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Laura Brehm
LA CORTE DE LOS ÁNGELES


Brehm, M. Laura

La corte de los Ángeles / M. Laura Brehm. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-2012-8

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. I. Título.

CDD A863

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Sinopsis

Chloe D’Lacruz es mitad bruja blanca y mitad ángel, y está destinada a ocupar el lugar de su padre en el Concejo de los ángeles, aunque se oponga a la idea y su tío conspire a que eso no suceda, las leyes medievales no están hechas para ser cambiadas. Sus aventuras junto con su amiga Greta, la meterán en más de un problema y, enamorada de un hechicero considerado inapropiado, deberán enfrentar al destino que ya está escrito para ellos.

Índice de contenido

Portada

Créditos

Sinopsis

Índice

Prólogo – Una madre para ella

12 años más tarde

La intrusa

El origen

El idioma de las brujas

El hechicero

Como imanes

Rompiendo reglas

Revelaciones

Memorias

El Consejo

Los poseídos

El entrenador

Polvo de ángel

Punto ciego

Día gris

La otra cara

Visita inesperada

Morgana

Visiones

Todo por amor

Después de la tempestad

Su Romeo

Detalles preliminares

El arma mortal

Último día

La guardia real

Armas del cielo

El momento de pelear llegó

Maldito dolor

El juicio

A mi amiga, Gisela, que estuvo desde el comienzo de esta novela y me alentó a que todo llega.

Prólogo Una madre para ella

La casa se había convertido en un infierno, brujas oscuras por todos lados, fuego consumiéndolo todo a su paso. Estábamos en lo que era el comedor, un lugar que solía ser muy feliz, de risas y en donde la pequeña Chloe había dado sus primeros pasos. Ahora la realidad era muy diferente y perversa.

—¡Lisandra! — Su voz salió entrecortada, por una puntada de dolor que atravesaba su pecho, instintivamente llevó su mano al lugar—. ¡Por favor cuida de mi pequeña Chloe, es todo lo que me queda en este mundo! —dijo afirmando con la cabeza y oprimiendo la herida que surcaba su corazón—. No me voy a permitir perderla a ella también. —Mi corazón estaba perplejo y adormecido por el dolor de ver cómo la luz de mi señora y amiga se iba apagando. Ella estaba dispuesta a luchar hasta su último aliento, con tal de que su pequeña hija viviera.

Esta guerra sin fin, contra el bien y el mal, en donde lo único que se ganaban eran más muertes, jamás terminaría. Las fuerzas oscuras nunca se rendirían y la luz nunca dejaría de luchar. Aunque se necesitara todo el poder del cielo para lograrlo.

La guerra que había comenzado en el jardín, dejando inconscientes a los ángeles que estaban para protegernos, ahora se estaba desarrollando dentro de la casa. Arrasando todo a su paso. Se escuchó una explosión proveniente del otro lado de la puerta. La puerta principal estaba hecha de madera y vidrio, no se había construido con el fin de resistir una batalla; ambas sabíamos que la destrucción de la casa sería en cuestión de minutos. La casa era el mismísimo infierno, los vidrios empezaron a estallar y cada ventana rota significaba más fuego. Toda la construcción crujía y se caía en pedazos. El humo inundaba toda la estancia. Los hechizos que mi señora conjuraba eran inútiles ante la magnitud del mal de las oscuras. Todavía no sabíamos por qué venían a la casa de una bruja blanca. Para las oscuras, una bruja blanca no representaba amenaza. Así que la mayor parte del tiempo vivíamos sin mayores sobresaltos.

Mi señora se reincorporó sin hacer alusión a su dolor, se puso en guardia para enfrentarse a cualquier cosa que entrara al salón en donde nos encontrábamos. Un hechizo de protección a la puerta era lo único que nos daría unos segundos extra. La sangre que emanaba de su pecho empapaba su camisa, tiñéndola de escarlata. Su rostro estaba oscuro por causa del hollín que desprendían las cenizas. Y era imposible no notar los surcos dejados por las lágrimas en sus mejillas. Debajo de esa máscara de hollín, sudor, lágrimas y esperanzas rotas, pude notar cómo iba perdiendo el conocimiento, su cuerpo estaba apagando sus funciones motrices, la estaba abandonando. Su alma era la única que la ayudaba a seguir adelante con esta lucha. Pero era tanta la sangre que brotaba de la herida que sus fuerzas ya no le respondían. Y aun así no perdía su elegancia y belleza, con un metro setenta y cinco y sus finas curvas, era toda una fiera cuando se trataba de defender a su familia o lo que quedaba de ella. Su pequeña hija era el vivo retrato de su madre, aunque tenía la sonrisa de su padre. El padre de Chloe, Tobías Amaya, era un ángel, que había muerto unos meses atrás, en una misión diplomática que salió mal.

Con la respiración entrecortada, se preparaba para dar las últimas instrucciones.

—Los voy a entretener todo lo que pueda. Después va a ser tu protegida. —Con su mano temblorosa me tomó por la nuca, para intentar no caer; me miró a los ojos y me dijo—: Lisandra... cuídala como yo no lo podré hacer, prométeme que vas a ser una madre para ella, vas a ser lo único que ella tenga, cuídala y cuéntale cómo la quise y cómo la voy a seguir queriendo cuando ya no esté. —Su petición fue con todo el dolor de su alma, de alguien que ama a su hija.

Soltó mi cuello y con esa mano tomó mi antebrazo, conjurando así un hechizo que me uniría en cuerpo y alma a su pequeña hija, mi adorada niña. Mi brazo pasó del color rojo al negro, a medida que terminaba el hechizo. Dejando una marca con el símbolo de unión, de mi unión con ella, una unión que tan solo la muerte rompería.

Antes de que pudiera salir en busca de la pequeña Chloe, escuché a mis espaldas cómo la puerta, la única barrera de defensa, se rompía, explotando y esparciendo madera por cada rincón del suelo.

—¡Mi señora! —grité dándome la vuelta.

—¡Vete! —ordenó, y con sus últimos esfuerzos me empujó hasta dejarme en la otra habitación, y cerró la puerta.

Esa sería la última vez que vería a mi señora con vida. Ehla D’Lacruz era de esas personas humildes de espíritu, sin importar su posición. Ella me rescató de uno de los momentos más difíciles de mi vida, en donde seguir viviendo o morir para mí era lo mismo. Amaba a su familia y siempre había lugar para alguien más. Jamás cuestionó las órdenes de la Corte, tanto de las brujas como de los ángeles. En la posición en la que se encontraba a veces le resultaba muy difícil vivir en los dos mundos. Al casarse con un ángel, y no con cualquier ángel, debía seguir al pie de la letra las reglas y más aún cuando era considerada inapropiada para desposar a un ángel. Y aun así tenía tiempo para llevar una vida mundana, estar con su pequeña hija, rescatarme y seguir dando el ejemplo.

Ahora había puesto todas sus esperanzas en mí. Mi responsabilidad sería cuidar de su pequeña, la persona, quien, en un futuro, formaría parte de algo mucho más grande que todos nosotros.

Encontré a Chloe muy asustada y temblando, en una habitación de la casa de huéspedes, que estaba casi en el final del patio trasero de la mansión. Pequeña para tener cinco años, sus ojitos me miraron, fueron lo primero que vieron cuando su madre la dejó ahí, pidiéndole que se escondiera, que haga el menor ruido posible. Y como una buena niña hizo todo lo que se le ordenó. Con todas mis fuerzas la tomé en mis brazos y corrí al bosque alejándome lo más que podía, viendo cómo el viento avivaba las llamas, el mismo diablo había subido a soplar el viento para terminar de destruir a esa familia a la que ya nada le quedaba.

La carretera no se encontraba muy lejos de la mansión, pero dadas las altas horas de la noche se hallaba desierta. Encontrándose a oscuras, la única iluminación que teníamos era la luz de la luna llena, tan limpia, tan pura. ¡Qué ironía de la vida!, la luna parecía pura en un día como hoy. Caminando con la pequeña Chloe de la mano. Aun asustada, pero ya sin los temblores que recorrían su cuerpo.

—Lisa, ¿mi mamá en dónde está? —El silencio se apoderó de mí. ¿Qué le diría a una niña de cinco años?—. Ella vendrá por nosotras, ¿verdad?, mi mamá nunca me va a dejar, ¿no es así? —Su manito me apretaba cada vez con más fuerza. Y las lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas.

—Mi chiquita. —Me arrodillé para quedar a su altura, la tomé de sus manitos—. Tu mamá te ama con todo su corazón, y ella va a estar siempre contigo.

Me abrazó y rompió a llorar, su llanto desgarraba hasta el corazón más congelado y sin vida. No había palabras para consolar a una niña que había perdido a su padre hacía cuestión de meses y a su madre hacía minutos. La levanté y así caminamos juntas. En ese momento deseé con todas mis fuerzas ser una verdadera bruja blanca, así podría hacerle un hechizo que la hiciera dormir y soñar con un mundo mejor, en donde todos eran felices y la destrucción y el mal serían cosa del pasado.

Estuve a punto de perder los estribos por la oscuridad absoluta de la carretera cuando me encandilaron unos faros de luz blanca, el vehículo no bien me captó en su campo de visión frenó de golpe.

—Señora, ¿se encuentra bien? —preguntó el extraño mientras bajaba de su auto y se acercaba a nosotras a toda prisa.

—Sinceramente no... ¿Nos podría alcanzar a la terminal, por favor? —Mi pregunta terminó con lágrimas que ya no podía contener, en estos momentos no necesitaba ser fuerte, podía llorar, intentar desahogarme. Y una vez llegado al lugar, pensaría a dónde iríamos.

El hombre, sin nombre aun y expresión seria abrió la puerta del acompañante para que subiéramos. Senté a la pequeña Chloe en mi regazo y se acurrucó sin hablar.

Los ojos del extraño se encontraron con los míos, pero lo único que reflejaron era su color ambarino. Su expresión era difícil de descifrar. Su ropaje por otro lado tampoco arrojaba información extra. Vestía jean azul y una camisa a juego.

Después de unos minutos se presentó.

—Rafael —dijo cortés—. La estación más cercana está a una hora de distancia —concluyó, esperando una contestación.

—Gracias. —Fue lo único que me atreví a decirle. Ya que las lágrimas amenazaban con salir nuevamente. Con tanta angustia contenida, no había reparado en la persona que nos estaba transportando. Lo estudié una segunda vez, tomándome unos minutos más de la cuenta, pero sin descubrir nada de nuevo, no era un tipo que llamara mucho la atención, podría pasar desapercibido. Tenía tez clara, cabello oscuro y estatura promedio.

Después de andar veinte minutos me di cuenta de que intentaba preguntarme algo, lo miré para incentivarlo. Al fin y al cabo, era su vehículo.

—¿Para dónde se están dirigiendo con exactitud? Tal vez podría llevarlas —preguntó en tono de duda o con un poco de indecisión. Pero al fin el hombre se sintió más relajado. Intentaba comportarse con toda la naturalidad posible.

—¿Importa? —Mi respuesta lo tomó con la guardia baja, me observó por un momento y luego volvió la vista al camino. Estaba decidida a no revelarle nada.

—Supongo que no… —Encogió los hombros como resultado de su indignación.

Cuando estaba lo suficientemente relajada para observar el vehículo, ahora que se encontraba más iluminado por las luces de la carretera, pude notar que tenía una insignia familiar, o por lo menos familiar para mí, no era la primera vez que la veía. Eran dos alas terminadas con plumas largas, y en el medio de ellas había una especie de T. Eso me sobresaltó, sabía que la había visto en algún lado, pero en estos momentos no podía recordar dónde. Podría haber sido en un libro o en la tele. En cualquier lugar, la lista era infinita.

—¿Quién te envió por nosotras? —demandé un tanto ansiosa y resentida. Mi extraño después de todo no lo era tanto.

Mi experiencia me decía que había comprendido mi pregunta, sabía que yo sospechaba de lo que podía llegar a ser. Se tomó unos segundos para responder.

—Me preguntaba cuánto te tomaría darte cuenta —me acusó con resignación—. Y eso no es bueno Se supone que te han entrenado bien. —Su afirmación me dolió—. Y tendrás que cuidar bien de esa niña —me volvió a regañar.

—¿Darme cuenta? ¿¡Quién eres!? O ¿qué eres? —Mis preguntas se apresuraron a salir, y mi cara de horror era indescriptible. Me sentía confundida, impotente, porque, si él tenía razón, yo debería saber qué hacer en esta situación, si no lo podía reconocer, cómo podía proteger a mi pequeña en el mundo de los mundanos.

—Soy Rafael —repitió su nombre como si eso pudiera significar algo para mí, pero no a responder mi pregunta.

—Sabes a lo que me refiero —puntualicé indignada.

—Sí —dijo en un suspiro y negando con la cabeza a una pregunta no formulada—. Sé a lo que te refieres, siento no haber llegado antes, por lo que me doy cuenta Ehla D’Lacruz no te dijo nada sobre mí. Y ahora ya no se encuentra con nosotros. —Su rostro era el vivo retrato de la desolación.

Ehla D’Lacruz era mi señora, una de las más grandes brujas blancas que habían existido. Aún seguía sin comprender, lo único que se me ocurría era que podía ser el arcángel Rafael. Otro Rafael con relevancia en la historia de las brujas no había, bueno, digamos que en la historia de las brujas no, en la historia de mi señora, sí. Pero eso no tenía mucho sentido, mi señora no tenía tanto poder para pedir ayuda a un arcángel o ¿sí?...

