Read the book: «Helénicas»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 2


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANTONIO GUZMÁN GUERRA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.rbalibros.com

PRIMERA EDICIÓN , 1977.

2a . REIMPRESIÓN.

3a . REIMPRESIÓN.

ISBN 9788424930394.

INTRODUCCIÓN

Vida de Jenofonte

Las propias obras de Jenofonte y el segundo libro de las Vidas de los filósofos de Diógenes Laercio son las fuentes que nos proporcionan algunos datos sobre su vida. Poco es lo que sabemos acerca de él, aunque sea algo más de lo que conocemos de otros historiadores como Heródoto y Tucídides. Ignoramos la fecha exacta de su nacimiento y de su muerte. Probablemente nació en Atenas hacia el año 430 a. de C. Así lo suponen todos los autores, basándose en su participación en la expedición de Ciro en los años 401-399 a. de C. como oficial griego más joven, y en que fue discípulo de Sócrates como dice en las Memorables . (Véase Strasburger, Xenophon Hellenika , pág. 646; Lesky, Hist. de la literatura griega , pág. 646.) Este último sitúa su muerte después del año 359, aunque quizá se deba rebajar esa fecha tope, pues en el libro VI habla de Tisífono, tirano de Feras del 358 a 355. Como este dato está relacionado con la cronología de las Helénicas volveremos más tarde sobre él.

Naturalmente, en la Anábasis hay numerosas alusiones a sus intervenciones en la expedición que relata, y también alguna marginal al tema de la obra. Así en III 1, 4 y ss. nos informa de su incorporación a la expedición invitado por Próxeno de Beocia; en III 1, 11 y ss.; 45, de su elección como jefe; antes, en II 5, 37 y siguientes, va con Cleanor y Soféneto para enterarse de lo que le sucedió a Próxeno que no ha vuelto; en III 2, 7 y ss., propone el plan de retirada; en V 3, 4 y ss., trata de la parte que le correspondió de botín y de su estancia en Escilunte en la finca que le regalaron los lacedemonios; en VI 1, 20 y ss., de su intento de elección como jefe único al regresar al Mar Negro; en VII 7, 55, de su intervención ante Seutes y de la preparación del regreso a Atenas de donde aún no había sido desterrado, según afirma él mismo; finalmente en VII 8, 22, de sus últimas actividades con los expedicionarios antes de incorporarse al ejército de Tibrón.

Después de la batalla de Leuctra (371) vivió algún tiempo en Corinto, al caer su finca de Escilunte en manos de los eleos.

Las «Helénicas »

Cronología .—Si dejamos aparte el Cinegético , obra de autenticidad dudosa considerada de su etapa juvenil, debemos situar las Helénicas , al menos parcialmente, entre las primeras obras de Jenofonte.

Casi todos los autores coinciden en separar una primera parte formada por I-II 3, 9 (o sea, la parte que corresponde a la guerra del Peloponeso) del resto de la obra. A esta primera parte le asignan como fecha probable de composición el año 390, después de la campaña de Ciro y la estancia con Agesilao en Asia Menor. (Así Anderson, Xenophon , pág. 66, que añade que no hay pruebas de que fuera escrita antes del año 401.) Pudo haber tenido la idea de escribir la historia en los años 403-401 y haber tomado notas hasta el gobierno de los Treinta, incluido este período. (Strasburger, Xenophon, Hellenika , pág. 667; Brownson, Xenophon, Hellenica , pág. VIII, fijan el año 393 para la composición de esta parte o un poco más tarde; Hatzfeld, Xénophon, Helléniques , pág. 9, el 390.)

Asimismo todos señalan las diferencias estilísticas con la segunda parte o el resto de la obra. (Por ejemplo, Anderson, pág. 66, se fija en los caracteres de Tisafernes y Farnabazo y los coteja con el resto y con la Anábasis. Henry, Greek historical writing. A historiographical Essay Based on Xenophon’s Hellenics , pág. 14, observa el diferente uso de una serie de partículas: mḗn no aparece en I mientras es común en II (73 veces); dḗ , sólo 7 veces en I, frente a 211 en II; ge 7 frente a 130; -per 11 y 151 respectivamente; Strasburger, Hellenika , páginas 668-69, no ve la narración intuitiva que observa en Helénicas II y Anábasis , salvo en algunas escenas como la llegada de Alcibíades al Pireo, el proceso de las Arginusas, la actuación de Calicrátidas en Asia Menor y algunas más.) La viveza de la descripción que nos cautiva en la Anábasis se encuentra a menudo en Helénicas II y aparecen nuevos elementos estilísticos que apenas se encuentran en la primera parte: caracterizaciones de personajes, diálogos, juicios del autor en primera persona, sentencias, comparaciones y sobre todo la observación de la influencia de la divinidad en el correr de la historia. (Hatzfeld, ob. cit ., pág. 6, insiste en el método analítico de la primera parte, en las digresiones de la segunda, etc.; lo mismo podemos ver en Lesky, ob. cit ., pág. 649, que nota además el uso del optativo futuro después de II 3, 9.)

Estas diferencias suelen atribuirse a la influencia de Tucídides en la primera parte, cosa que no ocurrió en la segunda, donde Jenofonte tiene ya un estilo propio. Incluso algunos pretenden que la primera es fruto intencionado de una imitación de Tucídides, del que Jenofonte intenta continuar la obra inacabada. Pero los más se inclinan por atribuir al tiempo estas diferencias, puesto que entre ambas partes hay un largo intervalo que supone un desarrollo en el estilo jenofonteo.

Para esta segunda parte ha de pensarse en los años posteriores al 381, si se tiene en cuenta que en III habla de la muerte de Pausanias ocurrida en este año; en VI de los tiranos de Feras, entre ellos de Tisífono (358-355) que vive cuando escribe esa historia. En III remite a la Anábasis para los hechos correspondientes a esa época. (Por ello Strasburger, pág. 668, piensa que han de colocarse en este orden cronológico las Helénicas y la Anábasis: Helénicas I [1.a parte], Anábasis y Helénicas II [2.a parte]. Cf. asimismo Hatzfeld, página 9.)

Hay autores que sostienen una división tripartita, es decir, hacen una segunda separación en lo que hemos llamado 2.a parte: 2.a II 3, 11-V 1, 36 y 3.a V 2, 1-fin, escritas en los años 385-380 y 362-354 respectivamente (como en Brownson, Hellenica , págs. VIII y IX), o un núcleo compuesto por III y IV completado luego con la 1.a parte y más tarde con la 3.a , pero casi todos rechazan esta división por considerarla inútil y no estar fundada en pruebas convincentes. (Así Lesky, pág. 649; Hatzfeld, págs. 7 y 8; Strasburger, pág. 670, y, sobre todo, Henry, op. cit ., págs. 131 y ss., que rebate ampliamente a De Sanctis y Sordi, los sostenedores de tal teoría.)

Otro problema es el de la cronología relativa del Agesilao con las Helénicas y sobre todo con las partes correspondientes III-V. Henry, ob. cit ., págs. 108-133, no ve argumentos sólidos para sostener la anterioridad de una u otra; pero la mayoría sitúan el Agesilao después de la parte correspondiente de las Helénicas . Por ejemplo, De Sanctis admite la fecha del 360 para el Agesilao , antes del VI y VII de las Helénicas .

Relación con la obra de Tucídides .—Comúnmente se admite que Jenofonte pretende continuar y completar la obra histórica de Tucídides y que sus primeras palabras metà dè taûta ... enlazan directamente con los acontecimientos descritos por su predecesor. Incluso el título de su obra es muchas veces Paraleipómena tês Thoukydídou xyggraphês o Complemento de la historia de Tucídides . El de Helénicas es común a muchas historias de autores de esta época. En Lesky (págs. 653-659), encontramos media docena de Helénicas , como las de Teopompo, que también enlazan con Tucídides; las de Oxirrinco, de Calístenes de Olinto, Anaxímenes de Lámpsaco... Sin duda ha de entenderse su significado en oposición con Persiká o Mediká de Ctesias, Indiká , etcétera, obras que abundan en este siglo IV y en los posteriores.

Mas puede pensarse que Jenofonte no tuviera esta idea de completar a Tucídides y que el punto de partida sea sólo eso, un punto de arranque de un historiador que pretende también escribir los hechos de su tiempo. En este sentido, repetimos, Teopompo enlaza igualmente con Tucídides en sus Helénicas . Su método analístico y los demás rasgos tucidídeos pueden ser consecuencia de la influencia profunda del maestro en sus escritos jóvenes o incluso una imitación consciente sin que ello presuponga la intención de completar la obra del maestro. De todos modos, piénsese que precisamente presenta esas semajanzas el período de la Guerra del Peloponeso, es decir, la 1.a parte que señalamos antes hasta el II 3, 10 con la capitulación de Samos.

Pero veamos más detenidamente este problema. Siguiendo a los autores que constituyen la base de nuestra introducción, Lesky, ob. cit ., pág. 649, lo da por admitido. Hatzfeld, Helléniques , págs. 5-6, señala que la unión no es perfecta. Strasburger, Hellenika , págs. 666-667, nos recuerda la teoría de varios investigadores que sostienen que existía un resumen de Jenofonte con los últimos acontecimientos de Tucídides e incluso que se debió perder una parte de este último. A ello opone que otras obras de Jenofonte comienzan de modo parecido sin introducción o presentación como el Económico . Agrega (págs. 670 y ss.), que acaso su intención fue acabar la obra inacabada de Tucídides, y publicarla y que quizás animado por el éxito de la Anábasis se decidió a pasar la línea del 404 por sus propias fuerzas, aunque nunca abandonó la influencia de Tucídides. Así en VI 2, 9 razona los motivos de ayuda a Corcira de un modo semejante a Tuc., I 32; la caracterización de Alcibíades de I 4, 16 aparece con los rasgos de Tuc., V 43, VI 16, aunque aquí la semejanza puede no deberse a dependencia mutua, ya que Alcibíades es una figura clave entre historiadores y filósofos; la contraposición de Atenas como poder marítimo y Esparta como poder terrestre del discurso de Procles en VII 1, 2, es réplica de Tuc., IV 12. Como éste coloca tres discursos antes de la expedición a Sicilia, así Jenofonte inserta otros tres antes de la batalla de Leuctra. La caracterización tucidídea de Brásidas influye en la jenofontea de Calicrátidas.

Al faltar una introducción que nos explique sus propósitos, método, relaciones con sus predecesores, etc., nos quedamos con la duda de si Jenofonte quiso hacer en su tiempo lo que aquél en la guerra del Peloponeso.

Henry, ob. cit ., págs. 15 y ss., trata este problema con más detenimiento y parte de una doble suposición: si Jenofonte al escribir la primera parte reconocía simplemente la existencia de la obra de Tucídides y sufrió su influencia o si el relato de Jenofonte de los últimos años de la guerra del Peloponeso constituye un intento formal de continuar y completar la obra inacabada de Tucídides. Luego estudia los desajustes de la unión de ambas obras. Luego (págs. 53 y ss.), sostiene que en el fondo esta relación con Tucídides nace de un juicio de valor comparativo de la obra de Jenofonte. También habla de los que sostienen que Jenofonte tuvo en su poder unas notas —hypomnémata — de Tucídides para su propia historia y que estaría relacionado con lo que dice Diógenes Laercio sobre Jenofonte como editor de Tucídides. Más adelante (pág. 87), nos recuerda la tendencia antigua a asociar sucesos importantes y personas: como los tres trágicos con la batalla de Salamina, así se ponen en relación los tres historiadores: Tucídides y Heródoto por su vida en parte coetánea, Tucídides y Jenofonte por los biblia lanthánonta de los antiguos y las notas o hypomnémata de los modernos. Hipótesis, añade, que no sirve sino para confundir y añadir dificultades sin que ayude a resolverlas.

Fuentes .—Hay unanimidad en casi todos los autores al señalar la misma vida viajera de Jenofonte como la principal fuente de información de los hechos relatados en las Helénicas . Así, de su vida en Atenas hasta la expedición de Ciro provendría su conocimiento de los acontecimientos de la primera parte y de los Treinta; la estancia en Asia Menor con Agesilao le puso en contacto directo con los de esta época hasta la batalla de Coronea y, en consecuencia, estaríamos ante una especie de memorias como la Anábasis . Asimismo su permanencia en el Peloponeso y especialmente en Escilunte (Élide) le dio ocasión de anotar hechos y recabar información del lado lacedemonio. Su último período en Corinto le proporcionó abundante material sobre los asuntos de esta polis, de Sición y de Fliunte... Incluso algunos atribuyen omisiones importantes en su historia a esta causa: Jenofonte no refiere a sabiendas acontecimientos trascendentes porque no asistió a ellos, como sería la batalla naval de Cnido, que sólo menciona de paso cuando se entera de la noticia durante el regreso a Grecia, la segunda liga marítima ática, que se creó como resultado de la influencia de Atenas cuando él estaba fuera de su área, etc.

Es de suponer que le ayudarían informadores, testigos directos o indirectos de los hechos que personalmente no pudo conocer. Sobre otras fuentes, al carecer de una introducción, no podemos asegurar nada, así como de la consulta a los documentos oficiales, por así decirlo, que por cierto parece no haber prodigado según se deduce de la misma obra. (Véanse Henry, Essay.. ., páginas 91 y ss.; Strasburger, Hel ., págs. 677 y ss. Ésta añade además que coincide a veces con Isócrates sin que podamos decir quién sigue a quién; Brownson, Hel ., pág. IX, le llama ciudadano del mundo y nos confirma que de ahí saca su material; Hatzfeld, Helléniques , págs. 14 y 15, abunda en lo mismo.)

Jenofonte escritor .—Las cualidades que los investigadores niegan a Jenofonte como historiador se las suelen reconocer como escritor. Efectivamente, todos coinciden en alabar su claridad, sencillez, viveza del relato y agradable fluidez. Por ejemplo, Bowra (Introducción ..., página 269), reconoce su sentido de la situación dramática y elogia pasajes como el lamento que recorre los Muros Largos a la llegada de la noticia de Egospótamos. Strasburger, (págs. 681 y ss.) admite que los discursos son más reales y adaptados a los personajes que los pronuncian que los de Tucídides, sus escritos son verdaderas memorias que se leen con gusto y enumera unos cuantos episodios que cautivan al lector: conversaciones de Agesilao, conspiración de Cinadón, despedida de Teleutias, el vendaval que azota al ejército peloponesio al regreso de Beocia, situación de Corcira durante el asedio, las maniobras por mar de Ifícrates, el ataque nocturno contra Fliunte...

Henry, (págs. 192 y ss.) elogia igualmente su obra literaria e insiste en que hay que verla como tal más que como obra histórica. Volveremos sobre él en la valoración crítica.

Hatzfeld, (págs. 10-11) a las cualidades ya reseñadas y episodios notables añade el arresto de Terámenes en el consejo, la matanza de los Muros Largos de Corinto (IV 4, 9 y ss.), el efecto escénico del desastre del batallón espartiata (IV 5, 6 y ss.), la entrada de la escuadra de Teleutias en el Pireo, el regreso de los desterrados de Tebas. Observa que son admirables diálogos como los de Dercílidas y Midias, Agesilao y Lisandro, Agesilao y Otis...

Lesky, (ob. cit ., pág. 646) reconoce además que Jenofonte no incurre en los excesos retóricos de los historiadores del siglo IV .

