Read the book: «Historia natural. Libros III-IV»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 250

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por LUIS ALFONSO HERNÁNDEZ MIGUEL y FRANCISCO MANZANERO CANO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1998.
www.editorialgredos.com
Las traducciones y notas han sido llevadas a cabo por Antonio Fontán (Libro III), Ignacio García Arribas (Libro IV), Encarnación del Barrio Sanz (Libro V), M.a Luisa Arribas Hernáez (Libro VI).
COORDINADORA : Ana M.a Moure Casas.
REF. GEBO342
ISBN 9788424932718a.
LIBRO III *
1 Hasta aquí la situación y las maravillas de la tierra y [1] de las aguas, así como las de los astros y el plan del universo y sus dimensiones. Ahora se han de enumerar sus partes. Aunque se piense que esto es también una empresa interminable y que no ha de tratarse a la ligera sin ser objeto de una cierta crítica, en ninguna clase de asuntos es más justa la indulgencia, salvo que se tenga por extraño que uno que ha nacido hombre no posea todos los conocimientos humanos. Por eso, no seguiré a ningún autor en particular, sino en cada sección al que considere más fiable, ya que ha sido común en casi todos explicar con mayor diligencia los lugares desde [2] los que estaban escribiendo. No rechazaré, por tanto, ni criticaré a ninguno. Se pondrán los escuetos nombres de los lugares y con toda la brevedad que se me alcance, dejando su notoriedad y las causas de ella para las secciones correspondientes. Porque ahora mi discurso trata del universo entero. Por eso yo querría que se entienda que se enuncian los nombres como si no tuvieran fama, tal cual fueron al principio, antes de la historia, y que el resultado sea una especie de nomenclátor. Pero del mundo y de las realidades de la [3] naturaleza. El orbe completo de la tierra se divide en tres partes: Europa, Asia, África. Mi punto de partida es el poniente y el estrecho de Gades, por el que el Océano Atlántico irrumpe y se derrama por los mares interiores. A la derecha, según se entra, está África, a la izquierda Europa, en medio de las dos, Asia. Los límites son los ríos Don 1 y Nilo. La boca del Océano que hemos dicho se extiende quince mil pasos a lo largo y cinco mil a lo ancho, desde el lugar de Melaria en Hispania, hasta el Cabo Blanco de África, según Turranio Grácil, nacido en la región 2 . Tito Livio y Cornelio Nepote [4] dan un ancho mínimo de siete mil pasos y un máximo de diez mil 3 . Por boca tan pequeña circula una masa de agua tan inmensa. Y la profundidad no aminora esta maravilla, pues abundan allí unas olas espumosas que infunden terror a las naves. Por tal motivo, muchos autores han llamado a ese lugar el umbral del Mediterráneo. Unos montes que se alzan a ambos lados de esta boca estrechan la entrada: Abila en África y Calpe en Europa, metas finales de los trabajos de Hércules 4 . A causa de ello los nativos los llaman «las columnas» de ese dios y creen que cuando las atravesó, dejó entrar las aguas de fuera y cambió la faz de la naturaleza.
(1) En primer lugar, pues, Europa, nodriza del pueblo [5] vencedor de todas las naciones y con mucho la más hermosa de las tierras. Muchos han hecho de ella merecidamente no un tercio del mundo, sino la mitad, con el orbe dividido en dos partes desde el río Don hasta el estrecho de Gades.
El Océano, al verter las aguas atlánticas a través del espacio que hemos descrito, sumergiendo con sus ávidas corrientes unas tierras que causaban espanto al viajero, lame las que le cierran el paso, dibujando una quebrada y retorcida línea costera. Sobre todo a Europa, la recorta con numerosos entrantes, pero en particular los cuatro principales golfos, el primero de los cuales traza una inmensa curva desde el monte Calpe, extremidad de Hispania —como se ha dicho—, a Locros, para terminar en el cabo Brutio 5 .
