Read the book: «Tratados filosóficos y autobiográficos»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 301

Asesor para la sección griega: CARLOS GARÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisadas por DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
Este trabajo ha sido elaborado en el marco del Proyecto financiado por la DGICYT Estrategias retóricas en la oratoria griega, BFF-2000-1304.
REF. GEBO384
ISBN 9788424933326.
INTRODUCCIÓN
Entre los médicos antiguos Galeno ocupa un puesto singular por varias razones: por su inmensa producción científica, por el sistema médico que propugnó y que durante siglos fue la base de la enseñanza médica y por su propensión a informar detalladamente a sus lectores acerca de su persona y de su obra. La obra de Galeno es de carácter enciclopédico. Abarca prácticamente todas las ramas de la medicina e incluye la lógica, la filosofía y la filología. Precisamente su prolijidad como escritor es uno de los factores que explican la enorme influencia que ejerció tanto en el mundo bizantino y en el Oriente árabe como en la Edad Media occidental.
En las últimas décadas el interés por Galeno ha abandonado un tanto la perspectiva médica para centrarse en aspectos menos conocidos de su doctrina, especialmente su práctica clínica, su epistemología y su concepción religiosa y filosófica. Los estudiosos tratan ahora de conocer mejor la biografía del médico de Pérgamo, a sus contemporáneos y las prácticas médicas del momento, con el fin de situarle adecuadamente en la sociedad y en el contexto histórico y cultural en el que desarrolló su actividad científica e intelectual 1 . A este renovado interés por la figura de Galeno responde la traducción de los tratados que aquí se ofrece.
El presente volumen reúne diversas obras de Galeno de carácter variopinto que tienen, sin embargo, en común el hecho de no ser escritos técnicos de medicina, sino tratados de carácter deontológico, doxográfico, biográfico y filosófico. La Exhortación a la medicina, Que el mejor médico es también filósofo y Sobre las escuelas de medicina se centran en la concepción que Galeno tenía del médico y la medicina y abogan por una estrecha conexión entre la educación, la práctica y la virtud y por la defensa de la libertad intelectual. Los tratados Sobre mis libros, Sobre el orden de mis libros y Sobre el pronóstico son de corte autobiográfico. En ellos encontramos abundantes noticias sobre acontecimientos y experiencias personales que abarcan desde la juventud de Galeno hasta su vejez y que nos permiten tanto reconstruir su vida y su carrera médica como valorar la posición y renombre que alcanzó en la sociedad de su tiempo. Los escritos Sobre mis propias opiniones y Sobre la mejor doctrina ayudan a entender el sistema filosófico de Galeno y a interpretar en una nueva dimensión su eclecticismo y sincretismo filosófico. Finalmente, Sobre los sofismas del lenguaje refleja el interés del médico de Pérgamo por la lógica, el lenguaje y la necesidad de precisión terminológica.
Que Galeno era muy proclive a dar información sobre su propia vida se deja ver claramente en los tratados traducidos en este volumen. La información que nos ofrece sobre su vida y su entorno da pie a hacer en estas páginas introductorias dos tipos de consideraciones: 1, hasta qué punto la imagen que Galeno transmite de sí corresponde a la realidad; y 2, su relación con el movimiento cultural de la Segunda Sofística.
Comenzando por el primer punto, hay que decir que Galeno se presenta a sí mismo como un médico sobresaliente en su época y muy superior a sus colegas. Pero esta imagen parece a primera vista difícilmente conciliable con la opinión que sus contemporáneos pudieron haberse formado de él, sobre todo a la luz de la escasez de referencias al médico de Pérgamo por parte de escritores de su época. Esto y el total silencio que sobre él y sus avances guardan los médicos latinos anteriores al S. V d. C. han hecho que John Scarborough pusiese en duda la reputación de Galeno en su época y en los años posteriores aduciendo que tales datos indicarían que no desempeñó un papel determinante en la mitad latina del Imperio Romano tanto como en el Oriente griego y que el triunfo de Galeno entre sus coetáneos fue reconocido sólo gradualmente y no enteramente aceptado hasta mediados del s. IV d. C., es decir, más de cien años después de su muerte 2 acaecida con seguridad después del año 204 3 . Concretamente, Oribasio es el primer autor griego que hace ‘uso’ de los escritos de Galeno, cuando ca . 360 d. C. acompañó al emperador Juliano a Galia como médico de cabecera y bibliotecario y allí compiló a instancias del emperador un epítome de las obras de Galeno en su Sinopsis médica 4 .
En vano buscamos en otras fuentes contemporáneas a Galeno una referencia a él, pero el silencio más significativo es el del emperador Marco Aurelio, que habiendo sido paciente de Galeno en ningún momento lo menciona en sus Meditaciones , una obra que contiene varios pasajes referidos a la medicina. Fuera del corpus galénico, la única mención al médico de Pérgamo es el elogio que le dedica Ateneo en el prefacio del Banquete de los eruditos I 2e, en donde se dice: «Galeno ha publicado más obras de filosofía y medicina que ninguno de sus predecesores». Pero Scarborough 5 sostiene que este encomio procedería de un interpolador bizantino, ya que el prefacio del Banquete de los eruditos es un epítome elaborado en torno al año 1000 —la época del léxico de la Suda —. También resulta llamativo que Eusebio, en su Historia eclesiástica V 28, 13-14, presente a Galeno sólo como filósofo y crítico textual y nunca como médico 6 .
Esta tesis sobre la escasa fama de Galeno entre sus contemporáneos ha sido rebatida por Vivian Nutton 7 , quien, gracias principalmente al testimonio de Alejandro de Afrodisias y de ciertos papiros ha demostrado que la alta estima en la que Galeno tenía sus logros y la imagen que nos transmite de sí mismo como un médico destacado entre sus contemporáneos y sucesores en conocimiento y lucidez no es producto del autoengaño de un ególatra o de la fantasía de escritores griegos tardíos, sino que tiene su origen en opiniones contemporáneas. Y de ellas se deduce que Galeno era un hombre enormemente reconocido en las disciplinas filosófica y médica, al menos en el mundo griego.
En cuanto a la relación de Galeno con la Segunda Sofística, hay que señalar que Galeno dedicó doce años exclusivamente a su formación médica y ello gracias a los medios económicos y materiales que su padre Nicón puso a su disposición. El acceso a la mejor educación —en diversas escuelas médicas y filosóficas y en lugares tan distantes como Roma, Alejandría o Asia Menor— es uno de los principales argumentos esgrimidos por la crítica moderna 8 para subrayar la posición singular de Galeno frente a la mayoría de sus colegas médicos y su dependencia de la tradición cultural cultivada por los representantes de la Segunda Sofística. En favor de esa dependencia intelectual cuentan otros factores como son la pertenencia a una clase privilegiada de la sociedad, los debates mantenidos con filósofos de diferentes escuelas o las demostraciones anatómicas públicas que llevó a cabo y a las que acudían representantes de la vida política e intelectual de Roma.
Es mérito de Jutta Kollesch 9 el haber intentado contextualizar las noticias que tenemos sobre la biografía de Galeno en el ámbito de la Segunda Sofística 10 . En relación con este movimiento cultural y literario se pone, por ejemplo, la actividad literaria de Galeno y sus intereses no sólo médicos, sino también filosóficos y filológicos, si bien hay que subrayar que desde el punto de vista estilístico el griego utilizado por nuestro autor buscaba ante todo la claridad de expresión (saphḗneia) y se distanciaba de las sutilezas lingüísticas propias de los sofistas y de su aticismo exagerado 11 .
Galeno comparte asimismo con los representantes de la Segunda Sofística su afán por hacer carrera. Esta ambición le llevó a Roma, ya que, aunque en Sobre la facultad de los medicamentos purgantes 2, asegura que su elección por la capital imperial se debe a que su enorme población le ofrecía un interesante campo de trabajo en medicina, allí podía conocer a personas de enorme influencia política, afirmar su posición frente a los otros médicos y ganarse un puesto apetecible y prestigioso en la sociedad 12 . En varios pasajes de Sobre el pronóstico 13 Galeno cuenta lo arduo que era para un médico hacerse un nombre en Roma. Él logró tan difícil objetivo en poco tiempo gracias a la protección que recibió de su compatriota y maestro Eudemo, el cual se puso en sus manos con motivo de una enfermedad y le ensalzó después entre todos sus conocidos. De este modo tuvo acceso a las clases más altas de la sociedad romana, cónsules, senadores y emperadores.
Con todo, la relación de Galeno con las personalidades más influyentes de su tiempo fue principalmente de tipo médico. A diferencia de los sofistas, Galeno nunca ocupó un puesto público y, aunque pertenecía a una familia de la alta sociedad de Pérgamo cuya fortuna le permitió llevar una vida desahogada y hasta proporcionar ocasionalmente ayuda a sus colegas necesitados 14 , lo cierto es que no procedía de la más rica aristocracia de Pérgamo ni hizo nunca donativos generosos a su ciudad natal, como sí era costumbre entre los sofistas.
Galeno se distancia de la Segunda Sofística sobre todo en su relación con la tradición, y en especial con Hipócrates 15 : la medicina hipocrática no desempeña para Galeno ningún papel, por ejemplo, en su concepción patológicohumoral. Por ello, la reivindicación del médico de Cos y el intento de consensuar las opiniones de aquél con las suyas propias sólo se explica por su sensibilidad hacia una tradición histórica que le enseñó a ver en Hipócrates el fundador de la medicina científica. Galeno nunca se vio a sí mismo como un innovador, sino, antes bien, como un continuador de la tradición médica hipocrática y helenística. Ello le convierte a menudo en historiador y doxógrafo de las doctrinas médicas y filosóficas y, aunque a menudo distorsiona el pensamiento de sus adversarios y lo interpreta de manera tendenciosa —especialmente el de los médicos contemporáneos, a los que nunca menciona, excepto para rebajarles, subrayar sus errores y ocasionalmente ofrecerles consejo—, su papel en la transmisión del conocimiento médico es determinante.

1 Cf. A. DEBRU , «Galen», en Le Savoir Grec: Dictionnaire critique , París, 1996 (cito por la versión inglesa de esta obra: J. BRUNSCHWIG , G. E. R. LLOYD [eds.], Greek thought. A guide to classical knowledge , Londres, 2000, págs. 618-630, en esp. 628). Hay también traducción española: El saber griego. Diccionario crítico , Madrid, 2000.
2 J. SCARBOROUGH , «The Galenic Question», Sudhoffs Archiv 65 (1981), 1-31, en esp. págs. 18-21.
3 Cf. V. NUTTON , «Galen ad multos annos», Dynamis 15 (1995), 25-39, para los argumentos en favor de esta fecha, que podría posponerse hasta el año 216.
4 Epítome que todavía estuvo a disposición del patriarca FOCIO (cf. Biblioteca , cod. 216), pero que hoy se ha perdido.
5 «The Galenic Question», cit., pág. 20.
6 La razón, según J. SCARBOROUGH , «The Galenic Question», cit ., pág. 17, está en que sus teorías sobre los humores, los elementos, las cualidades, las tres partes del alma y los pneúmata se basan ampliamente en Platón, Aristóteles y Posidonio y a que Galeno utiliza para exponerlas la terminología técnica de esos filósofos. R. WALZER , Galen on Jews and Christians , Oxford, 1944, 1949, págs. 75 sigs., recuerda que EUSEBIO , Historia eclesiástica V 28, 7 insiste en el carácter eminentemente filosófico de la obra de Galeno al responsabilizarle en parte de los orígenes de la herejía teodotiana.
7 V. NUTTON , «Galen in the eyes of his contemporaries», Bulletin of the History of Medicine 58 (1984), 315-324 (reproducido con la misma paginación en V. NUTTON [ed.], From Democedes to Harvey. Studies in the History of Medicine , Londres, 1988).
8 Desde G. W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969, en esp. págs. 59-75, hasta los más recientes trabajos de J. SCARBOROUGH , «On Ballester’s Galen: An extended review», Episteme 1 (1975), 23, n. 9, y V. NUTTON (ed.), Galeni De Praecognitione. Galen On Prognosis (Corpus Medicorum Graecorum V 8, 1), Berlín, 1979, en su comentario a Sobre el pronóstico, passim .
9 J. KOLLESCH , «Galen und die Zweite Sophistik», en V. NUTTON (ed.), Galen: Problems and Prospects. A collection of papers submitted at the 1979 Cambridge Conference , Londres, 1981, págs. 1-11.
10 Recientemente ha reexaminado el asunto H. VON STADEN , «Galen and the ‘Second Sophistic’», en R. SORABJI (ed.), Aristotle and after , Londres, 1997, págs. 33-54, cuyo punto de partida es el análisis del lenguaje técnico utilizado por Galeno para describir sus demostraciones anatómicas públicas.
11 Para el problema del aticismo en Galeno, cf. I. VON MÜLLER , «Galen als Philologe», Verhandlung der 41. Versammlung deutscher Philologen und Schulmänner, München, 1891 , Leipzig, 1892, págs. 80-91, en esp. págs. 85 sigs.; B. P. REARDON , Courants littéraires grecs des IIe et IIIe siècles après J. C. , París, 1971, págs. 62 y 88 y V. NUTTON (ed.), Galeni De Praecognitione , cit., págs. 61 sigs.
12 Cf. J. KOLLESCH , «Galen und die Zweite Sophistik», cit., pág. 6.
13 Corpus Medicorum Graecorum V 8, 1: 68, 3-72, 12; 92, 23-26.
14 Cf. M. MEYERHOF , «Autobiographische Bruchstücke Galens aus arabischen Quellen», Sudhoffs Archiv für die Geschichte der Medizin 22 (1929), 72-86, en esp. pág. 84.
15 Cf. J. KOLLESCH , «Galen und die Zweite Sophistik», cit., págs. 8-9, y sobre todo G. HARIG , J. KOLLESCH , «Galen und Hippokrates», en L. BOURGEY , J. JOUANNA (eds.), La collection hippocratique et son rôle dans la l’histoire de la médecine. Colloque de Strasbourg (23-27 octobre 1972) , Leiden, 1975, págs. 257-274.
I
EXHORTACIÓN A LA MEDICINA

INTRODUCCIÓN
Galeno se dirige en esta obra a sus jóvenes discípulos para aconsejarles y animarles a escoger alguna de las artes y oficios nobles, de entre los que destaca la medicina. El opúsculo es por tanto una loa de la medicina como la mejor de las artes y presenta las características de una obra de género protréptico 1 . En un primer momento este género esencialmente parenético tenía como objetivo explícito ganarse al estudiante para la filosofía o para la elección de una escuela filosófica particular, pero terminó por referirse a todas las artes 2 y se vio rápidamente desarrollado por la apologética cristiana 3 .
La elección del género exhortativo para la composición del tratado no es casual. Grandes oradores contemporáneos de Galeno como Luciano, Polemón o Elio Aristides lo cultivaron en una época presidida por el afán de paideía y por la corriente cultural de la Segunda Sofística. En las escuelas y en las calles era posible oír a personajes muy variados defendiendo oralmente sus teorías y los propios emperadores romanos protegían a los rétores y creaban cátedras de oratoria. Todo ello animó seguramente a Galeno a dar cabida en su producción literaria al género parenético como forma de expresión, tan distinto del tono estrictamente expositivo de sus obras médicas.
Galeno comienza su exhortación comparando al hombre con los animales (cap. I ). Admite que éstos poseen en alguna medida la facultad racional pero niega que hayan llegado a la fase mental que permite a los hombres recordar, relacionar y aprender tanto las artes propias de los animales —el arte de tejer de las arañas, el de modelar de las abejas—, como las de los dioses —el arte médica de Asclepio, el arte del arco, de la adivinación y de la música de Apolo— o las que crean ellos mismos —la geometría, la astronomía, la filosofía—. La diferencia con los animales la marca el hecho de que el hombre es capaz de practicar un arte aprendido de los dioses. Los siguientes capítulos de la exposición (caps. II -V ) contraponen a la diosa Fortuna con el dios Hermes. A la primera, que proporciona bienes mezquinos y caducos, se habían acogido muchos hombres en la época imperial, un período marcado por enormes inseguridades. Hermes, por el contrario, es el artífice de todas las artes y el patrón de las profesiones más expuestas y arriesgadas. En esta actitud de rechazo del azar y la fortuna se pone de manifiesto el carácter científico y racionalista de Galeno, que se opone a las corrientes y soluciones irracionales nacidas ya con el helenismo.
A continuación (caps. VI-IX) se enumeran los valores por los que suelen luchar los hombres —riqueza, nobleza, belleza, fuerza física— y se concluye que todos ellos son inseguros y falaces y que la persona sensata se dedicará al ejercicio de un arte. En realidad, la contraposición entre los bienes del alma, verdaderos y duraderos, y los bienes exteriores o de la fortuna es tradicional en los textos de corte exhortatorio, lo que apunta a la existencia de un género protréptico netamente codificado y con referencias obligadas a un conjunto de temas recurrentes 4 . En este punto, Galeno expone sus críticas a la actividad de los atletas (caps. X-XIV), ya que buscando alcanzar con ella fuerza física, belleza, riqueza y gloria algunos jóvenes anteponen equivocadamente el ejercicio atlético al aprendizaje de cualquier otro oficio 5 . Galeno se refiere aquí de forma pormenorizada a los hábitos insanos de los atletas, de cuyas actividades tenía buen conocimiento por haber sido él mismo médico de gladiadores 6 .
El tratado finaliza con la exhortación de que para conseguir riquezas de manera segura y digna se debe practicar algún arte que pueda conservarse toda la vida, preferentemente las artes «liberales» y «respetables», y entre ellas la mejor, la medicina. Las razones de la clasificación que propone Galeno de la medicina entre las artes liberales y nobles no aparecen expuestas en este tratado pero pueden deducirse de otras obras suyas: según A. M. Ieraci Bio 7 , la anatomía —considerada como el fundamento de su medicina— permite al médico tener una visión precisa de la estructura de los órganos y de las funciones de las partes, percibir el orden providencial y racional de la naturaleza y alcanzar el dioti de raíz aristotélica, el nivel causal. Este importante paso otorga a la medicina el acceso al plano del discurso teórico general, que se había convertido en patrimonio exclusivo de las escuelas filosóficas. Por otra parte, la idea de que el alma está estrechamente ligada al cuerpo y que las facultades anímicas dependen de los temperamentos del cuerpo —que se pueden corregir mediante la dieta, el clima y el ambiente físico 8 — permite a la medicina superar la subordinación postplatónica que la hacía depender de la filosofía y la convierte a ella y al médico en poseedores del control tanto de la salud física como de la moral.
El principal problema que presenta la transmisión de la Exhortación a la medicina se refiere a su título original y al carácter completo o incompleto de la obra. Dado que no se conservan manuscritos griegos de este tratado, la editio princeps aldina, aparecida en Venecia en 1525, cobra especial relevancia a la hora de establecer el texto. Ésta porta el epígrafe Galēnoû paraphrástou toû Mēnodótou protreptikòs lógos epì tàs téchnas , es decir, «Exhortación a las artes de Galeno, el parafrasta de Menódoto». El nombre de Menódoto se refiere con toda seguridad al fundador de la corriente empírica Menódoto de Nicomedia, ya que el propio Galeno menciona la Exhortación a la medicina en el capítulo 9 de su índice bibliográfico Sobre mis libros entre las obras dirigidas contra los empíricos.
Para Adelmo Barigazzi 9 no hay duda de que la Exhortación a la medicina que conservamos es el fragmento o primera parte de una obra más extensa en la que tras un encomio general a las artes seguía una exhortación específica a la medicina. En esta segunda parte de la obra habría muy probablemente reflexiones contrarias al punto de vista de Menódoto (quizás referentes al estudio de la anatomía y la fisiología, que para los médicos empíricos eran aspectos inútiles para el arte médica), lo que explicaría la aparición del nombre de este médico en el título de la obra. La transición entre las dos partes estaría asegurada por el pasaje final del texto, consagrado a la división entre artes liberales y artes mecánicas o manuales, y por las últimas palabras de Galeno, que se propone indicar «a continuación» los motivos por los cuales la medicina es superior al resto de las artes. A. Barigazzi cree que el opúsculo Que el mejor médico es también filósofo , u otro muy similar a éste, constituía la segunda parte de la Exhortación a la medicina , mientras P. N. Singer propone que la segunda parte del tratado podría ser la obra A Trasíbulo, sobre si la salud depende de la medicina o de la gimnástica 10 .
Lo que sí es cierto es que la pérdida de esta segunda parte de la obra, consagrada al estudio de la medicina, era ya un hecho en el s. XII , dado que un manuscrito árabe de esa época conserva una traducción de un sumario que se refiere solamente a la primera parte del tratado. En cambio, el gran médico y traductor Hunain ibn Ishaq (808-873) sí parece haber conocido el texto completo 11 .
La restitución de las palabras del título ep’ iatrikḗn , exhortación «a la medicina», en lugar de epì tàs téchnas , «a las artes», se debe al editor G. Kaibel, en su edición del texto de 1894, el cual se basó en el testimonio del propio Galeno en su ya mencionado tratado Sobre mis libros y en el de San Girolamo, alrededor de doscientos años después de Galeno, que cita al médico de Pérgamo con las palabras dicit in Exhortatione medicinae 12 . El plural epì tàs téchnas , que aparecía con seguridad en la tradición manuscrita 13 , habría surgido después de la pérdida de la segunda parte del tratado y a fin de que el título se correspondiese con el contenido de la parte conservada.
