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Sonderéguer, Pedro

Lenguajes y manipulación lingüística: lenguajes en contacto, intervenciones lingüísticas y

medios de comunicación / Pedro Sonderéguer.- 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Biblos, 2015.

Libro digital, EPUB

ISBN 978-987-691-408-6

1. Lingüística. I. Título

CDD 410

Diseño de tapa: Luciano Tirabassi U.

Armado: Lucía Sánchez

© Pedro Sonderéguer, 2015

© Editorial Biblos, 2015

Pasaje José M. Giuffra 318, C1064ADD Buenos Aires

info@editorialbiblos.com / www.editorialbiblos.com

Hecho el depósito que dispone la Ley 11.723

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.

Agradecimientos

A la Universidad de Buenos Aires, alta escuela de estudios, gratuita y pensada para todos.

A la Facultad de Filosofía y Letras, donde aprendí mucho.

A los profesores que tanto me enseñaron: Elvira Arnoux, Graciana Vázquez Villanueva, Roberto Bein, Élida Lois, Martín Menéndez, Alejandro Raiter, Leonor Acuña, Andrea Menegotto, entre muchos otros.

A Carla Ortiz, quien creyó en este libro.

A Dalina Alonso, quien colaboró conmigo y me apoyó en todo momento.

Aclaración

Creo que la “no ficción” es una forma de escritura lo suficientemente amplia para poder abarcar reflexiones, ensayos, investigaciones, trabajos de campo y cualquier otro tipo de expresión escrita (siempre y cuando no sea ficticia). En este sentido se deben entender las reflexiones que conforman este libro: he elegido, expresamente, escribir en forma de artículos de investigación, para no limitarme al género del ensayo puro.

Quizás por mi formación universitaria, es el plano lingüístico el que me interesa particularmente. El lenguaje nos rodea, nos permite comunicarnos y expresarnos, nos define como comunidad. Creo que es un eje válido para poder reflexionar. En tal sentido, las páginas que conforman este libro tienen como eje algún aspecto relacionado con el lenguaje en Iberoamérica. A riesgo de ser repetitivo, estoy convencido de que la lengua es una de las características esenciales del ser humano y, por lo tanto, merece este tipo de análisis.

Sin embargo el concepto de “lenguaje” es muy amplio, muy complejo. No es el propósito de estas páginas el entrar en discusiones propiamente lingüísticas (no es el marco apropiado) ni en discusiones teóricas (dejemos eso para los lingüistas) acerca de cómo se define el lenguaje iberoamericano o cuáles son sus rasgos centrales. Mi objetivo es más modesto: simplemente comentarles algunos fenómenos lingüísticos que ocurren en nuestras tierras, para intentar destacar algunas ideas que me parecen importantes.

Cuando lean el libro, verán que soy completamente arbitrario: ¿Por qué estudiar este dialecto en lugar de tal otro? ¿Por qué reflexionar sobre tal cuestión y no sobre esta otra? Lo hago así porque, repito, mi intención es señalar un par de puntos que me parecen importantes en relación con el lenguaje en estos países. Lo que sí quería llevar a cabo era un trabajo lingüístico, porque creo que hay muchos trabajos sobre la historia o la política (y tantos otros aspectos) y, en cambio, el lenguaje queda, en general, fuera de la gran circulación. Seamos honestos: si uno le pregunta a cualquier persona en la calle qué es la historia, por ejemplo, sabrá dar alguna definición, mientras que, si le preguntamos qué es la lingüística, ya le resultará más complicado responder.

Mayores precisiones

Ya les mencioné que la lingüística será el eje de estas reflexiones, pero es hora de ser más preciso.

En mi opinión, una de las características más importantes de Iberoamérica es su heterogeneidad: es un espacio formado por múltiples países con costumbres distintas e idiomas diferentes. Entre los descendientes de los europeos, ya se manifiestan claras y esenciales diferencias, pero a este aspecto hay que agregarle las costumbres de los pueblos que ya habitaban América y que, aún hoy, ejercen una fuerte influencia en los pueblos iberoamericanos; sin dejar de lado las evidentes diferencias que se observan entre la península y el continente. Y no nos olvidemos de los conflictos que se observan en el territorio español, donde los gallegos o los catalanes (por poner algunos ejemplos) defienden firmemente sus idiomas y sus costumbres frente a la fuerza centralizadora de Madrid. En otras palabras, la heterogeneidad es un rasgo característico de ese espacio que llamamos Iberoamérica y que, en realidad, no es un único, compacto y transparente espacio, sino que está formado por múltiples y complejas relaciones, contactos, intercambios entre la gran diversidad de pueblos, dialectos e historias que “llenan” esas tierras.

