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Target 60%
Los Hirum invaden la Tierra
Pablo Martín Tharrats

© Pablo Martín Tharrats
© Target 60%. Los Hirum invaden la Tierra
Primera edición, 2020
Colección Historias Insólitas
ISBN papel: 978-84-685-4692-6
ISBN epub: 978-84-685-4693-3
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A mis hijos, Mireia, Inés y Pablo; a mi esposa, Cristina, y con mucho cariño a mi madre, María Helena
A mi padre, José Martín Morán, que está en el cielo con Dios. ¡Gracias por todo papá, gracias Pepe!
Índice
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Invasión Spectrum
Quintacolumnistas Spectrum
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Era un día caluroso, muy caluroso, algo nada habitual teniendo en cuenta que era el mes de noviembre, y en Barcelona, por esas fechas, lo normal era pasar algo de frío, y aquello a Pablo le molestaba, no porqué tuviera estropeado el aire acondicionado de su piso, ya que por la época del año en la que estaban, a nadie se le ocurriría ponerlo, sino porqué aquella ola de calor, estaba alterando su estado de ánimo.
Tan solo unos días atrás, concretamente el 30 de octubre, día de su cumpleaños, una lluvia de meteoritos estuvo impactando durante varios días sobre la Tierra, al principio muchos creyeron que se trataba de la lluvia de estrellas de las Oriónidas, qué como cada año, y sin faltar a su cita, entre octubre y principios de noviembre, dejan un bello espectáculo de trazas color verde amarillo que destacaban sobre el cielo estrellado. El único problema es que como cada año habían tenido su máxima intensidad el 21 de octubre, por lo que estaba claro que aquella lluvia de meteoritos nada tenía que ver con las Oriónidas, por lo que se trataba de otra cosa, así que aquella inusual lluvia de meteoritos fue un espectáculo excepcional, a la par que preocupante.
Viendo los impactos de la lluvia de meteoritos sobre la atmósfera, uno podía comprender la inmensidad del espacio, y la insignificancia del ser humano en el infinito del universo, pero aquello a Pablo le parecía más preocupante de lo que aparentemente se podía ver en los telediarios, o leer en Internet, ya que aquella lluvia de meteoritos, no solo era algo excepcional, sino que además nadie los había detectado hasta el preciso instante que comenzaron a impactar los primeros. Bueno, o por lo menos ningún Gobierno, ni ningún medio de comunicación había informado del inminente impacto de rocas sobre la atmósfera, y teniendo en cuenta que estuvieron cayendo miles de rocas durante días, sin duda, algún observatorio espacial las tenía que haber detectado, por lo menos con una, o dos semanas de antelación o, aunque tan solo hubiera sido unos días antes.
La cuna y oráculo de las conspiraciones dejó rienda suelta a las más absurdas y disparatadas teorías, y lo que para la gran mayoría de los humanos era un espectáculo digno de ver por la noche, incluso pasando la noche entera en vela contemplando como miles de asteroides impactaban contra nuestra atmósfera, y creaban espectaculares bolas de fuego, para unos pocos y contados conspiranoicos de Internet, detrás de aquel inusual fenómeno, se escondía algo terroríficamente diabólico, y maléfico, desde una invasión alienígena, pasando por el fin del Mundo, o la extinción masiva de los seres humanos. Sin duda todas aquellas profecías de todo tipo de cataclismos y males, abundaban en Internet, y la inexplicable lluvia de meteoritos, no había hecho, sino que regar la imaginación desmedida y desenfrenada de los agoreros profesionales.
Para Pablo aquella lluvia no pasó desadvertida máxime cuando el diario para el que colaboraba como freelance, le encargó un artículo sobre aquel llamativo fenómeno, y fue en ese preciso instante cuando de forma precipitada, e involuntaria entró en el desconcertante, y a la vez, fascinante mundo de los “preppers”, o survivalistas, esto es, centró su artículo, no en el negocio que se había convertido en buscar, y encontrar restos de los meteoritos que estaban impactando por doquier, para luego venderlos, ni en especular sobre la posible procedencia de los trozos de roca, ni mucho menos hacerse eco de las mil y una profecías que se le atribuía a los meteoritos, sino que a Pablo se le ocurrió escribir sobre los frikis, o raritos, que desde hacía años se estaban preparando para el fin del Mundo, y que habían visto en la lluvia de meteoritos un maná caído del cielo, y lo cierto es que no es un tema baladí, ya que según pudo informarse, Pablo catalogó a varios tipos de raritos del fin de Mundo, desde los que esperaban una inminente invasión alienígena, pasando por los que se estaban preparando para una invasión de muertos vivientes, los llamados spectrum1,y por supuesto, los que estaban preparados para todo aquello junto, y mucho más.