Queda, sin embargo, por explicar cómo puede admitirse que Galeno haya compuesto una ‘paráfrasis’ de un escrito de su adversario Menódoto, algo que se comprende mejor si la redacción de la Exhortación a la medicina se enmarca en la polémica contra los empíricos. Según Barigazzi, Menódoto habría escrito una exhortación al arte médica dirigida a los jóvenes y Galeno le habría respondido —éste podría ser el sentido del término ‘parafrasta’— contraponiéndole su Protréptico . Pero dado que no parece probable que Galeno se haya contentado con parafrasear, otros estudiosos han propuesto que el término paraphrástou fue añadido posteriormente para precisar la relación poco clara entre Galeno y Menódoto 14 , y hay quien, como Kaibel, opina que la palabra en cuestión procede de una corrupción y que el texto original sería 〈katà 〉 toû deîna toû Mēnodótou . En cualquier caso, el título de la obra que se lee en la edición aldina hace suponer que existió una relación de algún tipo entre el Protréptico de Galeno y un tratado de Menódoto.
En cuanto a la historia del texto 15 , ya se ha señalado que no se conservan manuscritos griegos de la Exhortación a la medicina . Tampoco existen traducciones latinas antiguas del tratado 16 . La transmisión textual se escinde en dos ramas: la primera está representada por la edición aldina de 1525 17 , la traducción latina de Erasmo 18 y los fragmentos en griego recopilados por Poliziano. Estos excerpta , transmitidos en el códice Monaquensis lat . 807 19 , fueron juzgados de extraordinaria importancia por su editor Pesenti 20 , aunque en realidad no son de ninguna ayuda para la reconstitución del texto griego, ya que Poliziano parece haber utilizado el mismo códice que sirvió de modelo para la edición aldina 21 , un manuscrito propiedad del humanista Lianoro Lianori (ca . 1425-1478) y que fue prestado a Poliziano por Girolamo Ranuzzi.
La segunda rama de la transmisión está representada principalmente por las notas manuscritas de John Caius (1510-1573) en un ejemplar de la edición de Basilea, las lecturas atribuidas al llamado codex Adelphi 22 por Theodore Goulston (1572-1632) en su edición londinense aparecida póstumamente en 1640 23 y la traducción latina de Ludovico Bellisario, un médico humanista de Módena del s. XVI , que tradujo con elegancia también las obras Sobre el órgano del olfato y Que el mejor médico es también filósofo 24 . Bellisario siguió básicamente la versión de Erasmo, pero introdujo algunas correcciones buenas al texto de la aldina que le servía de base. La fecha de la versión de Bellisario no se conoce con exactitud, pero seguramente fue elaborada para la primera edición juntina de todo Galeno en latín que se publicó en 1541-42, tres años después de la edición griega de Basilea 25 .
En cuanto a las tradiciones árabe y hebrea, éstas ofrecen ayudas puntuales para la edición del texto. Sabemos que la Exhortación a la medicina fue traducida al siríaco por Hunain ibn Ishaq y al árabe por su sobrino Hubaish ibn alHasan, pero ambas versiones se han perdido y sólo se conserva un sumario anónimo del tratado conservado en el ms. árabe de El Cairo Taymur ahlaq 290, ff. 243-247, del s. XII de nuestra era 26 . Por su parte, el médico y filósofo español del s. XIII Shem Tob Ibn Falaquera, que compuso sus obras en hebreo, tomó citas de esta obra a partir de la traducción árabe 27 .
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1 El trabajo clásico sobre los protrépticos, que pueden adoptar la forma literaria de un diálogo, una oratio , una carta, una antología, un himno, un aforismo o una biografía, es el de P. HARTLICH , «De exhortationum a Graecis Romanisque scriptarum historia et indole», Leipziger Studien zur classischen Philologie 11 (1889), 207-336. Por su parte, M. D. JORDAN , «Ancient philosophic protreptic and the problem of persuasive genres», Rhetorica 4 (1986), 309-333, ha descrito los tratados protrépticos desde un punto de vista estructural, genérico y retórico. El más famoso de los protrépticos antiguos es el de Aristóteles (cf. I. DÜRING , Aristotle’s «Protrepticus». An Attempt at reconstruction , Göteborg, 1961).
2 El Perípato parece conocer el uso de la exhortación sobre todo a cultivar una téchnē específica. Está atestiguado, por ejemplo, un Protréptico de CAMELEONTE al estudio de la música (cf. F. WEHRLI [ed.], Die Schule des Aristoteles [vol. IX, Eudemo ], Basilea, 1957, Fragms . 3-6, y M. ISNARDI , «Techne», La Parola del Passato 16 [1961], 257-296, en esp. pág. 284, n. 31).
3 En la literatura cristiana el protréptico más conocido es el de BASILIO DE CESAREA , A los jóvenes, sobre el provecho de la literatura clásica .
4 Cf. asimismo PLATÓN , Eutidemo 281B sigs.; ARISTÓTELES , Protréptico, Fragm . 3 ROSS ; EPICTETO , III 22, 27; CICERÓN , A Hortensio, Fragms . 68-72; PSEUDO PLUTARCO , Sobre la educación de los niños 8; BOECIO , Consolación de la filosofía II 5-7 y III 3-7; JÁMBLICO , Protréptico 5 y 8.
5 Cf. R. HEUBAUM , «Über Galens Spiel mit dem kleinen Ball und seine größte Streitschrift gegen die Athletik», Leibesübungen und körperliche Erziehung 58 (1939), 198-202.
6 Gracias al tipo de heridas que Galeno describe y al procedimiento terapéutico que propone sabemos qué clase de luchas eran preferidas en los juegos de gladiadores en Pérgamo, localidad en la que Galeno atendió a los gladiadores entre los años 159 y 161. Cf. J. SCARBOROUGH , «Galen and the Gladiators», Episteme 5 (1971), 98-111.
7 Cf. A. M. IERACI BIO , «Sulla concezione del medico pepaideuménos in Galeno e nel tardoantico», en J. A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), Galeno: Obra, pensamiento e influencia (Coloquio internacional, Madrid, 22-25 de marzo de 1988) , Madrid, 1991, págs. 133-151, en esp. pág. 139.
8 Cf. GALENO , Que las facultades del alma están en consonancia con los temperamentos del cuerpo 9.
9 A. BARIGAZZI , «Sul titolo del Protrettico di Galeno», Prometheus 5 (1979), 157-163.
10 P. N. SINGER , Galen. Selected Works , Oxford, 1997, pág. 407.
11 Cf. G. BERGSTRÄSSER , Hunain ibn Ishaq über die syrischen und arabischen Galen-Übersetzungen , Leipzig, 1925, pág. 37, núm. 110, y R. DEGEN , «Galen im Syrischen: Eine Übersicht über die syrische Überlieferung der Werke Galens», en V. NUTTON (ed.), Galen: Problems and Prospects. A collection of papers submitted at the 1979 Cambridge Conference , Londres, 1981, págs. 131-166, que se basan en los datos de la Risala , la memoria que Hunain ibn Ishaq compiló en árabe para Ali ibn Yahya sobre las traducciones árabes y siríacas de Galeno conocidas en el s. IX en el mundo oriental.
12 SAN GIROLAMO , Adv. Iovin . II 11 (Patrologia Latina XXIII 414).
13 Como se deduce de los excerpta del humanista Angelo Poliziano (1454-1494) fechados en Bolonia en 1491 y conservados en el códice Monaquensis lat . 807, ff. 72a-74b, en los que se leen las palabras «ex fragmento toû Galēnoû toû iatroû paraphrástou toû Mēnodótou protreptikôn lógōn epì tàs téchnas» .
14 Así H. SCHÖNE , «Verschiedenes», Rheinisches Museum 73 (1920-24), 137-160, en esp. 148-156.
15 Expuesta en detalle por V. BOUDON , Galien. Exhortation à l’étude de la médecine. Art médical , París, 2000, págs. 43-77.
16 El manuscrito latino Bernensis N 128 citado por G. FICHTNER , Corpus Galenicum. Verzeichnis der galenischen und pseudo-galenischen Schriften , Tubinga, 1985, pág. 8, n. 1, corresponde en realidad a una edición impresa acompañada de notas anónimas.
17 El códice utilizado para preparar esta edición, de la que depende la edición de Basilea de 1538, ha desaparecido. Contra la tesis sostenida por E. WENKEBACH , «Textkritische Beiträge zu Galens Protreptikosfragment», Sudhoffs Archiv für Geschichte der Medizin 26 (1933), 205-252, en esp. pág. 208, de que las numerosas correcciones marginales del Bodleianus 709 eran señal de que este ejemplar había sido utilizado como modelo en la imprenta se ha manifestado V. NUTTON , John Caius and the manuscripts of Galen , Cambridge, 1987, pág. 46, n. 21.
18 Erasmo fue el primero que tradujo algunas obras de Galeno en una versión latina que publicó en Basilea en 1526, un año después de la primera edición griega aldina, que le sirvió de modelo.
19 Al testimonio del Monaquensis debe añadirse el sumario de las Miscellaneorum centuria secunda 98 de POLIZIANO con el título Perì phráseos Mēnodótou . En general, para la actividad exegética de Poliziano sobre Galeno cf. A. PEROSA , «Codici di Galeno postillati dal Poliziano», en V. BRANCA et al . (eds.), Umanesimo e Rinascimento. Studi offerti a P. O. Kristeller , Florencia, 1980, págs. 75-109.
20 G. PESENTI , «Frammenti monacensi di Galeno», Rendiconti del Reale Istituto Lombardo di Scienze e Lettere , ser. II, 53 (1920), 586-590.
21 Sin embargo, para V. NUTTON , John Caius and the manuscripts of Galen , cit., pág. 24, no hay pruebas concluyentes que demuestren que el manuscrito griego utilizado por Poliziano fuese el mismo que sirvió de modelo para la Aldina de 1525.
22 Este codex Adelphi no designa en realidad un manuscrito, sino una edición impresa anotada de la Aldina que perteneció a un cierto Adelphus.
23 Cf. V. NUTTON , «The Galenic codices of Theodore Goulston», Revue d’Histoire des Textes 22 (1992), 259-278, en esp. 266 sigs.
24 R. J. DURLING , «A Chronological Census of Renaissance Editions and Translations of Galen», Journal of the Warburg and Courtauld Institutes 24 (1961), 104-305, atribuye erróneamente a Bellisario una versión del tratado Sobre las escuelas de medicina .
25 A. BARIGAZZI , «Ludovico Bellisario ovvero dell’uso delle versioni latine in una edizione di Galeno», en A. GARZYA (ed.), Tradizione e ecdotica dei testi medici tardoantichi e bizantini. Atti del Convegno Internazionale. Anacapri, ottobre 1990 , Nápoles, 1992, págs. 29-39, ha puesto de manifiesto la importancia de las versiones latinas de Bellisario para la reconstrucción del texto de Galeno, y en especial de la Exhortación a la medicina , y ha demostrado (pág. 37) que aquél no dispuso de ningún manuscrito para confeccionar su traducción.
26 Editado por A. BADAWI , Disarat wa-nusus fi l-falsafa wa-l-’ulum ‘inda l-Arab , Beirut, 1981, págs. 187-189.
27 Cf. M. ZONTA , Un interprete Ebreo della filosofia di Galeno. Gli scritti filosofici di Galeno nell’ opera di Shem Tob Ibn Falaquera , Turín, 1995.
I. EXHORTACIÓN A LA MEDICINA
No está claro que los seres vivos llamados irracionales no participen en absoluto de la capacidad de raciocinio, ya que posiblemente aunque no tomen parte en la facultad concerniente a la voz y que se denomina también ‘verbal’, al menos todos participan, en mayor o menor medida, de la facultad que se encuentra en el alma y que llaman ‘interior’ 1 . Hasta qué extremo los hombres han logrado diferenciarse de los animales se pone de manifiesto cuando observamos el número de artes 2 que practica este ser vivo y por el hecho de que el hombre es el único que, al estar capacitado para el conocimiento, aprende el arte que desea.
En efecto, casi ninguno de los restantes seres vivos está dotado para las artes, con la excepción de algunos animales en ciertos ámbitos. Pero incluso aquellos que han logrado adquirir determinadas artes lo han hecho ayudados por su naturaleza más que por una elección premeditada. El hombre, en cambio, no sólo no es ajeno a ninguna de las artes de los animales —imita a las arañas en el arte de tejer, a las abejas en el de modelar y, pese a ser pedestre, no le falta práctica para nadar 3 —, sino que tampoco está al margen de las artes divinas: emula el arte médica de Asclepio, y de Apolo ésta y todas las restantes que este dios posee, el arco, la música, la adivinación, además de las propias de cada una de las Musas. Tampoco es ajeno a la geometría ni a la astronomía, sino que observa lo que ocurre bajo la tierra y sobre el cielo, como dice Píndaro 4 , y gracias a su laboriosidad, se ha procurado también el más excelso de los bienes divinos, la filosofia. Por esta razón, por mucho que el resto de los seres vivos participe de la capacidad de raciocinio, el hombre es el único de ellos que puede ser llamado ‘racional’ por excelencia.
[2] Siendo esto así, sería deleznable que nos despreocupásemos de lo único que tenemos en común con los dioses y dirigiésemos nuestra atención a cualquier otro asunto, despreciando la adquisición de las artes y encomendándonos a Fortuna. Con la intención de poner a la vista la perversidad de ésta, los antiguos no se contentaron con pintarla y esculpirla con forma de mujer —aunque ya sólo eso sería señal más que suficiente de su necedad—, sino que además le dieron un timón para sostenerlo entre sus manos, bajo sus pies dispusieron un pedestal en forma de esfera y la privaron de la vista, indicando mediante todos estos signos la inestabilidad de Fortuna.
Ciertamente, del mismo modo que en una nave zarandeada con violencia al punto de verse cubierta por las olas y correr el peligro de naufragar sería un proceder perverso confiar el timón a un capitán ciego, creo que de manera semejante también en la vida, en donde proliferan los naufragios de muchas haciendas más que los de los cascos de las naves en el mar, no sería propio de nadie con conocimiento de causa el entregarse, en tales vicisitudes, a una divinidad ciega y que no se sostiene con firmeza. Hasta tal punto llega su volubilidad e insensatez que con frecuencia ignora a los hombres dignos de mérito y otorga en cambio riqueza a los que no la merecen, pero ni siquiera a éstos los enriquece con constancia, sino que tal como les ha concedido ganancias, así también se las vuelve a arrebatar. Una gran multitud de hombres ignorantes obedece a esta divinidad, que jamás permanece en el mismo lugar debido a la facilidad con que rueda el basamento que la sostiene y que la conduce al borde de los precipicios y en ocasiones hasta el mar. Allí perecen juntos todos los que la han seguido, mientras ella es la única que sale ilesa y se burla de los que entonces se lamentan y la recriminan, sin que ningún auxilio sea ya posible 5 .
[3] Tal es pues el modo de obrar de Fortuna. Fíjate cómo en cambio a Hermes los antiguos pintores y escultores lo adornaron con los rasgos contrapuestos a los de Fortuna, en calidad de soberano de la razón e inventor de todas las artes 6 . Es un joven hermoso, dueño de una belleza que no es adquirida ni postiza sino auténtica y que permite descubrir la bondad de su alma. Sus ojos son luminosos, su mirada penetrante y su pedestal el más firme e inconmovible de todas las estatuas: un cubo. En ocasiones celebran a este dios con una estatua suya 7 , y se puede comprobar que sus adoradores se muestran radiantes, a semejanża del dios que les sirve de guía, que nunca le hacen reproches como los seguidores de Fortuna, y que no se alejan ni se separan de él, sino que le siguen y obtienen el máximo provecho de su providencia.
[4] Por el contrario, verás que todos los que obedecen a Fortuna son indolentes e ignorantes de las artes. Continuamente se dejan guiar por las expectativas y corren al socaire de esta divinidad, unos próximos a ella, otros más alejados y algunos hasta agarrados de su mano. Entre todos ellos podrás distinguir al famoso Creso de Lidia y a Polícrates de Samos 8 , y seguramente te sorprenda ver cómo el Pactolo desborda oro para el primero 9 y los peces marinos hacen para el segundo las veces de remeros 10 . Y en su compañía verás a Ciro, a Príamo y a Dionisio. Pero poco después de estos acontecimientos podrás contemplar cómo Polícrates es crucificado, Creso ejecutado a manos de Ciro y el propio Ciro a manos de otros 11 . E igualmente verás depuesto a Príamo 12 , y en Corinto a Dionisio 13 .
Y si observas también a esos otros que de lejos persiguen a Fortuna en su carrera sin lograr alcanzarla, acabarás odiando a todo el coro. Pues allí se encuentra un buen número de demagogos, heteras, libertinos y delatores de amigos, y también muchos asesinos, profanadores de tumbas y bandidos que no han respetado ni a los mismos dioses, sino que han saqueado sus templos.
El otro coro está formado por todos los hombres honrados [5] y trabajadores de oficios. Ellos no corren, ni gritan, ni se pelean entre sí. Al contrario, el dios está presente en medio de ellos y todos permanecen en torno suyo dispuestos en orden y sin abandonar ninguno el lugar que aquél les ha otorgado. Los que se encuentran más próximos al dios, situados en círculo a su alrededor, son los geómetras, los matemáticos, los filósofos, los médicos, los astrónomos y los gramáticos. A continuación están los pintores, escultores, maestros 14 , carpinteros, constructores y tallistas de piedra, y tras ellos la tercera clase, constituida por todas las artes restantes. Están ordenados de esta forma por categorías 15 , pero todos tienen la mirada puesta en el dios, obedientes al mandato común de éste 16 .
Allí podrías ver también a otros muchos que acompañan a Hermes: éstos conforman una cuarta categoría que sobresale de entre las otras y que es diferente de aquellos que iban a la zaga de Fortuna. Y es que este dios no acostumbra a escoger a los hombres que gozan de honores públicos ni a los de estirpe superior ni a los más ricos, sino que a los que llevan una vida decorosa, a los que destacan en sus respectivas artes, a los que obedecen sus órdenes y ejecutan sus oficios según establece la ley, a ésos los honra y los antepone a los otros, teniéndolos siempre a su lado. Creo que si tomas en consideración la calidad de este coro, no te limitarás a emularlo sino que acabarás adorándolo. En él se encuentra Sócrates y Homero, Hipócrates y Platón y los admiradores de éstos, a los cuales veneramos de modo semejante a los dioses, en calidad de representantes y asistentes de Hermes 17 .
Y de todos los demás no hay nadie que alguna vez se haya visto abandonado por él, pues no sólo se preocupa de los que están presentes, sino que acompaña en su travesía a los que navegan y no abandona a los náufragos. En efecto, en una ocasión en que Aristipo en una travesía se vio arrojado a la orilla al quedar su embarcación destruida frente a las costas de Siracusa, se mostró confiado desde el primer momento al contemplar en la arena un dibujo geométrico, puesto que dedujo que había arribado a tierra de hombres griegos y sabios, y no a la de unos bárbaros 18 . Seguidamente se presentó en la escuela de Siracusa y pronunció los versos
¡Quién al vagabundo Edipo en este día
acogerá con escogidos regalos! 19 ,
a algunos que se le acercaron y que al reconocer quién era de inmediato le proporcionaron todo lo que necesitaba. Y al preguntarle unos que se disponían a navegar a Cirene, su patria, si no quería hacer algún encargo a sus familiares, les respondió que les exhortasen a adquirir aquellos bienes que salen a flote cuando uno naufraga 20 .
Muchos desgraciados que ponen toda su atención en el [6] dinero, cuando se encuentran en tales circunstancias y vicisitudes se aferran al oro y la plata y se los ciñen a su cuerpo, con lo que, al tiempo que esto, echan a perder su vida, incapaces de comprender que ellos son los primeros que se apegan más a las cosas adornadas por las artes, incluso en el caso de los animales irracionales. Estiman, en efecto, ante todo los caballos de combate y los perros de caza, y a sus criados los instruyen en los oficios, con lo que gastan a menudo muchísimo dinero en ellos, pero se despreocupan de sí mismos 21 . ¿Y acaso no es vergonzoso que el criado sea en ocasiones merecedor de miles de dracmas y en cambio su propio señor no valga siquiera una? ¡Qué digo una! Ni gratis tomarías a uno así a tu servicio. ¿Acaso no son los únicos de todos los seres que se deshonran a sí mismos al no aprender ningún arte? Pues cuando entrenan en las labores técnicas a los animales o desestiman a un criado por ser perezoso y no tener oficio, su atención está puesta en que sus terrenos y sus restantes posesiones alcancen la mejor condición posible, y de lo único de lo que se despreocupan es de sí mismos. Al no ser conscientes de que están dotados de alma, es evidente que se están equiparando a despreciables criados.
De modo que quien conozca a un hombre de estas características bien podría decirle: «Hombre, tu casa 22 y todos tus esclavos, tus caballos, tus perros, tus tierras y todo cuanto posees están en óptimas condiciones, pero tú no cuentas con ningún ciudado bueno» 23 . Y de manera harto apropiada representaron esta situación Antístenes y Diógenes 24 , el uno por llamar ‘áureos rebaños’ a los ricos e incultos 25 , y el otro por compararlos con las higueras de los barrancos. Y es que el fruto de éstas no lo consumen los hombres, sino los cuervos o los grajos 26 , del mismo modo que los bienes de aquéllos no reportan ninguna utilidad para la ciudadanía; al contrario, son dilapidados por los aduladores 27 que, una vez se lo han gastado todo, pasan de largo si te topas con ellos como si no te reconociesen.
