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NAVEGANDO EN PATÍN A VELA

Sin orza ni timón, la navegación más deportiva

Ricard Pedreira

COORDINADOR

Gerard Esteva

Ana Pujol, Ramón Huertas, Joost Depoorter,Joan Comajuncosa, Jaume Llobet y Manuel Pedreira

Ilustraciones de

Manuel Pedreira


Director de colección Náutica y Vela: Jordi Renom Pinsach

Coordinador: Ricard Pedreira

Ilustraciones: Manuel Pedreira

Diseño cubierta: David Carretero

© 2007, Ricard Pedreira

Gerard Esteva, Ana Pujol

Ramón Huertas, Joost Depoorter

Joan Comajuncosa, Jaume Llobet

Manuel Pedreira

Editorial Paidotribo

http://www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición:

ISBN: 978-84-8019-935-3

ISBN EPUB: 978-84-9910-885-8

Fotocomposición: Editor Service, S.L.

Diagonal, 299 – 08013 Barcelona

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO QUÉ ES EL PATÍN A VELA, por Gerard Esteva

El patín júnior

Construcción artesanal

La ADIPAV

Los patInaires y sus clubes

CAPÍTULO 2 APRENDIENDO A NAVEGAR EN PATÍN, por Ricard Pedreira

En la playa

Montar el palo

La escota

Montaje de la vela

Arrugas

Maniobras

Cambio de dirección

Virada por proa o por avante

Navegar de través

Navegando al largo

Deteniendo el patín

Navegar de popa

Virada por popa o trasluchada

Ciñendo otra vez

Seguridad

De dónde viene el viento

Aparejando

¡Al agua!

Navegando a barlovento

Virada por proa o por avante, a dúo

Virada por popa o trasluchada, a dúo.

Levantar un patín medio volcado

Patín en «chocolatera» o quillas al sol

Remolque en el agua

Vuelta a la playa

Navegando solo

Viradas sucesivas

Volcando solo

CAPÍTULO 3 Y DESPUÉS LA REGATA: ESTRATEGIA Y TÁCTICA, por Ana Pujol

La salida

La ceñida

Aproximación a la baliza

Montar la baliza de barlovento

Maniobras después de haber montado la baliza

El largo

Aproximación a la baliza de trasluchar

La popa

Aproximación a la baliza de sotavento

La llegada

Últimas consideraciones

Preparación del barco y del equipo

Reconocimiento del terreno

Moral del navegante

Entrenamiento

CAPÍTULO 4 LA CONSTRUCCIÓN DE MADERA, por Ramón Huertas

La construcción del patín a vela

La madera

El molde

Los flotadores

Montaje del flotador

Cubierta

La vaca

Preparando la fase de pintura

El peso es importante

Las bancadas

Desagües de proa o tapones.

El palo y la jarcia

La barra de escota

El montaje del patín

Barnizado

Taller de construcción

CAPÍTULO 5 LA VELA DEL PATÍN, por Joost Depoorter

Teoría de la vela

Construcción de una vela.

Trimado de las velas.

Herramientas para visualizar las velas y su trimado

Herramientas para trimar la vela

Trimado de las velas en ceñida

Viento flojo

Viento medio y mar plana.

Viento medio y mar formada

Viento fuerte

Trimado de las velas en través

Trimado de las velas en largos y empopadas

En general.

Tejidos, cortes.

Acabados de los tejidos

¿Qué tejido usar?

Consejos para el mantenimiento y cuidado de las velas

Plegar y guardar las velas

Lavado de las velas

Reparaciones

CAPÍTULO 6 UN POCO DE HISTORIA, por Joan Comajuncosa

La singular historia del patín a vela

El patín y la vela

El patín a vela y las regatas

La creación del monotipo

Patín en serie. Evolucion del monotipo

Patín a vela, emociones, recuerdos.

1945

Acta de creacion de la ADIPAV: 1951

Salidas de playa

Salidas de flota, en el mar

D. Carlos Pena Cardenal

Los secretos del patín

Guido Depoorter. Patrón y fecundo apóstol del patín a vela

Promociones y difusión

El monumento al patín a vela

1951-1990. Ligeras correcciones de construcción

Los planos definitivos del patín

El nacimiento del patín júnior

El abandono de la madera en la vela ligera

El patín de 1976 a nuestros días

Patín de fibra, nuevo intento

Admiración, curiosidad, respecto, pero

Antoni Soler, constructor

El patín en Andalucía

El patín catalán, auténticamente español

Clubes con bases de patines a vela en Cataluña

Miembros de Honor

CAPÍTULO 7 REGLAS DE LA CLASE PATÍN A VELA, por Jaume Llobet

Un poco de historia de las reglas

2004: nueva adaptación

Dos normativas

El tiempo

Algunas reglas más

El reglamento de construcción

El mástil

La vela

Los materiales

La seguridad

La publicidad

El constructor

La homologación del fabricante

Algunas conclusiones

CAPÍTULO 8 ESCUELA DE PATÍN, por Manuel Pedreira

¿Por qué una escuela de patín a vela?

Recursos materiales

Recursos humanos.

Metodología de la enseñanza

Logística

Estudio económico-financiero

ANEXO A. Inventario de productos náuticos aplicables al patín a vela

ANEXO B. Inventario de sectores de público potencial

ANEXO C. Centro de navegación

ANEXO D. Elaboracion de un plan anual de actividad

LOS AUTORES

AGRADECIMIENTOS

Introducción

Este libro nació de un encargo y del amor de unos patinistas por su embarcación.

La editorial Paidotribo tuvo la sana idea de llevar a cabo este libro. Gracias.

La propuesta ha estado en la mente de muchos navegantes desde el libro clásico de Guido Depoorter, de 1974, el único libro hasta ahora sobre el patín a vela.

Había que escribir un nuevo libro. Diversos intentos, bienintencionados, ha habido para escribir el libro…

¿Podía escribirlo yo solo? Quizás… Imposible. Pensé que debía ser un libro coral. Entre todos. Entre algunos. La clase Patín es una clase de amigos. Hay muchos que saben mucho. Pero escribir… ya es otra cosa.

Llamé a un grupo de especialistas. Los convencí, nos convencimos, uno a uno. Hubo algún abandono que fue sustituido.

Podíamos hacer el libro, pensé. Lo propuse así a la editorial y acogió la idea encantada.

La clase y su asociación, la ADIPAV, también aceptaron la idea encantados. ¡Todos estaban encantados!

AHORA, HABÍA QUE HACERLO: Textos, esquemas, fotos…

Para el público. El más amplio posible. El patín debía ser conocido por sus entusiastas, por los demás navegantes y por el público en general. ¿Por qué no? Es un barco espléndido. Una joya.

Manos a la obra. Y aquí está.

Hecho a ocho manos y con el apoyo de algunas más.

Espero que lo disfrutéis.

Ricard Pedreira

CAPÍTULO 1
Qué es el patín a vela

Gerard Esteva

El patín a vela es la embarcación del Mediterráneo. El patín a vela es una embarcación nacida del ingenio de los navegantes y no solo de técnicos náuticos; esto lo hace maravilloso, ya que es fruto de la imaginación y del saber popular.

Nacido en las aguas de Barcelona, es un catamarán, de más de cinco metros de eslora, con cinco bancadas que unen los dos flotadores en forma de cuchillo.

No tiene timón, ni orza, ni botavara y el mástil es de aluminio.


Figura 1.1. Patín a vela navegando con viento fresco.

Tiene una superficie vélica de más de 12 m2.

El patín a vela es la embarcación actual de vela de competición más antigua del Mediterráneo. Nacido en los años veinte, fue evolucionando hasta el año 1941, donde una regata entre los distintos prototipos existentes de la época, hecha en la costa del Garraf, en Barcelona, hizo que el modelo de patín que ganara aquella prueba fuese el que se fabricase.

