Read the book: «Más que unas memorias»

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© Edimadoz-94, S.L., 2013.

© de las fotografías: Archivo Fotográfico

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2014.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: OEBO710

ISBN: 978-84-9056-306-9

Composición digital: Víctor Igual, S. L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

Dedicatoria

Primera parte: años de aprendizaje

1. Ancestros y niñeces

Primeros recuerdos

Madrid, ciudad parada en el tiempo, y primeras letras

¿Emigrante a Argentina?: Maestro nacional

En busca de los ancestros: en la comarca de Sayago

2. Vicisitudes de una Guerra Civil

Medicina en tiempos de guerra

Después de la victoria... la cárcel y una triste historia

La consulta de Socuéllamos y el maquinista

El «planeta de los toros»: Ava y la noche de Villa Rosa

Lucía Bosé, el ciclista y últimos tiempos paternos

3. Ensoñaciones y adolescencia

En la arcadia extremeña... escuela y el «Cara al sol»

De re rustica: «Cantalgallo»

Regreso a Madrid. En el Liceo Francés

Alumnos y profesores

El presente como historia

Martínez y el Imperio

Ciencias, literatura y arte

4. descubiertas juveniles

Sierra de Guadarrama

El mar, entre Salou y Bayona... y el «mar» de Madrid

Triple aprendizaje de idiomas

Nueve motes de infancia y juventud

5. En las carreras: derecho y económicas

Vocación errada, vocación hallada: maestros

La piedra filosofal en Zubiri y Ortega y Gasset. El regeneracionismo

En el Instituto de Estudios Políticos

Estructuralistas y teóricos: Velarde, Fuentes Quintana, Torres

6. Iconos literarios

«La Pescadería de las Letras»: Tarzán y la Bounty

El despertar: de Voltaire a Sartre, y de Buero Vallejoa Núria Espert

Sedimentación literaria: libros para pensar y salones cortesanos

Baroja, maestro de la vida: una entrevistainolvidable

Españoles en Dinamarca

7. Europa a la vista...

Primera salida de España: noticia de viajeros

Oberstdorf y la Ciudad de la Luz

Nuevamente Alemania

La familia Decker y su «hinterland»

Entre el Rin y el Elba

Estrechos escandinavos y verde jardín de Dinamarca

El rey del autoestop y Sigfrido en el Rin

«Aufwiedersehen» Alemania, «bonjour» París

Cuatro hermanos intercambiables

8. El «viaje de estructura económica»

El periplo imaginado

Vinos... los de Valdepeñas. Y Córdoba «la llana»

Los Alcázares Reales y la huella de Aníbal González

El Cádiz de Mutis

La Málaga de Cánovas. Granada de Boabdil

Minas de plomo, guitarras, manzanilla... y estreno

9. En verano del 53 y la «ciudad de la niebla»

En la Costa Azul

La Italia Valpadana, Venecia y los Dolomitas Orientales

Lagos, los de Suiza. Y Adiós a las armas...

La «Pérfida Albión» y «Villapaz»

La «ciudad de la niebla» y la LSE: el «kitchen porter»

Los Fürst, Jean-Pierre Voos... y Ava en el puente de Waterloo

Grandes polémicas en Windsor’s View: una Albión menos pérfida

10. Rebelión en la universidad

Una declaración de principios

Aprendices de tertulianos

Cineclub y el Pozo del Tío Raimundo

El SUT y oro en Rodalquilar

Albergues de juventud y Franco en visión directa

Encuentros entre la poesía y la universidad

El Congreso de Escritores Jóvenes

Revuelta estudiantil: el «trío de La Mezquita» y el Club Tiempo Nuevo

Manifiesto en la Universidad

Detenciones e interrogatorios

La tormenta universitaria

En los calabozos de la DGS: visita del torero

La séptima galería de Carabanchel

«El Ranilla» en la Universidad Libre

Actividades carcelarias

Compañeros de celda

Revelaciones de José María Ruiz-Gallardón

La División Azul y el «Cancionero» de Ridruejo

En libertad provisional y en el PCE

11. En el ejéricito español

En la milicia: campamento de El Robledo y oficiales para el recuerdo

Ejercicios y maniobras

El desfile de la victoria

Cancionero de la mili

Churchill, Mendès France, Sagan, Roy y el torero, en La Granja

«Sacrosanto ministerio» en la «isla de la calma»