[6] (2) Dentro de ese espacio, la primera tierra es la Hispania llamada Ulterior, y también Bética, y a continuación, desde los confines de Murgi 6 a las cimas del Pirineo, la Citerior, también llamada Tarraconense. La Ulterior se divide en dos provincias en el sentido de la longitud, ya que por el costado septentrional de la Bética se extiende la Lusitania, separada de ella por el río Guadiana. Éste, que nace en el territorio Laminitano 7 de la Hispania Citerior, y que tan pronto se desborda en lagunas como se estrecha en desfiladeros o se esconde del todo bajo tierra y renace gozoso varias veces, desemboca en el Océano Atlántico.
La Tarraconense, por su parte, pegada al Pirineo y discurriendo a lo largo de toda su vertiente, se extiende transversalmente desde el mar Ibérico hasta el golfo Gálico, y está separada de la Bética y de la Lusitania por el monte Solorio y las cadenas Oretana y Carpetana y la de los Ástures 8 .
(3) Bética
La Bética, así llamada por el río que [7] la corta por medio, aventaja al resto de las provincias merced a sus ricos cultivos y a una especie de peculiar y espléndida fertilidad. Tiene cuatro conventos jurídicos, el de Gades, el de Córdoba, el de Ástigis 9 y el de Híspalis. Las poblaciones suman todas ciento setenta y cinco, de las que nueve son colonias, diez municipios de ciudadanos Romanos, veintisiete de derecho latino antiguo, seis libres, tres federadas, y ciento veinte tributarias 10 . Entre los lugares dignos de mencionar, o fáciles de enunciar en lengua latina, partiendo del río Guadiana y en la costa del Océano, se encuentran la población de Ónoba, apellidada Estuaria 11 , en la confluencia del Luxia y del Urio; los montes Harenos, el río Betis, la costa Curense, con el recodo de su bahía enfrente de la cual está Gades —de la que se hablará entre las islas—; el cabo de Juno, el puerto de Besipo, la población de Belo, Melaria, el estrecho del Atlántico, Carteya, llamada Tartesos por los griegos, y el monte Calpe 12 .
A continuación, en la costa del Mediterráneo, la población [8] de Barbésula y su río, también llamada Sálduba; la población de Suel, Málaga —con su río—, que es una de las federadas. A continación Ménuba con su río, Sexi, apellidada Firmum Iulium , Sel, Ábdara y Murgi, que es el final de la Bética 13 .
Toda esta costa en su conjunto pensó Marco Agripa que era de origen cartaginés. Pero la de frente al Océano Atlántico, del Guadiana para allá, es de los bástulos y de los túrdulos 14 . Marco Varrón cuenta que allí llegaron iberos y persas, así como celtas y púnicos, pues fue el «juego» (lusus) del padre Líber (Baco) o el «delirio» (lyssam) de los que danzaban con él, el que dio su nombre a Lusitania, y a Pan el gobierno de toda ella. En cuanto a las cosas que se cuentan de Hércules, y de Pirene o de Saturno, yo las considero sencillamente fabulosas.
[9] El Betis, que no nace en la población de Mentesa de la provincia Tarraconense, como han dicho algunos, sino en la sierra de Tugia (junto a donde el río Táder riega el territorio cartaginés) 15 , esquiva luego en Ilurco 16 el monumento funerario de Escipión y, volviendo su curso hacia poniente, se dirige al Océano Atlántico, adoptando como hija suya a la provincia, pequeño al principio, pero enriquecido por muchos afluentes a los que roba fama y aguas. Penetrando en la Bética por Osigetania 17 , su suave y amable cauce está habitado a derecha e izquierda por numerosas poblaciones.
