Read the book: «Para leer la apropiación digital»

D.R. © 2020, Editorial Tintable
Concepción Béistegui 2103-C4
Colonia Narvarte
México, CDMX.
Diseño de la colección
Estudio Sagahón
Leonel Sagahón y Carmina B. Salas
Cuidado de la edición
Roberto Barajas
Formación y captura
Carmina B. Salas
Primera edición
Agosto de 2020
ISBN: 978-607-8346-47-9
Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.
Contenido
Introducción
Repensar la apropiación
Niveles de la apropiación: dinámicos y cambiantes
El trabajo como eje de la teoría de la actividad
La apropiación: cuando el pasado sustenta al futuro
Estudios situados sobre apropiación
Colofón: La apropiación como transformación cultural
Fuentes
Semblanza
Introducción
A menudo se emplea el concepto “apropiación” vinculándolo a las tecnologías o al paradigma digital, pero sin problematizarlo o definirlo. Es por ello por lo que, frecuentemente, se lo asimila a la propiedad personal, es decir, a la acción de tomar para sí un objeto o recurso, de poseer y ser dueño de un bien tecnológico considerando sólo su dimensión material. No obstante, la incorporación de las innovaciones digitales a la vida de los ciudadanos pasa por un proceso más complejo que, desde mi perspectiva, puede segmentarse en tres etapas: acceso, uso y apropiación.
El acceso es, tal vez, la etapa más ampliamente estudiada debido a que se vincula con las políticas públicas nacionales e internacionales sobre digitalización. Estos lineamientos indican la capacidad técnica y económica de los países para materializar en sus territorios la arquitectura o diseño que llevará a los usuarios las redes y señales necesarias para su digitalización. En este proceso interesan tanto la geografía física como la social, ya que de esas características dependerá la complejidad de las tareas necesarias para digitalizar a un mayor número de habitantes y con la mayor calidad posible.
La arquitectura del acceso es la base material que facilita, o no, a los individuos el primer segmento de este flujo de tres etapas, el cual les permitirá formar parte de la cultura digital o, en su caso, quedar excluidos de ella. Que haya o no acceso ha dado origen al señalamiento de un tema bastante, pero no suficientemente, estudiado: las brechas digitales. Con el correr de los tiempos digitales estas brechas han presentado diferentes aspectos que deben ser parte constitutiva de su análisis: dimensiones tecnológica y cognoscitiva, generaciones de tecnologías, capacidad económica para pagar el acceso; género, lugar de residencia y nivel educativo de los usuarios, entre otros factores.
A finales del siglo XX se propusieron los conceptos de “sociedad de la información” y “sociedad del conocimiento”, los cuales, reuniendo ambas ideas, dieron paso al concepto de “sociedad de la información y del conocimiento” (SIC). Esta propuesta dio al acceso una valoración muy positiva debido a que, en la tríada antes mencionada, si no hay acceso es imposible pasar al uso y a la apropiación. Por ello, lograr el acceso universal o cobertura para toda la sociedad pasó a formar parte de las políticas públicas, de carácter global, constituyéndose en una de las condiciones necesarias para construir la SIC.
En este contexto y durante muchos lustros, el énfasis se puso en tener o no acceso y, por consiguiente, en superar la brecha digital, la cual primero fue entendida sólo en su dimensión tecnológica. Ello se sumó a una determinada visión de la investigación en ciencias sociales (colonizada por los métodos y perspectivas de las ciencias exactas, específicamente, la inmutabilidad de los datos matemáticos), lo que condujo a un conteo incesante del desarrollo del acceso. Entonces, se hizo prioritario responder preguntas como: ¿cuántas personas tienen Internet?, ¿cuántas usan teléfonos celulares, computadoras, tabletas, laptop, teléfonos inteligentes, etcétera? Tal vez por requerir un análisis más complejo o tal vez por la falta de enfoque en las prácticas sociales, a las reflexiones acerca de las dos etapas restantes se les quitó importancia.
