra parte, habrá de encomendar a Temistio la educación de su hijo Arcadio, futuro augusto de Oriente, antes de emprender la lucha contra el usurpador Máximo (XVIII 220d, 224b-225b; XVI 204b, 213a).

El primer encuentro con el emperador tiene lugar posiblemente en Tesalónica, donde pronuncia ante él su Discurso XIV en la primavera del 379, ya que la enfermedad le había impedido formar parte de la embajada que Constantinopla envió a Sirmio para felicitar al nuevo monarca (XIV 180bc). Después de esto, habrá que esperar hasta el 381, tras el regreso de Teodosio a Constantinopla 62 , para tener nuevamente noticias de Temistio. A este año correponde el Discurso XV, que a pesar de la táctica habitual de evitar los asuntos bélicos e incidir en la humanidad del emperador, se pronuncia con ocasión de una entrada triunfal en la ciudad. El problema bárbaro, junto a la acostumbrada imaginería de apologética imperial, serán los temas dominantes en los panegíricos de este período hasta la conclusión de la paz con los godos en otoño del 382. En esta línea, el Discurso XVI no es sino una gratiarum actio por la paz y por el consulado que el general Saturnino, que tan decisivo papel pudo haber jugado en la presentación de Temistio a la corte de Constancio, recibió como reconocimiento a su labor negociadora.

Pero es al año siguiente cuando nuestro autor alcanza el techo de su carrera. Antes de partir para enfrentarse con el usurpador Máximo 63 , Teodosio lo designa prefecto de la ciudad, lo que le proporciona de inmediato la presidencia del Senado. En el Discurso XVII, pronunciado en los primeros días del ejercicio del cargo, expresa su agradecimiento por la designación. Temistio aceptaba de este modo el ofrecimiento que, según su propio testimonio, había rechazado repetidamente en el pasado, y que lo conduciría a un grado de compromiso con el poder que habría de valerle las críticas más feroces de sus adversarios. El paganismo militante, que consideraba su investidura una traición a la filosofía y al helenismo, se manifestó a través del conocido epigrama de Páladas dirigido contra su persona 64 . Durante su ejercicio del cargo pronunció, aparte del ya citado Discurso XVII, el Discurso XXXI, en el que defendía con no demasiada contundencia su posición como presidente del Senado, y el Discurso XVIII, anterior a septiembre del 384, fecha del nacimiento de Honorio, segundo hijo de Teodosio. A finales del 384 o comienzos del 385 Temistio ya ha abandonado el cargo, lo que hace pensar en el fracaso de su gestión 65 . A estos últimos años corresponden el Discurso XIX, pronunciado en el Senado a finales del verano del 384, posiblemente en presencia de Teodosio, y la gran recapitulación de su vida y apología de su trayectoria personal que es el Discurso XXXIV, pronunciado en los primeros meses del 385. Después de esta fecha perdemos por completo el rastro de Temistio. Una mención, la última, de la Carta XVIII de Libanio 66 , fechada en abril o mayo del 388, fija el terminus post quem para la muerte del gran orador y filósofo político de Constantinopla.