Read the book: «Historias. Libros XVI-XXXIX»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 58

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1983. www.editorialgredos.com
PRIMERA EDICIÓN , 1983.
ISBN 9788424930790.
REF. GEBO181.
LIBRO XVI
(FRAGMENTOS)
Filipo V en Pérgamo
El rey Filipo 1 llegó a las inmediaciones [1 ] de Pérgamo, y pensando que no había logrado matar a Átalo mostró una ferocidad total. En efecto, cedió a la rabia de su ánimo 2 , [2] pero debió disponer casi siempre su cólera no contra los hombres, sino contra los dioses, porque en las escaramuzas [3] la guarnición de Pérgamo le rechazaba fácilmente debido a la aspereza del lugar. Y del país no extraía ningún provecho, ya que Átalo había tenido buen cuidado en cuanto a ello y lo había previsto debidamente. A Filipo, pues, le restaba únicamente apuntar [4] su furia contra las sedes y los recintos de los dioses, con lo cual creo, al menos yo, que se injuriaba más a sí mismo que a Átalo. No sólo incendiaba templos [5] y altares, sino que, además, los derruía e, incluso, machacaba las piedras para evitar que se pudiera reedificar [6] lo arrasado. Cuando hubo demolido el Niceforio 3 taló el recinto, destrozó el vallado y derribó los templos, tan numerosos como opulentos, hasta sus [7] mismas bases. Primero se dirigió a Tiatira 4 , desde donde hizo una marcha e invadió la llanura de Tebas 5 : creía que en estos lugares ante todo recogería un buen [8] botín. Al fallarle también esta esperanza retrocedió hasta Hieracome 6 y, desde allí, mandó un aviso a Zeuxis 7 , con la orden de que le aprovisionara de víveres y que, desde aquel momento, le apoyara según lo estipulado [9] en los pactos 8 . La respuesta de Zeuxis fue que actuaría según lo acordado, pero en realidad rehusaba reforzar a Filipo.
Batalla naval de Quíos 9
Filipo, al fracasar en el asedio 10 [2 ] y al verse atacado por el enemigo con una formación de naves ponteadas 10 bis superior en número, se vio en apuros y, ante tales perspectivas, no sabía qué hacer. Pero las circunstancias no le permitían escoger demasiado, [2] por lo que se hizo a la mar cuando el enemigo no lo esperaba; Átalo, en efecto, pensaba que Filipo [3] proseguiría sus trabajos de zapa. Filipo puso el máximo [4] empeño en zarpar ocultamente, convencido de que si lo lograba cobraría ventaja, y luego podría navegar bordeando la costa con toda seguridad hasta llegar a la isla de Samos 11 Pero sus cálculos le engañaron totalmente, [5] pues Átalo y Teofilisco 12 cuando comprobaron que Filipo levaba anclas se atuvieron al punto a la situación. Se hicieron a la mar, aunque sin orden, ya que [6] creían, como acabo de declarar, que Filipo persistiría en sus propósitos anteriores. Sin embargo, mandaron remar [7] ardorosamente y atacaron. Átalo embistió contra el ala derecha, que era la que guiaba al enemigo, y Teofilisco, contra la izquierda. Filipo, atrapado por la [8] situación, dio el santo y seña a los de su ala derecha, con la orden de disponer las naves de proa y entablar batalla corajudamente contra el adversario, mientras que él personalmente se retiró a bordo de una lancha a unos islotes 13 que estaban a media ruta; allí aguardó [9] el desenlace de la lucha. El contingente de Filipo dispuesto para la liza constaba de cincuenta y tres naves ponteadas y con éstas de *** 14 lanchas y ciento cincuenta galeras 15 , porque no logró equipar toda la flota que [10] tenía en Samos 16 . El enemigo contaba con sesenta y cinco naves ponteadas (incluyendo las de los bizantinos), a las que se sumaban nueve trihemiolias 17 y tres trirremes.
