Read the book: «Otras voces escritas»

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© Iván Ruiz Acero, 2015.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2018.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: GEBO502

ISBN: 9788424938154

Composición digital: Newcomlab, S.L.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

PRÓLOGO

HACER DEL TRAUMA UN OBJETO BELLO

HALLAZGO INESPERADO

GUION DE OTRAS VOCES. UNA MIRADA DIFERENTE SOBRE EL AUTISMO

SERENDIPIAS

UNA TOPOLOGÍA INSPIRADA1

EL ESPACIO AUTISTA, ¿CÓMO ENTRAR?

IR MÁS ALLÁ DE CUALQUIER DIAGNÓSTICO

EL YO DE ALBERT

DIAGNÓSTICO Y CAUSA

EN EL LABERINTO DE LA VIDA

LABERINT

ALBERT, O EL SABER HACER CON LA «DECIMOTERCERA HORA»

UN ENCUENTRO POSIBLE

HACERSE UN CUERPO

COMENTARIO DE UNA FRASE

SER ALGUIEN CON VOZ PROPIA

BASURITAS EN EL AIRE

LOS SUEÑOS DE ALBERT

¿POR QUÉ NO?

HABLADME DE VUESTRO HIJO

HELENA

MAHÉ

IGNACIO

LOUIS

MARTÍN

LEER LA PELÍCULA

LA CULPA, ¿LA TRAEN LOS PADRES?

EL AUTISMO NO SE CURA CON EDUCACIÓN

¿QUÉ SIGNIFICA HABLAR?

EL AUTISMO ES UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN UNO POR UNO

EL CUERPO Y EL ESPACIO EN EL AUTISMO1

ALBERT «ACUSTUFLANT»

SUENA BIEN EL MUSEO TINTÍN PINTA BIEN

TINTÍN: LA MEMORIA DE ALBERT

TÍTULOS DE CRÉDITO

NOTAS

PARA SENYA,

ESPERADO LECTOR DE CÓDIGOS DE AMOR CIFRADOS

PRÓLOGO

por

VICENTE PALOMERA

EN MOVIMIENTO

Este libro es fundamentalmente una escritura que fue haciéndose con un cuerpo en movimiento, de un lado a otro, por múltiples ciudades de Europa y América, allí donde se presentaba la película Otras voces. Iván Ruiz y Sílvia Cortés habían realizado, en 2013, un objeto singular, un documental basado en testimonios de autismos.

En la presentación, Iván explica que él quiso «hacer del trauma un objeto bello». Al leerlo, recordé aquel verso de Rilke: «La belleza no es más que ese grado de lo terrible que todavía soportamos» y queriendo asegurarme de recordar bien las palabras del poeta, fui a buscar las Elegías de Duino: «La belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que apenas somos capaces de soportar, lo que solo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos».1 Iván Ruiz hizo de un trauma un objeto bello para soportar lo insoportable.

En 1920, Freud escribió Más allá del principio del placer para explicar por qué repetimos, por qué el síntoma puede producir displacer y retornar siempre. Todo el problema está aquí: Freud señala que repetimos lo que no funciona. Si repitiésemos solo lo que funciona seríamos máquinas felices, máquinas bien adaptadas, que aprenden el mejor comportamiento posible para procurarnos la máxima satisfacción, conformándonos, al mismo tiempo, al querer del Otro y de la sociedad. ¡Un mundo feliz! Pero Freud mostró que las cosas no funcionan así: el inconsciente se hace oír de modo irreductible como fuente de displacer.

En su texto, encontramos la entrañable atención con la que Freud describe el juego de su nieto provisto de un carretel que lanzaba y recogía, mientras pronunciaba dos fonemas de la lengua alemana fort y da. No era para nada un juego divertido. Era, para el niño, un intento de dominar el traumatismo de la separación. Freud observa que la satisfacción más intensa en su nieto se producía cuando el carretel desaparecía, no cuando lo hacía aparecer. En suma, ¡el niño juega y goza con la pérdida del objeto y también con la propia desaparición! Se trataba del hijo de Sophie Freud y se llamaba Ernst, quien se convertiría en psicoanalista en Londres. En una conferencia, en Niza, le preguntaron si recordaba haber jugado con el carretel; respondió que no, aunque sí recordaba muy bien jugar a aparecer y desaparecer ante un espejo. Increíble pero cierto ¡Jugaba al estadio del espejo, bajo la mirada de su abuelo!

Pero lo que Ernst había encontrado en el juego del carretel era una solución ante lo terrible de la experiencia vivida por la falta de su madre, cuando ella se ausentaba. Haciendo aparecer y desaparecer el objeto y pronunciando esos dos fonemas, Ernst conseguía pasar algo de la pérdida del objeto al circuito simbólico y, de este modo, obtener un placer. Lacan dijo que era un juego de retórica, que bastaba un fort y un da para entrar en la metáfora. A partir de ese simple juego, el objeto cambia de estatuto: el carretel no es causa de angustia sino más bien un objeto de placer, no es ya un objeto ansiógeno, sino un objeto ansiolítico, un objeto para jugar con el trauma de la separación y hacerse el agente de la desaparición y reaparición por medio de la nominación.

Esto es justamente lo que encontramos siempre en los testimonios de finales de análisis: una vez atravesados todos los fort y da, atravesadas las diversas nominaciones de las que el sujeto pudo servirse para hacer existir al Otro y recubrir su relación con lo real traumático, al final se revela que la matriz del Otro —matriz que se hace existir por medio del fantasma— se reduce a una pequeña cosa, algo del orden de un objeto que cae y que Lacan llamó objeto (a). Ese momento no es más una situación de desamparo, sino más bien el resultado de haber dado vuelta al teatro de fort y da, encontrando que detrás de las cortinas del teatro el Otro no existe. Ahí, ya no hay nada que esperar sino la contingencia de los encuentros de la vida.

Iván Ruiz nos muestra cómo el niño autista puede recurrir a esa estructura elemental de lo simbólico, que es la alternancia, a través de un cierto manejo del objeto en dos tiempos. Por ejemplo, el interruptor de la luz que enciende y apaga o la puerta que abre y cierra; el objeto asume un estatuto significante cuando introduce un signo (+) y un signo (-), constituye una forma de alternancia, un S1 desplazado en un cierto ritmo en el espacio, como el péndulo de los antiguos relojes de pared. Así vemos que, para Albert, Tintín funciona como un carretel con el que puede hacer sonar la alternancia: «Sona bé, pinta bé, sona bé, pinta bé». Si lo repite es para encontrar una salida posible. Igual que fort y da, Tintín es para Albert un aparato para habitar el lenguaje, y llegará a una invención, un significante que repite como su «tarjeta de visita»: Acustuflant! Acustuflant es una construcción simbólica a través de la cual Albert trata de representarse. Vemos cómo Iván deja que Albert le introduzca en su trabajo. Haciéndole eco, Iván consigue, desde otro lugar, que Albert reciba una respuesta a su trabajo —hasta ese momento solitario— que llega a producirle curiosidad e interés. Iván le permite a Albert ofrecer lo mejor de él y, como alguien comenta, «si bien Iván Ruiz apenas aparece en escena, está completamente presente sosteniendo la música de los demás para darles vida».

También encontramos a Héctor, que, como muy bien señala uno de los testimonios, «ilumina la película con sus apariciones mudas, aceptando compartir un paso de danza con un artista emocionante y, después, volver a su soledad. Su soledad que es también la nuestra». Albert y Héctor nos presentan facetas diversas de lo que quiere decir habitar un espacio. El espacio y el movimiento están muy presentes en la película y en los comentarios de los psicoanalistas y en los testimonios de los padres cuando nos hablan de lo que representa el hecho de vivir con un niño autista.

Finalmente, el título Otras voces escritas es una oportunidad para hacer entender la problemática del autista y su voz. En su enseñanza Lacan precisó que la voz, si bien está ligada esencialmente a la cadena significante como tal, es independiente del acceso que se tenga por tal o cual sentido, es decir, la voz es independiente respecto a cualquier sensorium, respecto a cualquier sentido. Es por ello que la voz está tan presente en lo que se oye como en lo que se lee, es una voz que no está ligada esencialmente a la sustancia sonora. Jacques-Alain Miller lo señala cuando dice que «la voz está hecha de un vaciamiento de la sustancia sonora» o cuando Antonin Artaud escribe en L’Ombilic des limbes que una voz puede muy bien no pasar por las rutas del sonido: «Esa carne que no se siente más en la vida, esta lengua que no llega a salir de su corteza, esa voz que no pasa más por las rutas del sonido». Evidentemente, esta definición si bien se sustenta en una voz vaciada de su sustancia sonora, está articulada en la escritura.

HACER DEL TRAUMA UN OBJETO BELLO

IVÁN RUIZ ACERO

El origen de Otras voces escritas se remonta al año 2010. Este podría ser un modo de empezar esta presentación. Ese año, concretamente el 19 de junio, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis organizó un Foro en Barcelona sobre el autismo, que reunió a más de seiscientas personas. La convocatoria se hacía desde la urgencia: era necesario responder a dos propuestas, una del Partido Popular, dirigida al Senado de España, y otra, formulada por una asociación de padres al Parlament de Catalunya. Para los psicoanalistas de orientación lacaniana, pero también para maestros, profesores, psicólogos, fisioterapeutas, logopedas, pediatras, musicoterapeutas, artistas, científicos, familias afectadas por el autismo y otras tantas personas, se trataba de poner de manifiesto:

Que es necesario explicar los riesgos de la evaluación limitada a la cifra, que silencia lo particular de cada ser humano [...] que el tratamiento del autismo no puede reducirse a modelos de adiestramiento de la conducta ni a simplificar la complejidad del habla y del lenguaje humano a ejercicios de comunicación [...] y que limitar la oferta de tratamiento a un único modelo teórico vulnera el derecho de los ciudadanos a elegir qué trata21

Estos fueron algunos de los presupuestos que llevaron a los psicoanalistas a tomar una posición decidida en una cuestión de especial relevancia ética, política y social. Todavía hoy se constatan los efectos de esa jornada. Otras voces escritas es, sin duda, uno de ellos, aunque no el último, pues, el 11 de diciembre de 2015, se celebrará en Barcelona un nuevo encuentro que lleva como título: «¿Insumisos de la educación? Foro sobre autismo».