—¡Sí! —Su respuesta a mi pensamiento fue contundente—. Tu señora, así como la llamas, me invocó para que vaya a ayudarla en su..., bueno, nuestra pelea. Cuando mis intentos de ayudarla no fueron suficientes, decidí bajar a la tierra y ayudar a su hija, mantenerla con vida es ahora mi nueva misión, aparte se lo debo a su padre.

Yo estaba escuchando lo que me decía, pero no razonaba, cómo podía saber lo que estaba pensando. Había leído sobre los ángeles y arcángeles, pero eso era todo, mi conocimiento moría ahí.

—No te preocupes, las voy a llevar a un lugar seguro, para que puedan vivir tranquilas, y esto no va a volver a pasar. —Su comentario me hizo perder el hilo de mis pensamientos.

—¿Cómo puedo confiar en usted? —De nuevo mi pregunta volvió a salir sin pensar, un poco agresiva.

—No puedes, los hechos te lo demostrarán por sí solos, pero recuerda esto: debes cuidarla, ella va a marcar un cambio en la historia, tal vez pueda lograr lo que muchos de nosotros intentamos una y otra vez, que esta batalla por el bien y el mal termine. —Tan rápido como contestó a mi pregunta volvió a su estado sereno, relajado, como había estado desde el primer momento en que lo vi.

El único ángel que conocía era el padre de Chloe, y por lo que había aprendido de él, los ángeles eran un intermediario de los arcángeles que estaban en el cielo. Ya que estos no podían bajar hasta nuestro mundo. Entonces los ángeles habitaban el plano terrenal. ¿Pero si los arcángeles no pueden bajar? ¿Cómo lo habrá hecho este individuo?

—Posesión —respondió de nuevo en mi mente, fuerte y claro.

—¿¡Perdón!? —No me iba a acostumbrar a que él pudiera leer mis pensamientos y menos que hablara en mi cabeza.

—De la única forma en que nosotros podemos bajar a la tierra es por medio de la posesión, ocupamos el cuerpo de otra persona por un período corto, después lo tenemos que devolver.

—Ya entiendo... ¿Y este cuerpo recuerda lo que le sucedió? —pregunté intrigada, después de todo, uno no ve a un arcángel todos los días.

—No, por lo general es como un sueño para ellos, algo que está más allá de su entendimiento. Tampoco nuestra posesión los lastima.

Luego de unos minutos sin que ninguno hiciera alguna pregunta en voz alta, empecé a analizar todo lo que había ocurrido las últimas doce horas. Ahora estábamos yendo a un lugar al que yo no conocía, tenía que empezar una nueva vida con una niña de cinco años sin su madre y sin su padre. Durmiendo en mi regazo pensaba en todas las cosas por las que tendría que pasar. La miré y le hice una promesa silenciosa—. Te prometo hoy y como se lo prometí a tu madre, voy a estar siempre para protegerte y voy a intentar ser una madre para ti.

—Sé que lo vas a ser. Y ella va a ser la hija que siempre quisiste. Pero un día va a llegar el momento en que la vas a tener que dejar ir, y espero que así lo hagas. Tal vez no entiendas el motivo que la impulse a hacer ese cambio. Por eso estoy seguro de dejarte la niña, es lo mejor que podemos hacer. No dudes en llamarme si me necesitas. —Su comentario era más parecido a una visión que a un consejo.

Circulamos por medio de varios pueblos y tomamos distintas carreteras. Y sin previo aviso retomó la conversación.

—Estamos llegando.

La carretera empezaba a entrar en un pueblo, bien iluminado, la entrada tenía un arco que decía “Bienvenidos a Rosario”.

—¡Me gusta! —dije sorprendida, era más de lo que esperaba.

—Acá van a encontrar todo lo que necesiten, Rosario es un pueblo muy amable y las van a aceptar bien, tan solo di que eres su tía y que su madre murió en un accidente de tráfico, así nadie te hará preguntas al respecto.

Él ya tenía todo pensado, se veía que lo conocía y que lo había estudiado de antemano, cruzamos todo el centro, había algunos semáforos, y muchos locales de todo tipo, pero el que más se destacaba era una tienda de sortilegio. Eso me llamó la atención. Lo miré y apunté con el dedo en donde había estado el lugar.

—Rosario es un poco supersticioso —dijo encogiéndose de hombros.

Lugar ideal para nosotras, pensé irónicamente. La carretera estaba terminando de cruzar el pueblo cuando dobló a la derecha para tomar una calle más angosta, que después de unos metros se convertía en un camino de ripio. Al cabo de recorrer dos cuadras más o menos entramos en el patio de una casa tipo colonial. Era bastante grande y estaba pintada de beige con tejas rojo carmesí.

—¿Acá es donde viviremos? —pregunté entusiasmada. No paraba de sorprenderme, estaba anonadada ante el paisaje que tenía delante de mis ojos.

—¡Sí!, espero que sea de su agrado. Y Lisa... ¡buena suerte! —dijo el arcángel

12 años más tarde

El televisor estaba a un volumen más alto que el necesario. Indignada con lo que mis oídos estaban escuchando llamé a Lisa.

—¡Lisandra! —grité furiosa—. Escucha lo que dice un pastor sobre las brujas. —Con mi voz más sarcástica empecé a repetir lo que había dicho—. Es difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia... Estas prácticas utilizan medios ocultos que no son de Dios, para producir efectos más allá de los poderes naturales del hombre. La brujería es perversa porque recurre a espíritus malignos. Implica un pacto, o por lo menos una búsqueda de la intervención de esos espíritus. El ser brujo o bruja se obtiene por vínculos satánicos en los que se entra por una “dedicación”, muchas veces dentro de la familia.

—¡Chloe!, si te vas a poner así cada vez que leas o veas algo de eso, vas a envejecer más rápido —comentó entre risas proveniente del pasillo, ella siempre se tomaba las cosas con más calma y tenía los consejos más sabios.

—Es indignante escuchar cada insensatez. —Me acomodé mejor en el sillón para estirar las piernas—. Primero somos las que traemos la peste, luego nos comemos a sus hijos y ahora y siempre hacemos pactos con el “príncipe de las tinieblas”. ¡Buu! —pensé dentro de mí.

—Mi cielo, ya te lo dije —comentó cansada de repetir una y otra vez la misma frase.

—Gracias, Lisa —le respondí con una sonrisa. Al final tenía razón, no me servía de nada—. Pensándolo bien... ya no quiero ver más sobre todo eso, esa clase de gente vive en la ignorancia.

Aunque nunca faltaba el aficionado a las películas de magia, que sin ser consciente, se acercaba bastante a descubrir nuestro mundo. Los mundanos, los seres mágicos y los seres de luz han convivido desde los comienzos de la tierra, nosotros intentamos mantener nuestro mundo lo más privado posible. En cambio, a las brujas oscuras no les importa quién resulte herido, por lo general, son bastantes descuidadas a la hora de conseguir lo que quieren.

A través de las décadas, siglos y supongo que milenios siempre íbamos a ser los malos de la película, sin diferenciación. La quema de Salem mató a muchas mundanas inocentes, las personas buscan fantasmas en donde no los hay, desde ese entonces se carecía de razonamiento y se sigue igual. Aunque a Lisandra no le gustaba que viera esa clase de programas, nunca me obligó a que dejara de ver, ella lleva siendo mi protectora durante doce años, era lo más cercano a una familia, junto con mi mejor amiga Greta Valdez. Lisa Blanc es toda una dama victoriana, muy bella, con sus 1.68 m de altura y su silueta lánguida, ojos oscuros como la noche y una sonrisa que deja ver la mayoría de sus dientes, pelo lacio hasta la cintura al que siempre lleva recogido. Sé que ama cuidarme como a una hija y de alguna manera le correspondía, mi madre y yo venimos de una familia de brujas blancas muy antigua y Lisandra cuando conoció a mi madre se convirtió en su ayudante, como no tiene sangre de bruja blanca u oscura no puede realizar magia o encantamientos. Su fuerte son los brebajes y la jardinería, para prepararlos. Además, le gustan las actividades al aire libre, así que por eso se encargaba de la huerta. Aunque no me oponía que de vez en cuando compráramos en la tienda local de sortilegios, sin embargo, ella dice que llamaríamos la atención de algún curioso si lo hacíamos muy a menudo.

Observé a mi cuidadora cómo lo hacía. Ella se encontraba en el salón que usaba para preparar pócimas, encontraba fascinante cómo, con pocos ingredientes, preparaba los mejores brebajes. No me dejaba incursionar con los libros de herbolaria mágica, decía que era muy peligroso, Lisa se encargaba de todo y se empeñaba en que aprendiera mucha teoría, cuando digo mucha, ¡es mucha teoría! No me dejaba usar la magia, algo que era natural para mí. Pero sin importar cuánto lo intentara me resultaba muy difícil hacer un hechizo.

—Voy a ir al jardín —comenté, mientras me dirigía a la puerta que daba al patio trasero. Como de costumbre no me prestaba mucha atención cuando estaba en su salón.

Nunca pude hacer crecer nada... hasta ahora, jamás iba a hacer ni la mitad de buena que ella, en cuanto a jardinería se tratara, pero siempre lo intentaba, algún día, tal vez algo bueno salga de esto. Esta vez en el jardín no me sentía tan perdida, mi plantita de hierbabuena había crecido y eso significaba que podía mejorar. Lisa siempre me decía: “la perseverancia es la regla para el triunfo”. Empecé a regarla cuando mi móvil sonó.

Mensaje de texto de Greta.

—Estoy en Pipos, te espero hasta las 20 h.

Miré el reloj del celular y faltaban treinta minutos para la hora, sabía que si no llegaba puntual ella se pondría de mal humor. Le regalé una última mirada con ternura a mi retoño y salí corriendo para mi habitación. No era muy grande, pero estaba bien distribuida, una cama en el centro, con un ropero en la pared, frente a la ventana que daba al balcón y una mesa de estudio en la pared que quedaba libre. Agarré lo primero que encontré, por lo menos iba a ser mejor que mi pantalón deportivo y mi camiseta a rayas. Sobre la cama se encontraba un jean que había dejado Lisa para que guardara. En el primer cajón del ropero encontré una camiseta con mangas japonesas, por último, tenía que arreglar mi pelo, tema aparte y sin solución. No era que no lo intentara cada día, pero tenía ese pelo rebelde que siempre buscaba su camino. Con el minuto que me sobraba me miré al espejo que estaba pegado en la puerta del ropero, vi a una chica a la que le faltaba maquillaje, y un poco de emoción en su vida. —Nada de lo que no se pueda arreglar —me dije optimista. Le sonreí a la chica delante de él y me fui.

A Greta siempre le gustó el color de mi pelo, nada en especial, un castaño oscuro, muy común en este pueblo, ella decía que me afinaba más el rostro y resaltaba mis ojos color almendra. El tono de mi piel ayudaba a que me pareciera a un muerto, era demasiado pálido incluso para estar en primavera, eso se lo debía a los genes de mi padre. Los rayos del sol se alejaban de mí cada vez que me quería acercar.

Mensaje de texto de Greta.

—Se te está haciendo tarde, sabes que no me gusta que me hagan esperar.

Mensaje de texto de Chloe.

—Estoy en camino.

Al bajar las escaleras, encontré a Lisa esperándome.

—¿Te vas? —preguntó, con expresión que no supe adivinar.

—Sí, Greta me está esperando en Pipos, y tengo que llegar dentro de 10 minutos, ¡deséame suerte! —le dije apresurándome hacia la puerta de entrada.

—¡Suerte! —gritó Lisa caminando hacia esta—. No regreses muy tarde —exigió.

—Es sábado. —me quejé.

Ella siempre se preocupaba mucho por mí, a veces demasiado. En cambio, Greta era un poco de aire fresco, ella era igual que yo, pertenecíamos a diferentes familias, pero las dos descendíamos de la misma bruja blanca, podríamos decir que éramos una especie de primas. Ella era un poquito más alta y tenía una complexión delgada, ojos claros como el mar y rostro anguloso, cabello rubio que casi le llegaba a la cintura, con mucho brillo, aunque diga que no, sabía que hacía algún hechizo para que se viera así. Tenía un sentido de la moda ¡dramático!, como buena geminiana que era, jamás la ibas a ver de zapatillas. Incluso, sus zapatillas tenían plataforma. El brillo era su mejor compañía. Aparte de eso era amistosa, compasiva y muy solidaria, aunque tenía una desventaja a mi ver, disfrutaba la vida al máximo y eso hacía que se metiera en algunos problemas de vez en cuando.

Estacioné mi auto modelo 2009 color arena, al lado del flamante deportivo de ella. El estacionamiento estaba detrás del bar. Pipos era el mejor lugar para alguien que buscaba distraerse, escuchar buena música y, más allá de todo, tener intimidad. El dueño casi nunca estaba y las pocas veces que lo frecuentaba se encontraba en la cocina. No era una persona muy sociable y él lo sabía, Adrián Domac tenía alrededor de cincuenta y cinco años, petiso y barrigón. Una persona un tanto solitaria, cuando se lo proponía. Él dejaba que sus camareras trabajaran a discreción, pero sin restricciones. El bar gozaba de muchos más años de los que llevaba viviendo en este lugar, no era muy grande; el dueño se las había ingeniado bien para acomodar todo en su lugar, la arquitectura en forma rara de T y toda su decoración parecía o más bien pertenecía a los años 50. La mayor parte de las paredes habían sido reemplazadas por ventanales. Dando la mejor calidad en vista, por eso era muy transitado por los turistas. La puerta principal de doble ala hecha casi en su totalidad de vidrio. Aunque el vidrio era el que pasaba la factura de los años de maltrato. En los espacios que no estaban rayados había calcomanías de productos de gaseosas y cervezas de algún tiempo atrás.