Resonancia de su obra .—Strasburger, (ob. cit ., página 673) nos recuerda que Jenofonte fue muy apreciado en toda la Antigüedad, constantemente leído y admirado por su lengua y estilo. Cicerón lo cita a menudo, elogia su obra «más dulce que la miel» (precisamente como alusión a su fluidez y dulzura debe entenderse el apodo de la «abeja ática» y no por la pureza de su lengua. Cf. Hatzfeld, pág. 27, nota 1) y traduce el Económico . Los aticistas del siglo II d. C. le toman por modelo por su estilo sencillo. Flavio Arriano escribió una Anábasis de Alejandro Magno y un Cinegético en admiración por las obras de Jenofonte.

Como historiador los antiguos lo colocan en el canon de los diez historiadores; incluso con Heródoto y Tucídides ocupa a veces un lugar superior. Luciano lo elogia como tal. Dionisio de Halicarnaso lo coloca detrás de Heródoto por su sencillez. Dión de Prusa lo recomienda a los jóvenes como modelo.

Jenofonte historiador .—Al considerar su obra histórica no encontramos en los invéstigadores modernos la misma línea de encomios, sino que las críticas suelen oscurecer las alabanzas. Bowra (Introducción ..., páginas 268 y 269) dice que no es un historiador serio y que sus méritos como tal son muy menguados. G. Strasburger, (págs. 674 y ss.), nos previene de que el juicio favorable de los antiguos no ha de entenderse referido a su obra histórica, pues sólo juzgan la forma. Es injusto compararlo con los grandes modelos como Platón en filosofía o Tucídides en historia, pues no estaba dotado de alma de investigador. Se le reprocha su parcialidad, a favor de Atenas mientras estuvo en su ciudad hasta el destierro, y más tarde cuando se le levantó éste, y sobre todo a favor de Esparta: por ello oculta hechos tan importantes como el levantamiento de los hilotas, la fundación del estado independiente de Mesenia, la fundación de Megalópolis que indica el fin de su hegemonía en el Peloponeso y sobre todo oculta las operaciones de Pelópidas y Epaminondas, silencia la gran labor de Conón y su flota, la segunda liga marítima, la victoria ateniense de Naxos. Aunque algunos objetan que también hay luces sombrías del lado lacedemonio: el sometimiento de los aliados, la toma de la acrópolis de Tebas y el engrandecimiento final de Epaminondas que acaba con la hegemonía lacedemonia. En resumen, le achacan que no sepa ver muchas cosas que interesan al historiador moderno: por ejemplo, la organización interna de la Confederación arcadia.

No obstante, alega en su favor que el material que presenta es fiel y muchos historiadores han acudido a él: Plutarco para sus Vidas Paralelas; Polibio dice que sus contemporáneos son menos dignos de fiar, abusan de la retórica y se olvidan del contenido histórico, describen batallas sin tener idea de la táctica militar, cosa que no ocurre en Jenofonte.

Gracias a él disponemos de material de primera mano para la política de Esparta, sobre todo para su política interna; las Helénicas son la fuente principal para el siglo IV , la política tesalia con el discurso de Polidamante de Farsalo sobre Jasón de Feras, predecesor de Filipo y Alejandro; la situación de Atenas después de la derrota de la guerra del Peloponeso...

Brownson (Hellenica , págs. IX y ss.), insiste en que no es exacta ni imparcial; no presenta a los personajes y trata sucesos como descritos cuando no ha dicho nada de ellos. Es neutral con relación a Atenas, pero se deja llevar de la admiración por Esparta y del odio por Tebas. En elogio suyo concluye diciendo que es la mejor autoridad que tenemos para la mitad del siglo que cubre.

Lesky (ob. cit ., págs. 649-50) repite que la comparación con Tucídides refleja su superficialidad. Por ejemplo, atribuye la caída de Esparta a la cólera de los dioses y no hay ni rastro de un intento serio por examinar las fuerzas que condicionan el curso de la historia como en su predecesor.

Hatzfeld (Helléniques , págs. 12 y ss.) señala los mismos defectos anteriores. Sin embargo, reconoce que no calla las grandes derrotas ni los errores de Esparta; que en pleno destierro elogia al partido democrático de Atenas, sus gobernantes y generales. Tebas, al contrario, parece ser la única responsable en su relato de haber turbado la paz en Grecia. Epaminondas es elogiado sólo al final y únicamente por su talento militar; Pelópidas sólo es nombrado en una ocasión, que le hace antipático, en la embajada ante el rey de Persia.

Después de la guerra del Peloponeso abandona el método analístico de Tucídides, pero no lo sustituye por nada; se adelanta en el relato que tiene entre manos varios años y luego vuelve atrás; hay digresiones y saltos sin que nos lo advierta. Sólo le interesa el cómo y no el porqué de los hechos; no explica el cambio brusco de la política tebana después de la derrota ateniense; falta visión de conjunto y no podemos saber el fin que se propone en su obra; no sabe ver que la causa de la caída de Esparta está en su apego a formas periclitadas de organización social, política, económica y militar. En resumen, supone un retroceso notable sobre Tucídides.

Henry (ob. cit ., págs. 192 y ss.) trata de justificarlo notando que para los antiguos la historia es literatura y por consiguiente el acercamiento a su obra debe de ser estético y no científico. En esta vía analiza literariamente tres ejemplos para hacernos ver cómo sabe crear un clímax en su narración y presentárnosla viva y emocionante, como el proceso de las Arginusas. Insiste en que la admiración de Jenofonte por Epaminondas es grande desde VII 5, 8 al fin (parte que llama tà Epameinondiká ). La manera de tratar a Epaminondas contradice a los que critican a Jenofonte por presentar un método de distorsión, supresión y exageración, que minimiza u omite el cumplimiento de todo lo que representa los ideales contrarios.

La intervención de Agesilao al final es de las más finas de su espléndida carrera. Defender la ciudad con unos pocos soldados frente a un ejército completo es la acción más gloriosa en la historia de un espartano. Por ello Jenofonte aprovecha esta oportunidad única que se le presenta para terminar su obra con la acción de su gran héroe, figura central de su historia del siglo IV que comienza con las campañas de Agesilao y que domina el curso de los acontecimientos. De ahí que encuentre su momento adecuado en la memorable escena dedicada a su gran ideal: la defensa de Esparta, como broche final para cerrar la obra.

La admiración por Esparta y la aversión por Tebas las explica Henry considerando que Tebas no es digna del afecto de Jenofonte. Tenía una gran desventaja: luchó con Mardonio en Platea, y otra aún mayor: si Atenas era líder por mar y Esparta por tierra, cualquier otro poder iba contra ellos, rompía el equilibrio y, por supuesto, Tebas luchaba claramente por la hegemonía (VII 1, 33). El recelo que sentía por Tebas no era peculiar de Jenofonte, sino una convicción general compartida por sus contemporáneos. Esparta representaba más que la influencia y el poder políticos, una institución: la cultura, los antiguos ideales y la tradición conservados en Lacedemonia. Si Atenas era admirada, Esparta era reverenciada. Esparta se mantenía como un testimonio de la raza helénica. Cuando cayó Esparta, cayó el resto de Grecia. La fe en Esparta era la fe en sí mismo. Cada griego era un filolaconio. Sin embargo, precisaríamos nosotros, que cada griego de la facción oligárquica. Henry justifica en todo caso la obra del reaccionario Jenofonte anclado en los ideales de la nobleza doria, pero no nos convence. Puede mirarse una obra y analizarse bajo el punto de vista literario, pero no se debe olvidar que es una obra histórica sujeta a determinados moldes. Esto no se lo recordamos nosotros, los hombres del siglo xx, sino su predecesor Tucídides, que le abrió un camino seguro que Jenofonte no supo seguir.

En su misma obra aparecen ideas luminosas que no sabe aprovechar, como cuando Calicrátidas manifiesta su deseo de luchar por la unión de todos los griegos y acabar con su división y luchas entre sí, causa de sus males; como en el discurso de Polidamante sobre Jasón de Feras y su ambicioso plan de unión panhelénica y sometimiento del persa; como la conjuración de Cinadón denunciando a unos pocos espartiatas que esclavizan a miles de hilotas; la política del estado dominante sea Persia, Lacedemonia, Atenas o Tebas que busca el debilitamiento de todos los demás, enemigos o aliados, para mantener su explotación, etc.

El texto de las «Helénicas »

Los principales mss. que contienen el texto de las Helénicas son los siguientes:

B. Parisinus 1738, de la Biblioteca Nacional de París de comienzos del s. XIV .

M. Ambrosianus A 4, de Milán, de 1434, contiene también la Historia de Tucídides.

D. Parisinus 1642, de la Biblioteca Nacional de París, del s. XV , contiene otras obras de Jen., de Platón y una antología de Diodoro y Apiano.

V. Marcianus 368, de la Biblioteca de San Marcos de Venecia, de los siglos XIV o XV , contiene además la mayor parte de las obras menores de Jenofonte.

C. Parisinus 2080, de la Biblioteca Nacional de París, del s. XV , contiene una obra de Plutarco y extractos de Diodoro y Apiano.

F. Perizonianus 6, de la Biblioteca de la Univ. de Leyden, de 1456, contiene también la Anáb. de Alejandro de Arriano.

Hatzfeld (Helléniques , págs. 18 y ss.) distingue dos grupos dentro de la serie de mss. basándose en las lagunas del cap. 1 del libro V : 1.° B, M, V, D y otros menos importantes; 2.° C, F y otros caracterizados por la laguna de V 3, 18; éstos tienen más faltas que los del primer grupo.

Los dos grupos derivan de un mismo arquetipo, ya que presentan faltas y lagunas comunes. Asimismo la separación entre los dos grupos no es tajante, pues se encuentran faltas comunes. Por ello Hatzfeld deduce que el arquetipo común era un arquetipo con variantes que se mantienen como tales en los mss. de donde derivan directamente las dos familias o bien que los copistas de los mss. de la segunda familia consultaron parcialmente uno o varios mss. de la primera.

Los papiros descubiertos y las citas de las Helénicas en los autores antiguos confirman la lectura de B como la más segura. Es además el ms. más antiguo.

Para la traducción presente se ha seguido el texto de «Tusculum», es decir el de Strasburger. En las págs. 744 y ss. se puede consultar el cuadro de variantes que presenta esta edición con relación a las de Hatzfeld, Hude (Teubner), Marchant y Keller.

Traducciones de las «Helénicas »

Las Helénicas no tuvieron la suerte de la Anábasis que fue traducida a nuestra lengua en 1552 por Diego Gracián. La primera versión castellana es de finales del siglo XIX , 1888 exactamente, de Enrique Soms y Castelín y figura en la «Biblioteca Clásica» con el número CXIX. Su título es Las Helénicas o Historia griega del año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo. Traducida por primera vez del griego al castellano con numerosas notas filológico-literarias .

Soms es asimismo autor de una versión al castellano de la Gramática griega de Curtius (1886) y de la Historia de la literatura clásica griega de G. Murray (1899).

En la introducción nos dice que ha seguido el texto de Reiske, pág. XXII, y que es una «traducción ajustada al original», pág. XXIII. Hemos podido comprobar que así es en general. Aunque el juicio que da sobre Alcibíades, cf. pág. 20, a su regreso a Atenas, no se adapta al texto, al menos a las ediciones manejadas por nosotros. Cf. I 4, 13-17.

En la página 3 notamos un error o errata en el número de las naves de Míndaro: 600 en lugar de las 60 del texto. Cf. I 1, 11, 16. El «terminaron nuestras victorias» de la página 5 no está en los textos (cf. I 1, 23) y nos chocan traducciones como «regala un traje a los soldados...», pág. 5 (I 1, 24); «es proclamado generalísimo», pág. 21 (I 4, 20); «caen muchos de los escevóforos», pág. 71 (II 4, 3); «donde deja tres de las doce cohortes que llevaba», pág. 337 (VII 4, 20), etc., cuyos términos traje, generalísimo, escevóforos, cohortes... preferiríamos ver sustituidos por manto, jefe supremo, bagajeros o portadores de bagaje, compañías, etc.

En 1953 Bernardo Perea Morales traduce el libro I para la colección de textos clásicos bilingües de la editorial Gredos publicados, como se sabe, con un propósito fundamentalmente didáctico.

En 1965 Juan B. Xuriguera publica en Barcelona dos volúmenes en la colección «Obras maestras» de la editorial Iberia. El I contiene el Agesilao, La Anábasis, La República de Esparta, La República de Atenas; el II, Las Helénicas y Las rentas del Ática . (Su versión de Las Helénicas depende directamente de la traducción francesa de J. Hatzfeld.)

En 1969 en Historiadores griegos de la editorial Aguilar aparecen las Helénicas junto con la Anábasis traducidas por Francisco de P. Samaranch, entre otras obras.

Esta versión está bien en general, aunque encontramos algunos descuidos como en I 2, 10, «inmunidad perpetua», por ateleî...; en II 3, 56 la traducción no concuerda con el texto griego y no se entiende en ella la alusión al juego del cótabo: «igual que en el juego del cótabo, bebió hasta la última gota...»; en II 4, 2 no comprendemos cómo traduce «constituyendo un bello espectáculo...» el euēmerías oúsēs en oposición con el khión del párrafo siguiente; en V 4, 7 «alegres comensales...», por kōmastás o miembros de un kômos : VI 5, 7 «vencedores» por derrotados; en VI 5, 37 «dieron muestras de haberse emocionado...» no parece ajustado al término griego epethorýbēsan , específico para expresar la aprobación o desagrado del público al orador; en VII 5, 24 «derecha» por izquierda (más comprensible), etc.

Entre las versiones extranjeras debemos señalar la de Hatzfeld de «Les Belles Lettres», buena, salvo algunos errores numéricos, erratas diríamos mejor; la alemana de Gisela Strasburger de «Tusculum», muy fiel y la de Brownson de «Loeb Clas. Lib.», a nuestro juicio la mejor de estas tres.

Por nuestra parte se ha pretendido conseguir una versión sencilla, fiel y concisa.

Queremos testimoniar nuestro agradecimiento a don Manuel Polín Galán, que se ha dignado leer la traducción castellana y apuntar algunas correcciones.

BIBLIOGRAFÍA

EDICIONES

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O. KELLER , Xenophontis Historia graeca , editio minor, Leipzig, 1903.

C. L. BROWNSON , Xenophon, Hellenica I-II (The Loeb Classical Library, 89), Londres-Cambridge-Massachusetts, 1968 (= 1918-1921).

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G. STRLSBURGER , Xenophon, Hellenika. Griechisch-deutsch (Tusculum), Munich, 1970.

LÉXICO

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ESTUDIOS GENERALES

C. M. BOWRA , Landsmarks in Greek Literature = Introducción a la literatura griega [trad. L. GIL ], Madrid, 1968.

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J. K. ANDERSON , Xenophon , Londres, 1974.

TRADUCCIONES ESPAÑOLAS

B. PEREA MORALES , Jenofonte, Helénicas, libro I [Texto griego con traducción yuxtalineal y mapa por...] (Colección Gredos de textos clásicos bilingües), Madrid, 1953.

F. P. SAMARANCH , Historiadores griegos... Jenofonte: Anábasis, Helénicas , Madrid, 1969.

E. SOMS Y CASTELIN , Jenofonte. Las Helénicas o Historia griega del año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo por... Traducida por primera vez del griego al castellano con numerosas notas filológico-literarias (Biblioteca Clásica; CXIX), Madrid, 1888.

