Read the book: «Obras Completas de Luis Chiozza Tomo XXI»

Luis Chiozza
OBRAS COMPLETAS
Tomo XXI
Anexo Gráfico II

| Chiozza, LuisObras completas de Luis Chiozza : anexo gráfico II . - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2014.E-Book.ISBN 978-987-599-410-21. Psicología. 2. Psicoanálisis. I. TítuloCDD 150.195 |
Diseño de tapa: Silvana Chiozza
© Libros del Zorzal, 2012
Buenos Aires, Argentina
Libros del Zorzal
Printed in Argentina
Hecho el depósito que previene la ley 11.723
Para sugerencias o comentarios acerca del contenido de
Obras Completas, escríbanos a:
info@delzorzal.com.ar
www.delzorzal.com.ar
Índice
Mi cuerpo, los otros y yo | 6
Tres edades de la vida | 9
1. mi cuerpo, los otros y yo | 14
2. entre la nostalgia y el anhelo | 35
3. el camino de los sueños | 56
Caperucita verde | 76
Un cuento para padres | 76
Lo que hace un psicoanalista cuando psicoanaliza a un paciente | 100
Cuerpo, alma y espíritu | 160
Los significados inconscientes de las enfermedades del cuerpo | 160
Cáncer | 234
¿Por qué a mí, por qué ahora? | 234
Anexo gráfico | 234
Tú y Yo | 295
¿Debemos, podemos, queremos? | 295
La culpa es mía | 321
La construcción de la culpa | 321
Hipertensión | 344
¿Soy o estoy hipertenso? | 344
Anexo gráfico | 344
Uno | 426
El “compromiso somático” | 434
¿Por qué enfermamos? | 462
La historia que se oculta en el cuerpo | 462
Mi cuerpo, los otros y yo
(2009)
Referencia bibliográfica
CHIOZZA, Luis (2009), Mi cuerpo, los otros y yo, Buenos Aires, Libros del Zorzal.1

Tres edades de la vida
(2009)
Referencia bibliográfica
CHIOZZA, Luis (2009), Tres edades de la vida, Buenos Aires, Libros del Zorzal.

