Read the book: «Márcame, amo»

Font::

  Prólogo Los monstruos entre nosotros

  Los inicios

  “Cuestionamiento Racional”

  Sarah y Clare Bronfman

  México

  Emiliano Salinas y Alex Betancourt

  Benjamín LeBarón y Mark Vicente

  Las esclavas DOS

  Las hermanas Fernández

  Epílogo: la captura

  Anexos




“Parece el sueño americano, pero si algo hemos aprendido de este juicio es que las apariencias son engañosas… Vimos a (Keith Raniere) como lo que realmente es: un depredador, un criminal y un estafador.”

Moira Penza (Fiscal que llevó el caso.)

Prólogo
Los monstruos entre nosotros

Acudí a twitter para regurgitar el juicio de Keith Raniere ante la imposibilidad de encontrar en México un medio formal para publicarlo. No podía saber el interés que eso iba a despertar entre el respetable, pero mis razones iban más allá: la única manera de neutralizar a los monstruos que viven entre nosotros, de resguardar quizá a alguna futura víctima advirtiéndole lo que le puede esperar, es encendiendo la linterna y apuntándoles la luz. Los peores recuerdos de mi juventud en Monterrey se deben a ese ominoso silencio. No se hablaba de las perversiones de Maciel o de sus esbirros, aunque ya el mundo entero, fuera del ombligo regiomontano, las comentaba y conocía.

El 20 de mayo de 2005 la Legión publicó un cable enviado, como pago de favores, por la secretaría de Estado vaticana del cardenal Angelo Sodano. No traía firma ni sello, pero aseguraba que no había proceso alguno contra Maciel. Eso era, como tantas otras cosas, falso: un año menos un día después el papa Benedicto XVI publicaría un comunicado, resultado de las pesquisas de Monseñor Scicluna, conminando al pederasta michoacano a retirarse a una vida de “oración y penitencia”, aunque sin especificar el porqué, permitiéndole así a los líderes de la Legión de Cristo seguir impunes hasta que, ante las pruebas de DNA con que amenazaban los hijos carnales de su fundador, se vieron obligados a confesar apenas una pequeña parte de las atrocidades que, con una década de retraso, se conocerían después.

Con el silencio la gente quería evitarse las represalias de la red de poder tejida por los Legionarios de Cristo entre políticos y empresarios mexicanos. Por eso los abusos siguieron, por años, protegidos por esa omertá cómplice. Hablar salía caro: arriesgarse a ser vilipendiado públicamente, a perder un buen empleo u oportunidades de negocios, a recibir una demanda, a ser rechazado por la propia familia o a someterse al ostracismo social eran posibilidades muy reales.

Con ese silencio culpable, complaciente o avergonzado, uno que yo guardé demasiado tiempo, cuentan los depredadores de cuerpos y almas de este mundo. Por eso debemos hablar de ellos. En este caso, de Raniere, y de sus facilitadores en México.

Los inicios

“La veré muerta o en la cárcel”, le dijo Keith Raniere a la madre de Toni Natalie, su pareja de años, cuando ésta le anunció que lo dejaba. Lo que siguió fue más de una década de acoso físico y legal: telefoneándole a todas horas preguntando si sabía el paradero de su hijo de un matrimonio anterior; su casa y la de su madre fueron allanadas, desordenando sus muebles y pertenencias, robando ropa de su clóset. La declaración de bancarrota por el pago de las deudas de la empresa que había formado con él, todas a nombre de ella, se eternizaron en demanda tras demanda, y hubo un intento de atraerla a México con engaños para que, mediante una orden de aprehensión encubierta obtenida a punta de sobornos, desapareciera en las entrañas del sistema penitenciario mexicano. En buena parte, eso explica la expresión de apenas contenido júbilo cuando Natalie escuchó los siete contundentes “culpable” espetados por el jurado.

La transformación de Raniere de un estafador de alcances locales en el dueño de un harem de más de cien mujeres comienza luego del fracaso de su primer negocio, Consumers Buyline Incorporated (CBI). Éste no cumplía ni dos años cuando ya era investigado en veinte estados de la Unión, cerrando en 1993 por órdenes de Robert Abrahams, fiscal general del estado de Nueva York, acusado de ser un “multimillonario esquema piramidal”. La fiscalía fincó el caso en que la compañía estaba más interesada en reclutar gente que pagara los 270 dólares que costaba enrolarse en Purchase Power, un club de compradores con base en Texas, que en proveerles algún servicio; sobre todo porque sólo catorce de esos dólares iban al club de compras, mientras que el resto permanecía en manos de CBI en forma de comisiones por reclutamiento. En un video promocional de la compañía se ve a Raniere pidiéndole a los vendedores de membresías que imaginaran un cerro de billetes, uno de diez millones de dólares: “Es grande. Es enorme. Sientan cómo el aroma del dinero hace que sus narices tiemblen como conejitos…”

El flujo desde los últimos reclutados hasta los fundadores era constante: al cierre de la empresa, Pamela Cafritz, Karen Unterreiter y Raniere habrían recibido alrededor de medio millón de dólares a cambio de aire. Raniere corrió con suerte: fue multado en 1996 con cuarenta mil dólares a nivel federal, más un par de multas estatales, sin ser declarado culpable de nada, apenas con el compromiso de nunca más participar en esquemas “promoviendo, ofreciendo o brindando participación en un esquema de distribución en cadena”. Los inculpados tardaron más de cuatro años en pagar esa multa.

Keith explicaría su derrota, como era su costumbre, culpando a otros: en este caso, acusando que la debacle de CBI se había debido a las maquinaciones de Wall Mart que, por temor a la competencia, habría pedido a las autoridades “colapsar a ese tipo”. Lo cierto es que, después de CBI, Raniere evitaría tener posesiones a su nombre, negándose a recibir un salario y omitiendo el uso de tarjetas de crédito o cuentas de banco: todo le pertenecería, oficialmente, a sus siempre incondicionales mujeres, con el consiguiente ahorro de problemas legales y fiscales; año con año Raniere ha declarado vivir por debajo de la línea de la pobreza. Es cierto que nunca fue proclive a la ostentación; estéticamente, su comunidad era un reducto de mediocridad pequeñoburguesa, donde los pants y las sudaderas de baja calidad eran la etiqueta cotidiana. Con todo, Raniere ejercía un control férreo sobre sus acólitos y sobre su empresa disponiendo sin restricción alguna de cientos de miles de dólares en efectivo ocultos en el sótano de la casa de Nancy Salzman, con línea directa a una bolsa de plástico en su biblioteca personal.

