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POESÍA


JOSÉ GARCÍA NIETO

JOSÉ GARCÍA NIETO

POESÍA

Introducción y selección de

Joaquín Benito de Lucas

COLECCIÓN OBRA FUNDAMENTAL



COLECCIÓN OBRA FUNDAMENTAL

Responsable literario: Francisco Javier Expósito

Cuidado de la edición: Lola Martínez de Albornoz

Diseño de la colección: Gonzalo Armero

Diseño Digital : Criteri Digital i Multimèdia, S.L.

© Fundación Banco Santander, 2014

© De la introducción, cronología bibliográfica y selección, Joaquín Benito de Lucas

© "El corazón del poeta" , Fco. Javier Expósito Lorenzo

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en el artículo 534-bis del Código Penal vigente, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorización.

ISBN DIGITAL: 978-84-92543-60-1


Depósito legal: M-15713-2014

ÍNDICE

Consideraciones para esta nueva edición, por Joaquín Benito de Lucas

Prólogo a la primera edición, por Joaquín Benito de Lucas

Sobre la selección de los poemas

Datos para una cronología

Bibliografía

VÍSPERA HACIA TI (1940)

[Doblaban en el viento las banderas]

[Al mar. Navíos varados]

[La última sombra cae en la redada]

[¡Campanas altas! ¡Campanas!]

POESÍA 1940-1943 (1944)

SONETOS

[No sé si soy así ni si me llamo]

[Tan hombre soy que siento por mi pecho]

[Soneto mío, letra, angustia, nada]

[Emplazado a quietud estaba el vuelo]

[El mar, el mar. Tú, vela y capitana]

[Mira cómo mi sangre se rebela]

[No como el toro, amor; sufro de amores]

[Tengo, tienes, tenemos acomodo]

Joven para la muerte

Lluvia en la noche

A unos lirios

Llegada de una muchacha a la amistad

A una mujer a quien mandé mi primer libro de versos

El bailarín del tiovivo

MONTE, RÍO, VIENTO…

Décimas del Guadarrama

Ofrecimiento del río

Viento en los cristales

CANCIONES

Tres canciones de muerte en primavera

VERSOS DE UN HUÉSPED DE LUISA ESTEBAN (1944)

Prólogo

Llegada

Hermano castillo

Soneto de la nieve todavía

Soneto en «El Risco»

Hacia Santa María

Romancillo de los enterradores

Patio del castillo

Despedida

TÚ Y YO SOBRE LA TIERRA (1944)

[Acaso donde el reno, la cobra o la palmera]

[Te he llamado esta noche —cuatro de la mañana—]

[No le digas a nadie que me hastía la rosa]

[He venido a la tierra hoy —nueve de septiembre—]

[Esta ocasión del labio, sonora y prolongada]

RETABLO DEL ÁNGEL, EL HOMBRE Y LA PASTORA

[Fragmento final]

TOLEDO (1945)

Orilla de ayer

Madrigal a Castilla

Nueve canciones en ruta hacia Toledo

Canción de amor desde lejos

Fábula

Ausencia de Toledo

DEL CAMPO Y SOLEDAD (1946)

EL HOMBRE

Nacimiento de Dios

En la ermita del Cristo de Gracia

Primavera de un hombre (Primer recuerdo de Soria)

Si no en mis ojos… (Segundo recuerdo de Soria)

Ante un cementerio en Castilla

EL AMOR

Soneto

Madrigal desesperado

LA AMISTAD

Soneto

JUEGO DE LOS DOCE ESPEJOS (1951)

A un espejo donde se va a mirar una niña fea

A un espejo en el fondo de un río

A un espejo de mango largo

A un espejo sin marco

Al espejo retrovisor de un coche

TREGUA (1951)

El poeta

[Hasta que llegue]

[Como estos campos del Señor que buscan]

[No sé por qué esta rama renace en lo perdido]

[¡Qué fácil has venido]

[Gracias, Señor, porque estás]

[En un lugar cualquiera]

[Tan imposible te has hecho]

[Mis ojos van por estos árboles]

[Pobre palabra mía]

[Noche de la ciudad. Dios está cerca]

[Tiene algunas palabras el corazón ardiente]

[Porque voy hacia la belleza]

[¿Estoy despierto? Dime. Tú que sabes]

