Read the book: «Resumen del libro "El auténtico valor del ejecutivo medio" de Vince Thompson»
El auténtico valor del ejecutivo medio
Capítulos
Introducción
Primera parte: más poder
Segunda parte: más finalidades
Tercera parte: más éxito
Introducción
El entorno de trabajo habitual de un directivo medio es el de un espacio encajonado entre dos fuerzas, una que ahoga desde arriba y otra que empuja desde abajo. Un ejecutivo de este nivel está acostumbrado a ser ninguneado, incomprendido, despedido o reasignado a otro puesto; vive sometido a una presión constante, a una competencia feroz y a unos cambios acelerados. Como consecuencia, y según confirman las estadísticas, los ejecutivos medios de hoy trabajan ocho horas más a la semana que sus padres y duermen dos horas menos.
No es, por tanto, de extrañar que estas personas busquen desesperadamente una salida a su situación. En los EEUU, más de la mitad está dispuesta a cambiar de puesto de trabajo a la primera oportunidad que se le presente, al tiempo que muchos de ellos engrosan el número de trabajadores autónomos. Esta situación es el resultado de largos años de marginación -tanto por causa de la tecnología como de los consultores-, de despido como consecuencia de las fusiones y de la denigración que han sufrido por parte de los medios de comunicación.
Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, lo llamativo es que estos ejecutivos son la columna vertebral de cualquier organización; sólo ellos poseen unos valiosos conocimientos de primera mano, indispensables para que una empresa camine hacia el éxito; ejercen de vínculo entre la dirección y los empleados; conocen mejor que cualquier otro las necesidades del cliente, la realidad de la competencia, los puntos fuertes de la empresa y dónde ésta flaquea.
Todo eso significa, ni más ni menos, que en las manos de un directivo medio reside el poder de cambiar su propia situación y, con ella, la de sus organizaciones. Cuentan, además, a su favor con varios indicadores que confirman la idoneidad del momento para realizar esa transformación. El primero de ellos es el cambio demográfico: a medida que la generación del “baby boom” empiece a jubilarse, y el éxodo de directivos hacia el mundo del autoempleo continúe, se formará un creciente vacío de liderazgo que tendrá que llenarse con los directivos que mejor se preparen para ocupar esas vacantes.
Otro indicador es la imparable complejidad del mundo de los negocios, cada vez más influido por la globalización, la externalización y las nuevas tecnologías. Para operar debidamente en él, las empresas necesitan apoyarse en los ejecutivos medios, que son los mejores conocedores de la cada vez más diversificada red de fabricantes, distribuidores, vendedores y consumidores.
Por último, y como resultado del fracaso del antiguo modelo “militar” de jerarquización corporativa, con sus rígidos escalafones profesionales y salariales, la flexibilidad corporativa va en aumento. Esta flexibilidad realza precisamente la figura indispensable del directivo medio y obliga a las empresas a personalizar sus paquetes remunerativos.
El conjunto de estos indicios confirma la existencia de un espacio repleto de oportunidades para los ejecutivos medios, en el que estos podrán conquistar mayores parcelas de poder, encontrar nuevas misiones que cumplir y alcanzar mayores cotas de éxito en sus carreras profesionales y, de paso, para las organizaciones en las que trabajan.
El libro de Thompson tiene presentes estas tres metas y propone al ejecutivo medio un conjunto de instrumentos con los que “encender” su entusiasmo, además de describir situaciones reales con las que ilustrar sus postulados. Así, en lo que respecta al poder, sugiere diversas vías para agrandarlo mediante la mejora del rendimiento y la ampliación de la autonomía personal. En cuanto a la segunda meta, explica cuáles son las siete piedras de toque en la creación de valor de los ejecutivos medios, en la transformación de las estrategias corporativas en programas concretos que produzcan beneficios y en la recuperación de unos empleados poco motivados en una fuerza unificada, creativa y productiva. En lo que se refiere al éxito, el autor dibuja las coordenadas de un sistema mediante el que vender la visión personal y encontrar el equilibrio entre la vida privada y la profesional.
Primera parte: más poder
Existe una abundante literatura empresarial sobre el alto liderazgo en las mejores empresas (Microsoft, Google, Intel, General Electric, etc.). Sin embargo, ¿cuántos libros se dedican a estudiar el liderazgo en el nivel medio? En una gran mayoría de los casos, los líderes retratados son aquellos que ostentan la máxima autoridad en su empresa y tienen el poder de forzar cambios en la misma: reformar el negocio, redirigir las estrategias, contratar, despedir o compensar a sus empleados.
La posición de los ejecutivos medios es diferente: estos se enfrentan a la realidad de tener que liderar con unos poderes limitados y en un espacio acotado. Este espacio es “el mundo” del ejecutivo medio, en el que una de las maneras más eficaces de incrementar el poder es que se dé una relación adecuada entre las personas que le rodean.
Esto es más que suficiente para que los ejecutivos medios se vuelquen en aprender a dibujar un gráfico de las relaciones con estas personas, a comprender cuál es su importancia relativa y de qué modo progresan y a descubrir cómo reforzarlas.
Para esto, los ejecutivos medios tienen a su disposición un sencillo ejercicio mediante el que identificar sus proyectos y decidir dónde es más conveniente concentrar todos los esfuerzos. El “Mapamundi del Ejecutivo” es un sistema dividido en cinco pasos:
1 Sobre una hoja de papel, se dibuja en el centro un círculo que nos representa a nosotros mismos.
2 Alrededor de este primer círculo, se trazan entre unos seis y diez círculos más, cada uno de los cuales simboliza un agente destacado en la consecución de nuestro éxito: individuos o grupos de personas en quienes nos apoyamos y que pueden ayudarnos a prosperar.
3 En cada círculo se escribe la función que desempeña cada uno de los agentes (el superior inmediato, el director de operaciones, el director general, clientes, proveedores, etc.).
4 Al lado, se anota el grado de importancia que los agentes tienen en el correcto desempeño de nuestro trabajo, mediante una escala del 1 al 10.
5 Esa misma escala se utiliza para evaluar la calidad de la relación laboral con cada uno de los agentes.
Con un mapa ante sí como este, al ejecutivo medio le resulta más fácil tener una visión nítida de su situación, analizar en qué relaciones debe volcar más su energía y con cuáles de ellas puede crear más valor. Esto supone un cuestionamiento general de la calidad de sus relaciones: por ejemplo, si éstas se basan en la confianza mutua y en la comprensión del otro o no; de qué modo puede ofrecer valor a tal agente y ayudarle a avanzar por sí mismo; el tiempo que dedica a cultivar el triángulo de relaciones más importante (el superior directo, el jefe de operaciones, los clientes), el cual supone un esfuerzo de atención para comprender sus intereses y sus motivaciones; qué relaciones son las más deficientes, las razones para ello y qué cambios podrían introducirse en el comportamiento para sacarles algo más de brillo, etc.
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