Read the book: «El huerto biológico»

Título original: Le jardin potager biologique
Traducción: Alberto García (ingeniero técnico agrícola)
Revisión: Álvaro Altés (biólogo)
Diseño de cubierta: Josep Solá
Ilustración de cubierta: Illustration Stock
Dibujos y compaginación: Montse Vilarnau
© 1973, 1985, Le Courrier du Livre
© 1987, 1997, OASIS, Producciones Grales. de Comunicación, S. L.
© de esta edición., 1998, 2002, 2003, RBA Libros, S. A.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición en este formato: abril de 2014.
RBA INTEGRAL
REF.: OEBO947
ISBN: 9788491180098
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
Todos los derechos reservados.
ÍNDICE
Prólogo a la tercera edición
Prólogo a la primera edición en castellano
Introducción
PRIMERA PARTE
LA TIERRA, LAS PLANTAS Y LOS HABITANTES DEL HUERTO,
INSTRUMENTOS Y COMPAÑEROS DEL HORTELANO
1. La tierra, fuente de alimento para las plantas
Cómo se ha formado la tierra de nuestro huerto
Los constituyentes de la tierra
Los principales tipos de tierras
La tierra, una «fábrica» viva extraordinariamente compleja
¿Cómo saber si una tierra es fértil?
2. Las hortalizas y sus exigencias
Las grandes familias de hortalizas
Las necesidades nutritivas de las plantas
Las necesidades de las plantas de luz, calor y agua
3. Los habitantes del huerto
Los auxiliares
Los indeseables: plagas y enfermedades
SEGUNDA PARTE
LA PRÁCTICA DE LA HORTICULTURA BIOLÓGICA
4. Implantación y organización de un huerto
La elección del terreno
La organización del huerto
¿Cómo transformar en huerto una tierra inculta?
5. Las herramientas del agricultor
Las herramientas básicas para las labores
Algunas herramientas útiles
El material de riego
El material de lucha contra plagas y enfermedades
El motocultor
La trituradora
6. La fabricación de compost
¿Por qué hacer compost?
Las materias primas del compost
Dos reglas básicas para tener éxito en la fabricación de compost
La fabricación de compost
La fermentación
La utilización del compost
7. El acolchado (mulching)
¿Por qué practicar el acolchado?
Materiales utilizables
La práctica del acolchado
8. Los abonos verdes
¿Por qué cultivar abonos verdes?
¿Qué plantas elegir?
La práctica de los abonos verdes
La destrucción de los abonos verdes
9. La fertilización complementaria. Resumen de la fertilización del huerto
La fertilización complementaria
Resumen de la fertilización del huerto
10. El trabajo de la tierra
Los objetivos del trabajo de la tierra
El trabajo de la tierra con herramientas manuales
El trabajo de la tierra con motocultor
¿En qué momento debemos trabajar la tierra?
Las raíces y las lombrices de tierra, trabajadores gratuitos
11. Rotación y asociación de cultivos
Rotación y alternancia
La asociación de cultivos
12. Siembra y trasplante
La siembra
El trasplante de las hortalizas
13. El cuidado de los cultivos
Las binas
El aclareo
Las malas hierbas
El riego
14. Las plagas y las enfermedades
Los productos utilizados
Principales plagas y enfermedades de numerosas hortalizas
15. Camas calientes y cajoneras
Material necesario para la fabricación de cajoneras
La confección de camas calientes
La utilización de las camas y las cajoneras
16. La conservación de las hortalizas
Conservación sobre el terreno, en la misma parcela
Conservación en zanjas
Conservación en silos
Conservación en sótano
Conservación en desván o granero
La fermentación láctica
El secado
Recapitulación de los métodos de conservación en fresco
17. La influencia de la Luna. Elección de variedades
La influencia de la Luna
La elección de las variedades
TERCERA PARTE
EL CULTIVO DE LAS PRINCIPALES HORTALIZAS
Acedera
Acelga
Achicoria silvestre
Aguaturma, tupinambo o pataca
Ajo
Albahaca
Alcachofa
Apio
Armuelle
Berenjena
Calabaza y calabacín
Cardo
Cebolla
Cebolleta
Cebollino
Coles (repollos, coles de Bruselas, coliflor, col rizada, brécol, colirrábano)
Chalote o cebolla ascalonia
Chirivía
Diente de león
Endibia
Escarola y achicoria rizada
Escorzonera
Espárrago
Espinaca
Fresa
Guisante
Haba
Hinojo
Judía
Lechuga
Lenteja
Maíz dulce
Melón
Nabo
Patata
Pepino y pepinillo
Perejil
Perifollo
Pimiento
Puerro
Rábano
Rábano rusticano
Remolacha
Ruibarbo
Salsifí
Soja
Tetragona o espinaca de Nueva Zelanda
Tomate
Tomillo
Trigo
Valerianela
Zanahoria
CUARTA PARTE
EL HUERTO MES A MES
Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Septiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
APÉNDICES
Contenido en nitrógeno de algunos abonos orgánicos
Algunas características de las principales hortalizas
Superficie que debe dedicarse a cada hortaliza y cantidad de semillas que hay que sembrar
Glosario
PRÓLOGO
A LA TERCERA EDICIÓN
Si quieres ser feliz una hora, embriágate;
si quieres ser feliz un día, mata tu cerdo;
si quieres ser feliz una semana, haz un bonito viaje;
si quieres ser feliz un año, cásate;
si quieres ser feliz toda tu vida, cuida tu huerto.