Ganó el prototipo de los hermanos Monje y desde entonces el patín continúa fabricándose con las mismas líneas de agua y diseño.

Los únicos elementos que han evolucionado substancialmente son el palo y la vela; el palo, que era de madera en los años ochenta, pasó a ser de aluminio; las velas, antaño de algodón, ahora de Dacron1, han experimentado su evolución, pero siempre dentro de unas cotas muy limitadas, impuestas por la reglamentación correspondiente.

El éxito de cualquier clase, desde mi punto de vista, es la igualdad de sus embarcaciones. El mérito debe corresponder al navegante, no a la embarcación; por ello la clase patín a vela siempre ha procurado mantener la máxima igualdad en sus materiales.

Velocidad, situaciones extremas, virajes rápidos y contacto con el mar al límite son las sensaciones que transmite a sus navegantes. Es vela en estado puro, es el patín a vela, un barco histórico, apasionante, que requiere un patrón ágil y reflexivo a la vez. Como carece de timón, gobernar esta embarcación se convierte en un juego sencillo e intuitivo.

El patín nació en las playas de Barcelona y Badalona en los años veinte. Primero fueron dos flotadores y un remo; luego a los socios del Club Natación Barcelona se les ocurrió añadir al invento una vela latina. Así nacía el patín a vela, y junto a este catamarán nacía también una nueva manera de disfrutar el mar y la navegación en estado puro.

La embarcación se fue extendiendo por todo el litoral catalán y pronto se empezaron a organizar las primeras competiciones. Hoy, sólo en Cataluña, la flota de patín a vela asciende a las 1.500 unidades, si bien las que participan habitualmente en las regatas son un centenar.

La mayoría de patinaires navegan sin el afán de competir, sólo por el placer de navegar en un barco rápido, emocionante, relativamente barato y fácil de aparejar. La mayoría de los regatistas de esta clase se concentran en Cataluña, pero los que disfrutan de este competitivo invento no hablan sólo la lengua de Ramón Llull.

También hay flota en Andalucía, así como en Valencia y Baleares. Fuera de nuestras fronteras se navega en Bélgica, Holanda, Alemania y Francia. Una vez al año, todos los patinaires se dan cita para competir en la Copa de Europa, que organiza la ADIPAV2, que tiene su sede en Barcelona.


Figura 1.2. Patín en La Rochelle (Francia).

El patín es un barco ligero, de menos de 100 kg y de gran superficie vélica, con dos cascos de 5,60 metros de eslora, como se ha dicho, unidos por cinco bancadas. No hay botavara, ni orza, pero lo más característico es que carece también de timón; el gobierno y la maniobra de este catamarán es una cuestión de peso.

Desplazar el cuerpo, jugar con el ángulo de la vela y meter pies y manos en el agua son recursos que se utilizan para cambiar de rumbo.

En el patín a vela, el patrón se convierte en parte del barco; para ello se necesita sobre todo agilidad, aunque algunos patinaires tienen más de 70 años.

La afición que ha conseguido esta clase se explica por su simplicidad; aunque depurar la técnica es difícil, empezar a navegar en él es fácil.

Cada fin de semana se ven así decenas de patines en las playas catalanas, patines que pueden navegar en condiciones meteorológicas de todo tipo, con brisas suaves y mar plana o con vientos fuertes y grandes olas, ya que la forma del casco facilita su penetración sin perder la velocidad.

El patín júnior

También los niños navegan en este barco; de hecho hay regatas específicas para el patín júnior. Técnicamente es exacto al sénior aunque tiene dimensiones inferiores: una eslora de 3,98 m, una vela de 6,79 m2 y un peso de 60 kg.

Cuenta con cuatro bancadas y también tiene posibilidad de mover el mástil, con muchas posibilidades de trimado.

Es recomendable para navegantes a partir de 8 años, y aprender a manejarlo no es más difícil que con cualquier otra embarcación infantil.


Figura 1.3. Patín júnior a todo gas.

Hoy día, en que la vela ligera está siendo relegada a los puertos deportivos, el júnior tiene la ventaja de ser una embarcación de playa, ámbito mucho más natural y sano para los chicos y chicas que apuestan por esta clase. Además, al ser un catamarán y no tener ni orza ni timón, está a salvo de complicaciones y roturas al entrar y salir a la mar.

Navegar con él es divertido, sencillo y muy seguro. Al mismo tiempo es rápido y dinámico.

También es un excelente medio para iniciarse en la competición. Debido a sus características técnicas, enseña a los jóvenes patrones a ser más intuitivos, y al no tener timón, estos desarrollan la habilidad de dirigir el barco mediante el juego del peso del cuerpo.

La clase júnior está reconocida por la Federación Española de Vela y en este momento cuenta con regatistas de entre 9 y 17 años, que sin duda serán los futuros campeones de la disciplina sénior.

Existe un amplio calendario de regatas, que incluye un Campeonato de Cataluña y, desde el año 2006, un Campeonato de España.

Los patines nacieron como pasatiempos. En las playas de la Barceloneta, en Barcelona, no había ni normas, ni reglamento, pero ya en los años cuarenta fue homologado y reconocido por la RFEV (Real Federación Española de Vela) como embarcación de serie; de esta forma el patín catalán puede enorgullecerse de ser la clase más antigua de vela de España.

Construcción artesanal

A pesar de que se han fabricado en fibra de vidrio, los patines a vela mantienen su construcción artesanal, con maderas nobles y preciosas; construir un patín nuevo es un proceso lento y laborioso, pero conservar la madera en la construcción permite evitar la guerra de materiales que ha llevado a otras clases de vela ligera prácticamente a su desaparición. Navegar en patín aún resulta relativamente económico; un patín completo nuevo cuesta unos 6.000 euros del año 2006; además su vida es larga, hasta 30 años o más, por ello el mercado de segunda mano es también importante. Las elegantes formas del patín, las maderas nobles del casco y su peculiar forma de gobierno constituyen todo un espectáculo digno de ser visto.

Los campeonatos reúnen a decenas de estos catamaranes tanto en nuestro país como en el extranjero, donde son especialmente admirados los barcos de madera y más aún si están deportivamente en activo.

Durante todo el año se organizan regatas. El patín es un barco que navega todo el año, especialmente en Cataluña, pero también en Andalucía y Valencia.


Figura 1.4. Salida de regata.

Decenas y decenas de regatistas de todas las edades se han «enganchado» a una clase en la que las sensaciones de la vela se sienten en estado puro.

La ADIPAV

La Asociación Deportiva Internacional de Propietarios de Patines a Vela es la institución que reúne y representa a todos los patinaires del mundo.

Tiene más de 3.000 patines censados, muchos de ellos federados oficialmente y repartidos por más de 6 comunidades.

Actualmente, en 2006, tiene su sede en Barcelona, cuna del patín, en la Casa del Mar, donde desarrolla toda la actividad organizativa.

La ADIPAV es la encargada, entre otros muchos cometidos, de promocionar el patín; principalmente actúa en el ámbito europeo, pero también se han hecho promociones en otros lugares del mundo, llegando hasta Nueva Zelanda, para mostrar esta fantástica embarcación en ese país pionero y de referencia en el mundo de la vela internacional.

La Asociación tiene la función de reglamentar la parte técnica de la embarcación, así como fijar las normas de clase y las particularidades normativas de la competición.

La ADIPAV tiene su propio comité para interpretar y presentar las modificaciones que cree oportunas respeto a su reglamento.

En el patín a vela, deciden los mismos que navegan, es decir, los patinaires; cualquier modificación del reglamento debe pasar a votación y aprobarse por mayoría absoluta de los presentes.

La ADIPAV está dirigida por una junta directiva formada por representantes de las distintas flotas existentes en el mundo.

Se elige el presidente y éste elige su junta formada por un tesorero, un secretario y los vocales que son representantes de las flotas.