Conforme se documentaba e informaba, Pablo descubrió que los raritos abundaban más de lo que jamás se hubiera podido imaginar, por ejemplo, esa selecta minoría en Estados Unidos cuenta con unos tres millones de preppers, y este dato lo obtuvo nada más y nada menos de la prestigiosa revista científica, National Geographic, quienes realizaron una encuesta al respecto y desvelaron que el 62% de los encuestados cree que el Mundo sufrirá una gran catástrofe en menos de 20 años, además un 27% de ellos se creyó que la predicción de los Mayas era cierta, me refiero a la que pronosticaba que el Mundo se tenía que haber acabado en el año 2012, cosa la cual a todas luces resultó no ser cierta, y por si esto ya de por sí no fuera increíble, me refiero a creer en esas cosas, tres de cada cuatro norteamericanos se preparó ante el temor de esa predicción.
Pablo descubrió que la paranoia colectiva, no solo era cuestión de los norteamericanos, a nivel mundialmente, el 14% de la población cree que el Mundo se acabará mientras ellos vivan. Pero para asombro de Pablo, resultaba que, en España el 10% de la población española se creyó la profecía del fin del Mundo pronosticada por los Mayas, frente a un 12% de los estadounidenses, un 13% de los rusos, y un 20% de los chinos, según los resultados de una macroencuesta, en este caso, elaborada por la compañía Ipsos.
Lo que más sorprendió a Pablo fue descubrir que el origen de los preppers se remontaba a la Guerra Fría, cuando la amenaza de una guerra nuclear Mundial era tangible y real. En la década de los ‘60 y ‘70 tener un búnker debajo de casa con provisiones para sobrevivir durante años, era algo habitual, es lo que se llamó la “primera ola”. Aunque en los ‘80 el movimiento decayó, hubo repuntes coincidiendo con distintos “finales del Mundo”, como el que algunos pronosticaron debido al efecto 2000, y por supuesto con el fin del Mundo pronosticado por los Mayas, a este repunte de la paranoia, se le llamó la “segunda ola”.
La considerada como “tercera ola” de los preppers comenzó, tras los atentados del 11-S, alentada por la amenaza del terrorismo islámico, el cambio climático, la gripe aviar, o un ataque masivo de spectrum.
Esta paranoia llegó a nivel institucional en Suiza, dónde tras la II Guerra Mundial, el gobierno ordenó que todos los edificios públicos y privados, debían tener un refugio nuclear adecuado contra todo tipo de catástrofes, así que, en caso de una gran catástrofe mundial, los suizos serán los que más posibilidades tengan de sobrevivir del planeta.
La “cuarta ola” comenzó el 30 de octubre, en el momento que comenzaron a impactar sobre nuestra atmósfera miles de meteoritos.
Pero como el fin del Mundo, de forma literal, conllevaría el fin de sus vidas, los preppers están más preocupados por las catástrofes que podrían ocurrir cerca de ellos: ataques terroristas, desastres naturales tales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, inundaciones, guerras mundiales, un colapso económico mundial, pandemias, etc.
Básicamente lo que Pablo descubrió en sus investigaciones fue que los preppers habían tomado la decisión de hacer alguna cosa sobre su bienestar y seguridad personal, y el de sus familias, ante cualquier tipo de catástrofe, que por muy remota e impensable que pudiera parecernos, llegado el día, tal vez nos encontremos con la necesidad de guarecernos y ponernos a salvo, y es por ello que todas esas personas se preparan.
