Read the book: «Me quedé sin empleo»

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Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

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ISBN: 978-84-1114-288-5

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Para mi mejor amiga, mi madre.

PRÓLOGO

Con rotundidad, el 2020 ha sido un año que quedará marcado para todos. El 13 de marzo de dicho año daba comienzo un confinamiento global a causa de la pandemia por la COVID-19 que desencadenaría en situaciones de abatimiento y aflicción: separaciones de nuestro entorno más cercano durante meses, colapsos en centros médicos y hospitalarios, muertes, pérdidas de empleo…

De todas ellas, una de las que más ha afectado a la población ha sido la pérdida de empleo. Las empresas, ante la situación de incertidumbre en la que nos encontrábamos, decidieron prescindir de muchos de sus empleados. Así fue el caso de Romina Dondé, nuestra autora, una gran profesional que contaba con diversos años de experiencia laboral y que se vio, de repente, sin empleo.

Como ella, muchos se vieron en esa tesitura, entrando así en un estado de ansiedad y tristeza ante el desconocimiento de lo que estaba por venir. Sin embargo, gracias a las sabias palabras que Dondé plasma en este libro, cualquiera que haya pasado por esa situación podrá sentirse identificado y recibirá el empujón que necesita para superarlo y encontrar su lugar en el mundo laboral, porque tras sus consejos hay prudencia y saber, y es que Dondé conoce muy bien lo que habla.

Este libro de Romina Dondé no es una guía de búsqueda de empleo más, es un aliento para no rendirse, un soplo de esperanza para tomar las riendas y lanzarse al encuentro del empleo que merecemos.

María Jiménez

1.

Fracasar para triunfar

¿Has escuchado alguna vez la palabra resiliencia? Confieso que la primera vez que la escuché no tenía ni la menor idea de su significado. La escuchaba constantemente en las conversaciones de negocios y también la veía escrita en artículos y noticias. Decidí buscar más información sobre esta palabra y aprendí lo siguiente:

El Diccionario de la Real Academia Española define la resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador, a un estado o una situación adversos, y también como la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Entonces, ¿cuál es el efecto de la resiliencia en nuestra vida profesional y en nuestro éxito? Pues, alcanzar el éxito tanto a nivel personal como a nivel profesional no es cuestión de suerte, es una combinación de esfuerzo, trabajo duro, constancia, aprendizaje, disciplina y de saber aprovechar los momentos y las oportunidades que se nos presentan.

Una persona exitosa posee, entre muchas otras características, la resiliencia; es capaz de sobreponerse a los fracasos y a los golpes que la vida le presenta. Además, lo hace siempre con una actitud positiva. Vive la vida como si fuera un juego de vídeo en el que hay retos que superar y acepta que en ese juego hay buenos y malos momentos.

No es fácil ser una persona resiliente y seguramente tú, querido lector, al igual que yo, muchas veces has estado a punto de sucumbir ante los problemas. Has estado a punto de darte por vencido y de tirar la toalla, e incluso tal vez lo has hecho. Sin embargo, si lo que quieres es conseguir el éxito, debes estar consciente de que este no llega fácilmente; hay que caminar por senderos de terracería, caerse, lastimarse las rodillas, sobarse y volverse a levantar.

No todos poseen esta habilidad, pero hay personas que han logrado no solo enfrentar el fracaso, sino superarlo una y otra vez. Estas personas no son extraordinarias o de otro planeta, simplemente tienen fe en sí mismas.

Voy a contarte algunas de estas historias para que te sirvan como inspiración cuando sientas que ya no puedes seguir adelante. Eres más fuerte de lo que crees.

 Michel Jordan: antes de convertirse en uno de los basquetbolistas más famosos del mundo, fue rechazado del equipo de basquetbol de su escuela secundaria. En sus propias palabras: «He fallado una y otra vez en mi vida y es por eso que he triunfado».

 Steve Jobs: vivió una época difícil en Apple ya que, a pesar de ser uno de sus fundadores, fue despedido. Steve sufrió un periodo de depresión, pero nunca se rindió, logró regresar a Apple y revolucionó el sector tecnológico y la manera en la que nos comunicamos.

 J.K. Rowling: la escritora inglesa autora de la saga de Harry Potter vendió su primer libro por 4000 dólares. En ese tiempo esta madre soltera vivía de las ayudas del Gobierno y luchaba día con día por subsistir. Hoy en día es una de las mujeres más ricas del mundo.

 Oprah Winfrey: fue despedida como presentadora de televisión, pues los productores pensaban que no tenía lo necesario para salir en pantalla. Además, sufrió una vida de abusos y acoso. Hoy es una de las figuras más reconocidas en el mundo de la televisión y el espectáculo.

 Walt Disney: fue despedido de su trabajo en el Kansas City Star porque su jefe pensaba que no tenía buenas ideas y le faltaba imaginación. Sus fracasos continuaron hasta que estrenó su película Blancanieves. ¿Te imaginas cómo hubiera sido nuestra infancia sin Walt?

 Steven Spielberg: intentó ingresar a la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California y fue rechazado no una, sino varias veces. Él nunca se rindió y hoy es uno de los directores más reconocidos a nivel mundial.

 Coronel Harland David Sanders: el famoso rey del pollo frito fue despedido de varios empleos antes de conseguir su imperio. KFC es hoy una de las franquicias más famosas del mundo.

 Lady Gaga: su primera discográfica, Island Def, la dejó a los 3 meses. Hoy es un ícono de la música pop.

 Jack Ma: no fue un buen estudiante e incluso estuvo a punto de no lograr entrar a la secundaria. También aplicó 10 veces a Harvard y todas ellas fue rechazado. Su historial de rechazos continuó, pues le negaron 30 trabajos e incluso fue el único de 24 candidatos en ser rechazado para un puesto en KFC. En sus propias palabras: «Darse por vencido es la mayor de las derrotas».

Así es que no importa si en este momento te sientes derrotado, las cosas siempre pasan por algo y siempre encuentran cómo ponerse en su lugar nuevamente. Este momento de confusión, tristeza e incertidumbre pasará, es solo un periodo.

¡Levántate y lucha!

2

Mi historia

Es probable que te estés preguntando quién soy, cuál es mi experiencia y por qué me siento capaz de ayudarte. A diferencia de lo que pudieras pensar, yo no soy head hunter y tampoco me he dedicado a trabajar en áreas de reclutamiento o selección de personal. Si bien no cuento con la experiencia profesional en ese campo, te puedo asegurar que conozco más sobre cómo conseguir trabajo que cualquier reclutador.

Al contario de un profesional de recursos humanos que te podría hablar desde su trinchera y explicarte una parte del proceso, yo puedo hablarte tanto desde el punto de vista del candidato como del del gerente o director contratante. Alguien que trabaja en el área de recursos humanos o que es head hunter no sabe lo que es ser ignorada por un reclutador, esperar una llamada de seguimiento que nunca llega, vivir una entrevista desde el punto de vista del candidato ni lo que es entrevistarse con los expertos en el negocio, pero yo sí.

A lo largo de mis casi 20 años de carrera he entrevistado a alrededor de 500 personas y he sido entrevistada en más de 300 ocasiones. Esto me ha dado una enorme experiencia en todo lo relacionado a procesos de reclutamiento. Como candidata me he enfrentado a todos los tipos de entrevistas posibles, a casi todas las preguntas existentes, a head hunters, a reclutadores y a personas de todos los niveles jerárquicos de una organización. Como entrevistadora también he conocido a candidatos de toda clase, algunos excelentes y otros tan malos que quisiera no haberlos entrevistado jamás.

