Read the book: «El bienestar emocional»

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Joan Piñol

El bienestar emocional

Claves para vivir mejor


© 2020 by Joan Piñol Forcadell

© 2020 by Editorial Kairós, S.A.

Numancia 117-121, 08029 Barcelona, España

www.editorialkairos.com

Composición: Pablo Barrio

Diseño cubierta: Katrien Van Steen

Primera edición en papel: Octubre 2020

Primera edición en digital: Octubre 2020

ISBN papel: 978-84-9988-805-7

ISBN epub: 978-84-9988-833-0

ISBN kindle: 978-84-9988-834-7

Todos los derechos reservados.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita algún fragmento de esta obra.

Sumario

1 IntroducciónHaz tu parte. El cuento del colibrí

2  1. Una historia personal

3 2. Nuestro origen. La evolución de la especiePrimer cuento. La Vía Láctea y su origenSegundo cuento. La especie humana y su evoluciónTercer cuento. Nuevos orígenes en ÁfricaLos instintos de la evolución

4 3. Conozcamos nuestro cerebro¿Cómo es el cerebro humano?Gestión del miedo y reacción de lucha o huida

5 4. Emociones y sentimientosEmociones positivas/agradables y negativas/desagradablesDiferencia entre emociones y sentimientos

6 5. Hormonas del placer y la felicidadEndorfina, oxitocina, serotonina y dopamina

7 6. El bienestar emocionalMejora tu salud emocional. Cuida de ti mismoLas relaciones socialesPigmaliones. Personas vitamina-positivas/personas endorfinas

8  7. La psicología

9 8. El estrés. La mayor enfermedad de este sigloEl estrés positivo y el estrés negativoEl cortisolAlgunos consejos para reducir el estrésUn buen jefeEjercicios

10 9. La depresiónLos principales tipos de depresiónCausasSíntomasPrevención

11  10. La tristeza

12 11. Reír y llorarLlorar: la supervivencia

13 12. El dueloLas cinco fases del dueloLas cuatro tareas del duelo

14  13. La música y las emociones

15 14. Hábitos saludablesHaz ejercicioTrabaja la estimulación cognitivaLa alimentaciónEl cacao, chocolate, feniletilamina, felicidad y amorLa leyenda del chocolate

16 15. El camino hacia la felicidad¿Qué es la felicidad?¿De dónde proviene la felicidad?Ser generoso

17 16. Técnicas de relajaciónCombatiendo mucho más que el estrésLos beneficios de los ejercicios de relajaciónMindfulnessYogaEjercicios prácticos

18  Agradecimientos

19  Bibliografía

A Tere, Joan y Guillem, que son mi vida

A mis padres, que me dieron la vida

A mis amigos y familia, por los que daría la vida

Introducción

A partir de las conferencias que he realizado para empleados y directivos de empresas, y profesionales de diferentes ámbitos, sobre las emociones, el estrés, el bienestar emocional y la felicidad, se me ocurrió que podía transmitir esas vivencias y reflexiones en un libro.

Además, quería aprovechar la oportunidad de compartir mis conocimientos y experiencias relacionadas con la psicología, con la finalidad de ayudar a otras personas a conseguir el equilibrio entre el pensamiento, la emoción y la conducta, tal como lo he hecho durante años conmigo mismo y con mi entorno personal y profesional.

Por otra parte, mi intención también es aclarar algunos conceptos o ideas que nos ayuden a conocer cómo somos, qué sentimos y qué podemos hacer para estar bien física y emocionalmente y alcanzar la felicidad. No hay que olvidar que hacer felices a los demás también nos ayuda a serlo nosotros, y así vivir más y mejor, os lo aseguro.

¿Por qué un libro sobre bienestar emocional y aspectos generales de psicología? Considero que la psicología se puede aplicar en todos los ámbitos de la vida, de la sociedad y del trabajo. Por lo tanto, en el inicio de este manual he querido introducir algunos conceptos un poco más teóricos, que espero te ayuden, como me ayudaron a mí, a orientarte en tu camino, es decir, a encontrar ese bienestar que todos buscamos y anhelamos.

Asimismo, he incluido las experiencias de pacientes y amigos que han pasado por procesos de pérdida (enfermedades graves, accidentes, defunción familiar…), o por diversas situaciones de dificultad emocional y sufrimiento, ya que personalmente me han servido para pensar que mi tiempo debo invertirlo en estar bien y ser feliz, y creo fervientemente que puede reforzar esa misma idea en vosotros. A pesar de esas situaciones inevitables, no hay que olvidar que a diario también debemos enfrentarnos a otras circunstancias externas que tampoco ayudan ni facilitan nuestro día a día, como son las crisis económicas, laborales, políticas, de seguridad, entre otras, pues todo esto nos afecta de una manera u otra.

Mi deseo es ser una mejor persona, mejor amigo, mejor padre, mejor hijo o hermano, ser un mejor compañero e intentar que mi entorno se encuentre bien porque, al final, todo depende de nosotros.

Ahora te pido que realices una pequeña reflexión durante unos minutos para que valores tu situación. Deberás detenerte un instante y analizar lo que tienes, sin dar nada por sentado. ¿De cuántas cosas deberías estar agradecido? ¿De qué puedes sentirte orgulloso? ¿Con cuántos amigos cuentas? ¿Y la familia? ¿Has pensado alguna vez en la suerte que significa haber nacido en tu pueblo o ciudad en lugar de encontrarte en una zona en conflicto, o donde la pobreza te haría imposible poder disfrutar de todo lo que tienes?

