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CÓMO ESTIMULAR EL CEREBRO DEL NIÑO

100 ejercicios para potenciar la concentración, la memoria y otras funciones ejecutivas

Rafa Guerrero


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CÓMO ESTIMULAR EL CEREBRO DEL NIÑO

100 ejercicios para potenciar la concentración, la memoria y otras funciones ejecutivas

Rafa Guerrero


Cómo estimular el cerebro del niño 100 ejercicios para potenciar la concentración, la memoria y otras funciones ejecutivas

© 2020 Rafa Guerrero

Diseño de la cubierta: ArteMio

Maquetación: cuantofalta.es

Correctoras: Beatriz García y Anna Alberola

Directora de producción: M.ª Rosa Castillo

© 2020 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.

Avenida Juan XXIII, n.º 15-B

28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid

www.editorialsentir.com

Página 178 - The injury of Phineas Gage, based on Ratiu (2004). Summary of Ratiu’s analysis is available at John Darrell Van Horn (2012).

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra».

ISBN: 978-84-267-2874-6

Producción del ebook: booqlab.com

A todos mis pacientes, con los que tan buenos ratos hemos pasado potenciando sus funciones ejecutivas.


Prólogo

Introducción

1. El cerebro, ese gran desconocido

El cerebro como torre de control

Las funciones mentales superiores

La plasticidad cerebral

2. Los cuatro cerebros

El cerebro reptiliano

El cerebro emocional

El cerebro racional

El cerebro ejecutivo

Conclusiones

3. ¿Qué son las funciones ejecutivas?

Concepto

Definición

Características

La metáfora del director de orquesta

Principales funciones ejecutivas

Localización de las funciones ejecutivas

Partes de la corteza prefrontal

4. Desarrollo de las funciones ejecutivas

Desarrollo evolutivo del lóbulo frontal

Modelo de las tres unidades funcionales

Activación de las funciones ejecutivas

5. Ejercicios para desarrollar la concentración

¿Qué es la concentración?

Tipos de atención

¿Es lo mismo estar atento que estar concentrado?

Desarrollo evolutivo de la atención

Ejercicio 1: El águila imperial

Ejercicio 2: En busca de las vocales perdidas

Ejercicio 3: El juego de las letras

Ejercicio 4: Deme palmas

Ejercicio 5: Ping-pong atencional

Ejercicio 6: Premio al más atento

Ejercicio 7: Abracadabra

Ejercicio 8: Ensalada de letras

Ejercicio 9: Zumo de naranja

Ejercicio 10: Busque y compare

6. Ejercicios para desarrollar el control de impulsos

Inhibiendo impulsos a lo largo de la historia

El test de la golosina

¿Qué es el control de impulsos?

La metáfora del funambulista

Ejercicio 1: Stroop de animales

Ejercicio 2: Todo el mundo dice sí

Ejercicio 3: El detective González

Ejercicio 4: Jugando con los números

Ejercicio 5: Un pasito hacia delante

Ejercicio 6: Dando una vuelta por el zoo

Ejercicio 7: Zapatillas y manos

Ejercicio 8: Luna y sol

Ejercicio 9: ¡Cuidado con el número 2!

Ejercicio 10: Las ventanas indiscretas

7. Ejercicios para desarrollar la memoria operativa

¿Qué es la memoria operativa?

Tipos de memoria

Ejercicio 1: Baile de números

Ejercicio 2: El cangrejo Nicolás

Ejercicio 3: Contar euros

Ejercicio 4: La calculadora humana

Ejercicio 5: Sudoku

Ejercicio 6: King Kong

Ejercicio 7: Los números locos

Ejercicio 8: Pensar en números

Ejercicio 9: Memory de las cartas

Ejercicio 10: Saca el diccionario mental

8. Ejercicios para desarrollar la flexibilidad cognitiva

¿Qué es la flexibilidad cognitiva?

Ejercicio 1: Saque de la chistera todo lo que se le ocurra

Ejercicio 2: El toro hecho con palillos

Ejercicio 3: El triángulo mágico

Ejercicio 4: Los cinco puntos

Ejercicio 5: Palillos y números

Ejercicio 6: Todas las palabras

Ejercicio 7: Cuatro líneas rectas

Ejercicio 8: Sumas y restas

Ejercicio 9: Buscando a Nemo

Ejercicio 10: La abstracción de Picasso

9. Ejercicios para desarrollar la planificación

¿Qué es la planificación?

Ejercicio 1: ¡Vaya desorden!