Lo aprendido -en conjunto con mi preparación académica y mis logros profesionales- me ha ayudado a avanzar a pasos agigantados en mi carrera, ocupando posiciones gerenciales desde los 23 años y directivas desde los 32.

Por supuesto, no todo ha sido fácil, al igual que tú he sido despedida no una, sino varias veces, pero esto no ha sido nunca una limitante para avanzar en mi carrera. Algunos de mis amigos y familiares creen que poseo un don para encontrar empleo, otros simplemente piensan que tengo mucha suerte. La realidad es que ninguna de esas dos opciones es correcta. Al igual que cualquier otra, mi habilidad para encontrar empleo fue desarrollada gracias al conocimiento y a la experiencia. Las 800 entrevistas y los innumerables procesos de selección a los que me he enfrentado como candidata y como directora contratante me han enseñado cosas que muchos reclutadores ni siquiera se imaginan. Es claro que no he conseguido todos los empleos a los que he aplicado o a los que me han invitado a aplicar; sin embargo, cada uno de esos procesos me ha enseñado algo que he podido utilizar para conseguir después un mejor empleo o para nunca haber estado más de unos cuantos meses sin uno.

Muchas veces mis amigos me recomendaron escribir un libro para ayudar a más personas a encontrar un nuevo empleo más fácil y rápido. «Comparte tu sabiduría», decían. Lo postergué por años hasta que yo misma me quedé sin empleo en uno de los peores momentos, no solo en México, sino a nivel mundial. Me di cuenta de que si a pesar de toda mi experiencia y conocimiento yo lo estaba pasando mal y de que, si para mí estaba siendo difícil encontrar un nuevo empleo, debía de haber mucha gente que estuviera pasándola mucho peor. Personas que tal vez habían durado muchos años en su empleo anterior y que debido a la crisis sanitaria ahora se veían obligadas a buscar una nueva oportunidad sin saber ni siquiera por dónde empezar. Personas frustradas por no lograr conseguir el tan ansiado sí, a pesar de cumplir con todos los requisitos para el puesto. Personas que se postulan a montones de ofertas pero que nunca las llaman. En fin, personas que como tú buscan un nuevo empleo, pero que por diversas razones todavía no lo consiguen. Escribí este libro para compartir contigo mi experiencia. Para hacer más fácil tu camino y evitarte el tiempo y el esfuerzo de realizar 800 entrevistas o pasar por cientos de procesos de selección para aprender lo que yo ya sé.

Si quieres saber cómo adquirí toda esta experiencia y conocimiento aquí está mi historia.

Estudié la licenciatura en Administración de Empresas en una de las universidades más importantes de México y como parte de esta carrera tomé varias materias relacionadas con el área de recursos humanos. Cuando estaba en el penúltimo año de la carrera decidí irme a estudiar un año a Madrid, España, y allí cursé varias asignaturas que me permitieron obtener la especialidad en Relaciones Industriales, mejor conocida como Recursos Humanos.

Cuando estudiaba allá me inscribí, un poco por azar y otro poco porque se adaptaba bien a mi horario, en una materia llamada Mercado Laboral. Ahora admito que esta materia fue una de las que más valor ha agregado desde entonces a mi vida profesional, ya que su principal objetivo era el de enseñarnos a colocarnos en el mercado laboral una vez terminada la carrera o incluso como practicantes mientras seguíamos estudiando.

En esa clase me enseñaron a realizar mi curriculum vitae, a utilizar las bolsas de trabajo de manera eficiente e incluso me prepararon para enfrentarme a una entrevista laboral. Realizábamos juegos de roles en los que el profesor o algún otro compañero sacaba sus mejores dotes de actuación, adoptaba el rol de entrevistador y realizaba una serie de preguntas previamente definidas. Se trataba de una recopilación de las preguntas más frecuentes en una entrevista de trabajo y el entrevistado tenía la oportunidad de estudiarlas y de preparar sus respuestas antes de realizar el ejercicio. Otro de los alumnos asumía el rol de candidato y se enfrentaba a esta serie de preguntas y a un ambiente muy similar al de una entrevista real. El ejercicio era grabado en vídeo y después era revisado por toda la clase. Ahí recibíamos retroalimentación no solo de nuestras respuestas, sino también de nuestra comunicación no verbal. Sin duda, el verte a ti mismo mientras eres entrevistado es una de las mejores maneras de prepararte. Cuando terminé mi año de estudios en España regresé a México para estudiar mi último semestre y me gradué.

Hasta ese momento no entendía el valor de lo que había aprendido, pero cuando empecé a buscar mi primer empleo lo comprendí. A diferencia del resto de mis compañeros, yo sí estaba preparada para enfrentarme a ese proceso, tenía todas las herramientas y me sentía confiada de salir vencedora en esta nueva etapa. Lamentablemente, sé que, a pesar de lo importante que debería de ser para las universidades proporcionar a sus alumnos las herramientas para que aprendan cómo encontrar un empleo, muy pocas realmente lo hacen. Algunas veces le he preguntado a mis amigos si alguno de ellos recibió una preparación similar a la que yo tuve y hasta el momento el 100 % de las respuestas han sido negativas. Y te pregunto a ti, querido lector, cuando estudiabas, ¿te enseñaron a hacer tu currículum o a enfrentarte a una entrevista? Supongo que no.

Las universidades no incluyen en su plan de estudios este tipo de materias, a pesar de que al hacerlo te darían algunas de las habilidades más importantes para tu vida profesional y las cuales, además, te servirían durante toda tu vida.

Me gradué en el mes de diciembre y para febrero ya había conseguido mi primer empleo. Me sorprendí mucho cuando me di cuenta de que el proceso que a mí me tomó un mes resultó ser algo más complicado para el resto de mis compañeros. Muchos de ellos tardaron entre 6 y 8 meses en colocarse.

Mi primer puesto fue en un área contable que simplemente no me gustaba. Después de unos meses empecé a aburrirme y a querer más. Constantemente sentía que el trabajo que realizaba no me retaba, así que decidí buscar una nueva oportunidad. Al igual que la primera vez, logré encontrar un nuevo empleo en menos de un mes. Fue entonces cuando me hice consciente de que tenía la habilidad de encontrar empleo más rápido que los demás. A partir de ese momento inicié una carrera profesional exitosa.

Después de esa ocasión he cambiado de empleo y de empresa 13 veces más en un periodo de 20 años. 10 de esos cambios se dieron acompañados de un crecimiento laboral y económico. El resto fueron despidos.

La primera vez que perdí mi trabajo fue en 2008. Ese fue un año difícil, ya que hubo una crisis muy importante a nivel mundial que ocasionó que muchas personas como yo perdieran su empleo. En la empresa en la que trabajaba en ese momento corrían los rumores de que algunos puestos serían eliminados, pero jamás, entre todas las probabilidades que llegamos a considerar, hubiéramos podido imaginar lo que realmente sucedió.

Yo trabajaba en un área relativamente nueva y llevaba solamente 5 meses en el puesto. Éramos un equipo de 54 personas, 50 ejecutivos de venta, 3 líderes de equipo (yo incluida) y un gerente. Cuando los rumores de recorte empezaron a surgir, asumimos que uno de los líderes sería eliminado y con él un 10 % o hasta un 20 % del equipo de ventas. Estábamos muy equivocados.

