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LA SOMBRA RELIGIOSA
AMERICANA
CÓMO EL PROTESTANTISMO DE LOS EE.UU.
IMPACTA EL ROSTRO DE LA IGLESIA
LATINOAMERICANA.
IDENTIDAD Y RELEVANCIA
José Luis Avendaño

| Editorial CLIE C/ Ferrocarril, 8 08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA E-mail: clie@clie.es http://www.clie.es | © 2021 por José Luis Avendaño «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2021 por Editorial CLIE |
LA SOMBRA RELIGIOSA AMERICANA
ISBN: 978-84-18204-49-4
eISBN: 978-84-18204-50-0
Cristianismo
Historia
José Luis Avendaño es un Doctor (PhD) en teología y filosofía por la Universidad de Toronto, de nacionalidad chilena. Ha realizado estudios en ciencias teológicas y bíblicas en diversas instituciones de América Latina (Chile, Argentina, Costa Rica). Ha servido como pastor luterano en los Estados Unidos por la Evangelical Lutheran Church in America. Dentro de sus diversos intereses académicos destacan, tópicos tan variados, como el estudio de la American Religion y su influjo en el contexto evangélico de América Latina; la tradición sinóptica y el Jesús histórico; la teología de la Reforma; corrientes teológicas contemporáneas y el problema de la teodicea. Ha publicado un estudio sobre el evangelio de Marcos y su tesis doctoral, Teodicea a la luz de la theologia crucis. Martin Lutero ante el misterio del sufrimiento humano, cristiano.
DEDICATORIA
A mi madre y al recuerdo de mi padre.
ÍNDICE GENERAL
Prólogo por Manfred Svensson
Presentación
I. VERDAD EN POSTERGACIÓN DE LA CONTEXTUALIDAD. LAIDENTIDAD COMO IMPERATIVO
1.PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
2.UNA HERENCIA DESDE EL NORTE
2.1.Influjo misional en el marco de un incipiente interés geopolítico y económico
2.2.América Latina, “una zona oscura y tenebrosa”
2.3.Profundización de los contenidos de la American Religion. Una tarea pendiente
3.EL FUNDAMENTALISMO
3.1.Origen del fundamentalismo
3.2.Principios de la identidad fundamentalista
3.2.1.Principio político
3.2.1.1.El contacto con una sociedad y una cultura abiertas ya a la modernidad
3.2.1.2.Inicio y desarrollo del antiintelectualismo
3.2.1.3.El antiintelectualismo evangelicalista. Primer y Segundo Despertar
3.2.1.4.El fin de la Segunda Guerra. Un cambio de escenario misional y de estrategia política
3.2.1.5.La nueva derecha cristiana
3.2.1.6.El asunto de Israel
3.2.1.7.Su legado para América Latina
3.2.2.Principio cultural
3.2.2.1.Aspectos preliminares
3.2.2.2.La dinámica de la subcultura
3.2.2.3.Evangelio y American way of life
3.2.2.4.Aciertos y contrariedades
3.2.3.Principio teológico
3.2.3.1.Aspectos preliminares
3.2.3.2.El asunto del biblicismo
3.2.3.3.Conclusión
3.3.El neopentecostalismo
3.3.1.Aspectos preliminares
3.3.2.Ruptura y continuidad
3.3.3.Escatología terrena y teodicea de la felicidad
3.3.4.Un sistema cúltico que hace a la teología y se constituye en primer elemento misional
3.3.5.Espacios cúlticos, visiones sobre Dios, el discurso de la prosperidad
3.3.6.Conclusión
3.4.El fundamentalismo. Una observación final
4.LAS REORTODOXIAS
4.1.Aclaraciones previas
4.2.Los riesgos
4.3.Conclusión
5.EL MOVIMIENTO DE LAS IGLESIAS EMERGENTES
5.1.Aclaraciones previas
5.2.Lectura crítica de la religiosidad convencional
5.3.Reestructuración organizacional y teológica de las iglesias. Dan Kimball y Brian D. McLaren, dos propuestas
5.4.Un intento de evaluación
II. CONTEXTUALIDAD QUE CONDICIONA ELLAMISMA A PRIORI EL CRITERIO DE VERDAD.LA RELEVANCIA COMO IMPERATIVO