Un verano en Mallorca

Guerra química, gitanos y compañeras

El SIM y el alférez patriota

12. En el ministerio de comercio

Oposiciones como a un clavo ardiendo

Cuatro ejercicios y cuatrocientos cincuenta temas

Autarquía en acción y campanas de Montserrat

Ullastres y Franco: el Plan de Estabilización

El tipo de cambio de la peseta y horizonte Europa

El contubernio de Múnich

Renta y democracia: almuerzo con Ullastres

El «acuerdo Ullastres» de 1970 y Don Salvador de Madariaga

Arancel de aduanas y negociaciones ginebrinas

Paréntesis pecero: Juan Gómez y Santiago Carrillo

La globalización: Ernesto «Che» Guevara y Raúl Prebisch

13. En las américas

Torero universal y ministro en Panamá

Fernando Eleta, Marco Aurelio Robles: «trabajando como un negro»

Travesía por América Central

Carmen en el Istmo, y en Venezuela y Colombia

Adiós a la cumbia

Regresando a España: México y Estados Unidos

Segundo periplo americano: en la República Dominicana

Rumbo a Argentina: Caracas, Lima, Santiago

Buenos Aires, metrópoli del Sur

Con Sánchez-Albornoz y Jiménez de Asúa

La muerte de «Che» Guevara

14. El país del futuro

En la estela de Stefan Zweig... con «sotaque» carioca

Brasil y sus vecinos... miscegenación y Amazonia

Con Gilberto Freyre y Dom Helder Câmara

En Montevideo y Buenos Aires: sobre integración

Retorno a Brasil: en busca de la gran «fazenda»

15. Estructuras y cátedra

Génesis y gestación de mi ópera prima

Editor y pruebas de imprenta

«Estructura económica de España»: libro de toda mi vida

Vocación por la Cátedra

Unas «oposiciones moviditas»

La Dirección General de Seguridad: catedrático «malgré eux»

Secuencias malafitanas: ministerio «bye, bye»

Iberplan: una consultora para el futuro

Negros presagios por el libro de Pániker

16. «Intermezzo» y resurrección

El mundo que se revela en toda su grandeza

«Cuéntame cómo pasó»

El nacimiento del diario «El País»

El Jesús de Polanco que yo conocí

Un hombre resurgente de la historia oculta: Jesús Monzón

Thomas Mann y mi propia «montaña mágica»: la caída

La voz de la muerte

Horas casi en otro mundo

La resurrección

La segunda vida de RT

Segunda parte: la edad de la razón

17. La muerte de franco

La Fiat y el «Pacto de Aravaca»: de «Claves» a «Quo Vadis»

A los calabozos... y al Tribunal de Orden Público

Gibraltar británico o español y gobierno provisional

La muerte de Franco

¿Previó Franco la democracia?

18. Claves de la transición

Tarancón: «Las sandalias del pescador»

Fraga: «¡La calle es mía!»

¿Comité Central del PCE en Madrid?: «Non possumus»

De vuelta a la cárcel de Carabanchel

Mi novela carcelaria: «Historia de Elio»

«Alf Gallard», ETA

En libertad

Soberana paliza en la Gran Vía

PCE y luz romana

Desde Estados Unidos sin amor

Pacto en vez de ruptura

Sábado santo rojo: la legalización del PCE

«No taxation without representation»

El PCE y sus banqueros. La campaña electoral de 1977

Una desazón superada: caminando con «Narciso y Goldmundo»

19. La democracia: pactos de la moncloa y constitución

La economía en declive y la entrevista PCE-Suárez

La MURF: entre Baldo y Laureano

En la senda a los Pactos de la Moncloa

Cómo se negociaron los Pactos

Antipactismo e incumplimientos. Suárez en la encrucijada

La Constitución de 1978

El sueño decembrino de un gobierno de concentración

Algunos juicios políticos sobre RT: Abril, Umbral, Berlinguer, Vicent

1980: moción de censura y cuestión de confianza

Leopoldo Calvo Sotelo, presidente

En «La Clave» de Balbín

20. En el ayuntamiento

Enrique Tierno y «La Trobada de Figueres»