—Justo a tiempo —pensé al ver la vieja puerta de Pipos.

Entré al bar y vi muchos rostros extraños, Rosario era un pueblo no muy grande, y en cierta forma nos conocíamos todos, aunque estas personas eran extrañas para la mayoría que frecuentaba el lugar. Busqué con la mirada a Greta, lo que se me dificultó un poco, el bar estaba más oscuro de lo habitual. Debían de haberse quemado algunas lamparitas y el dueño no las había reemplazado aún. La barra que se encontraba enfrente de la puerta principal, con sus butacas forradas en cuero roja, estaba vacía. Siguiendo el recorrido de la T, había una mesa de pool con pequeños estantes para apoyar las bebidas. El sector de las mesas para comer era el más importante, este lo coronaba. Si conseguías el lugar del medio, tenías todo el panorama del pequeño bar, en cambio las puntas contaban otra historia muy diferente. El ala de la derecha daba justo a las playas de Rosario, podías ver el oleaje en todo su esplendor, subir y bajar la marea y la gente caminando en la arena. En cambio, en la otra ala estaban las luces del pueblo, el bulevar Estrada que comenzaba en el paseo marítimo. Si conocía a mi amiga, sabía que ella me estaría esperando en el ala que daba a la costa, porque le gustaba presumir que sus ojos hacían juego con el mar.

Greta no había notado mi llegada. Seguí la dirección de su mirada, aunque no era de extrañar saber en dónde descansaban sus ojos. Estaba perdidamente mirando a un grupo de chicos nuevos, mientras montaban una escena en la otra ala, había algo en ellos un tanto siniestro, un tanto bello. Igual que la maldad, bella para ser mala y siniestra para no serlo.

—¡Hola...! —dije moviendo mi mano delante de su rostro para traerla de nuevo a la realidad.

—Hola, Chloe, ¿¡Chloe!? —Hubiera jurado que se había olvidado de mí—. ¡Tengo muchas cosas planeadas para esta n-o-c-h-e! —terminó deletreando noche, se ve que algo no le gustó—. ¡Chloe! —se quejó observándome de arriba abajo, y de abajo arriba. Me miraba como si fuera obvia su reacción. Sin embargo, todavía no entendía lo que me quería decir, me senté enfrente de ella esperando la respuesta a su repentino mal humor.

—¡Y tú, amiga mía!... ¡Me temo que no estás vestida para la ocasión! —preguntó—. Hoy es sábado por si no te enteraste —dijo levantando las palmas de sus manos en forma de exclamación.

Ella sabía muy bien en qué día de la semana estábamos. Sus stilettos iban acompañados por un short de cuero negro y una camisa en parte hecha de lentejuelas. A veces me preguntaba cómo resistía salir conmigo. Solía arreglarme, pero el bar de Pipos no merecía tanta sofisticación. ¡Al parecer, para ella sí!

—¡Era eso! —Me relajé mientras revoleaba mis ojos—. ¿Qué tienes en mente? ¡Me puedo cambiar! —Sonreí ante mi afirmación, sabía que eso la iba a animar.

—¡Primero, quiero ir a bailar! —afirmó usando ese timbre de voz, al que solamente lo usaba cuando por su cabeza se le cruzaba algo no muy legal—. Con esos chicos —dijo señalándolos y riendo tontamente—. Y luego ver el amanecer en el anfiteatro —concluyó.

—¿En el anfiteatro? —En verdad me intrigaba el lugar que había elegido.

—¡Sí! —afirmó tontamente—. Es un lugar único por acá, como nosotras dos —comentó entre risas.

—¡Sí que tienes buen sentido del humor! —Reí por la dirección de sus pensamientos.

Eso no se lo iba a cuestionar. En el pueblo estaban nuestras dos familias, y hacía mucho que no veíamos a otra bruja blanca por acá, y menos a una bruja oscura. Se dice que Rosario es un lugar protegido, por eso el nombre, y está custodiado por las salvaguardas, en donde lo malo se queda afuera y lo bueno adentro, por ese motivo no hay brujas oscuras en este lugar. Y el anfiteatro se encuentra terminando el paseo marítimo. Con la parte del escenario dando al mar.

—¡A cambiarse entonces! —respiré apesadumbrada—. Viendo que tus planes no van con mi “atuendo” —dije señalándome.

—¡Sííí! —Movió la cabeza hacia arriba y abajo dándole más peso a su afirmación—. ¡Por supuesto que sí! —se apresuró a decir—. Esos chicos nos invitaron al club del lago —dijo mirándolos embobada otra vez—. Aunque algunos son un poco extraños. —Por lo menos ella también lo había notado.

Ese grupo, compuesto por tres chicos en particular, era de lo más extraño que había visto cuando entré. Algunos estaban vestidos como si fueran roqueros o motoqueros, con esta escasa luz no sabía diferenciarlos. Y otro grupito que estaba en la mesa continua parecían más normal o por lo menos sus atuendos lo eran, ninguno tenía pinta de haber dormido mucho, y sus posturas eran rígidas para estar divirtiéndose en un bar. Mi llegada los alertó y no me habían sacado los ojos de encima, desde que había abierto la puerta del bar. Y lo más raro, ninguno daba la talla de ser socios de ese club, al cual lo frecuentaban los ricos del pueblo y algunos modelos de temporada.

—¡Genial! —Era la expresión más sarcástica que había encontrado—. Pero mañana temprano Lisa nos va a estar esperado para entrenar, no puedes faltar, dijo que tenía algo nuevo para enseñarnos.

—Que yo recuerde... —Hizo una pausa teatral como si estuviera pensando—. ¡Lo último que nos enseñó es teoría, teoría y creo que sí, más teoría! —se burló.

La camarera llegó y dejó una carta para las dos, cortando nuestra conversación. Angélica Roswell llevaba varios años trabajando en Pipos. No tenía más de catorce años cuando su padre las abandonó a ella y a su madre. Por ese motivo Adrián la había empleado a los quince años y tenía un trato especial con ella. Angélica era de esas personas que no se involucraba en la vida de nadie, se ocupaba de hacer bien su trabajo y de llevar una vida tranquila, todos por acá la conocían como “la rubia”.

El lugar estaba un poco más concurrido de lo habitual, pero eso era bueno, significaba que la época de turismo había comenzado. Aparte de ser un pueblo o ciudad pequeña como le gustaba llamarlo a Greta, Rosario cuenta con unas playas increíbles, en donde los fines de semanas tocan bandas locales y muy rara vez venían bandas de algún lugar cercano. La temporada de turismo dura los tres meses, que dura el verano, antes de que empiece el año escolar.

—Creo que voy a pedir lo mismo de siempre —dije sin mirar la carta que Gre tenía en sus manos—. Una hamburguesa con un batido. —Pipos era reconocido por sus famosos batidos. Muchos quisieron comprar la receta, pero el dueño se resistía a compartirla.

—Igual, la noche está ideal, se puede sentir esa vibra en el aire —dijo mirando al cielo a través del ventanal que teníamos a nuestro costado.

—¿Esa vibra? —pregunté entre risas incrédulas.

—Sí, ya sabes —contempló pensativa el mar—. Es como si cualquier cosa pudiera pasar esta noche.

La camarera llegó, tomó nuestra orden y se fue en busca de los batidos, ella jamás se entretenía charlando con los clientes. A los escasos minutos vino con dos tragos, por el color del líquido azulado podía adivinar que era algún licor, pero el olor era muy fuerte y distinto. Sin decir nada y con una postura incómoda, los dejó sobre la mesa.

—¡Discúlpame! —me apresuré en llamar su atención—. Nosotras no pedimos esto —dije señalando los vasos.

—Sí..., lo sé. —Se podía sentir el nerviosismo y preocupación en su voz—. Esos chicos me los dieron para ustedes —los señaló, aunque no hacía falta que indicara el lugar—. Me dieron una muy buena propina y dijeron que eran inofensivos, así que los acepté —dijo encogiéndose de hombros en forma de disculpa—. Pero si me preguntan, no es algo que preparemos nosotros —habló en susurros, evitando que la oyeran. Aunque la música estaba demasiado fuerte, hasta para oírla nosotras.

Se fue sin decir una palabra más. Nos quedamos mirándonos con mi amiga, pero era evidente que algo no andaba bien.

—¿Chloe...? —me llamó por mi nombre, había algo que no la dejaba seguir con su pregunta, tomó una bocanada de aire y relajó los hombros—. ¿Tú crees que sean hechiceros? El olor del trago me hace recordar a las pociones que prepara Lisandra. —Esta última parte la dijo en medio de un pensamiento muy distante.

—¡Creo que sí!, en el jardín hay una planta que tiene un olor similar, aunque este trago esta mezclado con alcohol, no creo estar muy segura. —La expresión de Greta mientras hablaba fue cambiando, sabía que se le había ocurrido una idea.

—En mi cartera tengo un frasquito —comentó en voz muy baja—. Voy a sacar una muestra para que Lisa lo analice. —Su rostro se iluminó y apareció esa sonrisa maliciosa—. Pon tu cartera delante de los tragos y distráelos. —Como siempre mi amiga pensaba en todo.

Seguí sus instrucciones al pie de la letra. Algo en mí llamó la atención del que debía ser el líder del grupito de los tres chicos malos, tomó la iniciativa de venir a investigar. Saqué el celular de la cartera y dije en voz más alta de lo normal.

—¡Creí que lo había perdido! —Greta se dio cuenta de que algo no andaba bien, guardó rápidamente la muestra en su bolso. Coloqué mi cartera en la silla continua a la mía, Gre intentó hacer lo mismo, pero ya era demasiado tarde, el individuo se había sentado a su lado. Nuestras miradas se encontraron e hizo que me corriera un escalofrío por todo mi cuerpo. Este chico no era pacífico en lo más mínimo, por sus poros exudaba maldad.

—¡Buenas noches, señoritas! —Su voz salió clara y limpia, pero al verlo pensé que tendría una voz más ruda, áspera, más acorde a su físico, era muy alto y musculoso, en sus ojos había hostilidad. Su campera de cuero estaba desgarrada en una de las mangas y su jean manchado, era como si hubiera estado en una pelea.

Greta tomó una postura de defensa, tenía los brazos tensos y listos para actuar. Lo miró sin vacilación y preguntó:

—¿Estos tragos —los señaló con su dedo índice—… los mandaron ustedes?

—¡Sí! —afirmó con mucha confianza, poniendo una sonrisa en su rostro que lo hacía lucir como asesino serial—. ¡Veo que todavía no los probaron! —contestó esperando que alguna hablara primero. Aunque se dirigió a mí, en cuestión de segundos logró acortar nuestra distancia. Estaba tan cerca que conseguía ver mi reflejo en sus ojos negros. Eran tan oscuros que juraría que no tenían vida.

—No aceptamos tragos de personas extrañas. — Mi respuesta salió firme y cortante.

—¡Oh, vamos!, ¿qué tan malo puedo ser? —Puso expresión de ángel, pero más bien, ángel de la muerte, diría yo.

En eso mi teléfono sonó, miré la pantalla y figuraba: Lisandra. Nuestras miradas se encontraron, sabía lo que quería decir la expresión en el rostro de mi amiga. Atendí y Lisa habló atropellándose las palabras. No podía entender lo que me decía, sin embargo, desafortunadamente ya no había oportunidad de volver a preguntar, la comunicación se había cortado.

—¡Tenemos que irnos! —dije mientras agarraba mi bolso.

Greta entendió la situación, se puso en pie casi al mismo tiempo que yo. El hombre que estaba a su lado empezó a insistir que nos quedáramos, y mi amiga no resistió en contestarle:

—¡Hasta la próxima, bebé! —y le tiró un beso.

La intrusa

Toc, toc, toc. La puerta crujía cada vez que la golpeaban con desesperación. Intenté llegar lo antes posible, temiendo que algo malo les hubiera ocurrido. Al abrirla encontré a una chica muy asustada y temblando de frío a pesar del calor de primavera. Estaba pálida, con ojeras bajo sus ojos. Sus brazos abrazaban su cuerpo tan fuerte que sus dedos estaban blancos.

—¡Pasa, entra! —sugerí, rodeándola con mi brazo. Ella se apoyó en mí y se dejó guiar hacia el agradable calor del interior de la casa—. ¿Te encuentras bien?

—¡No! —contestó tartamudeando. Estaba en estado de shock ¿y quién sabe hace cuánto?—. Creo que me estoy volviendo loca, veo cosas que no son reales. —Se encogió de hombros—. La mayoría de las veces —concluyó la última frase con desesperación y abatimiento—. Y siempre termino en esta casa —aclaró su garganta, su voz se estaba tornando áspera, era signo de una deshidratación—. No sé cómo llegué, pero sabía que tenía que llegar.

Sus palabras sonaban vacías, ella misma no era capaz de creer lo que me estaba diciendo. Su estado le provocaba hablar sin parar; muy en el fondo quería, necesitaba que alguien la entendiera, la consolara, era solo una niña que no sabía para dónde salir corriendo. Me recordaba mucho a Chloe cuando llegamos a esta casa, ella estaba tan perdida, cada día era una agonía. Consolarla era lo único que podía hacer. Al principio todo era nuevo y desconocido hasta que apareció Greta Valdez y su familia.

A esta chica que tenía delante de mí se la veía frágil, agobiada, sobre todo perdida. Había abandonado todo por no ser comprendida y ahora se encontraba sola en un mundo al cual creía conocer y a su vez este le daba la espalda.

—Soy Lisandra, acá vas a estar segura. ¿Cómo te llamas? —El sonido que hizo la puerta al cerrarse detrás de ella la volvió a sobresaltar.

—Li... Liz... Lizi... —Con mucho esfuerzo pudo decir su nombre.