1.PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
2.TENDENCIAS EN AMÉRICA LATINA
2.1.La relevancia como imperativo
2.2.Modelos crítico-teóricos y distanciamiento hermenéutico
2.3.El quehacer teológico como ejercicio de mediación
2.4.Teología de la liberación y teologías del genitivo
2.4.1.Aspectos preliminares
2.4.2.Ejes conductores
2.4.2.1.Compromiso
2.4.2.2.Pobre y pobreza
2.4.2.3.Lo popular y contextual
2.4.2.4.Ruptura con la historia del pensamiento cristiano y filosófico, y la referencialidad confesional
3.EL PROGRESISMO POSMODERNO
3.1.Aspectos preliminares
3.2.El progresismo en su modalidad eclesiástica-teológica
3.3.Progresismo teológico, que no liberalismo teológico. Inicios del movimiento
3.4.Modernidad, secularización y el recurso práctico de la posmodernidad
3.5.Aclaraciones sobre el término
3.6.Elementos esenciales del progresismo posmoderno
3.6.1.El institucionalismo como identidad
3.6.2.Régimen laicista y liderazgo eclesial
3.6.3.Justicia social y discurso horizontal
3.6.4.Diálogo con las religiones del mundo, cultura y sociedad
3.6.5.Políticas educacionales, la glorificación de las minorías
3.6.6.El trabajo misional con las comunidades hispanas y construcción cultural de América Latina
3.6.7.Educación teológica en el marco del nuevo giro de la educación superior
3.6.8.El asunto de la literatura en general y de la teología en particular: producción literaria y políticas de traducción al español
III. IDENTIDAD Y RELEVANCIA. SU RELACIÓN DIALÉCTICA YCLAVES DE INTEGRACIÓN PARA EL QUEHACER ECLESIÁSTICO YTEOLÓGICO EVANGÉLICO DE AMÉRICA LATINA
1.PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
2.DOS EXPLICACIONES SOBRE EL TEMA
2.1.Pasión por la gran comisión
2.2.Hábitos del corazón: Una natural tendencia hacia la polarización y la escisión
2.3.Conclusión
3.LA INSISTENCIA EN UNA TEOLOGÍA ESTRICTAMENTE REGIONAL, COMO VÍA PARA ALCANZAR UNA TEOLOGÍA DESCRIPTIVA DE AMÉRICA LATINA. UN COTEJO CON EL PROYECTO FILOSÓFICO HISPANOAMERICANO
3.1.Universalidad y regionalidad
3.2.Apertura y clausura
3.3.Crítica intercultural al proyecto filosófico latinoamericano
4.EL PROCESO DE INTERNALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO EN AMÉRICA LATINA
4.1.El periplo
4.2.Caracterizaciones
4.3.Ausencia de filosofía propia. La tarea de nuestra filosofía
4.4.Conclusión
4.5.Semblanzas y contrastes con el quehacer de la teología
5.EL CAMINO DEL QUEHACER ECLESIÁSTICO Y TEOLÓGICO EVANGÉLICO LATINOAMERICANO. UNA PROPUESTA
5.1.Aspectos preliminares
5.2.Recuperación de lo universal y lo circunstancial como camino hacia un quehacer teológico evangélico auténtico y profundo
5.3.Recuperación de la dimensión del misterio
5.4.Recuperación de la dimensión ecuménica sobre la base de un diálogo profundo y veraz entre las iglesias
5.5.Recuperación de la correcta articulación dialéctica de la dimensión de la identidad y de la relevancia
BIBLIOGRAFÍA
PRÓLOGO
El lector tal vez recuerde que unos años atrás, el presidente venezolano Hugo Chávez tomó la decisión de expulsar de su país a una organización misionera estadounidense llamada “Nuevas Tribus”. A su juicio, la actividad de esta organización constituía una “verdadera penetración imperialista”. Si alguien toma el presente libro en sus manos y cree que en él encontrará el respaldo histórico o teológico para una decisión como la de Chávez, si espera encontrar en él la simple denuncia de las iglesias evangélicas como brazo del imperialismo o el capitalismo, se verá ampliamente defraudado.