Keith Alan Raniere vio la luz un 26 de agosto de 1960 en Brooklyn, Nueva York, el único hijo de James Raniere, publicista, y de Vera, una maestra de baile de salón. Al cumplir 5 años, la familia se mudó a los suburbios boscosos al norte del estado, a una casa roja con vistos blancos y amplio jardín, parecida a las granjas que pintan los niños en la escuela. A sus ocho años, James y Vera se divorciarían, quedándose la mujer, enferma del corazón, bebedora de ocasión y madre culpable de tiempo completo como única custodia del niño, convirtiéndolo en el centro de su universo e instilándole un sentimiento de excepcionalidad desbordada. Las virtudes atribuidas a Raniere en sus biografías oficiales —que hablaba con frases completas al año y que leía de corrido a los dos; que su energía intelectual interfería con las computadoras y los aparatos electrónicos; que a los 12 dominaba por sí solo y en unas cuantas horas todo el currículo de matemáticas de preparatoria o que a los 13, autodidacta, tocaba piano a nivel concertista— son más falsas que un billete de tres pesos, pero es un hecho que desde muy joven el chico mostró gran facilidad para la manipulación; en entrevista del 28 de mayo de 2018, publicada en el diario The Epoch Times, cinco compañeros de Raniere de la escuela primaria Waldorf describen cómo uno de ellos cuchicheó, en las intimidades infantiles del patio de recreo, sobre una u otra andanza adolescente de su hermana mayor. Raniere le diría enseguida que la confidencia le había dado una botella de veneno que él sostendría por siempre sobre su cabeza; que, de quererlo, podría revelarle a la hermana o a los padres sus indiscreciones. Sobra decir que, de corta estatura, un poco bizco, arrogante y presuntuoso a pesar de su apariencia y sus maneras ordinarias, el joven Keith no era precisamente popular.

En 1978 Raniere se gradúa de preparatoria, cumple 18 años y queda huérfano de madre pocos días antes de Navidad, cuando el cansado corazón de Vera deja de latir. De la orfandad pasó al Politécnico Rensselaer, donde conocería a Karen Unterreiter, desde entonces una de sus más fieles administradoras. Sus afirmaciones de haber sido un estudiante de excepción, el primero en haberse graduado con tres títulos —biología, física y matemáticas—, y calificaciones de excelencia se estrellaron contra una copia de la cartilla del instituto firmada por su secretario y consejero general, Craig Cook, presentada como evidencia en la corte, mostrándolo frecuentemente suspendido y con un promedio final de 2.26 que, en nuestro sistema decimal, equivale a un limítrofe 7.

Al terminar la carrera esas notas le alcanzaron para emplearse como técnico de computadoras en una oficina de fianzas de la policía local, profundizando en su tiempo libre en el estudio de sus tres mayores influencias intelectuales, aquellas que conformarían su filosofía espiritual y sus principales decisiones a futuro: Amway —donde trabajaría unos meses—, la Iglesia de la Cienciología y Ayn Rand. Sobre las agresivas técnicas de venta de las primeras dos funda en 1991 Consumers Buyline, donde conoce a Natalie, una de las vendedoras estrella de la organización y quizá el prototipo de todas las mujeres sobre las cuales Raniere parasitaría el resto de su vida.

Raniere mostró una temprana inclinación hacia la pedofilia: en 1993, una niña de 15 años llamada Rhiannon registró una acusación ante la policía del estado de Nueva York afirmando haber tenido relaciones con él hasta sesenta veces a partir de sus 12 años. Ella tenía problemas en la escuela, fleco rubio y frenos, y él recién había cumplido los 30. La madre de la niña, vendedora de CBI, le comentó de los problemas académicos de la pequeña y él se ofreció a tutorearla por las tardes. Lo primero que le enseñó fue a abrazarse “como hacen los adultos, juntando la pelvis”, quitándole la virginidad y abusando de ella a lo largo de varios años en su casa, en las oficinas de CBI o en el coche. Cuando Rhiannon finalmente fue a la policía, los detectives le pidieron portar un micrófono para obtener pruebas contra el abusador; ella se rehusó, pálida de miedo, y pidió cerrar el caso.

Toni Natalie es chispeante y guapa —ojos de felino color jade, cabello azabache y nariz de Cleopatra—, pero con fragilidades emocionales quizá originadas en los episodios de abuso sexual que sufrió cuando era niña, y que Raniere le diría luego que podrían aliviarse haciendo tríos. Al conocerla, Keith la habría ayudado a dejar de fumar y la convencería de que su marido la engañaba con la nana de su hijo. “Él se convierte en todo lo que quieres y necesitas, y algo más. Llena todos los vacíos”, diría Natalie, quien pronto se divorciaría para mudarse a Clifton Park, la comunidad suburbana alrededor de Albany que sería el epicentro de esa telaraña.

No vivirían juntos. Ella tendría una casa con su hijo y él conservaría su cuarto en el número 3 de Flintlock Lane, propiedad comprada por Pamela Cafritz, hija de Bill y Buffy Cafritz, distinguida pareja de la alta sociedad conservadora de Washington. Antes de conocer a Raniere, Pamela estaba por casarse con uno de los que llamamos buen partido. Luego se convirtió en la primera fondeadora y la más fiel de las lugartenientes de Raniere hasta su muerte en noviembre de 2016 por cáncer de hígado. Cafritz se encargaría de higienizar las consecuencias de los peores impulsos de Raniere; además de brindarle cierta estabilidad doméstica, hacía las aperturas y proveía las coartadas para que éste sedujera a jovencitas —invitándolas, digamos, a su casa, a pasear al perro—, y arreglaba los múltiples abortos que éste exigía de sus mujeres, ella incluída: él no aceptaba usar condones ni que sus parejas tomaran anticonceptivos, porque podrían engordar, decía. Raniere, ya con la mexicana Mariana Fernández como pareja principal, continuó usando las cuentas de banco y las tarjetas de crédito de Cafritz después de su muerte, en las compras del supermercado o para gastar miles de dólares en ropa para Fernández. Se estima que, en total, esas cuentas de banco custodiaban cerca de ocho millones de dólares. Raniere, nombrado por Pamela como ejecutor de su testamento, le cedería en México el cargo a Rosa Laura Junco poco antes de ser capturado.

Los demás habitantes del número 3 de Flintlock eran la antigua compañera del politécnico, Karen Unterreiter y, para entonces, Kristin Keeffe, oficialmente el enlace legal del grupo y extraoficialmente la encargada de neutralizar a los críticos y disidentes por todos los medios posibles, legales y no; sus lugartenientes en México, como veremos más delante, fueron Emiliano Salinas y Alex Betancourt.

Al fracasar CBI, Raniere y Natalie fundaron, en 1994, el National Health Network, una empresa de suplementos vitamínicos y naturistas que cerraría, en sus estertores, en 1999. Poco después la pareja se separaría. Cuando dijo adiós, Natalie recibió una carta que comienza amorosa y termina amenazante, además de una línea de tiempo, con dibujos, “de su caída final”. Cuando Natalie se rehusó a regresar con él, Keith le dijo que en su otra vida ella había sido Heinrich Himmler, y él y sus acólitos sus víctimas judías. A pesar de que Raniere pasaba los 30 años, la tesitura de sus comunicaciones emocionales es infantil dejando ver las profundas inseguridades que incubaron sus perversiones.