Como la ADIPAV goza de un presupuesto limitado, tiene firmados convenios con diversas instituciones, con el fin de poder desarrollar su labor.

Entre otros, el convenio con el Museo Marítimo de Barcelona (MMB) permite que el Santa Eulalia, una embarcación clásica de 46 metros de eslora, acompañe a la flota en algunas regatas, con el fin de poder llevar invitados para ver la regata de cerca y convertirse así, por unos días, en el buque insignia de la clase.

La historia del patín tiene casi 100 años; las peripecias que han ocurrido y la cantidad de personas que han pasado por él permiten que las vivencias que se puedan contar sean infinitas.

Abuelos, padres, hijos y nietos forman más de cuatro generaciones vinculadas al patín a vela.

El MMB, con la colaboración de la ADIPAV, organiza una exposición sobre el patín y su historia, con una extensión total de más de 500 m2.

El convenio firmado con la Fira Internacional de Barcelona permite ocupar cada año gratuitamente un stand para exponer nuestra embarcación y convertirse así en un escaparate internacional, para dar a conocer el patín a vela a todo el mundo.

Convenios firmados con las universidades permiten hacer promociones en las mismas y poder disponer de alumnos en prácticas, para llevar a cabo tareas administrativas, de protocolo y otras, ya utilizados en algunos actos de la ADIPAV.

La junta de la ADIPAV está compuesta por jóvenes y por gente experimentada, que dan una perspectiva propia a la organización y los proyectos. Fija sus objetivos en promocionar la clase básicamente; el impulso de la Copa de Europa, implantada hace pocos años, es uno de los logros importantes, que sirve para reunir la flota europea, medir el nivel y conquistar otras playas y territorios para instaurar el patín.

Hay otras actividades de promoción más lúdicas, como por ejemplo las travesías, donde se reúnen los patines y se navega por costas desconocidas.

La travesía por la isla de Menorca, una semana dando la vuelta a la isla, con el apoyo del buque Santa Eulalia anteriormente citado, es un buen y espectacular ejemplo. Este tipo de actividades, además del atractivo de participar en ellas, atraen a los medios de comunicación y permiten dar repercusión al evento y dar a conocer más nuestra embarcación al público en general.

La Escuela de Vela de la ADIPAV es otro proyecto en marcha que presta servicio a aquellos clubes que quieren hacer cursos de patín, pero que no disponen de los medios técnicos y humanos suficientes. Es la forma de alimentar la clase en cuanto a nuevos aficionados y nuevos miembros activos.

La ADIPAV es una de las instituciones náuticas más antiguas del Estado español. Fue fundada en los años cuarenta por Carles Pena, un navegante de patín, que fue más de 40 años secretario del Club Náutico de Barcelona. Esto muestra una vez más la solera de la embarcación.

El patín tiene mucho arraigo en la cultura popular; en pueblos y ciudades de toda la geografía catalana es conocido el patín catalán.

El patín a vela es una de las pocas embarcaciones que tiene un monumento dedicado. En la ciudad de Barcelona una escultura de más de 4 metros da la bienvenida a los marineros en el puerto.

El Ayuntamiento de Barcelona ha declarado el patín a vela como embarcación genuina de la ciudad, y dentro de sus presentes protocolarios, una reproducción a escala de un patín a vela en plata muestra hasta qué punto nuestra embarcación está vinculada con el territorio que la vio nacer.

El patín a vela tiene como distintivo un pez espada que identifica a todos aquellos que navegan en patín.

Todos los patines llevan en la vela el logotipo indicado, y la clase distingue a sus navegantes y personajes más emblemáticos con esta insignia en plata y oro.

Su simbología es una mezcla de pez espada y delfín; es la velocidad, la integración absoluta en el mar y el dinamismo, características supremas del patín a vela.


Figura 1.5. El emblema distintivo de la clase Patín.

Los patinaires y sus clubes

La gente que navega en patín a vela es un grupo con un potencial humano muy grande; entre ellos hay gente de todo tipo y condición, hecho que hace más especial la clase, por ser crisol de opiniones y de culturas.

Aun siendo una embarcación muy ágil, el patín permite navegar en él a jóvenes de 15 años y a personas de edad avanzada, «de 7 a 77 años», se dice en la clase. Y es así, desde los niños con el patín júnior, pasando por los jóvenes, los mayores y los veteranos. Es una de las pocas clases que permiten navegar toda la vida.

Los clubes que agrupan los patinaires son en su mayoría clubes de playa, en los cuales lo importante no es la vida social típica, sino disfrutar del mar y la playa de una forma deportiva y dinámica.

Aunque muchos clubes son de verano, cada vez más se está imponiendo el navegar en invierno; por ejemplo, hay clubes como el Natación Barcelona en los que hace más de 40 años que se navega todo el año en regatas cada martes, jueves y domingos. Otros le han seguido los pasos, como el Club Náutico de El Masnou o el de Sitges, que también tienen regatas entre semana, por citar algunos ejemplos.

El hecho de poder navegar entre semana, todo el año, es maravilloso; poca gente puede disfrutar del deporte náutico entre semana.

Después de la regata, todos los participantes que disponen de tiempo se reúnen a comer y discutir la regata y las mil historias que han ocurrido en ella.

Las relaciones de amistad que se establecen en la flota son realmente admirables; personas de procedencia diversa se agrupan para compartir su afición: la de navegar en patín a vela.

Gracias a los patines a vela y su larga historia, existen hoy en día clubes náuticos de playa en primera línea de mar, cosa impensable en algunos lugares. Pero como el patín es una embarcación de playa, los módulos iniciales que al principio servían sólo para cambiarse y guardar los mínimos pertrechos poco a poco se han ido haciendo más grandes hasta convertirse, en determinados casos, en clubes náuticos. Por este hecho, algunos están situados en los mejores puntos de los pueblos o las ciudades. Por ejemplo, en Sitges (provincia de Barcelona), en un lugar privilegiado, pintado por cientos de pintores, justo debajo de la iglesia y en el centro del pueblo, se levanta el club náutico, que está formado por patines a vela, en su mayoría.

Los patinaires son una gente excepcional. Cuando empecé a navegar en patín, con 16 años, tenía por compañeros a «jóvenes» de 40, 50 y 60 años, como si fueran mis compañeros de colegio. Existe una gran fraternidad entre los navegantes y esto hace a esta clase muy particular.

Las grandes regatas son un encuentro de decenas de embarcaciones, a veces más de un centenar. Los clubes que las celebran muestran generalmente una excelente organización, acorde con la magnitud e importancia de estos eventos.


Figura 1.6. Salida de una regata de campeonato en Andalucía.

En estos últimos años hemos observado un cambio substancial en los navegantes de patín. El típico patinaire de antaño, con su vestimenta de trotamundos del mar, ha dejado paso al navegante deportista, que navega invierno y verano, en un mundo donde el deporte es una manera de mantenerse en forma, una pasión y un estilo de vida.

La clase Patín a vela es una clase abierta y con proyección de nivel internacional.

Yo invito a todo aquel que no conozca el fabuloso mundo del patín a que, aparte de leer este libro, se asome a los clubes náuticos de patín, pregunte y pruebe el patín a vela, ese barco maravilloso.

1Nombre comercial dado por DuPont a la fibra de poliéster.

2Asociación Deportiva Internacional de Propietarios de Patines a Vela.

CAPÍTULO 2
Aprendiendo a navegar en patín

Ricard Pedreira

En la playa

– Aquí tienes un patín – dice Ricardo a Manuel, su joven alumno.

– Qué grande…

– Mide más de 5 metros. Casi como una casa de dos pisos.

– ¿Y es de madera?


Figura 2.1. Patín sin vela.

– Sí, hoy la mayoría de patines son de madera, pero se fabrican también en plástico.

– ¿Y cómo se llaman estas piezas?

