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NOTAS SINFÓNICAS
Este libro recopila los comentarios que Sebastiano De Filippi escribió para los programas de mano correspondientes a las temporadas 2013, 2014 y 2015 de la Orquesta Sinfónica Nacional, un período de gran efervescencia para el primer organismo sinfónico de la Argentina.
El lector encontrará en sus páginas, como es de esperar, un acercamiento a célebres obras sinfónicas y concertantes de grandes compositores como Elgar, Grieg, Haydn, Liszt, Prokofiev, Rachmaninov, Schubert, Shostakovich, Sibelius, Strauss y Weber.
Adicionalmente, tomará contacto con algo que no suele encontrarse en una guía de repertorio orquestal: el análisis de piezas que provienen de los géneros operístico, coreográfico y sinfónico-coral, pertenecientes a Bach, Beethoven, Brahms, Bruckner, Mussorgsky, Stravinsky, Verdi y Wagner.
Pero el aporte más novedoso de esta obra consiste en una serie de textos que por primera vez ilustran composiciones de autores argentinos modernos y contemporáneos como Benzecry, Casanova, Ginastera, Golijov, Mainetti, Piazzolla, Williams y Zorzi.
Se configura así un acercamiento original y ameno a un amplio abanico de obras orquestales, de grata lectura y útil consulta para melómanos, estudiantes, docentes e intérpretes musicales, y para cualquiera que desee acercarse al fascinante mundo del repertorio sinfónico.

Sebastiano de Filippi nació en 1977. Tras una intensa carrera como solista, se licenció en dirección musical con las máximas calificaciones por la Real Academia de Música de Londres. Asistió a cursos de perfeccionamiento en instituciones como la Academia Musical Chigiana de Siena y el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón en Buenos Aires. Dirigió las orquestas Sinfónica Nacional, Filarmónica de Buenos Aires, Nacional de Música Argentina y otros conjuntos instrumentales de Buenos Aires, La Plata, Mendoza, Rosario, Mar del Plata, Viedma y Avellaneda, además de trabajar con los coros Polifónico Nacional y Nacional de Jóvenes. Se presentó en los principales teatros (Colón, Argentino, Gran Rex) y salas (Centro Cultural Kirchner, Usina del Arte, Auditorio de Belgrano) del país. Dirigió conciertos, óperas y ballets en la Argentina, Paraguay, Bolivia, Chile, Ecuador, México, Brasil, Estados Unidos, España, Italia, Holanda, Hungría, Alemania, Croacia, Chequía, Egipto y Corea.
Desde septiembre de 2013 es –por concurso público, abierto y nacional de antecedentes y oposición– director musical de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, cuyo ciclo anual programa y prepara, y con la que desde entonces realiza, además de conciertos en la temporada oficial, presentaciones de extensión, transmisiones, giras y grabaciones. Grabó para la Radio de Praga un programa con la Orquesta Filarmónica de Cámara Checa, que fue transmitido a toda Europa. Por su dirección de Aida de Verdi recibió el Premio Estímulo por parte de la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina, galardón que volvió a recibir en 2015 como director de la Orquesta de Cámara del Congreso, al que se suma su reconocimiento como “mejor orquesta de cámara argentina” en 2018. Gestor, docente, escritor y jurado, ejerció la investigación y la docencia en ateneos de la Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Estados Unidos, Alemania, Italia y España. Tiene en su haber decenas de artículos publicados en revistas y programas de mano.
Es autor de los libros Cristóbal Colón: los navegantes italianos de los siglos XV y XII, Alta en el cielo: vida y obra de Héctor Panizza (en coautoría con Daniel Varacalli Costas), La Ciudad de la Llama Azul: luces y sombras sobre el cerro Uritorco y Los Señores del Uritorco: la verdadera historia de los comechingones (en coautoría con Fernando Soto Roland), algunos de los cuales ya fueron traducidos al inglés y al italiano.
Fue nombrado primero caballero y luego oficial en la Orden al Mérito de la República Italiana por el presidente de ese país, además de embajador de paz por el movimiento internacional Mil Milenios de Paz.