Una tarde, el gerente del área nos convocó -a los 3 líderes de equipo- a una reunión y nos informó que la empresa había decidido eliminar a toda el área. 54 personas perderíamos nuestro empleo el día siguiente. Pero existía todavía una pequeña esperanza, pues tanto él como nosotros tres tendríamos 15 días para intentar encontrar una nueva oportunidad dentro de la empresa y reubicarnos. De no lograrlo, correríamos el mismo destino que el equipo comercial. Si ya confían, aunque sea un poco, en mis habilidades seguramente ya dedujeron el final. Efectivamente, yo fui la única que en esos 15 días logró no solo conseguir una nueva oferta dentro de la empresa, sino que también obtuve un aumento de sueldo. Tal vez creas que esta historia tuvo un final muy feliz, pero de hecho el final fue todavía mejor. El mismo día que recibí la noticia del despido inicié mi búsqueda de empleo tanto en mi empresa actual como en otras empresas, contacté a mis jefes anteriores, a antiguos compañeros y les pedí apoyo. En esas dos semanas conseguí no solo quedarme con la posición interna, sino también en otra posición en una empresa externa. Dos puestos en dos semanas supongo que no está mal. Podrías pensar que tuve mucha suerte, pero déjame decirte, querido lector, que nada en la vida sucede solo por suerte. La diferencia fue que yo utilicé cada uno de esos 15 días y no desperdicié ni un solo minuto. El resto de mis compañeros decidieron irse a casa el día en que nos avisaron de nuestra salida e incluso no se presentaron a trabajar en los próximos tres días. Mientras ellos descansaban y se lamentaban, yo buscaba empleo y contactaba a todas las personas que podían ayudarme. Esa es la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Después de eso, tuve 4 años muy felices en esa empresa hasta que llegó mi momento de salir. En el 2012 hubo nuevamente una de las crisis económicas más fuertes y sus efectos se sintieron a nivel mundial. Derivado de ello, muchas empresas recortaron posiciones incluyendo la mía. Cuando me avisaron de mi salida, nuevamente tuve la oportunidad de buscar otra oportunidad dentro de la empresa. Como era de esperarse, logré conseguirla, pero, a diferencia de la primera vez, en esta ocasión no estaba feliz. La propuesta era en un área que no me entusiasmaba y además el sueldo era mucho menor a lo que ganaba en ese momento. Así que, después de pensarlo, decidí que lo mejor era terminar mi camino en esa empresa, tomé mi liquidación y me fui. Un mes y medio después de mi salida ya había encontrado empleo, con un mejor sueldo y con una mejor posición. Ahí estuve dos años hasta que las cosas dejaron de funcionar, decidí que era el momento de cambiar de dirección y renuncié. A los dos meses conseguí una nueva oportunidad en una empresa multinacional. Estaba muy emocionada por la nueva oportunidad, pero el gusto me duró poco, ya que algunas semanas después de haber ingresado el corporativo en Londres pidió reducir costos en México y me despidieron. Ya saben, siempre es más fácil despedir a la nueva.

Esa fue la primera vez en mi vida que en verdad me derrumbé, simplemente no estaba preparada. Hacía menos de tres meses que estaba en la misma situación, desempleada. Y ahora con menos de dos meses en esa empresa me encontraba nuevamente sin nada. No tenía ninguna oportunidad en la mira, ya que todos los procesos que llevaba avanzados los había abandonado cuando conseguí ese empleo. Además, no tenía fuerzas para seguir adelante.

Estaba cansada de luchar, cansada de buscar y cansada de los constantes noes que se escuchan cuando estás en búsqueda de empleo. También estaba muy agotada de las miradas de compasión de mi familia. Me hacían sentir todavía más fracasada. Pasé varios días en cama sin querer comer, ni bañarme ni hablar con nadie. Fueron tiempos difíciles y llegué a pensar que nunca más volvería a estar bien. Pero un día me desperté y lo que vi en el espejo no me gustó. Ya no podía seguir así. Me di cuenta de que si quería salir del agujero en el que me encontraba tendría que hacerlo yo sola y que nadie vendría a rescatarme. Así que me levanté, me bañé y empecé a buscar empleo de nuevo. Afortunadamente, uno de los procesos que había empezado hace más de 3 meses se reactivó y finalmente al cabo de un mes tenía de nuevo trabajo. Lo mejor de todo fue que era una posición directiva y con un sueldo mayor al que tenía.

A partir de ese momento mi carrera despuntó. Gracias a ese nuevo empleo pude adquirir una nueva experiencia que en los siguientes años me dio muchas satisfacciones. Nunca pensé que todo el sufrimiento y la angustia que había sentido cuando estuve desempleada podría tener un final feliz, pero así fue. De hecho, creo que fue una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Si no hubiera sucedido, seguramente hubiera continuado trabajando en áreas comerciales y en puestos intermedios; sin embargo, esa situación me llevó a iniciar un nuevo camino en un área totalmente diferente. Un área que me dio un alto valor en el mercado y la oportunidad de distinguirme de otras personas.

Estuve casi 4 años en esa empresa y descubrí que esta nueva área me apasionaba y que además era buena en ella. Recibí entonces una nueva oferta ahora en una empresa mexicana que me ofrecía una maravillosa oportunidad y decidí aceptarla. No solo era una gran oportunidad para seguir creciendo en mi carrera, sino que venía acompañada de una oferta económica bastante atractiva. Durante los 2 años y medio que trabajé ahí, vi cómo mi carrera se iba haciendo cada vez más sólida, recibí oportunidades increíbles tanto en México como en el extranjero y me gané un lugar privilegiado en la empresa. En fin, estaba en el mejor momento de mi carrera, todos los malos momentos por los que había pasado en mi vida laboral estaban olvidados y superados, nada podía salir mal, o eso pensaba yo.

El 2020 inició como un año lleno de posibilidades y de grandes planes. Mi carrera seguía muy estable y me convertí en una de las mujeres más respetables de la industria.

En febrero una empresa chilena de tecnología me ofreció unirme a sus filas como responsable de una de las principales verticales. Era una oportunidad increíble y, aunque no sentía pasión por la posición y tenía el presentimiento de que no era lo mejor para mí, decidí aceptar. La posibilidad de ocupar una posición ejecutiva, todavía en mis treinta, y de ganar más dinero me llevaron a aceptar. Me ganó la avaricia.

Resultó que fue una de las peores decisiones que he tomado en mi vida. Empecé en mi nueva posición en marzo y, a los pocos días de estar trabajando ahí, el tema de la COVID-19 empezó a ser mucho más relevante y, como ya sabemos, se salió de control.

Un día de finales de abril recibí una llamada en la que me informaban que derivado de la crisis mi puesto desaparecía y que a partir de ese momento estaba despedida.

Es muy difícil recibir esa noticia, el miedo, la vergüenza y la furia te invaden y es imposible pensar. En ese momento, únicamente podía llorar y maldecir a la empresa que se había atrevido a dañarme de esa manera. Una empresa por la que renuncié a un excelente trabajo estando en el mejor momento de mi carrera me acababa de despedir tan solo 1 mes después de haberme contratado. No les importó qué iba a pasar con mi carrera, tampoco les importó que yo hubiera renunciado a un magnífico empleo confiando en su oportunidad, tampoco les importó que la crisis fuera a hacer mi búsqueda más difícil; en fin, no les importó nada.