– Estas dos piezas que van de punta a punta se llaman flotadores.

– ¿Están vacíos?

– Sí. Tienen unos refuerzos por dentro, pero están vacíos para que flote.

– ¿Y estos tapones de la punta de delante?

– Estos tapones sirven para vaciarlos, si se llenaran de agua, por una grieta o un agujero.

– ¿Y los flotadores van unidos por estos cinco…?

– Bancadas, se llaman bancadas.

– Se ven fuertes.

– Son las que dan rigidez a la estructura. Están compuestas por capas de distintas maderas.

– Detrás hay una barra de metal brillante y una polea…

– Exactamente, la barra de escota.

– ¿Escota?

– Escota es la «cuerda» (en un barco hay muchas «cuerdas» y cabos). Todas tienen un nombre propio…

– ¿Para qué sirve?

– Para tensar, cazar la vela.

– Veo que lleva un palo de aluminio…

– Es el palo que servirá para subir la vela.

– Es muy largo…

– Exactamente, 6 metros y 80 centímetros.

– ¿Y cómo se monta?

Manuel y Ricardo se acercan al patín.

Montar el palo

– Vamos a montar el palo.

– ¿Se puede montar sin ayuda, una persona sola?

– Vamos a verlo. Primero hay que soltar todos los obenques…

– ¿Obenques?

– Son los cables que sujetarán el palo para mantenerlo erguido.

– Hay muchos…

– Hay tres pares: los de proa, los medios y los de atrás.

– Bien, vamos allá.

– Primero, con el palo todavía echado, hay que sujetar los obenques de delante a sus posiciones de enganche en la punta de los flotadores.

– Bien.

– Después hay que alzar el palo y colocar la cazoleta (o coz) de su base en esta bola o punto de sostén de metal, colocado en la primera bancada.

– Y se puede montar ya…

– El palo se mantiene erguido, apoyado hacia atrás, y así se pueden sujetar los demás obenques a sus enganches del medio (regletas) y de atrás.

– ¿Y ahora?

– Está preparado para recibir la vela y navegar.

– Si que es fácil…

– Y rápido. Es el barco más rápido de montar que conozco. Y he montado muchos.

La escota

– Primero la vela sobre el patín, con su grillete a la vista.

– ¿Grillete?

– Este pequeño aro de metal alargado, con su perno roscado. Ahora la escota.

– ¡Ah! – dice Manuel, admirado.

Ricardo desenrolla una flamante y gruesa escota roja y se la entrega a Manuel.

– ¿Yo… qué hago?

– Deja la punta que tiene una gaza, un ojal para entendernos, en la segunda bancada.

– ¡Hecho!

– Dirígete a la polea de atrás, en la barra de escota, y pasa la escota.

– ¡Claro!

– Ahora ve hasta la polea de la segunda bancada del patín y…

– ¡La paso!

– Que la polea suene cric-cric, al tirar.

– ¡Ya!

– Ahora un nudo.


Figura 2.2. Nudos de ocho, as de guía, cote y grillete.

– ¿Especial?

– Sí. Un nudo de ocho.

Montaje de la vela

– Vamos con la vela.

– Nueva.

– Para un patín nuevo…

– Proa al viento…

– Primero hay que envergar el puño de pena.

– Empezamos con nombres técnicos…

– Perdona.

– Envergar, pasar la vela por el carril del palo, esta ranura…

– Ya… y el puño de…

– Mira la parte más puntiaguda de la vela, con…

– Sí.


Figura 2.3. Puño de pena con la driza atada (nudo ballestrinque).

– … se llama puño de pena. Recibirá la driza para subir la vela por el palo.

– ¿Y la driza es…?

– … esta «cuerda» fina que sube hasta la punta del palo y mediante una polea permite subir la vela.

– Ya…

– Primero pasamos la vela por el carril del palo y atamos la driza…

– Hecho. Veo que has hecho otro nudo especial…

– Veo que te fijas. Uno de los que va mejor es el ballestrinque. Dos vueltas y… así.

– Luego practicamos…

– Es otro de los nudos que se utilizan en el patín… Luego veremos los demás.

– Tiramos de la driza, acompañando la vela y ésta va subiendo por el palo.

– Antes de subir más, es mejor sujetar ya la escota a su puño correspondiente, puño de escota. Es el de atrás, para entendernos. Lo sujetamos con su grillete. Así, cuando el viento haga flamear la vela, ésta ya estará sujeta a la escota.

– Y el grillete es…

– Lo hemos dicho ya… Este pequeño aro de metal que tiene un pasador en la punta.

– ¿Y aquella mordaza pequeña que está en la punta del palo? – dice mirando hacia arriba, tapándose los ojos con la mano por el sol.

– Procura que la driza quede bien sujeta… Si no bajará la vela y…

¿Comprendido?

Arrugas

– Caza la escota y mira la vela.

– Está arrugada…

– ¡Tira del flexor!

– ¿Flexor?

– Sí, el cabo que tira, flexiona, «flexa» el palo hacia delante, por el centro.

– Las arrugas se van, un poco…

– Tira de la relinga.

– ¿Está a su lado?


Figura 2.4. Flexor del palo.


Figura 2.5. El «piano» del patín.

– Para las arrugas cerca del palo… Desaparecen bastantes arrugas.

– Y ahora la cola de pato…Manuel rompe a reír: ¡Vaya nombre!

– Mira la base de la vela… Tira.

– Desaparecen todas las arrugas.

– Bien. Lo haces bastante bien.

Maniobras

– Habrás visto que hemos aparejado, montado, el patín proa al viento…

– Cara al viento.

– Exactamente. Para que la vela pueda subir y flamear, sin volcar el patín.


Figura 2.6. Patín escorado.

– ¿Y si lo hacemos al revés?

– Pruébalo… Manuel arrastra el patín hacia uno de los lados. El viento hincha la vela y está a punto de volcarlo. Manuel suelta la vela asustado.

– ¿Qué ha pasado?

– ¿Entiendes por qué hay que aparejar proa al viento?

– Comprendido.

– Ahora tira de la escota, suavemente… El flotador de barlovento, de donde viene el viento, se eleva un poco. ¿Te das cuen…? Los dos se ríen… – ¿Y el otro se llamará?

– ¡De sotavento!

– ¡Exacto!

– Domínalo. Más arriba, baja un poco… Así. Arriba, abajo… Ahora con el peso. Más afuera, más adentro. Lo dominas con el peso. Lo ¿ves?

– Sí… – dice Manuel un poco cohibido.

– Baja y descansa un poco. Manuel respira hondo.

Cambio de dirección

– Ahora vamos a hacer las principales maniobras aquí, en tierra, para que las aprendas sin sobresaltos.

– Preparado.

– Contra el viento no puedes navegar.

– ¡Claro!

– Por tanto situamos el patín a unos 45º del viento. Justo que la vela se hinche… Es la máxima dirección en que podremos navegar. La llamamos ceñida. Para recordarlo, nos «ceñimos» al viento… ¿Bien?

– Bien.

– Siéntate en la cuarta bancada, como si navegases. ¿Sensaciones?

– Navegando.

– ¿Y si ahora te sientas más atrás, qué pasa?

– Que el patín se hundirá…

– Por popa.

– Por atrás…

– Justo.

– ¿Y?

– La vela sube. El patín sube por delante con la vela y…

– El viento hace cambiar el patín de dirección.

– Se va del viento… Ricardo «ayuda al viento» para cambiar la dirección del patín.

– ¿Y si me siento más adelante? – dice Manuel.

– Se levanta la popa…

– ¿Y?

– Cambia de dirección… ahora hacia el viento.

– ¡Milagro!

– Bien, éste es el «milagro» del patín. Que navega sin timón. Sólo por desplazamiento del peso. Manuel se queda un rato pensativo.


Figura 2.7. Direcciones de navegación.