Por ello, tampoco puede considerarse zafio a quien compara a hombres semejantes con las fuentes, ya que los que sacan primero agua de las fuentes, después, cuando éstas ya no tienen más agua, se quitan la ropa y orinan en ellas 28 . Y es lógico que los que no son célebres por otra cosa que por su dinero, tan pronto son desposeídos de éste, se vean privados al tiempo de las otras cosas que lograron gracias a él. Pues ¡qué otra cosa les podría ocurrir, si no han adquirido ningún bien por cuenta propia, sino que siempre han prosperado con medios ajenos procedentes de Fortuna!
De la misma clase son quienes colocan en primer término [7] la nobleza de estirpe y se ufanan de ella enormemente. Y es que éstos, como carecen de bienes propios, se refugian en el linaje, ignorando que esa nobleza de la que se vanaglorian se parece a la moneda de una ciudad, que está vigente entre quienes la crearon pero es falsa para los demás 29 .
¿Acaso tu noble linaje no te ha elevado hasta lo más alto?
Malo es no tenerlo; pero a mí la estirpe no me proporcionó alimento 30 .
Hermoso tesoro son, dice bien Platón, las virtudes de nuestros ancestros 31 ; y más hermoso el poder replicar a las palabras de Esténelo:
Nos enorgullece ser mucho mejores que nuestros padres 32 .
Pues si es verdad que la nobleza reporta alguna ventaja, ésta es la única que tendría: producir en nosotros el deseo de emular el ejemplo de nuestra familia. Porque el quedar muy lejos de la virtud de nuestros antepasados sería motivo de tristeza para ellos —si es que conservan algún tipo de percepción— y para nosotros mismos un oprobio tanto más grande cuanto más distinguida sea esa estirpe 33 . Eso es precisamente lo que ganan los que son perfectamente desconocidos en razón de su estirpe: el que la mayoría ignore de qué clase son. En cambio, a aquellos cuya gloria y distinción de cuna no les permiten siquiera la posibilidad de pasar desapercibidos, ¿qué otra desgracia les ha tocado en suerte salvo la fama? Y es que ciertamente son objeto de mayor reproche los que se muestran indignos de su linaje, de manera que si un necio hace gala de su brillante estirpe, no hará sino mostrar en sí mismo el más imperdonable de los males. Pues no examinamos ni medimos por el mismo rasero a los hombres normales que a los de ilustre alcurnia: a los primeros los aceptamos aun cuando sean personas de condición modesta, porque atribuimos la causa de su inferioridad a su baja alcurnia, pero a los segundos, si no muestran nada digno de sus antepasados, ya no los admiraremos, por mucho que sobresalgan sobre todos los demás.
De modo que si uno lo piensa bien, debe dedicarse a la práctica de un arte por medio del cual, si es de noble familia, no parecerá indigno de ella, y si no lo es, él mismo se convertirá en ornato para su estirpe, a semejanza del famoso Temístocles de tiempos pasados, quien tras ser objeto de reproches por causa de su linaje replicó: «Pero yo daré principio a una estirpe con aquellos que desciendan de mí y mi linaje comenzará conmigo, mientras que el tuyo terminará contigo» 34 . Y ya ves cómo nada ha impedido que el escita Anacarsis sea admirado y reciba el nombre de sabio, aunque era de origen bárbaro. En una ocasión en que fue vilipendiado por alguien por ser un bárbaro escita 35 , le respondió: «Mi patria podrá ser una deshonra para mí, pero tú lo eres para la tuya» 36 , reprendiendo así de forma muy apropiada a quien no era digno de ninguna mención por tener a su patria como único motivo de orgullo.
En efecto, si examinas los hechos, descubrirás que no son los ciudadanos los que adquieren reputación por sus ciudades, sino exactamente lo contrario: son los hombres virtuosos los que hacen que sus patrias sean recordadas 37 . Porque, ¿qué se habría recordado de los de Estagira si no fuese por Aristóteles?, ¿y qué de los de Solos si no fuese por Arato y Crisipo? 38 . Y de igual modo el renombre de la misma Atenas, que ha corrido de boca en boca hasta tan lejos no por la prosperidad de su tierra —«era, en efecto, de tierra pobre» 39 —, sino por los que nacieron en ella, hombres excelentes en su mayoría que hicieron a su patria partícipe de su propia gloria. Aún podrás comprender con mayor claridad que todo esto es verdad si piensas en Hipérbolo o en Cleón 40 , que se aprovecharon de Atenas en tanto en cuanto en calidad de malvados lograron acrecentar su fama.
Hubo un tiempo en que llamaban cerdos a la raza beocia ,
dice Píndaro 41 , y este mismo autor insiste:
si renegamos de la cerda beocia 42 ,
considerando que merced a su lírica podría dar al traste con el reproche de ignorancia de que era objeto casi todo ese pueblo.
De igual modo podría ensalzarse al legislador de los atenienses, [8] el cual prohibió que todo aquel que no hubiese enseñado un oficio a su hijo fuese mantenido por él 43 . Pues 44 como todas las artes se practican, y principalmente en aquel tiempo, cuando el cuerpo muestra su mejor aspecto, sucede que muchos hombres que se han hecho célebres por su belleza 45 desatienden sus almas y después, en el último momento y cuando aquélla ya no es útil, afirman:
¡Ojalá que la belleza que me arruinó perezca malamente! 46 .
Entonces les viene también a la memoria aquello de Solón, que invitaba a observar ante todo el final de nuestras vidas. Lanzan después maldiciones contra la vejez, cuando son ellos los que merecerían recibirlas, y ensalzan a Eurípides cuando dice que
no ofrece seguridad alcanzar la belleza más allá del justo medio 47 .
Es preferible, en verdad, ya que sabemos que la edad adolescente se asemeja a las flores primaverales por el encanto efímero que posee 48 , dar la razón a aquél y a la de Lesbos, que aseguraba que
el que es hermoso lo es en tanto que se le contempla, mientras que el que es bueno llevará aparejada la belleza 49 ,
y dejarnos persuadir igualmente por Solón cuando exponía esta misma opinión de que de la vejez hay que estar al acecho como si de un duro invierno se tratase 50 , para el que se precisa no sólo de calzado y vestido sino también de una morada bien acondicionada y de miles de cosas más, y que es necesario prepararse para su llegada como se prepara con antelación un buen piloto ante la llegada del mal tiempo 51 . Pues es triste aquello de que
el necio aprende de lo que ya se ha cumplido 52 .
En efecto, ¿para qué puede decirse que sirve la belleza de un joven si no se ejercita? ¿Acaso para la guerra? Efectivamente alguien podría responder con acierto recitando aquellos versos de
pero tú al menos participas de los placeres del matrimonio 53 ,
o esos otros de
mas vete a tu casa y cuídate de tus asuntos 54 .
Y, en efecto, Nireo
era el hombre más hermoso que descendió a Ilión ,
pero era endeble 55 ,
y por ello Homero lo menciona una única vez en el Catálogo de las naves , como ejemplo, creo yo, de lo inútiles que son los varones de gran belleza que no tienen ningún otro recurso de provecho para la vida. Y es que en verdad la belleza ni siquiera es provechosa para obtener abundancia de riquezas, como algunos desdichados se atreven a asegurar. Pues la ganancia libre, honrosa y segura es aquella que se genera de la práctica de un arte, mientras que la que proviene de un cuerpo hermoso es vergonzante y absolutamente censurable.
Es preciso, por tanto, que el joven se deje persuadir por ese antiguo precepto de contemplar su propia figura en el espejo 56 , y si su aspecto es hermoso, trabaje para que lo sea también su alma —en la idea de que es absurdo albergar un alma indecorosa en un cuerpo hermoso—, pero si por el contrario le parece infame el aspecto de su cuerpo, se preocupe tanto más de su alma, para poder cantar aquellos versos de Homero 57 de que
hay otro hombre de aspecto más ruín ,
mas la divinidad ha adornado su figura con palabras
y la multitud se deleita al verle ,
porque inconmovible lanza una arenga de majestuosa dulzura
y sobresale entre los allí congregados ,
que como si de un dios se tratara le contemplan cuando se dirige a la ciudad .
Así pues, de todo lo dicho es evidente para aquellos que no son enteramente necios que, ni aun confiando en la más brillante alcurnia, en la riqueza o en la belleza, deben desdeñar la práctica de un arte. Y aunque esto podría ser suficiente, tal vez sea apropiado añadir la historia de Diógenes 58 , a modo de broche final: éste se hospedaba en casa de uno de esos que cuidan con esmero todas sus pertenencias y que de lo único de lo que se despreocupan es de sí mismos. En un momento dado, Diógenes carraspeó con fuerza y al mirar en torno suyo para escupir acabó por lanzar su escupitajo contra el dueño de la casa y no contra nada de lo que tenía en derredor. Como el dueño se indignara y preguntara por la causa de tal comportamiento, replicó que de las cosas que había en la casa nada veía tan descuidado como a él, pues todas las paredes estaban adornadas con pinturas dignas de encomio, el suelo estaba hecho de lujosas teselas que representaban imágenes de los dioses, todos los utensilios estaban brillantes y limpios y los cobertores y lechos habían sido bellamente trabajados, pero sólo a él lo veía desatendido. Y todos los hombres acostumbran a lanzar su saliva a los sitios más indignos que tienen a la vista.
Por consiguiente, joven, no permitas ser tú blanco de escupitajos y que todas las otras cosas que te rodean den la impresión en cambio de haber sido dispuestas con el mayor esmero. Pues es raro conseguir todo a la vez, como ser noble, rico y apuesto al mismo tiempo, pero si se da el caso de que todo esto coincida en una persona, sería terrible que ella fuese la única, de entre todas las cosas que posee, objeto de salivazos.
Así pues, muchachos, todos cuantos habéis escuchado [9] mis palabras y os disponéis a aprender un arte tened esto en cuenta: que ningún encantador ni falsario os engañe instruyéndoos en un arte frívolo o en una actividad fraudulenta, ya que debéis saber que las dedicaciones que no tienen un fin útil para la vida no son artes. Y de otras ocupaciones tales como danzar y caminar sobre la cuerda floja o rodar en círculo sin sufrir vértigo, o imitar las empresas de Mirmécides de Atenas y Calícrates de Lacedemonia, estoy seguro de que habéis comprendido bien que ninguna de ellas es un arte 59 . Sólo desconfío de la actividad de los atletas, que al prometer el vigor corporal, procurar la fama entre la gente y verse recompensada públicamente con dádivas diarias de dinero de los padres, a entera semejanza de lo que logran los hombres más distinguidos, puede engañar a algún joven que la anteponga a cualquier arte. Por ello es preferible recapacitar sobre este asunto de antemano 60 , pues uno puede engañarse fácilmente en aquello sobre lo que no ha reflexionado.
La raza humana, hijos míos, tiene rasgos en común con los dioses y con los animales irracionales, con los primeros su carácter racional, con los segundos su carácter mortal 61 . Por tanto, es aconsejable tomar conciencia de este rasgo que tenemos en común con los seres superiores y poner cuidado en la educación, porque si la ponemos en práctica con éxito obtendremos el mayor de los bienes 62 , y si fracasamos al menos no experimentaremos la vergüenza de ser inferiores a los animales de peor condición.
Por el contrario, fracasar en el ejercicio corporal atlético proporciona los mayores sentimientos de vergüenza y tener éxito en él en nada nos hace superiores a los animales irracionales. Pues, ¿qué hombre puede ser más fuerte que un león o un elefante? ¿Quién más rápido que una liebre? 63 . ¿Quién ignora que, de igual manera que a los dioses no los alabamos por otra cosa que por sus artes, así también los hombres más preclaros se hacen merecedores de honores divinos, no porque hayan hecho una buena carrera en los certámenes o porque hayan lanzado el disco o hayan luchado hasta el final, sino por el beneficio que se haya obtenido de sus artes?
Asclepio y Dioniso, ya fuesen primero hombres, ya desde el principio dioses 64 , son dignos de los mayores honores, el primero gracias al arte de la medicina y el segundo por habernos enseñado el arte de cultivar las vides. Pero si no quieres creerme, muestra al menos respeto por el dios Pitio. Éste es el que dijo que Sócrates era el más sabio de todos los hombres 65 y el que se dirigió a Licurgo para decirle:
Vienes, Licurgo, a mi rico templo ,
caro a Zeus y a todos los dueños de olímpicas moradas .
Dudo si proclamarte dios u hombre ,
aunque confio, Licurgo, en proclamarte más como dios 66 .
Parece que este mismo dios honró también de forma desmedida a Arquíloco cuando murió, pues al homicida que deseaba acceder a su templo le impidió entrar diciendo: «Has matado a un servidor de las Musas: sal del templo» 67 .
[10] Enúnciame ahora tú los méritos de los atletas, pero no digas que no puedes hacerlo, a menos que acuses a este testigo 68 de no ser digno de crédito, porque esto es lo que pareces dar a entender al basar tu razonamiento en numerosos testigos y echar mano del elogio que éstos hacen. Y es que sabes muy bien que si estuvieses enfermo no te encomendarías al vulgo, sino a unos pocos hombres escogidos, a saber, a los que tienen mejores conocimientos médicos; y si te echases a la mar no te pondrías en manos de todos los que están navegando contigo, sino de uno solo, el capitán, y refiriéndonos a cosas más insignificantes, si fueses a emprender una construcción te encomendarías a un carpintero, y si necesitases calzado a un zapatero. Entonces, si la discusión gira en torno a cuestiones de primera importancia, ¿cómo vas a otorgarte a tí mismo la facultad de juicio arrebatándosela a los que son más sabios que tú? Dejo de lado ahora el hacer mención de los dioses, pero escucha de qué modo reflexiona Eurípides sobre los atletas:
Pues siendo miles los males que se ciernen sobre la Hélade
ninguno es peor que la raza de los atletas:
primero porque ignoran cómo vivir bien
—tampoco estarían capacitados para ello —. Pues, ¿de qué manera aquel que es
esclavo de su mandíbula y reo de su vientre
podría adquirir riqueza para sustentar a su descendencia?
Ni siquiera a sufrir penuria y aceptar las circunstancias
están acostumbrados, pues no tienen buenos hábitos
y penosamente soportan cambios a situaciones impracticables 69 .
Y presta de nuevo atención, si quieres, a lo que dice sobre la inutilidad de cada una de sus prácticas:
Pues ¿qué buen luchador, qué hombre de ágiles pies
o que haya levantado el disco o golpeado con acierto la mejilla
socorrerá a su ciudad patria por haber logrado una corona? 70 .
Y si deseas oír cosas de los atletas con más detalle aún, escucha nuevamente lo que dice:
¿Acaso luchan en sus belicosas manos
blandiendo discos, o corriendo a través de los escudos con sus pies
expulsan a linajes guerreros?
Nadie con una espada a mano comete tales insensateces 71 .
Pero ¿acaso deberemos rechazar a Eurípides y a autores como él y encomendar a los filósofos la disquisición sobre este asunto? Incluso entre todos ellos hay acuerdo —como si hablasen con una sola boca— en que el ejercicio es perjudicial, y ni uno solo de los médicos se ha expresado a favor de él. Presta oídos, en primer lugar, a Hipócrates cuando dice que «la disposición atlética no es natural; es superior una constitución sana» 72 ; y después a todos los demás médicos ilustres posteriores a él. Pero no quisiera basar mi juicio enteramente en una autoridad, ya que tal actitud es más propia de un orador que de un hombre que aprecia la verdad 73 . No obstante y dado que algunos se escudan en los elogios del vulgo y en la vanagloria que éste proporciona y rechazan considerar el ejercicio atlético de manera objetiva 74 , me he visto obligado también yo a recurrir a tales autoridades para que comprendan que no son mejores en ese ámbito.
Por ello no me parece inoportuno exponer ahora con detalle el comportamiento de Frine. Esta mujer, con ocasión de un banquete en el que se jugaba a eso de que cada uno por turno ordena a los convidados lo que se le antoja, al ver que había allí unas mujeres que se habían acicalado con afeites rojos, albayalde y coloretes, ordenó traer agua, que la sacasen con sus manos, se la aplicasen todas a la cara y seguidamente se frotasen con un pañito. Ella fue la primera en hacerlo, y de este modo a todas las demás se les llenó la cara de manchas, como si fuesen espantajos. En cambio, ella presentaba un aspecto aún más hermoso, pues era la única que no lucía maquillaje alguno y se mantenía bella de forma natural, sin necesidad de ningún ardid para adornarse 75 . Así pues, de la misma manera que la auténtica belleza se reconoce certeramente cuando aparece sola y por sí misma, desprovista de cualquier aditamento externo, así también conviene examinar si el ejercicio atlético solo puede comportar cierto provecho para las ciudades en general o para quienes lo practican de manera individual 76 .
[11] Ciertamente, de los bienes naturales unos conciernen al alma, otros al cuerpo y otros son externos, y al margen de éstos no se puede concebir ningún otro género de bienes. Por ello es evidente para cualquiera que los que combaten en certámenes no han tomado parte ni en sueños de los bienes del alma, porque, para empezar, ni siquiera son conscientes de que tienen alma: a tal punto están lejos de entender su naturaleza racional. Y es que como no hacen más que acumular masa de carne y sangre, tienen sus almas como ahogadas en un inmenso fango, incapaces de percibir nada con certeza, faltas de raciocinio a semejanza de las de los animales irracionales. Es posible que se pueda discutir sobre si son posesores de alguno de los bienes del cuerpo, pero, ¿acaso habrá discrepancias sobre su salud, el más precioso de los bienes? Al contrario, en ninguno otro podrás encontrar una disposición corporal más débil, si es preciso creer a Hipócrates cuando dice que el bienestar en grado máximo es peligroso 77 , que es lo que éstos persiguen.
Y en verdad todos aplauden aquello de que «la práctica de la salud consiste en la moderación en los alimentos y la perseverancia en el esfuerzo», que afirmaba Hipócrates con gran acierto 78 . Pero los atletas practican exactamente lo contrario: se esfuerzan en exceso, se llenan en exceso y desprecian completamente el consejo del antiguo sabio como si aquél hubiese sido presa del furor de un coribante 79 . Pues Hipócrates proponía el modo de vida sano con las siguientes palabras: «trabajo, alimento, bebida, sueño, prácticas sexuales, todo con moderación» 80 . Sin embargo, los atletas se afanan diariamente en los ejercicios gimnásticos más allá de lo conveniente e ingieren los alimentos a la fuerza prolongando a menudo el almuerzo hasta media noche, y con razón se les podrían aplicar los versos de
los demás, dioses y hombres combatientes de carros ,
dormían durante la noche, a un muelle sueño entregados .
Mas el sueño no se adueñaba de los infelices atletas 81 .
Y es que de manera análoga a los otros asuntos, también respecto al sueño tienen unos hábitos similares. Pues cuando los que viven de acuerdo con la naturaleza llegan de sus trabajos con ganas de comer, entonces es cuando ellos se levantan de haber dormido, hasta el punto de que su vida acaba pareciéndose a la que llevan los cerdos 82 , salvo que los cerdos no se fatigan en exceso ni comen a la fuerza, y en cambio los atletas soportan ambas cosas y a veces además se rascan la espalda con flores de laurel.
El viejo maestro Hipócrates recomendaba, además de lo que he citado arriba, lo de que «llenar, vaciar, calentar o enfriar el cuerpo en demasía y de repente, o perturbarlo de cualquier otro modo, es peligroso, pues todo lo que se produce en exceso» —asegura— «es enemigo de la naturaleza» 83 . Pero los atletas no les prestan atención ni a éstos ni a los restantes consejos de Hipócrates y hacen caso omiso de todo cuanto aquél propuso convincentemente. Al contrario, practican todos los ejercicios contraviniendo las prescripciones sanas. Por ello me atrevería a afirmar que el ejercicio atlético es la práctica no de la salud sino más bien de la enfermedad. Y creo que esto es lo mismo que opinaba el propio Hipócrates cuando afirmaba que «la disposición de los atletas no es natural; es mejor un hábito sano» 84 . Pues con lo que dijo no se limitó a señalar que el ejercicio atlético carece de lo que es conforme a la naturaleza, sino que además dejó de denominar ‘hábito’ a la disposición de los atletas, y de este modo les despojó del título con el que todos los antiguos denominan a los que realmente tienen buena salud. Efectivamente, el hábito es una disposición constante y difícilmente alterable, mientras que el vigor extremo que persiguen los atletas es inconstante y cambia con facilidad, ya que al no admitir progreso por haber alcanzado el punto máximo y, ante la imposibilidad de permanecer igual o mantenerse constante, no le queda otro camino que el del deterioro.
Tal es el estado en que se halla el cuerpo de los que realizan prácticas atléticas, y mucho peor si dejan de practicarlas. En efecto, algunos fallecen al cabo de poco tiempo, otros viven durante más años pero no llegan a hacerse viejos, y si acaso alcanzan la vejez, no le van a la zaga a las Súplicas homéricas y acaban «cojos, enjutos y estrábicos» 85 . Pues al igual que las partes de las murallas que han sufrido los embates de las maquinarias bélicas quedan definitivamente destruidas por el daño que se les ha ocasionado y son incapaces de soportar un seísmo o cualquier otro percance de proporciones más modestas, así también los cuerpos de los atletas, al quedar deteriorados y debilitados por los golpes de los ejercicios, están expuestos a recaer ante el motivo más insignificante 86 . Y es que sus ojos, al haber sido magullados muchas veces sus contornos, se llenan de flujos cuando la fuerza ya no les responde; sus dientes, que han recibido múltiples golpes, se les caen irremediablemente cuando el vigor les abandona con el tiempo; las articulaciones que se les han torcido se vuelven débiles para hacer frente a cualquier violencia externa; y todas sus antiguas fracturas y desgarramientos se reabren con facilidad.
