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Políticas públicas y omnijetividad

Una alternativa para las políticas públicas centradas en la vida


Políticas públicas y omnijetividad

Una alternativa para las políticas públicas centradas en la vida

Jenny Elisa López Rodríguez


Instituto de Investigación Sociojurídica

“Gerardo Molina” - Unijus

Bogotá D. C., 2022


Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia

López Rodríguez, Jenny Elisa, 1974-

Políticas públicas y omnijetividad : una alternativa para las políticas públicas centradas en la vida / Jenny Elisa López Rodríguez, docente investigadora Universidad Nacional de Colombia. -- Primera edición. -- Bogotá : Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Vicedecanatura de Investigación y Extensión. Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” (Unijus), 2022.

ilustraciones en blanco y negro, diagramas, mapas. -- (Colección Gerardo Molina ; 95)

Incluye referencias bibliográficas e índices de materias y onomástico

ISBN 978-958-794-698-7 (rústica). -- ISBN 978-958-794-700-7 (e-pub). -- ISBN 978-958-794-699-4 (impresión bajo demanda)

1. Democracia 2. Política pública 3. Decolonialidad 4. Paradigmas (Ciencias sociales) 5. Objeto (Filosofía) 6. Sujeto (Filosofía) 7. Grupos étnicos -- Política y gobierno -- Bogotá -- Colombia -- 2004-2008 8. América Latina -- Política y gobierno I. Título II. Serie

CDD-23 321.8098 / 2022


Políticas públicas y omnijetividad

Una alternativa para las políticas públicas centradas en la vida

Colección Gerardo Molina

© Universidad Nacional de Colombia -

Sede Bogotá

© Facultad de Derecho, Ciencias Políticas

y Sociales

© Vicedecanatura de Investigación y Extensión

© Instituto de Investigación Sociojurídica

“Gerardo Molina” - Unijus

© Jenny Elisa López Rodríguez, autora

Primera edición, 2022

ISBN (impreso): 978-958-794-698-7

ISBN (IBD): 978-958-794-699-4

ISBN (digital): 978-958-794-700-7

Dolly Montoya Castaño

Rectora Universidad Nacional de Colombia

Hernando Torres Corredor

Decano Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales

Alejo Vargas Velásquez

Vicedecano de Investigación y Extensión

Preparación editorial

Instituto de Investigación Sociojurídica “Gerardo Molina” - Unijus

Pedro Elías Galindo León

Director Unijus

Viviana Zuluaga Zuluaga

Coordinadora editorial

Julieth Constanza Leal García

Asistente coordinación editorial

Hernando Sierra

Asistente coordinación editorial

Fabio Toro Lugo

Coordinador académico

Luis Miguel Solórzano

Asesor administrativo y financiero

Nathaly Rodríguez Sánchez

Correctora de estilo

Juan Sebastián Bazzani Delgado

Diagramador

Luis Ignacio Martínez-Villalba

Imagen de cubierta

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

Conversión ePub: Lápiz Blanco S.A.S.

Hecho en Colombia

Made in Colombia

CONTENIDO

Lista de tablas

Lista de figuras

Introducción

Crisis de la existencia humana y de las diversas expresiones de la vida

El campo de las políticas públicas: perspectiva hegemónica, crítica y límites

Enfoques de políticas públicas: perspectiva hegemónica y críticas

Modernidad y crítica a la Modernidad

Democracia liberal

Un nuevo marco de la política para las políticas públicas

Posicionamiento poscolonial y decolonial

Complejidad y teorías de la complejidad

Democracia

Políticas públicas como políticas de la vida

La omnijetividad: un nuevo paradigma de conocimiento

Las políticas públicas como procesos de la vida

Procesos políticos

Las políticas públicas orientadas a los grupos étnicos en Bogotá (2004-2008)