Virada por proa o por avante

– Ahora sin levantarte, avanza por la bancada hasta la proa (punta de delante). Arrastrando el culo, con perdón, hacia el palo. Sin soltar la escota. Bien… Ahora, levántate y anda… Y coge los obenques. No te vayas a caer.

Ricardo ayuda al viento, como hizo antes, hasta que la vela flamea y un poco más. El barco se aproa. Se pone con la nariz al viento.

– El barco se ha aproado y, por inercia, ha pasado el punto muerto. Proa al viento.

– ¿Y ahora qué? – dice aterrorizado Manuel, viendo que la vela se le viene encima.

– Ahora empuja la vela con la mano o mejor, te apoyas en ella con la espalda, haciendo fuerza para que el viento la hinche por el otro lado.


Figura 2.8. Virada por proa.

– Me caigo… Ricardo ayuda al viento…

– Y ahora vas a hacer unos pasos de ballet. Sigue empujando la vela y cruza por la segunda bancada hacia el otro flotador.

– ¿Sin dejar de empujar la vela?

– Claro. Cuando la dejas, el barco pierde su empuje y no se mueve.

– ¿Y ahora?

– Ve hacia atrás para sentarte otra vez en la cuarta bancada como estabas, pero en el otro flotador.

– ¡Y ya he dado la vuelta!

– Ya has virado, efectivamente, estás en la otra bordada. Manuel se baja del patín, con cara de incredulidad y confusión.

– ¿Qué pasa?

– ¡No es posible!

– ¿Qué?

– ¡Es fácil, fácil!

– Bien, es fácil, pero en el mar hay más cosas que te complicarán la vida, las olas, el equilibrio, el viento…

– Sí, pero es, es… Vuelve a «subir» al patín.

– Continuemos… – dice Ricardo – Lo que has… has hecho se llama virada… por proa o por avante.

Navegar de través

– Ahora vuelve a sentarte más atrás… Ricardo mueve el patín para que reciba el viento de costado.

– Afloja la vela, hasta que flamee… Así, justo, no la dejes flamear más. Sí, es la posición justa. Estás navegando del través. Así se corre más que en ceñida, bastante más. Casi se vuela, cuando hay viento…

– Bien. ¿Y si me tiro más atrás?

– Prueba.

Navegando al largo

Ricardo mueve el patín.

– Ahora, el viento por la aleta. La parte de atrás, casi de popa.

– Bien.

– Correrás un poco más. Cuando hay bastante viento es la posición más rápida, pero empieza a ser difícil de gobernar con tu nivel.

– ¿Y entonces?

– Cuando tengas un problema, suelta la vela.

– ¿Y qué pasa?

– ¿Qué pasa cuando el viento no empuja la vela?

– ¿Que el patín se para?

Deteniendo el patín

– Justo. Así se para un patín. Así pierde velocidad. Y si además te mueves hacia el palo, hacia proa, el patín se pone contra el viento y se detiene más deprisa.

– ¿Pero se detiene ya?

– No, lleva una inercia… que necesita cierto espacio y un determinado tiempo. Hay que tenerlo en cuenta.

– ¿Y si pongo los pies en el agua?

– Todavía mejor. Cuando hayas soltado la vela y estés en proa, siéntate y pon los pies en el agua. Pararás totalmente el patín. Hay quien, para hacerlo más rápido, se sumerje en el agua hasta la cintura. Y de paso toma un baño.

– Justo. Un baño.

– ¡Y si no, vuelcas el patín!

– ¿Volcar? – dice Manuel aterrado.

– Calma, calma. Lo verás en el mar.

– ¿Es la mejor manera de detenerlo?

– Sin duda… Manuel resopla.

Navegar de popa

– ¿Y si me siento todavía más atrás?

– Prueba…

– El Patín se pone de culo, con perdón, al viento. De popa al viento.

– ¿Y la vela? La debes poner perpendicular al patín, más o menos.

– Y voy más deprisa…

– No, vas más despacio.

– ¿Cómo?

– Sí, ahora el viento no se desliza por la vela, sino que «choca contra ella», para entenderlo mejor.

Ricardo ha puesto a fuerza de brazos el patín popa al viento.

– Vaya… ¿Y qué pasa ahora?

Virada por popa o trasluchada

– Si el patín pasa su punto muerto, como antes, pero ahora por popa…, la vela pasa de golpe… hay que bajar la cabeza. Y hay que acompañarla con la escota en la mano.


Figura 2.9. Patín lanzado a punto de llegar a la popa.

– Y hemos cambiado otra vez de dirección.

– La llamamos virada… por popa o trasluchada.

Ciñendo otra vez

– Ahora caza y siéntate otra vez hacia delante.

– ¿Caza?

– Cazar es tirar de la escota, recuerdas, en una sola palabra, que es más corto y más sonoro.

– ¿Cazo más?

– Más… Más… Todo lo que puedas y siéntate en la tercera bancada, hacia delante… Ricardo hace girar el patín otra vez, hasta posición de ceñida.

– Ahora estoy ciñendo…

– Aprendes rápido.

– ¿Y si aflojo la escota?

– Amollas. Amollar, cazar y amollar…

– Ceñir y…

– Ceñir y abatir (irse hacia el viento e irse del viento).

– Cuatro palabrejas… Bien.

– Hemos terminado. Mañana, al agua, temprano, cuando el viento está suave y podrás practicar…

– ¿Ahora no?

– Mañana. Piensa un poco en lo que hemos hecho, que mañana será un día… El día…

Seguridad

– Buenos días…

– Buenas…

– Primero a vestirse bien. Hace un poco de fresco y el frío entra sin pensar… Y sobre todo, quita las ganas de navegar… Aquí tienes un traje de goma completo. Para mí, también. Si hace calor, luego nos lo sacaremos…

– Uff… uff… Es estrecho…

– Como un guante… Como una segunda piel… Y en los pies… Zapatillas de goma. Seguridad contra el frío. Y ahora, el chaleco salvavidas…

– Salvavidas…

– Es mejor prevenir… Si la navegada fuese larga, habría que llevar guantes, gorro, gafas y crema para el sol. Si no, por la tarde, una insolación… está asegurada.

– El patín es una droga… blanda, pero droga.

– Bien, ahora coge tu vela y a navegar…

– ¿Y qué más?

– Nada más. La vela y nada más…

De dónde viene el viento

Son las diez de la mañana. Empieza a soplar una brisa suave.

– Primero, el patín proa al viento y cerca del rompiente. Coge el patín por proa. Yo por popa. ¡Espalda recta! ¡Siempre! ¡Te juegas los riñones!

Llevan el patín cerca de la orilla.

– ¿De dónde viene el viento?

– No noto nada.

– ¡Fíjate!

– Nada…

– Mueve tu cara. ¿Dónde está más fría?

– Por aquí…

– Gira hasta que te dé por los dos lados.

– Ahora.

– Tu nariz te indica de dónde viene el viento. Manuel rompe a reír a carcajadas.

– Buen sistema…

– Y si además se ve el humo de algún barco o algún velero navegando, puedes confirmarlo.

– La nariz al viento…

Aparejando

– El patín proa al viento.

– Para subir las velas fácilmente…

– Aprendes deprisa.

– Puño de escota en su carril… Nudo ballestrinque… ¿Te acuerdas?

– Sí…

– ¡Y vela arriba! Pero antes…

– Antes hay que sujetar el grillete del puño de escota, para que ya esté atado. Y bien atado…

– Aprendes deprisa.

– Soy un as.


Figura 2.10. Driza atada al enganche del palo.

– Arriba la vela. Hay que atar la driza a estos enganches que tiene el palo. Otro nudo…

– Vuelta y vuelta…

– ¿Y ahora?

– Vuelta y apretar.

– Dicho marinero para no olvidar.

– Bien.

¡Al agua!

– Mira el rompiente.