Ejercicio 2: Torre de Hanoi

Ejercicio 3: Los números locos

Ejercicio 4: La tortilla francesa

Ejercicio 5: Laberintos

Ejercicio 6: Atando cabos

Ejercicio 7: Gatos y perros

Ejercicio 8: El diccionario loco

Ejercicio 9: El tutifruti de números

Ejercicio 10: El rey de los símbolos

10. Ejercicios para desarrollar la solución de problemas

¿Qué es la solución de problemas?

Ejercicio 1: La casita

Ejercicio 2: Cazando ratones

Ejercicio 3: Los relojes de arena

Ejercicio 4: Nineland

Ejercicio 5: Las edades

Ejercicio 6: Las cajas de caramelos

Ejercicio 7: Los vasos de chocolate

Ejercicio 8: Suma de letras

Ejercicio 9: La fuente de agua

Ejercicio 10: Jonás el curioso

11. Ejercicios para desarrollar la autorregulación emocional

¿Qué es la autorregulación emocional?

La metáfora del carruaje

¿Cómo educar en autorregulación emocional a nuestros hijos?

Ejercicio 1: Buscando en el diccionario

Ejercicio 2: Respiración

Ejercicio 3: Relajación tensión-distensión

Ejercicio 4: Sally y Ann

Ejercicio 5: ¿Será capaz de aguantar?

Ejercicio 6: El rincón de la calma

Ejercicio 7: La toalla

Ejercicio 8: Quién es quién de las emociones

Ejercicio 9: Dibuje su problema

Ejercicio 10: Mejorando mi empatía

12. Ejercicios para desarrollar la velocidad de procesamiento

¿Qué es la velocidad de procesamiento?

Ejercicio 1: El Usain Bolt de las palabras

Ejercicio 2: En busca del símbolo perdido

Ejercicio 3: Lectura rápida

Ejercicio 4: Nombrando objetos

Ejercicio 5: El ajedrez

Ejercicio 6: El cocherito leré

Ejercicio 7: El caballo

Ejercicio 8: Macedonia de figuras geométricas

Ejercicio 9: El cuerpo en marcha

Ejercicio 10: Dándole forma al niño

13. Ejercicios para desarrollar la orientación espacial

¿Qué es la orientación espacial?

Dificultades más frecuentes relacionadas con la orientación espacial

Ejercicio 1: Los triángulos

Ejercicio 2: ¡Arriba ese cuerpo!

Ejercicio 3: ¡Copie, copie!

Ejercicio 4: La mochila y el balón

Ejercicio 5: ¿En qué dirección van?

Ejercicio 6: La letra misteriosa

Ejercicio 7: Las curvas

Ejercicio 8: La otra mitad

Ejercicio 9: Haciendo cubos

Ejercicio 10: Rubén, Clara y Rosa

14. Trastornos y dificultades de las funciones ejecutivas

Lesiones de la corteza prefrontal

El síndrome disejecutivo

El curioso caso de Phineas Gage

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)

Las emociones en la vida cotidiana

15. Diseño de un entrenamiento en funciones ejecutivas

Antecedentes históricos de los programas de intervención

Principios básicos de un entrenamiento en funciones ejecutivas

Características prácticas de un entrenamiento en funciones ejecutivas

Recursos web para trabajar las funciones ejecutivas

16. Los diez mejores juegos de mesa para trabajar las funciones ejecutivas

Ejercicio 1: Banderas rápidas®

Ejercicio 2: El relojito

Ejercicio 3: Speed cups®

Ejercicio 4: Mundo cruel®

Ejercicio 5: Dobble®

Ejercicio 6: ¡Emoción!®

Ejercicio 7: Córtex challenge®

Ejercicio 8: Touch and find®

Ejercicio 9: Fantasma Blitz®

Ejercicio 10: Mikado®

17. Soluciones

PRÓLOGO

El conocimiento de la estructura y función del cerebro que aporta la neurociencia está proporcionando, de un modo cada vez más acelerado, nuevos datos que impactan en muchos y diferentes campos de las humanidades. Campos que discurren desde la filosofía a la ética pasando por la estética o la economía o, más recientemente, la educación. Y, desde luego, este impacto se está produciendo, y de modo destacado, en la psicología y el estudio de la conducta, de las que, a su vez, se nutren los conocimientos aportados por la propia neurociencia. Claramente estos conocimientos sobre el cerebro y su impacto en las humanidades transforman, cambian, la sociedad en que se vive, y son estos cambios los responsables últimos de la evolución constante y sucesiva de las culturas.