De modo que en lo que se refiere a la salud corporal es notorio que ningún otro linaje es más desgraciado que el de los atletas, y se podría afirmar con razón que han recibido ese nombre acertadamente, tanto si son llamados ‘atletas’ en función de su ‘desgracia’ 87 , como si los ‘desdichados’ reciben esa denominación a partir de la de ‘atleta’, o si ambos comparten el mismo nombre por un origen común 88 , el infortunio.
Pero una vez hemos reflexionado sobre el mayor de los [12] bienes corporales, la salud, vamos a pasar a los demás. En lo relativo a la belleza no sólo ocurre que el ejercicio atlético en nada contribuye al físico, sino que cuando los entrenadores toman a su cargo a muchos hombres con miembros perfectamente simétricos, los engordan en exceso e hinchan sus cuerpos de sangre y carne hasta llevarles al extremo contrario 89 . Los rostros de algunos quedan completamente deformes y afeados, especialmente los de aquellos que practicaron el pancracio o el pugilato 90 . Y cuando se rompen un miembro completamente o se lo tuercen o pierden los ojos, entonces —creo— es cuando puede contemplarse de forma más manifiesta la belleza que han alcanzado con sus ejercicios. Y éste es el grado de belleza que logran mientras están sanos, pero cuando dejan de hacer ejercicio, los restantes órganos sensoriales de sus cuerpos dejan de funcionar y todos sus miembros, podría decirse, maleados dan lugar a todo tipo de deformaciones.
[13] Bien, es posible que de todo lo dicho su única aspiración sea la fuerza física, pues bien sé que aseguran ser los más fuertes de todos. Pero, ¡por los dioses!, ¿qué clase de fuerza es ésta y en qué medida es útil? ¿Acaso la que se precisa en las tareas agrícolas? —estaría muy bien comprobar si son capaces de cavar, cosechar, arar o realizar cualquiera de las otras actividades del campo—. ¿O acaso la que se requiere para la guerra? De nuevo he de citar a Eurípides que celebra a los atletas diciendo:
¿Acaso luchan en sus belicosas manos
blandiendo discos? ,
pues en verdad
nadie con una espada a mano comete tales insensateces 91 .
Y ¿son fuertes frente al frío y el calor como para emular al propio Heracles y protegerse con una única piel en invierno y en verano, vivir descalzos, dormir al raso y recostarse en el suelo? En todas estas situaciones son sin duda más débiles que los niños recién nacidos. Por tanto, ¿en qué otra ocasión podrán demostrar su fuerza? Y ¿de qué podrán vanagloriarse? ¿Acaso no será de derribar en la palestra y en el estadio a quienes sea posible, zapateros, carpinteros o albañiles? Seguramente se consideran dignos de admiración por el hecho de estar todo el día embadurnados en polvo —claro que eso mismo les sucede a las codornices y a las perdices—, y si realmente ello es motivo de orgullo, a la fuerza habrán de ufanarse también de estar durante todo el día bañados en fango.
Pero, ¡por Zeus!, una vez el famoso Milón de Crotona aupó en sus hombros a un toro sagrado y le dio una vuelta al estadio. ¡Qué supina ignorancia el no saber que poco antes, cuando el toro vivía, era el alma del animal la que sostenía en vilo aquel cuerpo tan pesado, capaz de correr al tiempo que lo sostenía con mucha menos fatiga que Milón! 92 . Sin embargo, a semejanza del alma del propio Milón, tampoco el alma del toro contaba para nada. La muerte de Milón demostró a qué punto llegaba su ignorancia: en una ocasión en que vio cómo un muchacho trataba de partir un tronco a lo largo insertándole unas cuñas, lo apartó burlándose de él y osadamente se dispuso a despedazarlo sólo con sus manos. Entonces hizo acopio de todas sus fuerzas y enseguida en la primera embestida logró separar las dos partes del madero, pero al salir disparadas las cuñas, no fue capaz de mantener separado el resto del leño, y aunque aguantó mucho tiempo, finalmente, vencido, no alcanzó a sacarse las manos, con lo que éstas quedaron atrapadas por los trozos del tronco que se volvieron a juntar, y al quedar destrozadas en primer lugar causaron a Milón una trágica muerte 93 .
¡Pues sí que le aprovechó mucho para no sufrir ningún mal aquel toro muerto aupado en el estadio! Y acaso ¿quién salvaguardó el interés común de los helenos cuando se enfrentaban al bárbaro, la resistencia de Milón o la sabiduría de Temístocles, que primero interpretó convenientemente el oráculo y a continuación dispuso la batalla de manera ejemplar? 94 .
Pues una única pero sabia decisión vence a muchas manos ,
mas la ignorancia, aun con armas, es un mal peor 95 .
Ya sé que ha quedado claro que el ejercicio de los atletas no es provechoso para ninguna de las actividades de la vida. Pero que además no merecen ningún elogio por los ejercicios que practican puede demostrarse si os cuento aquel relato que compuso en verso un hombre no carente de la inspiración de las Musas 96 y que dice así: si la voluntad de Zeus quisiese que todos los seres vivos viviesen en concordia y comunión, de manera que el heraldo convocase en Olimpia 97 para competir a los hombres y permitiera también a todos los animales acudir al estadio, creo que ningún hombre sería coronado, «pues en la carrera de larga distancia —dice— el mejor será el caballo, la competición del estadio la ganará la liebre, en la carrera doble triunfará la gacela. Ningún mortal merece aprecio por sus pies, ¡qué mal os entrenáis, desdichados varones!». Ni siquiera un descendiente de Heracles parecería más fuerte que un elefante o un león y creo que incluso el toro recibiría la corona en el pugilato. «Y también el asno —dice— si quisiera luchar a base de coces se llevaría la corona. Y luego se inscribiría en la muy variada crónica de victorias a un burro de nombre Oncestes 98 por haber vencido en una ocasión a un hombre en el pancracio (su victoria tuvo lugar en la vigesimoprimera Olimpíada)». En fin, este relato trata de demostrar con enorme gracia que la fortaleza de los atletas no es una de las prácticas humanas. Entonces, si ni siquiera en la fuerza aventajan los atletas a los animales, ¿qué otros bienes podrán reivindicar para sí?
[14] Y si alguien asegura que el placer corporal es un bien, tampoco ellos participan de tal placer ni cuando están realizando los ejercicios ni cuando los abandonan. Pues como se esfuerzan y fatigan en el tiempo que dedican al ejercicio haciendo gimnasia e ingiriendo además alimentos a la fuerza, cuando ponen fin a esta actividad la mayoría de los miembros de su cuerpo se quedan lisiados. También se vanaglorian de reunir mayores ganancias que nadie. Pero efectivamente se puede comprobar que todos ellos no sólo están endeudados mientras están activos sino también cuando han dejado de entrenar, y que no podrás dar con ningún atleta que supere en riqueza a cualquiera de los hombres ricos que han administrado sus bienes con éxito.
Enriquecerse con una ocupación no es algo admirable sin más: lo es aprender ese arte ‘que sale a flote con quienes naufragan’; y esto no les sucede ni a los que administran los bienes de los acaudalados ni a los recaudadores de impuestos ni a los comerciantes, porque si bien es cierto que estas personas logran enormes ganancias gracias a sus actividades, si dilapidan sus fortunas, destruyen con ellas su trabajo, ya que para realizarlo necesitan una cierta disponibilidad de dinero, y si no lo tienen no pueden seguir al frente de su antigua tarea. Pues nadie les concederá un préstamo sin fianzas o hipotecas.
De manera que si se os exige una preparación que procure una ganancia segura y digna, debéis practicar un arte que perdure a lo largo de toda la vida. Pero puesto que las artes se dividen principalmente en dos categorías —unas, en efecto, son intelectuales y respetables, mientras las otras son desdeñables por el esfuerzo corporal que exigen: son las llamadas artesanales y manuales—, sería preferible tomar parte en alguna de las artes del primer género, ya que el segundo suele agotarse cuando los artesanos se hacen mayores. Dentro del primer género se cuentan la medicina, la retórica y la música, la geometría, la aritmética, la lógica, la astronomía 99 , la gramática y la jurisprudencia 100 . Añádeles si quieres las artes plásticas y pictóricas 101 , puesto que aunque se llevan a cabo manualmente, al menos el trabajo que precisan no requiere la fuerza de un hombre joven. Conviene, pues, que el joven escoja alguna de estas artes y la practique, de suerte que con ella su alma no se embrutezca por completo, y especialmente la mejor de ellas, que es, como venimos diciendo, la medicina. Es justo eso lo que nos proponemos demostrar a continuación.

1 El texto griego opone los términos prophorikón y endiátheton , de origen estoico, los cuales podrían también ser vertidos como facultad «externa» e «interna». El término lógos puede referirse tanto a la capacidad para el pensamiento lógico y racional como al lenguaje hablado. El problema de la posesión de lógos por parte de los animales es un tema central en la filosofía de Galeno: por un lado, lógos es la parte del alma humana que participa de la divinidad y que distingue claramente al hombre de los animales; por otro, en la versión fisiológica del platonismo que defiende Galeno, la parte racional o dominante del alma es aquella que controla los movimientos voluntarios y procesa la percepción sensorial y que es compartida con el hombre al menos por los animales de nivel superior.
2 El término téchnai indica tanto el arte u oficio del artesano como una habilidad o arte en un sentido más elevado e intelectual. El tratado reclama para la medicina la calificación de téchnē en este último sentido.
3 La idea de que el arte imita la naturaleza es antigua. Aparece, por ejemplo, en SÉNECA , Epístolas morales a Lucilio XX 121, 22, con los mismos ejemplos.
4 La idea se basa en un célebre pasaje de PLATÓN , Teeteto 173E, dedicado al lugar de la filosofía en la ciudad y en donde Platón cita igualmente a PÍNDARO , Fragm . 293 SNELL -MAEHLER . Una alusión a este pasaje de Platón se encuentra asimismo en JÁMBLICO , Protréptico 14, pág. 101 DES PLACES .
5 Descripciones similares de Fortuna, que se inspiran en representaciones figuradas, se encuentran en DIÓN DE PRUSA , Disc . LXIII, pág. 205 DIND ., y LXV, pág. 218 DIND ., así como en Sobre la fortuna de Favorino de Arelate, transmitido por el propio DIÓN DE PRUSA , Disc . LXIV.
6 Según I. HADOT , Arts libéraux et philosophie dans la pensée antique , París, 1984, pág. 110, en este Hermes está asimilado probablemente el dios Theuth de PLATÓN , Fedro 274C-E. Para A. BARIGAZZI , Galeni. Exhortatio ad medicinam (Protrepticus) (Corpus Medicorum Graecorum V 1, 1), Berlín, 1991, pág. 56, Galeno toma el modelo de Hermes de un pasaje del tratado Sobre la realeza de DIÓN DE PRUSA , Disc . I 65-83.
7 Las Hermas.
8 Creso, rey de Lidia, fue derrotado por Ciro tras la toma de Sardes en el 546 a. C. y su reino quedó anexionado al Imperio Persa: cf. HERÓDOTO , I 6-94. Polícrates de Samos fue un legendario tirano, que fue atraído a Magnesia por el persa Oroites, quien le hizo morir crucificado: cf. HERÓDOTO , III 39-46 y 125; FAVORINO DE ARELATE , Sobre el exilio 8; y MÁXIMO DE TIRO , Or . XXXIV 5a.
9 El motivo de la arena dorada del río Pactolo en Lidia se encuentra también en PLINIO , Historia Natural XXXIII 36, y en CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , El Pedagogo III 11, 56. Cf. Escolio a ARISTÓFANES , Pluto , pág. 341a 29.
10 O bien simplemente «le obedecen» (hypēretoûntas) , subrayando la sumisión de todos los seres a Polícrates, quien después sufriría una muerte vergonzante.
11 Sobre la muerte de Ciro (600-529 a. C.) circulaban varias leyendas, pero HERÓDOTO , I 201-214 cuenta que no fue hecho prisionero, como podría deducirse de las palabras de Galeno, sino que murió tras 29 años de reinado en una campaña militar contra el pueblo de los masagetas.
12 El infortunio de Príamo es citado también por CALÍMACO , Fragm . 491 PFEIFFER , y CICERÓN , Tusculanas I 85 y 93.
13 Dionisio, tirano de Siracusa, abandonó su ciudad tras una sublevación popular en el 344 a. C. y acabó sus días en Corinto. CORNELIO NEPOTE , Timoleón 20, 2, y DIODORO SÍCULO , XVI 70, confirman que su infortunio se había hecho proverbial. El ejemplo es citado también por CICERÓN , Cartas a Ático IX 9, 1.
14 El término grammatikoí se refiere a quienes realizan un tipo de estudio lingüístico y filológico («gramáticos»), mientras que grammatistaí indica un maestro de lengua a nivel elemental.
15 Al clasificar las artes, Galeno las divide en tres órdenes: las puramente teóricas; las artes figurativas y constructivas junto con la profesión del maestro de escuela; y las artes manuales. Al concluir la Exhortación , Galeno reformula el elenco de téchnai privilegiadas situando la medicina en primer lugar y reforzando la vertiente lingüístico-literaria mediante la sustitución de la filosofía por la lógica y la retórica. Para M. VEGETTI , «Modelli di medicina in Galeno», en V. NUTTON (ed.), Galen: Problems and Prospects. A collection of papers submitted at the 1979 Cambridge Conference , Londres, 1981, págs. 47-63, en esp. 47, en esta clasificación aparecen implícitos muchos elementos de una concepción galénica de la medicina de ‘perfil alto’ como son la preeminencia de su vertiente teórica, su estrecha conexión con el saber lógico-matemático, de un lado, y con la escritura literaria, de otro, y su distinción neta de las prácticas manuales.
16 Esta representación de los tres órdenes de seguidores de Hermes puede ponerse en relación con la de la Tabla de Cebes , obra de un autor del s. I d. C. próximo al ambiente estoico que presenta en este escrito de carácter protréptico sobre la filosofía y mediante la descripción de un cuadro imaginario la oposición alegórica de la alēthinḕ paideía a la pseudopaideía . En realidad, toda esta contraposición entre Fortuna y Hermes es paralela a la que aparece en la Tabla de Cebes entre Fortuna y Paideía y responde al gusto imperante en época de Galeno por las ekphráseis (cf. PLUTARCO , Sobre la fortuna de los romanos 317c-318d, que confronta a Fortuna con Virtud).
17 Para P. N. SINGER , «Aspects of Galen’s Platonism», en J. A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), Galeno: Obra, pensamiento e influencia (Coloquio internacional, Madrid, 22-25 de marzo de 1988) , Madrid, 1991, págs. 41-55, en esp. 54-55, en este pasaje en que se describe el círculo de seguidores del dios Hermes —y que puede interpretarse como una reminiscencia del coro de dioses y démones de Fedro 246E-247A— Galeno aprovecha las ventajas del dualismo retórico de Platón para exaltar su téchnē pero sin comprometerse con la verdadera posición platónica. El propósito de aparecer ideológicamente como platonista es para P. N. Singer la auto-glorificación intelectual, dado que 1) los filósofos eran los miembros intelectualmente más respetables de la sociedad; 2) el rigor de las disciplinas de las matemáticas y la geometría es un rasgo platónico que a Galeno le era provechoso para alcanzar una posición de autoridad con la que poder desacreditar a sus oponentes; y 3) la concepción platónica de una pequeña élite como la única posesora posible del conocimiento permitía a Galeno establecer una estrecha conexión entre el conocimiento en su grado máximo y la virtud, estableciendo así una moral propia opuesta a la de sus rivales.
18 Sobre Aristipo de Cirene cf. DIÓGENES LAERCIO , II 8, 65-104. La fuente de esta anécdota parece ser el Protréptico de Posidonio de Apamea (s. I a. C.). También CICERÓN , República I 28, cuenta la historia pero la atribuye, bien que con dudas, a Platón. DIÓGENES LAERCIO , VI 6, por su parte, hace a Antístenes protagonista del episodio, y VITRUBIO , Sobre la arquitectura VI, pról. 1, se refiere a la escena de Aristipo pero sitúa el naufragio en Rodas. En el mundo islámico la aventura de Aristipo era bien conocida, seguramente gracias al intermediario de la traducción árabe hoy perdida de la Exhortación a la medicina (cf. F. ROSENTHAL , «Witty Retorts of Philosophers and Sages from the Kitab al-Ajwibah al-muskitah of Ibn Abi ’Awn», Graeco-Arabica 4 (1991), 179-221, en esp. 198.
19 SÓFOCLES , Edipo en Colono 3-4.
20 O «que acompañan a quien naufraga». Cf. DIÓGENES LAERCIO , VI 6, y BASILIO DE CESAREA , Sobre el provecho de la literatura clásica V 9.
21 Cf. EPICTETO , Diatribas III 26, 25 sigs., y CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , El Pedagogo III 6.
22 En el texto oikía mén soi eû échei , G. KAIBEL , Claudii Galeni Protreptici quae supersunt , Berlín, 1894, pág. 31, atetizó eu échei para evitar el hiato con soi . Por la misma razón, A. BARIGAZZI , en su edición Galeni. Exhortatio ad medicinam (Protrepticus) , cit., añadió 〈pas’ 〉 delante de eû . Recogiendo las conclusiones de otros autores, J. A. LÓPEZ FÉREZ , «Observaciones filológicas útiles para la crítica textual y la ecdótica de Galeno», en J. JOUANNA , A. GARZYA (eds.), Storia e ecdotica dei testi medici greci , Nápoles, 1996, págs. 273-288, en esp. 284 sigs., ha observado que el hiato es admitido por Galeno precisamente en casos como éste de paráfrasis o citas de otros autores. Por ello V. BOUDON , Galien. Exhortation à l’étude de la médecine. Art médical . París, 2000, conserva en su edición el hiato sin alterar el texto.
23 Adaptación del diálogo entre Odiseo y Laercio en HOMERO , Od . XXIV 244-249. Cf. también ESTOBEO , Florilegio III 4, 110, a propósito del filósofo estoico Aristón de Quíos.
24 Los dos representantes más famosos de la escuela cínica.
25 Cf. DIÓGENES LAERCIO , VI 47, que atribuye esta imagen a Diógenes de Sínope y el Gnomologium Vaticanum 484, pág. 180, STERNBACH -LUSCHNAT , que la atribuye a Sócrates.
26 Esta comparación con las higueras situadas en los lugares inaccesibles y cuyos frutos sólo aprovechan a los cuervos es atribuida a Crates por ESTOBEO , Florilegio III 15, 10, y a Diógenes de Sínope por DIÓGENES LAERCIO , VI 60.
27 Hay un juego de palabras entre kórakas , «cuervos», y kolákōn , «aduladores».
28 Éste es un pensamiento característico de las sentencias cínicas.
29 El pasaje está inspirado en la filosofía cínica y retoma un tema muy conocido, ya que se sabe que Diógenes de Sínope debió exiliarse con su padre, que era banquero, por haber falsificado moneda: cf. DIÓGENES LAERCIO , VI 20-21. Pero la expresión nómisma puede tener un doble sentido y referirse a las «instituciones» o a los «valores establecidos».
30 EURÍPIDES , Fenicias 404-405. En este pasaje de la tragedia euripidea Yocasta interroga a Polinices sobre su existencia en el exilio. Las referencias a esta tragedia para evocar los dolores y dificultades de la vida en el exilio se encuentran principalmente en discursos sobre el exilio o consolaciones a quienes han perdido su patria y su fortuna. Ejemplo de ello son FAVORINO DE ARELATE , Sobre el exilio 7, y PLUTARCO , Sobre el exilio 16, 606e.
31 PLATÓN , Menéxeno 247B. El tema de las virtudes de los ancestros fue popularizado por ISÓCRATES , A Demónico 11, y ARISTÓTELES , Retórica II 15, 1390b16 sigs.
32 HOMERO , Il . IV 405.
33 Cf. PLATÓN , Menéxeno 248B-C.
34 Temístocles fue un famoso general y estadista ateniense, que era probablemente de familia aristocrática, aunque sus adversarios políticos le reprochaban su origen ilegítimo por ser hijo de una esclava. Según CORNELIO NEPOTE , Temístocles 2, 1, era originario de Acarnania, y según PLUTARCO , Vida de Temístocles 1-2, de Caria o de Tracia. Las palabras que Galeno pone en su boca aquí las atribuye ESTOBEO , Florilegio IV 29, 15 a Ifícrates de Atenas.
35 Los escitas eran considerados hombres incultos, groseros y brutos y era muy famoso el proverbio Skýthōn erēmían , «desierto de escitas», para hacer referencia a un lugar habitado por hombres de esta clase. Cf. E. L. LEUTSCH -F. G. SCHNEIDEWIN (eds.), Corpus Paroemiographorum Graecorum , Gotinga, 1839-1851, vol. II, pág. 208, 66.
36 Anacarsis (s. VI a. C.) es uno de los Siete Sabios y debe su fama a haber trascendido la reputación bárbara de los escitas. De hecho, su nombre es frecuentemente citado por los filósofos cínicos, que gustaban de oponer las cualidades de los bárbaros a los defectos de los griegos. Anacarsis viajó por Grecia, según cuenta HERÓDOTO , IV 76, y fue huésped de Solón en Atenas (PLUTARCO , Vida de Solón 5). Para la respuesta que da aquí a sus detractores cf. DIÓGENES LAERCIO , I 104, y ESTOBEO , Florilegio IV 29, 16.
37 Para la idea de los ciudadanos que dan renombre a su ciudad, cf. Antología Griega VII 139 sigs. y TEMISTIO , Disc . 27, 334b-c y 337c.
