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SERMONES ACTUALES

SOBRE

PABLO

Homilías sobre el Libro de Los Hechos

Kittim Silva Bermúdez



Editorial CLIE C/ Ferrocarril, 8 08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA E-mail: clie@clie.es http://www.clie.es © 2019 por Kittim Silva Bermúdez «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2019 por Editorial CLIE

Sermones actuales sobre Pablo

ISBN: 978-84-17131-76-0

eISBN: 978-84-17131-77-7

Sermones

Sermones completos

RVDO. KITTIM SILVA BERMÚDEZ

B.A., M.P.S., D.HUM., D.D.

El reverendo Kittim Silva es fruto del Ministerio del Teen Challenge de Puerto Rico, lugar donde ingresó y se graduó en 1971. Graduado de la Teriama Health School, como Técnico de Laboratorio Médico (1973). También cursó estudios en el International Bible Institute, Inc. en la ciudad de Nueva York, donde se diplomó en Biblia y Teología (1974). Obtuvo del New York Theological Seminary un Certificado en Ministerio Cristiano (1976). Luego recibió un Bachillerato en Artes Liberales (B.A.) del College of New Rochelle con una concentración en Humanidades (1980). Posteriormente obtuvo una Maestría en Estudios Profesionales (M.P.S.) del New York Theological Seminary con una concentración en Ministerio (1982). La Universidad Nacional Evangélica (UNEV) de la República Dominicana le confirió el título “Profesor Honoris Causa en Teología” (1994), y Doctor “Honoris Causa En Humanidades” (1998). La Latin University of Theology (LUT) de California le otorgó un Doctor “Honoris Causa en Divinidades” (2001).

Durante años se ha desempeñado como Obispo del Concilio Internacional de Iglesias Pentecostales de Jesucristo, Inc. (C.IN.I.PE.JE.) Es cofundador de Radio Visión Cristiana Internacional (RVCI), donde ocupó el cargo de Presidente (1994-2001), y desde hace años sirve en la Junta de Directores. Desde el 2010 hasta el presente año ocupa el cargo de Vicepresidente de RVCI.

Desde el año 1998 es el vicepresidente y cofundador de la Coalición Latina de Ministros y Líderes Cristianos (CO.N.LA.MI.C.). Fue el fundador y primer moderador de la Confraternidad de Líderes Conciliares (CON.LI.CO.). Ha ministrado en cinco continentes y en 40 países. Cofundador y director de la Clínica Ministerial Internacional (CLI.M.I.). Es fundador de la Christian University of Human Development (C.U.O.H.DE.) y anfitrión del programa de televisión y radio “Retorno”.

Dedico esta colección de sermones a estos líderes de las

Asambleas de Dios en México:

Pbro. Alfonso de los Reyes, historiador y parlamentarista.

Pbro. Arturo Reyes, homileta y predicador.

Pbro. Miqueas Cantú, siervo fiel y leal.

Pbro. Enrique González Vázquez, institucionalista.

Pbro. Daniel De Los Reyes Villarreal, progresista y futurista.

Pbro. José M. Saucedo Valenciano, pensador teológico.

Pbro. Inmar Valle, hombre de propósito y alcance.

Pbro. Isaí Montoya, pastor y servidor.

Pbro. Jorge Canto, exégeta y contextualizador.

Pbro. Abel Flores Acevedo, soñador y actualizador.

Pbro. Raúl García, ministro de estilo.

Pbro. Saúl Salce, líder institucional.

Pbro. Juan Pérez González, predicador y evangelsita.

Pbro. Víctor Oyosa, ejemplar y comprometido.

Pbro. Marcelino González, humilde y sincero.

Pbro. Waldemar Ceballos Li, amigo sincero.

Pbro. Guillermo Rodríguez Linares, humilde y servicial.

Pbro. Samuel Vásquez, entrega total.

Y a todo ese abanico de amigos de Asambleas deDios en México. ¡Mi gente!