Una consecuencia práctica de todo lo que antecede es la extensión de todos estos nuevos conocimientos a los diferentes ámbitos de la sociedad y, desde luego, y especialmente, a los diferentes núcleos de disciplinas o profesionales en ellas a los que se dedican nuevos libros, como ocurre en el caso particular de este libro que nos ocupa sobre educación y enseñanza. Libros que necesariamente se escriben (o así debiera ser) con un lenguaje asequible, desde luego, pero sólidamente basados en los conocimientos que se tienen tanto de la neurociencia como de las disciplinas humanísticas correspondientes. Este es el caso de este libro de Rafa Guerrero. Libro escrito de modo muy didáctico y muy asequible que trata uno de los temas quizás hoy de mayor impacto en el mundo de la neuroeducación y que es el de las FUNCIONES EJECUTIVAS o, si se quiere, el tema de la individualidad y las funciones sociales complejas.

Lo cierto es que durante miles de años el individuo humano ha luchado, de modo casi exclusivo, por mantenerse vivo en entornos en donde el valor supremo era la supervivencia biológica. En contraste a esto, y en los contextos sociales democráticos de nuestros días ya alejados de aquellos tiempos, la lucha del hombre se centra en el logro de suficientes conocimientos y en la adquisición de una sólida educación emocional que le faciliten sobrevivir y competir en sociedades de conductas altamente complejas en lucha por la dignidad, la igualdad y también por esa libertad que permita elegir y decidir a cada uno con respeto a la propia dignidad, igualdad y libertad de los demás. Todo esto requiere de la enseñanza y el aprendizaje de esas funciones sociales complejas o funciones así llamadas ejecutivas. Funciones estas que requieren, en su esencia, de unas capacidades y un entrenamiento suficiente como para poder planificar y perseguir un objetivo concreto o desarrollar conductas de gran control emocional y de autocontrol o control cognitivo de uno mismo. Todas funciones que hay que comenzar a aprender desde muy temprano en el seno de la familia y del colegio. Hay muchos estudios que avalan sobradamente cuanto digo. Precisamente, este libro que estamos comentando en este prólogo proporciona muchos ejemplos y ejercicios que lo demuestran y facilitan.

Hoy incluso comenzamos a saber del valor de estas funciones ejecutivas con relación al aprendizaje en temas como el de la lectura, tarea que requiere, junto a otras muchas redes neuronales, de la actividad de redes distribuidas en varios territorios de la corteza prefrontal (detalladas en este libro) implicados en la toma de decisiones y cambio consecuente de estrategias mentales. De particular relevancia es la corteza prefrontal dorsolateral (memoria de trabajo), que permite mantener en mente lo recién leído y así poder hilarlo con sentido a lo que sigue durante la lectura. Y también la corteza cingulada (actividad concertada con el cerebro emocional: emoción, cognición, intención, acción). Es este todavía un capítulo abierto a la investigación neurocognitiva.

En cualquier caso, este libro es de importancia sobresaliente en el momento actual. Libro que va desde los conceptos básicos acerca de la estructura y del funcionamiento del cerebro a la descripción de esas funciones ejecutivas y su desarrollo a lo largo de los primeros años de la vida, hasta completar, esencia del libro, un amplio espectro de ejercicios acerca de cómo desarrollar la concentración o el control de impulsos, memoria y atención ejecutivas, flexibilidad cognitiva, planificación, autorregulación emocional y tantos otros. El conjunto de todos estos temas son un vivo retrato que enmarca la progresión de la neurociencia en su enlace con la psicología, la educación y las humanidades, así como también su enorme repercusión para la sociedad en que vivimos. Sin duda, representa una grande y valiosa labor de estudio y nuevas ideas que, llevadas a la práctica en los ejercicios que propone Rafa Guerrero, en este libro darán el beneficioso resultado que todos debemos, profundamente, agradecerle. Yo, aquí, así lo dejo expreso.

Francisco Mora Profesor Honorífico de la Universidad Complutense de Madrid

INTRODUCCIÓN

Uno de los motivos que me llevaron a escribir este libro práctico sobre funciones ejecutivas es que, después de muchos años trabajando con niños, adolescentes y adultos con dificultades en algunas de sus funciones ejecutivas como la concentración, la planificación o la solución de problemas, muchos de ellos se encontraban con pocos recursos serios para seguir trabajando las funciones ejecutivas en casa. Cuando formaba a maestros y profesionales, me manifestaban su desesperación a la hora de encontrar un manual sencillo y práctico que englobara ejercicios para trabajar las principales funciones ejecutivas. Es por ello que decidí realizar un libro que ahondara en qué son las funciones ejecutivas y que, a la vez, ofreciera al lector ejercicios para desarrollar y potenciar las funciones ejecutivas de sus hijos o alumnos. Además, como bien concluye el psicólogo Francisco Xavier Castellanos, en torno a un 50 % de la población presenta algún tipo de dificultad en sus funciones ejecutivas (Castellanos, 2006).