Proverbio Chino
En 1973, cuando apareció en Francia la primera edición de «Le jardin potager biologique», la horticultura biológica era practicada por un reducido número de pioneros, considerados como excéntricos a los que no debía tomarse demasiado en serio. Los tiempos han cambiado y hoy en día todo el mundo habla de la horticultura biológica y numerosos horticultores la practican. Las técnicas no han cambiado fundamentalmente desde 1973, pero sí han progresado y se han enriquecido con la experiencia acumulada por los investigadores y los agricultores. La presente edición es el fruto de esta experiencia. El texto del libro ha sido revisado en profundidad y se han añadido numerosos complementos.
La primera parte del libro, que expone las bases agronómicas de la horticultura biológica, es totalmente nueva.
La segunda parte se ha enriquecido con varios capítulos.
En la tercera parte, las técnicas propias de cada hortaliza y en particular los datos sobre la elección de las variedades están más detallados y actualizados.
Si desean no solamente cultivar hortalizas, sino también plantar frutales, practicar la cría doméstica de ganado, conocer mejor la biología de los habitantes del huerto, aprender a transformar sus frutos y a utilizarlos para la curación de sus enfermedades, comunicarse con otros millares de horticultores biológicos, etc., les aconsejo que se suscriban a la revista «Les Quatre Saisons du Jardinage», la única revista francesa consagrada exclusivamente a la horticultura biológica; su dirección es: 6, rué Saulnier, 73009 París.
C.A.
PRÓLOGO
A LA PRIMERA EDICIÓN
EN CASTELLANO
Amigos lectores:
«El huerto biológico» de Claude Aubert es seguramente lo más claro, sencillo y completo que se haya escrito sobre el particular, y es válido tanto para el experto como para el aficionado.
Debemos, no obstante, hacer algunas observaciones con el fin de evitar errores. No hay que olvidar que este libro está escrito en Francia, y que por tanto comenta algunas verduras prácticamente desconocidas aquí, o trata otras tal vez superficialmente, pues el clima allí las condiciona. Respecto a las fechas de siembra, sobre todo, consultad con los agricultores del lugar; ellos saben mejor que nadie, por tradición y experiencia, cuáles son las fechas más adecuadas para cada lugar: cada valle, cada altura sobre el mar tiene sus peculiaridades.
No busquéis insecticidas naturales en el mercado español ya que lamentable e incomprensiblemente no existen. Es función de los grupos que fomentan esta agricultura (ver la última página del libro) proporcionar información acerca de semillas no-híbridas, abonos verdes, abonos orgánicos y minerales, fungicidas e insecticidas autorizados, herramientas difíciles de conseguir, etc. Cada región tiene sus formas típicas de herramientas; lo mejor es adaptarse al lugar. Las de la marca «Bellota» son de calidad insuperable. Las «Wolf», de importación, son prácticas al estar concebidas para cada tarea y por llevar mangos largos permiten trabajar en una posición bastante erecta.
Debéis tener bien presente que hacer cultivo biológico implica respetar la vocación del suelo: si vuestras tierras son para coles, sembrad coles, todo el mundo os las alabará; en cambio si plantáis gardenias todo el mundo os las despreciará. Procurad también plantar árboles o sembrar variedades que se aparten lo menos posible de su constitución genética primitiva.
Y nada más amigos lectores, aconsejaros tan solo que leáis con detenimiento, pues en este libro, encontraréis la solución a cuantas dudas se os puedan plantear.