Porque como bien lo indica el subtítulo, lo que se busca esclarecer aquí es la influencia del genio religioso norteamericano sobre nuestro continente. Tal como con la tradición de reflexión política occidental, que pervive en Estados Unidos, pero con énfasis muy propios, el cristianismo que ahí llegó sufrió una transformación significativa, no en el sentido de un explícito cambio doctrinal, sino en términos del espíritu que caracteriza a toda su vida religiosa (patente en el tipo de relación que se cultiva con la tradición previa, en su antiintelectualismo, su resistencia a la mediación, etc.). Es esa religiosidad americana, que está lejos de agotarse en una política imperialista, la que aquí es estudiada como un factor determinante sobre las variadas corrientes del evangelicalismo latinoamericano. Este libro se yergue pues contra el “pensamiento único”, pero precisamente desde una conciencia de que lo que entre nosotros se ha impuesto como pensamiento único y como “modelo cultural homogeneizante y tutelar, no ha sido desde luego el gran acervo teologal presente en la historia del pensamiento cristiano, los grandes credos ecuménicos, la herencia teológica de los Reformadores”, sino más bien “la desreferencialidad y la ruptura más radical”.
Pero la desconexión entre la religión americana y fenómenos como la expulsión de las “Nuevas Tribus” no es total; Chávez tomó su decisión poco después de que Pat Robertson, en su programa El Club 700, afirmara que el gobierno norteamericano debía tomar la decisión de acabar con la vida del presidente venezolano, por constituir una “amenaza terrorífica” para Norteamérica. Tales dichos, que en boca de otros podrían constituir una imprudente salida de libreto, aquí más bien parecen un ejemplo típico (el lector encontrará en estas páginas muchísimos más) de la derecha religiosa. Esta es, en efecto, una manifestación política y teológica muy significativa de esta religión americana. Con todo, ella no agota el espectro de dicha religiosidad, y la conciencia de ese hecho es lo primero que vuelve singular al libro que el lector tiene entre sus manos.
La denuncia contra la derecha religiosa como un producto norteamericano, cuya influencia sobre Latinoamérica es considerable, no es, en efecto, nada inusual. Inusual resulta, en cambio, el esfuerzo del presente libro por mostrar como igualmente propios de la religión americana al posmodernismo y a la izquierda cultural en sus manifestaciones religiosas. Inusual es que se esté buscando la religión americana no solo en sus manifestaciones extravagantes, sino donde es más imperceptible, donde hay incluso una apariencia de distancia al respecto de la cultura americana; por decirlo de otro modo, inusual es que se esté dispuesto a explorar en una misma obra lo que une a un Pat Robertson con un Brian McLaren. Bien puede decirse, de hecho, que el objeto de este libro son las simetrías entre movimientos aparentemente antagónicos, simetrías que se explican por el genio característico de la religiosidad norteamericana.
Pero con eso hemos hablado solo de una parte del título, por decirlo así, dejando de lado los términos “identidad” y “relevancia”. Conviene reparar en ello porque, de lo contrario, podría reducirse la problemática a una mera discusión sobre las simetrías entre derecha e izquierda. Ya eso tendría por supuesto cierto valor, en particular para quienes solo tengan ojos para ver los problemas de una (cualquiera de las dos) de esas orientaciones políticas. Pero con eso quedaría muy en el trasfondo la preocupación realmente central de este libro, que, de principio a fin, y con todo lo detenido que en otro sentido pueda ser su análisis cultural, es una preocupación teológica. Las diferencias que políticamente podrían ser expresadas como de derecha e izquierda son aquí revisadas con miras al polo al que se orienta cada tendencia teológica o eclesiástica dentro de la dialéctica entre identidad y relevancia. Con tales conceptos José Luis Avendaño se refiere, por una parte, a quienes buscan ante todo preservar una identidad distintivamente cristiana y, por la otra, a quienes buscan presentarla de un modo relevante para el propio contexto (posmoderno, latinoamericano, o lo que fuere). Que todo intento por expresar genuinamente el cristianismo implicará una atención debida a la identidad cristiana, sin diluirla en lo que sea que se presente como objeto de su misión, pero que dicha identidad es para algo y que, por lo tanto, el momento de relevancia también tiene que estar siempre en la mira, es algo que el autor tiene claramente presente, y que le permite estar reconociendo en cada uno de los polos momentos de lo cristiano, en lugar de escribir una simple obra de denuncia. Pero su valor radica precisamente en la independencia –una independencia de juicio muy difícil de encontrar en nuestro medio– con la que diagnostica características unilateralidades del “radicalismo de la identidad” y del “radicalismo de la relevancia”.