Nuevamente caí en total depresión, pensé que mi vida se había acabado y no me sentía capaz de hacerlo todo de nuevo. Lloré durante días y caí en depresión. Hasta que un día toqué fondo y me di cuenta de que a partir de ese momento solo había un camino… ¡hacia arriba! Estuve un tiempo sin empleo, pero en menos de 6 meses conseguí 4 ofertas.

Hoy estoy de nuevo en un trabajo que me hace feliz y que me da la tranquilidad económica que había perdido. Además, tengo mi propio negocio, encuentraMEtrabajo.com, en donde ayudo a personas a mejorar sus currículos y a facilitar su camino hacia el tr abajo de sus sueños. ¿Cómo logré esa hazaña en uno de los peores momentos no solo a nivel nacional, sino también internacional? Bueno, de eso se trata este libro.

Voy a compartir contigo todo lo que he aprendido en estos 20 años de carrera, todos los secretos y todos los tips que te ayudarán a encontrar el empleo de tus sueños o a crearlo por ti mismo en un tiempo récord.

¡Tu éxito empieza ahora!

3

Conoce tus derechos al ser despedido

Derivado de esta crisis, muchas empresas han atravesado una situación económica complicada. Lamentablemente, para hacer frente a ella, algunas han recurrido al recorte de personal. En caso de que tú hayas sido uno de los afectados por estos recortes es importante que conozcas tus derechos.

¿Cuánto dinero debo recibir por ley?

La Ley Federal del Trabajo protege los derechos de todas las personas que, por causa de un despido, dejan de percibir un ingreso. Si fuiste despedido injustificadamente, por ley, deberás recibir una liquidación.

Desafortunadamente, hay muchas personas que desconocen sus derechos y, al ser despedidas, no los exigen. Por otro lado, existen empresas que se aprovechan de este desconocimiento y hacen todo lo posible por evitar realizar el pago de esta liquidación.

Para poder tener derecho a una liquidación por despido injustificado es necesario que cumplas con los siguientes requisitos:

 Contar con un contrato individual de trabajo. Lo ideal es firmar un contrato antes de iniciar una relación laboral, pero la ley te protege incluso si no lo tienes. En la Ley Federal del Trabajo se menciona: «Se considera la existencia del contrato y de la relación de trabajo entre el que presta un trabajo personal y el que lo recibe», por lo tanto, aunque no exista un contrato, cuando la empresa recibe un acto por parte del trabajador hace implícita la relación del trabajo. En caso de que no exista un contrato físico ante la ley se considerará como un contrato por tiempo indefinido.

 El despido debe ser injustificado, es decir, no debe de haberse generado de manera justificada por una falta de tu parte como incurrir en actos de violencia, dañar los bienes de la empresa, agredir al patrón o mentir sobre tus títulos y conocimientos. Algunos ejemplos de despido injustificado son las reestructuras, ya sea de un área, de la empresa en general o el cierre definitivo de la empresa. Si deseas conocer todas las razones por las que podrías ser despedido justificadamente puedes consultarlas en el artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo.

En caso de que seas despedido de manera injustificada tendrás derecho a recibir:

 El importe de 3 meses de salario por concepto de indemnización.

 Prima de antigüedad equivalente a 12 días de salario por cada año trabajado.

 Pago proporcional de aguinaldo.

 Pago proporcional de prima vacacional.

 Pago proporcional de vacaciones.

 El equivalente a los días trabajados y no pagados en el mes.

Si no estás de acuerdo con recibir estas cantidades podrás solicitar la reinstalación en el puesto. Para ello deberás acudir a la Junta de Conciliación y Arbitraje. En caso de confirmarse el despido injustificado, podrás solicitar que se te reinstale en el puesto. Si la empresa se niega a reinstalarte deberá pagarte, adicional a la indemnización, el equivalente a 20 días de salario por año trabajado.

Existe la creencia de que todas las personas despedidas injustificadamente tienen derecho a recibir estos 20 días; sin embargo, las empresas estarán obligadas a pagarlos únicamente cuando la Junta así lo determine.

Es importante que consideres que cuentas con dos meses para demandar contados a partir del día siguiente en que ocurrió el despido y que, en caso de no contar con un contrato, deberás aportar pruebas de la relación laboral.

Si necesitas asesoría puedes acudir a la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet).

Teléfono 01800 911 7877

www.profedet.gob.mx

Descuentos

Existen algunos casos en los que la empresa puede llegar a descontar parte de tu liquidación, por ejemplo:

 Pagos correspondientes a tu crédito Infonavit.

 Adeudos de tu crédito Fonacot.

 Préstamos.

 Cuotas sindicales.

 Pensión alimenticia.

 Adeudos a la empresa.

 Pago de los impuestos correspondientes.

Quiebre de empresas

Como ya mencioné, la crisis mundial ha provocado el quiebre de miles de empresas en un periodo de tiempo muy corto. Si la empresa de la que fuiste despedido argumenta que no puede pagarte tu liquidación por este motivo, deberás acudir a la Junta de Conciliación y Arbitraje, ya que el quiebre no la exime del pago de estas obligaciones.

Malas prácticas

Algunas empresas buscan evitar el pago de una liquidación obligando a sus trabajadores a firmar su renuncia. Esta es una práctica ilegal, así que, si esto te sucede a ti, estás en todo tu derecho a negarte.

Otra práctica incorrecta en la que pueden llegar a incurrir las empresas es la de ofrecerte una liquidación por un monto menor al que te correspondería por ley. Estas compañías se aprovechan de la necesidad de los trabajadores, pues saben que un juicio toma meses o incluso años. Muchas personas no pueden soportar todo ese tiempo sin recibir un ingreso, así que acceden a recibir una cantidad menor con tal de tener aunque sea un poco de dinero para mantener a su familia.

Demandar o no demandar

Si la empresa se niega a cumplir con sus obligaciones, o si no estás de acuerdo con la cantidad que te ofrecen como liquidación, estás en todo tu derecho a iniciar un proceso jurídico en su contra ante la Junta de Conciliación y Arbitraje. Es importante que no firmes nada, ya que de hacerlo estarías deslindando a la empresa de sus obligaciones.

Recuerda que para iniciar este proceso cuentas con 2 meses a partir de que el despido injustificado se llevó a cabo.

Demandar o no demandar es una decisión 100 % personal. Considera que es un proceso en el que deberás invertir tiempo y dinero. Evalúa pros y contras, por ejemplo: la cantidad que esperas recibir versus lo que deberás pagarle a un abogado. Considera que deberás contar con un abogado y que este te costará dinero, ¿cuánto? Pues, depende. Algunos podrían cobrar un monto fijo, otros un porcentaje del monto que se gane y otros una mezcla de ambos. Lo que es muy importante es no perder de vista que, ganes o no, deberás pagarle al abogado.

Por más difícil que pueda parecerte, también deberás considerar si te será posible vivir durante el tiempo que dure el juicio sin percibir un ingreso. Si la empresa no te ofreció ningún tipo de indemnización al momento del despido entonces no tienes nada que perder, pero si te ofrece aunque sea una parte entonces puedes sentirte tentado a aceptar. Muchas veces esta es una de las principales razones por las que los trabajadores deciden no demandar. Prefieren conformarse con lo que les ofrecen en ese momento para así tener algo de dinero y enfrentar sus compromisos económicos, al fin y al cabo, algo es mejor que nada.