Sirva de adelanto para el lector que todos los ejercicios que de ahora en adelante encontrará en este libro están pensados para una edad determinada y para un perfil concreto, motivo por el cual se hace imprescindible adaptar todos y cada uno de los ejercicios que aquí se proponen. No es lo mismo un niño que otro, no es lo mismo una edad que otra, no es lo mismo trabajar de manera individual las funciones ejecutivas que hacerlo de manera grupal, como tampoco es lo mismo trabajar con un niño con dificultades de aprendizaje o un trastorno disejecutivo que trabajar con un niño sin dificultades aparentes (niños neurotípicos).

Otro aspecto que debe tener en cuenta el lector es que no existen ejercicios o actividades que trabajen una sola función ejecutiva. Por ejemplo, no existen ejercicios para potenciar solo y exclusivamente la concentración. Lo que sí que hay son ejercicios que desarrollan principalmente la concentración, además de otras funciones ejecutivas. Cuando trabajamos una función ejecutiva, es muy probable que otras funciones ejecutivas que no trabajamos de manera directa mejoren considerablemente. Es por ello que algunos ejercicios que se hayan encuadrado en un capítulo de una función ejecutiva concreta se podrían haber incluido en otros capítulos sin problema alguno.

Todas las actividades y los ejercicios que se proponen en el libro han sido clasificados dentro de un rango de edad a partir del cual se pueden llevar a cabo (véase en el apartado “Soluciones”). La gran mayoría de ellos se pueden utilizar con niños a partir de los 5-6 años, aunque hay algunos que se pueden emplear a partir de los 3-4 años y, otros más complejos, que están indicados a partir de los 10-11 años o incluso para adolescentes y adultos. Es importante saber que estas edades son siempre orientativas, ya que debemos adaptar cada ejercicio a la situación, dificultad e historia de cada niño. Por lo tanto, no tome las edades propuestas como algo cerrado y rígido: adapte cada ejercicio a las necesidades de cada niño y/o grupo.

Seamos conscientes de la repercusión que tenemos las madres, los padres, los profesores, los profesionales y demás miembros de la sociedad sobre nuestros hijos. Al trabajar y ejercitar actividades de funciones ejecutivas concretas, estamos modificando el cerebro tanto estructural como funcionalmente. Como dice Barbara Wilson, al estimular y trabajar las funciones ejecutivas, estamos troquelando el cerebro de nuestros hijos y alumnos.


EL CEREBRO COMO TORRE DE CONTROL

¿Qué es el cerebro? Podemos decir que el cerebro es la torre de control donde se producen todos los procesos psicológicos. El cerebro controla todo nuestro cuerpo. Gracias a este órgano somos capaces de disfrutar de una puesta de sol, resolver una ecuación de segundo grado, emocionarnos viendo una película y aprender nuevas recetas de cocina.

Pero, ¿qué sabemos sobre cómo evoluciona y se desarrolla el cerebro? En el vientre materno, en torno a las 8 semanas de gestación, el cerebro supone un 50 % del total del tamaño corporal, lo que nos hace ver la importancia de este órgano. En torno a los 5 meses de embarazo, el cerebro equivale a un 14 % del total del cuerpo. Ese porcentaje se va reduciendo hasta que, en el momento del parto, el cerebro de un neonato puede llegar a pesar en torno a 335 gramos (un 10 % de su peso) o, lo que es lo mismo, el peso del cerebro de un chimpancé adulto. Y no es que el cerebro del ser humano sea el más grande de todos los animales, sino que es el que mejor conectado está. Sobre el primer año de vida, el cerebro del niño tiene un peso cercano a 1 kg, una cantidad ya cercana a lo que pesa, de media, un cerebro adulto (1300-1400 gramos).

Las células especializadas del cerebro reciben el nombre de neuronas. Gracias a las conexiones entre estas neuronas, el cerebro es capaz de aprender, emocionarse, sentir, realizar conductas y disfrutar de una buena compañía, entre otras muchas funciones. Al proceso mediante el cual un grupo de neuronas se comunica o se conecta con otro grupo de neuronas se lo conoce con el nombre de sinapsis. Se estima que el cerebro humano alberga un total de 100 000 millones de neuronas. Además —para que podamos ver la complejidad del cerebro y sus relaciones— cada neurona establece conexión (sinapsis) con entre 100 y 100 000 neuronas diferentes.


En cuanto al metabolismo cerebral se refiere, podemos señalar que el cerebro de un niño se muestra extremadamente activo durante toda su infancia. Así, por ejemplo, el cerebro de un bebé recién nacido utiliza un 60 % del total de oxígeno, mientras que los adultos utilizamos en torno a un 18-20 % del total del oxígeno para funciones cerebrales.