[3 ] La nave de Átalo fue la que inició el asalto y, al punto, las que estaban cerca cargaron sin ningún orden. [2] Átalo, que había arremetido contra un navio de ocho hileras de remeros 17 bis y le había asestado por debajo del agua un golpe muy preciso, acabó hundiendo la nave, por más que los hombres de cubierta se batieron con denuedo. Y la nave capitana de Filipo, [3] una con diez hileras de remeros, cayó en manos del enemigo de una manera absurda. En efecto, una trihemiolia [4] que le salió al paso cargó contra ella y la golpeó violentamente en mitad del casco, por encima de la hilera superior de remeros, y el timonel ya no pudo hacerse con la dirección de la nave. De modo que ésta, [5] cogida a la trihemiolia, se veía en un gran apuro, totalmente incapaz de maniobrar. En ese momento dos [6] penteras se sumaron todavía a la arremetida, agrietaron a babor y a estribor la nave capitana de Filipo, la destruyeron y mataron a los hombres de su dotación, entre ellos a Demócrates, el almirante macedonio. En aquella misma ocasión, Dionisodoro y Dinócrates 18 , [7] que eran hermanos de Átalo y almirantes de su flota atacaron, el primero, una heptera y, el segundo, una octera del enemigo, y acabaron el combate naval de una manera inesperada, porque Dinócrates, al embestir [8] a la octera, fue él quien recibió el golpe por encima de la línea de flotación 19 , con lo que la nave le quedó levantada de proa. Consiguió abrir una vía de agua en el navio enemigo, pero no lograba desprenderse de él por debajo del agua, a pesar de que muchas veces intentó [9] asestar un golpe a su proa. Los macedonios luchaban con bravura, por lo que Dinócrates corrió [10] el máximo riesgo. Pero Átalo voló en su ayuda, atacó la nave adversaria y logró deshacer la trabada de los buques, con lo que Dinócrates se salvó contra toda esperanza, [11] y la dotación de la nave macedonia, que había combatido con un gran arrojo pereció íntegramente; [12] el buque, a la deriva y desguarnecido, pasó a dominio de Átalo. Dionisodoro se había lanzado al ataque con violencia, pero erró el objetivo 20 , y navegó arrimado al flanco enemigo, con lo que perdió los remos de estribor. [13] También las torretas 21 de este lado se le derrumbaron, [14] tras lo cual el enemigo le rodeó por todas partes. En medio de clamor y de alboroto la nave se hundió y murió su tripulación, pero Dionisodoro y dos hombres más lograron ganar a nado una nave trihemiolia que acudía en su ayuda.
[4 ] Las naves restantes de ambos contingentes combatían [2] en condiciones similares, pues la ventaja de Filipo por sus lanchas se veía compensada por la superioridad [3] de que gozaba Átalo con sus naves ponteadas. En el ala derecha de Filipo la situación era tal que la pugna quedaba indecisa, aunque Átalo tenía más posibilidades. Señalé más arriba 22 que los rodios, así que la flota se [4] hizo a la mar, no se aproximaron al enemigo al principio, pero su velocidad era muy superior a la del adversario, por lo que establecieron contacto con la retaguardia macedonia. Inicialmente acosaron la popa de [5] las naves que retrocedían y les astillaron las hileras de remos; cuando las naves restantes de Filipo empezaron [6] a virar para ir en socorro de las que peligraban, y las rodias que habían zarpado en último lugar se agregaron a las de Teofilisco, entonces ambos bandos [7] dispusieron sus buques frente a frente y trabaron combate con valor: se exhortaban unos a otros a grandes voces y al son de la trompeta.