Conclusiones

Bibliografía

Autora

LISTA DE TABLAS

El campo de las políticas públicas: perspectiva hegemónica, crítica y límites

Tabla 1. Características de enfoques fuertemente racionalistas

Tabla 2. Dimensiones de la crítica a la Modernidad

LISTA DE FIGURAS

Introducción

Figura 1.Cambio porcentual en la población de migrantes internacionales (2000-2013)

El campo de las políticas públicas: perspectiva hegemónica, crítica y límites

Figura 2.Estructura de los núcleos de las coaliciones de apoyo

Figura 3.Liberalismo-democracia/democracia liberal

Figura 4.Democracia liberal hoy

Figura 5.Límites de las políticas públicas y la democracia liberal

Un nuevo marco de la política para las políticas públicas

Figura 6.Bases de la perspectiva emancipatoria de las políticas públicas

Figura 7.Bases del posicionamiento poscolonial y decolonial

Figura 8.Elementos de la diversidad epistémica

Figura 9.Bases del paradigma de la complejidad

Figura 10.Aspectos de la democracia en clave emancipatoria

Políticas públicas como políticas de la vida

Figura 11.Características de los paradigmas del conocimiento


INTRODUCCIÓN


Las políticas públicas, entendidas como resultado de procesos sociopolíticos por parte del Estado que concretan posiciones, acciones y decisiones y que buscan dar salida a problemas y demandas de la sociedad o de sectores específicos de ella, se constituyen, sin lugar a duda, en mecanismos centrales que materializan y dinamizan tanto el campo relacional Estado/sociedad/mercado, como las características del sistema y del régimen político en un espaciotemporalidad específica. En esta medida, la configuración y la trayectoria de las políticas públicas están enmarcadas en las tensiones políticas que implican, por un lado, el mantenimiento del statu quo y, por el otro, las expectativas de fuerzas sociales y económicas de carácter opositor, contrasistémico o emancipatorio.

La dinámica de estas tensiones políticas en la actualidad está marcada por una serie de procesos que definen en el límite, no solo de la existencia humana, sino también de la existencia de gran parte de las diferentes expresiones de la vida. Esto significa que los problemas de política pública están relacionados tanto con las demandas tradicionales de bienes y servicios, los cuales buscan satisfacer mínimos materiales de calidad de vida, como con el derecho a la existencia y a su expansión. Por lo tanto, los problemas de política pública tienen que ver con demandas que cuestionan el actual statu quo basado en estructuras de dominación, de explotación y negación. Estas estructuras niegan, por definición, las posibilidades de la emancipación y profundizan estados de alienación y de sinsentido.

En este contexto, existe una respuesta institucional y hegemónica que plantea al mercado y la democracia liberal como las instituciones más apropiadas para la organización social. En este sentido, tanto el mercado, que a través de la libre competencia genera eficiencia y, por tanto, la mejor asignación de recursos, como el Estado, como regulador y garante de los derechos de propiedad y administrador de justicia, se constituyen en los pilares donde se cierra y se funde el orden deseable. Sin embargo, esta nueva fase del proyecto hegemónico exige, además, que el Estado adopte una forma especial en el sistema político y esta forma es la democracia liberal. Esto debido a que la democracia liberal introduce en el sistema político la competencia como mecanismo asignador de pérdidas y ganancias y, a su vez, asegura la consistencia del proyecto liberal en términos de protección de sus valores fundamentales como son la igualdad, la libertad y la propiedad privada.

Según varios autores, pese a que el neoliberalismo no constituye en sí mismo una teoría uniforme ni consolidada (Escalante, 2015; Springer, 2016; Cahill, Cooper, Konings y Primrose, 2018), es posible rastrear argumentos que lo sustentan y actualizan como práctica y como imaginario colectivo y que desembocan en la supremacía de los criterios de eficiencia y eficacia en la organización de la vida social y en la acción política. Esto obliga a dar una breve definición del neoliberalismo como punto de partida. Así pues, al retomar inicialmente a Leopoldo Múnera, aquí se entenderá el neoliberalismo en su dimensión de “corriente de pensamiento e imaginario colectivo que sirve de sustento ideológico para la definición de políticas públicas preponderantes dentro de una nueva fase de acumulación de capital, caracterizada por la liberación de las fuerzas del mercado” (Múnera, 2003, p. 44).