De forma más o menos aceptada, se afirma que un Gobierno necesitaría, o tardaría, unos tres días en restablecer el orden, o tomar las primeras medidas para ello, ante un desastre que produzca el caos generalizado. Para sobrevivir todo ese tiempo, los preppers cuentan con un “módulo de emergencias” para disponer de lo necesario las primeras 72 horas. La cosa iría bien si ese módulo incluyese comida, agua y medicinas, pero no es el caso, ya que cuando dicen estar preparados para todo, algunos preppers lo dicen muy en serio, ya que tienen habitáculos subterráneos, o bien sus pisos, o casas fortificadas, además de agua, comida, medicamentos, y, sobre todo, armas, para sobrevivir durante meses, e incluso años, sin depender de lo más mínimo del exterior.
Mientras Pablo se documentaba para el artículo encontró varias categorías, o niveles, de precaución, o más bien, de paranoia, así determinó varias categorías dentro de los preppers en función de su grado de intensidad, o implicación, o incluso se podría decir, de credulidad. Pablo diferenció varias categorías, estaban los preparacionistas, los survivalistas, hasta llegar a los apocalípticos, sin olvidar por descontado a los iluminados, aunque estos abundan en todas partes, y también estaban los influenciables y débiles mentales, y dentro de este último subgrupo, estaban, los que tienen mucho dinero, estos últimos, son los pardillos con los que se forran de verdad las tiendas que nutren de productos especializados a los preppers.
Un argumento que le dio uno de los preppers que entrevistó Pablo, fue un tanto surrealista, y sin duda bordeando la paranoia, aquel prepper, le planteó el siguiente dilema, y es que según él, si tenemos un seguro de hogar, un seguro del coche, un seguro médico, e incluso un seguro para que cuando nos muranos seamos enterrados, eso sí, siempre esperando que nunca tengamos que usarlos, pero pagando religiosamente mes a mes mucho dinero por cada uno de todos esos seguros, a final del año, todo ese dinero se ha perdido. Según el prepper, estar preparado para una catástrofe, e incluso el fin del Mundo, es lo mismo, pero sin pérdida, o lo que es lo mismo, con un uso casi garantizado al 100%
Sin duda aquel argumento era mejorable, e incluso discutible, pero hay que reconocer que estaba bien preparado, ya que, a partir de cierta edad, y conforme vamos adquiriendo, más y más responsabilidades familiares y compromisos sociales, es inevitable que nos protejamos por si algo falla, o sale mal, sin embargo, contra algo que puede suceder, como es una catástrofe natural, nadie, o prácticamente nadie toma ningún “seguro”, o precaución, pero claro, una cosa es una catástrofe natural, y otra muy distinta, el fin del Mundo.
El artículo no pasó de las páginas interiores, junto a uno de una mujer que afirmaba haber visto a Elvis Presley en una parada del metro de New York, y otro artículo de cómo freír un huevo con las ondas que emiten los teléfonos móviles, en definitiva, lo publicaron en la sección de sucesos, pero por lo menos, Pablo ese mes pudo pagar el alquiler sin demasiados problemas, e incluso pudo salir a cenar una noche, bueno gracias a ese, y a dos artículos más que se publicaron después de aquel, y es que por lo visto dio en el clavo con su enfoque tremendista del fin de Mundo, y aquello despertó el incomprensible morbo de los lectores que veían en el fin del Mundo, un no sé qué, que en el fondo reflejaba lo vacía, y sin valores que estaba la sociedad, ya que la idea de que el Mundo se acabara, los motivaba, incluso, literariamente hablando, les excitaba. Aunque claro, el fin del Mundo conllevaba parejo el fin de la humanidad, y, por lo tanto, el fin de sus mundanas vidas, aunque tal vez en el fondo lo que querían era eso, terminar con su insustancial e inconsistente vida. Pero había una minoría, contada, e incluso selecta, que estaban interesados, no en el fin del Mundo, sino en ser ellos los únicos supervivientes, así que esa minoría de egoístas, ególatras, y egocéntricos, no les excitaba terminar con todo, sino que lo que querían era ser ellos los únicos supervivientes para ser testigos de la orgía del holocausto del fin del Mundo.