_Índice

_Versiones de la Biblia empleadas en este libro

_Prólogo

PABLO EN LOS HECHOS. SU CONVERSIÓN Y SU MISIÓN

_01.El testimonio de Pablo (Hch. 7:58-60)

_02.La participación de Pablo (Hch. 8:1-3)

_03.La persecución por Pablo (Hch. 9:4-5)

_04.La ministración de Pablo (Hch. 9:19)

_05.El cambio en Pablo (Hch. 9:20)

_06.El escape de Pablo (Hch. 9:25)

_07.La conexión de Pablo (Hch. 9:27)

_08.La misión de Pablo (Hch. 11:25)

_09.La ordenación de Pablo (Hch. 13:2)

_10.La autoridad de Pablo (Hch. 13:12)

_11.La predicación de Pablo (Hch. 13:16)

_12.La recepción de Pablo (Hch. 14:4)

_13.El apedreamiento de Pablo (Hch. 14:19)

_14.El regreso de Pablo (Hch. 14:26)

_15.La defensa de Pablo (Hch. 15:2)

_16.La separación de Pablo (Hch. 15:39)

_17.El ayudante de Pablo (Hch. 16:1)

_18.La visión de Pablo (Hch. 16:9)

_19.La oración con Pablo (Hch. 16:13)

_20.La liberación por Pablo (Hch. 16:18)

_21.El encarcelamiento de Pablo (Hch. 16:23)

_22.La proclamación de Pablo (Hch. 17:2-3)

_23.La audiencia de Pablo (Hch. 17:11)

_24.El discurso de Pablo (Hch. 17:22)

_25.El encuentro con Pablo (Hch. 18:1)

_26.El viaje con Pablo (Hch. 18:19)

_27.El substituto de Pablo (Hch. 18:25)

_28.El poder de Pablo (Hch. 19:11-12)

_29.La acusación contra Pablo (Hch. 19:23)

_30.El milagro de Pablo (Hch. 20:10)

_31.La despedida de Pablo (Hch. 20:17)

_32.La travesía de Pablo (Hch. 21:1-3)

_33.El maltrato a Pablo (Hch. 21:35)

_34.El cambio en Pablo (Hch. 22:15)

_35.El argumento de Pablo (Hch. 23:1)

_36.La conspiración contra Pablo (Hch. 23:16)

_37.La acusación contra Pablo (Hch. 24:5)

_38.La apelación de Pablo (Hch. 25:12)

_39.La persuasión de Pablo (Hch. 26:28)

_40.La amonestación de Pablo (Hch. 27:10)

_41.La tormenta de Pablo (Hch. 27:14)

_42.El naufragio de Pablo (Hch. 27:44)

_43.La protección a Pablo (Hch. 28:1)

_44.El arribo de Pablo (Hch. 28:14)

_45.La estancia de Pablo (Hch. 28:30)

_Versiones de la Biblia empleadas en este libro

(A no ser que se indique de otra manera, en este libro se emplea la Versión Reina-Valera de 1960).

Traducción Latinoamericana (TL)

Nueva Versión Internacional (NVI)

Traducción En Lenguaje Actual (TLA)

Traducción En Lenguaje Actual (TLAD)

Reina Valera de 1960 (RVR1960)

Reina Valera de 1995 (RVR1995)

Reina Valera Contemporánea (RVR)

Dios Habla Hoy (DHH)

Dios Habla Hoy (DHHDK)

Biblia Peshita (BP)

_Prólogo

Al tratar de escribir una serie de sermones acerca de «Pablo de Tarso», lo hice al principio con mucha vacilación, ya que no es tarea fácil predicar sobre este «Gigante del Evangelio». San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia Occidental, declaró de Pablo de Tarso: «Pues él fue un verdadero león, un león rojo, el gran león de Dios». Después de Jesucristo, el «autor y consumador de la fe», Pablo de Tarso es el desarrollador de la fe cristiana.

Incluso los críticos seculares ven a Pablo de Tarso como «El Teólogo del Cristianismo». Su contribución al Nuevo Testamento es de unos trece libros: Romanos, 1 y 2 de Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 de Tesalonicenses, 1 y 2 de Timoteo, Tito y Filemón. Para algunos el libro a los Hebreos también corresponde a Pablo, sumando así un total de 14 libros. La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina (1569); la Biblia del Cántaro de Cipriano de Valera (1602); la Biblia Anotada de Scofield con el texto de Reina Valera de 1960, encabezan los Hebreos así: «La Epístola de San Pablo a los Hebreos».