Serafín Sanjuán Roca
INTRODUCCIÓN
El huerto biológico, salud del cuerpo y del espíritu
¿Por qué cultivar un huerto?
El cultivo del huerto familiar ha sido durante mucho tiempo una costumbre muy extendida en todos los países de Europa. Todos los campesinos tenían un huerto donde producían las hortalizas necesarias para su familia. También los obreros —casi todos de origen rural— han sentido de forma natural la necesidad de tener un pequeño huerto, de aquí las numerosas asociaciones de huertos de obreros. Una buena parte de la juventud actual parece haber decidido que es más sencillo comprar las hortalizas en el supermercado local, pero desde hace algunos años asistimos a un considerable aumento del interés por la horticultura familiar. Incluso los norteamericanos, que antes se reían de nuestros minúsculos huertecitos cuando visitaban Francia, se dedican ahora a cultivar sus propias hortalizas.
Al principio, muchos de los ciudadanos del campo cultivaban su huerto por economía. Pero los horticultores aficionados han descubierto rápidamente todo lo que la horticultura podía reportarles. En primer lugar, sin duda, la certeza de tener hortalizas frescas y sanas, algo muy difícil de encontrar en el comercio. Y también la seguridad de practicar la actividad más sana que pueda haber: sana para el cuerpo, al cual hace trabajar de manera natural y armoniosa, a su propio ritmo; y sana para el espíritu, pues el hortelano vive con las plantas, aprendiendo a conocer y respetar sus ritmos, a amar la tierra y a nuestros humildes e irreemplazables servidores, los microorganismos del suelo y las plantas de las cuales obtenemos nuestro alimento.
Nos damos cuenta también de la magnitud de nuestra ignorancia y de la necesidad de obedecer las leyes de la naturaleza. También aprendemos a respetar nuestros alimentos, ya que sabemos cuántos cuidados y esfuerzos cuesta hacer crecer una simple lechuga o una humilde zanahoria.
Finalmente volvemos a encontrar ese contacto con la tierra que en mayor o menor grado han perdido todos los ciudadanos. La horticultura familiar es la manera de seguir siendo un poco campesino aunque se ejerza otro oficio, y nosotros necesitamos, para nuestro equilibrio, ser campesinos.
Pero hay huertos... y huertos.
¿Por qué cultivar el huerto biológicamente?
La horticultura familiar no se ha escapado de la influencia de la química y de la industria. Los industriales inundan el mercado con múltiples productos milagrosos que permiten, según parece, tener hortalizas más grandes, más hermosas, que crecen más rápido y con menos esfuerzo. Algunos llegan incluso a afirmar que éstas son más sabrosas. ¿Quién puede resistirse a tantas ventajas juntas?
Abonos completos adaptados a cada cultivo, herbicidas totales o selectivos, productos químicos capaces de destruir todos los parásitos, todo el arsenal de la agricultura moderna está a disposición del aficionado que, al igual que los agricultores, no se priva de utilizarlos. Sin embargo hay una diferencia esencial: los agricultores son conscientes del dinero que les cuestan estos productos y de los peligros que corren al manipular algunos de ellos, pero el horticultor aficionado no ve más que una cosa: tener hermosas hortalizas lo más rápidamente posible y deshacerse de los parásitos con el mínimo esfuerzo. Por esto los fabricantes han elaborado para ellos productos antiparasitarios «totales», que destruyen en una sola aplicación todos los parásitos posibles. El aficionado no presta mucha atención a las dosis de empleo ni a la composición. Se pone un buen «chorro», más bien más que menos, para estar así seguros de que no se escapará ningún insecto.
El resultado es que las hortalizas producidas por los aficionados que utilizan los métodos «modernos», están a menudo más contaminadas que las que encontramos en el mercado.
Cada cual, es verdad, tiene el derecho de envenenarse, siempre y cuando no envenene al mismo tiempo a su vecino. La legislación le confiere incluso el derecho de envenenar «a fuego lento» a los miembros de su familia con los productos cargados de plaguicidas que habrá recolectado en su huerto. Debe sin embargo advertirse, a los que verían en ello un medio cómodo de desembarazarse de un abuelo que tarda demasiado en dejar su herencia, que los efectos son muy lentos y a menudo no aparecen hasta la segunda o tercera generación.
Cultivar el huerto de esta forma es también aprender a matar, a forzar la naturaleza y a infringir sus leyes. Esta horticultura es también nociva para el cuerpo y el espíritu, mientras que las otras —la horticultura «biológica» o «natural»— es benéfica.