[Otra vez —te conozco— me has llamado]

[Oh, niño de agua, misterioso Arlanza]

[Esta palabra insegura]

[No; la noche no es esta]

[Como este agua que brilla entre la arena]

[Oh, mundo mío, mañana mía]

[Sé que beso la muerte cuando beso]

[Toco tu bronce aquí, ya derribado]

[Sé que en bosques de muertes nos sostienes]

[Ibas «soñando caminos]

[Qué quieto está ahora el mundo. Y Tú, Dios mío]

[Qué sosiego da pensar]

SONETOS POR MI HIJA (1953)

El motivo

El Hacedor

La respuesta

Maternidad

Todavía en silencio

LA RED (1955)

La red (I)

La partida

El oficiante

El diálogo

Lluvia de Dios

La red (ii)

Noche ante «Siete Picos»

El que vuelve

El soneto

La palabra

Eucaristía

La red (III)

Carta a Gabriel Celaya

EL PARQUE PEQUEÑO (1959)

[(Camino ahora ¿de qué mano…?]

[¿Eran estos la luz y el día?]

ELEGÍA EN COVALEDA (1959)

[Después de muchos años, he venido]

[¿Me ves buscando apoyo, heredad mía?] (fragmento)

[Yo soy lo que recuerdo, padre mío]

GEOGRAFÍA ES AMOR (1961)

Dedicatoria

Lastres (Asturias)

Perlora desde lejos (Asturias)

Arco de Medinaceli

Dos recuerdos por mi padre en Soria

Caza menor (Recuerdo de Soria)

A orillas del Duero

Cigüeñas sobre el acueducto de Mérida

Cristo de los Faroles (Plaza de Capuchinos. Córdoba)

Crucero en las Rías (Galicia)

Galicia bajo la lluvia (Canto por Rosalía)

NUEVO CUADERNO DEL GUADARRAMA

«Las Peñas» (Los Molinos)

Mediodía en la cima

El verso en la montaña (San Rafael)

CORPUS CHRISTI Y SEIS SONETOS (1962)

Corpus en Toledo

Hombre junto al Tajo

Amigos de la infancia

CIRCUNSTANCIA DE LA MUERTE (1963)

Coplas por Juan Ramón Jiménez en el aniversario de su muerte

Oración por Leopoldo Panero en la ermita del Cristo de Gracia

LA HORA UNDÉCIMA (1963)

[Era como la espalda de la amada]

[Porque pasaban horas y horas, días]

[En la sombra sin nadie de la plaza]

MEMORIAS Y COMPROMISOS (1966)

Compromisos antiguos

Sólo una fruta

El lazarillo

1936-1939

HABLANDO SOLO (1968)

CINCO HOMENAJES A RUBÉN DARÍO

Ya no tengo miedo

LOS SONETOS DEL HOMBRE QUE VUELVE LA CABEZA

Balance

A Paloma

Con un verso de Antonio Machado

FACULTAD DE VOLVER (1970)

[La ciudad se termina junto a un río sin sueño]

[Ah, mi otro caballero, si volviera]

TALLER DE ARTE MENOR Y CINCUENTA SONETOS (1973)

PASEN SIN LLAMAR

El antiguo rimador se justifica

Nada más

El alquimista

LOS HOMENAJES

Dice la palabra a C. J. C.

CUATRO POEMAS ELEMENTALES

Aunque no tengas nada

MÁS LIBRE Y CON MÁS MIEDO

Hablo con mi fantasma

SONETOS Y REVELACIONES DE MADRID (1976)

Madre de Madrid

SONETOS EN LA PLAZA MAYOR

La tormenta y el mar

La paloma equivocada

La clase al sol de la tarde

SONETOS EN LA ALAMEDA DE OSUNA

[Le ha nacido un jardín en la cabeza]

[También mirando una ciudad remota]

SONETOS EN EL MUSEO DEL PRADO

El Greco ii

El Greco. (La Crucifixión)

«Hombre de 54 años» (Anónimo español)

SÚPLICA POR LA PAZ DEL MUNDO Y OTROS «COLLAGES» (1977)

[Desde el vértigo hablo, abandonado]

OTROS «COLLAGES»

Nocturno con un aria triste de Juan Ramón Jiménez

LOS CRISTALES FINGIDOS (1978)

