Read the book: «Argonáuticas»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 227


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por RICARDA CANTARERO SÁNCHEZ.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1996.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO323

ISBN 9788424932527.

INTRODUCCIÓN

A. EL POETA

1. Vida

La vida de Apolonio de Rodas entraña para nosotros serias incógnitas y oscuridades, como sucede con toda la cronología literaria del s. III a. C.

Las principales fuentes para la biografía de Apolonio son dos Vitae transmitidas en los manuscritos del poema1, la noticia del léxico bizantino Suda y un fragmento de papiro (P. Oxy. 1241) que contiene una lista de los bibliotecarios de Alejandría.

1) Vida a:

Apolonio, el poeta de las Argonáuticas, era nativo de Alejandría, de la tribu Tolemaica, hijo de Síleo o, según algunos, de Íleo. Vivió en tiempo de los Tolomeos2, y fue discípulo de Calímaco. Primero frecuentaba a Calímaco, su maestro particular… finalmente se dedicó a componer poemas.

De él se dice que, siendo aún efebo, recitó públicamente las Argonáuticas y fracasó. No soportando la afrenta de los ciudadanos y el reproche y la burla de los otros poetas, abandonó su patria y se marchó a Rodas, donde pulió y corrigió el poema, y así lo recitó públicamente y obtuvo gran celebridad. Por ello también se denomina a sí mismo Rodio en sus poemas3. Allí enseñó brillantemente y fue distinguido con la ciudadanía rodia y con honores.

2) Vida b:

El poeta Apolonio era nativo de Alejandría, su padre Síleo o Íleo, su madre Rode. Él fue discípulo de Calímaco, que era gramático en Alejandría, y recitó públicamente estos poemas que había compuesto. Completamente desacreditado y avergonzado, se trasladó a Rodas, donde fue ciudadano y ejerció como maestro de retórica4, por lo que también prefieren llamarle Rodio. Allí vivió y pulió sus poemas, luego los recitó públicamente y obtuvo tanta celebridad que incluso fue distinguido con la ciudadanía rodia y con honores. Algunos afirman que regresó a Alejandría y allí, tras recitarlos de nuevo, alcanzó tan alta celebridad que incluso fue estimado digno de la Biblioteca del Museo5 y fue enterrado junto al propio Calímaco.

3) Suda s.v. Apollṓnios:

Apolonio de Alejandría, poeta épico, que residió en Rodas, hijo de Síleo, discípulo de Calímaco, contemporáneo de Eratóstenes, Euforión y Timarco, vivió en tiempo de Tolomeo Evérgetes y fue sucesor de Eratóstenes en la dirección de la Biblioteca de Alejandría.

4) P. Oxy. 1241 (s. II d. C.), col. II:

Apolonio, hijo de Síleo, de Alejandría, llamado Rodio, discípulo de Calímaco. Fue también maestro del tercer6 rey. Le sucedió Eratóstenes, y tras él Aristófanes de Bizancio, hijo de Apeles, y Aristarco7. Luego Apolonio de Alejandría, llamado el Eidógrafo [«Clasificador»], tras él Aristarco, hijo de Aristarco, de Alejandría, pero originario de Samotracia. Éste fue también maestro de los hijos de Filopátor.

Como puede apreciarse, las fuentes antiguas nos ofrecen una maraña de contradicciones que resulta difícil esclarecer. Aquí esbozaré las conclusiones que parecen más verosímiles8.

Sobre algunos datos hay coincidencia. Apolonio era alejandrino de nacimiento9, de la tribu Tolemaica, su padre fue Síleo o Íleo. Como discípulo de Calímaco (que aproximadamente vivió entre el 310/305 y el 240 a. C.), Apolonio sería algunos años más joven y por tanto debió de nacer hacia el 300/295 a. C.