Y si los macedonios no hubieran colocado sus lanchas [8] entre las naves ponteadas enemigas, la batalla naval hubiera tenido un desenlace fácil y rápido, pero ahora los rodios se veían apurados de muchas maneras. En efecto: tras haber desordenado su alineación primitiva, [9] en su acometida inicial, ahora estaban todos revueltos entre sí y no lograban atravesar con facilidad la formación enemiga ni hacer girar sus naves; en resumen, [10] no podían echar mano de su superioridad, pues las lanchas les atacaban ya los flancos, con lo que les inutilizaban las hileras de remos, ya las proas, de manera que obstaculizaban el trabajo de pilotos y remeros. Pero los rodios usaban una táctica contra los ataques [11] a sus proas: amorraban sus barcos precisamente por ellas 23 , con lo que las naves recibían los golpes por encima del nivel del mar; ellos, en cambio, asestaban los suyos por debajo del agua, con lo que las averías causadas por sus embates no podían ser reparadas. [13] Sin embargo procedían pocas veces a luchar de este modo y, aquí, inclinaron a su favor la contienda porque en el combate cuerpo a cuerpo expulsaron valientemente a los macedonios de las cubiertas de sus propios [14] bajeles. Al romper la línea enemiga, muchas veces inutilizaban los remos de las naves adversarias, luego navegaban en círculo y arremetían contra las proas de unas naves o atacaban a otras por el flanco cuando viraban: en el primer caso, abrían brechas y, en el segundo, despojaban a los buques rivales de algún aparejo [15] preciso para la contienda. Los rodios, pues, peleaban así y destruyeron un buen número de bastimentos contrarios.
[5 ] Y fueron tres quinquerremes de los rodios los que se distinguieron más en la brega: el buque insignia, en el que navegaba Teofilisco, el quinquerreme mandado por Filóstrato y, en tercer lugar, el pilotado por Autólico, en el que se había embarcado Nicóstrato en [2] su calidad de trierarco 24 . Este último se lanzó contra una nave adversaria, pero le quedó el espolón cogido en ella y lo perdió. Y ocurrió que el golpe hizo que la nave comenzara a hundirse con su tripulación, ya que hacía agua por la proa. Autólico y sus hombres, rodeados por enemigos, al principio lucharon varonilmente, [3] pero al final el jefe cayó al mar con sus armas, herido, y los demás combatientes murieron con valor [4] en la contienda. En aquel preciso momento, Teofilisco acudía en su ayuda con tres quinquerremes. No logró recuperar la nave, inundada de agua ya por todas partes, pero inutilizó dos unidades enemigas y forzó a sus [5] dotaciones a tirarse al mar. Sin embargo, pronto lo acosaron, rodeándole, un gran número de lanchas y de naves ponteadas. Perdió la mayoría de sus soldados, que combatieron arrojadamente; él mismo recibió tres [6] heridas, pero por su audacia y arrostrando el peligro salvó casi de milagro su propia nave con la ayuda de Filóstrato, que también asumió el riesgo con todo coraje. Reunido de nuevo con su propia escuadra, lanzó [7] otro ataque y vino a manos con el enemigo; estaba ya desprovisto de fuerza corporal, pero su vigor moral era más alto y sorprendente que el de antes.
Lo que ocurrió en realidad es que hubo dos batallas [8] navales muy distantes entre sí, porque el ala derecha de Filipo, de acuerdo con los planes iniciales, se iba acercando a la costa y nunca estuvo muy lejos del continente asiático, pero el ala izquierda, que había [9] virado en redondo para ayudar a las naves de su retaguardia, quedó junto a la isla de Quíos; ésta fue el ala que peleó contra los rodios.
En el ala derecha, Átalo había conseguido una gran [6 ] victoria y se aproximaba al islote en el que Filipo había fondeado aguardando el desenlace. El mismo [2] Átalo observó que un quinquerreme de los suyos había quedado fuera de combate, averiado e inundado por el golpe de una nave enemiga. Y se lanzó a recuperarlo con dos cuatrirremes. Como esta nave enemiga cediera [3] y se retirara hacia tierra, Átalo la acosó más enérgicamente, empeñado en rescatar la otra. Filipo comprobó [4] que Átalo se había separado mucho de los suyos: tomó cinco quinquerremes y tres hemiolias, además de las lanchas que estaban más cerca de él, y se lanzó al ataque. Aisló a Átalo de su escuadra y le forzó a echar a tierra su nave, lo cual Átalo logró no sin un gran esfuerzo. Pero una vez conseguido huyó con las [5] dotaciones hacia Eritras 25 ; Filipo, por su parte, se apoderó [6] de las naves adversarias y del bagaje real. En esta ocasión Átalo usó de cierta estratagema: esparció por la cubierta de su nave lo más valioso de su ajuar [7] regio. Y los primeros macedonios que abordaron la nave con sus lanchas, al ver aquella cantidad de vasos, de vestidos de púrpura con sus adornos correspondientes, cesaron en la persecución y se dedicaron a hacer botín. [8] De ahí que Átalo pudiera retirarse sin peligro hacia Eritras.
