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© 2014 Marcelo Uribe

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Edición digital: 2021

ISBN: 978-607-8764-18-1

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Última función


Marcelo Uribe

Última función

Marcelo Uribe



a Coral

a Lorena

a Lucía


I

Guía de sala

La mirada oblicua

Éstas son las líneas de tu rostro,

ésta la inclinación de tu mirada.

Así está escrita tu voz

en esas pupilas,con estos trazos,

éstas son las palabras

que extravía tu memoria,

la luz desenfocada que filtra el aire.

Los ojos se detienen, van, regresan,

buscan tus indicios entre las formas.

Pero eres tan sólo una tela

con pigmentos adheridos,

un recuerdo de aire,

tan sólo una forma de ver y tocar;

un nombre en una cédula,

un recuerdo en una lápida

que tarde o temprano

nadie podrá leer.

Una ventana para Mark Rothko (Sin título, 1970)

La hipnosis es translúcida,

algo que está atrás, imposible,

impensable página en blanco,

página en azul, página en rojo.

Ventana tapiada, ventana manchada,

ventana sin luz, juego de ventanas

clausuradas,

bordes sin borde.

¿Qué hubo, qué hay, qué habrá detrás?

Un filo chorreando luz roja,

una ventana ciega, un cuadro de luz negra,

una adivinación de gris luz,

un hilo de sangre de brillos verdes,

un hilo de noche,

un hilo de alba,

un tejido de sombras,

un tejido de preguntas y silencios

en cada ventana.

Ventanas en movimiento

sin rumbo,

rumbos de luz,

reflejos de reflejos

que velan una transparencia.

Pero allá, siempre más atrás,

su voz que nos mira apagada de angustia

se filtra entre los colores

hipnóticos que hace tiempo no cesan.

Entran los recuerdos por las rendijas,

entra el silencio,

el rito del silencio que filtra apenas

rumores

–¿cuál es el color de los rumores

que deja pasar el silencio?

Fino rojo sobre rojo,

hondo azul sin título,

banda roja, número diez.

La carta

Sostiene una carta en la mano

doblada cuidadosamente

tantas veces. Susurros

de notas perdidas corren

por los muros crepitantes.

Cuando murió su madre

cruzó continentes para llegar

a ella.

Los pliegues de las cortinas,

su peso, las remotas escalas

de piano en la tonalidad

del aire de la calle

mientras los ojos de las niñas

se fijan en el pentagrama.

Sobre la mesa había flores

más o menos marchitas

y un frutero.

Cielo vacío

Una casa

contra el cielo vacío

de Cape Cod,

la luz del sol

contra un muro

no significaban

nada para él,

nunca vio

un horizonte de

Edward

Hopper

al filo

de la caída

de la tarde.

Mar blanco

a Brian Nissen

La música de esquirlas de mar

en el silencio de la luz blanca.

Es el desorden siempre nuevo,

el milagro de cada instante que no se repite,

el vuelo de la flecha

convertido en el blanco.

La mirada se funde

en el mar roto en espejos

de luz que saltan por todas partes.

El estallido del mar

persigue siempre la calma

de la mirada suspensa

donde toda luz es música,

translúcida espuma que reposa

un instante

y cae.

Vendrá la noche,

blanca como todo,

a iluminar sus misterios

en ese espacio vacío del mar.

La noche siempre estuvo ahí,

el mar blanco construye

y destruye su historia

en las horas oscuras

con un vaivén de brillos silenciosos

que estallan en sus profundidades de luz.

Pétalos

Los pétalos todavía hidratados,

las flores finamente dispuestas

por el pincel

paciente y suave,

la luz blanca que atraviesa el espejo,

rodea un cuerpo y se entrelaza

con las flores,

días antes de que se marchiten,

al centro de la mesa,

acariciadas por las delgadas manos.

Lluvias

a Vicente Rojo

Que el cielo blanquecino

y las negras nubes

laven la oscuridad de esta noche,

ésta y todas las noches;

que esta agua se lleve

todas las aguas

y sea todos los ríos;

que reine para que los ojos

sean agua y agua el dolor

y que todo se borre en agua;

que llueva en la luz

y en el viento

y sean luz y viento

agua que se va;

que por cuarenta noches

contiguas

no cese y sea todo lluvia

y no haya sino agua,

río de nuestra memoria

que huye y no termina.