Los cristales fingidos

Otra vez (i)

Otra vez (ii)

Otra vez (iii)

Los cristales fingidos (ii)

Parque en el otoño

Luz entre los árboles

EL ARRABAL (1980)

[Esta muchacha y su hermosura antigua]

[Olvidada entre tantas azucenas]

[Aledaños de escoria —no escoriales—]

Un sol del alba

[¿Por qué, de pronto, así, reconciliado]

A José Luis Prado Nogueira, cuarenta años después

NUEVO ELOGIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA (1983)

[Exordio]

Nuevo elogio de la lengua española

SONETOS ESPAÑOLES A BOLÍVAR (1983)

El retrato

Manuelita Sáenz

¡Triunfar!

La muerte

PIEDRA Y CIELO DE ROMA (1984)

Velázquez pinta la Villa Médici

La creación de Adán (Miguel Ángel, Capilla Sixtina)

Las Sibilas (Miguel Ángel, Capilla Sixtina)

Los Atlas (Miguel Ángel, Capilla Sixtina)

Desde el Puente Cestio al Foro Romano

Foro Romano

En la noche Roma es un mar

En la tumba de Keats (Cementerio de los Protestantes)

GALIANA (1986)

[¿Quién es el vencedor?, ¿quién el vencido?]

El nombre

Soneto final

CARTA A LA MADRE (1988)

[¡Cuánto amor hay debajo de la tierra!]

[Si mirar es mi oficio ¿para qué lo he aprendido?]

[Éramos tres, Señor, en la mañana]

MAR VIVIENTE (1989)

Memoria de mi madre desde el mar

Negación de la aurora

«Del campo y soledad»

Se pide el silencio del mar (Quevedo… César Vallejo…)

El reloj de arena

SONETO A MADRID (1991)

Soneto a Madrid

COLOFÓN LÍRICO EN PROSA (SOBRE EL OFICIO DEL POETA)

[Creo en la poesía]

Poesía… ¿eres tú?

«¿Debo escribir…?»

Belleza con esfuerzo

Jueces para un premio de poesía

El oficio de escritor

Verano de septiembre

Hago de sobresaliente de espadas…

Texto para eludir una poética

EPÍLOGO EPISTOLAR

El corazón del poeta, por Fco. Javier Expósito Lorenzo

Carta para una niña muy pequeña

JOAQUÍN BENITO DE LUCAS

CONSIDERACIONES PARA ESTA NUEVA EDICIÓN

Transcurridos dieciocho años de la primera edición de la antología Poesía de José García Nieto, hoy se ofrece al lector una nueva reedición, con algunas novedades respecto a la primera, para conmemorar el primer centenario del nacimiento del poe­ta, que, nacido en Oviedo en 1914, falleció en Madrid el 27 de febrero de 2001.

La importancia de su lírica dentro de la poesía española, a partir de los años cuarenta, ha sido fundamental tanto por su obra en sí como por el magisterio que el poeta ejerció desde la revista Garcilaso. Con ella contribuyó al estímulo y desarrollo de la poesía de mediados del siglo xx junto con otras revistas (Cántico, Espadaña, Proel…) de orientación y tendencias distintas a las suyas.

Se ha dicho que Garcilaso fue un verdadero movimiento lírico. El propio García Nieto ha afirmado: «Más que un movimiento en sí, lo que resultó Garcilaso fue un punto de partida conformador, vivificador […]. El diálogo sobre la poesía española contemporánea arranca y no se puede soltar de Garcilaso».

La conmemoración de este centenario y la reedición antológica de treinta libros de su obra están más que justificadas. Pero conviene destacar que esta nueva reedición ofrece una novedad que viene a enriquecerla. Se trata de una serie de artículos, nueve en total, que José García Nieto fue escribiendo a lo largo de los años setenta y ochenta, relacionados con el «oficio» de poeta.

Los títulos de cada uno de ellos nos anticipan, de algún modo, su contenido. Así, en el titulado «Belleza con esfuerzo» nos habla del divorcio que a veces existe entre el poeta y el público, y de «la primera soledad y desamparo del artista en el acto de su creación». En «Creo en la poesía» reflexiona sobre su conciencia de humilde ­creador que busca una poesía que le delate como hombre.