AL LECTOR
La luz visible para nuestros ojos humanos es un infinitesimal campo de ra diaciones electromagnéticas que comprende las longitudes de onda entre 400 y 700 nanómetros (mil millonésimas partes de un metro) dentro de un espectro que no vemos (pero que llega de todos modos a nuestro cuerpo) que va desde las ondas gama, tres mil millones de veces más cortas, has ta las ondas de radio tres mil millones de veces más largas. Más allá de los 400 nanómetros, las mariposas que polinizan las flores “ven en colores” ultravioletas en los pétalos que nosotros vemos uniformemente blancos o amarillos, las marcas que les indican el acceso a las fuentes de néctar. Algo similar ocurre con nuestro rango de ondas audibles, que va desde 20 a 20,000 Hertz (ciclos de compresión de aire por segundo), mientras que los murciélagos, por ejemplo, sintonizan pulsos ultrasónicos para el oído humano y “escuchan” mediante el eco la localización de los insectos que atrapan con toda precisión. Otros organismos, como es el caso de algunos peces, “viven en un mundo” de electricidad galvánica con electro recep tores que les permiten percibir “medidas, formas y movimientos” en el agua oscura. Es pues a través del pensamiento que, construyendo instrumentos que amplifican la capacidad de nuestros sentidos, nos movemos en un espectro racionalmente construido, que abarca desde la trayectoria de una partícula subatómica hasta el nacimiento de las estrellas hace miles de años luz en distantes galaxias. El orden de magnitud que separa estas dos “percepciones” de la conciencia humana corresponde a un uno seguido de 37 ceros.
Frente a la inconmensurable complejidad del mundo se nos hace evidente que la más simple percepción de algo es siempre una interpretación, y que toda teoría, aun siendo lo mejor que la experiencia nos ha dejado como pensamiento operativo, y por más fructífera que sea en su funcionamiento cuando con ella enfrentamos la realidad que nos circunda, es siempre un punto de vista solamente entre los tantos posibles. Nunca antes este hecho incontrovertible se había presentado con tanta claridad a mi espíritu como me sucedió cuando habiendo logrado por fin (en Corazón, hígado y cerebro) “armar” el rompecabezas teórico del psicoanálisis en un conjunto que parecía otorgarle un lugar a cada pieza inicié, sin plena conciencia de hacia dónde me conducía la inclinación de mi ánimo, la fascinante experiencia de esquematizar el pensamiento en gráficos agregándoles, como una redundancia exterior al pensamiento racional, las imágenes visuales que mis sentimientos elegían.
Así se configuraron los esquemas que, acerca de las tres edades de la vida, contienen estas páginas. Con plena conciencia de que la vida es mucho más que todo aquello que en un momento dado pueda ser dicho acerca de ella, mi más ferviente deseo es que el lector pueda obtener, recorriendo estas páginas, una parte por lo menos del placer que yo obtuve al diseñarlas.
Octubre de 2009
1. mi cuerpo, los otros y yo
Prólogo
Hoy en día, Nicolás tiene trece años y Natalia siete. Cuando somos niños estamos llenos de preguntas, y a medida que nos hacemos adultos, lamentablemente, vamos renunciando a preguntar. Esto sucede porque hemos sentido muchas veces que nuestras preguntas fueron recibidas como algo molesto, como si lo que preguntábamos fueran cosas absurdas que no había que pensar. Otras veces recibimos respuestas apresuradas y breves, que no nos convencieron, y muy pronto descubrimos que para creerlas también es necesario acostumbrarse a dejar de pensar. Cuentan que una vez alguien pinchó una goma de su auto al lado de los muros que rodeaban a un manicomio, y que mientras cambiaba la rueda se le cayeron los tornillos en la alcantarilla. Desconcertado, no sabía qué hacer, cuando un loco que lo miraba por encima del muro le sugirió que sacara un tornillo de cada una de las tres ruedas restantes, para colocar la que estaba remplazando. El automovilista, asombrado, le comentó que le parecía extraño que pensando tan bien estuviera allí encerrado. El recluso le contestó: “Es que yo soy loco, pero no soy tonto”. Existe por desgracia la costumbre generalizada de hablar con los niños (o con los viejos) como si fueran tontos, lo cual efectivamente, a veces, los transforma en tontos. Vemos algunas películas en las cuales sucede, por ejemplo, que un niño contempla con angustia, desde la puerta de su dormitorio, una escena violenta en la cual el padre le pega a la madre y ella intenta clavarle en el hombro las tijeras que estaban en el costurero. El efecto dañino de esa escena empeora cuando luego le dicen al niño que continúe durmiendo, que todo está OK. Un niño carece de los conocimientos, de la habilidad y de la experiencia que se va adquiriendo con el transcurrir de la vida. Que un niño no sepa, no entienda o no pueda, y se comporte como alguien que “no tiene juicio”, no significa, obviamente, que el niño esté loco y mucho menos significa que, siendo ingenuo o inocente, el niño sea tonto o incapaz de entender. Todo lo contrario, de niños tenemos una inteligencia, amplia y general, que se va perdiendo en todos aquellos sectores en que dejamos de usarla. Hay cuentos para niños que perduran, como los de Cenicienta, Caperucita Roja, Blancanieves o la tortuga Manuelita, y esto no es algo casual. Son cuentos que de niños quisimos que nos contaran una y otra vez, porque despiertan en la infancia emociones que necesitamos entender mejor. Hay otros que, como El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, son mucho más que un cuento. Pero hay muchos más, demasiados, que repiten tonterías y bobadas empalagosas que los niños soportan sólo porque gracias a ellas pueden disfrutar un rato de la compañía de los padres cuando, después de la cena, es obligatorio dejarlos para ir a dormir. Este libro “para niños”, no es en realidad “un cuento” que nos relata una supuesta historia. Es el intento de un abuelo que respeta la inteligencia de los niños de acercarles a sus nietos, y a otros como ellos, algunos de los “datos” acerca de la vida que les hacen falta cuando necesitan pensar.
The free sample has ended.