Ante la ausencia de Natalie, Raniere comenzaría a apoyarse por completo en Nancy Salzman, una enfermera con quien gestó, el 20 de julio de 1998, Executive Success Programs, o ESP, la raíz del pequeño imperio del mal que a la vuelta del milenio sería conocido como NXIVM. Salzman, quien al conocer a Raniere le comentó a Natalie que éste le parecía un poco torcido, luego de convertirse en su socia afirmó que “Probablemente no haya descubrimiento, desde la escritura, tan importante para la humanidad como la tecnología del Señor Raniere”. El nombre de Vanguardia, adoptado por éste en su nuevo papel como gurú, lo había tomado de un videojuego intergaláctico de consola con el cual perdía el tiempo, de joven, al salir de clases.

Raniere y Nancy elaboraron los 21 módulos que se convertirían en el prototipo de sus cursos intensivos de entre dos y tres semanas, ofreciéndoselos inicialmente a los clientes de Nancy, a quienes daba asesorías de vida. Fue entonces cuando Barbara Bouchey, en proceso de divorcio, toda caireles rubios y ojos de muñeca, se enrolaría. A la fecha ella es ambivalente en su juicio, expresando que en NXIVM y en el mismo Keith hay mucho de bueno, a pesar de haber recibido personalmente una buena dosis de su lado malo. Asistente cotidiana al juicio, cuando salió del elevador para enterarse, a las puertas de la sala de la corte, de la sentencia contraria a Raniere, se deshizo en un llanto agridulce. Barbara confesó que, al inicio, las atenciones de Raniere le causaban cierto rechazo; que, el último día de su primer curso, éste le regaló su propia copia de La Rebelión de Atlas, con pasajes subrayados y hojas manchadas, y le dijo: “Tú eres Dagny”, la heroína del libro que, luego de padecer a manos de múltiples hombres malos, por fin encuentra a su superhombre ejemplar, el genio industrial John Galt. Bouchey cree que, naturalmente, Raniere se veía a sí mismo como Galt.

Barbara pasó pronto a engrosar el harén de Raniere, pero nunca vivió en la casa de Flintlock, manteniéndose, como antes Natalie, hasta cierto punto al margen de la comunidad, a pesar de llegar a ocupar una silla en el consejo de la empresa. Bouchey dice que tardó tiempo en darse cuenta de que su relación con Raniere no era exclusiva; cuando él se ausentaba y ella lo cuestionaba, Keith le decía que dejara de preguntar, que al ser hija de padre alcohólico, tenía problemas de abandono que debía trabajar.

En abril del 2009 Barbara abandonaría a Raniere junto a ocho mujeres más, convirtiéndose en una voz crítica pública, exponente de las excentricidades hasta entonces ocultas de Vanguardia; en testimonio posterior afirmaría que Raniere contemplaba reclutar nativos americanos con el fin de crear una reserva independiente, o comprar una cantidad sustancial de tierra en los desiertos australianos para allí fundar un nuevo país o, al menos, un territorio autónomo. Keith la acusaría entonces, como antes hiciera con Natalie, de haber sido Reinhard Heydrich, un oficial nazi considerado uno de los arquitectos del Holocausto.

Algunos de los manuales de NXIVM, nunca antes hechos públicos —la empresa le hacía firmar a los estudiantes un contrato leonino de no divulgación—, fueron presentados como evidencia en la corte. Son reiterativos, de retórica engolada, plagian términos y metodologías de otros programas y abundan en clichés —la mera patente del Rational Inquiry Method, o “Método de Cuestionamiento Racional”, llena 240 páginas—, diseñados como están para atacar las vulnerabilidades intelectuales y emocionales del lector en el marco de sesiones agotadoras, de al menos doce horas. Todos tienen como fin último ensalzar la figura de Raniere, creándole un público fanatizado y acrítico que no estaría fuera de lugar en el Templo del Pueblo de Jim Jones o en la Iglesia de la Luz del Mundo del apóstol Naasón; en su testimonio, el cineasta Mark Vicente mencionó “que Dios ampare a quien le revire algo a Keith”.

Parte del éxito de los cursos reside en el empaque, es decir, en su presentación en centros modernos y en zonas de clase alta, con instructores que proyectan seguridad y compañeros de familias de recursos económicos o políticos que, de otra manera, serían inalcanzables para el público común. En el punto 12 de la cartilla de la misión de NXIVM, misma que debe ser recitada diariamente por los acólitos, se menciona la promesa de “buscar controlar éticamente la mayor cantidad de dinero, recursos y capital del mundo… siendo esencial para la supervivencia de la humanidad que estas cosas estén en control de personas exitosas y éticas”. Cada intensivo de NXIVM, por cierto, cuesta alrededor de 10 mil dólares, y no se llega a ningún lado si no se toman, al menos, dos, reclutando de pasada a varios estudiantes más para cursos futuros.

“Cuestionamiento Racional”

Si omitimos usar frases hechas y lugares comunes, es difícil describir en qué consiste realmente la “tecnología” de Raniere. Lo cierto es que hay que distinguir los cursos iniciales de ESP, diseñados como herramientas de superación personal medianamente inocuas —en algunos casos, por el simple llamado a la autorreflexión, quizá benéficas—, y los inductores desarrollados subsecuentemente, como Jness o SOP, que tienen como intención última conducir al asistente incauto al mundo de las torcidas perversiones de su creador. Los rituales, sin embargo, son los mismos, independientemente del contenido del curso, y están diseñados para aglutinar al grupo y darle un sentido de pertenencia alrededor de la figura de Vanguardia: el estudiante se quita los zapatos y hace una reverencia al entrar al salón. El instructor o la persona de más alto rango hace el saludo a dos manos: se estrechan las derechas como en un saludo normal, y el personaje superior, en señal de dominio, corona los puños entrelazados con su mano izquierda, mientras que el subalterno pone la suya por debajo del apretón. Se recitan los doce puntos dictados por Raniere, llamados el decálogo o la misión, y comienza la sesión.

En una de las demandas vs Natalie, con número de caso 99-16195, Nancy Salzman explica tener entrenamiento en Programación Neurolingüística (PNL) e hipnosis ericksoniana. Sus materiales abrevan fuertemente de ambas técnicas que, por cierto, levantan dudas entre la comunidad seria de las ciencias de la salud mental en cuanto a la solvencia de sus docentes y practicantes, y en cuanto al subsecuente riesgo para los pacientes. Derivado de las reprogramaciones semánticas propias de estas técnicas, NXIVM tiene un proceso llamado “Exploration of Meaning”, o EM, en español exploración de significado, cuya propuesta es reflexionar frente a algún instructor, a través de preguntas y respuestas, sobre alguna fragilidad o detonador emocional, alguna impronta inconsciente que, remanente inmaduro de lo aprendido en la niñez, pueda estar provocándole al sujeto sentimientos o pensamientos negativos, impidiendo la “unificación”: la integración de la personalidad sin contradicciones o fisuras.