Pues bien, las reflexiones de este libro se inician justamente estudiando, señalando y comentando algunos casos concretos de contacto cultural entre distintos grupos iberoamericanos, siempre con el lenguaje como eje de análisis. Opino que, puesto que la heterogeneidad es esencial en nuestro espacio, es sumamente útil observar ejemplos de esa interacción cultural entre algunos de esos pueblos o grupos. El primer caso tiene que ver con el contacto entre argentinos y mexicanos; el segundo, con el contacto entre el náhuatl y el español. Aspiro a que los comentarios que esos dos casos susciten puedan ser aplicados a otros tipos de contacto. Es decir, espero que se puedan generalizar algunas reflexiones y aplicarlas a todo nuestro espacio. En concreto, en relación con las minorías y la necesidad de preservarlas y reconocerlas. En ese espacio heterogéneo iberoamericano, hay minorías que luchan contra fuerzas dominantes. En el lenguaje se observa este conflicto.

En tal sentido, el tercer análisis de este libro se centra en otro tipo de intercambio lingüístico que sirve también como ejemplo de lo que el lenguaje puede hacer (bajo una política adecuada) para defender a determinado sector minoritario. En ese capítulo, analizaré cómo funciona el subtitulado de las películas nacionales en la Argentina. Me doy cuenta de lo puntual y, si se quiere, limitado que es este fenómeno, pero creo que servirá para entender la importancia que tienen los diversos grupos que conforman nuestro espacio, y que es crucial empezar a reconocerlos para poder protegerlos. Porque todos esos grupos forman eso que llamamos Iberoamérica. Este ejemplo también servirá para mostrar lo eficaz que puede ser una política lingüística (¿alguna vez escucharon esa expresión, “política lingüística”? No se utiliza mucho en los medios de comunicación y, sin embargo, todos los gobiernos tienen planes y realizan intervenciones lingüísticas).

Ahora bien, así como el lenguaje sirve para relacionar a estos grupos y funciona como nexo entre todos, también puede cumplir objetivos opuestos: separar, diferenciar, oponer, manipular, enfrentar. Seré honesto: estas páginas están centradas en los fenómenos de contacto/intercambio/minorías, pero sería injusto no señalar, aunque sea brevemente, en qué manera el lenguaje puede manifestar ideología y, por lo tanto, puede servir para manipular a la gente. Por eso, incluiré un análisis de la manipulación que se realiza a través de los medios de comunicación (sólo para dar un ejemplo). Teniendo en cuenta cómo el mundo ha cambiado después del atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos, decidí hacer un comentario en relación con ese tema, que tan fuertemente ha impactado en todo el mundo, y en Iberoamérica.

Estudio del dialecto “argen-mex”

Introducción

A la hora de plantearme este trabajo, decidí tener en cuenta varios aspectos para poder elegir qué variedad del español de América iba a estudiar: la variedad escogida debía ser, por un lado, lo suficientemente original como para asegurar un trabajo propio, y no una mera recopilación de datos obtenidos de otros trabajos; pero, al mismo tiempo, esta variedad debía tener el necesario peso como para poder calificarla realmente de dialecto, y no ser algo artificial creado únicamente para esta investigación (en las presentes páginas, señalaré la importancia del dialecto estudiado y su difusión); otro aspecto a tener en cuenta es que, desde el punto de vista estrictamente lingüístico, la variedad estudiada debía presentar algunas diferencias claras con el español de Argentina (fonéticas, morfológicas, sintácticas o léxicas), para poder diferenciarla e incluso realizar comparaciones; finalmente, era muy importante estudiar un dialecto que de alguna manera mostrara un contacto entre distintas culturas iberoamericanas, una integración, una comunicación. Porque lo más importante de estas reflexiones es el poder analizar o mostrar diferentes casos de integración en nuestro espacio iberoamericano. Ya dije antes que ese espacio se define por muchos aspectos (culturales, políticos, económicos, históricos), pero no hay que olvidarse del aspecto lingüístico: las diversas formas de comunicación lingüística entre “hermanos” que comparten raíces culturales, históricas y lingüísticas, que contribuyen a conformar ese espacio, eje de estas reflexiones.