J. B. XURIGUERA , Jenofonte. Historia griega I-II (Colección «Obras Maestras»), Barcelona, 1965.

I

El libro I refiere los acontecimientos de la guerra del Peloponeso desde el año 411 al 406 a. C., localizados principalmente en Asia Menor, con las intervenciones de Alcibíades, Farnabazo, Trasilo, Ciro, Lisandro y Calicrátidas, entre otros. Se cierra con la batalla naval de las islas Arginusas y el proceso de los estrategos en Atenas.

Enfrentamientos en el Helesponto

No muchos días después de estos [1 ] acontecimientos 1 , vino de Atenas Timócares 2 con algunas naves, e inmediatamente lucharon de nuevo por mar lacedemonios y atenienses, venciendo los lacedemonios mandados por Agesándridas 3 .

Poco después de esto, a comienzos del invierno, [2] Dorieo 4 , hijo de Diágoras, navegaba al amanecer con catorce naves desde Rodas al Helesponto 5 . Al verlo el vigía ateniense, se lo comunicó mediante señales a los estrategos. Éstos zarparon contra él con veinte naves; Dorieo las esquivó y, como estaba en alta mar, intentó [3] traer sus trirremes a tierra cerca del cabo Retio. Mas como los atenienses se acercaron, lucharon desde las naves y desde tierra hasta que éstos se alejaron por mar hacia Mádito, junto al resto de la flota, sin conseguir nada.

[4] Míndaro 6 , que percibió el combate cuando sacrificaba a Atenea en Ilión, acudió al mar para ayudar, y después de botar sus trirremes partió para alcanzar a [5] las de Dorieo. Pero los atenienses vinieron a su encuentro y lucharon por mar cerca de Abido, junto a la costa, desde la mañana a la tarde. Y cuando vencían en unos puntos y eran vencidos en otros, aparece Alcibíades 7 con dieciocho naves.

Intervención de Alcibíades

[6] Entonces se produjo la huida de los peloponesios hacia Abido. Farnabazo 8 acudió en su ayuda, y entrando a caballo en el mar hasta donde podía, luchaba y animaba a los demás, a su caballería e infantería.

[7] Los peloponesios luchaban uniendo sus naves y alineándolas junto a la costa. Mas los atenienses marcharon hacia Sesto después de apresar treinta naves enemigas sin la tripulación y recoger aquellas que ellos [8] mismos perdieron. Salvo cuarenta, las demás naves partieron desde allí en distintas direcciones para recoger dinero fuera 9 del Helesponto. Trasilo, que era uno de los estrategos, embarcó para Atenas para comunicar estos acontecimientos y pedir tropas y naves.

Después de esos hechos Tisafernes 10 llegó al Helesponto. [9] Detuvo a Alcibíades, que había venido con una sola trirreme a verle con presentes de hospitalidad y regalos, y lo encarceló en Sardes, alegando que el rey 11 le dio órdenes de luchar contra los atenienses. Treinta [10] días después Alcibíades junto con Mantíteo 12 , el que fue hecho prisionero en Caria, consiguieron unos caballos y huyeron de noche de Sardes a Clazómenas.

Los atenienses de Sesto, cuando se enteraron de que [11] Míndaro se disponía a navegar contra ellos con sesenta naves, huyeron de noche a Cardia. Allí también llegó Alcibíades desde Clazómenas con cinco trirremes y una embarcación pequeña. Informado de que las naves peloponesias habían sido llevadas de Abido a Cícico, vino por tierra a Sesto y ordenó a las naves costear hacia allá. Después que llegaron, cuando él se disponía [12] a marchar para una batalla naval, aparece Terámenes con veinte naves de Macedonia y a la vez Trasibulo con otras veinte de Tasos. Ambos habían estado recogiendo dinero. Después de decir también a éstos que le siguieran [13] con las velas mayores plegadas, Alcibíades se dirigió a Pario. Una vez reunidas las naves en Pario, ochenta y seis en total, zarparon a la noche siguiente y llegaron a Proconeso al otro día hacia la hora de la comida. Allí se informaron de que Míndaro estaba en [14] Cícico y que también estaba Farnabazo con la infantería. Durante ese día, pues, permanecieron allí. Al día siguiente, Alcibíades convocó la asamblea y les dijo que era necesario luchar por mar, por tierra y en las murallas. «Nosotros, añadió, no tenemos dinero, pero los [15] enemigos lo reciben del rey sin regateos». El día anterior, después de haber anclado, agrupó en torno a sí todas las embarcaciones grandes y pequeñas para que nadie revelara a los enemigos el número de las mismas y anunció mediante un heraldo la pena de muerte para quien fuese cogido pasándose hacia el otro lado.

[16] Después de la asamblea se preparó para el combate y zarpó para Cícico en medio de una fuerte lluvia. Cuando estaba cerca de Cícico, como escampó y brillaba el sol, vio las naves de Míndaro, que eran sesenta, haciendo maniobras lejos del puerto y separadas de éste [17] por él. Los peloponesios huyeron a tierra al ver que las trirremes de los atenienses eran muchas más que antes y que estaban junto al puerto. Anclando juntas las naves, se disponían a combatir con los contrarios que [18] venían a su encuentro. Alcibíades dio un rodeo con veinte naves y desembarcó. Al verlo Míndaro también desembarcó y murió luchando en tierra; y los que estaban con él huyeron. Los atenienses marcharon para Proconeso llevando todas las naves excepto las siracusanas. Aquéllas los propios siracusanos las quemaron.

Desde allí los atenienses partieron al día siguiente [19] para Cícico. Los peloponesios y Farnabazo habían abandonado la ciudad y los cicicenos recibieron a los atenienses.[20] Alcibíades permaneció allí veinte días y tomó mucho dinero de los cicicenos, y, sin causar ningún daño más en la ciudad, volvió por mar a Proconeso. [21] Desde allí marchó a Perinto y Selimbria. Los perintios acogieron la flota dentro de la ciudad. Los selimbrios [22] no la recibieron, pero le dieron dinero. Desde aquí llegaron a Crisópolis de Calcedonia y la fortificaron; establecieron en ella una aduana y exigían la décima parte a los barcos que venían del Ponto 13 . También dejaron una guarnición de treinta naves y dos estrategos, Terámenes y Éumaco, para encargarse de la plaza y de los barcos que salían del estrecho y causar todo el daño posible al enemigo. Los demás estrategos partieron para el Helesponto.

Farnabazo reconstruye la flota peloponesia

Una carta 14 enviada a Lacedemonia 15 [23] por Hipócrates, secretario de Míndaro, fue interceptada y remitida a Atenas. Decía lo siguiente: «Las naves están perdidas. Míndaro pereció. Los hombres están hambrientos. No sabemos qué hacer». Mas [24] Farnabazo exhortaba a todo el ejército peloponesio y a los aliados a no desanimarse por unos maderos 16 —pues había muchos en el territorio del rey—, mientras los hombres estuvieran sanos y salvos, y dio a cada uno un manto y provisiones para dos meses, equipó a los marineros y los empleó como guardianes de la costa de su satrapía. Convocó también a los estrategos y [25] trierarcos 17 de las ciudades y les mandó construir en Antandro todas las trirremes que había perdido cada uno, y al mismo tiempo les dio dinero y ordenó traer madera del Ida.

Intervención de los estrategos siracusanos y destierro de sus estrategos

Mientras se construían las naves, los [26] siracusanos terminaron a la vez con los de Antandro parte de la muralla y se ganaron las simpatías de todos en el servicio guardia. Por eso los siracusanos tienen en Antandro los títulos de bienhechores y de ciudadanía. Farnabazo, después de tomar estas medidas, inmediatamente acudió en ayuda de Calcedonia.

[27] Por este tiempo se comunicó a los estrategos siracusanos desde su patria que quedaban desterrados por el partido democrático. Convocaron, pues, a sus soldados y Hermócrates 18 , hablando en su nombre, se lamentaba de su desgracia, porque injustamente, a su juicio, habían sido desterrados ilegalmente todos a la vez 19 . Les exhortaba a ser celosos en adelante como antes y dóciles ante cualquier mandato. Ellos les ordenaban también elegir jefes, hasta que llegaran los elegidos en [28] su lugar. Pero éstos, sobre todo los trierarcos, los soldados de cubierta 20 y los pilotos, exigían a gritos que siguieran en el mando.

Ellos decían que no debían sublevarse contra su propia ciudad. Mas por si alguien les reprochaba algo, declararon que debían defenderse «recordando en cuántos combates navales vosotros mismos habéis vencido y cuántas naves habéis cogido solos y en cuántos con otros aliados habéis sido invencibles bajo nuestra dirección, manteniendo el puesto mejor gracias a la vez a nuestro mérito y a vuestro celo, manifestado tanto en [29] tierra como en mar». Mas nadie les acusó de nada y permanecieron en sus puestos como exigían hasta que llegaron para reemplazarlos los estrategos Demarco, hijo de Epícides, Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo de Gnosias. La mayoría de los trierarcos juraron traerlos de nuevo a su patria cuando llegaran a Siracusa, y elogiándoles colectivamente los enviaron a donde querían. Y particularmente los que trataron a [30] Hermócrates añoraban su preocupación, celo y camaradería; pues cada día por la mañana y por la tarde reunía ante su tienda a los más discretos de aquellos que conocía, tanto trierarcos como pilotos y soldados de cubierta, y trataba en común lo que iba a decir o realizar y los formaba también al ordenarles exponer unos temas de improviso, otros después de reflexionar. Por [31] eso Hermócrates gozaba de una grande y general estimación en la asamblea general, pues daba la impresión de hablar y proponer lo más adecuado. Como había acusado a Tisafernes en Lacedemonia, testificando también Astíoco 21 , y había probado los hechos que decía, cuando llegó Hermócrates ante Farnabazo recibió dinero antes de pedirlo y empezó a preparar mercenarios y trirremes para el regreso a Siracusa. Mientras tanto llegaron a Mileto los sustitutos siracusanos y tomaron el mando de las naves y las tropas.

Rebelión en Tasos

Por esta época se produjo en Tasos [32] una sublevación y fueron expulsados los partidarios de Laconia y también el harmoste 22 laconio Eteónico. Como había sido acusado de llevar a cabo esta sublevación con Tisafernes, el laconio Pasípidas fue desterrado de Esparta. Al frente de la flota que aquél había reunido de entre los aliados fue enviado Cratesípidas y tomó el mando en Quíos.

Agis en Decelia

Por este tiempo, cuando estaba Trasilo en Atenas 23 , Agis 24 , mientras hacía una expedición para aprovisionarse de forraje desde Decelia, llegó hasta las mismas murallas atenienses. Trasilo sacó a los atenienses y a todos los demás que estaban en la ciudad y los formó en orden de batalla frente al [34] Liceo 25 para luchar si avanzaban. Al ver esto Agis se retiró rápidamente y unos pocos de su retaguardia fueron muertos por las tropas ligeras. Así, por este hecho, los atenienses estaban mejor dispuestos con Trasilo respecto a lo que había solicitado y votaron que hiciera una leva de mil hoplitas, cien jinetes y cincuenta [35] trirremes. Agis, que desde Decelia veía enfilar numerosas embarcaciones de trigo hacia el Pireo, decía que de nada servía que sus tropas bloqueasen a los atenienses por tierra si no se tenían también las zonas de donde venía regularmente el trigo por mar, y que lo más adecuado era enviar a Clearco, hijo de Ranfias, a Calcedón y Bizancio, puesto que era próxeno 26 de los [36] bizantinos. Aprobada esta moción, se equipó por los megarenses y los demás aliados quince naves pesadas de transporte de soldados y zarpó. Tres naves fueron destruidas allá en el Helesponto por las nueve naves áticas que vigilaban constantemente los barcos en esa zona; el resto huyó a Sesto 27 y desde allí se pusieron a salvo en Bizancio.

[Y finalizaba el año en que los cartagineses hicieron [37] una expedición a Sicilia con un ejército de cien mil hombres mandados por Aníbal, y se apoderaron de dos ciudades griegas, Selinunte e Hímera, en tres meses] 28 .

Trasilo en Asia Menor

Al año siguiente [que fue el de la [2 ] nonagésima tercera olimpíada, en la cual se había añadido la carrera de un tronco de caballos y venció el del eleo Evágoras, y en el estadio 29 el cireneo Eúbatas, siendo Evarquipo éforo en Esparta y Euctemón arconte en Atenas], los atenienses fortificaron Tórico 30 y Trasilo tomó el mando de las naves concedidas por votación, se aseguró cinco mil peltastas de los marineros, pues pensaba emplearlos también como tales, y partió para Samos al comenzar el verano. Después [2] de permanecer allí tres días zarpó para Pígela. Y entonces saqueaba la comarca y atacaba la muralla. Desde Mileto vinieron algunos en ayuda de los pigeleos y persiguieron a las tropas ligeras atenienses que estaban dispersas. Pero los peltastas y dos compañías [3] de hoplitas acudieron en ayuda de sus tropas ligeras, mataron a todos los de Mileto salvo a unos pocos, cogieron unos doscientos escudos y erigieron un trofeo 31 . [4] Al día siguiente zarparon para Notio y desde allí, una vez equipados, se pusieron en camino hacia Colofón. Y los colofonios cedieron. A la noche siguiente penetraron en Lidia, cuando el trigo estaba en sazón 32 , incendiaron muchas aldeas y se apoderaron de dinero, esclavos y de otras muchas cosas en abundancia como [5] botín. El persa Estages 33 , que estaba en esa región, como los atenienses se habían dispersado lejos del campamento para coger individualmente botín, apresó sólo a uno y mató a otros siete, ya que acudió la caballería. [6] Trasilo después de esto retiró el ejército al mar con la intención de zarpar para Éfeso. Cuando Tisafernes se enteró de este plan, reunió un numeroso ejército y envió unos jinetes para ordenar a todos acudir a Éfeso [7] en ayuda de Ártemis. Trasilo zarpó para Éfeso diecisiete días después de la incursión y desembarcó a los hoplitas junto al monte Coreso, pero a la caballería, peltastas, soldados de cubierta y a todos los demás, junto al pantano, en el otro lado de la ciudad; y al amanecer [8] acercaba a la ciudad a los dos grupos. Los de la ciudad salieron al encuentro, efesios y aliados, los que trajo Tisafernes y los siracusanos de las veinte naves primeras 34 y los de las otras cinco que se presentaron entonces casualmente, que acababan de llegar a las órdenes de los estrategos Eucles, hijo de Hipón, y Heraelides, hijo de Aristógenes, y dos naves selinusias. Todos [9] estos atacaron primero a los hoplitas del monte Coreso. Los hicieron retroceder, mataron a un centenar de ellos, los persiguieron hasta el mar y luego se volvieron contra los del pantano. Los atenienses también allí huyeron y perecieron unos trescientos de ellos. Los efesios erigieron un trofeo ahí y otro junto al monte [10] Coreso. Dieron premios colectivos al valor a los siracusanos y selinusios, que fueron los mejores, y numerosos individuales y exención perpetua de impuestos a quienes desearan residir en Éfeso. A los selinusios les otorgaron también el derecho de ciudadanía, porque su ciudad había sido destruida 35 . Los atenienses después [11] de recoger los cadáveres bajo tregua regresaron a Notio, allí los enterraron y marcharon directamente a Lesbos y al Helesponto. Cuando estaban anclados en [12] Metimna de Lesbos vieron pasar delante a las veinticinco naves siracusanas de Éfeso; se dirigieron contra ellas y apresaron cuatro con la tripulación incluso y persiguieron a las otras hasta Éfeso. Trasilo envió a [13] Atenas a todos los demás prisioneros, pero lapidó al ateniense Alcibíades 36 , primo y compañero de destierro del estratego Alcibíades. Desde aquí zarpó para Sesto junto al resto de la flota y desde allí toda la flota cruzó a Lámpsaco.