En el registro de patente 09/654423 presentado el 26 de marzo del 2003, mismo que fue rechazado por su incapacidad de probar innovación o aporte alguno, se describe a cabalidad el método de Cuestionamiento Racional, que en teoría serviría “para detectar y eliminar desintegraciones” por medio de una serie de ejercicios que, en la práctica, facilitan la suplantación axiológica. Eso, por sí mismo, no necesariamente es malo, sobre todo cuando nuestra herencia ideológica viene cargada de prejuicios que se manifiestan en comportamientos e ideas aprendidas como lastres muchas veces inconscientes. El problema en este caso es que, por una parte, nada de esto es nuevo: hay decenas de terapias probadas encaminadas a lo mismo, entre otras todas aquellas que caen bajo el abanico de cognoscitivas. Por la otra, en el caso de NXIVM, los cambios buscados van teledirigidos a desarrollar una veneración religiosa hacia Raniere, fomentando el cuestionamiento de todo menos del mismo NXIVM o de sus apóstoles, Vanguardia y Prefecta: el estudiante debe mostrarse siempre eternamente agradecido, y las críticas o dudas, tan alentados en cuanto al resto del espectro temático, conducen en ese caso a la expulsión o a castigos fulminantes.

En realidad esta constante reexaminación de las creencias y valores de sus acólitos, que en buenas manos puede llevar a la catarsis terapéutica, es aquí un primer paso hacia la normalización de las actividades criminales de Raniere: los últimos días del juicio culminaron con la declaración del agente de campo Michael Weniger, del FBI. Weniger describió sus impresiones cuando revisó los documentos o las guías de la supuesta “tecnología educativa”; en este caso, los módulos de Jness, que arrancan con introductorios de tres a cinco días y que escalan a intensivos de dieciséis días, volviéndose más misóginos y sexualizados a cada escalafón. Recordemos que Jness se vendía como un curso para que las mujeres alcanzaran la plenitud, y DOS como una sororidad de empoderamiento femenino. Incomprensiblemente, esa misoginia rabiosa fue abrazada por las mujeres del grupo como lo más sagrado. Un correo de Allison Mack a Vanguardia fechado en marzo del 2016, presentado como evidencia en el juicio, dice así:

En mi EM de ayer vi el enorme daño causado por mujeres, a las mujeres, por la manera empoderada en que nos inflamos… la mujer valiente y fenomenal es tan presente y buscada y ¡tan SUPRESIVA! La raíz de tanta arrogancia, tanta violencia, tanto prejuicio. Lo sentí tanto ayer. Y sentí lo inquebrantable que soy en mi intento de mantener esta creencia respecto a mí misma… Es horrible, Amo. Y nadie lo ve; entonces tú, yo, Jness, somos considerados horribles por señalarlo así… ¿Cómo aceleramos el jodido fin de esta confusión?

Te agradezco tanto por tener a DOS y a Jness. Porque te tengo de Amo tengo el privilegio de entender esto sobre mí misma y el mundo y de poderlo cambiar.

Eternamente agradecida.

Te amo tanto, tu esclava eterna.

A.

Jness, que suena exactamente como la palabra juventud en francés —aunque sus miembros, primordialmente mujeres, afirman que la palabra significa lo que sea que tu camino te indique—, nació en 2006 luego de “Un paseo por la carretera entre tres entrañables amigos: Pam, Mariana y Keith”, como un preámbulo diluido de lo que luego sería DOS. Consta de diez u once módulos de una semana, claramente diseñados para ubicar a la mujer en un papel subsidiario al hombre. En sus antípodas está SOP, o Sociedad de Protectores que, como su nombre lo indica, describe al varón como el responsable de guiar y conducir al rebaño femenino. Ambos programas luego incluirían en sus módulos finales a miembros del otro sexo: en su testimonio, el cineasta Mark Vicente declaró que en SOP Complete, como se llamaba la versión mixta con duración de seis días, la idea era darle a las mujeres la experiencia de ser las pequeñas en el mundo de los hombres, pidiéndoles que “se comportaran como hombrecitos y dejaran de chillar”. Se les dispensaban castigos corporales, con paletas de madera. Se les daban apodos denigrantes y se les hacía portar disfraces vergonzantes, como coronitas de princesas o alitas de hada, o se les rellenaba el brassiere de papel o hule espuma si se consideraba que enseñaban demasiado. A Clare Bronfman, por decisión de Raniere, se le obligó a usar un protector de testículos, para que dejara de soñar con que ella estaba a cargo.

En el curso llamado RAW, o Crudo, los integrantes hablarían, bajo la apariencia de apertura y libertad sexual, de las hostilidades alrededor del sexo que experimenta cada género; así se establecían estas “diferencias” donde, para Jness, la mujer es de naturaleza frívola, emocional e inconstante, por lo que su lugar debía estar bajo la protección de algún varón titular en un contexto doméstico y monógamo, mientras que los hombres SOP, siendo más responsables y con un compás moral del que carecen sus parejas, tendrían una naturaleza promiscua con el digno fin de esparcir su DNA por el mundo. Ese compás moral fue desplegado a cabalidad cuando Weniger le mostró a la corte las fotografías explícitas guardadas por Raniere bajo una carpeta titulada “Estudios”. Las mujeres allí, empleadas o estudiantes de Raniere y al menos una menor de edad, fueron retratadas desnudas con acercamientos a sus labios vaginales interiores, o de cuerpo entero, pero desde las ingles hacia la cara.

Otra de las bases ideológicas de NXIVM, congruente con las tendencias sadomasoquistas de Raniere y, sin duda, indispensable para la destrucción de la personalidad que Vanguardia buscaba en sus favoritas, es la insistencia en justificar el dolor, físico o emocional, como parte del proceso de crecimiento: aunque la premisa se entreteje en cada curso, hay uno exclusivo al tema llamado Human Pain, o Dolor Humano. Acompañando a ese concepto madre de NXIVM está la exploración de las vidas de los involucrados, recalcando las partes traumáticas o vergonzantes y extrayendo la mayor información posible sobre dependencias, transgresiones, culpas o dificultades sexuales, en particular al final del día, con el cansancio y la vulnerabilidad a modo de lubricantes.

Vanessa Grigoriadis, en un estupendo compendio publicado el 30 de mayo del 2018 en la revista del New York Times, describe su visita, de la mano de Clare Bronfman, a uno de los centros de Raniere en San Pedro, Garza García, donde abundaban fotos de Raniere en las oficinas, y frases bombásticas atribuidas a Vanguardia en los pasillos: “Si en el siguiente momento tu conducta afectara a toda la humanidad para siempre, ¿cómo te comportarías? Cada momento es ese momento”.

Cuando Grigoriadis ve a Raniere por primera vez, recién despertado de una siesta y luego de pasar por una larga introducción de sus logros y cualidades a manos de Clare —“No se permite a nadie conocer a Raniere si algún integrante, usualmente una mujer, no ha descrito sus grandes cualidades antes. Raniere, a quien algunos miembros de NXIVM han comparado con Nelson Mandela o el arzobispo Desmond Tutu, no aparece sino hasta que recibe la presentación adecuada”—, se desconcertó. “Tenía la musculatura de alguien que practica lucha y vestía una polo azul clara, pantalones grises y lentes de armazón redondo. Tenía algunas canas en las sienes, pero el resto de su cabello lucía voluminoso. Hablaba con un acento neoyorquino. No tenía la pinta de un hombre que logra que otras personas orbiten alrededor de él. Parecía un corredor de bienes raíces de lujo que quería aparentar ser amistoso al tiempo que lucía ansioso por cerrar un acuerdo… pude observar cómo se retraía dentro de sí, casi de manera intencional; se volvía un hoyo negro anticarismático”.