Con esos requisitos en mente, decidí analizar el argen-mex. En esta elección influyó también el hecho de que yo mismo pertenezco a la comunidad que se autodenomina “argen-mex”, lo cual sirvió para darle una mayor motivación al estudio de esa variedad. A lo largo de estas páginas, mostraré que esta variedad tiene peso propio y características lingüísticas propias. Un aspecto a considerar al leer este trabajo es que el argen-mex es un dialecto poco estudiado previamente (o, por lo menos, no tan extensamente como el español de los distintos países de América), lo cual es uno de mis objetivos, ya que me obliga a encontrar sus características sin recurrir a la bibliografía, pero al mismo tiempo marca una limitación: este estudio no debe ser leído como un análisis definitivo, sino tan sólo como un plan de investigación para un trabajo a desarrollarse en el futuro, con una mayor cantidad de sujetos de estudio. Lo esencial, en este momento, es mostrar distintos elementos de nuestro espacio vital y de las diversas formas en que nos integramos nosotros, los habitantes.

Presentemos, a grandes rasgos, el nacimiento del argen-mex: este dialecto surge en México, en los años de la última dictadura argentina. En esa época (1976 en adelante), muchos argentinos se exilian, por motivos políticos y personales, en México (dejaré de lado la dimensión política del fenómeno, puesto que mi eje de atención en estas páginas tiene que ver con la lengua y los fenómenos lingüísticos; el aspecto político ya ha sido ampliamente desarrollado por diversos autores). Este grupo de argentinos es, por supuesto, heterogéneo: son personas de distintas regiones de la Argentina, de sectores sociales diversos y de múltiples edades. Por otra parte, algunos se instalan definitivamente en México, mientras que otros regresan a su país con el retorno de la democracia; algunos tienen un sentimiento nacional muy fuerte que les hace mantener su dialecto, mientras que otros buscan la adaptación y, por lo tanto, incorporan la variedad del español mexicano rápidamente. Incluso hay una segunda generación (la de los hijos de estos argentinos) que nace en México (o que son argentinos pero llegan a México siendo muy chicos) y, de manera diversa, asimila y complementa el dialecto de sus padres y el dialecto de su país de crianza. A este grupo, a estos argentinos e hijos de argentinos nacidos en México, se los llama argen-mex. Para ser más correctos, ellos mismos se autodenominaron de esa forma: era una manera de reconocer la deuda enorme que tenían con el país que los recibió y les salvó la vida, sin renunciar a su nacionalidad. Uno de los puntos de encuentro de este grupo fue el Distrito Federal, la capital de México. Y, dentro de esa ciudad, uno de los lugares con mayor cantidad de argen-mex fue (y sigue siendo, aunque en menor medida) la Villa Olímpica, conjunto de edificios hecho para las Olimpíadas de 1968 que forman lo que en Argentina se conoce como barrio cerrado. En ese barrio (unidad es el término correspondiente en mexicano), se juntaron durante varios años muchos de esos argentinos exiliados. El corpus que he recogido para la primera parte de este trabajo corresponde justamente a argentinos, o argen-mex, que vivieron en la Villa Olímpica.

Por supuesto, los argentinos, al convivir diariamente con un dialecto diferente del suyo, terminaron (en mayor o menor medida, con unas características heterogéneas) modificando su propio dialecto: con el correr de los años, dejaron de hablar en su variedad argentina, pero tampoco pasaron a hablar la variedad mexicana. Hubo una síntesis, una mezcla: es esta variedad la que denominamos dialecto argen-mex. Ahora bien, como ya señalé antes, los argentinos exiliados procedían de distintas regiones, llegaban a edades distintas, y unos volvieron, otros no. Esto se traduce en diferencias lingüísticas entre los hablantes del argen-mex. Lo que me propongo en este trabajo es intentar reconocer algunas características comunes a estos hablantes, aclarando desde el principio que no busco una descripción exhaustiva de todas las características posibles de este dialecto (lo que excede claramente el objetivo de esta reflexión, enmarcada dentro de un propósito más global de reflexionar sobre nuestro espacio vital, y no solamente analizar un dialecto x) sino, más brevemente, una primera aproximación a ese dialecto que hemos llamado argen-mex.