***
A finales de noviembre, cuando el espectáculo de meteoritos impactando contra la Tierra cesó, y la noticia cayó en el olvido al ser sustituida por otras, Pablo había retomado el día a día de su vida, solo que a raíz de todo lo que investigó, y conoció sobre el tema, se había convertido en un auténtico, “influenciable y débil mental”, aunque en su caso, “con poco dinero”, esto es, un paranoico influenciado, y por qué no decirlo, manipulado sobre el tema, hasta el extremo que dejó Barcelona, y se fue a vivir a un terreno que su padre hacía años compró, el cual para Pablo no era más que parte de una herencia que le ligaba emocionalmente al recuerdo de sus padres, ya que aquel lugar, era un punto de unión espiritual y afectiva que le quedaba cuando quería evocar momentos agradables vividos con su padre, y su madre.
La finca a lo largo de los años fue ampliada con la compra de más terrenos, llegando a tener algo más de 400 ha., sin duda una finca no muy grande, ni tampoco de tamaño despreciable.
Según Pepe, el padre de Pablo, la gracia de aquella finca era que tenía una gran masía, que, a modo de fortificación, estaba justo en medio de la misma, en lo alto de una pequeña colina, o loma, por lo que la vista que tenía del valle que los rodeaba era excelente, alcanzando varios kilómetros.
Se trataba de un edificio del siglo XVIII, construido con fuertes y gruesos muros, y que tenía en uno de sus extremos, una torre que sobresalían permitiendo en otra época una mejor defensa frente a los ataques de los bandidos, o ladrones. Pepe durante muchos años se dedicó a reformar, restaurar, y ampliarlo, hasta convertirlo en un lugar habitable. Años más tarde, y siguiendo la línea arquitectónica, Pepe amplió la masía para ganar más espacio el cual lo dedico como garaje.
Pepe siempre insistió en llamarlo, Masía Helena, en referencia a su esposa, y madre de Pablo, y siempre evitó referirse a aquella construcción, como castillo, o fortaleza, ya que, según él, aquello podía despertar el interés de los curiosos, y de los amantes de lo ajeno, por lo que Masía Helena, vista desde fuera era una fortificación inexpugnable, y desde dentro, era un sitio seguro y agradable donde vivir.
Masía Helena, disponía de dos pozos de agua limpia, cristalina, y lo más importante, potable, además de la que se recogían de la lluvia, la cual se almacenaba en varios aljibes.
Al mudarse a la masía, Pablo sintió la necesidad de explorar y conocer todo lo que su padre había estado haciendo en ella, y que, para él, durante años había carecido de interés, y al leer el testamente descubrió, con gran sorpresa, que su padre había estado construyendo durante años un refugio por si llegado el caso tenían que refugiarse. Ese día Pablo terminó de conocer a su padre, no es que Pepe fuera un desconocido para su hijo, simplemente, es que un hijo no termina de conocer totalmente a sus padres hasta que estos fallecen.
***
Pablo estaba perdido en su piso recogiendo todo lo que creía que le podía ser útil. Llevaba varios días de frenético ir y venir de su piso en Barcelona, pasando por casa de sus padres dónde todavía tenía almacenadas muchas de sus cosas, y Masía Helena.
A raíz de la publicación de su último artículo, y de documentarse, había decidido convertir Masía Helena realmente en un refugio, en éste caso, en un refugio en el que afrontar el fin del Mundo, y es que aunque inicialmente pensó que no era más que una soberana tontería, se terminó convenciendo de que no costaba nada estar preparado para el fin del Mundo, y en su caso, dado que su padre había transformado Masía Helena, en una especie de castillo, o fortaleza autosuficiente, con agua corriente propia, con luz propia generada por placas solares, y molinos de viento, así como comida abundante, Pablo pensó que simplemente tenía que hacer una serie de ajustes, y unos pocos cambios, y de esta forma terminar lo que había comenzado su padre.
Mientras estaba enfrascado empaquetando lo que se quería llevar, el teléfono sonó.
—Dime —respondió Pablo.
—Te sigue interesando el tema de los meteoritos —se escuchó la voz de una mujer.
—Sí, claro.
—Entonces tenemos que vernos, pásate en una hora por el Hospital Clínico, y hablamos.
—Rosaura, ya sabes que no soporto que me dejen en ascuas, me puedes decir de qué se trata.
—Menudo periodista estás hecho tú. ¡En una hora!