Eso mismo rumiaba yo, todos los días, sentada en la sala de la corte a escasos metros del hombre que muchas mujeres inteligentes y echadas para adelante consideraban seriamente como a un espécimen magnífico; un superdotado. Raniere no podía ser más ordinario, más olvidable; menos digno de semejante devoción. Quizá por eso el culto debía iniciarse temprano: Loreta Garza Dávila, esclava DOS, registró en NY los nombres de Rainbow Cultural Garden y RCG Kids International, convirtiéndose en su directora mundial; en México su razón social sería Multicultural Value Development Center, mejor conocido como Rainbow. La franquicia mexicana estuvo a nombre de Cecilia Salinas Occelli, con Fabiola Sánchez de la Madrid, esposa de Federico de la Madrid Cordero, de auxiliar; a nivel nacional serían administrados por Jimena Garza Dávila, esposa de Omar Boone.

La inspiración para Rainbow llegó en 2006, cuando Kristin Keeffe tuvo un hijo con Raniere llamado Gaelyn; Raniere tenía una política estricta de hacer abortar a sus amantes, así que Kristin escondió el embarazo hasta que fue demasiado tarde. De no ser por eso Keeffe hubiera acabado en la clínica ginecológica McGinnis, tan frecuentemente visitada por las mujeres de la comunidad, desde Pamela Cafritz hasta las tres hermanas Fernández: Mariana fue dos veces, hasta que, en el 2017, Keith le permitió tener a Kemar, su segundo hijo, éste sí, deseado y reconocido: su nombre se formó por la contracción de los de sus padres, Keith y Mariana.

Si bien Raniere desarrolló después una historia donde decía necesitar a una joven virgen y sin mácula para perpetuar su DNA a través de un heredero místico que continuara su legado, Vanguardia se presentaba públicamente como un asceta alejado de las pasiones humanas: Forbes lo cita en el 2003 afirmando llevar “una vida como de ratón de sacristía”. La presencia del niño tuvo que ser explicada a la comunidad bajo el cuento de que un viudo, cuya esposa había muerto en el parto, le habría confiado al neonato a su amiga Barbara Jeske, otra incondicional en la comunidad de Clifton Park. Keeffe, quien había regresado con Jeske y el bebé desde Ann Arbor hasta Albany en marzo del 2007, luego de una ausencia de varios meses por un supuesto cáncer, afirmaba que su retorno se debía a que Raniere la habría curado milagrosamente. Ah, paradojas de la vida: Kristin huyó con su niño, desapareciendo de la faz de la tierra, un año después de la muerte de Jeske en el 2014, consumida ésta por un cancer del cerebro —uno verdadero— que no se atendió a tiempo porque Raniere le diagnosticó sus molestias como síndrome del túnel carpiano.

Gaelyn se convirtió sin quererlo en el prototipo experimental de los niños Rainbow: por instrucciones de Raniere le pusieron cinco nanas, donde cada una le hablaría en un idioma diferente cada día; le impedían relacionarse con niños fuera de la comunidad; tenía un régimen particular de ejercicios físicos diarios y una dieta estrictamente vegetariana, de preferencia cruda. James Raniere, el padre de Keith, exclamó cuando supo del trato que le daban a quien entonces nadie sabía que era su propio nieto: “es uno de los niños más afortunados que hay, con cinco madres que lo consienten”.

En México fue en San Pedro, en el local de Vía Savotino número 105 que albergaba al universo NXIVM regiomontano, donde Rainbow fue creado como empresa por Loreta Garza y Rosa Laura Junco el 24 de abril de 2007 estableciéndose a unas cuadras de la casa madre, en la calle de Tamazunchale. La colegiatura podía salir en 60 mil pesos al mes, por niño. La comida era, como indicaba Raniere, estrictamente vegetariana, y la presencia o supervisión de los padres, incluso en su contacto con los maestros, no era bienvenida; quizá porque ninguna de sus directoras tenía el menor entrenamiento en pedagogía o psicología infantil, como tampoco lo tenían la mayoría de las “nanas”, llamadas allí Especialistas en Desarrollo Multicultural.

Si bien en Francia la metodología sigue bajo un nuevo nombre, Athal Education Group, regenteado por Sara Bronfman y por su esposo, Basit Igtet, el resto de los centros Rainbow ha ido cerrando como girasoles al anochecer, incluso el que inaugurara con bombo y platillo en Miami Raquel Perera, la esposa de Alejandro Sáenz; en la Ciudad de México primero se convirtió en Cultur Ed y luego cerró el que encabezaban los hermanos Emiliano y Cecilia Salinas; en Monterrey la casa de Savotino tiene una enorme manta de “se renta” y un número telefónico que, hasta hace poco, contestaba Omar Boone. El plantel en la calle de Tamazunchale conservó intacto al personal, aunque cambiando de nombre a Kinder Cheel, para terminar cerrando en 2019. El destino del de Guadalajara es incierto. Quizá porque sus fundamentos, como el resto de la “tecnología” de Raniere, no tiene solidez pedagógica alguna; quizá porque nunca tuvieron del todo el reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública o quizá porque los inspiró un criminal que no quiso reconocer al hijo que tuvo con Kristin Keeffe, que le sirvió al modelo de conejillo de indias.

Otra de las empresas desarrolladas alrededor de las ideas de Raniere es The Knife Media, llamada así por el cuchillo délfico de Aristóteles. El mote, tan intelectualmente pretencioso como el resto de la mercadotecnia de NXIVM, es más que revelador: viene del primer libro de Política, donde el griego habla de los usos múltiples de ciertas herramientas enfatizando que la naturaleza no es siempre así, sino que hace distinción entre, por ejemplo, la mujer y el esclavo: “En lo que concierne a los sexos, el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; el macho es el amo y la mujer, la esclava”. ¿El objetivo de la empresa? Identificar, mediante el uso de la supuesta tecnología de Vanguardia, la cobertura tendenciosa en los medios; en un ejemplo perfecto del doble rasero tan gustado por Raniere, The Knife jamás reveló su asociación con NXIVM. Su directora fue, hasta poco antes de su cese de operaciones, Rosa Laura Junco; Ivy Nevares la administradora y Nicki Clyne la productora, con Jens Eric Gould, el único periodista del grupo, como editor. Junco abandonaría éste y otros proyectos relacionados con NXIVM en la primavera de 2018; el 6 de agosto de ese mismo año The Knife anunciaría, en todas sus plataformas, que dejaba de publicar.