En ese sentido, he realizado la siguiente delimitación del objeto de estudio: trabajo con argentinos procedentes de Buenos Aires, Capital Federal (para poder de esta forma manejar únicamente los rasgos propios del porteño), que se instalaron en el Distrito Federal (para poder también limitarme al mexicano de esa zona en este análisis). En cambio, sí trabajo con personas que tienen diferencias en el contacto lingüístico (ya sea por edad de llegada a México o por tiempo de permanencia). Esas dos variables influyen en los resultados y deben, por lo tanto, ser tenidas en cuenta.

Características lingüísticas

Como ya señalé antes, no hay bibliografía sobre el argen-mex (para ser honesto, yo no he encontrado; puede ser que haya trabajos publicados, pero los desconozco). Lo que sí encontré es material abundante sobre la variedad argentina (y porteña, más específicamente) y sobre la variedad mexicana (del Distrito Federal, en concreto). Ese material me servirá como punto de partida para poder analizar nuestra variedad; por lo tanto, es indispensable resumir un poco las características de ambos dialectos. En este punto, seguimos lo observado por el investigador Lipski (El español en América, 1996).

Empecemos con el español de Argentina. En el aspecto fonético-fonológico, Lipski señala que los porteños tienen una /n/ final alveolar; la /d/ intervocálica no cae; la /s/ final de sílaba se aspira, mientras que la /s/ final puede debilitarse e incluso aspirarse en posición prevocálica (por ejemplo en “los amigos”); las vocales átonas se mantienen; la entonación es, por supuesto, propia de la zona; la /rr/ múltiple se pronuncia como vibrante alveolar; el fonema /λ/ no existe, es un dialecto con rehilamiento (o zeísmo); el seseo es completo. En el aspecto morfológico: se usa únicamente el vos con su conjugación verbal; se usa siempre lo como clítico de objeto directo de tercera persona singular. En el aspecto sintáctico: el uso de tiempos simples en forma general (no se utiliza el pasado compuesto tanto, por ejemplo); la confusión entre los tiempos (“Juan no llegó” puede significar “Juan no ha llegado aún”). En el aspecto léxico: hay influencias españolas (como el vocativo “che” o el apelativo “pibe”), italianas (como el saludo “chau”) y del lunfardo (como “cana”, “mina”, “gil”, “fiaca”).

Señalemos ahora las características del español del Distrito Federal. Aspectos fonéticos y fonológicos: es yeísta (no hay rehilamiento y no existe el fonema /λ/); la /rr/ es una vibrante alveolar; existe una tendencia a relajar /e/ especialmente en sílabas finales; la /n/ final de palabra es alveolar; el seseo es general; la entonación es propia; la /y/ no cae; hay una elevada tasa de elisión de vocales átonas (especialmente en contacto con /s/); la /r/ final de palabra se suele pronunciar como una sibilante sorda; la fricativa posterior /x/ recibe una pronunciación velar (sobre todo, ante vocales anteriores, como en “México”); la /s/ final de sílaba no cae ni se aspira, y la /s/ final no se debilita. Aspectos morfológicos: uso exclusivo de tú con su conjugación verbal; uso de algunas construcciones propias (como “nomás” que significa “solo”); uso del sufijo diminutivo -ito. Aspectos sintácticos: el uso de tiempos verbales compuestos es común. Aspectos léxicos: hay influencia española (como “padre”, que significa “muy bueno”, o “pinche”, que significa “maldito”) e influencia del náhuatl (por ejemplo, en nombres como “Xochimilco” o “Tenochtitlán”).

Por supuesto, las características señaladas son sólo algunas de las indicadas por Lipski, pero son las que creo pertinentes para este trabajo, ya que lo que me interesa es poder reconocer los puntos en común y las diferencias entre el español de México y el español de Argentina, para poder así reconocer las mutuas influencias que se dan entre esos dos dialectos en un hablante argen-mex.