—¡Bueno, Lizi!, tranquilízate, ponte cómoda que te voy a preparar una taza de té, ¿te parece? —Ella asintió y se dejó caer en un sillón del recibidor.

Se acomodó mejor en el viejo sillón verde con la cabeza entre sus piernas, tomando una bocanada de aire, preguntó antes de que pudiera llegar al umbral de la puerta.

—¿Hay una chica viviendo con usted? —Esa pregunta puso en alerta todos mis sentidos, no era solo una pregunta, se parecía mucho a una afirmación. Busqué mi celular y empecé a caminar hacia la cocina, quería llamar a Chloe, el teléfono pitaba por batería baja, rogaba que igual me pudiera comunicar con ella, hablé lo más rápido posible para que Lizi no se diera cuenta.

—Chloe, cariño, cuando llegues a casa, ten cuidado que llegó una chica. —Al terminar mi frase el teléfono se apagó y Lizi estaba caminando por el pasillo siguiendo mis pasos, tomé la tetera con la mayor naturalidad posible, y la puse en el fuego. Ella volvió a hacer la misma pregunta, aunque esta vez sus palabras salieron firmes, claras y con urgencia.

—¡Lisandra!, ¿hay una chica viviendo aquí?

—Sí. ¿Por qué te interesa tanto? —Mi alma de madre protectora salió a relucir.

—No sé qué son estas cosas que veo, pero si yo no estoy loca, y si las cosas que veo son reales, ella está... —No supo cómo terminar su frase, en ese momento tomó otra bocanada de aire y dijo—: Complicada.

—¿Complicada? —dije escéptica—. ¿A qué te refieres con “complicada”? —marqué con énfasis esta última palabra, estaba segura de que mi rostro no era amable, pero intentaba mirarla lo más controlada posible, ella se encogió de hombros y pareció arrepentida de su comentario; largó todo el aire que mantenía en sus pulmones.

—Las cosas no están en orden, no entiendo lo que veo, si te lo explico ahora puede ser que no sea como en verdad es. —Se encogió de hombros—. Es un caos mi cabeza. —Posó las dos manos en su sien, tratando tal vez, de aliviar su dolor.

—¡Bien! Te voy a preparar el té y vamos a ir a la biblioteca; tal vez ahí pueda aclarar algo de lo que te está pasando, pero por el momento no digas ni una palabra de tus visiones. No quiero preocupar a nadie.

Ella permaneció apoyada en la mesa de la cocina hasta que terminara su té. Luego me siguió sin decir nada hasta la biblioteca, ella siguió mis pasos hasta que encontró el sofá que estaba al lado de una mesa ratona. Ahora se la notaba más calmada, pero no dejaba de contemplar su taza de té y de dar grandes tragos. El té estaba preparado con agua de flores de azahar y valeriana que ya había empezado a surtir efecto. Tranquilizarla y aclarar su mente. Busqué un libro de la parte más alta de la estantería, estaba empolvado. Pero eso no significaba que no le serviría para despejar algunas de sus dudas.

Ella posó su atención en mí, creí conveniente empezar a instruirla en este mundo. Uno nace bruja, no se convierte, y ella tenía un largo camino por delante; sin una enseñanza temprana sobre brujería, sería mucho más difícil controlar sus dones.

—Es un libro que no leía hacía mucho tiempo. Aunque es el primer libro que toda bruja lee cuando aprende a leer. El libro se llamaba La primera bruja blanca, sus tapas están hecha de piel de animal y sus hojas con el árbol más antiguo y sagrado, cuenta la historia que sus tapas simbolizan a Abel, el segundo hijo de Eva, ya que este se dedicaba al pastoreo antes de que su hermano Caín lo matara y sus hojas están hechas del árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, así ninguna oscura podría leer el libro de Eva.

***

Recorrí la planta baja de la casa buscándola, el único lugar que me faltaba era la biblioteca, a medida que me acercaba se podía distinguir la voz de Lisa y de alguien más, Lisa estaba parada al lado de una chica que parecía tener mi misma edad, era de estatura media, rostro redondo y rizos, muchos rulos. Sus pantalones estaban manchados, producto de un par de caídas y su blusa algo descuidada. La chica estaba sentada en el sofá con una taza del famoso té de Lisa, detrás de ella estaba mi cuidadora con un libro muy antiguo en sus manos, las dos dejaron de hablar cuando entramos a la biblioteca.

—Hola —dije sorprendida—. ¿Qué sucede? —pregunté al ver la mirada de Lisa con recelo.

—Chloe, ella es Lizi. —Hizo un gesto señalándola—. Llegó hace un momento.

Las dos nos quedamos mirándonos, estudiándonos, para ser más precisa, había algo familiar en su rostro, no podía saber si era la forma de sus ojos o la boca, ella rompió el silencio diciendo.

—No sabía a dónde ir, y de alguna manera mis sueños me traían a este lugar —terminó la frase concentrada en el fondo de su taza de té.

—¿Tus sueños? —me apresuré a preguntar desconfiada, la miré a Lisa para que me explicara.

—¡Sí!, Lisandra estaba a punto de contarme sobre lo que me está pasando —se apresuró a contestar la intrusa.

Miré a Lisa de nuevo esperando su respuesta, ahora tenía más preguntas que no podía poner en palabras, lo primero que cruzó por mi mente fue que Lizi tal vez era una bruja, aunque el libro en las manos de Lisa me lo confirmaba y otra remota idea era que Lizi tenía el don de la premonición o clarividencia. Las brujas blancas compartíamos muchas cosas en común, como el hecho de hacer conjuros y magia, aunque algunas eran mejores que otras en cuanto a la realización de brebajes o pociones, por lo general nos consideraban inofensivas contra las brujas oscuras, ya que no teníamos hechizos de base malignos o de sangre, no podíamos matar a los seres humanos con magia, usábamos el poder del cielo como base de nuestros encantamientos. Por otro lado, cada una tenía dones que los diferenciaban. Y Lisa al no ser una bruja de nacimiento no tenía ningún don en especial, y eso la convirtió en la mejor en pociones.

—De hecho, aquí tienes un libro... —dijo Lisa entregándoselo.

No dejé terminar a Lisa con su frase.

—A estas alturas uno no necesitaba un libro para explicar nuestros orígenes. Te puedo contar mejor que un libro lo que somos y contra quiénes peleamos, pero después va a ser tu elección de seguirnos o de alejarte. —Mi comentario fue receloso.

—Antes de llegar a este lugar, pensé que me estaba volviendo loca, ahora ustedes me dicen que soy una especie de bruja y que tengo que elegir si voy a pelear o no ¿pero... qué les hace pensar que soy una bruja, o que en realidad ya no estoy cuerda? O a lo mejor... ¿ustedes enloquecieron? —Sus palabras salieron a toda velocidad y sin un respiro, estaba convirtiéndose en un manojo de nervios.

—Buena pregunta —intervino Lisa—. Yo sé que eres una bruja, puedo sentirte y verte, se siente un calor que emana de tu cuerpo, pero también ese calor lo hace en forma de un resplandor, en forma de luz; Chloe y Greta todavía son inexpertas en este tema, ellas necesitarán mucha práctica, para llegar a verte tal cual eres, y no ayuda que en el pueblo no haya más brujas; no creo que nosotras estemos fuera de nuestros cabales. Con el tiempo te acostumbrarás.

Volvió la mirada a nosotras, su postura había cambiado, por lo menos ahora ya no estaba tensa aferrándose con todas sus fuerzas a una taza de té, como si ahí encontrara las respuestas del universo.

—¡Aún tienen muchas cosas que aprender!, justamente quería que mañana empezáramos el entrenamiento, ahora que terminaron las clases del mundo mundano.

—¡Calculo que sí! —dije encogiéndome de hombros.

—¿Tus padres qué dicen que faltas de tu casa? —preguntó Greta que aún permanecía callada y observando la situación desde lejos.

—Ellos... piensan que tengo alucinaciones o que me drogo, querían llevarme a un centro de rehabilitación, entonces escapé hace una semana; tomé todos mis ahorros y una mochila con lo necesario.

—¿No te han llamo o intentado comunicarse?, ¿la policía no te busca? —Mi amiga al parecer tenía tantas preguntas para ella—. ¿Cómo una chica así...? —Greta dejó la frase en el aire, y entendíamos lo que quería decir, más allá de su ropa sucia y su pelo enredado, parecía venir de buena familia—. ¿Cómo podrías desaparecer para la policía, para tus padres o amigos? ¿Tal vez alguien sí te está buscando?

—Puede ser, pero dejé mi celular sobre la cama antes de irme y una nota con él. Así la policía no tendría muchos motivos para buscarme, ya que no es un secuestro —comentó más calmada y reflexiva.

—Más adelante vas a tener que hablar con ellos. ¡Tienen que saber que estás bien! —comentó Lisa.

El pensamiento de Lisa en voz alta se vio interrumpido por el grito ahogado o casi estrangulado de Lizi.

—¡Nooo! —Su expresión era de horror—. Ellos están mejor así, y esperemos que no me encuentren.

—Pero ¡¿por qué?! —No la podía entender, por qué quería ocasionarles ese dolor a sus padres.

Su mirada iba de un lado para el otro, primero a Lisa y después a mí, lo había tomado en forma de tic. Se sentía atacada por dos flancos diferente, al parecer le molestaban tantas preguntas. Se estaba convirtiendo en un bicho bolita sentada en ese sillón, sus brazos abrazaron sus piernas y escondió la cabeza en ellas.

—Porque no son muy buenos padres, no es que los quiera castigar... —dijo resentida—, pero viendo lo que me están diciendo, que me tengo que unir a una guerra que no sabía que existía, es mejor que ellos no sepan nada —afirmó aun escondida entre sus piernas.

—Entiendo tu punto, por el momento lo vamos a dejar así y está demás decir que nuestra existencia es un secreto para el mundo exterior —comentó Lisa.

—Le voy a mostrar la casa y después la voy a llevar al cuarto de baño para que se limpie. Si quieren, espérenme en la cocina. —Mirando a Greta, le señalé su bolso, ella comprendió enseguida lo que quería decir.

Empecé con mi recorrido, la casa no era muy grande, pero contaba con todo lo necesario.

—Esta es la biblioteca —comenté algo obvio—. Saliendo de la biblioteca, a la izquierda está el pasillo que te lleva al recibidor y la entrada principal, casi en frente de nosotras está la cocina, como ya sabes y si seguimos el pasillo hacia la derecha está el salón en donde realizamos nuestras pociones, brebajes y todo lo relacionado con la hechicería, al lado de esa habitación hay un baño y también la escalera que nos lleva a la parte superior, ahí encontrarás los dormitorios y otro baño.

Todo el trayecto del recorrido de la planta baja me la pasé en medio de un monólogo, y al subir las escaleras, la historia era exactamente igual.

—Esta primera habitación es de Lisa, la que le sigue es la mía, la que está frente a la de Lisa es de Greta. Y la que está enfrente a la mía puede ser la tuya, ¿quieres? Y finalizando el pasillo está el baño.

—¿Greta vive acá? —Parecía sorprendida.

—Ella es como mi hermana, y cuando sus padres están fuera de la ciudad se queda con nosotras.

Entré a mi habitación para buscar ropa limpia, por más que no sea de su talla iba a ser mejor de lo que llevaba puesto.

—¡Esto te va a servir! —Se lo entregué y señalé el baño.

—Gracias por dejar que me quede, mañana estaremos más relajadas. —Tomó mi mano y la soltó rápidamente, como si el contacto le molestara.

—¡Sí, claro! —Mi afirmación quedó suspendida en el aire, quería muchas respuestas, pero no era el momento, ahora teníamos que averiguar qué contenía el frasquito de Greta.

***

La chica nueva no me daba buena vibra. Y aunque yo también fui nueva una vez para Chloe y Lisandra, ellas me aceptaron de la misma manera, pero mi amiga era mucho más sensible que yo, ella siempre daba el beneficio a la duda, en cambio Lisandra veía en el fondo de los corazones y sabía casi con exactitud qué tanto mentían.

—¿Quién es ella? —Tenía que hacer la pregunta obvia—. ¿Dijo algo acerca de sus visiones?

—Sé lo mismo que tú sabes, pero dijo que vio algo malo con respecto a Chloe. ¡Y por favor no le vas a decir nada hasta que no sepamos más! No parece ser una mala chica, pero está muy perturbada.

Acepté con la cabeza, de alguna manera yo también tenía la misma responsabilidad que Lisandra en cuidar de Chloe.

—Cambiando de tema, cuando estuvimos en el bar unos chicos nos mandaron unos tragos, parecía que estaban contaminados con alguna poción. —Busqué en mi bolso el frasquito, pero la coloración azul que tenía cuando tomé la muestra ya no era la misma, estaba pasando a ser un tono más claro y tirando a verdoso—. Cuando guardé el líquido era un azul intenso y ahora está cambiando de color.

Ella lo tomó y lo abrió, no hacía falta acercar el frasco muy cerca de la nariz para poder sentir el olor. En ese momento entró Chloe a la cocina y se acomodó del otro lado de la barra, Lisa nos contempló pensativa.

—¿Qué aspecto tenía el que les dio esto? —Después de unos segundos al ver que Chloe no pensaba contestar, respondí—: Era grande, muy alto y musculoso, ojos oscuros casi sin vida, pero había algo en su voz, era cálida, cuando lo escuché hablar, pensé que iba a tener una voz más gruesa y grave, pero no fue así—. Pude sentir la vacilación en su expresión, se levantó de su butaca y buscó algo en un cajón.