A pesar de que ningún trabajador debe ser «boletinado» por demandar a una empresa en la que haya trabajado, todavía existen organizaciones que evitan contratar a personas que lo hayan hecho. No existe una base de datos en la que tu nombre aparezca mágicamente cuando inicias una demanda, pero existen algunas páginas que llevan un inventario de los pleitos laborales.

En mi opinión es una práctica terrible castigar al trabajador por exigir que se cumplan sus derechos. No solo debe pasar por la terrible experiencia de ser despedido, además debe enfrentar un desgastante proceso legal para poder recibir lo que legalmente le corresponde y para colmo no puede conseguir un nuevo empleo porque las empresas que potencialmente podrían contratarlo creen que a ellas también las podrían demandar.

La probabilidad de que ganes el juicio es buena, ya que generalmente el juez interpreta la ley a favor del trabajador; sin embargo, no es una garantía.

Después de darte toda esta información, solo me queda decirte que la última palabra la tienes tú.

Calcula tu liquidación

Ahora que ya conoces tus derechos haremos un ejercicio para que puedas ver de manera práctica cómo se calcula una liquidación:

Mariana trabajó durante 3 años en la empresa Ventas Felices como gerente de ventas. Las oficinas de Ventas Felices se ubican en la Ciudad de México.

Debido a la crisis sanitaria, su empresa ha decidido recortar algunos puestos de trabajo, entre ellos el de ella.

Mariana ingresó a la empresa el 30 de marzo del 2017 y su último día fue el 30 de marzo del 2020.

Su sueldo mensual era de $10,000.

Paso 1: Calcular el salario diario

Dividimos el salario mensual entre los 30 días que tiene un mes.

Salario diario = $10,000 / 30 = $333.33

Paso 2: Calcular el salario diario integrado

Para obtenerlo debemos agregar al salario diario el equivalente a las prestaciones de ley.

La Ley Federal establece que los trabajadores tienen derecho a aguinaldo y prima vacacional.

Aguinaldo equivalente a 15 días

$333.33 (salario diario) x 15 = $4,999.95 anual

Para calcular el equivalente diario solo debemos dividirlo entre 365

$4,999.95 / 365 = $13.69

Prima vacacional equivalente al 25 % del salario multiplicado por los días de vacaciones que corresponden a cada trabajador según su antigüedad.

La ley establece los días de vacaciones de la siguiente manera:

1 año: 6 días.

2 años: 8 días.

3 años: 10 días.

4 años: 12 días.

5 años: 14 días.

Después del quinto año se agregarán 2 días cada 5 años.

De acuerdo con el ejemplo, Mariana tiene 3 años de antigüedad, así que le corresponden 10 días de vacaciones.

Su prima vacacional sería:

$333.33 (salario diario) x 10 (días de vacaciones) = $3,333.3

$3,333.33 x 25 % (% de prima vacacional) = $833.32 (prima vacacional anual)

$833.33 / 365 = $ 2.28 (equivalente prima vacacional diaria)

El salario diario integrado de Mariana sería:

$333.33 (salario diario)

+

$13.69 (equivalente diario de aguinaldo)

+

$2.28 (equivalente diario prima vacacional)

=

$349.3 (salario diario integrado)

Equivalente a un salario mensual integrado de $10,479

Paso 3: Calcular la prima de antigüedad

Para calcular la prima de antigüedad es necesario conocer el salario mínimo vigente. El salario mínimo es la remuneración mínima que un empleador debe pagar a sus trabajadores por las actividades que realizan en un determinado periodo de tiempo. Recordemos que en México el salario mínimo varía dependiendo del área geográfica. En el área denominada Zona A, que prácticamente se refiere a todo el territorio con excepción del área fronteriza, el salario mínimo es de $123.22 y en el área denominada Zona Fronteriza es de $185.56.

Si te preguntas por qué necesitas conocer el salario mínimo para calcular la prima de antigüedad te diré que es muy importante, ya que la Ley Federal del Trabajo establece que, si el salario diario integrado del trabajador excede el doble del salario mínimo de esa región geográfica, se considerará ese monto como salario máximo. Los montos máximos quedarían de la siguiente manera: 1

En la Zona A: $123.22 X 2 = $246.44

En la Zona fronteriza: $185.56 x 2 = $371.12

Siguiendo con el ejemplo de Mariana, en el que su salario diario integrado de $349.3 excede el monto máximo, tomaremos el tope de la zona A, es decir, $246.44.

Como Mariana tiene 3 años de antigüedad, para obtener el monto de su prima de antigüedad multiplicaremos $264.44 x 36 (12 días por cada año) = $9,519.84.

Paso 4: Calcular la parte proporcional de aguinaldo

A pesar de que Mariana no trabajó el año completo, sí trabajó 3 meses. Entonces tiene derecho al pago proporcional de su aguinaldo.

Si Mariana hubiera trabajado el año completo entonces hubiera recibido el equivalente a 15 días de salario, pero como solo trabajó 3 meses entonces recibirá 3.75 días.

Aguinaldo proporcional a un mes: (15/12) = 1.25 días.

Aguinaldo proporcional a tres meses (enero, febrero y marzo) = 3.75 días.

Para obtener la cantidad proporcional de aguinaldo deberemos multiplicar su salario diario por la parte proporcional de días trabajados.

Parte proporcional de aguinaldo $333.33 x 3.75 = $1,249.99

Paso 5: Calcular la parte proporcional de prima vacacional

Al igual que en el punto anterior, Mariana tiene derecho a una parte proporcional de su prima vacacional.

Como el día de su despido corresponde a su aniversario laboral deberá recibir tanto el pago por sus días de vacaciones como la prima vacacional al 100 %.

Anteriormente vimos que Mariana tiene derecho a 10 días de vacaciones, por lo tanto:

Pago de vacaciones 10 días x $333.33 = $3,333.3

Prima vacacional = $3,333.3 x 0.25 = $833.32

Con estos datos podemos calcular la liquidación de Mariana:

3 meses de indemnización = $10,479 x 3 = $31,437

+ Prima de antigüedad = $9,519.84

+ Parte proporcional de aguinaldo = $1,249.99

+ Parte proporcional de prima vacacional = $833.32

+ Pago de vacaciones = $3,333.3

Compensación total = $46,373.45

Existe la posibilidad de que la empresa decida otorgar también el equivalente a 20 días por cada año trabajado. Como lo revisamos antes, esto no es una obligación, a menos que la Junta de Conciliación y Arbitraje así lo determine. Sin embargo, algunas empresas deciden pagar este concepto voluntariamente como una medida de apoyo al trabajador independientemente de que este acuda o no a la Junta.

Supongamos que Ventas Felices decide pagar a Mariana estos 20 días por año trabajado, entonces:

$349.3 (salario diario integrado) x 60 (20 días por año por 3 años) = $20,958

Entonces la compensación total de Mariana sería de $67,331.45 ($46, 373.45 + $20,958) menos los respectivos impuestos.

Este ejercicio te ayudará a darte una idea de cuánto deberías recibir en caso de ser despedido injustificadamente.

4

Morir es sencillo, vivir requiere

imaginación

¿Alguna vez has sentido que todo lo que has logrado en tu vida se esfuma de un día para otro? Ese sentimiento que te aprisiona el pecho y no te deja respirar. Esa sensación que te dice que tu vida como la conocías llegó a su fin.