Plan del trabajo

Este trabajo consta de dos partes. En la primera parte, analizo el dialecto de personas argentinas que viven en México (como ya señalé previamente). En esa parte, trabajo con un corpus, realizo una descripción de los fenómenos lingüísticos hallados (apoyándome en las características lingüísticas antes mencionadas), propongo algunos elementos comunes a los distintos informantes y trato de dar una cierta conclusión sobre las características de ese dialecto.

Por otra parte, frente a un fenómeno como el argen-mex, me surgió la duda de cuáles serían las características lingüísticas de los informantes si la situación se invirtiera, es decir, si estudiara a mexicanos que viven en la Argentina. ¿La mezcla se daría en los mismos niveles? ¿Los fenómenos lingüísticos serían análogos a los del argen-mex? Éste, por supuesto, es otro trabajo, ya que hay que estudiar a otras personas en otro país y con otras características. Pero creo que es un trabajo complementario y muy interesante para poder abarcar el problema de los argen-mex de manera más completa (aun con las limitaciones ya señaladas en la introducción y a manera de plan para un estudio futuro). Lo que hice, por lo tanto, y con un ánimo de mejor comprensión (o, por lo menos, a fin de disponer de un mejor corpus para el trabajo) fue llevar a cabo los dos estudios (siempre con la intención de lograr así un mayor acercamiento a las diversas muestras de nuestro espacio iberoamericano, y a sus distintas manifestaciones). Me ocupé de analizar a los argentinos de México (la primera parte del trabajo) gracias a unas entrevistas grabadas en casetes con los informantes (como ya señalé antes, yo mismo formo parte de esa comunidad de argen-mex y, por lo tanto, tengo acceso a varios miembros de ella), y después hice lo mismo con mexicanos en Argentina (la segunda parte del trabajo), entrevistando y grabando las charlas. Cada trabajo (la recolección del corpus, la descripción de los distintos fenómenos lingüísticos, la interpretación de lo analizado, la conclusión) se realizó de manera independiente. El marco común para los dos estudios fueron las características lingüísticas observadas por Lipski. Una vez realizados los dos análisis, hubo una puesta en común que constituye la conclusión de este trabajo, con las similitudes y las diferencias observadas, y con algunas hipótesis para futuros trabajos.

Argentinos en México

En esta parte, analizaré unas conversaciones grabadas de cuatro informantes que pertenecen a la comunidad argen-mex. La cantidad no es muy amplia, pero permite obtener algunas de las características de ese dialecto y sirve para los propósitos introductorios de este trabajo. Lo importante del material analizado es su carácter informal y espontáneo. En efecto, los fragmentos recolectados pertenecen a casetes que los informantes me enviaron (sin saber que iban a ser analizados desde el punto de vista lingüístico, lo cual es esencial porque se necesita material espontáneo y no “forzado”). Es decir, las conversaciones grabadas no fueron hechas para un trabajo (en cuyo caso se podría suponer una mayor atención a los aspectos lingüísticos por parte de los informantes), sino que fueron hechas simplemente para comunicarse con otra persona, que además era un amigo (con lo cual se aseguran el tono informal y la poca autocorrección lingüística). Por lo tanto, tengo un material en el cual se evita la paradoja del observador (el observador que afecta los resultados con su sola presencia) señalada por Labov (no recuerdo precisamente en qué obra, pero quiero dejar en claro que la idea es de ese autor, muy conocido en el ámbito de la sociolingüística): estas conversaciones son naturales, espontáneas y, por lo tanto, de gran utilidad para mi análisis lingüístico. En esta parte, utilizaré fragmentos de esos casetes que creo sintetizan los aspectos observados y analizados. Por supuesto, en un trabajo más extenso, se podría utilizar la totalidad de ese material, además de agregar más informantes.