Foto: Luis Timisky
SEBASTIANO DE FILIPPI
NOTAS SINFÓNICAS
Un panorama del repertorio orquestal

Índice
Cubierta
Acerca de Notas Sinfónicas
Portada
Epígrafe
Dedicatoria
Agradecimientos
Presentación. Pedro Ignacio Calderón
Prefacio. Luis Roggero
Prólogo. Ciro Ciliberto
Introducción
Johann Sebastian Bach (1685-1750) Pasión según San Juan
Ludwig van Beethoven (1770-1827) Sinfonía Nº 1 Sinfonía Nº 2 Sinfonía Nº 3 Sinfonía Nº 4 Sinfonía Nº 5 Sinfonía Nº 6 Sinfonía Nº 7 Sinfonía Nº 8 Sinfonía Nº 9 Concierto para piano y orquesta Nº 5
Esteban Benzecry (1970) Rituales amerindios Pachamama
Johannes Brahms (1833-1897) Sinfonía Nº 3 Canto de las parcas
Anton Bruckner (1824-1896) Te deum
Fermina Casanova (1936) Capricho para violonchelo, piano y orquesta
Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo y orquesta
Alberto Ginastera (1916-1983) Tres danzas de Estancia
Osvaldo Golijov (1960) Noche de los caballos voladores
Edvard Grieg (1843-1907) Concierto para piano y orquesta
Franz Joseph Haydn (1732-1809) Sinfonía Nº 96
Franz Liszt (1811-1886) Concierto para piano y orquesta Nº 1
Pablo Mainetti (1971) Fuga parisina
Modest Mussorgsky (1839-1881) Cuadros de una exposición Preludio de Khovanschina Prólogo de Boris Godunov
Ástor Piazzolla (1921-1992) Fuga y misterio
Sergei Prokofiev (1891-1953) Pedro y el lobo
Sergei Rachmaninov (1873-1943) Concierto para piano y orquesta Nº 2
Franz Schubert (1797-1928) Sinfonía Nº 9
Dimitri Shostakovich (1906-1975) Sinfonía Nº 5
Jean Sibelius (1865-1949) Concierto para violín y orquesta
Richard Strauss (1864-1949) Sinfonía alpina
Igor Stravinsky (1882-1971) Edipo rey Suite Nº 2 de El pájaro de fuego Suite Nº 3 de El pájaro de fuego
Giuseppe Verdi (1813-1901) Misa de réquiem
Richard Wagner (1813-1883) Obertura de Rienzi Preludio y coro de Los maestros cantores de Núremberg
Carl Maria von Weber (1786-1826) Concertino para corno y orquesta
Alberto Williams (1862-1952) Obertura de concierto Nº 2
Juan Carlos Zorzi (1935-1999) Variaciones enigmáticas Tanguango
Autores varios (Compositores desde 1792 hasta 1988)
Apéndices Libreto de Edipo rey. Ópera-oratorio en dos actos (1927) de Igor Stravinsky (1882-1971) Libreto de Pedro y el lobo. Fábula sinfónica para niños (1936) de Sergei Prokofiev (1891-1953) La Orquesta Sinfónica Nacional
Bibliografía
Índice de nombres
Índice de obras
Créditos
Sin música la vida sería un error.
Friedrich Nietzsche
A la música de Wolfgang Amadeus Mozart, que venero y que por ironía del destino no figura en este libro.
Al gran compositor y director Héctor Panizza, gloria musical de la República Argentina.
A todos los integrantes –pasados, presentes y futuros– de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional.
Agradecimientos
Mi primer agradecimiento va a mis seres queridos –parientes, amigos y compañeros– entre los que ocupan un lugar de privilegio María Eugenia y Moreno Witaicón, sin cuyo afectuoso acompañamiento cotidiano muchas menos cosas serían posibles.
Un sentido reconocimiento es debido a mis mentores y colegas, demasiados –y a veces demasiado modestos– como para ser mencionados aquí. Algunos de los que están entre nosotros tuvieron la amabilidad de examinar el manuscrito y de acercar sugerencias para mejorarlo; entre ellos señalo solo a Julio Auster y a Daniel Varacalli Costas (sin perjuicio de que todas las limitaciones de la obra corren por cuenta de su autor).
Muchas gracias a los maestros Pedro Ignacio Calderón, Luis Roggero y Ciro Ciliberto, auténticos protagonistas de la vida artística reciente de la Orquesta Sinfónica Nacional, que me honraron releyendo los textos aquí reunidos y sumando sus valiosas palabras preliminares.
Agradezco también a mi ya legendario editor, Javier Riera, que hace algunos años viene creyendo en mis propuestas literarias y avalándolas con el tradicional prestigio del sello de Biblos; este agradecimiento abarca a todo el equipo de la editorial, sin duda uno de los mejores de América Latina.
Finalmente, gracias a todos los lectores que dedicaron tiempo a leer este trabajo; sin ellos no habría con quien compartir mis reflexiones musicales.