—Ya no es seguro este pueblo, no entiendo cómo pudo haber pasado esto. Rafael dijo que estaría protegido. —Hablaba mientras seguía revolviendo el cajón de la mesada—. Voy a tener que buscar a Ian. —En ese momento sus pensamientos se habían convertido en palabras.

—¡A mí me pasó lo mismo! —apuntó Chloe—. Me corrió un escalofrío por la espalda cuando se sentó al lado de Gre—. Ahora miraba a Lisandra que la observaba con recelo.

—Todo lo que está pasando esta noche no es bueno. Y no creo en las coincidencias. Las brujas oscuras nunca han podido entrar a Rosario, pero encontraron la forma de hacerlo, me temo. — Al momento de terminar la frase también encontró lo que estaba buscando, se acercó a la barra—. Lo que vieron es una posesión, por lo general las oscuras lo utilizan con demonios y no con humanos. Es cuando una bruja oscura encuentra un portador “adecuado”, pero este sigue conservando su voz y los rasgos más predominantes. Dependiendo del poder de la bruja, el cuerpo del portador cambia. Ya que el poder de una oscura es más fuerte que el cuerpo humano, y este no está preparado para soportarlo. La oscura tiene que usar toda su fuerza para canalizar su poder, por eso utilizan a demonios, así la bruja acrecienta su poder y no al contrario; lo más probable es que ese chico no haya sido así como lo vieron y tal vez tampoco tan siniestro. La posesión no dura mucho, el chico no va a recordar nada de lo que pasó y la bruja va a quedar debilitada por unas horas.

—Así que ese chico funciona como una vasija, si no entendí mal —concluyó Chloe.

—¡Correcto! Su afirmación quedó en suspenso mientras ponía sobre la barra un objeto parecido a un decantador.

—¿Para qué es eso? —objetó Chloe.

—Esto me sirve para separar los componentes de este líquido, esta noche voy a saber qué produce en el cuerpo esta poción. Ahora quiero que vayan a descansar, mañana vamos a empezar no bien salga el sol —ordenó Lisandra.

Terminó de dar su orden, y salió de la cocina para irse al salón de hechicería. Por lo general solía pasar horas y horas en ese lugar.

—¿Quién será Ian? —preguntó Chloe esperando que tuviera una respuesta a un nombre que jamás en la vida había escuchado.

El origen

Hoy será el primer entrenamiento de Lizi, no iba a ser fácil asimilar todo para ella. Con el tiempo, le enseñaría que ser bruja es más que un estilo de vida o algo que se pueda cambiar. El salón que usaba para preparar pociones era una habitación más de la casa, al que con el paso de los años lo fui acondicionando para este propósito. Las paredes blancas estaban rodeadas por mesadas de mármol, un plomero había extendido la red de agua y gas. Estábamos en el siglo XXI, no hacían falta los fogones para cocinar. En esas mesadas se encontraba todo lo necesario para hacer pociones, en el medio de la habitación quedaba espacio suficiente para pupitres y sillas. En el frente, junto a la puerta de entrada, tenía un pizarrón en donde podía anotar nuevas pociones o impartir mis clases. El lugar poseía un olor característico, en general toda la casa olía a hierba buena y menta, pero en esta habitación estaba intensificado. No importaban los años que pasaran, siempre iba a recordar cuando fui un aprendiz, como lo eran ahora mis chicas.

El entrenamiento de hoy iba a ser más agresivo. Ella tarde o temprano debería prepararse para la guerra que ya estaba a la vuelta de la esquina. Chloe y Greta tenían años de experiencia, en cambio Lizi estaba empezando a explorar el terreno de la hechicería y la magia. Podríamos decir que iba a aprender a ser una bruja, a dejar de lado su vida mundana para formarse y prepararse para ser una blanca, como debería haberlo sido desde hacía muchos años.

Las chicas fueron llegando a medida que terminaban de desayunar, las murmuraciones en el salón dejaban en claro que la clase ya iba a comenzar. Y preparar esta primera lección para Lizi no sería fácil.

—Esta mañana vamos a empezar con lo básico, me gustaría saber qué habilidades traes contigo —dije a Lizi que aún observaba el salón con vacilación.

—Antes de empezar con el entrenamiento, ¿puedo hacer algunas preguntas? —aventuro tímidamente esta.

—¡Por supuesto! —la alenté, confianza era lo que le faltaba, y sobre todo en sí misma.

—Anoche cuando me fui a dormir estuve pensando sobre cosas que para mí no tienen sentido y como ustedes yxa nacieron siendo así, tal vez puedan darme algunas respuestas. —Se tomó un momento para ordenar las palabras—. Si mis padres no son brujos, ¿cómo puede ser que yo lo sea?

—Primero, tú también naciste siendo bruja. Y hay muchas opciones, no estuve en ese momento, ¡claro está! —comenté entre risas, para restarle importancia a lo que continuaba—. Una posibilidad puede ser que tu mamá lo haya engañado a tu papá...

— ¡No!, eso no, ¡ella nunca haría algo así! —dijo entre un grito ahogado, un tanto ofendida por mi insinuación.

Hasta ese momento Chloe y Greta, que se mantenían al margen, tomaron una posición más a la defensiva, la reacción de Lizi no merecía sus nervios, era tan solo una chica asustada buscando respuestas.

—Dije que podía ser una opción, ¡no que lo fuera! —me apresuré a comentar—. Tal vez no lo engañó, tal vez ella mantenía una relación amorosa con alguien y no sabía que estaba embarazada, conoció a tu papá y puede ser que pensó que tú eras hija de él. No existe otra manera —concluí—. A menos que uno de los dos sea brujo. —No era una explicación disparatada, pero analizando la situación, ese no era el caso.

—Pero, entonces... ¿Quién es mi papá o… mi mamá?

Esa era una respuesta que yo no tenía y no la iba a tener nunca.

—Ustedes dicen que nosotras nos vemos diferentes. ¿Ella no lo pudo ver a él?

—Los mundanos no tienen esa capacidad de ver como nosotras, ellos no pueden percibir las energías de los oscuros en general. —Por sus reacciones, dejaba más que en claro que mis aclaraciones no le eran muy útiles.

—¡Esto me deja de vuelta en cero! —Estaba abrumada, sus ojos se perdieron en la lejanía, con algún recuerdo distante.

Quería retomar la clase, era un poco difícil después del tema que se había tocado. Chloe y Greta tenían posturas muy amenazantes y Lizi buscaba la forma de esconderse en su silla.

—¿Hace cuánto que empezaste a tener visiones? —Observé cambiar su postura. Pasando una pierna sobre la otra. Pensando qué contestarme.

—No hace mucho, será un mes más o menos —afirmó pensativa—. Para mí fue el peor mes de toda mi vida.

—¿Y cómo funciona? —Necesitaba obtener respuestas que me ayudaran a guiarla.

—Es complicado..., no es que haya una fórmula que funcione, hay veces que toco un objeto que había tocado una persona y ahí es cuando veo cosas que están por pasar o cosas que ya pasaron. Y hay otras veces en que no hace falta tocar algo, como me pasó con ustedes. —Fijó su mirada en Chloe—. Yo estaba durmiendo y soñé con este lugar, luego estaba paseando por el parque y ahí tuve una visión, vi que aparecieron ustedes con un grupo de personas encapuchadas y una mujer con aspecto aterrador, parecía que tenía influencia sobre todos los que estaban ahí, y después todo se esfumó —dijo hundiéndose de hombros—. Esa fue la peor de todas. Era como vivir una realidad alternativa, me había transportado por completo a ese lugar. El poder que emanaba de ese ser era desmesurado casi imposible de creer. Jamás había visto tanta maldad. Hasta se la podía respirar, era tóxico...

—Después vamos a hablar en privado acerca de tus visiones. —No tenía intenciones de que Chloe estuviera al tanto de esta situación.

—¡Eso no es justo! —preguntó Chloe—. ¡Si ella sabe algo que me concierne a mí, quiero saberlo!

—¡Este no es un tema que voy a discutir contigo, dije que iba a hablar en privado con ella y así lo hare! Luego cuando sepa qué es lo que está pasando tendremos una charla. —Intenté poner todo el peso necesario a mis palabras para que no haya objeción—. Ahora lo que tienes que saber es que existen dos clases, por así llamarlo, de brujas. —Dirigí mi conversación a Lizi—. Hay algunas que son buenas, como nosotras, y otras que son malas, como las brujas oscuras. Lo que te voy a contar es el origen de nuestra especie, está sacado del libro El primero, es ese libro que te iba a dar anoche, pero al final decidí darte otro, que se llama La primera bruja blanca, ahí vas a terminar de entender. Las brujas oscuras nacieron de la primera esposa de Adán, Lilith, ella fue creada a imagen de Dios, al mismo tiempo que creó también a Adán, eso originó un conflicto de superioridades, Lilith no quería vivir con Adán en el Edén, ella no quería ser gobernada por un igual, su frase de despedida, por así decirlo, fue: “Yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual”. Las diferencias fueron creciendo entre ambos, hasta que abandonó el Edén, y fue a dar a la orilla del mar Rojo (hogar de muchos demonios), los peores, diría yo. Allí se entregó a la lujuria con estos, dando a luz a los lilim, son demonios femeninos súcubos.

Hasta ahora Lizi escuchaba prestando mucha atención. Hasta que interrumpió mi historia.

—¿Qué es un demonio súcubo?

—Es un demonio que toma la forma de una atractiva mujer para los hombres, introduciéndose en sus sueños y fantasías. En general son mujeres de gran sensualidad y belleza incandescente. Cuando tres ángeles de Dios fueron a buscarla, obviamente, ella se negó. El cielo la castigó haciendo que muriese cada hijo que ella concibiera. Desde entonces las tradiciones judías medievales dicen que ella intenta vengarse matando a los niños menores de ocho días. Lilith es una criatura espontánea y libre, de fascinante belleza, que posteriormente se convirtió en un ente maléfico, en un ser de la oscuridad pero que, en todo caso, guarda en sí, como símbolo, un sentido que la emparenta con la gran madre de las civilizaciones antiguas, sobre todo en su aspecto tenebroso. El nombre de Lilith deriva del hebreo Lil, que significa noche, por lo que Lilith vendría a significar la nocturna, término que nos transmite la idea de oscuridad, de ausencia de luz, y que se relaciona con sus características personales y su ámbito de acción. Se la asocia con la lechuza, al tratarse de un ser que se desenvuelve en las tinieblas.

—¿Por eso es la superstición de que las lechuzas son de mal augurio?

Era más una pregunta retórica, ya que enseguida continuó con una anécdota.

—Mi mamá siempre me hacía cerrar todas las ventanas cuando veía una lechuza y se ponía histérica cuando las oía cantar.

—Tal vez tu mamá tendría algún conocimiento del mundo mágico. —Puse en palabras mi pensamiento. Lizi esta vez lo meditó.

—Y por el otro lado están las brujas blancas. Son aquellas que provienen de Eva, según la Biblia ellos fueron los que poblaron el mundo. Y de una progenie de ella es que descendemos nosotras. Para mantener al mundo balanceado. Los mundanos no pueden luchar contra el poder del mal —concluyó Chloe, repitiendo la frase que sabía de memoria.

—Como Dios vio lo que sucedió en su primer intento de crear a un hombre y una mujer a su imagen y semejanza, creó a Eva de una costilla de Adán, para que no existiera, otra vez, los mismos problemas de superioridad. Lilith no estaba conforme con este nuevo giro que había tomado la historia, convenció a un ángel caído, al que hoy conocemos como Satanás o el diablo, para que incitara a Eva a probar del árbol de la sabiduría, el árbol del bien y del mal, el único fruto que Dios les había prohibido tocar. Ella deseaba que fueran desterrados y probaran las adversidades de la vida fuera del Edén, como venganza hacia Adán —retomé mi relato—. Dios, al ver que habían desobedecido el único mandato que le había dado, los desterró. Pero ante les dijo: “Ahora ya han probado del árbol de la sabiduría, por lo cual tienen el poder de decidir sobre el bien y el mal. Usen esta nueva responsabilidad a conciencia”, y así los dejo ir, para que probaran las adversidades de una vida fuera del paraíso. Caín fue el primer humano nacido fuera del Edén, después de Caín, concibieron a otro varón, su hermano Abel. Caín se dedicó a la agricultura, mientras que su hermano menor al pastoreo. Según el relato bíblico estos hermanos presentaron sus ofrendas a Dios en sus respectivos altares; al verlos, Dios prefirió el sacrificio de Abel (los primogénitos de sus ovejas) en vez del de Caín (del fruto de la tierra), este último enloqueció y mató a su hermano. Sin decir nada, Dios vio que las esperanzas depositadas en el primer hombre nacido fuera del Edén eran desastrosas. Caín nunca llegaría a ser quien nos protegiera de Lilith, después de pensarlo, llego a la conclusión de que, si él intervenía en el concebimiento de un tercer hijo, tal vez podríamos tener una oportunidad en este mundo. Tendríamos a alguien que nos defendiera. Persuadió a Eva y Adán para que tuvieran otro hijo, el cual iba a ser mujer, una luchadora con un pedazo de cielo en su alma. Pero llegado el momento de nacer, Eva no alumbró a una mujer, sino que nuevamente fue un varón. Tuvo que tener otro hijo varón, hasta que por fin sus rezos dieron resultado, ahora había llegado la promesa de Dios, con una carga inimaginable para cualquier ser humano. Luego de ahí las versiones discrepan, no se sabe bien cómo fue que esa mujer iba a ser diferente, pero lo que sí se sabe es que desde el momento en que nació, hubo un cambio, los demonios sabían que se iban a enfrentar a algo superior a ellos. Caín fue marcado y desterrado. Sabiendo que un día tendría que pagar por su pecado. Desde entonces hay hombres y mujeres que luchan contra las brujas oscuras y sus demonios. Lilith era perversa, engañó con falsas profecías a los demonios para que les otorgaran el poder de controlarlos, tener total autoridad sobre ellos —terminó Greta el relato.