El testimonio de la conversión de Saulo de Tarso se menciona tres veces en el libro de los Hechos y Gálatas. Incluso, ligeramente, otras epístolas de su autoría, reflejan su biografía espiritual. Y es la conversión más espectacular al cristianismo en el Siglo I.

Pablo de Tarso antes de ser un seguidor de Jesucristo, era un seguidor apasionado de su fe farisea, que lo llevó al extremo de ser un perseguidor para los seguidores del Mesías Jesús o «Los del Camino», como se les conocía antes de ser llamados de manera burlona «Cristianos», por primera vez en Antioquía de Siria.

Este fanático fariseo tuvo un encuentro personal con el Cristo Pascual, camino a Damasco, en el que éste se le reveló, siendo la última aparición del Cristo resucitado. Ese encuentro lo dejó ciego durante tres días y en su parto espiritual le ayudó un discípulo cristiano llamado Ananías.

De ahí en adelante, la misión de Pablo de Tarso fue la de anunciar la Buena Nueva, donde presentó a Jesucristo como el Mesías esperado por Israel, que vino en el cumplimiento de los tiempos, pero además se esforzó apasionadamente por llevar el evangelio de la gracia, a los rincones del mundo gentil que podía alcanzar. Fue defensor de la inclusión de los gentiles a la fe cristiana, abogando a favor de estos para que fueran parte de la iglesia sin pasar por los rituales judíos. De esa manera libró a los gentiles de judaizarse.

«Antes, por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión» (Gal. 2:7-9).

El futuro «Apóstol a los Gentiles», fue mirado con sospechas por muchos cristianos de Damasco primero y luego por muchos judeocristianos de Jerusalén. Bernabé, un personaje influyente entre los jerarcas y creyentes de Jesús en Jerusalén, lo protegió y se transformó así en el número dos al lado de Bernabé. Luego emergió como un número uno, transformándose en el «Gigante del Cristianismo».

«Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso» (Hch. 9:26-30).

Predicar sobre Pablo de Tarso fue una aventura incursionando en el desarrollo de la Iglesia de los Hechos con sus doctrinas y gobierno eclesiástico. En esta serie destaco dos grandes temas: La evangelización y las misiones.

Estando yo de visita en Roma, donde he estado muchas veces, visitamos la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo, y admiré las dos estatuas a la entrada de la puerta principal, una la de Pablo de Tarso y la otra la de Pedro El Pescador. También en la Plaza de San Pietro se pueden ver las estatuas de estos colosos de la fe cristiana. En la iconografía católica es común verlos a estos dos apóstoles juntos. ¡Dos titanes de la fe cristiana!

Este libro presenta una serie de homilías o sermones expositivos-textuales, combinando en ellos la exégesis contextual, la exégesis histórica y la exégesis lingüística con la aplicación práctica y devocional. Soy un apasionado de la homilética y, por lo tanto, presento la estructura del sermón con la escuela de divisiones ilativas-lógicas.

Cuando predico sobre un personaje bíblico leo y releo el texto bíblico relacionado con el mismo incontables veces, hasta que por decirlo así, me meto dentro del personaje bíblico y meto a la figura bíblica dentro de mí. Ando con el personaje, me siento con él, lo escucho y lo conozco. Es decir, me adentro en la historia bíblica y observo y señalo detalles que comparto luego con el oyente y luego con el lector al cual me dirijo. ¡Un disfrute total con las Sagradas Escrituras! ¡Disfruto nadando en el lago de las Sagradas Escrituras!

Dr. Kittim Silva Bermúdez

Queens, New York

Pablo en Los Hechos. Su conversión y su misión

001

El testimonio a Pablo

Hechos 7:58-60, RVR1960

«Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió».

Introducción

En Hechos 7:58-60 se menciona la lapidación del primer mártir cristiano, llamado Esteban. En dicha narración se hace la primera mención en el pasaje leído a «un joven que se llamaba Saulo» que estuvo presente ese fatídico día.