38 Arato (ca . 315-240) es un poeta alejandrino nativo de Solos en Cilicia que en su único poema conservado, Fenómenos , expone los conocimientos de su tiempo en materia astronómica. Crisipo es un conocido filósofo de la escuela estoica que vivió a finales del s. III a. C.
39 Cf. TUCÍDIDES , I 2, 5 sobre la aridez del Ática, que al principio preservaba a sus habitantes de rivalidades internas.
40 Dos políticos atenienses del partido democrático en la época de la Guerra del Peloponeso y conocidos demagogos. Sobre todo para Cleón véase el testimonio de ARISTÓFANES en su comedia Caballeros .
41 PÍNDARO , Fragm . 83.
42 PÍNDARO , Ol . VI 90.
43 Se refiere a Solón, célebre legislador ateniense del s. VI a. C. y uno de los Siete Sabios. La ley que obligaba a educar a los hijos es recordada por PLUTARCO , Vida de Solón 22.
44 La adición de gár es atribuida por G. Kaibel al médico parisino Fr. Jamot, que publicó en París en 1583 una edición comentada de la Exhortación a la medicina (cf. M. BEAUDOUIN , «Le Protrepticus de Galien et l’édition de Jamot», Revue de Philologie , n. s., 22 [1898], 233-245). No obstante, parece que las enmiendas de Jamot deben mucho al trabajo previo de Ludovico Bellisario.
45 Sobre la belleza como bien ilusorio por excelencia cf. JÁMBLICO , Protréptico 8, pág. 77 DES PLACES , y PSEUDO PLUTARCO , Sobre la educación de los hijos 8, 5d.
46 Fragm. adesp . 174 KANNICHT -SNELL .
47 EURÍPIDES , Fragm . 928 NAUCK .
48 Para el carácter fugaz de la belleza y la comparación de la juventud con la primavera cf. MIMNERMO , Fragm . 5 ALLEN ; ESTOBEO , Florilegio IV 50, 27 y 84; y varios pasajes de escritos protrépticos: ARISTÓTELES , Protréptico , Fragm . B 104=105 DÜRING ; BOECIO , Consolación de la filosofía III 8; JÁMBLICO , Protréptico 8, pág. 47, 7 DES PLACES .
49 SAFO , Fragm . 101 (= 50 LOBEL -PAGE , 49 DIEHL ).
50 DIÓGENES LAERCIO , VIII 10 atribuye a Pitágoras la comparación entre las edades del hombre y las estaciones del año. Cf. asimismo ESTOBEO , Florilegio IV 10, 49, concretamente para el parangón entre la vejez y el invierno, y PSEUDO PLUTARCO , Sobre la educación de los hijos 11, 8c.
51 Para esta imagen tan conocida véase, entre los contemporáneos de Galeno, FAVORINO DE ARELATE , Sobre el exilio 25, 1.
52 Cf. HOMERO , Il . II 673-675, XVII 32, XX 198, y las palabras de HESÍODO , Trabajos y días 218: ei dè pathòn ti nḗpiōs égnon . Todo este pasaje, desde el comienzo del capítulo VIII —en el que para una mayor eficacia del discurso se citan tres fragmentos poéticos, hay una reminiscencia de Mimnermo, se parafrasea un pasaje de la poesía de Solón y se menciona una de las leyes del famoso legislador—, es analizado con detalle por A. BARIGAZZI , «Solone, Saffo, Euripide in un passo di Galeno», Prometheus 4 (1978), 207-218.
53 HOMERO , Il . V 429.
54 Il . VI 490.
55 Il . II 671, 673, 675. La belleza de Nireo, tan conocida como vulnerable, parece haberse hecho proverbial, si se hace caso de HORACIO , Odas III 20, 15, Epodos 15, 22, y OVIDIO , Pónticas IV 13, 16.
56 Son palabras que PLUTARCO , Preceptos de matrimonio 25, 141 c-d, pone en boca de Sócrates. Cf. también DIÓGENES LAERCIO , II 33, y ESTOBEO , Florilegio II 31, 98.
57 Od . VIII 169-173.
58 Cf. DIÓGENES LAERCIO , VI 32, que advierte que otras fuentes atribuyen la anécdota a Aristipo. Por su parte, FAVORINO DE ARELATE , Fragm . 126 BARIGAZZI , la atribuye a Solón.
59 Entre el arte verdadero y la actividad nociva de los atletas se sitúa el «arte frívolo” (mataiotechnía) y el «arte fraudulento» (kakotechnía) , de lo que son ejemplos el oficio del acróbata, el del funambulista o el de Mirmécides de Atenas y Calícrates de Lacedemonia, famosos en la Antigüedad por haber realizado esculturas en miniatura: cf. ELIANO , Varia Historia I 17, y PLINIO , Historia Natural VII 85. Un escolio a la Gramática de DIONISIO TRACIO , que es quizás la fuente del pasaje (A. HILGARD , Scholia in Dionysii Thracis artem grammaticam , Leipzig, 1901, tomo III 2, pàgs. 106-126), habla de siete formas de arte derivado: technoeidḗs («arte aparente»), hēmitéchnion («arte a medias»), mikrotechnía («arte de la miniatura»), pseudotechnía («artífice de arte»), kakotechnía («arte fraudulento»), mataiotechnía («arte vano») y atechnía («ausencia de arte»).
60 Para P. HARTLICH , «De exhortationum a Graecis Romanisque scriptarum historia et indole», Leipziger Studien zur classischen Philologie 11 (1889), 317, la elección del verbo prodiasképsasthai no es fortuita, sino que anunciaría la segunda parte del tratado consagrada al arte de la medicina que seguiría al ataque contra la actividad de los atletas.
61 P. N. SINGER , «Aspects of Galen’s Platonism», cit., págs. 54-55, considera que este pasaje demuestra también cómo Galeno adopta la retórica platónica, invocando un dualismo entre cuerpo y alma pero evitando admitir la inmortalidad: utiliza la palabra thnētón para describir la parte que los seres humanos tienen en común con las bestias y que no necesita ser cultivada, pero no la contrasta con athánaton , sino con logikón .
62 La idea de que la obtención de la educación es el más grande de los bienes destaca la importancia de la cultura para el hombre libre y se enmarca en el debate cultural de la época sobre la enkýklios paideía , debate en el que también participa, aunque en modo diverso, otro médico y filósofo, Sexto Empírico: en su famosa obra Contra los profesores este filósofo escéptico expone su crítica contra los enkýklia mathḗmata , la gramática, la retórica, la geometría, la aritmética, la astrología y la música. Cf. S. FORTUNA , «Sesto Empirico: enkýklia mathḗmata e arti utill alla vita», Studi Classici e Orientali 36 (1986), 123-137. La relación entre cultura general y cultura especializada es un punto crucial en el debate cultural en el mundo antiguo que hunde sus raíces en la Atenas de los ss. V-IV a. C. pero que se mantiene vivo durante todo el período imperial. Cf. en general A. M. IERACI BIO , «Sulla concezione del medico pepaideuménos in Galeno e nel tardoantico», en J. A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), Galeno: Obra, pensamiento e influencia , cit., págs. 133-151.
63 Las comparación entre la fuerza de los atletas y las facultades de los animales es un tema recurrente en los discursos protrépticos: cf. PSEUDO PLUTARCO , Sobre la educación de los hijos 8, 5; TEMISTIO , Disc . XXXIV, pág. 445, 10 DIND .; ESTOBEO , Florilegio IV 12, 14; DIÓN DE PRUSA , Disc . IX 293; BOECIO , Consolación de la filosofía III 8, 7.
64 Se dice que Asclepio no era considerado todavía un dios en tiempos de Homero, sino un simple príncipe de Tesalia. Fue elevado a la categoría de semidios por ser hijo de Apolo y de una mortal, Coronis, y después se convirtió en el dios de la medicina. También Dioniso era hijo de un dios y una mortal, en este caso Zeus y Sémele.
65 El episodio lo cuenta el propio Sócrates en PLATÓN , Apología 21 A, cuando narra que la reputación de sabio que le acompañaba le venía en realidad de un oráculo que el dios de Delfos dio a Cerefonte, quien había preguntado al dios si en el mundo había alguien más sabio que Sócrates.
66 El episodio es narrado por HERÓDOTO , I 65, 3. Licurgo es el fundador semilegendario de la constitución espartana.
67 De la obra de Arquíloco de Paros (primera mitad del s. VII a. C.) sólo nos quedan fragmentos. Cf. para este testimonio la edición de LASSERRE -BONNARD , Test . 14a.
68 Se refiere a Apolo, recién invocado, cuya opinión se contrapone a la del vulgo.
69 EURÍPIDES , Fragm . 282, 1-9 NAUCK , de la obra perdida Autólico . Galeno cita el v, 3 de este pasaje en consonancia con el Papiro Oxy . 3699 y en contra del testimonio de Ateneo: cf. O. MUSSO , «Il fr. 282 dell’ Autolico euripideo e il P. Oxy . 3699», Studi Italiani di Filologia Classica , serie III, 6 (1988), 205-207. El fragmento completo es citado y comentado por V. VISA -ONDARÇUHU , L’image de l’athlète d’Homère à la fin du Ve s. av. J.-C ., París, 1999, págs. 240 sigs.
70 EURÍPIDES , Fragm . 282, 16-18 NAUCK .
71 EURÍPIDES , Fragm . 282, 19-22 NAUCK .
72 Sobre los alimentos 34 (IX 110 L.), una obra que actualmente se considera una adición posterior al corpus hipocrático.
73 Sobre el recurso a las citas para ilustrar los propósitos de uno cf. PLATÓN , Alcibíades I 117E, y JENOFONTE , Memorables III 3, 9.
74 Literalmente gymnòn tôn éxōthen , «desprovisto de sus circunstancias externas».
75 Frine era una conocida cortesana originaria de Tespias en Beocia que vivió en Atenas durante la primera mitad del s. IV a. C. Era célebre por su belleza y sirvió de modelo a Praxíteles, de quien fue amante. Cf. PLINIO , Historia Natural XXXIV 70, y PLUTARCO , Sobre los oráculos 401a-e.
76 La crítica del ejercicio atlético que se expone en estos capítulos es típica de la literatura cínica. Véase también PSEUDO -PLUTARCO , Sobre la educación de los niños 11, y GALENO , Sobre la constitución del arte médica 37, Higiene III 2.
77 HIPÓCRATES , Aforismos I 3, citado tambien por BASILIO DE CESAREA , Sobre el provecho de la literatura clásica IX 16.
78 Epidemias VI 4, 18.
79 Siguiendo el texto de Kaibel, hōs korybantiôntos , y no el de Wenkebach, hōs Kóroibos , «como si aquél fuese un necio».
80 Epidemias VI 6, 2.
81 Cf. HOMERO , Il . XXIV 677-679, en donde se lee «Hermes» en vez de «atletas».
82 Una imagen similar se encuentra en PLATÓN , República VII 535E.
83 HIPÓCRATES , Aforismos II 51.
84 Sobre los alimentos IX 110.
85 HOMERO , Il . IX 503. La cita la utiliza también GALENO en Sobre el juego con la pelota pequeña 5.
86 Véase para este tema la serie de epigramas satíricos de la Antología griega XI 75-86.
87 Hay un juego de palabras entre athlētḗs , «atleta», y áthlios , «desdichado».
88 Katháper apò gês es el texto de la Aldina, que conserva Erasmo: velut ab una terra , si bien quizás deba leerse katháper apò 〈pēgês 〉, «como si de una misma fuente proviniesen», una conjetura de Ludovico Bellisario.
89 Galeno retoma aquí la opinión de ciertos cínicos como Diógenes o Crates: cf. DIÓGENES LAERCIO , VI 49, y GALENO , Sobre la buena constitución IV 754, 6-756, 4 KÜHN .
90 Estos deportes de combate eran responsables de frecuentes deformaciones de la cara, especialmente de lesiones en las orejas y la nariz. Pueden verse diferentes representaciones de estos accidentes frecuentes en los atletas en M. GRMEK , D. GOURÉVITCH , Les maladies dans l’art antique , París, 1998, págs. 228 sigs., con referencia expresa a la Exhortación a la medicina .
91 EURÍPIDES , Fragm . 282, 19, 22 NAUCK , citado poco antes de forma más extensa.
92 Milón de Crotona era un célebre atleta del s. VI a. C. que se hizo legendario en la Antigüedad por su poderosa musculatura y el gran número de victorias conseguidas en los Juegos Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Nemeos. Cf. V. VISA -ONDARÇUHU , «Milon de Crotone, personnage exemplaire», en A. BILLAULT (ed.), Héros et voyageurs grecs dans l’occident romain , París, 1997, págs. 33-62. Para la anécdota contada aqui por Galeno cf. ATENEO , Banquete de los eruditos X 412e-f.
93 Cf. ESTRABÓN , Geografía VI 1, 12; VALERIO MÁXIMO , IX 12, 9; AULO GELIO , Noches Áticas XV 16; LUCIANO , Caronte 8; y PAUSANIAS , VI 14, 8. Según este último, Milón fue muerto por los lobos al quedar sus manos apresadas en la hendidura de un tronco, una vez se desprendieron las cuñas que la mantenían abierta.
94 Temístocles era renombrado por haber interpretado correctamente un oráculo délfico que ordenaba a los atenienses dirigirse al mar, con lo que salieron victoriosos en la batalla de Salamina en el 480 a. C.: cf. HERÓDOTO , VII 143.
95 EURÍPIDES , Fragm . 200 NAUCK .
96 El autor de la fábula que se narra a continuación es desconocido aunque la cita es de inspiración claramente cínica. TH . BERGK , «The Age of Babrius», The Classical Museum 3 (1846), 117 cree que el modelo podría ser una fábula de Babrio o bien Jenófanes. O. CRUSIUS , «Ein Lehrgedicht des Plutarch (Echtheit von Galen’s Protrepticus -Versspuren-Galen und Plutarch-Plutarch und Phaedrus)», Rheinisches Museum 39 (1884), 581-606, en esp. 586 sigs., evoca también a Fedro y no descarta la influencia de un fragmento poético perdido de PLUTARCO , Perì zṓōn alógōn poiētikós , núm. 127 del Catálogo de Lamprias . Sobre estas atribuciones se ha mostrado escéptico A. GERCKE , «De Galeno et Plutarcho», Rheinisches Museum 41 (1886), 470-472, y F. W. SCHNEIDEWIN , «Ein Dichter bei Galenos», Rheinisches Museum 4 (1846), ha mostrado su cautela a la hora de restaurar a partir del testimonio de Galeno el fragmento original en que se inspira. Por su parte, A. BARIGAZZI , Galeni. Exhortado ad medicinam (Protrepticus) , cit., ha propuesto el nombre del filósofo cínico Crates pero ha relacionado el final del pasaje con DIÓN DE PRUSA , Disc . IX 22.
97 Esto es, en los Juegos Olímpicos.
98 Nombre parlante, «el que rebuzna».
99 Para el interés de Galeno por la astronomía y sus notas en su comentario al tratado hipocrático Aires, aguas y lugares sobre los detalles de la longitud del día o del mes en Alejandría cf. G. STROHMAIER , «Hellenistische Wissenschaft im neugefundenen Galenkommentar zur hippokratischen Schrift Über die Umwelt» , en J. KOLLESCH , D. NICKEL , (eds.), Galen und das hellenistische Erbe. Verhandlungen des IV. Internationalen Galen-Symposiums an der Humboldt-Universität Berlin, sept. 1989 , Stuttgart, 1993, págs. 157-164, en esp. págs. 159-162.
100 A. S. L. FARQUHARSON , The Meditations of the Emperor Marcus Antoninus , Oxford, 1944, vol. I, pág. 347, hace notar que esta inclusión de la medicina entre las artes liberales, al nivel de la música o la pintura, contrasta llamativamente con el pasaje de MARCO AURELIO , Meditaciones VI 35 acerca de los bánausoi technitai , «artesanos puramente hábiles», entre los que incluye al arquitecto y al médico. Cf. GALENO , Sobre la constitución del arte médica I 20, y 4 Trasíbulo. Sobre si la salud depende de la medicina o de la gimnástica 30, para ulteriores discusiones sobre la clasificación de las artes.
101 Esta duda prudente sobre el lugar de la pintura y la escultura en la división de las artes reproduce las opiniones divergentes de los predecesores de Galeno. ASÍ , SÉNECA , Epístolas morales a Lucilio 88, 18, niega a ambas la condición de artes liberales, pero Posidonio —según testimonio del propio Séneca— adopta una posición más conciliadora y cree que la pintura y la escultura entrarían dentro de las artes ludicrae , aquellas destinadas a dar placer a la vista o al oído.
II
QUE EL MEJOR MÉDICO ES TAMBIÉN FILÓSOFO

INTRODUCCIÓN
El opúsculo que nos ocupa pertenece a la plena madurez de Galeno, ya que es muy probable que haya sido escrito tras la redacción del segundo grupo de los comentarios hipocráticos, que pertenecen a su vez a un período tardío 1 . La obrita ha sido objeto de muy diversas interpretaciones. Así, para unos es el resultado de un propósito de síntesis de experiencia y raciocinio y trata de establecer el lugar que ocupan la filosofía y la lógica en la formación del médico 2 . Otros creen que no tiene gran interés filosófico, sino que es un alegato contra los «nuevos médicos» por su manera de imitar a Hipócrates 3 , y hay quienes opinan que el tratado es eminentemente sofístico, que está destinado a los estudiantes de medicina y que quizás fuera uno de los discursos pronunciados por Galeno en Roma 4 .
En primer lugar, lo que hace Galeno en Que el mejor médico es también filósofo es exponer cuál es su concepto de médico ideal estableciendo un paralelo absoluto entre el médico y el filósofo. Con este fin, Galeno presenta la filosofía dividida, al modo helenístico, en tres disciplinas, lógica, física y ética. En el ámbito de la medicina corresponde a la física el estudio de los órganos del cuerpo y sus relaciones y funciones; a la lógica el examen de las enfermedades, sus características y tipología. En ambos casos, el médico practica una contemplación racional. Por último, la ética se refleja en la obligación del médico de atender a los demás, de ser amigo de la templanza y poseer la profesión más humana. De este modo, el tratado puede entenderse también como una exhortación a la práctica de la medicina acompañada de la virtud 5 .
Para Galeno, el médico ha de ser un hombre íntegro en su profesión, estudioso y honrado, que combina el trabajo práctico con la indagación teórica. Ha de emular la figura del médico hipocrático, amigo de la verdad y conocedor de la naturaleza, un modelo que había ya sido trazado por Platón 6 . En efecto, el filósofo ateniense estableció una distinción entre los verdaderos iatroí y los ‘siervos’ de la medicina, que trabajan sin un conocimiento racional de la phýsis , de la naturaleza de los cuerpos, y permanecen aferrados al reino de la dóxa .
Como ha hecho notar Margherita Isnardi 7 , con Galeno la relación entre la filosofía y las téchnai , que en origen estaba basada en la supremacía de la primera, se vuelve del revés, ya que Galeno priva a la filosofía de su valor universal y propone su conversión en mera téchnē específica. Ya no es la filosofía la que da sentido a las restantes artes, sino que son las grandes artes cuales la medicina o la arquitectura las que dan un significado a la filosofía. Puesto que, por una parte, la filosofía viene asimilada a una téchnē teórica que, como ejercicio metódico, implica la utilización de reglas lógicas, y por otra, se equipara la téchnē a la aretḗ , y por tanto al campo de la ética, en este tratado se insiste en la necesidad de que el médico practique la especulación lógica y estudie la naturaleza del cuerpo, al tiempo que se nos ofrece un bosquejo del ḗthos del médico ideal.
Pero al margen de estas consideraciones puede afirmarse que lo que Galeno pretende en última instancia con Que el mejor médico es también filósofo es presentarse a sí mismo como modelo de ese médico ideal que él describe. Efectivamente el tratado aboga por la figura del médico «cultivado», pepaideuménos 8 , siguiendo la convicción predominante en la época de que sólo la formación general hacía verdaderamente humana y fructífera la especialización, y que no se podía ejercer decorosamente una profesión sin haber pasado por una paideía completa capaz de suscitar sanas actitudes mentales, energía interior y sentido moral 9 . Así lo demuestra la obra de Plutarco Preceptos sobre la conservación de la salud en la que aparece al comienzo (I 122b-e) una diatriba contra Glauco, un buen médico pero especialista en sentido estricto y hostil a los filósofos, que no tolera que éstos discutan sobre el régimen saludable, puesto que opina que los campos de trabajo de la medicina y de la filosofía son enteramente distintos.
La formación recibida por Galeno en centros tan importantes como Pérgamo, Esmirna, Alejandría o Roma, sus múltiples intereses y su extensa cultura le convierten ciertamente en paradigma de médico ilustrado y docto 10 . La educación de Galeno fue programada por su padre Nicón, un arquitecto pepaideuménos , y su amplitud de conocimientos queda atestiguada por las diversas secciones de su obra autobibliográfica Sobre mis libros , en donde, aparte de los textos propiamente médicos (caps. 1-10), hay una sección entera dedicada a los libros de lógica, una a textos de filosofía moral, cuatro relativas a las doctrinas platónica, aristotélica, estoica y epicúrea, y la última referida a argumentos de tipo gramatical y retórico. Esta vasta producción despertó la admiración hacia Galeno fuera del ámbito propiamente médico. Así, Ateneo lo incluye en el grupo de los deipnosofistas porque, «ha publicado tantas obras filosóficas y médicas que sobrepasa a todos sus predecesores» 11 . Por su parte, Alejandro de Afrodisias 12 lo cita junto a Platón y Aristóteles como tercer ejemplo de una autoridad de la que se pueden extraer éndoxa; y Simplicio 13 lo llama ho polymathḗstatos y ho philologótatos y lo cita en cuanto que tratadista de problemas físicos. También es significativo el testimonio del léxico bizantino de la Suda 14 , que renuncia a reseñar sus obras gramaticales y retóricas «por ser éstas familiares a todos». De todos estos juicios emerge clara la figura de Galeno como médico, filósofo y literato.
