Read the book: «Crónica del bienestar en tiempos de malestar»
GUSTAVO ZARAGOZA
CRÓNICADEL BIENESTAREN TIEMPOSDE MALESTAR
Presentación de Carmen Amoraga Epílogo de Ximo Garcia Roca Ilustraciones de Ortifus
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
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© Gustavo Zaragoza
© De la presente edición: Publicacions de la Universitat de València, 2014
Imagen de la cubierta: Willi Baumeister, Motaruru con tocado rojo (1953)
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es publicacions@uv.es
Diseño Inmaculada Mesa
Maquetación Celso Hernández de la figuera
ISBN: 978-84-370-9620-9
ÍNDICE
Presentación, Carmen Amoraga
Introducción
1. MAYORES Y DEPENDIENTES
2. LOS INVISIBLES, POBRES Y DISCAPACITADOS
3. GRUMETES EN LA NIEBLA
4. DEL BIENESTAR AL MALESTAR SIN ESTADO INTERMEDIO
5. EL EXPOLIO DE UNA COMUNIDAD
6. DICCIONARIO, LENGUAJE Y OTRAS MENTIRAS
7. EL FUTURO, UN VIAJE DE IDA Y VUELTA
Epílogo, Ximo Garcia Roca
Dedicado a todos aquellosque han sido despojados injustamentey a cuantos me enseñaron a caminarpor la senda de los Derechos Sociales
PRESENTACIÓN
Carmen Amoraga
Para convencer
El 12 de octubre de 1936, casi al principio de la terrible Guerra Civil, las tropas nacionalistas celebraron la Fiesta de la Raza en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Allí se dieron cita el obispo de la diócesis, el general Millán Astray y un nutrido grupo de altos mandos, capitaneados por el mismísimo Francisco Franco acompañado por su mujer.
En ese templo de la sabiduría, el general Millán Astray pronunció un discurso a la altura de su talla moral a cuyo término recibió gritos de apoyo del auditorio fascista.
Cuando las voces cesaron, todos los ojos se volvieron hacia el rector, que se puso en pie y se dirigió al auditorio. “Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio”, dijo el rector.”A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia”.
El rector, que tenía setenta y dos años, era hasta entonces partidario del bando nacionalista, y había ejercido su cargo durante tres mandatos, continuó hablando ante un público que no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. “Este es el templo de la inteligencia.Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto.Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir.Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.
La propia mujer de Franco le agarró del brazo cuando terminó y le acompañó hasta la puerta, en un gesto que, dicen, le salvó la vida. Diez días después fue cesado como rector y se le recluyó en su domicilio hasta que murió el último día de ese mismo año.
Su nombre era Miguel de Unamuno y su último discurso ha pasado a la historia del mismo modo que lo han hecho sus obras.
No es para menos.
Enfrentarse a la realidad, vencer al miedo y, lo que es peor, a la comodidad de asentir y de no plantar cara a lo que sucede a nuestro alrededor y que, quizá, ni siquiera nos afecta, es una de esas heroicidades cotidianas que no suelen salir ni en los periódicos ni en los libros de historia.
A menos que te llames Gustavo Zaragoza y publiques con regularidad tus pensamientos críticos, irónicos, ácidos y ciertos, en las páginas de un periódico como Levante-EMV.
Durante meses, los artículos de opinión del profesor Zaragoza han formado parte efímera de la actualidad, pero por suerte, ahora, quedan recopilados en un volumen que los salvará del vértigo del día a día, de las noticias que llenan los diarios, y permitirá una lectura pausada que refuerce la idea que sostuvo Unamuno en aquel paraninfo, hace tantos años.
Para convencer hay que persuadir. Para persuadir hace falta razón.
Y aquí, en estas páginas, hay unas cuantas razones.
INTRODUCCIÓN
La obra que el lector tiene ante sí no es fruto de una planificación previa, sino de un encuentro que tiene visos de balance: estamos presentando un puzle interesante para compartir. Es también una mirada inquisitiva, desde una disciplina concreta -la política social- y con una posición nítida, la defensa del Estado de bienestar. La fórmula utilizada es la denuncia pública y la reflexión compartida mediante la publicación de artículos de opinión en el periódico Levante El Mercantil Valenciano, que ahora se hilvanan en un todo coherente.