Las poblaciones más célebres del interior, entre el río y [10] la costa del Océano, son Ségida que se apellida Augurina, Ulia o Fidencia, Urgao o Alba, Ébura o Ceriale, Iliberri o Liberini, Ilípula o Laus , Artigi o Julienses, Vesci o Favencia, Síngili, Ategua, Arialduno, Agla Minor , Bebro, Castra Vinaria , Cisimbrio, Hippo Nova , Ilurco, Osea, Oscua, Sucelo, Unditano, Tucci Vetus , todas ellas en la parte de la Bastetania que mira al mar 18 .
En el convento jurídico de Córdoba, al lado mismo del río, está Osigi que se apellida Latonio; Iliturgi o Forum Iulium , Ipra, Isturgi o Triunfales, Sucia y, a diecisiete mil pasos tierra adentro, Obulco, que se llama Pontificense: seguidamente Ripa, Epora —una de las federadas—, Sacili Martialium , Ónuba y, a la orilla derecha, Córdoba, la colonia que se apellida Patricia. Desde allí, donde empieza a ser navegable el Betis, se hallan las poblaciones de Cárbula, Detuma, y el río Genil que desemboca en el Betis por el mismo lado 19 .
[11] Son poblaciones del convento jurídico de Híspalis, Celti, Axati, Arva, Canama, Neva, Ilipa, que se apellida Ilpa, Itálica. Y, por la izquierda, la colonia de Híspal, que se apellida Romulense. En la orilla de enfrente Osset, apellidada Julia Constancia, Vergento o Iuli Genius , Oripo, Caura, Siaro y el río Ménuba, que vierte también él al Betis por la orilla derecha. Entre los estuarios del Betis, la población de Nabrisa, apellidada Veneria, y Colobana, y las colonias de Hasta, que se llama Regia, y, tierra adentro, Asido o Cesarina 20 .
El río Genil, que desemboca en el Betis en el lugar que [12] se ha dicho, baña la colonia Astigitana, que se apellida Augusta Firma , y es navegable desde allí. Las restantes colonias exentas de tributo de este convento jurídico son Tucci que se apellida Augusta Gemela, Ituci o Virtus Iulia , Ucubi o Claritas Iulia , Urso o Genetiva Urbanorum 21 . Entre ellas estuvo Munda, que fue capturada junto con el hijo de Pompeyo. Poblaciones libres son Astigi Vetus y Ostipo; tributarias, Callet, Calícula, Castra Gemina, Ilipula Minor , Marruca, Sacrana, Obúlcula, Oningis, Sabora, Ventipo. No lejos del río Ménuba, navegable también, se hallan las de Olontigi, Lelia y Lástigi 22 .
La región que se extiende desde el Betis hasta el río [13] Guadiana, fuera de las tierras mencionadas, se llama Beturia y se divide en dos partes y otros tantos pueblos: los célticos, que lindan con Lusitania y son del convento Hispalense, y los túrdulos, que habitan en los confines de la Lusitania y de la Tarraconense y acuden a Córdoba para las cuestiones legales. Que los célticos han llegado de Lusitania y provienen de los celtíberos, es manifiesto por los cultos religiosos, la lengua y los nombres de las poblaciones que se distinguen dentro de la Bética por sus apelaciones. A Seria se le [14] llama también Fama Iulia; a Nertóbriga, Concordia Iulia; a Ségida, Restituta Iulia; Contributa Iulia a Ugultunia (con la que ahora está asociada también Curiga); a Lacimurga, Constantia Iulia; a Estereses, Fortunales, y a Calenses, Eneánicos. Además de éstas, en la Céltica están Acinipo, Arunda, Arunci, Turóbriga, Lástigi, Salpesa, Sepone, Seripo 23 . La otra Beturia, que hemos dicho que es la de los túrdulos y del convento Cordobés, tiene poblaciones que no dejan de ser notables: Arsa, Melaria, Miróbriga, Regina, Sosintigi, Sísapo 24 .
[15] Del convento Gaditano son, de ciudadanos romanos, Regina; de derecho latino Lepia Regia, Carisa de sobrenombre Aurelia, Urgia, apellidada Castrum Iulium y también Caesaris Salutariensis . Poblaciones tributarias son Besara, Belipo, Barbésula, Blacipo, Besipo, Callet, Capa junto con Oleastro, Iptuci, Ibrona, Lascuta, Saguncia, Saudo, Usepo 25 .