El último programa asociado a la supuesta tecnología de Raniere, afortunadamente, nunca vio la luz: en abril fue arrestado en Albany el doctor Brandon Porter, médico de cabecera del grupo, por negligencia, incompetencia e incapacidad moral para ejercer la medicina, perdiendo después su licencia. Porter condujo en agosto del 2016 un estudio que recuerda al de Naranja Mecánica: colocaba en los sujetos, principalmente mujeres, electrodos en la cabeza, filmando luego su reacción cuando les mostraba, sin previo aviso, escenas violentas y explícitas, la última un corto snuff de mujeres decapitadas y despedazadas a machetazos. Más de una centena de miembros de NXIVM pasaron, uno a uno, por su experimento, llevado a cabo en una vieja bodega de la compañía a nombre de Clare Bronfman. Una de las mujeres, Jennifer Kobelt, lo reportó a la policía. A Kobelt no le parecieron extraños los electrodos; el doctor ya los había usado antes entre la comunidad mientras sus miembros veían videos de Raniere, y cuando una asistente de Nancy Salzman le pidió acompañar a Porter, supuso que se trataba de algo parecido.

El antecedente es una de las muchas patentes buscadas por Raniere, registrada bajo el número 13/839361 y llamada, textualmente, “Los luciferinos pueden ser rehabilitados”, cuya última enmienda está fechada en octubre del 2013; un luciferino sería un psicópata funcional que, sin la menor ironía, es descrito así: “experimenta placer o gratificación cuando la gente normal sentiría repulsión o molestia”. Hay un curso especial alrededor del tema llamado “La Caída” —sí, como la de Lucifer— donde un luciferino sería, por ejemplo, quien ha abandonado NXIVM y ahora se vuelve contra el grupo, aunque la referencia refleja el comportamiento de Vanguardia es más que reveladora. En la patente se habla de mostrarle al sujeto una sucesión de estímulos, en este caso imágenes ultraviolentas, para medir las discrepancias fisiológicas entre un corto y otro; dependiendo de si la intensidad en las respuestas crece o decrece se determinaría la capacidad de “rehabilitar” a la persona. No me quiero imaginar, si ésta era la herramienta diagnóstica, en qué consistiría la terapia.

Lo que distingue a NXIVM de cualquier otro programa de superación personal, ubicándolo certeramente en el ámbito de los grupos con características religiosas o de culto, es la desensibilización al rechazo de comportamientos no sólo criminales sino inhumanos: los valores éticos se vuelven, en el universo de Raniere, parámetros utilitarios y autorreferenciales. Convertir la esclavitud sexual en empoderamiento femenino es una mera manifestación de este rasgo: Raniere diría a Bronfman que era válido usar métodos antiéticos para construir un mundo ético. El asegún es que, para Vanguardia y sus incondicionales, ético era todo lo que se plegara a los deseos del líder, y por consiguiente “quiebre ético” o transgresión ética era toda conducta que contrariara sus deseos. En el caso de Daniela Fernández, una de las primeras mexicanas en Albany, su pecado fue haberse interesado en otra persona, y nadie en el grupo consideró ya no digamos absurdo, sino siquiera cuestionable, el que Keith exigiera como castigo por semejante transgresión un encierro miserable que duró casi dos años.

Una ocurrencia común en el universo de Vanguardia, que en el argot psicológico se llama proyección, es atribuirle al otro características propias, principalmente las negativas, como cuando los manuales de NXIVM describen personalidades tóxicas que retratan fielmente a Raniere mismo: una “inversión de valores”, según se lee en la aplicación de la patente, es cuando alguien toma algo que es esencialmente bueno y lo hace parecer malo, o viceversa. La corte pudo escuchar y ver, en un video, a Raniere hablándole a la cámara y, después, a Nancy Salzman repitiendo esas mismas enseñanzas ante un grupo de chicas adolescentes, rodeadas por mujeres DOS, en el marco de un módulo de Jness: “¿Cuál es la diferencia entre que un adulto le haga cosquillas a un niño y que lo estimule sexualmente? De ambas maneras el niño sentirá rico. Ese niño puede vivir y crecer sanamente así hasta que llega a una cultura como la nuestra, que le dice que ha sido abusado; es hasta entonces cuando se sentirá abusado. La cultura y la sociedad son aquí los verdaderos abusadores”, dicen ambos. En otro video se ve a Raniere argumentando que, como nuestra cultura limita y castra el ejercicio del sexo, y como las mujeres son por naturaleza dobles y falsas, éstas sólo pueden sentir verdaderos orgasmos cuando son violadas; cuando saben que han abandonado todo control y toda culpa, cuando están completamente sometidas al varón, es cuando pueden ser libres y por ende llegan al verdadero clímax.

El aludir a conductas criminales o inhumanas bajo el rasero del relativismo cultural es un perfecto ejemplo de las falsas equivalencias tan prevalentes alrededor de Raniere. Al final del video, Nancy Salzman, sonriente y propia como si estuviera enseñando a empacar como la best-seller Marie Kondo, autora de La magia del orden, le dice a las niñas, sentadas en semicírculo a su alrededor, que las mujeres abusan del concepto de abuso; que gritan abuso cuando se sienten incómodas (discomfort, fue la palabra usada), cuando algo no les gusta, aunque realmente lo que sienten como incomodidad se debe a sus enseñanzas sociales y culturales que, como ya vimos, dependen del contexto. Salzman da el siguiente ejemplo: “Hay estados (en EUA) donde la edad mínima de consentimiento para tener relaciones sexuales es de 17, y otros donde es de 12. ¿Ven cómo donde en un lugar algo es un delito, en otro es legal?”, ante lo cual las niñas producen un sonoro “¡Ahhhhh!”. El curso donde se ven esos materiales, por cierto, se llama La Experiencia Humana.

Sarah y Clare Bronfman

En el otoño de 2002, con la llegada al grupo del dinero de las hermanas Claire y Sarah Bronfman, herederas de la fortuna Seagram, viene el punto de inflexión para NXIVM en una telenovela magistralmente contada por la revista Vanity Fair de octubre del 2010, que terminaría con Claire en la cárcel, 150 de sus millones de dólares despilfarrados y la accidentada visita a Albany del Dalai Lama en el 2009.

Uno de los talentos de Raniere es, poniendo la mirada en el infinito y aparentando ser un escucha paciente e imperturbable, el saber encontrar y explotar las debilidades emocionales de sus interlocutores, los activadores neurálgicos del dolor, la culpa y la ambición. Christine Marie, una de sus empleadas en el National Health Network, describió en entrevista al Times de Albany cómo “Keith me hizo sentir que era especial para él. Me tocó suavemente la mejilla y me dijo que yo era un alma tan inocente, tan pura, que no pertenecía a este planeta”. La debilidad del propio Raniere es tan evidente que verla no requiere de gran esfuerzo: una urgente necesidad de reconocimiento, de fama, de la adoración del público que su apariencia, talentos y modales ordinarios nunca hubieran podido lograr por sí mismos, y muy difícilmente sin los millones de las Bronfman, cuyo fideicomiso familiar se esfumó en fruslerías como un jet CL-600, propiedades en Albany, Los Ángeles y Fidji, en fondear los ataques, legales e ilegales, contra los percibidos enemigos del grupo y en, simple y llanamente, patrocinar las frivolidades y malas inversiones financieras a cargo de Vanguardia.

