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Creación heroica
Neoliberalismo, políticas culturales y estrategia comunitaria en el Perú del siglo XXI
Guillermo Valdizán Guerrero

Créditos
© RGC Libros.
Equipo RGC: Nicolás Sticotti, Emiliano Fuentes Firmani y Leandro Vovchuk.
Corrección: Sebastián Spano
Diseño: Ana Uranga–Melasa diseño
Fotografía de tapa: Miguel Gutiérrez Chero / ¨Fiesta de la Champería en San Pedro de Casta¨ (2015)
ISBN: 978-987-47718-7-2
Hecho el depósito que establece la ley 11.723.
Impreso en la Argentina.
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Valdizán Guerrero, Guillermo
Creación heroica : neoliberalismo, políticas culturales y estrategia comunitaria en el Perú del siglo XXI / Guillermo Valdizán Guerrero ; prefacio de Alexandre Santini ; prólogo de Patricia Oliart.–1a ed.–Caseros : RGC Libros, 2021.
128 p. ; 21 x 14 cm.–(Reflexiones ; 9)
ISBN 978-987-47718-7-2
1. Acceso a la Cultura. 2. Acuerdos Culturales. I. Santini, Alexandre, pref. II. Oliart, Patricia , prolog. III. Título.
CDD 306.0985
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A María Elena Moyano, Tomás Temoche
y Stefan Kaspar por haber sembrado
las cosechas de hoy y mañana.
A Elmer López, bastión
de la cultura viva comunitaria.
“Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano”.
José Carlos Mariátegui
“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no solo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”.
José María Arguedas
Índice
Presentación
Seis ensayos para una estrategia comunitaria
Por Alexandre Santini
Prólogo
Por Patricia Oliart
La disputa cultural
Entre la globalización capitalista y el buen vivir en el marco de la actual crisis civilizatoria
¡Se buscan trabajadores culturales!
Industrias culturales creativas y trabajo en el capitalismo global
Alegres y rebeldes. Los carnavales y la lucha contra la corrupción
Del otro lado del corazón.
Dimensión cultural y crisis hegemónica en la izquierda peruana a inicios del siglo xxi
Algo va a pasar.El ciclo de las políticas culturales 2010–2020 en el Perú
Recomunalizarnos. Crisis económica, sector cultura y estrategia comunitaria en Nuestramérica y Perú ante el Covid-19
Referencia bibliográfica
Presentación
Seis ensayos para una estrategia comunitaria
Por Alexandre Santini
General, tu tanque es un vehículo fuerte.
Arrasa un bosque y aplasta a cien hombres.
Pero tiene un defecto:
necesita un conductor.
General, tu bombardero es poderoso.
Vuela más rápido que la tempestad.
Y carga más que un elefante.
Pero tiene un defecto:
necesita un piloto.
General, el hombre es muy útil.
Puede volar y puede matar.
Pero tiene un defecto:
puede pensar.
Bertolt Brecht
Me identifico mucho con la trayectoria y pensamiento del autor de los textos que dan forma a este libro. Esta identificación va más allá de lo escrito en estas líneas de presentación. Es también desde el tejido de la amistad y el cariño que hago estos primeros comentarios al libro Creación heroica. Neoliberalismo y estrategia comunitaria en el Perú del siglo XXI, de Guillermo Valdizán Guerrero. Un doble placer: la alegría personal de verlo materializar este esfuerzo intelectual y militante, y la gran relevancia de su contenido para todos los que estudiamos, pensamos, actuamos y vivimos la política desde una perspectiva cultural y comunitaria en América Latina.
Somos de una misma generación de gestores culturales latinoamericanos, que se reconocen profundamente en estas dos categorías: la de gestores culturales y la de latinoamericanos. Desde esta doble perspectiva, construimos las preguntas, análisis, interpretaciones y estrategias que configuran nuestra cosmovisión y acción sobre la realidad. Como el autor, también me identifico con la conclusión de Marx en sus Tesis sobre Feuerbach (1845): más que interpretar el mundo, lo que nos interesa es modificarlo.