[9] En el conjunto de la batalla naval, Filipo sufrió una gran derrota 26 , pero alentado por la peripecia de Átalo se hizo a la mar, reunió afanosamente sus propias naves y exhortaba a sus hombres a que tuvieran buen ánimo, ya que en la confrontación habían salido vencedores. [10] Ciertamente, se había esparcido entre sus combatientes la especie, es más, la confianza de que el rey Átalo había muerto, fundada en el hecho de que Filipo [11] se había traído remolcada la nave real. Dionisodoro sospechó lo que en verdad había ocurrido a su rey, juntó las naves de su ciudad y levantó el estandarte: se concentraron rápidamente en torno suyo y navegó [12] sin peligro hacia los fondeaderos de Asia. Los macedonios que habían luchado a favor de los rodios y que hacía tiempo que estaban inquietos aprovecharon la ocasión para abandonar el escenario de la guerra contingente por contingente; alegaban que debían darse [13] prisa en socorrer a su propia flota. Los rodios remolcaron unas naves y hundieron las restantes con los espolones de las suyas, tras lo cual pusieron rumbo a Quíos.
[7 ] En la batalla contra Átalo, Filipo perdió una nave de diez hileras de remeros, otra de nueve, otra de siete y otra de seis, diez del resto de las naves ponteadas, tres trihemiolias y veinticinco lanchas con sus tripulaciones; en la batalla contra los rodios le zozobraron [2] diez navíos ponteados, lanchas en número de unas cuarenta, y el enemigo le apresó dos tetrarremes y siete lanchas con las correspondientes dotaciones. A Átalo [3] le fueron hundidas una nave trihemiolia y dos quinquerremes [el adversario le apresó dos tetrarremes] 27 , y el mismo bajel del rey. Los rodios perdieron dos [4] quinquerremes y un trirreme, pero los de Filipo no les cogieron ninguna nave. En cuanto a hombres, los rodios [5] perdieron unos sesenta y Átalo alrededor de setenta; los macedonios de Filipo, en cambio, unos tres mil y seis mil marineros 28 . De los macedonios y sus [6] aliados cayeron prisioneros unos dos mil hombres; ellos mismos capturaron unos setecientos 29 .
De modo que éste fue el resultado de la batalla [8 ] naval de Quíos. Pero Filipo se irrogaba la victoria con dos alegaciones, en primer lugar porque había empujado hasta tierra la nave de Átalo y luego la había apresado, y además porque cuando ancló en el lugar [2] llamado Argeno pareció que lo había hecho entre los restos de un naufragio. Realizó, pues, lo que correspondía [3] a esto y, al día siguiente, juntó los despojos y sepultó los cadáveres identificados, para acrecentar así las fantasías ya citadas. Pero, al cabo de poco, los rodios [4] y Dionisodoro le refutaron: ni él mismo había creído [5] jamás en su victoria. En efecto, al otro día, mientras Filipo seguía ocupado en lo mismo, ellos se pusieron mutuamente en contacto y navegaron contra el rey. Colocaron sus naves de frente, pero nadie les salió al encuentro, por lo que ciaron hasta tocar tierra en [6] Quíos. Filipo, que nunca había perdido tantos hombres en un solo lance ni por mar ni por tierra, llevó a mal lo ocurrido y su inclinación a la guerra decreció [7] mucho, aunque de todos modos procuraba ocultar esta poca propensión a los demás. Pero en ello las circunstancias [8] no le favorecían. En efecto, aun descontando otras cosas, lo que ocurrió después de la batalla [9] impuso a todos los que lo vieron: la carnicería humana había sido tal en aquella ocasión, que toda la ruta estaba llena de muertos, de sangre, de armas, de despojos de naves, y en los días siguientes se podía ver en las playas montones revueltos de restos humanos y de [10] los materiales citados. De ahí que no sólo Filipo, sino todos los macedonios cayeran en un desaliento no común.