Todas estas cuestiones me han hecho valorar mi entorno, mis amigos y mi familia. Valóralos tú también.

En cada uno de los capítulos de este libro, iremos reflexionando de forma general acerca del ámbito de la psicología, de las emociones, el bienestar y la felicidad.

Comenzaremos con un breve viaje desde los inicios de la humanidad (de los primeros homínidos al Homo sapiens), pues es vital conocer cómo han influido las emociones en la supervivencia de nuestra especie, cómo nos han marcado y por qué reaccionamos de determinada manera, lo que nos ayudará a conocernos mejor.

Continuaremos con algunos conceptos básicos sobre el cerebro, las emociones, la psicología y las hormonas de la felicidad y el bienestar. Conoceremos un poco más acerca de la enfermedad del siglo XXI: el estrés, pues, al comprenderlo, aprenderemos a gestionarlo mejor, y también a distinguir las características de otra enfermedad muy importante: la depresión.

Por último, llegaremos a las claves para intentar ser felices, y por ende vivir más y mejor. Si conocemos nuestras emociones, si tenemos buenos hábitos (ejercicio físico y cognitivo, así como una buena alimentación), si practicamos las técnicas de relajación, la positividad, la risa, el abrazo y la generosidad entre otros, te aseguro que tendremos más cerca la felicidad y el bienestar.

En definitiva, el componente emocional es fundamental para ser feliz y estar bien: nuestro entorno, la familia, los amigos, el trabajo, la forma de ver la vida (la actitud), la generosidad, cantar, bailar, hablar, abrazar, reír, llorar, mostrar los sentimientos. Todas son pequeñas acciones que nos hacen sentir bien con nosotros mismos y con los demás. Por eso, hay que recordar que sentirse querido y acompañado es un elemento vital para estar en paz y ser feliz.

Buscar la felicidad y el bienestar emocional ayuda a afrontar de una manera más asertiva los momentos difíciles. ¡También está demostrado que ayuda a vivir más!

«Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

NIETZSCHE

Haz tu parte. El cuento del colibrí

Este libro se centra en mi historia para que la podáis hacer vuestra, pues en realidad todos los relatos se conectan entre sí creando una red de emociones, ilusiones y magia. Con las historias, liberamos endorfinas a través de nuestro cerebro, por eso quiero empezar este recorrido hacia el bienestar y la felicidad con un bonito cuento de la selva amazónica.

El cuento del colibrí

Cuenta la fábula que un día hubo un incendio enorme en la selva y todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible.

De pronto, un jaguar vio pasar por sobre su cabeza a un colibrí… en dirección contraria, es decir, hacia el fuego. Le extrañó mucho, pero no quiso detenerse. Al instante, lo vio pasar otra vez en su misma dirección. Así, pudo observar el ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento muy raro.

—¿Qué haces colibrí? –le preguntó.

—Voy al lago, cojo agua con el pico y la echo al fuego para apagar el incendio.

El jaguar sonrió.

—¿Estás loco? ¿Crees que vas a conseguir apagarlo tú solo con tu pequeño pico?

—Bueno –respondió, el colibrí–, yo haré mi parte…

¡Haz tu parte!

La moraleja de este cuento es que la felicidad y el bienestar no son la consecuencia de tener una vida plácida, sino que consisten en la sensación de saber que, por más difíciles que sean algunas cosas, uno ha hecho todo lo que está en su mano para mejorarlas.

Quiero ser el primero en hacer mi parte: contar esta historia para relacionarla con todo lo aprendido. Un relato que recorrerá todo el libro para que os sirva de guía, de referencia, para que podáis conectar con vuestras emociones y reflexionar, para que os transmita la fuerza, la magia y la ilusión necesarias, que nos ayuden a superarnos y a querernos.

¡Seamos egoístas! ¡Si estamos bien emocionalmente y somos felices, generamos endorfinas, lo que nos ayudará a vivir mejor!

1. Una historia personal

Nací en un precioso pueblo agrícola a orillas del río Ebro, con buen clima, buena gente, y muy buen arroz. Una infancia feliz en un entorno saludable, ya que los amigos de la escuela, del barrio, los vecinos y, por supuesto, mi familia marcaron mi infancia. Recuerda que nuestra niñez condiciona el resto de nuestra vida.

Tengo una familia maravillosa que me enseñó a respetar, a amar, a ayudar, a ser humilde. También a agradecer lo que tenía, a valorar las cosas, la vida… Hoy son cualidades que a nivel personal y profesional me han aportado grandes satisfacciones y éxito.

Somos como somos en parte por nuestra genética, pero sobre todo por nuestro entorno y gracias a los aprendizajes y vivencias realizadas desde pequeños.

Mi abuelo materno y mi tío eran médicos. Mi abuelo era médico de familia y había estado en diferentes pequeños pueblos (mi recuerdo más nítido fue su última etapa en una pequeña localidad de una conocida zona vinícola). Allí, la relación con sus pacientes era muy personal por el hecho de conocer a cada uno no solo desde su dolencia o enfermedad, sino también desde sus peculiaridades personales y familiares. Una relación muy cercana, y tengo que admitir, pues lo he podido constatar con la experiencia de los años, que la curación de cada individuo era más rápida y mucho mejor.