Puntualicemos una cosa más: la horticultura biológica no nos condena a obtener cosechas escasas y hortalizas raquíticas. Si sabemos practicarla, nos proporcionará cosechas más abundantes y hortalizas más hermosas que con el uso de todos los productos químicos imaginables.
PRIMERA PARTE
La tierra, las plantas y los habitantes del huerto,
instrumentos y compañeros del hortelano
CAPÍTULO I
La tierra, fuente de alimento para las plantas
Cómo se ha formado la tierra de nuestro huerto
Desde el punto de vista agronómico, la tierra cutlivable es la delgada capa de 20 a 30 cm. que trabajan y exploran las raíces (las raíces de ciertas plantas descienden mucho más profundamente, pero la mayor parte de la masa de la «cabellera radicular» se encuentra cerca de la superficie). Esta capa es semejante a la capa sobre la que reposa el subsuelo o «roca madre», y a la vez muy diferente de ella. Semejante porque es la «hija» de esta roca madre, de la cual ha nacido. Diferente porque contiene materia orgánica y es sede de una intensa actividad biótica, que no posee el subsuelo.
De la roca madre a la tierra
Existen muchas clases de roca madre, pero todas tienen una cosa en común: están compuestas exclusivamente por sustancias minerales y por lo tanto son inertes. Pueden estar constituidas por rocas en el sentido literal del término: granito, basalto, pórfido, arenisca, caliza, etc., pero también por arena, arcilla, limo o por mezclas diversas de estos elementos. Algunas de estas rocas son las constituyentes de la corteza terrestre —las rocas primarias—, otras han sufrido diferentes transformaciones a lo largo de los tiempos geológicos —las rocas metamórficas—, y por último otras son el resultado de la acumulación, durante millones de años, de depósitos o sedimentos de orígenes muy diversos —las rocas sedimentarias—
La transformación de la capa superficial de una roca en tierra se ha realizado a lo largo de milenios bajo la acción de agentes atmosféricos y seres vivos. A largo plazo, ninguna roca resiste la acción conjunta de los factores climáticos y de las bacterias, seguida a continuación por la de las plantas. Las bacterias son las primeras que «colonizan» una roca agrietada por el hielo o las variaciones de temperatura entre el día y la noche. Los líquenes se instalan a continuación, y a éstos les siguen las plantas superiores. Todos estos seres vivos extraen una parte de su alimento de los minerales contenidos en la roca y cuando mueren dejan residuos orgánicos que se acumulan durante milenios y forman el humus, clave de la fertilidad de la tierra. Paralelamente prosigue la acción mecánica de los agentes atmosféricos y de las raíces, las rocas continúan sufriendo transformaciones físico-químicas, los silicatos que éstas contienen dan nacimiento a la arcilla y poco a poco se forma, incluso a partir del más duro granito, una capa mullida y rica en humus: la tierra.
La tierra es más o menos fértil según la naturaleza de la roca madre de la cual proviene, y según la cantidad de humus que contiene.
Los constituyentes de la tierra
La tierra comprende dos grandes categorías de constituyentes: la materia mineral y la materia orgánica. La primera representa, con mucho, la parte más importante cuantitativamente —del 90 al 98%—, pero la fertilidad de la tierra depende principalmente de la segunda.
Los materiales minerales
La mayoría son insolubles y provienen de la descomposición de la roca madre. Los minerales no pueden ser utilizados directamente por las plantas. Se clasifican en función de sus dimensiones y de su naturaleza química.
Hay otro material mineral, la caliza, que se clasifica aparte a causa de su naturaleza química pues está formada por carbonato de calcio, mientras que los minerales antes citados —excepto las partículas gruesas de las tierras calizas— están formados a base de sílice.
Las propiedades y la fertilidad de una tierra dependen principalmente de dos factores: de su contenido en humus, como se verá más adelante, y de la proporción antre arena, limo y arcilla.
LAS PARTÍCULAS DE TIERRA, DE LAS MÁS GRANDES A LAS MÁS PEQUEÑAS
Nombre
Dimensiones en milímetros
Grava y piedras
más de 2 mm.
Arena gruesa
de 0,2 a 2 mm.
Arena fina
de 0,05 a 0,2 mm.
Limo
de 0,002 a 0,05 mm.
Arcilla
menos de 0,002 mm.