En el artículo «¿Debo escribir…?», medita sobre la necesidad o no de la escritura a propósito de una carta de un joven que le plantea tan espinoso asunto. Para responderle y responderse nos habla de Rilke y de su obra Cartas a un joven poeta.

En «El oficio de escritor» pone de manifiesto, no sin cierta ironía, la incomprensión de los demás ante este «oficio» que usa como únicos utensilios para su ejecución la pluma y el papel, a diferencia de los materiales de trabajo más variados y visibles de los que se sirven otras profesiones.

Y, así, se continúan las meditaciones sobre diferentes aspectos de la vida literaria: jurados de premios de poesía, dificultades para definir una poética, evocación lírica del mes de septiembre, perennidad de la obra literaria...

Quiero detenerme unos instantes sobre las consideraciones que, en el artículo titulado «Poesía... ¿eres tú?», expone el poeta para encontrar la definición de algo tan indefinible como es la Poesía. Pasa revista a las definiciones que se recogen en diversos diccionarios: de Julio Casares, de la Academia de la Lengua en sus ediciones de 1956 y 1970, y las que ofrecen en sus obras numerosos poetas contemporáneos. Y, cómo no, la definición de Gustavo Adolfo Bécquer que sirve, modificada en su intención, al título de este trabajo.

Colofón importante este que se incluye en la nueva reedición de la antología Poe­sía de José García Nieto. Según mi opinión, tiene al menos dos motivos de interés para el lector: el primero, que nos permite disfrutar de la belleza y claridad de la prosa del premio Cervantes; el segundo, que nos hace ver cómo el poeta, junto a las vicisitudes del diario vivir, tenía como preocupación fundamental los numerosos e inescrutables misterios que guarda la Literatura, y, en particular, la Poesía.

J. B. L.

JOAQUÍN BENITO DE LUCAS

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

Una de las primeras preguntas que se hará el lector de poesía en general, y de la de José García Nieto en particular, es por qué hasta hoy no se había publicado una antología de la obra de este poeta. Bien es verdad que en 1951 la editorial Afrodisio Aguado dio a luz en su diminuta —por el tamaño— colección «Más Allá» dos tomitos en los que se recogían los ocho primeros libros por él publicados. También, en 1970, la colección «Arbolé», dirigida por el poeta Luis López Anglada, publicó el volumen 8 con el título Los tres poemas mayores, donde se reunían El parque pequeño, Elegía en Covaleda y La hora undécima, los dos primeros publicados conjuntamente en una edición de 1959 por la editorial Punta Europa, y el tercero, en 1963, en la colección «Palabra y Tiempo», dirigida también por Luis López Anglada. Además, en 1973 apareció la edición completa de Toledo, que acogía los libros Toledo (1945), Corpus Christi y seis sonetos (1962) y Facultad de volver (1970), más otros poemas

de La red (1955) y Geografía es amor (1961) cuyos motivos eran también toledanos. E, incluso, en 1982, Espasa-Calpe, en la colección «Austral», editó un volumen extra que contenía Tregua (1951), La red (1955) y Geografía es amor (1961).

Y, sin embargo, hasta hoy no existía una antología lo suficientemente amplia y representativa en la que se ofrecieran ejemplos que diesen una idea lo más aproximada posible de la obra de nuestro autor, compuesta por treinta libros.

En el caso de José García Nieto, quizá más que en el de otros poetas de su promoción, el conocimiento de algunos de sus libros no presupone el conocimiento de los contenidos que se encierran en los demás, no sólo por el tema, sino, también, por los procedimientos métricos empleados. O, dicho de otro modo, su obra, aunque obedece a una unitaria visión de la realidad, está sustentada en una serie de ­preocupaciones fundamentales que pueden manifestarse de distintos modos según como sean tratadas. Por ello se hacía necesaria, ya hace tiempo, la publicación de una antología de toda su producción poética.

