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Relaciones familiares

Crisis y cambios generativos

María Hilda Sánchez Jiménez


Catalogación en la fuente, Biblioteca Universidad de Caldas

Sánchez Jiménez, María Hilda

Relaciones familiares, crisis y cambios generativos / María Hilda Sánchez Jiménez.– Manizales: Universidad de Caldas, 2019.

358 p.: ils – (Libros de investigación No. 73)

ISBN: 978-958-759-234-4

Relaciones Familiares – Historia - Colombia /Relaciones familiares – Aspectos sociales - Colombia / Familias – Aspectos psicológicos – Estudios de casos /Relaciones intergeneracionales /Tít. / CDD 306.85/S669

© Universidad de Caldas 2020

-Comité Editorial-

Título: RELACIONES FAMILIARES, CRISIS Y CAMBIOS GENERATIVOS.

Libros de Investigación No. 73

Autora: María Hilda Sánchez Jiménez

E-mail: maria.sanchez_j@ucaldas.edu.co

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4902-7234

Primera edición: Manizales, julio de 2020

Todos los derechos reservados por la Universidad de Caldas

ISBN ePub: 978-958-759-234-4

Editor: Luis Miguel Gallego Sepúlveda

Coordinación editorial: Jorge Iván Escobar Castro

Diseño de colección: Luis Osorio Tejada

Diagramación: Natalia Aguirre Henao

Diseño de portada: Luis Osorio Tejada

Conversión ePub: Lápiz Blanco Soluciones Digitales

Editorial Universidad de Caldas

E-mail: produccion.editorial@ucaldas.edu.co

Apartado aéreo: 275

Teléfono: (57+6) 8781500 Ext. 11106

Manizales — Colombia

Nota editorial: este libro, teniendo en cuenta su tema y contenido epistemológico, teórico y conceptual, sirve de soporte para los procesos que se hagan en el Programa de Investigación Reconstrucción del Tejido Social en Zonas de Posconflicto en Colombia Código SIGP: 57579, proyecto de investigación Hilando capacidades políticas para las transiciones en los territorios” Código SIGP: 57729. Financiado en el marco de la convocatoria Colombia Científica, Contrato N.o FP44842-213-2018.

A mi madre Lucrecia Jiménez y a mi padre Pedro Eladio Sánchez, quienes en su vida familiar afrontaron grandes crisis y retos, ante los que tuvieron que tomar decisiones dolorosas y, a su vez, acertadas.

Contenido

Introducción

Contextualización del campo temático

Construcción de la relación entre códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas

Categorías centrales y campo temático. Articulación teórica

Campo temático. Importancia y novedad de la investigación

Detalles metodológicos del estudio para comprender la estructura del libro

Articulación entre teoría, metodología y método.

Los sujetos de la investigación y la entrevista

La entrevista como nudo articulador de dos categorías pragmáticas

Sistematización y categorización de la información

Análisis e interpretación de la información

Sobre la estructura del libro

Códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas entre las crisis y los cambios sociofamiliares

Introducción

Antecedentes sociolingüísticos

Preámbulo de los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas

Sociolingüística

Códigos sociolingüísticos. Planteamientos bernsteinianos

Algunos acercamientos a los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas desde la filosofía del lenguaje

Lenguaje y vida cotidiana. Reflexiones desde Wittgenstein

Hermenéutica y narración a partir de Ricoeur

Una aproximación a lo dialógico desde Bajtín

Códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas

Los códigos sociolingüísticos

Las prácticas dialógicas

Cambios en las visiones de Familia. Aproximaciones sistémica y construccionista

De la crisis al cambio

Estrategias y recursos

Recorridos de una crisis. el recuerdo más allá de la palabra

Introducción

Recorridos de una crisis

La crisis como un evento sorpresa

Detonantes relacionales en situaciones de crisis sociofamiliares

Quiebres en las relaciones familiares y derivación de múltiples problemas

Nudos entre las acciones y las relaciones familiares

El evento crítico y la desnaturalización de patrones interactivos

Movimientos en la organización familiar

Estrategias, recursos personales y familiares

Acciones de afrontamiento ante el riesgo personal y familiar

Refugio espiritual como recurso de contención y resignificación

Cambios de hábitat y territorio como protección

La familia como red de apoyo y extensión hacia otras redes

Redes sociales de apoyo

Contrastación del problema al cambio. Estrategia dialógica entre el reconocimiento y la comparación

Diálogo como recurso en las relaciones familiares

El recurso personal ¿una forma de recurso social y familiar?

Cambios y transformaciones: nudos y desenlaces

Detonantes del cambio hacia la superación de la crisis

Resignificación como ajuste cognitivo y emocional

Proyecto de vida personal y familiar. Contextos de reconocimiento y diálogos creativos

Aprendizajes del cambio. Nuevos significados y sentidos del proceso de afrontamiento

Nuevos tiempos, nuevos contextos

El afrontamiento como resistencia a la crisis

Afrontamiento y cambios en los tiempos de la vida cotidiana

Significado de la historia, sentido de la crisis y del cambio

Códigos sociolingüísticos imaginativos–creativos y prácticas dialógicas generativas

Códigos y prácticas de reconocimiento en la transformación de las crisis. Co-construcción de diálogos colaborativos

Fortalecimiento de los vínculos sociofamiliares

Lineamientos y consideraciones

Lineamientos

Lineamientos para las familias

Lineamientos para los profesionales

Consideraciones finales

Recorridos del proceso de crisis sociofamiliar

Estrategias y recursos ante una situación de crisis

De los lenguajes del problema hacia los lenguajes del cambio

Nuevos significados, sentidos y contextos

Bibliografía

Lista de tablas

Tabla 1. Guía final de la entrevista abierta

Tabla 2. Identificación de las distintas situaciones de crisis

Tabla 3. Categorías y subcategorías centrales de análisis

Lista de gráficos

Figura 1. Guía inicial de la entrevista abierta

Agradecimientos

Siempre, detrás de un libro se encuentra un cúmulo de personas, grupos, momentos, historias, sueños y emociones. En el proceso de la escritura de un texto aparecen y desaparecen, van y vienen, imágenes que tienen sus propias voces, las cuales por la mediación de quien escribe toman otra identidad que va mutando relectura y la reescritura. La interacción con estas imágenes es el momento más dialógico, reflexivo y conversacional que tiene cada persona que es autora de una obra. La obra siempre será un comienzo, es imposible cerrarla porque siempre llegarán nuevas lecturas e interpretaciones, otras imágenes que serán diferentes y que, de alguna manera, servirán para abrir nuevos escritos con otras identidades.

En el proceso de escritura del presente libro, al comienzo, se tejió la escritura del texto base denominado investigación y su desarrollo se cruzó con la presencia de quienes han aportado valiosas semillas para la reflexión. Con este preámbulo, mis agradecimientos:

A la Universidad de Caldas y al grupo de docentes del Departamento de Estudios de Familia que siempre han apoyado mis desarrollos profesionales y académicos.

A mi hermana por ofrecerme su tiempo e historia vivida como crítica en uno de esos caminos en los que la violencia tocó las puertas de nuestra casa. Un ejercicio piloto en el que puse a prueba la entrevista a profundidad, lo cual me permitió ajustar detalles con base en sus recomendaciones y diálogo en torno la a delicadeza con que había que registrar la información.

A los integrantes de tres familias residentes en Buenos Aires: una del sur de Argentina, otra migrante peruana y una colombiana que se encontraba temporalmente en la ciudad de Buenos Aires. Ellas y ellos, en el marco de un ejercicio piloto, me ofrecieron su tiempo, me dieron permiso para realizar las entrevistas video grabadas sobre situaciones de crisis vividas y superadas. Ellas y ellos también sugirieron algunos correctivos para que las preguntas fueran más claras y limpias al momento de la entrevista.

A Luz Nelly González López, secretaria profesional de la Universidad de Caldas, por su valioso aporte, por la paciencia en la transcripción de la información grabada y por su ayuda en el diligenciamiento de los formatos administrativos solicitados por la Universidad, para que los trámites se hicieran con mayor facilidad y agilidad.

A la profesional en Desarrollo Familiar Sandra Milena Valencia y a la psicóloga Paula Vanessa Sánchez Agudelo, con quienes compartí mis reflexiones sobre la investigación. Ellas hicieron recomendaciones de ajustes a la guía de entrevista que había elaborado para una de las partes del primer proyecto de mi tesis doctoral y también les agradezco por su participación en el desarrollo de algunas entrevistas. La transcripción de la información fue entregada a ellas como insumo para escritos académicos que las profesionales deseen realizar en el campo de familia y relaciones familiares e, incluso, para debatir y enriquecer planteamientos de este libro.

A la doctora Dora Fried Schnitman porque, en calidad de directora de mi tesis doctoral, me recomendó que la segunda pregunta que formulaba en mi proyecto de tesis, como lo que había sustentado de ella, la tuviera presente para desarrollar una nueva investigación en el campo de los códigos sociolingüísticos articulados con las relaciones familiares. El resultado de esta investigación se expone en el presente volumen.

Al equipo de trabajo del I Diplomado Internacional sobre Prácticas Dialógicas (2011–2013), liderado por la doctora Dora Fried Schnitman. Diplomado que se llevó a cabo a través del convenio de colaboración entre la Fundación Interfas –Argentina–, la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) –Chile– y el Taos Institute –Holanda–. Durante 2 años fuimos constantes tanto en el desarrollo de esta propuesta como en los encuentros, las conversaciones y los diálogos virtuales con psicólogas y psicólogos de diferentes países. Por Argentina, Dora Fried Schnitman, Ruth Casabianca, Silvia Crescini, Ibar Martínez Melella, Eliusa Petroni, Cristina Ravazzola, Eva Rotenberg, Silvia Vecchi y Martín Glozman. Por Brasil, Marilene Grandesso, Vania Yazbek y Màrcia Volponi. Por Chile, Jorge Sanhueza, Roberto Arístegui, Jorge Leiva, José Víctor Núñez, Christian Weason, Loreto Céspedes y Thelma Margulis. Por Colombia, Julián Díaz Ospina, Ligia López Moreno, Miriam Salazar Henao, María Camila Ospina Alvarado y María Hilda Sánchez Jiménez. Por México, Papusa Molina y Rocío Chavestre. Por Cuba, Rosario Fraga y Mario Rodríguez Mena. Por España, Joseph Seguí Dolz y Sara Olivé. Por Finlandia, Jaakko Seikkula. Muchos de estos profesionales fueron mis profesores virtuales, a quienes escuché y quienes, a su vez, me escucharon virtualmente. Con ellos, por un lado, compartí mi experiencia sobre códigos sociolingüísticos y, por el otro, profundicé en lo que compartieron conmigo sobre prácticas dialógicas.

Finalmente, agradezco a los actores más importantes de la investigación, los integrantes de las treinta (30) familias de tres municipios (diez (10) de Manizales, diez (10) de Neira y diez (10) de Risaralda). Sus voces narraron y construyeron historias sobre lo que fueron sus experiencias y sus vivencias frente a una situación de crisis familiar y todo cuanto realizaron para hoy reconocer que fue “superada satisfactoriamente”. Mil, mil gracias.

Introducción 1

Las experiencias identificadas como críticas son parte de la vida de las personas y de las familias. Estas experiencias son llamadas críticas porque quebrantan, en cada persona, un ritmo de vida, un trayecto cotidiano, conocido, que asegura algunos aires de tranquilidad emocional, física, biológica, social o cultural; y, además, son llamadas críticas porque interfieren abruptamente con una plataforma relacional que brinda seguridad a las personas. Una plataforma que hasta el momento no había sido interrumpida, ni modificada, por lo que, antes de la crisis, las personas danzaban en medio de un cierto nivel de naturalización: “todo iba como de costumbre”.

El énfasis que hago en las palabras ‘quebranto’ e ‘interferencia abrupta’ se propone mostrar que las experiencias críticas tienen que ver con una ruptura creada en alguien y en algo; con una situación humana, familiar y social cuyas consecuencias inesperadas sobrepasan las capacidades de manejo inmediato; es decir que una experiencias crítica es una ruptura que no se controla ni se elabora en corto tiempo, que desplaza gran parte de lo que hacen las personas y que genera distracción frente al ritmo de vida social cotidiano.

El evento crítico marca y deja huellas desde su origen y más allá de su desenlace. Su influencia va desde la crisis inicial y pasa por su transformación hasta llegar al recuerdo de lo que no quiere ser experimentado o vivido nuevamente. Entre el tránsito de un lado a otro y entre las acciones co-construidas por las personas en interacción con su familia y otros sujetos que han hecho parte de su vida personal y social emergen detonantes problemáticos y paralelos, también diversas formas de cambios y, así mismo, un agotamiento ligado a los procesos de afrontamiento que no cesan de avanzar. De un lugar a otro, las personas siguen adelante porque persisten en una acción conjunta, tienen la esperanza de salir del nudo que las ata a formas de vida traspasadas por el miedo, el terror, la angustia, la tensión, el estrés, la desconfianza o el desamor; pero también tienen la esperanza de reacomodarse a un tiempo presente y futuro con posibilidades y alternativas de construir y alcanzar nuevos proyectos de vida personales y sociofamiliares.

El contenido de este libro está ligado con treinta (30) situaciones de crisis, definidas como tales por los integrantes de las familias. Cada una de ellas es un tema y recoge una historia sociofamiliar diferente, libre de una nominación patológica.

Apoyada en las perspectivas de análisis sistémico-construccionista y a partir las narraciones de integrantes de las familias, el propósito de esta obra es reconocer cuatro aspectos centrales, contenidos en el capítulo 2: “Recorridos de una crisis. El recuerdo más allá de la palabra”, que enlazan las historias de cada familia desde el recorrido de una crisis hasta sus cambios generativos:

El primer aspecto se relaciona con el tránsito de los procesos que viven los integrantes de las familias (mujeres y hombres) durante una situación de crisis hasta su transformación y creación de nuevos contextos. El análisis de este aspecto surge de un recorrido por experiencias que no escapan de la vivencia traumática y dolorosa de un proceso de crisis personal o sociofamiliar y, en consecuencia, muestra la existencia de momentos de crisis asociados con quiebres en las personas y en sus relaciones, unidos a fracturas y reacomodamientos de la organización familiar.

El segundo aspecto tiene que ver con mostrar algunas formas de cómo cambian las percepciones sobre el proceso y el concepto crisis. Si bien las narraciones de cada historia se realizaron después de que las personas y sus familias vivieron este proceso, los testimonios soportan miradas como a) aquellas en las que la experiencia fue un trayecto negativo que destruyó algo que se estaba viviendo o construyendo en su contexto, b) aquellas miradas positivas que ubican las crisis dentro de un proceso que dejó aprendizajes, a partir del reconocimiento de acciones asociadas a la fortaleza, la lucha y el logro de nuevas formas de vida.

El tercer aspecto, fuera de cualquier intensión mesiánica, buscar reconocer las razones por las cuales la familia, en algunas historias, es un espacio en donde se crea la tragedia y en algún momento es uno de los espacios interactivos potenciales para llegar a cambios favorables para el desarrollo de cada integrante en particular. Es decir, un campo relacional de conflictos y, a su vez, un campo para deconstruir, co-construir o mantener contextos interaccionales más democráticos, liberadores y colaboradores. Esto se relaciona con las estrategias personales y socioculturales internas y externa a las familias, que emergen ante una situación de crisis sociofamiliar. En este sentido, lo que se destaca en este libro es la respuesta a la pregunta por cómo emergen lenguajes más creativos y propositivos, desde las narraciones y en medio de los lenguajes del problema. Estos lenguajes que mueven la historia a partir de un drama sociofamiliar hasta llegar al reconocimiento tanto de las familias como de las redes de apoyo para la creación de nuevos aprendizajes, cambios y formas de alcanzar una salida.

El cuarto aspecto que se trata en este libro es el concepto de ‘superación de crisis’. La idea no es definir o interpretar mediante este concepto la crisis como aquello que ha sido olvidado, que ha culminado en momentos felices o que en el presente adquiere un tono rosa. La superación va más allá. Involucra el concepto de resignificación del evento y de la experiencia vivida, tal como puede verse capítulo tras capítulo. En cada narración que acompaña las reflexiones e interpretaciones escritas en este libro, las huellas del recuerdo regresan, aunque tengan otro matiz y nuevas perspectivas. Cualquiera que hubiera sido la huella, hubo delicadeza en el manejo de cada entrevista y del registro de la información, lo cual fue una cualidad de la investigación previa. Por ende, en esta obra está el compromiso de respetar el valor de cada persona al narrar detalles que por momentos estuvieron en el silencio o en la conversación con quien ha sido posible tener una confianza relacional, aquello que juega entre el silencio y la complicidad a voces. Es decir, se habla en medio de una historia que no quiere ser recordada porque duele y se teme abrir heridas, que para muchos ya han sanado.