Presentación
Pedro Ignacio Calderón
Director emérito
Orquesta Sinfónica Nacional
Desde su creación nuestra Orquesta Sinfónica Nacional estuvo activamente dedicada a difundir la música sinfónica al más alto nivel y con un énfasis especial en la participación de músicos argentinos, tanto intérpretes como autores.
A partir de su estatus de organismo nacional, el público del interior del país –incluido en las numerosas giras realizadas por las provincias– y el público de la ciudad de Buenos Aires pudieron nutrirse del amplio repertorio que presenta en sus programaciones: tanto de las grandes obras sinfónicas que siempre se ofrecieron dentro de un abanico muy ecléctico como también de muchos estrenos.
Estuve siempre muy ligado a este conjunto: pude asistir a su concierto inaugural y con posterioridad, muy frecuentemente, presenciaba sus ensayos, para aprender observando a importantes directores que actuaban en sus primeras épocas. Además –y esto fue de vital importancia– mi primer concierto en el Teatro Colón coincidió con mi primera presentación ante este gran organismo.
Con los años la Sinfónica Nacional efectuó varias giras internacionales, tanto en las Américas como en Europa y Japón, mereciendo el elogio de la crítica musical de distintas naciones.
Importantes directores extranjeros se han presentado con ella, así como brillantes solistas instrumentales y vocales. Frecuentemente actuaron y actúan con la Sinfónica tres de los grupos corales de la Nación: el Coro Polifónico, el Coro de Jóvenes y el Coro de Niños.
Todo lo apuntado expone la importante presencia que este organismo nacional tiene en el medio cultural argentino, a lo que se suma ahora este libro, que recopila tres años de comentarios para sus programas de mano.
Prefacio
Luis Roggero
Concertino principal
Orquesta Sinfónica Nacional
La comprensión de un hecho artístico es básicamente un tema de sensibilidad y de apertura emotiva, pero deben también tenerse en cuenta otros factores, como el cultural y el intelectual.
Un auditorio habituado a un determinado tipo de música está culturalmente más preparado para dejarse impregnar por las emociones que sus sentidos percibirán durante el concierto. Se produce así un hecho emocional y cultural a la vez.
Otro elemento es el más específicamente intelectual. El espectador que tiene información acerca de lo que está escuchando –en algún caso, cuál fue la intención del compositor al escribir su obra o el contexto histórico en el que ella fue compuesta– verá cómo el intelecto ilumina sus emociones.
Como concertino de una orquesta, considero que manejar información sobre lo que se está tocando es fundamental antes que nada para el ejecutante, un factor imprescindible en pos de poder comunicarse a través de la música.
El otro aspecto de esta ecuación está a cargo del director de la orquesta, que a través de sus gestos consigue que una masa enorme de músicos exprese contemporáneamente una sola idea: el director de orquesta es quien debe tener el mayor conocimiento de lo que nos proponemos transmitir.
En esta comunicación que instauramos con nuestra audiencia la tarea de quien escribe comentarios sobre lo que será escuchado tiene un peso significativo, máxime cuando el autor de dichos textos es él mismo un director orquestal, como en el caso de Sebastiano De Filippi. El musicógrafo se transforma así, de alguna manera, en un intérprete adicional, al tener el discernimiento intelectual suficiente como para desentrañar el producto sonoro.
Para cerrar el elenco de protagonistas del fenómeno de la transmisión musical se encuentra el público, principal destinatario de todo el trabajo físico, psíquico y emocional que un artista –en este caso, una orquesta sinfónica– intenta plasmar sobre el escenario.
Leyendo este libro, con gran placer pude rememorar tantos conciertos de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional en los que el querido maestro De Filippi colaboró con sus acertados comentarios.
Prólogo
Ciro Ciliberto
Programador general y artístico
Orquesta Sinfónica Nacional
No debería escapar a nadie que la finalidad de un organismo artístico estatal no tiene que ver solo con la realización de conciertos: ofrecer música académica de la mejor calidad no agota la misión de una orquesta oficial, que debe cumplir un rol de extensión, educativo y cultural, destinado a todos los ciudadanos.
Esa misión formativa abarca múltiples aspectos del accionar de un conjunto como la Orquesta Sinfónica Nacional. Se delinea en la programación del repertorio –que debe ofrecer un panorama lo más amplio y diverso posible de la música orquestal nacional e internacional– y se plasma en la convocatoria de intérpretes del más alto nivel, tanto argentinos como extranjeros.