En efecto, convenía en aquel momento elaborar un documento audiovisual que hiciera llegar al público más amplio la orientación que el psicoanálisis lacaniano aporta al abordaje del autismo. No nos hemos ocupado suficiente de hacerlo, y este documental pretendía servir para ello. Era imprescindible, así, crear un objeto bello que hiciera transmisible el real insoportable que es a menudo el autismo de un sujeto que rechaza, al menos de entrada, toda identificación con su semejante y, por tanto, el vínculo con él. Corríamos el riesgo de caer en el optimismo fácil aunque lo que encontramos fue, más bien, un tono vitalista, ciertamente más complejo de obtener.

Queríamos hacer una película que hablase del autismo, también del psicoanálisis, pero, sobre todo, de lo singular que determina la vida de cada sujeto, de cada uno de nosotros —de ti, lector—. Para ello, era imprescindible que el documental estuviera atravesado por el discurso psicoanalítico. Un psicoanalista al encuentro de una cineasta podría producir un relato fílmico que invitase al espectador a escuchar de otro modo. Así, gracias a Miquel Bassols conocí a Sílvia Cortés, una realizadora catalana que, junto a Marta Alonso, me brindaron su laboratorio de ideas (Teidees Audiovisuals, S. L.). Podría destacar muchas cualidades de Sílvia Cortés pero las dos que más beneficiaron a Unes altres veus fueron su tozudez por rescatar la diferencia y su amor por el psicoanálisis. Si esta película es fundamentalmente una película sobre el amor, sobre el amor de transferencia al que Freud se refería, es también por esa razón.

¿Qué se escucha del psicoanálisis lacaniano más allá de lo que en ella se dice? Sílvia sabía muy bien la importancia de situar a los psicoanalistas sobre el diván —ellos no pueden ser ajenos a lo que dicen—, o escuchar a los padres en un lugar donde su palabra estuviera protegida —ellos no saben a veces que saben—, o invitar a Albert a tomar la palabra —él encuentra las palabras que, a menudo, otros perseguimos—, o hacer posible que Héctor se desplazase a contraluz —él persigue con su cuerpo construir el espacio que, a menudo, otros hemos ya interiorizado—. Pero el discurso lacaniano se hace presente también cuando los cortes en el relato permiten al espectador encontrarse con la evocación de lo último dicho. El guion, escrito después de lo que obtuvimos de los participantes en el rodaje, plantea cuestiones que solo el espectador podrá reconocer eventualmente como propias. Vaya aquí mi reconocimiento a los colegas, padres, madres y abuelos que aceptaron, hace ya cuatro años, prestar sus voces a esta película. Este libro contiene el texto de todas esas voces.

Era imprescindible también encontrar la financiación para llevar a cabo un objeto cinematográfico de calidad. De nuevo, la transferencia, como decía Jacques Lacan, está al inicio. Y respondieron a ella cientos de personas conocidas —pero también otras de las que nunca supe nada—, que prestaron su apoyo y que se sumaron a las instituciones que esponsorizaron el documental. La Asociación TEAdir de padres, madres y familiares de personas con autismo, que hizo suyo desde el inicio este proyecto, se ocupó de canalizar todas estas ayudas. Vaya aquí mi agradecimiento a todas estas personas y entidades por su confianza y generosidad.

No existe la imagen del autismo. Eso fue finalmente lo que el propio proyecto nos mostró. La no imagen del autismo debía permitir, entonces, hablar de cada niño o adolescente llamado autista, considerado sujeto de pleno derecho por el mero hecho de que, hablando de él, ya existe en el lugar común del discurso. No filmar directamente a ningún niño fue una de las decisiones más relevantes que tuve que tomar. Esto hace de Unes altres veus una película en la que no hay nada para ver, solo un relato para escuchar.

Desde su estreno, el 3 de abril de 2013, he viajado mucho acompañando la película. Un gran número de colegas de todo el mundo ha hecho posible que Otras voces llegase a lugares en los que el discurso del psicoanálisis se encuentra seriamente amenazado por la ideología del «cognitivismo democrático», es decir, un «cognitivismo para todos». Eso ocurre del mismo modo que las libertades ven hoy su espacio reducido por el imperio de la cifra y el control de los ciudadanos que pretenden restringir los efectos de la palabra. El mundo sería diferente si no existiera el psicoanálisis, y los psicoanalistas presentes en muchos lugares del planeta demuestran la validez y la eficacia de este discurso. De esta transferencia de trabajo también se benefició Unes altres veus, que se proyectó, y todavía sigue haciéndose, en multitud de ciudades: Barcelona, Niza, Sant Boi de Llobregat, Angers, Rennes, Tarragona, París, Madrid, Montpellier, Bretigny, Orly, Orléans, Igualada, Buenos Aires, Lleida, Bruselas, Zaragoza, Turín, Grenoble, Bilbao, Estrasburgo, Pessac, Caracas, L’Hospitalet de Llobregat, Santiago de Chile, Aguasdulces, México D.F., Dublín, Berga, Ruán, Lyon, Urdúliz, Étampes, Clermont-Ferrand, Palencia, Évreux, Santa Fe, Cádiz, Chiclana de la Frontera, Alicante, Granada, San Sebastián, Guatemala, Metz, A Coruña, Londres, Santander, Venecia, Ginebra, Hauteville, Berlín, Sevilla, Saint-Germain Laxis, Huesca, Toledo, Nueva York, Gavà, Ciutadella, Miami, Manresa, Salvador de Bahía, Bogotá, Murcia, Andorra, Reus, Tirana, Valencia, Nothingam, Belo Horizonte, Río de Janeiro. Los debates posteriores a la película, las preguntas, los cuestionamientos, el encuentro con las familias y los sujetos afectados por el término «autismo», y la hospitalidad de los colegas de cada lugar; todo ello ha hecho de la difusión del documental una experiencia sin igual. En la sección «Leer la película», incluida en este volumen, se encuentran algunas de las elaboraciones que me ha sido posible hacer durante ese tiempo. Vaya también aquí mi agradecimiento a todos aquellos que han hecho de Unes altres veus un objeto artístico y una herramienta de transmisión del discurso psicoanalítico.

Otro modo de empezar esta presentación podría haber sido mi encuentro con el autismo. Hace ya muchos años, el Instituto del Campo Freudiano en España invitó a Antonio Di Ciaccia para hablar de la Antenne 110, una de las instituciones pioneras en el trabajo asistencial con sujetos psicóticos y autistas, y creador de la «práctica entre varios», una expresión propuesta por Jacques-Alain Miller para denominar el tipo de trabajo genuino que parte de la aplicación de la enseñanza de Jacques Lacan al funcionamiento de la institución. El modo como Di Ciaccia se refería a la función que se puede esperar de una institución que considera seriamente la posición límite que el llamado autista toma con relación a la palabra produjo en mí un impacto decisivo. Decisivo para viajar durante algún tiempo a Le Courtil, una institución en Bélgica orientada también por el psicoanálisis lacaniano, y para inscribir, en esta película, el deseo de crear en España una institución con esa misma orientación. En Unes altres veus, está entonces el deseo, falta la institución...

Pero también otra manera de hablar de los orígenes de este documental sería hacer referencia al encuentro con el autismo de mi hijo Héctor. No hay duda, se trató de un encuentro traumático. Cualquier explicación sobre la causa se convertía en una verdad mentirosa y solo me quedaba la pregunta: «¿Qué y cómo hacer con eso?». Debido, seguramente, a mi recurso a la sublimación, me vi empujado a llevar un poco de luz a la oscuridad que ocupaba el trauma. Mi propio psicoanálisis me permitió introducir con el objeto voz un velo a la angustia y hacer del trauma un objeto bello. Quizá por esta razón, la película, una vez terminada, sobrepasó el proyecto inicial de sus autores y adquirió la misma autonomía que la de aquellos objetos que pueden ser usados por otros.

Y, finalmente, Albert: «Acustuflant!». Recordando la función que Freud atribuye al chiste y a su relación con el inconsciente, esta es la palabra nueva que surgió allí donde no se la esperaba. «Acustuflant» es el momento de la película que, más allá del malentendido de las lenguas y de los países por los que Unes altres veus ha viajado, provoca cada vez la risa en el espectador. Aunque «apustuflante» es una palabra que existe en el ámbito radiofónico, por ejemplo; «acustuflant» es el nombre de lo radicalmente diferente. No tanto por la palabra en sí sino por el modo como Albert, en la última parte de la película, la usa. «Acustuflant» es la salida a la serie de adjetivos con los que describe el documental, pero que a la vez lo aprisionan en una metonimia, de la que le es difícil salir. Esa es una de sus salidas del autismo, por el mismo hecho de que quien escucha esa salida toma registro de ello. Esta fue para mí una de las razones principales para invitar a Albert a participar en este proyecto, cuyos efectos pueden verse hoy en el trabajo de escritura que se inició para él a partir del estreno del documental. Su primer testimonio escrito puede leerse al final de este libro. Vaya aquí, también, mi agradecimiento a su honestidad y al apoyo que su familia me brindó en todo momento.

Escribir y compilar Otras voces escritas ha sido la manera de recoger muchos de los efectos que esta película ha producido desde el día que surgió el proyecto. Los testimonios de los padres y las madres —ricos en enseñanzas— que conocí después de rodar la película o las interesantes colaboraciones de algunos colegas psicoanalistas de diversas partes del mundo son beneficiarios de los viajes que la película me ha brindado. Llevar el cuerpo de un lugar a otro es también, de algún modo, el trabajo de escritura que el llamado autista realiza con su cuerpo. Es un ejercicio que lo aproxima a la instancia de la letra y a la escritura de una voz que se resiste a ser la suya propia.

HALLAZGO INESPERADO

SÍLVIA CORTÉS

Hablábamos con Iván. Hablábamos de grabar a Héctor. Hablábamos de cómo hacerlo, desde dónde mirarlo... Yo partía de una primera idea: usar el desenfoque (el fuera de foco), una imagen borrosa... mostrar, pero no de una manera nítida. También era una manera de ilustrar el autismo, que no sabemos bien qué es, que no tenemos de él ninguna nitidez, sino pistas, desenfoques que nos obligan a trabajar con la intuición para explicarnos la imagen, lo que hay. Con este recurso visual, ilustrábamos la idea de que no podemos explicar del todo el autismo, que solo podemos observar e intuir. Además, el desenfoque nos permitía no exponer del todo a Héctor, protegerlo de juicios preconcebidos (a pesar de que uno de los objetivos del documental era, evidentemente, desmontarlos).