Sarah, socialité de 25 años y pocos sesos, recién divorciada de una boda express en Las Vegas con el irlandés Ronan Clarke, llegó por recomendación de su amiga Susan White a uno de los intensivos de ESP en busca de “maneras de lograr la paz mundial”. Al poco rato arrastraría a su hermana Clare, de 23 años, amazona con aspiraciones olímpicas y adusta empresaria ecuestre con sus propios establos que, luego de unirse al grupo, trasladaría a las cercanías de Albany. La madre de ambas, Rita Eileen Webb, inglesa rubia y radiante hija de un arquitecto con un pub en Essex llamado Ye Olde Nosebag, conocería, en un verano mallorquín, mientras trabajaba de recepcionista en un club nocturno, a un Edgar Bronfman recién separado de su segunda esposa —el matrimonio con Lady Carolyn Townshend duró 10 días, siendo pronto anulado—, convirtiéndose en la tercera de sus cuatro mujeres, no sin antes cambiarse el nombre, en parte a sugerencia de su futuro esposo, a Georgiana. El mote rancio le duró más que el gusto: se divorció cuando las niñas aún eran pequeñas, llevándoselas de vuelta a su patria. Sarah y Clare crecieron con el dinero de la familia Bronfman, pero no con la alcurnia de sus medios hermanos, príncipes del panorama social de Nueva York, cuya madre, Ann Margaret Loeb, descendía de los míticos hermanos Lehman.

Raniere se ocupó personalmente de ellas, tratándolas con la deferencia que otorgaba a sus seguidoras adineradas o con poder y conminándolas a que le llevaran a su padre. Éste, inicialmente, se mostró más que satisfecho con los cursos, apuntándose como alumno personal de Nancy Salzman, a quien volaba en helicóptero a su rancho en Virginia para sesiones privadas. El encanto duró hasta que papá Bronfman descubrió un faltante de dos millones de dólares en la cuenta bancaria de Clare; las ríspidas respuestas de sus hijas ante el desfalco, que no sería sino un entremés ante lo que vendría después, lo harían cortar relaciones con el grupo, describiéndolo en un artículo aparecido en la revista Forbes como una secta o culto.

Ese artículo, de octubre de 2003, firmado por Michael Freedman, fue el primero en encender los focos rojos alrededor de Raniere, revelando los incipientes rituales destinados a fomentar el culto a la personalidad y la secrecía a su alrededor: entre otros, el lenguaje críptico, hurtado de la cienciología; las caravanas ante los maestros y superiores; los colores de las cintas y los apodos de Vanguardia para él y de Prefecta para Salzman. “Los detractores dicen que maneja un programa similar a un culto, diseñado para reventar a sus sujetos psicológicamente, separándolos de sus familias e iniciándolos en un mundo extraño de pretensiones mesiánicas, lenguaje idiosincrático y prácticas rituales”, escribió Freedman. A partir de entonces Sarah y Clare se distanciarían irremediablemente del padre, al grado de infectar su computadora con software espía en beneficio de Raniere; bajo sus instrucciones, la mexicana Daniela Fernández envió al correo de Edgar Sr. desde la cuenta de Clare, una foto de un osito que venía cargada con el virus: el padre llamaba a su hija “Clare Bear”. Pero él nunca abrió esa foto, y Clare debió entrar con engaños a su oficina para inocular la computadora en persona. Daniela pasó los siguientes dos años viendo los correos privados de papá Bronfman con políticos y empresarios, reportándole religiosamente el contenido a Vanguardia. Según el periódico irlandés The Independent, en nota de octubre de 2018, cuando Edgar Sr. agonizaba, Clare se presentó en su recámara con un equipo de camarógrafos. Pero no para consolarlo o verlo por última vez, sino para hacerlo confesar que se había equivocado en sus malas opiniones sobre NXIVM. El viejo moriría el 21 de diciembre de ese 2013.

Un par de años antes, luego del enfado inicial del padre, Raniere les sugirió a las hermanas contratar a Barbara Bouchey como administradora financiera; en realidad, lo único que ella administraría sería el control de Vanguardia sobre la chequera de las herederas. En declaraciones posteriores Bouchey calcularía que Raniere despilfarró alrededor de cien millones de dólares. Gracias a ese flujo NXIVM construiría un abanico de organizaciones con Raniere como araña central de esa cada vez más torcida telaraña: ESP, los cursos originales para profesionistas; los jardines de niños Rainbow; Jness y SOP; The Knife of Aristotle o the Knife Media; la Fundación Ética, el contenedor ideológico del grupo; El Eticista, con cursos diseñados para políticos y otros actores públicos; The Source, el producto de Allison Mack para actores; In La’kech, la inconsecuente iniciativa por la Paz en México, con su video de YouTube donde Emiliano Salinas anuncia que “se buscan Gandhis” y, finalmente, en 2015, DOS, el grupo de esclavas sexuales al servicio de los sueños eróticos y, no olvidemos, de las ambiciones de poder de Raniere.

En agosto de 2004, en el marco de Vanguard Week o V Week, la celebración del cumpleaños de Raniere cada 26 de agosto, que creció de un día a más de una semana de juegos, danzas, tablas gimnásticas y, en general, alimento al culto de la personalidad de Vanguardia en un centro de convenciones en Lake George, Nueva York, las hermanas Bronfman subieron al templete con un gigantesco cheque de cartón por veinte millones de dólares a beneficio de la Fundación Ética. En subsecuentes aniversarios Raniere presumiría, año tras año, la inscripción anual de sus muchas patentes, sin importar que la mayoría le serían inútiles o rechazadas: sólo esa vanidad le costaba a las Bronfman miles de dólares al mes. Su delirio por ser considerado un científico cabal lo llevó, meses antes de ser arrestado, incluso a demandar a Microsoft y AT&T clamando que él era el dueño de la patente tecnológica que permitía las teleconferencias. En realidad, esa patente pertenecía a Global Technologies, Inc., empresa donde Pamela Cafritz habría tenido acciones, sin llegarse a acreditar documentación alguna al respecto ni, mucho menos, su liga con Raniere. En abril de 2019, a un mes de iniciarse el juicio que lo llevaría a la cárcel, una corte federal desestimó de lleno su requerimiento, ordenándole reembolsar 450 mil dólares de gastos legales a las compañías mencionadas.

Esa no sería, ni remotamente, la única afirmación megalómana o absurda de Raniere: en su declaración de diciembre de 2010, Barbara Bouchey diría que, en los años 2001 o 2002, éste le pidió prestados 25 mil dólares porque había encontrado una fórmula matemática infalible para ganarle al mercado bursátil. Llegaría a desaparecerle 1.6 millones de dólares, sus ahorros de vida; la explicación fue que su reacción tan emocional ante esas pérdidas estaba influyendo a las fuerzas universales y afectándolo negativamente. El hombre que, en vieja foto del Times Union, aparece en una bata de baño en un cuarto de hotel de Las Vegas leyendo un libro titulado Cómo ganar en las apuestas, le repetiría la misma canción a las Bronfman, quienes verían esfumarse así cerca de 65 millones de dólares. Raniere culpó de sus pérdidas a Edgar Bronfman, diciendo que el patriarca se había coludido con la bolsa de valores para hacerlo fracasar, y las hermanas le creyeron: en una carta enviada por Kristin Keeffe a los altos mandos de NXIVM, luego de su huida del grupo, menciona que “Keith domina a Clare habiéndola convencido muy temprano en su relación que toda la mala prensa que tiene es consecuencia de sus acciones, al haber ella fallado en dar una buena imagen de él, poniendo a su padre en su contra. Que todas las cosas horribles que le pasan son resultado de su ‘ruptura ética’ y sólo su nobleza, su trabajo incesante a su favor y sus recursos pueden sanar ese quiebre y salvar su alma y a la humanidad”.