Sobre estos cuatro aspectos, cada hablante aportó lineamientos de los cuales fue posible derivar un capítulo del cual haré alusión más adelante.

En este marco de ideas introductorias es importante resaltar aspectos sobre la entrevista, los testimonios, las narraciones y su escucha. Como persona, investigadora y terapeuta, uno se enfrenta a traducir las historias familiares y a organizar reflexiones sobre lo construido en cada narración. En este proceso es necesario reconocer el lugar, el tiempo, las imágenes, las palabras y las emociones que las personas trasladan al presente cuando inician la historia sobre lo que les significó “una situación de crisis”. Si bien el punto de partida está en las voces creadas en el momento de la entrevista, hay que reconocer que el preámbulo siempre fue la trama sobre la situación de crisis elegida por uno o varios integrantes de familia. En este proceso debí respetar, en calidad de investigadora, escritora y lectora, las razones por las cuales los narradores han reconocido que su situación fue “superada de manera satisfactoria”. Aquí no prima la crítica del lector, porque esta última frase entre comillas es la epistemología de una persona que percibe y traduce su propia vida cotidiana, no la vida del que se mira como científico.

Para quien lee, vale repetir dos cosas; la primera de ellas es que las situaciones de crisis que se presentan han tenido un fuerte impacto en la vida de los integrantes de las familias, tanto si se ven como protagonistas o como personajes periféricos en distintos momentos de la trama. A su paso por cada escena, las personas expresaron diversas experiencias emocionales, cognitivas o biológicas que tuvieron alto impacto relacional, especialmente en sus familias de origen. Como lo plantea Arfuch (2013), en este ejercicio cada “testimonio da cuenta de una memoria traumática, compartida, en la historia de vida que se ofrece al investigador como rasgo emblemático de lo social” (p. 20). La segunda cosa sobre la que debe poner atención el lector es sobre la mirada desde donde se cruza el dolor de lo vivido, el reto de una lucha por lograr transformar la crisis en oportunidad para seguir adelante y aprender otras formas de vida. Esta es una mirada ocupada por la nostalgia que tiene su reflejo testimonial en los recuerdos sobre las pérdidas humanas, materiales o simbólicas que fueron parte de una identidad co-construida o que fueron el inicio interrumpido de otros proyectos de vida que tomaron otro rumbo y enrutaron otros proyectos.

Por otra parte, en la presentación de estos resultados de investigación también se recuerda y se traduce la percepción que las personas entrevistadas tuvieron sobre las y los profesionales con quienes compartieron su historia narrada desde la interpretación de una experiencia que atañe a sí mismos y desde la interacción con las otras personas. Unas veces, los narradores (mujeres y hombres) percibieron que hubo desconocimiento de una historia dolorosa porque, al momento de compartirla, no encontraron el nivel de contención esperado por el doliente. En otras palabras, no vieron en el profesional la posibilidad de alcanzar mayor tranquilidad y paz para sí mismos. Desde esta mirada, aparecen los lineamientos y las recomendaciones para profesionales que trabajan situaciones de crisis familiares y personales, con el fin de que sus interacciones e intervenciones psicosociales y terapéuticas con las personas y familias afectadas por el conflicto giren en torno al reconocimiento y la comprensión de las historias dolorosas. Estas historias que llegan al ámbito de la intervención, contadas por quienes vivieron el conflicto, esperan hallar con el profesional un espacio y un contexto dialógico, relacional, democrático y colaborativo en el que se construya socialmente nuevas voces en nuevos contextos.

La investigación cuyos resultados aquí se presentan es una manera de hacer visibles los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas que crearon las personas y sus familias durante la experiencia y el afrontamiento de una situación de crisis. Los códigos y las prácticas son el soporte epistemológico y conceptual del estudio en el marco de las perspectivas sistémica, construccionista social que, como se señala en este libro, han recibido influencias de la filosofía del lenguaje. No obstante, más que ver en la información registrada la aplicación de estos conceptos y una divagación conceptual detalladas de ellos, el papel protagónico está en la historia contenida en las narraciones. Es decir, los códigos y las prácticas son preámbulos y son fortalecidos por todo lo que fue posible observar a partir de los textos donde quedaron registradas las experiencias familiares, las interpretaciones de los integrantes de familia y la interpretación de la investigadora.

Por todo lo anterior, esta experiencia investigativa constituye un aporte relevante a este campo temático sobre los códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas que viene desarrollándose, especialmente, desde una postura psicológica y social, más allá del contexto psicoterapéutico clínico, aunque no por ello se considera que ambas perspectivas sean excluyentes. Por el contrario, esta investigación propone otro camino para encontrar desde las familias nuevos aportes a este campo de conocimiento y para motivar la continuidad de investigaciones que abran nuevos debates y otras confrontaciones académicas que aporten a la comprensión y que propicien un trabajo diferente las familias.

Contextualización del campo temático

La pregunta ¿cómo entender la relación entre las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos? se ubica en tres contextos del conocimiento. En primer lugar, se sitúa en la revisión teórica de lo que se propone con cada concepto para ver los puntos epistemológicos, teóricos y metodológicos que los conectan; en segundo lugar, se encuentra en el contexto de los antecedentes investigativos centrados en explicar la construcción de códigos sociolingüísticos por parte de terapeutas y familias en la construcción del cambio, y, en tercer lugar, se enmarca en la realización y participación del Diplomado Internacional sobre prácticas dialógicas, realizado entre los años 2012 y 2013, cuyo objetivo fue enriquecer los debates y las reflexiones sobre la comprensión de las prácticas dialógicas como una apuesta pragmática, enriquecedora y propositiva de las relaciones humanas. Los dos últimos contextos de conocimiento están incluidos en los planteamientos a la segunda pregunta de investigación ¿cómo se llegó a esta relación?

Construcción de la relación entre códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas

Ambos conceptos, códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas, se enmarcan en los campos de las ciencias sociales, la sociolingüística y las prácticas psicosociales; contienen perspectivas de abordajes epistemológicos, teóricos y metodológicos desde trabajos investigativos, reflexivos y terapéuticos que integran el enfoque sistémico, el construccionismo social y la filosofía del lenguaje. Tanto los códigos como las prácticas son construcciones complejas cuyos focos de atención son lo dialógico y lo relacional, es decir que constituyen un lugar interactivo desde donde las personas producen acciones creativas para afrontar situaciones difíciles en sus vidas, tal como puede verse en aquello que comúnmente es denominado “momento de crisis”.

Las prácticas dialógicas se basan en conocimientos previos, desarrollan propósitos, contextos y diseños originales, distinguen un conocimiento que parte de las experiencias de vida en situaciones diversas y generan procesos de aprendizaje (Fried Schnitman, 2015ª, 2015b). Mediante los códigos sociolingüísticos, entendidos como pautas que conectan las relaciones, se reconoce la forma como las personas valoran sus experiencias relacionales, lo que cada quien percibe de sí mismo, de los demás y las situaciones que lo rodean. También, mediante los códigos pueden identificarse los contextos creados por las personas mientras transitan desde el lugar del problema hacia el lugar de cambio y la creación de nuevas formas de aprendizaje (Sánchez, 2016).

La relación de estos dos conceptos, códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas, fue la entrada al terreno de la investigación que respalda este libro y que detallo a continuación porque fue un recorrido epistemológico-teó-rico-metodológico desde donde emerge este texto. Centrarme en aspectos comunes me permitió identificar una carta de navegación para explorar las realidades que presentaban las voces de algunos integrantes de las familias; igualmente, me ayudó a dejar de lado el detalle de la manera como operan estos conceptos, por ejemplo, en las prácticas terapéuticas y de la intervención2. Es decir, con este estudios se logró pasar de ver el cambio co-construido en los contexto terapéuticos bajo el protagonismo del profesional a ver el cambio como un proceso en el que las personas y sus familias toman el lugar central, capaces de lograr transformaciones ante situaciones de conflicto.

Lo anterior permite mostrar que en el campo de la investigación todo marco de referencia y de conocimiento guía las acciones del investigador cuando entra en conversación o en diálogo con los otros. En el caso de la investigación que motivó el presente libro, por ser investigación cualitativa, los marcos de referencia aquí planteados me proporcionaron mayores niveles de flexibilidad para ser creativa en las conversaciones, para seguir los caminos a los que invitaba el despertar de múltiples intereses provenientes de las voces de los hablantes. Esta visión me llevó a una nueva curiosidad investigativa para ir tras las huellas o el paso a paso de las construcciones narrativas que se dan a través de las voces de cada persona, cuando narra la trayectoria entre el evento de crisis y lo que concibe como la superación de esta.

Estos planteamientos responden a una creación inductiva, para lo cual fue necesario tomar los lineamientos de la teoría fundamentada. Bajo este método, las categorías y subcategorías creadas emergieron de la información brindada por cada una de las personas que ofrecieron sus voces para narrar, desde el recuerdo, una situación de crisis familiar. En la mayoría de estas voces se expresa una tragedia reflejada en el dolor, el sufrimiento, la angustia, la lucha y la manera como las personas y sus familias se movieron y relacionaron para salir de estas formas de vida.

En este sentido, resalto las narraciones de los recuerdos, los testimonios que traen a la memoria algunas frases y descripciones en las que la mirada se pierde en el vacío de aquella situación sobre la que cada familia dio vueltas. Las personas recuerdan las formas de girar sin encontrar salidas, que en el transcurrir del tiempo dejaron muchas heridas, pérdidas o sinsabores que no quisieran volver a vivir, los recuerdos se configuran en un laberinto de acciones, interacciones y emociones, que para muchos ha dejado marcas en el cuerpo, en su piel y en su mirada, pues la descripción de lo vivido deja entrever la tristeza, el temblor y las expresiones de llanto de lo que ha pasado y hoy es un recuerdo y una huella. “Piensa en cuantas cosas heterogéneas se llaman ‘descripción’: descripción de la posición de un cuerpo por medio de sus coordenadas; descripción de una expresión facial; descripción de una sensación táctil; de un estado de ánimo” (Wittgenstein, 2008, p. 41).

Finalmente, en cada voz está el reconocimiento del valor, de la fuerza y de la capacidad para salir adelante y seguir con sus proyectos de vida personal y familiar. Como también señala Wittgenstein, las sensaciones tienen un tiempo, se expresan y se ubican en el cuerpo, lo cual permite definir una diferencia conforme al sentido afectado a partir de en donde se localiza la experiencia de la sensación en el cuerpo, como sucede con la sensación del gusto y del dolor (Wittgenstein, 2007). Con esto quiero decir que, en cada momento de la narración, el recuerdo y la descripción sobre lo que se traía al presente de la entrevista, las expresiones y contenidos de la narración variaban. Ejemplo de ello son las miradas de miedo, de tristeza o melancolía por lo que no se pudo decir y hacer en dichos momentos, así como también las sonrisas por la decisión percibida como el inicio de un momento de cambio y superación de la crisis.

Categorías centrales y campo temático. Articulación teórica

La segunda pregunta sobre esta investigación, ¿cómo se llegó a la relación de las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos?, es más que una presentación de antecedentes investigativos o de un diplomado internacional3; es la gestación y el surgimiento de una investigación que transciende los contextos terapéuticos, en tanto las acciones, los patrones interactivos, los significados y las coordinaciones sociolingüísticas de los integrantes de las familias se ponen en el escenario de la transformación. Es decir que desde este enfoque se reconoce que los recursos, las capacidades personales y sociofamiliares se exaltan frente una situación de crisis. Por lo tanto, aquí los protagonistas son las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos que construyeron las familias en un trayecto de sus vidas en el marco de sus relaciones cotidianas.

No obstante, las diferencias entre la tesis de doctorado y la investigación base del presente libro, hay elementos comunes desde el punto de vista metodológico, ya que son investigaciones cualitativas, con enfoque hermenéutico, apoyadas en la teoría fundamentada y en el microanálisis. La diferencia y el plus entre la tesis y la investigación que respalda este texto es la comprensión de las dinámicas relacionales de los integrantes de las familias cuando luchan por lograr un cambio respecto a una situación de crisis, ya sea en el contexto de la terapia o en el contexto de las dinámicas relacionales e interactivas en las familias. Esto es un aporte adicional a lineamientos metodológicos para trabajar con estos grupos de población en diversos procesos de terapia, acompañamiento, intervención o educación familiar. Es decir, ambas investigaciones, más el estudio y las reflexiones sobre las prácticas dialógicas potencian la comprensión y el trabajo con familias en múltiples contextos de relación social. De ahí la importancia de contar parte de la historia investigativa.

En el año 2008 cuando hice la presentación del primer proyecto de mi tesis doctoral: Códigos sociolingüísticos, familias y terapia sistémica. Proceso de cambio sociofamiliar, realicé dos interrogantes de investigación:

1. ¿Qué códigos sociolingüísticos co-construyen terapeutas sistémicos y consultantes –familias o integrantes de ella–, y cómo evolucionan hacia un cambio de discurso –significados– y de patrones (prácticas) de interacción sociofamiliar?

2. ¿Qué códigos sociolingüísticos surgen de las historias de éxito contadas por las familias que han atravesado por una situación de crisis sociofamiliar?

El primer interrogante fue el que guio el desarrollo y finalización de la tesis doctoral, puesto esta pregunta por sí sola definía ya un campo de exploración y conocimiento complejo en el marco de los procesos y conversaciones terapéuticas desde la perspectiva sistémica, unida a los marcos epistemológicos del construccionismo social y la filosofía del lenguaje.

La búsqueda de respuesta de esta inquietud se concentró en observar, registrar, examinar y describir las conversaciones y los diálogos terapéuticos mediante los cuales se creaban conexiones interactivas o patrones de relación construidos por los consultantes, y entre estos y los terapeutas. Con este estudio se pudo determinar que estas conexiones indicaban la creación de señales sociolingüísticas diferentes si las conversaciones giraban sobre el problema, la redefinición o el cambio. Este análisis requirió lecturas minuciosas, en las que fue necesario avanzar y retroceder en el paso a paso de la secuencia de fragmentos para poder encontrar cuáles eran las construcciones sociolingüísticas creadas por los hablantes para llegar al cambio o transformación de los problemas.

Fue ahí cuando di nombre a las pautas que conectan y que fueron señales de una forma característica de relación entre los hablantes. A cada pauta que conectaba las relaciones le di un nombre –código–, una explicación y también determiné la función que cumplen: código de contexto, código de contrastación, código de rebote, código circular perceptivo, código de suspensión, código de complemento, código de reconocimiento, código imaginativo y código integrativo (Sánchez, 2012, 2016).4

En el seguimiento de cada uno de los momentos conversacionales, algo que enriqueció la emergencia de estos códigos, y que permitió poder llegar a explicar cómo se van dando los procesos de cambio, fue haber observado, por un lado, cómo cambiaban las narraciones cuando las personas variaban el tiempo de la conversación: pasada (lo que precede), en el presente (lo que sucede) o en el futuro (lo que proviene). Es decir, la acción hecha verbo se transformaba según la ubicación del fragmento en uno u otro tiempo de la vida cotidiana. Cuando me refiero este tiempo, hago alusión tanto al tiempo procesal de las conversaciones terapéuticas como al tiempo en el que transcurren las narraciones, percepciones y descripciones de lo que viven las personas en uno u otro contexto relacional, dialógico, intersubjetivo.

Por otro lado, también observé un movimiento en el uso de los pronombres en la relación de quien narra con lo narrado y con el sujeto principal de la acción. Llamé a estos movimientos los contextos interactivos de los personajes protagonistas de una experiencia, cuya vida relacional está en la manera como el hablante centra su narrativa en algo o en alguien y en relación consigo mismo en tanto narrador y parte del problema, de la redefinición o del cambio. Entonces, encontré diferencia cuando los énfasis está en uno de los siguientes contextos interactivos: yo, tú, él, eso, aquello y sus plurales (Sánchez, 2013, 2014, 2015 y 2016).

Todo lo anterior configuró una lectura más completa sobre los códigos sociolingüísticos creados por los interactuantes y la co-construcción del cambio sociofamiliar en los contextos terapéuticos. Esta presentación general, sintetizó un proceso de cinco años de trabajo en una investigación cualitativa, con un enfoque hermenéutico unido al método de la teoría fundamentada (Strauss y Corbin, 2002) y del microanálisis de la interacción humana (González, 1994; Beavin, McGee, Phillips y Routledge, 2003). Las fuentes de información fueron las videograbaciones de cinco procesos terapéuticos completos, más otros que sirvieron de exploración piloto, porque de estos últimos solo se tenían apartes cortos de uno u otro momento de la conversación terapéutica. Igual, fueron una base importante para aprender sobre la observación detallada.