Al acometer tal tarea, José Luis naturalmente está consciente de estar trabajando en base a “tipos”, cuya concreción en la realidad muchas veces es más matizada que lo discernible en los pocos párrafos que se puede dedicar a cada tema. Esto es así al respecto de cada uno de los asuntos implicados en esta discusión. La delimitación de lo que ha de contar como evangelical, por ejemplo, es de una dificultad considerable, suficiente como para preguntarse por la utilidad del término. Si se le sigue considerando útil, y se caracteriza lo evangelical en contraposición con un mainstream protestantism, por el polo de la identidad, se habrán iluminado elementos considerables de dicha mentalidad, pero no es menos cierto que también el polo evangelical de la cultura eclesiástica norteamericana, incluso cuando se le siga caracterizando como de derecha, es capaz de configurarse de un modo muy significativo por la búsqueda de relevancia (algo que, en la tipología de José Luis Avendaño, correspondería más bien a la tendencia de la izquierda cultural y eclesiástica). Os Guinness dedicó hace una década un libro entero, su Prophetic Untimeliness: A Challenge to the Idol of Relevance, a dicha cuestión. Pero eso, lejos de echar por tierra la propuesta de José Luis, me parece que más bien confirma las intuiciones básicas de este libro, a saber: aquellas sobre la medida en que los polos aparentemente opuestos de esta cultura religiosa pueden ser retrotraídos a un mismo espíritu característico.
Pero esta obra no se agota en una simple identificación de un determinado espíritu de la religión americana, sino que desciende a cuestiones particulares con bastante detención. Entre ellas se encuentran no solo preocupaciones como la de la forma que pueda adoptar una actividad ecuménica que escape a las peculiaridades de un énfasis exclusivo en identidad o relevancia, sino que se encuentra también una amplia preocupación por la educación teológica en el marco de los cambios que ha sufrido la educación superior. Rara vez en la literatura latinoamericana sobre la educación teológica hay tal reflexión previa sobre el estado general de la educación superior en la cultura contemporánea, y ya eso hace que valga la pena la lectura de este libro. En esto desciende, por lo demás, a situaciones específicas en las que se materializan políticas: las decisiones, por ejemplo, al respecto de qué literatura teológica traducir, una decisión de primera relevancia si se considera lo escaso que sigue siendo en el mundo latinoamericano el acceso a literatura en otros idiomas. Sería de sumo interés un análisis más exhaustivo de este punto, que contrastara las diversas editoriales influyentes del mundo evangélico hispanoparlante; las preguntas aquí planteadas parecen una buena guía en dicha dirección.
Cabe, por último, plantear algunas dudas al respecto de la medida en que lo aquí estudiado podría ser convertible a un estudio no sobre lo característicamente americano de nuestra religiosidad, sino de lo característicamente moderno de la misma. Los dos polos en que este espíritu se ve refractado, identidad y relevancia, o fundamentalismo y relativismo, son, en efecto, polos a los que se tiende no solo bajo condiciones propias del espíritu norteamericano, sino que constituyen una división que –como testifican, por ejemplo, los estudios reunidos por Peter Berger en Between Relativism and Fundamentalism– bien puede ser reconducida a escisiones característicamente modernas. Bien cabe preguntarse si en medio de nuestra preocupación contextual seguimos en buena medida ciegos al más general de nuestros contextos: la modernidad. Pero esta por supuesto no es una alternativa al estudio de la religiosidad americana, sino algo complementario. De hecho, como en más de un lugar de este libro se apunta, la religión americana y su subyacente American way of life han contribuido de modo significativo a nuestro enajenamiento al respecto de cualquier tradición previa, y dicho enajenamiento ha llevado a la pérdida de todo punto de contraste que nos permita ver lo característicamente moderno de nuestra situación. Por lo mismo, también las tendencias antimodernas en nuestro seno adquieren un sabor moderno: antiarminianismo, antiliberalismo y fenómenos similares se hacen presentes en nuestro medio, pero su peculiaridad como momentos de una historia de la teología no es percibida (más bien, reemergen siempre con un aire decimonónico), y por lo tanto no logran plantearse como efectiva alternativa a la situación contemporánea, sino que se convierten siempre en una cara de la misma situación.