—¿Quiénes son los que luchan contra las brujas oscuras? —quería saber obviamente Lizi.

—Al igual que los mundanos tienen su gobierno, nosotras también tenemos el nuestro, después de todo, no son tan diferentes uno con el otro. Nuestro gobierno está regido por los arcángeles que viven en el cielo, ellos no pueden bajar. Después les siguen los ángeles, los ángeles son nuestros intermediarios con los arcángeles, ellos viven en la tierra, pero tienen el poder de subir al cielo, cada vez que se requiera. La madre de Chloe era una bruja blanca con mucha influencia, ella estaba casada con un ángel que formaba parte del consejo. Tobías Amaya, el padre de Chloe, había muerto en una misión del gobierno unos meses antes de que fuéramos atacados en la mansión en donde vivíamos. Esa noche habían llegado por Elha y Chloe. Elha luchó hasta el final, eran muchos, había demonios y brujas oscuras por donde miraras. Tobías le había enseñado a defenderse utilizando armas del cielo, pero la diferencia era abismal. Ni siquiera los ángeles que estaban cuidando la casa pudieron hacer algo. Gracias a ella nosotras pudimos escapar. Fuimos rescatadas por el arcángel Rafael, él tenía y tiene como misión proteger a Chloe. Después está el gobierno de las brujas. Nosotras somos un caso especial, nos regimos por las leyes de los ángeles, al igual que todas las brujas casadas con ángeles.

—¿A qué te refieres cuando dices armas del cielo? —Lizi interrumpió mi explicación con una pregunta que le pareció de mayor relevancia.

—Nosotras, aparte de hacer magia, hechizos o conjuros, tenemos armas del cielo. Son armas que los arcángeles les dieron a sus tropas para poder defenderse. Las armas son muy parecidas a las que tienen los mundanos, pistolas, sables, puñal, arco y flecha, los que se les ocurran; solamente que estas armas destruyen a los demonios y no hacen el mismo efecto contra los mundanos. Tienen una mente propia, saben discernir entre especies. Si una pistola fuera disparada hacia un mundano la bala no le ocasionaría la muerte. El proyectil simplemente se desvanecería antes de llegar al cuerpo.

Chloe se incorporó, interrumpió nuestra conversación, estaba un tanto exaltada. Caminó hasta quedar enfrente de mí y me enfrentó, como si yo hubiera dicho algo que la molestara profundamente.

—¡Ahora entiendo por qué Rafael me quiere mantener con vida! —No entendía a qué venía su reacción—. Nunca me había puesto a pensar seriamente, siempre pensé que era... Bueno, porque era hija de un ángel, ¡pero ahora lo veo con claridad! —Sus palabras salían una detrás de otra y cada vez alzaba más la voz—. Él pretende que yo forme parte de su ejército. —Ella estaba en lo cierto, por más que no lo quisiera admitir.

—¡Sí!... ¡pero aún no estás lista! Yo no te voy a entrenar para que vayas a la guerra. —Mis palabras me condenaron, había revelado información que aún era secreta.

—¿A la guerra? —siguió interrogándome—. ¿A cuál guerra? Todo el tiempo estamos en guerra o bajo amenaza —afirmó exasperada—. ¿Es por eso por lo que no nos enseñas a hacer magia? ¿Y todo lo que aprendemos es teoría?

—En eso tienes razón, pero un día de estos se definirá todo, y yo no voy a permitir que te lleven. Y en cierta forma ya sabes hacer magia.

—¿Mi opinión acaso no cuenta? —contestó indignada.

—Nunca pensé que quisieras ir a la guerra, después de todo lo malo que has pasado —puntualicé acortando la distancia entre nosotras.

—No sé qué es lo que quiero, ¿pero cuándo pensabas decírmelo? —me gritó.

—¡Cuando llegara el momento! —No quería discutir eso delante de todas.

—¿Cuando llegara el momento? —dijo incrédula—. Nunca va a llegar ese día, tu tendrías que habérmelo dicho hace mucho tiempo.

—¡Chloe, cariño! ¡Tienes razón!, es muy difícil decirte que estás predestinada a estar en el Consejo. Después de verte sufrir como lo hiciste. ¿Tú en verdad pensabas que quería hablar de eso?

Ella bajó la guardia y no siguió discutiendo, al parecer había aceptado mis disimuladas disculpas. Luego de unos segundos abandonó el salón. No sabía si ir a buscarla o dejar que procesara todo.

El idioma de las brujas

Con la partida de Chloe, las chicas estaban algo tensas, ninguna se había movido de su asiento. Esperaban que dijera algo o tal vez que continuara con la clase. Me llevó un minuto ordenar mis ideas. Sin Chloe en la sala no la podía continuar, me predispuse a comentarle a Greta mis descubrimientos de su brebaje.

—Anoche investigué un poco, descubrí qué contenía ese trago, lo que produce, es un estado de inconsciencia tan fuerte que no te deja despertar por al menos dos días. Lo que sé, por el momento, es que querían secuestrarlas. Esta noche voy a ir a buscar a Ian para que nos ayude a entender lo que está ocurriendo.

—¿Quién es él? —preguntó Greta, que hasta ahora se mantenía al margen.

—Es un hechicero muy poderoso, también él presume de que es alquimista —dije revoleando los ojos. Su ego era infinito.

—¿Entonces hay hechiceros también? Y ¿brujos blancos? —se apresuró a preguntar Lizi.

—Sí, hay hechiceros y brujos, pero no te confundas, los hechiceros no están dentro de nuestra especie, ellos pueden pertenecer al bien y al mal, los hay buenos y malos, porque uno de su progenitor es un demonio.

Se hizo el silencio con esta última contestación, aún seguía confundida, su expresión me lo revelaba.

—Como en toda especie hay hombre y mujeres, es inevitable para que la vida pueda seguir. Al principio las brujas oscuras se llamaban los hijos de Lilith, pero con el tiempo se fue acortando el nombre y quedó las oscuras, por su descendencia. Eso no quiere decir que sean solamente mujeres, engloba los dos términos. Lo mismo pasó con los hijos de Eva. Que con el tiempo quedó las blancas.

Eso me daba el pie para empezar mi entrenamiento. Me asomé a la puerta y vi a Chloe lista para entrar, ya estaba más calmada.

—Esta mañana vamos a realizar hechizos de magia. Todas lo pueden hacer, ya crecen con magia en sus venas, algunas pueden empezar a hacerlos antes y otras después. Vamos a realizar unos fáciles. —Me dirigí a Lizi—. No te preocupes si no te sale a la primera. Todo requiere concentración y mucha práctica. —Ella asintió con la cabeza—. Primero van a visualizar en la mente lo que quieren hacer. Ahora bien, les voy a pedir que visualicen las hojas del árbol, del otro lado de la ventana, una vez que las puedan ver en sus mentes, van a dejar que caigan. Y cuando estén listas, lo vamos a ver. Hagan una fila de forma ordenada.

Para Greta era muy fácil porque ya sabía cómo realizar hechizos de magia más complicados, después siguió Chloe. Y por último Lizi, le llevó un poco más de tiempo que al resto. Pero lo importante es que lo logró.

—La magia es eso, como verán, en realidad el árbol no perdió sus hojas, sino que ustedes están realizando una ilusión para los demás, excepto ustedes, el resto ve y piensa que ese árbol no tiene hojas. Todos los hechizos de magia son iguales, tienen que visualizar lo que quieren hacer y después la magia está hecha. Con hechizos más poderosos se van a dar cuenta de que con tan solo pensarlo no basta, en ese momento van a utilizar las manos y todo su cuerpo para canalizar la magia. Ahora, por otro lado, están los conjuros o embrujos, como quieran llamarlos, eso es más complicado, ya que requiere otro nivel de concentración, estos conjuros sirven para la transformación de una cosa en otra, hacer explotar algo, como también repararlo. Pueden cegar a la otra persona, teletransportarse, en definitiva, pueden hacer lo que se les ocurra. Estos son hechizos de protección y muchos más violentos que los hechizos de magia. —Ahora que tenía su atención puesta en mis explicaciones, era más fácil hacer que me entendieran.

—Si quieren cegar a la otra persona, tienen que pensarlo y repetir las palabras VISAN JE, pero primero van a tener que aprender el idioma de las brujas.

—¿Cuál es ese idioma? —preguntó con curiosidad Lizi.

—Las brujas tienen un idioma muy antiguo, pero nosotras aprendemos las palabras más importantes, como las partes del cuerpo, también las relacionadas con la naturaleza, como les dije anteriormente, ustedes pueden hacer cualquier cosa, hasta absorber energía de la tierra cuando la necesiten. Por ejemplo: están en una batalla y no tienen armas físicas cerca para defenderse. Un árbol puede ser de mucha utilidad, haciendo un conjuro para que sus raíces o ramas crezcan y así de esa forma inmovilizar a su oponente con las extremidades que hicieron crecer.

El murmullo creció en la habitación de hechicería, ellas todavía no comprendían el poder que tenían en sus manos.

—¿Y en dónde podemos aprender el idioma? —Era una de las pocas veces en que veía a Greta tan interesada en un tema que les enseñaba, por lo general se limitaba a contestar un par de preguntas y a responder los mensajes de su celular.

—En el libro de La primera bruja —le respondí—. Si es que saben cómo buscar. —Hacía falta hacer unas preguntas picantes, y tenía a todas comiendo de mi mano.

—¿A qué te refieres con eso?, te aseguro que a ese libro lo leí un millón de veces y no hay nada.

—Como todo en este mudo, eso también está oculto. Si pasas la mano por su tapa, Greta, y dices la palabra Dimentes, al abrir el libro, ¡él se revelará ante ti!

—Después de realizar un conjuro, ¿cómo hacemos que desaparezca? —preguntó preocupada Lizi.

—Esa es una muy buena pregunta. —Ahora estaban haciendo las preguntas correctas—. ¿Cómo haces para que la música deje de sonar en tu reproductor? —le respondí a Lizi con otra pregunta.

—¡Fácil!, con el botón de stop —dijo entre risas.

—¡Sí!, muy bien. Para que se termine un conjuro tienen que decir Fínnen, y el embrujo va a desaparecer, esa palabra es para todos los hechizos por igual. Ahora quiero que practiquen un conjuro bastante simple, pero que les puede salvar la vida, van a intentar cegar a la otra persona, practiquen hasta que salga medianamente bien. Primero va a empezar Greta con Chloe, quiero ver qué tal lo hacen y después Lizi lo va a intentar con Greta. —Esta última se me quedó mirando con los ojos fuera de órbita.

—¿Por qué conmigo? —exigió levantando la voz y quejándose—, ¿y si me deja ciega? Ya no voy a poder ver a los chicos guapos en la playa.

Parecía que lo único que les preocupaba a estas alturas eran los chicos. Y a las chicas les causó tanta gracia su comentario que no podían dejar de reír.

—¡No te va a pasar nada!, yo lo voy a revertir si algo sale mal. —No podía disimular la sonrisa al contestarle—. ¡Empiecen!

Greta estaba en su primer intento, como era de esperar, no lo logró, hizo que se le nublara la visión a Chloe, pero eso fue todo, en su segundo intento Chloe estaba cegada por completo, mientras Greta peleaba con Chloe amenazándola con que la iba a dejar así, Lizi estaba más retrotraída, no estaba muy cómoda, tal vez había sido mucho por un día. Y quién podía culparla. Ahora era el turno de Chloe, a ella no le fue tan mal, pudo controlarlo después de unos intentos. En cambio, Lizi se resistía a que la magia fluyera.

—Sé que te falta más entrenamiento, tus compañeras te llevan algo de ventaja con respecto a esto, pero no quiere decir que no lo logres hoy. —Tenía que intentar que se relajara y consiguiera el control mental—. Ahora sigue todos los pasos que te diré —le ordené—. Cierra los ojos, empieza a relajar los hombros lentamente, piensa en algo que te dé tranquilidad, en tu casa o en el mar o el campo, o lo que a ti te haga sentir relajada, una vez que consigas eso, piensa que Greta se está aproximando a ti muy lentamente, la puedes ver en el horizonte, pero no quieres que te vea, tú quieres seguir en ese lugar que te transmite paz y para eso tienes que pronunciar las palabras Visan Je. Cuando estés lista abre los ojos y repítelas.

Lizi abrió los ojos muy lentamente y lo hizo tal cual le dije, Greta al instante quedó cegada.

—¡Gracias, Lisa, nunca pensé que podría llegar a hacer algo así! —Desbordaba alegría, y ya había sumado un granito más a su confianza.

—¡De nada!, yo estoy para enseñarles y ayudarlas en todo lo que pueda. —Le devolví la sonrisa.

—Podría alguien hacerle decir las palabras, no se olviden que sigo ciega y no me quiero perder a los galanes —replicó Greta.

Las risas se elevaron y Lizi le rompió el conjuro. Aunque a Greta no le hizo mucha gracia.

—Acá les dejo el libro, sigan practicando que yo vuelvo enseguida —lo coloqué sobre el pupitre le Greta.