El segundo interrogante del proyecto inicial, ¿qué códigos sociolingüísticos5 surgen de las historias de éxito contadas por las familias que han atravesado por una situación de crisis sociofamiliar? Fue con el que identifiqué la investigación que fue la plataforma de este libro. Como puede verse, esta inquietud marcó otro tema, otra población y un contexto de estudio diferente. Desde el 2008, esta inquietud ha sido el punto de partida para el desarrollo de un nuevo proceso investigativo importante, por cuanto podría ser una base de enriquecimiento a los procesos terapéuticos y otras formas de intervención sociofamiliar y relacional. Una invitación a que psicoterapeutas y profesionales que realizan procesos de intervención clínica o psicosocial incorporen en su trabajo con personas y familias las capacidades de afrontamiento en situaciones de crisis que ellas han aprehendido, lo cual es un recurso que mediará en la transformación de los conflictos. Quizás sea una forma de minimizar la tendencia de aquellos profesionales que están más centrados en la patología o en la definición de diagnósticos que nominalizan, limitan y rotulan.

Los objetivos de este nuevo proceso de investigación fueron explorar y comprender en el encuentro y la entrevista con las familias: a) los códigos sociolingüísticos que aparecen al narrar los recursos de las familias hacia la solución de una situación de crisis; y b) los códigos sociolingüísticos que reflejan cambios en los discursos –significados– y patrones –prácticas– de interacción sociofamiliar. Por lo tanto, el sentido de la pregunta se dirigió a seguir, a través de los discursos, el paso a paso de la construcción de soluciones ante situaciones de crisis vividas por las familias. De esta manera, se proyectó la posibilidad de explorar y comprender los cambios de significados y patrones de interacción articulados al cambio que se desprenden de los discursos de las personas entrevistadas.

El supuesto que guio la referencia inicial de esta búsqueda investigativa y, a su vez metodológica, fue ver la familia como un grupo potencialmente activo, cuyos integrantes actúan, impulsan y generan procesos de cambio y transformación de situaciones de crisis vividas por ella. En el marco de estos procesos y de sus contextos particulares, los integrantes de las familias son percibidos como personas capaces de crear, mantener o transformar los significados y los patrones de interacción. Este supuesto se conservó desde el momento en el cual se formuló la investigación sobre códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas, que fue la base para la construcción de este libro.

Con el fin de perfilar las primeras exploraciones sobre los procesos de algunos miembros de familia ante una situación de crisis, en el año 2009 realicé una prueba piloto con tres casos. Las personas narraron de manera voluntaria una situación de crisis y fueron, también voluntariamente, quienes al final de la entrevista hicieron observaciones sobre la claridad (o confusiones) de las preguntas realizadas. Las observaciones que hicieron estas personas fueron tomadas en cuenta para aclarar la redacción y limpiar el contenido de las preguntas6.

La guía de entrevista inicial7, validada después de esta prueba piloto, es la que presento a continuación. Este documento se convirtió en un primer insumo para el desarrollo de la investigación cuyos resultados presento. Más adelante haré una descripción detallada del proceso metodológico8 del estudio.

Figura 1. Guía inicial de la entrevista abierta

Fuente: Guía de entrevista del proyecto inicial de mi tesis de doctorado en Psicología, UBA, 2009

Un segundo insumo que tuvo como base el proyecto fue la puesta en ejecución del Diplomado Internacional de Prácticas Dialógicas (2011 – 2013)9, liderado por Dora Fried Schnitman10 y Jorge A. Sanhueza11, en colaboración con el Kenneth Gergen12 y la participación en diálogos colaborativos de un equipo de psicólogas, psicólogos, psiquiatras y terapeutas sistémicos y construccionistas sociales de América Latina13 y Europa14.

Para la consolidación de la propuesta del Diplomado Internacional en Prácticas Dialógicas (2011) varios invitados, con el liderazgo de la doctora Fried Schnitman, comenzamos a participar desde nuestras investigaciones y proceso de formación doctoral entregando ideas de lo que podría llegar a ser este diplomado.

Las prácticas dialógicas se han entendido como una estrategia importante para aprehender, desarrollar y co-construir nuevas opciones investigativas en el campo de familia. El construccionismo social y las reflexiones en el marco de los postulados de la filosofía del lenguaje fueron los lineamientos epistemológicos de este trabajo académico que integra la formación en el diplomado, el desarrollo de la investigación y la construcción de este libro.

Producto del diplomado, con un grupo de académicos, se logró la publicación del primer volumen del libro titulado Diálogos para la transformación: experiencias en terapia y otras intervenciones psicosociales en Iberoamérica (2015), cuya editora fue Fried Schnitman. Como parte del equipo colaborador tuve la oportunidad de elaborar el capítulo de libro “Terapia familiar sistémica-construccionista. Lógicas sociolingüísticas que co-dicen” (Sánchez, 2015), hacer la reflexión del capítulo de libro “De la traducción radical a la indeterminación de la traducción en la comunicación terapéutica” (Arístegui, 2015) que articulaba la filosofía con la psicología y la psicoterapia, el cual fue parte del volumen 2. Finalmente, asumí la asesoría y acompañamiento del escrito para el volumen 3, titulado “Re-significación socio-familiar del derecho a la educación de niños y niñas en situación de hospitalización y tratamiento. Una propuesta de co-construcción mediante prácticas dialógicas” (González, 2016)

Campo temático. Importancia y novedad de la investigación

La mayoría de los estudios sobre crisis y cambios están centrados en la identificación de problemas y en diagnósticos psicológicos complejos. Los análisis hacen énfasis más en la carencia, en los diagnósticos psicopatológicos de las familias y las personas, en las situaciones problemáticas que enfrentan cotidianamente alrededor se estas “patologías” y en lo que han aportado los profesionales, especialmente de la psicología y la psiquiatría en los procesos de cambio. . Como dice Gergen:

la existencia de un vocabulario del déficit es análoga a la disponibilidad de armas —su misma presencia crea la posibilidad de que haya blancos a los que disparar_ y, una vez que se accionan, «individuos poco ideales» se ven alentados a participar en «programas de tratamiento», a ponerse bajo cuidado psicofarmacológico, o a separarse de la sociedad ingresando en instituciones asistenciales (Gergen, 1996, p. 190; Gergen, 2007, p. 288).

Según Pakman, en torno a los lenguajes que promueven los diagnósticos, los pacientes adquieren la vida propia de enfermos mentales, lo cual es parte de la micropolítica y poder de las instituciones de salud mental y, luego, aunque suene paradójico, el paciente comprendió que su problema ya no tiene cura ya que aprendió el lenguaje de la discapacidad (2011). En este sentido, la paradoja está en que el paciente que obedece inicialmente a su terapeuta aceptando su enfermedad termina finalmente por contradecirle en su conocimiento, por cuanto la aceptación del paciente, paralelamente aleja al terapeuta del propósito de su práctica profesional: “encontrar una cura”.

Debido a que este tipo de de vocabulario no tiene como perspectiva los lenguajes creativos y generativos construidos por las personas, ni dan cuenta de los recorridos dialógicos (códigos y prácticas), las estrategias de las familias cuando han afrontado situaciones de crisis, es fácil que tanto los profesionales como sus investigaciones caigan en los diagnósticos y en el rótulo.

Por lo tanto, cuando se trabaja en el complejo mundo de la vida humana y sus relaciones, es importante reconocer que a) diversas situaciones relacionales y personales sí requieren de la atención, intervención y acompañamiento psicosocial y psicoterapéutico; b) las personas y sus familias son un recurso por sí solas y único medio para la solución de sus propios problemas; c) hay casos de familias y personas que han activado otras redes de apoyo, sin que medie una intervención profesional; d) no siempre la ayuda del profesional es suficiente para lograr procesos de transformación y cambio en las situaciones de crisis, aunque dichos profesionales se conviertan en una de las redes de apoyo, y e) es común hablar del qué y del para qué del cambio, pero no es común hablar de cómo las familias llegan a él, lo cual es un insumo fundamental para la creación y formulación de nuevas estrategias de acompañamiento que permitan renovar el hacer disciplinar de la psicología y la psiquiatría y de profesiones que han incursionado en el campo de la intervención y orientación a personas y familias en situaciones de crisis, tal como sucede con Trabajo Social, Desarrollo Familiar, Pedagogía y Educación.

En cada una de estas situaciones, por un lado, las personas y las familias pueden lograr sus propósitos de dar salida y aprender otras formas de negociación y afrontamiento a sus conflictos, y, por otro lado, las acciones de las personas y familias son una materia prima fundamental para alcanzar el propio cambio y el fortalecimiento de lo que le es favorable para su desarrollo.

La tendencia académica de recrear más el problema que reflexionar sobre las estrategias de solución y sobre la concertación de acciones para la superación de situaciones de crisis conlleva a una concepción de la familia como agente pasivo en los procesos de cambio, a dejar en manos del profesional que interviene el poder de la transformación. Sin embargo, las familias establecen procesos de cambio y afrontan las crisis también de forma autónoma, activan sus recursos para establecer nuevas condiciones de vida con o sin la ayuda de terceros. Este hecho invita a visibilizar la forma en que lo hacen, a comprender cuáles son los códigos sociolingüísticos y cuáles son las prácticas dialógicas que permiten que el cambio tenga lugar.

En consecuencia, la respuesta a estas apreciaciones es mostrar las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos que co-construyen los grupos familiares para superar las situaciones de crisis. La finalidad de este enfoque es reconocer que el cambio y la transformación van más allá de la intervención o el apoyo profesional, aunque éstos sean medios a donde las personas y familias puedan acudir en busca de nuevas alternativas de solución.

En el marco de estos planteamientos, el presente libro contribuye para a) avanzar en el posicionamiento de las familias y sus integrantes como agentes potenciadores de cambio; b) poner en escena las acciones y las relaciones que co-construyen las personas y las familias para alcanzar una solución a sus problemas; c) dejar evidencia de las estrategias de las familias y de su entorno, y d) fortalecer el quehacer profesional con el diseño de lineamientos metodológicos para cualificar los proceso de intervención y de acompañamiento con familias frente a diversas situaciones de crisis.

Dentro de cada una de estas contribuciones está el aporte al conocimiento sobre los significados, los sentidos y los contextos que emergen sobre un camino que transita entre la vivencia y las huellas de una crisis, sus nudos y desenlaces, a una nueva forma de vida. Una vida más esperanzadora, con expresiones y lenguajes guiados por el reconocimiento, los aprendizajes y, por ende, la creación de nuevas prácticas dialógicas y otros códigos sociolingüísticos.

Detalles metodológicos del estudio para comprender la estructura del libro

He planteado que los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas regulan y dan cuenta de experiencias cotidianas de los sujetos dentro del sistema familiar y dentro de cualquier otro sistema social en el que interactúan. Dichos códigos y prácticas son expresados en el lenguaje, las palabras que describen, califican y narran un evento, los comportamientos verbales y no verbales que puntúan un suceso, las relaciones o contextos relacionales que los sujetos trasmiten como relevantes y los tiempos articulados como procesos. Ambos procesos dialógicos representan cómo se valora el mundo o las experiencias narradas en una conversación, es decir que, mediante ellos, salen a la luz, por un lado, los sujetos que entregan el sentido y el significado a lo que perciben de sí mismos, de los demás y de las circunstancias que les rodean y, por el otro lado, las pautas que conectan las relaciones.

De acuerdo con lo anterior, este libro es el resultado de un proceso investigativo cualitativo, cuyos procedimientos y método estuvieron articulados a un referente teórico y epistemológico en el que las historias, las narraciones y los diálogos de las personas integrantes de las familias son la base de la co-construcción de los análisis y de la interpretación de la información registrada. Dicha información se obtuvo mediante diálogos y conversaciones guiadas a través de la técnica de la entrevista abierta, de la cual participó, de manera voluntaria, cada integrante de la familia. El método de la teoría fundamentada y el microanálisis de la interacción humana fueron puntos centrales de apoyo para crear nuevos aportes para la psicología y los diversos procesos de intervención.

Este apartado, responde a un interrogante central ¿cómo se construyó el proceso de articulación entre el referente teórico, el enfoque, como proceso metodológico, y el método de registro, análisis e interpretación de la información? Esta pregunta está conectada con las preguntas del primer capítulo “Contextualización de la investigación y del campo temático”.

Articulación entre teoría, metodología y método.

Los contextos relacionales presentados por los integrantes de las familias que participaron con su información sobre una situación de crisis socio-familiar y el proceso de superación de dicha crisis fueron la base central para conocer el tipo de códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas generativas que emergieron entre el evento crítico y la llegada de lo que se reconoce como cambio, transformación de este. En sus expresiones se manifiestan las formas como percibieron y experimentaron este fragmento de su vida cotidiana y las inquietudes en torno a él.

La complejidad presente en cada una de sus historias, las redes que se extienden a lo largo del desarrollo de la crisis y su solución, los niveles de involucramiento de cada persona y familia, los acercamientos y distanciamientos, la manera como fue recordado cada episodio con los personajes del momento, la riqueza de cada experiencia y la llegada a un desenlace que les representa una forma de salida al conflicto, permitieron seguir el paso a paso de la trama y la diversidad de formas de interactuar, significar y darle sentido a sus realidades sociales y a sus problemas particulares. Es decir, la información proporcionada por cada persona fue lo que ayudó a ver el sentido y el significado tanto de las crisis, sus procesos, detonantes, quiebres, huellas, pautas que conectan las relaciones-acciones y transformaciones, como del reconocimiento alrededor de la creación y uso de estrategias y recursos personales y familiares.

Tal como ya he planteado en los apartados anteriores el abordaje epistemológico, teórico y metodológico de esta investigación integra planteamientos, especialmente, de la teoría sistémica y del construccionismo social. Desde estas perspectivas, la comprensión tanto del significado como del sentido de lo que narran las personas está en captar el contexto de lo narrado mientras el hablante pone en diálogo o conversación una historia; esto es, captar lo que el hablante interpreta y comprende de un fragmento de su vida y de los eventos y relaciones que recuerda de esos momentos. Por lo tanto, la lectura y traducción de las historias de las personas entrevistadas se convierte en la interpretación de lo interpretado por quien narra lo que lleva a que la actividad de cada investigador sea dialógica y, a su vez, relacional, desprovista de calificativos o nominaciones que rotulen al que habla y es a su vez el cuerpo de la historia narrada. En el mismo sentido, las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos son construcciones complejas cuyo foco de atención es lo dialógico y lo relacional. En consecuencia, lo dialógico y lo relacional son un eje importante de conexión entre los referentes epistemológicos y las dos categorías centrales de la investigación.

Desde estos referentes epistemológicos y teóricos, los contenidos de las historias, en el momento de la narración, son realidades construidas por los hablantes cuyo contexto relacional e intencional engloba sus percepciones y la manera como las entienden y las explican. Estos contenidos de la narración que construye un hablante hacen parte del recuerdo de algo, la forma como cada quien crea y recrea los momentos vividos y las personas que cita en una u otra escena; la manera como lo uno y lo otro son ubicados con relación al sí mismo de quien narra.

Al reflexionar sobre la narración, y con una mirada puesta en la perspectiva de Ricoeur, Arfuch retoma el concepto de ‘identidad narrativa’ que no solo es aplicable a los individuos, sino que también se puede atribuir a los grupos –como la familia para este estudio–, desde el sujeto nos podemos acercar a partes de las narrativas de los otros, del vivir, del mundo, de las experiencia y, fundamentalmente, a la relación de este sujeto con los otros (Arfuch, 2013)15. Ricoeur, cuando se refiere al discurso sobre un escrito, a una expresión de un texto o a una acción habla sobre la dialéctica entre el acto de entender o explicar y comprender, plantea que “la interpretación es un caso particular de comprensión. Es la comprensión aplicada a las expresiones escritas de la vida” (Ricoeur, 2006, p. 85). En otras palabras, sin necesidad de validar un texto o una narración, la comprensión en el campo de la hermenéutica nos ayuda a lograr una comunión intersubjetiva del significado humano y a digerir la experiencia del otro (Gergen, 1996).