A pesar de esto, había algo en el desenfoque (no sabía qué) que no me acababa de satisfacer del todo. Hacía falta algo más. Pero tampoco sabía en qué consistía este más, ni dónde teníamos que ir a buscarlo. Y entonces, de repente, me vino la idea de tomar la dirección contraria: situar a Héctor en el foco. Se trataba de cambiar a Héctor de lugar, del «fuera de foco» al interior del foco. Hacía falta únicamente situar a Héctor ante el foco en un espacio neutro. La imagen resultante sería un contraluz que nos mostraría la silueta de Héctor. Con este recurso visual, además de situar a nuestro protagonista dentro del foco (que es, de hecho, el lugar que le corresponde en el documental), también conseguiríamos no exponerlo del todo, protegerlo.

Y sobre todo esto hablábamos con Iván, tomando un té en una terraza del barrio de Gracia, en Barcelona. Y mientras hablábamos de esto, tuvimos la visita inesperada de una palabra: me quería referir al movimiento repetitivo de las manitas de Héctor en el contraluz, pero me equivoqué de palabra. Quería decir estereotipias pero dije serendipias.

LA SERENDIPIDAD

No tenía ni idea de qué significaba, pero había dicho serendipias. Primero me reí, pero enseguida me pareció una palabra tan extraña que sentí curiosidad. En la web del Institut d’Estudis Catalans no aparecía. ¿Me la había inventado? No del todo. En un segundo intento, encontré serendipidad:

Descubrimiento casual o imprevisto hecho por un investigador en el transcurso de una investigación orientada hacia otros objetivos y con presupuestos teóricos diferentes.

¡Vaya por dónde, aquella palabra tan extraña que no sabía qué quería decir era una palabra preciosa! Y no sé por qué, algo de ese significado me provocaba una emoción enorme. ¡Me gustaba mucho mucho mucho! Y todavía me gustó más cuando me di cuenta de que, de hecho, había llegado a la palabra serendipidad por medio de una serendipidad. Eso me pareció, como diría Albert, «acustuflant».

Pero la cosa no terminó aquí: esta palabra, que había brotado de manera tan espontánea, me reservaba aún más emociones. Era una palabra llena de sorpresas. Bajo los efectos de la emoción, me imaginé que no me había equivocado de palabra, sino que había dicho exactamente la que quería decir. Y volví a leer el significado:

Descubrimiento casual o imprevisto hecho por un investigador en el transcurso de una investigación orientada hacia otros objetivos y con presupuestos teóricos diferentes.

¿Podría ser que yo misma fuese ese «investigador en el trascurso de una investigación»? ¿Y podría ser que el trascurso de la investigación fuese las estereotipias de Héctor (sus manitas que se mueven de manera incomprensible)? Si yo era el investigador y el trascurso de la investigación eran las manitas de Héctor, ¿cuál era el descubrimiento casual, el hecho imprevisto? Y fue en esta pregunta donde la serendipidad me reservaba la emoción más grande: el descubrimiento casual, el gran hallazgo, era que la imagen de las manitas de Héctor, moviéndose incomprensiblemente en el contraluz, ofrecían una danza preciosa, una belleza radical.

Podía haber dicho cualquier otra palabra, pero dije serendipias. Fue quizás una elección azarosa, pero es una palabra demasiado precisa, demasiado bien encajada. Por tanto, quizás este «término preciso» (que Josep Pla habría perseguido durante una semana entera) parecía haber sido escogido, a pesar de que no supiera que lo sabía. Con lo cual, sí, es posible que yo escogiera la palabra. Pero también podría ser que la palabra me escogiera a mí.

Y esta no es una cuestión menor. Porque una vez dije esta palabra preciosa, que había olvidado (o una vez esta palabra preciosa vino a encontrarme), me di cuenta de que siempre había estado en ese cajón de las peonzas que canta Serrat en «El meu carrer». Y, después, una vez reencontrada en voz alta, adquirió un estatuto nuevo. Allí donde yo quería mostrar la extrañeza (unas manos que se mueven de manera incomprensible), encontré la belleza. Es así como la serendipidad saltó del cajón de las peonzas a la vitrina de las opciones. Y como opción, ha sido recurrente en el proceso de investigación de Unes altres veus. La serendipidad (los hallazgos inesperados y las causalidades) saltó y seguirá saltando de la palabra a las imágenes, a la luz, a los espacios y a los objetos.

EL LABERINTO

La idea era situar a los protagonistas del documental en escenarios significativos. Para Albert, encontramos el laberinto de Argelaguer (instalado en el terreno abrupto de un bosque, con túneles larguísimos hechos de cañas, construcciones oníricas, figuras, objetos y torres altísimas). La idea del laberinto estaba muy clara. Lo que no esperábamos es que, justo después de empezar a rodar, una de las primeras cosas que Albert dijera fuese: «Este laberinto es como mi mundo interior. Es un mundo interior para mí, todavía más adentro».

EL DIVÁN

Puesto que los espacios de los protagonistas eran diversos (para Albert, el laberinto de Argelaguer; para los psicoanalistas, el Teatre Grec de Barcelona; y para los padres, un teatro a la italiana), el diván tenía que servir de enlace, de punto de encuentro de todos los testimonios (excepto en el caso de Albert). Aparte de todas las significaciones que cada uno pueda encontrar, la más clara era que, con el diván, quedaba representada la tesis psicoanalítica del documental. Grabamos a veinticinco psicoanalistas sentados en el diván, llegados de toda España, en una larga y soleada jornada de julio, en el Teatre Grec. Pero había tres que teníamos que grabar en Bruselas, aprovechando el Congreso PIPOL 5 de la Eurofederación de Psicoanálisis. Esto quería decir que debíamos llevarnos el diván hasta allí. Alquilamos una furgoneta para transportarlo. Y Marta Alonso y yo hicimos un largo viaje hasta la capital belga. Por cuestiones que me ahorro explicar ahora, cinco horas más tarde de lo previsto, llegamos a Bruselas. Una vez allí, el responsable del hotel en el que habíamos reservado las habitaciones para todo el equipo nos dijo que lo sentía pero que no estaban disponibles. Tuvimos entonces que buscarnos otro. Encontramos uno muy curioso en el que, además, nos dejaban guardar la furgoneta, con el diván, en el patio interior del edificio de al lado, donde se encontraban diversos artistas y restauradores. Durante una mañana en la que Marta trasteaba en la furgoneta, uno de ellos se interesó por el diván: «¡Qué gracioso, tengo uno idéntico aquí arriba!», nos dijo.

En Barcelona, habíamos estado durante tres días haciendo casting de divanes. Definitivamente, habíamos escogido bien. ¡Tenía que ser aquel!

EL CARRITO DEL SUPERMERCADO

La casualidad saltaba de un lugar a otro. Y a cada salto, ofrecía un hallazgo inesperado, nos reafirmaba los significados o los extendía aún más allá. Esto es lo que sucedió también con los carritos de supermercado.

Para las entrevistas con los padres, yo partía de la idea de construir escenografías significantes hechas con diferentes objetos. Lo que había en común en todas ellas era que los objetos debían disponerse flotando, fuera del lugar habitual o de su disposición común. Hice cuatro garabatos (el dibujo no es exactamente una de mis habilidades) y se los enseñé a Iván. Su expresión fue de una extrañeza total, cosa que me reafirmó en mi idea. Todo ello podía leerse como una representación de la extrañeza que envuelve a los padres, la angustia de un mundo del revés que intentamos entender. Pensamos en marcos de cuadros vacíos, en palabras sencillas (las primeras palabras que Héctor dijo), en paraguas cerrados, abiertos, al revés, como un cobijo necesario... Y nos hacía falta todavía otro objeto. Pero ¿cuál?

Hacía días que daba vueltas a este tema, cuando de repente me topé con un carrito de supermercado en el trastero del Teatre de Vic. No sé por qué me llamó la atención. No sé por qué me imaginé una escenografía con carritos de supermercado vacíos, del derecho y del revés, suspendidos en el aire. Y no sé por qué la imagen me pareció tan extraña que me convenció.

Distribuimos de manera azarosa a los padres en las diferentes escenografías. Íbamos a hacer tres entrevistas en la escenografía de los cuadros; tres, en la de los paraguas; tres, en la de las letras; y tres, en la de los carritos de supermercado. La de los carritos fue la última que rodamos. Tengo que decir que la intensidad de todas las entrevistas me resultó extrema. Suerte tuvimos de la oscuridad, pensaba, porque en muchas ocasiones me superaba la emoción.

Los últimos fueron José Antonio y María Jesús, los padres de Miguel. Se sentaron en el diván, rodeados de carritos de supermercado suspendidos en el aire, del derecho y del revés. Y entonces la serendipidad hizo una triple pirueta y fue a parar dentro de uno de los carritos. El padre de Miguel lo señaló con la mano y comenzó a hablar de la culpa, de aquel día que subió a su hijo en el carrito del supermercado para hacer la compra (cosa que está prohibida pero que todo el mundo hace), y en un traspié el niño se cayó al suelo. Durante muchos años José Antonio se había torturado pensando si la caída de aquel carrito había sido la causa del autismo de su hijo. Y lo más impactante fue enterarnos de que su mujer era la primera vez que escuchaba esa historia.

Todavía no sé por qué escogí los carritos de supermercado pero creo que —si en el caso de las estereotipias de Héctor, allí donde quería mostrar extrañeza, había encontrado una belleza radical— en esta historia me encontré con un relato sobrecogedor. En efecto, es posible que la palabra serendipidad me escogiera a mí y no yo a ella. Y quizá con el carrito había pasado exactamente lo mismo.

LOS ESPEJOS

En la búsqueda de objetos escenográficos también pensé en espejos. Tampoco sabía exactamente por qué, únicamente que me resultaba una imagen sugerente. Pero la descartamos por las dificultades técnicas que suponía rodar con espejos en un espacio lleno de focos. Pero, aunque no están grabados como una imagen, el documental está lleno de espejos. Y tienen mucho que ver con la serendipidad.

Una noche, en el debate posterior a una de las proyecciones en los cines Girona de Barcelona, un hombre del público se identificó como padre de un niño autista. Quiso expresar su disconformidad con el optimismo del documental y también con el hecho de que se presentasen imágenes tan bonitas, cuando en realidad el autismo, decía, era terrible.

