Read the book: «Ensayo sobre la historia de la sociedad civil»

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Akal / Básica de bolsillo / 207

Serie Clásicos del pensamiento político

Director de la serie

Ramón Máiz

Adam Ferguson

Ensayo sobre la historia de la sociedad civil

Introducción, traducción y notas de

María Isabel Wences Simon


Diseño cubierta: Sergio Ramírez

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Título original: An Essay on the History of Civil Society

© Ediciones Akal, S. A., 2010

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-3604-3

Introducción

Adam Ferguson ha sido descrito como «uno de los más grandes […] en la historia de la cultura europea»[1] y su Ensayo sobre la historia de la sociedad civil es considerado como «uno de los mejores trabajos de la Ilustración escocesa»[2]. Nació en la frontera entre las tierras altas y las tierras bajas, en Logierait, Pertshire, Escocia, el 20 de junio de 1723, el mismo año que naciera Adam Smith y se fundara la Honourable Society of Improvers in the Knowledge in Scotland. De niño fue un incansable lector apasionado de la mitología griega y a los 15 años se abrieron para él las puertas de la Universidad de St. Andrews. Obtuvo el grado de Master of Arts tras haber demostrado ser «uno de los mejores alumnos y quizá el mejor en matemáticas y en metafísica de su generación»[3].

Se trasladó a la Universidad de Edimburgo para estudiar teología y ahí tuvo la oportunidad de verse inmerso en una efervescente atmósfera intelectual y convivir con una elite estudiantil que con el tiempo llegaría a tener en Escocia una considerable influencia social y política; algunos de los hombres que conoció en esa época y con los que conviviría a lo largo de su vida fueron el dramaturgo John Home; el historiador y posterior rector de la Universidad de Edimburgo, William Robertson; el futuro catedrático de Retórica, Hugo Blair; y el que más tarde sería ministro de Inveresk, Alexander Carlyle, todos ellos integrantes de la llamada Ilustración escocesa. Durante esa época estudiantil muchas de las reuniones tenían lugar en casa de la familia Adam, conocida saga de arquitectos. Ese hogar, en el que Ferguson vivió en distintos momentos de su vida, se convirtió en un espacio de encuentro y tertulia al que concurrían no sólo los nombres antes mencionados, sino también ilustrados escoceses de la talla de David Hume y Adam Smith.

Ferguson no se había ordenado todavía como ministro cuando fue llamado para formar parte del 43rd Highland (Black Watch) Regiment en calidad de capellán castrense. Durante varios años desempeñó esta labor, primero como suplente y después como principal, y se hizo merecedor del sobrenombre de Warlike Chaplain (capellán guerrero), debido a su fuerte temperamento y su brío aventurero. Durante esta época, tiene lugar el intento de los jacobitas de restituir en el trono al pretendiente Carlos Eduardo Estuardo y Ferguson blande su espada antijacobita predicando un sermón en gaélico que pasaría a ser su primera contribución escrita. Lo tituló A Sermon Preached in the Ersh Language to His Majesty’s First Highland Regiment of Foot, commanded by Lord John Murray, at their Cantonment at Camberwell, on the 18th day of December, 1745, y fue traducido al inglés por el propio autor. Este sermón es importante por las exhortaciones patrióticas y la elegancia del lenguaje; sus palabras denuncian duramente las intenciones del pretendiente y de Francia y alientan a las tropas a la lucha en defensa de su religión, de su país y de su rey (Jorge II).

Cuando se le ordenó al Black Watch la misión de ir a América, Ferguson optó por quedarse en Escocia y dimitió de su cargo, concluyendo su etapa de capellán castrense. Sin duda, la experiencia y el conocimiento que obtuvo durante esta etapa serían significativos a lo largo de su vida, no sólo porque son años que le permitieron observar detenidamente la conducta y el carácter humanos y vivir la guerra en directo, sino también porque adquirió herramientas que le serían de utilidad para analizar los fenómenos políticos de la época, como bien quedaría reflejado tanto en su Ensayo sobre la historia de la sociedad civil como en su Historia sobre el progreso y decadencia de la República romana.