Seminaristas, pastores y creyentes con fuerte interés teológico, todos encontrarán cuestiones de interés en estas páginas. No es prerrequisito para ello tener una disposición hostil hacia la cultura norteamericana; sí es prerrequisito tener algo de espíritu crítico (que el autor agradecerá también al respecto de su propio texto).
Manfred Svensson
Doctor en Filosofía por la Ludwig-Maximilians-Universität,
München (Alemania). Actualmente es profesor en el Instituto de
Filosofía de la Universidad de los Andes (Chile)
PRESENTACIÓN
Quienquiera se haya involucrado en el quehacer teológico formal, se habrá enfrentado en más de alguna oportunidad a la tan decisiva pregunta de si, al final de cuentas, todo aquel conjunto de tradiciones y saberes que constituyen esta actividad sirven al propósito de afirmar y clarificar, para cada nueva generación y aun para su propia vida, el mensaje central de la fe cristiana, a saber: Jesús, el Cristo, su vida, su mensaje, su muerte y su resurrección. Es cierto, no lo podríamos obviar; tan crucial interrogante le afecta a aquel hipotético sujeto en su condición de teólogo cristiano, le afecta, además, en relación con su particular especialidad teológica, le afecta en tanto suscriptor o simpatizante de una determinada escuela, le afecta también como hombre o mujer que vive y se desenvuelve en una específica cultura y sociedad, le afecta, claro está, como miembro de una particular tradición eclesiástica, pero le afecta aún más, en lo más cabal de su existencia cristiana, en la medida en que aquella pregunta no se reduce simplemente a un asunto de interés estadístico o estructural, sino a lo que aquel Jesús, crucificado y resucitado, le dice y lo compromete en lo concreto de su propia humanidad, y en el cómo el quehacer eclesiástico y teológico ha contribuido en preservar y esclarecer dicha realidad. Sin embargo, esto que constituye una impostergable dilucidación personal, ineludible toda vez que el teólogo no discurre en torno a un principio divino general, sino en relación directa con el Dios de la historia y, más precisamente, su revelación, Cristo y su Palabra, podemos afirmar además que ha sido la pregunta que ha concitado a través de todos los tiempos los esfuerzos más sensibles de la Iglesia toda y de cada generación cristiana. Hállanse implicados en tal pregunta, por lo demás, y en todos sus esfuerzos de abordarla, dos dimensiones indisolubles del mensaje cristiano, esto es: los conceptos de identidad y de relevancia. Nos referimos con aquello de la identidad y la relevancia a aquel dialéctico movimiento que se establece en torno al mensaje fundante de nuestra fe, y que no es otro, respecto a lo primero, que la afirmación de su verdad, entendida como verdad revelada, que incluye el seguimiento de su despliegue en la historia de sus interpretaciones1, como, al respecto de lo segundo, la preocupación por el impacto relevante de esta verdad, a modo de participación contextual.