Hace unos días leí una noticia en la prensa y me hizo pensar en esta cuestión. El artículo hablaba de los galardonados con los premios Ig Nobel. Estos premios, que parodian a los que otorga la Academia sueca, premian investigaciones cargadas de una vis cómica, por el hecho de ser absurdas o contradictorias, o porque, en realidad, esconden alguna cosa más relevante. Este último caso era el de un estudio italiano en el que se llega a la conclusión de que contemplar un cuadro que se considera bonito aligera el dolor que provoca un rayo láser en la mano. Al contrario, si el cuadro es feo, el dolor aumenta. Visto así, quizá la serendipidad nos había venido a encontrar para aligerar el dolor. Y esta fue una de las opciones. En aquel mismo debate, otros espectadores elogiaron el documental por la elección de esta opción. Y quizá, todo ello, era una cuestión de espejos.

Aquella queja me hizo pensar también en el día que entendí (meses después de empezar a trabajar en la película) aquello que Iván me decía desde el primer día: la gente espera este documental. Y entendí que la gente esperaba este documental cuando entendí que Unes altres veus era «una buena noticia». Y entendí que era una buena noticia cuando comprendí que no estábamos haciendo un documental sobre el autismo, sino un documental sobre la singularidad; y cuando entendí que no estábamos haciendo un documental sobre el psicoanálisis, sino un documental sobre el respeto a la diferencia. Y así es como, poco a poco, fui entendiendo Unes altres veus. Y a base de escuchar a los espectadores en los debates posteriores a las proyecciones, a base de escuchar cómo cada uno se confesaba impactado por cuestiones muy diferentes, entendí que el documental estaba lleno de espejos. En estos descubrimientos me vi reflejada yo misma también, recorriendo aquel camino que supone el encuentro con el autismo. Un camino de incertidumbre, de dolor, de extrañeza, pero también de sorpresas, serendipidades y espejos que cada uno encuentra en lugares bien diferentes.

Quizá mi espejo más grande me vino aquel día hablando con Iván en una terraza de Gracia, cuando dije serendipias en vez de estereotipias. Y en aquel momento se desplegaron como opciones todos los grandes descubrimientos casuales y los hechos imprevistos que se sucedieron después... Y diría que fue así como las serendipidades se convirtieron en estereotipias... para mí, de una belleza radical.

PARA MARINA Y HÉCTOR, PARA ALBERT, ÀLEX, KIKE, LUCÍA, MIGUEL, VÍCTOR... Y PARA TODOS AQUELLOS QUE, A SU MANERA, NOS ENSEÑAN CÓMO ESCUCHAR SUS VOCES.

GUION DE OTRAS VOCES. UNA MIRADA DIFERENTE SOBRE EL AUTISMO

IVÁN RUIZ ACERO y SÍLVIA CORTÉS

ALBERT: El mundo interior es como este laberinto. Es un mundo interior para mí, todavía más adentro. Es un mundo interior un poco tenebroso de entrada, pero cuando entras parece más tenebroso antes de entrar.

VOZ EN OFF: El autismo plantea una lucha sin armas, lo escribió Donna Williams, que dio testimonio, desde su autismo, del inmenso esfuerzo que supone ser alguien con voz propia. Su historia, la de todos aquellos que se sostienen en una posición autista, es la historia de dos luchas: una para mantener el mundo afuera y otra para llegar a él. El caso de Albert, diagnosticado en su momento de síndrome de Asperger, es afín al autismo por estas mismas razones.

JEAN-ROBERT RABANEL: Para el psicoanálisis el autismo no es una enfermedad, es una posición del ser. Ellos testimonian de ello a menudo. Es una decisión suya. No están afectados de una carencia que no les permitiría, por ejemplo, hablar. Hay una voluntad deliberada de no entrar en contacto con nadie.

ALEXANDRE STEVENS: Hay que respetar la elección del sujeto, por más insondable que sea. Por qué un niño elige reaccionar a su llegada al mundo de tal o cual manera es siempre muy enigmático.

ALBERT: También me gusta parar de pensar para hacer más cosas. Me enfado conmigo mismo: «Ostras, Albert, no quiero pensar en las preocupaciones. ¡Para de pensar!». Pero no es que no quiera, no puedo, pero soy capaz, no soy incapaz. Si ahora quiero parar, debería poder, pero como me dicen que este problema hace que no pueda, cuesta de entender. Pero si tú quieres y luchas para poder, para quererlo, tendrías que poder, pero a veces no se puede. Ya sé que alguien me dirá: «Pero no te entiendo, ¿qué me quieres decir con esto?». Es un ejemplo, quizá tú quieres buscarlo y no puedes porque la puerta está cerrada y no puedes saltar, porque la reja es muy alta o hay una tela muy grande y una pared y no puedes trepar... Pero no es imposible.

MADRE DE ALBERT: La verdad es que no notamos nada. Seguía todo bastante bien hasta que empezó a ir a la escuela. Empezaron a detectar que no seguía las mismas pautas, que a veces hacía cosas un poco diferentes... Sobre todo le costaba obedecer órdenes.

PADRE DE ALBERT: Era difícil que congeniara con otros niños y lo dejaban de lado.

MADRE DE ALBERT: A medida que se hace mayor, crecen las dificultades... Se angustia, se pone nervioso, tiene sus pensamientos y cree que no lo conseguirá. Esto crea un poco de angustia, no solo a él, también a nosotros.

Mª JESÚS: Fue en torno a los dos años y medio. Como papás observas que a esta edad hay otros niños que hablan algo más. Miguel decía papá, mamá, agua y poco más.

SAGRARIO: Pues tenía dos años y medio y empezamos a ver algunas dificultades en su desarrollo.

Mª JESÚS: Andaba un poco de puntillas, no respetaba bastante bien las órdenes, nos parecía que cuando salía corriendo salía sin rumbo fijo. Y eso es lo que te vienen a corroborar en la guardería.

SAGRARIO: Accedía a ser alimentado pero siempre muy pasivo. Se entretenía mucho solo, pero no expresaba deseo de relacionarse con el otro.

Mª JESÚS: A mi modo de entender, había muchas veces tristeza en la mirada. Miguel dejó de sonreír, ya no existía la carcajada. A Miguel le hacíamos cosquillas y no respondía. Su cerramiento fue en todos los ámbitos, no solamente con el lenguaje; con la palabra, con el gesto, con la mirada y con el oído. Y un día le dije: «Oye, Miguel, ¿por qué no nos contestas? Yo te contesto a ti cuando me haces una pregunta». Y entonces él dijo muy serio: «Mamá, es que no quiero contestar».

VILMA COCCOZ: Los padres llegan normalmente en una situación muy penosa porque vienen con un diagnóstico que no entienden, no encuentran la manera de ayudar a sus hijos y se sienten avergonzados por conductas que no pueden explicar a su familia ni a sus amigos. Acaban hasta renunciando a la vida social, se culpabilizan, se avergüenzan y se preguntan cuál es la causa, qué ha pasado.

JOSÉ ANTONIO: Sientes rabia por ti mismo. Te sientes quizá decepcionado o, en definitiva, dolorido, con un dolor que no sabes expresar ni explicar y que, además, no es compartido con nadie, nadie te entiende.

SAGRARIO: Se soporta mal. Primero porque andas muy despistado. Sabes del autismo lo que has visto en alguna película: una persona muy encerrada en sí misma... Y muchas veces tratan de descartar un tema físico. Incluso le someten a pruebas físicas que son dolorosas para él.

MERCÈ: Hasta que no le diagnosticaron pasamos por un periplo de médicos, psicólogos y maestros que lo hizo difícil y complicado.

ANA: Yo llegué incluso a llevármelo al pediatra y decirle: «De aquí no me voy hasta que me digas qué le pasa a mi hijo».

SEBASTIÀ: Primero le habían diagnosticado de TDA...

CONSOL: ...TDH y trastorno bipolar. Durante un año le estuvimos dando una medicación para el trastorno bipolar que no le hacía absolutamente nada, y el niño iba empeorando.

MARLIX: El otorrino vio a la niña que estaba girando alrededor de ella y dijo: «Esta niña yo creo que es autista». Nos quedamos... Es como si se me viniese el mundo encima.

CONSOL: Lo primero que piensas es que yo soy una persona centrada, a ver qué he hecho, qué ha podido pasar. Además, nos costó mucho que me quedara embarazada y era un niño muy deseado. Y pensaba, pero si no te falta cariño. ¿Qué es lo que hago mal?

MARLIX: No tienes un manual de instrucciones. Tú tienes una niña autista... No hay manual que te diga... Cada niño es...

DAVID: Diferente.

MARLIX: ... es diferente.

DAVID: ... es diferente.

ANA: ¡Dime qué va a ser de mi hijo, dímelo. Dime si hablará, dime si podrá tener una vida digna! Solo quiero que sea una buena persona, que se pueda valer, simplemente. Y ella decía: «Sí, sí, hablará, tu hijo hablará. En un año o dos verás cómo habla».

VILMA COCCOZ: Y el niño siente que todo es hostil cuando sale a la calle: el metro, la gente que habla, las bocinas... Todo es una realidad muy intrusiva para la que el niño no tiene la pantalla mental para defenderse. Todos tenemos una pantalla mental que nos permite entender cada cosa que nos ocurre: «Ah, esto es un ruido, esto son personas, ahora hay alguien que ha gritado...». Pues bien, el niño autista carece de esa pantalla que permite entender y dar sentido a lo que ocurre.

NEUS CARBONELL: Digo que me inspiran ternura porque veo el enorme trabajo que hacen para ordenar un mundo que, para ellos, es absolutamente incomprensible. Y este trabajo es tan digno que, para mí, no hay ningún otro sentimiento de respuesta que la ternura.

ALBERT: Creo que es muy importante que la gente reflexione sobre todo lo que estoy diciendo y piense un poco por qué me gusta saber tanto. Aunque me cueste entender el síndrome de Asperger, difícil también lo será pero menos complicado de entender.

MARC: Yo y Albert nos conocimos hace diez años. Le tenía visto de la urbanización. Vive tres o cuatro calles más abajo. Él iba con su abuelo pero no habíamos hablado nunca.

ALBERT: Marc. Marc es un chico muy simpático, muy inteligente, sabe ignorar a la gente que le insulta. Se sabe defender, cosa que a mí me cuesta pero que, con el tiempo, lo aprenderé como él.

MARC: Los sueños, los sueños...

ALBERT: ¡Eso, los sueños! ¡Hablemos de los sueños, es verdad! Los sueños son una cosa que no entiendo demasiado, porque...

MARC: ¿Y tú qué soñabas? Soñabas con cosas muy raras, ¿verdad?

ALBERT: Me asustaba. Saltaba como si estuviera cayéndome de un avión.

MARC: Los sueños son siempre de miedo...

ALBERT: Son de miedo. Últimamente, lo son mucho.