Los artículos y ensayos de Guillermo Valdizán Guerrero reunidos en esta edición están escritos “sobre la marcha”, en medio de una desafiante coyuntura política peruana y continental. Son textos guiados por un compromiso militante, condimentados por un coherente y constante activismo político, cultural y comunitario. El autor comprende –y de este entendimiento resulta la “Creación Heroica”– que está formulando un importante aporte a la existencia misma de una teoría e historia de la gestión cultural comunitaria latinoamericana.
Uno de los lazos que me une al autor de este libro es la participación en el Movimiento Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria. Este concepto, que define tanto las prácticas e iniciativas culturales como las políticas culturales a nivel local y nacional, es la amalgama de una red de organizaciones, movimientos, redes, colectivos y personas que se reconocen como parte de un tejido continental.
La Cultura Viva Comunitaria pasa por el corazón de la “estrategia comunitaria”, propuesta por Guillermo Valdizán Guerrero como alternativa a los modelos sociales y culturales que tiene el neoliberalismo para las comunidades y territorios periféricos del Perú y América Latina. El autor propone la “recomunalización”, un reencuentro de nuestras sociedades con los paradigmas ancestrales del bien común y el buen vivir, como posibilidad de futuro en un modelo de desarrollo alternativo a la aplicación del recetario neoliberal. La propuesta es ambiciosa. Pero basta con mirar el contexto regional y global para ver cuán urgente y necesario es este debate.
Como en un rompecabezas, el libro presenta un mosaico de temas que van desde el Carnaval hasta el COVID-19, en un desfile de temáticas variadas como industrias culturales, historia reciente de la izquierda peruana, conflicto armado interno, cosmovisión andina, economía creativa y pensamiento marxista latinoamericano. El comunitarismo es el hilo conductor que permea y unifica las distintas dimensiones abordadas en los textos que componen esta edición.
Sin embargo, es imposible no abordar los temas presentados sin tener en cuenta el escenario distópico y pavoroso de la pandemia por el COVID-19 en un contexto de profundas desigualdades e inestabilidades políticas en América Latina. El último capítulo de este libro, “Crisis económica, sector cultura y estrategia comunitaria en Nuestra América y Perú ante el COVID-19”, presenta un importante acercamiento a los enormes desafíos de la cultura en nuestras sociedades, ahora y en la pospandemia. Hasta ahora sabemos que cines, teatros, centros culturales comunitarios, bibliotecas, galerías, museos, etcétera, fueron los primeros en cerrar sus puertas y seguramente estarán entre los últimos sectores que volverán a la “normalidad”, luego de este momento de aislamiento social. Tampoco sabemos cuál será esta nueva normalidad, ya que estamos ante algo inédito en nuestra historia. Hasta ahora, no hay una respuesta precisa, ni siquiera un enfoque sobre cómo el público conducirá las actividades culturales en esta “nueva normalidad” que aún no conocemos.
Las graves consecuencias para el sector cultural exigen respuestas y medidas concretas por parte de los gobiernos locales y los estados nacionales. La sociedad civil y el sector cultural han contribuido a la búsqueda de alternativas. Pero los mecanismos de transferencia de renta a gran escala y las fuertes inversiones del sector público son esenciales en este momento. Al mismo tiempo, es necesario construir/fortalecer las herramientas de circulación, difusión, cooperación e intercambio cultural en este momento de crisis, más allá de lo que ofrecen el mercado y la industria del entretenimiento, sectores que se encuentran fuertemente amenazados por el escenario actual.
En algún momento, sin embargo, será necesario que las personas vuelvan a circular en las ciudades, transiten, vivan juntas. Y en el mundo que emergerá después de la pandemia, el arte y la cultura, en particular aquellas que tengan lugar en las expresiones y organizaciones comunitarias, jugarán un papel fundamental en la (re)construcción de los lazos de pertenencia, sociabilidad, confianza y afecto de nuestro pueblo.