[9 ] Teofilisco sobrevivió un solo día. Redactó para su país un informe sobre el desarrollo de la batalla naval, nombró a Cleoneo para que le sustituyera en el [2] mando de la fuerzas, y murió de las heridas. Fue un hombre valiente en los combates y digno de memoria [3] por su carácter. Si él no se atrevía a presentar batalla a Filipo, todos perdían sus oportunidades por temor [4] a la audacia de este rey. Pero cuando Teofilisco inició la guerra, obligó a su propio país a estar a la altura de las circunstancias, forzó a Átalo a no ser remiso y a preparar lo necesario para la contienda, a combatír [5] con coraje y a no rehuir el riesgo. Fue justo, pues, que los rodios ante su muerte le rindieran honras tales que despertaron no sólo en los contemporáneos sino aún en la posteridad el interés por el ideal de la patria.
Después del desenlace de la batalla naval de Lade 30 , [10 ] cuando los rodios ya estaban ausentes y Átalo no se había reintegrado a la lucha, es cosa clara que Filipo podía completar su navegación y llegar a Alejandría. He aquí el principal indicio que da a entender que cuando Filipo hizo esto ya no estaba en sus cabales.
Un componente irracional en la esperanza humana
¿Qué es, pues, lo que retraía [2] su ímpetu? Simplemente la naturaleza de las cosas. Muchos [3] aspiran a lo imposible cuando todavía está lejos: las esperanzas que albergan son grandes, y la pasión inhibe el cálculo de cualquier hombre. Pero cuando se acerca el momento de actuar, entonces desisten de lo que acometieron temerariamente: su impotencia y la dificultad de lo que les sale al encuentro les ofuscan y confunden sus proyectos.
Toma de Prínaso 31
Después de todo ello Filipo lanzó [11 ] algunos asaltos 32 , pero infructuosamente por la aspereza que protegía la ciudad, de modo que se replegó, destruyendo en su retirada los fuertes y las colonias del país. Rechazado, pues, acampó [2] junto a Prínaso. Dispuso pronto de unas pantallas protectoras de mimbre, hizo con ellas los preparativos adecuados y empezó el asedio abriendo galerías. Pero [3] el intento no le prosperaba al ser el lugar rocoso, por lo que urde lo siguiente: durante el día hacía ruido [4] debajo tierra, como si el trabajo de zapa adelantara, por la noche transportaba de fuera tierra y la amontonaba junto a las entradas de las minas; pretendía que los de la ciudad calcularan según la cantidad de [5] tierra acumulada y se alarmaran. Los prinaseos al principio se sostuvieron noblemente, pero cuando Filipo les mandó un hombre a decirles que ya les había socavado dos pletros de muralla y a preguntarles si preferían irse sin correr peligro o bien perderse junto con la ciudad, pues en el incendio de sus fortificaciones no [6] se iba a salvar nadie, dieron tal crédito a sus palabras que entregaron la plaza.