Además parecen seguros algunos hechos notables de su vida: que en determinado momento abandonó Alejandría y marchó a Rodas, que fue director de la Biblioteca y preceptor del heredero del trono10. Pero a partir de aquí hay ciertas dudas que sólo pueden salvarse con un análisis crítico y ponderado de las fuentes11. Si, como atestigua el papiro, Apolonio precedió a Eratóstenes de Cirene al frente de la gran Biblioteca regia, entonces debió ser en torno al 260 a. C. bajo el reinado de Tolomeo II Filadelfo, cuando desempeñó su labor como bibliotecario y como preceptor del heredero del trono, Tolomeo III Evérgetes (que reinó entre los años 246-222 a. C.).

Esta cronología obliga, no obstante, a suponer que Apolonio tenía poco más de treinta años cuando fue encargado de dirigir la Biblioteca y de la educación del príncipe, mientras que tales funciones eran encomendadas normalmente a hombres de larga experiencia12.

En cuanto a la cronología de las Argonáuticas, un poema al que subyace tanta erudición y tantas lecturas, sin duda habrá sido compuesto en la madurez, y es razonable pensar que esa primera recitación pública (epídeixis) tuviese lugar hacia el 250/240 a. C., antes de que el poeta marchara a Rodas donde haría correcciones a la obra13. Los paralelos con la poesía calimaquea también apuntan hacia esa cronología14.

2. Apolonio y Calímaco

Las fuentes coinciden en calificar a Apolonio como discípulo de Calímaco, aunque tal expresión entre los biógrafos significa a veces dependencia en el sentido de imitación poética.

La relación posterior entre Apolonio y Calímaco es una de las cuestiones más controvertidas de su biografía15, y alcanza también a los principios poéticos helenísticos. Durante siglos la tradición filológica ha creído en la existencia de una querella literaria entre ambos poetas, fundada en la idea de que las Argonáuticas responden al tipo de epopeya cíclica contra la que el poeta de Cirene expresa su rechazo en varios lugares16. Sin embargo, la existencia de tal querella posee en realidad fundamentos muy débiles, y bien puede haber sido una invención posterior de los biógrafos, basada en interpretaciones erróneas de la poesía de ambos autores17.

Las referencias antiguas poseen escasa consistencia.

El único testimonio explícito es la Suda18: a propósito del Ibis, un poema «oscuro e injurioso» que no conservamos, dice que estaba dirigido «contra un tal Ibis, que fue enemigo de Calímaco; éste era Apolonio, el autor de las Argonáuticas». Pero se trata de una interpretación del biógrafo a partir de un texto poético de carácter enigmático en el que no había referencia expresa a la identidad del adversario19.

En la Antología Palatina20 conservamos un epigrama que contiene un ataque burlón contra Calímaco:

Calímaco: basura, juguete, cabeza de serrín. Motivo, Calímaco el autor de los Motivos (Aitia).

En su encabezamiento figura como autor Apolonio el Gramático, y sólo una nota marginal le llama Rodio, mientras que en la colección Planudea no consta el autor. Así, la atribución del epigrama a nuestro poeta es más que dudosa21.

Las indicaciones de las Vidas sobre el fracaso inicial de Apolonio en Alejandría y sobre las críticas y reproches de otros poetas han alimentado también la creencia en esa disputa. Pero las noticias relativas al fracaso en la patria y al exilio constituyen un tópico en la literatura biográfica sobre poetas y por lo general carecen de base histórica22.

El análisis de la poesía calimaquea y apoloniana tampoco permite reconocer una evidencia clara de tal rivalidad. En algunos pasajes donde Calímaco expresa sus principios poéticos se ha querido ver un velado reflejo de la disputa.

El final del Himno a Apolo (vv. 105-113) ha de interpretarse, a la luz de la tradición hímnica, homérica y pindárica, como un motivo de cierre dramatizado23. Nada hay en estos versos que permita ver un ataque a la poesía de Apolonio. Las expresiones paralelas entre el final del himno y varios lugares de las Argonáuticas24 se explican perfectamente en el marco de la técnica alusiva.