Ya sea por esta experiencia que tuve durante mi infancia, o por seguir la tradición familiar, siempre me había planteado estudiar medicina. Así que encaminé mis estudios de bachillerato hacia la rama de ciencias para poder llegar a ser médico, con el objetivo de especializarme en Psiquiatría.

En el verano previo a entrar en la facultad, leí un libro sobre psicología de las organizaciones en el que un directivo explicaba, desde su perfil más humanista, cómo había logrado administrar con éxito su compañía, gestionando diferentes ámbitos de la empresa, pero sobre todo cuidando a las personas, algo muy importante para mí.

Parecerá mentira, pero en poco tiempo, tras leer la experiencia de un desconocido, cambié el enfoque profesional de mi vida. Y me propuse estudiar Psicología, una ciencia joven, que es hoy la profesión que ejerzo con pasión. Allí hice grandes amigos y compañeros, que, como yo, tenían la vocación de ayudar a otras personas desde el ámbito de la atención de la salud psicológica y emocional, y algunos (todo hay que decirlo) para conocerse a sí mismos.

Y, cosas de la vida, durante mi estancia en aquella universidad sucedió un acontecimiento trascendental, ya que allí conocí a alguien muy especial en mi vida: mi esposa y la madre de mis hijos. Recuerdo perfectamente su sonrisa y su cara cuando nos cruzamos en el pasillo, una mañana en un descanso previo a la clase de psicobiología.

¿Por qué te cuento todo esto? Las emociones importantes siempre se recuerdan con todo detalle, aunque pasen los años, ya sean vivencias de la niñez (los amigos, el primer beso, la primera fiesta de verano…) o el nacimiento de un hijo, una defunción, una enfermedad propia o la de un familiar o amigo. ¡Qué curioso! ¿Verdad?

Veamos, pues, cómo funcionan nuestro cerebro y nuestras emociones, primero desde una vertiente ancestral, para poder comprender cómo funcionan en la actualidad y entender de esta manera qué herramientas necesitamos para llevar una vida de felicidad y bienestar.

2. Nuestro origen.
La evolución de la especie

Estoy convencido de que te estarás cuestionando para qué te va a servir leer un capítulo sobre la evolución de las especies, así que espero poder demostrarte cuánto te servirá.

Para entender nuestras emociones es vital tener un mínimo conocimiento de la evolución humana, pues la llevamos en nuestro ADN. ¿Quiénes somos? ¿Qué importancia tienen las emociones? ¿Están relacionadas con nuestra supervivencia como especie? Responder a todas estas preguntas me ayudó a entender cómo actúa el ser humano en determinadas situaciones y, por supuesto, me sirvió para entenderme mucho mejor.

Sin embargo, ¿cómo puedo plantearos todas estas cuestiones y responderlas sin que toda la explicación parezca extraída de un manual? ¿Por qué los adultos nos empeñamos en complicar los conceptos? ¿Por qué solo los simplificamos cuando nos dirigimos a un público infantil? Yo quiero dirigirme a vuestro niño interior a través de una historia real, que explicaré como si fuera un cuento, de una manera fácil y sencilla.

Primer cuento. La Vía Láctea y su origen

Hace mucho tiempo, iniciamos nuestro viaje en una región de la galaxia llamada Vía Láctea, que es una de las más de 100.000 millones de galaxias que conforman el universo. Ahí vive el Sol, la gran estrella del sistema solar, que es admirada por todos los planetas que habitan en ese sistema; danzan a su alrededor para nutrirse de su radiación electromagnética. Al fin y al cabo, todos necesitamos de todos, igual que el Sol también necesita de sus planetas. Y la Tierra no iba a ser menos, pues también se nutre de esa misma fuente de energía.

Todo empezó hace unos 13.500 millones de años con el Big Bang, una gran explosión que generó hidrógeno y helio, gases que fueron la base e inicio de todo lo que hoy conocemos. Sin embargo, siguiendo la estela de José Martí, un escritor y político cubano… «todo, como el diamante, antes que luz es carbón», y no iba a ser diferente la creación de la Vía Láctea. Lo que empezó como una nube de gas, lo que empezó siendo carbón, acabó por convertirse en luz con la creación del Sol hace unos 5.000 millones de años. La Tierra pasó por un proceso similar, pues a pesar de que se formó hace 4.500 millones de años, los océanos y las rocas no se acabaron de configurar hasta pasados 600 millones de años después.

Inicialmente, la Tierra se originó a partir de una especie de extensa mezcla de nubes de gas de hidrógeno y helio, junto con rocas y polvo en rotación. Pero, como ya sabemos, todos necesitamos de todos. También de las estrellas, ya que sin ellas la Tierra no hubiese existido como tal, igual que nosotros sin nuestros padres. Gracias a los elementos químicos como el oxígeno, carbono, nitrógeno, cloro, sodio, oro, uranio, hierro, etc., que las estrellas liberan al espacio cuando expiran, se pudo formar nuestro planeta. Así es como, generación tras generación, han ido sembrando el espacio de elementos químicos que de otra forma no existirían; de ahí viene la expresión «somos polvo de estrellas».