Prólogo
Por Patricia Oliart
Tenemos en nuestras manos un libro escrito con urgencia militante, que aspira a ser un instrumento para la reflexión, el debate y la acción política en los terrenos de la gestión cultural y la cultura comunitaria. Guillermo Valdizán Guerrero no deja tema relevante sin tocar, mostrando el rango y la profundidad de sus preocupaciones, propias de alguien cuya actividad cotidiana combina el activismo comunitario, la militancia política, la creación artística, la gestión cultural y la escritura para la acción.
Cada sección nos acerca a la presentación de un tema cumpliendo con la tarea que Guillermo se impone de ofrecer el contexto global, la trayectoria de la discusión sobre el tema, la descripción del momento económico, político y social en el país, los actores involucrados y la tarea pendiente, presentada esta en términos muy concretos, pero también como invitación inspiradora para la acción. El análisis y propuestas que Guillermo elabora con disciplina, lucidez y visión, se nutren de lecturas que en sí mismas constituyen un acervo necesario de compartir para nutrir la discusión de la agenda propuesta en el libro.
Claramente ubicado en la izquierda militante que busca acceder a la función pública, este libro incluye temas centrales para pensar la cultura como un espacio para la acción política, la creación, la investigación y el gobierno. Se trata entonces de un esfuerzo por expresar con claridad un posicionamiento que aborda activamente tanto procesos recientes como temas poco explorados desde la política, pero de larga data en la práctica social, y que interpelan a los actores sociales y políticos a la luz de discusiones regionales y globales para forjar un pensamiento colectivo que incluya en una visión compartida de futuro, con sus conocimientos y propuestas, a lo comunitario y lo diverso, al feminismo, a las culturas indígenas.
El segundo ensayo se hace cargo de explorar con claridad el terreno ambivalente de la valoración de la creatividad en el neoliberalismo. La lectura atenta, crítica y reflexiva de los documentos oficiales acompaña una clara toma de posición que evidencia cómo, tanto en el plano discursivo como práctico, el énfasis oficial sobre el consumo cultural descuida atender la producción cultural y con ello, el cuidado de los productores o trabajadores de la cultura. A ello se agrega una urgida descripción del contexto de la pandemia y sus devastadoras consecuencias económicas y políticas en el sector.
Como puente entre este segundo ensayo y el cuarto, Guillermo ofrece un texto breve para comentar el papel de los carnavales como vehículo para la expresión de la rebeldía popular con ejemplos de Brasil y Ayacucho. Así como en este texto, América Latina, o Nuestramérica como la nombra Guillermo, es una referencia constante en el texto.
El cuarto texto nos lleva luego fuera de esta esfera importante para la discusión y desarrollo de políticas públicas para la producción en el campo cultural, y nos confronta con un texto que llama a la acción militante. Aquí se identifican desafíos importantes con lucidez y profundidad, integrando áreas de intervención y pistas para la discusión y la investigación en pos de establecer “desde el presente bases para el proyecto político del futuro”.
El quinto capítulo repasa las características de la gestión cultural desde el Estado en la historia reciente, y examina también el significado político atribuido a la cultura desde allí. La revisión incluye el comentario sobre los orígenes del Ministerio de Cultura en el contexto de la transición a la democracia y los límites de su mandato, y propone líneas alternativas de compresión y trabajo a partir del examen crítico de los desencuentros entre la gestión estatal de la cultura y la vitalidad de la cultura comunitaria. Y es al desplegar una visión compleja y abarcadora de la agenda pendiente entre el Estado y las demandas históricas y actuales de nuestros pueblos, que nos exhorta a “atizar una imaginación radical que pueda nutrirse de las subversiones simbólicas de nuestros pueblos y encarnarse en estrategias de florecimiento comunitario”.