Y vino el invierno en el que los prisioneros siracusanos [14] encerrados en las canteras del Pireo, horadaron la roca y escaparon de noche marchando unos a Decelia y otros a Mégara. Al intentar Alcibíades reunir todo el [15] ejército en Lámpsaco los soldados del primero no querían formar con los de Trasilo, porque ellos no habían sido vencidos y aquellos llegaban derrotados. Allí, al fin, pasaron todos el invierno fortificando Lámpsaco. [16] También atacaron Abido. Farnabazo acudió con numerosa caballería, y, derrotado en un combate, huyó. Pero Alcibíades le persiguió con la caballería y ciento veinte hoplitas, a los que mandaba Menandro, hasta que la [17] oscuridad se lo impidió. Después de esta batalla se avinieron los soldados entre sí y fraternizaban con los de Trasilo. Realizaron otras salidas al continente en invierno y saquearon el territorio del rey.

Operaciones en Pilos y Traquis

[18] En la misma época los lacedemonios dejaron retirarse bajo tregua a los hilotas 37 que desde el cabo Malea habían pasado a Corifasio 38 . También por la misma época en Heraclea de Traquis los aqueos traicionaron a los colonos, enfrentándose todos a los eteos, que eran sus enemigos, de modo que perecieron unos setecientos de ellos con el harmoste lacedemonio Labotas.

[19] [Y terminó este año 39 , en el que los medos se separaron de Darío, el rey de los persas, y de nuevo se unieron a él.]

Los atenienses sitian Calcedón

[3 ] Al año siguiente el templo de Atenea en Focea se incendió por la caída de un rayo. Cuando el invierno terminaba [era éforo Pantacles, arconte Antígenes, al comenzar la primavera, pasados veintidós años de la guerra], los atenienses partieron para [2] Proconeso con toda la flota. Desde allí zarparon para Calcedón y Bizancio y acamparon cerca de Calcedón. Los calcedonios, al ver a los atenienses acercarse, entregaron todo lo que podía ser objeto de botín a los tracios bitinios, que eran sus vecinos. Alcibíades con [3] unos pocos hoplitas y la caballería, después de ordenar que las naves costeasen, entró en el territorio de los bitinios y exigió los bienes de los calcedonios. En caso contrario, dijo, lucharía contra ellos. Éstos se lo entregaron. Alcibíades, cuando llegó al campamento con [4] el botín después de hacer un pacto con toda la flota, bloqueó Calcedonia de mar a mar y la parte del río que pudo con una empalizada. Entonces el harmoste [5] lacedemonio Hipócrates sacó de la ciudad a los soldados para luchar. Los atenienses formaron enfrente de él. Farnabazo acudió por la parte exterior del cerco con las tropas y numerosa caballería. Hipócrates y Trasilo [6] lucharon, pues, hasta que acudió Alcibíades con algunos hoplitas y la caballería. E Hipócrates murió y sus tropas huyeron a la ciudad. A la vez Farnabazo, [7] como no podía unirse a Hipócrates por la estrechez del paso, pues el río y las fortificaciones estaban contiguos, se retiró al Heracleo de los calcedonios, donde tenía su campamento. Después de esto Alcibíades marchó [8] al Helesponto y al Quersoneso para conseguir dinero. Los demás estrategos llegaron a un convenio con Farnabazo sobre Calcedón: Farnabazo daría veinte talentos a los atenienses y llevaría sus embajadores ante el rey. Además juraron y tomaron juramento de Farnabazo: [9] pagarían los calcedonios a los atenienses el tributo acostumbrado y abonarían lo adeudado 40 ; los atenienses, a su vez, no combatirían con los calcedonios mientras no llegaran los embajadores enviados al rey. Alcibíades no se hallaba presente en los juramentos, [10] pues estaba en Selimbria. Después de tomarla vino a Bizancio con los quersonesitas en masa, soldados de [11] Tracia y más de trescientos jinetes. Farnabazo, como creía necesario que también aquél prestase juramento, esperaba en Calcedón hasta que viniera de Bizancio. Pero cuando llegó, declaró que no prestaría juramento [12] si no juraba ante él el otro. Al fin juró el uno en Crisópolis ante los enviados por Farnabazo, Mitrobates y Arnapes, el otro en Calcedón ante Euriptólemo y Diotimo en nombre de Alcibíades, el juramento público y [13] además hicieron individualmente un pacto mutuo. Pues Farnabazo marchó en seguida y ordenó a los embajadores que iban ante el rey presentarse en Cícico. Fueron enviados los atenienses Doroteo, Filocides, Teógenes, Euriptólemo y Mantíteo 41 y con éstos los argivos Cleóstrato y Pirróloco. Iban también embajadores lacedemonios, Pasípidas 42 entre otros, y con éstos Hermócrates, ahora desterrado de Siracusa, y su hermano Próxeno.

Toma de Bizancio

[14] Farnabazo los llevaba. Mientras, los atenienses sitiaban Bizancio rodeándola de fortificaciones y hacían disparos a distancia contra las murallas y ataques [15] directos. En Bizancio estaba Clearco, harmoste lacedemonio, y con él algunos periecos y no muchos neodamodes 43 y megarenses con su jefe Helixo de Mégara y beocios con su jefe Cerátadas 44 . [16] Los atenienses, como no podían conseguir nada por la fuerza, persuadieron a algunos bizantinos a entregar la ciudad. El harmoste Clearco, confiado en que [17] nadie haría esto, después de disponer todo lo mejor que pudo y encargar los asuntos de la ciudad a Cerátadas y Helixo, pasó al otro lado ante Famabazo, para recibir de él la paga de los soldados y reunir naves, tanto las que habían sido dejadas por Pasípidas en diversos lugares del Helesponto de vigilancia como las que tenía en Tracia Agesándridas 45 , lugarteniente de Míndaro, y para construir otras en Antandro, pues reunidas todas y dañando a los aliados de los atenienses podrían arrancar el ejército de Bizancio. Después que marchó Clearco, [18] los bizantinos que tramaban entregar la ciudad, Cidón, Aristón, Anaxícrates, Licurgo, Anaxilao —éste, [19] acusado más tarde en Lacedemonia por la traición, se libró de la pena de muerte alegando que no quería traicionar la ciudad, sino salvarla, al ver a los niños y mujeres perecer de hambre, pues era bizantino y no lacedemonio; porque Clearco daba el trigo que había dentro a los soldados lacedemonios. Declaró que por esto, en efecto, dejó entrar a los enemigos y no por dinero ni por odio a los lacedemonios—. Cuando quedó [20] preparado por ellos 46 , abrieron de noche las puertas que dan al lugar llamado Tracio 47 e introdujeron al ejército con Alcibíades. Helixo y Cerátadas, que no sabían [21] nada de esto, acudieron con todos los hombres al ágora; pero como los enemigos dominaban en todos los puntos y no podían hacer nada, se entregaron. Éstos [22] fueron enviados a Atenas, y Cerátadas huyó sin ser advertido entre la multitud de los que desembarcaron en el Pireo y se puso a salvo en Decelia.

Llegada de Ciro y retención de los embajadores atenienses

[4] Farnabazo y los embajadores oyeron lo ocurrido en Bizancio durante el invierno cuando estaban en Gordio de [2] Frigia. Al comenzar la primavera, cuando caminaban para ver al rey, les salieron al encuentro los embajadores lacedemonios que regresaban, Beocio y sus acompañantes y otros mensajeros, y decían que los lacedemonios habían conseguido [3] del rey todo lo que pedían, y también Ciro 48 , que iba para ponerse al frente de todos los pueblos de la costa y luchar con los lacedemonios, traía una carta con sello real para todos los pueblos de la costa, en la que había escrito entre otras cosas lo siguiente: «Envío a Ciro como Káranos de los que se reúnen en Castolo» (Káranos [4] quiere decir «señor»). Los embajadores atenienses al oír esto y después que vieron a Ciro, querían con [5] insistencia ir ante el rey y si no, volver a su patria. Pero Ciro dijo a Farnabazo que le entregase los embajadores o que no los enviase aún a su patria, pues quería que los atenienses no supieran lo que estaba realizando. [6] Farnabazo mientras tanto retenía a los embajadores, declarando unas veces llevarlos ante el rey, otras devolverlos a su patria, «de modo que nada me reprochéis». [7] Pero al cabo de tres años pidió a Ciro que los soltara, declarando que había jurado llevarlos al mar, ya que no ante el rey. Los enviaron a Ariobarzanes y le ordenaron escoltarlos. Éste los llevó a Cíos de Misia; desde aquí volvieron por mar junto al resto de la flota.

Alcibíades regresa a Atenas

[8] Alcibíades, que quería regresar a su patria con los soldados, zarpó directamente para Samos; y desde allí con veinte naves partió para el golfo Cerámico de Caria. Después de reunir cien [9] talentos, volvió desde allí a Samos. Trasibulo marchó para Tracia con treinta naves y allí sometió, además de otras regiones que se habían pasado a los lacedemonios, también a Tasos, que estaba en muy mala situación por las guerras, revueltas y hambre 49 . Trasilo [10] volvió a Atenas con el resto de la flota. Antes de llegar él, los atenienses eligieron estrategos a Alcibíades que estaba desterrado, y a Trasibulo, que estaba fuera, y a un tercero, Conón, de los que estaban en la ciudad. Alcibíades partió desde Samos con el dinero para Paros [11] con veinte naves; desde allí zarpó directamente para Giteo para recoger información sobre la trirremes —las treinta que sabía que construían allí los lacedemonios— y sobre el regreso a su patria, y de cómo estaba la ciudad con él. Como vio que le era favorable, pues [12] le habían elegido estratego y sus partidarios lo reclamaban personalmente, volvió al Pireo en un día en que la ciudad celebraba las Plinterias, cuando el trono de Atenea estaba velado, lo que algunos auguraban desfavorable para él y la ciudad 50 , ya que ningún ateniense se habría atrevido a emprender ningún trabajo serio en ese día. Mientras él desembarcaba, una multitud del [13] Pireo y de la ciudad se amontonó ante las naves, admirando y deseando ver a Alcibíades; unos decían que era el mejor ciudadano y que alegó únicamente en su defensa que no fue desterrado con justicia, sino por las intrigas de quienes tenían menor poder que él, decían más necedades y gobernaban en propio beneficio personal, pero que él entonces 51 acrecentaba sin cesar el bien común tanto por sus recursos como por los de la ciudad. Quería ser juzgado entonces, inmediatamente, [14] cuando estaba reciente la acusación de haber actuado con irreverencia respecto a los Misterios, pero aplazando los enemigos una decisión justa le privaron de [15] su patria cuando estaba fuera 52 . En este tiempo, esclavizado por la impotencia, se vio obligado a servir a sus peores enemigos, exponiéndose sin cesar al peligro de perecer cada día, y mientras veía a los más íntimos, ciudadanos y parientes y a la ciudad entera fracasar, no sabía cómo ayudarles, impedido por el destierro. [16] Decían que hombres como él no eran adecuados para necesitar revoluciones y cambios políticos, pues del régimen democrático obtenía más poder que los de su generación 53 y no menor que los mayores; y sus enemigos le tenían por el mismo de antes 54 . Pero más tarde, cuando pudieron aniquilar a los mejores y quedarse ellos solos, eran estimados por los ciudadanos por eso mismo, porque no podían tratar con otros mejores. [17] Mas otros decían que era sólo él el causante de los males pasados y que se corría el riesgo de que fuese el guía de males terribles para la ciudad, al ser nombrado.

[18] Alcibíades, anclando junto a la costa, no desembarcó en seguida por temor a los enemigos, mas, puesto en pie sobre la cubierta, miraba si estaban presentes sus [19] partidarios. Cuando vio a Euriptólemo, hijo de Pisianacte, su primo, y a los demás familiares y a los amigos con ellos, entonces desembarcó y subió a la ciudad en medio de hombres dispuestos a no permitir que nadie [20] le tocara. En el consejo y en la asamblea alegó en su defensa que no había cometido irreverencia, al contrario, dijo que había sido víctima de una injusticia y otras declaraciones semejantes, y nadie replicó, pues no lo habría tolerado la asamblea; fue proclamado jefe supremo con plenos poderes, confiados en que era capaz de restablecer el poderío anterior de la ciudad. Y antes los atenienses llevaban los Misterios 55 por mar por causa de la guerra, pero él lo hizo por tierra sacando a todos los soldados.

Campaña contra Andros

Después de esto reclutó un ejército [21] de mil quinientos hoplitas, ciento cincuenta de caballería y cien naves. Al quinto mes del regreso zarpó para Andros, que se había separado de los atenienses, y con él fueron enviados Aristócrates y Adimanto, hijo de Leucolófides, elegidos estrategos para las operaciones de tierra. Alcibíades desembarcó el ejército [22] en Gaureo, en territorio de Andros. Hicieron retroceder y encerrarse en la ciudad a los andrios que habían salido, dieron muerte a algunos, no muchos, y a los laconios que estaban allí. Alcibíades erigió un [23] trofeo, y después de permanecer allí unos días partió para Samos, que utilizaba como base de sus ataques.

Lisandro en Asia Menor

Los lacedemonios no mucho antes de [5 ] esos acontecimientos enviaron a Lisandro como navarco, una vez terminada la navarquía de Cratesípidas. Éste llegó a Rodas, tomó allí unas naves y partió para Cos y Mileto, y desde aquí para Éfeso, y permaneció allí con setenta naves hasta que Ciro llegó a Sardes. Después que llegó, fue a verle con los embajadores de Lacedemonia 56 . Allí entonces criticaban a Tisafernes [2] por lo que había hecho y pedían a Ciro mismo que tomase más interés por la guerra. Ciro dijo que [3] su padre le había ordenado eso y que él mismo no tenía otras intenciones que realizar todo; que había venido con quinientos talentos y que, si éstos no bastaban, emplearía sus propios bienes, además de los que su padre le dio, y si también éstos eran insuficientes, destruiría el trono sobre el que estaba sentado, que era de oro [4] y plata. Ellos le elogiaban por ello y le instaban a fijar un sueldo de una dracma ática diaria por tripulante, explicando que si el sueldo fuera éste, los remeros atenienses dejarían las naves y él gastaría menos dinero. [5] Ciro dijo que ellos tenían razón, pero que no podía hacer más que lo que el rey le ordenó; que había además unos convenios redactados así, dar treinta minas a cada nave al mes 57 , cuantas quieran equipar los [6] lacedemonios. Lisandro se calló entonces; pero después de la cena, cuando Ciro brindó por él y le preguntó qué le agradaría más que hiciese, dijo: «Que añadas un [7] óbolo al sueldo de cada tripulante». Desde ese momento el sueldo fue de cuatro óbolos; antes, de un trióbolo. Además pagó lo que debía y adelantó incluso el sueldo de un mes, de modo que el ejército estaba mucho más [8] dispuesto. Los atenienses estaban desanimados al oír esto, y enviaron a Ciro embajadores a través de Tisafernes. [9] Pero éste no los recibió, aunque Tisafernes insistía y decía —lo mismo que había hecho él persuadido por Alcibíades— que velara de modo que ningún pueblo griego fuera fuerte, sino todos débiles, peleándose entre [10] sí. Lisandró, después que reunió la flota, varó las noventa naves que estaban en Éfeso y se mantuvo inactivo, reparándolas y calafateándolas.