Galeno reivindica pues la figura del médico como hombre de ciencias e intelectual, protagonista de una nueva cultura en un período en el que la filosofía propiamente dicha —y a la que en principio correspondería esa misión— se había dividido en múltiples escuelas filosóficas enredadas a menudo en discusiones teóricas. Esta caracterización del médico pepaideuménos discrimina en definitiva entre los conceptos de iatrós y technítēs —este último cerrado y limitado en su saber especializado 15 — o pharmakopṓlēs —dispensador de fármacos 16 —, y establece la altura y dignidad de una profesión caracterizada por la tensión entre los polos de la theōría y la prâxis 17 .
Esta elevada concepción del médico está unida al valor cultural y social de la medicina. Recuérdese cómo en la Exhortación a la medicina 14, la medicina se clasifica junto a otras artes intelectuales y nobles cuales son la geometría, las matemáticas o la filosofía. Y es que el conocimiento anatómico permite al médico tener una visión precisa de la estructura de los órganos y de las funciones de las partes del cuerpo, percibir el orden providencial y racional de la naturaleza y así alcanzar el nivel causal, el plano del discurso teórico general, que se había convertido en patrimonio exclusivo de las escuelas filosóficas 18 . Pero además el médico es también mediador entre el mundo corpóreo y la naturaleza, «ministro de la naturaleza» 19 : ésta última es artífice de todo y el médico es su ayudante, en la medida en que interviene para corregir los factores patológicos, y ello porque conoce los procesos, el orden teleológico, el lógos de la naturaleza.
En definitiva, la revalorización de la medicina que propone Galeno hace que el médico, según lo concibe él, se pueda convertir por derecho propio en protagonista de la escena cultural, y hace también que su paideía deba ser completa, como se pone de manifiesto en el presente tratado: el médico debe conocer la geometría, que con sus demostraciones apodícticas puede ofrecer el modelo epistemológico que oponer a las polémicas sectarias; debe conocer la filosofía y sus partes según la tripartición tradicional estoica en lógica, física y ética; debe conocer la lógica por la necesidad que tiene de basar la investigación científica sobre una teoría del conocimiento; debe conocer la física para tener un conocimiento firme de la naturaleza del cuerpo humano; y debe finalmente conocer la ética para extraer de ella el fundamento moral necesario para su profesión. El médico de Galeno tiene una superioridad moral en cuanto hagnós, philánthrōpos y philóponos , hombre «puro», «humanitario» y «trabajador».
La concepción galénica del médico coincide en parte con la figura del iatrosophistḗs o iatrophilósophos típica del período de la Segunda Sofística y que se convertiría pronto en emblema de la escuela iatrosofística de Alejandría 20 . Se trata de aquel que ejercita a la vez la profesión de iatrós y la de sophistḗs 21 . Elio Aristides (Or . 49, 8) describe en este sentido al anatomista Sátiro, maestro de Galeno. La sociedad del momento contempla con entusiasmo a este tipo de médicos 22 por el saber del cual son depositarios, el cual puede satisfacer en cierto modo sus dos necesidades, la «salvífico-milagrosa» 23 y la «racional» 24 .
La herencia del médico ideal que propugna Galeno en Que el mejor médico es también filósofo se aprecia en primer lugar en la escuela médica alejandrina. Las fuentes árabes a partir de las cuales se ha reconstruido el curriculum de estudios de esta escuela 25 demuestran que el curso principal comprendía lógica y medicina. Con la lógica, que se estudiaba con ayuda de las obras de Aristóteles, se pretendía preparar al estudiante para extraer conclusiones acertadas, distinguir lo verdadero de lo falso y poder consultar otros libros de lógica y filosofía. Para la medicina se utilizaban cuatro obras de Hipócrates —Aforismos, Pronósticos, Sobre el régimen de las enfermedades agudas, Aires, aguas y lugares — y una selección de Galeno. Y para la educación médica se leían dos obras de Galeno, Sobre el orden de mis libros , que ilustraba sobre la secuencia en que habían de leerse sus obras, y Que el mejor médico es también filósofo , que pudo interpretarse como una suerte de manifiesto científico-ético-cultural.
A través de la mediación alejandrina, en el ámbito árabe uno de los máximos representantes del ideal galénico del médico —filántropo, autodidacto, dotado de cultura filosófica y médica fundada en las obras clásicas— es el musulmán del s. XI Ibn Ridwan, que sostuvo una polémica contra el médico cristiano Ibn Butlan de Bagdad que recuerda a la mantenida por Galeno contra sus adversarios médicos 26 . En dicha controversia el médico musulmán acusaba a Ibn Butlan de Bagdad de ser un mero technítēs y no un verdadero médico, el cual debe ser a un tiempo filósofo y hombre de ciencia, teólogo y lógico, y defendía la discusión crítica de las obras clásicas. A comienzos del s. IX un testimonio habla de un grupo de estudio de medicina dirigido por un médico sirio cristiano en un hospital de Bagdad y en el que participaban también los filósofos, que tomaban parte en las demostraciones de los aspectos más técnicos de la medicina como la práctica de la uroscopia 27 . El ejemplo galénico del médico-filósofo fue seguido en el mundo del Islam por personajes como Rhazes, Avicenna y Averroes. Por el contrario, Maimónides cesó de dedicarse a la filosofía una vez hubo adoptado la medicina como profesión.
En el mundo occidental la recepción de la concepción galénica del médico se aprecia con claridad en la escuela médica salernitana 28 . Además, ejemplos del médico pepaideuménos cuya cultura y deontología médica coincide con la expuesta en nuestro tratado aparecen en el Pseudo-Sorano 29 , en Isidoro de Sevilla 30 y en un compendio elemental que se encuentra en códices latinos de los ss. IX y X cuyo título reza Qualem oporteat esse discipulum medicinae 31 .
En el ámbito bizantino son varias las muestras de médicos pepaideuménoi . Hay que recordar en primer lugar el comentario de Juan Filópono al tratado Sobre el alma de Aristóteles 32 . Además, con mucha probabilidad haya que identificar con León el Filósofo, el gran enciclopedista bizantino del s. X , al León philósophos kaì iatrós bajo cuya autoría los códices nos han transmitido obras médicas 33 . Miguel Pselo, Nicéforo Blemides y Manuel Holobolo son asimismo algunos de los escritores bizantinos autores de obras médicas.
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M. VEGETTI , «L’immagine del medico e lo statuto epistemologico della medicina in Galeno», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt 37, 2 (1994), 1672-1717.

1 Cf. J. ILBERG , «Über die Schriftstellerei des Klaudios Galenos», Rheinisches Museum 44 (1889), 207-239, en esp. pág. 236. También H. DILLER , «Zur Hippokratesauffassung des Galen», Hermes 68 (1933), 167-181, en esp. pág. 180, sitúa el tratado tardíamente en la carrera de Galeno. En contra, W. D. SMITH , The Hippocratic Tradition , Ithaca-Londres, 1979, en esp. pág. 83, n. 15, que cree que la obrita pertenece a la época del joven Galeno, cuando éste planeaba abandonar Roma. El propio GALENO sólo cita este tratado en su compendio bibliográfico Sobre mis libros 6.
2 Tal es la opinión de L. GARCÍA BALLESTER , Galeno en la sociedad y en la ciencia de su tiempo , Madrid, 1972, pág. 54.
3 Cf. M. ISNARDI , «Techne», La Parola del Passato 16 (1961), 257-296, en esp. pág. 257. En el tratado, Galeno anima a los médicos a volver a Hipócrates, pero al abordar el fundamento filosófico que debe tener la formación del buen médico, emplea conceptos típicamente helenísticos muy alejados de los de la medicina de Hipócrates.
4 ASí B. USOBIAGA , «Galeno: el mejor médico también es filósofo», Boletín del Instituto de Estudios Helénicos 10 (1976), 133-151.
5 Este planteamiento deontológico era además de gran actualidad en época imperial, dado que la moral médica interesaba vivamente al conjunto de la sociedad romana.
6 Cf. PLATÓN , Leyes IV 720A sigs.
7 M. ISNARDI , «Techne» , cit.
8 Cf., para estas consideraciones, el trabajo de A. M. IERACI BIO , «Galeno e la concezione del medico», en Talarískos. Studia Graeca Antonio Garzya sexagenario a discipulis oblata , Nápoles, 1987, págs. 147-163.
9 Cf. A. GARZYA , «Ideali e conflitti di cultura alla fine del mondo antico», en Storia e interpretazione di testi bizantini , Londres, 1974, I, pág. 307.
10 Véase J. KOLLESCH , «Galen und die zweite Sophistik», en V. NUTTON (ed.), Galen: Problems and Prospects. A collection of papers submitted at the 1979 Cambridge Conference , Londres, 1981, págs. 1-11. Si hacemos caso de la tradición árabe, la biblioteca personal de Galeno incluía, entre otros, manuscritos de Anaxágoras: cf. M. MEYERHOF , «Autobiographische Bruchstücke Galens aus arabischen Quellen», Sudhoffs Archiv für die Geschichte der Medizin 22 (1929), 72-86, en esp. pág. 85.
11 Banquete de sofistas I 2e-f. No obstante, los nombres de Galeno, Dafnus de Éfeso y Rufino de Nicea que aparecen en este pasaje de Ateneo podrían ser corrupciones o invenciones del epitomista bizantino que nos ha transmitido el texto. Ésta es al menos la opinión de J. SCARBO -ROUGH , «The Galenic Question», Sudhoffs Archiv 65 (1981), 1-31, en esp. págs. 18-21.
12 Comentario a los «Tópicos» de Aristóteles II 2, 549, 24 WALL .
13 Comentario a la «Física» de Aristóteles IX 718, 13 DIELS .
14 S.V . Galēnós = I 506, 15-20 ADLER .
15 Cf. GALENO , Sobre la localización de las enfermedades 5, 8 para la distinción entre iatrós y technítēs .
16 Cf. GALENO , Comentario a «Sobre los alimentos» de Hipócrates III 24.
17 La consideración de la medicina como arte compleja, compuesta de theōría y prâxis , es herencia de Hipócrates. En PSEUDO -GALENO , Definiciones médicas 10 se lee que «dos son las partes principales de la medicina, la teoría y la práctica. La primera precede a la segunda por cuanto que es oportuno especular primero sobre cualquier cosa y después actuar». «Teoría» y «práctica» corresponden a los dos momentos de la medicina, el «epistémico» —que es el propio de un arte superior y se manifiesta en el conocimiento racional de las causas naturales— y el «estocástico» (stochastikós) , que es típico de una téchnē y desarrolla la práctica basada en la experiencia y con vistas al logro de un fin, que no siempre se logra conseguir.
18 Cf. para estas consideraciones M. VEGETTI , «L’immagine del medico e lo statuto epistemologico della medicina in Galeno», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt 37, 2 (1994), 1672-1717, y A. M. IERACI BIO , «Sulla concezione del medico pepaideuménos in Galeno e nel tardoantico», en J. A. LÓPEZ FÉREZ , (ed.), Galeno: Obra, pensamiento e influencia (Coloquio internacional, Madrid, 22-25 de marzo de 1988) , Madrid, 1991, págs. 133-151, en esp. 139.
19 Cf. GALENO , Arte médica 27; Comentario a «Epidemias I» de Hipócrates II 51.
20 Cf. O. TEMKIN , «Geschichte des Hippokratismus im ausgehenden Altertum», Kyklos 4 (1932), 39-51.
21 Cf. para estos términos y para el aumento de gente cultivada con intereses en la filosofía y la medicina G. W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969. Este autor pone en estrecha relación a Galeno con la Segunda Sofística, de cuyo espíritu de idealización y añoranza del glorioso pasado participa: cf. el capítulo de este libro «The prestige of Galen», págs. 66 sigs.
22 Sobre su status privilegiado, del que son prueba las exenciones fiscales que les fueron concedidas por Vespasiano y confirmadas por Antonino, cf. L. EDELSTEIN , «The Professional Ethics of the Greek Physicians», Bulletin of the History of Medicine 30 (1956), 391-419 [reimpreso en O. TEMKIN , C. L. TEMKIN (eds.), Ancient Medicine. Selected Papers of Ludwig Edelstein , Baltimore, 1967, págs. 319-348, en esp. pág. 346, n. 48].
23 Cf. GALENO , Sobre los procedimientos anatómicos VIII 4, donde se describe una suerte de espectáculo «que impresiona a los espectadores» y que consiste en la vivisección de un animal con vistas a hacer una demostración del funcionamiento del sistema nervioso. Véase también M. VEGETTI , «Modelli di medicina in Galeno», en V. NUTTON (ed.), Galen: Problems and Prospects , cit., págs. 47-63, en esp. 54 sigs.
24 Cf. GALENO , Sobre la utilidad de las partes XVII 1, para la demostración del orden de la naturaleza.
25 A. Z. ISKANDAR , «An Attempted Reconstruction of the Late Alexandrian medical Curriculum», Medical Hist . 20 (1976), 235-258. A. M. IERACI BIO , «La trasmissione della letteratura medica greca nell’Italia meridionale fra X e XV secolo», en A. GARZYA (ed.), Contributi alla cultura greca nell’Italia meridionale , Nápoles, 1989, págs. 196-210, estudia los códices italogriegos que testimonian la conservación en la Italia meridional del legado de la escuela iatrosofística alejandrina.
26 Cf. M. MEYERHOF , The Medico-Philosophical Controversy between Ibn Butlan of Baghdad and Ibn Ridwan of Cairo. A Contribution to the History of Greek Learning among the Arabs . El Cairo, 1937.
27 Cf. E. LIEBER , «Galen, physician as philosopher; Maimonides, philosopher as physician», Bulletin of the History of Medicine 53 (1979), 268-285, en esp. pág. 181.
28 Cf. en general Studi sulla Scuola medica salernitana , Nápoles, 1986.
29 PSEUDO -SORANO , Quaestiones medicinales 244, 28-245, 1 ROSE .
30 ISIDORO DE SEVILLA , Etimologías IV 13, 1-5.
31 Fue editado por R. LAUX , «Ars medicinae: ein frühmittelalterliches Kompendium», Kyklos 3 (1930), 417-434, y su redacción griega ha sido individualizada por K. DEICHGRÄBER , «Medicus gratiosus». Abhandlungen der Akademie der Wissenschaften und Literatur in Mainz. Geistes-u. sozialwiss. Kl . 3 (1970), 94-107 [publicado como libro con el título Medicus gratiosus. Untersuchungen zu einem griechischen Arztbild , Wiesbaden, 1970] en dos versiones distintas que aparecen en tres códices de los ss. XIV-XV con el título Podapòn deî eînai tòn manthánonta tḕn iatrikḗn . Deichgräber ha subrayado cómo para Galeno las cualidades morales son de gran importancia en la formación y educación del médico, quien debe interesar a sus pacientes más si cabe por su cultura y excelencia moral que por su habilidad médica, puesto que las cualidades morales constituyen la mejor garantía de las habilidades del médico. Cf. asimismo L. EDELSTEIN , «The professional Ethics of the Greek Physicians», cit., en esp. págs. 335-337.
32 Cf. R. B. TODD , «Philosophy and Medicine in John Philoponus’ Commentary on Aristotle’s De anima», Dumbarton Oaks Papers 38 (1984), 103-110. En general para la relación entre filosofía y medicina en época tardoantigua véase L. G. WESTERINK , «Philosophy and Medicine in late Antiquity», Janus 51 (1964), 169-177, que examina la opinión de diversos filósofos tardíos interesados en cuestiones médicas, los testimonios de la combinación de ambas ciencias a partir de la segunda mitad del s. VI , así como la situación de las cátedras de filosofía y medicina en las universidades de Atenas, Alejandría y Constantinopla. Esteban de Atenas y Pseudo-David, en torno al año 600, son los primeros ejemplos seguros de las figuras de filósofo y médico combinados en una misma persona.
33 Cf. R. RENEHAN (ed.), Leonis medici de natura hominum synopsis , Berlín (Corpus Medicorum Graecorum X 4), 1969.
II. QUE EL MEJOR MÉDICO ES TAMBIÉN FILÓSOFO
A la mayor parte de los médicos les sucede lo mismo que a la mayoría de los atletas, que desean vencer en las Olimpíadas pero no se esfuerzan en hacer nada para que tal cosa llegue a cumplirse. Efectivamente, elogian a Hipócrates y lo consideran el mejor de todos, pero a la hora de asemejarse a él hacen todo menos eso. Y es que Hipócrates asegura que la astronomía contribuye en no pequeña medida a la medicina, y evidentemente también la geometría, que por necesidad precede a aquélla 1 . Pero los médicos actuales no sólo no se aplican en ninguna de estas dos disciplinas, sino que llegan a censurar a quienes sí lo hacen. Además Hipócrates postula la necesidad de un conocimiento preciso de la naturaleza del cuerpo alegando que es el principio de cualquier argumentación en medicina 2 . En cambio, los médicos de ahora ponen tan poco interés en este asunto que no sólo no conocen la esencia de cada uno de los miembros del cuerpo, ni su estructura 3 , conformación y tamaño, o su relación con las partes vecinas 4 , sino que desconocen incluso su localización.
Ya dijo también Hipócrates en su exhortación al ejercicio de la especulación lógica 5 que por no saber diferenciar las enfermedades en géneros y especies 6 sucede que los médicos se equivocan en sus propósitos 7 terapéuticos. Pero los médicos de nuestro tiempo están tan lejos de poner esa especulación lógica en práctica que a los que lo hacen les echan en cara el perder su tiempo en inutilidades. Hipócrates afirma igualmente que es preciso que se ponga sumo cuidado en el pronóstico del estado presente, pasado y futuro del enfermo 8 . En cambio, estos médicos se han preocupado tan poco por esta parte del arte que si alguien predice una hemorragia o una sudoración lo tildan de hechicero y cuentista. Difícilmente soportarían que otro predijese algo diferente y difícilmente adaptarían el tipo de dieta a lo que será el punto crítico de la enfermedad 9 , allí donde Hipócrates ordena sin lugar a dudas que se haga dieta 10 .
¿Y a qué otra cosa queda reducida la admiración por Hipócrates? Desde luego no a la precisión en la interpretación, pues también esto fue un logro suyo. En cambio, los médicos de ahora se encuentran en el extremo opuesto, al punto de que se puede ver cómo muchos de ellos se equivocan dos veces en un nombre, algo que es difícil siquiera imaginar.
[2] Por ello me ha parecido oportuno indagar cuál pueda ser la causa por la que, pese a la admiración que todos profesan por Hipócrates, no leen sus obras, y si alguno lo hace no comprende lo que dice, o si logra comprenderlo no aplica la teoría a la práctica con la intención de verificarla y ponerla en práctica. Yo encuentro efectivamente que todos los progresos humanos son producto de la voluntad y de la capacidad, y si se carece de una de estas dos cosas forzosamente se fracasará en los objetivos. Vemos por ejemplo que los atletas no alcanzan sus objetivos por incapacidad física o bien cuando han desatendido el ejercicio. Pero cuando tienen la fuerza física de un vencedor y se han preparado de forma satisfactoria, ¿qué motivo hay para no lograr muchas coronas en el combate?
¿Acaso entonces los médicos de ahora fallan en ambas cosas y no muestran ni capacidad ni una voluntad suficiente para el ejercicio de su arte?, ¿o acaso tienen la una pero carecen de la otra? Realmente no me parece que tenga sentido el que no nazca nadie con una aptitud mental suficiente como para hacerse cargo de una profesión tan humanitaria 11 , cuando el mundo es igual ahora que antes y no se ha producido una alteración en el orden de las estaciones ni una modificación de la órbita solar, ni ha tenido lugar ningún cambio en algún otro astro fijo o móvil 12 . Al contrario, parece razonable pensar que es por el pésimo régimen alimenticio con el que los hombres de ahora se alimentan 13 y porque la riqueza goza de mayor prestigio que la virtud por lo que no nace un Fidias entre los escultores, un Apeles entre los pintores 14 o un Hipócrates entre los médicos. Y eso que nosotros contamos con la no pequeña ventaja de que al haber nacido después que los antiguos podríamos asimilar más fácilmente las artes que aquéllos llevaron a su máximo esplendor 15 .
Así pues, sería de lo más sencillo aprender en el menor número posible de años lo que Hipócrates tardó tanto tiempo en descubrir, para así aprovechar el resto de la vida en investigar lo que queda. Pero mientras se conciba la riqueza como algo más valioso que la virtud y se aprenda el arte no por el bien de los hombres sino por lucro, no será posible alcanzar la meta de dicho arte —en efecto, esos otros se apresurarán a enriquecerse antes de que nosotros hayamos conseguido esa meta—. Porque ciertamente no es posible enriquecerse y al mismo tiempo practicar un arte tan importante, sino que aquel que se aplica con mayor ímpetu a una de las dos cosas necesariamente ha de despreciar la otra. ¿Pues acaso se puede decir que alguno de los hombres de ahora aspira a adquirir riqueza sólo para hacer frente con ella a las necesidades vitales de su cuerpo? ¿Hay alguien que se atreva no sólo a expresar con palabras sino a demostrar con hechos que el límite de la riqueza conforme a la naturaleza se constriñe a no estar hambriento o sediento o a no pasar frío? 16 .