Conviene, de todos modos, definir lo que entiendo por “uso” para luego pasar a discutir más ampliamente el concepto de apropiación. El término “uso” está ligado a rutina, automatismo, costumbre, hábito e incluso inercia. En el caso de las tecnologías digitales agrego, además, exploración, sondeo y curiosidad. La etapa de uso se caracteriza por los ensayos que realizan los individuos que están ingresando al mundo digital. Mediante su curiosidad, tanteos y sobre todo repetición establecen rutinas para el uso de los aparatos tecnológicos que a fuerza de esa reiteración se automatizan creando hábitos de uso. Esta búsqueda permite ir dominando al aparato que el usuario está incorporando a su vida, aunque con niveles muy diferentes según su entorno e historia de vida personal y social.
El estudio de estas rutinas ha abarcado también importantes esfuerzos, ya que de algún modo el desarrollo, valoración y tipología de las habilidades digitales aplicadas a cualquier actividad social están vinculadas a los hábitos de uso. Identificarlos puede ser el punto de inicio para desarrollar posteriores tutoriales, aplicaciones o software; para mejorar la experiencia o para reconocer una apreciación personal de esas estrategias.
Repensar la apropiación
Antes de analizar la apropiación, es necesario establecer algunas premisas que definen a toda reflexión en torno a la digitalización. En primer término, se debe considerar la desigualdad social que produce un acceso diverso a lo digital. De este punto inicial de exclusión y diversidad emerge una apropiación que se expresa culturalmente en prácticas desiguales.
Las actuales condiciones materiales, así como el clima intelectual y cultural dominante, definidas por Braudel (1992) como espíritu del tiempo, tienen una impronta de desigualdad que se manifiesta en las prácticas culturales digitales. A cada época corresponde una determinada concepción del mundo y de las cosas, así como una mentalidad colectiva que predomina y orienta el accionar de la masa social global. Esta suerte de guía colectiva dominante es un factor civilizatorio debido a que determina las decisiones que se toman y las actitudes aceptadas para alcanzarlas. También marca prejuicios y extravíos que en conjunto repercuten en el devenir de una sociedad.
En este contexto, pensar que la apropiación sólo refiere al hecho de adueñarse de algo es simplificar este proceso y, desde luego, está lejos de explicar un fenómeno tan complejo. El resurgimiento del término, como se sabe, proviene de la observación de prácticas culturales que incorporan tecnologías digitales a la vida cotidiana de los individuos. Pero este hecho, extendido en la actualidad, no puede problematizarse con una sencilla observación: requiere trabajos de campo, situados en realidades y sujetos concretos, que permitan conocer un mosaico de elementos culturales que forman parte de la apropiación y también de las matrices culturales. La historia social e individual está presente en esos procesos, como también lo están el presente y el futuro de una colectividad determinada.
Estas reflexiones tienen el propósito de ir a los orígenes de la categoría de apropiación con el fin de extrapolarla a un presente digital que era inexistente en los tiempos en que se propuso. Para ello, me centraré primero en su tratamiento conceptual para después analizar los elementos centrales de la apropiación; en segundo lugar, los situaré en el ámbito de las prácticas culturales mediadas por tecnologías digitales que se están llevando a cabo desde finales de la segunda década del siglo XXI. Referiré, brevemente, algunos estudios y acciones colectivas llevadas a cabo con el fin de situar al proceso de apropiación en una realidad o situación concreta, así como para colocar a los sujetos que participan e interactúan en una perspectiva social.
Alekséi Nikoláyevich Leóntiev (1903-1979) y Lev S. Vygotsky (1896-1934), dos investigadores rusos que trabajaron juntos hace un siglo, constituyen los primeros referentes acerca de la categoría de apropiación. Vygotsky presidía entonces un grupo que buscaba contraponer dos perspectivas psicológicas: la marxista y la conductista. Para acercase a esta contraposición partieron de la psicología de los procesos educativos, concentrándose en la memoria, la atención y el desarrollo del ser humano.
