Read the book: «Poemas. Epístolas.»

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Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2012. López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

Primera edición: febrero de 2012

REF.: GEBO469

ISBN 9788424937669

POEMAS

INTRODUCCIÓN

La obra poética de Ennodio

En el Eucharisticum de vita sua cuenta el mismo Magno Félix Ennodio que unirse al coro de los poetas y componer y leer poesías bien construidas en diversos metros había constituido durante años su mayor gozo. Cuando le salía bien un poema se sentía transportado al séptimo cielo 1 . Por supuesto, al entrar en el orden clerical había sido consciente de que debía abandonar esa tarea, pero es indudable que, aún en lo sucesivo, la tentación era demasiado fuerte y buscó hacer compatibles ambas dimensiones en su vida.

La solución la habían encontrado predecesores famosos, como Sidonio Apolinar, y consistía simplemente en escoger temas religiosos como objeto de sus composiciones. Esto era tanto más importante para Ennodio, cuanto que su ambición de poeta da la impresión de que no dejó de crecer con el tiempo, por más que surjan en sus composiciones una y otra vez las fórmulas de cortesía, propias de la época, que le descalifican ante sí mismo como tal.

En efecto, compatible con la modesta confesión de su ineptitud, se producen erupciones de una enorme susceptibilidad, de la que dan fe algunas piezas de su epistolario y uno de los epigramas de su colección 2 .

En sentido contrario, en las pocas declaraciones que se encuentran a lo largo de su obra poética, parece haberla apreciado tanto que, gracias a ella, pretende pasar a la posteridad:

Yo, que no soporto el ocio, he escrito estos versos en papiro del Nilo, para no ser recluido en la tumba cuando muera 3 .

Es más, siempre que, en medio de sus afanes diarios, encuentra tiempo para dedicarse a la poesía, se encuentra en la gloria y recupera la alegría:

…el fuego de las Piérides asalta mi mente y enseguida el laurel de Apolo rodea mis sienes, ansiosas de ceñir la corona. Entonces, sobre mi frente colorean los racimos de la verde hiedra y bebo en la dulce fuente de la miel de Castalia. Y al punto, alejando de mi pecho las preocupaciones lacerantes, abrazo la gloria, la poesía, la alegría 4 .

Y si en algún momento cae de nuevo en la obligada confesión de modestia, se apresura a manifestar su disposición, siempre pronta, a abrirse a la inspiración de la Musa:

Nunca a lo largo de mi vida fluyeron en mí los favores de las Musas en forma de ditirambos fecundos.

¿Por qué estimulas ahora, ¡oh, ilusión nueva de la fuente aonia!, a uno que compone poemas sin gracia, a través de unos labios áridos?

Mas si te alegras porque las Parcas han cambiado el destino de las cosas, préstame ahora a Pegaso con sus patas en forma de cuerno, que eleve su cuerpo alado por encima de los rociados campos, sin doblegar las tiernas espigas con sus huellas, sublime, poderoso, bello, apto para la carrera.

Si él me sale al paso, Musa, inmediatamente me causará un placer. Has sido enviada a pedir poco a uno que es hablador prolijo. Si no vuelves a mí contenta, Musa, dime sencillamente, adiós 5 .

Y no alberga la más mínima duda de que la inspiración le acompaña, como afirma al final del poema más logrado de su producción, el epitalamio a Máximo:

Ahora, magnates —exclama, dirigiéndose al Parnaso de los poetas —, colocadme en medio del frente alegre de los poetas, a mí que he sido protegido por la inspiración de las Musas 6 .

Quizás influidos por estas múltiples y sentidas declaraciones del poeta, muchos críticos, encabezados por F. Magani 7 , han coincidido en que Ennodio es mejor poeta que prosista. Sin entrar en esa discusión, limitémonos a describir la colección que ha llegado hasta nosotros, probablemente por obra de un secretario y en orden en líneas generales cronológico 8 .

I. LA COLECCIÓN

En su fisonomía actual la producción poética ennodiana procede de la edición de J. Sirmond en 1611 9 . Está compuesta por un respetable número de composiciones de naturaleza y longitud muy variadas, distribuidas en dos libros, fácilmente diferenciados por la denominación genérica —Epigramas— que eligió para el segundo 10 .

El primero contiene, por exclusión, todos aquellos que no pueden ser calificados de epigramas, veintiuno en total. Entre ellos hay un grupo claramente definido de doce himnos, que van precedidos de nueve, los más largos, de naturaleza variada: dos descripciones de viajes (I y V), dos encomiásticos (VII y VIII), dos declamaciones 11 (VI y IX), un eucharistion (II), un epitalamio (IV) y un escrito de presentación (III).

El segundo consta de ciento cincuenta y un epigramas, de contenido y extensión muy diversos.

II. LOS TÍTULOS

Antes de abordar el intento de describir y sistematizar los poemas ennodianos, es importante hablar de su carácter, empresa facilitada por los títulos de los que está dotada la mayor parte de ellos. No es posible dilucidar si son originales del autor o si proceden de una mano posterior, que los ha añadido con intención de sistematizarlos o al menos explicarlos 12 . Sin embargo, es evidente que, gracias a ellos, podemos satisfacer la legítima curiosidad por saber cómo han surgido y de qué tipo de situación pueden haber provenido.

También aportan mucha luz sobre el carácter de cada composición —relato de viaje, declamación, epitalamio, epigrama— y hacen posible, sobre todo en este último género, entender en buena parte su sentido: por ejemplo, en los dedicados a objetos, el título permite conjeturar la función que cada uno pudo tener en su día —escudilla, bandeja, broche—, el objeto o lugar a los que se referían —un plato y su reverso—, el personaje al que fueron dedicados, etc. Asimismo algunos de ellos presentan el lugar donde se les colocó, como los epígrafes para diferentes espacios en la catedral milanesa o para el baptisterio de Ugello.

III. EL LIBRO I

Está compuesto, como acaba de decirse, por un total de veintiún poemas, que describimos a continuación por el lugar que ocupan en la colección, es decir, en los manuscritos y por tanto, en líneas generales, por orden cronológico 13 .

Comienza por una composición —P I 6 (2)— que el mismo poeta presenta como declamación, con una introducción en prosa, y dedicada a un joven cuyo nombre no se cita. Ennodio la compuso en dísticos elegíacos a su vuelta de un sínodo en Roma, seguramente el concilio Palmar, que acabó el 23 de octubre de 502, en el que se había intentado resolver el conflicto provocado por el cisma laurentino, que tan intensamente ocuparía a Ennodio, como mediador y sobre todo como valedor del papa Símaco.

A esta pieza le siguen dos de tono encomiástico, dirigidas, hacia finales de ese mismo año o en la primavera de 503, a Fausto —P I 7 (26)— y a Olibrio —P I 8 (27)—, dos de sus mejores amigos y asiduos corresponsales 14 . El primero, que es elogiado aquí como poeta 15 , había dirigido un poema a Ennodio, quien aprovecha la ocasión para festejarle de un modo desorbitado. Esta composición es polimétrica: a una introducción en prosa siguen dísticos elegíacos, hexámetros, de nuevo dísticos elegíacos, estrofas sáficas y versos adónicos. El segundo alaba la elocuencia de su interlocutor, poniéndose a sí mismo en la sombra. También aquí precede una introducción en prosa, a la que siguen veintiocho dísticos.

La poesía en honor del obispo Epifanio —P I 9 (43)—, a quien Ennodio dedicó una biografía tras su muerte —M 3 16 —, es presentada también como declamación pero en realidad es un epilion 17 : está compuesta en el año 496, para el día en que este personaje subió a la silla episcopal de Pavía treinta años atrás. Consta de 170 hexámetros y va precedida de una introducción en prosa. Ésta se dirige contra las mentiras y patrañas de los poetas antiguos, que presentan a sus lectores las falsas divinidades; él, por su parte, como poeta cristiano, invoca al Espíritu Santo, cuya actividad describe. A continuación viene el epilion , es decir, el pequeño canto épico a la festividad y entra en juego la alabanza del homenajeado. Se habla sobre todo de un milagro, que movió a su padre a consagrar Epifanio a Dios.

Entre sus maestros en Milán, había sobresalido Deuterio, a cuya escuela llevó Ennodio años después al hijo de su hermana, Lupicino 18 . En nombre de este personaje, nuestro poeta compuso una carta de petición (también calificada como declamación) en verso —mendicae uerba Thaliae : v. 25—, dirigida al cuestor Eugenetes, para rogarle que cediera al maestro una pequeña parcela de jardín, con la que redondear su exigua propiedad: P I 2 (213). Son dieciocho dísticos elegíacos.

Tienen un interés especial, porque ambas están relacionadas con viajes de nuestro autor, dos composiciones descriptivas. La primera de ellas, que viene a continuación según el orden que nos hemos propuesto en esta Introducción —PI 1 (245)—, cuenta en veintiséis dísticos su excursión a Briançon (Castellum Brigantionis ), realizada por encargo de su obispo Lorenzo en una misión desconocida, y que le había hecho experimentar frío y calor en un solo día (aestatem atque hiemem detulit una dies : v. 14) 19 .

Una pieza introduce a los nietos de Próculo 20 , quien es festejado como un famoso poeta de la Liguria, a un maestro de nombre desconocido. Esta composición —P I 3 (262)—, que es llamada Praefatio , podría perfectamente encuadrarse entre las declamaciones, más concretamente entre el grupo de las escolares 21 , no tanto por su estilo, dado que consta de trece dísticos elegíacos, sino porque en sus ideas es pura retórica. En efecto, desarrolla en ella la misma doctrina sobre la educación de la juventud y utiliza idénticas imágenes, tomadas de la vida del campo. Como la semilla se convierte en espiga y la vid se desarrolla, gracias al trabajo del agricultor, así un joven estudiante madura por la intervención del maestro.

Siguen, en el manuscrito de Bruselas 22 , doce himnos —P I 10-21 (341-352)—, once de los cuales están compuestos en dímetros yámbicos, mientras uno —el 17, en honor de santa Eufemia— utiliza como metro el endecasílabo alcaico; si bien reúne siempre cuatro versos en una estrofa, en general el verso se orienta según la cantidad, y cada pieza consta de ocho estrofas, siguiendo el modelo ambrosiano 23 .

Algunos de ellos están directamente relacionados con el ciclo litúrgico. El primero está consagrado a una hora del día, dos a tiempos fuertes del año —Pasión y Pentecostés— y otro a la solemne fiesta de la Ascensión. Los ocho restantes están dedicados a santos, con preferencia a mártires (4), aunque no faltan los pastores (3), ni uno dedicado exclusivamente a la Virgen María.

Comienzan con el vespertino: esta oración canónica es recitada a esa hora tardía del día, cuando ha aparecido ya esa estrella en el horizonte y se encienden las luces, de ahí que se llame también lucernarium . Era en aquella época la última hora del día, puesto que la hora de completas no fue introducida hasta la época de san Benito.

En él aparecen dos conceptos principales: la luz y el reposo, con frases que actualmente se encuentran en el himno de completas, la hora final del día en el actual oficio divino.

El siguiente —XI— está dedicado a la Cuaresma, o incluso, como prefiere F. Magani 24 , al tiempo de Pasión. El título, sin embargo, no corresponde al contenido, que como se aprecia a primera vista, es gozoso y alude más bien a la Pascua de Resurrección, el sepulcro vacío, la alegría y la paz. Cinco de las ocho estrofas contienen una descripción del milagro de Jonás, una figura del Antiguo Testamento que es tipo, anuncio o símbolo de Cristo.

El doce fue escrito en honor del gran obispo y mártir de Cartago, famoso por sus epístolas escritas durante los años de persecución, san Cipriano. No consta que se le tributara un culto especial en Milán, pero es sabido que fue muy famoso y venerado, tanto en Occidente como en Oriente, y que a él aluden no pocos padres de la Iglesia, entre ellos san Gregorio Nacianceno y san Agustín, en sus sermones.

Las noticias que recoge Ennodio en esta composición proceden de fuentes seguras, como las actas de su martirio redactadas por el diácono Poncio; no así el texto, que presenta muchas variantes en los diferentes manuscritos y ediciones, como observamos en la traducción.

De la lectura que se lee aún actualmente en el oficio de las horas del 16 de septiembre en honor de ese santo, se desprenden muchos detalles que coinciden con el himno ennodiano: la dureza del procónsul Máximo y la negativa del obispo a ofrecer sacrificios a los dioses, así como su actitud gallarda ante el martirio.

El siguiente se refiere a la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en la fiesta de Pentecostés, con los consiguientes dones, comenzando por el de lenguas.

El catorce está dedicado a san Esteban protomártir, al que la Iglesia de Milán tuvo desde el principio una devoción particular, que se muestra en el hecho de que en su honor se construyera muy pronto un baptisterio 25 y a él estuvo dedicada una de las siete basílicas estacionales de la metrópoli ambrosiana. En él, Ennodio juega con la etimología griega del nombre del santo, corona , y con la muerte que produce la vida, parafraseando finalmente el relato de su martirio, según la versión conocida a través de los Hechos de los Apóstoles 26 .

El número quince lo ocupa el himno en honor de san Ambrosio 27 , el gran metropolita milanés, por quien Ennodio siente personalmente una especial devoción y veneración, dada la talla de intelectual y hombre de gobierno del personaje, a cuya intercesión se encomienda.

El autor es consciente de su incapacidad para cantar adecuadamente a esta figura eminente en la historia de la Iglesia occidental y se limita a poner de relieve que fue su vida ejemplar la que llevó al pueblo a ponerle al frente del gobierno diocesano y a trazar un boceto de su personalidad, a partir de la huella que dejó, motivo por el que se le sigue venerando, como si continuara al frente de la diócesis.

El siguiente se ocupa de la Ascensión y en él se aprecia de modo particular la clara atención del poeta al acento tónico, e incluso a la rima.

El diecisiete se dedica a santa Eufemia, una de las heroínas de los primeros siglos cristianos. Como se lee en el martirologio romano, murió bajo el imperio de Diocleciano y el procónsul Prisco. Por amor a Cristo superó tormentos, prisión, golpes, las torturas de la rueda, del fuego, el peso de piedras, las fieras, las llagas producidas por los golpes de varas, para finalmente acabar rindiendo su alma, despedazada por las fieras.

Su memoria se mantuvo viva tanto en Oriente como en Occidente, donde se le dedicaron numerosas iglesias y fueron cantadas sus proezas. Paulino de Nola alude a ella en uno de sus poemas y en el Breviario de Toledo existe un himno compuesto sobre las Actas de su martirio. En Milán se le profesaba una devoción especial gracias al obispo Senador, quien a la vuelta del concilio de Calcedonia, quiso que se edificara una basílica que lleva el nombre de esta santa.

El himno dieciocho, en honor de san Nazario, es interesante porque aporta noticias sobre este mártir de tiempos de Diocleciano, que no se conocen a través de san Ambrosio o san Paulino, el biógrafo de este último. Por ejemplo, que recorrió el mundo al haber sufrido el destierro (11), o que fue martirizado en Milán (26). Desde el punto de vista formal, no presenta rasgos especialmente brillantes.

Junto a los himnos a los mártires están los tres dedicados a otros tantos obispos, confesores de la fe: Martín, Dionisio, Ambrosio, por este orden cronológico, aunque no sea éste el que tienen en los manuscritos.

La vida del primero era muy conocida, sobre todo el famoso lance de la partición de la propia capa con un pobre y los milagros que realizó en vida, entre los cuales destacó la resurrección de varios difuntos. Paulino de Nola los describió de forma poética, según Venancio Fortunato, quien a su vez compuso cuatro libros en su honor. Gregorio de Tours hizo otro tanto.

Ennodio en su himno concentra en pocas palabras lo que ellos expusieron en muchas.

El último se ocupa de san Dionisio, una de las glorias de la sede milanesa. De él hablan Atanasio, san Hilario, san Ambrosio y otros autores eclesiásticos. Fue campeón de la fe católica contra la furia arriana, a la que se opuso heroicamente junto con Eusebio de Vercelli. Por este motivo sufrió destierro en Capadocia, durante diez de los doce años que duró su episcopado.

En este himno Ennodio hace hincapié en la antítesis entre la consistencia en la fe del santo y su vida errante por esa causa.

A continuación de los himnos y antes de cerrar todo el primer libro nos quedan aún dos composiciones.

La primera (P I 4 (388) es una que sin duda merece destacarse: el epitalamio para Máximo en el que, a partir de un cuadro naturalista —la irrupción de la primavera—, escenario pagano y en contraste con él, Ennodio ensalza la castidad 28 . A la boda de este amigo, celebrada en la primavera de 510, envía el poeta una carta de felicitación 29 y este canto a las nupcias, que se inserta en una tradición comenzada por Estacio y evolucionada a través de Claudiano y Sidonio Apolinar.

Éste que ahora nos ocupa está compuesto en diferentes metros: comienza con dísticos elegíacos, a los que siguen tetrámetros catalécticos trocaicos, estrofas sáficas, hexámetros y endecasílabos.

En primer lugar se describe el despertar y florecer de la naturaleza y luego se pasa a la pareja de los esposos. La Musa y Febo son invocados para la fiesta, porque, para un Máximo, personajes de menos rango no cuadran.

A continuación, hace comparecer el poeta a Venus en su desnudez y dedica a su aparición cinco estrofas sáficas; luego, vemos aparecer ante ella a Amor, quien se queja de que su oficio presenta una clara decadencia, los nacimientos disminuyen y hablar de la alcoba nupcial ha llegado a ser considerado pecado. Encarece a su madre que tome las medidas pertinentes ante ese desastre.

Venus, tras haberse cubierto con su manto, replica:

[…] queremos dar muestras de nuestro poder y escoger a Máximo, que hasta ese momento se ha mostrado reacio frente al vínculo matrimonial 30 .

Amor se retira y se apresura a dirigirse hacia Máximo, para herirle con su flecha. Le procura también una mujer: una bella doncella, comparable a Venus, recibe el dardo. A continuación dirige a Máximo palabras de consuelo, alabando el enlace matrimonial. En los endecasílabos con los que cierra el poema, el poeta se ocupa de sí mismo.

La otra —P I 5 (423)— describe en cincuenta y dos hexámetros un viaje 31 por el Po desbordado, en la primavera de 511, aunque el poeta sitúe el relato en la temporada de otoño.

IV. EL LIBRO DE LOS EPIGRAMAS

El segundo libro de los poemas está constituido por los epigramas. Esta palabra en la Antigüedad valía tanto como inscripción —si bien para este último tipo de documento literario se ha reservado la palabra técnica epígrafe—, en general, o epitafio cuando se trata de una inscripción sobre una tumba.

De hecho, los primeros epigramas en la literatura griega son inscripciones encontradas en monumentos funerarios, votivos o laudatorios, aunque pronto se redujera ese título a poemas escritos. Sólo con el tiempo, en época helenística, se sumó la iambiké idéa , es decir, su carácter juguetón y burlesco.

En la lengua común, epigrama es una composición poética que presenta un asunto, se ocupa de un tema o reacciona ante una situación inesperada, con gracia y brevedad, incluso haciendo alarde de contar con dotes de improvisación 32 . Ya esta definición muestra lo variados e innumerables que pueden ser estos poemas, puesto que no sólo se ocupan del mundo real, sino también del moral o incluso del fantástico.

Es evidente que un epigrama debe ser sencillo, agradable y constar de pocos versos, llenos de brío, concisos, elegantes. Se trata de una fotografía en pequeño formato, pero clara, bien centrada, lo más elocuente posible. Por tanto, dirá en pocas palabras al lector lo que puede ayudarle a captar el tema, también con su imaginación, que será agudizada por la originalidad y brillantez de las ideas que el poeta expresa.

No es éste el lugar para describir el puesto que ocupa Ennodio en la historia del epigrama y mucho menos para trazar el curso de este género literario en la literatura greco-latina 33 . Lo que aquí nos interesa es constatar que nuestro autor se sirvió con profusión de este género literario, puesto que de él conservamos nada menos que ciento cincuenta y una composiciones, que llevan este título.

El número es ya problemático porque el poeta utilizó la técnica, ya conocida por Ausonio, que A. Di Rienzo llama, utilizando una expresión habitual en el mundo de la música, tema y variaciones

En cualquier caso, estas composiciones ennodianas son muy variadas, tanto en el metro como en el tema. Por eso no tiene mucho sentido pretender encuadrarlos artificialmente en categorías 34 .

Son, sin embargo, una muestra palpable de que la sociedad en que se desenvolvió Ennodio no le fue indiferente y de que su vida no transcurrió ajena al mundo material que le rodeaba. Salta a la vista que tratan de asuntos tanto sagrados —personas, edificios u objetos— como profanos, estos últimos de muy diverso carácter: histórico, artístico, erótico, etc.

Estas composiciones están escritas en su mayor parte —110— en dísticos elegiacos 35 , pero también están representados otros metros, sobre todo hexámetros; en el n. 107 tenemos una estrofa sáfica, seguida de tetrámetros trocaicos: este último metro se encuentra también en el n. 123. A los nn. 107 y 150 se les suman sendos textos en prosa, al final y al principio respectivamente. De algunos dice su autor expresamente que fueron improvisados: 25, 57, 105, 107, 142. Ninguno sobrepasa el marco de la pequeña poesía, pero en cuatro ocasiones (89, 92, 93, 127b) consta sólo de un verso. Por excepción, el poeta acoge en su colección algunos epigramas de otros autores: uno, el 143, del poeta Fausto y otro, el 144, de Mesala, con quien el poeta se sentía especialmente ligado, puesto que este personaje tenía Ennodio como cognomen 36 .

Es imposible sistematizar de algún modo todo este material. Sin embargo, cabe ordenarlo de alguna manera, de acuerdo con ciertos criterios. Por ejemplo, como ya se ha apuntado, según el contenido, la colección ofrece temas cristianos y profanos.

a) Temas cristianos

Entre los primeros, tres subgéneros ocupan un puesto preeminente: los epitafios, los que redactó en honor de doce obispos milaneses, y la serie dedicada a diversos edificios y locales eclesiásticos.

1. Epitafios. Los epitafios son diez 37 . Su único rasgo común es el metro: el dístico elegíaco. En todo lo demás difieren, tanto por su longitud —de dos a ocho dísticos 38 — como por las ideas que desarrollan, de acuerdo con las circunstancias de las respectivas biografías, y la perspectiva que adopta el poeta: mientras uno de ellos —el 117— está redactado en primera persona y otro —el 148— se limita a constatar en tono neutro la realidad de la muerte y la sepultura, la mayoría interpela al difunto, o apela también al visitante: 99. La mitad se ocupa de mujeres —dos vírgenes (Melisa y Dalmacia), dos viudas (Rústica y Eufemia) y una madre dedicada a la educación de sus hijos: Melesa— con las que Ennodio debía estar de algún modo relacionado 39 ; entre los cinco restantes, uno está dedicado a Víctor, obispo de Novara, dos a personajes que más bien parecen genéricos —un hombre Bueno y un Abundante, varón ilustre— y los dos restantes, los más cortos de esta serie, a dos personajes ilustres, el emperador Mayoriano y un Albino, noble de la familia de los Decios, cuya identidad no es posible asegurar.

Las ideas que en todos ellos se desarrollan, si bien no faltan alusiones a las Parcas —P II 2, 6— y al destino —P II 130, 6—, son fundamentalmente cristianas, es decir, el poeta insiste en la vida después de la muerte —en el Olimpo (P II 95, 8)—, ensalza las virtudes del difunto y describe la perpetuidad de la labor que realizó mientras estuvo en este mundo.

2. Obispos. El siguiente subgénero está muy relacionado con la tarea eclesiástica de Ennodio, como estrecho colaborador de su obispo Lorenzo. La obra de éste está marcada por los enfrentamientos entre Teodorico y Odoacro 40 , que dejaron la ciudad de Milán convertida en una ruina, y tuvo que consistir en buena parte en la restauración de los templos devastados por la guerra. Entre ellos, ocupaba el primer lugar la basílica de los Apóstoles, que era considerada el mausoleo de los obispos milaneses, sepultados junto a las reliquias de san Nazario.

Lorenzo concibió la idea de la restauración de esa iglesia y de la diócesis entera sobre doce pastores, capitaneados por el gran Ambrosio, cuyos sepulcros deberían ir colocados en el ábside. Cada uno de ellos contaría con un breve elogio en verso, compuesto por Ennodio. Así se explica la serie de los epigramas 77-89, de cinco a siete dísticos cada uno, salvo el último que consta de un solo hexámetro 41 .