La dimisión como capellán se acompañó de un alejamiento del ministerio, sin que ello significase un rechazo a la doctrina de la Iglesia escocesa. Por el contrario, durante toda su vida defendió la causa moderada en la Asamblea General de dicha Iglesia[4]. Probablemente, su alejamiento se debió más al hecho de que prefería dedicarse a la vida académica e intelectual.

Durante aproximadamente tres años hizo varios intentos para obtener una cátedra en la universidad, objetivo que logró en agosto de 1759. Estos años previos a su llegada al célebre ámbito universitario escocés serán significativos por varias razones. Para empezar, porque escribió su primer panfleto sobre la milicia, Reflections Previous to the Establishment of a Militia, y aunque fue publicado anónimamente, Alexander Carlyle en sus memorias subrayó que había que agradecer el esfuerzo de Ferguson porque el escrito contenía «todos los genuinos principios que se necesitan para la defensa nacional»[5]. El aspecto central que Ferguson subraya aquí es que la obligación de participar en el ejército posee un valor infinitamente menor al honor que representa el hecho de mostrar una iniciativa personal de defensa. En este panfleto y en otro posterior, escrito en tono de sátira y denominado The History of the Proceed­ings in the Case of Margaret, Commonly Called Peg, Only Lawful Sister of John Bull, Esq. (1761), Ferguson dejó entrever las primeras expresiones de un tema que le obsesionaría a lo largo de su vida: el derecho a que Escocia contase con su propia milicia. Muestra de ello es que años más tarde fundaría, junto con otros ilustrados, una asociación cuyo objetivo central era promover la constitución de una milicia escocesa; la llamaron Poker Club, probablemente para ocultar, en un primer momento, sus verdaderos objetivos, ya que la cuestión de la milicia era particularmente controvertida en la segunda mitad del siglo XVIII[6]. Bajo el manto del Poker Club Ferguson ideó e impulsó la Scottish Militia Bill, que generaría un gran debate entre los ilustrados, pero que finalmente resultaría una propuesta que se quedaría en el papel.

Respecto de estos años anteriores al ejercicio universitario, también cabe destacar que Ferguson es nombrado sucesor de David Hume como bibliotecario en la Facultad de Derecho. Este hecho le abrió las puertas a más de treinta mil volúmenes de una de las mejores bibliotecas de Europa. Al mismo tiempo, se le presenta la oportunidad de convertirse en tutor de los hijos de lord Bute, influyente político, representante escocés en la Cámara de los Lores y futuro –de facto– primer ministro; al respecto Hume, en una carta dirigida a Gilbert Elliot, escribiría: «Espero que lord Bute se encuentre satisfecho con su elección porque ha elegido como tutor de su hijo a un hombre con sensibilidad, conocimiento, gusto, elegancia y de costumbres morales»[7]. Este nombramiento significaba para Ferguson un desahogo económico y la posibilidad de moverse en los círculos del poder.

A estos servicios se dedicaba Ferguson cuando llegó la oportunidad de ocupar un puesto como profesor de Filosofía natural en la Universidad de Edimburgo. No era en Filosofía moral como hubiera gustado al ilustrado escocés, pero se tomó seriamente su nueva responsabilidad y pronto elaboró su manual, que contenía las lecciones que impartía en sus clases. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por enseñar los contenidos de la filosofía natural y de sus buenas relaciones con los científicos de esta área del conocimiento, Ferguson siguió inclinado por estudiar y escribir sobre temas propios de la filosofía política y moral y en 1764 logró una de sus metas, hacerse con la cátedra de Filosofía moral de la Universidad de Edimburgo. Rápidamente se convirtió en un profesor de prestigio, sus clases llegaron a ser muy populares y en pocos años triplicó el número de alumnos que acudía a ellas. Su fama fue tal que algunos autores subrayan que durante un tiempo se convirtió en «el más acreditado de los profesores y filósofos de la época»[8].