El primer y el último ensayo nos llevan al escenario de la disputa cultural con el neoliberalismo y la globalización capitalista que están en la raíz de la actual crisis civilizatoria, y luego a la visión de futuro, desde una evaluación serena del grave presente que enfrentamos. Como un atento observador del presente, Guillermo sintetiza la crítica a la cultura neoliberal y las subjetividades que ha creado, las graves ausencias que la pandemia ha desnudado, y la fuerza innovadora y creativa en la sociedad, que tiene una prometedora expresión en la elaboración de propuestas en curso como la del Buen Vivir y en formas institucionales que emergen para darle sentido y forma a las luchas del futuro.
Desde su título, el libro nos invita a tomar un rol reflexivo y activo, nos invita a pensar, crear y comprometernos vitalmente en la tarea de imaginar y luchar por un futuro que se nutra de la experiencia y formas de vida que sostienen lo comunitario, en solidaridad y restablecimiento de vínculos entre diferentes formas de estar en y con el planeta.
La disputa cultural
Entre la globalización capitalista y el Buen Vivir en el marco de la actual crisis civilizatoria
Presentación1
¿Cuáles son las condiciones actuales de las formas de producción cultural comunitaria en América Latina en el actual contexto de la globalización? Aquí ensayaremos algunas pistas al respecto, que nos permitirán reflexionar sobre los cambios de enfoques y dinámicas culturales en diálogo directo con las transformaciones sociales e históricas del actual proceso de globalización capitalista desde una mirada crítica, pero a la vez esperanzadora. En principio trazaremos una breve definición del concepto producción cultural y sus principales características. Paso seguido, identificaremos las transformaciones actuales más relevantes y su relación con la producción cultural. Finalmente analizaremos las luchas por otros modos de vivir, producir y compartir, más allá de la perspectiva desarrollista, siguiendo la estela de un horizonte de florecimiento comunitario.
Definición de producción cultural
Consideramos por producción cultural al conjunto de relaciones sociales de creación e intercambio de símbolos, bienes y prácticas que conforman nuestras identidades, maneras de entender el mundo y modos de vivir, los cuales son transversales a toda experiencia humana y a nuestra relación con la naturaleza. Esta producción se transforma en el tiempo, según los contextos sociales, históricos y geopolíticos concretos donde se desenvuelven. Dichos procesos están atravesados por tensiones creativas, producto de las relaciones de poder en la sociedad.
Una primera tensión que atraviesa las producciones culturales es la relación entre producir y ser producido. En la modernidad occidental se asoció la cultura a una esfera productiva de objetos de alta densidad estética, significativa e identitaria, disociada de otras esferas de la vida social y de funciones utilitarias. Estos objetos eran marcadores sociales que pertenecían a clases sociales con acceso adquisitivo o cognoscitivo, razón por la cual el concepto de cultura se convirtió en un sinónimo de objetos artísticos creados e interpretados por especialistas. Del otro lado, en la misma modernidad se fue consolidando la idea del ser humano como creador de sus propios destinos, lo que implicaba que podíamos producirnos a nosotres en el mismo proceso en que transformábamos nuestro entorno y condiciones de vida, a partir de nuestra praxis social. En la primera definición la cultura “reflejaba” el mundo y lo condensaba en objetos con alta carga simbólica y valorativa, en la segunda la cultura es un recurso que utilizamos para realizarnos, vale decir que no solo refleja, sino que “hace”, y en ese hacer nos “realizamos”, consolidando la tensión entre producir y ser producido, entre crear símbolos y ser transformados(as) por ellos. Esto hizo que la cultura no se viera solamente como un tema en la agenda sino como condición, medio y fin de lo político2.