– Vienen olas…

– Generalmente van de tres en tres… o cuatro. Cuando haya pasado la última, empuja el patín conmigo y sube por barlovento…

– ¿Barlo… qué?

– Barlovento, por donde viene el viento. ¿Recuerdas? Sotavento…

– ¿Por donde se va?

– Bien. Cerca de la tercera bancada, yo me situaré en la cuarta. Los dos muy cerca. Como un solo peso. Así habrá que moverse juntos mientras naveguemos juntos. Una ola… Dos… Tercera… ¡Empuja!

– ¡Voy!

Manuel salta sobre el patín. La ola rompiente salpica a los dos y los deja calados.

– ¡Uf! La primera ducha. Para empezar…

Navegando a barlovento

– Vamos a ceñir un poco… hacia barlovento. Hacia donde viene el viento. Si hay algún percance, el viento mismo nos devolverá al punto de partida.

– Elemental…

– Los dos juntos entre la tercera y la cuarta bancada. Toma tú la escota…

– ¿Yo?

– Sí, tú, valiente… ¿Miedo ahora?

– ¿Miedo yo? Silencio. Manuel aguanta la respiración. Sólo se escuchan los flotadores cortar el agua.

– Lo haces muy bien…

– Estoy temblando…

– Lo haces bien.

– Ahora nos sentamos los dos, más atrás… ¿Qué pasa?

– Que el Patín cambia de rumbo… Se va del viento. Arriba.

– Aprendes deprisa. Sentémonos más adelante.

– ¿Qué pasa?

– Que el Patín… Orza. Se va hacia el viento…

– Bien, bien, bien.


Figura 2.11. Arribar (2) y orzar (4).

Virada por proa o por avante, a dúo

– Ahora el ballet, recuerdas… ¿A dos?

– «Pas a deux».

– Vamos avanzando por la bancada, arrastrando el c…

– Sin perder la velocidad… No aflojes la escota… Los dos juntos… Un solo peso. Si no, no funciona. Debemos ser uno… Y nos levantamos…

– ¡Juntos! – Ricardo sube la voz. Manuel salta como un resorte.

– Pasamos por la segunda bancada… Y volvemos hacia atrás, empujando la vela con la mano… Y ya hemos virado… Manuel mira a Ricardo con la mirada perdida.

– No entiendo lo que ha pasado – dice desconcertado.

– ¿Dónde estamos?

– Hemos virado…

– Estamos en la otra bordada… Del otro costado.

– Claro. – Mira, incrédulo aún…

Virada por popa o trasluchada, a dúo

– Ahora hacia atrás, los dos, más, más… El patín «se va» del viento.

– ¿Abate? Abate… Abate… Que nombrecito…

– Suelta más la escota, ya estamos casi de popa al viento…

– ¿Y ahora?

– Pon un pie en el agua… o una mano.

– ¿Un pie? ¿Para frenar?

– Para frenar el patín por este lado… ¡Baja la cabeza!

– ¿La cabeza? La vela pasa de golpe.

– ¿Qué ha pasado?

– La vela. Recuerda en la playa… Manuel piensa…

– Que hemos pasado el punto muerto…

– ¡Y estamos del otro lado!

– ¡Hemos trasluchado!

– El barco casi vuelca con el empujón.

– Sí, hay que estar al tanto y compensar con el peso… Valga la redundancia. Si hace poco viento, ayuda a pasar la vela con la mano.

– ¿Y ahora?

– Siéntate más adelante. Junto a mí.

– ¿Volvemos a ceñir?

– Volvemos a ceñir.

Levantar un patín medio volcado

– ¡Ahora vamos a volcar el patín! Manuel se queda aterrorizado.

– ¿Sabes nadar?

– Sí.

– ¿Llevas el chaleco?

– Sí… – dice con un hilo de voz.

– ¿Y estamos cerca de la playa?

– Bien – asiente Manuel. Se van a proa los dos. El patín se detiene con la suave brisa, que ya empieza a refrescar.

– ¡Tírate al agua!

– ¿Yo?

– ¿Quién? Se miran.

Manuel se tira.

Ricardo se va hacia el obenque medio y tira de él con todo su peso. Que es bastante.

El patín oscila y termina por volcar. Ricardo, hábilmente no permite que el palo del patín se hunda. Queda medio echado en el agua. Pasa al patín que reposa en el agua y se queda allí, de pie. Y se ríe.

– ¿Ves?Ricardo tira de la escota, que no ha soltado, hasta que el nudo hace tope y el patín vuelve a su posición inicial.

– Bravo – dice Manuel, un poco asustado.


Figura 2.12. Patín medio volcado.

Patín en «chocolatera» o quillas al sol

– ¡Otra vez! Ricardo repite la operación hasta que el palo se va hacia el fondo y el patín queda con los flotadores al aire.

– ¡Sube!

– ¿Yo?

– ¿Quién si no? Manuel sube en el patín volcado.

– Se está bien aquí…

– En caso de problemas, no lo abandones. Nunca. Te explico. Ahora hay que desvolcarlo… con la misma escota.

– Bien… Ricardo a través del agua saca la escota de la polea, dentro del agua y por uno de los costados, y la ata a la base del obenque medio del flotador de barlovento.

– Subiremos al otro, al flotador de sotavento.

– ¿Subiremos?

– Cuida de dejar unos 3 metros libres para tirar… un nudo sencillo basta… un cote…

– ¿Ahora subo?

– Te ayudo… Haciendo equilibrios… Claro que sí…

– Quién dijo miedo…

– Ahora con la escota… Cuélgate, deja caer todo tu peso… Y el mío… Te ayudo. La bancada de sotavento, en la que están de pie Manuel y Ricardo, comienza a hundirse y la otra empieza a levantarse.

– ¿Lo ves?

– Sí… – dice aterrorizado Manuel, viendo que la bancada contraria se le viene encima.

– Sigue tirando, tirando, suave…

– Que viene… Que viene…

– Ahora hay que separarse, dejar que el patín caiga al agua y sujetarlo por la proa, para que el viento haga flamear la vela… Ambos suben trabajosamente encima del patín, mojados pero contentos.

Manuel mira a Ricardo.

– Es… fácil…

– Es fácil. Hay que recordar los pasos, pero así estarás seguro en el agua. Siempre. Puedes volcar y… no pasa nada.

– Nada, nada… – dice Manuel todavía un poco tocado y mojado.

Remolque en el agua

– Ahora un apunte de seguridad – dice Ricardo –. Si han de venir a buscarte para remolcar, desata la escota de las poleas y de la vela, y ata un extremo a la primera bancada. El otro extremo dáselo al remolcador. Tu siéntate atrás y déjate llevar. Mañana lo probaremos con la lancha…

– Bien.

– Otro ejercicio. Vete, vamos los dos al palo y caza la escota.

– Estamos proa al viento.

– Déjate llevar sin hacer nada.

– Estoy navegando… hacia atrás.

– Estás ciando. Con olas y viento perpendicular a la playa podrás entrar sin sobresaltos.

– ¡Qué bien! – dice incrédulo Manuel.

Vuelta a la playa

– Volvamos…

– ¿A la playa?

– Fíjate en las olas otra vez… Las tres marías… o cuatro, no te fíes.

– Déjalas pasar. Detén el patín si hace falta. ¡Adelante, tú solo! Manuel deja pasar las tres olas y caza la vela. El patín arranca.

– Mantén el patín perpendicular a las olas…

– ¿Cómo lo hago? – grita con cara de velocidad.

– Pon un pie en el agua a uno u otro lado para maniobrar el patín. Manuel pone un pie en el agua. Ricardo compensa con su cuerpo.

– ¡Tierra! Hemos llegado.

– Como dijo Rodrigo de Triana al llegar a América.

– ¿Y besó la tierra?

– No lo sé…

– Ha sido… emocionante.