Si bien cada uno tiene características singulares, en consonancia con el origen o la biografía de cada uno, todos ellos presentan rasgos comunes que pueden apreciarse a primera vista en el hexámetro que resume sus virtudes, concordes con la misión pastoral para la que todos ellos fueron elegidos.

El primero, el más largo, se ocupa de Ambrosio 42 para resaltar sus cualidades humanas y sobre todo sus dotes de gobierno, encabezadas por el don de la palabra, con el que combatió a los enemigos de la Iglesia, con más eficacia que con la espada

A continuación, el 78, se ocupa de Simpliciano (398-400), antiguo maestro de retórica, consejero y sucesor de Ambrosio. Designado por este último en su lecho de muerte —«viejo, pero bueno», dijo de él— mereció también el elogio de san Agustín, en cuya conversión influyó no poco 43 . Fue un sacerdote romano, que brilló por su fortaleza, y fue nombrado obispo cuando era ya anciano.

El siguiente (79) fue Venerio (400-408), quien, según la tradición. había sido diácono de san Ambrosio y cuyo nombre aparece en diferentes actas sinodales de la época, así como unido a misiones en socorro de la Iglesia africana. Ennodio no resiste a la fácil tentación de jugar en su poema con el nombre de este prelado.

Apenas se tendrían noticias del siguiente obispo milanés, Marolo (408-425), si no fuera por el epigrama (80) de Ennodio. Éste nos informa de que procedía de la Siria y fue ilustre, ante todo por sus virtudes.

Martiniano (425-436) es igualmente conocido gracias al epigrama que viene a continuación (81). Parece ser milanés y haber tenido un rival en la elección episcopal, por quien se inclinaba este hombre de Dios, llevado por su modestia. Su más notoria empresa, según el poeta, fue la construcción de dos iglesias a las que dotó de más luz; esta última expresión habría que entenderla en su sentido más propio, por lo que se trataría simplemente de la restauración de unos edificios ya existentes y a los que se habría dotado de más ventanales, se les habría remozado o simplemente dotado de un interior más claro.

Al venerable Glicerio (436-438) está dedicado el epigrama 82, que describe la hermosura física de su rostro, reflejo de la bondad de su alma, llena de amor a Dios y a sus súbditos.

El siguiente metropolitano milanés fue Lázaro (438-449), quien viene también a continuación en este grupo de epigramas (83). Se trata de un gran obispo, a quien se deben no pocas iniciativas, entre ellas, al parecer, la de las rogativas menores, que duraban tres días, en torno a las diferentes estaciones del año.

A Lázaro le sucedió el amigo de Dios, Eusebio (449-462), a quien Ennodio consagró el epigrama 84. Según él, era de origen griego y es famoso por haber sido protagonista de un suceso milagroso, al que no alude la composición que comentamos, pero que narra Gregorio de Tours en su De gloria martyrum 44 . De lo que parece hacerse eco esta composición es de la invasión de los hunos en 452, que dejó a la ciudad de Milán sumida en el caos.

Llamaría la atención que al siguiente obispo, Geroncio (462-465), Ennodio le califique de hombre sencillo (85), si no fuera porque esa palabra sirve en la Sagrada Escritura —tanto en el Antiguo (Job I 1. 8. 23; Proverbios, passim ), como en el Nuevo Testamento (Mateo 10, 16; Lucas 11, 34; Filipenses 2, 15; I Pedro 1, 22)— para designar al hombre justo, de vida recta, que encarna en su conducta una de las virtudes cristianas más apreciadas, esto es, la sencillez.

El poeta se divierte con el amplio juego que le depara la multiplicidad de títulos con que puede calificar a esta larga serie de prelados milaneses. Al siguiente, y sucesor de Geroncio, le llama venerable y le dedica el epigrama 86. Se trata de Benigno, que estuvo al frente de la sede ambrosiana entre los años 465-472, y cuyo nombre sirve a Ennodio para componer los cinco dísticos que le dedica.

También Senador, obispo de Milán de 472 a 475, se presta a que se hagan alusiones, no sólo ingeniosas —su pasado político—, sino históricas —su intervención para que se superara el eutiquianismo—, tanto a su nombre como a sus cualidades. Esto hace Ennodio en el siguiente epigrama (87).

Y así llegamos al 88, dedicado a Teodoro, el único que no recibe el título de santo y efectivamente nunca fue venerado como tal en la diócesis ambrosiana. Esto no es obstáculo para que se ensalcen sus múltiples virtudes.

A Lorenzo, obispo al que sirve, Ennodio le dedica solamente un hexámetro, que hace el epigrama 89. No obstante, lo que no pudo escribir en éste, lo colocó en otros que ensalzan precisamente la labor restauradora de este obispo, personaje clave en la carrera eclesiástica y en la biografía de Ennodio 45 .

3. Lugares sagrados. Para concluir con estas series de epigramas de tema religioso, nos encontramos con un buen número de inscripciones a la entrada de diferentes partes o habitaciones de la catedral, que el poeta designa con la palabra domus : 10, 12, 17. Son textos compuestos a modo de saludo al visitante o carta de presentación de la función respectiva de cada objeto o habitación: el león que escupe el agua en el baptisterio (19), el oratorio (37), la cámara donde se guardaba el aceite (38), el almacén para el grano (39), unas escaleras (40), la despensa (41), la cocina (42), la bodega (43), la puerta de entrada al huerto, por fuera (44) y por dentro (45).

Se trata de composiciones, generalmente en dísticos y de longitud diversa, desde uno hasta ocho. Este último, sobre todo, utiliza expresiones especialmente rebuscadas y difíciles de traducir en una lengua inteligible.

Directamente emparentadas con este grupo están otras composiciones cortas dedicadas a variados edificios religiosos, como baptisterios —20 46 , 34 (se trata de dos dísticos a modo de epitafio en honor del hijo de Armenio), 56, 149—, otras basílicas, fuera de la catedral milanesa —9, 11, 60—, y diferentes objetos que tienen un valor religioso simbólico, como la cruz decorada con una serpiente —7—, o tienen que ver con obispos o clérigos: 4.

Ni que decir tiene que quedan sueltos algunos epigramas que, ocupándose de temas relacionados con la fe de la Iglesia, no pueden encuadrarse en estos grupos, necesariamente artificiales. Así, por ejemplo, tenemos el número 15, que es una verdadera oración, dirigida a Dios Padre, o el número 74, una punzante sátira, que zahiere la variedad y variabilidad de los clérigos.

b) Temas profanos

Menos amplio, pero mucho más variado, es el abanico de personajes, temas y objetos profanos con los que Ennodio se enfrenta en esta parte de su obra literaria, sin asustarse ante obscenidades, como la sucia historia de Pasifae, a la que dedica cinco números (25. 29-31. 103), o el caso de una anciana que se casa con un hombre joven (97).

Para intentar sistematizarlos de algún modo, empecemos por los personajes a los que el poeta se enfrenta con ojos críticos, pero siempre con el deseo de extraer de su comportamiento una enseñanza: evitar a toda costa esos vicios 47 . De ese porte son las series 23-24, 26-28, 33, 35, 50-55, 57-59, 61-65, 69-72, 76, 96, 106, 112, 118-122, 137-141, 147. Por ejemplo, varios (118-122) tratan de un estúpido que se llama o se hace llamar nada menos que Virgilio; otro (57) se mofa de Joviniano, quien a pesar de su barba goda viste la capucha que los romanos llevaban con la toga; otro (96) se ríe de un romano que pretende ser maestro a toda costa; otro (112) la emprende con un ciego entregado a la opulencia. En ellos se zahiere a toda una turba de avariciosos, desleales, murmuradores, adúlteros, homosexuales, presumidos, comilones y bebedores.

En claro contraste con esta galería de lacras sociales encontramos, a partir de cierta altura de la colección, aproximadamente la mitad, un amplio grupo de composiciones dedicadas a animales —gallos, patos, perros, pájaros, mulas, yeguas, caballos, asnos, corderos—, llenas de humor y sensibilidad.

Esta serie se abre con el número 73, que es un apunte lleno de humor sobre la rivalidad ancestral entre gallos y patos, y continúa un poco más adelante (75), con cinco hexámetros, en los que el poeta se muestra comprensivo con un mal hombre, simplemente por el hecho de que ama a los caballos. De ellos se ocupa asimismo en otros dos epigramas en los que interpela cariñosamente a su nuevo caballo (94) y se despide del viejo (113).

El 100 describe la tierna escena de un feroz perro de caza, que se distrae ante el balido de una corderita, mientras en el 124 alaba la docilidad de las mulas procedentes de la Galia.

En 125-127 expone con gran sentido del humor las consecuencias del cruce genético entre un asno y una yegua. Finalmente, casi al cierre de toda su producción poética, incluye una anécdota simpática sobre un pájaro (134) 48 y un verdadero panegírico al caballo de la región del Po: 136.

Es también muy variada la colección de objetos descritos a lo largo de estas composiciones: desde dos bibliotecas, lo cual da pie al poeta para encomiar los estudios liberales (3, 123) 49 , hasta muebles y objetos decorativos de todo tipo: bandejas (18, 22, 92-93), escudillas (21, 101-102), una cadenita (46-49), un anillo (98), un látigo (114-116), un bastón que sirve de vaina a una espada (131), un cofre (133).

No faltan descripciones de paisajes, como el cuadro nocturno que pinta en una galopada que el poeta emprende durante una noche de verano (128), de obras de arte, como el mosaico del número 91 o de instalaciones, como un lugar de culto recientemente inaugurado (151) o el huerto de Teodorico. Este último sirve de excusa a Ennodio para escribir un panegírico más en honor del rey ostrogodo (111). Lo mismo ocurre con el castillo de Honorato, obispo de Novara (110), y con la litera de Viola, esposa de Baso, uno de los más íntimos amigos del poeta (129).

Es evidente que éste aparece con cierta frecuencia a lo largo de toda su producción. Esto ocurre cuando, aunque sea muy esporádicamente, habla de sus versos (109) o incluso compone una introducción a sus poesías (66), pero sobre todo siempre que, con plena confianza y haciendo alarde de un humor amable, gasta alguna broma a sus amigos (32, 105, 132, 143-146).

V. LA LENGUA

La ambición por mostrar la agudeza de un ingenio que sorprenda al lector, o su fantasía imaginativa, la dependencia para observar las leyes de la prosodia 50 , etc. colocan a Ennodio en situaciones conflictivas no sólo con el léxico —que soluciona con helenismos, neologismos, etc.—, sino incluso con la sintaxis.

En cuanto al primero, Ennodio busca con frecuencia asombrar al lector con la profusión de sinónimos acumulados en un corto espacio de versos. Algunas composiciones constituyen una buena muestra de este virtuosismo. Por ejemplo, en I 5, tras invocar a la musa umor Castalius , emplea para presentar el agua desbordada del Po, fluxus —v. 3—, aqua —v. 5—, liquor —v. 6—, lympha —v. 8 y en el epigrama II 19, en tres dísticos elegíacos, utiliza hasta cinco variantes para designar las aguas bautismales: 2. … limphas…/ 3. Unda… pocula…/ 5. … fontes,/ 6. …aquis. Asimismo, el epigrama II 149, en cuatro dísticos elegíacos, que describen las instalaciones de un baptisterio de mujeres, en el que se impartía ese sacramento por efusión en aras del pudor, alude hasta siete veces al agua con otras tantas expresiones que, siendo sinónimas, no se repiten para nada: 1. pluit… imbre sereno/ 2. … aquas./ 3. Proflua… flumina…/ 4. …rorem…/ 5. …liquidos…fontes,/ 6. … unda …/ 7. …limpha…

Algo análogo ocurre con otras series, como la que dedica a la descripción del mito de Pasifae y el toro. En los veinte versos de las cinco composiciones que componen este ciclo, Ennodio emplea cuatro palabras diversas para designar al animal: iuvencus (II 25, 1), bos (II 25, 4; 29, 1), taurus (II 25, 5; 30, 2; 31, 2; 103, 5), pecus (II 103, 6) y seis para la mujer: mulier (II 25, 5; 29, 1; 103, 5) puella (II 31, 3), bucula (II 103, 2), vacca (II 103, 3), iuvenca (II 103, 4), uxor (II 103, 5).

Por lo que respecta a la sintaxis, nos encontramos con soluciones peregrinas como el nominativo absoluto de P II 117, 5 (Quae victrix ), el epitafio a una de las Melisas, o el juego con el plural y el colectivo en P I 2, 17-18. Sobre cada palabra pesa no sólo su sentido semántico y su función sintáctica sino también la responsabilidad de tener que cargar con las funciones que el poeta quiere expresar, pero no puede hacerlo por exigencias del metro o por el juego de la retórica.

Por poner sólo un ejemplo, en P II 70, que consta solamente de un dístico, el hexámetro acaba con la cláusula teste, Tribune. La primera de esas palabras no se puede traducir simplemente por «testigo», porque Ennodio está interpelando a un personaje que puede impunemente relatar mentiras, dado que es imposible contar con un «testigo que de fe de lo contrario».

Si de ahí pasamos a la semántica, las dificultades se multiplican porque es imposible a cualquier lector moderno hacerse cargo del sentido de cada palabra, de cada concepto, el juego de alusiones a escenas de la mitología que en aquel tiempo resultaban algo tan vivo como los sucesos de la historia reciente.

Esta dificultad afecta a algunas composiciones en bloque, en el sentido de que se hace imposible saber cuál es exactamente el tema del que tratan. Ejemplo extremo es P II 151, el último epigrama de la colección, en el que el poeta podría referirse a un espacio cubierto al que se ha dividido en dos para permitir dos funciones diferentes, o a dos edificios independientes que se han unido para convertirlos en un solo lugar de culto. Pero lo más habitual es que los poemas presenten dificultades puntuales de interpretación.

Tomemos como ejemplo P II 51 51 . Son tres hexámetros que aparentemente no presentan ningún problema. MGH y CSEL transmiten un texto concordante y hasta la misma puntuación. Desde el punto de vista gramatical, a cada verso corresponde una frase; la segunda, como centro de la composición, está yuxtapuesta a la primera y en coordinación con la tercera, que a su vez consta de dos miembros, unidos entre sí por el pronombre relativo. Las dificultades comienzan cuando se analizan la forma y el valor semántico de cada palabra. A este nivel nos encontramos con textis , que podría ser un participio de pasado de tego , que habría que traducir como «tejidos», pero que también para Ennodio podría ser un ablativo de textus, -us , tratado desde un punto de vista morfológico como un sustantivo de la segunda declinación 52 , con el sentido de «monumentos, textos escritos» 53 . También en el mismo verso Memphitis , sería un genitivo de Memphis, -tis o un ablativo del adjetivo derivado de ese nombre de ciudad, variante que no tendría ninguna trascendencia desde el punto de vista semántico. Finalmente, retinere propiamente es «contener», aunque también podría traducirse, en sentido figurado, como «ser cautivado».

Más importancia tendría la discusión sobre si Ennodio, al aludir a Menfis, se refiere simplemente a la ciudad, capital del reino y por tanto sede de los faraones en los primeros tiempos, al culto a Isis, como aparece repetidas veces en los autores clásicos, sobre todo Ovidio 54 , o a Egipto en general. En el primer caso, el poeta estaría aludiendo a la riqueza de los vestidos o a los cultos de la corte; en el segundo podría hacer referencia a los libros de las famosas bibliotecas egipcias, en los que se narraba la historia universal.

Las interpretaciones son por tanto múltiples. Una traducción sencilla, y quizás correcta, sería la derivada de considerar el primer hexámetro como una descripción de las riquezas egipcias o los cultos egipcios y en general paganos, seguidos por generaciones enteras, frente a la actitud despectiva del diácono Lorenzo ante ellos.

Una alternativa válida sería pensar que en el primer verso se constata que los libros guardados en las bibliotecas egipcias contienen toda la historia 55 .

Esta segunda posibilidad hace más plausible la cita al martirio por las llamas que viene a continuación, porque contendría una alusión a los grandes incendios sufridos por las bibliotecas de la ciudad de Alejandría, la del Museo (48-47 a. C.) y la del Serapión (391 d. C.), las dos más famosas de Egipto y quizás del mundo antiguo.

Las dificultades de interpretación se multiplican cuando se trata de calibrar las alusiones que se encierran en los dos restantes versos, que aseguran:

[…] nunca Lorenzo se sometió a Nerón, ni tuvo ningún temor aquel que con el cuerpo derrotó las poderosas llamas.

¿Quién es Lorenzo, quién Nerón? Las posibilidades son múltiples. El primero podría ser el mártir en tiempos de Nerón, el que sufrió el martirio bajo Valeriano o incluso Lorenzo, el obispo milanés, que tuvo que hacer frente, con la entereza de un mártir, a determinadas exigencias del rey Teodorico. En cuanto al segundo, es posible que se trate del mismo Nerón, desde Comodiano símbolo del anticristo para los cristianos, del emperador Valeriano, o incluso del mismo rey ostrogodo.

Estamos ante dificultades provocadas por el género epigramático, en el caso de Ennodio acentuadas por su tendencia a la conceptuosidad, el doble sentido, el lujo de epítetos, las frases alambicadas, los juegos de palabras, los helenismos, su alarde de dominio de la retórica, sin olvidar sus frecuentes alusiones a la mitología.

VI. LA COMPOSICIÓN

La poesía de Ennodio es un alarde de virtuosismo y podría decirse que sólo desde ese punto de vista tiene valor literario. Cualquiera de los múltiples géneros representados en la colección vive de una retórica marcada por contrastes conceptuales y antítesis léxicas, repetidas una y otra vez. En los epitafios y en los himnos captan la atención, no tanto las ideas o las verdades de fe que se ponderan en ellos, como las paradojas entre vida y muerte, día y noche, luz y tinieblas, virginidad y maternidad, debilidad y fortaleza.

En los epigramas, la maestría retórica del autor se muestra en primer lugar en el alarde que supone considerar un mismo tema desde diversos puntos de vista, a cual más ingenioso. A esta técnica responden las series 26-28; 29-31; 46-49; 51-54; 57-59; 62-63; 69-72; 101-102; 114-116; 118-122; 125-127; 137-140.

Pero, vayamos por partes. En cuanto a la prosodia, como se desprende de los análisis de las dos ediciones que nos sirven de base, en conjunto no parece haberse permitido muchas licencias, puesto que apenas hay hiatos 56 o elisiones y no se registran más de una cuarentena de sílabas largas que mide como breves y unas quince breves que mide como largas 57 .

Por lo que atañe a la métrica, no es especialmente variada. Predomina el verso elegíaco, es decir, el dístico que consta de hexámetro y pentámetro: casi todos los epigramas 58 , el primer itinerario y algunas declamaciones. Luego vienen los hexámetros, el ritmo propio de la epopeya; en ellos está compuesto el poema escrito con ocasión del trigésimo aniversario de la consagración episcopal de Lorenzo y el segundo itinerario.

En los himnos, el ritmo habitual es el tetrámetro, o mejor, dímetro yámbico (I 10-16. 18-21) dividido en estrofas de cuatro versos, con la excepción de I 17, que está compuesto en senarios yámbicos, o endecasílabos alcaicos, si bien con muchas licencias, tantas que se puede pensar con razón que algunos tienen más bien un ritmo trocaico, dada la profusión de sílabas largas en inicial de dipodia. Esta circunstancia hace suponer que en realidad el poeta busca más la armonía del oído que la medida justa, y se atiene, más que a los acentos, al número de sílabas; el íctus métrico apenas se distingue, así como es difícil de notar la eufonía producida por la sucesión de sílabas breves y largas.

Incluso hay algunos en los que predomina el ritmo tónico, en principio un signo más natural que la prosodia, y opta abiertamente por el número de sílabas. En estos himnos octosilábicos se observan también los primeros síntomas de una rima, tanto fonética como sintáctica. Véase, por ejemplo, I 18, 5-8, 17-20, 25-28; I 19, 13-16; 21-24.

También cultiva la polimetría: el caso más llamativo es el epitalamio de Máximo, donde alterna hexámetros con dísticos elegíacos e incluye algunas estrofas sáficas para acabar con seis endecasílabos falecios.

Algo análogo ocurre en el poema dedicado a Fausto, que comienza en prosa para pasar sucesivamente a dísticos elegíacos (16), hexámetros (12), de nuevo dísticos (2), seguidos de cinco estrofas sáficas y doce adonios, que en realidad no son otra cosa que cláusulas de hexámetro.

Los modelos que imita, como señalamos en las notas correspondientes a pie de página, son fundamentalmente Virgilio y Ovidio. Mientras al primero le copia en los poemas hasta treinta y siete veces de un modo literal, al segundo lo utiliza en total catorce veces, más del doble en el primer libro. Transcribe pasajes del primero, sobre todo cláusulas de hexámetro, pero también el comienzo, como en P II 45, 15. Asimismo están presentes Horacio y Lucano.

No faltan poetas de la baja latinidad de los que toma expresiones y hasta hexámetros enteros, como muestra I 9, donde el verso 12 en su primera parte, el 36 en la última y el 18 en su totalidad reproducen el Euchariston (poema 15) de Sidonio Apolinar, en sus versos 12, 36 y 18 respectivamente. En menos proporción se sirve también de Sedulio y de Claudiano.

También en la composición métrica se aprecia el virtuosismo de Ennodio. No faltan versos áureos, es decir, hexámetros compuestos de cinco palabras, con un verbo en posición central y dos sustantivos y dos adjetivos dispuestos, o bien en forma quiástica, en posiciones cruzadas —1/5; 2/4—, siguiendo el esquema abcba 59 , o bien en paralelismo, de acuerdo con el esquema abcab 60 , o bien cabab 61 , o bien cabba 62 . Se encuentran asimismo encabalgamientos brillantes como el que logra en P I 30-31.

Algo análogo cabe decir de los himnos, donde abundan los versos de tres palabras, ideal ambrosiano.

VII. EL CARÁCTER

En su aspecto puramente formal, el nivel de su poesía se calibra inmediatamente cuando se le compara con los grandes maestros de los dos grandes géneros literarios que cultiva, el himno y el epigrama, y se comprueba que de esa comparación sale malparado.

Para el primero toma como modelo a Ambrosio, aunque más que en el tenor de las palabras, hay que buscar el parentesco, o más bien la dependencia, en la concepción preceptiva. Ennodio se queda detrás porque, aunque le siga fielmente, como hemos apuntado, en la envoltura externa, le falta la inspiración poética; de ahí que esas composiciones se queden en pura retórica, marcada hasta la exageración por los contrastes antitéticos ya citados. Así se explica que, como ocurrió con sus bendiciones del cirio pascual 63 , ninguno de ellos haya tenido entrada en la liturgia romana, concretamente en la oración de las horas, si bien en su epitafio son especialmente ponderados 64 .

Hay que apuntar, sin embargo, a su favor, que no faltan en esta serie de composiciones algunos rasgos novedosos. Por ejemplo, a las tres vías tradicionales de la himnología ambrosiana —horas, grandes fiestas litúrgicas, mártires— Ennodio añade un cuarto tipo, que se ocupa de pastores, como Ambrosio, Martín de Tours y Dionisio de Milán y toma de Sedulio el tema del dedicado a Santa María 65 .

En cuanto al segundo, no puede apoyarse, por razones obvias de Weltanschauung , en el gran maestro Marcial. No obstante, en algunos puntos de contacto se aprecia inmediatamente la diferencia y es fácil llegar a la conclusión de que, en su conjunto, son banales y adolecen del alma que inspira el epigrama.

Por ejemplo, el mito de Pasifae, Marcial lo presenta en su obra de una manera viva a través del espectáculo que ha presenciado en el circo, de modo que el lector parece asistir a la escena 66 . Los múltiples epigramas que Ennodio dedica al mismo tema, parten de la contemplación de una representación artística o describen el mito, pero en cualquier caso se quedan en un mero ejercicio de estilo.

Pero, a nuestro modo de ver, no es ahí —en la comparación con los modelos— donde se aprecia el peso específico de Ennodio como poeta, sino en el carácter que tiene toda su obra en verso. Éste no es puro artificio, esclavo de un clasicismo idealizado, sino que es profundamente religioso y está impregnado por su intención didáctica y moralizadora 67 .

Esta atmósfera se respira no solamente en aquellas piezas que se ocupan de temas religiosos, sino incluso en aquellos que aparentemente son paganos y a primera vista podrían levantar una reacción de asombro o hasta de escándalo 68 .