Sarah, la chica que buscaba la paz mundial, fue prontamente premiada con el título de directora de humanidades. Vacías sus chequeras, las hermanas pidieron a Citibank, con ayuda de Bouchey, una línea de crédito de veinte millones en préstamo como adelanto de su futura herencia, mismos que nunca pudieron reponer, alertando a sus familiares cuando buscaron cambiar la estructura de su fideicomiso para acceder al resto de los 200 millones que de otra manera obtendrían sólo a la muerte de su padre.

En el 2009 las herederas cosecharon su primer aunque efímero éxito: la visita del Dalai Lama a Albany. La idea detrás era colocar a la Fundación Ética en el mapa mundial. El gestor del evento fue el Lama Tenzin Dhonden, presentado a Sarah, quien tenía las inclinaciones orientalistas propias de ciertas mujeres aburridas de clase alta, como el emisario por la paz del Dalai Lama. Sarah idolatraba al Dalai y tenía una particular relación con Tenzin —llegó a comprarle una casa en Albany, tomando con él largos baños en el jacuzzi de su residencia, y llevándolo de vacaciones a la isla privada de Richard Branson—, afirmando en una entrevista de radio local que jamás hubiera pensado en interesarse por asuntos espirituales, pero que su contacto con NXIVM había cambiado todo eso: “La manera como (el Dalai Lama) ve las cosas es muy científica y muy en la línea de la filosofía de NXIVM”. Sarah tendría luego un breve coqueteo con Edgar Boone, antes de salirse del grupo, para dedicarse a la nueva familia que formaría con el libio Basit Igtet.

Al anunciarse públicamente la visita para el 6 de mayo, sin embargo, el politécnico Rensselaer, alma mater de Keith, se negó a albergar el evento —tuvo lugar en el teatro Palace—, y organizaciones humanitarias y educativas regionales históricamente aliadas con los tibetanos se lamentaron vocalmente de la cercanía del Dalai con NXIVM. Un mes antes de la fecha el budista canceló abruptamente la visita, aunque sólo para reanudarla poco después; quizá sea una casualidad, pero el 16 de mayo fue creada con dos millones de dólares en donativos la flamante fundación Dalai Lama con sede en Albany, con Dhonden como administrador. El Dalai llegaría a escribir la introducción de un libro de Raniere, en aparente coautoría con Ivy Nevares, titulado La Esfinge y The lxiepeia, una recopilación de artículos publicados en una revista editada por el Dr. Luis Eugenio Todd llamada, les juro que sin ironía alguna, Conocimiento.

En el auditorio, las Bronfman se sentaron en el podio, al lado del Nobel de los Himalayas, Oceano de Conocimiento y reencarnación de Avalokiteshvara, Buda de la compasión; pocos sabían entonces que, al tiempo que le sonreían al Lama con su pañoleta de seda blanca al cuello, las hermanas estaban metidas hasta el cogote en esquemas de intimidación y extorsión contra los percibidos como enemigos de Raniere. Pero esa es una historia para más adelante: el asunto aquí es que, al poco tiempo, Tenzin Dhonden fue despedido de la corte del líder tibetano, habiéndose conocido que, por debajo de la mesa, cobraba por gestionar las apariciones del reencarnado. La fundación, sin embargo, sigue en buena salud, hoy presidida por Tashi Namgyal Khamshitsang, designado por el Dalai Lama.

Más o menos simultáneamente, aunque sin relación con lo anterior, se daría el primer gran quiebre interno en NXIVM. Nueve miembros de alto rango —Barbara Bouchey y las instructoras Susan Dones, Kim Woolhouse, Angela Ucci, Ellen Gibson, Nina Cowell, Jan Heim, Sheila Cote y Kathy Ethier— renunciarían el 9 de abril a la organización, reclamando pagos atrasados y expresando preocupación por el rumbo que estaba tomando la empresa. A la semana Bouchey sería despedida por las Bronfman, inaugurándole años de demandas por fraude, difamación y extorsión que la culpaban a ella enteramente de las pérdidas económicas a cargo de Keith. Luego de un breve aunque vergonzante arresto en la siguiente Nochebuena y acosos hasta en la peluquería, todas las demandas fueron eventualmente desechadas, aunque nadie le repondría a Bouchey los 700 mil dólares que gastó en abogados, el perder a más de un tercio de sus clientes y el tenerse que declarar en bancarrota hasta el 2017, cuando finalmente pudo pagar sus deudas.

Cuando declaró en el juicio Stephen Herbitts, antiguo oficial del Pentágono, viejo amigo de Edgar Bronfman Sr. y su asesor en materias de inteligencia internacional, dijo que, a partir del 2008, había recibido peticiones de Clare de usar sus conexiones políticas para atacar a los enemigos del grupo. En un correo electrónico de Clare a Herbitts, mostrado a la corte, se lee: “El equipo de (Rick) Ross (el investigador de sectas y vieja bestia negra de NXIVM, el primero en revelar parte de los manuales del grupo en su sitio de internet) debe sentir miedo, recular y enmendar el daño que nos han hecho; pensar en recibir cargos criminales quizá los inspire”.

Claire Bronfman intentó contratar, para su defensa, al infame Michael Avenatti, ex abogado de Stormy Daniels hoy acusado de fraude bancario y de intento de extorsión por veinte millones de dólares contra Nike. En una audiencia a fines de marzo, cuando el juez Garaufis la interrogaba para que diera el nombre de quienes serían sus representantes legales, le preguntó si sabía que tanto Avenatti como Mark Geragos, dos de los mencionados como posibles, estaban involucrados en el caso Nike. Bronfman, a quien le fue asignada una fianza de cien millones de dólares, palideció y se desvaneció, teniendo que llamarse a una ambulancia. El juez dio por terminada la sesión, y cuando la reanudó dos días después, ella le afirmó que sería sólo Geragos. El juez Garaufis, dubitativo, le preguntó así: “Pero no lo sacó de internet, ¿verdad?”. Ante lo cual la heredera contestó: “Sí, de hecho así fue”. Dos semanas después, Bronfman, buscando reducir su sentencia, se declararía culpable, diciendo que estaba francamente arrepentida. A la fecha, sigue encabezando el consejo de NXIVM, y parece haber tomado el bastón de mando de Vanguardia en todo lo relativo a lo que queda de esa empresa.

The free sample has ended.

$7.29

Genres and tags

Age restriction:
0+
Release date on Litres:
29 January 2026
Volume:
163 p. 23 illustrations
ISBN:
9786078564484
Publishers:
Copyright Holder::
Bookwire
Download format:

Similar books