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Más allá de las lágrimas. Espacios habitables en el cine clásico de México y Argentina
Primera edición digital: abril, 2019
© Isaac León Frías
De esta edición
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Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, sin permiso expreso del Fondo Editorial.
ISBN 978-9972-45-486-8
Índice
Prólogo
Fuentes
Introducción
Capítulo I. Los inicios
1. Antecedentes silentes
2. El dominio del mercado
3. Las ficciones en tiempos de penuria
4. La herencia documental
5. La llegada del sonido
6. El Hollywood latino
7. Actores-cantantes en el Hollywood latino
8. El cine de Gardel
9. ¿Por qué México y Argentina?
9.1 Relativa solvencia económica y apreciable mercado interno potencial
9.2 Condiciones favorables por parte del Estado
9.3 Ritmos musicales
9.4 El folclor local
9.5 Narrativas previas no musicales
9.6 La radio, el habla popular, las voces, el sentido del humor
9.7 Las zonas de influencia geográfica
9.8 La implantación de subtítulos en las películas habladas en inglés o en otras lenguas
9.9 La necesidad de un cine hablado en español
9.10 La influencia involuntaria de Hollywood
10. El paso de los años veinte a los treinta
11. Lengua y mercado en debate
12. México en la encrucijada de los años treinta
13. Santa y el despegue norteño
14. Argentina hacia 1930
15. ¡Tango! : el arranque porteño
16. Los límites de lo permitido
17. El tango se hace imagen
18. De La mujer del puerto a la “trilogía de la Revolución”
19. El melodrama en el código genético
20. Una visión degradada del melodrama
21. Eisenstein en México
22. Arcady Boytler: a la sombra de Eisenstein y de las vanguardias europeas
Capítulo II. Construcción industrial de las cinematografías en México y Argentina
1. Allá en el Rancho Grande y la comedia ranchera
2. La impronta fílmica de la canción ranchera
3. Fernando de Fuentes, el pionero
4. Los melodramas con canciones de Libertad Lamarque
5. El melodrama en los años treinta
6. El carisma cómico de Luis Sandrini y de Pepe Arias
7. La veta popular del cine argentino: Ferreyra
8. Leopoldo Torres Ríos: la continuidad de la sensibilidad popular
9. Manuel Romero: celebración, humor y tango
10. Norman Foster y otros directores norteamericanos en México
11. La expansión continental. El mercado latinoamericano
12. El potencial de las empresas cinematográficas y el régimen de estudios en México
13. Los Estudios Churubusco: el símbolo del poderío mexicano
14. La fuerza de la industria en Argentina
15. La primacía de la filmación en los estudios
16. Las representaciones directas de la ciudad
17. Contexto histórico y afirmación nacionalista
18. Indigenismo y Revolución
19. El triunfo de México
20. La conquista de España
21. El exilio español en México y Argentina
22. Fuentes cubanas en el cine de México
22.1 Intérpretes
22.2 Directores
22.3 Ritmos musicales
22.4 Escenarios
23. Las radionovelas cubanas
24. La sintonía con el público
25. Salas de barrio y de pueblo
26. Segunda Guerra Mundial, panamericanismo y Disney
27. El panamericanismo mexicano
28. La llamada Época o Edad de Oro
29. Arieles y Cóndores
Capítulo III. Consolidación fílmica: tiempos de auge
1. El reinado de Cantinflas
2. La obra del Indio Fernández: la estética de la mexicanidad
3. El talento de Gabriel Figueroa
4. El afianzamiento del star system: María Félix y Dolores del Río, las grandes figuras femeninas
5. Arturo de Córdova y Pedro Armendáriz
6. La segunda vida de la comedia ranchera: Jorge Negrete
7. Pedro Infante: melodrama y música
8. El apogeo del melodrama
9. Otras vertientes del melodrama
10. La música en el melodrama y los biopics de compositores y cantantes
11. Dios se lo pague versus Nosotros los pobres 294
12. Luis César Amadori e Ismael Rodríguez
13. El filón cabaretero
14. Los meneos de Ninón
15. La impronta de Agustín Lara y de otros sonidos musicales
16. Orol, el “cineasta de la inconsciencia total”
17. El humor de Tin Tan
18. Juan Bustillo Oro: entre el humor y la nostalgia
19. El estrellato argentino: Niní Marshall
20. Hugo del Carril actor y Tita Merello