Todos somos elementos químicos del universo. Si fuéramos al supermercado de la vida, ¿qué compraríamos para crear una persona? Las personas adultas estamos formadas por 43 kg de oxígeno, 16 kg de carbono, 7 kg de hidrógeno, 1,8 kg de nitrógeno, 1 kg de calcio, así como 0,8 kg de fósforo, 0,1 kg de potasio, 0,1 kg de azufre, 0,1 kg de sodio y 0,1 kg de cloro (además de otros elementos como magnesio, hierro, flúor, zinc, cilicio, rubidio, estroncio…).

Y esta es también la historia de nuestra vida. Desde que nacemos nos configuramos como personas, pero para poder llegar a ser luz y llegar al bienestar emocional, primero partimos del desconocimiento, de la oscuridad, del no saber, y es necesario ese tiempo de construcción propia a partir del conocimiento del ser humano. Como decía la letra de una canción de Mago de Oz: «Cuando oigas a un niño preguntar “por qué el sol viene y se va”, dile “porque en esta vida no hay luz sin oscuridad”».

Para pasar del desconocimiento al entendimiento del bienestar emocional debemos centrarnos brevemente en la formación de la vida, y para ello me he encontrado con varias teorías: que la materia orgánica pudo haber llegado desde el espacio, a través de algún meteorito, o que se generó a través de la misma Tierra por las células procariotas, que son unos organismos unicelulares sin núcleo. Las respuestas nos aportan seguridad y esta, a su vez, tranquilidad y bienestar emocional.

Como profesional especializado en ciencias, soy más de la creencia de la aparición de las células procariotas que, surgiendo de las moléculas generadas por la propia energía química de la Tierra, adoptaron la luz solar como fuente de energía, siguiendo los pasos de los planetas de la Vía Láctea. Millones de años más tarde, esas células trasmutaron a bacterias capaces de realizar la fotosíntesis, por lo que se empezó a consumir el CO2 de la atmósfera para liberar oxígeno; y, con ello, se formó la capa de ozono que absorbió gran parte de la radiación ultravioleta del Sol.

Así, los organismos unicelulares que llegaron a la superficie de la Tierra tuvieron mayores probabilidades de sobrevivir y poco a poco se fue desarrollando la vida y las especies: primero los dinosauros y, posteriormente, los mamíferos, y entre ellos, nuestros primeros antepasados: los primates.

Segundo cuento. La especie humana y su evolución

Hace 6 millones de años, un pequeño mono africano fue el primer ancestro de nuestra raza, así como de los bonobos y chimpancés. Esto nos indica que conocer a nuestros antepasados es también conocernos a nosotros mismos. Sus conductas, su manera de relacionarse también forma parte de nuestro ser y, por ese motivo, vamos a profundizar un poco más en ellos, en nosotros; pues, como dijo Galileo: «La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo».

¡Así que… allá vamos! Al analizar el genoma humano y su proceso evolutivo, se ha descubierto que el Homo sapiens comparte casi el 99% de sus genes con el chimpancé y el bonobo. Para mayor precisión, el genoma de cualquier individuo de nuestra especie tiene una diferencia únicamente del 1,24% con respecto al genoma de los chimpancés y un 1,62% con respecto al de los gorilas. Si hay tan poca diferencia entre nosotros y ellos, imaginaros la cantidad de pensamientos y sentimientos en común que tenemos entre nosotros mismos, los humanos. Eso nos indica que, al final, todos acabamos operando de maneras similares, exceptuando nuestras peculiaridades; por eso estoy convencido de que este camino que estás iniciando con esta lectura te ayudará personalmente.

El primer punto en común entre nosotros, a diferencia de nuestros parientes primates, es la bipedestación.

El clima variaba continuamente, no había casi árboles y nos teníamos que desplazar, para buscar comida y agua, por el suelo, con lo cual no veíamos lo que teníamos delante y éramos muy fácilmente devorados por las bestias. Tras muchos años de evolución, empezamos a caminar sobre las dos patas traseras.

Ya éramos plantígrados y nuestro cerebro iba creciendo y evolucionando. La adaptación de nuestra raza ante tales circunstancias hizo que fuéramos capaces de caminar erguidos. Esta evolución adaptativa tiene vital importancia para conocer por qué somos así en la actualidad.

En definitiva, todos pasamos por procesos de cambio, tal como lo han hecho nuestros ancestros y, a lo largo de nuestra vida, debemos adaptarnos a las dificultades que surjan para salir más fuertes. Ya lo decía Charles Darwin: «No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive: es la que se adapta mejor al cambio».

Tercer cuento. Nuevos orígenes en África

Los cambios son necesarios, y, citando otra vez a Darwin: «En la lucha por la supervivencia, el más fuerte gana a expensas de sus rivales debido a que logra adaptarse mejor a su entorno». Y eso fue lo que sucedió.

Los primeros homínidos bípedos fueron los australopitecos, de los que se conservan esqueletos muy completos, un ejemplo es el de la famosa Lucy. Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que hace unos 2,8 millones de años condujo a una desertificación de la sabana, con la consiguiente expansión de ecosistemas esteparios.

El Homo habilis, el antepasado más antiguo del género humano apareció hace aproximadamente 2,4 millones de años. Su desarrollo evolutivo se produjo gracias a la introducción de la carne en su dieta, lo que provocó un aumento del cerebro y de sus capacidades cognitivas al incorporar una mayor cantidad de micronutrientes en su alimentación. Finalmente, desaparecieron hace 1,6 millones de años, dando paso al Homo erectus.