La actitud de Ennodio ante el mito de Pasifae 69 , por poner el ejemplo extremo, es de clara repulsa y hace hincapié en el carácter antinatural de esa relación, mientras considera digna de lástima y en definitiva desgraciada a esa mujer. Lo mismo cabe decir de otros mitos, como los adulterios de Júpiter 70 , incluso de aquellos que se refieren a la leyenda romana 71 y por supuesto de los vicios descritos en buena parte de los epigramas: les ridiculiza y en definitiva les describe como lacras indignas de una sociedad cristiana en la que vive y para la que escribe 72 .

Lo mismo cabe decir del poema cuarto, en el libro primero de su obra poética. En él nos encontramos con un esfuerzo bien logrado de integrar un género literario pagano, como el epitalamio, en un contexto plenamente cristiano.

No es el primer autor cristiano, ni siquiera el primer eclesiástico, que se aventura en este terreno. Entre los primeros contamos, con las reservas que son del caso, a Ausonio, Claudiano y Draconcio, entre los segundos a Paulino de Nola y Sidonio Apolinar 73 . Este último había escrito unos decenios antes dos poemas 74 que, con características diferentes entre sí, habían pretendido de algún modo, sobre todo el segundo, mediante la descripción de la boda de un filósofo, cristianizar este tipo de poemas. Sin embargo, las escenas descritas, los personajes que las protagonizan y en general la atmósfera que trasciende de esos versos son paganas.

El caso de Ennodio es diferente. En el escenario del poema entra todavía el mito, pero ya no se encuadra dentro de un marco cultual pagano. Aquí es la naturaleza, concretamente la primavera, la que irrumpe por doquier y anima al amor y la procreación. La diosa del amor se encuentra en plena decadencia, combatida eficazmente por un fenómeno cristiano: la virginidad. Tanto, que peligra incluso el mantenimiento de la especie humana. Tiene que actuar en un ambiente adverso, en el que el voto de castidad se ha difundido de un modo amenazante y se ha convertido en un pecado el comercio carnal.

Venus debe actuar, no ya como oficiante en una ceremonia nupcial, sino en una situación crítica y, como madre del Amor, irrumpir con violencia en los corazones de unos jóvenes que hasta ahora no se ocupan de ella, e incluso la ignoran por la educación que han recibido y el ejemplo de sus padres.

Máximo y su prometida son vírgenes, tanto de corazón como de cuerpo. La vida inmaculada de Máximo le concede una esposa que le gana en méritos; ella, que le supera aún en pudor, viene a ser precisamente su premio. Ambos pertenecen también a familias virtuosas y la influencia de Venus y el Amor en ellos se limita al cumplimiento de la ley natural de la procreación.

Estamos por tanto ante un caso de manipulación de la cultura pagana a fin de ponerla al servicio de ideales cristianos. He aquí otra muestra del papel que desempeña la cultura clásica en la pedagogía de la época. Una vez más nos encontramos, en el caso de Ennodio, con la actitud generalizada entre los prohombres eclesiásticos de su tiempo: se sirven de la retórica y los modelos clásicos para su tarea de cristianizar la generación en la que viven, utilizando los recursos que éstos les brindan como instrumentos.

Un ejemplo elocuente es la oración contenida en P II 15. La primera parte del primer hexámetro está tomada de Virgilio 75 , de quien Ennodio se sirve para elevar a Dios la petición de su protección a fin de que los nuevos bautizados conserven, a través de su conducta, la blancura de sus vestidos y logren la palma del premio eterno.

Ésa es la perspectiva correcta para medir la importancia que su actividad literaria llegó a tener en la tarea de cristianizar, salvaguardándola, la tradición antigua. Su papel tiene esa trascendencia: mantener la construcción de odres viejos, pero dotándolos de contenidos nuevos 76 .

Y es precisamente su actitud, cercana a la realidad que le rodea y a la que intenta orientar, la que explica que haya mantenido a lo largo de su vida acceso a la formación de la juventud, haya llegado a ser miembro de la jerarquía católica y haya intervenido de modo activo en la vida política y eclesiástica de su época.

VIII. LA PRESENTE TRADUCCIÓN

Nos han servido de punto de partida, como en el volumen anterior (BCG 357), las dos ediciones fundamentales, MGH y CSEL, que recogen las conjeturas más importantes de ediciones anteriores, sobre todo la de J. SIRMOND.

Aunque de ordinario MGH sigue fielmente la versión del manuscrito de Bruselas, y por eso resulta más fiable el texto que reproduce, no faltan excepciones. Por ejemplo, es verdad que en PI 13, 25, MGH lee Quid! , con el manuscrito de Bruselas, mientras CSEL prefiere conjeturar Quot ; pero, en PII 50, 3, mientras MGH, enmienda los manuscritos y conjetura fraudes morte , CSEL, es fiel al texto transmitido y lee fraudem sorte.

De modo análogo, el texto que presentamos traducido da la preferencia a la edición de F. VOGEL en MGH, pero en las notas a pie de página se tienen en cuenta las discrepancias que nos han parecido dignas de tener en cuenta que se encuentran en CSEL, preparada por G. HARTEL. Hay que hacer constar que estas discrepancias son numerosas, pero apenas tienen importancia porque habitualmente son diversas trasposiciones de letras, cometidas por los copistas de los diferentes manuscritos, o diferentes modos de puntuar.

Por lo dicho anteriormente, y sobre todo porque hasta fecha reciente faltaban puntos de referencia a interpretaciones y traducciones modernas —la única que hemos tenido a disposición inicialmente fue la de F. MAGANI , quien incluye trozos de los poemas en diversos contextos de su monumental monografía y se limita a una traducción según el sentido—, es muy posible que el lector especialista encuentre no pocas faltas de interpretación en los poemas del primer libro. Le pedimos excusas y nos alegrará sinceramente todo aquello que contribuya a una mayor y más ajustada comprensión del texto.

Cuando ya nuestro trabajo estaba avanzado, apareció la obra de D. DI RIENZO, en la que se editan, traducen e interpretan todos los epigramas que componen el libro II. Hemos tenido muy en cuenta este trabajo, al que aludimos siempre que sus observaciones nos han parecido justas.

Lo mismo cabe decir del estudio dedicado a los poemas P I 7-8 de G. VANDONE.

En la bibliografía que recogemos a continuación nos hemos limitado a la que se ocupa de la obra poética o, al menos, tiene tanta importancia para el estudio de ésta como para la obra ya publicada.

1 ENNODIO , M 5, 5-6.

2 Véase respectivamente la correspondencia con Beato y P II 68, en el que insulta a uno que se ha permitido criticar su obra.

3 ENNODIO , P II 67, 5-6.

4 Ibidem II 66, 5-10.

5 Ibidem P II 109.

6 Ibidem P I 4, 123-124.

7 Cf. F. MAGANI , Ennodio III 378.

8 Sobre este asunto, véase BCG, n. 357, 24-33.

9 Ésta es la sistemática que hemos adoptado en esta traducción. Sobre este tema, véase BCG n. 357, 29.

10 Se trata de una diferenciación discutible, en primer lugar porque es conocida la tendencia de la literatura latina tardía a mezclar géneros, y en este caso concreto, porque entre los epigramas se encuentran, por ejemplo, diez epitafios, que por su carácter —quizás no por su longitud— y por el metro —normalmente dísticos, pero también hexámetros— podrían haber entrado dentro del primero.

11 S. ROTA , «Antiquum credit... » considera que la primera de estas declamaciones es más bien una descripción de viaje o Itinerarium. Sus argumentos no resultan convincentes, sobre todo si se tienen en cuenta los paralelismos que ella misma establece entre este poema y la primera de las declamaciones: cf. D 1, 7-8.

12 Respecto a los epigramas, D. DI RIENZO , Gli epigrammi... págs. 219-231 atribuye algunos —II 1-3. 18. 23-31. 33. 46-55. 57-59. 65. 69-72. 74-88. 96. 105. 110-111. 114-116. 118-122. 132-133. 136-142. 147. 216— al autor mismo, mientras otros procederían del revisor —II 8-9. 11. 21. 35. 61-64. 67-68. 73. 106. 123. 143-46 o los diferentes editores: — SIEMOND Sirmond (II 100. 103. 150-151), SCOTT , HARTEL (II 89). Al mismo tiempo reconoce que es imposible atribuir con certeza muchos de ellos, que son perfectamente neutros, como II 10. 12-16. 20. 32. 34. 36. 37-43.56. 60. 91-93. 124. 128-129. 131.

13 Por desgracia, no siempre es así, como se aprecia a continuación. Por ejemplo, P I 9 corresponde a una celebración que tuvo lugar en el año 496, es decir, unos años antes de que escribiera P I 6-8.

14 Véanse los lugares correspondientes a estos dos personajes entre los destinatarios de la correspondencia ennodiana en págs. 277 y 279 respectivamente.

15 Véase también P II 3.

16 En este poema se encuentran in semine los temas que Ennodio desarrollará en el opúsculo dedicado a Epifanio: cf. BCG 357, págs. 175-244.

17 Un derivado de la epopeya, muy difundido en la literatura de la época helenística, ya cultivado en la Antigüedad, sobre todo por EUFORION DE CALQUIS , nacido en 276/275 a. C., que pasa por ser el gran maestro del género.

18 Cf. D 8.

19 Sobre este viaje, véase BCG 357, pág. 11.

20 Cf. SIDONIO APOLINAR , Epístolas IX 15.

21 Cf. BCG n. 357, págs. 329-334.

22 Faltan en el códice Vaticano y en todos aquellos sobre los que J. SIRMOND basó su edición.

23 No sólo en el metro, sino en todo busca el modelo ambrosiano: Cantem quae solitus, dum plebem pasceret ore, Ambrosius uatis carmina pulcra loqui («Cantaré aquellos himnos hermosos de pronunciar que salían de labios del obispo Ambrosio, cuando alimentaba al pueblo con su palabra»), escribe en su poema sobre la vuelta de Roma (PI 6, 39).

24 Cfr. F. MAGANI , Ennodio III 93.

25 Cf. ENNODIO , P II 149.

26 Hechos de los Apóstoles 6, 8-7, 60.

27 Sobre la presencia de Ambrosio en la obra, sobre todo en la poesía de Ennodio, véase, L. ALFONSI , Ambrogio...

28 A estas alturas de la Antigüedad tardía, cristianizada, el papel central del mito en el lógos kateunastikós ha dado paso a la naturaleza. Véase a este respecto M. ROBERTS , «The use of Myth... »

29 Cf. ENNODIO E VIII 10.

30 ENNODIO P I 4, 87-88.

31 Sobre este segundo viaje, véase BCG 357, pág. 12.

32 No faltan ejemplos de todas estas características en la colección ennodiana.

33 M. LAUSBERG , Das Einzeldistikon... y DI RIENZO , Gli epigrammi... págs. 233-242, han estudiado las características del epigrama en la literatura clásica. La primera se refiere con frecuencia a Ennodio, el segundo se centra en él.

34 Recientemente DI RIENZO lo ha intentado, distinguiendo seis especies temáticas: epitafios, obispos milaneses, epígrafes —todos ellos probablemente destinados a ser colocados en un muro, aunque de esto no haya ningún rastro arqueológico—, poemas descriptivos, satíricos y literarios. El mismo autor, a quien corresponde el mérito de haber editado y traducido por primera vez en una lengua moderna el libro II de los poemas ennodianos, es consciente de la violación que su modo de proceder supone para la tradición editorial. Cf. DI RIENZO , Gli epigrammi... pág. 19.

35 M. LAUSBERG —ob. cit. págs. 473-74— incluye un cuadro de los epigramas ennodianos escritos en dísticos, ordenados según su longitud. De él se desprende que casi la mitad —el 45,5%— de ellos no pasan de dos dísticos.

36 El epigrama 32 se ocupa de este tema: de eo quod Messala consul Ennodius in cognomine dictus est («Epigrama a propósito de que el cónsul Mesala adoptó el apellido Ennodio»).

37 Recuérdese que en su epistolario Ennodio incluyó ya alguno, concretamente dos en honor de Cinegia, la esposa de Fausto: cf. E V 7; VII 29.

38 Como M. LAUSBERG —ob. cit. pág. 149— señala, Ennodio, que tiende a la brevedad en sus epigramas, no puede por menos de extenderse en los epitafios, en los que era mal vista la concisión.

39 No deja de ser sintomático este alto porcentaje de representación femenina, que habla a favor del importante papel de la mujer en la cultura cristiana de este tiempo. En efecto, los Padres de la Iglesia, a partir de la Revelación, amplían el horizonte vital de la mujer, de modo que puede concluirse que «Christianity did enlarge the possibilities for women». Véase G. CLARK , Women ... pág. 140.

40 Cf. ENNODIO , M 3, 123.

41 No está claro el carácter exacto de estos versos. Mientras los dedicados a Venerio (79), Marolo (80), Glicerio (82), Lázaro (83), Senador (87) aparecen como sendos epitafios, con muchas variantes respecto a nuestras ediciones, en CIL 5.2, págs. 619-21, de los demás no hay noticia epigráfica. La explicación más razonable parece la que damos en el texto. S. A. H. Kennell, sin embargo, supone que el conjunto estaría en algún lugar, acompañando a representaciones de esos prelados, a la manera de las imagines clipeatae de los papas que adornan las paredes de la basílica de San Pablo Extramuros en Roma: cf. S. A. H. KENNELL , Magnus ... pág. 124.

42 Véase también P I 15 y P II 142.

43 AGUSTÍN , Confesiones VIII 1-5.

44 I 46.

45 Cf. P II 8, dedicado a la basílica de San Sixto; P II 9 a la de los Santos Apóstoles; P II 12 a la catedral y sobre todo el siguiente en el que, sin nombrarle, escribe un verdadero panegírico.

46 Puede verse la discusión sobre la identificación y ubicación de todos estos monumentos en F. MAGANI III 202 ss.

47 En esta actitud difiere radicalmente de MARCIAL , si bien el objeto de los epigramas sea análogo.

48 Seguramente en relación con P I 5.

49 Esto último lo hace también en P II 16, 17.

50 También esta última pasa algunas veces por dificultades, como en P I 4, 107, donde, a mi modo de ver, en cláusula de hexámetro tiene que utilizar fatum por fatuum.

51 Omnia Memphitis retinentur saecula textis: / Servivit numquam Laurentius ante Neroni, / Nec timuit validas vicit qui corpore flammas. DI RIENZO —Gli epigrammi... págs. 83-84— sugiere relacionar esta composición, que en las ediciones aparece aislada o encabezando la serie II 52-55, con P II 9. Así se podría responder mejor a algunos de los interrogantes que planteamos en los siguientes párrafos.

52 Véase BCG, 357, pág. 15.

53 De modo análogo nos encontramos en su obra con E VII 23, 2, pasaje en el que alude precisamente a la composición del epitalamio I 4. Cf. también P I 8, 5.

54 Cf. OVIDIO , Ars amandi I 77; III 393.

55 E. Dʼ ANGELO , en «Enigmistica Ennodiana: il carme 2, 51...» sugiere que se trata de los textos sagrados egipcios y traduce: «todas las épocas están contenidas en los textos de Menfis». Tal interpretación deja de lado el fuerte contraste entre el primero y los dos hexámetros restantes.

56 Por ejemplo, mide cui como bisílabo en seis ocasiones y el doble como monosílabo, aunque probablemente se pronunciaría en ambos casos cu i . Véase, MGH AA VII, pág. 395.

57 Un elenco se encuentra en A. DUBOIS , La latinité ... págs. 38-39.

58 Excepciones se encuentran en la primera parte de P II 107, que es una estrofa sáfica, y en P II 123, compuesto en tetrámetros trocaicos.

59 Ése es el caso de P I 10, 140. 144. 147.

60 Véase P I 4, 98; I 5, 3. 6. 47-48; I 7, 9. 11; I 9, 11. 112. P II 9, 7; 95, 4. 7; 103, 2; 147, 4.

61 Tal es el caso de P I 9. 32.

62 Véase P II 95, 2.

63 Cf. BCG 357, págs. 307-320.

64 Templa Deo faciens ymnis decoravit et auro («Al construir iglesias para Dios, las adornó con himnos y con oro»): CIL V 2 n. 6464 v. 17. De hecho, hay testimonios de que algunos de ellos (P I 13. 16. 18) estaban difundidos en Italia aún en el s. XI . Cf. W. BULST , Hymni latini ... pág. 13.

65 SEDULIO , en el segundo cuarto del s. v, había compuesto el himno cristológico, cuyas estrofas comienzan por las letras del abecedario A solis ortus cardine , en el que la Virgen María es citada repetidas veces. Lo mismo hace en su Poema pascual II 67.

66 Cf. JUVENAL , Liber de spectaculis 5.

67 Esto vale incluso para aquellas composiciones que se ocupan de temas neutros, como las inscripciones ante las diversas habitaciones de la catedral. Véase a este respecto S. A. H. KENNELL , Magnus ... págs. 105-106.

68 Ésta es la actitud, que desde F. MAGANI o J. FONTAINE , ha prevalecido en la crítica literaria hasta muy recientemente. Véase, por ejemplo, F. MUNARI , «Die spätlateinische...», pág. 135.

69 Comienza por mantener en el anonimato al dueño de este objeto.

70 Cf. P II 101-102.

71 Por ejemplo, ridiculiza la historia de Rómulo y Remo amamantados por un loba: cf. P II 24, 2.

72 Esa actitud vale también para la homosexualidad, o más bien el hermafroditismo, que aparece zaherido en P II 52, 54-55. 106. Véase, a este respecto, E. Dʼ ANGELO , «Tematiche omosessuali... pág. 654.

73 Véase sobre este tema M. ROBERTS , «The Use of Myth in Latin Epithalamia from Statius to Venantius Fortunatus». TAPA 119 (1989): 321-48.

74 Cf. SIDONIO APOLINAR , Poemas 11 y 15.

75 Cf. VIRGILIO , Eneida XI 789-90.

76 No era ésta la única actitud posible. Muy diferente es la de Paulino de Nola, citado más arriba. Al comenzar su epitalamio, asegura que de intento quiere prescindir de «la frivolidad disoluta del vulgo: Juno, Cupido y Venus, nombres de la lujuria»: PAULINO DE NOLA , Poema 25, 9-10.

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REFIC

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RhM

Rheinisches Museum für Philologie

TAPA

Transactions of the American Philological Association

ThLL

Thesaurus Linguae Latinae

LIBRO I

I 1 (245). ITINERARIO DEL CASTILLO DE BRIANÇON 1

Resumen. En pleno verano, en el valle, al comienzo del viaje calienta el sol. Invocación a la Musa (1-9). Pero será mejor que le inspire para cantar adecuadamente los fríos de las alturas. En un solo día experimentó los rigores del calor y del frío (10-14). Su obispo le da órdenes de que haga ese viaje. Describe los problemas del vestido, del camino, que ha provocado la muerte de numerosos caminantes (15-26). Reprocha a la historia no haber advertido de los peligros de esos caminos de montaña, dignos de haber sido trazados por el mismo Dédalo (27-35). Pide excusas a las Musas por no describir los peligrosos torrentes que discurren por aquellos parajes (36-40). Resuelve favorablemente el asunto que le ha llevado hasta Briançon, pero sigue asustado por los peligros que ha corrido (41-44). Se consuela con el recurso, a la vuelta por Turín 2 , a una serie de mártires de esa ciudad, cuya intercesión pide para que le ayuden a cumplir siempre con su deber (45-52).

Traducción

El Titán 3 , que había ascendido a lo más alto del cielo portador de las estrellas, derrama sobre la tierra todo el esplendor de su luz 4 . Inflamado, secaba los ríos sorbiendo sus aguas con ardiente fuego 5 , cuando el segador somete con la hoz el grano que sembró.

[5] Cuando quien se acerca a beber a la fuente la encuentra seca, cuando el mundo está sediento, yo, tras recibir la orden de recorrer las cavernas de la Galia, no tuve miedo de los campos tórridos que superan a Siena 6 . El premio a mi obediencia fueron polvo, calor agobiante, sed. ¡Oh Musa!, ¿a qué me haces vivir de nuevo aquel sol, aquellas bocanadas de fuego?

Tendría más mérito cantar que he superado caminos helados. [10] Di que he soportado, fuera de las leyes del cielo 7 , todo el calor de las llanuras, toda la congelación de las cumbres con sus fríos. Un mismo día me trajo el verano y el invierno: esa pugna de la naturaleza que ha producido las diversas estaciones del año.

Mi obispo, con órdenes terminantes, me obligó a superar las [15] cimas nevadas, envuelto en la niebla.

El abrigo 8 agobiaba mi cuerpo por el calor aún veraniego, pero vestido con una capa ligera, era como si estuviera desnudo 9 , mientras el tiempo iba caminando a ritmo constante, llevando [20] la lámpara de Febo hacia el frío invernal.

Asaltó el miedo a quien había buscado la bruma por obediencia y el calor que anhelaba no brindó ningún indicio 10 .

Me callo las rocas y los parajes inaccesibles llamados Matronas 11 , suaves al principio, pero en lo sucesivo difíciles. Su [25] aspecto engañoso 12 animó a los pobres caminantes, mas, apenas holladas, provocaron muertes espantosas. La sacrosanta Antigüedad no se equivoca 13 cuando quiere llamar tan diversas formas de muerte con nombres propios.

[29] El sendero pedregoso estaba en pendiente para mis pies lacerados y, creedme, no era una senda agradable a la vista. ¿Por qué, ¡oh memoria de nuestros antepasados!, guardas en secreto, relegándolos al olvido, estos senderos laberínticos 14 , tan de temer?

Allí, Dédalo, al retorcer el camino recto con su ingenio, construyó en tierras lejanas el laberinto encomiable de un artista 15 . [35] Aquí, la naturaleza eleva a los hombres hasta la cumbre del Olimpo 16 , allí donde la paloma puede surcar el agua nadando 17 .

Perdonad, Piérides 18 , si dejo en silencio el cauce de los ríos, no vaya a ser que mi palabra reavive la memoria de aquello de lo que la buena suerte me ha librado. Pues el Duria, el Sesia o los torrentes Estura y Orgo 19 superan la crueldad del mar Jónico 20 . [40]

Cuando a múltiples peligros suceden situaciones agradables [41] y alegres, el éxito de los asuntos suele confortar el ánimo. No me sirven de nada, cuando me encuentro triste, los olvidos borrosos; prefiero una mente totalmente ebria del agua del Leteo 21 .

Me gusta recordar cómo, temblando de emoción, traspuse [45] las puertas de los santuarios y mostré mis lágrimas a los santos mártires. He aquí que Saturnino, Crispino, Daría, Mauricio, Eusebio, Quintino 22 me deparan un gran consuelo.

Adventor, concédeme por los méritos de Octavio 23 , y tú, Solutor, [50] concédeme también que, llevando una vida pura, no caiga bajo el peso de funestas culpas. Que mi mente, educada en el bien, rompa los lazos del enemigo 24 . Que siempre me agrade, que siempre se me conceda, cumplir lo que es mi deber.

I 2 (213). DECLAMACIÓN ENTREGADA A DEUTERIO, VARÓN RESPETABLE, PROFESOR DE GRAMÁTICA, PARA TRASMITÍRSELA EN NOMBRE DEL MISMO (DEUTERIO) A EUGENETO, VARÓN ILUSTRE 25

Resumen. Los nueve primeros versos son primero una captatio de la benevolencia de Eugeneto, a quien se dirige el ruego, y de las Musas (1-8). Sigue una profesión de modestia, que enlaza con un panegírico de la carrera y las cualidades de Eugeneto (9-18). Los cuatro versos siguientes (19-22) aluden a un revés de fortuna del que este personaje parece haberse repuesto. A continuación expone su petición en nombre de Deuterio, que es quien presentará el escrito (23-29). El poeta añade sus votos de prosperidad para el futuro (30-32). Concluye con dos dísticos en los que, después de citar a Anfión, confiesa que las Musas le han ayudado de un modo extraordinario y pide a Eugeneto que le reconcilie con ellas (33-36).

Traducción

La alegría sobrepasa mis fuerzas, mi voz feliz se enorgullece. Los temas venturosos no temen la escasez de ingenio. Hilos propicios se ponen al servicio de tiempos felices 26 . Será éste un poema noble, el que merece un hombre afortunado.

La voz que busca la justicia, el alma intérprete de las leyes, [5] así como Apolo me prestará el tímpano 27 , el plectro, la lira. Que la docta y piadosa turba de las hermanas Camenas 28 me acompañe, e inspire, con pulgar experto, mi cantar.

[9] Los versos floridos 29 de un poeta, cantor de tu suerte, apenas serán capaces de enumerar las diferentes especies de tus virtudes.