21. La epopeya histórica: la AAA y La guerra gaucha 330
22. Demare y Fregonese
23. La producción de “prestigio”
24. Las vetas patriótica y religiosa. La obra de Contreras Torres
25. El cine de temática social y Mario Soffici
26. La comedia porteña
27. El ars humorístico de Carlos Schlieper
28. Los cómicos mexicanos
29. Una modalidad intransferible de comedia
Capítulo IV. Destinos cruzados: intercambios y confluencias
1. Libertad Lamarque en México: segunda piel
2. Marga López y otras actrices argentinas en tierra azteca
3. Intercambios argentino-mexicanos
4. Extensión de los intercambios transnacionales
5. El proyecto transnacional de Amadori y Zully Moreno
6. Destemplanzas y exilios
7.Las coproducciones hispanoamericanas
8. Adaptaciones varias y remakes en una sola vía
9. La incursión argentina de Benito Perojo
10. Arturo de Córdova y Libertad Lamarque: el abrazo mexicano-argentino
11. La recepción periodística del cine argentino en México y viceversa
12. El tango fuera de casa
13. El mestizaje musical latinoamericano: las folclóricas andaluzas
14. Una experiencia de mestizaje musical iberoamericano no andaluz: Sarita Montiel
15. Saslavsky y las divas mexicanas
16. Una cinematografía no confluyente: la brasileña
Capítulo V. Claroscuros en el paisaje
1. Evolución de géneros e incorporación de nuevos actores en México
2. Horror y fantástico en los estudios aztecas y bonaerenses
3. La vertiente criminal
4. Alejandro Galindo: el rescate de las vecindades
5. Roberto Gavaldón: retratos en negro
6. Allende la frontera norte: chicanos y pochos en el cine de México
7. Christensen y Tinayre: las reverberaciones del deseo 470
8. Pierre Chenal, “el francés errante”
9. Las sombras del cine negro y la sustancia melodramática: entre Gavaldón y Christensen
10. Luis Buñuel en México
11. Crisis en la producción y la distribución argentinas
12. La obra de Hugo del Carril
13. Leopoldo Torre Nilsson: un cine de transición
14. Erotismo: la pareja Armando Bo-Isabel Sarli
15. Autor e industria
Capítulo VI. Crisis final y derrumbe del modelo. La televisión
1. De los años cincuenta a los sesenta
2. Prolongaciones de la etapa clásica
3. Refuerzos genéricos en México: la lucha libre, el wéstern norteño, la comedia y otros subgéneros
4. Reacomodos de la industria argentina: la empresa Aries y otros empeños
5. La televisión naciente y otras causas de la declinación
6. La televisión en ascenso
7. La caída de la asistencia
8. Un público diferente
9. Desbalances en los intercambios fílmicos entre México y Argentina
10. La deslegitimación de la industria
11. Los movimientos de renovación
Colofón
1. Espacios habitables
2. Espacios inhabitables
Referencias
Bibliografía
Anexo. Listado de películas
A la memoria de mi abuela materna madrileña, Magdalena Saralegui Casellas, y de mi madre, Matilde Frías Saralegui. Magdalena falleció en Lima a sus cortos 21 años y dejó a mi mamá con solo cuatro; Matilde, por su parte, se fue de este mundo cuando yo contaba con tres años y medio… El melodrama está en mis raíces.
Prólogo
En la continuación de una línea de trabajo que intenta establecer puentes de una u otra manera entre las cinematografías de América Latina, y que empecé orgánicamente en el libro El nuevo cine latinoamericano de los años sesenta. Entre el mito político y la modernidad fílmica (2013), esta vez me aventuro en otra etapa especialmente significativa: la que una vez vio un cine hablado en castellano y producido en el continente con amplia popularidad entre las décadas de 1930 y 1950. Ese cine fue realizado en México y Argentina y el periodo de mayor auge está en la década intermedia, la de 1940.
No se tienen noticias de que se haya intentado en años pasados un enfoque similar, es decir, el establecimiento de vínculos, de semejanzas y de diferencias entre la producción argentina y la mexicana de los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo XX; al menos no con el alcance que intenta tener este trabajo, que aspira a resultar de utilidad para todos aquellos que están interesados en la historia del cine en la región.