Se trata de la recopilación de textos independientes que aparecieron, en principio, sin la intención de conformar una obra conjunta.Ahora bien, con el paso del tiempo ha sucedido aquello que decía el personaje de Moliere, que hablaba en prosa sin saberlo. Sin ser muy consciente de lo que estaba ocurriendo se ha conformado la crónica de un tiempo muy especial, en el que se han producido cambios relevantes en la sociedad española y más concretamente en la Comunitat Valenciana. La crisis económica nos ha arrollado a la mayor parte de los ciudadanos, afectando a nuestra vida cotidiana, pero también ha removido los cimientos del sistema organizativo en materia de bienestar social, con una serie de cambios que han redundado en una merma muy relevante en lo relativo a derechos sociales.
La crónica pone el foco, especialmente, en todo aquello que ha tenido que ver con la forma de entender los servicios públicos, pero también se abordan temas relaciona dos con lo que habían sido (más allá de himnos o banderas) verdaderas señas de identidad de la Comunitat Valenciana, algunas de las cuales se han desvanecido y otras, simplemente, han sido engullidas por un expolio de lo público que ha dejado paso a una mayor vulnerabilidad y precariedad para el conjunto de la sociedad valenciana.
Llevar a cabo una compilación como la presente no ha sido tarea fácil: supone fijar la mirada en acontecimientos que han sido letales para el patrimonio colectivo de los ciudadanos pero además es un aviso a navegantes y, también, una forma de sacar a la luz los riesgos a los que estamos expuestos. Algunos de los encabezamientos de los textos que se presentan son muy elocuentes. «Insoportable pobreza» hace referencia al crecimiento de una terrible plaga que se está extendiendo en la sociedad valenciana; «Cada vez más pobres y más pobres cada vez» es una expresión que refleja una tendencia hacia la devaluación colectiva sobre la que conviene poner la mirada para conocer su extensión y también su intensidad.
Tampoco se solucionan los problemas sociales por atajos o fórmulas arcaicas como las que se denuncian en otro de los artículos, «Ustedes son formidables», que nos hace viajar en el tiempo hacia una época rancia, de radio vespertina y televisión en blanco y negro, donde la caridad colectiva era la única forma de combatir la adversidad.
Posiblemente se tengan que revisar algunas de las fórmulas aplicadas a lo largo de estos últimos años, pero lo que no se puede admitir es aquello de que «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades», al menos en lo que se refiere a derechos sociales. «El aeropuerto de Castelló» reflexiona sobre esa situación y señala los excesos cometidos en determinadas aventuras que ahora debemos pagar con nuestros derechos, engrosando interminables listas de espera, utilizando barracones como escuelas y elevando considerablemente las tasas en las universidades públicas.
Para combatir el déficit ocasionado por una crisis galopante se han propuesto fórmulas que no vienen avaladas por estudios rigurosos, como son los «Copagos». En realidad, estas formas de repago conducen a situaciones de inequidad y de injusticia social difícilmente soportables para una sociedad en la que es cada vez más perceptible la «dualización» entre ricos y pobres.Y lo peor es que las distancias se van agrandando.
Y todo precisamente ahora, cuando ya creíamos haber cerrado el círculo de la protección social y alcanzado niveles de prestaciones adecuados a las necesidades de las personas más vulnerables, entre las que se encuentran aquellas a las que se refiere el texto sobre «Las personas dependientes». Pues bien, los distintos artículos que abordan la cuestión nos ponen frente a un espejo de ineficacia, boicot institucional y falta de interés por el cumplimiento de una norma conocida como «Ley de Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia», que ha tenido poca autonomía. Más bien lo que ha tenido ha sido una «libertad vigilada» por unas administraciones autonómicas que no siempre han sido leales en su tarea de corresponsabilidad con el gobierno de España, aplicando y desarrollando una norma que debería haber ayudado a más de un millón de españoles que lo tienen mal y que si han mejorado algo su situación ha sido a base de muchosufrimiento y de constantes denuncias al Defensor del pueblo, Síndic de Greuges y a los tribunales correspondientes, ámbitos en los que se les ha dado la razón un poco tarde, para muchos, definitivamente tarde.