Si efectivamente hay alguien así, desdeñará a Artajerjes [3] y a Pérdicas 17 : no acudirá nunca en presencia del primero y al segundo lo curará porque padece una enfermedad que precisa el arte de Hipócrates 18 pero no consentirá estar constantemente a su lado, y en cambio se dedicará a sanar a los indigentes de Cranón, de Tasos 19 y de otras pequeñas localidades. Dejará a sus conciudadanos de Cos 20 en manos de Pólibo 21 y de los otros discípulos y él en cambio no cesará de recorrer toda la Hélade dedicado a la enseñanza, porque también es preciso que escriba algo acerca de la naturaleza de los lugares 22 . Y es que, sin duda, a fin de juzgar con la experiencia lo aprendido de palabra, es absolutamente necesario ver en persona las ciudades, la que está orientada al mediodía y la que lo está al norte, la que mira a oriente o a poniente; y ver igualmente si está sita en una hondonada o en un alto, y si utiliza aguas traídas de fuera o aguas de manantial, o bien aguas pluviales, de los lagos o de los ríos; no pasar por alto si alguna se provee de aguas excesivamente frías o calientes, carbónicas o ricas en alumbre u otras de esta clase 23 ; observar si una ciudad linda con un gran río, con un lago, con una montaña o con el mar; y notar todo lo demás que Hipócrates nos enseñó.
De manera que quien vaya a dedicarse a la medicina no debe contentarse con desdeñar la riqueza, sino que ha de ser enormemente trabajador 24 . Y evidentemente no es posible que sea trabajador uno que se emborracha, se sacia de comida y persigue constantemente los placeres amorosos, en suma, uno que se hace esclavo de su sexo o de su estómago. El verdadero médico se reconocerá en verdad por ser amigo de la moderación 25 al tiempo que compañero de la verdad.
Asimismo es preciso, ciertamente, practicar el método lógico con vistas a conocer cuántas son las enfermedades en su conjunto, tanto específicas como genéricas, y cómo adoptar el remedio indicado para cada una 26 . Este mismo procedimiento explica también la propia naturaleza del cuerpo, la que deriva de los elementos primeros —aquellos que están enteramente mezclados entre sí—, la que lo hace de los segundos elementos —que son perceptibles y son llamados también homogéneos—, y la tercera, la que está por encima de aquéllos y está constituida por las partes orgánicas 27 . Y sin duda por el método lógico se aprende qué utilidad y eficacia tiene para cada ser vivo cada una de las cosas que se han dicho, y la pertinencia de darle a ello crédito no sin comprobación 28 sino mediante demostración.
Así pues, ¿qué es lo que falta todavía para que el médico que practica el arte en un modo digno de Hipócrates no sea filósofo? Pues si para desentrañar la naturaleza del cuerpo, las diferencias entre las enfermedades y los remedios indicados le conviene haberse ejercitado en la especulación lógica, y para perseverar diligentemente en el ejercicio de estas cosas haber despreciado la riqueza y cultivado la moderación 29 , abarcaría ya todas las partes de la filosofía: lógica, física y ética 30 . Pues en verdad, si desdeña el dinero y practica la temperanza no cabe temer que cometa injusticia alguna, ya que todas aquellas injusticias que los hombres se atreven a hacer las cometen cuando les seduce la avaricia o les embauca el placer. Y de este modo adquirirá forzosamente las restantes virtudes, porque todas ellas van juntas y no es posible que el que conquista una, sea cual sea, no tenga a la vez todas las demás acompañándola como si estuviesen anudadas con una única cuerda 31 .
Y ciertamente si para el aprendizaje inicial y para la práctica sucesiva la filosofía es imprescindible para los médicos, evidentemente aquel que sea un verdadero médico será sin lugar a dudas también filósofo. Y que los médicos precisan de la filosofía para hacer un uso conveniente de su arte creo que no necesita ningún tipo de demostración, después de haber visto en muchas ocasiones que son preparadores de medicamentos 32 , y no médicos, los codiciosos que aplican su arte para el fin contrario al que está destinado por naturaleza.
Así pues, ¿vas a disputar todavía sobre los nombres y a [4] desvariar sosteniendo que el médico es moderado, prudente, justo y que está por encima de la riqueza, pero que con todo no es filósofo? ¿Y que conoce la naturaleza de los cuerpos, la actividad de los órganos, la utilidad de las partes, las diferencias entre las enfermedades y los tratamientos indicados, pero que, eso sí, no se ha ejercitado en la especulación lógica? ¿O admitiendo estos hechos vas a tener la desvergüenza de disputar por el nombre que se les da? Ya es tarde: ahora es preferible, sí, que seas sensato y no te pelees como hacen el grajo o el cuervo por sus voces, sino que te afanes en la verdad de los propios hechos. Pues verdaderamente no puedes afirmar que un tejedor o un zapatero no llegarían a ser buenos sin aprendizaje ni práctica, pero que en cambio un médico puede aparecer repentinamente justo, prudente, capaz de hacer demostraciones y experto en la naturaleza 33 sin haber recurrido a maestros ni haberse ejercitado.
De manera que, si esto último es también indigno y la otra posición es la de quien no discute sobre hechos sino sobre nombres, la conclusión que se extrae es que si somos verdaderos admiradores de Hipócrates deberemos dedicarnos a la filosofía. Y si lo hacemos, nada impedirá que lleguemos a ser semejantes a él y hasta mejores, una vez hayamos asimilado cuanto aquél escribió acertadamente y hayamos descubierto lo restante por cuenta propia.

1 Aires, aguas y lugares 2. En otros pasajes de su obra (cf. por ejemplo Sobre las opiniones de Hipócrates y Platón , vol. V 390 KÜHN ) Galeno insiste en que la astronomía precisa de la aritmética y la geometría y en que Posidonio es digno de elogio por sus conocimientos geométricos. En Sobre mis libros 11, Galeno recuerda haber estudiado geometría y aritmética teórica y aplicada por iniciativa de su padre, quien, según sabemos, suscitó admiración entre sus contemporáneos por sus amplios conocimientos en estas materias. Para la utilización por parte de Galeno de algunos teoremas de Euclides para su teoría óptica cf. Sobre la utilidad de las partes X 12. Para la opinión que a Galeno le merecen los astrónomos cf. G. J. TOOMER , «Galen on the Astronomers and Astrologers», Archive for History of Exact Sciences 32 (1985), 193-206. Para el rechazo de los médicos e intelectuales contemporáneos de Galeno hacia los mathḗmata , cf. GALENO , Sobre el método terapéutico I 1.
2 Las palabras que Galeno atribuye aquí a Hipócrates están tomadas literalmente del tratado Sobre la localización de las partes del cuerpo humano 2, que Galeno no cita nunca expresamente porque esta obra, de franco carácter empírico, no concordaba con su propia concepción de Hipócrates (cf. H. DILLER , «Zur Hippokratesauffassung des Galen», Hermes 68 [1933], 167-181, en esp. 178). Recordemos que para Hipócrates la phýsis es principio y fundamento de toda téchnē .
3 Plokḗ es también «tejido» en sentido histológico.
4 El cuerpo humano y sus partes se presentan formando una comunidad (koinōnía es el término utilizado) en virtud de la cual la unidad orgánica se mantiene anatómica y funcionalmente. HIPÓCRATES se refiere en Epidemias 23, Sobre la localización de las partes del cuerpo humano 9 y otras obras a estas comunidades de órganos.
5 Cf. Sobre la naturaleza del hombre 1. Los procedimientos lógicos son los que permiten al médico penetrar en la naturaleza física y la estructura del cuerpo, en la medida en que la lógica proporciona a la medicina las reglas que se precisan para la demostración. Pero en realidad la terminología del pasaje y la insistencia en el valor de los procedimientos lógicos y clasificatorios son más deudores de Aristóteles que de Hipócrates. Para GALENO es fundamental el estudio de la lógica, a la que dedica dos obras: Introducción a la lógica y Sobre la demostración . Esta última, que no se nos ha conservado en griego, ha sido reconstruida a partir de las citas árabes por I. VON MÜLLER , «Über Galens Werk vom wissenschaftlichen Beweis», Abhandlungen der Bayerischen Akademie der Wissenschaften 20 (1895), 403-478.
6 Con esta clasificación kat’ eídē te kaì génē Galeno pretende conocer las enfermedades tal como son y no como aparecen. Hipócrates, en cambio, distingue entre enfermedades «internas» y «externas» y «semejantes» y «desemejantes».
7 En las pseudo-galénicas Definiciones médicas , vol. XIX 349 y 354-355 KÜHN , se define skopós como «el fin que se concibe», a diferencia de télos , que es «la realización del propósito». El skopós de la medicina es la salud, el télos la posesión de la misma.
8 Cf. Pronósticos 1. El término progignṓskein engloba pues tres momentos, el pasado, el presente y el futuro. A partir del conocimiento de las vicisitudes pasadas, presentes y futuras del enfermo, el médico estará en plenas facultades para juzgar el curso de la enfermedad y el valor que ha de darse a los síntomas y emplear los medios terapéuticos que convenga.
9 akmḗ en medicina es el momento de máximo apogeo en el curso de la enfermedad. HIPÓCRATES , Aforismos 9 y 30, insiste repetidas veces en este término.
10 Cf. Sobre el régimen de las enfermedades agudas 39 sigs. El término griego díaité , que podría traducirse también como «régimen de vida», constituye uno de los pilares de la etiología hipocrática y no se refiere exclusivamente a la comida sino a un conjunto de prácticas diarias relevantes para la salud que incluyen baños, ejercicios y masajes y también una alimentación saludable, mediante las cuales el médico hipocrático ayuda a la phýsis del hombre a que recupere el orden perdido.
11 La filantropía de Hipócrates se encuadra dentro de su biografía novelada del período helenístico tardío. En lo que respecta a Galeno, no se sabe con certeza hasta qué punto se aproximó en la realidad a la figura del médico filántropo, ya que la opinión de quienes consideran que tal filantropía es puramente aparente no ha podido ser confirmada y tenemos testimonios que demuestran el efectivo desinterés de Galeno por el lujo y su empeño por curar a pacientes indigentes. El censor más severo de Galeno en este sentido ha sido J. ILBERG , «Aus Galens Praxis», Neue Jahrbücher für das klassische Altertum 15 (1905), 276-312 [reproducido en H. FLASHAR (ed.), Antike Medizin , Darmstadt, 1971]. Testimonios a favor de la filantropía de Galeno se encuentran en fuentes árabes que disponían de obras galénicas que a nosotros no se nos han conservado: cf. M. MEYERHOF , «Autobiographische Bruchstücke Galens aus arabischen Quellen», Sudhoffs Archiv für die Geschichte der Medizin 22 (1929), 72-86.
12 Se refiere a los planetas. Como casi todos sus contemporáneos, Galeno cree en la influencia de los astros.
13 Éste parece ser el sentido de trophḗn , antes que «educación». Se trata de una concepción que aparece más claramente explícita en el tratado Que las costumbres del alma están en consonancia con los temperamentos del cuerpo . El tema de la mala trophḗ de la época como causa de degeneración intelectual y moral tiene orígenes platónicos (cf. por ejemplo Timeo 86E) y fue tratado en el ámbito estoico (cf. H. VON ARNIM [ed.], Stoicorum Veterum Fragmenta III 229).
14 Fidias es el famoso escultor del s. V a. C. responsable de la supervisión de las esculturas del Partenón y autor de las colosales estatuas criselefantinas de Palas Atenea en el Partenón y de Zeus en Olimpia, consideradas una de las maravillas del mundo antiguo. Por su parte, Apeles es un pintor del s. IV a. C. que ejerció su profesión en Éfeso y en Cos y entre cuyas obras se cuentan numerosos retratos de Alejandro Magno. En el período helenístico y la Antigüedad tardía ambos personajes habían alcanzado un status emblemático y sus nombres eran sinónimos de máxima calidad en sus respectivas actividades artísticas.
15 La idealización del pasado y la queja de la depravada educación de los tiempos presentes, la implantación de la codicia y la baja calidad moral de los contemporáneos puede considerarse un síndrome típico del hombre helenístico. Véase por ejemplo PSEUDO -LONGINO , Sobre lo sublime 44, 6, 16: «Pues el amor a las riquezas del que insaciablemente ya todos estamos enfermos...».
16 En el tratado Sobre el reconocimiento de las enfermedades I 8, 5, 43-44, GALENO expone la opinión de su padre acerca del nivel mínimo de riqueza, consistente en no pasar hambre, frío o sed, y de la necesidad de no dolerse por la pérdida de dinero o de bienes siempre que quede suficiente para atender al propio cuerpo.
17 Según Galeno, quien ama la medicina no es esclavo del dinero. Ello le lleva a traer a colación al rey persa Artajerjes, que reconquistó Egipto y Asia Menor y murió en el 338 a. C., y al noble macedonio Pérdicas, taxiarco de Alejandro Magno y que a la muerte de éste, en el año 323, se convirtió en regente del imperio. A la luz de este pasaje, D. GOUREVITCH , Le triangle hippocratique dans le monde gréco-romain. Le malade, sa maladie et son médicin . Roma, 1984 en esp. págs. 276-278 y 331, ha encuadrado a Galeno en una tradición xenófoba dentro de la medicina antigua distinguiendo en su obra dos tipos de extranjeros, el bárbaro auténtico, ejemplificado por Artajerjes, y el macedonio, representado por Pérdicas.
18 En uno de sus viajes, Hipócrates fue llamado por Pérdicas, al que curó de una enfermedad psíquica. Por otra parte, extendida la fama de Hipócrates entre los persas, por mediación del hiparca del Helesponto Histácides, Artajerjes solicitó sus servicios a cambio de grandes regalos, pero Hipócrates se negó a acudir por honestidad, desprecio del dinero y amor a la patria. Cf. las cartas pseudo-hipocráticas 1-9 editadas por R. HERCHER , Epistolographi graeci , págs. 289-291, y la vida de PSEUDO -SORANO , 5, 17, 4 sigs. ILBERG .
19 Cranón es una ciudad tesalia que alcanzó gran prosperidad por su proximidad con Larisa. Por su parte, Tasos es una isla del norte del mar Egeo que fue colonizada por Paros en torno al 680 a. C. Poseía minas de oro y su cercanía con Tracia la convirtió en un importante punto estratégico y comercial. Pese a ello, tanto Cranón como Tasos ejemplifican aquí territorios con una población pobre, seguramente en oposición a la de Cos. La alusión a la curación de enfermos de estas dos localidades procede de los tres primeros libros de Epidemias .
20 Cos es una de las islas Espóradas que fue colonizada por los dorios. Es conocida sobre todo por ser la sede de la famosa escuela médica de los Asclepíadas, por su templo de Asclepio y por su relación con Epidauro, localidad que rendía también culto a Asclepio.
21 Pólibo era yerno al tiempo que discípulo de Hipócrates. Algunos le atribuyen la autoría de ciertas obras hipocráticas, en especial del tratado Sobre la naturaleza del hombre .
22 Alusión al tratado hipocrático Aires, aguas y lugares 1.
23 J. A. LÓPEZ FÉREZ , «Aspectos teóricos, empíricos y léxicos del agua en Galeno», en J. KOLLESCH , D. NICKEL , (eds.), Galen und das hellenistische Erbe. Verhandlungen des IV. Internationalen Galen-Symposiums an der Humboldt-Universität Berlin, sept. 1989 , Stuttgart, 1993, págs. 173-191, ha recopilado los pasajes de la obra de Galeno referidos al agua.
24 En el tratado hipocrático Ley 3 y passim se considera la laboriosidad una condición necesaria para aquel que va a estudiar medicina.
25 La sōphrosýnē consiste en la prudencia y discreción en todos los órdenes y deriva hasta la moderación en las apetencias sexuales. De hecho, en ático el uso más común es el de la temperancia en los placeres sexuales, la «continencia».
26 El procedimiento lógico, logikḕ méthodes , entendido como órganon , instrumento en sentido amplio, permite al médico reconocer la estructura y naturaleza de los cuerpos, establecer una tipología de las enfermedades y aplicar el remedio adecuado a cada una. Sobre este método y el papel de la lógica respecto de la física que propone Galeno en el presente tratado, cf. P. DONINI , «Motivi filosofici in Galeno», La Parola del Passato 35 (1980), 333-370.
27 En el estudio y la exposición de los hechos biológicos y fisiológicos Galeno distingue tres niveles en la estructura del cuerpo: el primer nivel es el de las cuatro cualidades primarias, que son perceptibles a los sentidos sólo en su estado puro, en forma de elementos —aire, agua, tierra, fuego—, pero que en la mayoría de los casos aparecen mezcladas en forma de temperamentos —son los cuatro humores: la sangre, la bilis negra, la bilis amarilla y la flema—. El segundo nivel está constituido por las partes homogéneas resultado del temperamento y de las alteraciones de los cuatro humores —son los tejidos—. El tercer nivel está constituido por las partes del cuerpo. El primer nivel es objeto de estudio en las obras Sobre los elementos según Hipócrates y Sobre los temperamentos , mientras el segundo es tratado principalmente en Sobre las facultades naturales , y el tercero en Sobre la utilidad de las partes .
28 El adverbio abasanístōs proviene del sustantivo básanos , «piedra de toque» que se utilizaba para comprobar la pureza del oro o como examen de fuerza.
29 Nótese que después de la lógica no se menciona la física, sino directamente la ética.
30 Se trata de una división de origen estoico de los tópicos de la filosofía. No obstante, Galeno encuentra ciertas dificultades a la hora de intraducir en su concepción de la medicina esta tripartición de la filosofía en lógica, física y ética, ya que él ve en la filosofía principalmente el insfrumento lógico para hacer racional la medicina, y la ética ya no es para él filosofia de la vida práctica, sino antes bien el soporte moral necesario para el ejercicio del arte.
31 El pasaje está relacionado con la doctrina de la unidad esencial de las virtudes, que remonta a PLATÓN , Protágoras 328D-334C y 348C-360E.
32 Debido a la bipartición jerárquica de la téchnē , que se convierte en tópica en época helenística, la idea de pharmakeús viene contrapuesta a la de iatrós . Todo el que practica un arte se denomina technitēs de la misma. En el ámbito de la medicina el technítēs superior es el médico y el inferior es este «preparador de medicamentos» o «curandero».
33 Es decir, dominando la ética, la lógica y la física.
III
SOBRE LAS ESCUELAS DE MEDICINA, A LOS PRINCIPIANTES

INTRODUCCIÓN
En el campo de la metodología científica, las diferentes posiciones intelectuales, en lo referente a la naturaleza del conocimiento médico y a la relación entre teoría y experiencia, estaban representadas en la época anterior a Galeno por la adhesión a diversas escuelas o ‘sectas’ médicas (hairéseis) . El tratado Sobre las escuelas de medicina es la principal fuente para nuestro conocimiento de éstas y de sus diferencias metodológicas. Al igual que otros escritos de naturaleza isagógica 1 , Sobre las escuelas de medicina consistía originalmente en apuntes dictados por Galeno a los estudiantes durante su primera estancia en Roma (164-168) que fueron revisados y reelaborados durante su segunda estancia en aquella ciudad (post 169) 2 .
Galeno no es el primer autor del género de literatura sobre escuelas o ‘sectas’, sino que parece incluso el epílogo de una larga tradición de polémica médica. H. von Staden ha señalado 3 , en efecto, que la hairesis-literature nace a finales del s. III a. C. con la obra del empírico Serapión de Alejandría en el contexto de la polémica empírica contra grupos adversarios como los herofileos, erasistrátidas y praxagóricos. Al reelaborar esta larga tradición de literatura sobre sectas, Galeno trata de construir un marco teórico-crítico sobre las escuelas médicas que sea nítido y coherente. Galeno distingue en esta obra tres escuelas principales: dogmáticos o racionalistas, empíricos y metódicos, aunque parece que sólo los dos últimos representan a ‘sectas’ en el sentido de grupos históricos que profesaban realmente adhesión a una escuela. En cambio, el término ‘racionalista’ puede referirse más bien a alguien que se aproxima al arte de la medicina con algún tipo de hipótesis o teoría preestablecida.
Sobre las escuelas de medicina es para nosotros una valiosísima fuente para la reconstrucción de las doctrinas de las escuelas empírica y metódica, que, junto con la dogmática, reunían a la mayor parte de los médicos activos en Roma y en las grandes ciudades helenísticas. Pero aunque ésta y otras obras de Galeno nos proporcionan abundante información sobre los debates, escuelas y doctrinas rivales, sobre educación antigua y cultura literaria, sobre profesores y alumnos y sobre la manera en que tenían lugar las discusiones científicas —en algunos casos, los propios textos de Galeno son el producto de tales debates, la versión escrita de un argumento que había sido discutido anteriormente y de forma oral ante un público—, no obstante, se ha llamado con justicia la atención sobre las dificultades que conlleva el aceptar sin más las opiniones que Galeno expone. Porque, ciertamente, la información que nos proporciona acerca de escuelas e individuos cuyo trabajo no ha sobrevivido tiene dos importantes limitaciones: se refiere a personajes de períodos muy anteriores y aparece en el contexto de la polémica 4 . Por todo ello, al expresar sus puntos de vista en forma de argumentos contra figuras históricas, Galeno obscurece tanto el clima de creencias del momento como su propia deuda respecto de esas figuras. Las referencias a sus contemporáneos aparecen a menudo en la forma de «los médicos actuales» sin citas textuales específicas, por lo que el estudio de las influencias ejercidas en Galeno y del clima de opinión de su tiempo se presenta no exento de problemas. Añádase a ello la gran variedad de creencias diferentes y la escasez de otros testimonios que no sean los del propio Galeno.