NEUS: El psicoanálisis es una manera de hacer en la que el sujeto está en primer plano.

JEAN-ROBERT RABANEL: Es una posición ética para nosotros considerar que son individuos humanos como todo el mundo.

BEGOÑA ANSORENA: No sabemos lo que está pasando ahí, que te diriges a un niño y no contesta; que te acercas y se va, que emite sonidos y grita... ¿Cómo es posible crear algo ahí? ¿Cómo es posible una relación si no se supone que hay un sujeto, si no se supone que ese sujeto tiene algo que decir? De alguna manera es darle una dignidad de sujeto.

MAR: Las personas con autismo hacen un mundo muy hermético, que es el suyo, el propio. Y se dice que las personas con autismo son personas únicas, individuales, por eso mismo, porque cada persona con autismo es única.

Mª JOSÉ: Él andaba de puntillas, que fue otra de las cosas que podía indicar que había algún problema. Él había dejado de andar de puntillas. El andar de puntillas lo hace en la calle, no en su casa, que es el sitio donde está seguro y familiarizado. Hace poco volvió a hacerlo y le preguntamos: «Oye, Miguel, ¿y tú por qué andas de puntillas si sabes andar perfectamente?». Y entonces él dijo: «Porque a mí me gusta estar arriba».

MARC: Ya venías mal aquella tarde, ¿verdad?

ALBERT: Sí.

MARC: Estabas triste. Bueno, triste... Estabas enfadado.

ALBERT: ... aquello que hacía...

MARC: ... sí, eso.

ALBERT: Pero esto no quiere decir que me enfade, es una broma que hago.

MARC: Hay días que no hablas, depende del día.

ALBERT: Sí, pero me sé portar bien, ¿no?

MARC: Sí, eso no es que te portes mal.

ALBERT: Ah, no, ya. Pero hago cosas raras.

MARC: Sí, claro, pero no estás igual que un día normal.

ALBERT: También puede ser que tú eres más joven y no lo ves igual...

MARC: Hombre, ¿más joven? ¡Pero si casi tenemos la misma edad!

ALBERT: Bueno, más joven... Quiero decir que, como eres joven, te cuesta más entenderlo, porque no tienes este problema.

MARC: Claro.

ELIZABETH ESCAYOLA: Es la teoría psicoanalítica, la que un psicoanalista tiene cuando escucha... Cuando digo escucha quiero decir cuando tiene en cuenta... porque escuchar no solo quiere decir oír, quiere decir también mirar, tener en cuenta. Porque mirando, escuchando, es como nos conectamos con los demás. Y es a partir de la teoría psicoanalítica que tú estás teniendo en cuenta al otro como sujeto. Recuerdo una alumna, hace mucho tiempo, a la que le decía: «¿Qué hace este niño?». «No hace nada». «¿No hace nada?, ¿ está muerto?». «No, pero no hace nada, está en el suelo dando golpes». «Entonces, está en el suelo y da golpes. Esto es lo que hace. A partir de lo que hace a ver qué hacemos».

SAGRARIO: Recuerdo un día, con unos seis años —todavía no tenía el lenguaje adquirido—, lo vestí para ir al colegio y empezó a berrear y a patalear, y yo no entendía qué le pasaba. Yo le decía: «Pero, Quique, ¿qué te pasa, qué te pasa?». Y él seguía tumbado en el suelo, pataleando, no, no, no... Pero ¿qué le pasa? Al final lo dejé. A ver qué pasa, por dónde sale. Se quitó el pantalón y se quitó los calzoncillos, que no eran suyos, que eran de su hermano y no los quería.

MADRE DE ALBERT: Y le gusta preguntar muchísimo. Siempre ha tenido mucha curiosidad y hace algunas preguntas que, a veces, yo creo que no tienen respuesta o que nosotros no sabemos dar respuestas.

PADRE DE ALBERT: De hecho, tiene una pregunta estrella: ¿Qué sueñan los ciegos cuando son ciegos de nacimiento? Claro...

ALEXANDRE STEVENS: Digamos que por subjetivo yo entiendo todo lo que son las producciones propias, las invenciones de los sujetos. La dimensión subjetiva es todo aquello que el sujeto puede producir y de lo que puede decirse: esto es original. Yo me maravillo siempre de las pequeñas invenciones que los niños pueden hacer.

ENRIC BERENGUER: El psicoanálisis es un discurso para el que la normalidad no existe. Y esta posición, que era ya una posición de Freud, Lacan la desarrolla y nos permite verdaderamente transmitir a los padres, de una manera fundamentada, que no tienen que comparar a su hijo con nadie; que su hijo puede encontrar su felicidad, y que la contribución de los padres en este proceso es precisamente poder tratarlo y acercarse a él a partir de lo que lo hace único en el mundo y que lo hace diferente, no solo respecto a los niños supuestamente normales, sino también respecto de cualquier otro niño etiquetado o nominado con este término de autismo. Y, realmente, si nosotros nos sabemos acercar, vemos que los niños autistas sí tienen una relación con el otro, pero evidentemente el otro tiene que estar a la altura, tiene que ser otro que no esté presionando, ni exigiendo una respuesta, ni exigiendo que el niño haga cosas determinadas o que de alguna manera sustente los estándares de nuestros ideales.

MARGA GIBERT: Para mí el autismo es siempre en singular. Son nombres y apellidos de una serie de niños con los que he trabajado y con los que estoy trabajando ahora: es Manuel, es Pau, es Rafael, es Raquel...

SAGRARIO: Quique es mi hijo pequeño, ahora mismo tiene doce años.

CRISTINA: Héctor es un nietecito que tiene cinco años.

Mª JESÚS: Miguel es un niño genial, que en estos momentos va a hacer seis años.

MAR: Nuestro hijo tiene ahora catorce años. Es un niño maravilloso.

MARLIX: Lucía, la verdad es que es un sol.

MERCÈ: Álex es un niño autista que ahora tiene nueve años, pronto hará diez.

CONSOL: Víctor es un niño especial.

MADRE DE ALBERT: Es una persona muy cariñosa.

SEBASTIÀ: Muy noble.

MARLIX: Con unos grandes ojos que, como no puede hablar, no se puede expresar, lo expresa todo a través de la mirada.

ANA: Yo a mi hijo no lo cambio por nada, tenga o no tenga, haga o no haga. Me da igual. Es Víctor, es mi niño.

SAGRARIO: A Quique lo que más le gustaba de pequeño era el tema de construcciones.

CRISTINA: Lo que le entusiasma es la música.

MARLIX: El Pocoyó. Lo que más le gusta es el Pocoyó, es un adicto del Pocoyó.

ISIDRE: Lo que le gusta mucho, al menos no se cansa, es caminar.

PADRE DE ALBERT: Yo soy un poco tintinólogo y, por tanto, está muy adherido al personaje, le gusta mucho. Es otro de los temas.

AURELI: Y luego también le gustan mucho las carreras de Fórmula 1.

SAGRARIO: Montaba sobre todo naves, coches. Y siempre simétricas. Si a la derecha era de color azul de tal tamaño, a la izquierda el mismo color. Se enfurecía mucho si no encajaban bien o si alguna cosa no le salía.

MADRE DE ALBERT: Hay textos que se los sabe de memoria y que los puede recitar. Y se hace él las conversaciones con el capitán Haddock, Tintín, o quien sea.

FRANCISCO: Memoria fotográfica, memoria de leer, de todo... Y sobre todo las ganas que tiene él del porqué...

ANA: De saber.

FRANCISCO: De saber, del porqué...

Mª JOSÉ: Ese ejercicio que se repite, a Miguel le gusta. Sea a través de un anuncio, a través de una puerta de garaje, que es algo que le llama muchísimo la atención... Y tiene que ser un movimiento de arriba abajo. Entonces lo examina. Es como si quisiera saber por qué se abren y por qué se cierran.

MARC: También viene a jugar a fútbol. Bueno, no juega, él hace de comentarista. Le gusta más que jugar. Comenta el partido como si jugase al Pro Evolution. Se sabe de memoria los comentarios y los aplica cuando jugamos.

ALBERT: Yo tengo otro carácter. Todos tenemos un carácter diferente. Mi carácter es un poco extraño. Y os diré por qué creo que es extraño, aunque nadie me lo diga. Porque yo a veces hago gestos o cosas que la otra persona no haría como yo. Y entonces me siento: ¡Oh, qué raro que soy porque no he podido hacer lo mismo que él! Que él no me entiende igual, y yo querría que él me entendiera. Y es verdad que todo el mundo tiene sus rarezas pero como que yo las explico entonces me llaman más la atención. Y esta es la parte más interesante: no todo es el Asperger, yo también tengo mi carácter.

MARC: Yo creo que me tiene más confianza y me lo explica más a mí. Hay amigos que no entienden que Albert tenga este problema. Hablan con él un rato y se van, no quieren hablar más con él. Entiendo que les debe resultar cansado... Pero si él tiene este problema debemos aceptarlo como es. No se puede hacer nada, no hay una pastilla que la tomas y se cura. Debemos entenderlo y aceptarlo como es. Porque él también tiene derecho a tener amigos, tiene derecho a salir con la gente... Tiene los mismos derechos que todo el mundo. Si podemos ponerle más fácil este problema, pues mejor.

ALBERT: Me gustaría que ellos entendieran mejor cómo es mi problema; cómo es que de golpe estoy riendo y de golpe me pongo serio o no hablo.

MARC: Pero, claro, si estás hablando con la gente y de golpe no hablas, ¿qué?

ALBERT: ¿Y esto por qué debe de ser...? ¿No me decís a veces que hablo mucho?

MARC: Sí, pero tampoco hay que pasarse...,

ALBERT: Claro, es que yo...

MARC: ¿Por qué dejas de hablar? Es esto lo que...

ALBERT: No lo sé, no lo sé ni yo.

PADRE DE ALBERT: No busca respuestas, busca liberarse.

ALBERT: Es una ventaja que me dé cuenta. Lo importante es que me dé cuenta de las cosas. Y esto creo que lo tengo.

VOZ DE NIÑO: Mama, galleta, no, papa, sí, sí, puerta, coche.

CECILIA HOFFMAN: Entrar en el lenguaje, en el mundo, es una tarea muy difícil. No es simplemente nacer y crecer y entrar en el mundo; es algo que requiere de unas operaciones complejísimas, son muy delicadas y son de alto riesgo. En los primeros meses y años de la vida del ser humano hay mucho en juego, son momentos en los que se juega precisamente la posibilidad de esta entrada en el mundo, en el lenguaje, y en poder reconocerse en el propio cuerpo, en la propia imagen.