Recurrir a la ineficacia administrativa como excusa para justificar los bajos niveles de resultados alcanzados en la gestión de las políticas sociales es una fórmula cobarde y que no convence a nadie. Algunos responsables políticos han intentado derivar la responsabilidad hacia instancias burocráticas. También este tipo de injusticias se abordan en textos como «¡Ay!, los funcionarios», en los cuales se hace algo tan a contracorriente y poco habitual como romper una lanza en defensa de los empleados públicos, como cuando se lanza un grito tan llamativo como «Un funcionario no es una vaca». Se trata de uno de los colectivos que durante este periodo de crisis ha sufrido una difícil situación, se ha pasado el cepillo constantemente a su nómina y también a sus derechos, y todo ello bajo la coartada de reducir el déficit, cuando es evidente que alguna de las medidas adoptadas no han sido otra cosa que un golpe de efecto para demostrar quién manda, y lanzar un mensaje de sanción a un colectivo que, supuestamente, goza de privilegios muy superiores a los que tienen el resto de los trabajadores.
Los cambios producidos en la Comunitat Valenciana son tema de análisis en varios artículos, entre ellos «Un país enfermo», que ofrece algunas claves para la reflexión, un poco en broma o un poco en serio, sobre una comunidad que ha pasado de ser un referente nacional e incluso internacional a la pérdida total de señas de identidad y elementos necesarios para construir un proyecto compartido. Las cajas de ahorro y bancos propios han desaparecido, la televisión pública ha dejado de emitir, incluso uno de los equipos de futbol de la capital ha dejado a medio construir un estadio en una esquina de la ciudad. Es lamentable e incomprensible cómo han podido ocurrir tantas cosas malas y en tan poco tiempo.
En gran medida, la velocidad y la intensidad de los cambios han tenido mucho que ver con la falta de conciencia de los ciudadanos respecto a lo que estaba pasando. Debido a constantes maniobras de maquillaje o, dicho sin eufemismos, al engaño masivo a través de unas campañas institucionales que impedían ver en lo que se estaba convirtiendo esta tierra, que ha pasado «De huerta valenciana a corralito», sin que la mayoría de ciudadanos se dieran cuenta de lo que estaba sucediendo con su patrimonio colectivo.
En el texto «Grumetes en la niebla», el foco se sitúa en la bisoñez y la falta de implicación en una singladura en la que se ha estado patroneando con la mirada puesta en una fantasía, un mundo creado casi virtualmente por fotografías retocadas, coches de lujo, amarres de barcos enormes y carreras de bólidos por la ciudad de Valencia. La política espectáculo ha supuesto una forma de manipulación tan burda y evidente que, una vez que se ha caído, todos nos hacemos la misma pregunta: ¿pero cómo nos hemos podido dejar engañar con un espejismo ridículo y que no tenía ningún recorrido?
Este repaso a lo que hemos sido tiene un punto de inflexión terrible si cambia el sentido de la mirada y sedirige hacia el futuro. En alguna de las crónicas se denuncia lo que le espera a una generación de jóvenes que han recibido la mayor formación que se haya ofrecido nunca y que, en cambio, se ven obligados a hacer frente a las peores expectativas sobre su futuro. Las respuestas que se han dado por parte del gobierno del PP no parecen las más adecuadas.Tampoco se resuelve nada subiendo tasas, dificultando el acceso al mundo laboral e incluso, actuando contundentemente mediante la «Respuesta policial», cuando estos jóvenes cabreados han querido hacer oír su voz.
Nuevas normas de reciente elaboración, como la Ley Wert o la de racionalización han inspirado titulares como «Racionalidad irracional», sobre todo porque se trata de algo muy parecido a papel mojado ya que son normas que, tras un esfuerzo en su trámite parlamentario, no han traspasado ese «carril». No han sido negociadas y acordadas con otros partidos políticos distintos al proponente y tampoco han contado con el apoyo del resto de los agentes sociales implicados; además, todos ellos se han empeñado en manifestar su disconformidad mediante la ocupación de las calles, recogiendo firmas, elaborando manifiestos y documentos en contra de estas leyes que no aportan nada nuevo a las soluciones y que pasan a convertirse en una parte más del problema.