El cordel

Cuaderno antiguo

con tonalidades de ciudad abandonada,

falsas simetrías de colores

añejados

–heridas en el aire de la memoria.

Los que dejan de mirar

se llevan la luz avejentada y un

cordel que ata

para entrar y salir.

El recuerdo borronea los colores.

Lo ajeno pasa de manos,

cambia de forma,

sobrevive en humedad luz

encallecida,

luz de un muro sin piel, salpicada,

que ata el cordel bajo el tiempo,

el tablero, la espiral y la red.

Contra luz

El último brillo del sol

entre la penumbra del bosque

fulge eternamente

en la memoria del agua

y se pierde.

Contra esa luz

todos los animales son negros,

las siluetas también,

la arena mínima,

los manchones.

Trazos rápidos, encimados,

que dibujan los cielos.

Y cada trazo tiene razón.

Hay voces que preguntan

–aunque ya lo sepan–

y hablan

de la piedra blanca

que engulle sus sueños.

El ensayo

Haces de luz

iluminan desde abajo

el mentón.

Labios y pómulos engañados

por esa luz que mueve

enormes fantasmas en el fondo.

Ella se ajusta las zapatillas.

El largo pelo, el breve abrazo,

las más breves flores,

el brevísimo momento

de un giro sostenido

y un torso inclinado

borroso,

que mira Degas.

Caja de música

Un fuego frío,

de vidrio,

en silencio,

o a lo más

el murmullo

de su detenida destrucción

en el vaho

que desaparece

de un espejo

translúcido

y recomienza.

Lluvia de oscuridad

Por los salones la oscuridad se detiene

–recorre cada pincelada en penumbra–

y enumera uno a uno los cuadros.

La luz es el trazo extinguido

en la noche que vuelve a brillar.

Naturaleza muerta, ventanas ciegas

a los mares muertos,

malabaristas inmóviles sin luz,

desnudo reclinado sobre el sueño.

El minotauro herido, el abrazo,

cuarto de hotel sin amantes,

la clase de piano inconclusa,

en reposo sus manos suspendidas.

Llegada del tren de Normandía

hace más de cien años,

Gare Saint-Lazare, calle

de París bajo la lluvia de oscuridad.

¿Volverá todo algún día a despertar?

Oro de la tarde

La luna deja

rodar unas gotas

de champagne por tu boca.

Sobre la arena,

estrellas de mar.

Álbum familiar

Te miro moverte

de imagen en imagen,

desplazarte

en una desarticulada

cadencia de cine

entre vacíos.

Flotas de una foto a otra.

De un gesto a otro,

te desvaneces del aire,

eres espacio blanco.

Estás en ningún lado

–espejismo

que humea entre mis dedos

donde no te alcanzo a tocar.

El biombo

Una mujer toma un baño,

se inclina,

creación de agua

que surge del aire,

invención de pigmentos,

agua que escurre por su cuerpo

y sacia la sed.

Somos espectadores

de nuestras historias

en sus ojos líquidos

que no nos ven.

Cielos sin voz

Toda la tarde cambiaba el cielo

encima de nosotros.

Siempre estuvo esa nube

sucia, desgarrada.

Toda la tarde esa mancha

incrustada en lo oscuro

que dejaba apenas pasar la luz,

la cancelaba, la iluminaba, la perdía.

Toda la tarde caminé junto al río

y el cielo encima, enorme,

muchos cielos, uno sobre otro,

uno junto a otro,

los cielos de Mark Rothko.

Y las voces callaban

y todo era el cielo, los cielos

inexplicables, sin voz,

todo encendido en el pecho,

todo translúcido apenas.

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Age restriction:
0+
Release date on Litres:
22 October 2025
Volume:
25 p. 11 illustrations
ISBN:
9786078764181
Publishers:
Copyright Holder::
Bookwire
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