El principal pilar que sostiene las prácticas neoliberales es la reanudación y reformulación de algunos planteamientos del liberalismo clásico, particularmente en lo relativo a la concepción del papel del Estado, la propiedad privada, la libertad individual y la democracia (Escalante, 2015). En esta perspectiva, el Estado se ve como un “mal necesario” que garantiza el interés general del capitalismo, incluso contra algunos individuos que estén actuando de acuerdo con sus libertades, y también se ve al Estado como mecanismo de contención para evitar la desintegración social (Buchanan y Tullock, 1980). Por otro lado, se concibe al Estado como un “[…] ‘acondicionador institucional’, proveedor de normas colectivas generadoras de un ambiente político y social que garantiza el libre desarrollo de la economía, sobre la base de la propiedad privada y el mercado, extendido a todo tipo de bienes materiales o simbólicos” (Múnera, 2003, p. 47).

El supuesto que subyace a lo dicho es que el mercado es el mejor mecanismo para la asignación de recursos, por cuanto incita a la competencia como mecanismo más eficiente para la coordinación de los esfuerzos humanos individuales sin intervención coercitiva o arbitraria de la autoridad. En el mercado se argumenta que los individuos intercambian libremente y que el mecanismo de la “mano invisible”, autorregulador, estructurado sobre una serie de reglas (propiedad, infracción y acuerdo), se encarga de asignar los recursos de la mejor forma a disposición al depurar las actividades, insumos o agentes improductivos o incompetentes. De este proceso, que dentro del neoliberalismo es asimilado como una especie de “selección natural”, resulta la mejor asignación de recursos posible, es decir, la más eficiente. Según Friedrich von Hayek (2006), entonces, el Estado debe limitarse a fijar normas determinantes de las condiciones bajo las cuales pueden utilizarse los recursos disponibles y deja a los individuos la decisión sobre los fines para los que serán usados.

De esta forma, el neoliberalismo como imaginario no solo tiene efectos en el dominio de lo cognitivo y simbólico con relación al Estado, sino que, además, tiene implicaciones concretas en las orientaciones de la acción pública y, de manera específica, de las políticas públicas que respalda. Esto porque construye modos de aproximación a la realidad y a los problemas sociales desde una perspectiva de desarrollo donde el crecimiento económico se considera una conditio sine qua non para mejorar las condiciones de vida de las personas. Aún más, para algunos de ellos (Hayek, 2006; Downs, 1957; Schumpeter, 1961), esta perspectiva de desarrollo es concebida como la única forma posible y suficiente para mejorar las condiciones de vida de las personas, en función del predominio de la libertad sustentada en la visión individual y la propiedad privada). Como señala Consuelo Corredor (2003), la forma de construcción de problemas de interés primordial en el manejo de las políticas públicas trae consigo soluciones esbozadas de antemano desde una lógica económica ortodoxa, donde el crecimiento económico es el objetivo en sí mismo y sin tener en cuenta otros procesos como la distribución de la riqueza. Tal lectura ha generado brechas de desigualdad social muy grandes, tanto entre países, como al interior de estos.

Ahora bien, la centralidad de los criterios de eficiencia y eficacia tiene, además, fundamentos filosóficos en el liberalismo clásico, pues están inexorablemente ligados a una concepción e ideal de justicia. Oscar Mejía Quintana hace una aproximación a la concepción neoliberal de la justicia plasmada en las obras de Robert Nozick, James Buchanan y Niklas Luhmann, que surge como respuesta a la polémica liberal-comunitarista tras la publicación de la Teoría de la Justicia de John Rawls. Allí, Mejía (2003) presenta los fundamentos morales del neoliberalismo y cómo estos se derivan de supuestos económicos. A partir de sus reflexiones el autor obtiene tres conclusiones importantes:

La justificación moral del neoliberalismo no es sino la proyección del principio de competencia de la economía de mercado, lo que pone en evidencia la dimensión ideológica de su discurso ético. En efecto, tanto en Nozick como en Buchanan, la competencia salvaje y sus derivaciones son elevadas a principio moral fundante, que la moral ausente de la dinámica sistémica eleva a su máxima expresión. (Mejía, 2003, p. 151)

En este sentido, para el neoliberalismo no hay realmente contrato social y, en cierto sentido, ni siquiera democracia:

[…] no existe un acuerdo deliberativo por el cual el conjunto de la sociedad acceda a un orden justo. Su concepción de justicia social es el privilegio del fuerte, derivado en la competencia, el cual es insensible a todo reclamo de corrección moral o reivindicación social. (Mejía, 2003, p. 151)

Finalmente, para el neoliberalismo no existe el dominio de lo público. Toda la sociedad es concebida como el patrimonio de los vencedores, es decir, de los fuertes que vencieron en la competencia natural y que, por tanto, tienen derecho moral de usufructuar “lo público” como si fuera privado. James Buchanan y Gordon Tullock proponen una posición moderada a través del mecanismo del intercambio como mecanismo de obtención del consenso social. Como consecuencia de esto, tanto en la doctrina como en la práctica, el modelo neoliberal hace una subordinación de dos aspectos cruciales para la comprensión de las demandas vinculadas al reconocimiento de la existencia: el carácter del colectivo de lo común y el sentido de lo político. Aquí se sostiene que precisamente la subordinación de estos dos aspectos es uno de los factores que explica la incomprensión de la problemática desde la perspectiva hegemónica de las políticas públicas y que, además, contribuye a la aceleración de la crisis que hoy se manifiesta. La comprensión de las demandas de reconocimiento de la existencia y sus posibilidades de expansión debe pasar por una reconstrucción de lo común y de lo político en un marco de eticidad democrática.

En Colombia, el establecimiento del modelo neoliberal significó no solo la transformación del modelo de desarrollo, sino la necesaria transformación institucional que encontró como catalizador importante la Constitución Política de 1991 (Estrada, 2006), a pesar del carácter contradictorio de la definición de Colombia como un Estado social de derecho (Corredor, 2003; Botero, 2003; Múnera, 2003; Quintana, 2003). En este marco, las políticas públicas entran a operar el proyecto neoliberal y se constituyen en espacios de tensión y contradicción política y social. En el caso de las políticas sociales, focalizadas hacia los más pobres y vulnerables, tal como lo señaló el Consenso de Washington, deben simular y promover la lógica de mercado en su diseño y operación. Con ello, se profundizan los procesos de fragmentación social, exclusión y marginación no solo en Colombia, sino en América Latina:

En este contexto, uno de esos cambios importantes en la plataforma institucional fue el tránsito del dispositivo de la planeación del desarrollo hacia el andamiaje conceptual y metodológico de las políticas públicas centradas en perspectivas racionalistas, que permite así la concreción y consolidación del modelo de desarrollo neoliberal. Por tanto, las políticas públicas se caracterizan por tres elementos centrales: 1. El predomino de una concepción antropocéntrica que además limita la comprensión de lo humano a partir de la racionalidad instrumental, 2. Una perspectiva de futuro anclada en la lógica del progreso (democracia liberal y capitalismo) y, finalmente, 3. Una acción que se legitima en función del domino que implica el contar con un soporte técnico-científico. (Sader, 2006, p. 52)

Por tanto, cabe preguntarse qué salidas de carácter emancipatorio se pueden y deben plantear tanto desde procesos específicos como desde los procesos de política pública. Para ello, el presente libro plantea la necesidad de cuestionar los fundamentos teóricos del campo de estudio de las políticas públicas y su paradigma dominante. So pena de continuar difundiendo y reproduciendo discursos y dispositivos de intervención que, finalmente, bajo el ropaje del progreso, se muestran como emancipatorios, pero que, finalmente, como es el caso de las políticas públicas dirigidas a comunidades históricamente negadas, explotadas, discriminadas y subalternizadas, son solamente continuadores de dichas prácticas.