Son muchos los mitos que existen en relación con el cerebro y el sistema nervioso. Uno de los neuromitos más frecuentes y extendidos es aquel que enuncia que «a mayor cerebro, mayor inteligencia». Por supuesto que esto es rotundamente falso, ya que la inteligencia no tiene que ver con un mayor cerebro, sino con una mayor cantidad de conexiones nerviosas. Pensemos, por ejemplo, en el cerebro de una ballena, que tiene un peso aproximado de unos 7 kg y; la ballena es el animal que tiene el cerebro más pesado. ¿Acaso las ballenas son más inteligentes que los seres humanos?


LAS FUNCIONES MENTALES SUPERIORES

A lo largo de su evolución, el cerebro del ser humano ha desarrollado una serie de funciones mentales que lo distinguen del cerebro del resto de especies animales. Podemos clasificar estas funciones mentales superiores en cuatro grandes grupos: gnosias, praxias, lenguaje y funciones ejecutivas. En este libro nos centraremos en las funciones ejecutivas, pero veamos todas las funciones mentales superiores de una manera más detenida:

1. Gnosias: Se refieren a todos los procesos de percepción, gracias a los cuales podemos recibir información del ambiente que nos rodea. Las gnosias las integran los sentidos de vista, oído, tacto, gusto y olfato. Necesitamos lo sensorial para poder desarrollar nuestro cerebro.


Una manera de trabajar las gnosias con nuestros hijos consiste en hacer fotos de objetos de la vida cotidiana y tapar o recortar algunas partes. En este caso, estaríamos trabajando las gnosias visuales, pero se puede hacer con cualquiera de los sentidos. Trate de reconocer los siguientes objetos de manera visual:


2. Praxias: Son todas las conductas que ponemos en marcha, desde las más automáticas e involuntarias —como son los reflejos— hasta las conductas más complejas (como puede ser aprender un idioma o ejecutar una coreografía). Tanto las gnosias como las praxias suponen los dos componentes básicos de lo que Piaget denominaba el periodo sensorio-motriz, en el que se aglutinan los procesos de recepción de los estímulos (gnosias) y la ejecución de conductas (praxias). La etapa sensoriomotriz abarca desde el nacimiento hasta los 2 años de edad aproximadamente.


Un ejercicio sencillo para trabajar la praxias de nuestros hijos, es decir, su capacidad motriz, consiste en realizar las siguientes copias:


3. Lenguaje: En la gran mayoría de los niños, el lenguaje propiamente dicho suele iniciarse sobre los 2 años de edad. Gracias al lenguaje podemos comunicarnos con nuestros seres queridos y amigos. Somos la única especie que tiene lenguaje como tal, ya que el resto de las especies se comunican pero no disponen de lenguaje. Dentro del lenguaje, podemos hablar de diferentes procesos que lo componen: expresión, comprensión, escritura, lectura, discriminación, fluidez, vocabulario, etc. Todos ellos se pueden (y deben) reforzar y estimular. Un ejercicio clásico para trabajar el lenguaje es el ahorcado. ¿Recuerda cuando, de pequeños, jugábamos al ahorcado?


4. Funciones ejecutivas: Las primeras funciones ejecutivas debutan en torno a los 2 años de edad. Es verdad que algunas funciones ejecutivas se suelen desarrollar e interiorizar unos años más tarde. Así, por ejemplo, la inhibición de impulsos suele iniciarse en torno a los 4 años, momento que coincide con una proliferación de neuronas inhibitorias en el cerebro del niño, lo que facilita el proceso de inhibición de impulsos.

En torno a los 6-7 años, el niño ya dispone de estas cuatro funciones mentales superiores para poder operar y funcionar en su día a día. Es por este motivo por el que Piaget denominó a la etapa que comienza a los 6-7 años etapa de operaciones concretas, ya que el niño ya dispone de las cuatro funciones mentales superiores que le permitirán adaptarse de manera eficaz en su vida cotidiana. ¿Qué tipo de acciones puede llevar a cabo un niño a partir de los 6 años? Por ejemplo, el niño es capaz de hacer sumas, pero con una ayuda externa (un ábaco, sus dedos, manzanas, etc.). En cambio, en la etapa de operaciones formales, que suele comenzar a partir de los 12 años, el niño no necesita ver lo que está contando, puede imaginarlo en su cabeza. Ya dispone de una gran capacidad de abstracción y razonamiento. En ambas etapas (operaciones concretas y operaciones formales), se requiere un buen funcionamiento ejecutivo.