[16] La longitud total de la provincia, según el testimonio de Marco Agripa, es de cuatrocientos setenta y cinco mil pasos y la anchura doscientos cincuenta y ocho mil 26 , pero eso era cuando sus límites se extendían hasta Cartagena. Esta causa da lugar bastante frecuentemente a grandes errores en la estimación de las dimensiones: en unos casos por cambio de los límites de las provincias, en otros porque se alarga o reduce el número de pasos de los caminos. En un tiempo tan dilatado los mares han penetrado en la tierra, en otro lugar se han adelantado las costas, o se ha torcido el curso de los ríos, o se han enderezado sus meandros. Además observadores distintos parten de diferentes puntos para las medidas, y las siguen por distintas vías. Así ocurre que no hay dos que coincidan.

1. Hispania
La longitud actual de la Bética, desde la localidad de [17] Cástulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil más. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. ¿Quién creería que Agripa, varón tan celoso y que tanto se esmeró en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivocó, y con él el divino Augusto? Porque éste fue el que llevó a término el pórtico que empezó a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado según el proyecto y los escritos de Marco Agripa 27 .
3 (4) Hispania Citerior
[18] La antigua disposición de la Hispania Citerior, como la de muchas provincias, ha cambiado bastante, a saber, de cuando Pompeyo Magno en los trofeos que levantó en el Pirineo, proclamaba que él había sometido a su potestad ochocientas sesenta y seis poblaciones entre los Alpes y los confines de la Hispania Ulterior 28 . Ahora el conjunto de la provincia está dividido en siete conventos jurídicos, el de Cartagena, el de Tárraco, el de Cesaraugusta, el de Clunia 29 , el de los Ástures, el de Lugo, el de Braga. A ellos se añaden las islas, de las que se hace mención aparte. La provincia propiamente dicha, además de las doscientas noventa y tres ciudades sometidas a otras, contiene ciento setenta y nueve poblaciones, de las que doce son colonias, trece poblaciones de ciudadanos romanos, dieciocho de latinos antiguos, una federada y ciento treinta y cinco tributarias.
[19] Los primeros en la costa son los bástulos, tras ellos yendo hacia el interior, en el orden en que se les nombrará, los mentesanos, los oretanos y, junto al Tajo, los carpetanos. Próximos a éstos, los vacceos, los vetones y los arévacos celtibéricos 30 . Las ciudades vecinas a la costa son Urci, y Baria —que pertenece a la Bética—; la región de Bastitania; a continuación Contestania; la colonia de Cartagena, desde cuyo cabo, que se llama de Saturno, el trayecto a la ciudad de Cesarea de Mauritania es de ciento noventa y siete mil pasos. Lo que sigue en la costa es el río Táder, la colonia exenta de tributo de Ílici, de donde el nombre del golfo Ilicitano 31 : de ella dependen los icositanos. [20] Seguidamente, Lucento, de los latinos, Denia tributaria, el río Júcar, antes también ciudad, y el límite de la Contestania 32 . La región de Edetania, con un amable lago que se extiende ante ella, llega hasta Celtiberia. Valencia, una colonia separada tres mil pasos del mar; el río Turia; a la misma distancia del mar, Sagunto, una poblacion de ciudadanos romanos, famosa por su lealtad, y el río Udiva. El territorio de los [21] ilergaones; el río Ebro, rico por el comercio fluvial, nacido en el país de los cántabros no lejos de Julióbriga, que discurre a lo largo de cuatrocientos cincuenta mil pasos y admite naves hasta doscientas sesenta mil desde la localidad de Vareya. Por este río llamaron los griegos Iberia a toda Hispania. El territorio de Cesetania y el río Subi, la colonia de Tárraco, fundada por los Escipiones como Cartago por los púnicos. El territorio de los ilergetes, la poblacion de Subur, el río Rubricatum , a partir del cual empiezan los lacetanos y los indígetes 33 .