• La grava, la arena y el limo son relativamente inertes químicamente. Provienen de un desmenuzamiento mecánico de las rocas y juegan su papel principal en la circulación del aire y del agua a través de la tierra: la arena facilita esta circulación; el limo, por el contrario, se compacta cuando es comprimido y entonces el aire y el agua circulan difícilmente.
• La arcilla, al revés de las partículas precedentes, proviene de una disgregación química de las rocas. Las partículas de arcilla no son redondas como las de arena o limo, sino laminares, de tamaño microscópico y superpuestas entre sí. La arcilla es esencial para el almacenamiento del agua y de los elementos nutritivos que necesitan las plantas.
Las propiedades físicas de la tierra dependen principalmente de la proporción relativa de arena, limo y arcilla.
Cuanto más rica es una tierra en arena y pobre en arcilla, con mayor rapidez se calienta en primavera y se seca después de una lluvia, pero también más rápidamente se seca en verano.
Por el contrario, cuanto más rica en arcilla es una tierra, mayor es su capacidad para almacenar grandes cantidades de agua y de elementos nutritivos para las plantas; pero se calienta y se seca lentamente.
El contenido de caliza de una tierra, influye en sus propiedades físicas y sobre todo en su pH o medida del grado de acidez.
Como regla general, las tierras muy pobres en caliza son ácidas, es decir poseen un pH inferior a 7, mientras que las ricas son básicas, o sea un pH superior a 7. Si la tierra tiene un pH demasiado bajo, inferior a 6 ó 6,5, o demasiado elevado, superior a 7,5, algunas plantas crecen mal y asimilan con dificultad diversos elementos por hallarse bloqueados, atrapados entre las partículas minerales.
Los materiales orgánicos
Los materiales orgánicos son profundamente diferentes, tanto por su origen como por su composición, respecto a los materiales minerales. Como su nombre indica, provienen todos de organismos vivos. Contrariamente a los minerales, sus elementos principales, además del oxígeno y el hidrógeno, son el carbono y el nitrógeno, los dos elementos principales de todos los seres vivos.
La materia orgánica sólo forma del 2 al 20% del peso total de la tierra, alrededor del 5% en una buena tierra de huerto. Una tierra sin materia orgánica sería totalmente improductiva.
El componente principal de la materia orgánica de la tierra es el humus, formado por un conjunto de sustancias orgánicas complejas. El humus sirve de «despensa» para las plantas porque asociado a la arcilla (los agrónomos hablan del «complejo arcillo-húmico») almacena los elementos nutritivos que necesitan las plantas; y también sirve de «cemento» porque da a la tierra una estructura estable, permitiendo la libre circulación del aire y del agua y el almacenamiento de reservas de agua suficientes—el humus es capaz de acumular una cantidad de agua de hasta 15 veces su volumen.
El humus debe ser renovado constantemente, pues si se descuida hacerlo, como les ocurre a muchos agricultores modernos, desaparece progresivamente y la fertilidad de la tierra disminuye. Por ello es necesario aportar a la tierra constantemente materia orgánica fresca en forma de estiércol, compost, abonos verdes, residuos de cosechas, etc., que sirven para alimentar a las plantas a la vez que para enriquecer la tierra en humus.

Los principales tipos de tierras
Muy esquemáticamente se pueden distinguir cuatro grandes tipos de tierras, pero evidentemente también existe toda una gama de tierras intermedias.
LOS PRINCIPALES TIPOS DE TIERRAS

La tierra, una «fábrica» viva extraordinariamente compleja
En la tierra hay una intensa actividad biótica. La tierra está poblada por un número extremadamente elevado y diverso de seres vivos, en su mayor parte invisibles a simple vista.
• Las bacterias están presentes en cantidades de varios miles de millones de ejemplares por gramo de tierra fértil; su papel en la vida de la tierra es esencial: degradan los materiales, solubilizan los elementos contenidos en las rocas, fijan el nitrógeno atmosférico, segregan sustancias orgánicas complejas y forman simbiosis con las plantas superiores.
• Los hongos que no forman setas visibles a simple vista, se hallan presentes en proporciones de varios millares de ejemplares por gramo de tierra, aunque esto es aventurado decirlo por su estructura de filamentos interconectados, que pueden sobrepasar los cinco metros por gramo de tierra. Contribuyen a proporcionar estabilidad estructural a la tierra, a la degradar los materiales orgánicos y a formar el humus.
• Los actinomicetos, en proporciones de 100.000 a 10 millones por gramo de tierra, segregan antibióticos que inhiben a los gérmenes patógenos.