El prólogo de los Aitia, la famosa Respuesta a los Telquines25, ofrece el programa poético de Calímaco: su preferencia por el poema corto (oligostichíē), elaborado con refinamiento (leptótēs) y arte (téchnē), que resulta más dulce; y su rechazo del «poema unitario y continuo» (hèn áeisma diēnekés), de tema solemne y menos original. Los escolios señalan como adversarios de Calímaco a los epigramatistas Asclepíades y Posidipo, al peripatético Praxífanes, y además confirman las alusiones a la poesía de Mimnermo y de Filetas26; pero nada relativo a Apolonio, como se había pretendido.

Por lo demás, tales afirmaciones en defensa de la propia poesía constituyen un motivo convencional en la tradición (Hesíodo, Píndaro, Aristófanes, Teócrito), y han sido a veces mal interpretadas por escoliastas y biógrafos, que trataban de identificar tras ellas a adversarios poéticos específicos.

Los miembros del Museo formaban probablemente una comunidad no muy pacífica, donde las rencillas y la rivalidad parecen haber sido habituales27. En diversos lugares Calímaco se manifiesta en tono polémico, vitupera a los poetas cíclicos, a Creofilo de Samos o Antímaco, y alaba la poesía de Hesíodo, de Arato o de Teócrito, entre otros28. Pero, al menos en la obra conservada, no hay referencia a Apolonio.

El poema de Apolonio no puede ser identificado con el tipo de epopeya cíclica rechazada por Calímaco. Para éste lo esencial en la poesía es el estilo, el arte, que ha de ser puro y refinado, no su magnitud: el carmen perpetuum no es reprobado por su extensión (los Aitia constaban de varios miles de versos). Precisamente las Argonáuticas siguen en muchos aspectos la nueva estética propugnada por Calímaco (variedad episódica, humanización de los héroes, gusto por la erudición y la etiología, estilo refinado y conciso, apóstrofe al lector o a la Musa), aunque en otros representen una mayor atención a la tradición épica y contengan más reminiscencias homéricas. Además, Apolonio se revela fiel imitador de la poesía calimaquea: conforme a la práctica del arte allusiva, incorpora vocablos, expresiones, incluso versos enteros de sus obras (Himnos, Aitia, Hécale). Esta imitatio o aemulatio ha de entenderse como un signo de reconocimiento, no de hostilidad29.

En definitiva, ni los testimonios antiguos ni las composiciones de ambos poetas ofrecen pruebas seguras sobre la famosa querella. Si entre Apolonio y Calímaco ha existido realmente alguna diferencia, tal vez haya que pensar en recelos propios del ambiente cortesano. Tal vez la marcha de Apolonio a Rodas deba relacionarse con su relevo al frente de la Biblioteca30. Pero la imaginación no puede sustituir a los datos.

3. Una «pre-edición» de las «Argonáuticas»

La noticia de una primera recitación pública (epídeixis) del poema en Alejandría y de otra lectura definitiva en Rodas, después de las oportunas correcciones, ha sido puesta en relación con la existencia de una «edición preliminar» de las Argonáuticas. En efecto, para seis lugares del canto I31 los escolios citan un texto diferente que atribuyen a una proékdosis o «edición previa».

Sobre la extensión y el carácter de esta proékdosis se han emitido hipótesis diversas32. En todo caso conviene recordar que hablamos de una «edición» antigua, manuscrita, y que entre los alejandrinos «editar» (ekdidónai) una obra significaba simplemente autorizar su copia. Lo único cierto es que los filólogos antiguos disponían de dos copias diferentes del poema (o al menos de su primera parte), una considerada preliminar y otra el texto definitivo.