Asentado como profesor y con una buena reputación a cuestas comienza su producción científica. En el otoño de 1766 Alexander Kincaid y John Bell se convierten en los editores de su manual Analysis of Pneumatics and Moral Philosophy. For the Use of Students in the College of Edinburgh, que recogía parte de sus lecciones impartidas en clase. Este trabajo fue revisado, actualizado y modificado por Ferguson en varias ocasiones a lo largo de su vida. Primero apareció con el título antes mencionado, más tarde con algunas modificaciones como Institutes of Moral Philosophy y finalmente, tras una reestructuración en profundidad, en dos volúmenes como Principles of Moral and Political Science.

Sin embargo, el mayor reconocimiento lo obtendría en 1767 con la publicación del Ensayo sobre la historia de la sociedad civil[9]. Esta obra salió a la luz casi nueve años después de que Adam Ferguson diera a conocer a sus amigos cercanos una versión previa de este trabajo a la que había denominado Tratado sobre el refinamiento. Durante todos estos años, el ilustrado escocés pulió esta obra que se consagraría como una de las más editadas en el siglo XVIII; para 1793 se habían publicado otras seis ediciones inglesas, así como un par de reimpresiones e incluso ediciones no autorizadas, y su autor llegó a conocer las traducciones al francés, al alemán y al italiano[10].

El Ensayo recibió grandes elogios y en general fue bien recibido en el círculo intelectual escocés, así como en Inglaterra, en la Europa continental y en las tierras de América del Norte. Entre los que colmaron de cumplidos a esta obra se encuentran los ilustrados escoceses James Beattie, lord Kames, William Robertson y Hugh Blair, y de los pensadores no escoceses cobran relevancia los halagos del baron d’Holbach[11]. Por el contrario, su amigo David Hume mostró una opinión adversa sobre dicho escrito[12]. Hay razones para creer que la desavenencia de Hume respecto del Ensayo puede deberse a su aversión por la retórica moralizadora que puede encontrarse en algunas partes de la obra[13], pero hay indicios que hacen pensar que probablemente se debió más a un problema de construcción y de estilo, ya que adujo que muchos de los fallos del Ensayo se debían a que había sido escrito por un gaélico parlante que escribía en inglés, más aún, por la pluma de un «aldeano»[14].

Mi labor como editora, y traductora al español, de esta obra de Ferguson me hace compartir parte del juicio crítico que sobre el estilo hiciera David Hume. Parece paradójico que Ferguson, que fue un profesor afamado, cuyas aulas estuvieron repletas de alumnos y cuyas disertaciones, tanto en clase como en las sociedades a las que pertenecía, eran escuchadas con entusiasmo, desarrollase en el Ensayo una prosa compleja que en ocasiones llega a ser inconexa. Como el lector podrá comprobar, leer esta obra de Ferguson no es fácil: «Su excelente estilo parece torpe más que diestro, laborioso más que fácil. El lenguaje del Ensayo sobre la historia de la sociedad civil es habitualmente terso y los momentos solemnes de difícil comprensión, deshilvanados en su ilación»[15]. David Kettler, un profundo conocedor de Ferguson, nos dice que su pensamiento es una especie de rompecabezas en el que, paradójicamente, se presenta un conjunto de ideas «difícil de sistematizar» y, al mismo tiempo, «fáciles de aplicar al mundo que conocemos»[16].

Es conveniente subrayar que Ferguson no tiene la refinada pluma de Hume o Smith y que algunas veces pareciera que su discurso es superficial y pedestre. Sin embargo, en sus obras encontramos momentos de enorme brillantez, originalidad e imaginación. Ferguson no es, como algunos han considerado, un simple profesor que casualmente vivió en la época de Smith y de Hume, sino que es un pensador de la misma talla y con propuestas oportunas e innovadoras, alguien que discutió al mismo nivel con ellos, alguien que les apoyó en diversas ocasiones, incluso alguien que les ayudó a dar forma a algunas de sus ideas, más aún, alguien que les impresionó favorablemente.