Pero junto al valor intrínseco de su obra, al hablar de José García Nieto conviene tener en cuenta su importancia fundamental en el desarrollo de la poesía española durante los años inmediatamente posteriores a la guerra civil. Son los años de la publicación de sus primeros libros, los años del nacimiento del grupo de poetas denominado «Juventud Creadora», los años de la revista Garcilaso. Muy joven aún, García Nieto inicia la aventura poética junto a otros jóvenes con iguales inquietudes —Pedro de Lorenzo, Jesús Juan Garcés, Jesús Revuelta, los hermanos Prado Nogueira y Camilo José Cela, entre otros— enarbolando la bandera del «neogarcilasismo». Del mismo modo que la generación del 27 tomó a Góngora como modelo

—aunque sólo fuera en el año del tercer centenario de su muerte— y los poetas de la generación de 1936 reivindicaron la poesía de Fernando de Herrera, un nutrido grupo de poetas de la promoción que surgió inmediatamente después de la contienda nacional, encabezados por José García Nieto, tomó a Garcilaso de la Vega como guía y modelo. Este hecho, que puede considerarse como la manera de irrumpir esos jóvenes en la vida literaria, tuvo además consecuencias notables en el desarrollo posterior de la poesía de la época. Gracias a ese impulso «garcilasista», la poesía, que vivía en duermevela tras tres años de guerra, comenzó a despertar en 1940, fecha de la publicación de Víspera hacia ti, para resucitar plenamente a partir de mayo de 1943, fecha de la aparición del primer número de la revista Garcilaso. Glosando a don Antonio Machado en su «Retrato» cuando dice que cortó «las viejas rosas del huerto de Ronsard», José García Nieto fue el jardinero que cortó también las viejas rosas, pero estas del jardín de Garcilaso, para hacer con ellas una corona que sirvió como ejemplo en esos momentos en los que la lírica crecía escasa y pobre en nuestro país­.

A partir de esa fecha surgen nuevas revistas de poesía —Espadaña (1944), Proel (1944), Entregas de Poesía (1944), Halcón (1945), Verbo (1946), Cántico (1947)…— que con distintas estéticas y diferente orientación, pero estimuladas por el ejemplo de Garcilaso, van a enriquecer la poesía de esos años siguiendo caminos distintos

—y algunos contrarios— a los seguidos por Garcilaso.

La poesía de esa primera época de José García Nieto, que recoge el espíritu que él mismo llevó a Garcilaso, está transida de un sentimiento de serenidad y equilibrio. El poeta, con una visión de la realidad clara y armoniosa, enmarcada dentro de un paisaje de amable belleza, canta con esperanzado optimismo un nuevo renacer del verso. Y para ello utiliza un lenguaje claro, equilibrado y convincente, y unas formas métricas heredadas de la tradición renacentista.

En lo que respecta a las formas métricas clásicas, cuánta razón tenía Juan Ramón Jiménez al escribirle, acusando recibo del envío de Sonetos por mi hija, en estos términos:

«Muchas gracias, mi querido amigo, por haberme enviado sus Sonetos por mi hija (los publicaré en la revista Universidad, para que se lean en Puerto Rico). ¡Qué hermosos son! A veces me pregunto ¿en qué nos aventajan los llamados clásicos a nosotros?, ¿en qué bellezas han ido más cerca de la belleza esos clásicos? Sonetos como estos suyos, el segundo, el cuarto, todos, ¿no son como los de Garcilaso, Lope, Góngora, Quevedo, Calderón, o mejores, más enteramente mejores…?»1

En efecto, basta acercarse a cualquiera de los muchos sonetos que forman la obra de nuestro autor en libros como Corpus Christi y seis sonetos, La red, Sonetos y revelaciones de Madrid o Piedra y cielo de Roma, por poner sólo cuatro ejemplos, para convencerse de que el juicio de Juan Ramón Jiménez no tiene nada de falso elogio ni de infundada valoración…

Pongamos un ejemplo del primero de los libros citados:

Cuántas veces, orillas de otros ríos,

aguas como estas aguas, lentamente

han dejado vagar por su corriente

los claros sueños de los ojos míos.

Por otoños e inviernos, por estíos,

por primaveras, con la vida enfrente,

alzaba hacia la luz, calladamente,

las ramas de mis árboles sombríos.

Siempre hay un agua lenta, acompasada,

que acerca con la curva de su espada

una esperanza en que el amor se esconde.