Además, se enriquece con la posibilidad de tocar conciertos para diversos tipos de auditorios, en distintos lugares del país. Finalmente, se completa con un acompañamiento musicográfico idóneo, que coadyuve a facilitar el abordaje del repertorio al público masivo por medio de comentarios publicados en los programas de mano.
La ponderación simultánea de esos cuatros aspectos, con el objetivo de mantener y potenciar la actividad de la Sinfónica Nacional, determinó a fines de 2012 un proceso tendiente a reforzar el esquema de comentarios en los programas, incluyendo no solo textos de musicógrafos y críticos, sino también aportes de musicólogos e inclusive de intérpretes musicales.
Se buscaba con ello que la temporada oficial de la Orquesta, sin prescindir de comentarios más tradicionales surgidos de la consulta bibliográfica, pudiera contar para programas estratégicamente elegidos con textos analíticos de autores cuya principal referencia fuera el estudio de la propia partitura.
No abundan los casos de músicos de sólida formación profesional que sean al mismo tiempo ensayistas, pero ese es precisamente el caso de Sebastiano De Filippi, de quien por entonces circulaban trabajos publicados por la Revista Teatro Colón. La pertinencia de esos materiales llevó a proponerle su incorporación al equipo de autores que se estaba conformando.
Fue así como, dentro de las limitaciones de registro y espacio en el soporte físico de este género literario, surgieron una serie de notas en las que fue factible arrojar una mirada renovada sobre grandes obras del repertorio sinfónico.
El resultado de esta colaboración fue particularmente satisfactorio para todas las partes involucradas. Además, dio un ulterior empuje a la actividad del autor como investigador en el ámbito de la musicología, lo que derivó –entre otras cosas– en el libro sobre Héctor Panizza que escribió con Daniel Varacalli Costas, publicado inicialmente en la Argentina y ya traducido tanto en Italia como en Estados Unidos.
La posibilidad de precipitar algunas palabras dentro de este espacio liminar permite apreciar significativamente que estos textos sean reunidos en un volumen como el presente, que se vuelve así un testimonio adicional de la actividad desarrollada en los últimos años por la Orquesta Sinfónica Nacional de nuestro país.
Introducción
No es este el primer libro que se dedica a comentar obras emblemáticas del repertorio sinfónico y no será el último.
Muy por el contrario: las “guías orquestales” abundan en todos los mercados editoriales del mundo, existen en la mayoría de los idiomas de Occidente y el lector hispanohablante podrá encontrar sin mucha dificultad algunas, incluso más amplias y completas que la presente.
Hay, sin embargo, ciertas características particulares que hacen que este trabajo –que por otra parte no tiene pretensión enciclopédica alguna– se diferencie bastante de los que ya existen dentro del género.
Por empezar, lo que ahora se reúne en forma de libro es una serie de textos que no se concibieron para integrar una obra unificada, sino como comentarios para los programas de mano que la Orquesta Sinfónica Nacional argentina publicó para sus temporadas oficiales 2013, 2014 y 2015. Ese trienio fue un período de notoria efervescencia, tanto artística como institucional, para el primer organismo sinfónico de la República.
En lo musical, durante esos años se ofrecieron al público hitos de repertorio muy importantes, como el ciclo integral de las sinfonías de Beethoven, grandes obras sinfónico-corales de Bach, Verdi y Stravinsky, y la primera serie de conciertos didácticos de la Orquesta en muchos años.
Adicionalmente, tras una larga gestión al frente de la Sinfónica Nacional el maestro Pedro Ignacio Calderón pasó de la dirección titular al cargo de director emérito del organismo. Además, la Sinfónica comenzó una transición logística que involucraba a su sede principal de conciertos, que pasó así del Auditorio de Belgrano al flamante Centro Cultural Kirchner.
En lo referente a este autor, también se trató de una época particularmente intensa, pues entre otras cosas marcó mi propio debut al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional. Con ella dirigí varios programas que abarcaron obras de compositores italianos, alemanes, rusos y latinoamericanos, empezando precisamente por el ciclo didáctico mencionado, que involucró una serie de funciones de Pedro y el lobo de Prokofiev, con Luis Pescetti en calidad de narrador.
Mi vinculación como autor de comentarios para la Sinfónica surgió a fines de 2012. El coordinador general y programador artístico del organismo decidió abrir el abanico de autores para los programas de mano, comisionando textos analíticos de autores cuya principal referencia fuera el estudio directo de la partitura; y, en casos como el mío, incluso una experiencia con ella como director orquestal.