La investigación siguió una metodología cualitativa, con el fin de entrar en a) las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos de las narraciones que hacen algunos integrantes de las familias cuando traen a la memoria la forma como superaron una situación de crisis sociofamiliar; b) las construcciones dialógicas y relacionales creadas entre los integrantes de las familias para hacer visibles las acciones y las estrategias que ayudaron a lograr el cambio o la transformación de una situación de crisis; c) los enlaces sociolingüísticos o patrones de interacción recurrentes en las historias, según la versión de los integrantes de las familias para identificar los procesos que llevaron al cambio o transformación de la situación de crisis, y d) los significados y los sentidos en contexto que emergen en las familias sobre la experiencia personal y sociofamiliar ante la situación de crisis, el proceso que lleva a que las personas consideren que ha sido superado y las posibles redes de apoyo identificadas.

El hecho de interpretar las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos co-construidos en las relaciones familiares para la superación de situaciones de crisis sociofamiliares, requirió tener presente un enfoque hermenéutico que guiara la construcción del significado y el sentido de las narraciones y los procesos de cambio, las prácticas y los códigos sociolingüísticos que los acompañan. Este enfoque involucró “un procedimiento de análisis e interpretación de las historias que privilegian los niveles de los enunciados (como textos) [y] pretende construir de las reglas de interacción y de producción de sentidos la secuencia de niveles de un relato” (Delgado y Gutiérrez, 1999, p. 619). En otras palabras, esta investigación fue una manera de captar y reconstruir los patrones de interacción, las comprensiones de significados asignados a las experiencias, el sentido de haber trasegado por una situación de crisis y la búsqueda del cambio como también lo que hoy reconocen de sus recursos y del apoyo de otros agentes sociales.

Cuando se trata de hermenéutica en relación con las historias de vida y sus relatos orales, los acontecimientos dan vuelta atrás y gravitan con el presente, por lo cual no podemos excluir ni el momento de la enunciación, ni tampoco el del enunciado, su contexto (lo que está tejido-con) y la construcción realizada por el sujeto (Santamarina y Marinas, 1999). Respecto a este planteamiento y de acuerdo con los objetivos centrales de la investigación, tanto el significado como el sentido construidos en contexto por cada una de las personas entrevistadas, al igual que la lectura de los textos y la interpretación, fueron atravesados por diferentes tiempos narrativos (en pasado, presente, futuro y sus combinaciones) que implicaron un abordaje metodológico completo y de filigrana. Un contexto que fue nutrido de diferentes momentos.

Lo anterior implicó un esfuerzo y un desafío que invitaron, por un lado, a conjugar el presente de lo enunciado en la narración, expresión de los eventos del pasado que, a su vez, fueron traspasados por los tres tiempos del verbo. Es decir, cuando cada persona que fue entrevistada narró su historia, el proceso de los eventos llevó consigo lo que precedía, lo que sucedía en medio de la crisis y lo que provenía bajo la mirada del cambio. Pero, en el momento de la narración ya había otro presente con respecto al cual se evocaban los recuerdos del pasado. Y, en esta lógica metodológica, el pasado se convirtió en el preámbulo de lo que fue la nueva interpretación articulada a los momentos de la sistematización, el análisis y la traducción de la información hacia la co-construcción de un nuevo texto por parte de quien investiga. De este modo, se llega a una interpretación de segundo y tercer orden, puesto que las personas hacen reconstrucciones de sus vidas, lo que después será la interpretación del investigador (Mallimaci y Giménez, 2007).

En consonancia con lo anterior, el procedimiento metodológico estuvo basado en los criterios de la teoría fundamentada. Aquí fue necesario poner en práctica lo que Strauss y Corbin (2002) llaman: a) “el método de la comparación constante”, por semejanzas y diferencias sutiles que hubo en las voces de los integrantes de las treinta (30) familias que narraron la situación de crisis identificadas por ellos y la manera como lograron superar este evento; y b) “el muestreo teórico”, con el fin de refinar o expandir los conceptos y teorías ya desarrolladas, y tener una mayor comprensión teórica sobre el tema de esta de esta investigación. De forma simultánea, se logró plantear y desarrollar conceptos centrales que fueran enriquecidos en el proceso de categorización y ajuste, en el marco de la información ofrecida por las y los integrantes de las familias, quienes voluntariamente accedieron a participar en la entrevista.

Los sujetos de la investigación y la entrevista

En el marco de este proceso de investigación cualitativa y reconociendo los criterios de validez y confiabilidad de la información, hubo que pensar en un número amplio de familias debido a la variedad de situaciones de crisis que podrían ser planteadas. El criterio de selección de familias fue más allá de un tipo de crisis, tema inicial predeterminado por la investigadora. Así, tal como ha sido realizado en otros estudios, se tuvieron en cuenta familias que vivieran situaciones como depresión, suicidio, abandonos, consumo de sustancias psicoactivas, abusos sexuales, violencia intrafamiliar, separaciones de pareja, entre otros.

Para esta investigación, cada situación de crisis emergió como evento desde una experiencia vivida en familia. En la dinámica de recolección de la información, los integrantes de cada familia definieron, por un lado, la situación que querían narrar y, por el otro lado, quién o quiénes participarían como narradores de la historia y, por ende, de la entrevista que definió algunos criterios con base en los cuales explorar y encontrar la información. Esta manera de proceder fue una manera de ir tras el rastro de lo que emerge en el campo de las prácticas dialógicas y de los códigos sociolingüísticos, bajo unos objetivos propuestos y sus categorías iniciales: recorridos del proceso de crisis sociofamiliar, sus detonantes, quiebres problemáticos, huellas relacionales, búsquedas de salida y cambios (afrontamientos), crisis y problemas colaterales, acciones, estrategias, recursos para el cambio o la transformación, significados, sentidos y nuevos lenguajes. Estas categorías se expresan en prácticas o patrones de interacción sociofamiliar. Y en el marco de estas categorías fue creada la plataforma sobre la que construí la lectura de los textos y algunos planteamientos teóricos y metodológicos.

En consecuencia, en el momento de llegar a las familias para realizar la entrevista abierta no sabía sobre lo que iban a decir y quién o quiénes16 serían los narradores de las experiencias e historias de cada una de las treinta (30) familias de tres (3) municipios del departamento de Caldas (diez (10) de Manizales, diez (10) de Neira y diez (10) de Risaralda). Lo único que estaba previsto para este momento era que los integrantes de cada familia que ofrecerían la información debían ser mayores de 18 años17 en razón a que cada entrevista giraría en torno a una situación de crisis a partir de la cual las personas reconstruían su experiencia y porque sería grabada en audio y en video18. La entrevista abierta, con el apoyo de la guía de entrevista, abrió caminos narrativos derivados de las características de cada historia y del ejercicio dialógico e interactivo de quienes participamos en ella. Las entrevistas oscilaron entre cuarenta minutos a una hora y quince minutos, lo cual nos da una idea sobre el volumen de información19. La entrevista como secuencia interaccional tiene la finalidad de favorecer la producción continua de historias y narraciones.

Como he planteado, la guía inicial de la entrevista fue la diseñada en el proyecto de tesis doctoral de psicología en el año 200820. Teniendo presente su participación en la realización de las entrevistas, la guía fue presentada a las profesoras Paula Vanessa Sánchez Agudelo y Sandra Milena Valencia para su revisión y ajuste en aspectos como el eje temático, los objetivos planteados y teniendo presente que cada una se responsabilizaría de la realización de entrevistas. La guía de entrevista fue la siguiente:

Tabla 1. Guía final de la entrevista abierta

Consigna inicial: “Vamos a conversar sobre una situación de crisis por la que ha pasado la familia y que ustedes consideran que fue resuelta con éxito y ya está superada”.

1. ¿Cuéntenos acerca de dicha situación? (tener presente espacio y tiempo)

2. ¿Cómo es que llegan a darse cuenta de que era una situación difícil para las relaciones familiares?

3. ¿Quiénes de su familia estuvieron involucrados y cómo fue la participación de cada uno/a en la situación familiar?

– ¿De qué hablaban?

– ¿En qué momentos?

– ¿En qué lugares?

– ¿Entre quiénes hablaban?

– ¿Con quiénes no hablaban?

4. ¿Qué ha significado, para la relación entre ustedes, haber experimentado dicha situación?

5. ¿Cuáles fueron las soluciones intentadas por ustedes? (recursos o estrategias).

– ¿Qué decisiones tomaron?

– ¿Qué acciones realizaron?

6. ¿Qué decisiones y qué acciones funcionaron de manera favorable en sus relaciones y cuáles no? (ampliar o explicar).

7. De los miembros de la familia ¿quiénes lograron un cambio más rápido? ¿Quiénes se demoraron más? ¿En qué se vio reflejado esto? ¿por qué cree que ellos actuaron así?

8. ¿Qué personas externas a la familia, o instituciones, contribuyeron a la superación de la crisis y cómo lo hicieron?

9. ¿Qué resultados obtuvieron con el apoyo que recibieron?

10. ¿En qué momento y cómo se dieron cuenta de que la situación estaba cambiando?

11. ¿Cómo se fue resolviendo la situación de crisis?

12. Si tuviera que comparar ¿cómo era la relación durante la crisis y cómo es ahora cuando la situación se ha resuelto?

13. ¿Qué ha significado para la relación de ustedes haber enfrentado y superado la crisis?

14. ¿Qué está haciendo cada uno/a para mantener el cambio relacional y personal logrado?

15. ¿Cuáles fueron los aprendizajes y las ganancias personales, relacionales y familiares de esta experiencia?

16. Si se les presentara una situación similar a la que han narrado, ¿cómo creen que actuarían?

17. ¿Qué recomendaciones harían a profesionales que trabajen con familias que están pasando por una situación similar a la de ustedes?

Aclaro que metodológicamente el hecho de plantear la consigna “Vamos a conversar sobre una situación de crisis por la que ha pasado la familia y que ustedes consideran que fue resuelta con éxito y ya está superada”, conlleva el propósito de salir del foco problema e ir hacia la co-construcción del cambio. Este propósito da el sentido a esta investigación. Esto significa que, desde la introducción de la entrevista, la mirada va hacia algo que fue resuelto con éxito por parte de los integrantes de las familias entrevistadas. Así mismo, esta consigna inicial ubica, en primer plano, lo que las familias hicieron para superar la situación de crisis y, por ende, la perspectiva sobre familia como agencia activa-potenciadora de cambios y desarrollos.

Hago esta aclaración por cuanto en las familias ocurren situaciones críticas de alta complejidad que uno o más miembros de ellas quedan derrumbados. Se quiebra el sistema sociofamiliar y se crean enfermedades físicas y mentales que requieren de la intervención de expertos. Y, aun así, los resultados pueden no ser exitosos, más cuando la crisis ha quebrado la identidad de las personas y/o de sus familias. White y Centre (2016) plantean que algunas veces los traumas frente a las crisis son corrosivos, es decir, que las personas pueden pierden el sentido de sí mismas, de su proyecto de vida y también pierden el contacto con el sentido familiar de su identidad. Ya no saben cómo proceder en la vida, a tal punto que hasta en los contextos terapéuticos puede ser muy difícil extraer qué es lo que les da valor a sus vidas (White y Centre, 2016).

La entrevista como nudo articulador de dos categorías pragmáticas

A partir de las voces de cada persona, en su lugar de pareja, esposa, esposo, madre, padre, hija, hijo, abuela, abuelo, hermana, hermano, se abrió una forma de leer, traducir e interpretar aristas de un evento y una experiencia cotidiana; de algo que ocurrió en el pasado, en una forma de vida que tuvo su propio contexto y que en el momento de la narración se hace verbo y se reconoce una historia articulada al contexto sociocultural de las personas y familias. Arfuch, desde una visión bajtiniana se refiere a los lenguajes de la entrevista como:

El funcionamiento del lenguaje en la entrevista nos remite a formas de las cuales tenemos una experiencia cotidiana: el diálogo, la conversación. A pesar de que el principio dialógico determina aquí que “uno pregunta y otro responde”, los recorridos son siempre azarosos. Pensar en la entrevista como género discursivo es atender a la situación comunicativa, sus interlocutores, el “pacto de cooperación” que se establece entre ellos (aun cuando sea para discernir), sus reglas y sus infracciones. Pero también es considerar los sentidos de esa interacción, los sistemas de valoración del mundo que se ponen en juego, la relación con otras formas discursivas, el modo en que se articula al contexto sociocultural. (Arfuch, 1995, p. 27).

En este sentido, hablar del lenguaje de la entrevista implica registrar las voces, las entonaciones o los sonidos polivocales y polifónicos expresados por el hablante, quien nos remite a una trama con sus tiempos, con sus personajes dialógicos porque estos interactúan con el hablante y también nos remite a contextos relacionales particulares en función del evento que narra. Con cada recuerdo las personas buscan la manera de presentar un fragmento de su vida cotidiana en la que estuvieron involucrados junto con otros integrantes de sus familias como con otras personas de sus familias extensas y aquellas quienes por la cercanía o solidaridad del momento deciden ser parte del apoyo y la búsqueda de salida a lo que han identificado como situación de crisis. También, en cada recuerdo aparecen los personajes centrales o periféricos con quienes su relación y sus formas de acción configuraron la trama de lo que se identificó como algo doloroso, traumático, difícil que les ocurrió y en el presente se expresa como una historia pasada por imágenes que el hablante narra y de la cual algo se ha aprendido. Como plantea Gergen (1996),

Si uno pudiera interpretar la propia vida ahora como el resultado de una “larga lucha ascendente”, como un “declive trágico”, o como una continuada epopeya o saga, en la que uno sufre derrotas o renace de sus cenizas para conseguir el éxito, estaríamos plenamente preparados para creer. (p. 247)

La consigna inicial fue también la introducción para que cada persona trajera su propia realidad y la historia de ella, solo condicionada por la intención del hablante de narrar la situación de crisis y su papel, así como el de las otras personas con las que compartió este fragmento de vida. No era necesario un marco teórico que les explicara qué significaba una crisis, por el contrario, el desarrollo de cada historia en particular, las semejanzas y diferencias con otras, fue lo que provocó que viera cada historia como un evento por la importancia que cada hablante le daba y por la huella personal y familiar que dejaba haber vivido esta experiencia y su recuerdo al traducirla.

A partir del proceso de la entrevista, las realidades contadas agregaron nuevos saberes al entrar en conversación. Es decir, llenaron de vida una forma de relación en la que se combinaron significados, sentidos e intenciones para saber más sobre “algo”, que aun en el medio investigativo consideramos como “realidad” (virtual o ficticia) dentro de sus propios contextos. Estas “realidades” navegaron en las narraciones entre las personas al crear fragmentos sobre experiencias de vida, conectados en el desarrollo de entrevistas, a través de preguntas, respuestas, recuerdos, diálogos, conversaciones e historias. En fin, estas realidades se manifiestan en conexiones sociolingüísticas que señalan la manera como las personas traducen formas de lenguajes y, por ende, las formas de vida creadas en las relaciones interpersonales y sociales, ausentes de cualquier forma de calificativo desde el punto de vista de la acción ética investigativa. Estas formas de vida son representaciones de un sujeto y otro, del yo, tu, él, nosotros, ellos con quienes se co-construyen y se recrean las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos.

Sistematización y categorización de la información

Es importante resaltar que la lectura de cada entrevista tuvo como techo los conceptos centrales de los objetivos, por ser comunes a las dos categorías del estudio. Pero, a medida que avanzaba el estudio, el análisis y la interpretación de la información, los conceptos que emergieron, enriquecidos por las categorías y subcategorías, fueron lo que permitió explicar estas categorías a la luz de las experiencias vividas por las familias que lucharon –desde y para sí– por cambiar una situación problema, porque en este proceso las personas y las familias resignifican sus formas de vida. En este sentido, en la primera parte me guie por un método deductivo, mientras que en la segunda fue tomando fuerza el método inductivo, el cual es un principio de la teoría fundamentada.

Estos dos métodos se enriquecieron mutuamente, por cuanto una cosa es decir en el marco de las prácticas dialógicas que en el trabajo con familias, organizaciones y psicoterapia hay saberes transformativos en las personas y en el campo social que se da progresivamente mientras se exploran condiciones novedosas y generativas (o creativas): qué hacer, cómo hacer, cómo expresarse, cómo posicionarse en el contexto, cómo manejar las emociones y las relaciones, cómo reconocer los recursos, desempeños y potencialidades a futuro (Fried Schnitman, 2013), y otra cosa es cómo lo hacen las familias desde la co-construcción de sus saberes. Así mismo, una cosa es decir que en las conversaciones, por ejemplo en la psicoterapia, las personas crean conexiones y señales sociolingüísticas (códigos) que configuran pautas de interacción particulares cuando el foco es el problema (predominancia de códigos de contrastación, rebote, circular perceptivo), cuando el foco es la redefinición (principalmente los códigos de reconocimiento y suspensión) y cuando el foco es el cambio (con mayor frecuencia la presencia de códigos imaginativo, integrativo y de complemento) (Sánchez, 2016), y otra cosa es identificar las señales sociolingüísticas creadas por las familias para dar salida a las crisis.