FUNCIONES MENTALES SUPERIORES
Funciones mentales superioresAdquisición
Gnosias (percepción)0–2 años Periodo sensorio-motriz
Praxias (motor)
LenguajeA partir de los 2 años
Funciones ejecutivasA partir de los 2–4 años

LA PLASTICIDAD CEREBRAL

Podemos definir la plasticidad cerebral como el conjunto de cambios que se producen en el sistema nervioso central como resultado de un aprendizaje, de un entrenamiento, de la experiencia, de posibles lesiones o de procesos degenerativos del propio cerebro. Por lo tanto, la plasticidad cerebral es la capacidad del cerebro para cambiar ante las demandas de un entorno que también es cambiante. Cualquiera de nosotros puede entrenar y mejorar sus funciones ejecutivas independientemente de la edad que tenga. Es verdad que el principio de plasticidad indica que un cerebro joven aprende más y mejor que un cerebro mayor pero, en realidad, cualquier persona puede mejorar su rendimiento ejecutivo a base de entrenamiento y práctica.


Al cerebro le encanta la sorpresa, lo incongruente y lo novedoso. La activación cerebral es mayor cuando nos encontramos ante una situación o actividad novedosa y que no cumple las expectativas. Es en este momento cuando se pondrán en marcha nuestras funciones ejecutivas para poder atender de la manera más satisfactoria posible la situación que tenemos delante. El motivo de que el cerebro esté orientado a lo nuevo es que le gusta aprender cosas nuevas. Pero, para que se produzca el aprendizaje, son necesarios los cuatro requisitos siguientes: percepción, motivación, atención y memoria. Sin estos cuatros requisitos no habrá aprendizaje. Es decir, si no podemos percibir, si no estamos motivados ante la tarea, si no prestamos atención o si no disponemos de una capacidad mínima de memoria, el aprendizaje no se producirá.


A través del entrenamiento y la ejercitación de las funciones ejecutivas podemos modificar la estructura y el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. Son muchos los estudios que demuestran que el cerebro se modifica a través de la experiencia y el aprendizaje, así como mediante el entrenamiento y la potenciación de las funciones ejecutivas. El cerebro es como un músculo que entrenamos cuando hacemos deporte o vamos al gimnasio.


Los estudios de Eleanor Maguire en el año 2000 pusieron de manifiesto la relevancia y los efectos de la neuroplasticidad. Lo que Maguire hizo fue comparar el hipocampo de los taxistas londinenses con el hipocampo de personas que no precisaban memorizar tantas calles ni tener una excelente orientación espacial. El hipocampo, como ya veremos en el próximo capítulo, es una estructura muy relacionada con la memoria y con la orientación espacial. Esta autora llegó a la conclusión de que el hipocampo de los taxistas era mayor que el del resto de la población debido a su ejercitación diaria. El sistema nervioso, por lo tanto, puede cambiar como resultado del aprendizaje y del entrenamiento, así como de las lesiones cerebrales. Y esto se da a cualquier edad.


Otras investigaciones también han llegado a las mismas conclusiones. Por ejemplo, se ha comprobado que las personas que tocan habitualmente un instrumento musical tienen un 25 % más desarrollada la corteza auditiva. También se ha comprobado que las personas invidentes dedican su corteza visual, ubicada en el lóbulo occipital, a la lectura del braille (tacto). Con todos estos ejemplos, podemos ver cómo el cerebro se adapta a las diferentes situaciones y cambios.

Las funciones ejecutivas se ubican en el lóbulo frontal; más concretamente en la corteza prefrontal, situada en la zona anterior del lóbulo frontal. Es por ello que, como veremos más detenidamente en el capítulo dedicado a los trastornos de las funciones ejecutivas, las lesiones que se producen en la corteza prefrontal pueden provocar dificultades en la concentración, el control de impulsos, la memoria operativa, la planificación y otras funciones ejecutivas. Gracias a la plasticidad cerebral, es probable que determinadas lesiones o trastornos tengan una mejor recuperación mediante el entrenamiento ejecutivo.


El cerebro funciona de manera holística, es decir, todo está relacionado y las diferentes partes del cerebro se comunican entre ellas. En este segundo capítulo del libro veremos las cuatro grandes zonas del cerebro y la manera que tienen de comunicarse entre ellas para que la persona tenga un funcionamiento adecuado. Cuando hablamos de cuatro cerebros es metafórico. Es evidente que no es que tengamos cuatro cerebros, sino que hablamos de cuatro grandes zonas cerebrales. Como ya vimos en el capítulo anterior, el cerebro es el órgano que se encarga de recibir la información a través de los cinco sentidos, procesar dicha información y, en último lugar, dar una respuesta. La parte cerebral que se encarga de recibir toda esa información (impulsos, necesidades, emociones, ideas, pensamientos, etc.) y dar una respuesta concreta es la corteza prefrontal, que se corresponde con el cuarto cerebro que veremos a continuación. Da la casualidad (o no) de que el cerebro se desarrolla tanto filogenéticamente como ontogenéticamente en las mismas fases que veremos. La filogénesis se encarga de estudiar cómo ha evolucionado una especie en concreto, mientras que la ontogénesis estudia el desarrollo de un individuo concreto que pertenece a una determinada especie desde la fecundación hasta su muerte.