Presentemos brevemente a los informantes analizados (todos viven en México en el momento de las grabaciones, y todos son argentinos). Tenemos a M, chico de 14 años que llegó a México a los 8 años. En segundo lugar está A, chico de 14 años que llegó a México a los 6 años. Una breve aclaración con el caso de A: es un poco tartamudo, aspecto que, por supuesto, no tendremos en cuenta en este trabajo. En tercer lugar tenemos a C, chico de 14 años que llegó a México a los 11 años. El último informante es MC, mujer de 36 años que llegó a México a los 24 años. Es decir, los informantes tienen diferencias en cuanto al tiempo de contacto con el español de México y en cuanto a la edad de llegada (lo cual implica diferencias en el español que hablaban al cambiar de país). Esto es importante porque permitirá entender las diferencias que observemos entre los informantes: las características personales permitirán entender los distintos grados de mezcla o confusión (entre el español argentino y el español mexicano) que señalemos a lo largo del trabajo. Además, esto es importante porque indica otra posible línea de trabajo a desarrollar: el estudio diacrónico de estos hablantes argen-mex como elemento para una mayor comprensión de ese dialecto. Efectivamente, a lo largo del tiempo, un hablante argen-mex modificará (o no, es un tema a estudiar) su dialecto hasta convertirse en un hablante del mexicano (o no, quizás mantenga algunas características heterogéneas). Por supuesto, este aspecto excede el trabajo, pero sí quiero mencionarlo y tenerlo en cuenta en este análisis. De ahí la importancia de tener material de informantes con distintos tiempos de exposición al mexicano (y distintas características).

Señalemos ahora los aspectos lingüísticos observados en las grabaciones. Vamos a proceder como Lipski en su libro: en primer lugar, señalaremos los aspectos fonéticos-fonológicos; en segundo lugar, los aspectos morfológicos; en tercer lugar, los sintácticos, y finalmente, el léxico.

Aspectos lingüísticos observados

Plano fonético-fonológico

Observamos que la /s/ final o final de sílaba se mantiene (no hay elisión) en el caso de M, pero puede ser aspirada en posición prevocálica, o velarizada en fin de sílaba preconsonántica. Veamos algunos ejemplos:

[es un...] mantiene la sibilante

[a veces no...] también la mantiene

[metros kuadrados] “metros cuadrados”, mantiene las dos sibilantes

[no nos inspiramos] mantiene las sibilantes

[máh o menos] “más o menos”, la /s/ prevocálica es aspirada (M repite este caso)

[akabamoh con el...] “acabamos con el”, aspira la /s/

[exkuela] “escuela”, velarización de la /s/

[noh tuvimos] “nos tuvimos”, aspira la /s/

[buxcarte] “buscarte”, velarización

[los aros] mantiene las dos sibilantes

El informante A también mantiene la /s/ pero, en cambio, no la aspira ni la velariza. Veamos algunos ejemplos:

[hoy es lunes dose] “hoy es lunes doce”, mantiene las /s/ y hay seseo por supuesto

[desde] la mantiene

[me gustaría] la mantiene

[me eskribieras] “me escribieras”, la mantiene

[tus amigos] mantiene las dos

[las madres esas] mantiene todas

[akabaste] “acabaste” la mantiene

El informante C también mantiene la /s/ y, como en el caso de M, también puede aspirarla o velarizarla. Veamos algunos ejemplos:

[tienes amigos] mantiene

[ajuxko] “ajusco”, velarización

[los... loh familiares] “los... los familiares”, en este caso pronuncia la primera /s/ como un mexicano y la segunda como un argentino (la aspira)

[bruxko] “brusco”, velarización

[loh ke me dejan] “los que me dejan”, aspiración

[perros insoportables] mantiene todas las /s/

[exkribiste] “escribiste”, velarización de la primera sibilante

El informante MC mantiene la /s/ y no la aspira ni la velariza. Veamos algunos casos:

[tus amigos] las mantiene

[misma] la mantiene

[dos personas] las mantiene

[los muchachos] las mantiene

[askeroso] “asqueroso”, no velariza la /s/

En resumen, los cuatro informantes han incorporado un rasgo propio del español de México: no dejan caer la /s/ final. Sin embargo, la pronunciación sí presenta variaciones. Mientras que A y MC tienden a pronunciar como mexicanos, C y M tienen una mayor confusión fonética, que se traduce, a veces, en algunos casos típicos del español de Argentina (casos de aspiración y de velarización) y, otras veces, en la pronunciación mexicana. El factor de la edad de llegada al país podría explicar las diferencias entre A, C y M: puesto que A llegó siendo más chico, esto explicaría que haya incorporado la fonética mexicana en mayor medida que M y C. El caso de MC debe tener otras explicaciones, puesto que este informante llegó a México siendo una persona adulta y con su sistema fonético-fonológico ya constituido. Quizás en su caso la incorporación de la /s/ mexicana se deba al largo período de exposición (12 años).