El Homo erectus fue el primer tipo de homínido capaz de manipular y trabajar con el fuego. De esta manera, pudieron batallar contra el frío y alimentarse de animales después de cocinarlos. Por lo tanto, su ingesta de carne era muy elevada, lo que generó modificaciones en las mandíbulas y en el cráneo. Más tarde, aparecieron el Homo Neanderthal y el Homo sapiens, que coexistieron hace unos 230.000 años.

Como se puede observar, los cambios son constantes y el acto de sobrevivir viene impregnado en nuestro ADN; por eso tengo la certeza de que cualquier ser humano es capaz de adaptarse a los estragos de la vida y superarlos. Para comprobarlo, solo tienes que echar la vista atrás, tanto hacia la historia universal como a tu vida personal. No eres la misma persona que hace unos años y no lo serás dentro de un tiempo. Evolucionamos.

Los instintos de la evolución

Esta breve introducción histórica me permite destacar la idea de que toda la evolución se debe a los instintos naturales que nos han permitido competir con la crudeza de la selección natural. Esos instintos, acumulados durante millones de años, se instalaron en nuestro cerebro como naturales: la supervivencia del ser (miedo), la supervivencia de la especie (reproducción), la jerarquía (poder y sumisión), la territorialidad (propiedad), las relaciones sociales, la ira, el éxito, la sorpresa, el asco, la tristeza y la alegría. Hace tan solo unos pocos miles de años que hemos empezado a disponer de más tiempo, para dedicarlo no solo a la supervivencia, sino también a la organización de pequeños grupos, es decir, a la convivencia humana.

En consecuencia, nuestro cerebro empezó a crecer gracias a una mejor alimentación y a nuevas emociones sociales que surgían de las relaciones entre los clanes, y es probable que de esta manera naciera el sentimiento de colaboración.

Partiendo de esta idea, evolucionemos; así que utiliza este libro como herramienta para llegar a tu bienestar emocional. Pero, antes, imagina por un momento que eres uno de esos primeros seres humanos, que te encuentras en medio de la naturaleza, pasas el tiempo cazando y recolectando, es decir, sobreviviendo… Las amenazas a las que te enfrentas pueden ser fuerzas de la naturaleza, los depredadores, las enfermedades y los enemigos. La respuesta para afrontarlas es la misma: la fuerza y la decisión, ya sea para tratar de escapar de un incendio, de pelear con un felino, o de enfrentarte a un enemigo del poblado vecino. Salir corriendo o luchar serán las dos mejores opciones para enfrentarte a esas amenazas. Ahora, imagínate en una fábrica o una oficina, o en el campo en el que trabajas de sol a sol… ¿Qué temes? ¿Inclemencias, felinos y tribus? Seguro que no, tal vez tendrías miedo a perder el trabajo, a no conseguir tus objetivos, a no poder llegar a terminar un trabajo a tiempo, a disgustar a tu jefe, o a diferentes problemas de índole profesional o familiar. Sin embargo, ninguna de estas amenazas se puede resolver corriendo o luchando. En unos pocos miles de años, hemos pasado de solucionarlo todo con el uso de la fuerza a resolverlo con la inteligencia. No obstante, un cambio de paradigma tan rápido no permitió a nuestro cerebro y al resto del organismo adaptarse a la misma velocidad, lo que provocó, y sigue provocando, que nuestro cuerpo reaccione a las amenazas tal y como lo venían haciendo nuestros antepasados, a pesar de que ahora estas amenazas sean muy distintas y requieran de estrategias completamente diferentes.

¡Conozcamos nuestro cerebro para poder elaborar las estrategias que necesitamos con el fin de afrontar los problemas con inteligencia!

3. Conozcamos nuestro cerebro

«Cuando entendamos el cerebro,

la humanidad se entenderá a sí misma».

RAFAEL YUSTE

¿Por qué considero vital un capítulo sobre el cerebro humano? Pues, como dijo Chaplin, «nuestro cerebro es el mejor juguete que se ha creado. En él están todos los secretos, incluso el de la felicidad». Cuando estudiaba Psicología tengo que decir que una de las asignaturas que más me fascinaba era la psicobiología. Siempre hemos oído que solo utilizamos una muy pequeña parte de nuestro cerebro, pero, en realidad, se trata de un mito, ya que usamos el 100%, aunque eso no quita que no podamos extraer mucho más potencial. Hoy, proyectos como el BRAIN (USA) sobre investigación del cerebro a través de la neurotecnología permiten conocer con más detalle los componentes y la actividad cerebral y, además, prometen aumentar cada vez más el nivel de resolución y analizar los miles de datos obtenidos en todos los niveles. Pero ¿qué características tiene este maravilloso órgano? ¿Cuánto pesa el cerebro humano? ¿Cuál es su tamaño exacto? ¿Con cuántas neuronas cuenta?

Qué curioso que la respuesta la encontremos en la evolución del ser humano. Todo, al fin y al cabo, se relaciona, se conecta y nos lleva al entendimiento.

Así pues, descubramos cómo se estructura y funciona, ya que de esta forma pasaremos del desconocimiento a la luz y el bienestar, porque no hay que olvidar que la evolución nos ha dotado de este complejo y misterioso órgano.