Batalla de Notio

Alcibíades, cuando oyó que Trasibulo, [11] que había llegado del Helesponto, fortificaba Focea, cruzó el mar para ir a su encuentro y dejó en las naves a Antíoco, su comandante, ordenándole que no atacara las naves de Lisandro. Pero Antíoco con [12] otra nave y la suya se dirigió de Notio al puerto de Éfeso y pasó delante de las proas mismas de las naves de Lisandro. Lisandro primero botó unas pocas naves [13] y lo persiguió; pero cuando los atenienses vinieron en ayuda de Antíoco con más naves, formando entonces ya todas sus naves, atacó. Después de esto también los atenienses, botando las restantes trirremes, zarparon de Notio, como pudo cada uno. Luego lucharon algunos [14] en orden, pero los atenienses con las naves dispersas, hasta que huyeron perdiendo quince trirremes. La mayor parte de los hombres escaparon, pero otros fueron cogidos prisioneros. Lisandro, después de recoger las naves y erigir un trofeo en Notio, pasó a Éfeso y los atenienses a Samos. Después de esto Alcibíades vino a [15] Samos y zarpó para el puerto de Éfeso con todas las naves y formó en línea delante de la entrada por si querían luchar. Como Lisandro no salió al encuentro por ser inferior debido a las numerosas naves, volvió a Samos. Los lacedemonios poco después toman Delfinio y Teos.

Malestar contra Alcibíades y elección de nuevos estrategos

En Atenas, después que se anunció [16] la batalla naval, hubo quejas contra Alcibíades, porque creían que por su negligencia y falta de autoridad habían perdido las naves, y eligieron a otros diez estrategos: Conón, Diomedonte, León, Pericles, Erasínides, Aristócrates, Arquéstrato, Protómaco, Trasilo y Aristógenes. Así, pues, Alcibíades, mal visto incluso en [17] el ejército, marchó para el Quersoneso con una sola trirreme, a una fortificación particular. Después de esto, [18] Conón, con las veinte naves que tenía, partió de Andros para Samos al frente de la flota, como habían votado los atenienses. Para sustituir a Conón enviaron a Andros [19] a Fanóstenes, con cuatro naves. Éste se encontró fortuitamente con dos trirremes turias y las apresó con la tripulación; los atenienses encarcelaron a todos los prisioneros, pero a su jefe Dorieo, que era rodio, antiguo desterrado de Atenas y Rodas, condenado a muerte él y sus familiares por votación de los atenienses, y que gozaba del derecho de ciudadanía entre los turios, [20] lo perdonaron y lo soltaron incluso sin rescate. Conón, cuando llegó a Samos y tomó la flota, que estaba desanimada, equipó completamente setenta trirremes en lugar de las primeras, que eran más de cien, y, levando anclas con éstas junto con los demás estrategos, saqueaba [21] la comarca enemiga desembarcando aquí y allá. [Y terminaba el año en el que los cartagineses hicieron una expedición a Sicilia de ciento veinte naves y un ejército de infantería de ciento veinte mil y tomaron Agrigento por hambre, después de ser derrotados en un combate, sitiándola durante siete meses.]

Calicrátidas en Asia Menor

[6] Al año siguiente, en el que se eclipsó la luna al atardecer 58 y se incendió el antiguo templo de Atenea en Atenas [cuando era éforo Pitias, Calias arconte en Atenas], los lacedemonios enviaron al frente de las naves a Calicrátidas, pues ya había [2] expirado el plazo de Lisandro. Cuando iba a entregar las naves Lisandro, decía a Calicrátidas que se las entregaba dueño del mar y victorioso en un combate. Pero éste le invitó a costear Samos por la izquierda, donde estaban las naves atenienses, y entregarle las naves en Mileto; entonces reconocería que dominaba el mar. [3] Como Lisandro se negó a inmiscuirse en asuntos de otro jefe, el mismo Calicrátidas además de las naves que recibió de Lisandro equipó cincuenta de Quíos, Rodas y de otras zonas. Reunió todas éstas, que eran ciento cuarenta y se preparaban para enfrentarse a los enemigos. Observó que era atacado por las maquinaciones [4] de los partidarios de Lisandro, quienes además de prestar sus servicios de mala gana, también difundían en las ciudades que los lacedemonios se engañaban totalmente en el cambiar a los navarcos, ya que eran muchas veces inadecuados y recién metidos en la flota, sin conocer a los soldados como era necesario, pues enviaban a hombres inexpertos del mar y no conocidos en el país y corrían peligro de tener algún disgusto por ello; en consecuencia, Calicrátidas convocó por fin a los lacedemonios allí presentes y les dijo lo siguiente:

«Yo me avengo a permanecer en la patria, y si Lisandro [5] o cualquiera más experto quiere encargarse de la flota, no me opongo en lo que a mi persona respecta. Pero como yo he sido enviado por la ciudad al frente de las naves, no puedo hacer más que lo ordenado lo mejor que pueda. Mas vosotros, a pesar de que yo me considero honrado y la ciudad nuestra es acusada, deliberad lo que os parezca mejor sobre si yo me quedo o vuelvo a la patria para decir lo ocurrido aquí.»

Como ninguno se atrevió a decir nada que no fuera [6] obedecer las órdenes de Esparta y hacer aquello para lo que había venido, fue a ver a Ciro y le pidió la paga de la tripulación. Éste le dijo que esperase dos días. Calicrátidas, molesto por el aplazamiento e irritado [7] por sus frecuentes esperas ante las puertas, decía que los griegos eran muy desgraciados porque adulaban a los bárbaros por dinero y afirmaba, si llegaba con vida a su patria, que haría lo posible por reconciliar a atenienses y lacedemonios, y marchó para Mileto. Desde [8] allí envió unas trirremes a Lacedemonia por dinero, reunió la asamblea de los milesios y dijo lo siguiente:

«A mí me es necesario, milesios, obedecer a las autoridades de Esparta, y yo considero justo que vosotros seáis muy celosos en la guerra porque habéis sufrido ya males numerosísimos por habitar entre bárbaros. [9] Vosotros debéis dar ejemplo a los demás aliados, de modo que causemos el mayor daño posible a los enemigos en el menor tiempo, mientras llegan los de Lacedemonia, [10] que yo envié para traer dinero, pues el que había aquí, Lisandro se lo devolvió a Ciro al marchar, como si sobrara. Ciro, cuando yo fui a verle, me aplazaba constantemente la entrevista, y yo no pude convencerme a mí mismo a ir continuamente a sus puertas. [11] Prometo daros una remuneración justa por los servicios que nos prestéis mientras esperamos aquel dinero. Mas, con los dioses, mostraremos a los bárbaros que sin hacerles reverencias podemos castigar a los enemigos.»

Operaciones en Lesbos

[12] Después de hablar así, muchos se levantaron, y, sobre todo los acusados de enfrentársele, llenos de temor, proponían medios para conseguir dinero y ellos mismos se comprometieron personalmente. Él lo tomó y se procuró de Quíos como provisión cinco dracmas para cada tripulante y zarpó [13] para Metimna de Lesbos, que era enemiga. Como los metimneos no querían acogerlos, al contrario había guarniciones atenienses y los que tenían el poder eran partidarios de Atenas, atacó y tomó la ciudad por la fuerza. [14] Los soldados arrebataron todos los bienes, pero Calicrátidas reunió todos los esclavos en el ágora y aunque los aliados exigían que vendiese incluso a los metimneos se negó a esclavizar a un solo heleno, mientras [15] él fuese el jefe, en lo que de él dependía. Mas al día siguiente soltó a los hombres libres; pero a los miembros de la guarnición ateniense y a los prisioneros que eran esclavos a todos los vendió. Y mandó decir a Conón que le haría desistir de «cometer adulterio con el mar» 59 . Y al verle zarpar al amanecer le perseguía para cortarle el paso a Samos, de modo que no pudiese huir hacia allí. Pero Conón huía con las naves a buena velocidad [16] porque había reunido los mejores remeros de muchas tripulaciones en unas pocas 60 y se refugiaba en Mitilene de Lesbos y con él León y Erasínides, dos de los diez estrategos. Pero Calicrátidas entró a la vez en el puerto, persiguiendo con ciento <cuarenta naves> a setenta 61 . Conón, como fue impedido de antemano por [17] los ciudadanos, se vio forzado a combatir ante el puerto y perdió treinta naves, pero los hombres huyeron a tierra; y arrastró las restantes naves —que eran cuarenta— hasta la muralla. Calicrátidas ancló en el puerto [18] entonces y le sitiaba dominando la salida. Hizo venir también por tierra a los metimneos en masa y transportó el ejército de Quíos; le llegó también dinero de Ciro. Conón, como estaba sitiado por tierra y mar y no [19] tenía medio de proveerse de víveres, ya que los hombres de la ciudad eran muchos y los atenienses no acudían en ayuda por no estar informados de estos hechos, arrastró al mar las dos naves más rápidas y las equipó antes de amanecer escogiendo los mejores remeros de todas las naves, colocando a los soldados en la bodega y echando las telas protectoras 62 . Durante el [20] día se mantenían así preparados, pero al atardecer, cuando estaba oscuro, los hacía desembarcar para que al realizar estas maniobras no fueran vistos por los enemigos. Pero al quinto día cargaron víveres suficientes y cuando ya era mediodía y los que bloqueaban estaban descuidados e incluso algunos descansaban, salieron del puerto y una enfiló hacia el Helesponto y la [21] otra hacia alta mar. Los que bloqueaban acudían desordenados cortando las áncoras y apresurándose como cada uno podía, pues se hallaban en tierra comiendo; embarcaron y perseguían a la que se lanzó hacia alta mar, y al ponerse el sol la atraparon, se apoderaron de ella luchando, la pusieron a remolque y la llevaron al [22] campamento con la tripulación. Pero la que huyó hacia el Helesponto burló las naves, llegó a Atenas y anunció el asedio. Diomedonte que venía en socorro de Conón, que estaba sitiado con doce naves, ancló en el canal de [23] los mitileneos. Calicrátidas le atacó de improviso y tomó diez naves, pero Diomedonte huyó con la suya y otra.

[24] Los atenienses, cuando oyeron lo ocurrido y el asedio, aprobaron por votación enviar una ayuda de ciento diez naves, embarcando a todos los de edad adecuada, esclavos y libres; equiparon las ciento diez naves en treinta días y partieron. Embarcaron también muchos [25] de la clase de los caballeros 63 . Después de esto se dirigieron a Samos y de allí tomaron diez naves samias. Reunieron también más de treinta de los demás aliados, obligando a todos a embarcar, incluso a los que tenían alguna nave fuera, con los atenienses; y eran en total más de ciento cincuenta.

Batalla de las islas Arginusas

Calicrátidas, cuando oyó que la expedición [26] de socorro estaba ya en Samos, dejó allí cincuenta naves y a Eteónico como jefe, zarpó con las ciento veinte y llegó a la hora de la cena al cabo Malea de Lesbos [enfrente de Mitilene]. En el mismo [27] día casualmente estaban a la hora de la cena los atenienses en las islas Arginusas. Éstas están [enfrente de Lesbos sobre el cabo Malea] enfrente de Mitilene. Al [28] ver de noche los fuegos y comunicarles algunos que eran los atenienses, intentó zarpar a media noche para caer de improviso; pero una lluvia intensa y los truenos que sobrevinieron impidieron la salida. Cuando cesó, marchaba al amanecer sobre las islas Arginusas. Los atenienses [29] salieron a su encuentro hacia alta mar por su izquierda y formados de la siguiente manera: Aristócrates en el ala izquierda mandaba quince naves, después de éste Diomedonte con otras quince; Pericles estaba formado detrás de Aristócrates y Erasínides detrás de Diomedonte; al lado de Diomedonte, los samios con diez naves, formados en una sola fila; era su estratego el samio [de nombre] Hipeo; a continuación las diez de los taxiarcos 64 , también en una sola fila; detrás de éstas las tres de los navarcos y algunas 65 aliadas más. Protómaco tenía el ala derecha con quince naves; junto [30] a él Trasilo con otras quince; detrás de Protómaco, Lisias con igual número de naves; detrás de Trasilo, Aristógenes. Formaron así para no permitir rupturas [31] de líneas, pues eran más lentas. Las de los lacedemonios estaban todas formadas enfrente, en una sola línea, dispuestas para la ruptura de las filas enemigas y [32] el cerco 66 , porque eran más rápidas. Calicrátidas tenía el ala derecha. El megarense Hermón, piloto de Calicrátidas, le dijo que estaría bien retirarse, pues las trirremes atenienses eran mucho más numerosas. Calicrátidas le respondió que, si él moría. Esparta no sería en absoluto peor administrada, y es vergonzoso huir, afirmó. [33] Después de esto lucharon mucho tiempo, primero reunidas, luego dispersas. Pero cuando Calicrátidas cayó al mar y desapareció al atacar su nave, y Protómaco y sus hombres en el ala derecha vencieron a la izquierda enemiga, entonces se produjo la huida de la mayor parte de los peloponesios a Quíos y algunos a Focea. Los atenienses volvieron de nuevo a las islas Arginusas. [34] Perdieron los atenienses veinticinco naves con su tripulación salvo unos pocos que fueron llevados a tierra; los peloponesios nueve laconias —eran diez en [35] total—, el resto de los aliados, más de sesenta. Los estrategos atenienses decidieron que Terámenes y Trasibulo que eran trierarcos 67 y algunos taxiarcos se dirigieran con cuarenta y siete naves a las que estaban hundiéndose en ayuda de su tripulación y con el resto marchar contra las de Eteónico ancladas en Mitilene. Cuando intentaban hacer esto, el viento y una fuerte tempestad que se produjo se lo impidió. Levantaron un [36] trofeo y se quedaron allí mismo. A Eteónico le informó de todo lo ocurrido en la batalla naval una lancha rápida de servicio. Pero éste la despachó de nuevo ordenando a los que estaban dentro salir en silencio y no hablar con nadie, e inmediatamente volver de nuevo a su campamento coronados y gritando que Calicrátidas había vencido en una batalla naval y que las naves atenienses habían perecido todas.

Hicieron esto y él, cuando aquéllos regresaron, hizo [37] un sacrificio de gracias por la feliz noticia y mandó a los soldados cenar y a los comerciantes colocar en silencio sus mercancías en barcos y marchar para Quíos (pues era el viento favorable) y a las trirremes a la velocidad máxima. Llevó a Metimna el ejército de tierra [38] después de incendiar el campamento. Conón entonces arrastró las naves al mar y, como los enemigos habían huido y el viento era más moderado, salió al encuentro de los atenienses que ya se habían hecho a la mar desde las islas Arginusas y comunicó lo hecho por Eteónico. Los atenienses entraron en Mitilene y desde allí volvieron a zarpar para Quíos y sin hacer nada marcharon de nuevo a Samos.