Ahora bien, independientemente de la polémica que suscitó entre Hume y Ferguson la publicación del Ensayo y de las dificultades que presenta su lectura, el escrito fue, como ya mencioné, bien recibido en las esferas política e intelectual del siglo XVIII y hoy en día se le considera como «un relevante, estimulante y provocativo trabajo que irradia una inesperada luz sobre aspectos de nuestra actual sociedad capitalista»[17].

Las seis partes del Ensayo comprenden una narración del crecimiento y el deterioro de la humanidad, pero sin que ello signifique necesariamente la defensa de un modelo circular de historia. En la primera parte, De las características generales de la naturaleza humana, Ferguson presenta argumentos para sostener que el hombre es ineludiblemente un miembro de la sociedad. Las siguientes dos partes, De la historia de las naciones rudas y De la historia de la política y las artes, intentan ordenar la multiplicidad de formas que puede adoptar la sociedad utilizando como herramienta explicativa la teoría de los estadios. Conviene subrayar que no estamos aquí ante una simple narración sobre el progreso; Ferguson constantemente advierte sobre la inmanente tensión entre el progreso material y el avance moral. Esta última coordenada de la tensión constituye el núcleo de las siguientes tres partes y Ferguson va desplegándola de manera gradual, primero hace un examen del escenario y progresivamente va advirtiendo sobre sus peligrosos alcances. Los epígrafes son reveladores de las nocivas condiciones con las que pueden encontrarse y enfrentarse las sociedades pulidas: De las consecuencias que resultan del avance de las artes comerciales y civiles, De la decadencia de las naciones y De la corrupción y de la esclavitud política.

Esta obra de Ferguson se ocupa de temas que también preocupaban a otros pensadores –no sólo escoceses– de la época. Las características de la naturaleza humana, las particularidades de la sociedad política, las diferencias entre naciones tomando en cuenta variaciones temporales y geográficas, las formas de gobierno, las características del progreso y la decadencia, la tensión entre el interés público y el privado y la corrupción política. Para comprender las ideas de Ferguson sobre estos tópicos es fundamental conocer cuáles fueron sus fuentes centrales de inspiración. Desde una perspectiva clásica, las influencias principales que el ilustrado escocés recibió fueron las de los estoicos, particularmente los estoicos romanos; si se lee con detalle su Ensayo y otras de sus obras se puede constatar la particular devoción que tenía por Marco Aurelio y Epicteto, cuyas enseñanzas se encuentran en los pilares de su pensamiento. El estoicismo influyó a tal grado en Ferguson que él mismo se autodenominaba «el más antiguo de los romanos» y según su amigo George Demp­ster él era conocido como el «Epicteto moderno». Ahora bien, su mirada también estuvo puesta en Aristóteles, Tácito, Polibio, Tucídides y Cicerón; ello explica el hecho de que la Edinburgh Review le nombrara el «Catón escocés»[18]. Entre sus inspiraciones modernas, las más destacables son el presbiterianismo escocés del ala moderada y figuras destacables como Hugo Grocio, Isaac Newton y Francis Bacon –quienes también ejercieron una gran influencia en todo el pensamiento ilustrado escocés–, así como Nicolás Maquiavelo, lord Shaftesbury, Francis Hutcheson y Charles Louis Montesquieu.

En relación a los aspectos metodológicos empleados por Ferguson en la construcción de su propuesta histórica, social y moral habría que subrayar que sigue lo que podría denominarse una antropología empírica y social. Para analizar el fundamento de la naturaleza humana y la configuración histórica e institucional de la sociedad civil, el ilustrado escocés centra su atención en descubrir científica y empíricamente las leyes que gobiernan a la naturaleza humana y deducir de ellas los principios morales que sirven de pauta para la conducta[19]. En éste, como en otros aspectos, Ferguson emula al estoico Epicteto en la idea de que una de las misiones de los filósofos es descubrir las leyes de nuestra naturaleza con el fin de poder actuar de acuerdo con ellas. Por tanto, el resultado es un procedimiento tanto empírico como normativo.