NEUS CARBONELL: Esto es lo que el psicoanálisis lacaniano nos enseña, que somos unos seres que cuando llegamos al mundo, para poder sobrevivir, todo lo que recibimos lo tenemos que recibir del otro y lo tenemos que recibir a través de la palabra. Y esto nos debe permitir sobrevivir en el mundo.

VILMA COCCOZ: El lenguaje, más allá de ser un instrumento de comunicación, que lo es, o un instrumento de información, es el camino en el que el ser se forma. Y con esas maderitas formamos el ser. Y los autistas están en un apuro muy grande para mantenerse a flote porque tienen pocas maderitas. La cuestión es cómo, con esas pocas maderitas, ayudarles a que se mantengan a flote.

JEAN-ROBERT RABANEL: A pesar de esto, a pesar de estas grandes dificultades, siempre he tenido esta sensación de una comunicación cuando menos posible.

ANTONIO DI CIACCIA: Debemos encontrar una manera de hablarles. Quizás un modo diferente de como generalmente utilizamos la palabra. Porque no nos damos cuenta, pero la palabra, de por sí, es extremadamente agresiva.

VILMA COCCOZ: Y hay un momento donde la protección tiene que ser máxima. Pero a medida que el niño o la niña va tomando la palabra, se va formando el yo, va adquiriendo un sentimiento de identidad, en ese momento hay que empezar a reducir la protección. Los niños mismos se ocupan de pedirlo, quieren más autonomía. Es un momento muy importante en la experiencia del tratamiento con autistas: captar el momento en que el niño quiere andar por su propio pie, quiere hablar por sí mismo, sin la protección del doble, del escudo que le protege en momentos donde no puede resolver situaciones vitales que para el resto de las personas son normales pero para ellos no.

PADRE DE ALBERT: Él no tiene problemas de comunicación pero sí la comunicación limitada a lo que es su historia, su mundo. Esto quiere decir que tiene pocos temas, son sus temas, es su mundo e intenta explicarlo a todos. Y él se da cuenta. Lo que pasa es que no sabe cómo reaccionar.

MARC: Cuando ves las series de televisión, cuando pasa alguna cosa rara, te obsesionas con eso y lo quieres repetir diez veces. Diez veces seguida la misma escena.

ALBERT: Sí. Es como si me pasase a mí, porque me viene la imaginación...

MARC: Con tus miedos escenificas lo que pasa en la televisión.

ALBERT: ¡Exacto! Escenifico lo que pasa.

MARC: Entonces es como si te pasase a ti o algo así.

ALBERT: Es como si me tuviera que pasar a mí y tuviera inseguridad.

MARC: Pero esto son miedos que tienes, ¿no?

ALBERT: Son miedos que tengo. Entonces, yo querría saber cómo me podría defender...

MARC: Es extraño...

ALBERT: Es extraño, la verdad.

SAGRARIO: Hemos conseguido que Quique, que era un niño que no tenía lenguaje, que no tenía relación con el otro, que no manifestaba su deseo, no pedía, no decía lo que sentía ni lo que quería, se fuese abriendo en esos campos. Incluso a los siete años, que es una edad un poco tardía, fue adquiriendo un lenguaje más fluido y, bueno, ¡ahora habla por los codos!

ELIZABETH ESCAYOLA: Es una relación diferente con la palabra porque es literal. Uno de los niños me decía, dentro de un espacio en concreto: «¿Qué quiere decir sin humo?». Sin humo, si tú no tienes en cuenta el contexto, puede significar que no se puede hervir nada porque sale humo, puede significar que no puede hacer mucho frío porque el aliento se convierte en una especie de humo, o que no se puede hacer carne a la brasa... No necesariamente significa que no se puede fumar. Estamos en un contexto ahora en que sin humo significa que no se puede fumar. Un autista no tiene en cuenta el contexto.

Mª JOSÉ: El otro día me preguntó, pues debe de ser un concepto muy raro para él: «Oye, mamá, ¿nosotros tenemos piel de naranja?».

DANIEL DE LEÓN: Otros ejemplos que hemos vivido, algunos con un poco más de estupor... Viajaban a Canarias en una excursión y fueron al aeropuerto. Se había trabajado el ir en avión y lo que son los aviones, que vuelan, etc. Para esta chica el avión que vuela tenía que mover sus alas como lo hacen las aves y le dio una crisis porque vio que las alas no se movían y creía que iba caer. Esa es la literalidad del lenguaje, pegado a la literalidad de lo que decimos, no existe la metáfora, no existe el segundo sentido, ni nada, es tal cual.

ELIZABETH ESCAYOLA: Un autista no tiene en cuenta tampoco que muchas veces hablamos para no decir nada. A mí no me gusta ir a fiestas. Hay toda una primera parte que parece que estés en un ascensor: «Buenos días, señor Climent». «Buenos días, señor Alonso, ¿cómo está?». «Hace un buen día». Un rollo, para mí es un rollo. Pero entiendo cuando Daniel Tammet dice: «No sabía que la gente habla para no decir nada que les interese, que es un hablar social». Para un autista, ya sea una persona con síndrome de Asperger o un autista que ya habla, esto no tiene ningún sentido, hablar sin algo que les interese.

VILMA COCCOZ: El diván es un instrumento del trabajo psicoanalítico, no es el eje fundamental. El eje fundamental de nuestro trabajo es conceder a las personas un espacio donde aprender a escucharse. Y quien aprende a escucharse, aprende a hablar.

MARC: Los profesores no te entendían tampoco, ¿verdad?

ALBERT: No querían entenderme. ¿Sabes por qué?

MARC: ¿Por qué?

ALBERT: Porque me veían como un niñato de mierda, siento decirlo, ¿eh?

MARC: Pero ¿ellos no entendían que tenías este problema?

ALBERT: No. Ya lo sabían, me parece.

MARC: Seguro que lo sabían. Se lo habrían dicho tus padres, ¿no?

ALBERT: Se lo habrían dicho mis padres. Por lo que dice mi madre, ella se lo había dicho, creo.

MARC: Pero ¿ellos no hacían nada?

ALBERT: No. Estaban allí. Decían: «Me da igual». «Tú pasa de ellos, no se puede hacer nada». «¿No se puede hacer nada? Pero usted está aquí para ayudarme, ¿no?».

MARC: Claro.

ALBERT: «Usted es mi tutora, ¿no?». «Sí, pero tengo trabajo». «¡Ah, bueno!».

MARC: ¡Pero es su trabajo también!

ALBERT: «Pero es su trabajo...». Nos gusta hablar. Él habla menos, es más de escuchar, pero en algún momento también dice: «Bien, ahora descansa y relájate». «Lo haré». Pero lo que no entiende él es cómo puede ser que en ese momento no pueda parar de hablar. No es tan sensible como yo, no se toma las cosas tan a pecho como yo. Por eso le cuesta más entenderlo.

ENRIC BERENGUER: Hablar quiere decir ser capaz de pedir, ser capaz de esperar alguna cosa del otro al que nos dirigimos, ser capaz de expresar toda una serie de sensaciones, muchas veces incómodas. Hablar es también quejarse, hablar es protestar, hablar es decir: «Yo soy este, acéptame». Olvidamos realmente el valor de la palabra, y ellos nos la recuerdan de la manera más radical.

ALBERT: Para mí esto es magnífico, poder hablar con la gente y explicarles mis cosas. Pero ahora mismo os tengo que decir que se me ha dormido, estoy bien, ¿eh?, pero se me ha dormido el pie, cosa que no me hubiera gustado, pero que en televisión cuando le pasa a alguien lo dice. Como decía Pepe Rubianes: «The, the», se escribe igual pero cambia el género. «The, the», decía. No confundir con «The thé», «El té. ¡Infusión!».

VOZ EN OFF: Conocí a Albert hace algunos años, antes de hacerse mayor, como él dice. Albert es alguien excepcional, un héroe de las palabras, porque si a menudo las palabras le hacen perderse en el laberinto del lenguaje, en otras ocasiones, gracias a la palabra, puede salir de él. Existen muchos tipos de autismo, de hecho tantos como personas lo padecen, y el síndrome de Asperger es uno de ellos. Lo que todos tienen en común es que la función de la palabra está seriamente comprometida. Conocer a Albert implica ir más allá de cualquier diagnóstico. Debemos acercarnos a su visión radicalmente extraña del mundo y a su vida demasiado llena de palabras. Hoy, Albert me ha invitado a su pueblo, Collbató.

VILMA COCCOZ: El autismo, en el discurso psicoanalítico, no tiene nada que ver con el autismo en los otros discursos, ya sea en la psicología, la medicina, la psicopedagogía o, incluso, la psicoterapia. Es algo tan original, tan distinto lo que dice el psicoanálisis respecto al autismo y la eficacia que tiene que, a partir de que uno lo conoce, no puede hacer otra cosa.

ALEXANDRE STEVENS: Orientado por el psicoanálisis es el caso por caso. En la misma medida que no sabemos, en la misma medida que, como dice Freud, en cada cura deberíamos inventar el psicoanálisis, también deberíamos inventar un tipo de práctica para cada uno de los niños que vemos.

GRACIA VISCASILLAS: Entonces nos inventamos un modelo de trabajar con cada uno, con cada uno de estos niños autistas y de todos los niños.

PILAR FOZ: Con un niño autista hay que inventar, no puedes decirles: «No». «No hagas esto...». No puedes utilizar ese discurso. Eso es algo que no da ningún resultado porque efectivamente eso no le llega. Hay que encontrar otra forma. Cada uno tiene que encontrar en su propia división la manera de poderse dirigirse a ellos. Hay que tener una distancia con él que te permita no ser intrusivo pero al mismo tiempo estar.

NEUS CARBONELL: En una sesión con un niño con autismo, uno tiene que dejarse sorprender y tiene que dejarse enseñar.

GRACIA VISCASILLAS: Para mí no es raro y me interesa. Me apasiona cómo un niño mueve un cacharrito o se ocupa en una cosa o en otra. Pueden ser sesiones que parezca que son siempre lo mismo pero hay pequeñas variaciones... Y me siento cómoda en el trabajo con ellos. Es algo más allá del sentido, de buscar la lógica en lo que ellos hacen. Rescatar las pequeñas situaciones cotidianas que ellos traen e intentar entenderlas, entender qué hay allí de su hijo. Y, sobre todo, lo que funciona para ellos, sus inventos. Yo les digo, son perlas. Y si no hay alguien que las rescate en el día a día, aunque haya pasado, no habrá ocurrido para la historia de ese niño.