En el Homo sapiens, el volumen del cerebro oscilaba en unos 1.200 cm3, en cambio el promedio global actual es de 1.350 cm3. Sin embargo, no solo es importante su volumen, sino también cómo se dispone y estructura el sistema nervioso central y en particular el cerebro. Un dato curioso sobre cómo se forma es que en el momento del parto está aún muy poco desarrollado, pues el proceso no se realiza solo durante la gestación del feto, sino que se prolonga extrauterinamente hasta los cuatro primeros años. A los tres años, el cerebro ya ocupa casi el 80% del tamaño que tendrá en la edad adulta. Además, el sistema límbico y el córtex cerebral ya se encuentran bastante desarrollados. Esto permite a los niños expresar y reconocer emociones, jugar, empezar a contar y hablar. Por ese motivo, la infancia se considera la etapa en la que el cerebro tiene su máxima capacidad de plasticidad, aproximadamente hasta los 10 años, por eso es muy importante dar la mayor cantidad de información y estímulos durante la niñez.

El cerebro no se termina de desarrollar hasta los 25 o 30 años, aproximadamente cuando se acaba de formar en su totalidad. La zona que tarda más en madurar son los lóbulos frontales, especializados en el control de la conducta, el razonamiento, la resolución de problemas, etcétera. Esto nos indica que somos capaces de moldear nuestras conductas y aprendizajes durante, al menos, media vida. Ya lo dijo Ramón y Cajal en su momento: «Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro». Pero, para poder moldearlo a nuestro favor, es necesario conocer cómo funciona.

El aumento del cerebro y su especialización permitió la aparición de la lateralización, esto es, una diferencia notable entre el hemisferio izquierdo y el derecho, que se conectan entre sí mediante el cuerpo calloso.

En síntesis, el cerebro es un órgano que sirve para gobernar nuestro organismo y nuestra conducta, así como para comunicarnos. Se puede definir como el encargado de controlar y regular las funciones vitales, como el acto de respirar o los latidos cardíacos, pasando por el sueño, el hambre o la sed, hasta las funciones más mentales, como el razonamiento, la memoria, la atención, el control de las emociones y la conducta, entre otras; en definitiva, todo lo que sucede en nuestra vida, en la vigilia y en el sueño, ya sea respirar o tragar, mirar, escuchar, tocar o degustar algo, leer o escribir, cantar o bailar, pensar en silencio o hablar sobre nuestros pensamientos, amar u odiar, caminar o correr, planificar o actuar espontáneamente, imaginar o crear, etc.

La evolución es un hecho que también se da en la tecnología. Con la revolucionaria aparición de la IRM (imagen de resonancia magnética) a finales del siglo pasado, se ha podido cartografiar la actividad del cerebro.

Como decíamos al comienzo de este capítulo, durante la evolución humana el cerebro aumentó considerablemente, ya que en un inicio pesaba 400 gramos y actualmente pesa alrededor de 1,4 kilos. Tenemos el mayor cerebro de todas las especies en proporción a nuestro peso corporal, por lo que requiere de mucha energía para funcionar. Asimismo, al ser un órgano tan complejo y delicado, la evolución nos ha dotado de unas membranas denominadas meninges que lo protegen de los golpes contra los huesos craneales. Y, además, dentro del cráneo, el cerebro también queda resguardado por el líquido cefalorraquídeo, que cumple funciones de protección, tanto físicas como inmunológicas.

Se estima que el cerebro humano está compuesto por 100.000 millones de neuronas y que estas, a su vez, se conectan entre sí formando 1.000 millones de conexiones por cada milímetro cúbico de corteza cerebral.

En suma, la complejidad de este sistema es tal que aun hoy en día con la aplicación de la última tecnología no hemos podido acabar de comprenderlo en su totalidad.

Conociendo nuestro cerebro y gestionando nuestras emociones, mejoramos nuestra vida.

Me parece interesante recordar algunos conceptos de anatomía cerebral con el fin de poder comprender de dónde provienen nuestras emociones. De esta manera, las podremos trabajar y gestionar para mejorar nuestra vida diaria.

¿Cómo es el cerebro humano?

El cerebro es un órgano complejo que se ubica dentro del cráneo. Sin embargo, este término no se suele emplear de manera correcta, pues generalmente pensamos en todo el contenido de la cavidad craneal, cuando en realidad constituye el 85% del encéfalo formado por el cerebro, cerebelo y bulbo raquídeo. Pero entraré con un poco de más detalle, para poder diferenciar entre el cerebro primario o reptiliano, el cerebro emocional y el racional.

El tronco encefálico o cerebro reptiliano. Es la parte más primitiva del cerebro, pues hace 500 millones de años era lo único que existía. En cuanto a sus funciones, regula las más básicas, como la respiración, el latido cardíaco, el control de la temperatura corporal, la satisfacción del hambre o la sed mediante la búsqueda de alimentos, el deseo sexual, además de las respuestas de ataque o huida que aseguran nuestra supervivencia. No piensa ni siente emociones, solo actúa cuando nuestro cuerpo se lo pide.

Sistema límbico o cerebro emocional. Esta parte es la que almacena los recuerdos y las emociones. Comprende el tálamo, el hipocampo, el hipotálamo y amígdala cerebral, que se considera la base de la memoria afectiva, y se sitúa justo por encima del tronco. Entre sus funciones se encuentran las gestiones de diversas emociones (el miedo, la rabia, el amor, los celos), así como la memoria involuntaria, el hambre, la atención, los instintos sexuales, la personalidad y la conducta. En definitiva, regula las respuestas fisiológicas a determinados instintos, esto es, los instintos humanos.