¡Salve, tú, gloria de Italia, tú, firmísima esperanza del bien, hado propicio, abogado brillante 30 , riqueza nuestra! A ti, resplandeciente como el sol, te llamó la Roma excelsa, rica en lumbreras, acogiéndote en su seno del Quirinal 31 .

[15] Con tu elocuencia domas al lince, con tu voz al león. Ante tu dulzura, la serpiente reprime el veneno de su boca. Los tigres, que privados de sus cachorros, expresarían su dolor y su fiereza para terror del oído, estarían prestos a ofrecerte presentes.

[19] Mientras la fuerza 32 del destino te acosa, como a una flor arrancada de cuajo, Cristo te ha librado de la muerte. Y ahora triunfa, tras haberse vuelto mejor, la vida de un hombre dichoso y añade a sus acciones todo aquello que viene de los cielos.

Apoyado en todo esto, no te he enviado mensajeros o palabras engañosas de quienes suplican con artes astutas 33 .

[25] Yo mismo, transmitiéndote las palabras de la mendicante Talía, te ruego que, como es costumbre de Dios, nos concedas este don: un jardincito, unido en una pequeña parte con el mío, mantiene en suspenso mi firme esperanza de que un día merezca convertirme en su dueño. ¡Oh esplendor de los honores!, no desdeñes hacerla realidad.

Así sirvas a nuestro siglo, de acuerdo con tu deseo; así te [30] ensalce el supremo poder del rey; así se produzcan acontecimientos dorados, en consonancia con tus méritos.

Anfión, el tebano, 34 entonó con la cítara lo que había vivido; desde entonces, no puede caer en el olvido ningún suceso venturoso que haya acaecido.

Nunca, a través de los años, me han venido tantos auxilios [35] de las Musas, a las que te pido reconcilies conmigo, en prueba de afecto.

I 3 (262). PREFACIO PRONUNCIADO PARA LOS NIETOS DE PRÓCULO, EL DÍA 17 DE ABRIL 35

Resumen. La simiente hundida en la tierra se llena primero de un humor lácteo y luego se convierte en espiga (1-4). Algo análogo ocurre con la vid, cuando se la poda (5-8) Las diversas épocas de la vida —infancia, pubertad, juventud— necesitan cultivo para que el ser humano madure: la cosecha sólo llega cuando se ha laborado el campo durante todo el año (9-18). Ennodio presenta al maestro los nietos de Próculo, cuyas cualidades poéticas ensalza hasta el punto de compararlo con el mismo Apolo (19-26).

Traducción

La tierra 36 , cuando ya ha dado a luz y rebosa de leche, muestra sus ubres en forma de espiga en los campos fecundados. El líquido esparcido por los sembrados se vuelca en los frutos, transformando sus gotas en una cosecha abundante.

[5] El sarmiento revestido de yemas extiende sus brazos y he aquí que un brote, surgido del seno del tronco, reverdece. La poda sufrida por la vid hace posible que en un determinado momento 37 , por medio de un enriquecimiento, pierda ramas para que sus frutos crezcan.

[9] La infancia invoca, busca regocijada a la madre nutricia del mundo, regalo del aura que envuelve el cálido cielo. La juventud inculta recorre ociosa la superficie de los campos, mientras contempla la dulce carga de un duro trabajo. El año avanza en su ciclo, arrastrado por los murmullos de la primavera, trayendo consigo frutos mordisqueados por labios que un día hablarán.

[15] Nuestro ingenio escribe poemas balbucientes en honor de la naturaleza: que una fuerza propicia aporte riqueza a estos principios.

El segador aplica la hoz a las espigas con más facilidad, si ha seguido escardando la cosecha con los aperos de labranza.

[19] Ahora recibe, ¡oh maestro!, para pulirlos, a los hijos de Próculo, para que las pasiones no arrastren a los que comienzan sus estudios. Guárdense las leyes; es decir, que su instrucción literaria corra pareja con la rica tradición de la familia.

El abuelo de éstos 38 , discípulo de Píndaro, venció a los ríos; recitó poemas cultos con la cítara de las Camenas; nada suyo callaron los coros de Apolo. Que inmediatamente el poderoso [25] Febo, la encarnación de la nobleza en el arte, acuda en su auxilio, si Marsias llega a presentarse.

I 4 (388). EPITALAMIO DEDICADO A MÁXIMO, VARÓN RESPETABLE 39

Resumen. Prefacio. Descripción de la erupción de la primavera en los campos, en los sembrados, en los viñedos (1-10). La naturaleza invita a la fecundidad, hasta las fieras se sienten alegres (11-14). El mundo espera que Máximo, cuyas cualidades se ensalzan, se sume a esa exuberancia (15-18). En premio a su vida inmaculada, recibe la esposa que ha merecido, en todo similar a él (19-24). Invocación a la Musa (25-28).

En medio de esta erupción de la naturaleza, el comienzo del epitalamio propiamente dicho viene marcado por el cambio de metro y la aparición de Venus, descrita por el poeta con detalle en su desnudez (29-48). Comparece también el Amor (49-52). Discurso de éste, que se lamenta de los estragos que la virginidad cristiana causa a su negocio (53-67) y anima a la diosa a que reaccione (68-72). Venus cambia de figura; se describe su nuevo aspecto (73-81). Se dirige a su hijo y, para mostrarle que sigue activa, le presenta el caso de la unión de Máximo con su prometida (82-94).

El amor, tras recibir muestras del cariño de su madre, vuela hasta la presencia de Máximo (95-99), a quien interpela (100-103) y hiere con su dardo entre exclamaciones de alegría (104-111). A continuación busca a la muchacha para herirla también, aunque de un modo más suave (112-117). Cumplida su misión, se retira, no sin antes dirigirse de nuevo a Máximo para pedirle fe y desearle numerosa descendencia (118-122).

La composición concluye con un ruego del autor para ser acogido en el coro de los poetas y así poder disfrutar del apoyo de las Musas (123-128).

Traducción

PREFACIO

Mientras el año, con la nueva estación, va dando forma a las tiernas espigas, la naturaleza yace preñada a punto de dar a luz en el tálamo al calor del orbe que empieza ya a calentarse. El mundo se colorea con una inmensa variedad de flores y uno solo es el aspecto de la tierra: belleza, cultivo, amor.

[5] Los húmedos arbustos crecen con savia vital, un jugo concentrado alimenta las simientes fogosas. Embarazada por una fuerza viril, la tierra resucita y las turgentes plantas reverdecen de exuberantes ramos.

[9] La hierba que nutre a los céspedes se anuda en tallos, las vides extienden sus brazos de dedos enjoyados. Invitando a la unión, la naturaleza copula los rasgos característicos de los seres creados; el polen 40 , a manera de esposo, hace germinar todo tipo de semillas.

Y así, con idéntico propósito, la luz, el firmamento, los ríos, los bosques 41 , los montes, las praderas, las fieras engendran alegría.

El mundo espera recibir de ti, ¡oh Máximo!, lo que le rejuvenecerá [15] y tus dotes acompañan a la exuberancia natural, a la que superan, tu estirpe, dinero, carácter, ánimo y tus deseos, inspirados por la más elevada de las Musas.

Estos tiempos nos han dado en ti un monumento de fe, virgen [19] como eres por igual, tanto de corazón como de cuerpo. Tu vida inmaculada te concede una esposa que te gana en méritos; ella, precisamente porque te supera, viene a ser tu premio. Una llama común aflora en vuestros sonrientes labios níveos, esparciendo en vuestros cándidos rostros un toque de pudor 42 .

Asísteme, te lo ruego, con la mente, con la voz, con el plectro, [25] tú, fuente de la palabra —ya seas el Arte, o la Natura, o la Musa, o Febo—, con la que se hace fértil el arte de hablar. Nada vil es oportuno que suene en las loas a uno de los Máximos. Con frecuencia, un modo de decir plebeyo ha rebajado una alta cumbre 43 .

La nutricia Venus, que en un mundo cerrado rebosa dones, [29] jugando entre las alegres flores, mientras trae la primavera vigorosa con su estrella de belleza refulgente, desdeñó toda la solemnidad de su túnica dorada y rechazó la pompa del metal advenedizo.

[35] Dejado de lado el boato, se presentó aún más hermosa, con los cabellos sueltos: así como la noble lana, si bebe por artificio un cierto jugo, aparece más hermosa aún, con un color falso, del mismo modo —hay que decirlo— también (Venus), desnuda, supera a las perlas del mar gélido 44 .

[41] Bajo la tenue tela entreabierta, lanzaban destellos las piedras preciosas del pecho en sus pezones róseos. Al negar conscientemente a sus miembros la odiosa cubierta, resplandece un nuevo día.

[45] Su cuerpo, puesto al descubierto, sonreía sin una nube; resplandecía sereno, habiéndose librado de la cárcel, y se extendía lleno de belleza lo que por desgracia ocultaba el opaco vestido.

[49] Amor merodeaba con su arco distendido, arrastrando su carcaj marchito por el ocio, transportando a desgana flechas que no se habían humedecido con ninguna sangre 45 .

Entonces, habla así a la madre, esgrimiendo sus armas:

[54] Hemos perdido, Madre, las prerrogativas de nuestro poder. En ninguna parte se invoca a la Citerea 46 , la leyenda de los Amores 47 es objeto de burla y nuestra descendencia no es suficiente para la época que comienza.

La fría virginidad, que consume con un fervor nuevo, domina los miembros de muchos; votos hechos al cielo doman la carne 48 ; la pureza se mantiene firme, aunque su voz apenas sea perceptible.

Los jóvenes, arrancada su virilidad, se comportan como personas [60] apocadas 49 . Contempla la escasa cosecha del matrimonio a lo largo de los inmensos campos de estos tiempos: sólo la vejez, estéril y decrépita, la exhibe, entre sus blanquecinas flores marchitas.

Hay una sola fe: no dejarse doblegar por ningún tipo de dulzura [64] y, si algo han sido capaces de transmitir las prácticas del amor, eso es conculcado con preceptos perniciosos: por doquier se observa duelo 50 ; para un hombre púdico, es ya pecado haber hablado de lecho matrimonial.

Tú yaces abandonada e, inconsciente de tus grandes poderes, contemplas tus miembros desnudos bajo los cabellos desparramados.

Levántate, muévete y sacude el sueño que acuciante te lo impide, [70] para que no se te atribuya —lo cual es indecoroso— la posesión de un poder divino cautivo, un derecho pudoroso o una ley que aconseja el mal.

A tales palabras se habrían conmovido hasta las entrañas del océano.

[74] Una luz dorada recoge en un nudo los cabellos dispersos 51 y, cubriendo con un vestido su natural dignidad, cambia el aspecto (de Venus). Entonces, con todo el esplendor con que el ágata resplandece, como la esmeralda rejuvenece convertida en un césped valiosísimo y se oculta en sus conchas mejor que si la guardara un veneno, aparece la diosa vestida de blanco, emitiendo de su cuerpo una luz brillante como la nieve.

[80] Una capa espléndida desciende por sus ceñidas caderas y una faja firme comprimió sus tiernos pechos.

Interpela a su hijo:

¡Oh esperanza mía! ¿a quién pretendes traspasar? ¿a quién perseguimos? ¿hacia dónde me ordenas que vaya? Tras un tiempo de ocio, viene bien un gran incendio; así aprenderán los pueblos que el poder de una diosa crece, precisamente cuando [85] yace despreciada. Que las renovadas llamas demuestren, con los desvelos que originan, que los dioses no pierden nada con el sueño.

Aquí tienes a Máximo, única esperanza de una estirpe egregia 52 , solazándose en dulces hogueras, tras prolongados olvidos. Sigue a su madre, una mujer más pura que el mismo cielo, que sabemos vence el instinto femenino con su espíritu.

[91] Éste superó la niñez, compartiendo las costumbres de sus antepasados. ¡Ay —es una vergüenza—, sin que nosotros lo hayamos conocido, ha llegado a la madurez! Que mi lámpara se encienda en las más ocultas fibras de un tal: que suspire, desee; que se inquiete, arda, ruegue.

Esto dice, y abrazando a su hijo con gesto complacido, lo [95] estrechó para besarlo dulcemente con sus labios de miel. Éste emprende el vuelo atravesando las nubes como un viento rápido, arrastrando a todos los elementos tras su voluptuosa pasión. Cuando se paró y contempló al joven en todo el esplendor de su belleza, exclamó:

¿Es verdad que tú, orgulloso, desprecias el culto a Dione 53 ? [100] Pues ahora, ven, tú que vas a dar culto a Venus: la hoguera que tarde se ha encendido, arde con más intensidad y restituirá a las llamas vivas toda la madera que ha sustraído a la hoguera.

Extrajo la flecha con la que había herido a todos los dioses.

Entonces el hermoso niño empuñó la flecha redonda de [105] su arco, cada brazo se tensó por diferentes caminos 54 , la diestra del dios alado presintió la fatídica herida 55 . Al punto infiere la herida, saludando este hecho con una exclamación gozosa 56 :

¡Tú, esquivo! Yo en persona —¿por qué temes?— soy quien he [109] tocado tus entrañas, tras haber sido siempre despreciado por ti. Honramos con esta víctima a mi madre, a la que tú no te dignas mirar desde hace muchos años.

Y he aquí que de nuevo, tras haber buscado en una gran familia la marca de tiza 57 que los una en el lecho matrimonial, contempla la estrella sublime de la muchacha y, creyendo que es la hermana de la diosa, vuelve asombrado los ojos a su madre y alaba la noble presa.

[116] Pero el sublime niño hiere a la virgen con una flecha más ligera y agota, cruel, todos sus dardos en el varón. Después de lo cual se retira, tocando suavemente los corazones con estas palabras 58 :

[119] ¡Oh joven!, que nuestras heridas reaviven tus fuerzas. Pues todo aquel que es golpeado por mi dardo, prospera. Si crees en mí, muchos nietos tuyos librarán estas batallas. Que seas feliz y lleves siempre contigo mis dones 59 .

[123] Ahora, magnates, colocadme en medio del frente alegre de los poetas a mí que he sido protegido por la inspiración de las Piérides. Aquellos que dan a uno el título de docto con su benignidad, apoyen a quien es débil hasta el fin del poema. El ingenio, que ahora es acosado por el hielo, sea disuelto por la primavera que le protege con su calor.

I 5 (423). ITINERARIO 60

Resumen. El poema comienza con una invocación a las Musas y a Orfeo para que le inspiren la descripción del río Po desbordado (1-9). Describe en primer lugar la época del año, la vendimia (10-13). Las lluvias han provocado el desbordamiento del río, que ha inundado los campos de labor y, arrastrando consigo troncos de árboles, se extiende hasta el mar (14-21).

El poeta lo atraviesa, poniendo en peligro su vida, para acudir a consolar a una hermana que acaba de perder un hijo (22-26). Desafía la corriente en una leve barquilla, a impulsos de su piedad fraterna (27-32). El río, la lluvia y las nubes le amenazan con feroz aspecto (33-36). Describe de un modo grotesco el comportamiento de los peces y las consecuencias de la inundación para los campos enfangados (37-41). Rodeado de peligros, llega hasta la barca que hace ese trayecto, a cargo de un marinero experto, que le recibe a bordo divertido y le lleva a la otra orilla (42-52).

Traducción

Que acuda a mí el que tributa culto al ingenio, la fuente de la elocuencia, la exhuberancia de la lengua, el agua de Castalia 61 con la que Orfeo, el tracio 62 , incendió los corazones con la difusión de su fluido canto. Que él me asista y armonice con sus cuerdas mis áridos sonidos.

[5] A la hora de cantar las aguas del Erídano 63 , si no desparramo una larga inspiración sobre mis miembros faltos del agua de Pegaso 64 , apenas saldrán áridas palabras en un relato seco. Por ello, inspírame tú, Musa, a fin de poder narrar el desbordamiento de sus aguas.

[10] Era el tiempo del año en el que las cepas florecen con sus dulces uvas y exponen en su entorno los frutos del otoño, cuando Lieo 65 , con su veste humedecida por el agua de las lluvias, vierte las uvas despellejadas en la tinaja del mosto 66 .

[14] Por aquellos días, rebasado el límite de sus orillas a causa de las abundantes lluvias, el Po había inundado los campos a los que había hecho prisioneros, y las espumosas aguas henchidas cantaban al río amenazante. Las partes altas de las casas de campo, que restaban firmes, se desplazaban por en medio de las ondas. En esta situación, el mar, con sus orillas, salvó los techos que habían sido arrancados y, a pesar del corrimiento de tierras, se mantuvo firme la fortuna de los edificios.

[20] Se podía ver cómo perdían su sitio los árboles, obligados por la violencia del Po a ir a la pira voraz antes de tiempo 67 .

Entonces, a impulsos del amor ferviente a mi hermana, a quien las Parcas 68 habían arrebatado un hijo, cortando con índice cruel el hilo de su vida, y, aunque siguiera vivo el marido, habían convertido en viuda a una casa, que hasta entonces siempre había dado a luz para las turbas del Averno 69 , me decidí a poner en peligro mi vida para consolarla.

Aquel supremo soberano de los ríos de la Liguria, sometido al [27] yugo de la obediencia, gimió bajo el peso de mi barquichuela 70 ; pero se creció y de nuevo lanzó amenazas y olas, al verse obligado a sometérseme a mí solo, él que ha vencido a los polos.

De este modo la piedad doma los elementos, de este modo [31] mantiene todo a raya aquel cuya mente es dominada por la compasión, agradable a Dios.

He aquí que de nuevo el cielo, cubierto de nubes cargadas de lluvia, derramó aguas con las que en su caída sería capaz de sumergir todos los campos.

La tierra anegada no pudo contemplar la faz del cielo y en [35] la noche privada de estrellas ocurrieron cosas terribles. El pez anduvo errante en las casas, pero sin ser capturado, y los habitantes del río sortearon los anzuelos por entre las mesas. La [39] corriente inundó las más profundas estancias de los hombres, y las húmedas aguas impidieron con su fango el acceso a los campos.

Yo, que había experimentado ya los primeros, me vi envuelto en nuevos peligros. Aquel inexperto triunfador en los combates de Nereo 71 , mantenía la sangre fría en medio de aquellas líquidas aguas, pero 72 no contemplaba con ojos secos 73 las iras de [45] aquella riada; entonces, de repente un viejo habitante vio que el mar deglutía 74 y se rió de los signos que aún quedaban en mí del miedo que acababa de pasar.

Los campos brillaban, enriquecidos por el metal que con ellos se había mezclado, el Erídano irradiaba, adornado con la claridad de la arena 75 .

[49] El barquero me recibió enseguida gozoso en su nave; una tal carga le había proporcionado inmediatamente un augurio propicio. Desconocedor del peso, empuñó seguro el timón y me condujo, bajo la guía de Cristo, a las tranquilas orillas.

I 6 (2). DECLAMACIÓN DEL DIÁCONO ENNODIO, A SU VUELTA DE ROMA

Resumen. Expresa su alegría por encontrarse de nuevo en casa y considera que debe manifestarla por escrito, por la razón, tantas veces expuesta en su obra, de que el silencio es una especie de pecado (1). El testimonio de Virgilio de una parte y el de los profetas de otra le impulsan a olvidar por algún tiempo su condición eclesiástica, que le impone reserva, y contar lo que acaba de vivir en Roma, con ánimo de fortalecer la fe de sus lectores (2-3). Con este poema quiere expresar su gozo, consciente de que se expone a la crítica de los envidiosos, tanto por el hecho de que es eclesiástico como por su falta de ingenio (4). Interpela duramente a los críticos, a la vez que se justifica con una comparación tomada del mundo de la agricultura (5). Describe las ventajas de las ocupaciones literarias no sólo para la paz entre los hombres, sino también para el progreso de la ciencia sagrada (6). Vuelve al tema que se ha propuesto tratar, ponderando en primer lugar su importancia, que suple la falta de dotes literarias del autor (7). Expresa su alegría tanto por ayudar con este ejercicio de estilo al joven a quien se lo dedica, como por tener oportunidad con él de volver al cultivo de la retórica (8).

El poema en sí comienza con una descripción del recelo de todo marino, al fin del invierno, ante una mar en calma, porque de ordinario anuncia las tormentas de la travesía (1-12). Así ha vivido él el tiempo pasado en Roma, felizmente ya superado al encontrarse de vuelta en Milán (13-14). Aún ahora, ya en puerto seguro, sospecha que los peligros no han pasado (15-20). Por eso invoca al Dios omnipotente, que tantos prodigios ha realizado a lo largo de la Historia —andar sobre las aguas, resucitar a Lázaro, resucitar Él mismo— para que le asista a él y a su Iglesia (21-29). Entonces no temerá los vientos y estará en condiciones de entonar cantos de alegría, como los que compuso Ambrosio, para alimento del pueblo (30-40).

Traducción

1. La alegría acompaña siempre al hombre que vuelve a su tierra natal 76 , ya que confía en que los temores que albergaba su ánima turbada mientras era peregrino, están para desaparecer y a punto de desvanecerse, aunque hayan sido dispuestos por la divina justicia.

Una palabra serena de alegría es por tanto obligada, para que un gozo inexpresivo no produzca la impresión de tristeza. Pues, ¿a quién se le revela el secreto de un alma exultante, si uno no lo hace patente, abriendo la boca?

2. El poeta de Mantua 77 asegura que incluso los cisnes festejan su retorno con el batir de las alas. Y yo, ¿qué haré, atrapado en medio de dos dificultades? de una parte, estoy obligado a dar testimonio de mi regreso, y de otra mi condición eclesiástica me impone la necesidad de callar.

Apártate por algún tiempo, te lo ruego, dignidad de mi elevado ministerio, ya que nunca te has mezclado oportunamente en festejos.

Los profetas más insignes han cantado, adaptando las palabras a las leyes del verso, sus deseos y sus buenos augurios; corazones dedicados a la palabra divina han esparcido entre los pueblos con la lira las doctrinas de la Iglesia.

3. ¿Por qué yo, que me encuentro en los balbuceos, tanto de las órdenes sagradas como de las virtudes, no me voy a esforzar por emular las gestas de los grandes, sobre todo cuando la reproducción de narrarlas fortalece a los servidores del altar para combatir las batallas que se desencadenan contra la fe?

Y no dudo en afirmar que, al presente, nos encontramos ante un ejemplo. Hemos aprendido ya en medio de qué torbellino hemos tenido que arrojar la lanza 78 por amor a la fe y nos ha dado la gloria un conflicto no pequeño, ni por el grado de virtud que exigía, ni por los temas que se debatían.

4. Expresaré por tanto, por medio de un ritmo métrico, de buena gana mi gozo, cuya perfección me propongo proclamar con la ayuda de Dios, utilizando las más solemnes formas de expresión.

Me herirán los dardos envenenados de las lenguas acostumbradas a ladrar, pero añadiré a las fatigas propias de mi condición y de mi falta de ingenio todo lo que el calumniador vierta contra los méritos de aquel a quien acusa. Es habitual que se una este mordisco de los envidiosos al usufructo de una elevada estima y que los halagos de la fama sufran el acecho de los envidiosos.

5. Calla ¡oh diente, que vergonzosamente persistes en la envidia y que pretendes extraer de las fuentes de la gloria motivos de maledicencia! Dime de dónde procede el premio al mérito, si atribuyes a la ostentación el agrado que hemos cosechado con nuestras fatigas. El trabajo es amigo de la disciplina y, por un cierto parentesco, es aliado de la religión 79 .

Como las húmedas semillas, injertadas a brotes foráneos, prestan nobleza a los árboles, para unos frutos que durante largo tiempo no conocieron las plantas jóvenes, del mismo modo quien está instruido en las artes liberales aplica su mente con un esfuerzo encomiable a la esperanza de producir cada vez mejores gérmenes.

6. Se expulsan del ánimo venenosos proyectos de planes que provocan desastres a la humanidad; se seca la fuente de humores letales, cada vez que las inteligencias se someten a este tipo de ocupaciones.

Y, pasando de aquí a estudios más elevados, se hacen patentes los secretos de los libros divinos; y al mismo tiempo que descubre su sentido, a impulsos de la sensibilidad 80 , sirviendo de guía abre a los pueblos un camino hasta entonces desconocido, conduciendo a los indiferentes con una expresión brillante, y a los poco instruidos con una elegante latinidad, o, como se suele decir, con una rústica artificiosidad.

¿Quién no amará semejante guía de salvación? ¿Quién no seguirá a quien, mezclando las cosas dulces con las necesarias, las severas con las dulces, obliga incluso a quien no quiere a amar y a practicar los dogmas que dan la vida? Pero de esto hablaré en otra ocasión 81 . Por el momento, cúmplanse los honestos objetivos que me he propuesto.