La llamada se cortó, aquello a Pablo lo dejó en ascuas, y es que además de que no soportaba lo que le había hecho Rosaura, encima el tema le interesaba mucho.
***
A la hora convenida y en el lugar indicado, Pablo estaba esperando a Rosaura que como siempre llegaba con retraso.
—¡Por fin! —exclamó Pablo cuando vio que se acercaba por el pasillo del Hospital Clínico.
—Ven sígueme —le dijo Rosaura cuando llegó a su lado.
Sin mediar palabra, Pablo la siguió escaleras arriba hasta llegar a la segunda planta, y luego la siguió por un largo pasillo jalonado de puertas, hasta que por fin entraron en un despacho.
—Cierra la puerta —dijo Rosaura.
—¿Se puede saber que es tan urgente?
—Te acuerdas de la lluvia de meteoritos.
La cara de Pablo evidenció que sin duda la recordaba.
—Pues bien, resulta que los meteoritos llevaban algo más que piedras.
—¿A qué te refieres? —interrumpió Pablo
—El Hospital Clínico, en unión con los principales hospitales y laboratorios del Mundo, estamos investigando sobre la presencia de un virus que entró en la atmósfera en los meteoritos.
—¡Un virus en los meteoritos!
—Sí —respondió Rosaura
—¿Y hasta ahora no lo habíais detectado?
—Se detectó el primer día que comenzaron a caer los meteoritos, y fue entonces cuando se comenzó a investigar. Al principio no se le dio demasiada importancia ya que aparentemente parecía inofensivo.
—¡Inofensivo! —exclamó Pablo— ¿Cómo pudisteis pensar que un virus extraterrestre era inofensivo?
—Cuando se recogieron los primeros restos de los meteoritos, y comenzamos a hacer los primeros análisis, se detectó la presencia de un virus, y después de analizarlo, tanto nosotros, como el resto de hospitales y laboratorios, tanto públicos, como privados, que investigamos el tema, determinamos que era inofensivo para la vida animal, y vegetal de la Tierra.
—Entonces, ¿dónde está el problema?
—El problema, es que cuando realizamos los análisis, los hicimos mediante los parámetros médicos y científicos establecidos, y siguiendo los protocolos de seguridad vigentes que a lo largo de los años hemos desarrollado.
—¿Y qué problema hay?
—Pues que el virus tarda en activarse, y, además, para activarse precisa de dos componentes, oxígeno, y altas temperaturas.
—No te sigo,…
—Las pruebas las realizamos con las muestras que recogimos de los miles de fragmentos que hay esparcidos por todo el planeta, y aunque en el mejor de los casos, no son más que simples granos de arena, en ellos hay encerrados un virulento virus, el cual hemos comprobado que se aletarga si no tiene oxígeno, y que con éste se activa, y como sabrás en el espacio no hay oxígeno, por lo que mientras viajaba por el espacio estuvo en hibernación, o desactivado, y al entrar en la atmósfera, debido a las altas temperaturas que alcanzaron los meteoritos con la fricción con ésta, hizo que el virus se activara, por lo que la lluvia de meteoritos, y los millones de pequeños fragmentos que estuvieron lloviendo por todo el Mundo, en realidad lo que hicieron fue esparcir por todo el planeta un virus.
La cara de Pablo se descompuso al escuchar las palabras de Rosaura, y ante aquel apabullante relato, solo pudo mascullar una pregunta.
—¿Y cómo es posible que al principio no lo detectaseis?
—Las pruebas que hicimos determinaron que era un virus que no afectaba a los humanos, ni a los animales, ni a las plantas, pero pasadas unas semanas, el virus comenzó a mutar al ser inhalado por los seres humanos, y al hacerlo, fue entonces cuando el virus comenzó a ser un peligro.
—No te entiendo —dijo Pablo.
—El virus en el espacio es inofensivo ya que no está activado, al entrar en la atmósfera, se activó por las altas temperaturas y el oxígeno, pero su proceso de activación es diferente a todo lo que conocíamos hasta ahora, ya que es muy lento, además el problema es que se esparce con mucha facilidad por el aire, y además no muere, ya que una vez se ha activado, se alimenta del oxígeno, y en caso de no tener un huésped dónde alojarse, sigue activo, por lo que, es un virus que no muere.