Neocórtex o cerebro racional. Este elemento está situado por encima del sistema límbico y es lo que nos diferencia de los animales. Con el tiempo ha evolucionado a medida que se han ido desarrollando las capacidades cognitivas como el pensamiento, la creatividad, la imaginación, el lenguaje, la autorreflexión, la memoria y la concentración. Nos permite ejercer el control sobre nuestras emociones a fin de poder llegar a esclarecer los problemas, a la vez que nos ayuda a adquirir las habilidades para seleccionar el comportamiento adecuado en cada situación y tomar las decisiones más inteligentes para la supervivencia.

Representa el 80% del volumen del cerebro y su forma recuerda a la parte externa de una nuez, tal y como lo definió la especialista Rita Carter en 1998: «El cerebro humano tiene el tamaño de un coco, forma de nuez, el color del hígado al cocerlo y la consistencia de la mantequilla».

Básicamente, el objetivo de nuestro cerebro consiste en mantenernos con vida, como individuos y como especie, y, para ello, realiza dos estrategias: desconfiar y recordar. Con el acto de desconfiar, trata de mantenernos con vida, por ejemplo, cuando te cruzas con un extraño de madrugada y tu mente te advierte que podría ser peligroso, mientras tanto con el acto de recordar todo lo vivido como una amenaza, también trata de mantenerte con vida.

En consecuencia, cuanta más carga emocional tengamos, mayor será la información que podremos retener en relación con los sucesos o acontecimientos. Por ejemplo, si naciste antes del año 1980, seguramente tendrás muchos recuerdos relacionados con el 11-S ¿Dónde estabas? ¿Quién te acompañaba? ¿Era un día soleado? ¿A qué hora sucedió? Cuenta cuantos años han pasado desde el 2001 y, ahora, detente y piensa un instante. ¿Qué comiste hace 10 días? ¿Qué ropa llevabas hace una semana? ¿Dónde aparcaste el coche hace tres días? El 11-S fue un día triste para todo el mundo y supuso un gran cambio. Como si se tratara de una guerra, tu cerebro no solo ha recordado los ataques a las Torres Gemelas, sino que también ha recopilado toda la información posible relacionada con aquel suceso, ¿no es cierto?

Cuando nos sentimos en riesgo, incluso años más tarde, la mayoría conservamos recuerdos de lo sucedido y todo lo que envolvía aquel momento. Se trata de recuerdos impregnados de emoción. Pero… ¿cómo es posible? El principal sistema encargado de ello es el sistema límbico, cuyo núcleo principal es la amígdala. Se trata de un elemento clave para la supervivencia, pues su función se centra en integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes. De esta manera, provoca una respuesta a nivel fisiológico o la preparación de una respuesta conductual.

Gestión del miedo y reacción de lucha o huida

Una vez realizada una pequeña introducción acerca del origen del ser humano y sus funciones cerebrales, quiero que nos centremos en relacionar esos conceptos para conocer y comprender cómo actuamos y nos desenvolvemos ante determinadas situaciones. Considero que solo así podremos llegar a nuestro bienestar emocional, conociéndonos y cuidándonos.

Conviene, para poder continuar, que hablemos acerca de la gestión del miedo, ya que únicamente con su comprensión lo podremos evitar, tal y como declaró Marie Curie (la conocida científica polaca, pionera en el campo de la radiactividad y premio Nobel de Física y Química): «Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos». Y nada nos debe detener, aunque nos invada el temor, como decía François Mauriac (periodista y escritor francés, premio Nobel de Literatura): «El miedo es el principio de la sabiduría». Por lo tanto, emprendamos el camino del saber para conocer la dinámica cerebral que se genera ante esas situaciones.

La sensación de miedo y la reacción de lucha o huida tienen relación con las funciones principales de la amígdala, pieza clave en la supervivencia de nuestra especie, dado que permite que reaccionemos después de percibir un estímulo potencialmente amenazador para nuestra propia integridad física, hecho que estimula o inhibe la respuesta de lucha o huida. Las lesiones en la amígdala o su hiperestimulación pueden provocar reacciones extremadamente agresivas y, en consecuencia, la pérdida del sentimiento de miedo, con todas las repercusiones que eso supone.

Regulemos nuestro estado de ánimo para estar de buen humor, con energía y ganas de luchar y vencer nuestros temores. Como dijo Daniel Goleman (psicólogo, periodista y escritor estadounidense): «La culpabilidad, la vergüenza y el miedo son los móviles inmediatos del engaño».

4. Emociones y sentimientos

«La gente olvidará lo que dijimos, olvidará lo que hicimos, pero nunca olvidará cómo la hicimos sentir».

MAYA ANGELOU,

poeta estadounidense y activista de los derechos civiles

Como hemos podido comprobar, toda nuestra vida gira alrededor de las emociones. ¿Cómo sería la humanidad sin ellas? ¿Y sin amor? ¿Sin miedo? ¿Sin culpa? Tanto las positivas como las negativas marcan nuestra vida.

¿Por qué jugaron un papel tan relevante en la supervivencia y la evolución de la especie? Lo que está claro es que forman parte de nuestra genética desde hace millones de años, desde los orígenes de la humanidad, ya que gracias a las emociones, estos primeros seres humanos consiguieron adaptarse a un entorno cambiante, desarrollando la capacidad de identificar los peligros para poder evitarlos. Por lo tanto, tienen una función adaptativa, es decir, que su finalidad se centra en la preservación; y tanto es así que el significado etimológico de la palabra «emoción», procedente del latín emovere, equivale a escapar, huir, luchar.