[12 ] La ciudad de los yasios está en la costa de Asia, en el golfo situado entre el templo milesio de Posidón y la ciudad de Mindo. Es el llamado golfo [de Mandalia,] 33 pero más usualmente conocido como golfo de Bargilia, [2] de acuerdo con las ciudades radicadas en él. Los habitantes de Yaso se alaban de ser originariamente una fundación argiva, aunque después lo fueron de los milesios, porque sus antepasados, ante las pérdidas que sufrieron en una guerra contra los carios, llamaron al hijo de Neleo, el fundador de Mileto. La ciudad mide [3] diez estadios 34 . Entre los bargilietanos se dice y se cree que la efigie de Ártemis Cindíada 35 , que está al aire [4] libre, no se moja aunque llueva o nieve, afirmación paralela a la de los yasios respecto a la imagen de Ártemis Astia. Incluso algunos autores aseguran cosas así. En lo referente a tales asertos de los historiadores [5] no sé lo que pasa, pero en toda mi obra me opongo disgustado a ellos. Me causan la impresión de una simpleza [6] sencillamente pueril, por cuanto tal cosa cae no ya fuera de una teoría razonable, sino fuera de lo posible. En efecto, sostener que algunos cuerpos expuestos [7] a la luz no arrojan sombra es propio de un espíritu calenturiento 36 . Y esto, lo ha hecho Teopompo 37 : escribe que los que entran en el templo de Zeus, en Arcadia, no proyectan sombra. En esto no se diferencia [8] de lo ahora dicho. A algunos historiadores que explican [9] prodigios y se inventan fábulas parecidas a las anteriores se les debe excusar si lo hacen con miras a preservar la piedad de los pueblos hacia la divinidad. Pero no se deben hacer concesiones excesivas. Sin duda en [10] estas materias es difícil trazar una línea divisoria clara; sin embargo, hay que hacerlo. Al menos yo creo [11] que si bien debemos ser indulgentes con errores pequeños y creencias no demasiado exactas, con todo hemos de rechazar sin contemplaciones cualquier afirmación desorbitada al respecto.
Grecia: a) Tentativa de Nabis contra Mesenia 38
En el Peloponeso, según un [13 ] propósito ya antiguo, Nabis 39 , el tirano de los lacedemonios, echó de la ciudad a los ciudadanos, otorgó la libertad a los esclavos y los casó con las mujeres y las hijas de los dueños anteriores; al propio [2] tiempo exhibió su poder como asilo sagrado de todos los que huían de sus países por algún sacrilegio o alguna infamia, con lo que juntó en Esparta una multitud de [3] hombres impíos 40 . Pero todo esto ya está expuesto más arriba 41 ; ahora hablaremos de cómo, aliado con los etolios, los eleos y los mesenios 42 cuando pactos y juramentos le forzaban a prestar ayuda a todos éstos si alguien salía en campaña contra ellos, Nabis, sin embargo, no hizo el menor caso de tales obligaciones, y se dispuso a infringir sus tratos con la ciudad de Mesenia.
b) Digresión acerca de los historiadores rodios Zenón y Antístenes 43
[14 ] Dice Polibio: ya que algunos autores de monografías también han historiado esta época que abarca la intentona contra Mesenia y las batallas navales 44 que he descrito, quiero discutir brevemente acerca de ellos. Lo haré, sin embargo, no de todos, sino sólo de aquellos [2] que me parecen dignos de recuerdo y de distinción 45 , me refiero a Zenón y a Antístenes, ambos de Rodas. Creo que son muchas las causas que les hacen [3] merecedores de atención. En efecto, no sólo han vivido en aquella época, sino que, además, intervinieron activamente en política y, ahora, se dedican a tareas literarias no para extraer lucro de ellas 46 , sino por amor a la fama y por lo adecuadas que son a los hombres políticos. No podemos dejar de mencionarlos, para evitar [4] que los estudiosos, al no coincidir nosotros en algún caso con estos autores, ante la fama de la isla de Rodas y la creencia de que los rodios son habilísimos en las cosas del mar, les den más crédito a ellos que a nosotros. Estos historiadores, desde luego, primero declaran [5] que la batalla naval de Lade no es menos importante que la de Quíos, pero que fue más empeñada y feroz, tanto en las acciones concretas de la pelea como en su desarrollo general; dicen también que en ella la victoria correspondió a los rodios. Yo podría aprobar [6] que los autores otorguen cierta importancia a sus propios países, pero no, en modo alguno, que hagan afirmaciones contrarias a lo que ha ocurrido. Bastan y [7] sobran, en efecto, los errores que cometemos los autores, pues evitarlos les es difícil a los humanos. Pero si escribimos falsedades adrede para favorecer a nuestro país o a los amigos, o para congraciarnos con alguien, ¿en qué diferiremos de los que se ganan la vida [8] de esta manera? Así como éstos ponderan las ganancias y, según ellas, convierten sus composiciones en indemostrables, los políticos, arrastrados alguna vez por la inclinación o por el odio, al final acaban como los [9] antedichos. Por ello, los lectores deben prestar especial atención a este respecto y los autores guardarse a sí mismos.