—¿Y cuándo lo detectasteis?
—Hace unas semanas comenzaron a llegar los primeros informes de casos en muchas partes del planeta de personas que tenían fiebre alta, y malestar, pero la cosa no pasó de ahí, en realidad, se confundió con la típica pasa de gripe, el problema es que no era gripe, era el virus.
—Si es como la gripe, tiene los mismos síntomas que la gripe, y parece gripe, lo más seguro es que sea gripe, por lo que no debe de ser tan grave —intervino Pablo.
—No tiene nada que ver con la gripe más allá de los síntomas externos. Por lo que hemos investigado, y sabemos hasta ahora, es que dado que la lluvia de meteoritos cayó en todo el planeta, el virus llegó a la totalidad del Mundo, además al ser un virus que viaja por el aire, se esparció por todas aquellas zonas donde no habían caído meteoritos, por lo que prácticamente el 100% de la población mundial lo ha inhalado, y está infectada, pero dado que el virus tarda varias semanas en comenzar a exteriorizar los primeros síntomas, y dado que los primeros síntomas son similares a los de la gripe, nadie, y cuando digo nadie, me refiero a ningún hospital, ni laboratorio lo detectó. Además, los primeros síntomas solo se exteriorizaron en un 10% a un 15% de la población, y en un par de días de reposo desaparecían.
—Entonces, ¿cuál es el problema?, según tú el virus solo ha afectado al 15% de la población, y en unos días se ponen bien.
—El virus ha infectado al 100% de la población, solo que un 15% ha mostrado síntomas similares a los de la gripe, pero el problema no es ese, el problema es que el virus tiene que sepamos, una segunda fase.
—¡Segunda fase! —exclamó Pablo— ¿Qué es eso de una segunda fase?
—La primera fase es la de contagio, y en unos pocos casos, exteriorización de síntomas leves de fiebre y malestar. En la segunda fase, los síntomas son más virulentos, y van desde hemorragias internas, pasando por derrames cerebrales, y la muerte a causa de estas patologías.
—¡La muerte! —exclamó Pablo— ¿Ha muerto gente por causa del virus extraterrestre?
—Sí
—¿Y cómo es posible que no ha salido en las noticias? Rosaura, soy periodista, y si algo así estuviera sucediendo de verdad, yo lo sabría, y te aseguro que no he leído nada al respecto.
—Los Gobiernos a nivel mundial, así como la OMS, la ONU, y otros organismos internacionales se han coordinado para taparlo con el fin de no alarmar a la población y evitar que el pánico se extienda, lo que sin duda conduciría al caos, y esto nos llevaría a la anarquía, y al desgobierno.
Pablo se quedó de piedra, acababa de escuchar las palabras que todo prepper sueña con oír, pero que en el fondo prefiere no hacerlo.
—Pero el problema no es ese,...
—¡Qué ese no es el problema! —exclamó Pablo— Entonces, si para ti ese no es el problema, dime, ¿cuál es el problema?
—El problema es que se prevé que en los próximos días se convierta en pandemia mundial.
Pablo se quedó de piedra al escuchar las últimas palabras de Rosaura.
—¿Y qué medidas se están adoptando para pararlo?
—Me parece que no me he explicado bien, se trata de un virus que no muere, y es resistente a todos los medicamentos y antibióticos que conocemos, y además ya se ha contagiado la totalidad de la población mundial, tú y yo incluidos, además, su segunda fase, lleva a la muerte, o a algo peor,…
—¡Peor! —interrumpió Pablo— ¿Qué hay peor que la muerte?
—En la segunda fase se han detectado en los infectados, hemorragias internas, y también, una especie de derrames cerebrales, que, en un porcentaje muy bajo, producen la muerte del paciente.
—Eso no es peor, es un buen síntoma, ¡algunos infectados viven!
—Sí, los infectados viven, pero los daños que sufren en el cerebro los convierten en animales, en algo así como depredadores.
—No te comprendo —interrumpió Pablo.
—En la segunda fase, el virus provoca derrames cerebrales, lo que hace que la conducta del afectado cambie, el problema es que el virus en la tercera fase, se aloja en el cerebro, y erradica cualquier comportamiento civilizado y humano, y convierte al infectado en un animal, cuya conducta es altamente agresiva, y su comportamiento es el de un animal muy agresivo.