Para un lector poco atento, el Ensayo pareciera aludir únicamente a una historia social de la especie humana, pero en realidad para Ferguson esta historia social es también un ejercicio de filosofía moral. Es verdad que el sujeto de su historia es la sociedad humana y que ésta se constituye como la médula de la existencia, desarrollo y evolución de los individuos y, por ello, al profundizar en el estudio de las formas de socialización y de las leyes que las gobiernan, el ilustrado escocés tuvo especial cuidado en distinguir la historia descriptiva de las prescripciones normativas. La ciencia consiste en el estudio de las leyes de la naturaleza, pero el término ley puede dar lugar a confusión, por lo que debe quedar claro que éstas pueden ser físicas o morales. De la misma manera que sucede en el campo de la biología, la expresión «leyes físicas» puede usarse para representar algunas uniformidades de la naturaleza intelectual y espiritual de los hombres[20]; la ley física alude a «aquellos hechos que se encuentran regular e invariablemente establecidos en el curso de la naturaleza» o «a aquellos hechos que hacen referencia a las operaciones mentales fijas e invariables» y ambos son «estrictamente observables»[21]. El otro uso de la ley es el que hace referencia a «toda expresión de lo que es bueno»; si bien no alude a la universalidad de ciertos tipos de conducta, sí se refiere a una ley «que deseamos sea uniformemente observada». Dicha ley «es consecuencia de la rectitud, o de la autoridad de la que procede y no la consecuencia de la existencia de hechos». Este segundo tipo de ley tiene un gran interés para Ferguson porque, como él afirma en el Ensayo, «cualquiera que haya sido el estado original de nuestra especie, es más importante para nosotros conocer las condiciones a las que aspiramos que aquellas que, supuestamente, nuestros antepasados han abandonado»[22]. El primer sentido dará lugar a las llamadas leyes físicas que deben su existencia a hechos; y el segundo, a las leyes morales que existen en tanto se convierten en obligatorias[23]. Lo que interesa de esta anterior explicación es que el escocés parece sugerirnos que su análisis como historiador científico se encuentra subordinado a su misión como moralista.

Ferguson adoptó un tipo de empirismo newtoniano y lo combinó con el método descriptivo e histórico de Montesquieu, lo que dio lugar a una propuesta sociológica original. Se alejó de los procedimientos de deducción racional y adoptó la explicación newtoniana del orden cósmico. Las leyes de la naturaleza, especialmente relacionadas con el orden social, se comprenden mejor si son adecuadamente observadas. Aplicó al campo de las ciencias sociales la metodología científica que había sido utilizada en el reino físico y procuró comprender la naturaleza o constitución de los hombres con base en leyes universales o primeros principios y la creencia en la uniformidad de la naturaleza humana[24].

Esta metodología que condujo a Ferguson a aplicar al caso humano la máxima de que para poder llegar a los principios generales de la ciencia los hechos deben poder observarse y que, por tanto, el historiador debía coleccionar datos para poder exponer su teoría con fundamento, es la que le llevó a concluir que la sociabilidad humana es un fenómeno natural. La observación lo hace evidente: «Los relatos procedentes de cada rincón de la tierra, de los más antiguos a los más recientes, concuerdan en representar a la especie humana siempre reunida en grupos y en compañías»[25]. Los hombres viven en sociedad porque siempre han vivido en ella y seguirán haciéndolo; es una tendencia que se encuentra en la propia naturaza humana.

Ahora bien, la condición innata que conduce a los hombres a la sociabilidad se ve reforzada por factores tales como el hábito. El apego instintivo que presentan los hombres, y que queda demostrado en las relaciones que van más allá de aquellas que se dan entre padres e hijos como es la amistad, se convierte en un hábito y es éste, y no un criterio racional, el encargado de fortalecer los lazos sociales y guiar la conducta moral. La sociabilidad va más allá del «amor paternal» y de «la inclinación común al hombre […] de vivir en rebaños»[26], los lazos de amistad se fortalecen gracias a un «ardor decidido» que llega cuando los hombres han «recorrido juntos, por algún tiempo, el camino de la fortuna. Los mutuos descubrimientos de generosidad, las hazañas compartidas estrechan todavía más los lazos de la amistad y encienden en el hombre tal pasión que ni las consideraciones de interés personal ni el peligro pueden apagar»[27]. A lo largo del Ensayo Ferguson da cuenta de que el amor paternal, los lazos familiares y la construcción de la amistad se encuentran estrechamente vinculados con hábitos.