[22] Después de éstos, yendo hacia el interior en el orden en que se los nombrará, al pie del Pirineo, los ausetanos, los jacetanos y a lo largo del Pirineo, los cerretanos y finalmente los váscones. En la costa, la colonia de Bárcino, apellidada Favencia, y las poblaciones de ciudadanos romanos de Bétulo, lluro, el río Arno, Blandas, el río Alba; Ampurias, que son dos ciudades, una de los antiguos indígenas y otra de los griegos descendientes de los foceos, y el río Tícer. A cuarenta mil pasos de éste, el templo de la Venus Pirinea al [23] otro lado del cabo 34 . Recorriendo ahora uno a uno los conventos jurídicos, se dará noticia de las cosas más notables, además de las ya dichas. En Tárraco dirimen sus pleitos cuarenta y dos pueblos, de los que los más famosos son, entre los de ciudadanos romanos, los dertosanos y los bisgargitanos; entre los de derecho latino, los ausetanos, los cerretanos —que se apellidan unos julianos y otros augustanos—, los edetanos, los gerundenses, los yesonienses, los tearos o julienses. Entre los tributarios los acuicaldenses, los esonenses y los beculonenses 35 .
[24] Cesaraugusta, colonia exenta de tributo, es bañada por el Ebro. En su emplazamiento hubo antes una población que se llamaba Salduvia, del territorio de Edetania. Acuden a ella cincuenta y cinco pueblos: entre los de ciudadanos romanos están los bilbilitanos, los celsenses, antes colonia, los calagurritanos que se apellidan násicos; los ilerdenses, que son de la nación de los surdaonos junto a los que corre el río Sícoris; los oscenses —del territorio de Suesetania—, los turiasonenes. Entre los de derecho latino los cascantenses primitivos, los ergavicenses, los gracurritanos, los leonicenses, y los osicerdenses. Entre los federados, los tarracenses 36 . Entre los tributarios los arcobrigenses, los andelonenses, los aracelitanos, los bursaonenses, los calagurritanos que se apellidan fibularenses, los complutenses, los carenses, los cincienses, los cortonenses, los damanitanos, los ispalenses, los ilursenses, los iluberitanos, los jacetanos, los libienses, los pompelonenses y los segienses 37 .
A Cartagena acuden sesenta y cinco pueblos, aparte de [25] los habitantes de las islas: los de la colonia Accitana Gemelense, los de la Libisosana apellidada Foroaugustana, que han recibido las dos el derecho itálico; los de la colonia Salariense; los de Cástulo de antiguo derecho latino, llamados también Caesarii Iuvenales; los setabinos o augustanos, y los valerienses 38 . De los tributarios, los más conocidos son los alabanenses, los bastitanos, los consaburrenses, los dianenses, los egelestanos, los ilorcitanos, los laminitanos, los mentesanos de sobrenombre oretanos, los mentesanos de sobrenombre bástulos y los oretanos a los que también se llama germanos; los de Segóbriga, capital de Celtiberia; los de Toledo, la ciudad sobre el río Tajo, capital de Carpetania, los viacienses y los virgilienses 39 .
[26] Al convento jurídico de Clunia los várdulos llevan catorce pueblos, de los que sólo hay que nombrar a los alabanenses; los turmógidos, cuatro, entre los que se hallan los segisamonenses y los segisamajulienses. Al mismo convento se dirigen carietes y vennenses con cinco «ciudades» entre las que están los velienses. Igualmente los peléndones con cuatro pueblos de los celtíberos, entre los que fueron famosos los numantinos, del mismo modo que entre las diecisiete ciudades de los vacceos los intercacienses, los [27] palantinos, los lacobrigenses, los caucenses 40 . Entre los nueve pueblos de los cántabros sólo hay que nombrar a Julióbriga, y entre las diez ciudades de los autrigones Tricio y Virovesca. A los arévacos les dio el nombre el río Areva. De ellos son seis poblaciones, Secontia y Úxama, nombres que se emplean también en otros lugares, y además Segovia y Nova Augusta , Termes y la propia Clunia, confín de la Celtiberia 41 . El resto del territorio mira al Océano, así como, entre los pueblos mencionados, los várdulos y los cántabros.