• Las algas microscópicas pueden alcanzar cantidades de varios millones por gramo de tierra.
• La fauna de la tierra comprende numerosas especies:
— los protozoos, 1.000 a 100.000 ejemplares por gramo de tierra;
— los nemátodos, hasta 20 millones por m2 en las praderas;
— los enquítridos, hasta 150.000 por m2 en las praderas;
— los tardígrados, hasta 300.000 por m2 en las praderas;
— los ácaros, hasta 150.000 por m2 en las praderas;
— los colémbolos, cerca de 40.000 por m2;
— las lombrices de tierra, de 100 a 250 ejemplares por m2 en las praderas, y hasta 100 por m2 en las tierras cultivadas que reciben un buen abonado orgánico.
Encontramos en la tierra gran número de otros artrópodos arácnidos, miriápodos y todo tipo de insectos. En las praderas hay cerca de mil millones de insectos por hectárea.
Esta biomasa o cantidad de seres vivos de una tierra alcanza alrededor de 2.500 g. por m2 cuando es fértil, repartiéndose como sigue:
Las funciones de estos innumerables seres vivos son múltiples y complejas. A continuación se resumen las más importantes:
Bacterias
1.000 g.
Actinomicetos
300 g.
Hongos
1.000 g.
Protozoos
10 a 20 g.
Lombrices
100 a 200 g.
Otros grupos
50 a 100 g.
• La transformación de la materia orgánica en humus y el suministro de elementos nutritivos para las plantas:
Todos los materiales orgánicos frescos presentes en la tierra, como residuos de cosechas, estiércol, compost, abonos verdes, etc., sirven de alimento a los seres vivos de la tierra y especialmente a los microorganismos, que, después de una larga cadena de reacciones bioquímicas, transforman una parte en humus —los llamados procesos de humificación— y otra parte en sustancias asimilables por las plantas —los llamados procesos de mineralización.
• La solubilización de los elementos contenidos en las rocas:
Las rocas contienen numerosos elementos nutritivos, como fósforo, potasio, magnesio y los oligoelementos, en forma no asimilable por las plantas. Ciertas bacterias son capaces de extraerlos y así pasarlos a formas utilizables por las plantas cultivadas.
• La fijación del nitrógeno atmosférico
Hay dos categorías de microorganismos capaces de fijar el nitrógeno del aire: unos viven en estado libre y otros en simbiosis con las plantas superiores.
Los fijadores libres son principalmente los Azotobacter.
Los fijadores simbióticos son los Rhizobium asociados a las leguminosas, que pueden fijar de 50 a 200 kg. de nitrógeno por hectárea y año.
• Los microorganismos de la rizosfera
La rizosfera es la zona de contacto entre la tierra y las raíces, es allí donde la planta absorbe los elementos nutritivos que necesita. En la zona próxima a las raicillas, es tal la densidad de microorganismos, que aquellas están rodeadas de un verdadero manguito microbiano.
Las interacciones entre los microorganismos de la rizosfera y las plantas son numerosas y benéficas. Las raíces excretan sustancias que favorecen el desarrollo de las bacterias, y las bacterias participan activamente en la nutrición de las plantas superiores y les proporcionan ciertos elementos que necesitan, como también les protegen de ciertos hongos y bacterias patógenos.
• El papel benéfico de las lombrices de tierra
Su acción mecánica se conoce bien: son verdaderas trabajadoras gratuitas. Por medio de sus galerías facilitan la penetración del aire y el agua bajo el suelo; ingieren restos vegetales que luego excretan después de haberlos reducido a finas partículas y mezclado con tierras; mezclan los diferentes constituyentes de la tierra y devuelven a la superficie los elementos que toman de las capas profundas.
Su acción bioquímica es importante aunque menos conocida: la tierra, durante su paso por el interior del cuerpo de las lombrices, se enriquece en elementos asimilables por las plantas, como nitrógeno, magnesio, potasio y fósforo.
Una lombriz de tierra activa ingiere diariamente un peso de tierra igual a su propio peso, esto es, alrededor de 300 g. por año. En una pradera, el peso de tierra que pasa a través del cuerpo de las lombrices puede alcanzar las 60 toneladas por año.
¿Cómo saber si una tierra es fértil?
Al agrónomo, cuando va a evaluar la fertilidad de una tierra, lo primero que se le ocurre es tomar una muestra de tierra y llevarla a un laboratorio para analizarla. Pero existen medios más simples, aun que no excluyen recurrir al análisis de tierra para descubrir ciertas carencias.