Me aventuro en esta tarea con clara conciencia de mis límites. Con la desventaja de no ser argentino ni mexicano y con la ventaja de ser un peruano curioso que, a mi modo, puedo ubicarme en un espacio equidistante. No olvidemos que el Perú, y sobre todo Lima y las grandes ciudades, hemos sido y seguimos siendo tierra de influencias permanentes de diversas procedencias. Entre ellas, las que vienen de México y Argentina no son las menos gravitantes. Un ejemplo está en la facilidad con que se van incorporando al habla local expresiones y vocablos originados en el argot de esos países. Sin embargo, entre los años treinta y los cincuenta esa influencia fue comparativamente mucho mayor debido en gran parte al cine y a la canción, eso que en nuestros días ya no cuenta en absoluto, al menos para el cine y, si cuenta, para la canción, ahora es muy poco.
Cuando la circulación de cintas mexicanas y argentinas fue abundante en nuestro medio la influencia resultó considerable y sería materia de una investigación que no es el caso hacer en esta oportunidad porque el trabajo apunta en otra dirección. Sería una tarea seguramente compleja, pero a la vez muy estimulante, pues nos confrontaría con esos flujos de asimilación cultural que han ido modelando gustos, preferencias, deseos, visiones de la realidad y todo lo que configura parte de nuestra propia identidad, que es algo dinámico y que siempre está en proceso de construcción y de transformación. Al respecto, no creo que sea pertinente hablar de un “imperialismo cultural” mexicano y argentino en esos tiempos, pero que hubo un enorme arraigo de la cultura popular procedente de esas tierras, es innegable. Además del cine, las canciones y algunos bailes de México venían radionovelas, historietas (los “chistes” que llamábamos entonces) y las publicaciones de la editorial Novaro, aunque es verdad que en su mayoría eran traducciones de cómics y otros impresos norteamericanos. De Argentina recibíamos la revista Billiken de la editorial Atlántida y también el fútbol a través de la revista El Gráfico además de información radial e impresa.
Es claro que no puedo aproximarme al cine de esos países como lo haría alguien que ha vivido en ellos y que lo conoce de primera mano así como conoce el contexto social en el que se inserta. Mi conocimiento es el de un tercero que, sin embargo, se nutrió desde niño del cine de esos países y de los ritmos musicales que de ellos provenían, asimilándolos casi como propios y sintiendo emocionalmente tanto el bolero como el tango igual o más peruanos que el vals criollo. Más adelante, el contacto con la literatura, siempre la música y la actualidad política de esos mismos países, sumados a los continuos viajes al Distrito Federal y a Buenos Aires; el vínculo con los amigos de esas ciudades y, ciertamente, la visión y re-visión de películas contemporáneas y del pasado realizadas en ellos, no han hecho sino afianzar mi interés. De allí, y sin el prurito de considerarme un gran conocedor del cine de América Latina, que no lo soy, mi intención es la de realizar un pequeño aporte a la reflexión sobre un periodo al que muy escasa atención se le ha dispensado en términos de historia comparada. Un periodo que no solo resulta una fuente muy fértil de descubrimientos y revisiones, sino que constituye un panorama muy rico y muy poco conocido, de cara a lo que se viene haciendo en estos tiempos en América Latina y también a lo que se proyecta en el futuro cercano.
Es decir, los cineastas jóvenes (y no tan jóvenes), así como los interesados en el cine de estas tierras, desconocen casi todo lo que se hizo en esas décadas de florecimiento de la industria fílmica en los estudios del Distrito Federal y de Buenos Aires. Más aún, en tiempos en que se quiere reflotar una producción asimilada a ciertos géneros rectores más o menos puestos al día, sería casi un imperativo volver la mirada hacia esas décadas en que la producción basada en géneros tuvo una capacidad de convocatoria que no se ha repetido después. Que no se entienda en lo dicho un reclamo de repetición o reformulación de los esquemas antaño exitosos, pues no sería posible hacerlo tal cual. Sería como el Quijote de Pierre Menard que imaginó Jorge Luis Borges. Lo que propongo aquí aspira solamente a que se le preste atención a lo hecho en esos tiempos con el propósito de conocer (y disfrutar, ¿por qué no?) el funcionamiento narrativo y audiovisual de esas películas y las razones de su conexión con el público de esa época. Que de eso se pueda extraer alguna derivación útil para la propia práctica individual es otra cosa y es, finalmente, un asunto de elección personal. Pero no dejo de llamar la atención sobre el desconocimiento existente.