Para este humilde cronista, nada sería más grato que este libro sirviese para algo más que para una lectura entretenida. Si cualquiera de estos artículos ayudara a reflexionar acerca de lo que nos ha pasado y la forma en la que podemos colaborar cada uno de nosotros para cambiar el futuro, mi objetivo estaría cumplido.
1.
MAYORES Y DEPENDIENTES

Posiblemente, uno de los cambios sociodemográficos más relevantes de los ocurridos en nuestro país, algo que algunos demógrafos consideran una auténtica revolución, es el envejecimiento poblacional, un indicador de avance y calidad de vida. Nada menos que ampliar el bien más preciado que tenemos los ciudadanos. Envejecer es avanzar para una sociedad, ya que es democratizar el derecho a la vida.Ya no son reyes, chamanes y papas los que se eternizan y cumplen años. En nuestro país, amplias capas de la sociedad han empezado a superar los 65 e incluso los 80 años, muchos de ellos con unas condiciones de vida envidiables y lo consiguen acogiéndose a una de las corrientes en alza, el envejecimiento competente, en contra de fenómenos conocidos como «ageísmo», o discriminación de las personas mayores.
Pero también hay una parte muy importante de mayores que se ha convertido en soporte y colchón contra la adversidad de generaciones posteriores, ya que con sus pensiones e incluso con su patrimonio y, sobre todo, con su tiempo están ofreciendo respuestas sustitutivas a unas ineficaces respuestas institucionales. No obstante, de todo este proceso en positivo, lo más importante, aquello que adquiere relevancia colectiva, es sacar a la luz aquellos casos que transitan este tramo vital con dificultades y requieren de ayudas como las prestaciones contenidas en la Ley de la Dependencia y que, en muchos casos, están sometidos a un vía crucis injustificado. De todas estas cosas se habla en este apartado, en ocasiones de forma más ligera y en otras, con todo el dramatismo que requieren alguna miradas a la realidad que nos rodea.
Dependencia a golpe de sentencia
18.02.2014 |
Se ha repetido hasta la saciedad y también se han realizado cientos de denuncias. Las quejas al Síndic de Greuges han colapsado la institución. Se han convocado numerosas protestas en las calles de Valencia, manifestando la indignación provocada por la ineficacia en la aplicación de la Ley de la Dependencia en la Comunitat Valenciana. Esta acusación procedía de los afectados, sus familiares, sindicatos, organizaciones de personas con discapacidad y gran parte de la sociedad civil valenciana. También las conclusiones de los informes técnicos determinaban de forma muy evidente la interpretación low cost de unos derechos que no se han desplegado de manera suficiente. Pues bien, ahora son los magistrados del Tribunal Superior de Justicia Valenciano quienes consideran que la administración valenciana ha causado graves daños con su actuación aplicando un procedimiento prolongado, defectuoso, moroso y, además, de manera injustificada.Ya no son opiniones interesadas, tampoco se trata de un contubernio de la oposición para desgastar políticamente. Ahora hay una sentencia que confirma la evidencia de los siete años en que ha estado vigente una ley que ha existido en el papel pero que ha dejado mucho que desear en su aplicación real por la Generalitat Valenciana. Resulta difícil de entender cómo ha podido ocurrir esto. Por todos son conocidas las especiales necesidades de las personas dependientes y también que, precisamente para evitar ese sufrimiento, se promulgó una norma que pretendía contribuir a mejorar las condiciones de vida de aquellos que peor lo pasan.A pesar de estas evidencias los resultados están a la vista de todos, ahora solamente falta extraer conclusiones. La pregunta que surge inmediatamente es: ¿y ahora qué? También es lógico preguntarse cuáles van a ser las consecuencias y la responsabilidad por el sufrimiento causado. ¿Alguien va a pedir disculpas?, ¿se van a depurar responsabilidades? ¿O simplemente se obtendrá la callada por respuesta como si no hubiera ocurrido nada, utilizando la maquinaria administrativa como un caparazón bajo el que esconder la ineficacia y la falta de sensibilidad hacia las necesidades de los ciudadanos?