1. Las ropas de Esteban

«Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo» (Hechos 7:58, RV-60).

El lugar. Los judíos no lapidaban ni ejecutaban a ningún violador de la Ley dentro de las murallas de la ciudad, sino que lo hacían fuera de las murallas. Según la tradición Esteban fue apedreado fuera de la Puerta de las Ovejas, conocida desde la época de Sulimán como la Puerta de los Leones, por los cuatro leones que tiene en alto relieve. Para los cristianos es conocida como la Puerta de san Esteban.

Dice Hebreos 13:12 de esta manera: «Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta».

Jesús también fue crucificado fuera de la ciudad. Según una tradición evangélica desde el siglo XIX, en una cantera que está cercana a la Puerta de Damasco, Jesús fue crucificado y cerca sepultado en lo que se conoce como El Jardín de la Tumba. Ese llamado Calvario de Gordon por su descubridor, tiene forma de una calavera o cráneo humano y recuerda al nombre del que se le dio al lugar donde Jesús de Nazaret fue crucificado.

La tradiciones católica-romana, ortodoxa-griega, armenia, etíope, copta, entre algunas, identifican la crucifixión y sepultura con la Iglesia del Santo Sepulcro, señalada por la primera peregrina llamada santa Elena en el siglo IV. Lugares que para la época de la crucifixión de Jesucristo, estaban de igual manera fuera de la muralla de la ciudad.

De igual manera los creyentes somos llamados a ser probados «fuera de la ciudad» como Esteban y a «padecer fuera de la puerta» como Jesucristo. Fuera del templo salimos para llevar el vituperio: «Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio» (Heb. 13:13).

Debemos salir «fuera» llevando el desprecio y el rechazo a causa de nuestra fe evangélica. Si Jesús padeció por nosotros, también nosotros debemos padecer por Él. Los mártires, cuando la hora del martirio les llegaba, aunque estaban muy tristes por esa gran prueba humana, sabían que era una manera honrosa de testificar su fe cristiana.

La misión de la iglesia es afuera y no únicamente adentro. Es una fuerza centrífuga hacia afuera con la evangelización y las misiones y no simplemente una fuerza centrípeta hacía adentro con el culto (oraciones, alabanza y adoración). De ahí es la asignación dada por Jesús a sus seguidores y por ende a la iglesia, mediante «La Gran Comisión» de «id» (RVR-60). Que para muchos se ha transformado en la gran omisión «de quedaos».

«Pero él se acercó y les dijo: ‘Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo. Ustedes vayan y hagan más discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo’» (Mt. 28:18-20, TLA).

En Getsemaní, Jesús lloró por tercera vez, previo a su arresto para ser sentenciado y crucificado: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» (Heb. 5:7).

Llevar la cruz de Cristo no es una vergüenza, es una gloria. De esa manera lo vieron aquellos mártires del siglo I y el siglo II. Pedro fue crucificado con la cruz invertida porque no se sintió digno de ser crucificado como su Maestro.

Pedro de Alejandría, obispo en la ciudad que le da su apellido, que posiblemente murió por el año 311 d.C., declaró sobre la muerte del apóstol Pedro: «Pedro, el primero de los apóstoles, habiendo sido apresado a menudo y arrojado a la prisión y tratado con ignominia, fue finalmente crucificado en Roma».

Eusebio De Cesarea dijo que Pedro: «Fue crucificado con la cabeza hacia abajo, habiendo él mismo pedido sufrir así». Interesante que la profecía de Jesús acerca de la muerte de Pedro, solo se refiere a una muerte como mártir y no a la muerte por crucifixión. Pedro sería conducido a la muerte y aceptaría la misma para dar testimonio glorioso acerca de Jesús. Ser crucificado con la cruz invertida era morir mirando al cielo.

Andrés, al igual que su hermano Pedro, a quién trajo hasta Jesús, tuvo la gloria de la crucifixión. Él fue crucificado en una cruz en forma de X, con los brazos y las piernas extendidas. Símbolo del que abraza con los brazos del evangelio y se mueve con las piernas del evangelio.