Las características de las prácticas dialógicas y de los códigos sociolingüísticos fueron tomadas de las narraciones de los integrantes de las familias, en el contexto de los procesos y las acciones que cada hablante identificó como la manera en la que lograron la superación de la situación de crisis. Ambos conceptos (prácticas y códigos) fueron unidos, combinados o transformados en la interacción social y en las formas de lenguajes de las personas que dialogaron sobre su propio evento. Un evento que fue nombrado como situación de crisis en el contexto de los procesos vividos por las familias, en un intervalo de tiempo. Este proceso de investigación se distingue por mostrar treinta (30) historias demarcadas por tres momentos que se entrelazaban durante la narración: un comienzo, un nudo y un desenlace que iban y regresaban de acuerdo con los hipervínculos o conexiones narrativas que hacían las personas entrevistadas.

Estos tres momentos de las historiasno fueron previstos antes de las entrevistas, sino que emergieron como estructura metodológica para ampliar el contenido de las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos más allá de la mirada sobre el cambio y la transformación, es decir que, si bien este es el sentido de la presente investigación, el hecho de mirar solo el cambio con relación al punto de partida denominado como situación de crisis, era terminar en lo que se encontró en el contenido de los antecedentes investigativos y de proyección revisados: un salto entre el problema y el no problema, entre el diagnóstico y la solución, sin el reconocimiento del proceso. Por ello, el método de la teoría fundamentada, junto con procesos del microanálisis, se convirtió en la base para seguir paso a paso el proceso dialógico e interactivo para la co-construcción de un contexto sociofamiliar que, en el momento de la entrevista, le permitió afirmar tanto a la familia como al entrevistado que la situación fue “superada exitosamente”.

El punto de partida en algunos momentos fue reforzado con expresiones como: “una experiencia que perciben como una crisis que lograron superar o aquello demasiado traumático, difícil o muy duro que la familia afrontó con éxito”. Este punto de entrada y de llegada (crisis y superación) permitió, por un lado, hacer visibles los procesos que desarrollaron y las rutas que emprendieron para ir del problema a la superación del mismo y, por el otro lado, identificar diálogos, voces, significados, sentidos, procesos relacionales (prácticas o patrones de interacción), crisis/problemas/conflictos (o situaciones problémicas) acciones, estrategias, recursos para el cambio o la transformación21, creados por las personas y las familias o que ellas pusieron en interacción en este proceso.

Con el fin de identificar cada una de las historias, y cada uno de los fragmentos citados en el libro, consideré importante hacerlo a través de una frase que identifica cada situación de crisis sociofamiliar, tal como aparece señalado en cada numeral22:

Tabla 2. Identificación de las distintas situaciones de crisis

1. Afrontamiento familiar del proceso de cáncer y muerte del hijo de 2 años y medio. Impotencia frente al tratamiento, los trámites y procesos médicos y hospitalarios (Madre, 40 años; Padre, 44 años. Manizales).

2. Muerte de la madre en la familia y salidas de los hijos del hogar por conflictos intrafamiliares (Hijo, 28 años. Manizales).

3. Separación de padre y madre, unida a las confusiones de amor y odio de los hijos y el impacto psicológico que despertaban la actitud de la madre y el padre (Hija, 30 años. Manizales).

4. Accidente en el que el padre como conductor de buseta atropella a dos mujeres y luego la familia es amenazada de muerte por sus esposos (Hija, 22 años. Manizales).

5. Problemas de convivencia con la sobrina de 14 años a quien adoptó como hija cuando tenía un año y medio. Juntas viven una relación tensa y de permanentes confrontaciones (Madre, 35 años. Manizales).

6. Mujer a quien su esposo, única pareja y amor de su vida, la deja por otra mujer. Su mundo se derrumba y cae en tristezas y humillaciones que afectan su relación con la empresa y con su hijo (Mujer y madre, 30 años. Manizales).

7. Embarazo de la hija a los 17 años, salida del hogar y posterior vivencia de una relación conyugal con pautas interaccionales violentas (Madre, 48 años; Hija, 21 años. Manizales).

8. Hermana de 19 años, se enamora de un compañero de trabajo que tiene distrofia muscular. Él ingresa a la familia de ella y se crean ambientes de cuidado tensionantes. (Hermana, 24 años. Manizales)

9. Accidente automovilístico que tuvieron madre, hija y nieta, en el que fallece la hija. La madre debe afrontar el dolor de la pérdida, las culpas y los señalamientos de su yerno, además de la separación de su nieta. (Madre, 45 años. Manizales)

10. Hija que a los 19 años fue expulsada de la casa por el padre cuando vio que su novio le hacía visita. La madrastra y hermanastra fueron un soporte de la hija a escondidas del padre. (Hija, 22 años. Manizales)

11. Desplazamiento forzado por parte de un grupo de las autodefensas de Colombia, rechazo por parte de otras poblaciones y discriminación racial hacia los hijos en la escuela (Madre, 45 años. Risaralda).

12. Asesinato de la hija cuando salía hacia el trabajo a una finca de la vereda donde vivía. Ella era quien sostenía al padre y a la madre (Padre, 72 años. Risaralda).

13. Asesinato de dos integrantes de la familia por parte de paramilitares y posterior amenaza a la abuela y a la nieta que a los 7 años había sido víctima de abuso sexual por parte de este grupo armado (Nieta, 18 años. Risaralda).

14. Madre que después de la muerte del esposo debió trabajar y sostener a sus hijas. Dejó a su hija menor en manos de una familia amiga, luego los hombres de la casa abusaron de ella (Madre, 50 años; Hija, 17 años. Risaralda).

15. Secuestro y asesinato de una cuñada por parte de paramilitares, seguido de desplazamiento, pérdidas económicas, enfermedad postraumática del marido (obesidad y depresión) y muerte (Esposa y madre, 55 años. Risaralda).

16. Hombre que, a los 49 años, durante su trabajo, cayó del caballo y quedó con limitaciones físicas. Hoy reclama sus derechos de pensión e indemnización. (Esposo, 50 años; Esposa, 45 años. Risaralda)

17. Padre que recuerda la construcción de una familia bajo sus condiciones de pobreza económica, su impacto en la formación de sus hijos y en la relación con su esposa que se torna violenta (Padre, 76 años. Risaralda).

18. Mujer con más de 30 años de casada decide terminar su relación con su esposo, después de tres años de infidelidad por parte de él y de luchar por conservar la relación y el hogar (Mujer y madre, 60 años. Risaralda).

19. Muerte de una mujer por parte de su esposo, después de que ella decide dejarlo. La familia busca no generar venganzas y, más bien, cuidar de los dos hijos huérfanos (Hermana, 23 años. Risaralda).

20. Mujer que desde los 35 años se ha encargado de ser cuidadora de sus hombres más cercanos: abuelo fallecido a causa de un cáncer, padre que hoy sufre de asma y dos hijos jóvenes para evitar que opten por conductas delictivas (Nieta, hija y madre, 48 años. Risaralda).

21. Muerte del padre en la familia y surgimiento de diversos problemas con la madre y los hermanos, caracterizados por pautas relacionales violentas y consumo de SPA (Hija, 26 años. Neira).

22. Madre separada encargada del sostenimiento y crianza de sus dos hijos de 9 y 5 años, secuestrada por un frente de la guerrilla. (Madre, 50 años. Neira).

23. Madre que enfrenta la enfermedad de su hijo, por una caída en la que se lesiona una de sus rodillas. El sentirse sola detona en relaciones agresivas de ella con su madre y con su esposo (Madre, 26 años. Neira).

24. Mujer que a los 18 años quedó huérfana de padre y madre, responsable de su hermana y de su hermano menores. Ella se casa con el fin de garantizar la crianza y protección de ellos (Hermana, madre y abuela, 60 años. Neira).

25. Mujer que vive en unión libre con un hombre casado y con hijos, estos últimos con quienes la convivencia fue crítica, además de los señalamientos por parte de su familia de origen hasta lograr su aceptación (Madre, 48 años. Neira).

26. Amenazas a la familia después de darse cuenta del asesinato de un vecino y amigo. Esto los llevó a desplazamientos consecutivos provocados por varios frentes de la guerrilla (Madre, 45 años; Hija, 18 años. Neira).

27. Interrupción primer embarazo de ocho meses por desprendimiento de placenta que altera expectativas de un primer hijo y nieto en la familia, unido a depresión de la madre gestante (Abuela y madre, edad SD. Neira).

28. Mujer que recuerda un matrimonio triste, ya que desde el día del matrimonio vivió una relación de pareja con patrón violento, extendido a relaciones de violencia de su esposo hacia los hijos (Esposa y madre, 88 años. Neira).

29. Hija que, a los 14 años, cansada de cuidar a sus hermanos menores, a su madre y a su padre a quienes considera rígidos y exigentes decide salir del hogar y enfrentar la decisión tomada (Hija, 24 años. Neira).

30. Mujer con tres hijas que vivió una relación de violencia, asociada a expresiones de celos por parte de su marido, hasta que decide enfrentarlo con una demanda (Esposa, 30 años. Neira).

El ejercicio de revisión y edición de cada una de las entrevistas permitió identificar acciones y relaciones entre los integrantes de las familias y definir las entrevistas modelo (tres por cada municipio) desde las cuales se iniciaron los procesos de descripción y reconocimiento de significados, sentidos, tiempos, espacios, personajes, lugares, acciones y relaciones, contenidos en cada historia. Este primer momento no solo dio las pistas de lo que podría aparecer en las siguientes entrevistas, sino que permitió identificar más de cien códigos, ya que los criterios de lectura eran los detalles propios de palabras (dolor, angustia, desespero, impotencia, desconfianza, solidaridad, unión, futuro, aprendizajes, etcétera), frases cortas (buscar donde uno viva mejor, la presencia de los hijos me ayudó, la unión de la familia se fortaleció, los vecinos nos acompañaron en este proceso, si nos van a matar que nos maten, pero ya no más, etcétera) y fragmentos, tal como se refleja en el desarrollo del análisis y la interpretación (Ella se llenó como de un valor grande y ella decía: si nos van a matar que nos maten, pero no más, eso que… que para allá y para acá ¡no!, no más. Papá en ese diciembre era llorando, porque ya en el trabajo eran diciendo que lo iban a matar y que lo iban a matar. Mi mamá le decía: “no mijo, eso tranquilícese que, si nos van a matar a todos, ese era el día de nosotros”, le decía ella. Entonces, mi papá se tranquilizaba un poquito).

A medida que avanzó este ejercicio en las primeras diez (10) entrevistas y el contexto de las acciones, reacciones e interacciones narradas se extendieron, por comparación, a las siguientes historias narradas y, a partir de este proceso, se consolidaron las subcategorías, categorías centrales y se realizaron los enlaces respectivos. Por ejemplo,

Tabla 3. Categorías y subcategorías centrales de análisis



Teniendo presente que las historias no son lineales, en estos casos lo que se muestra son pequeños fragmentos del contenido de cada una de las historias narradas. No representan el comienzo y el final, sino que son parte de la forma como cada entrevistado creaba las idas y venidas de la historia y, a su vez, conectaba un suceso con otro en medio de lo que recordaba. Entre unos y otros fragmentos, desde el comienzo hasta el cierre de la entrevista están los diálogos, las relaciones, las interacciones, las acciones, las estrategias, los enlaces sociolingüísticos o patrones de interacción, la co-construcción del cambio o la transformación de la situación de crisis, los significados y los sentidos en contexto, que están en el marco de las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos.

Análisis e interpretación de la información

El ejercicio que se presenta en la tabla anterior es una muestra de los momentos en los que ya se daba el proceso de análisis e interpretación de la información. Es decir, de los primeros escritos y traducciones que surgieron sobre las versiones que daba cada persona entrevistada. Las primeras tres entrevistas (historia familiar por municipio: Manizales, Neira y Risaralda), a través de las voces de quienes narraron las historias, fueron el punto de partida para identificar patrones narrativos de los procesos que co-construyeron los integrantes de las familias para pasar del estado de crisis sociofamiliar al momento de la vida que identifican como el punto de partida o la creación de un estado relacional del cual se apoyaron para decir que esta situación había sido “superada”. Cuando se llegó a la categorización, subcategorización y análisis de las diez (10) primeras entrevistas fue posible enriquecer la presencia de pautas narrativas cruzadas con las categorías de los objetivos de la investigación. Se integraron los códigos creados en el software Atlas ti, a tal punto que de cien (100) códigos iniciales se llegó a treinta y seis (36) al culminar el análisis de las treinta (30) entrevistas. Esta depuración fue una forma de ir pasando por cada una de las formas de codificación de la teoría fundamentada: abierta, axial y selectiva24 (Strauss y Corbin, 2002; Soneira, 2007; Flores y Naranjo, 2014), paralelamente se validó la información cuando el contenido de la información comenzó a repetirse entre una y otra familia pese a las diferencias en cada una de las historias. Esto lo que permitió que cada categoría de análisis construida quedara consolidada bajo el criterio de saturación, el cual E fue más visible al terminar la lectura de veintiún (21) entrevistas. Las nueve restantes sirvieron de base para complementar puntos centrales de la interpretación, consolidar la creación de subtítulos y la construcción de texto, esta información se fue cruzando permanentemente con algunos planteamientos teóricos de autores sistémicos, construccionistas sociales y de la filosofía del lenguaje.

Como los análisis y las interpretaciones tienen el cruce de diversos contextos –los que corresponden a los diálogos propios de las entrevistas, los creados por el entrevistador, y el creado por quien investiga–, opté por ubicar el contexto de las narraciones creadas por las voces de quienes participaron en las entrevistas y su interpretación haciendo uso de las siguientes preguntas que guiaran la comprensión de los textos: ¿qué hacen los integrantes de las familias mientras conversan, actúan o interactúan en función del problema? (lo que se dice y hace), ¿qué es ‘lo dicho’ en este fragmento enunciado? (significado y contexto), ¿hacia dónde se dirigen determinadas formas de expresión y no otras? (sentido), ¿para qué sirve lo que las personas hacen y dicen en relación con el cambio? (intención), ¿qué y quiénes forman parte del enunciado como personajes centrales y periféricos y en qué contexto aparecen? (referentes y contexto relacional –situacional e interactivo–), ¿cuál es el foco temático con mayor énfasis entre los hablantes mientras narran, el tiempo y los personajes traídos a la historia? (permanencia y duración del momento, lugar en el tiempo y actores).25 (Sánchez, 2012 y 2016)

Después de las preguntas que ya he formulado para seguir la ruta que muestra el cuerpo y la estructura de este libro: 1) ¿cómo entender la relación entre las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos?, que corresponde a contextualización del campo temático; 2) ¿cómo se llegó a la relación de las prácticas dialógicas y los códigos sociolingüísticos?, que guía la respuesta hacia la articulación teórica entre los dos conceptos centrales; 3) ¿cómo se construyó el proceso de articulación entre el referente teórico, el enfoque, como proceso metodológico, y el método de registro, análisis e interpretación de la información?, con el fin de ver la coherencia entre los planteamientos teóricos, metodológicos y el método, finalmente incluyo en este apartado metodológico una cuarta pregunta: ¿qué fue creado desde las voces de los hablantes en conexión con las voces de quien traduce, analiza e interpreta diversos fragmentos que exaltan la capacidad transformadora de las familias? Esta pregunta es la llave para presentar los resultados generados en los procesos llevados a cabo en el análisis y la interpretación de la información, que se ve en el segundo capítulo.

La siguiente gráfica es una síntesis del proceso llevado a cabo en el marco de la teoría fundamentada y componentes del microanálisis, utilizada en este proceso metodológico.


Sobre la estructura del libro

Cada capítulo de este libro refleja la articulación de las reflexiones teóricas, el camino metodológico que facilitó la búsqueda de respuesta a los objetivos de la investigación y, por ende, a la consolidación de este escrito, que además tiene como cuerpo narrativo: 1) los recorridos del proceso de crisis sociofamiliar, sus detonantes, los quiebres problemáticos que provoca, las huellas relacionales que quedan después de estos procesos, las búsquedas de salida y los cambios que contribuyeron a superarla; 2) las estrategias y los recursos personales y sociofamiliares co-construidos para afrontar y resolver situaciones de crisis; 3) las estrategias y los procesos dialógicos que se dieron entre el problema y el cambio; 4) los procesos relacionales construidos por las personas y sus familias para actuar en busca del cambio, la transformación y la superación de los procesos de crisis; 5) los significado y los sentidos de los procesos de crisis, de afrontamiento, sus nuevos lenguajes y contextos dialógicos, y 6) algunos lineamientos metodológicos para el trabajo con familias que afrontan situaciones de crisis en las relaciones familiares.