Entre generaciones
2.05.2011 |
Hace un par de años que se está celebrando el Día Europeo de Solidaridad entre Generaciones, una forma de llamar la atención sobre un fenómeno reciente, el envejecimiento poblacional, y también sirve esta referencia, para destacar la necesidad de fortalecer la solidaridad entre las generaciones. Envejecer no está mal si se hace con calidad de vida. Cada día hay más personas que lo consiguen, pero eso no es fruto de la casualidad y tampoco un designio divino, han sido potentes sistemas de bienestar social los causantes de este logro al que no podemos renunciar, avances en medicina, sistemas de pensiones que permiten garantizar ingresos tras el periodo productivo, servicios de atención domiciliaria y centros especializados en personas mayores han contribuido a que se democratice algo tan preciado como es el derecho a una vida longeva. Cifras impensables hace apenas unos pocos lustros hoy nos hacen sentirnos orgullosos de una sociedad en la que un porcentaje muy elevado de sus integrantes supera los 65 años y, además, se ha producido otro fenómeno también importante como es el envejecimiento del envejecimiento: nunca ha habido tantas personas mayores de ochenta años como en este inicio del siglo xxi. Es precisamente la llamada de atención que realizan los organismos internacionales, poner la mirada en este fenómeno y además de manera colectiva. Los más jóvenes deben ser conscientes de que este ha sido un logro muy importante en el que la base de su éxito se encuentra en la solidaridad entre generaciones, ahora bien, no estamos frente a algo irreversible: puede ser un fenómeno de ida y vuelta si no somos capaces de mantener los logros alcanzados. Por ese motivo, la mejor forma de hacer explícita la solidaridad intergeneracional consiste en lanzar un grito unánime: en materia de derechos sociales ni un paso atrás, es mucho lo que hay en juego.
La dependencia, a examen
16.12.2009 |
En numerosas ocasiones se ha denunciado, con razón, la falta de evaluaciones eficaces que informen del funcionamiento de los servicios públicos, algo sumamente curioso ya que se trata de servicios pagados por todos y además de su eficacia depende, la calidad de vida de miles de ciudadanos. No es raro que para determinados políticos resulte muy incómoda la publicación de informes en los que salgan a la luz malas prácticas en la gestión, pero la transparencia y el contraste deben formar parte de una gestión eficaz y responsable. Precisamente por esa tendencia al secretismo conviene poner especial atención cuando tenemos acceso a estudios comparativos sobre el funcionamiento de servicios esenciales. Muy poco tiempo después de promulgarse la Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia hemos conocido distintos informes sobre la evolución de su aplicación.Todos los meses el INSERSO publica, en su página web, el nivel de desarrollo en cada una de las comunidades. Los datos, de manera, reiterada, ofrecen una foto prácticamente fija en la que se puede comprobar un panorama exageradamente asimétrico, evidenciando la presencia constante de un batallón de cola, ocupado siempre por las mismas autonomías: Canarias, Madrid y la Comunitat Valenciana. Hace apenas unos días, desde una plataforma de expertos independientes, el Observatorio de la Dependencia, se emitía el cuarto informe semestral de valoración de la aplicación de esta Ley en las distintas comunidades. El resultado es sumamente coincidente con los datos indicados anteriormente: las tres comunidades apuntadas suspenden de manera llamativa y aparecen como de escaso impacto y desarrollo de la Ley en estos territorios. Para ofrecer un panorama todavía más lamentable, hemos comprobado, en los medios de comunicación, que las similitudes entre estas autonomías no se limitan a su ineficacia sino que también comparten, sus responsables políticos, argumentos muy parecidos a la hora de valorar estos resultados: los datos no se ajustan a la realidad, somos los mejores pero no nos lo reconocen, en todo caso es culpa del gobierno central…, en definitiva, «excusas de mal pagador» (textual en este caso). Lamentable, muy lamentable, sobre todo porque lo importante, cuando uno se equivoca, es aprender de los fallos cometidos y corregir para construir una realidad diferente.