El trabajo conjunto desarrollado por Vygotsky (1978) y Leóntiev (1983) produjo importantes reflexiones. A Lev Vygotsky se le considera un teórico de la psicología del desarrollo, trabajo en el que destacan contribuciones tales como la zona de desarrollo próximo y la comunicación intrapersonal. Él fundó la escuela o enfoque sociohistórico que reivindica el origen social y cultural de la conducta individual y colectiva del sujeto. Vygotsky comenzó a estudiar las mediaciones que los adultos ejercían en los niños en los procesos de interiorización de los objetos culturales, concepto que, como sabemos, posteriormente alcanzaría gran relevancia en el campo de conocimiento de la comunicación.
En todas sus aportaciones destaca la interiorización como proceso de autoconstrucción y reconstrucción psíquica, aporte fundamental a la comunicación intrapersonal, íntima e individual. Tal como afirma su discípulo y colega Alekséi Leóntiev, ésta no consiste en transferir una actividad externa a un plano interno preexistente, sino que son procesos mediante los cuales el plano interior se transforma. Para Vygotsky esto da lugar a un nuevo tipo de interacción con los productos de la cultura, que son cada vez más numerosos y por lo tanto intervienen en los procesos psicológicos como auxiliares externos. Esta nueva interacción se suma a la social.
Además de ser auxiliares externos, las obras culturales contienen sistemas semióticos, estructuras, conceptos, técnicas, etcétera, que podemos interiorizar y conducen al proceso que estamos analizando en este texto: la apropiación. Dos dimensiones están presentes en este proceso de interacción sociocultural: los productos de la cultura echan raíces en los individuos convirtiéndose en instrumentos personales y privados, pero al mismo tiempo conforman un mecanismo vital para el desarrollo y preservación de la sociedad y su cultura. Ambas dimensiones integran la interacción sociocultural.
En el ámbito educativo destaca el concepto de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), contribución de Vygotsky referida al potencial de la acción educativa. La ZDP es la distancia que existe entre el desarrollo efectivo de un alumno y el nivel de su desarrollo potencial. Constituye el margen de incidencia de la acción educativa, ya que con la guía de adultos o colaboradores que dominan el conocimiento pueden acortar la distancia. Debido a su temprana muerte, Vygotsky dejó en manos de sus colegas y discípulos este tema abierto a nuevas aportaciones e interpretaciones.
Es a Leóntiev a quien se le deben dos importantes aportaciones vinculadas entre sí: la teoría de la actividad y el concepto de apropiación. En su teoría de la actividad sostiene que ésta crea sentido e integra aspectos prácticos, emocionales, relacionales y cognitivos de la conducta voluntaria. Centrado su interés en este tema, Leóntiev reivindica la naturaleza social de los sujetos, que luego serán agentes activos de la apropiación: “El mundo real, inmediato, del hombre, que más que cualquier otra cosa transforma su vida, es un mundo transformado y creado por la actividad humana” (Leóntiev, 1983: 132).
Según sus planteamientos, los sujetos actúan inmersos en las condiciones reales que los rodean y en el mundo concreto. Todo ser social puesto en esa situación despliega una enorme variedad de expresiones. De ello se deriva la importancia de reflexionar acerca de la actividad con todos sus matices y, también, de realizar investigaciones situadas en realidades concretas.
Leóntiev sostiene que los procesos humanos pueden ser observados en tres niveles: actividades-motivaciones, metas y operaciones. El nivel más alto es también el más general ya que se enfoca en la actividad, las motivaciones son las que lo conducen u orientan. En el nivel intermedio se observan las acciones y sus metas asociadas. Las operaciones que realizan los sujetos para alcanzar objetivos mayores se ubican en el tercer nivel, que es el más bajo.
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