En este orden de ideas, la estructura del libro permite ver el recorrido de varias historias contadas por integrantes de las familias, a partir de sus voces y testimonios, que van unidos a las reflexiones propias de la investigadora.

El primer capítulo, “Códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas entre las crisis y los cambios sociofamiliares”, es una presentación de las características centrales de los dos conceptos de códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas, y los antecedentes epistemológicos que fortalecieron su desarrollo. En este sentido, aparecen algunos antecedentes sociolingüísticos y reflexiones sobre la teoría sistémica, el construccionismo social y la filosofía del lenguaje. Dado que los contextos desde los cuales se registró la información fueron las familias que vivieron situaciones de crisis, se abren algunos planteamientos sobre este grupo social y sobre la transformación del concepto de familia en el marco de la teoría sistémica y de la del construccionismo social.

El segundo capítulo, “Recorridos de una crisis. El recuerdo más allá de la palabra”, muestra movimientos relacionales que transitan entre la situación de crisis y su transformación. Contiene seis partes centrales en las que se presentan los recorridos del proceso de crisis sociofamiliar; las estrategias y los recursos ante una situación de crisis; el tránsito de los lenguajes del problema a los lenguajes del cambio; los nudos y desenlaces entre la crisis y la superación, y los nuevos significados, sentidos y contextos que emergieron del proceso de afrontamiento. Igualmente, resalta la transformación de los tiempos de la vida cotidiana y los referentes relacionales cuando las personas narran el evento crítico y cuando sus expresiones se refieren a cómo se llegó al proceso de cambio o superación de este evento. A medida que avanza cada una de estas partes del texto, hay fragmentos de la información cuya finalidad es ilustrar los planteamientos analíticos e interpretativos presentados.

En el tercer capítulo se plantean lineamientos que servirán de apoyo para enriquecer procesos de trabajo con las personas y las familias. Lo importante de este aparte es que la información es tomada de las recomendaciones dadas por las personas entrevistadas. Más aun, son recomendaciones elaboradas a partir de algunas experiencias previas que cada una de estas personas tuvo con profesionales. De esta manera, los lineamientos quedan articulados con lo vivido por las personas y las familias que expresaron y compartieron sus experiencias acerca de su recorrido desde el evento de crisis hasta el proceso de superación de este.

CAPÍTULO I
Códigos sociolingüísticos y prácticas dialógicas entre las crisis y los cambios sociofamiliares
Introducción

Con el fin de ubicar el campo temático y epistemológico del presente libro es importante dejar claro que lo escrito sobre las relaciones familiares, las crisis y los cambios generativos tiene una base conceptual y epistemológica en los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas. Estos dos conceptos hacen parte del campo de la psicología sistémica construccionista, cuya riqueza al igual que su complejidad parten de estudios sistemáticos que han articulado la psicoterapia, las investigaciones en terapia familiar sistémica-construccionista y las formas de intervención con la vida cotidiana de personas, familias, comunidades y organizaciones.

El propósito y el marco teleológico de procesos psicoterapéuticos e intervenciones psicosociales psicosociales y clínicas sistémico-construccionistas han estado centrados en buscar y consolidar voces de muchas experiencias profesionales que permitan dar respuestas sobre ¿cómo hacer de la psicoterapia y de las relaciones entre terapeutas y consultantes un contexto liberador, democrático, colaborativo, creativo y generativo, más enfocado en el reconocimiento de lo humano y de las capacidades de las personas para transformar y transformarse? Es decir, la mirada de estos profesionales está puesta en las capacidades humanas de interacción tanto de las acciones e interacciones profesionales como en lo que las personas y las familias hacen, con el fin de crear alternativas o estrategias que permitan construir contextos menos tormentosos y deficitarios, en el que los sufrimientos, las violencias, los miedos y los terrores estén cada vez menos presentes.

En este sentido, contextos sociolingüísticos y prácticas dialógicas son dos conceptos enriquecidos para atender demandas humanas, sociales, culturales y relacionales complejas que en algún recodo de los encuentros entre profesionales que conversan con múltiples y diferentes realidades sociales puedan hacer aparecer hilos conductores para crear nuevos lenguajes en nuevos contextos.

En el presente libro, tanto el concepto de códigos sociolingüísticos26 como el de prácticas dialógicas están soportados en la sociolingüística y en la mirada hacia el lenguaje, pero también en un esfuerzo académico por articularlos tanto desde sus semejanzas como desde sus diferencias, lo cual más que fragmentar su relación los acerca epistemológicamente.

De ahí que en el capítulo se presenten algunos antecedentes sociolingüísticos como contexto base para la comprensión de estos conceptos en el campo de la psicología, la psicoterapia, las múltiples prácticas de atención e intervención, así como también para ubicar las realidades personales y familiares en el contexto de sus significados y sentido. Con los antecedentes hay una aproximación a algunos movimientos de la sociolingüística y a reflexiones acerca de la teoría sistémica, el construccionismo social y la filosofía del lenguaje centrada en autores como Wittgenstein, Bajtín y Ricoeur27.

Paralelo a estos desarrollos epistemológicos, la visión que se presenta en este trabajo sobre familia y relaciones familiares ubica los conceptos en los cambios producidos en la psicología, especialmente a partir de los argumentos de la psicología sistémica y del construccionismo porque desde estos paradigmas emergieron nuevos planteamientos sobre la construcción de cambio en las personas y las familias cuando afrontan una situación problema o una crisis.

A primera vista, desde estas epistemologías hay un reconocimiento y un llamado a ver el contexto, el significado y el sentido en el que las situaciones críticas, su transformación y las acciones-interacciones son co-construidas y desarrolladas por y entre las personas. Por ello, en este capítulo hay planteamientos en el orden de lo generativo que reconocen las capacidades y los recursos de las personas. Una manera de ver las oportunidades para la creación de alternativas, estrategias y posibilidades que permitan lograr la transformación de una forma de vida guiada por la crisis en una forma de vida guiada más por el afrontamiento y el cambio. Finalmente, se presenta una visión sobre el concepto de crisis desde un referente teórico de la psicología que une y relaciona desarrollos sistémicos y construccionistas.

Antecedentes sociolingüísticos
Preámbulo de los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas

A mediados del siglo xx, convergen múltiples transformaciones y surgen marcos epistemológicos nuevos en las ciencias sociales. La complejidad de los problemas sociales y humanos exigió la conversación y la integración de disciplinas. Se originaron pensamientos complejos, interdisciplinarios y transdisciplinarios como respuesta a los problemas sociales que exigieron de las disciplinas nuevas teorías y nuevos paradigmas para articular los saberes y abarcar el estudio de los problemas sin perder la complejidad que les es propia. Visiones tradicionales de la psicología que hacían énfasis en conceptos como: funcionalidad, patología, neutralidad, objetividad, verdad, lenguajes privados e innatos, además de no tener presente la perspectiva cultural y de género, entre otras, comenzaron a ser fuertemente cuestionadas por la psicología misma y también por otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas, especialmente la filosofía, la antropología y la sociología.

En medio de estos cambios de paradigma, el origen de las investigaciones en psicología y la necesidad de comprender los procesos de comunicación tomaron fuerza en los años 50. Por la misma época, surgieron la terapia familiar sistémica, los estudios sobre familias en las ciencias sociales y una corriente de la sociolingüística que articula el lenguaje con los procesos y los sistemas sociales. Y, en el caso de la psicología, las investigaciones bajo los paradigmas de la teoría general de los sistemas, la cibernética, la teoría de la comunicación, la teoría de los juegos y los tipos lógicos se enfocaron en revisar los procesos comunicativos en la construcción, el mantenimiento y el cambio de patologías o problemas en la perspectiva individual y en la perspectiva de las relaciones familiares.

Hacia mediados de los años 60, como producto de los movimientos sociales feministas, grupos étnicos, organizaciones gay y otros que constituían grupos minoritarios, y de las nuevas preguntas que se hicieron investigadoras-es en el campo de la psicología, los estudios de la comunicación en las familias tuvieron en cuenta los procesos sociales y dejaron de ver los problemas de sus relaciones como “patologías”. De acuerdo con este enfoque dichos estudios empezaron a centrarse en los temas de las conversaciones y los discursos de grupos, la relación del lenguaje con las dinámicas sociales, la co-construcción del contexto en las familias, los diálogos entre sus integrantes, así como los procesos de crisis que llegan a este ámbito social, toman fuerza. De igual manera, los problemas empezaron a articularse con los recursos y a las posibilidades de transformación y generación de cambios relacionales favorables. En este proceso, en el que se pasa de una visión del individuo, mente, psiquis, conducta, a una visión de familia, de las relaciones e interacciones sociofamiliares, a las pautas y coordinaciones sociolingüísticas entre las personas, unido al auge de la aplicación de conceptos en biología, lógica matemática y física a la psicoterapia, varios investigadores en psicología sistémica y construccionista fueron articulando reflexiones filosóficas, antropológicas y sociológicas a las investigaciones sobre las interacciones humanas en diversos contextos de relación.

Lo que escribo a continuación, en pocas líneas sobre cada autor y su obra, es un reconocimiento a los avances investigativos en el marco de la sociolingüística, la filosofía del lenguaje, el estudio de las relaciones familiares desde una perspectiva sistémica construccionista y los procesos de cambio ante situaciones de crisis que viven las personas dentro de su contexto familiar como en la interacción con otros contextos.

Sociolingüística

Los desarrollos de la sociolingüística como disciplina o ciencia autónoma y su relación con la filosofía, la sociología, la antropología y la psicología, tienen sus orígenes a mediados del siglo xx. La sociolingüística surge en respuesta a la necesidad de estudiar la relación entre lenguaje, el sujeto, las sociedades, las lenguas, los contextos sociales, en suma, la construcción de sentidos y significados en los procesos de comunicación humana. Dada la complejidad que conlleva comprender estos asuntos, de la sociolingüística se derivaron algunos énfasis que permitieron concentrar problemas derivados de los planteamientos de la lingüística de Saussure y Pierce, “considerados dos grandes padres y fragmentarios de la semiótica” (Fabbri, 2000, p.11).

Así mismo, los cuestionamientos partieron de las deficiencias tradicionales de los análisis de contenido de los discursos, la lingüística general enmarcada en un contexto teórico y metodológico problemático dentro del “estructuralismo” de la época (Maingueneau, 1976; Benveniste, 1985, García, 1993). Aún, predominaba el pensamiento fragmentado, mecanicista, lineal, analítico, el lenguaje privado, el lenguaje como representación independiente de lo que representa, el desarrollo psicológico, cognitivo, moral y de lenguaje por etapas que se suman unas a otras y las generalidades derivadas de los análisis deductivos. Por ejemplo, desde el estructuralismo, la lingüística y la comunicación se asociaban al engranaje de una estructura directamente relacionada con otra, las cuales respondían a una estructura mayor. O, por el contrario, la estructura mayor era el resultado de la relación y la sumatoria de partes que configuraba el sistema total a medida que evolucionaban y se integraban, tal como fueron los estudios centrados en la sintaxis y semántica.

Después de los años 50, surgen investigaciones empíricas, trabajos básicos que impulsaron el desarrollo de la sociolingüística, cuyo interés estaba centrado en estudiar sistemáticamente el significado del lenguaje (semántica), el lenguaje cotidiano articulado al comportamiento humano, las relaciones sociales, el modo de hablar entre los sujetos, lo lingüístico y extralingüístico; es decir, cómo el contexto influye en el significado de lo que se dice y cómo se dice en los encuentros y conversaciones (pragmática). Sintaxis, semántica y pragmática son conceptos que han predominado en la historia del estudio del lenguaje y la comunicación humana. Hoy en día su articulación es un punto de apoyo para comprender e interpretar el lenguaje en los complejos mundos que surgen en y desde los procesos de co-construcción social.

De acuerdo con Berutto (1979), el florecimiento del estructuralismo clásico se dio entre los años 20 y los años 50, en Europa y Estados Unidos. Esta fue una época de estudio sobre la lengua y el habla en el marco de la lingüística. En ese momento, la temática sociolingüística estaba implícita, y de manera tímida afloraban algunos planteamientos sobre el lenguaje y su relación con lo social. La referencia histórica que hace Berutto permite ubicar la trayectoria que han tenido los estudios sociolingüísticos y los énfasis de las investigaciones tanto en Estados Unidos como en algunos países de Europa en donde esta temática contó con un gran impulso. El florecimiento de estos estudios tuvo lugar a mediados de los años 60. Estados Unidos se destacó por los estudios descriptivos alrededor de los comportamientos sociolingüísticos de pequeños grupos sociales bilingües o plurilingües, los problemas de planificación lingüística, los análisis de la conversación, las lenguas habladas en las grandes ciudades como aquellas habladas por grupos étnicos minoritarios. Los autores destacados fueron Labov, Fishman, Hymes, Chomsky y Gumperz.

Por otra parte, la sociolingüística europea centró sus intereses temáticos en la semiología y en las investigaciones sobre la lengua a nivel léxico o de contenido, de entre ellos se destaca Greimas. En Alemania se profundizó en las investigaciones psicopedagógicas de la sociolingüística bernsteiniana y en la aplicación de criterios sociolingüísticos de naciones de lengua romance. En España se realizaron investigaciones experimentales sobre la sociolingüística urbana y sobre las variedades del español hablado y dialectal. En Italia se destacaron los estudios de Umberto Eco desde la semiología de la cultura, la antropología cultural con Levi-Strauss. Paralelo a ello, vinieron los estudios de la sociolingüística aplicados a los medios masivos de comunicación en el marco de los planteamientos de Eco y Fabbri.

En el ámbito anglosajón apareció Halliday, sucesor de Basil Bernstein. Halliday construyó sus planteamientos alrededor del lenguaje y su relación con las estructuras sociales y sus diversos significados. El estudio de los códigos sociolingüísticos, realizado por Bernstein fue fértil para el campo de las ciencias sociales, la educación y los procesos de socialización en la escuela y la familia. Lo que sigue hace parte de la importancia de reconocer parte de esta teoría y su autor.

Códigos sociolingüísticos. Planteamientos bernsteinianos

Basil Bernstein, sociólogo británico, inició y desarrolló el tema sobre los códigos sociolingüísticos. Su énfasis metodológico estuvo basado en el análisis de contenido (AC) dentro de sus investigaciones cuantitativas y cualitativas. Bernstein recibió influencia de varios autores y sus teorías. Las ideas de Durkheim lo inspiraron para penetrar los órdenes simbólicos, las relaciones sociales y la estructuración de la experiencia; de Marx heredó la visión de cambio de las estructuras simbólicas como la subordinación dentro de las relaciones de poder en un sistema de producción inscrito en una estructura de clase; de G. H. Mead rescató sus planteamientos sobre el interaccionismo simbólico, la construcción social del yo, especialmente en lo que respecta al “otro generalizado”, el rol (polo social), el espíritu (polo subjetivo) y la palabra (polo lingüístico o simbólico); de Boas, Salir y Whorf rescató su teoría de la antropología cultural; de Cassirer tomó, especialmente, los planteamientos sobre el lenguaje sensible, intuitivo y conceptual y su influencia en la construcción de lo humano, la cultura y el mundo simbólico; también bebió de las teorías de Vygotsky y Luria para entender cómo el lenguaje como medio social puede tener un rol en el desarrollo del pensamiento y la cognición, y de Foucault tuvo en cuenta sus planteamientos sobre el dispositivo educativo, los dispositivos de poder y de control pedagógico (Bernstein, 1974, 1ª75a, 1975b 1998; Chauvin y Truc, 2003).

De estas bases, puede decirse que la teoría de los códigos sociolingüísticos marca una convergencia entre disciplinas de las ciencias sociales y humanas, entre las que se destacan la psicología, la sociología, la antropología, la lingüística, la sociolingüística y la filosofía. La investigación de Bernstein, desde mediados de los años 50 y hasta principios de los 60, estuvo especialmente dedicada a “entender la relación entre la economía política, la familia, el lenguaje y la escuela” (Sadovnik, 2001, p. 687), así mismo, a establecer la relación entre el poder, las relaciones sociales, y los principios intrínsecos que constituyen y distinguen las formas especializadas de transmisión y reproducción cultural de estas relaciones, las cuales están dadas en contextos especializados como la familia y la escuela. En medio de las relaciones de poder está la creación y la regulación de significados que son puestos en acción mediante roles asignados y asumidos socialmente. Estos ejes temáticos fueron analizados en el contexto de las relaciones sociales entre la clase media y trabajadora con la clase alta que ostentaba el poder político, social y económico, formas relacionales que el autor ubica entre sus categorías centrales. La unidad social y de análisis primaria para Bernstein fue la relación entre sistemas sociales (Bernstein, 1981, 1998, 2ª01a; Díaz, 1988).