[15 ] El caso presente corrobora mi afirmación. Los autores citados están de acuerdo en que, en las acciones parciales de la batalla de Lade, el enemigo se apoderó [2] de dos quinquerremes rodios con sus dotaciones y en que durante la refriega una nave rodia arboló la bandola 47 , porque había sufrido un impacto y hacía agua. Muchos de los navíos rodios cercanos la imitaron y se [3] retiraron hacia alta mar. Al final el almirante, abandonado junto a unos pocos, se vio obligado a hacer lo [4] mismo que los antedichos. Vientos desfavorables les empujaron a Mindia 48 , donde fondearon. Al día siguiente [5] zarparon hacia la isla de Cos, el enemigo remolcó los quinquerremes capturados, echó anclas junto a Lade y pernoctó allí donde los rodios habían tenido el campamento. [6] Los autores citados están todavía de acuerdo en que los milesios 49 , alarmados ante lo sucedido y ante el temor de verse atacados 50 , coronaron no sólo a Filipo, sino incluso a Heraclides 51 . Después de exponer todo [7] esto, lo cual es indudablemente propio de unos derrotados, declaran vencedores a los rodios tanto' en las acciones parciales como en el conjunto de la batalla, y eso cuando aún se conserva en el pritaneo el documento 52 [8] que, acerca de tales hechos, el almirante remitió a la asamblea y a los prítanes. Pues bien, este documento concuerda con mis afirmaciones, no con las de Zenón y de Antístenes.
Tras lo dicho, ambos autores tratan de la ruptura 53 [16 ] del pacto establecido por Nabis con los mesenios. Aquí, [2] Zenón afirma que Nabis partió de Lacedemonia, cruzó el río Eurotas por el lugar llamado Hoplita y avanzó por una calzada estrecha junto a Poliasio, hasta alcanzar los parajes de Selasia 54 . Una vez en ellos, rebasó [3] Talamas y llegó hasta el río Pámiso 55 , en el lugar denominado [4] Faras. De todo ello no sé ni qué decir; estas afirmaciones presentan un orden tal que, en una palabra, en nada difieren de quien aseverara que salió de Corinto, cruzó el Istmo y, tras tocar las Rocas Escirónicas, de repente atacó Contoporia y, bordeando [5] Micenas, prosiguió su avance hacia Argos 56 . Evidentemente, aquí el error sería palmario; pues los lugares están emplazados de manera bien opuesta: mientras que el Istmo y las Rocas Escirónicas están al Este de Corinto, Contoporia y Micenas están casi junto a su [6] Sudoeste. De manera que es absolutamente imposible [7] a quien siga tal ruta llegar a las localidades citadas. Se da un caso idéntico en la geografía de Lacedemonia, [8] pues el río Eurotas y Selasia están al Noroeste de Esparta, mientras que Talamas, Faras y el río Pámiso [9] están al Sudoeste. En realidad, el que desde Talamas quiera marchar contra Mesenia no es ya que deba hacerlo bordeando Selasia, es que ni tan siquiera debe cruzar el río Eurotas.
[17 ] A esto añade Zenón que Nabis había efectuado la salida desde Mesenia por la puerta que conduce a Tegea. [2] Lo cual es absurdo, pues en esta ruta entre Mesene y Tegea se encuentra Megalópolis, de manera que en Mesene no hay puerta de la que se pueda decir que [3] conduzca a Tegea. Quizás se objete: desde luego, pero resulta que los mesenios tienen una salida denominada «Puerta de Tegea», por la que Nabis emprendió la marcha; esto confundió a Zenón, quien supuso que Tegea [4] estaba más cerca de los mesenios. Y esto no es así, sino que Laconia y el territorio de Megalópolis están en [5] medio de Mesenia y la Tegeátide. Concluyo: Zenón afirma que el río Alfeo, ya en las proximidades de sus fuentes, se oculta y que, tras un largo recorrido subterráneo, aflora al suelo en Licoas 57 de Arcadia. Pero, [6] en realidad, este río, no lejos de sus manantiales, se oculta unos diez estadios y emerge de nuevo. Discurre por el país de Megalópolis. Primero su caudal es pequeño, pero va creciendo y, después de atravesar a la luz del día toda la región mencionada, al cabo de unos doscientos estadios alcanza Licoas. Aquí ya ha afluido a [7] él el río Lusio, por lo que, caudaloso y en realidad impracticable *** 58 .