A continuación de ellos se hallan los veintidós pueblos [28] de los ástures, divididos en augustanos y transmontanos, con Astorga, una ciudad magnífica: entre ellos están los gigurrros, los pésicos, los lancienses y los zoelas 42 . El número de hombres libres de toda esa población llega a doscientos cuarenta mil.
El convento jurídico de Lugo es de dieciséis pueblos poco importantes y de nombre bárbaro, salvo los célticos y los lémavos, pero con casi ciento sesenta y seis mil hombres libres. Por el mismo estilo son las veinticuatro ciudades de Braga con doscientos ochenta y cinco mil hombres. Entre ellas, aparte de la de los bracarenses, se puede nombrar sin cansar a los bibalos, celernos, galaicos, equesos, límicos y querquernos 43 .
[29] La Hispania Citerior tiene una longitud de seiscientos siete mil pasos hasta el límite de Cástulo desde el Pirineo, y por la costa un poco más. La anchura, desde Tárraco hasta la costa de Oyarson 44 , junto a la falda del Pirineo, donde el territorio se estrecha como una cuña entre dos mares, de trescientos siete mil. Después se ensancha paulatinamente y por donde corresponde a la Hispania Ulterior gana más de [30] otro tanto en anchura. Casi toda Hispania es rica en minerales de plomo, hierro, cobre, plata, oro. La Citerior, además, en alabastro y la Bética en cinabrio. Hay también canteras de mármol. A toda Hispania concedió el emperador Vespasiano Augusto el derecho latino cuando estaba agitada por desórdenes políticos. Los montes Pirineos señalan el límite entre las Hispanias y las Galias, proyectando los salientes de sus cabos sobre dos mares diferentes.
4 (5) La provincia Narbonense
[31] Provincia Narbonense es el nombre de la parte de las Galias que baña el mar Mediterráneo. «Bragada» se la llamaba antes. La separan de Italia el río Var y las montañas de los Alpes, que han sido tan beneficiosas para el Imperio Romano; del resto de las Galias, por el lado septentrional, los montes Cévennes y los del Jura. Por el cultivo de la tierra, por la dignidad de sus gentes y estilo de vida, y por la magnitud de sus riquezas, no ha de ser pospuesta a ninguna de las provincias: en una palabra, más es Italia que provincia 45 .
En la costa se encuentra la región de los sordones y hacia [32] el interior la de los consuaranos, los ríos Teto y Vernodubro, las poblaciones de Iliberris, débil huella de una ciudad en otro tiempo grande, y Rúscino, que es de derecho latino, el río Átax que desciende del Pirineo y atraviesa el lago Rubrense, Narbona Marcia, una colonia de los de la décima legión, que dista doce mil pasos del mar, y los ríos Áraris y Liria 46 . Por lo demás, las ciudades son escasas a [33] causa de las marismas que tienen por delante. Ágata, en otro tiempo de los marselleses; el territorio de los volcas tectosagos, y el lugar donde estuvo una Roda de los rodios, por la que se llamó Ródano al río que es con mucho el más fértil de las Galias, y que dejándose caer de los Alpes, atraviesa el lago Leman y recibe el débil caudal del Árar y las aguas del Ísara y del Druantia, no menos rápidos que él mismo 47 . Líbicas se llaman sus dos bocas menores, una de ellas Hispaniense y la otra Metapina, mientras que la tercera y mayor es la Masaliótica. Algunos autores aseguran que la población de Heraclea estuvo en la desembocadura del Ródano.