Ya Paul Tillich, al comienzo de su Teología sistemática, podía afirmar abiertamente que la función más importante del quehacer teológico en cuanto órgano de la iglesia no es otra, sino “la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y la interpretación de esta verdad para cada nueva generación”2. Ciertamente, nadie podría negar que, en el esfuerzo por preservar la verdad insustituible del mensaje cristiano, su particular identidad, como mensaje que se distingue de todas las demás voces y anuncios de este mundo, y en el empeño a su vez por traducir esa inmutable proclamación a las oscilantes categorías de comprensión humanas, propias de cada cultura y generación, radica la labor teológica esencial de la iglesia cristiana. Y, no obstante, ¿quién podría desconocer también en esta tarea tan fundamental al propio ser de la iglesia, aquello que asimismo le ha enfrentado a su mayor crisis y desgarramiento internos, toda vez que a esta no siempre le ha resultado labor fácil el discernimiento del correcto modo de relacionar la afirmación y la interpretación del mensaje de nuestra fe? ¿Quién no podría advertir, entre tanto, tras el fraccionamiento de una misma familia denominacional, la evidente polarización de sus bandos al enfatizar una dimensión a expensas de la otra, ora la de la identidad, ora la de la relevancia, de aquel mismo e indisoluble discurso cristiano? Más aún, si tuviéramos que someter a evaluación nuestro propio cometido como quehacer teológico y eclesiástico evangélico latinoamericano, en función de acceder a una armónica correlación entre ambas inseparables dimensiones de la fe, ¿diríamos que lo que ha primado aquí ha sido el saludable fluir dialéctico de ambas funciones o, simplemente, la exacerbación polarizante de una sola de ellas? ¿Podríamos afirmar que, en nuestro afán de una presurosa interpretación de aquel mensaje a la contingencia política, social o cultural de nuestra América Latina, y en el intento de destacar, claro está, su continua dimensión relevante, se ha sabido siempre preservar la afirmación de aquella revelada verdad y la referencia histórica de sus sistematizaciones, que resulta inseparable de su propia identidad? Y, a modo de indispensable contraparte, ¿podríamos constatar que, a aquella ferviente valoración por la verdad de este mensaje, incluso en su articulación doctrinal o confesional, le ha seguido siempre su eficaz internalización en las urgencias más vitales de nuestra vida social, cultural, continental?
Ahora bien, en la medida en que el hilo conductor que engarza cada uno de estos interrogantes se decanta en torno a aquel mismo principio de identidad y relevancia del mensaje cristiano, y al respecto del modo en que se ha de relacionar a ambos, permítasenos adelantar, en reacción a aquello, una declaración preliminar que resulte, al mismo tiempo, en propuesta programática de lo que a través de toda esta presentación intentaremos ensayar: ninguna contribución verdaderamente significativa al quehacer teológico y eclesiástico de América Latina podría darse por satisfecha en la actualidad con una comprensión de la fe cristiana que señale nada más que su carácter normativo y doctrinal, al margen de toda atención a su desarrollo histórico, como así también a su impostergable compromiso con la realidad contextual, pero, mucho menos, con permitir que sean aquella misma evolución y regionalidad las que configuren en exclusiva y prácticamente a priori el criterio de identidad. Empero, para que esta afirmación directriz logre articularse en lo concreto de una matriz social, cultural y continental, y sortee así los límites de la correcta pero abstracta declaración de principios, debe antes seriamente considerar la evidente complejidad que ofrece en la actualidad el escenario evangélico de América Latina. Un escenario, tanto eclesiástico como teológico, mucho más diversificado y complejo que el de hace treinta años, y en el que confluyen, solo por nombrar algunos de sus actores más notorios y en principio virtualmente antagónicos, desde el fundamentalismo, las ortodoxias, el pentecostalismo autóctono, los recientes movimientos neopentecostales y los grupos emergentes, hasta la teología de la liberación, las teologías del genitivo3 y los incipientes bloques progresistas. Y, sin embargo, más allá de la diversidad de expresiones y modalidades, no siempre fáciles de reconocer o clasificar, que se dan cita en el contexto evangélico de nuestro continente, creemos posible advertir dos tendencias preponderantes que, aunque sean disímiles en su origen y muchas veces excluyentes entre sí, convergen no pocas veces en el curso de su desarrollo en similares comportamientos polarizantes. Ambas tendencias giran, a nuestro juicio, también en torno a la dimensión de la identidad y la relevancia del mensaje cristiano, pero la mayoría de las veces exacerban, no obstante, una sola de estas inalienables funciones. Llamaremos a este movimiento unidireccional: verdad (identidad) en postergación de la contextualidad (relevancia), y contextualidad que condiciona ella misma a priori el criterio de verdad. Ciertamente, qué duda puede haber de que en el cuidado por no encallar en ninguna de estas aporías reside en parte aquello que le permitirá al quehacer teológico y eclesiástico evangélico de nuestro continente desarrollar una sana relación dialéctica entre ambas fundamentales dimensiones de la fe cristiana –la identidad y la relevancia– que, junto con la continuidad y fidelidad hacia su acervo histórico (teología in oratione obliqua), posibilite a su vez la iluminación creativa y desafiante del presente (teología in oratione recta)4.