Así tú vuelves hoy, oh espada rota,

la delgadez de mi niñez remota

y un cielo que he perdido no sé dónde.2

Pero José García Nieto no es sólo un sonetista comparable —según Juan Ramón— a cualquiera de los mejores poetas del Renacimiento y el Barroco, sino que también es un poeta de gran aliento cuando expone en sus poemas extensos —tan extensos que algunos constituyen todo un libro— sus preocupaciones religiosas, su angustia ante la muerte o sus reflexiones sobre el paso demoledor del Tiempo.

Rosario Hiriart3 nos lo muestra como un ser contemplativo de una realidad —la de él— variada y compleja; como un poeta que lo mismo poetiza aspectos amorosos de su vida sentimental con una técnica impecable, que medita sobre la angustia existencial del hombre y su «estar» en el mundo. Por lo tanto, su amplia obra está concebida a través de una variada contemplación de la realidad múltiple, que el poeta reconoce y ordena con procedimientos también muy variados.

Se da una evolución, pues, a lo largo de toda la obra, en la que sus principios garcilasistas se ven enriquecidos, en unos casos, y superados, en otros, por nuevos asuntos y variados procedimientos métricos. En esa evolución, el propio poeta es consciente de cómo se han liberado del «dolorido sentir»:

Ahora quito la cinta de las cartas. Leed; leamos. Son amor vencido.

Tiempo del corazón. Males del hombre. Golpes de España… Quemo lo que es mío. Yo, solo, me he quitado «el dolorido sentir».4

Pero ¿cuáles son los temas de la poesía de José García Nieto? Si resulta difícil determinar cuáles sean los temas fundamentales de cualquier poeta, en el caso de García Nieto esta dificultad parece agrandarse. Se podría convenir que todo sujeto poético, al realizar su obra, se mueve impulsado por los asuntos fundamentales que desde siempre han sido motivo de preocupación para el hombre: Dios, Tiempo, Muerte, Amor. Si consideráramos que estos cuatro temas son comunes a la mayor parte de nuestra historia literaria, podríamos llegar erróneamente a la conclusión de que toda la poesía española es un calco de sí misma. Y, sin embargo, como todos sabemos, no ocurre así. Cada sujeto poético se enfrenta al mundo y lo interpreta desde una perspectiva diferente: la que le ofrece su visión de la realidad. Y a través de esa visión, de esa mirada contemplativa, da una interpretación individualizada de cada tema. En el caso de nuestro poeta podemos percibir unos núcleos generadores de su obra, unas «preocupaciones fundamentales» que, aunque en algún aspecto coincidan con las de otros poetas de épocas anteriores o de la actual, ofrecen en García Nieto un marcado sello personal, no sólo en su interpretación y planteamiento poéticos, sino también en sus resultados.

Así lo comprobamos tanto si poetiza sobre el amor como si reflexiona sobre el tiempo, medita sobre la idea de Dios o discurre acerca de nuestra geografía. Amor, Tiempo, Dios y España son, pues, cuatro elementos que constituyen lo esencial de su producción lírica.

Si todo lo que hasta aquí se ha dicho brevemente con el propósito de comprender mejor la poesía de José García Nieto no fuera equivocado, podríamos convenir en que estamos ante un lírico que ha arriesgado su palabra para «decir» aquello que el hombre moderno necesita «escuchar». «Los poetas son los heraldos de la paz y su voz se apaga con infinita tristeza cuando la paz no florece y grana en próvidos racimos»5, dijo Camilo José Cela hablando de nuestros poetas. José García Nieto nos ha dejado en el mensaje de su obra la paz, la suya y la nuestra, recuperada tras su bajada a lo más profundo del ser del hombre. El lector será el mejor testigo de que la paz no es sólo una paloma que zurea en torno nuestro, sino también un águila que nos habita el corazón. Sólo el poeta, en este caso José García Nieto, es el que puede, de igual modo, mimar la paloma y domeñar el águila.

J. B. L.

1 Juan Ramón Jiménez, Cartas literarias, Barcelona, Bruguera, 1977, pág. 274.

2 «Hombre junto al Tajo», Corpus Christi y seis sonetos, Toledo, Impr. Gómez Menor, 1962, pág. 15.

3 La mirada poética de José García Nieto, Barcelona, Icaria, 1990.

4 «1936-1939», Memorias y compromisos, Madrid, Editora Nacional, 1966, pág. 110.

5 Nuevo elogio de la lengua española, Madrid, Real Academia Española, 1983, pág. 56.

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