Versos de Alberti

Resultados de la campaña electoral de 1977 y pacto de la izquierda

Un ayuntamiento emprendedor

Madrid y sus banqueros

La visita de Ceaucescu

Gary Cooper, Pushkin y Graham Greene en el Consistorio

«Futureando»: Felipe González en la plaza de la Villa

21. La larga noche del 23-F y saliendo del PCE

«Urvater» de la tribu y merendola en la terraza

Cansancio y ocaso del PCE

El 23-F-81. Perplejidad: Tejero en el hemiciclo

La larga noche y la Escuela de Fráncfort: almas de charol

Tesoro de la democracia y silencio del pueblo. Extramuros

Luz, truculencias y libertad recuperada

Después del 23-F: mi salida del PCE

En el Grupo Mixto

22. «Historia de un cuadro» y nombres en el recuerdo

El mensaje es el medio

Muerte de Antonio Herrero: la pintura de su tertulia

Jordi 1714 y monseñores en Zalacaín

Mandela en vivo

Las cataratas Victoria y Mala-Mala

El «sindicato del crimen», Cela y un diccionario

«Arno», amigo de Antonio Herrero

Nombres en el recuerdo: del Emperador de Japón al doctor Mahatir de Malasia

Líderes hispanoamericanos

No caer en la vejez. Una despedida de la universidad

23. La reina de saba y nuestros descendientes

Cantares, músicas y encuentro en una Real Academia

«Chez» los marqueses de Valverde. La declaración

La primera boda y «dolce vita»

La progenie Tamames Prieto-Castro

La segunda boda: en el monasterio de Silos

Lecturas en el monasterio

El convivium

Retorno a la abadía

Imágenes

Notas

A MIS TRES HIJOS, ALICIA, LAURA Y MONCHO,

Y TAMBIÉN A MIS CINCO NIETOS, ANDREA, LOPE,

RODRIGO, MARIANA Y CHLOÉ; PENSANDO EN EL TIEMPO

QUE ESTÁN VIVIENDO Y QUE VAN A VIVIR: ¡BUENA FORTUNA!

PRIMERA PARTE

AÑOS DE APRENDIZAJE

1

ANCESTROS Y NIÑECES

PRIMEROS RECUERDOS

Lo más lejos que sé de mis orígenes familiares es de mi bisabuelo paterno, Manuel, que murió joven, de modo que al frente de la familia hubo de ponerse su hijo mayor —y abuelo mío—, Clemente. Este último nació en 1868, en septiembre, como él mismo recordaba con frecuencia cuando hablaba de «la Gloriosa», la revolución que lleva el nombre de ese mes y ese año. Y su lugar natal fue El Cubo del Vino, en la propiamente llamada Tierra del Vino, contigua a la Tierra del Pan, en Zamora, con ascendientes del pueblo de Tamame, en la vecina comarca del Sayago, fronteriza con Portugal. Mi padre nació en Cáceres, el 12 de enero de 1901, y como se dice en frase ya casi olvidada, «iba con el siglo».

En cuanto a los primeros recuerdos personales, se remontan a mis tres años, cuando en 1936 vivíamos en una casa muy amplia en el barrio de Chamberí de Madrid, nombre de resonancias castizas, a pesar de que en realidad proviene de la actual Saboya francesa. Pues, según se dice, fue Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V y saboyana ella, quien, a instancias de los pobladores de un naciente suburbio en el norte de la capital, les ofreció ese nombre.

La vivienda de mis padres tenía un sótano que durante la Guerra Civil (1936-1939) hizo las veces de refugio de toda la casa para los bombardeos. Tiempo de desasosiegos y miserias, en el que, la verdad sea dicha, mis hermanos y yo fuimos muy felices. Los «aviones de Franco» que sobrevolaban Madrid bombardeaban implacables, dejando muertos, heridos y destrucción. Y en varias ocasiones arrojaron panecillos en bolsas de papel rojo parafinado muy reluciente, algunos de los cuales cayeron en el jardín de nuestra casa. En su envoltorio llevaban escrito: «Con el trigo de nuestros graneros daremos pan a la España famélica hoy dominada por el terror rojo». Y todo el mundo decía: «¡No comáis esos panecillos, que están envenenados...!». Pero, naturalmente, acabamos comiéndonoslos y la verdad es que era un pan blanco muy bueno... aunque fuera de propaganda.

Recuerdo la entrada de las tropas nacionales en Madrid (28 de marzo de 1939), y a mi abuela, que era modista, a la máquina de coser, confeccionando a toda prisa una bandera bicolor, «nacional», con gamuza amarilla y un retal de un vestido rojo de mi madre; a fin de colocar la enseña en uno de los balcones que daban a la calle, según lo había ordenado algún bando militar escuchado por radio. Ese mismo día se llevaron a mi padre detenido, para no volver hasta dieciocho meses después. Le condenaron primero a muerte, luego a treinta años; y finalmente «lo soltaron», pues lo de «ponerle en libertad» era un eufemismo, dadas las circunstancias...

Las penurias en casa se traducían sobre todo en la monotonía del cotidiano rancho familiar, lo que desde entonces me hizo aborrecer la sopa de ajo, las gachas de almortas y las lentejas «con bicho dentro» que, como se decía entonces, «tienen hierro y proteínas». Esas lentejas eran conocidas por los madrileños como las «píldoras del doctor Negrín», el presidente del Gobierno de la República durante todo 1938 y hasta marzo de 1939.