La hábil intuición de captar los alcances del hábito en el entramado social se acompaña de la negativa de concederle validez a aquellas pretensiones que buscan explicar la sociabilidad con base en criterios racionales o instrumentales. Así lo confirma Ted Benton cuando subraya que el ilustrado escocés fue uno de los primeros pensadores en señalar las «incoherencias» de la concepción ilustrada del individualismo en sus variantes metafísicas, al demostrar cómo todas las formas de vida son «necesariamente formas de existencia social»[28].

Para el ilustrado escocés la «condición natural» de los hombres siempre será la vida en sociedad. Al contrario de Rousseau, la conducta humana sólo puede entenderse socialmente, todas las formas de existencia son necesariamente formas de existencia social; incluso Ferguson llega a decir que los individuos criados en soledad no tienen una naturaleza plenamente humana: «Si llevan a un hombre al desierto y lo dejan solo, se transformará en una planta desarraigada de su suelo; aunque conserve su apariencia, todas sus facultades se alterarán y se perderán; la persona y el carácter humano dejarán de existir»[29]. En Ferguson todos los impulsos tienen una referencia social y la humanidad siempre y en todas partes se encuentra en un estado natural. Esta insistencia en sostener que toda situación y condición es natural a las especies, que la sociabilidad es natural, lo llevó a considerar inviable la posibilidad de un hipotético estado de naturaleza donde los hombres pudiesen vivir aislados unos de otros.

El llamado «estado de naturaleza», que algunos pensadores de la época hicieron parte de su teoría, fue duramente criticado por Ferguson por considerarlo poco realista e inútil, incluso como una herramienta analítica, no solo porque Ferguson no está buscando justificaciones para establecer principios abstractos de obligación y autoridad, sino también por razones empíricas. Ferguson, en la primera sección de la parte con la que abre su Ensayo y que denomina «Sobre la cuestión relativa al estado de naturaleza», critica el discurso en torno a su supuesta existencia y afirma que los teóricos del estado de naturaleza observan a los humanos en un sentido ajeno al de cualquier historia natural de toda especie animal.

Para el pensador escocés, los hombres no pueden haber vivido en estado de naturaleza porque siempre han vivido en alguna forma de sociedad. «Todas las situaciones son igualmente naturales», subraya en el Ensayo; «si nos preguntan», sostiene, «dónde está el estado de naturaleza, contestaremos que está aquí; y no importa si nos referimos a la isla de Gran Bretaña, al cabo de Buena Esperanza o al estrecho de Magallanes. En cualquier lugar donde el hombre activo ejerce sus talentos y transforma el medio que lo rodea, estamos ante situaciones igualmente naturales»[30].

Al rechazar la idea de un estado de naturaleza declarando que todas las situaciones son naturalmente iguales, Ferguson refutaba también a los teóricos del contrato social. Su observación de que «el arte en sí mismo es natural al hombre», es decir, no podemos hablar «del arte como algo distinto de la naturaleza»[31], lo lleva a sostener que no tiene sentido hacer una diferencia entre «la condición natural de la humanidad» (el estado de naturaleza) y su existencia civil o política de carácter artificial (hecha por un contrato). La sociedad civil no es producto de un contrato ni de una imposición, sino que es resultado de un proceso natural, tal como lo demuestra la teoría de los estadios. Suponer que el hombre ha vivido todo el tiempo en sociedad es admitir que la cohesión social no tiene necesidad de un acto fundador. Las palabras de Gautier son oportunas: «[…] fundar la legitimidad de la sociedad en el contrato –el contrato social– equivale a reconocer que la sociedad no es un hecho natural. Admitir la naturalidad de los lazos sociales –el rechazo al contrato– conduce a pensar que la sociedad depende de ella misma y que no tiene necesidad de ser fundada»[32].