En este sentido, el libro sostiene como hipótesis que el enfoque dominante de las políticas públicas, sustentado en el paradigma moderno de ciencia, en la exaltación de la racionalidad instrumental y en la consideración de la democracia liberal y del mercado como las instituciones base de la organización social, reproduce fundamentalmente estructuras de negación, dominación y explotación que han llevado al límite las posibilidades de existencia de la humanidad y de gran parte de las diferentes expresiones de la vida. En esta medida, las posibilidades de procesos emancipatorios en los procesos de política pública estarían relacionados al menos con dos elementos: el primero, el cuestionamiento del paradigma moderno de la ciencia en sus dimensiones ontológica y epistemológica a partir de uno no antropocéntrico y, el segundo, derivado del primero, la recomposición de lo político como espacio de construcción de sentido, así como de lo común y de la democracia plena como dispositivos emancipatorios. A partir de ello, se definen las bases de un marco teórico alter-nativo al enfoque hegemónico de las políticas públicas, uno sustentado en la perspectiva decolonial, así como en el paradigma de la complejidad y de las ciencias de la complejidad, y en la valoración de las posibilidades de la radicalización de la democracia y de los procesos de política pública como posibilidadaes emancipatorias.

Para ello, es importante tener presente que se está cursando por una crisis que pone en el límite las posibilidades de la vida, esto es, de sus múltiples expresiones. Además, que dicha crisis puede ser leída como una expresión concreta de la profundización de los procesos de alienación que los dispositivos de intervención pública como las políticas públicas reproducen y que, por tanto, requieren de un nuevo paradigma para ser transformadas en procesos sociopolíticos con posibilidades emancipatorias.

CRISIS DE LA EXISTENCIA HUMANA Y DE LAS DIVERSAS EXPRESIONES DE LA VIDA

Ahora bien, la crisis de la existencia humana y de las diversas expresiones de la vida debe ser abordada como expresión y causa de la profundización de los procesos de alienación, en tanto esta se entiende como la pérdida del vínculo del sentido de la vida, en tanto un olvido de la unidad ser humano/naturaleza, en tanto extrañamiento y en tanto cosificación. Es por ello que podemos decir que la gran contradicción que vive el mundo hoy es, por un lado, el logro de los mayores avances en términos del conocimiento del universo y de la vida, así como del desarrollo de instituciones validadas ampliamente en el mundo sobre valores compartidos alrededor de la dignidad humana, representados en los derechos humanos y, por otro, el recrudecimiento injustificado del sufrimiento humano y la negación sistemática de las posibilidades de existencia y de expansión de la vida.

Los términos de las alternativas para superar esta situación, dados en el mundo por quienes detentan los órdenes de dominación, están representados por las promesas de la democracia liberal, el mercado capita-lista y la ciencia. Esta tríada democracia/capitalismo/ciencia se presenta como la salida definitiva a la crisis y, por tanto, en ella está puesta la fe para superar los escollos de este tiempo, los cuales se entienden como temporales. Es decir, la crisis hoy es solo la experiencia de un proceso de transición hacia la consolidación del libre mercado, hacia el cambio de la matriz energética, los cambios demográficos orientados a reducir la sobrepoblación y el establecimiento de la democracia cosmopolita. Por tanto, la crisis no invita a cuestionar las bases de la organización social y económica hoy dominante, ya que, en últimas, la crisis no existe.

Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario. La tesis de un tiempo de transición solo puede ser leída en términos antropocéntricos y esto de manera muy estrecha si se considera que, de acuerdo con el incremento de la población humana, esta no está en riesgo de desaparición. Es decir, si no incluimos en el riesgo las condiciones materiales de existencia en clave ecosistémica, no podremos superar dicha visión estrecha. Si, por el contrario, se incluyeran estos riesgos, los resultados del balance serán diferentes. La lectura se transforma si asumimos la desaparición de miles de especies animales y vegetales; por ejemplo, el Informe Planeta Vivo (WWF, 2016) señala cómo el Índice Planeta Vivo (ipv) global, que mide la abundancia de diversidad de los vertebrados, disminuyó en un 58 % entre 1970 y 2012. El panorama es más desolador para las poblaciones de agua dulce que, según el ipv, se redujeron en un 81 %. La principal amenaza que explica tal situación es la pérdida y degradación del hábitat producida por sistemas agrícolas insostenibles, así como la tala indiscriminada de bosques, el desarrollo de sistemas de transporte, desarrollos urbanos y la producción energética y minera (WWF, 2016).

Lo anterior, visto desde una perspectiva antropocéntrica, señalará que la presión humana sobre los ecosistemas ha puesto a estos en riesgo. Por otra parte, una mirada ecológica señalará que el ser humano se ha puesto en peligro tanto a sí mismo, como al planeta. Es tal la ruptura que, de acuerdo con el Centro de Resiliencia de Estocolmo (WWF, 2016) (centro interdisciplinario donde se estudian los sistemas en torno a la unidad ser humano/naturaleza), para el 2016 la humanidad ya había llegado a la zona de riesgo, al desbordar el marco de los límites planetarios (enfoque que permite ver la tierra como un sistema complejo y en sus relaciones con las poblaciones humanas).

Esto quiere decir que los patrones mundiales de producción y consumo han sobrepasado la zona de operación segura y que, por tanto, lo que peligra en este momento son los flujos de la vida. Se han sobrepasado cuatro de los nueve límites, a saber: el cambio climático, la integridad de la biósfera, los flujos biogeoquímicos y el cambio del uso del suelo (Steffen et al., 2015a citado por WWF, 2016). De la misma manera, el informe de Planeta Vivo señala que el uso del agua dulce, de acuerdo con otros estudios, también ha rebasado el límite de seguridad. Por tanto, si bien en términos cuantitativos la población humana está lejos de desaparecer, lo que es claro es que la tierra, como soporte de la vida humana, está llegando a sus límites, debido a los patrones económicos de producción y de consumo y, más aún, debido al modelo de acumulación.

Ahora bien, si se plantean las condiciones de existencia humana, los hallazgos presentados en The Global Risk Report 2016 (Foro Económico Mundial, 2016) demuestran cómo cada vez más los riesgos globales tienden a materializarse y, con ello, a poner en riesgo las formas de vida actual y a profundizar las situaciones precarias de existencia de gran parte de la población. Este informe identifica y mapea veintinueve riesgos agrupados en cinco categorías diferentes: económicos, medioambientales, geopolíticos, societales y tecnológicos. Las categorías y los riesgos, a su vez, están constituidos por 10 niveles de riesgos en términos de probabilidad de ocurrencia. Para el 2016, se estimaba que la probabilidad de ocurrencia era la siguiente: migración involuntaria a gran escala, fenómenos climáticos extremos, fallos en la mitigación y adaptación al cambio climático, conflictos interestatales, catástrofes naturales, fallos de las gobernanzas nacionales, desempleo o subempleo, fraudes o robos informáticos, crisis de agua y comercio ilícito.

Por ejemplo, las migraciones involuntarias están relacionadas especialmente con los procesos de reorganización productiva que han llevado a cambios en los mercados de trabajo y a rupturas en los sistemas políticos y conflictos bélicos. Respecto a la primera razón, las migraciones por razones económicas consisten en incorporar a la población en un solo sistema migratorio que se fundamenta en cualidades eurocentradas y colonial-modernas (Pérez, 2014). Lo anterior, a partir de la expansión del capitalismo mercantil manufacturero, la imposición de distintos modelos coloniales europeos en América, África y Asia, y la conectividad del mundo a partir de los canales oceánicos como una “red de transporte única”. En cuanto al establecimiento de un sistema de migraciones y de flujos de capital, estos se encuentran orientados a la consolidación económica del centro del ejercicio de poder en el escenario global, es decir, los Estados que son potencias en la actualidad, y que además van en detrimento de los países que son llamados periféricos. Una de las dimensiones de la crisis se desata por la reducción de las condiciones y las garantías laborales, pues los procesos migratorios mayoritariamente se han empezado a contemplar como una oferta mundial del trabajo barato (Pérez, 2014) con distintas formas de incorporación, según las condiciones de los lugares de llegada.