Así pues, esta tensión descrita dio pie al desarrollo de distintos enfoques en la gestión y las políticas culturales. En palabras de Víctor Vich:
Por tanto, lejos de entenderla como una instancia encargada solamente de simbolizar lo existente, la cultura debe concebirse como un dispositivo que contribuye a producir la realidad y que funciona como un soporte de la misma. En ese sentido, cualquier proyecto de política cultural debe entender la cultura no tanto por las imágenes que representa sino por lo que hace y lo que buena parte de la cultura hace es producir sujetos y producir (y reproducir) relaciones sociales. (Vich, 2013, p. 130)
La segunda tensión es la relación entre continuidad y ruptura. Por continuidad entendemos el mantenimiento de las pautas establecidas y reproducidas culturalmente en una sociedad, priorizando la preservación o recreación moderada de los patrones precedentes; por ruptura, el cambio cualitativo de las pautas culturales que rigen nuestra convivencia. La modernidad entendió esta tensión de manera valorativa para degradar la continuidad de las culturales locales y tradicionales ante el encumbramiento de la cultura de la modernidad occidental, asociada con el progreso y el desarrollo. Sin embargo, continuidad y ruptura no son caminos separados ni opuestos, sino gradaciones de los procesos permanentes y dinámicos de transformación cultural que vivimos. En el siglo XX esta tensión ha asumido distintas formas en los debates sobre las culturas: autenticidad-innovación, identidad-alteridad; con la particularidad de que cada una de las partes se reivindicaba como “la esencia de la cultura” en desmedro de la otra, perdiendo de vista que no son las partes sino la tensión misma la que da forma a las características culturales de una sociedad.
Habiendo señalado dichas tensiones, vale resaltar que una producción cultural no es el resultado unidireccional de “expertos en la materia”, sino un proceso de fermentación de vínculos que construyen sentido en varias direcciones, de ida y vuelta, siempre permeado por las relaciones de poder existentes en toda sociedad. No obstante, es importante identificar que, si bien todas las personas que vivimos en sociedad somos creadores constantes de cultura, también existen personas, colectivos e instituciones que se especializan en la creación y recreación de símbolos, bienes y prácticas culturales. Se trata de creadores(as), profesionales o empíricos(as), en campos muy disímiles como las artes, diseño, comunicaciones, gastronomía, festividades; así como otras personas e instancias que complementan dicha producción y median entre ella y la sociedad (técnicos, gestores, docentes, administradores y un largo y profuso etcétera). Usualmente se les conoce como sector cultura y, según sus formas de producción, pueden ser de carácter autogestionario, público, estatal o privado. Si bien el concepto de sector cultura forma parte de la consolidación moderna de la cultura como esfera aislada, la cual necesita de perfiles especializados, también es importante resaltar que en las últimas décadas el mismo sector cultural ha empezado un cuestionamiento profundo sobre esta situación.
Finalmente, y como consecuencia de lo dicho, las producciones culturales no son “hechos consumados”, de un valor y significados invariables que provienen desde fuera de nuestras relaciones sociales y de poder. Por el contrario, son creaciones humanas que operan en contextos, calendarios y territorios específicos de convivencia. En dichas producciones habitan nuestras emociones, sentimientos, reflexiones y razonamientos, de manera material, virtual y/o espiritual. En tal sentido, tienen un fuerte componente situacional y presencial, pero también cuentan con la capacidad de interactuar y afectarse con identidades y contextos distintos. En ello radica su carácter histórico y geopolítico, dos elementos que veremos a continuación para analizar la importancia del contexto en que estas producciones surgen y se transforman.