Al otro lado del Ródano hay unos canales, obra de [34] C. Mario y conocidos por su nombre; la laguna de Mastromela, la poblacion de Marítima, de los Aváticos, y encima de ella las Llanuras Pétreas, recuerdo de las batallas de Hércules, el territorio de los anatilios y, hacia el interior, los de los dexivates y de los cavas. De nuevo, junto al mar, el de los trícores y en el interior los de los tritolos y de los voconcios y los de los segovelaunos; a continuación el de los alóbroges 48 . Luego, en la orilla, Marsella, una ciudad federada de los griegos focenses, el cabo Zao, el puerto de Citarista, el territorio de los camactúlicos, después los suelteros [35] y por encima de ellos los verucinos 49 . En la costa también Atenópolis, de los marselleses, Forum Iuli , una colonia de los de la octava legión que se apellida Pacense y también Clásica, el río de nombre Argénteo, la región de los oxubios y de los ligaunos, encima de los cuales están suebros, cuariates, adunicates. Siguiendo de nuevo la costa, la población de derecho latino de Antípolis 50 , el territorio de los deciates, el río Var, que proviene del Monte Cenia de los Alpes.
[36] En el interior están las colonias de Arlés, de los de la sexta legión, Beterras de los de la séptima, y Arausio de los de la segunda. En el territorio de los cavas se hallan Valencia, Viena, de los alóbroges, las poblaciones de derecho latino de Aquae Sextiae , Avennio, de los cavas, Apta Iulia , de los vulgienses, Alebece, de los reyos apolinares, Alba, de los helvos, Augusta, de los tricastinos, Anatilia, Aerea, los bormanos, los comanos, Cabelio, Carcaso, de los volcas tectosages, Carbantorate, de los meminos 51 , los cenicenses, los cambolectros, que se apellidan atlánticos, Forum Voconi , [37] Glanum Libii , los lutevanos, que también se llaman foroneronienses, Nemauso, de los arecómicos, los piscinas, los rutenos, los sanmagenses, los tolosanos de los tectosages en el límite de Aquitania, los tasgodunos, los tarusconienses, los umbránicos, las dos capitales de la ciudad federada de los voconcios, Vasio y Lucus Augusti , más diecinueve ciudades sin importancia, así como veinticuatro dependientes de los nemausios. El emperador Galba añadió al estatuto oficial de la provincia a los avánticos y los bodiónticos, pueblos alpinos cuya población es Dinio 52 . La longitud de la provincia Narbonense, según refiere Agripa, es de trescientos setenta mil pasos, la anchura de doscientos cuarenta y ocho mil.
5 (6) Italia hasta Locros
[38] A continuación viene ya Italia. Los primeros en ella los Lígures, inmediatamente Etruria, Umbría, el Lacio, con las bocas del Tíber y Roma, cabeza del mundo, a dieciséis mil pasos de distancia del mar. Seguidamente el litoral volsco y las Campanias; a continuación el territorio Picentino, junto con la Lucania y el Brutio, el lugar meridional más alejado de las cimas en forma de media luna de los Alpes, desde las que Italia se desliza hacia el mar. Siguen la costa de Grecia y después los salentinos, los pedúculos, los ápulos, los pelignos, los frentanos, los marrucinos, los vestinos, los sabinos, los picentes, los galos, los umbros, los etruscos, los vénetos, [39] los carnos, los yápudes, los histros y los liburnos 53 . Sé bien que se me puede considerar de ánimo desagradecido y débil por nombrar, como por azar y de paso, una tierra que es criatura y a la vez madre de todo el mundo 54 , elegida por voluntad de los dioses para hacer el cielo mismo más luminoso, congregar imperios antes esparcidos, educar los hábitos sociales y, con la comunidad de lengua, llevar a entendimiento a gentes de hablas tan diferentes y salvajes y aportar la civilización al género humano: en una palabra, a que fuera una sola en todo el orbe la patria del conjunto de las naciones. Pero, ¿qué puedo hacer? [40] ¿Quién alcanzaría a expresar la nobleza de tantos lugares? La inmensa fama de cada uno de los hechos y de los pueblos me sobrecoge. La ciudad de Roma ella sola, y dentro de ella su inmensidad y una estampa digna de adornar su cerviz con guirnaldas de fiesta, ¡con qué fuerza debe ser descrita! ¡Y cómo la costa de Campania, con aquella fecunda y bendita belleza suya, que manifiesta que hay un lugar en que la naturaleza se ha recreado en su obra!