Indudablemente, todo esto a mí me parecen errores [8] que, sin embargo, admiten excusa y explicación: lo último se debió a la ignorancia y lo de la batalla naval, a un exceso de patriotismo. ¿Se puede, entonces, [9] reprochar verdaderamente algo a Zenón? Sí: el haber puesto el máximo interés no en la investigación de los hechos ni en la organización de su material, sino en la elegancia del estilo, de la que es notorio que se jacta con frecuencia, cosa que, por lo demás, hacen la mayoría de los autores de algún renombre. Yo sostengo que debemos atender cuidadosamente la [10] exposición artística de los hechos, porque esto coadyuva no poco, sino mucho, a la utilidad de la historia, pero, sin embargo, no podemos pensar que los hombres inteligentes consideren que la dicción es lo primordial y primero. ¡Ni mucho menos! La historia tiene [11] aspectos más importantes, de los cuales sí se puede jactar el hombre político.
Lo que pretendo defender resultará muy claro por [18 ] lo que sigue: el historiador en cuestión expone el asedio [2] de Gaza 59 y la confrontación que hubo en Celesiria entre Antíoco y Escopas, la batalla de Panio 60 . Pues bien: nadie negará que ha cuidado tanto el estilo de su dicción que la extravagancia de su lenguaje no se ve rebasada ni tan siquiera por la de las obras declamatorias redactadas para suscitar el pasmo del vulgo; [3] en cambio, desatendió tanto la realidad de los hechos que su irreflexión y poca práctica también resultan a [4] su vez incomparables. Efectivamente, primero quiso exponer la disposición de las fuerzas de Escopas 61 . Dice que su falange y unos pocos jinetes quedaron emplazados en el ala derecha, al pie del monte, y que su ala izquierda ocupaba la llanura, junto con la caballería [5] debidamente alineada. Añade que Antíoco 62 , así que despuntó el alba envió a su hijo mayor, llamado también Antíoco 63 , con una parte de sus fuerzas, para que se adelantara y ocupara el sector de la montaña desde [6] el que se dominaba al enemigo. Y en pleno día hizo que el resto de su ejército cruzara el río 64 que separaba los dos campamentos, y lo estacionó en la llanura; alineó la falange frente al centro de la formación adversaria y distribuyó su caballería a ambos lados de la falange. En el ala derecha puso también su caballería acorazada 65 , al mando, toda ella, del hijo menor de Antíoco 66 . A continuación relata cómo el rey apostó [7] sus elefantes delante de su falange, a cierta distancia de ella, junto con los tarentinos de Antípatro 67 . Los [8] espacios libres que quedaban entre las bestias, los cubrió con arqueros y honderos. Dice Zenón que el rey y su escolta montada y los soldados escudados se situaron detrás de los elefantes. Tras señalar estas posiciones [9] dice que el hijo menor de Antíoco, el que estaba en la llanura al frente de la caballería acorazada oponiéndose al ala izquierda del enemigo, cargó desde la colina, derrotó y persiguió a la caballería adversaria mandada por Ptolomeo 68 , hijo de Eropo. Este Ptolomeo mandaba el ala izquierda, los etolios 69 que estaban en la llanura. Luego las falanges entraron en contacto [10] y se trabó una lucha encarnizada. A Zenón le pasa por alto el que las falanges no podían enfrentarse, puesto que entre ellas había situado anteriormente a los elefantes, la caballería y la infantería ligera.