Cambios en el contexto mundial sobre la relación entre cultura y desarrollo
Producción cultural, transformaciones sociales y geopolítica
Una primera idea es que las formas de producción cultural están íntimamente ligadas a los procesos de transformación de las sociedades de las que emergen. Si bien este punto suena a obviedad, no olvidemos que desde la modernidad occidental las artes y las culturas se han construido reiterativamente sobre la base de tecnologías de aislamiento y homogeneización de los intercambios sociales, que de manera fetichista se han situado por encima de los propios intercambios y experiencias vividas (por ejemplo, el salón de clases, el cubo blanco de las galerías y el laboratorio científico). Estas tecnologías han sido masificadas en la modernidad con la tarea de legitimar ciertas experiencias y saberes, sintonizadas en el imperativo kantiano de la autonomía estética del arte y el predominio de la ciencia moderna como principal camino a la verdad objetiva. Por ello, reiterar que las formas de producción cultural están íntimamente ligadas a los procesos de transformación social no implica pensar en dos líneas paralelas (por un lado la sociedad y por el otro las producciones culturales) sino en un mismo tejido. Por ende, las producciones culturales son profundamente políticas, económicas y espirituales.
Una segunda idea es que la producción cultural es parte de un contexto geopolítico. Las culturas no son estáticas, menos aún en la actual tensión entre lo global y lo local, marcada principalmente por la lógica de acumulación capitalista, la hegemonía neoliberal y el posicionamiento de nuevos agentes políticos de carácter transnacional. En este escenario las producciones culturales tienen mayor protagonismo en la hegemonía política y económica del Norte Global, a través de las Industrias Culturales y Creativas (ICC) y las plataformas digitales de comunicación. Otro elemento geopolítico a considerar es la creación, irradiación y confrontación de políticas culturales, pasando de un centro de irradiación norteamericano y europeo durante el siglo XX a un proceso de construcción de otros centros de irradiación en países como China, Brasil, India, entre otros.
Recuento de cambios y características del contexto global
Teniendo en consideración las ideas previamente planteadas, señalaremos las principales características del contexto internacional que repercuten sobre los cambios en las formas de producción cultural en el período que comprende el último cuatro del siglo XX y las primeras décadas del XXI.
• Construcción de un mundo multipolar
Este punto tiene que ver con los cambios que se han afianzado en las últimas décadas respecto a la distribución del poder en el orden internacional. Entre la caída de la URSS y el Consenso de Washington es posible identificar el debilitamiento de la hegemonía norteamericana (unipolarismo norteamericano) y el despunte de otros centros económicos, políticos y culturales a nivel mundial. Este escenario, en comparación con el siglo XX, ha permitido relativos contrapesos en el poder global. Ello, junto con la articulación de bloques regionales, expansión de tratados de libre comercio y el avance de tecnologías de la comunicación, están propiciando un escenario que profundiza el debilitamiento norteamericano y posiciona otros ejes de articulación geopolítica (los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
• Cambios tecnológicos y globalización en la economía y comunicaciones
Desde la segunda mitad del siglo XX se desarrolla vertiginosamente una revolución tecnológica a través de la Internet, lo cual ha implicado la transformación de la producción industrial a nivel global sobre la base de interconexiones y flujos de información, capitales e identidades. Este cambio dinamizó en la economía mundial los sectores vinculados al desarrollo de producción cultural y a las propias identidades como mercancías3.
• Internacionalización de las inversiones y el sistema productivo
La globalización ha impulsado un sistema productivo que ya no concentra todas sus fases en un solo país o región, sino que se expande en circuitos intercontinentales, modificando la clásica división del trabajo industrial del siglo XX. La velocidad del flujo de inversiones permite articular procesos de producción que, por ejemplo, tienen sus áreas ejecutivas en Asia y sus fábricas en América Latina, al mismo tiempo que empieza a disminuir la capacidad para crear empleo a nivel mundial.
• Profundización monopólica del capital, en particular del capital financiero
En este proceso de globalización, donde los flujos comunicacionales y de capitales dinamizan la economía mundial, lo que genera mayor valor ya no es lo que producimos sino la especulación del mercado financiero centrado en lógicas de monopolio global. Así ocurre que el trabajo productivo empieza a generar menos valor económico que el movimiento especulativo de acciones en las bolsas de valores, reduciendo el empleo y la significación social del trabajo.