—¡Tercera fase! ¿Pero cuántas fases hay?
—Tres, y la tercera convierte a los infectados en animales.
—Pues se les administra algún tipo de calmante, vacuna, o antídoto, y ya está —dijo Pablo.
—Se está probando con todo, incluso con tratamientos para personas con esquizofrenia aguada, o enfermedades mentales agudas, pero a las personas que se les administra este tipo de tratamientos, es como si el resultado esperado fuera el opuesto, y en realidad son mucho más agresivas.
—¿Se han probado tratamientos para esquizofrénicos?
—Sí, dado que su comportamiento es como el de una persona que no controla sus actos, se pensó que los fármacos para tratar la esquizofrenia podían controlar, o por lo menos, calmar los síntomas, pero no fue así.
—Y, ¿cómo se comportan los infectados que han llegado a la tercera fase de la infección?
—¿Has visto las películas de los muertos vivientes? —preguntó Rosaura.
—Sí, claro.
—Pues es algo similar. Su conducta es altamente agresiva, son depredadores natos, y su subconsciente animal hace que quieran agredir, para matar, y luego devorar a otros seres humanos.
—¡Cómo!
—Sí, se convierten en devoradores de personas. El Ejército, está haciendo experimentos y si a los infectados se les pone delante, no sé, por ejemplo, una gallina, un cerdo, o un perro, simplemente pasan de él, pero si ven a un ser humano, lo atacan para devorarlo. A estos infectados oficialmente, y para diferenciarlos del resto de infectados, se les llama spectrum.
—¡Spectrum! —exclamó Pablo
—Sí, cuando vi los primeros casos recordé los libros que escribiste hace años sobre los muertos vivientes, a los que llamaste spectrum, y por esto lo propuse, y fue aceptado por la Spectrum Research Commission,…
—¿Aprobado por quién?
—Por la Comisión de Investigación de Spectrum —respondió Rosaura.
—Sinceramente Rosaura, cuando escribí mis libros sobre los muertos vivientes, los bauticé como spectrum, para no poner el nombre de la popular serie de televisión, pero la verdad es que nunca me imaginé que sería utilizado para llamar a los infectados en la tercera fase de una pandemia mundial provocada por un virus extraterrestre.
—Ya me lo imagino, pero había que nombrarlos de alguna forma, y al igual que tú, nadie los quería llamar como los muertos vivientes de la serie de televisión, me imagino que todos debieron pensar que, si se les ponía el mismo nombre, la gente no se lo tomaría en serio, por esto, cuando propuse llamarlos spectrum, todos estuvieron de acuerdo.
—Y, ¿existe alguna cura, o remedio? —preguntó Pablo.
—No —respondió Rosaura.
—¡Cómo qué no! Todos los Gobiernos, hospitales y laboratorios del Mundo investigando, y no habéis descubierto nada.
—Algo sí hemos descubierto.
—¿Qué?
Rosaura se sacó un pequeño aparato del bolsillo, era muy similar a los que llevan los diabéticos para detectar el azúcar en sangre. Sin que Pablo pudiera reaccionar, le cogió el dedo de la mano derecha, y le pinchó.
—¡Au! Avisa antes de pinchar. Pero dime, ¿qué es eso?
—Es un aparato de medir el azúcar en sangre al que le hemos modificado el software para que detecte, en este caso, el grado de anticuerpos que tienes.
—¡Anticuerpos! ¿No decías que estábamos todos infectados?
—Y así es, solo que hemos descubierto que algunas personas, desarrollan de forma natural unas defensas que los inmunizan contra la fase dos, y tres del virus.
—¡Eso es genial! Se puede utilizar la sangre de esas personas para hacer una vacuna.
—Se ha probado, y no funciona, ya que esos anticuerpos solo son válidos para el cuerpo que los ha generado, y a pesar de que los hemos sintetizado, y hemos creado cadenas de ADN que los contenían, personalizándolas en personas que eran vulnerables, o que ya estaban en la fase dos, no ha servido de nada. Las vacunas no sirven, simplemente, el que tiene los anticuerpos, es inmune, en mayor o menor grado.