La teoría de la recapitulación de Ernst Haeckel (1866) defiende que el desarrollo del niño es un resumen de la historia de la evolución filogenética de nuestra especie.

EL CEREBRO REPTILIANO

El cerebro reptiliano, también llamado cerebro primitivo o complejo reptiliano, está ubicado en la base de nuestro encéfalo. Es la parte más arcaica y primitiva, ya que acumula unos 500 millones de años de existencia. Es el cerebro que tienen los reptiles como los cocodrilos, los dragones de Komodo, las serpientes y las lagartijas.


Las dos estructuras más importantes del cerebro reptiliano son el tronco encefálico y el cerebelo. El tronco encefálico tiene funciones relacionadas con la satisfacción de las siguientes necesidades básicas:

• Hambre

• Sed

• Reproducción

• Ciclo de sueño-vigilia

• Respiración

• Protección

• Atención (arousal)

• Ritmo cardiaco

• Regulación de la temperatura

El cerebro reptiliano es tan importante para la supervivencia de la especie que el tronco encefálico ya se ha desarrollado al finalizar el primer trimestre de gestación. La segunda estructura relevante del complejo reptiliano es el cerebelo, que tiene una estrecha relación con el equilibrio corporal y la audición. Los reflejos, las necesidades y los instintos están codificados en el cerebro reptiliano, motivo por el cual se conoce con el nombre de cerebro de la supervivencia o cerebro que actúa. No es un cerebro pensante ni sintiente, solamente actúa en situaciones de superviviencia.


Por lo tanto, el cerebro reptiliano tiene como objetivo la supervivencia de la especie. Esta estructura puede dar tres tipos de respuestas básicas. Los ingleses las llaman las tres «F»: flight, fight y freeze. Lo podemos traducir al castellano como huida, ataque y parálisis. Cuando nuestro cerebro detecta que nuestra vida corre peligro, pone en marcha una de estas tres respuestas de una manera automática, involuntaria e inconsciente. Es la parte del cerebro que tienen más activa los neonatos y bebés.

A continuación, señalamos las características más relevantes del complejo reptiliano:

• Es la parte más arcaica del encéfalo.

• Inconsciente, involuntario y automático.

• Es un cerebro reactivo.

• No precisa aprendizaje, ya que es un cerebro innato.

• Está orientado en el aquí y el ahora (presente).

• Las consecuencias de una lesión en el complejo reptiliano son más previsibles, aunque la persona afectada siempre corre peligro de muerte.

EL CEREBRO EMOCIONAL

El cerebro emocional se desarrolló hace unos 180-200 millones de años con la aparición de los primeros mamíferos sobre la faz de la tierra. Se ubica justo encima del cerebro reptiliano. Por lo tanto, es el cerebro de mamíferos como el delfín, la jirafa y el elefante.


El cerebro emocional tiene cinco funciones básicas que lo diferencian del resto de zonas cerebrales:

• Aprendizajes básicos

• Memoria

• Emociones

• Sociabilidad

• Relación de apego

Los animales que no poseen un cerebro emocional, como los insectos y los reptiles, no disponen de una relación de apego con sus crías ni experimentan emociones. Un reptil deposita sus huevos y no establece ninguna relación emocional con su descendencia, cosa que sí hacemos las especies que tenemos cerebro emocional y, por lo tanto, apego.

El cerebro emocional se ubica, anatómicamente hablando, en el sistema límbico, que es un conjunto de estructuras muy relacionadas con las funciones antes citadas. Lo que pretende el cerebro emocional es hacer aquello que más nos gusta y evitar hacer aquello que nos desagrada. Las tres estructuras más importantes del cerebro emocional son el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala. Mención aparte merece esta última estructura del cerebro emocional. Las amígdalas cerebrales tienen una estrecha relación con las emociones, sobre todo con las emociones desagradables como el miedo, la rabia, la tristeza, el asco, etc. Por ejemplo, todos los miedos aprendidos se codifican en las amígdalas. Cuando experimentamos estas emociones, las amígdalas se excitan y se hiperactivan. La carretera cerebral que une las amígdalas cerebrales con la corteza prefrontal va a posibilitar que la persona sea capaz de regular sus propias emociones y funcionar ejecutivamente.