Nosotros somos llamados a llevar espiritualmente la cruz de la negación propia. Mas que llevar una cruz colgada al cuello o ponerla en una pared, nosotros debemos cargarla cada día y ser crucificados en ella juntamente con Cristo. ¡Tenemos que vivir un discipulado de crucifixión! ¡Tenemos que ser entrenados en una vida de crucifixión.

«Luego Jesús les dijo a sus discípulos: ‘Si ustedes quieren ser mis discípulos, tienen que olvidarse de hacer su propia voluntad. Tienen que estar dispuestos a cargar su cruz y a hacer lo que yo les diga. Si sólo les preocupa salvar su vida, la van a perder. Pero si deciden dar su vida por mi causa, entonces se salvarán. De nada sirve que una persona gane en este mundo todo lo que quiera, si al fin de cuentas pierde su vida. Y nadie puede dar nada para salvarla. Porque yo, el Hijo del hombre, vendré pronto con el poder de Dios y con mis ángeles, para darles su premio a los que hicieron el bien y para castigar a los que hicieron el mal. Les aseguro que algunos de ustedes, que están aquí conmigo, no morirán hasta que me vean reinar’» (Mt. 16:24-28, TLA).

«En realidad, también yo he muerto en la cruz, junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme» (Gal. 2:20, TLA).

Las ropas. Aquellas «ropas» de Esteban (su manto y su túnica), fueron arrojadas a los pies del joven Saulo por los testigos manipulados en contra de aquel diácono helenizante de la iglesia judeo-cristiana. La mala justicia se disfraza como buena justicia para manifestar sus pretensiones de justicia.

Aquellas «ropas» fueron una señal profética del martirio futuro que luego caería sobre Pablo de Tarso. Este testimonio de las «ropas» de Esteban, Pablo de Tarso nunca lo dio. Pero de seguro, que en alguna conversación privada con el médico Lucas, compartió aquel recuerdo. Y Lucas, años después vio la importancia de registrarlo en su libro de los Hechos.

La palabra griega para joven es «neamías» y puede significar un joven de entre 25 a 40 años de edad. Saulo de Tarso tendría cerca de 30 a 35 años. Probablemente nació en el año 8 de la era cristiana, en el año 2008 la Iglesia Católica Romana celebró el «Año Paulino» de los dos milenios del nacimiento del Apóstol a los Gentiles. Es probable que Lucas utilice dicho término para también dejar ver la falta de madurez y de sabiduría espiritual en Saulo.

Dios habla por señales proféticas. El manto de Elías sobre Eliseo fue una señal profética del llamado a Eliseo:

«Elías se fue de allí y encontró a Eliseo hijo de Safat. Eliseo estaba arando su tierra con doce pares de bueyes. Él iba guiando la última pareja de bueyes. Cuando Eliseo pasó por donde estaba Elías, éste le puso su capa encima a Eliseo, y de esta manera le indicó que él sería profeta en lugar de él» (1 R. 19:19, TLA).

El manto que se le cayó a Elías y lo recogió Eliseo fue otra señal profética de que Eliseo era confirmado como el sucesor de Elías:

«Eliseo, viendo lo que pasaba, se puso a gritar: ‘¡Padre mío, padre mío, carro y fuerza conductora de Israel!’. Pero no volvió a verlo. Entonces agarró su ropa y la rasgó en dos» (2 R. 2:12, NVI).

«Luego recogió el manto que se le había caído a Elías y, regresando a la orilla del Jordán, golpeó el agua con el manto y exclamó: ‘¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?’. En cuanto golpeó el agua, el río se partió en dos, y Eliseo cruzó» (2 R. 2:13-14, NVI).

«Los profetas de Jericó, al verlo, exclamaron: ‘¡El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!’. Entonces fueron a su encuentro y se postraron ante él, rostro en tierra» (2 R. 2:15, NVI).

Pero antes de que Saulo de Tarso llegara a entender y a aceptar que era uno de los elegidos por el Señor Jesucristo para continuar la misión evangelizadora de Esteban, pasarían algunos años dando «coces contra el aguijón». Pero ya el Espíritu Santo lo tenía en la mirilla y Jesucristo personalmente tendría que tratar con él.