Desde la niñez aprendí a apreciar el giro de las cuatro estaciones del año, y de temprana edad data igualmente mi especial querencia por el verdor de la vegetación y el sonido del agua:

—De su infancia, ¿de qué siente usted verdadera nostalgia? —me preguntó un día un periodista.

—De los grandes árboles del jardín de casa de mis padres, al final de la primavera, que con sus hojas ya crecidas ampliaban la resonancia de la lluvia hasta semejar un diluvio. Después, el olor a tierra mojada lo impregnaba todo. Con mi madre, desde la ventana, veía caer las gruesas gotas atravesando la arboleda...

Guardo con amor muy especial el recuerdo de ese lugar paterno, un escenario un tanto descuidado, lo que le daba —al menos en mi recuerdo transformado— un aire romántico. Había una higuera muy hermosa, y en los juegos infantiles, gateando, subíamos a sus ramas...

En una alta pared crecía una gran hiedra que reptaba más y más por el ladrillo desnudo, formando un jardín vertical, como ahora se dice, que se vio tristemente quebrado cuando unos obreros de Telefónica, en el tendido de nuevas líneas, para facilitar su trabajo, cortaron el viejo y renovante tejido vegetal de muchos años. Y entre las raíces de la enredadera, uno de los operarios, poco «zoologista» él, al descubrir una tortuga, un ser entrañable para nosotros, se llevó la gran sorpresa, ante una especie que debía de serle absolutamente extraña, lo que le llevó a exclamar: «¡Andá, qué cucaracha tan grande!».

Entre los árboles del jardín, el rey era un Ailanthus altissima, cuyo nombre linneano sólo conocí muchos años después, por un arquitecto italiano, Campos Benutti, en un paseo por los alrededores de Bolonia, dónde él, como técnico municipal de parques y entornos, había dejado prosperar una docena de esos hermosos árboles; que tienen una apariencia evocadora de las frondas del pintor Henri Rousseau:

Ése es el nombre —me dijo— del árbol que procede del Sudeste asiático, donde sus hojas servían de alimento para una variedad de gusanos de seda de calidad inferior. En el siglo XVIII, por algún marinero que trajo unas pocas semillas, el árbol entró en Europa... y hoy crece en los solares de las ciudades mediterráneas, sobre todo, en sus arrabales. Es muy umbroso, y dioico. Las hembras lucen flores rojas muy brillantes.

Sobresaliendo en una parte del jardín, prosperaba un inmenso plátano, el Platanus hispanicus, la especie más frecuente en Madrid, y cuyo nombre la mayoría de nuestros conciudadanos no acaban de aprenderse. Un árbol para mí admirable, tal vez premonitoriamente, pues con el tiempo lo vislumbré resplandeciente en el Largo de la ópera Jerjes, de Georg Friedrich Händel, con el sublime canto que integran las siguientes palabras: «Ombra mai fu di vegetabile, cara ed amabile, soave più...» [Jamás sombra de la naturaleza fue más amable y más tiernamente querida...].

En una pequeña caseta adosada a uno de los muros del jardín, los cinco hermanos Tamames Gómez teníamos nuestro «laboratorio», donde fabricábamos pólvora, fundíamos metales y tramábamos fechorías varias. Encapsulábamos la pólvora allí producida, en cartuchos de papel, que al arder en su extremo parecían soplillos de soldadores. Y también fabricábamos petardos, que estallaban ensordecedores, con gran escándalo en el vecindario. Hasta que un día, para evitar una eventual tragedia, la muchacha que trabajaba en casa desde tiempos inmemoriales para nosotros —Genoveva, del pueblo de Sotos del Burgo, provincia de Soria, a orillas del río Ucero—, y a quien siempre llamábamos Geno, decidió, por su cuenta y riesgo, acabar con el laboratorio... con gran indignación nuestra, y aplauso de la autoridad paterna.

En ese mismo jardín, durante la guerra, incurrimos en algunas acciones de alto riesgo. Una de ellas, un ataque aéreo, dejó un reguero de balas sin explotar; y las pusimos cuidadosamente sobre un montón de leña y hojarasca, para luego prenderles fuego. Afortunadamente, nos parapetamos en la caseta, pues las balas salieron disparadas en todas direcciones. Cuando nuestro padre se enteró del episodio, debidamente informado por Geno, la cosa pasó a mayores.

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0+
Release date on Litres:
14 November 2024
Volume:
891 p. 20 illustrations
ISBN:
9788490563069
Publishers:
Copyright Holder::
Bookwire
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