Desgraciadamente este tipo de actitudes no hacen albergar muchas esperanzas en un futuro mejor, mientras que no se asuma, de forma clara los errores, se analicen sus causas y sobre todo se pongan los medios para evitar este liderazgo de ineficacia, estarán en desventaja las personas dependientes de Valencia Madrid y Canarias. Se trata de una injusticia terrible ya que están amparados por el mismo derecho que el resto de Comunidades y en cambio están obteniendo una respuesta muy distinta de aquellos que tienen la responsabilidad de responder ante las necesidades de ciudadanos que, supuestamente, deberían ser iguales ante la Ley.
MaYores
21.11.2009 |
En estos días se han realizado numerosos comentarios acerca del nombramiento del nuevo presidente de RTVE. Algunos de ellos no han sido especialmente afortunados. Es cierto que estamos frente a la paradoja de la designación de una persona de edad avanzada como máximo responsable de una empresa que hace apenas unos meses ha jubilado a chavales de cincuenta años. Dejando al margen la anécdota de pre jubilaciones vinculadas a procesos de ingeniería de recursos humanos a costa del Estado, es cierto que estamos asistiendo a una de esas evidencias de lo que los alemanes denominan el Zeitgeist o espíritu de la época. Como consecuencia de la implantación de sistemas de bienestar potentes en las sociedades avanzadas y España entre ellas, el siglo xxi se ha hecho mayor y todavía lo va a ser más. Se ha generalizado el derecho a una vida longeva, la madurez ya no es patrimonio de unos pocos, no solamente envejecen reyes y chamanes, amplias capas de la sociedad alcanzan los ochenta y los noventa años. El reto de este siglo no parece situarse en seguir creciendo en expectativa de vida, que también. Lo que parece estar en juego es la garantía de transitar este período con niveles de calidad de vida dignos: eso que se conoce entre los expertos como envejecimiento competente y compromiso con la vida. De manera absolutamente invisible y nada reconocida, los mayores, muchas personas mayores, desempeñan una importante función social de apoyo informal en su entorno. También se produce cada vez con mayor entidad la participación de profesores eméritos en la investigación y docencia de alto nivel y, por supuesto, en las artes, la edad casi nunca ha sido un impedimento para un desarrollo pleno.
Del mismo modo que el desfile de la señora Chacón como ministra de Defensa supuso un importante icono por la igualdad y, por supuesto, dando por hecho que el nombramiento del señor Oliart está vinculado exclusivamente con su valía personal y profesional demostrada a lo largo de los años, no podemos dejar de lado que el importante cargo asumido pasados los ochenta supone un referente para las personas mayores. Precisamente por todo esto están fuera de tiesto los comentarios de reprobación que se han efectuado, que en Europa ya se identifican como «ageism», o lo que es lo mismo, discriminación por razón de edad. En el norte y centro del continente se está tomando muy en serio esta forma de crítica y empiezan a adoptar medidas para combatir esta injusticia. Así que, bienvenido sea el nuevo responsable de la radiotelevisión pública española y más vale que nos vayamos acostumbrando a este tipo de cosas, que van a seguir pasando porque afortunadamente los mayores son muchos, cada vez más, están sobradamente preparados y dispuestos a demostrar su compromiso con la vida de manera clara y evidente.