Proceso en Atenas a los estrategos de las Arginusas

En Atenas destituyeron a estos estrategos [7] salvo a Conón; a más de a éste, eligieron a Adimanto y a un tercero, Filocles. De los estrategos que habían participado en la batalla naval Protómaco y Aristógenes no regresaron a Atenas. Cuando [2] los otros seis volvieron —Pericles, Diomedonte, Lisias, Aristócrates, Trasilo y Erasínides—, Arquedemo, que estaba entonces al frente del partido democrático y encargado de la diobelia 68 , impuso una multa 69 a Erasínides y le acusó ante el tribunal declarando que tenía dinero del Helesponto que era del pueblo. Le acusaba también por su gestión como estratego. Y el tribunal [3] decidió arrestar a Erasínides. Después de esto los estrategos informaron en el Consejo sobre la batalla naval y la violencia de la tempestad. Como Timócrates propuso que se debía arrestar también a los demás y entregarlos [4] a la asamblea, el consejo los arrestó. Luego se celebró la asamblea en la que Terámenes sobre todo y otros acusaban a los estrategos de que era de justicia rendir cuentas porque no recogieron a los náufragos. Como testimonio de que no invocaban nada más mostraba una carta que enviaron los estrategos al Consejo y a la asamblea en la que echaban la culpa únicamente [5] a la tempestad. A continuación cada estratego se defendió brevemente —pues no se les fijó el tiempo de exposición que marca la ley 70 — y exponían los hechos: que ellos marchaban contra los enemigos, que habían ordenado la recogida de los náufragos a hombres competentes de entre los trierarcos y que ya habían sido [6] estrategos, a Terámenes, a Trasilo y a otros tales 71 , y que si era necesario acusar a alguien por la recogida, ellos no podían acusar a nadie más que a estos a quienes fue encomendado. «Y no porque nos acusen a nosotros, afirmaron, vamos a mentir declarando que ellos son los culpables, sino que la violencia de la tempestad [7] fue lo que impidió la recogida.» Como testigos de estos hechos presentaban a los pilotos y a otros muchos compañeros de a bordo. Con tales argumentos empezaban a convencer a la asamblea y, levantándose, querían salir fiadores muchos particulares. Mas se decidió aplazarlo a la siguiente asamblea —pues era ya tarde y no podrían ver las manos en la votación— y que el consejo estudiara previamente una moción sobre el modo de juzgarlos 72 . Más tarde se celebraban la fiesta de las [8] Apaturias 73 en la que los miembros de las fratrías y los parientes se reúnen entre sí. Entonces los partidarios de Terámenes prepararon a hombres con mantos negros y con el pelo cortado a rape, pues había muchos en esta fiesta, para que vinieran a la asamblea como si fueran parientes de los que habían perecido y convencieron a Calíxeno de que acusara a los estrategos en el Consejo. Entonces celebraban la asamblea a la que [9] el consejo propuso su moción, la siguiente, que leyó Calíxeno: «Puesto que han oído a los acusadores de los estrategos y a la defensa de éstos en la asamblea anterior, todos los atenienses han de dar su voto por tribus 74 ; que se coloquen dos urnas por cada tribu; que un heraldo anuncie en cada tribu que, quien considere que los estrategos son culpables al no recoger a los vencedores en la batalla naval, vote en la primera, quien [10] no, en la siguiente; si se declaran culpables, que sean condenados a muerte y entregados a los Once 75 y confiscados sus bienes, y que la décima parte sea para la [11] diosa 76 . Se presentó uno en la asamblea afirmando que se había salvado en un tonel de harina y que le habían encargado los que perecían, si se salvaba, que anunciara al pueblo que los estrategos no recogieron a los que [12] habían sido los mejores en defensa de la patria. Euriptólemo 77 , hijo de Pisianacte, y algunos más demandaron a Calíxeno, alegando que había redactado propuestas ilegales 78 . Algunos de la asamblea lo aprobaban, pero la multitud gritaba que era monstruoso por uno no dejar [13] a la asamblea hacer lo que quería. A todo ello, como Licisco propuso juzgar también a éstos con el mismo voto que a los estrategos, si no deponían la demanda, y la masa de nuevo prorrumpió en gritos de aprobación, [14] se vieron forzados a retirar las demandas. Algunos prítanos 79 se negaban a proponer la votación ilegal y otra vez subió Calíxeno a la tribuna, y los acusaba de lo mismo. La multitud pedía a gritos citar a juicio a los [15] que se negaban. Los prítanos tuvieron miedo y todos convinieron en proponerla excepto Sócrates, hijo de Sofronisco. Éste se negó a hacer algo que no fuese legal 80 .

Discurso de Euriptólemo

A continuación Euriptólemo subió a [16] la tribuna y dijo lo siguiente en defensa de los estrategos: «Atenienses, en parte subí a esta tribuna para acusar, aunque Pericles es pariente y partidario mío y Diomedonte, amigo; en parte para defenderlos; en parte para aconsejar lo que me parece ser mejor para la ciudad entera. En efecto, los acuso porque [17] disuadieron a sus colegas que querían enviar un escrito al consejo y a vosotros diciendo que ordenaron a Terámenes y a Trasibulo recoger los náufragos con cuarenta y siete trirremes, pero éstos no los recogieron. En consecuencia, ahora tienen una acusación común [18] con aquellos que personalmente obraron mal, y, a cambio de la buena acción de entonces, ahora corren peligro de perecer por ser objeto de las intrigas de aquéllos y algunos más. No ocurrirá, al menos si vosotros [19] me obedecéis y hacéis lo justo y bueno y aquello sobre todo de donde conoceréis la verdad, y no os encontraréis más tarde, cuando cambiéis de manera de pensar, con que habéis errado vosotros mismos en lo más importante ante los dioses y ante vosotros mismos. Os aconsejo, y en ello no es posible que vosotros seáis engañados ni por mí ni por ningún otro, castigar a los culpables, una vez convictos, con la pena que queráis, y todos juntos o uno por uno, mas otorgándoles al menos un día, si no se puede más, para defenderse, de modo que no creáis más en otros que en vosotros mismos. Todos sabéis, atenienses, que el decreto de Canono 81 [20] es muy riguroso, que ordena, si uno comparece en juicio ante el pueblo ateniense, que se defienda separado, y si es reconocido culpable, sea arrojado muerto al Báratro 82 , sus bienes confiscados y la décima [21] parte sea para la diosa. Según este decreto exijo juzgar a los estrategos, y, por Zeus, si vosotros lo decidís, a Pericles el primero, mi allegado —es para mí una vergüenza [22] estimar más a aquél que a la ciudad entera—. Pero si preferís otro, juzgarlos según la siguiente ley, la que hay contra los saqueadores de templos y traidores: si uno traiciona a la ciudad o roba objetos sagrados, sea juzgado ante un tribunal, si fuese condenado, que no sea enterrado en el Ática, y sus bienes [23] sean confiscados. Con el que queráis de estos dos, oh atenienses, sean juzgados los hombres uno por uno, dividiendo el día en tres partes, pues es necesaria una para reuniros vosotros y decidir con el voto con qué procedimiento conviene que ellos sean juzgados, tanto si consideráis que son culpables como si no; y otra [24] para acusarlos; y una tercera para defenderse. Si se hace esto, los culpables conseguirán el máximo castigo, los inocentes serán absueltos por vosotros, oh atenienses, [25] y no perecerán injustamente. Vosotros juzgadlos según la ley, obrando piadosamente y jurando con sinceridad, y no luchéis como aliados de los lacedemonios contra aquellos que les arrebataron setenta naves y los vencieron, condenando a éstos sin juicio, ilegalmente. ¿Y qué estáis temiendo tanto que así os apresuráis? [26] ¿Es que, si juzgáis según la ley, vosotros no podéis condenar a muerte o absolver a quien queráis; mas no sucede lo mismo si juzgáis contra la ley, como Calíxeno persuadió al consejo a proponerlo al pueblo con un [27] solo voto? Mas quizá os arrepentiréis, si condenáis a muerte a uno que no es culpable, y arrepentirse más tarde, recordad que es penoso e inútil entonces, y más aún si os habéis equivocado en cuestiones de vidas humanas. Haríais cosas horribles, si a Aristarco 83 que derrocó [28] primero el régimen democrático y luego entregó Énoe a los tebanos, que eran nuestros enemigos 84 , disteis un día para defenderse como quisiera y le concedisteis otros derechos según la ley, pero a los estrategos que hicieron todo según vuestro plan y que vencieron a los enemigos, los vais a privar de estos mismos derechos. No intentéis, atenienses, hacer nada fuera de las [29] leyes, mas sed dueños de vosotros mismos y guardad éstas por las que principalmente sois muy poderosos. Y volved a los hechos mismos, en los que incluso parece que los estrategos tuvieron errores. Pues cuando volvieron a tierra después de vencer en la batalla naval, Diomedonte propuso a todos hacerse a la mar en columna y recoger los restos y a los náufragos y Erasínides marchar todos juntos a toda velocidad contra los enemigos de Mitilene. Pero Trasilo dijo que podían realizar ambas proposiciones si dejaban allí unas naves y con las otras marchaban contra los enemigos. Y si decidían [30] esto, que cada uno dejara tres naves de su grupo —los estrategos eran ocho— y las diez de los taxiarcos, las diez de los samios y las tres de los navarcos 85 ; todas eran en total cuarenta y siete, cuatro por cada nave siniestrada, que eran doce 86 . De los trierarcos, que [31] se quedaban, eran Trasibulo y Terámenes, el que en la asamblea anterior acusó a los estrategos, y con las demás naves marcharían contra las enemigas. ¿Y qué proyectos no realizaron adecuadamente y bien? En efecto, es justo que rindan cuenta de lo que no hicieron bien ante los enemigos los encargados de éstos y también que sean juzgados los encargados de la recogida, si no realizaron lo que ordenaban los estrategos, ya que no [32] los recogieron. Pero algo importante tengo que decir en favor de ambos: que la tempestad impidió hacer algo de lo que los estrategos dispusieron. Son testigos de ello los que se salvaron por sí mismos, entre quienes hay uno de nuestros estrategos que se salvó sobre una nave que se estaba hundiendo, a quien exigen ser juzgado con el mismo voto —aunque él entonces tenía necesidad de salvación— que juzga a los que no ejecutaron [33] las órdenes. No hagáis, pues, oh atenienses, lo mismo que los derrotados e infortunados a cambio de nuestra victoria y buena fortuna, no decidáis obrar desconsideradamente ante hechos fatales de un dios, culpando de traición en lugar de impotencia, ya que no fueron capaces de ejecutar lo ordenado a causa de la tempestad. Mas sería mucho más justo premiar a los vencedores con coronas que condenarlos a muerte por obedecer a hombres perversos.»

Ejecución y arrepentimiento

[34] Después que dijo este discurso Euriptólemo redactó una moción: que los acusados sean juzgados uno a uno por separado conforme al decreto de Canono. Pero la del consejo era juzgar a todos en bloque con un solo voto. Los presentes votaron a mano alzada y aprobaron en un principio la de Euriptólemo. Pero Menecles la declaró ilegal bajo juramento 87 e hicieron una nueva votación a mano alzada y aprobaron la del consejo. Luego condenaron por votación a los estrategos que participaron en la batalla naval, que eran ocho. Fueron ejecutados los seis [35] presentes. No mucho tiempo después se arrepintieron los atenienses y votaron que fueran demandados 88 aquellos que engañaron a la asamblea y que eligieran fiadores hasta que fueran juzgados y que Calíxeno era uno de ellos. Otros cuatro fueron también demandados y encarcelados por sus fiadores. Pero más tarde 89 se produjo una revuelta en la que Cleofonte 90 fue ejecutado y éstos huyeron antes de ser juzgados. Calíxeno regresó cuando los del Pireo 91 entraron en la ciudad y murió de hambre odiado por todos.


1 Muchos autores opinan que Jenofonte se refiere a los últimos acontecimientos (batalla de Cinosema) descritos por Tucídides, cuya obra pretende continuar. Véase para este problema la introducción, pág. 5.

2 Jefe de la flota ateniense. Cf. TUC ., VIII 95.

3 Jefe de la flota lacedemonia. Cf. TUC ., VIII 91, 94 y ss.

4 Jefe de la flota lacedemonia. Cf. TUC ., VIII 35, 84.

5 Hoy Dardanelos.

6 Jefe de la flota lacedemonia en Cinosema. Cf. TUC ., VIII 85, 102 y ss.

7 Viene de Samos, como se ve en TUC ., VIII 108. Aunque estaba desterrado, la tripulación lo eligió estratego.

8 Sátrapa de Dascilio, aliado de los lacedemonios.

9 Se trata del tributo que aportaban las ciudades de la liga ático-délica.

10 Sátrapa de Caria y jefe militar de toda Asia Menor, que desempeñó un importante papel entre los estados griegos y el poder persa. Intentaba debilitar a los griegos enfrentando a Atenas y Esparta.

11 Se refiere al rey de Persia como el rey por excelencia. Darío II (425404) y Artajerjes II (404-359) llenan el periodo de las Helénicas (410-362).

12 Ateniense. Tres años más tarde será embajador ante el rey (I 3, 13).

13 Hoy día Mar Negro.

14 La carta está escrita en dialecto laconio.

15 Lacedemonia es el territorio, y su capital Esparta.

16 Se refiere a las naves de madera, como se las designaba en la carta por metonimia.

17 Jefes de las trirremes o naves de guerra.

18 Jefe del partido oligárquico en Siracusa después de la derrota ateniense del 413, a la cual contribuyó de un modo decisivo. Cf. TUC ., VI-VII. De este destierro también habla Tucídides (VIII 85). Es uno de los personajes de los diálogos platónicos Timeo y Critias y de un tercero que tenía en proyecto. De Tucídides y Platón le viene la fama de estadista más dotado de su época.

19 Debían ser juzgados uno por uno. Cf. I 7, 15, proceso de las Arginusas.

20 Epibátai , soldados armados que luchaban en cubierta como los hoplitas en tierra, sobre todo hasta que las trirremes gozaron de facilidad de maniobra, pues en un principio una batalla naval se parecía a una de tierra pero con lucha en naves. Con el progreso de la táctica naval se fue reduciendo su papel. Entre los lacedemonios epibátes es también un oficial de la flota que manda una escuadra a las órdenes del navarco, I 3, 17, TUC ., VIII 61, 2.

21 Cf. TUC ., VIII 83, 85.

22 Equivalente en términos generales a «gobernador militar».

23 Véase I 1, 8.

24 Rey de Lacedemonia que fortificó Decelia en el Ática durante la expedición de Sicilia. Cf. TUC ., VII y VIII.

25 Liceo, barrio a las afueras de Atenas con un santuario de Apolo Liceo. Lugar de un gimnasio en donde más tarde Aristóteles impartiría sus enseñanzas.

26 Próxenos . «Sujeto que tomaba a su cargo en una ciudad la guarda de los intereses de los ciudadanos de otra, especie de cónsul». Esta definición, del diccionario griego de Pabón-Echauri, creo que da una idea bastante exacta de la función del próxenos , que tenía otras tareas parecidas a las de un cónsul moderno.

27 Quizás hay un error de transmisión, pues Sesto estaba en poder de Atenas, según I 1, 11.

28 Los datos incluidos en este paréntesis, que ayudan a fijar la cronología, no proceden de Jenofonte, sino de otras manos; son inexactos y no se relacionan del todo entre sí. Los que se refieren a Sicilia, Italia y Cartago están tomados del historiador Timeo, quien los tomó a su vez de Filisto. Jenofonte da el año 410/9, pero en realidad ocurrieron en el 408, según Hatzfeld.

29 Carrera de 185 ms. aproximadamente.

30 En el Ática, para proteger las minas de plata de Laurión. Recuérdese que los lacedemonios están en Decelia.

31 Trópaion: Señal de victoria dedicada a Zeus. Era levantado en el lugar de la victoria, según ciertas convenciones, donde las líneas enemigas habían sido arrolladas; una de las primeras normas era que se reconocía oficialmente la derrota cuando se pedía la entrega de cadáveres bajo un pacto. El trofeo se hacía de material perecedero, generalmente con armas colgadas capturadas al enemigo, con una inscripción en una tabla; en una batalla naval con una nave capturada, que se arrastraba a tierra en las inmediaciones.