Las variantes atribuidas a la proékdosis no sirven para apoyar la tesis de un cambio de valoración del poema o de un cambio en la relación de Apolonio con Calímaco, pues en este sentido resultan poco significativas, mientras que las reminiscencias calimaqueas son homogéneas a lo largo de todo el poema. Por el contrario sí pueden servir para apreciar la evolución del arte poética de Apolonio a través de sus autocorrecciones: frente a las variantes de la proékdosis, el texto definitivo representa una tendencia a variar el modelo temático-léxico de Homero y una mayor atención a la literatura posthomérica, en especial a los trágicos33.

4. Otras obras

Además de las Argonáuticas, Apolonio escribió varios poemas, también en hexámetros, sobre fundaciones (Ktíseis) de ciudades. En ellos narraba leyendas locales y curiosidades arqueológicas y geográficas34. Los relatos histórico-legendarios sobre ciudades gozaban ya de larga tradición, pero en época helenística el interés por estos temas favoreció el cultivo del género. Así, Calímaco relata la fundación de varias ciudades de Sicilia en el libro II de los Aitia y escribió una obra sobre Fundaciones de islas y ciudades y cambios de nombres.

Apolonio compuso una Fundación de Alejandría (frag. 4 Powell), donde ofrecía la misma genealogía de las serpientes que en Arg. IV 1513-17, y una Fundación de Náucratis (frags. 7-9 Powell), que contenía la historia de Pómpilo, un marinero milesio transformado en pez por haber salvado a una ninfa de los amorosos brazos de Apolo. En la Fundación de Rodas (frags. 10-11 Powell) trataba seguramente la colonización tesalia de la isla, mientras que la Fundación de Cnido (frag. 6 Powell) recogería la historia de Tríopas, que emigró a Caria después que su hijo Erisictón sufriese la ira de Deméter35. En fin, la Fundación de Cauno (frag. 5 Powell), también situada en la costa de Caria, refería la historia de su fundador epónimo, que abandonó Mileto para evitar el amor incestuoso de su hermana Biblis36, así como la leyenda de Lirco37. También suele atribuirse a Apolonio una Fundación de Lesbos, de la que Partenio nos ha conservado un amplio fragmento sin constancia de autor38.

Un poema en versos coliámbicos (frags. 1-2 Powell) sobre Canobo, la ciudad del delta del Nilo, contaba la historia de su héroe epónimo, que fuera timonel de Menelao, y celebraba su templo de Sérapis.

De los Epigramas39 nada conservamos, salvo el dístico apócrifo sobre Calímaco ya comentado.

Como Filetas o Calímaco, Apolonio responde también a la figura del poeta doctus helenístico, del «poeta y filólogo a la vez» según la emblemática expresión de Estrabón40. En el campo de la crítica41 destaca su labor como intérprete de Homero: en su Contra Zenódoto expuso sus discrepancias con respecto a la edición del texto homérico de Zenódoto (los escolios citan alguna de las lecturas que defendía) y trató cuestiones de léxico e interpretación. También escribió sobre Hesíodo (defendiendo la autenticidad del Escudo) y sobre Arquíloco.

B) EL MITO

La aventura de los argonautas es uno de los grandes ciclos legendarios de la mitología griega. En ella participa un importante grupo de héroes griegos, y numerosos episodios jalonan la historia principal con peripecias y aventuras particulares.

He aquí un breve resumen de los acontecimientos de la saga42. Atamante, hijo de Eolo y rey de Beocia, tenía dos hijos, Frixo y Hele, de su primera esposa Néfele. Su segunda esposa, Ino, urdió un plan para perder a sus hijastros de modo que Atamante sacrificara a Frixo, pero éstos (por intervención de Zeus o de Hermes) se salvan huyendo a lomos de un mágico carnero que los lleva por los aires: Hele cayó al mar en el estrecho que luego se llamó Helesponto; y Frixo llegó a la Cólquide, donde sacrificó el carnero a Zeus Fixio y entregó su vellón de oro a Eetes, quien le dio a su hija Calcíope como esposa.