Las emociones son reacciones que todos experimentamos de forma innata, pero a pesar de ser conocidas son complejas y es necesario entenderlas en la medida de lo posible.

Por lo tanto, conviene profundizar en el conocimiento de las emociones. Sabemos que se originan en el sistema límbico y que se muestran de manera fisiológica, cognitiva y conductual. En un primer momento, aparece la reacción fisiológica, es decir, la primera reacción frente a un estímulo es involuntaria, pues aumenta la respiración y se realizan cambios a nivel hormonal, etcétera. Después, la amígdala entra en acción y pasamos a la parte cognitiva recordando situaciones del pasado que identificamos como parecidas en el presente para tratar de evitar o afrontar algo que consideramos amenazante. Por último, aparece la respuesta conductual, generando un cambio en el comportamiento, esto es, gestos faciales o movimientos del cuerpo en respuesta a esa emoción.

Resumiendo, los estados emocionales aparecen con la liberación de neurotransmisores y hormonas que más tarde los convierten en sentimientos y, finalmente, en lenguaje. Por eso es tan importante poder tener un control aproximado de nuestras emociones, porque al fin y al cabo son fundamentales en la toma de decisiones y para el proceso de aprendizaje de la memoria, ya que los recuerdos a largo plazo se muestran en los momentos en que los necesitamos gracias a las emociones. De lo contrario, no recordaríamos el 11-S, ni nuestra boda o comunión, por ejemplo.

¿Cómo funcionan las emociones exactamente? ¿Y los sentimientos? ¿Cuál es su origen y cómo nos afectan desde que nacemos en nuestra vida personal, familiar y profesional? Para ello, os recomiendo leer Inteligencia emocional de Daniel Goleman, aunque también deseo aportar mi pequeño grano de arena sobre este tema. Los momentos más importantes los experimentamos a través de las emociones, ya sean agradables o dolorosas. En la vida, pasamos por diversos tipos de experiencias que nos aportan alegría, satisfacción y felicidad; pero también otras que dificultan las acciones o actividades de cada día y que durante años nos han hecho sentir bien. Aquí es cuando aparecen los problemas de salud.

Cuando vivimos experiencias satisfactorias solemos estar contentos y con más energía, en otras palabras, gozamos de mejor salud y notamos menos malestares; en cambio, cuando algunas experiencias nos generan preocupación, angustia o malestar durante un tiempo prolongado, empezamos a sentirnos más débiles o vulnerables.

A modo de ejemplo más reciente tenemos el estado de emergencia, el confinamiento y las muertes por la pandemia del coronavirus.

A pesar de que hemos dicho que para evitar caer en dinámicas autodestructivas debemos controlar las emociones, tengo que contarte que no todas se pueden dominar. Es curioso, pero nunca sabemos con certeza cómo vamos a reaccionar ante determinadas circunstancias. Podemos responder luchando, huyendo, paralizándonos, etcétera. No obstante, lo que sí podemos hacer para lograr gestionarlas de la mejor manera posible es acercarnos a ellas, conocerlas, reconocerlas y ponerles nombre, porque así, desde la consciencia, conseguimos canalizarlas mejor.

El primer paso que te recomendaría es que aprendas a disfrutar de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida. Vivir de esta forma es mucho más agradable, ya que con alegría aportamos felicidad a los demás y, por ende, a nosotros mismos. Pero también considero que examinar nuestros pensamientos, intentar ver las situaciones desde diferentes perspectivas, para poder cambiar aquellas que nos producen algún conflicto interior, nos ayuda a encontrar posibles soluciones y a sentirnos capaces de conseguir el bienestar emocional que buscamos para ser un poco más felices. En palabras de Schopenhauer: «Es difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible encontrarla en otro lugar».

Tampoco debemos olvidar que a lo largo de nuestra vida no solo experimentamos situaciones difíciles, también las hay positivas. Del mismo modo sucede con las personas, porque estamos rodeados de gente saludable, personas vitamina, positivas, aunque también de individuos tóxicos. Quedémonos con los aspectos positivos y desechemos los negativos, ya que, al final, todo ello implica un trabajo mental. En este sentido, siempre recuerdo una frase de John Locke que me gustaría transmitirte: «Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias».

En síntesis, a partir de ahora nunca olvides la cita de C.S. Lewis (crítico literario inglés y novelista) «Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios». Viendo la vida de manera positiva podrás alcanzar tus metas, poco a poco, sin miedo, ya que el poder reside en nuestra voluntad de cambio, y como dijo Carl Jung: «Aquello a lo que te resistes, persiste. Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma». Acepta tus emociones, ya sean positivas o negativas, y trabájalas poco a poco, pues solo así conseguirás llegar a un estado de equilibrio, bienestar, a la paz interior y a la felicidad. Lo decía incluso Chaplin: «La felicidad… ¿existe?, ¿dónde? Cuando era niño me quejaba a mi padre porque no tenía juguetes y él respondía señalándose la frente con el dedo índice: “Este es el mejor juguete que se ha creado. Todo está aquí. Ahí está el secreto de nuestra felicidad”».

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