7. Hablamos para quienes conocen la situación. Es propio de la virtud contener la alegría, es propio de un afortunado amor mostrarla por el elaborado medio de una brillante declamación; mucho más cuando el día de hoy, aunque sólo una pequeña parte de mí mismo haya penetrado el dintel de la elegancia, brinda al que escribe con júbilo aquella elocuencia que le niega el ingenio, al proporcionarle el tema lo que la naturaleza no le ha concedido.

8. ¡Muy bien!, joven de las más insignes virtudes, que al mostrar aún en fresca flor abundancia de frutos, me animas a romper el hielo del triste invierno y me invitas a la primavera de la declamación. Porque mientras yo pago a la expresión de mi alegría lo que tu debes a los estudios, creo que ambos salimos ganando. Ya que es semejante instruir a uno que no sabe, y ganar de nuevo al gusto por la declamación a uno que la ha descuidado 82 .

Tras haber conocido los nevados inviernos, tras haber pasado los peligros del mar gélido, el navegante, siempre que emprende un viaje que se augura tranquilo, se acongoja y no espera nada bueno del traicionero océano, pues sospecha que la superficie que contempla no es la de un agua salada.

Silba un viento leve y él teme ya, en la olas, fuertes tempestades [5] y las considera suaves amenazas. Si los céfiros tensan las velas pendientes del mástil 83 y el aire juega con una dulce caricia, jura que la naturaleza, confundida por los vientos, echa a perder sus leyes y cree que se hace presente el antiguo caos 84 .

De este modo los peligros roban la alegría cuando las cosas [11] están tranquilas: no se presta entera confianza, ni a los acontecimientos felices ni a los inciertos. No de otro modo ha retenido Roma, con diversos problemas, a los que ahora ha devuelto al seno de la anhelada orilla.

Vuelven propicio con su canto al venerable dios del mar, [15] cuyo suelo muerde la curva ancla 85 . Pero la brisa, que provoca un agradable sopor a los fatigados, inquieta la mente del guerrero del mar. Pone a punto las defensas de la nave, sacude los remos y las velas; hasta tal punto su ánimo abriga la sospecha de un naufragio.

Hágase presente Aquel que pisó las ondas con pies secos 86 , [21] pues Él será el puerto de salvación para los náufragos; el que encadenó a las tinieblas, derramando las aguas contra la tierra [25] firme; el que disolvió las piedras; el que solidificó las aguas; el que presentó a los siglos una madre que dio a luz sin semen de varón, sumando a la maternidad el honor de la virginidad 87 ; el que, con el don de la propia muerte, venció a la muerte, dando al mundo la vida que Él produjo al morir.

Que Él me contemple propicio a través del excelso Olimpo. [30] Entonces alcanzaré la patria, entonces el descanso de una morada estable. Aunque los vientos desencadenados barran los mares llenos de nubes 88 , azotarán contra la popa que hace agua, sin ningún daño.

Entonces, templadas las cuerdas, haré sonar dulces tímpanos [35] y adornaré mis versos con flores nuevas. Para hablar con precisión: es sabido de los sabios que un hombre alegre canta bien entonado; los corazones tristes no entienden nada de hablar en verso.

Mas, vuelva la primavera, cese ya la bruma del temor. Trenzad verdes coronas que adornen las cabelleras 89 . Cantaré aquellos himnos hermosos de pronunciar que salían de labios del obispo Ambrosio 90 , cuando alimentaba al pueblo con su palabra.

I 7 (26). INTRODUCCIÓN A FAUSTO 91

Resumen. Ha recibido de su amigo un escrito de alabanza que le parecería adulador si no supiera que tal actitud le habría parecido una perfidia, dada la pureza de conciencia de Fausto. No obstante, se queja de que no le haya enviado ningún poema en el último tiempo (1). Confiesa que ha aprendido mucho de él. a quien compara con el Creador y le agradece el envío de la composición, que le habría gustado recibir antes (2). Adjunta un poema sin pretensiones, con el que desea divertirle (3).

En la obra poética de Fausto la expresión es agua que fluye y su inspiración fuego que abrasa. Ambos elementos, fundidos en su poesía, provocan en quien le lee una sed cada vez mayor (1-10). Compara la lengua de Fausto con la de los clásicos, a quienes no tiene nada que envidiar, y elogia el cuidado con que compone, parangonable al de Virgilio (11-19). Con una serie de hipérboles pone de relieve el poder creador de la lengua de Fausto: resucita a los muertos, cambia el clima y provoca cambios admirables en el comportamiento de los animales (20-30). Toma conciencia de que ha ido demasiado lejos y se confiesa un pobre marinero que con una chalupa se ha aventurado mar adentro (31-44). Pone rumbo de nuevo a la costa y allí echa el ancla (45-48). Tras invocar a la Musa para que premie a Fausto (49-52), da orden a su barca de dirigirse hacia donde se encuentra Fausto y presentarle sus versos modestos para que les eche una ojeada (53-68).

La composición acaba con un ruego al amigo para que se digne acoger ese regalo y un ruego a Dios para que guarde a su piadosa familia (69-80).

Traducción

1. De no haber aprendido que la pureza de vuestra conciencia aborrece la seducción de una maldad de este tipo, interpretaría que me es nociva la exuberancia de vuestro escrito 92 . Manténgase lejos de las buenas acciones una actitud cercana a la perfidia. Me quejo, sin embargo, de que vuestra delicadeza me ha perjudicado. Pues habéis dejado de regar la aridez de mi pobre ingenio con la lluvia alimenticia de vuestros elocuentes frutos.

2. ¡Buen Dios!, ¡cuántas cualidades en el decir que me son ajenas entiendo haber adquirido, para mi provecho, de las riquezas de vuestra labia! Se encuentra entre los dichos enjundiosos, si no recuerdo mal, el de que los torpes de lengua y romos de sentimientos se mejoran con el esfuerzo del ejercicio.

Hay una cierta conexión entre el Creador de los hombres y vos. Aquél creó de la nada, vos recomponéis las cosas, mejorándolas.

Agradezco el poema que he recibido, así como me duele el retraso de vuestro favor.

[3] No obstante, para vergüenza de las Camenas 93 , a quienes nunca falta un Gluvideno 94 , he añadido unos versos y, despilfarrador, no he prescindido del envío de páginas destinadas a perecer, como ha sido dicho 95 .

Leed estos poemas que pretenden mover a la hilaridad y reprimid los, como se dice, «estupendos adornos», de este inhábil amigo de familia 96 .

Fausto, tu enardeces el corazón, arrebatándolo en medio de un torbellino, a aquel cuya gran sed es alimentada por la ola de tu poesía. ¿Quién será capaz de soportar el fuego de estos licores y sorber, bebiendo con labios resecos, estas llamas mezcladas con la corriente?

Tus palabras emiten, como de una fuente, un vapor de fuego 97 : [5] proporcionan una bebida que hace arder las entrañas. Todo aquel que se lanza ansioso sobre el río de tu ingenio, no dude de que cuanto más bebe, más sed tiene.

La noble linfa proporciona un sabor hasta entonces desconocido, [9] pero también me acarrea un daño, si de ella saco menos inspiración.

La caprichosa lengua 98 , que imita al coturno de Cecopria 99 , no envidia en nada a los antiguos por su rancia nobleza.

Siguiendo la costumbre de los clásicos, Fausto compone nuevos poemas y escande su melodía con arte, miembro por miembro.

[15] Experto en modelar en el yunque palabras espontáneas, prueba tres y cuatro veces los versos que compone. Cuenta la Antigüedad que Mirón 100 animaba con los dedos la obra que componía, dándole vida. Tú, con las palabras, le das un rostro y, con la armonía, unos miembros.

[20] Lo que tiene Dios por naturaleza, a ti te lo conceden los estudios. Si tú, benévolo, orientaras tu plectro hacia un cadáver descompuesto, lo convertirías en un joven con ayuda de tu lira. Si describieras flores en medio del carro del gélido Boyero 101 , inmediatamente comienza a soplar sobre la Osa Mayor 102 un aura con efluvios primaverales.

[25] Los bosques cubiertos de nieve te ofrecerían rosas; los hielos, vino. Palas te concedería sus dones 103 para que cantes el fuego de las estrellas. El pez, llevado por ti, atravesaría a nado el espacio aéreo. Si tú lo dispones así con tus versos, el ciervo [29] cobra cariño al mar en calma 104 . Tú, sólo con tu poder de expresión, eres capaz de arrebatar de sus fauces los despojos que el león tiene como presa en su boca.

Ahora comprendo hasta dónde me habéis arrastrado, amores de Castalia 105 : vuestros dones se suman a mis culpas 106 .

Encrespadas tempestades arrebatan mi ligera barquichuela, que debe arrostrar vientos invernales. Un pobre marinero la construyó, tallando de un tronco de árbol una popa que hace agua y le puso el nombre poco glorioso de chalupa 107 .

No conoce, ni el mar Egeo, ni las costas de la Frigia, ni todos [37] esos mares que el terrible viento Eolo puede barrer hasta el fondo, sino que escoge con cautela las tranquilas ensenadas de aguas tranquilas, donde secunda al Austro 108 ; allí no pretende [41] conquistar reinos, cada vez que en esos puntos sopla, como a remo lento, un airecillo que pone en movimiento la tímida barquilla. Porque mientras las velas se agitan, unidas en la parte superior por maromas, las ventoleras que a otros acarrean la muerte a mí me hacen conciliar el sueño 109 .

Hacia allí, ruta de mi arte y de mi obra, dirigiré la popa 110 , [45] encomendando mi barquito a vientos propicios. Apolo, dígnate dirigir el curso de mi timón a la orilla 111 y que el ancla muerda con su diente al suelo, hendiéndolo 112 .

Musa, fuente de los mejores poemas, tejiendo la verde corona [49] de hiedra con la que premias a tus poetas elegidos, ciñe sus cabellos.

Mi barca surca el inmenso mar 113 y una mano experta no es [53] capaz de empuñar el timón hacia donde la llama a través de las olas el rumbo correcto, amigo del arte.

Te diriges hacia Fausto, modelo de elocuencia, que en su [57] boca tiene tanta fuerza como el profundo mar y a quien el mundo venera como a uno que es más brillante que la misma luz.

[61] Él sostiene la balanza de la cadencia en el país de las Camenas 114 ; su espada corta toda herida, cualquiera que sea, oculta en lo más profundo de las médulas de un poema enfermo.

[65] Si se digna aceptar mis modestos ditirambos con ese espíritu con el que gobierna todo el mundo, es para mi una gloria permanecer en el aire en medio del trivial murmullo de poetas principiantes.

[69] Fausto 115 , luz mía, esperanza, salvación, recibe alegre este pequeño regalo con pretensiones de literatura.

[74] Así el Cristo supremo te conserve tus ilustres hijos. Extiende la fuerza de tu genio nutricio.

[79] Las ofrendas de los piadosos son agradables al que Truena 116 .

I 8 (27). ENNODIO A OLIBRIO 117

Resumen. El pastor 118 toca su flauta para superar el silencio de los campos; pero si sopla el viento, el rumor de los árboles le basta para sentirse acompañado. Algo análogo ocurre con cualquier otro elemento natural (1). Entonces deja de tocar y compone en lengua rústica un poema en el que se desahoga, describiendo sus afanes vigilantes para rechazar las asechanzas de los hambrientos lobos (2). Si esa persona sencilla es tentada por alguien culto para que toque la lira, cae en un dilema y corre peligro de abandonar lo que ha hecho toda la vida porque desconoce su valor, fascinado por lo que él considera superior (3-4). Algo análogo le ocurre al autor, que expresa su admiración por Olibrio (5). Le pide que no emplee con él una lengua culta ni le invite a cambiar su estilo, porque si lo intentase le pasaría lo mismo que a Faetón, que por querer guiar el carro del sol provocó un incendio catastrófico (6-7).

Los veinte primeros versos están dedicados a la historia de Faetón: el carro del sol guiado con mano firme por Febo (1-8) provoca el caos cuando toma sus riendas Faetón (9-20). A partir del veintiuno, el poeta se equipara al inexperto auriga (21-24), mientras a Olibrio, cuyo talento como orador público ensalza, le corresponde el papel de Apolo (25-28). El poeta confiesa su precario talento (29-34). Ha abandonado la retórica, que antes cultivó con entusiasmo (35-42), para dedicarse a la formación de la juventud (43-48). Por último, hace votos para no dejarse seducir por los halagos de la lengua y las costumbres disolutas: que Olibrio logre sus ambiciosas metas y le deje tranquilo en su modestia (47-56).

Traducción

PREFACIO

1. No siempre que el pastor cuida a su rebaño esparcido por el campo canta su flauta 119 . Los bosques silenciosos producen una soledad espantosa y por doquier reina el miedo, porque en la tranquilidad del lugar desierto no se oye ningún sonido.

Mas, si con el silbido del viento las copas de los árboles simulan el susurro de una palabra y con el movimiento alegre de la fronda llama al hombre una estimulante sacudida, se pensaría que ambos lados del terreno han sido invadidos por multitudes y no se queja de ningún malestar quien en medio de su soledad es interpelado por la misma naturaleza con alguno de sus elementos, cualquiera que fuere.

2. Entonces le es grato llevarse a los labios la flauta, compañera de su alegría, y componer una melodía cualquiera, a base de soplidos y aire, distribuyendo su aliento a través de los agujeros de su instrumento 120 .

Entonces la rústica y espontánea lengua llama en causa a su Palemón 121 ; entonces pondera cuántas vigilias son necesarias para vigilar los apriscos; entonces se lamenta de las múltiples asechanzas de los lobos a las que les acucia el hambre instintivamente; entonces se traduce en palabras todo lo que el pecho exhala: en su compañía pretende desahogarse, en su compañía consolarse.

3. Si a uno que se comporta así, alguien instruido le mueve a tañer la cítara y un mordaz habitante urbano le proporciona cuerdas biensonantes, su cándida simplicidad se encuentra en el dilema de qué elegir, mientras el contacto de la lira produce, aunque con dedos torpes, un sonido dulce y que conmueve el ánimo.

4. Pero se considerará indigno si, arrastrado por el gusto a una forma de vida que le es ajena, se acostumbra a no apreciar la cultura de sus antepasados. De ese modo, mientras la desenfrenada ambición todavía no haya puesto fin a su mentalidad campestre, podrá darse cuenta, por afecto a sus predecesores, de que está a punto de perder sus genuinas posibilidades; pero, cuando se olvide totalmente del valor de la educación recibida en la choza, la propia cultura de sus padres, mediocre, pero ya extraña a él, le despreciará.

5. No de otro modo —¡oh varón cultísimo!, que debe ser contado entre las mayores estrellas de la curia, luminaria de la elocuencia, llama de los ingenios, antorcha del buen decir, riqueza de las declamaciones— me deleitan a mí las cosas que son narradas de modo simple, a la manera de la flauta pastoril en medio de impenetrables bosques.

A mí, que miro con reverencia tu cítara y alabo el plectro que, como he descrito más arriba, tú, en tu educación urbana, has puesto entre mis dedos rústicos.

6. Retira, te lo ruego, los halagos de alambicado lenguaje que empleas para atraerme. Fuera esas cadenas de la lengua que utilizas también en tu trato con los doctos. Modera la fuerza de esas palabras, con las que acostumbráis a plegar a vuestros deseos los ánimos de los reacios.

Séame permitido, o cubrir con el silencio mi ignorancia, o hacer llegar a otros mi poema trivial al son de una flauta estridente. Conversar con vos es un asunto de valor viejo y gusto nuevo.

7. Si yo, olvidando mis limitaciones, intentara esa empresa, apoderándome en perjuicio de mi propio provecho del carro del sol, sufriría con razón el castigo de Faetón 122 . Y ya que la conversación ha recaído sobre él y se ha añadido la conveniencia de tomar precauciones, el siguiente poema muestra de qué tipo de cautelas se trata.

Ennodio a Olibrio

Cuenta la fama —que no sabe dejar que se pierdan en el olvido las hazañas de los antiguos 123 , sino que siempre narra lo que ocurrió en el mundo—, que mientras el Titán derramaba en su órbita las semillas de la luz y enriquecía el mundo con [5] sus bienhechores rayos; mientras las húmedas riendas frenaban a las humeantes cuadrigas y el abismo difunde por doquier el claro día, el sol aflojó con manos expertas las ondulantes bridas 124 y la luz bien conocida trajo consigo al señor que la había creado.

[9] Pero después de que decidió, a ruegos de Faetón 125 , entregar su poder a manos inexpertas, el astro sintió a los primeros movimientos que el conductor era incapaz y comenzó a correr con los caballos desbocados. En ese momento, los cuadrúpedos, soltando fuego por sus narices 126 , no se atuvieron más al ritmo exacto establecido por su curso.

[15] El resplandor dio paso al fuego, lo que ilumina ardió en llamas y lo que da vida a las tierras generó muerte. Entonces, mientras con su luz rompe las costras de los hielos hiperbóreos, el Tanais 127 seco desaparecía, privado de aguas.

El hielo se derritió, pero la corriente del río ardió: lo mismo [19] que disolvió a las piedras, absorbió a Erídano 128 .

Así yo, en mi intento de recorrer la vía de la retórica, me apodero del carro y el gobierno del sol. Desconozco cuál deba ser la distribución de las diversas horas del astro, no sé qué es lo que debo frenar: todo lo domina el fuego.

A ti la curia sabia te ha formado hasta el mínimo detalle y [25] dispuso que aportaras lustre a la asamblea de sus padres. Tú les devolviste el sol 129 ; en honor tuyo se quema una víctima espléndida 130 , para gozar de la cual hasta los habitantes del cielo estarían dispuestos a no hacer uso del rayo 131 . Por el contrario, a mí mis pobres huertos a duras penas producen 132 coles que rehúsa aceptar hasta la olla de terracota 133 .

Soy, lo confieso, uno a quien le salen gota a gota las palabras [31] de un relato y éstas muestran la penuria de un miserable ingenio. No entono ningún poema y, mientras yo marque el ritmo a las Camenas, no se me concederá un aplauso duradero por la expresividad de mis dedos.

Aquello que componíamos con la lira de Apolo, lo he abandonado [35] por haber olvidado la lengua que me proporcionaba la lira. Mi diestra rústica se mueve errante por las tiernas cuerdas, mi bárbaro plectro echa a perder las dulces modulaciones.

[39] ¡Ah, cuántas veces fluyó para mí sonriente en sus hierbas de cristal el Helicón, un agua que provoca sed a los labios! ¡Ah, cuántas veces he llevado mis sienes adornadas con hiedras, deleitando con mi canto al grupo de las musas de Aonia 134 !

[43] Mas ahora, a través de selvas, entre guaridas de fieras 135 , seguro de haberme enrolado en una severa milicia, arrojo preciosas semillas a fértiles surcos, para que las malas hierbas den paso a un germen de vida.

[47] Que palabras melifluas no revelen un modo de pensar disoluto y yo sea tildado de hombre de palabras e ingenio muelles. Que mi lengua no discurra por campos abiertos ni produzca discursos violentos con trompetas ensordecedoras, no vaya a ser que mis cuerdas se inflamen con un coturno grandilocuente y sea tenido por una persona engreída en sus escritos y en sus costumbres.

[53] ¿Qué me servirá entonces de puerto? Un ambicioso busca por todas partes la fama, pero si yo guardo silencio, un permanente pudor será mi propiedad.

[55] Que tú toques el cielo; déjame tranquilo en la tierra a mí, que sólo sé que no he aprendido bien nada.

I 9 (43). DECLAMACIÓN PRONUNCIADA EN EL NATALICIO DEL SANTO Y BEATÍSIMO OBISPO EPIFANIO, EN EL TREINTA ANIVERSARIO DE SU SACERDOCIO

Resumen. La captatio benevolentiae se adelanta a las habladurías y críticas que esta obra merecerá, por el simple motivo de que un clérigo componga declamaciones (1). Podría haberlo hecho cuando aún era laico y se dejaba fácilmente deslumbrar por los aplausos que cosecha la dedicación a la retórica, pero no ahora, después de haber renunciado a ese tipo de lisonjas (2). Se justifica por el hecho de que habla en honor de un obispo, al que sirve. En esas circunstancias, sería un pecado callar (3). Es voluntad de Dios que no sólo se compongan himnos en Su honor, sino también en alabanza a los hombres que lo merecen (4). Piensa, por tanto, que es oportuno escribir esta declamación, no engañosa por ficticia, sino verdadera. Critica los engaños de la poesía pagana, que no merecen alabanza. Pide (¿a las Musas?) su inspiración para que sea capaz de cantar cosas menudas, dada su falta de ingenio, pero auténticas (5).

Los dieciocho y medio versos iniciales del poema están dedicados a describir y rechazar la epopeya antigua, que cantaba en bellas frases hechos rechazables, si bien justificados por el arte. Eran ficciones, como las de Apolo, las Musas, Palas Atenea y por eso eran despreciados por la verdad (1-18).

Invocación al Espíritu de Cristo (18-24). Acumulación de denominaciones típicas y directas a la Persona del Salvador (25-29), que impulsó a Moisés a cumplir su misión ante el faraón (30-35). Solicita la ayuda de ese Espíritu para componer este poema de alabanza y acción de gracias a Epifanio (36-40). El mundo se inclina con reverencia ante él, en este aniversario, y se alegra porque Dios ha concedido a Italia un gobernante justo y piadoso, que desempeña su cargo con asistencia del cielo (41-50).

Fue elegido libremente con fervor y entusiasmo (51-58). Muestras de fidelidad por parte del pueblo, dispuesto a defenderlo como la tigresa a sus cachorros (59-66). Unos alaban su gravedad, otros su estirpe, finalmente otros sus virtudes (67-73). El poeta resalta su sentido del pudor, envuelto en un aspecto físico hermoso (74-79). Consideraciones sobre las ventajas de la belleza física, cuando se da en un hombre virtuoso (80-83). Por todo esto, Epifanio es elegido por unanimidad (84-87).

Comienza una breve narración biográfica; en primer lugar, un suceso milagroso a su nacimiento: apenas destetado, aparecieron en su cuna rayos del sol que le iluminaban y acariciaban en señal de buen augurio (88-106). Su padre, al contemplarlos, reacciona consagrando el niño al servicio de Dios (107-114). Lo lleva a continuación al obispo Crispino, para que lo eduque; ni siquiera Orfeo encontraría palabras para ensalzar lo suficiente a este santo varón, que fue para el niño otro Elias (115-120). Le transmitió el espíritu paulino y todas las virtudes que hoy se encuentran en el discípulo (121-122).

Se vuelve a Crispino, para saludar su labor (123-125), y a Epifanio, feliz heredero de sus enseñanzas (126-127), y comienza a contar las hazañas de este prelado, andariego mediador entre los príncipes de la época (128-133), equiparando su labor a la del hortelano que hace injertos a fin de mejorar la calidad de los frutos en los campos que cultiva (134-151).

Con una comparación evangélica, hace votos para que Dios premie la labor del prelado con las almas que le han sido confiadas (152-161). Pide finalmente que acepte el modesto poema, le desea cien años de vida y se muestra obligado a dejar constancia, aunque con dificultad por su falta de destreza, de sus grandes empresas (162-170).

Traducción

PREFACIO

1. Intuyo lo que muchos, en su silencio, dicen ostensiblemente y, aproximando el oído de mi corazón, percibo la voz de su pecho. Porque esta reticencia proclama: ¿qué busca sacar para sí de este tema un hombre de condición diversa a la nuestra? ¿qué pretende lograr —uno que se ha vestido con las insignias de la humildad— de los estruendosos aplausos que, como es costumbre del vulgo, suscita la voz del pueblo, una vez que se hinchan las pompas de jabón de una camarilla?

2. Ese tipo de declamaciones —dicen— debía haberlas compuesto antaño, cuando le sonreían las flores de la juventud y la infancia, y florecían en él los brotes primaverales de la vida libre del mundo; cuando era hermoso para él dejarse llevar por las ensordecedoras aclamaciones, en aquella época en que pudo ser fascinado incluso por las apariencias de una voluptuosidad engañosa. Pero ahora ¿por qué recita en público un hombre, a quien ni conviene ni agrada la lisonja pública?

3. Recuerden los tales que ahora yo me dispongo a tratar de un asunto propio de mi ministerio: es mi deber expresar lo que siento, en alabanza de un obispo. Aunque restituyo a esa persona algo modesto con alabanzas que vienen a cuento 136 , sin embargo más adelante se las deberé prestar en sumo grado, dado que conviene que invierta en su servicio todo aquello de lo que soy capaz.