32 Esto es, en mayo, comienzos de junio.

33 Lugarteniente de Tisafernes: TUC ., VIII 16.

34 Véase I 1, 18, 25, 26. Cf. TUC ., VIII 26.

35 Selinunte, destruida por Cartago en la primavera del 409.

36 Probablemente Alcibíades de Fego, que había participado en la destrucción de los Hermes y fue desterrado. Es mencionado en el discurso De mysteriis de ANDÓCIDES , I 65.

37 Población predoria que perdió la libertad en la invasión de los dorios y cultivaban sus tierras como esclavos.

38 Nombre lacedemonio de Pilos (Cf. TUC ., IV 3), en poder de los atenienses desde 425 y defendido por mesenios e hilotas hasta este tiempo.

Malea, en la costa laconia frente a la isla de Citera.

39 Año 409/408.

40 Calcedón fue miembro de la liga ático-délica hasta el 411, y como tal pagaba el tributo correspondiente. La cantidad adeudada se cuenta desde esa fecha de separación.

41 Cf. I 1, 10.

42 Véase I 1, 32.

43 Periecos: Ciudadanos libres laconios y mesemos, generalmente descendientes de la población predoria, que no tenían derechos políticos a diferencia de los espartiatas, pero debían servir en el ejército.

Neodamódes: Grupo de hilotas libertos, que sólo en la guerra del Peloponeso y después hasta 370/69 (Cf. VI 5, 24) se emanciparon (TUC ., V 34; VII 58).

44 Cerátadas; Véase Anáb . VII 1, 33 y ss.

45 Véase I 1, 1. Aquí un ayudante del navareo con el titulo de epibátes .

46 Hay aquí un anacoluto o ruptura de la construcción sintáctica.

47 Explanada dentro de la ciudad. Cf. Anáb . VII 24.

48 Cf. Anáb . I 1, 2, y I 9, 7.

49 Véase I 1, 32, y TUC ., VIII 64.

50 Plyntéria: fiesta en la mitad de junio, en la cual la antigua imagen de madera de Atenea Polias, protectora de la ciudad, era llevada al mar y lavada. En ese día se cerraban los templos y era considerado como de mala suerte.

51 En los años anteriores a su destierro, cuando gozaba de influencia en Atenas, antes de salir con la expedición a Sicilia (415).

52 Cf. TUC ., VI 27-29 y 61.

53 Cf. TUC ., V 43 y VI 16.

54 Hay una laguna en el texto.

55 La procesión anual en septiembre desde Atenas a Eleusis.

56 Véase I 4, 2.

57 Una mina = 100 dracmas; 1 dracma = 6 óbolos.

Calculando por término medio 200 los hombres que forman la tripulación, sale cada uno a 3 óbolos o media dracma al día.

58 El 15 de abril del año 406 a. C.

59 Jenofonte cita probablemente un conocido dicho.

60 Véase I 5, 20.

61 Según conjeturas de Hatzfeld, el número está en contradicción con I 6, 3.

62 Una especie de láminas o planchas, probablemente de pieles de cabra, para protegerse de la intemperie y del mar, contra la vista del enemigo y contra el disparo de dardos.

63 Según la división de Solón, los ciudadanos se agrupaban en cuatro clases para las cargas económicas y militares: 1) los pentakosiomédimnoi , que ingresaban al año 500 medimnos al menos; 2) los caballeros, 300 como mínimo; 3) los zeugîtai , 150 como mínimo, y 4) los thêtes , menos de 150 medimnos de ingreso, o sea los jornaleros. Primero sólo servían como remeros los de la última clase, que no podían pagar la armadura pesada del hoplita o mantener un caballo.

64 Jefes de táxeis o contingentes de cada tribu. Puede tratarse de naves con hoplitas para luchar en los islotes si fuera preciso.

65 El término de navarco se aplica con propiedad sólo al jefe de la flota espartana. Aquí aparece aplicado, al parecer, a secciones de la flota.

66 Diekploûn, periploûn: complicadas maniobras de táctica naval. Cf. HERÓD ., VI 12, 15, donde se citan por primera vez, y TUC ., II 83, 84. Por la primera se irrumpe a toda velocidad en las líneas enemigas, y se pretende inutilizar sus naves, principalmente con la ruptura de remos y timones; se rodea al enemigo por detrás de sus líneas y se le ataca por detrás o por los (lancos con los espolones, con la segunda. Cf. HERÓD ., VIII 11, TUC ., II 83.

67 Jefe de una trirreme o nave de guerra. Los más ricos ciudadanos de Atenas debían cargar con los gastos de conservación y manutención de la tripulación. Era una de las leitourgíai o servicios públicos.

68 Fondo de ayuda a los pobres y desamparados por la guerra, o quizás compensación por la asistencia a la asamblea, fijado desde el 410/9. Cf. ARIST ., Constit . aten . 28, 3. Como se ve eran dos óbolos al día.

69 Los magistrados tenían el derecho y el deber de sancionar con una multa un delito contra las leyes o contra la desobediencia a la autoridad, y si se trataba de un delito de mayor castigo podía llevarse el caso ante un jurado.

70 Cf. I 7, 23. En los procesos privados se mide el tiempo, igual para ambas partes, con la clepsidra o reloj de agua o arena.

71 Véase I 6, 35.

72 La asamblea ateniense no podía tratar o decidir nada que antes no hubiera sido estudiado en una sesión del consejo y propuesto (Proboúleuma) en el orden del día de la asamblea. Véase también VII 1, 2.

73 Apaturias: fiestas de las fratrías en las cuales los muchachos, que habían llegado a la edad de efebos, las mujeres recién casadas, los niños recién nacidos y los niños que habían pasado la fiesta de los Coes, eran incluidos en la lista de las fratrías.

Fratrías: hermandades familiares con cultos y normas propios.

74 Clístenes dividió el Ática en diez tribus; cada una comprendía una parte de la ciudad de Atenas, una parte de la costa y una parte del interior. Las unidades políticas menores se llamaban dēmos , en cuyas listas estaban incluidos los ciudadanos libres. Cada tribu tenía por año 50 consejeros que durante una décima parte del año dirigían la administración (prítanos) . Estos 50 de cada tribu formaban el Consejo de los 500. Además cada tribu aportaba una unidad militar (táxis) con su estratego y una sección de caballería.

75 Encargados de los prisioneros condenados y de la ejecución de la sentencia capital.

76 A la pena de muerte iba siempre unida la confiscación de bienes.

77 Sobrino de Alcibíades. Véase I 4, 19.

78 Era ilegal la proposición de Calíxeno, ya que, desestimando el procedimiento normal, al juzgar por tribus, no garantizaba el secreto del voto y sobre todo establecía un solo juicio para todos los acusados.

79 Comisión de la bulé o consejo de 50 miembros —cf. n. 74— de servicio permanente. Se turnaban cada 36 ó 37 días (décima parte del año).

80 Para la postura de Sócrates véase PLATÓN , Ap . 32 b; JEN ., Mem . I 1, 18, y IV 42.

81 Cf. ARISTÓFANES , Asamblea 1089.

82 Cf. TUC ., II 67, 4.

83 Uno de los que establecieron el régimen oligárquico de los Cuatrocientos en 411 a. C. Cf. TUC ., VIII 90; 92; 98.

84 Cf. TUC ., VIII 98, también 90 y 92.

85 Véase I 6, 29.

86 Cf. I 6, 34.

87 La hypomosía , procedimiento por el cual se declara con juramento incoar contra el autor de un decreto o ley una acción de ilegalidad (graphé paránomos) . El autor del decreto o ley era libre de retirar su proposición.

88 Probolé: demanda presentada ante la asamblea alegando una ofensa contra el Estado. Véase nota anterior.

89 En el año 405/4 después de la derrota de Egospótamos.

90 Jefe del partido democrático.

91 Los del partido democrático que acabaron con los Treinta.

II

El libro II refiere los hechos ocurridos entre los años 406 y 401 a. C. Los más sobresalientes son la derrota ateniense de Egospótamos, el bloqueo del Pireo, la rendición de Atenas, el gobierno de los Treinta, la muerte de Terámenes, la toma de File y del Pireo por Trasibulo, la caída de la oligarquía con la entrada en Atenas de los partidarios de la democracia (403).

Eteónico en Quíos

[1 ] Los soldados que estaban en Quíos con Eteónico se alimentaron durante el verano de los frutos de la estación y del suelo, trabajando en el país; mas cuando llegó el invierno, como no tenían alimentos y estaban sin ropa y calzado, empezaron a reunirse y se pusieron de acuerdo para atacar la ciudad de Quíos. Quienes veían bien esto decidieron llevar una astilla de caña para saber entre ellos cuántos [2] eran. Cuando Eteónico se enteró del acuerdo, no sabía cómo tratar la cuestión por la cantidad de los que portaban la caña. Pues el atacarlos de una manera abierta parecía peligroso, por si se lanzaban a las armas y se apoderaban de la ciudad y convertidos en enemigos deterioraban la situación política general si dominaban; y a su vez el hacer perecer a muchos aliados parecía ser horrible, por si daban motivo de calumnia a los demás griegos, y los soldados se hacían reacios a la causa. Al fin tomó consigo a quince hombres provistos de [3] puñales y empezó a pasearse por la ciudad; se encontró con cierto individuo enfermo de la vista que salía de la casa del médico con una caña y le dio muerte. Se [4] produjo cierto alboroto y algunos preguntaban por qué se había matado a aquel hombre; Eteónico mandó anunciar que se había matado a aquel hombre porque tenía una caña. Por ese anuncio todos aquellos que tenían cañas las tiraban porque todo el que lo oía temía ser visto con ella.

Después de este suceso Eteónico convocó a los quiotas [5] y les instó a reunir dinero para que los marineros recibiesen su sueldo y no cambiasen la situación. Y ellos lo reunieron. Al mismo tiempo dio la señal de subir a las naves; visitó cada nave, una por una, y los animó y elogió mucho, como si no supiera nada de lo ocurrido, y distribuyó a cada uno el sueldo de un mes.

Lisandro al frente de la flota

Más tarde los quiotas y los demás [6] aliados se reunieron en Éfeso y decidieron sobre la situación presente enviar a Lacedemonia embajadores para referir los hechos y reclamar a Lisandro al frente de las naves, pues era bien visto entre los aliados por la anterior navarquía, cuando venció en la batalla naval de Notio. Y fueron enviados embajadores [7] y con ellos unos mensajeros de parte de Ciro para decir lo mismo. Los lacedemonios les concedieron a Lisandro como secretario y a Áraco como navarco, pues no les permitía la ley que una misma persona mandara la flota dos veces, pero de hecho confiaron las naves a Lisandro [habían pasado ya veinticinco años de la guerra 1 ]. También en este año Ciro dio muerte a Autobesaces [8] y a Mitreo, que eran hijos de la hermana de Darío —la hija de Jerjes, el padre de Darío—, porque al venir a su encuentro no metieron sus manos en la kore , lo que se hace sólo ante el rey. (La kore es una prenda mayor que un guante; cuando se tiene la mano [9] en ella, no se puede hacer nada). Por ello Hierámenes 2 y su mujer dijeron a Darío que era horrible dejar pasar la excesiva desmesura de Ciro. Y lo mandó llamar con el pretexto de que estaba enfermo enviándole unos mensajeros 3 .

[10] Al año siguiente [cuando era éforo Arquitas y Alexias arconte en Atenas] Lisandro llegó a Éfeso, mandó venir a Eteónico de Quíos con las naves, y reunió todas las demás que pudiera haber en otros sitios, las reparó [11] y empezó a construir otras en Antandro. Luego vino a ver a Ciro y le pidió dinero. Éste le dijo que el del rey ya estaba gastado e incluso mucho más, mostrándole [12] cuanto tenía cada navarco, pero se lo dio. Lisandro tomó el dinero, puso trierarcos al frente de las trirremes y abonó el sueldo adeudado a la tripulación. También los estrategos atenienses preparaban la flota en Samos.

[13] Ciro entonces llamó a Lisandro, pues llegó un mensajero en nombre de su padre diciendo que le llamaba porque estaba enfermo 4 , cuando estaba en Tamneria de Media cerca de los cadusios, contra quienes hizo una [14] expedición porque se habían separado. Al llegar Lisandro no le permitía luchar contra los atenienses a menos que tuviera muchas naves más, pues el rey y él mismo tenían mucho dinero, de modo que podían equipar muchas por este motivo. Le mostró todos los tributos de las ciudades que le pertenecían personalmente, y le dio el dinero sobrante. Le recordó también la amistad que tenía con el pueblo lacedemonio y con Lisandro particularmente, y luego marchó a ver a su padre.

Después que Ciro le dio todo el dinero de que disponía [15] y marchó a ver a su padre que estaba enfermo y le había llamado, Lisandro repartió el sueldo al ejército, y zarpó de Caria para el golfo Cerámico. Y atacó una ciudad aliada de los atenienses, por nombre Cedreas, y la tomó al segundo día del ataque a la fuerza y esclavizó a sus habitantes. Eran mezcla de helenos y bárbaros. Desde allí partió para Rodas. Los atenienses, [16] teniendo Samos como base, devastaban el territorio del rey y hostigaban Quíos y Éfeso, y se preparaban para el combate. Y eligieron estrategos a Menandro, Tideo y Cefisódoto además de los que tenían ya. Lisandro [17] marchó desde Rodas, costeando la Jonia, al Helesponto para vigilar la salida de los barcos de comercio 5 y atacar las ciudades que se habían separado de ellos. También los atenienses partieron en dirección a Quíos por alta mar, pues Asia les era hostil. Lisandro [18] desde Abido costeó Lámpsaco, que era aliada de los atenienses. Y los abidenos y otros pueblos les acompañaron por tierra. Los conducía el lacedemonio Tórax. Atacaron la ciudad y la tomaron a la fuerza y los soldados [19] la saquearon. Era rica y estaba bien abastecida de vino, trigo y otros recursos. Mas Lisandro soltó a todas las personas libres.

Derrota ateniense en Egospótamos

Los atenienses, que seguían sus pasos, [20] anclaron en Eleunte del Quersoneso con ciento ochenta naves. Allí cuando ya estaban comiendo se les comunicó los sucesos de Lámpsaco y zarparon directamente para Sesto. Desde allí, inmediatamente [21] después de avituallarse, marcharon para Egospótamos enfrente de Lámpsaco.