Abandoné la sala de entrenamiento para intentar de localizar a Ian Leiss, necesitaba “el libro” que estaba en la biblioteca. Al entrar en ella, tuve que prender la lámpara que estaba sobre el escritorio, las cortinas pesadas no dejaban entrar la luz, era el sitio perfecto para que se escondiera un demonio, si estuviéramos en otro pueblo o ciudad, pensaría dos veces en poner cortinas oscuras. En Rosario estábamos protegidas. Tomé el libro del estante del fondo y me dirigí a la cocina, el ejemplar que tenía en mis manos era una reliquia familiar, y muchos matarían por él, ni siquiera una habitación llena de oro tenía tanto valor como esta reliquia. El libro de las almas, regalo de Tobías Amaya a Elha. Cualquier alma que estuviera viviendo en este planeta, el libro la encontraría, pero para encontrarla había que pagar un precio. El arcángel que lo había creado lo hizo pensando por si caía en manos equivocadas. El seguro que se encontraba en el centro del libro tenía un mecanismo que al intentar abrirlo disparaba una pequeña agujita, para tomar una gota de tu sangre, si el libro consideraba que tus intenciones eran buenas se abriría para quien lo reclamara. No había muchos de estos libros en el mundo. La piel con la que estaba forrado se estaba agrietando en las esquinas. Con los pasos de los siglos sus hojas se habían tornado amarillentas. Cualquier libro con la edad de este ya estaría desintegrado. La magia lo mantenía con vida. Lo coloqué sobre la barra de la cocina e intenté abrirlo, la aguja se clavó en mi dedo anular, esperé a que el seguro se abriera, después de tres largos segundos, escuché un clic, aparté la corredera que mantenía el libro cerrado y lo abrí. Me predispuse a buscar al hechicero, tenía un índice según las especies de seres sobrenaturales que vivían en la tierra, él estaba en la denominación de hechiceros. Sus hojas estaban en blanco, tan solo aparecía lo que uno estaba buscando. En la parte superior de la página del comienzo de los hechiceros había que escribir, con una pluma del arcángel que lo había creado, el nombre y apellido del individuo al que se estaba buscando, en esa misma página aparecieron por arte de magia los datos de mayor interés de Ian Leiss. Lo bueno era que se encontraba en la ciudad de Positano, a poco menos de dos horas en auto. Y lo malo, es que sería muy complicado de persuadirlo en ayudarnos sin meter a Chloe en el medio.

Retomé de nuevo mi papel de profesora. En la sala de hechicería había murmullos nada más. Me acerqué a la puerta. Pero Greta se percató de mi presencia.

—¿Y cómo les fue? —pregunté ansiosa.

—¡Bien! —respondieron a cuórum.

—¡Bueno!, cuéntenme qué hechizo practicaron.

—Estábamos con el hechizo de hacernos invisibles —dijo Greta, señalándome la página del libro que tenía en sus manos—. Aunque Chloe no participó en esta ocasión.

—No presumas de tu don —regañé a Chloe— que después Greta te va a ganar de mano con la teletransportación, y ese sí es un conjuro realmente complicado. Sigamos, ¿y cómo les fue? ¿Qué dificultades encontraron?

—Nos falta más concentración, cuando empezamos a desvanecernos, no llegábamos a desaparecer por completo que ya comenzamos a hacernos visibles de nuevo.

—Eso es así, es un hechizo un poco más complicado, la concentración es fundamental. Intenten hacer lo que le dije a Lizi. —Greta me interrumpió abruptamente.

—¡Lo intentamos también!, pero sigue fallando. —El desánimo era evidente al final de su frase.

—Un consejo, sigan practicando.

Mi comentario no fue bien recibido. Estaban tan ansiosas por ver resultados que no ponían en práctica el procedimiento.

No me gustaba dejarlas solas, pero era por fuerza mayor.

—Esta noche voy a ir a buscar al hechicero, tengo que ir hasta Positano, creo que para el amanecer ya voy a estar de vuelta.

—¿Y por qué no vas ahora? —comentó Chloe—. Es un viaje de dos horas y para el crepúsculo ya estarías—. Fue muy persuasiva con su comentario.

No era mala idea irme ahora. Para antes de que cayera el sol ya tendríamos ayuda.

—Bueno, voy a buscar algunas cosas que necesito y me voy. Pero óyeme bien, señorita, si no llego para el anochecer quiero que pongas un hechizo de protección, se llama Protecxo.

El hechicero

Una vez en camino a Positano, restaba encontrar su casa, no sería muy difícil, tendría que encontrar la casa más absurda y aparatosa del barrio. Aparte de su narcisismo y su galantería Ian Leiss es un hombre inteligente, que tiene una gran capacidad de adaptación, sabe cómo moverse entre mundos. Es el mejor aliado de una bruja blanca, si conoces sus lealtades. Desde el comienzo, él jugó para ambos lados. Hasta se llegó a creer que ya no volvería al bando de los buenos, por decirlo de alguna manera. Los libros de historia del siglo XX recuerdan muy bien sus andanzas. Sus lazos con Morgana en la década de los cincuenta eran tan fuertes que ya no se sabía en dónde comenzaban las fuerzas de uno y dónde terminaban las del otro. Cuando Elha lo conoció, cambió su vida otra vez. Mi señora tenía un poder que el hechicero no comprendía y eso fue la causa que detonó la ruptura con la bruja oscura Morgana. Ian la seguía día y noche, intentaba de alguna manera comprenderla y averiguar de dónde provenía tanto poder. Todo terminó muy rápido cuando Elha conoció a Tobías, ellos se enamoraron perdidamente, de cierta forma no había química entre el ángel y el hechicero. Cuando se casaron, Ian desapareció, hasta hace un par de años. Una mañana como cualquier otra, decidió aparecer por Rosario y vio a una chica inocente de catorce años, paseando por las tiendas del centro. Como dos imanes, se atrajeron tan fuerte que el hechicero perdió la noción del tiempo, todo lo que hacía era vivir para ella. Muy a mi pesar sabía que ellos tendrían una conexión que no sería fácil de romper. Chloe era apenas una niña que estaba aprendiendo a controlar la magia, y en presencia de él todo se salía de control, cada vez que ella realizaba un hechizo y él estaba cerca, sus fuerzas se potenciaban y el hechizo seguro que salía mal, pero en dimensiones catastróficas. Hasta que un día, hirió a un chico en la escuela de mundanos. Mi pelea con el hechicero fue tan fuerte que de nuevo se marchó. No sabía nada de él hasta este momento, su imagen sería la misma que hace siglos. Ellos no están sujetos a la edad como los mundanos o las brujas, son atemporales, adoptando el físico de un joven de veinticinco o treinta años a lo sumo.

Como una persona que lleva tanto tiempo en la tierra, adora su independencia, por eso vive solo, pero rodeado de muchos “amigos”. Es un poco embustero, sabe aplicar sus dones naturales para agradar a los demás y conseguir lo que se propone.

Por otro lado, Positano es una hermosa ciudad, con paisajes pintorescos, rodeada de mucha naturaleza, aunque dependiendo con qué ojos se lo mire. La naturaleza parece un simple glamur para que los mundanos no vean lo que pasa del otro lado de esa línea protectora que formaron. Y de esta manera separaron la ciudad a la mitad, nadie quiere a un mundano chismoso entrometiéndose en donde no lo han llamado. Por sus características, la ciudad parece el lugar ideal para ser el hogar de brujas oscuras y demonios, como era de esperarse el hechicero vivía en el medio, igual que Suiza.

Mi reloj marcaba la una de la tarde cuando estacioné mi auto modelo 2008 en el frente de una ostentosa “mansión”. Como era de suponer, mi auto no encajaba con el estilo del vecindario, eso no me iba a detener de tocar el maldito timbre. Mi temperamento aumentaba a medida que me acercaba al encuentro, nada agradable, pero necesario. El sol era abrasador, tal como debería ser un día de finales de primavera. La casa estaba flanqueada por dos estatuas medievales y detrás de ella estaba la escalinata que llegaba hasta la entrada principal; subir esos cinco escalones supuso más tiempo del que necesitaba, aún seguía peleando con mis demonios internos. Intentar controlar el enojo me estaba costando mucho más trabajo, del que había imaginado. Mi pelo ya comenzaba a pegarse en mi nuca. El timbre sonó dos veces con una melodía un tanto infantil. Pasaron unos segundos y nadie contestó, miré por la ventanita del costado de la puerta, tenía los vidrios esmerilados con un borde liso. A primera vista no vi nada que me indicara que el hechicero estaba en casa. Hasta que me enfrentaron esos ojos llenos de rencor y odio. Como una niña asustada, a la que acaban de atrapar, me aparté del vidrio.

Incómodamente abrió la puerta, para cerrarla en mi cara.

—¡Mierda!, Ian, ¡tienes que abrirme! —grité enfadada inútilmente a una puerta totalmente cerrada, que parecía no volverse a abrir.

—¡No tengo que hacerlo! —me reprochó—. No te debo nada, ¡así que mejor vete! —me gritó del otro lado, su voz salió áspera y con resentimiento.

—Hazlo por Chloe, ¡por favor! —volví a contestarle, pero el nudo en la garganta quebró mi voz. Tanto enojo contenido por algunos años estaba haciendo estragos en mi autocontrol. Tampoco había sido mi intención usar a Chloe para captar la atención del hechicero—. Charlemos... y después te dejo libre —afirmé a la puerta pulcramente pintada de blanco.

Escuché cómo se abría la puerta pesada de madera labrada y él apareció con su pantalón de jean negro, y camisa al tono, dejando ver algunos tatuajes que llegaban hasta la base del cuello. Sus ojos me escrutaron por unos segundos, hasta que me dio la espalda y comenzó a caminar hacia algún lado de la casa. Su cabello negro rapado a los costados y su flequillo cayendo en cascada no había cambiado, al igual que sus modales. El recibidor era hermoso, una araña colgaba del centro del techo, los pisos eran de mármol beige y las paredes blancas.

—¡Está bien!, lo hago por ella nomás —me retrucó a lo lejos—. Cierra la puerta, no quiero a más brujas indeseadas husmeando en mi casa.

Era mejor acatar su orden. Hacía tiempo que no lo veía, y en ese lapso se había vuelto aún más desagradable.

—¿A qué viniste? Aparte de perturbar mi paz o lo poco que me queda —preguntó regresando al recibidor.

—¿Podés dejar de actuar como un insensible por un momento? —Levantó sus manos en señal de paz—. Quiero que regreses con nosotras. —Puse mi mejor cara de por favor—. ¡Te necesitamos!, están pasando cosas que no comprendemos y que tienen naturaleza oscura.

—¡No, Lisandra! —Su voz salió estrangulada por algún recuerdo—. Ya peleé muchas batallas que no eran mías —dijo yendo a sentarse en uno de sus sillones isabelinos que se encontraban cerca de la esquina derecha del recibidor.

—Entiendo lo que me quieres decir... entonces por lo menos escúchame y cuéntame qué sabes sobre lo que está pasando, tú estás en medio de los dos mundos, así que algo debes haber oído.

—Puede ser que sepa algunas cosas, pero sin duda no creo que sea lo que está pasando en tu pueblucho —dijo con arrogancia otra vez.

—Puede que viva en un pueblo, pero no estoy aislada, sé de las cosas que están pasando en nuestro mundo.

—¡Okey! —exclamó poniéndose de pie y yendo para otra sala—. No puedo pensar con el estómago vacío, creo que deberíamos comer algo.

—Lo seguí con el mejor sigilo posible, mientras pasábamos de sala en sala, llegamos a la cocina que era casi el triple de grande que la mía. Sacó del horno dos platos ya hechos, tenían pinta de ser comprados, pero con él nunca se sabe, era una mezcla de comida mejicana con pollo frito.

—¿Ya sabías que vendría o te arruiné el encuentro con alguien más? —señalé la mesa, que estaba organizada para dos personas.

—Sé casi todo lo que está pasando, pero sí, puse una alarma, para que me avisara cuando alguien tratara de rastrearme.

—Ya veo... ¿pasa seguido? O ¿hiciste todo este acting para mortificarme un rato? —Mi pregunta tenía una connotación, saber si tenía muchos enemigos sería algo bueno para el futuro.

—¿Vas a empezar ahora con las preguntas? —me acusó—, yo prefiero comer primero. —Llevó los platos a la mesa para doce comensales que ya estaba preparada, con una sonrisa torcida me contestó—. Y no te creas el centro del universo.

Lo seguí al comedor, que estaba separado de la cocina por un desayunador. Por lo que se podía ver a simple vista, esta era la sala más llamativa, todo estaba decorado en blanco y negro, quién sabe de qué época eran los muebles y a quién se los había robado, se veían muy antiguos, cuando pude dejar de admirar la enorme sala, me senté enfrente de él. Había perdido la cuenta del tiempo que me había tomado admirando la decoración. Creo que el suficiente para que el hechicero llevara tragando la mitad de su plato.

—¿Cómo puedes...? —Este me silenció.

—Sin preguntas —me recordó.

—Ian estaba comiendo con las manos, saboreándose los dedos. Aparte de la arrogancia, había perdido los buenos modales o simplemente lo hacía porque sabía que me molestaba. Intenté comer sin mirarlo demasiado, aunque pusiera mi mayor esfuerzo, era casi imposible. Había pollo por toda la mesa, al igual que parte de algunas salsas que había usado para untarlo.

—Y... —dejé mi frase inconclusa cuando él me clavó su mejor mirada asesina.

—¡Ahí vamos de nuevo!, ¿será que en todos estos años no has cambiado nada? —comentó en medio de una respiración cansada.

—No tengo tanto tiempo como tú. Mi vida es finita. —Enarqué una ceja.

—El tiempo es un misterio para algunos —replicó y siguió su frase—. Otros pasan su vida entera escapando de él, otros lo acumulan y otros lo dejan ir. —Se quedó en silencio contemplando el tenedor que tenía en su mano, el cual nunca usó. —Empieza a preguntar ya, porque veo que el silencio no te sienta bien.