Bueno, pues ese es precisamente el sentimiento que te invade cuando te despiden de tu empleo. Y se intensifica cuando esa pérdida sucede exactamente durante una de las crisis sanitarias más importantes de la humanidad.

Perder el empleo es difícil en cualquier momento, pero imagínate si lo pierdes cuando en ese mismo momento otras 50, 500 o 5000 personas están pasando por ese mismo trago amargo. Muchos de nosotros hemos estado sin un empleo alguna vez, ya sea porque renunciamos al empleo anterior, porque estábamos en búsqueda de nuestro primer empleo o porque nos despidieron de nuestro último empleo. En esas ocasiones sufrimos mucho estrés e incluso pasaron meses (o tal vez años para algunos) para poder encontrar esa nueva oportunidad que anhelábamos.

La escasez de empleo, la situación del país y la economía mundial influyen directamente en qué tan fácil o qué tan complicada pueda ser esa búsqueda. Y si en ese momento fue difícil, imagínate ahora con esta situación atípica. Estamos viviendo un momento en el que muchas pequeñas y medianas empresas han tenido que cerrar, ya que no han podido hacer frente a los gastos fijos de sus respectivas compañías después de estar casi un año sin generar ningún tipo de ingreso o generado menos de la mitad de los ingresos que se tenían antes de la crisis. Esos cierres implican despidos de mucha gente y de todos los niveles jerárquicos.

Lo mismo ha sucedido con muchas grandes empresas que han recortado puestos de trabajo (muchos de ellos de manera injustificada, en mi opinión) tratando de proteger sus utilidades.

Las empresas que han sabido sobrellevar e incluso sacar partido a esta situación han cambiado o adaptado su modelo de negocio. Empresas que nunca hubiéramos pensado que pudieran vender sus productos online, con entrega a domicilio o take-out (para llevar) han tenido que hacerlo para poder sobrevivir.

Veamos por ejemplo el caso de los restaurantes de lujo. ¿Alguien podría haber imaginado a un Sud777, a un Maximo o a un Quintonil haciendo menús especiales para llevar?, ¿o adaptando sus platillos gourmet y sus emplatados de revista para que pudieran guardarse en recipientes de unicel o papel? Estos restaurantes hicieron uso de toda su creatividad, por ejemplo, colocando salsas en bolsas cerradas al vacío o platillos a medio hacer con instrucciones para terminarlos en casa y sentirnos, por lo menos creernos por una vez, grandes chefs.

O que tales empresas que habían aplazado o que incluso ni siquiera habían considerado la venta en línea. Sintiéndose muy seguros de que sus negocios tradicionales eran muy exitosos y no necesitaban en ese momento cambiar. Y, pues, llegó la pandemia y estas empresas vieron cómo sus tiendas, que hace apenas un unos días atrás estaban atiborradas de gente y vendiendo más que suficiente, dejaron de abrir sus puertas. Ya no podían vender, los primeros días porque la gente empezó a quedarse en sus casas y pocos salían a comprar, después porque el Gobierno prohibió la apertura de los negocios y al final por el miedo que permeó a nuestra sociedad.

Bajo este nuevo panorama no solo nacional, sino internacional, se ha generado un cambio total en la manera en la que vivíamos, y eso ha traído tristeza y sentimiento de pérdida, pero también ha traído oportunidades.

El trabajo como lo conocíamos hasta principios del 2020 ya no existe, los espacios de oficina que antes eran indispensables hoy ya son totalmente irrelevantes. Las profesiones que antes considerábamos las más importantes hoy son obsoletas y han sido reemplazadas por otras que, aunque ya habían mostrado relevancia en los últimos años, todavía no habían alcanzado el papel fundamental que tienen ahora. Más adelante hablaremos de las profesiones que se han vuelto las más relevantes en esta nueva normalidad.

A pesar de que ciertas profesiones mostraron un nuevo y renovado atractivo para los reclutadores, la mayoría de las empresas realizaron recortes que fueron desde conservadores hasta muy importantes.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, en la primera mitad de 2020 se perdieron 400 millones de empleos a tiempo completo derivado de la crisis sanitaria. Las mujeres han sido las más afectadas poniendo así en riesgo los avances que hasta el momento se habían logrado en materia de igualdad de género. A nivel mundial, 510 millones de mujeres perdieron su empleo.

En México la situación no ha sido diferente, pues tan solo entre marzo y abril de 2020 más de 12 millones de personas perdieron su empleo por esta misma razón2. Muchas de estas personas ni siquiera pudieron contar con una liquidación de ley, ya sea porque las empresas en las que trabajaban argumentaron haberse quedado en quiebra, porque no contaban con un contrato que los protegiera legalmente o incluso, los que sí lo tenían, aceptaron una liquidación menor con tal de no quedarse sin dinero durante meses mientras enfrentaban un proceso legal.

Podría entender, aunque no justificar, que las pequeñas empresas no pudieran hacer frente a las liquidaciones por despido, pues, tristemente, la mayoría de ellas estaba intentando sobrevivir, pero ¿cómo es posible que grandes empresas nacionales e incluso corporativos internacionales se nieguen a pagar las liquidaciones completas de sus trabajadores? Hacerlo, definitivamente, tendría un impacto en sus resultados anuales, pero de ninguna manera pondría en riesgo su existencia.

Es una pena darse cuenta de cuán frágil es la seguridad que se tiene al ser empleado, al pertenecer al comúnmente llamado mundo Godín.

Si esto era parte de nuestro día a día en la antigua normalidad, ¿qué podríamos esperar en esta nueva normalidad tan compleja?

La crisis de desempleo se añade a la ya de por sí difícil crisis sanitaria. En México, una gran parte de la población vive «al día» y esta realidad ha generado que muchos hayan tenido que salir a buscarse la vida a pesar de los riesgos y con tal de tener algo que comer. A veces llegamos a creer que esto solo sucede entre las personas de más bajos recursos o entre los que trabajan en la informalidad, pero en realidad también los empleados viven de esa manera, tal vez no «al día», pero sí «al mes».

El panorama es bastante desalentador, pero es precisamente ahora cuando debemos sacar lo mejor de nosotros, toda nuestra fuerza, toda nuestra creatividad y todo nuestro amor propio.

Así que bienvenido al desempleo en tiempos de crisis. A pesar de las adversidades y a pesar de lo que puedas pensar, siempre hay opciones. Lo importante es aprender a ver las oportunidades en vez de las dificultades. Debemos actuar como las empresas que aprendieron a adaptarse a esta nueva realidad y reinventarnos.

Recuerda que morir es sencillo, ¡pero vivir requiere imaginación!

4.1 Conoce tus opciones

Mi intención es ayudarte a que ese proceso de reinvención sea lo más sencillo posible. Así que las opciones que vamos a revisar en este libro son las siguientes:

1 Darse por vencido.

2 Buscar un nuevo empleo.

3 Autoemplearte.

La decisión sobre cuál de estas opciones elegirás es totalmente personal. Solo tú, querido lector, sabes cuál es tu situación, cuáles son tus necesidades y cuáles son tus preferencias.

Evalúa cada una de ellas, selecciona la que más te agrade y ponte en marcha.

5

Opción 1: Darse por vencido

Te tiras al dolor y dejas de luchar

Esta, como cualquier otra, es una opción viable; sin embargo, no creo que sea la que más te convenga.

Por supuesto, estás en todo tu derecho de tomarla y nadie te juzgará por ello. Aunque de verdad espero que decidas no hacerlo.