El Helesponto se extendía en esta zona unos quince [22] estadios. Allí por fin cenaron. Lisandro, a la noche siguiente, al rayar el alba, dio la señal de subir a las naves después de desayunar, tomó todas las disposiciones para un combate extendiendo incluso las protecciones 6 para flechas, advirtió que nadie se moviera [23] de la fila ni se hiciera a la mar. Los atenienses, al salir el sol, formaron en línea delante del puerto para el combate. Pero como Lisandro no salió en contra y era [24] ya muy tarde volvieron de nuevo a Egospótamos. Lisandro ordenó a las naves más rápidas seguir a los atenienses y cuando desembarcaran volver después de observar lo que hacía y comunicárselo. Y no los dejó desembarcar antes de que llegaran estas naves. Hizo esto durante cuatro días y los atenienses a su vez salían [25] al mar a su encuentro. Alcibíades observó desde sus fortificaciones 7 que los atenienses estaban anclados en una playa, lejos de toda ciudad, que iban a buscar las provisiones a Sesto a quince estadios 8 de las naves; en cambio los enemigos estaban en un puerto y junto a una ciudad provistos de todo, y les dijo que no estaban anclados en buen sitio; al contrario, les aconsejaba cambiar este anclaje por el de Sesto, junto a un puerto y una ciudad, «estando allí, afirmó, lucharéis cuando [26] queráis». Mas los estrategos, sobre todo Tideo y Menandro, le mandaron marcharse, pues ellos eran [27] ahora los estrategos y no él. Y éste marchó. Pero Lisandro, al quinto día de la llegada de los atenienses, dijo a los que los seguían por orden suya que cuando los vieran ya desembarcados y dispersos por el Quersoneso —lo que precisamente hacían cada día mucho más, porque compraban lejos los alimentos y no se preocupaban ya de Lisandro porque no se enfrentaba— al volver del otro lado hacia él que levantaran un escudo hacia la mitad del recorrido. Ellos lo hicieron como ordenó. Lisandro inmediatamente dio la señal de [28] partir a la máxima velocidad; le acompañaba también Tórax con el ejército de tierra. Conón, al ver el ataque, dio la señal de acudir a las naves a la carrera. Pero como sus hombres andaban dispersos, unas naves estaban sólo con dos bancos de remeros, otras con uno solo y otras completamente vacías. La de Conón y otras siete equipadas que le acompañaban se hicieron a la mar juntas y también la Páralos 9 , Lisandro apresó en la costa a todas las demás. Cogió en tierra a la mayoría de los tripulantes; algunos huyeron a pequeñas fortificaciones. Conón, cuando huía con las nueve naves, después [29] que se dio cuenta de que la situación de los atenienses estaba perdida, se detuvo en Abárnide, el promontorio de Lámpsaco, y allí se apoderó de las grandes velas de las naves de Lisandro y él partió con ocho naves para Chipre a ver a Evágoras, y la Páralos a Atenas para comunicar lo sucedido. Lisandro llevó a [30] Lámpsaco las naves, los prisioneros y todo lo demás. Apresó entre otros estrategos a Filocles y Adimanto. El día que concluyó esta operación, envió a Teopompo, el corsario milesio, a Lacedemonia para comunicar lo sucedido. Éste llegó al tercer día y lo comunicó. Luego [31] Lisandro reunió a los aliados y pidió que deliberaran sobre los prisioneros. Allí entonces se presentaron muchas acusaciones contra los atenienses; a saber, lo que ya habían hecho en contra de las leyes y lo que habían votado hacer, si vencían en la batalla: cortar la mano derecha de todos los prisioneros; también que apresaron dos trirremes, una corintia y otra andria y arrojaron por la borda a todos sus hombres, y Filocles era el estratego ateniense que hizo perecer a éstos. Le acusaban [32] de muchas más cosas y se decidió condenar a muerte a todos los prisioneros atenienses, excepto a Adimanto, porque sólo él censuró en la asamblea el decreto de cortar las manos; además fue acusado por algunos de intentar entregar las naves. Lisandro, después de preguntar primero a Filocles [el que arrojó a los andrios y corintios] qué merecía sufrir por haber comenzado a violar las leyes establecidas para los griegos, lo decapitó.

Lisandro en el Bósforo

[2 ] Después de arreglar los asuntos de Lámpsaco, partió para Bizancio y Calcedón. Allí lo recibieron despidiendo antes a las guarniciones atenienses bajo tregua. Los que entregaron Bizancio a Alcibíades 10 huyeron entonces al Ponto, más tarde a [2] Atenas y se hicieron ciudadanos atenienses. Lisandro enviaba a Atenas las guarniciones atenienses y a cualquier ateniense que veía donde fuera, y daba salvoconductos únicamente a los que partían por mar para allá y no a otro lado, pues sabía bien que cuantos más se reunieran en la capital y en el Pireo más pronto vendría la falta de víveres. Dejó en Bizancio y Calcedón al harmoste laconio Estenelao y él volvió a Lámpsaco y empezó a reparar las naves.

Consternación en Atenas

[3] En Atenas se anunció de noche la desgracia, cuando llegó la Páralos, y un gemido se extendió desde el Pireo a la capital a través de los Muros Largos, al comunicarlo unos a otros, de modo que nadie se acostó aquella noche, pues no lloraban sólo a los desaparecidos, sino mucho más aún por sí mismos, pensando que iban a sufrir lo que ellos hicieron a los melios, que eran colonos de los lacedemonios, cuando los vencieron en el asedio y a los histieos, a los escioneos, a los toroneos, a los eginetas y a muchos helenos más 11 . Al día siguiente tuvieron una asamblea [4] en la que se decidió cerrar los puertos, salvo uno, reparar las murallas, poner en ellas centinelas y todo lo demás para preparar la ciudad para el asedio.

Preparativos para el bloqueo

Y éstos se ocupaban de ello. Lisandro [5] desde el Helesponto llegó a Lesbos con doscientas naves y se atrajo a Mitilene y las demás ciudades de la isla. Envió a Eteónico con diez trirremes a las regiones de Tracia, el cual pasó a todas las de allí a los lacedemonios. También el resto de la Hélade se [6] había separado de los atenienses inmediatamente después de la batalla naval salvo los samios. Éstos degollaron a los ilustres 12 y dominaban la ciudad. Luego [7] Lisandro envió un despacho a Agis, a Decelia, y a Lacedemonia comunicando que estaba en camino con doscientas naves. Los lacedemonios salieron en masa y el resto de los peloponesios, salvo los argivos, después que dio la orden Pausanias el otro rey lacedemonio. Después [8] que se reunieron todos, tomó el mando y acampó junto a la ciudad, en la Academia [el nombre de un gimnasio]. Lisandro, cuando llegó a Egina, devolvió [9] la ciudad a los eginetas, después de reunir el mayor número de ellos que pudo, lo mismo que a los melios y a otros que estaban privados de sus ciudades. Luego, después de saquear Salamina, ancló cerca del Pireo con ciento cincuenta naves e impedía la entrada a los barcos de carga.

Negociaciones y rendición de Atenas

[10] Los atenienses sitiados por tierra y por mar no sabían qué hacer, pues no tenían naves, aliados ni alimentos; pensaban que no había salvación ninguna, salvo sufrir lo que ellos hicieron, no por vengarse, pues habían maltratado a hombres de pequeñas ciudades por insolencia y no por otra causa [11] más que porque eran aliados de los lacedemonios. Por estos motivos devolvieron los derechos políticos a los privados de ellos, y resistían sin iniciar conversaciones sobre la reconciliación aunque muchos morían de hambre en la ciudad. Pero cuando el trigo faltó totalmente, enviaron embajadores a Agis declarando que querían ser aliados de los lacedemonios si conservaban las murallas y el Pireo, y concluir un tratado con estas condiciones. [12] Éste los mandó ir a Lacedemonia, pues él no tenía poderes. Cuando los embajadores comunicaron esto a los atenienses, los despacharon a Lacedemonia. [13] Cuando estaban en Selasia cerca de Laconia y los éforos se informaron por ellos de lo que proponían, que era lo mismo que propusieron a Agis, les mandaron marchar desde allí mismo y volver después de tomar una decisión mejor si verdaderamente pedían la paz. [14] Después que llegaron los embajadores a su patria y lo anunciaron a la ciudad, el desánimo se apoderó de todos, pues creían que serían esclavizados y que muchos perecerían de hambre mientras enviaban otros embajadores. [15] Sobre el derribo de las murallas nadie quería presentar una moción, pues Arquéstrato, que había dicho en el consejo que era mejor hacer la paz con los lacedemonios en los términos que proponían, fue detenido —proponía derribar los Muros Largos en diez estadios de cada lado— y salió un decreto que no permitía [16] presentar mociones sobre ellos. Cuando así estaban las cosas, Terámenes dijo en la asamblea que, si querían enviarle ante Lisandro, volvería sabiendo bien si los lacedemonios persistían en la cuestión de los muros porque querían esclavizar la ciudad o por motivos de lealtad. Fue enviado y pasó más de tres meses con Lisandro, acechando el momento en que los atenienses iban a aprobar lo que se propusiera por carecer de trigo por completo. Después que regresó, al cuarto mes, [17] notificó a la asamblea que Lisandro le había retenido hasta este momento y luego le mandó ir a Lacedemonia, pues no tenía él poderes sobre las cuestiones que le preguntaban, sino los éforos. Luego fue elegido embajador con otros diez con plenos poderes ante Lacedemonia. Pero Lisandro envió a Aristóteles, un ateniense [18] desterrado, con algunos lacedemonios a los éforos para comunicarles que había contestado a Terámenes que únicamente ellos tenían plenos poderes sobre la paz y la guerra. Terámenes y los demás embajadores, cuando [19] estuvieron en Selasia, fueron interrogados acerca de las propuestas con que venían y dijeron que con plenos poderes para tratar de la paz, y luego los éforos los mandaron llamar. Cuando llegaron, reunieron la asamblea, en la que los corintios y los tebanos sobre todo y muchos helenos más proponían no pactar con los atenienses, sino arrasarlos. Pero los lacedemonios se negaron [20] a esclavizar una ciudad helena que había hecho gran bien en los mayores peligros ocurridos a la Hélade, mas harían la paz con tal que derribasen los Muros Largos y el Pireo, entregasen las naves excepto doce, admitiesen a los desterrados y tuvieran los mismos amigos y enemigos y, en consecuencia, siguieran a los lacedemonios por tierra y por mar adonde los Ilevasen. Terámenes y sus acompañantes llevaron estas proposiciones [21] a Atenas. Un gentío numerosísimo los rodeó al entrar, pues temían que volvieran sin conseguir nada; en efecto, no podían aguantar ya más por la multitud de los que perecían de hambre. Al día siguiente los embajadores [22] comunicaron en qué condiciones los lacedemonios harían la paz; Terámenes habló por ellos y dijo que era necesario obedecer a los lacedemonios y derribar los muros. Se opusieron algunos, pero muchos más convinieron [23] y se aprobó aceptar la paz 13 . Después de esto Lisandro entró en el Pireo y regresaron los desterrados y derribaron los muros al son de las flautas con gran celo, pues creían que aquel día comenzaba la libertad [24] para la Hélade. [Y terminaba el año a mediados del cual el siracusano Dionisio, hijo de Hermócrates, se convirtió en tirano. Antes habían sido derrotados los cartagineses por los siracusanos, aunque tomaron por hambre Acragante, después de abandonar la ciudad los helenos y siciliotas].

Elección de los Treinta

[3 ] Al año siguiente [que hubo olimpíada, en la que venció en el estadio el tesalio Crocinas, era éforo en Esparta Endio, Pitodoro arconte en Atenas, cuyo nombre los atenienses no mencionan porque fue elegido durante la oligarquía, y lo llaman el año sin arconte. Ocurrió esta oligarquía de la [2] siguiente manera]: el pueblo decidió elegir a treinta personas que compilaran las leyes tradicionales conforme a las cuales se gobernarían. Y fueron elegidos los siguientes: Polícares, Critias, Melobio, Hipóloco, Euclides, Hierón, Mnesíloco, Cremón, Terámenes, Aresias, Diocles, Fedrias, Queréleo, Anecio, Pisón, Sófocles, Eratóstenes, Caricles, Onomacles, Teognis, Esquines, Teógenes, Cleómedes, Erasístrato, Fidón, Dracóntides, Éumates, Aristóteles, Hipómaco, Mnesitides.

Toma de Samos y regreso de Lisandro

Hecho esto] 14 Lisandro partió para [3] Samos y Agis retiró al ejército de tierra de Decelia y licenció a cada uno por ciudades.

Por esta fecha, durante un eclipse [4] de sol 15 , Licofrón de Feras intentó mandar sobre Tesalia entera, venció en una batalla a los tesalios que se le oponían, lariseos y otros, y dio muerte a muchos.

[En la misma época también Dionisio, el tirano de [5] Siracusa, perdió Gela y Camarina, derrotado por los cartagineses. Y poco después los leontinos, que estaban unidos a Siracusa, se separaron de Dionisio y de los siracusanos y volvieron a ser independientes. Inmediatamente la clase de los caballeros siracusanos fueron desterrados a Catania] 16 .

Los samios estaban sitiados por todas partes por Lisandro; [6] al principio no querían pactar, pero cuando Lisandro se disponía a atacarlos pactaron marchar cada hombre libre con un solo manto y entregar el resto; y en estas condiciones salieron. Lisandro entregó la ciudad [7] y cuanto había dentro a los antiguos ciudadanos 17 , estableció diez arcontes para guardarla y despidió luego la flota aliada por ciudades. Con las naves laconias [8] volvió a Lacedemonia, y se llevó los espolones de las naves capturadas, las trirremes del Pireo salvo doce, coronas que recibió de las ciudades como regalos personales, cuatrocientos setenta talentos de plata que sobraron de los tributos que le asignó Ciro para la guerra y todo lo que pudo conseguir en la misma. Entregó [9] todo esto a los lacedemonios al terminar el verano 18 [en el que concluyó la guerra a los veintiocho años y seis meses 19 durante los cuales se pueden enumerar los siguientes éforos: primero Enesias, bajo cuyo mandato comenzó la guerra, en el año décimo quinto de la paz de treinta años 20 después de la toma de Eubea; después [10] de éste los siguientes: Brásidas, Isanor, Sostrátidas, Exarco, Agesístrato, Augénidas, Onomacles, Zeuxipo, Pitias, Plístolas, Clinómaco, Ilarco, León, Quérilas, Patesiadas, Cleóstenes, Licario, Epérato, Onomantio, Alexípidas, Misgolaidas, Isias, Áraco, Evarquipo, Pantacles, Pitias, Arquitas y Endio, en cuyo mandato Lisandro volvió a su patria después de realizar lo que se ha descrito.]

Actuación del gobierno de los Treinta

[11] Los Treinta fueron elegidos tan pronto como se destruyeron los Muros Largos y los del Pireo; pero elegidos para redactar leyes con las que pudieran gobernarse, aplazaban continuamente el redactarlas y promulgarlas, y dispusieron el Consejo [12] y las demás Magistraturas como les parecía. A continuación, en primer lugar a los que todos sabían que vivían en la democracia del oficio de sicofantes 21 y eran molestos a los aristócratas 22 , los detuvieron y los acusaban con la pena de muerte. Y el consejo con gusto los condenó y los demás que tenían conciencia de no [13] ser de tal clase no se preocuparon en absoluto. Pero después comenzaron a tratar cómo podrían servirse de la ciudad a su voluntad y para ello primero enviaron a Lacedemonia a Esquines y Aristóteles y persuadieron a Lisandro a que enviase una guarnición para ayudarles hasta que restablecieran el régimen político desembarazándose de los malos ciudadanos. Y ellos se comprometieron a mantenerla. Persuadido éste les consiguió [14] que se enviase una guarnición con el harmoste Calibio. Ellos, cuando tuvieron la guarnición, empezaron a halagar a Calibio de todos los modos posibles para que aprobara todo lo que hacían y, como éste les enviaba a los soldados de la guarnición que querían, detenían con ellos no sólo a los malos ciudadanos y a los humildes, sino incluso a quienes creían que no soportaban que se les dejase marginados, y que si intentaban hacer algo por su parte, se atraerían el mayor número de simpatizantes.

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