– Mañana, tú solo. Se miran sonrientes. El viento sigue soplando.

Navegando solo

A la mañana siguiente…

– El patín proa al viento para subir las velas fácilmente. Puño de escota… Ballestrinque. Sujetar el grillete. ¡Arriba la vela!

– «Con un ballestrinque y un cote, no se escapa ningún bote».

– Siempre la misma rutina, para no olvidarse nada… ¡Tira del flexor! Tira de la relinga. Y la cola de pato… Hoy, tú solo. Yo te seguiré en la lancha.

Se miran.

– A mí no me mires. Mira el rompiente. Una ola… Dos… Tres… ¡Empuja!

Manuel salta sobre el patín. Una ola rompe y lo deja calado.

– A barlovento – grita Ricardo mientras corre hacia la lancha. Manuel ya está lejos. La lancha lo alcanza.

– ¡Vira, vira!

– ¿Qué?

– Ahora el ballet, recuerdas… Avanzando por la bancada, arrastrando el culo… con perdón. Y nos levantamos… Paso por la segunda bancada… Y vuelvo hacia atrás, empujando la vela con la mano… Manuel hace un saludo, con cara de felicidad.

– No está mal –le dice Ricardo–, pero has de empujar la vela todavía más. Virarás más deprisa. No hay que vacilar. Ahora hacia atrás. Siéntate hacia atrás… Más. Suelta más escota, estás popa al viento… La vela pasa de golpe.

– He pasado el punto muerto… ¡He trasluchado!

– Sí, pero hay que estar atento…

Viradas sucesivas

– Ahora hacia delante… Otra virada. ¡Rápido! Más adelante, más… Levántate, pasa de lado, aprieta la vela, hacia atrás… Sin pensar. Siéntate otra vez. Rápido, rápido, sin pensar… Ahora hacia atrás… Otra virada, por popa… Rápido. Más atrás, más… Pie en el agua, si hace falta, patalea… Que pase la vela, va… Ahora hacia delante… Has de hacer un ocho, navegando… un ocho…

Un ejercicio para mecanizar las viradas… Hoy hace poco viento… Bueno, detente…

Al cabo de unas vueltas, Manuel está como aturdido y queda inmóvil en el patín.

– ¿Todo va bien?

– Sí… Sí… Es que… El mar me da vueltas…

– Bien. Empiezas a saber… Ricardo se abarloa, se pone junto al patín, con la lancha y detiene el motor, proa al viento.

– Lo has hecho bien… bien…

Manuel sonríe, un poco incrédulo aún.

Volcando solo

– Ahora vamos a volcar el patín, tú solo, venga…

– ¿Yo?

– ¡Sí, tú, venga! Ricardo arranca el motor y se separa del patín.

– Venga, hacia delante, tira del obenque del centro, tira, tira, más…

– Uf, la mano… Uf, que va… Manuel cae al agua con el patín volcado.

– No pasa nada, llevas chaleco… Ahora sube al patín. ¿Recuerdas? Vigila manos y pies, hay tornillos y piezas punzantes… Manuel sube.

– La escota, sácala del agua por el costado. Ahora átala al obenque, a la base del obenque de barlovento… Venga. Ahora sube al flotador opuesto. ¡Arriba! Manuel sube haciendo equilibrios. Resbala y se zambulle en el agua.

– Primer intento. ¡Otra vez!

– Resbala… Sí…

– Sube otra vez. Venga, valiente… Manuel sube primero al patín y luego se encarama al flotador.

– Tira, tira…

El patín empieza a subir, a subir, a subir…

¡Chaf! Manuel cae el agua, esquivando el patín. Cuando sale a flote, resopla y grita de felicidad. Sube al patín y resopla otra vez.

– Bien, bien… Respira, respira… ¡Vuelve a coger la escota!

– Nos vamos – grita – nos vamos…

Y sale disparado, con los flotadores cortando el agua. Ha empezado a volar solo, piensa Ricardo.

A éste ya lo hemos perdido como alumno y lo hemos ganado como patinista. En fin…

CAPÍTULO 3
Y después la regata: estrategia y táctica

Ana Pujol

Una regata es una carrera y una carrera es algo que trata de hacerse con mayor rapidez que el resto de competidores. En el caso de los yates, la regata es una competición contra otros barcos generalmente idénticos.

Concretamente en las regatas de patín a vela, así como en el resto de regatas de barcos de vela, el único elemento propulsor es el viento y éste es variable, pero precisamente es la variación del viento, las condiciones del agua, tanto como la imaginación y pericia del patrón, conocimientos e intuición, lo que hacen que el deporte de la vela sea tan fascinante.

Todo buen deportista ha de poseer una serie de condiciones susceptibles de convertirlo en ganador. Nos encontramos pues ante un amplio espectro de cualidades físicas y psíquicas que combinándose harán que la tan preciada victoria sea una realidad.

El barón Pierre de Coubertin ya decía en su libro Pédagogie Sportive que las notas esenciales del deporte eran: «Iniciativa, perseverancia, intensidad, búsqueda del perfeccionamiento, menosprecio del peligro». Todas ellas constituyen virtudes humanísticas y sociales del deporte que deberemos tener siempre en consideración y que no conviene olvidar. Centrándonos en la psicología del regatista y de otros muchos deportistas, a estas notas esenciales del deporte nos atreveríamos a añadir las siguientes cualidades: sensibilidad, concentración, anticipación, confianza en sí mismo y en su embarcación, capacidad de sufrimiento y nobleza.

A todos estos valores psicológicos han de sumarse los conocimientos técnicos y tácticos que propiciarán el éxito en el resultado final.

Como conocimientos técnicos consideraremos: el conocimiento del comportamiento de la embarcación, su aparejo en diferentes condiciones de mar y de viento, conocimiento de la técnica del viento, influencia de la corriente,… todo ello, en definitiva, es lo que podríamos definir como el conocimiento de la técnica para que nuestra embarcación navegue con la máxima velocidad en todas las condiciones. Este capítulo queda ampliamente diseccionado en el manual escrito por Guido Depoorter,3 manual que constituye el resultado de las experiencias prácticas de su autor, quien nos explica cómo navegar en patín a vela de forma racional y eficaz y lo hace de una forma realmente pedagógica y con rigor, y provee al lector de los suficientes recursos y conocimientos como para poder navegar en patín a vela, conocimientos que sumados a la propia experiencia del patrón harán que consiga el objetivo propuesto: «máximo rendimiento de la propia embarcación».

Como conocimientos tácticos, podríamos enumerar infinidad de maniobras y de comportamientos simples o complejos, que pueden favorecer la superación de situaciones que nos encontramos a lo largo de una regata.

Las situaciones, como he dicho, pueden ser infinitas, desde un duelo mano a mano con otra embarcación, hasta una situación comprometida entre dos o más embarcaciones, de hallarnos en un tramo de recorrido o, por el contrario, en el pase de baliza, de encontrarnos frente a un día con viento franco y estable o a un día con viento de role y con cambios de intensidad, de soplar ventolina a soplar viento duro; todas estas variables las debemos tener en cuenta, y para ello conviene considerar los puntos siguientes:

 •El compás. Lo utilizaremos más que nada para comprobar los cambios locales de viento y quizá descubrir el ritmo de los cambios, en el que como veremos basaremos nuestros bordos.

 •El parte meteorológico. ¿Se espera que el viento medio cambie con el sol o contra el sol?…

 •El viento. ¿Hay nubes que podrían indicar cómo va a cambiar el viento? ¿Hay señales de virazón junto a la costa debido a influencias térmicas?…

 •La corriente. ¿De dónde viene la corriente? ¿Es más o menos intensa cerca o lejos de la costa? ¿Es más fuerte a uno u otro lado de la bordada de barlovento, quizá debido a diferencias de profundidad?…

Todos estos factores influyen en la toma de decisiones y naturalmente no hay una receta general. Además, si hubiera una fórmula mágica, las regatas perderían todo su atractivo.