Esa diversidad de formas y expresiones que a la sazón dan forma al variopinto escenario evangélico de América Latina, y cuya complejidad en cuanto al análisis no podría ser desconocida, discurre, no obstante, y a pesar de todo aquello, bajo un determinado horizonte espiritual y de sentido –lo evangélico–, y este bajo una particular fuerza histórica e ideológica, que le ha insuflado su contenido –los grupos y movimientos misioneros que han sido gestores de la evangelización en nuestro continente, con casi total hegemonía entre estos, aquellos provenientes de los Estados Unidos–. Tales grupos y movimientos, en efecto, han sido no solamente responsables por la introducción del protestantismo en América Latina –y ya al nivel de empresa misionera, enhorabuena– o de aquello que en tan alta medida se tiende a afirmar y a comprender en nuestro medio como lo evangélico, sino además por el modo en que se ha llegado a establecer en el mismo la relación entre la dimensión de la identidad y de la relevancia del mensaje cristiano. Sea necesario, por tanto, y a la luz de estas fundamentales afirmaciones, realizar dos importantes clarificaciones, tanto en relación con lo que queremos mentar por lo evangélico, como por el alcance que pretendemos asignarle a aquello de las dimensiones de la identidad y la relevancia dentro de este contexto específico. Al respecto de la relación con lo evangélico, o si se quiere, con el concepto aquel de iglesia evangélica, no es sorpresa para nadie el hecho de que el término puede bien prestarse (y se ha prestado) a más de una ambivalencia o confusión. En efecto, mientras por lo general en Alemania o en muchas iglesias luteranas de Europa, la iglesia luterana es, por antonomasia, la iglesia evangélica, y bajo este término es conocida, entre tanto que a otras confesiones o denominaciones cristianas se las designa específicamente por su nombre –por ejemplo: iglesia católica, iglesia bautista, iglesia pentecostal, etc.–, en el mundo anglosajón, lo evangelical hace referencia a aquellas facciones del protestantismo estrictamente de cuño conservador, cuando no directamente fundamentalistas, y generalmente refractarias tanto a la actividad ecuménica y al diálogo con otras religiones, como al involucramiento en el área de lo social y lo político. Por otra parte, sabido es que no pocos cristianos evangélicos en América Latina preferirían no ser clasificados bajo aquella particular designación de lo evangélico, sino directamente como protestantes, en la medida en que tienden a asociar lo primero con aquellas corrientes cada vez más vaciadas de las fuerzas históricas características de la Reforma –teológicas, litúrgicas, espirituales–, como rendidas ya a las peculiares formas de un evangelicalismo o protestantismo reconvertido según la cultura y el espíritu religioso de los Estados Unidos, aunque, por lo demás, sean muy conscientes de que las tales resultan ser, en este concierto latinoamericano, las corrientes realmente más representativas, sino directamente hegemónicas. Tal reclamo, que al menos desde el punto de vista del análisis formal bien podría hallar justificada razón, se estrella, sin embargo, con las delimitaciones de su propia descripción, en el sentido de que, reconocido el hecho de que son precisamente estas corrientes y no otras las que predominan en el protestantismo de América Latina, no es posible en consecuencia distanciarse tan fácilmente de aquella designación, incluso si se concediera el caso de que la misma podría resultar, para algunos, reduccionista o abiertamente incómoda.
© 2021 por José Luis Avendaño «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2021 por Editorial CLIE