Por ahí andan muchos huyendo de Jesucristo, actuando como sus enemigos, aplaudiendo las malas acciones del mundo, pero Jesucristo ya los está velando. La red del evangelio se está abriendo para ellos. Tarde o temprano tendrán que venir humillados para ser salvados por el Salvador Jesucristo.

Aquellas eran las «ropas» de la futura elección como apóstol y misionero para un Saulo de Tarso, que vivía su presente, pero ya Jesucristo le tenía marcado su futuro. Eran las ropas del martirio que algún día con honor Saulo de Tarso llevaría como testimonio ante el verdugo romano.

2. La invocación de Esteban

«Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu» (Hch. 7:59).

El nombre Esteban es una traducción al castellano del nombre griego Στέφανος «Stéphanos» y significa «corona». Y encaja proféticamente con su testimonio como mártir. Esteban fue uno de los siete diáconos judeo-helenistas o judíos de habla griega, seleccionados para «servir a las mesas» de los pobres (Hch. 6:5). Se perfiló como profeta predicador carismático.

Esteban expresó el discurso más extenso del libro de los Hechos, pues tiene el solo la misma extensión que los tres discursos de Pablo de Tarso en dicho libro. Ese discurso de Esteban menciona a Abraham, Isaac, Jacob, los doce príncipes de los hebreos, a José y la hambruna de la tierra, la salida del pueblo hebreo de Egipto por intermedio de Moisés y el peregrinaje del desierto. Y eso demuestra cómo el Espíritu Santo lo inspiró para predicar.

Esteban, mientras era martirizado, tomó prestados elementos de la primera palabra y de la última palabra, oraciones que su Salvador Jesucristo expresó al Padre Celestial desde el altar del Calvario.

En la primera palabra Jesús oró. «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, los echaron a suertes» (Lc. 23:34).

El Dr. Martin Luther King, Jr. escribió sobre esa expresión «... perdónalos, porque no saben lo que hacen»:

La historia abunda en testimonios de esta tragedia vergonzosa. Hace siglos, un sabio llamado Sócrates se vio obligado a beber cicuta. Los hombres que exigían su muerte no eran malos, ni tenían sangre de demonios en las venas. Al contrario, eran sinceros y respetables ciudadanos de Grecia. Sostenían que Sócrates era ateo porque su concepto de Dios tenía una profundidad filosófica que iba más allá de los conceptos tradicionales. Sócrates fue inducido a la muerte, no por maldad, sino por ceguera. Saulo no tenía mala intención al perseguir a los cristianos. Era un devoto sincero y consciente de la fe de Israel. Pensaba que iba por el buen camino. Perseguía a los cristianos no por falta de rectitud, sino por falta de luz. Los cristianos que emprendieron las persecuciones infamantes y las inquisiciones vergonzosas no eran hombres malos, sino hombres equivocados. Los eclesiásticos que creían tener la misión divina de oponerse al progreso de la ciencia bajo la forma del sistema planetario de Copérnico o de la teoría de Darwin sobre la evolución no eran malvados, sino que estaban mal informados. Las palabras de Cristo en la cruz expresan una de las tragedias más hondas y trágicas de la historia: «No saben lo que hacen» (La Fuerza de Amar. Publicado por Acción Cultural Cristiana. Madrid, España. Publicado en el año 1999, página 42).

En la séptima palabra Jesús oró. «Jesús gritó con fuerza y dijo: ‘¡Padre, mi vida está en tus manos!’. Después de decir esto, murió» (Lc. 23:46, TLA).

La oración del mártir judeo-helenista fue: «Mientras le tiraban piedras, Esteban oraba así: ‘Señor Jesús, recíbeme en el cielo’. Luego cayó de rodillas y gritó con todas sus fuerzas: ‘Señor, no los castigues por este pecado que cometen conmigo’. Y con estas palabras en sus labios, murió» (Hch. 7:59-60, TLA).

Ambas oraciones del Mesías Jesús, Esteban las hizo propias y personales. Esteban entregó al cuidado eterno del «Señor Jesús» que descendió y ascendió, el cuidado de su alma-espíritu. Esteban es el protomártir de los mártires cristianos, el primero que con su sangre bañaría el campo de la evangelización. Con esa sangre de los mártires se humedecieron los surcos donde era plantada la semilla del evangelio.