• Debilitamiento del Estado-nación frente a entidades transnacionales
La globalización capitalista también ha debilitado la capacidad de acción de los Estados nacionales, sobre todo en el contexto global posterior a la caída del Muro de Berlín, específicamente en su soberanía, debido al crecimiento exponencial del mercado internacional y del mayor protagonismo de entidades internacionales articuladas a los intereses de dichos mercados (BID, FMI, ONU, entre otras). No obstante, el debilitamiento de los Estados nacionales no solo tiene una dimensión económica sino también ideológica. Conceptos como “soberanía” e “independencia” dan paso al “libre comercio”; las identidades nacionales se fragmentan y flexibilizan, proliferando identidades efímeras, polifacéticas y desterritorializadas (bajo el imperativo del cambio constante) a la par de identidades territoriales, focalizadas y defensivas (bajo el imperativo de la autenticidad).
• Tensión entre uniformización y fragmentación de las identidades en la globalización
El actual proceso de globalización, orientado por la predominancia de la lógica de acumulación capitalista y de modos de vivir consumistas, prefigura una tensión entre la homogeneización e incluso uniformización cultural (vía ICC tan potentes como el cine norteamericano, por ejemplo) y la fragmentación expresada en el individualismo e identidades autorreferenciales. A ello se suma la mercantilización de las identidades bajo el imperativo de la constante renovación que promueve el consumismo y la reducción de derechos, pasando de ciudadanos(as) con derechos proveídos por el Estado a consumidores(as) globalizados.
• Movimientos sociales de carácter global y acción local
En los primeros años del siglo XXI, y sintonizando con el eco de plataformas de articulación alterglobal —post caída de los socialismos realmente existentes— surgen movimientos ciudadanos en espacios urbanos de diversas ciudades alrededor del mundo en defensa de la democracia y los bienes comunes que renuevan las agendas políticas internacionalistas desde el feminismo, la ecología y los derechos ciudadanos, entre otros puntos de agenda. Al mismo tiempo se reactivan movimientos conservadores, machistas, racistas y fundamentalistas en Occidente y Oriente. Todo ello en una época que, a comparación del siglo XX, cuenta con un horizonte utópico difuso.
• Políticas culturales orientadas a la interculturalidad y el Buen Vivir
Desde la última década del siglo pasado se ha institucionalizado en el ámbito de los organismos internacionales (Unesco, PNUD, OIT, redes académicas y profesionales, etc.) y, en algunos casos, en instancias nacionales, la centralidad de conceptos como interculturalidad y diversidad en el corazón de las políticas culturales4, como respuesta al planteamiento de la multiculturalidad. Por otro lado, en países como Bolivia y Ecuador, luego de hondas agitaciones sociales, nacen nuevas constituciones políticas que se fundamentan en el horizonte de sentido del Buen Vivir, la interculturalidad y el carácter plurinacional del Estado.
En este panorama, tras la caída de los socialismos realmente existentes, se estableció el predominio del neoliberalismo y la globalización giró en esa órbita. La relación entre cultura y neoliberalismo cerró el ciclo de las políticas culturales germinadas en los estados de bienestar europeos y las industrias culturales norteamericanas, entre la Segunda Guerra Mundial y el fin de la Guerra Fría. Nuestramérica inició el siglo XXI con una oleada de gobiernos progresistas que, desde la consolidación de proyectos nacionales y populares, plantearon un bloque de oposición ante la embestida global del neoliberalismo. Ello se plasmó en la negación a los Tratados de Libre Comercio y en la implementación de políticas sociales y culturales que permitieron brindar mejores condiciones para los sectores populares de la región, no sin contradicciones y limitaciones en su devenir. Actualmente este proceso se encuentra en un momento de reflujo y recomposición tras el impacto de la pandemia global y una embestida en curso por parte del gobierno norteamericano de Trump que busca recuperar su hegemonía en la región.
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