Es, en efecto, tan grande la vigorosa y constante [41] salubridad de ella, tanta la moderación del clima, tan fértiles las tierras de labor, tan abrigadas las montañas, tan seguros los descampados, tan espesos los bosques, tan ricos en toda clase de arbolado… La brisa de tantos montes, la inmensa riqueza de cosechas, de vides, de olivares, la calidad de las lanas de los rebaños, la fuerza de la cerviz de los bueyes, los numerosos lagos, la riqueza de ríos y manantiales que baña toda Italia, tantos mares y puertos, y el seno de las tierras abierto por todas partes al comercio, que es como si la propia Italia se lanzara con avidez al mar para ayudar a los hombres. Y ni siquiera menciono el carácter y las costumbres, [42] ni los héroes ni los pueblos que Italia ha sometido con su poder y con el de su lengua. ¡Los mismos griegos, una raza desmedida en proclamar sus propias glorias, lo han juzgado así, llamando Magna Grecia a una reducida parte de Italia! Evidentemente, en esta sección de mi obra hay que volver a hacer lo que ya hicimos al tratar del cielo: ofrecer referencia de algunas cuestiones particulares y de unas pocas estrellas. A los lectores, yo les ruego que tengan presente que nos apresuramos a explicar punto por punto la totalidad del orbe.
[43] Italia ha sido muy señaladamente comparada, más que a otra cosa, a una hoja de roble mucho mayor de largo que de anchura, que por la parte de arriba se dobla hacia la izquierda y termina, abajo, con la silueta del escudo de las amazonas 55 . Del centro de éste, que se llama Cocinto, arrancan dos cuernos, Leucopétra por la derecha y Lacinio por la izquierda, que trazan una bahía en forma de media luna. En el sentido de la longitud, siguiendo una línea que desde la comarca alpina de Pretoria Augusta y pasando por la urbe y por Capua, llega hasta la población de Regio, situada en su hombro, donde se diría que empieza la curva del cuello 56 , Italia alcanza a cubrir un millón veinte mil pasos. Mucho mayor sería esta dimensión hasta Lacinio, pero con [44] una oblicuidad que parecería inclinarla a un lado. La anchura varía. Es de cuatrocientos diez mil pasos entre los dos mares, el Inferior y el Superior a la altura de los ríos Varo y Arsia 57 ; aproximadamente en el centro en torno a la ciudad de Roma: desde la desembocadura del río Aterno, que vierte al Adriático, hasta la del Tíber, de ciento treinta seis mil, y algo menos desde Castro Novo en el mar Adriático, a Alsio en el Etrusco, sin exceder en ningún lugar de doscientos mil pasos de ancho. El contorno de Italia entera, desde el Varo a Arsia, es de dos millones cuarenta y nueve mil pasos. La [45] distancia de las tierras en torno, Histria y Liburnia, en algunos lugares es de un centenar de miles de pasos. Del Epiro y del Ilírico cincuenta mil; de África no llega a doscientos mil, según el testimonio de Marco Varrón; de Cerdeña ciento veinte mil; de Sicilia un millar y medio; de Corfú algo menos de ochenta mil; de Isa cincuenta mil. Se extiende entre los mares, avanzando en dirección al mediodía, vista desde el cielo, pero si se calcula con diligencia y con rigor, estaría entre la hora sexta y la hora primera del invierno 58 .