En Yolco (Tesalia) reinaba Pelias, hijo de Posidón, (en alguna versión, tras haber usurpado el trono a su hermanastro Esón, hijo de Creteo, otro Eólida). Un oráculo le había advertido que se guardara del hombre «de una sola sandalia», y con tal aspecto se le presentó Jasón (hijo de Esón) tras perder una de sus sandalias en la corriente del Anauro: bien porque Jasón le reclama el trono, bien porque Pelias teme el cumplimiento del oráculo, el rey, para librarse de Jasón, le encomienda una prueba imposible, traer el vellocino de oro desde Ea.

Jasón reúne a los héroes más bravos de toda Grecia para embarcar en la Argo (nave que ayudó a construir Atenea) y bajo la protección de la diosa Hera emprende viaje hacia la Cólquide. En el curso de la navegación los argonautas viven múltiples aventuras: escala entre las mujeres de Lemnos, abandono de Heracles (junto a Hilas y Polifemo) en Misia, combate entre Ámico y Polideuces, encuentro con Fineo (que es liberado de las Harpías), paso de las Simplégades, etc.

A su llegada al país de Ea, el rey Eetes accede a entregar a Jasón el vellocino a condición de que cumpla unas pruebas: uncir dos toros de aliento de fuego, sembrar un campo con dientes de dragón y matar a los guerreros que nacerán de esa simiente. Jasón cumple tales pruebas gracias a los remedios mágicos de Medea, la hija menor del rey, que se ha enamorado de él. Luego, también con ayuda de Medea, se apodera del vellocino, que era guardado por un dragón, y huye de regreso a Grecia llevando consigo a Medea.

Para evitar la persecución de los colcos, Medea mata o colabora con Jasón en la muerte de su hermano Apsirto. En el retorno también acontecen otras aventuras: visita a Circe, paso de las Planctas, Escila y Caribdis y las Sirenas, escala en el país de los feacios, transporte de la nave por las arenas de Libia, muerte de Talos en Creta, etc.

Una vez que regresan a Yolco, Pelias muere despedazado y cocido en un caldero por sus propias hijas, a las que Medea engaña con el pretexto de rejuvenecerlo (para convencerlas había obrado tal prodigio con Esón o con una oveja).

Luego Medea y Jasón marchan a Corinto, donde él pretende tomar como esposa a la hija del rey (Creúsa o Glauce) para ocupar el trono. Pero Medea, viéndose abandonada, causa la muerte de ésta y del rey Creonte, así como la de sus propios hijos, y huye a Atenas, donde es acogida por Egeo.

El núcleo central del mito responde a un tema folclórico bien conocido43: el héroe (Jasón) que viaja en busca de un objeto precioso (el vellocino) hasta un país remoto (la Cólquide), donde un rey inhospitalario (Eetes) le impone pruebas irrealizables (toros de fogoso aliento, guerreros terrígenos, dragón insomne), que logra cumplir gracias a los conocimientos mágicos de una hija del rey (Medea), la cual huye con el héroe para ser su esposa. Este país lejano es el confín del mundo (el reino del más allá, de Helios y Hécate), separado por barreras infranqueables que desaparecen al ser superadas por primera vez (Simplégades). Las cualidades maravillosas de algunos argonautas pueden relacionarse con el cuento de los «ayudantes mágicos»44: Linceo, de agudísima vista; Periclímeno, capaz de transformarse según su deseo; Eufemo, que podía correr sobre la superficie marina; los Boréadas, dotados de alas para volar; etc. Asimismo otros detalles del mito responden a motivos propios del cuento popular, como el héroe (Jasón) que transporta sobre sus hombros a una anciana, la cual resulta ser una diosa (Hera) y en adelante le brinda su protección (Arg. III 66-74); o el príncipe que regresa a su país (Yolco), donde su padre (Esón) ha sido destronado por un usurpador (Pelias), el cual, advertido por un misterioso vaticinio, le encomienda una empresa irrealizable (versión de Píndaro). El tema de la princesa que traiciona a su padre por amor a un extranjero es también conocido en otras leyendas griegas (Cometo, Escila, Ariadna, Hipodamía). A su vez, las pruebas que el joven príncipe debe cumplir representan un proceso de iniciación que le capacita para alcanzar el trono y la mano de la princesa extranjera (de modo semejante a Teseo o Perseo).