Al mismo tiempo he tomado conciencia de que, si hay que rendir cuenta de cualquier palabra ociosa, no hay que rendirla menos de todo silencio culpable 137 ,

4. Pues habría sido el mío un silencio fruto de la desidia si, rodeado de tantas mentes de toda clase social que se alegran, sólo yo, pudiendo componer un discurso, me negara a hacerlo.

Sobre todo porque, siendo oportuno componer himnos en alabanza al cielo, estamos también convencidos de que el Señor, del que ha surgido la humanidad, encuentra complacencia en las alabanzas auténticas en honor de los hombres y que esto lo exige con especial motivo de aquellos a quienes ha concedido el don de la lengua.

¿Qué va a hacer un obispo, que consiguió con sus ruegos que yo me sintiera capaz? Pues está escrito: El Señor me dio una lengua erudita 138 .

5. ¿Cuándo es oportuno pronunciar un discurso? 139 Pienso que ahora es oportuno y que la puerta del corazón se abre a una circunstancia propicia para hablar.

Mas no abriré mi boca en este momento para pronunciar loas poéticas. Lejos de mí la fetidez de esos poemas que, así como no ensalzan la verdad, así tampoco merecen una verdadera alabanza.

Por tanto, inspirad la mente de quien se propone decir cosas que son ciertas. En esta obra, si bien no cantaré más que hechos de menor importancia, dada la insuficiencia de mi ingenio, tampoco me inventaré hazañas por jactancia 140 .

VERSOS

Suprema fue aquella capacidad de los antiguos vates para saber engañar con bellas frases. En eso consistía su gloria: en componer un poema laudatorio de ficción. Entonces, el engaño se adecuaba [5] a su obra, porque guardándose, según la costumbre de los poetas, lo que era indecoroso, se abstuvieron por pudor de decir la verdad y así por doquier la fidelidad despreció a la poesía.

Agradaba un arte que se ajusta al pecado, puesto que un error ilustrado camufló con expresiones floridas cantos en realidad rechazables. La ley enseñó a hablar sin ley, dado que se justifica por el arte todo lo que el derecho prohíbe que se diga: dioses [10] depravados tramaron vínculos morales con un canto engañador.

Cantaron la existencia de Apolo 141 , de las tres ternas de hermanas 142 , de la fuente Castalia y también de las diversas artes de Palas Atenea: de ahí que aludieran al laurel, el trípode, la caldera, la rueda, la lira 143 ; pero se les escapó la sensibilidad por el [15] camino de la verdad y la pura apariencia engañó a sus desorientados sentidos.

Tú, lira mía, desprecia ya el lenguaje de la cítara, que canta con la voz que le prestan las vibraciones del dedo pulgar: ven ahora, más bien Tú, te lo ruego, Espíritu 144 aquel de quien reaviva siempre, antes de que acabe el año, todo lo que crea la [20] tierra, produce el mar, da a la luz el aire 145 .

El que hace correr las aguas, da cuerpo sólido a los campos, con una orden remueve las piedras; Aquel a quien temió el Cáucaso, terrible por sus acantilados 146 ; el que doblega los corazones impetuosos de sus siervos con sus íntimas inspiraciones; el que todo lo ve y ante quien toda la creación tiembla 147 .

[25] Fuente, camino, diestra, piedra, ternero, león, estrella de la mañana, cordero 148 , puerta, esperanza, virtud, palabra, sabiduría, sacerdote 149 , hostia, brote, pastor, monte, red, paloma 150 , llama, gigante, águila, esposo, paciencia, gusano 151 . Hijo excelso, Señor Dios, Cristo en todo 152 .

[30] Ahora ruego que asista a mis palabras Aquel que, cuando se introdujo en el pecho del antiguo profeta 153 , en tiempos del rey faraón, ayudó a que su enviado hablara con voz agradable. Pienso que en aquella ocasión él mismo se asombró, bien consciente de que era su boca y el habitual sonido de su voz la que llenaba los oídos del soberano con Su autoridad, timbre, sonido, [35] sentido, honradez, modestia.

Tú, y sólo tú, ¡oh Santo!, ilumina a tu siervo: concédele saber dar las gracias, como un gustoso deber 154 . He aquí que todos abrazamos el día santo en que se extiende sobre la tierra una luz celestial y las almas se animan con rayos propicios, un día en que se [40] alegra el mundo, si bien no se trata de una fiesta mundana.

¿Ves cómo éste, en señal de reverencia, inclina su rostro atónito en obsequio del pontífice? La fiesta natalicia siente el transcurso de los años y no los menosprecia triste, como a alumnos echados a perder. Este día ha sido para todos motivo de vida, para todos causa de salvación, porque ha roto las cadenas [45] de la antigua culpa.

En él, Cristo ha concedido a las tierras de la Ausonia 155 honra y protección; un hombre que con mente ecuánime gobierne a los pueblos y conduzca a las gentes con su piedad. El rey del Olimpo, que se lo había prometido, preparó un gobernante de una honradez de tal calibre que sólo el mismo Dios desde su [50] solio resplandeciente le da su poder.

Se encuentra cercano al cielo, su mente conoce lo que es y siempre será justo. Le dan la aprobación sus justas decisiones; le eligen, bajo la mirada del mundo, los votos del pueblo. Confieso que recibió un gran número de sufragios para que se sentara al frente 156 de una sede que no ha comprado.

[55] Una multitud libre se dio a sí misma a tí como señor perpetuo, considerándose digna de alabanza por su obediencia. ¡Oh, cuánto entusiasmo por doquier! En medio de un gozoso tumulto del mundo que aplaudía, todos tenían los mismos sentimientos 157 , la voz de toda la turba era una sola.

[60] Se afanaban por superarse unos a otros con sus votos, como si se tratara de defenderlo contra un cruel enemigo: el pueblo vence con su propia sangre siempre que es necesario proteger de peligros aquello a lo que ha prometido fidelidad.

De ese modo la tigresa del Nifates cáspico 158 , que gira en [65] torno a sus crías o forma a sus cachorros en el arte de la caza, se enfurece ante los extraños, muerde sus miembros vitales 159 con intenciones crueles y busca la muerte de los hombres con su boca cruenta 160 .

El uno se admiraba de haber encontrado en él, en sus años tiernos, la edad de los ancianos; otro se enorgullecía de la antigua prosapia de sus padres y un tercero, cuya mentalidad se [70] contenta poco con los méritos de la sangre, se acuerda de narrar los mil síntomas de las virtudes de este varón.

¡Con cuánta gloria perviven entonces sus méritos, cuántas veces son superados y la gloria de sus costumbres engendra para los vencidos un triunfo que será famoso para los siglos venideros!

Él, en medio de estas alabanzas, eleva hasta el cielo su pureza, [75] que brilla con más esplendor en un cuerpo hermoso, y su figura sonriente, en medio de un casto resplandor. El aspecto, que para muchos con frecuencia es motivo de peligro, a él le aportó con toda certeza una brillante aureola: es suficientemente hermoso el hecho de que se mantuvo casto. Todo esto no se da, sino en la cúspide máxima del Olimpo.

Así, cuando las ventajas de la belleza se dan o se acumulan [80] en las almas santas, entonces, los hombres se afanan por vencer en la lucha, y la fuerza del alma difunde a su alrededor dignidad o bienes por la tierra y vive para sí, mientras muere para aquélla 161 .

Como el pueblo relatara todo esto por multitud de bocas 162 , [85] cristalizó una sola opinión en toda la muchedumbre. La turba de los sacerdotes y la asamblea que será venerada por los siglos 163 lo eligió, lo quiso, lo mereció, lo aceptó, lo amó.

He aquí que me había pasado por alto otro suceso nunca dicho y admirable para todos, que asombra a todo aquel que, sea donde sea, lo escucha.

Apenas era un niño, cuando se traspasan los dinteles de la [90] luz con pasos trémulos; cuando a los que han sido apartados del pecho de la madre 164 se les traslada, desde la tierna saciedad, a un jugo lo más agradable posible; cuando la astuta matrona introduce con dureza en los labios que lo buscan un sabor más o [95] menos semejante, de modo que el recién nacido no sepa reconocer a la madre por el gusto 165 y, en consecuencia, negándosele la leche con un fraude simpático, mama engañado un veneno con labios desconcertados.

Ésa era la edad de éste, cuando ocurrió el milagro. Cuentan en efecto que de su cuna surgieron unos rayos de luz extraordinaria, [100] porque en él reverberaba tanto esplendor cuanto pudo desprender el aire en su honor, cuando habiendo recibido orden de ponerse al servicio de un hombre eleva de repente sus miembros mortales haciendo avanzar con rapidez el fuego del Olimpo, mientras sus piernas que acaban en cuernos imitan el paso de los caballos 166 .

[105] No de otro modo en esa ocasión esta llama de buen augurio, moviéndose alrededor del niño, lo rodea, ilumina, venera, contempla, acaricia.

Entonces su atónito padre con ojos mirando al cielo, dice: «Suprema divinidad, guardián de la santidad, que desde la cumbre [110] del cielo haces favorables los augurios, que contemplas con luz propicia a esta criatura desde los primeros años, en los que aún se arrastra; Padre santo, te consagro a quien todavía el mundo vicioso no ha enredado en culpas terrenas con las trampas de su arte. Ojalá no lo hagan nunca: que sea, Dios supremo, una ofrenda agradable para Ti». Dice esto y derrama lágrimas provocadas por la alegría.

[115] A continuación buscó diligente a Crispino 167 , aquel cuyas alabanzas no es posible cantar, aunque surgiera de nuevo del Averno 168 , aquel que fue capaz de poner en movimiento hacia su lira las rígidas selvas del Apenino, cuando los ríos habían parado su curso 169 .

Éste fue milagrosamente Elías 170 : pues ¿quién otro habría dejado [120] en la tierra a este Eliseo con el duplicado regalo de su capa? Le alimentó con la leche de la piedad, que Pablo, cuya diestra está llena de alimentos evangélicos, extrajo de su pecho.

Yo te saludo, santo Padre, os saludo por siempre 171 , veneradas cenizas de Crispino 172 , en cuya gloria redunda lo que en [125] Epifanio contemplamos digno de la verdad de Cristo. Tú, heredero, posees el patrimonio que te ha sido transmitido felizmente.

Éste enseña una hacienda no pequeña, que ha triplicado al añadirle sus talentos: da fe de ello el pueblo que ha sido rescatado de las regiones del mundo occidental, que la Galia había capturado y ha devuelto al pedirlo él 173 .

Al verte aprendieron a ablandarse corazones feroces; tú, [130] Sumo pontífice, venciste con tus ruegos al rey armado. Así una lengua combativa doblega con su látigo las espadas, así el acero de las palabras asalta el acero del fuerte.

Y si es verdad que, quienes enlazan los sucesos importantes [135] con los menudos, cuentan historias dignas de ser recordadas, es así como el siervo en sus campos cultivados espera a su señor cuando, tras haberlos mullido bien con el diente de la curva azada, traza líneas en las tierras y hiende la faz del suelo con el arado, de manera que la cosecha rebose escurriéndose por su boca llena 174 .

Introduce plantas exóticas en un suelo que no está acostumbrado [140] a ellas, une un árbol extranjero a especies afines, se rompen cadenas genéticas, corta con la hoz la sumergida verbena, poda un árbol con un ligero corte. Una nobleza que no es suya surge de una pequeña semilla, el pequeño [145] surco se enriquece con un don que le es desconocido, mientras injerta los brotes bien regados con un nuevo árbol ya crecido.

El campo embellecido se pinta a la vez con rosas de Pesto 175 y se reviste de púrpura agreste. Los lirios resplandecen sobre un fondo de cal inmaculada y a ellos añade violetas 176 , tréboles, colocasias, caltas, el cinamomo, el tomillo, narcisos, bálsamos, nardos. Y entonces, como un ave fénix resucitada, siembra las simientes que producen brotes.

El señor, a su vuelta, manda a un siervo tal que se siente, y él mismo se levanta y le da de comer con sus propias manos 177 .

Que del mismo modo a tí, cultivador de las almas, a la vuelta [155] de treinta años, te produzcan rosas los campos y que esta tierra, protegida por un pastor, no languidezca puesta a prueba por fríos de cualquier tipo que sean 178 ; una tierra a la que un maestro tal envuelve en una primavera perenne con la fragante hierba de sus virtudes.

Se secan tus arbustos cada vez que se ven privados del rocío, pero cuando los riegas con tus lágrimas, y con ellas acumulas montones de abono inmundo, entonces resurge en ramos [160] exuberantes, entonces prevalece la savia fecunda que hace renacer para gloria de Dios.

Acoge ahora propicio, luminaria dorada de nuestra vida, a aquel a quien proporciona alegría dedicarte este modesto poema. Cuando Dios haya hecho realidad mis votos, de acuerdo con el orden sagrado que te ha conferido 179 , y brille [165] la dócil palma de aquel a quien ha implantado Su diestra, te devolveré aún con más fuerza lo que se te debe dentro de cien años.

He aquí, padre, que he dejado esculpido en tu honor, al amparo de un derecho retorcido, un poema, sea cual sea, que ha modulado con diversa suerte, de acuerdo con rígidas medidas, una ley próxima a un castigo, al no permitir en ningún momento cambiar una sílaba errónea 180 .

He dicho.

I 10 (341) 181 . HIMNO VESPERTINO 182

Resumen. Las dos primeras estrofas evocan la noche, dedicada al descanso, y el sueño, imagen de la muerte. A partir de la tercera, el poeta se dirige a Cristo, como luz que ilumina las tinieblas, como vigilante que nos libera del pecado, sobre todo el de la carne, provocado por el demonio durante la noche.

Traducción

La tierra acoge ya la noche envuelta en una capa negra, para que los cuerpos llenos de vida se recuperen con un dulce reposo. [5] El sepulcro del sueño reaviva una de las más suaves imágenes de la muerte, mientras el alma, fatigada por los esfuerzos del día, se apresta al descanso reparador.

[10] ¡Oh Cristo, luz, vida, verdad! 183 , que las nebulosas horas del sueño, preparadas por las oscuras sombras, no nos arrastren a las tinieblas. Que ninguna culpa nos someta bajo el [15] techo de la noche oscura y que tampoco nos engañen las fantasías de un ardor embriagante, imponiendo a los que son inocentes una penitencia verdadera por un pecado que no es tal.

Tú, custodio vigilantísimo, asístenos con el don del sueño. [19] Que se mantenga alejado el astuto enemigo; que duerma lo que nos hace mal. Aquel que con diente cruel se esfuerza por hacer el mal a quienes están acostados en sus lechos, enfurézcase, [25] encadenados sus miembros, porque no puede golpear a quienes Tú proteges.

Que el alma no perezca, náufraga en la molicie de la carne. Que la castidad, la primera que brilla entre las virtudes, adorne el lecho; que viva en el pecho la fe que resplandece con luz indefectible. [31]

I 11 (342). HIMNO PARA UN TIEMPO DE TRISTEZA

Resumen. Todo el himno está construido sobre el contraste entre la luz y las tinieblas, la culpa que tienta y la acción divina que salva. Cristo es paz y puerto de atribulados y náufragos: el ejemplo de Jonás ocupa la mayor parte del texto (9-23).

Traducción

Dios, alegría perenne; Cristo, paz del corazón inquieto y puerto de náufragos, a quien ni la tempestad puede desterrar del [5] alma, aunque revuelva la profundidad del mar con rápidos torbellinos; que sacas a flote todo lo que está sumergido en el mar y los seres abrumados por sus pesos; que fuiste guía del profeta [9] náufrago, manteniéndole en vida después de servir de comida al monstruo, mientras el mar en calma no sabe lo que tiene y luego, como salvador 184 , vomitas al alimento sano y salvo de la garganta de la fiera 185 .

[14] Expulsado de una nave hostil, a salvo de una pésima protección, el profeta, persuadido de que Tú eras Dios, cumplió a partir de ese momento tus órdenes con fortaleza.

Por medio de un sacrificio impuro, arrastró, estando en ayunas, a las negras aguas a uno que vivo sufrió el sepulcro, convertido en comida de una urna viviente 186 .

[22] Descubrió los secretos del cetáceo, como un testigo temible de su intimidad.

[24] Del mismo modo nosotros te rogamos, Dios, rey nuestro, que nos libres del vientre de las preocupaciones, a nosotros que hemos sido triturados como una comida por el llanto. En nuestra médula vive lo que mata, lo más profundo de nuestras entrañas se encuentra perturbado.

[29] En la raíz de nuestra carne domina una pasión que sumerge, quema, provoca: mas, si nos miras benigno, de la tentación surgirá la alegría.

I 12 (343). HIMNO EN HONOR DE SAN CIPRIANO 187

Resumen. Tras ponderar su condición de obispo y mártir, así como sus cualidades, el poeta juega con la antítesis entre vida y muerte. En las estrofas segunda a quinta resalta su elocuencia. En las dos últimas, su actitud pronta ante el martirio, porque le abre la posibilidad de contemplar a Cristo.

Traducción

El corazón, la lengua, los sentimientos, la dignidad de Cipriano, obispo y mártir, se ponen de relieve en su manera de sufrir la muerte 188 : su martirio le proporcionó una sepultura [5] llena de vida 189 . Resplandece la luz que emana del hacha.

Fue brillantísimo en el modo de hablar y dotado de una lengua particularmente rica, como la onda que brota de un torrente; [9] con la agudeza de su palabra superaba el impacto de la punta de un dardo 190 , dotes de su alma venerable que de buen grado devolvió a Cristo.

Ahora 191 desempeña su antiguo oficio: como orador, ruega, [15] obtiene y atenúa los aspectos duros de los juicios, hace dichosos a los que son culpables, pidiendo la absolución de los pecados con su canto 192 .

Ni el fuego, ni la cárcel, ni las cadenas pueden causar daño [20] a quien se adelanta a ellos. Recibida la orden de ofrecer víctimas se rió de las ofrendas miserables 193 ; siendo ya inminente el suplicio, escapó a las tentaciones con la muerte.

[25] Con una breve alocución 194 interpuso una pequeña demora a los golpes del verdugo; tanto más alegre invocó al hacha, tanto más rápido corrió al encuentro de la muerte.

Aquel procónsul Máximo 195 no pudo ser más cruel, habida [30] cuenta que sus amenazas eran obsequios y que no hay ira más dulce para quienes quieren contemplar a Cristo que aquella que no les retrasa.

I 13 (344). HIMNO DE PENTECOSTÉS

Resumen. La composición pone de relieve ante todo el milagro del don de lenguas. Es también un don de Dios, infundido por el Espíritu, el hecho de que se cante el don de lenguas (1-8). El Verbo fortalece a los Apóstoles y supera la barrera de las lenguas, llegando a los corazones de hombres de todas las naciones (9-22). Con los siete dones del Espíritu Santo, la redención se abre a todo el mundo, y éste es un motivo para cantar, dando gracias (23-32).

Traducción

El hecho de que la lengua se ponga al servicio de las lenguas, también es un don del cielo 196 . ¿Quién no cantará las prerrogativas divinas, puestas de manifiesto por sus dones?

Quien todo lo sabe hace que, a través de la lengua, se pronuncien [5] alabanzas dignas de Dios. He aquí que infunde el Espíritu y enseña de nuevo a hablar a las bocas.

Entra en los corazones, desfondados por la antigua oscuridad 197 . [11] En este día, el Verbo, mientras distribuye entre los Apóstoles las palabras, también alcanza los corazones del mundo, dominando sobre las lenguas del mundo.

[15] Elévese un solemne canto de alabanza: un hombre solo domina las lenguas de los pueblos. El tracio, el galo, el indio, son uno solo.

La melodía que emite, como en un juego, la dulce Grecia, las estridencias del murmullo de Canopo 198 que molestan por su [21] atroz barbarie, los ladridos de la lengua parta, todo eso rebosó en el pecho de los forasteros.

Sin quererlo el mundo, por todos esos caminos se corre hacia [25] la salvación del mundo. ¡Cuánto 199 se deja sentir ahora, mientras adorna a la corona de los apóstoles con el don septiforme 200 , la redención divina de la gracia pascual!

Al que es ya rico se le añaden riquezas, que van en aumento [31] de su plenitud. Cantad ahora con la mente, con la voz: nuestra alma se lo debe a Dios.

I 14 (345). HIMNO EN HONOR DE SAN ESTEBAN 201

Resumen. Tras un breve comentario al significado del nombre del santo, corona, el himno desarrolla la idea de la muerte que da vida, es decir, que abre las puertas de la eternidad en el cielo. Recuerda que Esteban fue el primer mártir y describe algunas escenas de su martirio, para acabar con esta fuerte antítesis: a medida que la ejecución avanzaba, mientras crecía la figura del mártir, los verdugos se empequeñecían.

Traducción

¿Quién más poderoso que Esteban? Significa corona, es mártir. Como el premio, tal el hombre: su nombre es fruto de la prueba.

Que esta breve loa sea larga; así son evocados los grandes 202 . [5] Esbirro de la muerte, mira que, al dar la vida a partir de la muerte, eso mismo que quita la vida da acceso a la salvación.

Dichoso aquel que, bajo estos golpes, con la muerte se hace [10] eterno. Con su sangre prepara la luz; con sus exequias, el cielo para que así el triunfo no sea del enemigo 203 : es decir, así obtiene la palma del martirio.

[16] Éste fue el primero en entrar por un camino que ningunas plantas de hombre habían hollado. Visitó las moradas del paraíso y, cubierto aún con el vestido de la carne mortal, exclamó: [20] «Veo al Hijo sentado a la derecha del Padre» 204 .

Mientras los impíos arrojaban piedras, y mil instrumentos [25] de muerte, él solo, consciente de los verdaderos bienes, rogaba con toda su fe que la ira del cielo no fuera a perder a quienes, inconscientes, le hacían mal 205 . El ensañamiento no servía de nada, el furor de la plebe ensalzaba al reo. El martirio avanzaba según lo que era de prever: los verdugos gemían ante el suplicio, al irse engrandeciendo aquel que había sido lapidado.

I 15 (346). HIMNO EN HONOR DE SAN AMBROSIO 206

Resumen. La vida del santo, su virtud, constituye su riqueza (1-4). Ambrosio ha sido valiente, ha dominado la carne, ha vivido para Dios (5-11). Reafirmó la fe, honró a los mártires, fue temido por los enemigos de la Iglesia (12-19). Sigue dirigiendo la diócesis desde la tumba (20-23). Petición de que ruegue por sus sucesores, a fin de que Cristo les ilumine (24-32).

Traducción

Nombre, fama, y sobre todo su conducta elevan hasta el cielo a Ambrosio 207 . Éste nada debe a la elocuencia, toda su riqueza está en su vida.

El valiente, protegido por su escudo, no desea que nadie le [5] ayude. Hecho de carne, no hizo nada carnal 208 ; el alma es reina del cuerpo, ha derrotado cualquier tipo de lascivia.

Así vivió él: no para sí mismo, sino todo para Dios, su Creador. [10] A partir de ahí, sumado a los Apóstoles, reintrodujo la fe que había sido expulsada 209 , cantó los triunfos de los mártires con el rejuvenecido laurel de su palabra.

[16] Él con su boca arrancó la presa de las fauces de la cruel serpiente. Fue uno que combatió las batallas de Cristo. Fue temido por sus amias 210 .

[20] Aunque sepultado, vive y ayuda, empuñando el timón de la Iglesia. Justina desperdició su peligroso veneno, esa dificultad fue un trofeo para el obispo 211

[25] ¡Oh luminaria!, acuérdate de tu sede; ¡oh santo!, adorna a tus sucesores, que confían en tan noble patrón, a fin de que el General del supremo cielo, que es Pastor de los obispos, que aleja todo lo que puede desorientar, que guía el rebaño de los príncipes y es Maestro de los que enseñan, no los rechace, envuelto en la nube de su poder 212 .

[29] Él, que es Pastor de los pontífices, que quita de en medio todo aquello que mancha, gobierna el rebaño de los príncipes y es Maestro de maestros.

I 16 (347). HIMNO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Resumen. Resalta cómo la muerte, consecuencia del pecado, ha sucumbido ante la muerte de Cristo, que produce alegría (1-9). Con una serie de metáforas tomadas del reino animal —serpiente, león— se ensalza el triunfo de Cristo sobre la muerte (10-16). Cristo es presentado también como la primicia de la humanidad que vence al pecado (17-24). Es el Verbo encarnado para redimir a los que eran suyos, el pastor que rescata a la oveja perdida (25-29). Se describe finalmente la entrada triunfal de la humanidad de Cristo en los cielos (30-32).