Yo, como seguramente te pasó a ti, querido lector, tuve un periodo de depresión de varios meses antes de decidirme a salir de ese hoyo en el que me metió la empresa que me despidió. Esa empresa me puso ahí, pero era yo la que había decidido continuar metiendo la cabeza más y más profundo.

Estar desempleado es como un mar de emociones, una montaña rusa que te lleva por una serie de días buenos, algunos días simplemente irrelevantes y otros bastante malos.

Si ya de por sí estar desempleado y no tener un ingreso es terrible, darse por vencido es mucho peor. Nunca te permitas derrumbarte, no importa si lo que te mueve es el dolor de haber perdido tu empleo recientemente y sentir que no eres capaz de levantarte o la frustración de llevar meses buscando y no conseguir nada.

Ese proceso de tristeza y autocompasión por el que estás pasando puede durar desde un par de segundos hasta semanas, meses o incluso años. Para mí ese proceso duró 3 meses y no fue nada fácil salir de ahí.

Recuerda que siempre hay opciones. Así que, una vez que hemos decidido que en realidad esta opción no es una opción, analicemos por qué te sientes así y qué debes hacer para dejar de hacerlo.

5.1 Fases del duelo

Cuando perdemos nuestro empleo, un abanico de emociones llega a nosotros, pero muchas veces las personas que nos rodean no nos entienden y minimizan nuestros sentimientos.

Perder un empleo no es un proceso simple, de hecho, es equivalente a perder a alguien y, como en cualquier duelo, hay fases por las que debemos transitar. Cuando llega el duelo todas las áreas de nuestra vida se ven afectadas.

Vida familiar: tu dinámica de familia se verá afectada. A pesar de que la crisis sanitaria ya había cambiado nuestra dinámica haciéndonos pasar prácticamente el 100 % de nuestro tiempo en casa y conviviendo con nuestra familia, perder el empleo tendrá de cualquier manera un impacto. El tiempo que antes pasabas trabajando en tu computadora o en el teléfono ahora ya no existe. Seguirás pasando el mismo tiempo en casa, pero la diferencia será que ahora estarás totalmente libre y, para bien o para mal, compartirás mucho más tiempo con tu familia.

Vida social: tal vez te sientas atraído hacia la soledad, estás pasando por un momento difícil y probablemente no estás listo para estar rodeado de amigos. Aunque de cualquier manera no teníamos la posibilidad de salir con amigos tanto como lo hacíamos antes de la pandemia, en este momento la soledad que buscarás será también digital. Podrías dejar de tener reuniones por vídeo llamadas, dejar de compartir contenido en redes sociales o dejar de hacer o recibir llamadas.

Vida profesional: al perder tu empleo deberás autoanalizarte y replantearte todo lo que has hecho hasta ahora. Tu carrera y tu futuro están cambiando y debes tomar una decisión respecto a cómo enfrentarlo.

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su libro Sobre la muerte y el morir presentó las 5 etapas del duelo. Aunque no todos seguimos la misma ruta, a nivel general, las etapas del duelo son las siguientes:

1 Etapa de la negación: nos negamos a aceptar nuestra nueva realidad y, aunque inicialmente esa negación nos ayuda a disminuir nuestro dolor, no podremos prolongarla indefinidamente, pues la realidad nos pegará en la cara queramos o no.

2 Etapa de la ira: en esta fase empezaremos a buscar y a encontrar culpables, a sentir enojo, rabia y resentimiento. Aunque es común culpar a otros, es posible que empecemos a culparnos a nosotros mismos por no haber visto las señales de nuestro inminente despido, por haber hecho algo para provocarlo o por no haber hecho algo para impedirlo.

3 Etapa de la negociación: en esta etapa fantaseamos con la creencia de que lo que pasó se puede revertir o cambiar. Es común plantearnos preguntas como: ¿qué hubiera pasado si…? ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera hecho o dicho…? ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera hecho…?

4 Etapa de la depresión: en esta etapa es en donde se manifiestan las emociones de tristeza relacionadas a la pérdida de empleo. Existe una tristeza profunda y una sensación de que te hace falta algo, una sensación de vacío. Algunas personas pueden llegar a sentir que ya no existe un porqué para seguir viviendo.

5 Etapa de la aceptación: las personas aprenden a vivir con esa pérdida. Cuando la pérdida es aceptada las personas podrán volver a sentir felicidad y ganas de continuar viviendo y experimentando.

Según los expertos, no es necesario pasar por cada una de las etapas e incluso es posible experimentarlas en un orden distinto. Gran parte del duelo y del dolor no provienen de la pérdida de empleo en sí, sino de lo que ya no podrá ser, las cosas que ya no podrás hacer, las cosas que no podrás pagar o las satisfacciones profesionales que ya no tendrás.

El tiempo que pases en cada una de estas etapas depende totalmente de ti, ninguna persona es igual a otra. Lo más importante es no quedarse estancado.

Pueden existir algunos casos más graves que otros, por ejemplo, si para ti el trabajo representaba tu máxima prioridad, si eres la única fuente de sustento para tu familia o si previo al despido ya sufrías de depresión.

En mayor o menor grado, el duelo y la tristeza estarán ahí, pero la diferencia estará en cómo decidas enfrentarlo.

Te sugiero que no te guardes tus emociones, es importante hablarlo. Habla de tus sentimientos con la persona que mayor confianza te inspire, ya sea con algún familiar, algún amigo o incluso con algún profesional. Buscar ayuda no es sinónimo de debilidad, es una opción válida e incluso muy recomendable.

5.2 Enfrenta la ansiedad

Nos encontramos en un momento excepcional en nuestra historia no solo a nivel nacional, sino también a nivel mundial.

El aislamiento al que nos ha orillado esta pandemia es en sí mismo un motivo de estrés. Los que hemos tenido la oportunidad de guardar sana distancia desde el inicio de la pandemia llevamos ya más de un año de encierro al día en que escribo esto.

Si a ello agregamos el estrés de haber perdido nuestro empleo la situación es todavía peor. Estás en todo tu derecho a sentirte mal, así que ni por un segundo te avergüences por no estar en tu mejor momento.

Como ya dije, lo importante es que ese momento no se transforme en una constante. Tal vez no lo veas ahora, pero este periodo pasará. Mientras eso sucede debes mantenerte activo, manejar tu nivel de ansiedad y ser positivo.

Para ello, te comparto algunos consejos para calmar a tu mente y mejorar tu nivel de ansiedad.

1. Establece una rutina

Tu vida no acaba por no tener un empleo, así que, a pesar del encierro y a pesar de no tener que ir diariamente a la oficina, debes encontrar la manera de seguir funcionando.

Define horarios para levantarte y acostarte y apégate a ellos. Báñate y arréglate a pesar de estar en tu casa, así mejorarás tu ánimo y de paso mantendrás tu peso… ¡La pijama puede ser tu peor enemiga!

Asegúrate también de incluir en tu rutina un espacio para tu búsqueda de empleo (mínimo 2 horas, pero idealmente 4) y también un espacio para mejorar tus habilidades. Lee un libro, haz un curso en línea o estudia un idioma. Si tienes una pareja o hijos inclúyelos también en tu rutina diaria, ayúdalos en sus tareas, juega con ellos y pasa tiempo con tu pareja; sin embargo, también dedica tiempo para estar solo. La convivencia excesiva o el no tener un espacio para uno mismo también es negativo.

