Read the book: «El siglo XXI: dilemas morales para una reconstrucción social»
El siglo XXI:
dilemas morales
para una
reconstrucción social
Ana Noguera
El siglo XXI:
dilemas morales
para una
reconstrucción
social
Conferència impartida per
ANA NOGUERA,
Membre del Consell Valencià de Cultura,
en la Universitat d’Estiu de Gandia
a l’acte d’obertura de la XXXVena edició
de la Universitat d’Estiu de Gandia,
el 12 de juliol de 2018

© Ana Noguera, 2019
© D’aquesta edició:
Publicacions de la Universitat de València, 2019
CEIC Alfons el Vell, 2019
Centre Internacional de Gandia
de la Universitat de València, 2019
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es
publicacions@uv.es
Disseny i maquetació: Inmaculada Mesa
ISBN: 978-84-9133-254-1
Estimada y amiga alcaldesa, Diana Morant, rectora de la Universitat de València, Mavi Mestre, vicerrector de Projecció Territorial i Societat, Jorge
Hermosilla,
director del Centro Internacional Emili Aura y señores y señoras, amigos y amigas,
quiero agradecer muy sinceramente el regalo que me han hecho de inaugurar esta 35.ª edición de los cursos de la Universitat d’Estiu. Y mucho más en un año de celebraciones, puesto que se cumplen diez años del Centro Internacional de Gandía, una ciudad de referencia en nuestra comunitat, baluarte de la cultura, la identidad, la vanguardia y la reflexión intelectual. Por todo ello fue reconocida el pasado 2017 como Capital Cultural Valenciana, la primera que estrenó esta distinción autonómica. Aquí vinimos el Consell Valencià de Cultura, en febrero, para apoyar con entusiasmo la propuesta de creación de una Casa dels Escriptors i Escriptores en l’Alquería del Duc.
Desde aquí, la Universitat de València asume el reto de seguir reflexionando, esta vez bajo el sugerente título «A cavall entre dos segles», lo que nos obliga a establecer un puente de análisis entre nuestra historia y nuestra proyección de futuro.
La frondosidad de los árboles no solo es lo que vemos, sino también las raíces que los sujetan. Así somos nosotros: sujetos históricos; cofres llenos de memoria, de sucesos, de acontecimientos, de mitos. Aunque en este nuevo siglo XXI parece que solo vivamos en y por el presente, desanclados de raíces, sin entender muchas veces de dónde venimos y qué queremos proyectar.
Para construir este puente me permitirán que empiece por recordar algunas efemérides que se celebran este 2018, y que para mí, personalmente, son significativas. Seguro que hay muchas más, pero estas nos han dejado huella:
• Celebramos el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, que, como dijo José Luis López Aranguren, «su nombre es el más escalofriante de todos los nombres propios de personas que estremecen, no por crímenes, sino por puras doctrinas».
• Y mucho tuvo que ver la doctrina marxista con la mayor movilización social y cultural del siglo XX: el Mayo del 68, que todavía emociona a los que entonces fueron jóvenes, y de la que hoy se conmemoran cincuenta años.
• Un mes antes, el 4 de abril de 1968, fallecía un luchador pacifista por los Derechos Humanos, Martin Luther King, quien nos dejó su compromiso vital: «Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas».
• Setenta años se cumplen precisamente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que sigue siendo una guía ética de acción imprescindible, «Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana».
• Pero, para llegar a esa declaración, todavía por aplicar, hubieron de transcurrir veinte siglos y muchas barbaries. Entre ellas, la Primera Guerra Mundial, conocida como la Gran Guerra, de la que también este año se conmemora el centenario de su finalización.
• Antes de que finalizara ese mismo 1918 nació otro hombre que hizo historia, Nelson Mandela, que reivindicó aquello de que «Nadie nace odiando a otra persona».
• Y, más cerca, en nuestra casa, surgida del dolor y el terror de la dictadura franquista, conmemoramos un gran éxito político y social, la Constitución Española, que cumple cuarenta años. Y que se encuentra en la paradoja de ser revisada para ser útil al futuro y para ser respetada por todos los españoles que no tuvimos ocasión de votarla. Al mismo tiempo ha demostrado su vigor, por ejemplo, con la inédita moción de censura que se produjo el pasado 1 de junio y sus consecuencias políticas.
• También este año se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los redactores del preámbulo de nuestra Constitución, alguien que es una de mis referencias intelectuales y un ejemplo de coherencia política: el conocido como «Viejo profesor», Enrique Tierno Galván.
De ahí venimos, pero ¿hacia dónde vamos? Porque 2018 también está lleno de sobresaltos sociales. Dos especialmente significativos que marcarán un antes y un después: la inmigración y el feminismo.
Empezaré con este último, a lo que ocurrió el 8 de marzo pasado, un día que, como decían los medios de comunicación, «se estudiará en los libros de Historia». No fue una manifestación más de mujeres. Se consiguió una movilización sin precedentes contra la desigualdad de género en todas sus vertientes, tanto en lo referente a la brecha salarial y de pensiones como a la discriminación laboral, el techo de cristal, el acoso y la violencia sexual.
La revolución de la mujer es, incomprensiblemente, la revolución pendiente, pero ahora mismo podemos decir que es imparable. Por méritos propios, y con la aceptación y el orgullo social, esta mesa está presidida por una alcaldesa, y esta universidad tiene una excelente rectora, la primera desde su creación en 1499. También la Universitat Jaume I de Castellón está hoy presidida por una mujer.
El verdadero cambio se produce en las raíces culturales. Cuando se acepta que existe una discriminación, que es injusta y que hay que corregirla.
Lamentablemente, vamos paso a paso, y los datos demuestran que aún queda mucho por hacer. Algunas de las causas que afectan a la mujer son tan antiguas como lo es el propio problema de la desigualdad, y otras causas que se acentúan debido a la nueva condición de la globalización.
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