Ferguson es claro en su rechazo a las teorías contractualistas y en su negativa a buscar en un principio trascendente la causa última de la organización de los hombres en la sociedad. Con ello, el filósofo escocés desvanece «las abstracciones históricas del pensamiento de Locke y la, tan sólo publicada un lustro antes, de Rousseau»[33], y mantiene su fidelidad a su admirado Montesquieu al reivindicar la contundente afirmación que el bordolés hiciera en las Cartas Persas: «[…] todos [los hombres] nacen conexos unos con otros […]. Eso es la sociedad y el origen de la sociedad»[34].

La aproximación empírica de la que Ferguson se sirvió en sus análisis sobre la naturaleza humana y la convicción de que el método newtoniano de obtención del conocimiento era certero también estarían en la base de sus observaciones sobre la evolución, configuración y desarrollo de la sociedad. Al igual que otros miembros de la Ilustración escocesa, entre ellos David Hume, Adam Smith, William Robertson, John Millar, Dugald Stewart y lord Kames, Ferguson tuvo siempre entre sus objetivos científicos el estudio de la sociedad, en particular la sociedad de su época, que estaba inmersa en intensos cambios sociales y materiales. Pero no solamente se limitó a describir y a enumerar leyes, sino que la elaboración de su ciencia social estaba directamente vinculada con una crítica normativa de estos cambios y de sus consecuencias en la vida social.

En el Ensayo Ferguson hace un análisis de la configuración histórica de la sociedad. En éste tres elementos cobran importancia: la propia práctica historiográfica, el análisis sociohistórico de la humanidad con base en una herramienta heurística conocida como la teoría de los estadios y la configuración institucional de la sociedad explicada a partir de un orden espontáneo que resulta de consecuencias no intencionadas de la acción.

En relación al método de investigación histórico, Ferguson llevó a cabo un análisis socioantropológico y, a pesar de que los instrumentos conceptuales y la información a los que tenía acceso eran escasos, cumplió con dos de las condiciones propias de la práctica científica. En primer lugar, su análisis fue empírico porque observó y analizó mediante hechos el curso del desarrollo social; consideraba que su aproximación era correcta porque podía comprobarse empíricamente, incluso aquello que por falta de información debía obtenerse mediante la construcción de conjeturas. Y en segundo lugar, su análisis fue sistemático no sólo porque adaptó al mundo social el concepto físico de la operación causa-efecto, sino porque siempre que pudo respetó el ejercicio de la comparación y el rigor en el uso de las fuentes, tanto antiguas como modernas.

La reflexión científica que Ferguson y algunos otros ilustrados escoceses, como Adam Smith, James Dunbar o John Millar, realizaron sobre la historia social dio lugar a las primeras teorías estructuradas sobre el desarrollo sociocultural[35]. Elaboraron un complejo esquema sobre el devenir de la sociedad que se convirtió en una herramienta heurística para el estudio de la sociedad civil y que consiste en confeccionar como instrumento analítico grandes etapas, que hoy podríamos llamar «típico-ideales», que fuesen de utilidad para explicar el desarrollo social.

Salvajismo, barbarie y sociedad civil –pulida y comercial– son las etapas que Ferguson eligió como instrumento analítico para explicar heurísticamente el desarrollo social. Cada una de ellas representa un avance con relación a la anterior y a cada una le corresponden distintas ideas e instituciones relativas al desarrollo cognitivo, la propiedad, el gobierno y el derecho, y percepciones sobre las costumbres, el modo de subsistencia, los rangos, las normas morales y la división del trabajo.

Esta propuesta, conocida como la teoría de los estadios, intenta demostrar que la humanidad ha atravesado por distintas fases comenzando por lo que Ferguson denominó, en su segunda parte del Ensayo, «La historia de los pueblos incivilizados» hasta la llegada de la sociedad civil, que era la sociedad comercial en la que él mismo estaba viviendo[36].