El Síndic Y la dependencia
6.10.2009 |
Una vez más y van... el informe del Síndic de Greuges es demoledor con la Administración valenciana y su gestión de la Ley de la Dependencia. Nada menos que el 47% de las quejas presentadas tiene que ver con la gestión ineficaz de una ley que, supuestamente, debería ser prioritaria para cualquier Gobierno que realmente fuera sensible a lo que pasa en las vidas cotidianas de sus ciudadanos. Sensible ante personas mayores que necesitan cuidados y que carecen de recursos para ello; familias, en plena crisis económica, que se están endeudando para pagar los gastos de una residencia, un centro de día o una cuidadora en el domicilio de personas dependientes que, con la pensión que cobran, les resulta absolutamente insuficiente para atender a sus necesidades. Resulta extraña la forma en que, de manera reiterada, el Gobierno de la Comunitat acepta estos tirones de oreja del Síndic, sin sonrojo. El informe es una llamada de atención que no va acompañada de sanción, únicamente muestra la evidencia de incompetencia y falta de sensibilidad ante los temas que realmente preocupan a los ciudadanos. Sí, hay mucha costumbre entre la clase dirigente de utilizar «lo que preocupa a los ciudadanos» para despejar a córner cuando les hacen preguntas incómodas o molestas, pero difícilmente podrán justificar estos evasores de la responsabilidad que la dependencia y sus consecuencias no preocupan a cada uno de los más de 150.000 valencianos que la están sufriendo, a sus familiares, y a todas aquellas personas que nos parece que se debería poner toda la maquinaria de la Administración al servicio de aquellos que más lo necesitan y además lo pagan con sus impuestos, no es un regalo, una dádiva, estamos hablando de prestaciones de derecho que se están incumpliendo. De momento, están anunciando esta falta de interés instituciones como el Síndic, pero seguramente no van a tardar en aparecer sentencias judiciales que, en este caso sí con sanción, condenen una mala praxis de los responsables del desastre por no atender debidamente aquello que realmente preocupa a los ciudadanos, y en este caso, la frase no es un latiguillo evasor.
Dependencia, unanimidad
25.05.2008 |
Una de las principales consecuencias que se han suscitado con la puesta en marcha de la Ley para la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia en la Comunitat ha sido la aparición de un importante conflicto en el seno de la sociedad valenciana. El desarrollo de la norma ha venido acompañado de denuncias, concentraciones, manifiestos y opiniones muy discrepantes acerca de cómo se viene gestionando este tema por parte del Gobierno de la Generalitat. En sociedades desarrolladas como la nuestra no es extraño que se produzcan cruces de intereses enfrentados entre partes que provocan una visión absolutamente encontrada de una misma realidad. Estas discrepancias se escenifican a través de declaraciones contradictorias, actos reivindicativos e incluso mediante cruce de denuncias en los tribunales. Ahora bien, en lo que hace referencia al cabreo suscitado por el caso que nos ocupa, las dos posiciones enfrentadas están muy delimitadas: por un lado, se encuentra la Administración valenciana, y por el otro, se produce una absoluta unanimidad en su contra. Todas las voces interesadas han lanzado una misma denuncia: la falta de eficacia es un clamor recogido por asociaciones de discapacitados, sindicatos, colegios profesionales, universidades. La única voz discrepante es el propio Gobierno valenciano, que no ofrece explicaciones y se enroca en un discurso de negación de la realidad. Resulta bastante evidente que si el conjunto de los directamente afectados por la ley están manifestando esta disconformidad mediante concentraciones, demandas judiciales, manifiestos y denuncias públicas, algo no está funcionando de la manera adecuada, especialmente si tenemos en cuenta que nos estamos refiriendo a personas y grupos con enormes limitaciones y escasos recursos; por tanto, adquiere una especial relevancia el manifestar una opinión en contra del poder establecido. La excusa del cruce de intereses no es válida en esta ocasión, especialmente porque una de las partes enfrentadas tiene como obligación el cumplimiento y la aplicación de todas las leyes, le gusten más o menos. La actitud que ha mantenido hasta ahora la Conselleria de Bienestar ha llevado a un estado permanente de reacción por parte de los afectados. El pasado día 16 tuvo lugar una manifestación por las calles de Valencia para denunciar, una vez más, lo que está ocurriendo. Parece llegado el momento de que en el Gobierno valenciano se paren a valorar si la opinión de todos se puede ignorar y sería conveniente reconocer los errores, atender las demandas, cambiar su talante prepotente que no beneficia a nadie y ofrecer respuestas a las personas dependientes, que lo están pasando muy mal y requieren prestaciones que hasta ahora no están llegando, o lo están haciendo con un enorme retraso. Lo peor de todo es que el leitmotiv de la reclamación es algo que debería ser una prioridad para el Gobierno de la Generalitat.
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