Así surgió una larga serie de comentarios sobre algunos de los programas más interesantes de la Orquesta. Cuando el programa a comentar era monográfico –como el caso de la Misa de Réquiem de Verdi o Edipo rey de Stravinsky– fue posible incluso acercar al oyente-lector algunos aportes de la musicología más reciente y también aventurar alguna clave de lectura nueva.
Adicionalmente, en casos como los de Edipo rey y Pedro y el lobo, se pidió que tradujera los textos hablados y cantados, para su reproducción en los programas de mano, su proyección en tiempo real a modo de sobretitulado o su utilización por parte del recitante en los conciertos; estas traducciones se incluyen también en el apéndice de este trabajo.
En el caso de la fábula sinfónica de Prokofiev, concebí además un artículo específicamente destinado al público infantil que venía a tomar contacto por primera vez con un concierto orquestal (como queda dicho, dirigido por mí).
Como en cualquier temporada sinfónica digna de tal denominación, no faltó la oportunidad de comentar célebres obras orquestales y concertantes de compositores de primer plano como Elgar, Grieg, Haydn, Liszt, Prokofiev, Rachmaninov, Schubert, Shostakovich, Sibelius, Strauss y Weber. En ello este libro no se aleja demasiado de lo que el lector podría encontrar en otras publicaciones similares.
Allí terminan las similitudes, sin embargo, pues contrariamente a lo que suele suceder en las guías sinfónicas, se recopilan aquí también comentarios de piezas que provienen de los géneros operístico, coreográfico y sinfónico-coral, pertenecientes a músicos como Bach, Beethoven, Brahms, Bruckner, Mussorgsky, Stravinsky, Verdi y Wagner, con explícito énfasis en los textos que dieron origen a la música.
Pero quizá el aporte más novedoso de esta propuesta consiste en una serie de notas que por primera vez ilustran composiciones de autores argentinos modernos y contemporáneos como Esteban Benzecry, Fermina Casanova, Alberto Ginastera, Osvaldo Golijov, Pablo Mainetti, Ástor Piazzolla, Alberto Williams y Juan Carlos Zorzi. En estos casos, el volumen que el lector tiene en sus manos será una de las pocas fuentes de referencia y a veces la única.
Como es natural, los textos fueron revisados en pos de corregir eventuales errores, eliminar ciertas redundancias y mejorar algunos detalles de forma; por lo demás se publican tal y como aparecieron originalmente en los programas de mano, pero sin referencias –que en esta sede parecerían innecesarias– a las fechas y locaciones de cada concierto.
Trabajar por tres años como uno de los principales musicógrafos de la Orquesta Sinfónica Nacional fue una tarea que me honró hasta el extremo de parecer un reconocimiento inmerecido; como tal lo disfruté. Con todo, los avatares típicos de la cosa pública argentina hicieron que la labor no fuera siempre sencilla y no faltó la oportunidad en la que se celebrara un concierto sin que los programas de mano se materializaran o sin que el sobretitulado funcionara, por mencionar solo dos casos.
Este tipo de dificultades se fue profundizando con la sufrida (por incompleta) mudanza de la Orquesta al Centro Cultural Kirchner. Su auditorio sinfónico había sido diseñado para el organismo pero, inexplicablemente, el uso de las salas del Kirchner le fue retaceado por años.
A ese aparente sinsentido se sumaron otros, como convertir a los otrora extensos programas de mano en un díptico tan escueto que resultaba imposible desarrollar en él un aporte musicográfico serio. Con el tiempo los comentarios desaparecieron y por algunos meses hasta fue usual que no hubiera programa de mano alguno.
Como si todo lo antedicho no fuera suficiente, crecientes desprolijidades administrativas –no atribuibles a la Sinfónica, dicho sea de paso– hicieron que los textos de colaboradores como el suscripto fueran utilizados sin acuerdo, consentimiento o tan siquiera una consulta al respecto. Llegados a ese punto, evidentemente no valía la pena continuar y pareció lógico considerar que la tarea para la que había sido convocado podía considerarse cumplida.
Paralelamente, la Orquesta Sinfónica Nacional se sumía en un creciente vórtice de dificultades de distinto tipo que hacían que el problema del acompañamiento musicográfico de sus conciertos –aun siendo de capital importancia– pasara necesariamente a segundo plano.
Al escribir estas líneas han transcurrido algunos años y se avizoran señales de que la actividad del primer organismo sinfónico argentino podría ordenarse como es debido. Desde ya hacemos votos para ello, esperando que la definitiva jerarquización del conjunto incluya todos los aspectos de su valiosa labor.