ALBERT: Creo que la gente entiende lo que me pasa, aunque les cueste. Porque son momentos complicados de entender en una persona que tiene lo que tiene. Porque a los demás, como no les pasa esto, les cuesta más. Yo me considero normalito, ni mejor ni peor.

ALEXANDRE STEVENS: Orientado por el psicoanálisis quiere decir explícitamente no orientado por el marco, no orientado por los protocolos y, ciertamente, no orientado por las técnicas cognitivo-conductuales.

JEAN-ROBERT RABANEL: Los cognitivistas y conductistas quieren enseñar al sujeto autista. No es nuestra posición en el psicoanálisis. Nuestra posición es la contraria, es aprender nosotros del sujeto psicótico o autista.

NEUS CARBONELL: Todas estas prácticas no tienen en cuenta que un niño autista es, ante todo, un sujeto. Y estas prácticas muy a menudo erradican, borran esta dimensión y se sitúan en un lugar profundamente autoritario. Y van, simplemente, a educar o a domesticar al niño para que responda a los ideales de estas prácticas.

DANIEL DE LEÓN: Y el error peor es creer que se curan con educación, porque eso va al fracaso.

ALEXANDRE STEVENS: En los protocolos TEACCH, de los que tenemos ya algunos retornos, después de algunos años de utilizarse, vemos, en efecto, algunos niños que socialmente están un poco integrados como imagen —no todos, por otro lado, pero en los casos exitosos se los ha podido integrar en la imagen del mundo—, pero con un discurso en ocasiones muy artificial, de loros, donde el sujeto no se encuentra para nada. Es decir, repitiendo cosas que parecen convenir a la situación pero donde no puede encontrarse la dimensión del sujeto. Nosotros nos situamos en el lado opuesto. Lo que cuenta para nosotros es justamente la dimensión del sujeto que pueda surgir en esta pequeña fabricación sintomática, aunque a veces esta sea extraña en el mundo.

VILMA COCCOZ: Pensaba en estos niños que llegan atormentados porque tienen que cumplir, los niños y los padres, con un protocolo que les lleva horas en la institución y horas en casa intentando que aprendan ciertas habilidades. Con el psicoanálisis uno aprende que no es posible hacer nada en este mundo por obligación.

GRACIA VISCASILLAS: Siempre he intentado ser cuidadosa con los niños y sobre todo introducir el respeto, que me parece una palabra fundamental y que cada día parece que esté más en desuso. El respeto por los niños, el respeto por las familias, por el modo que tiene de afrontar todo esto.

ANTONIO DI CIACCIA: No hacemos terapias en el diván, tenemos momentos de vida. Digamos que respecto de las TCC [técnicas cognitivo-conductuales], la diferencia sería que ellos quieren una regulación de vida. Nosotros queremos un restablecimiento del deseo que lleva a la vida. Aquí está la diferencia.

SAGRARIO: Yo creo que el psicoanálisis ha ayudado a Quique en que, gracias a él, sin el psicoanálisis, no hubiese podido sentirse persona, saber que él es un sujeto con todas las de la ley.

MAR: Nuestra experiencia personal, y siempre tenemos que hablar desde nuestra experiencia, ha sido muy positiva con el psicoanálisis, que es el tratamiento que está recibiendo y que ha recibido siempre Álex. El tratamiento no solo ha sido para Alex, realmente el tratamiento ha sido también para nosotros.

CRISTINA: Con el psicoanálisis aprendí a relativizar los problemas en la vida, a entender, ver un poco el futuro pero sobre todo a no dejar pasar el presente, el presente de mi nietecito...

Mª JOSÉ: Y es alguien que te explica también cómo interpretar las cosas de Miguel, el mundo de Miguel, que hay veces que se acerca mucho al nuestro y otras veces es diferente y somos nosotros los que tenemos que acercarnos al suyo.

MAR: Álex, en este caso, ha cogido las motos, o la Fórmula 1, para poder conectar con nuestro mundo y a través de este mundo suyo, que tenía propio, individualizado, ha permitido que nosotros, los que estamos a su alrededor..., ha permitido abrir puertas de conexión para que podamos enseñarle otras cosas, por ejemplo, geografía. Porque cada vez que se hacía una carrera, era en un país diferente, en una ciudad diferente. Y a través de las carreras podíamos enseñarles qué países eran, en qué continente estaban. Aprendía los continentes, que de otra manera no se le podría enseñar, porque no le interesaría y no lo aprendería. Pero cogiendo esa conexión que tanto le interesa es posible enseñarle mil cosas. Siempre aprovechando aquello que le interesa él permite, porque lo tiene que permitir, que se le pueda enseñar lo que sea.

ALBERT: Estas casas están juntas; son vecinos que las tienen tan cerca que... Yo para vivir no es lo que más me guste pero seguro que a ellos, como ya están acostumbrados, les gusta. «Pensamos diferente y trabajamos para todos». Estos serían los que quieren votar a las personas: «Collbató, seguimos caminando juntos». Quiere decir que todos unidos para votar, todos nos ayudamos para ver a quién tenemos que votar, Esquerra y todo esto. En esta casa no sé exactamente quién vive pero creo que es una casa muy bonita, que tiene un jardín muy grande. Aquí se vende una casa. Aquí se venden casas de vez en cuando porque ya no las quieren para vivir, son para otra gente. Desde aquí es muy bonito ver cómo está hecho todo esto: el campanario, el reloj, esto verde que hace una cosa muy bonita...

ENTREVISTADOR: Te gusta tu pueblo...

ALBERT: Mucho, mucho, me encanta, me encanta. Digamos que me gusta mucho mucho, y lo disfruto cada día.

Este libro que me has enseñado, este libro se titula... ¿Puedo hacerlo así? Pièrre Rey. No me suena pero tiene buena pinta porque en este lugar, con este hombre en una barca, él solo. Debe ser muy interesante de leer. Una temporada con Lacan. Puedo hacer el esfuerzo de leer pero, claro, aunque haga el esfuerzo no es fácil, para mí no es fácil. Hago muchos esfuerzos e intento luchar pero a veces, aunque luche, el síndrome de Asperger es el que hace que no..., te domina más. No lo puedo remediar, no controlarme cuando me pongo nervioso. Entonces digo: «¿De qué iba?». Entonces me dicen: «Relájate». «Sí. ¡Ya lo intento, pero me cuesta!». El síndrome de Asperger hace que me ponga más nervioso y que me descontrole en momentos como estos de pensar cosas raras, malos pensamientos. «Primera parte: Pacífico. Capítulo 1. No lejos de Los Ángeles hay una playa de arena gris en la que van a estrellarse las olas del Pacífico. El lugar se llama Benice. Paralelamente al mar...».

Este dibujo de Tintín tan bonito, que está en un barco y que se ven edificios, una ciudad, pájaros, Milú, un trozo del flotador, el barco y el agua, me lo pintó, es interesante que lo explique, mi abuelo. Sabía pintar bien, sabía mucho y tenía paciencia para pintar. Este es el famoso Tintín. Además, en Bruselas es el 1 de julio. Como he dicho antes, el museo Tintín pinta bien pero suena bien. Sobre todo, el museo Tintín pinta bien. Me gusta porque deben haber pintado cosas y como que está pintado, pinta bien suena bien. Suena mejor pinta bien que... suena bien, pinta bien, el museo Tintín pinta bien. Suena bien el museo Tintín pinta bien. Suena bien, el museo Tintín pinta bien. Es un dibujo que me hizo mi abuelo hace bastantes años. Yo tenía quizá doce años; diez, once o doce; once o doce... Está muy bien, sabía mucho.

Mª JESÚS: De momento me resisto a utilizar una palabra tan dura, sobre todo por lo que en estos últimos tiempos de negativo, de puerta cerrada y de no solución. Yo estoy en los rasgos pero con soluciones, con apertura y hacia adelante.

SAGRARIO: Cuando llegamos allí, en lugar de decirnos: «Va a tener este tratamiento», me volvieron a presentar el mismo cuestionario que yo ya había rellenado unas cuantas veces. En ese momento, no nos encontrábamos nada bien, sobre todo yo, y estallé y dije que no, que no iba a contestar más a esa serie de preguntas; que me parecía que a la administración no le importaba mi hijo, que lo que le importaba era la estadística, los cuestionarios, los números, cosas que quizás a la estadística le vienen bien, o a un estudio científico, pero no para mi hijo. A mi hijo no le reportaba nada.

ENRIC BERENGUER: Con relación al tema del diagnóstico, la posición del psicoanálisis lacaniano es el respeto a la singularidad. Es entender que, si bien el diagnóstico es importante, también cómo se hace, el momento y el proceso son fundamentales para justamente proteger al sujeto de lo que tiene de singular, de la violencia de todo etiquetaje. Y pienso que, de alguna manera, esta es la aportación fundamental.

NEUS CARBONELL: Actualmente, el autismo es una cuestión de civilización y es una cuestión de derechos humanos.

PADRE DE ALBERT: Todo esto es el museo.

ALBERT: Ostras...

PADRE DE ALBERT: Esto es el museo de Hergé.

ALBERT: De Hergé.

PADRE DE ALBERT: Porque es Hergé quien escribió todos estos libros de Tintín, aunque el personaje es Tintín. Que aquí le llaman «Tonton».

ALBERT: «Tonton».

PADRE DE ALBERT: Porque, claro, la pronunciación no es Tintín, nosotros le llamamos Tin-tin. Fíjate que en Bruselas decíamos: «¿El museo Tintín?», y no nos entendían.

ALBERT: Claro, es un idioma.

PADRE DE ALBERT: En fin, que este es el museo que ahora veremos. Veremos viñetas, pasajes del libro... Una viñeta. ¿De qué libro es esta viñeta?

ALBERT: Esta viñeta es del Karabudjan.

PADRE DE ALBERT: No, el Karabudjan aquello de allí, es el barco. ¿De qué libro es?

ALBERT: De El cangrejo de las pinzas de oro.

PADRE DE ALBERT: Sí, señor. Y se ve un poco el Karabudjan.

ALBERT: Sí, un trozo. Me hace mucha ilusión el museo Tintín.

PADRE DE ALBERT: Pasa, pasa. ¡Ostras, qué sorpresa!

ALBERT: ¡Ostras!

PADRE DE ALBERT: Yo me sentaré aquí. Me hace mucha ilusión. Esto es un tren.