El propósito de este capítulo es sólo dar algunas ideas de los puntos básicos a tener en cuenta para decidir y superar situaciones a lo largo de la regata, ideas que facilitarán la elección de soluciones satisfactorias con la finalidad de alcanzar el mejor resultado.

La salida4

En primer lugar debemos elaborar un «plan de salida» y este plan depende de varios factores, entre ellos:

 •¿Dónde? ¿En qué zona de la línea?….

 •¿Cómo? ¿Estaremos parados? ¿Nos acercaremos con velocidad?…

 •¿Qué bordo queremos mantener después de la salida?

Dentro de nuestro «plan de salida», hemos de considerar los momentos inmediatos antes y después de la señal de salida.

Cuando faltan 30 segundos para la señal de salida, deberíamos estar en el punto de aproximación final a dicha línea tal como habremos planeado, y una vez dada la señal de salida, es fundamental obtener viento limpio y con algo de espacio a sotavento, por si necesitamos dar máxima velocidad a nuestra embarcación.

Para conseguir todo ello, en primer lugar, tendremos que comprobar si hay un extremo de la línea de salida más favorable que otro.

Básicamente hay dos formas de comprobar el lado favorable:

 •Nos ponemos proa al viento y observamos el rumbo, y a continuación navegaremos a lo largo de la línea de salida, examinando también el rumbo en nuestro compás. En caso de que el ángulo entre la dirección del viento y nuestro rumbo sea menor de 90º, estaremos navegando hacia el extremo favorable de la línea de salida; en caso contrario, si el ángulo es mayor de 90º, estaremos navegando hacia el extremo desfavorable.

 •En caso de no llevar compás, nos pondremos proa viento a mitad de la línea de salida y la proa de nuestra embarcación se acercará hacia el extremo más favorecido (figuras 3.1.1 y 3.1.2).


Figura 3.1.1. Lado favorecido por la embarcación del Comité.

El lado de la línea de salida que corresponde a la embarcación del jurado estaría favorecido en 10º.

Es necesario matizar que un cambio de viento en el momento de la salida podría cambiar nuestra previsión de cuál es el extremo favorecido de la línea, y esto sólo podremos predecirlo si con anterioridad hemos observado cambios previos de viento.


Figura 3.1.2. Línea de salida con extremo favorecido.

Si hemos observado que el cambio de viento se produce a intervalos regulares, podemos suponer que el viento rolará de nuevo hacia la derecha una vez haya llegado al punto límite de la izquierda, y viceversa, y deberemos tenerlo en cuenta.

Ya hemos elegido el extremo de la línea de salida por el que queremos salir, si es que hemos detectado un lado favorecido.

Si no hay un extremo visiblemente favorecido, decidiremos nuestro punto de salida: ¿Por sotavento? ¿Por barlovento? ¿Por el centro?

En función de si elegimos una u otra zona, deberemos aplicar una estrategia u otra.

Diferentes puntos de salida amurados a estribor

1 a) El extremo de barlovento normalmente es el punto más seguro y que nos permitirá disfrutar de vientos libres y de poder virar de inmediato si lo deseamos una vez cruzada la línea de salida. El problema que presenta este punto es que normalmente es una zona de máxima concentración, y si no logramos la posición más favorable, es decir, conseguir ser la primera embarcación por barlovento, podemos encontrarnos con la dificultad de tener viento con turbulencias, provocado por los demás barcos que han conseguido estar a barlovento nuestro.

2 b) Si nuestra elección es el centro de la línea de salida, es fundamental observar que la fila de embarcaciones que se aproximan para salir normalmente se curva en el centro, y se separa de la línea. En este caso, podemos beneficiarnos de ello si tomamos la salida una eslora por delante de los demás hacia el centro de la línea, navegamos con velocidad en el momento de la señal fónica de salida y disfrutamos a la vez de viento libre.

3 c) Si nuestra elección es el extremo de sotavento, puede que sea la elección más arriesgada, ya que se trataría de una salida corriendo la línea, aunque si la realizamos correctamente, se tratará de una salida con cierta velocidad que obligará a frenar a los candidatos a salir por babor.

Salidas oportunistas que conllevan implícitamente un mayor riesgo

1 a) Mantenerse navegando a barlovento de la línea de salida y profundizar a toda velocidad, en los últimos momentos, sobre cualquier hueco existente.

2 b) Salidas amurados a babor, que a veces pueden tener éxitos espectaculares cuando se efectúan en el extremo de la baliza de babor.

En cualquier caso, para salir cómodamente es importante haber creado nuestro propio espacio para poder maniobrar en caso de que fuese necesario.

¿Cómo habremos creado nuestro propio espacio? Orzaremos un poco para obligar al barco que tengamos inmediatamente a barlovento nuestro a que haga lo propio y, a continuación, arribamos un poco para evitar que los barcos que están a sotavento establezcan un compromiso a poca distancia, y así sucesivamente, hasta llegar a la línea de salida. En caso de hacerlo correctamente, llegaremos con una posición que podríamos considerar buena y nos beneficiará de disponer de algo de espacio a ambos lados.

En consecuencia, habremos salido en el momento preciso por el lado favorable, con viento libre y con máxima velocidad, y nos dispondremos a iniciar la primera parte del recorrido que puede ser definitoria del transcurso posterior de la regata, y que se trata de navegación contra el viento o ceñida.

Pero antes me gustaría ilustrar un abanico de diferentes posiciones inmediatamente después de una salida y cómo deberían resolverse.


Figura 3.2. Posiciones inmediatamente después de la salida.

 •El barco A tiene que mantenerse apartado de los barcos B y C que se acercan amurados a estribor. Si arriba para pasar por popa, tendrá que pasar también por popa de H y terminará en el viento sucio de F.

 •El barco B está bien situado y tiene el viento libre. Podría tener dificultades si A virara a sotavento de él. Arribando ligeramente quizá podría tentar a A para que virase antes de tiempo. Si B consigue pasar entonces a A por barlovento después de que A haya virado, B puede seguir su rumbo; pero si B encuentra que A le desventa, no debe dudar en virar de inmediato.

 •La situación del barco C es casi desesperada. Podría intentar buscar viento limpio, bien arribando mucho o bien arribando primero y virando después para pasar a popa de H amurado a babor. Podría reducir pérdidas virando lo antes posible en lugar de estar mucho tiempo en la situación actual, en la cual quedará cada vez más atrás y puede incluso verse obligado a pasar a popa de I.

 •El barco D tiene el viento completamente limpio, y lo aprovechará mejor continuando amurado a estribor.

 •El barco E está siendo desventado por el barco D y su única solución es virar. Perderá mucho terreno si arriba y gobierna a un rumbo más abierto para buscar viento limpio.

 •El barco F sólo puede pedir espacio al barco G para pasar a popa de H, tras lo cual debe continuar amurado a babor a barlovento de G, siempre que no sea desventado. Más adelante, cuando se haya separado lo suficiente de H, puede virar y continuar amurado a estribor con viento libre.

 •El barco G tiene que ceder a F espacio para pasar a popa de H, y a continuación debe intentar puntear durante algún tiempo para forzar a F a virar.

 •El barco H hubiera hecho mejor en virar antes de aproximarse a G y a F. Corre ahora el riego de ser desventado por B y no puede virar porque G y H están empezando a aproximarse a él. Tiene por tanto que esperar y no virar hasta que no esté lo bastante lejos de F como para librar su viento sucio.

 •El barco I está cometiendo el error de virar muy cerca de H, y se meterá por tanto en su viento sucio. Habría hecho mucho mejor en continuar amurado a babor, porque tenía el viento totalmente limpio.

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23 October 2025
Volume:
226 p. 78 illustrations
ISBN:
9788499108858
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