Al igual que el cerebro reptiliano, el cerebro emocional es involuntario, inconsciente y automático, es decir, no somos conscientes de todas las emociones que tenemos a lo largo del día. Si el cerebro reptiliano es el cerebro que actúa, el cerebro emocional es el cerebro que siente.

EL CEREBRO RACIONAL

En tercer lugar tenemos el cerebro racional, que se localiza en el neocórtex, es decir, en la capa más externa de nuestro cerebro. Si abrimos nuestro cráneo, lo primero que nos vamos a encontrar es nuestro neocórtex. Es la parte del cerebro más moderna y la que ha aparecido en último lugar tanto filo como ontogenéticamente hablando, ya que se desarrolló a partir de los primeros primates hace unos 60-65 millones de años. Es nuestro cerebro pensante, de ahí que digamos que es el cerebro que piensa. Además, el cerebro pensante también se encarga de almacenar información. La memoria a largo plazo se ubica en todo el neocórtex.


El neocórtex, también denominado neocorteza, se divide en dos hemisferios unidos por un haz de fibras llamado cuerpo calloso. Se ha demostrado que las mujeres tienen un 20 % más grueso el cuerpo calloso, lo cual indica que tienen mayor interconectividad entre los hemisferios, lo que hace que haya una mayor coordinación entre ambos. Además, los hemisferios se dividen en cuatro lóbulos cerebrales: occipital, parietal, temporal y frontal. El lóbulo que mayor interés tiene para nuestro libro es el lóbulo frontal, el cual desarrollaremos más profundamente en los siguientes capítulos.


EL CEREBRO EJECUTIVO

En cuarto y último lugar tendríamos el cerebro ejecutivo. Dicho cerebro pertenece al neocórtex pero, dada su relevancia, he decidido separarlos. Es el cerebro que ejecuta, ya que el cerebro ejecutivo se localiza en la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas. En los últimos miles de años ha habido un crecimiento extraordinario de la corteza prefrontal en comparación con el resto del neocórtex. Pero no solo ha habido un aumento de la zona de la corteza prefrontal, sino que también ha proliferado el número de conexiones entre neuronas en dicha parte del cerebro. La corteza prefrontal supone aproximadamente una tercera parte del neocórtex.


En la corteza prefrontal se ubican las funciones ejecutivas, por ejemplo, la planificación, la memoria operativa, la toma de decisiones, el control inhibitorio, la concentración, etc. Cuando hay una lesión o alteración en la corteza prefrontal, la capacidad de funcionar ejecutivamente disminuye de manera considerable. Así, por ejemplo, Fernier (1986) extirpó los lóbulos frontales a un grupo de monos. ¿Sabéis qué consecuencias tuvo? Que provocó excesiva inquietud motora y baja capacidad de concentración en los monos. La gran actividad e inquietud en los monos se debían a la ausencia de la principal estructura que se encarga de controlar nuestros impulsos, necesidades, emociones y pensamientos: la corteza prefrontal. Todas las funciones ejecutivas están orientadas al futuro. Es por este motivo por el que se dice que la corteza prefrontal abre el organismo al futuro. Es el cerebro que ejecuta. Todos los mamíferos tenemos neocórtex y corteza prefrontal, pero solo el ser humano tiene funciones ejecutivas propiamente dichas. En ocasiones escuchamos que los niños son muy sinceros y crueles con sus comentarios y acciones sobre los demás, pero no creo que sea así. No es que sean crueles, sino que no tienen el suficiente desarrollo de la corteza prefrontal como para no hacer o no decir lo que a los demás les hará daño o les perjudicará.

Podemos decir que cuanto más atrás estemos en el cerebro (áreas del cerebro posterior), más se parece a una navaja de Albacete, y cuanto más adelante estemos (áreas del cerebro anterior), más se parece a una navaja suiza. Esto es así porque las zonas del cerebro reptiliano son más rígidas y automatizadas, mientras que las zonas del cerebro racional y de la corteza prefrontal son más flexibles y controladas. Por este motivo, ante una lesión, traumatismo o tumor en las áreas posteriores del cerebro, podremos predecir con mayor seguridad las posibles repercusiones, algo que es muy difícil y más variable en las zonas anteriores del cerebro.

Las características básicas de la corteza prefrontal son las siguientes:

• Es la capa más moderna tanto filo como ontogenéticamente hablando.

• Consciente, voluntaria y controlada.

• Orientada al futuro, aunque también puede pensar en el momento presente y reflexionar sobre el pasado.

• Lesiones en la corteza prefrontal causan lesiones imprevisibles.

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0+
Release date on Litres:
22 October 2025
Volume:
286 p. 277 illustrations
ISBN:
9788426728746
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Bookwire
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