El estudio de las relaciones entre las cinematografías de México y Argentina tiene un antecedente muy cercano en el trabajo de un equipo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), conducido por Ana Laura Lusnich. No se ha intentado hacer algo similar por el lado mexicano, pese a que se compartieron estructuras industriales similares así como procedimientos genéricos y narrativos, además de afinidades culturales y lingüísticas. Ellas fueron, de hecho, las dos únicas industrias de cine de la región, pues una tercera, la brasileña, no lo fue a plenitud y casi no se vio fuera de las fronteras de ese inmenso país.
Los investigadores de la UBA vienen trabajando en la perspectiva comparatista. Bajo la coordinación de Lusnich y Pablo Piedras, han venido cotejando etapas o aspectos puntuales durante el periodo clásico entre los dos países, pero no solo entre ellos, pues el trabajo incluye otras cinematografías, como es el caso de la brasileña. Un resultado de esta búsqueda se ha materializado en el libro Cine y Revolución en América Latina. Una perspectiva comparada de las cinematografías en la región (Lusnich, Piedras y Flores, 2013) y en artículos publicados en otros libros y revistas especializadas, alguno de los cuales citaremos a lo largo de este libro. Pero el resultado más importante hasta la fecha es el libro Pantallas transnacionales, que ha editado Lusnich junto con Alicia Aisemberg y Andrea Cuarterolo y que ha aparecido a mediados del 2017.
Pues bien, la idea inicial que activó la elaboración de este trabajo apuntaba a definir con la mayor claridad posible algo que no está claro y sobre lo cual no se ha trabajado de manera orgánica hasta donde tengo conocimiento: la existencia del modelo clásico en el cine de América Latina. Se habla del clasicismo del estilo, del periodo o de la época clásica, pero ello se da por sentado sin que se haya elaborado una fundamentación de tal atribución. Por tanto, la propuesta inicial de nuestro empeño era volver la mirada hacia el pasado y elaborar un acercamiento que coteje, desde las películas realizadas, el o los esquemas de organización discursiva subyacentes en esas dos cinematografías, que permitiesen sustentar la existencia de un modelo común o, al menos, similar. Preciso: me refiero a los esquemas genéricos, narrativos y audiovisuales, los que conjuntamente con la base industrial, que sería considerada sin ser materia específica de estudio, constituyen lo que se denomina un modelo narrativo-industrial, como el que el profesor norteamericano David Bordwell (1985) aplica al estudio de la producción norteamericana entre 1917 y 1960, llamándolo modelo clásico.
Ese trabajo en torno a los soportes del modelo clásico iba a estar precedido por un panorama histórico que ofreciera el territorio sobre el cual íbamos a aplicar el análisis y la interpretación. El panorama y el análisis posterior iban a ser las dos grandes partes del libro. Sin embargo, superando las 350 páginas nos pareció que el panorama ya formaba por sí mismo un volumen compacto y que agregarle la segunda parte (aún no escrita) haría en exceso voluminoso el libro. Queda, entonces, un recorrido histórico que, tal como está, nos parece que funciona bien de manera autosuficiente. De cualquier modo, es solo un primer libro sobre el periodo, que debe proseguir más adelante con otro u otros; nunca se sabe.
Aunque el libro no es breve, el panorama es inevitablemente sintético, pues de otro modo el volumen se hubiera alargado en exceso. Me he visto precisado a reprimir el deseo de extender el comentario de la obra de Luis Buñuel, de Emilio Fernández o de Carlos Schlieper por citar solo tres casos puntuales, pues eso hubiera precipitado un desequilibrio en el conjunto o, también, me hubiese impulsado a extenderme en muchos otros puntos.
Se mantiene como una hipótesis el concepto de clasicismo sobre el que no diremos prácticamente nada en este volumen, aunque lo utilizamos en el subtítulo del libro y en algunas menciones ocasionales. Sí, en cambio, intentamos cotejar en la mayor medida posible a las dos cinematografías que nos convocan.