Un resumen del tratado nos permitirá acercarnos a su contenido. Tras una breve introducción en la que Galeno distingue dos orientaciones en medicina, la racional y la empírica (cap. I ), se pasa a la caracterización de la tendencia empírica basada en tres fundamentos, la autopsia, la ‘historia’ y el paso de lo similar a lo similar (cap. II ). Los empíricos parten de la experiencia y actúan por medio de un proceso rígido, el de los ‘principios’ o ‘presupuestos’ que pueden obtenerse a partir de la similitud. La memoria y la experimentación les ayudan a incluir estos ‘principios’ como parte del arte médica. Todo lo que rodea la enfermedad supone para ellos el «recuerdo de la observación», por todo lo cual son caracterizados como observadores y memorizadores.
A continuación sigue una descripción sumaria de la escuela dogmática —llamada así por la confianza que depositaban sus miembros en la fiabilidad de las teorías o dógmata , y llamada también racional, logikoí , por su recurso constante al lógos contrapuesto a la experiencia— (cap. III ) con un primer ejemplo de aplicación terapéutica del método que tiene en cuenta la naturaleza de la parte afectada y un segundo ejemplo que tiene en cuenta la fortaleza del enfermo. El tipo de cura viene indicado por la causa de la enfermedad, según el principio hipocrático de la terapia mediante los principios contrarios. Los dogmáticos parten de la razón y se sirven del estudio de la naturaleza del cuerpo y de las facultades de las causas y de los remedios, así como del examen de la edad del paciente, de su capacidad física, de la estación del año, el terreno, la alimentación, las costumbres y actividades del enfermo, etc.
En el cap. IV se confrontan los dos métodos, el dogmático y el empírico, que aunque parten de bases diferentes llegan a los mismos resultados. Siguiendo esta línea, en el cap. V se exponen las opiniones de los dogmáticos Asclepíades y Erasístrato sobre la empeiría y las refutaciones de los empíricos, así como las discrepancias sobre el valor de la anatomía, sobre la posibilidad de inferencia de lo conocido a lo desconocido y sobre la lógica. Los dogmáticos echan en cara a los empíricos su indefinición, vaguedad y carencia de método, por el hecho de que la ‘experiencia’ que ellos propugnan como base de su arte es precisamente átechnon , «carente de arte», y no puede observarse muchas veces algo igual. Por su parte, los empíricos alegan que la ‘razón’ que los dogmáticos entronizan como fundamento del arte médica es convincente pero no verdadera. Y este enfrentamiento dialéctico desemboca en una disputa que no puede ser resuelta.
El cap. VI presenta un duro ataque contra la escuela metódica, la cual rechaza toda forma de fisiología y asume las tres generalidades patológicas —los estados de retención, flujo y mixto de las dos escuelas precedentes— y los tratamientos terapéuticos correspondientes —laxantes, astringentes y mixtos—. Los metódicos presentan algunas semejanzas con los dogmáticos pero propugnan un arte breve y conciso. Estudian las cualidades comunes tales como la sequedad, el flujo y la cualidad mixta. Atienden ante todo a la ‘evidencia’ y se ocupan tan sólo de las ‘similitudes evidentes’.
En el capítulo VII Galeno ilustra sobre el peligro que comporta la aplicación de los principios de la escuela metódica, toda vez que los dogmáticos no difieren de ella sólo de palabra —como les ocurre a menudo con los empíricos— sino también en la praxis médica. Se confrontan entonces las tres teorías mediante un procedimiento literario y retórico propio de la diatriba cínica: los defensores de cada escuela toman sucesivamente la palabra —primero lo hace el metódico, luego el empírico y por último el dogmático— para defender su propia doctrina y atacar la de los otros. Galeno se reserva astutamente la última palabra —escondida tras los argumentos del dogmático— para echar por tierra el planteamiento metódico tras haber dejado que sea el empírico el que aseste los primeros golpes.
El metódico renuncia a buscar las causas primeras de la enfermedad y se contenta con reconocer los estados morbosos fenoménicos, que son siempre los mismos, en cualquier estación, lugar o parte afectada. En el cap. VIII el empírico refuta al metódico con un ejemplo de enfermedad originada por una causa ‘procatártica’, esto es, anterior al inicio de la enfermedad, como es la mordedura de un perro rabioso. Para la curación de esta enfermedad es preciso por lo demás tener en cuenta todas las causas evidentes y también la edad y la fortaleza del enfermo.
En el cap. IX toma la palabra el dogmático abundando en las razones del empírico, y se muestra en contra de la terapia de los laxantes, ya que no todas las excreciones pueden detenerse, dado que algunas de ellas son naturales. Del resto no hay acuerdo sobre su terapia entre los metódicos, porque algunos valoran los estados de las excreciones y otros los de las condiciones del cuerpo mismo. Por otra parte, para conocer las generalidades de los órganos internos es preciso utilizar la anatomía, la fisiología y la lógica, ciencias todas ellas despreciadas por los metódicos. Finalmente se critica el concepto metódico de ‘flujo’ (rhŷsis) por ser confuso, así como la teoría que considera la inflamación un estado de constipación o bien un estado mixto.
El tratado presenta en conjunto un mayor tecnicismo que los anteriores por los numerosos ejemplos médicos que contiene y por la manifestación de las diferencias entre las escuelas no sólo en lo que concierne a la teoría del conocimiento, sino también en lo relativo a los elementos anatómicos, fisiológicos y patológicos. Desde su particular eclecticismo, Galeno plantea los diferentes puntos de vista teóricos y metodológicos de estas escuelas médicas, los reproches de las unas a las otras y los argumentos esgrimidos por cada una en su propia defensa. Pero evidentemente, al presentar las tres escuelas, Galeno intenta crear un frente común formado por los racionalistas y los empíricos que se oponga a la escuela metódica, a la que tiene verdadera aversión. Para ello minimiza las diferencias entre los dos primeros y presenta invariablemente como negativos los presupuestos de los metódicos.
Ya se ha señalado que la contribución de Galeno a nuestro conocimiento de las hairéseis médicas es básica, ya que las escuelas en cuestión dejaron de existir en esta forma después de su tiempo, algo que se atribuye tradicionalmente al éxito de Galeno en asimilar o rechazar los elementos que las definían. Concretamente, la escuela empírica, a la que Galeno reserva en nuestro tratado un tratamiento benévolo, fue fundada en la segunda mitad del s. III a. C. por Filino, discípulo de Herófilo y de Serapión. En el s. II a. C., Menódoto de Nicomedia unificó en su doctrina las tradiciones de mayor prestigio de la medicina empírica y de la filosofía escéptica. Esta escuela intentaba definir el arte médica con el menor número posible de postulados teóricos. Al negar la posibilidad de un verdadero conocimiento concerniente al cuerpo, el punto de vista empírico es el de que el médico debe depender de la experiencia y de la observación precisa y proceder en su práctica clínica sobre la base de la deducción a partir de casos similares (metábasis toû homoioû) . Los tres fundamentos básicos de la doctrina empírica son la autopsia, la historia y el paso de lo similar a lo similar. La autopsia se basa en una atenta observación del par enfermedad-curación, hecha sobre la base de observaciones de casos y de experiencias programadas artificialmente. La historia recoge datos observados por otros médicos, lo que obliga a los empíricos a una gran tarea doxográfica, fruto de lo cual son los numerosos comentarios a las obras de Hipócrates. Finalmente, el paso de lo similar a lo similar presenta claras analogías con la clasificación lógico-deductiva de los dogmáticos. El carácter puramente práctico que los empíricos querían dar a sus principios queda patente en el hecho de no escribir exposiciones de un dogma, sino esbozos, hypotypóseis .
Por su parte, la escuela metódica nace en Roma en los primeros decenios de nuestra era por iniciativa de un grupo de médicos influidos por la doctrina de Asclepíades de Bitinia y de su discípulo Temisón (s. I a. C). Entre estos médicos destaca Tésalo, que fue quien dio forma sistemática a la doctrina metódica. Galeno es precisamente nuestra principal fuente para el conocimiento del pensamiento de Tésalo y de los demás metódicos, con la excepción de Sorano de Éfeso, del que se conservan algunas obras. La escuela metódica tuvo un enorme éxito en Roma durante el s. I , quizás por el deseo de novedad y el rechazo de los viejos métodos. Su crisis sobrevino en el s. II .
Esta escuela contaba con una teoría fisiológica, pero ésta era tan minimalista que era prácticamente antiteórica: los metódicos creían que las tres generalidades en las enfermedades —estrechamiento, laxitud y estado mixto— dependen del estado de relajación de las partes sólidas del cuerpo y que toda el arte médica podía aprenderse en seis meses. Galeno les dedica a ellos y a su fundador Tésalo duras invectivas, lo que para algunos es un indicio de la amenaza que esta escuela «de clase baja» representaba para los médicos preparados al modo tradicional 5 . Los metódicos, al igual que los dogmáticos, se sirven de la ‘indicación’, esto es, de un uso racional de los signos observados, pero para ellos esta indicación procede exclusivamente de los fenómenos, y no de las causas no manifiestas. Galeno critica a esta escuela su falta de coherencia entre teoría y praxis y la indiferencia que muestran hacia las indicaciones diferenciales como el clima, la edad y la fortaleza física del enfermo, etc. Por lo demás, los metódicos presentan numerosos puntos de contacto con la corriente filosófica escéptica, como la inferencia de fenómeno a fenómeno y el rechazo de las causas no manifiestas para el establecimiento del diagnóstico.
Al aclarar las características más significativas de las diversas escuelas médicas, Galeno pretende en última instancia mostrar la unidad de la medicina, una disciplina fuertemente dividida por las polémicas surgidas entre las diferentes escuelas, y preparar de este modo el camino al gran intento de unificación que él mismo estaba llevando a cabo 6 . Con éste y otros escritos Galeno busca la reconstrucción de la dignidad ética y científica de la profesión médica, minada a su entender por la falta de preparación cultural de los médicos y por la emergencia de tendencias irracionalistas. Por ello, Galeno exhorta a los estudiantes de medicina a hacerse primero expertos en el arte de la demostración para pasar luego a juzgar las distintas escuelas y aceptar tal o cual doctrina de tal o cual escuela filosófica o médica 7 .
El tratado Sobre las escuelas de medicina ha tenido a lo largo de la Antigüedad tardía y del Medievo una recepción amplísima, debido a que formaba parte del canon de obras galénicas de la escuela alejandrina, junto con Arte médica, Sobre los pulsos y A Glaucón. Sobre el método terapéutico . El texto fue no sólo traducido sino profusamente comentado en las tradiciones griega, latina y árabe.
La tradición manuscrita griega nos ha transmitido varios comentarios del tratado. Uno de ellos se conserva en el ms. Laurentianus plut . 74, 11 y lleva por título Galēnoû tò perì hairéseōn. Schólia apò phōnês Palladíou 8 . Su autor es el médico alejandrino Paladio (s. VI ), y en su comentario se hace evidente la preparación retórica de su autor 9 . Se ha encontrado también el comienzo de un comentario neoplatónico en el P. Berol . 11739A cuyo título reza Prolegómena toû Perì hairéseōn Galēnoû arch. [..]dou sophistoû exḗgēsis 10 . El papiro en cuestión es un folio contenido en un códice que se data a principios del s. VII d. C., es decir, poco después de la conquista de Alejandría por parte de los árabes. Este comentano contiene una introducción general a la medicina muy en relación con el ambiente neoplatónico alejandrino de la escuela de Ammonio del s. VI d. C. y con interesantes paralelismos con los Prolegómena que preceden a los comentarios filosóficos de la Isagogé de Porfirio: concretamente la referencia a la importancia de la definición según sustrato (hypokeímenon) y fin (télos) y la comparación entre filosofía —o medicina— y las otras téchnai 11 . Se trata de un comentario importante si se tiene en cuenta que en los primeros siglos tras la muerte de Galeno hay pocas huellas de la utilización de su obra y se conocen poquísimos papiros de ella 12 .
De Sobre las escuelas de medicina existen dos versiones latinas con comentario, la de Agnelo de Rávena (datable entre los ss. VI-VII ) 13 y la de Juan de Alejandría 14 . El comentario de Agnelo, que pudo quizás conocer el texto griego en la misma Alejandría o extractar sus notas de una redacción griega, es uno de los pilares sobre los que Beccaria ha reconstruido el curriculum de la denominada escuela de medicina de Rávena 15 . Este comentario parece más rico que el de Juan de Alejandría y el de Paladio: es el único, por ejemplo, que conserva huella de la anécdota de la falsificación de los libros en tiempos de los primeros Ptolomeos, que aparece ya utilizada por Galeno pero que se convierte en un tópos de los comentarios aristotélicos tardíos 16 . Tanto el comentario de Agnelo como el de Juan de Alejandría comienzan con un prólogo en el que se exalta la medicina y se aborda el problema de su existencia y naturaleza. Pero estos prolegómena son una introducción general al arte médica y no a un tratado concreto: eran probablemente autónomos del comentario al tratado Sobre las escuelas de medicina , que sólo accidentalmente ocupaba el primer lugar en el canon alejandrino 17 .
En lo referente a la tradición árabe de nuestro texto, debe citarse la versión que de él hizo el gran médico y traductor Hunain ibn Ishaq 18 .
Finalmente cabe señalar que en el Renacimiento Giorgio Valla (1447-1500), médico humanista y uno de los principales artífices del enorme ímpetu alcanzado por los estudios de la medicina galénica en el s. XV , preparó una versión latina de Sobre las escuelas de medicina que se convirtió en la primera traducción humanista de una obra de Galeno que apareció en la imprenta. Esta versión, titulada Introductorium ad medicinam , fue elaborada a partir del manuscrito Mutinensis gr . 109 y publicada en 1483-84. Se reimprimió cuatro veces antes de la muerte de Valla y de nuevo en 1518 19 .
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1 Cf. para estas obras V. BOUDON , «Les Oeuvres de Galien pour les débutants (De sectis, De pulsibus ad tirones. De ossibus ad tirones, Ad Glauconem de methodo medendi et Ars medica): médecine et pédagogie au II siècle ap. J.-C.», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt II. Prinzipat 37, 2 (1994), 1421-1467.
2 J. ILBERG , «Über die Schriftstellerei des Klaudios Galenos», Rheinisches Museum 47 (1892), 489-514, en esp. pág. 498, y GALENO , Sobre mis libros 1, donde se dice: «esta obra deberá ser leída primeramente por aquellos que quieran aprender el arte médica, puesto que en ella se enseñan las distinciones generales entre una escuela y otra —digo generales, porque entre ellas existen diferencias sobre las cuales los estudiantes recibirán instrucción más adelante—».
3 Cf. H. VON STADEN , «Hairesis and Heresy: the Case of haireseis iatrikai» , en B. F. MEYER , E. P. SANDERS (eds.), Jewish and Christian Self-Definition , Londres, 1982, vol. III, págs. 76-100, en esp. pág. 79. Este artículo analiza, entre otras cosas, el desarrollo de la noción de haíresis en la literatura pregalénica y galénica, así como la institucionalización de las escuelas en época tardía.
4 Cf. P. N. SINGER , Galen. Selected Works , Oxford, 1997, págs. VII-XLII.
5 Cf. GALENO , Sobre el método terapéutico X 5: «porque si aquellos que van a ser médicos no necesitan de la geometría, la dialéctica, la música o de ninguna otra de las artes nobles —de acuerdo con los postulados del muy venerado Tésalo..., que cree que cualquiera puede hacerse fácilmente médico—, entonces los zapateros, carpinteros, teñidores o herreros se pondrán a practicar la medicina, abandonando sus destrezas previas».
6 Así opinan I. GAROFALO , M. VEGETTI , Opere scelte di Galeno , Turín, 1978, pág. 105.
7 Según testimonia Galeno, su padre le había enseñado a no declararse precipitadamente seguidor de una escuela filosófica en exclusiva sino a estudiarlas y juzgarlas con tiempo. Véase GALENO , Sobre el diagnóstico y curación de las enfermedades del alma V 42, 12 sigs.
8 Fue publicado por V. BAFFIONI , «Scolii inediti di Palladio al De sectis di Galeno», Bolletino del Comitato per la preparazione dell’edizione nazionale dei classici greci e latini , n. s. 6 (1958), 61-78. Véase también M. RICHARD , «Apò phōnês», Byzantion 20 (1950), 191-222, en esp. pág. 204, n. 3. Pese a que Baffioni dató el Laurentianus en el s. XIII , en realidad es un ejemplar italogriego de finales del s. XI , según ha demostrado G. CAVALLO , «La trasmissione scritta della cultura greca antica in Calabria e in Sicilia tra i secoli X-XV . Consistenza, tipologia, fruizione», Scrittura e civiltà 4 (1980), 157-245, en esp. pág. 192.
9 En los escolios del comentario de Paladio aparecen al comienzo las cuatro preguntas sobre la definición de la medicina: 1) ¿Existe ante todo la medicina? 2) ¿Qué es la medicina? 3) ¿Cómo está fundamentada? 4) ¿Cuál es su objetivo? Son en realidad las cuatro preguntas elementales de la filosofía (si est, quid est, quails est, propter quid est) con las que el aprendiz se veía confrontado. A continuación se avanza de una definición a la siguiente mediante un procedimiento lógico-dialéctico. Cf. O. TEMKIN , «Studies on Late Alexandrian Medicine. I. Alexandrian Commentaries on Galen’s De sectis ad introducendos», Bulletin of the History of Medicine 3 (1935), 405-430, en esp. págs. 406-417.
10 El texto fue editado por E. NACHMANSON , «Ein neuplatonischer Galenkommentar auf Papyrus», Minnesskrift utgiven av. Filolog. Samfundet i Göteborg 31 (1925), 201-217.
11 D. MANETTI , «P. Berol . 11739A e i commenti tardoantichi a Galeno», en A. GARZYA (ed.), Tradizione ed ecdotica dei testi medici tardoantichi e bizantini. Atti del Convegno Internazionale. Anacapri, ottobre 1990 , Nápoles, 1992, págs. 211-235, ha ofrecido propuestas sobre el autor del texto y sobre el sentido del título e investigado el lugar que ocupa este comentario en la historia de la fortuna de Galeno.
12 Cf. para la documentación sobre la actividad exegética sobre los textos de Galeno y la transmisión de su obra en general N. G. WILSON , «Aspects of the transmission of Galen», en G. CAVALLO (ed.), Le strade del testo , Bari, 1987, págs. 47-64, que defiende que es difícilmente sostenible el pretendido canon de las dieciséis obras de Galeno que se estudiarían en la escuela médica de Alejandría, ya que desde época temprana había una articulación mucho más compleja, según se deduce de la transmisión medieval, y además este canon no coincide con los consejos del propio Galeno sobre el orden en que el estudiante debía leer sus libros. N. G. Wilson ha corregido también numerosas dataciones erróneas de manuscritos de Galeno. Así, un gran grupo de manuscritos transcritos por dos escribas y datados tradicionalmente en el s. XIV pertenece en realidad a la segunda mitad del s. XII : son los códices copiados por el escriba Iohannikios y un colaborador suyo (cf. N. G. WILSON , «A mysterious Byzantine scriptorium: Iohannikios and his colleagues», Scrittura e civiltà 7 [1983], 161-176), siete de los cuales contienen obras de Galeno.
13 La versión latina de Agnelo de Ravena fue editada por un grupo de trabajo bajo la dirección de L. G. Westerink: AGNELLUS DE RAVENNA , Lectures on Galen’s «De sectis» , Buffalo, 1981.
14 Cf. recientemente R. J. HANKINSON , «Notes on the Text of John of Alexandria», The Classical Quarterly n. s. 40 (1990), 585-591. En el prefacio de su edición del texto, C. D. PRITCHET (ed.), Iohannis Alexandrini commentaria in librum De sectis Galeni , Leiden, 1982, pág. VIII, atribuye en realidad la autoría de la traducción de Juan de Alejandría a Burgundio de Pisa, aunque este dato es erròneo, según demuestra M. T. D’ALVERNY en su reseña de esta edición en Scriptorium 38 (1984), 361-366.
15 A. BECCARIA , «Sulle tracce di un antico canone latino di Ippocrate e di Galeno. III», Italia Medievale e Humanistica 14 (1971), 1-23.
16 Cf. C. W. MÜLLER , «Die neuplatonischen Aristoteleskommentatoren über die Ursachen der Pseudepigraphie», Rheinisches Museum 112 (1969), 120-126.
17 En realidad, la interpretación de los explicit de estos dos comentarios latinos es compleja y quizás el nombre de Agnelo es una simple adaptación del nombre de un comentarista alejandrino. Concretamente G. BAADER , «Early medieval Latin Adaptations of Byzantine Medicine in Western Europe», en J. SCARBOROUGH (ed.), Symposium on Byzantine Medicine (Dumbarton Oaks Papers 38 [1984], 251-259), cree que estos comentarios fueron compilados por el iatrosofista Agnelo y traducidos por Simplicio. Y M. E. VÁZQUEZ BUJÁN , «Notas sobre la pervivencia tardolatina de Galeno», en J. A. LÓPEZ FÉREZ (ed.), Galeno: Obra, pensamiento e influencia (Coloquio internacional celebrado en Madrid, 22-25 de marzo de 1988) . Madrid, 1991, págs. 223-233, en esp. 232-233, considera estos comentarios como «traducción-adaptación» o acaso sólo como adaptación de otro texto latino previo, aunque con un indiscutible trasfondo griego.
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