—Sé que hay escritas unas profecías, pero no sé bien qué dicen, no tengo los libros en mi poder, pero estoy segura de que tú tienes una copia. —No le di la posibilidad para que me mintiera en mis narices.

—Puede ser, ¿pero para qué te sirve saber sobre la profecía? —Dio vuelta el tenedor que aún tenía en sus manos, restando importancia a su pregunta.

—Creo que para ti significa algo el nombre Lizi. —Al terminar de pronunciar el nombre, sus ojos se abrieron como platos y luego se cerraron haciendo como si no pasara nada.

—¿Por qué tendría que significar algo para mí? —preguntó sin más.

—¡Oh, vamos! ¿Ahora me vas a decir que no sabes el significado? —Estaba casi indignada, Ian era más difícil de persuadir de lo que recordaba. Hacerse el tonto para tantear el terreno era una artimaña que ya conocía.

—¡Sí, lo sé!, no soy analfabeto —contestó exasperado—. Significa la promesa de Dios. ¿Y qué hay con eso? —Cuando terminó su pregunta retórica se dio cuenta—. ¡Oh, por Dios! —gritó.

—¡Lo sé! Cuando llegó Lizi a nuestra casa, ni siquiera sabía que era una bruja. No sé qué hacer con ella, y lo peor o mejor, depende de por dónde lo mires, ¡tiene visiones!

Él se fue del cuarto sin decir una palabra y al minuto volvió con dos libros viejos, un poco desgarrados y polvorientos. Me dio el más grande, el título decía La promesa de Dios. Lo dejé caer sobre la mesa, no lo quería agarrar, temía de lo que podía enterarme, lo miré, con un poco de horror, él sostenía el otro libro en sus manos. Se fue directo a la sala común y se sentó en un amplio sofá tapizado en color arena con hilos de oro contorneando los pétalos de las flores. Lo seguí y me acomodé en un sillón que estaba justo enfrente de él.

Las hojas pasaban y pasaban, estaba buscando algo que tan solo él conocía o sabía de su significado.

—Lo que sé... —se apresuró a decir, estaba un poco impaciente—. Es que las profecías tratan de Lizi, o, mejor dicho, de la promesa de Dios. Ella nos va a librar de los demonios y las brujas oscuras con sus visiones. La guerra es inminente. Ella va a tener que cuidar los sellos con su vida, para que no caiga en manos equivocadas —puntualizó cada palabra.

—¿Están en tu poder? —Sabía que el hechicero poseía reliquias y artefactos invaluables. Si contaba con los recursos para tener los 7 sellos, estábamos salvados.

—No los tengo... Pero sé quién puede saber de ellos.

—¿Qué estamos esperando? ¡Vamos a buscarlo!

Estaba por levantarme del sillón cuando el hechicero negó con la cabeza.

—Todavía no es el momento. Lizi debe estar preparada y, si no consigue protegerlos, se va a desatar el apocalipsis, eso no es ninguna ciencia, lo puedes leer de la Biblia. Sé que casi tenemos en puerta el solsticio de verano, que coincide con la alineación de Venus, ya que ese planeta se complementa con ustedes. La última vez que pasó eso, las brujas y los demonios destruyeron todo a su paso, hubo mucha desgracia, el ejército de los ángeles no pudo hacer nada, tal vez porque no tenían las herramientas, pero, en definitiva, nadie lo sabe. Y ese es el único día en que las brujas y los demonios pueden combinarse unos con otros. Es ahí cuando las hace casi invencibles, y son tan fuertes para controlar a todos los demonios.

—¡Pero Lizi no puede ser su guardiana!, ella no está preparada, hace apenas un día que se enteró que es una bruja.

—Lisa —su mirada basta para llamar al silencio—, lo más importante ahora es que las brujas oscuras no se enteren de que Lizi ya está entre nosotros. La llevan esperando décadas, tal vez siglos o milenios.

—¿Pero por qué ahora ella va a marcar la diferencia? —Todavía había algo que no llegaba a comprender.

—Lo que sé es que las oscuras llevan mucho tiempo buscando esos sellos, pero solamente se le van a presentar a su guardián. Y si es secuestrada para que ella abra esos sellos, estamos en problemas, en graves problemas.

—¡Ian...! —dije poniéndome de pie—. Ellas están solas en casa.

Él comprendió enseguida lo que significaban mis palabras. Tan rápido como alma que lleva el diablo salió en busca de todo lo necesario para volver a Rosario. Ya no había vuelta atrás. Quiera o no, ahora estaba en medio de una guerra para defender el mundo tal como lo conocemos. Antes de cruzar la puerta de su casa le quería dejar bien en claro algo.

—Tienes terminantemente prohibido acercarte a Chloe de cualquier forma que no sea estrictamente profesional.

Como imanes

Podía escuchar los pasos de alguien acercándose. Deseaba con todas mis fuerzas que cambiaran de dirección, por fin había encontrado un minuto de paz en estos últimos días. Recostada debajo de los árboles, observando cómo los pájaros saltaban de rama en rama, me habían creado mi propio mundo en tan solo cinco minutos y no tenía la menor intención de romper mi burbuja.

—¡Chloe! —me llamó Greta ansiosa mientras se recostaba a mi lado—. ¡Lisandra ya volvió!

No esperaba a que llegara tan pronto, miré la hora en mi celular, y apenas eran las cuatro de la tarde. Estaba disfrutando del aire libre y de la libertad que eso implicaba.

—¿En dónde está? —me reincorporé sentándome con las piernas cruzadas. Gre hizo lo mismo.

—En la cocina, vino con ese tal hechicero, Ian.

—¿Y qué tal es? —la pregunta quedó perdida en el aire, mientras me incorporaba y me dirigía a la casa—. ¿Es... es excéntrico...? —Volví la mirada a mi amiga que aún no se había movido. La puerta que usábamos para que los mosquitos no entraran a la casa se abrió de repente golpeando mi cabeza. De un momento a otro estaba tendida en el suelo, sin saber qué había ocurrido, una voz masculina empezó a llamarme por mi nombre. Cada vez lo pronunciaba más fuerte, intenté que mis párpados se abrieran, por alguna extraña razón se me dificultaba la tarea, cuando al fin se abrieron, vi a un hombre, su expresión de preocupación estaba reflejada en sus ojos, pero sus ojos eran lo que más me llamaba la atención, de color violeta con motitas doradas, él estaba tan cerca de mí que podía verme reflejada en ellos. Su cabello negro caía en cascada sobre su rostro. Todo en él era brillante, resplandecía, bañándome de su calor, su perfume. Pestañeé un par de veces para acostumbrarme a su resplandor.

Enseguida me acordé de lo que nos había dicho Lisa, con practica podríamos verlos tal cual son. Estaba casi segura de que se refería a esto.

—¡Hola, extraño...! —dije intentando abrir los ojos nuevamente. Mi mano se dirigió automáticamente a la parte posterior de mi cabeza—. Auch.

—¿Estás bien? —uy ágilmente se apresuró a ayudarme.

—¡Tus ojos, son tan... tan...! —terminar la frase parecía algo irrelevante. Necesitaba tocar su rostro para saber si era de verdad. Cegada por su hermosura no era consciente de que lo había dicho en voz alta. Mi mano acarició su rostro que aún se encontraba a unos escasos centímetros del mío.

—Bueno, señorita, me imagino que el golpe fue más fuerte de lo que pensaba. —Pasó una mano por mi cintura y con la otra tomó mi mano, acercándome a su cuerpo, sabía que tenía que comportarme, pero era inútil, sentía la misma atracción que sienten los imanes.

Cuando logré que mis piernas no se tambalearan le solté la mano. Aunque mis ojos no podían dejar de observarlo. Nuestras miradas estaban en la misma frecuencia. De alguna manera, de nuevo alguien se empeñaba en interrumpirnos. Me llamaba, qué inoportuno, pensé.

—Chloe, ¿estás bien? ¡Tenemos que irnos! —me insistió Greta.

—¡Ya voy! —aun no sabía a dónde ir. Pero daba por seguro que ella se encargaría de guiarme. Todo mi ser se resistía a liberar la mirada del hechicero, había una conexión irracional entre los dos, como si estuviéramos destinados a estar juntos. Aún no lo conocía y ya lo quería en mi vida—. Voy por un vaso de agua primero —le contesté recuperando la compostura.

Estaba hiperventilada, la falta de oxígeno no me dejaba pensar con coherencia, todo daba vuelta a través de esos intensos ojos violetas. Una vez en la cocina, fui hasta la mesada y me apoyé con mis dos brazos. Intentando calmar mi corazón. Más lejos de su presencia, las ideas se me iban aclarando. Tal vez el hechicero estaba usando algún truco en mí. Por qué Greta no se percató de él. Y ella tiene un imán para los chicos guapos y peligrosos. El vaso de agua ya no era importante, hasta que una mano me lo extendió; por la adrenalina que recorría mi cuerpo, sabía perfectamente de quién se trataba ese brazo desnudo y musculoso. Giré y me apoyé en la mesada, al igual que lo hacía él, lo miré de nuevo, era algo de lo que jamás me cansaría de hacer. Sonreírle parecía la mejor idea, y él me devolvió la sonrisa, mostrando unos dientes blancos y prolijos, sus labios eran carnosos y se movían con mucha gracia, su mirada era pícara, algo ocultaba. Lo examine más de cerca, llevaba una camisa negra apenas abrochada, en donde dejaba ver un gran tatuaje que recorría su pecho y se extendía hacia su brazo derecho, que al llevar la camisa arremangada lo podía ver. Sutilmente se notaba que debajo de esa camisa había un cuerpo bien formado. Los pantalones caían en su cintura sujeta por un cinturón azul oscuro, igual que su pantalón. Algo muy peculiar era que no poseía zapatos, estaba descalzo.

—¿Te golpeé fuerte, verdad?, no era mi intención —dijo en medio de una sonrisa traviesa. Algo le causaba.

—No, estoy bien —mentí, intentaba ser cortés. Él seguía esperando a que agarrara el vaso, el cual tomé pretendiendo no tocar ninguno de sus largos y finos dedos, su contacto provoca electricidad en todo mi ser.

—Hay algo en ti que me resulta intrigante. —Su afirmación me trajo de nuevo a la realidad, estaba empezando a pensar que él era una de esas personas que dicen todo lo que se les cruza por la cabeza.

Quería decirle cómo me hacía sentir, pero me moría de vergüenza. Él sabía, al igual que yo, que había algo que nos atraía, algo más fuerte que nosotros dos, algo desconocido aún para mí.

—¿Sí? ¿Y qué es? —pregunté ansiando parecer adulta, lo último que quería es que se diera cuenta de cómo la sangre corría por mi cuerpo y me sonrojaba.

Antes de que pudiera contestarme Lisa entró, pinchando la burbuja que habíamos creado.

—Veo que ya conociste a Ian Leiss —dijo mirándolo con cara de pocos amigos—. Él hoy va a ser su maestro, es el mejor para enseñar encantamientos y hechizos de magia.

El hechicero la miró levantando una ceja, no quería tomar partido en cuanto a enseñarnos algo, se notaba que era un poco resguardado en ese tema, y ella le señaló con el dedo algo disgustada...

—No me mires así —le siseó—. Deberías estar desempacando y no acá. —Su recriminación fue de tal modo que parecía haber confianza entre ambos–. Mañana vas a tener que quedarte con ellas también, yo me tengo que ir a trabajar.

El hechicero miró a Lisa, con una pregunta casi formada. Pero por alguna extraña razón se calló. Luego me miró de abajo hacia arriba, pude notar que una leve sonrisa se asomó por sus labios, pero la borró al instante que se cruzó con mis ojos.

—¿Y qué se supone que voy a hacer con tres jóvenes revoltosas? —preguntó poniendo los ojos en blanco.

—Enseñarles todo lo que necesitan saber. —Lo dijo como si fuera algo obvio—. Ah... y vuelvo a las cinco de la tarde. —La siguiente frase la dijo señalándole con el dedo—. No quiero que me estés llamando por cualquier cosa, ¡arréglatelas sin mí!

—No sabía que trabajabas... —Lisa no dejó terminar su frase.

—Las brujas tenemos que trabajar, no vivimos eternamente y acumulamos riquezas como otros.

—No me refería a eso. Quería saber de qué trabajas, si necesitan dinero yo puedo colaborar.

—¡Claro!, vas a prestarnos la plata que les robaste a los bancos, ¡no necesitamos tu dinero sucio! Y para que sepas, quería hacerte sentir mal, nada más, Elha nos dejó una pequeña herencia, pero el trabajo es una pantalla, la anterior ya no estaba funcionando.

Ian gruñó, y le mostró los dientes en expresión de enojo, pero Lisa se rio y se fue. Ahora otra vez me quedaba a solas con él y pasaría mucho más tiempo de lo esperado. Si Lisa se iba a las diez de la mañana y volvía a las cinco de la tarde, eso significaba siete horas con él, cinco días a la semana, sin contar con que viviríamos bajo el mismo techo. Con esa cuenta matemática en mi cabeza, se me formó un nudo en el estómago.

Ella trabajaba en una granja cercana, se encargaba del mantenimiento del invernadero, estar al aire libre y las plantas eran su pasión. Cuando la fachada de que vendía cosas por internet dejó de dar el resultado que esperábamos, se hizo más que obvio que debería buscar otra fachada. Ya estaba grande para que me cuidara todo el día, y aunque no le gustaba el hecho de pasar tanto tiempo afuera, era lo mejor para poder seguir viviendo en Rosario por al menos unos cuantos años más.

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0+
Volume:
301 p. 2 illustrations
ISBN:
9789878720128
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