Veamos ahora otro aspecto fonético-fonológico: el yeísmo mexicano y el rehilamiento argentino. El informante C mantiene la pronunciación rehilada propia de Argentina. Señalamos algunos ejemplos:

[zegó] “llegó”, rehilamiento

[zo] “yo” (este ejemplo aparece muchas veces con la misma pronunciación)

[za pasaste] “ya pasaste” rehilamiento

[mazo] “mayo”

El informante M no presenta la misma uniformidad, tiene una mezcla. Veamos algunos casos:

[se yama] “se llama”, yeísmo

[zama] “llama”, corresponde a la pronunciación argentina pero más suave

[kamezo] “camello”, como el caso anterior

[viya] “villa”, yeísmo

[zo] “yo”, rehilamiento

[konstruzen] “construyen”, rehilamiento

[se oze] “se oye” rehilamiento

[kuchizo] “cuchillo” rehilamiento

[kazé] “callé”, pronunciación argentina pero suave

En el caso de A, hay rehilamiento como en C (pero con una pronunciación más suave, parecida a la que produce M en algunos casos) y observamos un caso de yeísmo. Veamos algunos ejemplos:

[zo] “yo”, rehilamiento, pero más suave (hay varios ejemplos en la grabación)

[za] “ya”, rehilamiento, más suave (varios ejemplos)

[viya koapa] “villa coapa”, yeísmo

El caso de MC representa el mayor grado de penetración del dialecto mexicano (respecto del yeísmo) de los informantes estudiados: en casi todos los ejemplos analizados, aparece el yeísmo, y sólo quedan unos pocos casos con una pronunciación rehilada suave. Veamos algunos ejemplos:

[eyos] “ellos”, yeísmo

[ayas vuelto] “hayas vuelto”

[yo] en algunos casos y [zo] con rehilamiento suave, en otros casos, “yo”

[ya] a veces y [za] en otras ocasiones con rehilamiento suave, “ya”

[yamarme] “llamarme”, yeísmo

[viya] “villa”

[vayas] “vayas”

[koyoacán] “Coyoacán”

[ayer] yeísmo

En resumen, los cuatro informantes no diferencian los fonemas /y/ y /λ/, lo cual es lógico teniendo en cuenta los dialectos de México y de Argentina. La diferencia se da en que, excepto MC, los otros informantes presentan una resistencia a perder el zeísmo propio de los argentinos. Este zeísmo resiste, en mayor o menor medida, frente al yeísmo propio de México. Las diferencias y las mezclas se pueden explicar en función de las distintas duraciones de la exposición al dialecto mexicano. Lo que ocurre con MC, que incorporó casi totalmente el yeísmo mexicano, puede deberse, nuevamente, al hecho de que resulta el informante con mayor tiempo de permanencia en México.

Otro aspecto que analizamos es la caída de las vocales, que Lipski señala en el español mexicano. El informante C no produjo ningún caso de caída vocálica, pero sí produjo un caso de caída de consonante en una expresión típicamente argentina:

[es un krá] “es un crack”, donde la /c/ final es elidida

En el caso del informante A, no encontramos casos de caída de vocal, pero sí encontramos la caída de una sílaba en una expresión muy común en Argentina:

[tá] “está”, varias veces

En cambio, en el informante M, encontramos un caso típico de caída vocálica del dialecto mexicano:

[pus] “pues”, donde la /e/ desaparece

El mismo fenómeno (con la misma palabra “pues”) aparece en el informante MC, pero 2 veces.

Podemos, en conclusión, señalar que la caída de vocales propia del español de México es casi totalmente resistida por los hablantes del dialecto argen-mex. En este caso, los cuatro informantes coinciden: no se produce esa caída vocálica (con la excepción de la palabra “pues” en tres ocasiones).

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0+
Release date on Litres:
15 November 2024
Volume:
163 p. 6 illustrations
ISBN:
9789876914086
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