Traducción

Cristo ha ascendido ya al cielo, antes mató a la muerte, sepultado la expulsó del sepulcro, la muerte cayó abatida bajo el impulso de la muerte 213 .

¡Oh siglos!, cantad este acontecimiento: la muerte sometió [5] al infierno, el ajusticiado venció a la muerte; ésta llora abatida por aquello de lo que había esperado alegría 214 .

Aquella que nunca se sacia ha sido devorada y la depredadora [10] de todos los seres se ha convertido en presa. Ya es conducida, apresada en una red; la cadena yace encadenada, la serpiente ha expulsado el veneno 215 , el manso ha pisoteado la [15] soberbia, el cordero saca las entrañas al león 216 .

Poder mayor aún es, Cristo, el hecho de que asumes nuestras [20] debilidades y, escondido bajo un hábito de siervo, nos conduces hasta el triunfo, como si desde las sedes celestiales infundieras terror a los culpables.

[25] Dios se manifiesta por doquier, ningún obstáculo lo aparta; mas, para poner en pie a los caídos, se ha dignado ser lo que somos: Él mismo redimió lo que era suyo por derecho. Recondujo a la oveja perdida a la custodia del pastor.

¡Oh ángeles, levantad las puertas 217 ! Entra el juez terrible, más grande aún por los trofeos arrancados a sus enemigos.

I 17 (348). HIMNO EN HONOR DE SANTA EUFEMIA 218

Resumen. Comienza el himno con una pregunta retórica, para resaltar más la fortaleza de esta mujer ante el martirio (1-8) Sentencia conclusiva (9-10), seguida de la constatación de los hechos (11-12). Interpelación al verdugo, que abre la segunda parte: una enumeración de algunos de los tormentos a que fue sometida la santa (13-32): un horno de fuego, azotes, fieras, halagos.

Traducción

¿Qué lengua sería capaz, qué pluma podría cantar los triunfos de una virgen tan excelsa? Aprended ahora, varones de corazón blando; asimiladlo, cobardes: esta valiente doncella os da ejemplo, [5] cuando supera a los hombres. La virtud desconoce siempre la blandura 219 y una, que ha concebido una vez a Cristo en su seno, no conoce las exigencias del sexo ni la debilidad de ánimo.

Quienes han guardado a Dios en el fondo de su pecho 220 liberan [9] sus almas de las cadenas físicas.

Soportó atroces tormentos corporales y el amor a la cruz fue en aumento a medida que disminuían sus penalidades.

Si fueras capaz, tú, ¡oh cruel torturador!, de aprender a doblegar a esta mártir, aprenderías a perdonarla.

El que debe seguir la cruz, no tiene excesivo miedo del fuego, [15] el látigo, los verdugos, las ruedas 221 .

Se cuenta que cuando Prisco, más nocivo que una fuente de veneno —así llamaron, en efecto, a quien en una época miserabie [20] sentenciaba a muerte a una virgen santa—, mandó que ésta fuera arrojada de cabeza a un horno ardiendo y sus esbirros ardían en deseos de convertir a la mártir en pasto de las llamas, una luz más brillante que el halo del Olimpo impidió la obra de [25] quienes pretendían llevar a cabo esa crueldad 222 .

Ante lo cual empuñan la espada, a la vez que gritan: «Te rogamos que de aquí nos envíes al Tártaro 223 , pues nuestra mano no puede hacer daño a la santa».

[29] Se hincha el hígado de Prisco, ardiendo de bilis. Dispone al punto piedras, fosos, látigos, fieras y el suplicio más peligroso, halagos, a los que la virgen resiste con fortaleza 224 .

I 18 (349). HIMNO EN HONOR DE SAN NAZARIO 225

Resumen. El martirio rompe los límites del tiempo y abre las puertas de la eternidad (1-4). La muerte de Cristo supuso la salvación de todo el género humano, la de Nazario enriqueció la estirpe de su familia (5-8). Sufrió la persecución de un Nerón (Diocleciano) con entereza, dando ejemplo con sus hechos y no sólo con palabras, como todo general valiente (9-22). Dio un fruto granado, despreciando su propia carne, con su muerte en Milán (23-28). Aparición del santo a Ambrosio, quien tras esa revelación encontró sus reliquias y las dio una sepultura digna (29-32).

Traducción

Una muerte santa ayuda a que se prolongue el breve tiempo de una vida, restringida a un estrecho espacio: prepara el confín de la eternidad.

Como fruto de las caídas 226 llegó el resurgir de todo el género [5] humano. Con su buena muerte Nazario añadió nuevo lustre a su estirpe.

Bajo el imperio de Nerón 227 , sufriendo con entereza diversos [9] males, iluminó la tierra sin doblegar su corazón ante un profundo temor. Al contrario, para mostrar a los mundanos por qué camino se sube al cielo, como un verdadero maestro, dio ejemplo [15] con hechos, no con palabras.

Pues es un capitán aguerrido el que enseña a batallar con su valentía. ¿A qué soldado arrastran las palabras, si el que manda [20] se abstiene de llevarlas a la práctica? Una arenga verbal, que se la lleva el viento, no tiene el peso que presta el ejemplo.

Mas éste, tras haber depositado buenas semillas en fértiles campos, después de que hubo surcado la tierra con el arado, [26] llegó enseguida a Milán, donde renunció a su cuerpo mortal 228 mediante un noble triunfo.

Como sus reliquias no yacían en una sede digna, en un momento dado se lo advierte respetuoso al obispo a fin de que, exhumándolas de nuevo, las presentara al mundo como dignas de veneración 229 .

I 19 (350). HIMNO EN HONOR DE SANTA MARÍA 230

Resumen . El texto entero es un juego de paradojas que gira en torno a la dignidad de María, en quien se encuentran milagrosamente la virginidad y la maternidad. Compara este privilegio con una puerta, a la vez cerrada y abierta (1-5). Está por encima de lo que nosotros podemos comprender (6-9). Por la embajada, que actuó de semen, concibió en verdad al Verbo de Dios, que es a la vez todo Dios y todo hombre (10-19). En nada superior a los hombres y en nada inferior a Dios (20-25). Interpelación a la Virgen, pidiéndole su intercesión omnipotente (26-32).

Traducción

¿Qué podré decir para alabar dignamente a María, virgen y madre? Concédamelo su Hijo, lo adorne, lo lleve a buen término. Que ella misma sugiera lo que exige la puerta cerrada, lo que pide la abierta 231 .

Intelecto mío 232 , ¿qué vas a buscar? ¿van a ser las palabras o [6] el prodigio? La naturaleza perdió cualquier tipo de ley; nuestra salvación consiste en esto, en que somos vencidos.

Mientras estaba sola la Virgen, concibió con el oído 233 un [10] hijo, engendrado ante el estupor del cuerpo, que engordó alimentado por el Espíritu 234 .

Lo que profirió la boca fue el semen 235 , El Verbo entra en [15] los límites de la carne.

Por parte de la madre es todo nuestro y de parte del Padre es Dios, en nada diverso. Un parto único para ambos: para el que engendra y para la que acepta.

Él en nada era superior a los siervos, pero no se hace inferior [20] al Creador. La fuente que cerrada recibe palabras es la fuente que cerrada producirá un cuerpo; no se abrió lo que estaba estrechamente unido y sale a la luz del día una verdadera prole. [25]

Dí, madre y virgen, te lo ruego, ¿es que alguna vez alguien ha cerrado al abrir? Tu vientre adelgaza con el feto, ha nacido el matrimonio de castidad 236 .

[30] Tú, de quien se cree que eres la más digna de encomio 237 , a quien le han sido confiadas todas las gracias, superior a todos, ¡acuérdate de nosotros!

I 20 (351). HIMNO EN HONOR DE SAN MARTÍN 238

Resumen. Condensa los méritos del santo, diciendo que cultivó todas las virtudes: por su lucha contra las pasiones puede ser llamado mártir (1-10). Esta primera parte acaba en una sentencia (11-12). Antes de recibir el bautismo ya ardía en un amor a Dios, que se manifestó en hechos al hacerse cristiano (13-16). Narra la escena del pobre con el que compartió su capa (17-23). Alude a su vida consagrada a Dios, su lucha con los demonios, sus milagros (24-27); sus padecimientos, equivalentes al martirio, su llamada al episcopado, que desempeñó con fidelidad (28-32).

Traducción

Cuando hablo de las hazañas de Martín, no paso por alto nada que sea digno de alabanza: él solo presenta, compactas, virtudes que se encuentran divididas entre todos 239 .

Es mártir por sus grandes sufrimientos, al haber vencido la [5] carne con el espíritu, pues pisotear las luchas íntimas, está cercano al triunfo.

[10] Cuando desfallecen las fuerzas del cuerpo, una realidad permanente, digna de alabanza, se mantiene firme: el que cumple los deseos de la carne, refuerza al enemigo del alma.

Este santo, cuando aún desconocía el ardor de la eterna [15] fuente, ardía ya de fuego divino. Una vez ungido en el espíritu por las aguas del bautismo, se dedicó a Cristo con actos.

Con la misma capa con la que había cubierto al desnudo, resplandecía el rey de los cielos 240 . Con un sucio harapo se logra [20] aquello que hace resplandecer la esfera de los astros.

¡Cuán justo trueque! Un pobre paga con la púrpura 241 y un mendigo regala el reino. Después, al emprender una vida consagrada, [25] se rió de una multitud de demonios, mandó que resurgieran de las cenizas y a su contacto revivieron los muertos.

Soportó de buena gana dolores con los que se tejió una corona. [30] Obligado a asumir el episcopado, en contra de su voluntad revistió un cargo que desempeñó con santa fidelidad.

I 21 (352). HIMNO EN HONOR DE SAN DIONISIO 242

Resumen. Se describe a este santo como a un miembro de la milicia, que por sus sufrimientos mereció convertirse en ciudadano del cielo. Cristo le concedió tantas victorias como batallas (1-4). Sufrió el destierro y este mal le confirmó en la fe (5-11). El tirano le convierte en un confesor, en nada inferior a un mártir (12-17). Describe la pena del destierro como una muerte lenta (18-23). Dionisio se rió de este castigo, a pesar de su dureza, sobre todo la sed (24-28). Oración final (29-32).

Traducción

A Dionisio, Cristo concedió tantas victorias como batallas 243 . Desterrado, se hace conciudadano de los santos, habitante de la ciudad celeste.

El tirano Constancio expulsó un día al obispo de su sede. [5] Éste no cedió ante el perturbador, su fe se acrecentó en los peligros.

¡Proclama esto, tú que profesas la santidad 244 : el sufrimiento [10] te entrega en manos del éxito, con el mal compras lo que anhelas! Continúa tú, torturador convertido en bienhechor, pues esta luz desaparece si tú desistes. ¡Oh, qué venturosa es la adversidad, si triunfan de este modo quienes sufren el exilio!

Este confesor no es en nada inferior a un mártir venerable 245 . [16] Despliegan las alas al encuentro deseado de la muerte aquellos a quienes afecta la muerte del destierro.

Una lenta consunción en nada es menos valiosa: penetra [20] lentamente hasta lo más hondo. El duelo del destierro es muerte en vida, remedio veloz para el tránsito a la otra.

Se rió del furor del príncipe corriendo al destierro, mientras [25] su fe permanecía firme. Inconmovible él, es llevado de acá para allá por el mundo, negándosele la posibilidad de beber, allí donde el sol quema con más fuerza.

[30] De Tí, Dios terrible, recibimos como nuestro lo que Tú nos regalas. Concédenos que te pidamos la santidad que Tú mismo nos das.

1 El nombre procede de la palabra celta brig , altura, de la que hay vestigios topográficos en toda Europa (Brig —Suiza—, Bregenz —Austria—, Brianza —Italia—, Brianco —España—). Para llegar hasta Briançon, situado en la Galia Narbonense, de la otra parte de los entonces denominados Alpes Cotios, tenía que atravesar la cadena de montañas con picos de nieves perpetuas, que rondan los 4.000 metros de altitud. M. CARINI , en su nota sobre este poema de la que damos cuenta en la bibliografía, dilucida muchas de las cuestiones que plantea este texto: itinerario del viaje, obispo por cuyo encargo el poeta lo realiza, naturaleza de la misión que le lleva hasta las ciudades de Arles y Vienne y finalmente fecha en la que fue compuesto, segunda mitad de 506.

2 Para la discusión sobre la fecha y los itinerarios de ida y vuelta de ese viaje, véase S. ROTA , «Antiquum credit...», págs. 362-364.

3 Este nombre aplicado al sol no se encuentra, ni en HESÍODO ni en HOMERO . Es EMPÉDOCLES el primero que lo utiliza, si bien no para designar el astro que ilumina la tierra sino el éter superior a la misma. Sin embargo, en la literatura latina, tanto para CICERÓN —Aratea V 60. 343— como para VIRGILIO —Eneida IV 119. VI 725—, Titán es el sol, hijo de Hiperión, uno de los titanes, a su vez hijos del Titán que procedía del Cielo y de Vesta. Cf. también P I 8, 3; II 84, 3. Véase, a este respecto, W. KRANZ , «Die Sonne...»

4 Cfr. VIRGILIO , Eneida VIII 97, VALERIO FLACO II 444, ALCIMO AVITO III 1.

5 Ennodio dice textualmente ardenti Cancro , es decir, en lo más tórrido del verano.

6 Se trata de una ciudad antigua de la Tebaida, a orillas del Nilo, situada en el trópico en la frontera con la Etiopía. Actualmente es Asuán.

7 Ennodio describe el desencadenamiento tanto del frío como del calor que, en vez de corresponder a las diversas estaciones del año, se suceden en un mismo día en razón del cambio de altura del caminante.

8 La lacerna era un abrigo corto o casaca larga, que estaba cerrada por delante y abierta a los lados a la altura de los brazos. Véase también P II 57. 59, 1.

9 CSEL puntúa estos versos de modo diferente: «Bajo un calor de verano, el abrigo me había oprimido el cuerpo, vestido con una capa ligera, me parecía estar desnudo . Mientras el tiempo huye ante nuestros ojos con un ritmo constante, (20) dado que la lámpara de Febo nos guió hacia los hielos de las alturas, asaltó el miedo a quien había buscado con ansia la bruma y no hubo ningún indicio del calor que anhelaba ». Preferimos, por principio, seguir la edición de F. VOGEL , en MGH.

10 Este párrafo describe el contraste entre la luz y el calor durante la ascensión y el frío de la cumbre.

11 Se trata del monte de ese nombre —cfr. CIL V 2— en los Alpes Cotios. M. Julio Cotio, hijo del rey galo Dono, reinaba en tiempos de Augusto sobre la región de los Alpes que, por su nombre, recibió esa denominación. Por su actitud amistosa hacia los romanos —erigió arcos de triunfo en honor de Augusto en Segusio (9-8 a. C.) y calzadas en los Alpes—, recibió el título de prefecto de las ciudades de aquella zona que, a partir de Nerón, constituyó una provincia. Según M. CARINI . «Lʼ Itinerarium...» se trata del monte Genèvre: cf. pág. 159.

12 La expresión facies depicta culmina en su ambivalencia «colorido, pintoresco» el contraste entre el nombre maternal, la impresión suave y el peligro que encierra la ascensión al monte.

13 Cfr. OVIDIO , Metamorfosis XV 623.

14 Cf. SEDULIO , Poema pascual I 43.

15 Según la mitología, que le atribuye diversas genealogías tanto por parte de madre como de padre, Dédalo, ateniense, refugiado en Creta, es el prototipo de artesano ingenioso y artista que sabía imprimir movimiento a las figuras que fabricaba o esculpía. Famosos episodios en los que interviene, son: la construcción de la vaca en la que se introduce Pasifae, del laberinto en el que Minos encierra al Minotauro, de las alas, hechas de plumas y cera, con las que él y su hijo Ícaro huyen de Creta a Sicilia.

16 Se trata de la montaña entre Macedonia y Tesalia, en la que, por su altura, los antiguos pensaban que habitaban los dioses.

17 Una paradoja grotesca: la atmósfera está tan húmeda que las aves, en vez de volar, nadan.

18 Hijas de Piero. Éste fue un rey de Emacia, que dio a sus nueve hijas el nombre de las nueve Musas. Perdieron un certamen con éstas y en castigo fueron transformadas en urracas. No obstante, este calificativo se aplica con frecuencia a las Musas.

19 Estos cuatro nombres de torrentes alpinos proceden de una corrección de J. SIRMOND al texto de los manuscritos —que leen doria nam sensis torrens ustura —, basada en PLINIO , Historia natural I 16, 110-118.

20 La expresión marmoris lonii saeuitiam , encierra una fuerte antítesis —mientras la primera palabra alude al mar en calma, como un mármol, la tercera describe su bravura— para expresar la engañadora tranquilidad del mar Jónico.

21 El río del mundo infernal y subterráneo. La expresión alude a la saga transmitida por PLATÓN —República 621 A— según la cual quien bebía agua de él perdía el recuerdo de su vida en la tierra.

22 Nombres de otros tantos santos mártires de los primeros siglos de la Iglesia. Saturnino, enviado por el papa Fabián como misionero a la Galia, fue el primer obispo de Tolosa. Hacia el 250 fue arrastrado por un toro en las escaleras del Capitolio de esa ciudad, aunque según otra tradición fue martirizado de ese mismo modo en Roma bajo el imperio de Decio. Es también la leyenda quien habla de Crispín y su hermano Crispiniano, de una noble familia romana, que fueron también a la Galia como misioneros. Con su trabajo como zapateros, no sólo se ganaban la vida sino que convirtieron a muchos pobres a quienes servían. Recibieron el martirio durante la persecución de Maximiano (286-305), a manos del prefecto Rictiovaro, después de haber sido cruelmente torturados.

La historia de Daría presenta rasgos novelescos. Virgen consagrada a Vesta, recibió el encargo de convencer a Crisantio, converso al cristianismo, para que volviera a su antigua fe. Una conversación sobre temas de fe entre ambos acabó, sin embargo, con la conversión de Daría y la decisión de contraer matrimonio, prometiéndose vivirlo en castidad. Ambos murieron martirizados en Roma, tras sufrir numerosos tormentos, en una fecha imprecisa. A su vez, Mauro era un sacerdote que, tras haber bautizado a una gran cantidad de los prisioneros compañeros de prisión, fue decapitado por orden del prefecto Lampadio.

En el Martirologio romano se habla de dos Eusebios. El primero fue martirizado, junto con Hipólito y Concordia, durante la persecución de Valeriano (253-260) mientras el segundo fue un papa, médico de profesión, cuyo pontificado duró cuatro meses y a quien el emperador Magencio (307-312) desterró, muriendo poco después, por lo que es considerado mártir.

Finalmente, según la tradición, Quintino —no, Quinto— pertenecía a una familia senatorial y se desplazó a la Galia como misionero bajo el reinado de Maximino (307-308), para ser allí martirizado.

23 Estos tres protomártires de Turín, quizás soldados de la legión tebana y festejados por la Iglesia universal el 20 de noviembre, vivieron en el s. III y son conocidos por el sermón XII —De passione vel natale sanctorum, id est Octavi, Adventi et Solutoris — del primer obispo turinés, san Máximo, en el siglo IV .

24 Cfr. VIRGILIO , Eneida I 604. OVIDIO , Fastos IV 311. Con más frecuencia juega Ennodio en sus poemas con el pensamiento contrario: P II 3, 5; 9, 13.

25 Como se deduce del texto, en esta composición, Ennodio pide a Eugeneto una parte de un huerto para Deuterio.

26 Alude a los hilos que tejen las Parcas, que determinan la vida del hombre.

27 El tympanum era un instrumento de percusión, una especie de pandereta, utilizado sobre todo en el culto a Cibeles; plectrum designa propiamente la púa con la que se percuten las cuerdas de la cítara.

28 Las Musas.

29 Turgida pectora , al pie de la letra «los pechos henchidos».

30 Ennodio expone esta idea, como tantas veces, de una manera intraducible: pompa causarum , algo así como «trompeta —es decir, declamador sonoro— de causas judiciales».

31 A pesar de que Roma ha dejado de ser la residencia de la administración central desde el 400, sigue siendo considerada como la capital del Imperio.

32 Textualmente escribe la diestra , la mano con la que el destino pone de manifiesto su poder. Cf. Himno Veni, creator Spiritus.

33 Cf. VIRGILIO , Eneida VII 237.

34 Con esta expresión —Amphion Dirceus — alude Ennodio a una figura de la mitología que, además de tomar parte en la fundación de Tebas, pasa por ser el fundador de la música, ante todo la de la cítara.

35 De este Próculo no tenemos más noticias a través de Ennodio. Según J. SIRMOND se trata del poeta de la Liguria al que SIDONIO APOLINAR dirige las epístolas I 23 y IX 15. La expresión de Ennodio es, ai pie de la letra, «15 días antes de las calendas de mayo».

36 La metáfora inicial es muy querida para Ennodio: baste recordar M 2, 15; M 3, 84. 187 y, sobre todo las declamaciones escolares, D 7, 7; D 8. 5-7; D 9, 10; D 10, 7. Cf. BCG, 357.

37 Esta idea Ennodio la expresa de un modo enrevesado: «Las heridas infligidas a la vid reconcilian —uulnera conciliant — pérdida y aumento».

38 Para describir la formación literaria de este personaje, Ennodio lo compara a Píndaro, poeta griego de principios del s. v a. C., y no duda en equipararle al mismo Apolo. En este contexto, alude al famoso mito del enfrentamiento entre Marsias y el dios de la poesía. Marsias, un sátiro, enorgullecido por su pericia en el canto, osó desafiar a Apolo. Éste le castigó colgándole de un árbol y desollándolo vivo. De su cadáver, según algunos, surgió el río Marsias; para otros, esa corriente de agua se formó con las lágrimas que sátiros y ninfas derramaron a su muerte.

39 Ni el personaje ni el tema son una novedad. A Máximo dirige Ennodio seis epístolas de su correspondencia y en una de ellas —VII 21— incluye tres dísticos a propósito de su boda.

40 Estas expresiones tan poéticas están llenas de metáforas imposibles de traducir con propiedad: por ejemplo, para Ennodio, lo que traducimos como «rasgos característicos», es al pie de la letra «antorchas (taedas ) en el rostro», o lo que reproducimos como «polen», es el «aura del polo».

41 Ennodio dice «Nereo», el dios protector de los bosques.

42 Cf. OVIDIO . Amores I 2, 40. Hasta aquí Ennodio ha compuesto en dísticos elegíacos, 12 en total. Los cuatro versos siguientes son tetrámetros catalécticos o septenarios trocaicos.

43 Siguen a continuación seis estrofas sáficas.

44 El poeta resalta el contraste entre la belleza artificial de la púrpura, tanto más hermosa cuanto más se haya teñido, y la belleza de Venus, cuanto más natural, mejor.

45 El poeta cambia por tercera vez el metro de esta composición y escribe en hexámetros hasta el verso 123.

46 Un apodo de Venus, tomado de la isla de ese nombre, en la punta meridional de Laconia, célebre por su culto a Afrodita (Venus), quien según el mito llegó a esa tierra desde la espuma del mar.

47 Amor (Eros) es, más que un dios —presente en la literatura y el arte, apenas en el culto—, un poder cósmico, uno de los elementos originarios en la constitución del mundo (HESÍODO , Teogonía 120 ss.). Su relación con Venus, como hijo y acompañante, no es inicial. Ya a partir del s. v a. C., por ejemplo en PÍNDARO y EURÍPIDES , aparece en singular o en plural, unas veces como demonio con poder sobre los seres humanos, otras como hermoso joven y otras como niño juguetón, desnudo y alado, que se divierte disparando flechas mágicas e invisibles a dioses y hombres.

48 CSEL puntúa estos versos de un modo diferente, que había que traducir: «La fría virginidad que consume los miembros se ha apoderado de muchos; votos hechos al cielo dominan la carne con renovado fervor».

49 G. HARTEL propone para el verso 60 unas conjeturas que habría que traducir: «Los jóvenes efebos se comportan como personas tímidas, débiles».

50 El término utilizado —iustitium , de ius sistere , suspender la administración de justicia— aparece por metonimia en FRONTÓN y SIDONIO APOLINAR (Epístola II 8,1), en el sentido de la traducción.

51 Cf. OVIDIO , Metamorfosis III 169.

52 Cf. SEDULIO , Poema pascual I 60.

53 El poeta utiliza aquí el adjetivo Dyoneus. -a. -um. En realidad, Dione era la hija de Oceano y Tetis (para otras versiones, del Éter y Gea) y madre de Venus, quien pasa a recibir el nombre de la madre.