A mediados de los años 60, Basil Bernstein define dos tipologías de familia: “familias cerradas o posicionales orientadas al estatus” y “familias abiertas o personales orientadas al sujeto”. Las primeras tienden a establecer relaciones más conservadoras-autoritarias y las segundas a construir relaciones más liberales y democráticas. Entre 1961 y 1966 cambia los conceptos de ‘uso vulgar (público) de la lengua’ y ‘uso formal de la lengua’ por los de ‘códigos elaborados’ y ‘códigos restringidos’, respectivamente, incluye la exploración del qué y del cómo del aprendizaje social, del qué y del cómo en la interacción social, de la traducción lingüística de los significados de la estructura social, de las relaciones dentro de un contexto así como la forma en que se articulan a contextos más amplios.

Los códigos elaborados se basan en significados universalistas, están menos ligados a una estructura particular y conllevan la posibilidad de un cambio en los principios, lo que conlleva a un habla más liberada de la estructura social y con cierta autonomía. El sujeto está más enterado de su proceso de socialización y reflexiona frente a los mecanismos de transformación social y personal, lo que está asociado a la posibilidad de cuestionar el orden social. Por otro lado, los códigos restringidos orientan y sensibilizan a las personas significados particularistas, están más estrechamente ligados a una estructura social particular y hay menos posibilidad de que el sujeto cambie de principios. Esto lo hace menos conocedor de su proceso de socialización y sus posibilidades de reflexión son más limitadas. Los códigos restringidos reposan sobre la metáfora, mientras que los códigos elaborados reposan sobre la racionalidad (Bernstein, 1985).

Bernstein perfeccionó la definición de código como principio regulativo cultural y social, adquirido de forma tácita, que selecciona e integra tres componentes:

(1) significados relevantes –EL QUÉ SE TRASMITE– que distinguen o diferencian un contexto o grupo relacional de otro. Estos significados están mediados por el reconocimiento otorgado por personas en interacción que se apropian de ellos, de los discursos, de la relación entre contextos o grupos relacionales. Lo que distingue un contexto relacional lo llamó ‘principios de clasificación’ que están dentro de sistemas y relaciones de poder. Existen principios de clasificación fuerte (C+) y débil (C-). Los primeros implican un fuerte aislamiento estructural de categorías –roles, reglas, valores, prácticas, manejo de los espacios, etc.–, lo que permite crear identidades específicas y límites entre las agencias y agentes. Los segundos corresponden a un aislamiento débil de las categorías e incluso en ellos puede presentarse una mezcla entre ellas, aspecto que lleva a generar límites débiles y difusos y estructuras débiles entre categorías.

(2) Formas de realización –EL CÓMO SE TRASMITE– que distinguen o diferencian las relaciones dentro de un contexto, o agencia relacional, específico –familia, escuela, grupo, etc.–. Las relaciones dentro de un contexto se legitiman cuando las personas actúan respondiendo de manera acorde con lo que se espera cultural y socialmente. Son las agencias y los agentes sociales los que dirigen y evalúan las formas de transmisión o producción de textos. Estos procesos de evaluación se conocen como ‘principios de enmarcación’ y constituyen un medio de control social. Los principios de enmarcación pueden ser fuerte (E+) y débil (E-). El primero es el que trasmite y controla la forma como actúan y comunican las agencias, los agentes y las categorías dentro y entre los contextos comunicativos. El segundo es el que recibe lo que se trasmite –el que aprende–, regula la comunicación y tiene la posibilidad de elegir lo que aprende, por ejemplo, cuando los hijos cuestionan las reglas impartidas por los padres.

(3) Contextos evocadores que responden a la organización de las prácticas interactivas en las que confluyen tanto los principios de clasificación como de enmarcación.

Estos tres componentes contienen elementos simbólicos que están ligados con las exigencias culturales y sociales predominantes, con valores hegemónicos de una sociedad, un grupo o una relación (Bernstein, 1981, 2ª01a, 2001b; Halliday, 2001).

Para comprender los códigos sociolingüísticos Bernstein entrega, además de los principios de clasificación y de enmarcación, unos lineamientos y categorías para la lectura de los discursos (Bernstein, 1981, 1983, 1985, 1990, 1998, 1999, 20ª1a, 2001b; Díaz, 1985, 1988; Morais y Neves, 2ª01a, 2001b). En primer lugar se encuentran los códigos restringidos que se caracterizan por estar más ligados a un contexto o a una relación específica; sus alternativas sintácticas son más predecibles porque responden a lo que se espera; se refieren a contextos particulares y ubicados en las prácticas sociales cotidianas y a las experiencias más inmediatas; su estilo de saber es descriptivo relacionado con una sintaxis “rígida”, “predecible” y “concreta”; se prestan más para la expresión subjetiva, idiosincrática y contextualizada y, por ende, tienden a poner el énfasis en lo concreto –experiencias más inmediatas o cotidianas– sobre lo abstracto.

En segundo lugar están los códigos elaborados que se caracterizan por presentar significados más universalistas por cuanto el hablante tiene la posibilidad del distanciamiento y la reflexividad, por ejemplo, una conferencia, expresiones metafóricas, etc.; sus alternativas sintácticas son menos predecibles ya que llevan a pensar lo “impensable”, “lo imposible”, “lo sorpresivo”; van más allá de los espacios, tiempos y contextos locales para ir hacia la conexión de varios contextos, hacia lo trascendental; su estilo de saber es más narrativo, abstracto y menos predecible; los significados encierran un potencial de desorden, incoherencia, un nuevo orden y una nueva congruencia que altera el potencial del significado y da origen a la creación de nuevas realidades, posibilidades y prácticas sociales.

En tercer, lugar se hallan los componentes de la interacción comunicativa, el “cómo se dice” y el “cómo se hace”; “lo que está por decirse” o “está por hacerse”. En este componente se crean los medios para hacer la distinción entre un contexto y otro y, por ende, reconocer la especialidad que los constituye: “lo que se dice y cómo se dice”. Este componente está incluido en el mensaje y en la voz que se encuentran en el texto, cuyo contenido es un mensaje que puede tener varios niveles. La voz puede contener un mensaje implícito o explícito. En ambos, voz y mensaje, se debe hacer distinción entre el componente verbal o lingüístico y los componentes extraverbales o paralingüísticos de la comunicación.

En cuarto lugar, se ubican los contextos relacionales que construyen las interacciones sociales. Estos no se limitan a los lugares donde ocurren los eventos, sino que también tienen en cuenta las formas de relación que se construyen y que forman contextos relacionales. Bernstein señala cuatro.

• El contexto regulativo que ubica al sujeto en el sistema moral (normas, valores), sus antecedentes, identidad y prácticas (formas de relaciones sociales) y los sistemas de apoyo para que estas se desarrollen y reproduzcan (instituciones sociales, las prácticas profesionales, las relaciones entre personas, los grupos o las comunidades), por ejemplo, las relaciones de género en el proceso de socialización de las familias.

• El contexto instruccional referido a las competencias específicas para el manejo de objetos, personas y relaciones. En este contexto se evidencian las habilidades y destrezas de diversos tipos para manejar, enfrentar y solucionar situaciones o problemas tanto en el campo de la educación formal como informal y, por ende, en la vida cotidiana.

• El contexto interpersonal que involucra a otras personas y los estados afectivos mutuos creados dentro de las relaciones sociales formales e informales. Es un punto de reconocimiento, aceptación o rechazo, acercamiento o distancia entre los sujetos.

• El contexto imaginativo, llamado también creativo, en el que el sujeto crea un mundo propio y construye múltiples posibilidades para su evolución y desarrollo. Es innovador por cuanto se alienta a experimentar y recrear el mundo bajo los términos o recursos propios de las personas.

Vale resaltar que los códigos sociolingüísticos no son los que cambian las interacciones sociales, sino que son los cambios en las construcciones sociales entre los sujetos los que cambian los códigos y sus múltiples opciones sintácticas, semánticas y pragmáticas. En palabras de Bernstein (1974) “Diferentes formas de relaciones sociales pueden generar diferentes sistemas de lenguaje o códigos lingüísticos al afectar a los procedimientos de construcción” (p. 124).

Muy cerca de los estudios de Basil Bernstein estuvieron los del Británico Michael Alexander Kirkwood Halliday, quien desde mediados de los años 60 desarrolló la teoría gramática sistémica funcional. Centró sus análisis en el lenguaje tomado como instrumento social. Uno de los temas que lo inspiró para su trabajo fue la idea de Basil Bernstein sobre la relación del lenguaje con la cultura y la sociedad, y el rol de la familia en los procesos de socialización del niño en sistemas familiares posicionales orientadas al estatus y sistemas familiares personales orientadas al sujeto. Las tesis de las que parte Halliday en su teoría sistémico funcional quiebran argumentos del estructuralismo clásico al afirmar que el lenguaje no es el resultado de una estructura social y tampoco es el reflejo de dicha estructura y que, por el contrario, el lenguaje se construye y se transforma en el proceso que viven los seres humanos en las relaciones sociales, debido a sus vínculos con instituciones socializadoras. La variación del lenguaje se da en el sistema social por medio de las interacciones entre sujetos.

Metodológicamente, la obra de Halliday ha girado en torno al desarrollo de la gramática, la semántica y la pragmática. Tres conceptos que están integrados en el lenguaje como semiótica social. Con sus estudios en el modelo de la lingüística sistémica funcional y, a través de sus obras posteriores, Halliday apostó a una teoría base para el estudio del lenguaje en tiempos contemporáneos. La obra que más se destaca, incluso para la actualidad, es El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y el significado. En dicha obra plantea que la semiótica social significa “interpretar el lenguaje dentro de un contexto sociocultural, en que la propia cultura se interpreta en términos semióticos… Consiste en el texto o en el discurso: el intercambio de significados en contextos interpersonales de uno u otro tipo” (Halliday, 2001, p. 10).

El autor resaltó dos concepciones del lenguaje: el lenguaje como institución y el lenguaje como sistema. De acuerdo con la primera, el lenguaje tiene dos variaciones (a) el dialecto –variación que hace el usuario– y (b) el registro –variación de acuerdo con el uso–. Respecto a la segunda, el lenguaje se halla (a) dentro de un sistema codificador, estratificado –semántica (contenido), lexicogramática (la forma) y fonología (expresión)– y (b) dentro de un sistema semántico organizado en componentes funcionales: el ideacional que incluye los componentes experiencial, lógico, interpersonal y textual. Bajo esta propuesta metodológica, Halliday ha logrado hacer sus análisis e interpretaciones sobre el sentido y la naturaleza de las estructuras sociales y el rol que juega el intercambio de lenguajes entre los sujetos, las relaciones y las instituciones (Berutto, 1979; Thompson, 2001; Halliday, 2001).

Algunos acercamientos a los códigos sociolingüísticos y las prácticas dialógicas desde la filosofía del lenguaje

Es conveniente, en este campo, resaltar los aportes de Ludwig Wittgenstein, Mijail Bajtín y Paul Ricoeur. Los argumentos de las teorías de estos autores han sido retomados por terapeutas e investigadores sistémico-construccionistas para enriquecer y replantear postulados respecto al desarrollo de la terapia sistémica, al quehacer del terapeuta y a la comprensión de la construcción de realidades sociales en las conversaciones terapéuticas. Sus aportes también han servido de base para los avances investigativos acerca de la comunicación, el lenguaje, el significado, las interacciones, las construcciones sociales y, en este marco, las construcciones sociofamiliares28.

Los tres autores, en el marco del pragmatismo, coinciden en nuevas lecturas sobre el lenguaje como construcción social en un contexto relacional o interactivo. El lenguaje es más que un instrumento de comunicación o un acto performativo, es una vida social y pública en la que está la presencia de muchas vidas comunicativas. Y, en esta dinámica lingüística y sociolingüística, los lenguajes y con ellos las narraciones, los discursos, los diálogos, las expresiones son continuas creaciones sociales inacabadas, que tienen movimiento, se transforman al ir y venir en la interacción tanto con los otros como con la que habita dentro de cada sí mismo.

Wittgenstein, Bajtín y Ricoeur reconocen también la capacidad imaginativa y creadora de las personas, el mundo hermenéutico del cual cada experiencia de vida es puesta en conversación y diálogo, siempre susceptible de variaciones cuando el contexto relacional cambia. Para los tres autores no hay verdades absolutas ni generalizables, tampoco mundos dicotómicos que dictaminen lo bueno o malo de una acción sociolingüística. Sus obras se cruzan en el campo de la interpretación, en el que los tiempos, los espacios, los personajes, la trama, las historias y el contexto están juntos para crear significados y sentidos. Estos autores guían el acercamiento a las perspectivas de cada informante que entrega sus narraciones como también el enfoque desde el cual he construido mis propias interpretaciones y le he puesto el límite a mis lecturas.

Lenguaje y vida cotidiana. Reflexiones desde Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein, filósofo, en su obra Investigaciones filosóficas presenta el concepto de lenguaje en relación con el mundo, las interacciones sociales, la acción y su relación con el sentido. El lenguaje no es lo que representa algo o dice sobre algo como se ha entendido tradicionalmente en las ciencias positivistas, sino el uso que hacemos las personas de él en diferentes contextos sociales. Es decir, las personas usan su lenguaje en relación con el momento y las acciones que realizan y, por ello, este concepto no puede ser definido como algo que da nombre general a las cosas que en el mundo se parezcan. El lenguaje debe ser comprendido en el momento y de acuerdo con las acciones o relaciones sociolingüísticas o lingüísticas. Cuando alguien elige una palabra para nominar o describir algo o a alguien, más que preguntar por el significado que el hablante le da a la palabra, se debe preguntar cuál es el uso que le está dando a esa palabra en el momento de pronunciarla. Esta misma palabra tendrá otro uso y, por tanto, otro significado cuando es pronunciada de nuevo en un contexto diferente. A esto, Wittgenstein lo ha denominado ‘juegos de lenguaje’. Sus planteamientos sobre este concepto fueron importantes en el desarrollo de la hermenéutica, para comprender las posibilidades del sentido y del lenguaje como actividad en la relación entre el ser humano y el mundo.

Para Wittgenstein los ‘juegos de lenguaje’ son actividades lingüísticas y no lingüísticas y, a su vez, son formas de lenguaje que implican maneras de imaginar y actuar en la vida cotidiana. Son sistemas de comunicación completos que muestran imágenes y “formas de vida” que solo pueden ser comprendidas en su propio contexto. Estos sistemas de comunicación humana no pueden ser catalogados como verdaderos o falsos, como lo han hecho pensadores de las disciplinas modernas, ni tampoco pueden ser clasificados como mejores o peores porque corresponden a imágenes que no pueden ser remplazadas por otras imágenes (aunque estén interrelacionadas).

Cada imagen que va con los lenguajes de alguien que expresa algo pertenece a su contexto y a una “forma de vida” ante la cual otra persona puede, o no, estar de acuerdo según sea, también, su juego de lenguaje. Por ser aprendidos y contingentes, los juegos de lenguaje pueden variar y cambiar, siempre que estén ligados al cambio de contexto. De esta manera, puede crearse otra forma de aprendizaje social, así los lenguajes conserven su similitud con formas anteriormente aprendidas.

El concepto de ‘juegos de lenguaje’ es una metáfora usada por el autor para referirse a las formas que toma el lenguaje según los contextos. Dichos juegos contienen la tematización de las contingencias de la vida humana, que tienen un propósito cuando se ponen en conversación. En este estudio, por ejemplo, una contingencia de la vida humana es la conversación terapéutica, en ella es donde las acciones de conversar sobre nuestra vida cotidiana configuran “juegos de lenguaje” (Wittgenstein, 1976)29.

Según la lógica de Wittgenstein, toda proposición que se haga sobre las cosas o la realidad encierra las posibilidades tanto de verdad o de falsedad. Para dar cuenta de estas posibilidades surge un elemento que le da vida a la explicación y que se refiere a la importancia de tener presentes las condiciones que contienen a la proposición. Ninguna proposición representa por sí misma el sentido, pues este se logra en la conexión con la realidad intrínseca en la misma proposición. En otras palabras, toda proposición tiene su contexto. Así mismo, su planteamiento sobre el lenguaje es puesto no solo en el plano lógico de la proposición, sino en el plano de la pragmática y de lo empírico. Entonces, el lenguaje en la interacción humana puede ser un medio que representa u oculta el pensamiento, a través de sus conceptos y palabras.