Las políticas públicas de flexibilización laboral han conducido así a favorecer la desprotección estatal de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto, al quitar garantías que históricamente habían sido obtenidas a partir de procesos colectivos de movilización relacionados con jornadas laborales, sistemas de protección social, entre otros. Ha cambiado entonces la manera de concebir el trabajo. Se presenta el efecto de la flexibilización laboral que consiste en individualizar al trabajador y lo hace responsable de la satisfacción de sus propias necesidades que, anteriormente, estaban respaldadas por el Estado. De esta manera, se supone que el trabajador tiene la libertad de moverse hacia los lugares donde haya mayor posibilidad de maximización de recursos sin ninguna atadura geográfica o con algún Estado en particular, pues, en el mercado global, el trabajador puede satisfacer sus necesidades como la salud, la educación, la vivienda, etc. De esta manera, los derechos conocidos anteriormente como de segunda y tercera generación se empiezan a desdibujar en su condición de garantías estatales y se empiezan a concebir como bienes y servicios transables en el mercado, a los que cualquier individuo puede acceder, siempre y cuando tenga una posición favorable.

Pero los flujos migratorios masivos, propios de las últimas décadas, como arriba se anotó, no solamente responden directamente a los procesos económicos, sino que también son respuestas a procesos de rupturas abruptas en el sistema y régimen político, y en los conflictos bélicos que se dan generalmente en los países de origen, que constituyen la segunda razón en importancia. En el siguiente mapa (véase figura 1), se muestra que, en los primeros 13 años del siglo XXI, aumentó la migración en países que o bien se encuentran en conflictos armados o amenazas de grupos armados ilegales –como es el caso de los países en el Medio Oriente y México –o que enfrentan crisis ambientales y que poseen gran densidad poblacional –como lo es China– o que se encuentran en crisis económica –como lo es el Sur de Europa–. En el periodo 2018-2020 se siguen sumando migrantes por conflictos como en Siria, Yemen, República Centroafricana, República Democrática del Congo y Sudán del Sur (OIM, 2019, p. 2). De igual manera, se han recrudecido los procesos de migración en el caso venezolano.

De acuerdo con la Organización Internacional de Migraciones, los procesos migratorios se han acelerado, para el año 2018 se esperaba que la población migrante alcanzara un total del 2.5 % de la población mundial, sin embargo, los cálculos realizados señalan que se ha llegado al 3.5 %, proyección esperada para el año 2050, llegando a 275 millones de migrantes internacionales (OIM, 2019).

FIGURA 1. Cambio porcentual en la población de migrantes internacionales (2000-2013)


Fuente: elaboración propia con base en OECD y Undesa (2013).

El más reciente y alarmante ejemplo de agudización de flujos migratorios debido al desplazamiento por causas violentas al interior de sus propios países, con muy bajas probabilidades y deseos de retorno, lo constituye la llamada crisis migratoria de Medio Oriente que se desató por el incremento drástico de migrantes refugiados provenientes de países como Siria, Irak, Afganistán, Sudán, entre otros, y que migraron hacia países de Europa. Según cifras de la Agencia de la onu para los Refugiados Acnur, las tendencias migratorias que se dieron entre enero y julio del 2015 superarán muy probablemente todos los registros anteriores sobre desplazamiento forzado a nivel mundial, bajo las modalidades de refugiados, solicitantes de asilo y personas forzadas a huir dentro de sus propios países. En un comunicado de prensa del 18 de diciembre del 2015, Acnur revela:

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Volume:
570 p. 17 illustrations
ISBN:
9789587947007
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