El protomártir Esteban fue apedreado a las afueras de lo que hoy se conoce como «La Puerta de los Leones» (por el diseño de cuatro leones sobre el arco superior de la entrada) en el lado este de la muralla. La tradición cristiana ortodoxa la llama «La Puerta de San Esteban». Cuando se entra por la misma se llega al «Estanque de Betesda» y a la Iglesia de Santa Ana en el barrio Cristiano.

En la iconografía católica, anglicana y ortodoxa, se presenta a Esteban con tres piedras, dos piedras sobre sus hombros y una piedra sobre su cabeza y en su mano derecha un libro y en la izquierda la palma del martirio. En la iconografía oriental se presenta con una iglesia o un incensario en su mano. En la Iglesia Ortodoxa con el monasterio en el valle de Cedrón, cerca de la Puerta de San Esteban, se venera el lugar de la lapidación de Esteban.

Otra tradición religiosa ubica la lapidación de Esteban fuera y cerca de la Puerta de Damasco. Allí se conmemora con la Basílica de San Esteban o la Iglesia de San Esteban. Está cerca de la calle Nablus. Bajo la emperatriz Eudocia se construyó un templo para conmemorar el evento, y ella luego fue sepultada allí.

La meta de todo creyente es que algún día cercano o lejano, pueda entregar en las manos del Amado su alma-espíritu. La vereda de la Iglesia está marcada en rojo por la sangre del Cordero-Hombre. Del Génesis al Apocalipsis fluye un río rojo de la sangre del Cordero Mesías.

Esteban terminó su discurso con estas palabras: «Pero como Esteban tenía el poder del Espíritu Santo, miró al cielo y vio a Dios en todo su poder. Al lado derecho de Dios estaba Jesús, de pie. Entonces Esteban dijo: ‘Veo el cielo abierto. Y veo también a Jesús, el Hijo del hombre, de pie en el lugar de honor’» (Hch. 7:55-56, TLA).

El poder en Esteban. «Esteban tenía el poder del Espíritu Santo, miró al cielo y vio a Dios en todo su poder». El Espíritu Santo, el gran «empoderador» de la iglesia de Hechos, fue el poder que abrió el cielo para Esteban para así ver a «Dios en todo su poder».

La visión de Esteban. «... Al lado derecho de Dios estaba Jesús, de pie». Tuvo una visión de Jesús, el Hijo de Dios, en su estado de gloria, a la derecha de Dios Padre. Es como si el Jesús entronizado se hubiera levantado para recibir al mártir Esteban.

El testimonio de Esteban. «Veo el cielo abierto. Y veo también a Jesús, el Hijo del hombre, de pie en el lugar de honor». No se sabe nada de si Esteban pudo haber visto a Jesús resucitado aquí en la tierra, pero lo vio resucitado como «Hijo del hombre», levantado en un sitial de honor, disfrutando aquella gloria eterna que su encarnación le interrumpió, pero que su resurrección y ascensión le devolvió.

Tú y yo podemos tener una visión de cielos abiertos, de ver la gloria de Jesús manifestada en las reuniones congregacionales y en los devocionales personales. Ora, adora y alaba para que los cielos se abran para ti. ¡Vivimos en tiempos de cielos abiertos!

3. La oración de Esteban

«Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió» (Hch. 7:60).

La posición. Esteban oró arrodillado. Jesús el Mesías le había enseñado a sus discípulos a orar de rodillas. Esteban que era la segunda generación de creyentes judeocristianos, aprendió a orar de rodillas. Lo tradicional para el judío era y es orar de pie o sentado. Pero en la tradición cristiana modelada por el mismo Señor Jesucristo, la oración de rodillas representa humillación, rendición y reverencia. Pero sea que oremos sentados, oremos de pie, oremos acostados, oremos caminando, lo importante es que oremos.

Age restriction:
0+
Release date on Litres:
23 October 2025
Volume:
382 p. 4 illustrations
ISBN:
9788417131777
Publishers:
Copyright Holder::
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