Al margen de los elementos de carácter folclórico, la significación del mito ha sido objeto de muy diversas interpretaciones45. Para unos en la leyenda subyace una base religiosa, el culto a Zeus Lafistio o Fixio; y Jasón y Medea serían antiguas divinidades. Otros han querido reconocer en la saga una metáfora de naturaleza agraria: el vellocino simbolizaría la lluvia que, tras el tiempo de sequía, vuelve a Grecia. Otros lo han interpretado como un mito solar: el viaje de los argonautas sería un viaje al reino del Sol (al extremo oriental del mundo, donde reina Eetes, hijo de Helios), para conquistar su preciado tesoro, el vellocino, símbolo de la luz solar. Según una reciente interpretación, el viaje de la Argo representaría una circunnavegación de la tierra que, con sus noticias sobre diversos lugares, épocas y pueblos, describe una historia cultural del mundo antiguo46. También cabe recordar alguna curiosa versión antigua, como la de Dionisio Escitobraquión (s. II a. C.), que explicaba todo lo maravilloso en clave racionalista47.

En la forma conocida del mito parecen haberse fundido dos argumentos diferentes: la historia de un grupo de marineros intrépidos que en la primera nave se aventuraron a través de peligrosas rutas y pueblos extraños hacia las regiones del oro y el ámbar; y la historia de Jasón, el príncipe que marchó a un país lejano en busca de un tesoro. Ambas leyendas, el viaje de los argonautas y la Jasonía, habrán confluido en un mismo relato: la lejana Ea (el griego aîa significa sólo «tierra») se ha identificado con una región concreta (la Cólquide); y los lugares relacionados con el paso de la Argo han determinado el itinerario. Esto explicaría por qué la intervención de Jasón posee tan escaso relieve en las aventuras del viaje, mientras que los demás argonautas no colaboran en las pruebas de la Cólquide para conquistar el vellocino48.

Si en la leyenda de los argonautas, como en otros mitos, subyace alguna base histórica, es imposible saberlo. Ya desde antiguo se trató de buscar en ella un fundamento histórico; determinados lugares y monumentos arqueológicos fueron relacionados con el paso de la Argo, y la fundación de algunas colonias fue vinculada a héroes de la saga. Logógrafos, cronistas e historiadores en general suponían un trasfondo histórico en el viaje de la Argo: la primera empresa común de los griegos, que abrió las rutas del Mar Negro para el comercio y las colonizaciones. Heródoto recuerda la expedición a la Cólquide y el rapto de Medea como un hecho histórico49. También Estrabón cree en la verosimilitud del viaje (que existió la ciudad de Ea cerca del Fasis, con su rey Eetes y la hechicera Medea), y relaciona el motivo de la expedición con la riqueza de aquella tierra en minerales nobles50. En todo caso, la leyenda está relacionada en principio con dos ciudades pertenecientes al ámbito de la cultura micénica: Yolco en Tesalia y Orcómeno en Beocia. Y el rey Pelias era hermano de Neleo, el padre de Néstor, soberano de Pilo.

Aunque la versión más completa que conocemos de esta famosa aventura sea precisamente el poema de Apolonio, de época helenística, la leyenda de los argonautas poseía una tradición bien antigua entre los griegos51. El intrépido viaje de un grupo de héroes notables (de una generación anterior a los héroes homéricos), que a bordo de la nave Argo atraviesan un mar lleno de peligros y una geografía fabulosa para rescatar el vellocino dorado con ayuda de una princesa hechicera, resultaba tan célebre para los griegos como la leyenda troyana y los viajes de Odiseo.