ALBERT: Esto es un tren.

PADRE DE ALBERT: Está muy bien.

ALBERT: Y dice: «Es la primera vez que ocurre un accidente en esta línea».

PADRE DE ALBERT: Sí. ¿Ves como sí que te acuerdas?

ALBERT: Y le dice: «¿Un accidente? Un atentado, querrá decir...».

PADRE DE ALBERT: ¿Dice eso? Te acuerdas bien.

ALBERT: Sí, creo que esto que he dicho es así. La memoria que tengo...

PADRE DE ALBERT: ¡Sí que tienes memoria!

ALBERT: Es buena, es buena...

PADRE DE ALBERT: Sí, sí...

ALBERT: De momento la tengo bien.

ALEXANDRE STEVENS: Si hay un niño psicótico no es a causa de sus padres, es porque él ha escogido esta modalidad. Yo no pienso para nada que la culpa sea de los padres. Pienso lo contrario.

NEUS CARBONELL: La acusación de que el psicoanálisis culpabiliza a los padres es una acusación profundamente errónea y, detrás de este error, pienso que debemos ver, además, una mala intención.

ANTONIO DI CIACCIA: Los padres no son artífices, son ellos mismos víctimas de lo que sucede. No son culpables, son víctimas y necesitan que se les ayude.

JOSÉ ANTONIO: Esta culpa yo creo que nace de dentro de uno mismo, Iván. No, nadie te culpa, al revés. Entiendo que la gente no te va acusando de nada ni mucho menos, pero tú quieres creer que hay una causa, concreta y demostrable, que ha sido la que ha iniciado el tema. De hecho, yo durante un tiempo estuve dándole vueltas al tema. Andaba un día con mi hijo de compras y le monté en el carro. Tenía un añito y poco. ¡Iba encantado de la vida! Y andando por el supermercado... Todos los carros llevan un cartel: «Se prohíbe sentar a los niños». Pues yo andaba con él, como habremos hecho todos, y a mí se me cayó del carro. Fue a coger una cosita y dio la vuelta y se cayó. No le pasó nada, lloró un poquito, se asustó, nos fuimos a casa tranquilamente y no cambió nada en absoluto. Yo le he dado mil vueltas a aquella escena. Qué digo mil vueltas, un millón de vueltas a aquella escena. Y he querido pensar si le pasó algo o si fue algo físico; si se le rompió algo por dentro... Porque necesitas encontrar una respuesta. Como los días pasan y la respuesta no llega, al final tienes que entender que qué más da lo que fuese. Está aquí, es tu hijo, puedes disfrutarlo y tienes la obligación de disfrutarlo y de enseñarle lo poco o mucho que tú sabes de este mundo y que él descubra el resto, que tiene todo por delante. Entonces dejas de lado esa culpabilidad, la tuviste, la pasaste, la superaste y te la echaste sobre las espaldas. Y nada más.

VILMA COCCOZ: Nuestro trabajo con los padres —me lo decían el otro día precisamente unos padres— es devolverles la confianza en que pueden ser padres y que pueden retomar ese lazo que se rompió y se interrumpió.

ANTONIO DI CIACCIA: Porque ellos tienen un saber que no saben que lo saben, y que puede ayudar al niño autista.

ALBERT: Agradezco mucho a mis padres que me hayan acompañado, también a mis abuelos. Aunque ellos tengan una edad, están contentos de verme muy contento.

AURELIO: Estamos muy contentos ahora de cómo nos habían planteado la vida de Álex en un principio a cómo se está desarrollando.

SAGRARIO: Yo creo que Quique ahora mismo está en un nivel en que puede decir: «Yo quiero decidir qué hago con mi tiempo, a dónde voy y a dónde no voy».

Mª JOSÉ: Ha ido evolucionando, evolucionando, evolucionando, hasta que ha ido encontrando la forma de sacar las palabras y de contarnos cosas. Y eso ha sido un alivio increíble, el que pueda expresarse él.

JOSÉ ANTONIO: Cuando le coja el gusto a una cosa, la va a estudiar y a comprometerse con ella a tope. ¡Yo creo que tiene mucho futuro por delante!

MARLIX: Lucía ha pegado un cambio pero bestial...

DAVID: Aunque se te quede mirando y riendo, y te venga y te abrace, de vez en cuando, pero bueno eso ya es... A mí me hace a veces hasta llorar.

CRISTINA: Es una emoción de ver cómo el niño puede llegar a progresar en esa necesidad que parece ser que siente de estar en contacto con el adulto.

ANTONIO: Le digo: «Héctor, ¿me das un abrazo, al yayo?». En catalán. Y él viene y atiende a este deseo y me abraza, e intenta hacerme un muá, como él dice. Y eso a mí me llena de satisfacción. Esto al principio era impensable; tú le podías hablar y él simplemente te ignoraba.

ISIDRE: Había tenido diferentes sueños en los que de repente se ponía a hablar.

MERCÈ: Y yo creo que algún día hablará. En todo caso, si algún día no habla, creo que alguna sorpresa me dará.

FRANCISCO: Te abraza, sin ton ni son. Cualquier cosa que hace le estás dando tanta importancia durante tanto tiempo que eso se te vuelve un logro. Cada cosa que hace es un logro.

ANA: Ha pasado de no reconocerse en el espejo, porque no se reconocía. Decía...

FRANCISCO: «Mira uno como yo...».

ANA: «Mira, ¡Ahí hay uno como yo!».

SEBASTIÀ: Lo que queremos es que aprenda por sí mismo y que de cara al futuro pueda ser una persona independiente, ganarse la vida, tener un buen trabajo...

CONSOL: Hemos tenido mucha suerte de tenerlo, estoy muy orgullosa de él.

MARLIX: Lo importante es acostarte todos los días y ver que has hecho todo lo posible para que Lucía sea una niña feliz. Que crezca sana y que a ver si a base de estimularla... Pues igual lo conseguimos... Yo creo que sí.

DAVID: Yo creo que sí.

ALBERT: Mi abuelo sabía dibujar. Él ahora ya no está pero, si todavía estuviera aquí, querría decirle algunas palabras, aunque ya no esté. Le habría dicho: «Te agradezco mucho el dibujo del Tintín que me hiciste, con el mar y la barandilla del barco, mirando el mar, disfrutando del aire».

ALEXANDRE STEVENS: Evidentemente, uno puede preguntarse si es necesario tener instituciones específicas para los niños psicóticos y autistas. No tengo respuestas absolutas a esta cuestión. Sin duda, algunos niños están muy bien con sus familias y pueden ir a la escuela e integrarse. No veo por qué habría que empujarles a ir a una institución para niños psicóticos. Hay recorridos posibles en el exterior: psicoanalistas, por supuesto, y otras cosas necesarias. La institución para niños psicóticos es necesaria a partir del momento en que estos niños son rechazados. Cuando no llegan a integrarse en los centros escolares habituales, cuando no llegan a sostenerse en la familia de manera permanente. En ese momento la institución es necesaria. O también cuando la familia decae.

ANTONIO DI CIACCIA: Me había preguntado a menudo cómo crear una institución que no fuera piramidal. El autista rechaza el líder, rechaza la identificación. Y aquí hay una enseñanza para nosotros. Tuve una idea. Veamos, una idea experimental, que inventé sobre la marcha. Ellos me enseñaron cómo hacerlo. Jacques-Alain Miller la llamó pratique à plusieurs [práctica entre varios]. La pratique à plusieurs quiere decir que no hay nadie allí que se considere psicoanalista para el niño autista.

ALEXANDRE STEVENS: Cada uno tiene la misma posición. Por supuesto que hay algunos responsables. Pero no hay especificación: psicólogo, educador, logopeda, etc. Todo el mundo ocupa la misma posición sobre el terreno, que es la de intervenir entre varios. Entre varios viniendo de formaciones diferentes, es cierto, aunque no con un saber identificado. Esto tiene que ver con el hecho de que el saber no está del lado del especialista sino del niño.

ANTONIO DI CIACCIA: Desde principio, habíamos notado que los momentos especiales son momentos en los que el niño come, va al lavabo, se va a la cama... que no son momentos terapéuticos pero son verdaderamente terapéuticos. Es en esos momentos que se dice la palabra justa y no en la sala de terapia.

ALEXANDRE STEVENS: Propuse la fórmula «aquellos que ya no quieran los otros grupos». Que cada grupo pudiera proponer los niños que más les molestasen. Es muy cómodo para fabricar una institución porque se consiguen muchos candidatos enseguida. Y, en efecto, los que más molestaban eran grandes psicóticos. Y empezamos a trabajar sin pretender hacer tratamientos psicoanalíticos en la institución, más bien viendo cómo sobre el terreno el psicoanálisis podía ayudarnos a situarnos mejor a la escucha del sujeto. En el fondo, utilicé la fórmula «fabricar una institución para cada sujeto».

ALBERT: Cada uno hace lo que le gusta, como el Pepe Rubianes, que era galaico-catalán, ¿no? Todas estas cosas de las que a mí me gusta hacer la gracia. Pero que tengo que entender que si a alguien no le hacen gracia, no debo decirle «ríe» porque a mí me haga gracia. Si a él no le apetece reír, tenemos que decir «no rías». Se le tiene que respetar, vaya.

VOZ EN OFF: No es fácil hacer reír a alguien, lo saben muy bien los humoristas. En Albert hay una fascinación especial por aquellos que, con el humor, pueden hacer que los demás sean, por un instante, felices. Como si se tratase casi de un espejo, hacer reír al otro es reír él mismo; es captar un momento que le permite pensar que él es también feliz.

ALBERT: Total, que Rubianes era un fan para mí. Dice: «Yo no sé qué estaba gestando, yo soy patológicamente tímido. Ya sé que algunos de ustedes no se lo creerán. Eso es una enfermedad que contraje por un virus que me viene de la infancia. Eso me lo descubrió un psicoanalista argentino con el que me estuve tratando durante diecinueve años. Ahora le están tratando a él... Y me dijo que el mal me vino del período de gestación. ¡Ostia, qué fuerte, hasta dónde llega la ciencia, por Dios! Yo no sé qué coño estaba gestando, yo recuerdo que estaba en el seno de mi madre, líquido elemento, de maravilla, sin trabajar. ¡Ja, ja! Transporte gratuito, me agarraba al cordón y ¡vamos mamá! Cuando era pequeñito, ahora no, porque soy grande. He crecido, ¿no?».

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13 November 2024
Volume:
230 p. 1 illustration
ISBN:
9788424938154
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