El lenguaje, unido a sus conceptos, es un instrumento y una reacción, mientras que las palabras son una forma de etiquetar las cosas y las realidades. En este caso, los seres humanos pueden afirmar en palabras lo que no está en el pensamiento, por ejemplo, lo que sucede en el lenguaje indirecto, aquel que esquiva o modifica una respuesta frente a un dilema. He aquí parte de lo que Wittgenstein resalta como juegos del lenguaje, formados por el entrelazamiento de las actividades lingüísticas y no lingüísticas. Este autor distingue el lenguaje como una figura, una representación o una copia de la realidad; por lo tanto, el ordenamiento del lenguaje es ordenamiento del pensamiento y de la realidad. No obstante, a través del lenguaje no podemos decir cuál es la lógica de la realidad, simplemente podemos mostrar lo que cada uno piensa de ella.

Los juegos de lenguaje articulados a las formas de vida, como todo juego, tienen reglas y su propia lógica, pueden estar en todos los ámbitos y relaciones posibles que puedan darse en el mundo cotidiano y, como dice el autor, los juegos están en las palabras que los niños aprenden de la lengua materna, en la lengua primitiva, en el nombre –o rótulos– que se le otorga a las cosas, en el hecho de repetir palabras, en las proposiciones sobre el mundo o en las realidades construidas junto con las acciones que las entretejen. Como todo juego es divertido, es completo, como los sistemas completos de comunicación humana. Las formas de vida son lo incuestionable, lo que hay que aceptar por cuanto es propio de casa sujeto y no puede ser idéntico por más semejante que parezca a otro sujeto o imagen. Cada forma de vida tiene su contexto y, decir aceptar no es equivalente a estar de acuerdo con. A partir de allí, de las múltiples imágenes que hay en las formas de vida, sus reglas y usos, les damos nombres a las cosas, las interpretamos y entramos en el mundo del “ver como” –ejemplo, esto lo veo como-. Lo que veo está dentro de un contexto, cuya imagen puede variar cuando cambia el contexto, incluyendo el cambio en el tiempo (Wittgenstein, 1976, 1997, 2006, 2007).

Wittgenstein criticó a) los planteamientos y los análisis sobre los lenguajes privados, innatos e instintivos, b) el paralelismo de lo psicofísico o falsas analogías entre la mente y el cuerpo, por ejemplo, el pensar está en la cabeza, el amor en el corazón, lo cual lleva a la naturalización de las acciones humanas, c) la concepción de ser humano como sumatoria del lenguaje privado, d) la idea de que existe una dicotomía insalvable del lenguaje externo y el lenguaje interno, entre otros (Arregui, 1984; Arregui y Betancur, 2003; Wittgenstein, 2008). En cuanto al “ver como”, este concepto fue un aporte para los procesos de comprensión de los significados y los sentidos en contexto. Sus escritos a este respecto contribuyeron a la construcción y desarrollo del pensamiento hermenéutico y al reconocimiento de las interpretaciones que las personas hacen en su vida cotidiana de acuerdo con en un tipo de pensamiento y forma de percibir las cosas (Wittgenstein, 2008). Las personas interpretan sus realidades conforme sean sus percepciones y experiencias en contexto, de tal manera que una misma imagen puede tener un significado y un sentido diferentes si el contexto ha variado. Por lo tanto, una imagen no puede ser idéntica a otra así tengan algunas semejanzas, ni puede ser denominada desde el otro lugar sin reconocer el contexto en el que se crea, produce y traduce. Además, cuando las personas expresan y comparten algo de su vida lo hacen a su manera, pero no podemos considerar que esto sea por sí mismo la realidad dada ni tampoco podemos pensar que es una expresión falsa porque no se asemeje a otra narración sobre esa “misma realidad”. En otras palabras, lo que las personas hablan sobre la realidad es una interpretación de ella, algo que se asemeja, más no la realidad como tal.

Es decir, “lo que narra debe tener algo –una forma– en común con el mundo real” (Arregui y Betancur, 2003, p. 8). “los juegos de lenguaje son más o menos similares a lo que en lenguaje ordinario llamamos juegos” (Wittgenstein, 1976, p, 115). Y, como todo juego tienen reglas que son parte de un conjunto de lenguajes que las personas aprenden a lo largo de su vida y que son expresadas mediante palabras o “proposiciones” y frases que pueden ser explicaciones, descripciones, preguntas, mensajes sobre las experiencias que las personas viven, comparten, comparan, que pueden conectarse con otras experiencias.

Hermenéutica y narración a partir de Ricoeur

Otro filósofo que aportó con su obra a la filosofía del lenguaje fue Paul Ricoeur. Filósofo y antropólogo, inspirado en la obra de Husserl se dedicó al estudio de la fenomenología con interpretación hermenéutica. Sus obras sobre la metáfora, los discursos, el lenguaje, los textos, los símbolos, los tiempos de la acción, las narrativas e historias, lo religioso como poético, la ética, la utopía y la política, entre otros temas, han servido de base para las reflexiones de estudiosos de las ciencias humanas y sociales que han centrado su pensamiento en las nuevas exigencias del mundo contemporáneo. Con su obra, y con sus reflexiones sobre estos conceptos, sacó a la luz componentes que han estado detrás de las ideologías y, por lo mismo, de los desarrollos culturales y sociales que han estructurado y legitimado las exigencias e intereses de la compleja sociedad actual.

En la obra Del texto a la acción, Ricoeur resaltó el tema del lenguaje y la interacción. Allí definió el diálogo como un intercambio de preguntas y respuestas, aquello que une la voz del uno con el otro, siendo lo que se habla el referente del discurso que está en la interpretación. El intercambio se encuentra en los hablantes que se encuentran en presencia mutua, pero también en presencia de la situación, del ambiente, del medio circunstancial del discurso. Un punto central de sus postulados está en el concepto de interpretación, que se diferencia de la comprensión y de la explicación.

Ricoeur, basado en los planteamientos de Dilthey, Schleiermacher y Bultmann –comienzos del siglo xix–, dando importancia a la subjetividad, la interpretación se refiere a la apropiación del discurso, es decir, a la capacidad del sujeto para entenderse mejor, para comprenderse de otra manera o, incluso, se define como el momento culmen en que el sujeto comienza a comprenderse. La interpretación es algo hecho mediante el lenguaje antes que ser algo que se hace sobre el lenguaje, es la reproducción de la experiencia vivida. Para la interpretación del texto o, mejor dicho, para ir a su semántica profunda –la comprensión– no es suficiente ir a lo que está oculto detrás de las palabras, sino a lo que está expuesto al frente, ese mundo que es posible captar. La comprensión está mediada no solo por los procedimientos explicativos que la preceden, sino también por todo aquello que la acompaña y que se prevé como la experiencia y los contextos de vida.

Un punto importante que acompaña tanto los postulados teóricos como los lineamientos metodológicos de Ricoeur es que este autor argumenta que de acuerdo con la lógica narrativa y con el reconocimiento de la subjetividad, lo que se ha de comprender en un relato no es, en primer lugar, al que habla detrás del texto, sino aquello de lo que se habla, la cosa del texto, a saber, el tipo de mundo que la obra despliega de alguna manera delante del texto. Puede verse la importancia que da a la interacción social que también se refleja en el paradigma del texto en el que solo el discurso tiene, no únicamente un mundo, sino otro, un interlocutor al cual está dirigido.

La interacción subjetiva del sujeto que habla y la significación de su discurso se superponen, de tal modo que resulta lo mismo entender lo que quiere decir el locutor y lo que significa su discurso, el cual se refiere al mundo, a un mundo que es el fundamento de la comunicación. Podría decirse que, para Ricoeur, ‘sujeto’, ‘habla’ y ‘significación’ son tres aspectos de un solo verbo (la persona que crea el texto) y para que el verbo cobre sentido se requiere la presencia del otro quien, con su verbo, a su vez, crea un texto en interacción con el otro, y así sucesivamente. En palabras de Ricoeur (2008) “Deberíamos decir no solo que la función simbólica es social, sino que la realidad social es fundamentalmente simbólica” (p. 79); por ejemplo, “sentarse en la esquina de la mesa cada vez que sirven una cena familiar”; “levantar el brazo para solicitar el uso de la palabra”, etc., (Ricoeur, 1986; Betancur, 2006).

Pese a la amplitud de la obra Tiempo y narración de Ricoeur (1995), entre los aportes de su obra a la psicología contemporánea están la ubicación de la narración –sea oral o escrita– como un acto de reflexionar sobre algo, la interacción subjetiva, la interpretación y la comprensión en el tiempo y los contextos donde cobran vida. El tiempo es en un ir y venir entre los que interactúan y narran sus historias. El pasado, el presente y el futuro se encuentran en la narración de quien narra o de quien se encuentra con ella, a la vez que se refiere a algo en un espacio. El que narra ubica sus tiempos y el que se encuentra con ella también lleva la narración a su tiempo y a su experiencia de vida. El uso del tiempo y del espacio están articulados a la experiencia del sujeto –la mismidad como construcción de la trama– y a lo que él narra de ella.

“Narrar es reflexionar sobre los acontecimientos narrados” (Ricoeur, 2001, p. 470). Si se tienen en cuenta los tiempos de la narración de los cuales habla Ricoeur en su obra, la narración permite traer lo que no ha sucedido, traer algo que se aleja de lo real y que cobra más cercanía con la ficción o traer una realidad indirecta desde la que se puede crear una nueva trama o marcar un horizonte. Igualmente sucede con el pasado que se trae al presente y se convierte en lo narrado. Narrar es diferente de la narración porque narrar es la vida misma, es la acción de vivir o el proceso de vida (la enunciación), mientras que la narración incluye, además de la temporalidad y los personajes, la interpretación de algo a lo cual la persona pone una (su) identidad narrativa y agrega expresiones que pueden enriquecer una experiencia vivida (el enunciado). Este tipo de experiencia ya constituye un mundo imaginado o una experiencia nueva y ficticia (Vega, 2001), porque cuando las personas narran sus experiencias, la vuelven a vivirla de manera diferente desde lo que están narrando en el momento, y lo que expresan es una nueva interpretación a la que le ha agregado otros enunciados.

Una aproximación a lo dialógico desde Bajtín

El ser humano se constituye en el diálogo, en tanto es un ser en relación que incorpora las diferentes voces de los otros, es decir, las voces de quienes son parte de su formación y desarrollo, lo que Bajtín ha denominado ‘voces ajenas’. Por ello, la voz interiorizada es dialógica y entra en interacción con las ‘voces propias’. Estas voces, ajenas y propias, son perfiladas en el transcurso de la historia de vida de las personas, crean la identidad del Yo, del sujeto, cuyos discursos y narraciones sobre una experiencia contienen un coro de voces que resuenan y toman significado y sentido en el contexto en el que emergen. Bajtín llama ‘polifonía’ a esta acción coral en la que ya hay encuentro entre personas, cada una con una multiplicidad de voces (Bajtín, 2011).

Lo dialógico es una capacidad comunicativa que se da entre los hablantes que comparten, de manera recíproca, una acción comunicativa. No solo está en lo que se dice en el momento, sino que pone en acción una multiplicidad de diálogos en cada uno de los interlocutores, hasta que en cada uno y entre ellos se crea un discurso. Cada combinación de diálogos es el resultado de las relaciones que han tenido una y otra vez con otras voces que son parte de los lenguajes creados entre las personas y, en consecuencia, de su trayecto de vida. El diálogo es un proceso creado en la relación de uno con el otro, combina tanto lo verbal como lo extraverbal y tiene su particularidad de acuerdo con una situación.

Para Bajtín lo extraverbal responde a una situación, al ambiente, y comprende tres factores: 1) el horizonte espaciotemporal del evento comunicativo, común a los interlocutores, locutor y auditor, o ‘cronotopo’; 2) el conocimiento y la comprensión de la situación, también común al locutor y al auditor; y 3) la evaluación o ‘valoración’ del evento comunicativo, también común a ambos (Gómez, 1987, p. 350). Estos factores que conforman lo extraverbal de los hablantes unidos al contexto verbal de ellos, podrían asociarse al llamado contexto del enunciado, sea este el diálogo, la palabra, la oración, el discurso o la narración. En cada contexto dialógico siempre está la posibilidad de la réplica, de obtener una respuesta del otro. Uno de los géneros que menciona este autor es el discurso de la vida cotidiana en la que cabe la diversidad de enunciados de acuerdo con el tema, la situación, los participantes y el contexto, siendo la entonación el vínculo establecido entre la palabra y el contexto extraverbal, sensible a toda atmósfera que vive cada hablante (Bajtín, 2009). Por ello, en el discurso de la vida cotidiana y en su interpretación es importante mantener presentes las relaciones que el hablante establece con el texto creado sobre algo, sus relaciones con los personajes de la obra, aquellos que participan, mediante su discurso, en las creaciones sobre un evento de la vida cotidiana.

Otra forma de comprender los contextos dialógicos es la representación del discurso ajeno, del otro en mí, la relación que explica Bajtín entre yo/tú/él en las conversaciones de las personas. “Se oye: ‘él dice, tú dices, yo digo’. Expresiones tales como ‘todos dicen’ o ‘dijo’ tienen peso en la opinión pública, en el cotilleo, en la maledicencia” (Bajtín, 2011, p. 76). El asunto es que el diálogo está colmado de diversas interpretaciones, transmisiones y valoraciones que son modificadas de alguna manera porque una persona que vive en sociedad pronuncia, por lo menos, en la mitad de las palabras lo que han dicho otros, quienes, a su vez, son otros que ya han dialogado con otros, y así sucesivamente. Bajtín ha llamado a este fenómeno “narración bivocal”, “polifonía” y “dialogismo”.

El primer concepto tiene que ver con que lo que alguien narra con sus propias palabras, en cierto modo está próximo a la palabra de otros; el segundo concepto rescata el coro de voces que existen en las expresiones verbales y no verbales de las personas, aquel colectivo de voces que han incorporado a lo largo de la vida social y, el tercer concepto plantea que en el enunciado lo existente no está concluido, sino que es la creación permanente de algo nuevo e irrepetible que devela el sentido de las voces en pasado, presente y futuro (Bajtín, 1997, 2009, 2011; Espino, 2007; Gómez, 1987).

En medio de estos planteamientos queda el reconocimiento de la singularidad del discurso, debido a la responsabilidad que debe tener cada persona cuando transmite o comparte un enunciado propio o ajeno, esté o no entre comillas. Las múltiples voces que hay en cada conversación y en cada juego de lenguaje, se concretizan cuando se logra ubicar el contexto de relación de donde emergen. Esto permite que los terapeutas comprendan que el lenguaje más que representación de algo (ejemplo, pensamiento, imagen, sentimiento, emoción, etc.), es acción social.

Las articulaciones del lenguaje con los procesos sociales, con el mundo de las interacciones humanas, el sentido y el significado que implican las diversas combinaciones sociolingüísticas que hacen las personas en su vida cotidiana exigen una lectura compleja de los lenguajes que, además de mostrar acciones y relaciones, son múltiples, diversos y conjugan muchas voces: las propias y las ajenas en palabras de Bajtín (1997, 2009, 2011). Por lo anterior, los análisis sobre el lenguaje han dado un salto epistemológico más allá de la referencia solo a las construcciones estructurales de la sintaxis y la semántica –es decir, más allá de las explicaciones sobre la evolución de la lengua, el lenguaje y el significado– para abordar estos últimos problemas en el marco de la pragmática. Este concepto, se entiende como el estudio de las construcciones del lenguaje cotidiano, del sentido y del significado en contexto, articuladas con el comportamiento humano, con las relaciones sociales, con el modo de hablar entre los sujetos, con lo verbal y no verbal, y con la forma como los contextos temporales y relacionales influyen en el significado de qué se dice y de cómo se dice.

Para lograr comprender el significado y el sentido de las realidades construidas socialmente por medio del lenguaje –qué se dice, cómo se dice, lo que está por decirse– es preciso incluir, como parte del contexto creado en el intercambio de voces, la interconexión de expresiones verbales y no verbales. Bajtín se refiere a la entonación y al gesto como “apoyo coral” dirigido a un oyente, que no solo expresan el estado pasivo de ánimo del sujeto, sino que en ellos hay una actitud viva hacia el mundo exterior que da muestra de la existencia de condiciones sociales y dialógicas (Bajtín, 1997).

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