Los poemas homéricos mencionan ya el periplo de la Argo. En la Ilíada52 es conocido el episodio de Lemnos. La Odisea ofrece noticias más abundantes: una referencia a la «marinera nave Argo, por todos celebrada», que al regreso de la tierra de Eetes logró cruzar entre las rocas Errantes (Planctas) con la ayuda de Hera; y también le son conocidos Eetes y su hermana Circe, cuya isla se encuentra en los confines orientales del mundo, por donde nace Helios, padre de ambos53. Además, determinados motivos del viaje de Odiseo guardan estrecho paralelo con la navegación de los argonautas, como ya advirtiera Estrabón54, lo que induce a suponer que las aventuras de la Argo han servido de modelo para la configuración de algunos episodios, personajes y escenarios odiseicos55: la maga Medea para Circe, el país de Ea para Eea, los gigantes de Cícico para los lestrigones. En todo caso, conviene ser cauto, porque Apolonio, nuestra principal fuente para el mito, debe mucho a su vez a la Odisea, especialmente en el periplo de regreso (las Sirenas, Escila y Caribdis, las Planctas, Trinacia y las vacas del Sol, la isla de los feacios).

Hesíodo en la Teogonía56 nos ofrece un cuadro esquemático de la leyenda: las pruebas impuestas a Jasón por Pelias, su estancia en el país de Eetes, su regreso a Yolco con Medea y la boda de ambos. Los Catálogos hesiódicos contenían alusiones a Frixo y el vellocino, Fineo y las Harpías, el viaje de regreso…57.

En otras obras de la épica arcaica el mito de los argonautas ocupa también un lugar importante58. Eumelo de Corinto parece haber introducido modificaciones en la saga para glorificar el nombre de su ciudad. En sus Corintíacas59 Eetes habría sido rey de Corinto antes de marchar a la Cólquide; y al regreso de la expedición Medea y Jasón se establecían en Corinto. El autor de las Naupactias aludía también a diversos episodios como la persecución de las Harpías, la prueba de los toros impuesta por Eetes, la intervención favorable de Afrodita, y la huida de Medea con el vellocino60. En fin, en la versión de Epiménides de Creta61 Eetes era también de origen corintio, como en Eumelo.

Un fragmento de Mimnermo62 recuerda el atribulado viaje de Jasón hasta la ciudad de Eetes en busca del vellocino para cumplir la prueba ordenada por Pelias. Estesícoro celebraba en un poema los juegos en honor de Pelias63. Y en Simónides hay alusiones al tema del vellocino, de las Simplégades, de los juegos de Lemnos, de Talos, de los juegos en honor de Pelias, de Medea que rejuvenece a Jasón y reina en Corinto64.

La Pítica IV de Píndaro (462 a. C.), una espléndida composición en honor de Arcesilao de Cirene, nos brinda una exposición de conjunto sobre el mito de los argonautas, que está vinculado a la fundación de esa ciudad. Para celebrar al rey vencedor, el epinicio recuerda su gloriosa ascendencia: la colonización de Cirene por descendientes del argonauta Eufemo, cuya estirpe, nacida de su unión con una de las mujeres de Lemnos, habría de pasar a Lacedemonia y luego a Tera para fundar finalmente Cirene (el puñado de tierra libia que Eufemo recibe del dios Tritón presagia el destino que el oráculo le tiene reservado). El relato pindárico presta especial atención a los antecedentes y motivaciones de la expedición argonáutica (vv. 70-168): Pelias ha usurpado a Esón el trono de Yolco, pero un oráculo le advierte que se guarde del hombre «de una sola sandalia», y por ello impone a Jasón la prueba de traer el vellocino como condición para devolverle la dignidad real. Algunos detalles de la versión pindárica resultan particularmente significativos, como la lucha que libran argonautas y colcos65 en presencia de Eetes (vv. 212-213), o el peculiar modo en que se produce la intervención de Afrodita66 (Jasón enamora a Medea gracias al sortilegio de la rueda mágica y el torcecuello, v. 213 ss.), o el viaje de regreso, que primero discurre por una geografía mítica (por el Océano y el Mar Rojo hasta Libia) y luego recorre, en sentido inverso, las etapas de la expansión colonial que llevará a la fundación de Cirene (Libia, Tera, Lemnos).