Un espacio para ti, para estar solo, para pensar y para desconectarte es necesario. Incluye ese tiempo para ti en tu rutina.

2. Dedica un tiempo para ti mismo y descansa

Hay personas que enfrentan el desempleo tirándose a la depresión, durmiendo todo el día y aislándose de todo, otras hacen totalmente lo opuesto y buscan desesperadamente cómo ocuparse. A mí por ejemplo me dio por cocinar toda nueva receta que veía, lo cual es bastante grave considerando que no sé cocinar, es más ni siquiera sé usar el horno. Conozco a personas que se han vuelto obsesivos con las reparaciones: pintan su casa, cambian los muebles, plomería, jardinería; en fin, cualquier cosa que los mantenga ocupados, principalmente para no pensar.

Mantenerse activos es importante, pero también lo es descansar. Si eres como yo, una persona obsesiva que dedica o dedicaba gran parte de su vida a su trabajo y que en un buen día dormía 5 o 6 horas diarias, que siempre estaba cansada y que aún en los fines de semana no podía dejar de pensar en los pendientes y en la gran cantidad de cosas que tendría que realizar la siguiente semana, entonces, mi querido lector, muy probablemente has olvidado cómo descansar y cómo dedicar tiempo a ti mismo. Sé que tener tiempo libre ahora puede resultarte muy extraño y puedes tener la necesidad de mantenerte ocupado pase lo que pase, pero te pido que no lo hagas. Por supuesto, es importante que te enfoques y pongas manos a la obra en tu plan, cualquiera que este sea, pero no podrás hacerlo si estás cansado o agobiado. Tómate el tiempo que necesites para dormir, descansar y meditar, pero no te acostumbres. Tan pronto te sientas listo pon todas tus fuerzas y tu inteligencia en conseguir tu objetivo.

3. Mantén tu vida social

Tal vez no puedas tener reuniones numerosas o tener el mismo contacto físico que teníamos antes de la pandemia, pero aprovecha las ventajas que la tecnología te da. Plataformas como Zoom, Skype, Teams, Google Hangouts, en fin, las opciones son muchas, así que no hay pretexto para no organizar por lo menos una reunión semanal con tus amigos. Ahora que las medidas se han flexibilizado un poco también podrías salir a comer o a tomar un café para despejarte. Siempre respetando las medidas de higiene y seguridad.

4. Encuentra el lado positivo

Por más difícil que sea, trata de ver el lado positivo de esta situación. Tal vez te parezca un cliché, pero las cosas siempre pasan por algo.

La vida es el 10 % de lo que te está ocurriendo, el 90 % es cómo reaccionas

Recuerda que el desempleo no es una situación eterna, tiene un principio y un final. Así que aprovecha el tiempo y haz algo que siempre has querido hacer: descansar, hacer ejercicio, poner tu negocio, escribir un blog o una novela o cualquier otra cosa que te haga feliz.

5. Haz ejercicio

No importa si antes de la pandemia eras una máquina de hacer ejercicio y practicabas diariamente crossfit, 54D o corrías maratones, o si, por el contrario, solo caminabas desde tu escritorio hasta la máquina de golosinas. El estar encerrado nos ha obligado a todos a reducir nuestro ritmo -a menos de que seas Bárbara De Regil- y por ello ahora, más que nunca, es importante que busquemos la manera de mantenernos activos.

Ahora que las medidas se han relajado un poco, puedes salir a caminar o a correr, obviamente manteniendo la sana distancia y usando tu cubrebocas. Si prefieres no salir, entonces puedes aprovechar las clases en línea que muchos gimnasios están ofreciendo no solo a sus suscriptores, sino también al público en general. Y lo mejor de todo es que muchas de ellas ¡son gratis!

El ejercicio genera endorfinas, las cuales interactúan con los receptores del cerebro ayudando a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión, además mejora el sueño, eleva la autoestima y te hace más feliz. ¡Justo lo que necesitas!

6. Vive en el presente

Sí, es un momento difícil, pero no lo hagas más difícil de lo que ya es. Enfócate en vivir en el presente y evita a toda costa imaginar un futuro que todavía no llega. ¿Sabías que el ser humano sufre más por lo que se imagina que por lo que realmente sucede? Atrae la calma a tu mente y deja espacio para que las nuevas ideas lleguen. Si estás preocupado o ansioso no podrás enfocarte en crear soluciones para la situación que vives, pues tu mente estará enfocada en evaluar todos los posibles escenarios negativos de tu futuro.

5.3 Plan de acción para salir adelante

El primer paso para poder salir adelante es establecer un plan de acción y, más importante que todo, cumplirlo.

Si sabemos qué queremos lograr, nos comprometemos a hacer lo que sea necesario para conseguirlo, y definimos actividades claras que nos ayuden a alcanzar ese objetivo, es más que suficiente para lograr un gran avance.

El plan que te propongo es el siguiente:

1. Conócete a ti mismo: este trago amargo debe servirte para identificar hacia dónde quieres dirigirte a partir de este momento. Define quién y qué quieres ser. Averigua si lo que habías venido haciendo hasta ahora es lo que quieres continuar haciendo o si deseas cambiar de camino. Este es el momento de decidir qué tipo de trabajo deseas conseguir y de analizar si estás preparado para él. Incluso puede ser el empujón que necesitabas para hacer aquello que siempre habías querido hacer pero que por alguna razón no habías podido.

Empieza preguntándote:

 ¿Cómo quieres que sea tu vida?

 ¿Qué quieres lograr?

 ¿En qué eres bueno?

 ¿Qué es lo que no haces tan bien como te gustaría?

 ¿Qué es lo que sabes hacer mejor que otras personas?

 El trabajo que tenías antes de tu despido ¿te hacía feliz?

 ¿Cuál es el trabajo de tus sueños?

 El trabajo que tenías antes ¿era o, por lo menos, te acercaba al trabajo de tus sueños?

 ¿Qué habilidades poseen las personas que realizan ese trabajo?

 ¿Qué habilidades debes desarrollar para acceder al trabajo de tus sueños?

 ¿En qué tipo de compañía quieres trabajar?

 ¿Por qué quieres trabajar ahí?

 ¿Quieres un trabajo de 9 a. m. a 6 p. m., que generalmente se traduce en un trabajo de 9 a. m. a 8 p. m. o incluso 10 p. m.?

 ¿Quieres un trabajo que te permita tener tiempo para ir al gimnasio, para estudiar un idioma, para ir a la iglesia?

 ¿Quieres tener un trabajo que te dé la libertad de salir si es necesario a algún festival de la escuela o si alguno de tus hijos se enferma?

 ¿Quieres un trabajo en el que debas interactuar con mucha gente o prefieres uno en el que estés aislado la mayor parte del tiempo?

 ¿Cómo te gustaría que fuera tu jefe?

 ¿Quién es el jefe que más admiras? ¿Cuáles son sus cualidades?

 ¿Te gustaría ser tu propio jefe?

 De ser así, ¿qué tipo de negocio quieres?

2. Establece tus metas: para ser una persona exitosa lo primero que debes tener muy claro es quién quieres llegar a ser y qué deseas alcanzar. Nadie puede alcanzar algo que ni siquiera ha pasado por su cabeza; el primer paso es imaginarlo. Lo que tu mente piensa tu mente lo crea.

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Volume:
194 p. 7 illustrations
ISBN:
9788411142885
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