La leyenda de los argonautas sirvió de tema para el argumento de numerosas tragedias, aunque sólo conservamos completa la Medea de Eurípides y fragmentos estimables de su Hipsípila. Esquilo compuso un Fineo y una tetralogía en torno al episodio de Lemnos67. Sófocles le consagró también diversas piezas como Frixo, Las Lemnias, Fineo, Las Colquidenses, Las cortadoras de raíces68. Y Eurípides, aparte de las ya citadas, escribió un Frixo y unas Pelíades. Asimismo en la comedia hubo varias versiones de Las Lemnias y un Amico de Epicarmo, entre otras.

El argumento de la Medea de Eurípides (431 a. C.) corresponde a la parte corintia de la leyenda. El trágico final de la pareja es presentado aquí bajo el protagonismo de Medea: la heroína es ante todo una esposa abandonada, traicionada y humillada, que imagina la venganza más atroz para su esposo infiel y que adquiere una nueva dimensión trágica y humana. Sus tres famosos monólogos reflejan la lucha interior de un corazón atormentado que se debate entre la pasión y la racionalidad; mientras, Jasón aparece como el antagonista pragmático que trata de conseguir el trono y la estabilidad con un matrimonio convenido.

Los escritores en prosa, logógrafos, historiadores, geógrafos y autores de crónicas locales, se interesaron también por el periplo de la Argo, que les permitía reconstruir la historia legendaria de sus ciudades o explicar la fundación de colonias. Y trataban de conciliar las tradiciones legendarias con los conocimientos geográficos e históricos de su tiempo. Autores como Hecateo, Ferecides, Acusilao, Helánico, Heródoto, Herodoro de Heraclea, Timeo, Timageto, son citados a menudo por los escolios como fuente de Apolonio69. Y de ellos se alimenta el gusto por la etiología, la erudición geográfica y las curiosidades etnográficas propio de la poesía de Apolonio y de Calímaco.

En el arte arcaico y clásico aparecen representados diversos motivos del mito70. Uno de los testimonios más antiguos es el Monóptero del tesoro de Sición en Delfos (570-560 a. C.), que en sus metopas representa a Frixo sobre el carnero, y la proa de la nave Argo (con Orfeo a bordo) flanqueada por los Dioscuros a caballo. Entre los temas preferidos en el arte del s. VI a. C. destacan los juegos en honor de Pelias71, en los que participaba el propio Jasón, y los Boréadas liberando a Fineo de las Harpías72. En la cerámica ática de figuras negras se encuentran numerosas representaciones de Medea y las hijas de Pelias73.

En el umbral del s. IV a. C. un poeta precursor de los helenísticos, Antímaco de Colofón, trató en su poema elegíaco Lide diversos episodios de la saga74, como el abandono de Heracles, la historia de Fineo, los acontecimientos de la Cólquide y el regreso a través de una geografía mítica (de la Cólquide a Libia por el Océano).

Entre los poetas helenísticos la leyenda de los argonautas fue un tema muy apreciado. Encontramos referencias en Filetas, Euforión, Nicandro, Licofrón… Teócrito desarrolla el episodio de Hilas en su idilio XIII y el combate de Polideuces y Ámico en el idilio XXII. Calímaco trata diversos aspectos del mito, especialmente los relativos al regreso, en el libro I de los Aitia.