54 Para los versos 105-107, G. HARTEL , aparte de puntuarlos de otro modo, propone diversas conjeturas —spicula por singula , tactu por fatum — que varían la traducción: «Entonces el hermoso arco tensó la flecha redonda: los brazos dispararon dardos con diferente trayecto. La diestra del dios alado intuye al tacto la herida...».

55 Fatidica , en el sentido de prevista o impuesta por el hado. Véase lo que decimos en la Introducción sobre fatum en este verso.

56 Cf. VIRGILIO , Eneida XII 257.

57 Creta , la palabra que utiliza el poeta para designar la marca que los destina a ser marido y mujer, es la tiza (craie , francés; Kreide , alemán —de arcilla que procede, según ISIDORO DE SEVILLA (Etimologías XVI 1,6), de la isla de Creta y que se utilizaba en la Antigüedad con diferentes aplicaciones a la agricultura, la medicina, diferentes artes como el culinario, la escultura, la escritura, etc. Véase ThLL IV 1184-87.

58 Cf. VIRGILIO , Eneida V 816.

59 Aquí cambia por última vez el ritmo del poema, que acaba con seis endecasílabos falecios.

60 J. SIRMOND añadió en su edición al título, Padi , porque efectivamente se trata de la descripción de un viaje por el río Po. CSEL y MGH han prescindido de esta precisión.

61 Castalia es la fuente de las Musas en Delos.

62 Mítico bardo, hijo de Apolo y la musa Calíope, esposo de Eurídice, nacido en la Tracia, por cuyo canto y música son seducidos animales, plantas y hasta las piedras.

63 Según PLINIO (Historia natural III 117), éste es para los griegos el nombre del río más caudaloso de Italia, al que los romanos llaman Padus (Po). Erídano aparece sobre todo en poesía: VIRGILIO —Geórgicas IV 372: Eneida VI 659. OVIDIO , Metamorfosis II 324. 372. PROPERCIO I 12, 4.

64 Evoca el poeta la fuente que el mítico caballo alado hizo brotar, golpeando la tierra con su pezuña, en el monte Helicón, patria de las Musas.

65 Sobrenombre de Baco, el vino que desata (de λύω) las preocupaciones.

66 Esta operación Ennodio la describe de un modo poético intraducibie: «las túnicas de las uvas en la cárcel del mosto».

67 El poeta usa el término flamma para designar que la madera de los árboles, arrancada por la corriente desencadenada del río, será destinada al fuego. En otros pasajes, como en P II 43, 3 ó P II 103, 6, lo emplea para expresar los sentimientos humanos de la ira.

68 En su etimología, la Parca es diosa del nacimiento (pario ), la que reparte a los hombres su suerte, la diosa del destino. Habitualmente se distinguen tres, a quienes se califica de hermanas: Cloto —la que teje el hilo de la vida, Láquesis— la que lo tensa— y Átropo, la inflexible.

69 Áornos —sin pájaros— es todo lugar cuyas auras son irrespirables, ante todo el mundo subterráneo. Ennodio da a entender en este pasaje que todos los hijos de ese matrimonio habían muerto.

70 Cf. VIRGILIO , Eneida VI 397.

71 Para Nereo, véase P I 4, 13.

72 G. HARTEL lee aquí et , en vez de nec . Con esa variante cambia naturalmente el sentido de la frase, lo cual parece estar más en consonancia con la actitud del poeta, conducido por la mano de Cristo y con el contexto del poema horaciano.

73 Cf. HORACIO , Poemas I 3, 18. Es decir, impertérrito.

74 Entiendo que quiere decir que el mar se tragaba la corriente del río, sin engullir al poeta.

75 En el primero de estos dos versos aureos (47) el poeta expresa el fenómeno de la inundación de los campos de labor por las arenas de la playa por medio de un verbo —fulgebant —, un sustantivo —metallo — y un adjetivo —ditia —, que marcan el efecto óptico: es como si los campos resplandecieran enriquecidos por el metal dorado. En el segundo, se describe el mismo efecto, desde la perspectiva del río.

76 A pesar de haber nacido en la Galia, Ennodio considera Italia, concretamente Milán, su tierra de origen.

77 VIRGILIO habla de esto en Eneida I 406.

78 Cf. VIRGILIO Eneida XI 284.

79 Esta sentencia, que está expresada de un modo neutral, tiene un sentido profundamente cristiano, que cabría reproducir así: «El sufrimiento forma parte del espíritu de mortificación y está emparentado con la fe en Dios».

80 En vez de sensu pulsante , CSEL lee aquí sensus pulsanti , que habría que traducir: «cuyo sentido, a la vez que se abre a quien empuja la puerta, yendo por delante, abre...».

81 Para esta expresión, véase E III 33, 1 y la nota correspondiente.

82 Sigue el poema, que consta de veinte dísticos elegíacos.

83 Cf. OVIDIO . Heroicas V 53.

84 Cf. OVIDIO . Metamorfosis II 299.

85 Cf, VIRGILIO , Eneida I 169.

86 En los versos 21 -28 resume Ennodio una serie de milagros que la fuerza de Dios operó en la Escritura: el primero es la escena de Jesús andando sobre las aguas —Mateo XIV 25—, a continuación el fenómeno de las aguas del mar Rojo al paso de los hebreos —la expresión gramatical es tan refinada que puede aplicarse tanto a Éxodo XIV 21 (y entonces habría que traducir: «difundiendo tierra firme en las aguas»), como a Éxodo XIV 26-27, que es lo que traducimos—, dos momentos de la Creación y los pasos de la Encarnación y muerte de Jesús.

87 Véase la misma idea en el himno en honor a María, I 19.

88 Cf. LUCRECIO , V 266; VI 624.

89 Cf. OVIDIO , Tristes I 7, 2.

90 En honor de san Ambrosio e imitándole está escrito el himno P I 15 y también el epigrama P II 77.

91 Éste es el encabezamiento que edita MGH, siguiendo al códice Lambetano. Quizás más apropiado sería simplemente: A Fausto, como hacen la mayor parte de los manuscritos, que a continuación comienzan el texto en prosa con el encabezamiento: Prefacio. J. SIRMOND lo tituló en su edición: A Fausto, sobre sus poemas. Ennodio lo compuso y lo envió con ocasión de haber recibido una composición poética de su gran amigo. Sobre éste, véase BCG, 357, pág. 289.

92 Esta frase ambigua admite otra interpretación, que habría que traducir: «intentaría yo acumular una riqueza de estilo que me es odiosa», es decir, Ennodio se referiría, no al escrito que ha recibido de Fausto, sino a éste suyo. Para la discusión de las dos alternativas, véase VANDONE , G., Appunti... págs. 57-59.

93 Camena —de cano —, de ordinario en plural, son las ninfas que adivinan el provenir y pronto se identificaron con las Musas.

94 Véase E V 8, 5, donde las ediciones CSEL y MGH escriben Glouidenus . Cfr. JUVENAL , Sátiras I 80.

95 Lo escribió JUVENAL en Sátiras I 18.

96 Aquí comienza la parte en verso, que se inicia con dieciséis dísticos elegíacos.

97 Entiendo que el poeta expresa que ante ese fenómeno reaccionan objetos —pocula — y personas: quisquis.

98 Como comenta G. VANDONE , Appunti... pág. 69, el término lubrica significa aquí la dificultad de escander las palabras de acuerdo con las reglas de la prosodia. No es ése el caso de Fausto, como se ve por el contexto.

99 Este adjetivo procede del nombre, Cecrops , del primer rey del Ática, fundador de la ciudadela de Atenas Cf. HORACIO , Poemas II 1, 12.

100 Mirón de Eleúteras, escultor del s. V, que trabajó ante todo en la Acrópolis ateniense, que modeló el famoso discóbolo y el grupo Atenea-Marsias.

101 Boótes, -ae o -is , en latín Custos Arcti , es el Boyero, la constelación del hemisferio norte o boreal; de ahí la expresión «carro».

102 Helice, -es , la Osa Mayor, otra constelación septentrional.

103 Ennodio varía hasta un límite inverosímil los modos de expresar que Fausto puede hacer con la palabra lo que quiere: que en los bosques crezcan flores, vino en los climas fríos, que el pez se mueva por los aires y el ciervo por el mar.

104 Cf. VIRGILIO , Églogas I 59-60.

105 Castalia es una fuente del monte Parnaso, consagrada a Apolo y las Musas.

106 Aquí el poeta cambia el metro, añadiendo doce hexámetros.

107 Cf. VIRGILIO , Eneida VI 413-414.

108 Al viento del sur.

109 Siguen dos dísticos elegíacos.

110 Cf. LUCANO , Farsalia III 592. 596.

111 Cf. VIRGILIO , Eneida V 177.

112 A continuación compone cinco estrofas sáficas.

113 Cf. VIRGILIO , Eneida V 158. X 197.

114 Entiendo que Fausto detenta la medida de lo que es agradable a los oídos.

115 Los últimos doce versos son dímetros anapésticos o adonios, es decir, finales de estrofas sáficas.

116 Esta expresión tiene múltiples reminiscencias paganas: farra son las espigas ofrecidas en honor del que truena (Júpiter).

117 Sigo a CSEL, que añade este título, del que prescinde MGH. Ya J. SIRMOND incluyó en su edición el encabezamiento: «A Olibrio sobre su elocuencia».

118 El oficio de pastor aparece con frecuencia en la obra de Ennodio. pero siempre, con excepción de este pasaje, en un contexto eclesiástico, para aludir a la función del obispo —M 2, 8. 68. 105; M 7, 6; D 1. 18; 5, 5: P I 9 v. 27— o para designar a Jesucristo como pastor supremo: P I 15, 29; 16, 29.

119 Ennodio nos traslada desde el primer momento a un ambiente pastoril y a lo largo de este poema cita diversos instrumentos propios de esa cultura, sobre todo la flauta y el caramillo: fistula , stipula. En contraste, pinta el ambiente urbano, que se sirve de la cithara , la lyra , el pecten , el plectrum. De esta contraposición se sirve para hacer múltiples protestas de modestia ante su interlocutor, que es un personaje culto, mientras él no pasa de ser un rústico.

120 Sigo la interpretación de G. VANDONE , Appunti... pág. 131.

121 Desde VIRGILIO , Égloga 3, Palemón es un nombre clásico de pastor que ejerce la función de árbitro en las disputas entre colegas.

122 OVIDIO cuenta (Metamorfosis II 161 y ss.) la historia de Faetón, hijo de Helios, que se empeñó en guiar la carroza del sol y provocó el incendio de la tierra. Júpiter tuvo que enviar un rayo para precipitarlo en la estrella Eridán, al sur del firmamento. Aquí, en el verso 20, parece que Ennodio acepta esta versión del mito. En P I 5, sin embargo, el Eridano es el río Po, porque es en él donde cayó Faetón.

123 Cf. OVIDIO , Ars amandi I 56; Fastos I 284.

124 Cf. VIRGILIO , Eneida XII 471.

125 Los cuatrocientos primeros versos del libro II de las Metamorfosis de OVIDIO se ocupan de la historia de Faetón. Ennodio los tiene presentes en la redacción de estos dísticos, sobre todo 204-209.

126 Cf. VIRGILIO , Eneida XII 115.

127 El actual río Don, puesto ya en relación con esta aventura de Faetón en OVIDIO , Metamorfosis , II 242.

128 El río Po: cf. P I 5.

129 Alude el poeta al modo como Júpiter, lanzando un rayo, puso fin a la aventura de Faetón. Cf. LUCRECIO , V 399-401. OVIDIO , Metamorfosis II 311-313.

130 Cf. VIRGILIO , Égloga I 43

131 A no hacer uso de esa suprema expresión del poder divino.

132 Cf. SEDULIO , Poema pascual I 15.

133 Al pie de la letra, «de arcilla roja».

134 Aón es un antiguo héroe de la Beocia, hijo de Poseidón. El término se aplica sobre todo a las Musas, que habitan esa región, presidida por el monte Helicón.

135 Cf. VIRGILIO , Églogas X 52.

136 MGH, siguiendo el manuscrito de Bruselas, lee aquí non intempestivis , es decir, «oportunas», como se recoge en la traducción. CSEL, por su parte, prefiere nunc intempestivis , «ahora intempestivas», como E y P (véase BCG 357, págs. 25-26), que refleja mejor la antítesis entre nunc y post.

137 Cf. CATÓN , Orígenes I 2. CICERÓN , Pro Plancio 27, 66. AMBROSIO , De officiis I 9.

138 Cf. Isaías 50, 4.

139 CSEL edita el mismo texto, pero con diferente puntuación, a saber: «Pues está escrito: El Señor me dio una lengua erudita para cuando sea oportuno pronunciar un discurso ». Esta segunda parte no está en Isaías, pero se inspira en Lucas 12, 12.

140 La mayor parte de los códices añaden aquí la glosa: Acaba el prefacio. Versos.

141 Febo, de origen y carácter discutidos, también porque evolucionó a lo largo de los siglos. Hijo de Zeus y Leto, aquí interesa resaltar su patrocinio de la poesía y el culto que recibía en los santuarios de Delos y Delfos.

142 Las musas hijas de Zeus y Mnemosina (Armonía) o de Uranos y Gaia, según otras versiones, nacidas en el Olimpo y veneradas allí y en el monte Helicón. Ya HOMERO habla de nueve, HESÍODO les dio nombres propios y les asignó la función de inspirar el canto, la ciencia, la memoria. Su especialización procede del período helenístico tardío: Clío (epopeya), Urania (astronomía), Calíope (canto heroico, elegía), Melpomene (tragedia), Euterpe (canto con la flauta), Erato (himnos, canto amatorio, danza), Terpsícore (lírica coral), Talía (comedia), Polihimnia (pantomima, danza). En cuanto a la fuente Castalia, donde habitan las Musas, se encuentra en Delfos. Cf. SIDONIO APOLINAR , Poema 16, 1.

143 A esta diosa, hija de Júpiter y Metis, se le atribuye el patronazgo de todo tipo de artes. Aquí se tiene en cuenta la agricultura, el don de la adivinación, la metalurgia, el arte de tejer, la música.

144 Cf. SIDONIO APOLINAR , Poema 16, 5.

145 Cf. SEDULIO , Poema pascual I 11.

146 Cf. VIRGILIO , Eneida IV 366.

147 Los cinco versos siguientes son una enumeración de símbolos que se aplican a Jesucristo en la Sagrada Escritura y que comentamos verso por verso.

148 Fons , de agua viva de la que brota el agua de la gracia para la vida eterna (Juan 4, 14); vía , que conduce a la salvación (Mateo 4, 14; Juan 14, 6); dextra , el poder, la mano derecha del Padre a través de la cual crea, conserva, gobierna y juzga (Éxodo 15, 6; Salmo 17, 36); lapis , fundamento del edificio de la Iglesia (Hechos de los Apóstoles 4, 11); vitulus , degollado en sacrificio para expiación de la culpa del hombre (Salmo 50, 21. 68, 32); leo , el león triunfante de la tribu de Judá, cuyo rugido hace temblar al universo (Proverbios 19, 12; Apocalipsis 5, 5); lucifer , que no conoce el ocaso e ilumina a todo hombre que viene a este mundo (II Pedro 1, 19); agnus , de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1, 29. 36) y que se deja esquilar sin proferir una queja (Isaías 53, 7).

149 Ianua , por la que se entra en el redil; spes , única de los cristianos porque su nombre es el único con el que se puede obtener la salvación; uirtus , la fuerza de Dios; uerbum , el Verbo eterno del Padre; sapientia , la sabiduría increada; uates , el sacerdote de las almas.

150 Hostia , viva y santa que se ofrece a Dios en olor de suavidad (5); uirgultum , brote que despuntará como tallo de la tierra yerma (5); pastor , que sacrifica su vida por las ovejas (5); mons , montaña en la que se agrupan los pueblos, sobre la que está edificada la ciudad santa de la Iglesia (5); rete , que recoge peces de todas clases y todos los pueblos del mundo (5); columba , que gime y pide perdón y paz.

151 Flamma , que abrasará a los impíos (5); gigans , que exulta al recorrer su camino (5); aquila , que invita a volar a sus polluelos (5); sponsus , dulcísimo de las almas que a Él se acogen (5); patientia , sobre todo en su Pasión y ante la indiferencia; uermis , un hombre con aspecto de gusano (Salmo 21, 7).

152 Filius excelsus , el Hijo excelso de Dios (4); dominus , el Señor (4); Deus , Dios (4); omnia , nuestro Todo (4); Christus , el Ungido.

153 Moisés.

154 Cf. SIDONIO APOLINAR , Poema 16, 67-68.

155 Italia.

156 Al pie de la letra dice el poeta «disfrute del seno de una sede».

157 Cf. VIRGILIO , Eneida III 60.

158 Aquí se trata de la región montañosa en el Tauro, cuna del tigre: SIDONIO APOLINAR Poema 2, 445.

159 El poeta escribe lo contrario «mortales», en el sentido de que el ataque a esos órganos causa la muerte.

160 Cf. VIRGILIO , Eneida I 296.

161 Es decir, para la tierra. En esta complicada frase, Ennodio parece exponer las ventajas de la belleza física, cuando se da en personas virtuosas; almas así difunden el bien en este mundo, a la vez que se apartan de él. En este sentido, no es desacertada la conjetura del aparato crítico de MGH, que corrige el primer vel por ut e interpreta el segundo como alternativa entre decus y munera. Según ella, cabría traducir así: «Así, cuando ocurre que las ventajas de la belleza física se unen a almas santas, entonces los hombres se afanan en el esfuerzo, y la fuerza del alma difunde por la tierra dignidad y bienes y vive para su provecho a la vez que muere a ella (la tierra)».

162 Cf. VIRGILIO , Eneida IV 189.

163 Esta frase presenta dificultades; en primer lugar, en el texto, porque mientras MGH edita saeclis , de acuerdo con el manuscrito de Bruselas, CSEL conjetura saecli. A esto se une la imprecisión del sentido, tanto de sacerdotum —podrían ser los obispos— como de curia , que podría ser el senado. La traducción que presentamos reproduce el texto de MGH. La del que lee CSEL sería: «El concilio de los obispos y la respetable asamblea pública».

164 VIRGILIO , Geórgicas III 187. Eneida VI 428.

165 VIRGILIO , Églogas IV 60.

166 VIRGILIO , Eneida VI 591.

167 Obispo de Pavía, maestro de Epifanio, de quien Ennodio habla por extenso en M 3.

168 Véase P 15, 25.

169 Se refiere a Orfeo, mítico bardo, hijo de Apolo y Calíope, esposo de Eurídice, nacido en Ísmaro, en la Tracia. Este pasaje es un lugar común de la literatura latina clásica —HORACIO , Odas I 12, 7-12; OVIDIO , Metamorfosis XI 1-2 y tardía. Esta expresión está inspirada directamente en SIDONIO APOLINAR , Poemas 2, 70-73. 319.

170 Alude a la escena en que Elías es arrebatado en un carro de fuego y deja su capa a su discípulo Eliseo: cfr. II Reyes 2, 1-14.

171 Este verso está tomado casi en su integridad de VIRGILIO , Eneida V 80.

172 Su antecesor en la sede episcopal de Pavía, que aparece en M 3, 7. 19. 27. 34.

173 En estos versos alude Ennodio a la labor de mediador desempeñada por Epifanio a lo largo de su pontificado. Cf. M 3, 51-75. 79. 111-119. 147-174.

174 La expresión está tomada de VIRGILIO , Geórgicas II 6. Ese mismo libro desarrolla esta idea en otros pasajes, por ejemplo, 177-94; 259-72; 346-419.

175 VIRGILIO , De rosis 11

176 Esta enumeración está inspirada en dos pasajes de Virgilio —Églogas 2, 45-50 y Geórgicas IV 181-83. Véase también SIDONIO APOLINAR, Poemas 2, 413-416; 24, 60-62.

177 Lucas XII 37.

178 SIDONIO APOLINAR , Poemas 2, 410.

179 Ibidem 2, 542.

180 En estos siete últimos y complicados hexámetros parece que Ennodio pide al destinatario que acoja benignamente su modesto poema; expresa sus deseos de que Epifanio viva muchos años más, hasta cien, al frente de la diócesis; y por último, se excusa por las deficiencias de estilo de una obra que ha compuesto, aunque inepto, sometido a las estrictas reglas de la métrica.

181 Todos estos himnos más los epigramas nn. 134-136 no se encuentran más que en el manuscrito de Bruselas, que encabeza cada uno de ellos con la titulación: «Himno —vespertino, de tristeza, de san Cipriano, etc.— compuesto por san Ennodio». Delante de este primero, una mano más reciente ha añadido: «Algunos himnos de Ennodio. En nombre de Cristo, himno del magnífico Ennodio». Asimismo todos acaban con la anotación: «Acaba. Felizmente».

182 En este himno Ennodio se hace eco del ambrosiano Deus creator omnium , con algunas peculiaridades, relacionadas con su tendencia a la antítesis retórica. Véase al respecto DI RIENZO , «LʼHymnus vespertinus di Ennodio ...».

183 Cf. Juan XIV 6. Véase también el himno de AMBROSIO , In Epiphaniis Domini 3.

184 Cf. SEDULIO , Poema pascual I 193. Ennodio utiliza el término extractor , que parece ser un neologismo.

185 Cf. Jonás II 1-11. Véase también, SEDULIO , Poema pascual I 192-196. SIDONIO APOLINAR , Poemas XVI 25-30.

186 En estos cuatro versos se encierran tres fuertes paradojas: el profeta es arrojado a tierra, a salvo, a pesar de haber sido expuesto a las olas; conoció el sepulcro, estando vivo y habitó dentro de un ser vivo, la ballena, convertida en urna funeraria para él.

187 Tascio Cecilio Cipriano procedía de una adinerada familia aristocrática. Recibió una formación exquisita, era un orador brillante y un abogado de éxito. El obispo Ceciliano se hizo amigo suyo y lo acercó a la fe. Se bautizó en la Pascua de 246 y acto seguido renunció a su hacienda. Poco después se hizo sacerdote y dos años más tarde fue elegido obispo por la población cristiana de Cartago, a la sazón capital del norte de África, contra su voluntad y a pesar de su oposición. Desde el principio gozó de una posición preeminente entre los obispos africanos. Casi al mismo tiempo, en 250, comenzaron las duras persecuciones de tiempos de Decio. Cipriano tuvo que abandonar la ciudad y dirigió su diócesis por medio de epístolas enviadas desde su escondite. En corto tiempo muchos cristianos abjuraron de su fe. Cuando en 251 cesó la persecución, se planteó la Iglesia el problema de cómo tratar a esas personas. Cipriano fue partidario, junto con el papa Cornelio, de la comprensión, aunque a él se debe la famosa frase extra Ecclesiam nulla salus (ninguna salvación fuera de la Iglesia). Cuando, bajo el emperador Valerio, se encendió de nuevo la persecución, Cipriano fue desterrado en 257 a Curubis, en el actual Túnez, o a Libia; más tarde fue llevado de nuevo a Cartago para ser allí condenado y decapitado el 14 de septiembre de 258. Es uno de los veinticuatro santos citados en el actual Canon romano de la Misa y se le cuenta entre los escritores cristianos más significativos. El calendario romano conmemora su martirio el 16 de septiembre.

188 Cfr. el himno de AMBROSIO , Ad horam tertiam 5.

189 Frente a esta lectura —vitale bustum — de CSEL y MGH, la edición de J. SIRMOND prefiere uitalis ictum , que habría que traducir: «un martirio que da la vida le llevó al sepulcro».

190 En este verso hay también diversas conjeturas para la palabra promptulo , que adoptan CSEL y MGH, mientras A. SCHOTT conjetura prouido , como calificativo de sermone.

191 A partir de este momento Ennodio describe el martirio, con muchos detalles que nos son conocidos a través del relato de las actas proconsulares (CSEL 3, 112-114), que se leen en el oficio de su fiesta.

192 Estas ideas sobre el poder de persuasión de la oratoria aparecen de continuo en la obra ennodiana: M 6, 17 v. 6.

193 Aquí también difieren las lecturas. Mientras CSEL acepta la conjetura de J. SIRMOND , numina , «dioses», MGH escribe munia .

194 Me parece preferible la lectura de CSEL schemate , en vez de schemata que conjetura MGH, quizás por buscar la rima con munia del verso 21.

195 El nombre de Galerio Máximo nos ha llegado a través de las Actas proconsulares citadas más arriba. Por ellas se sabe que Cipriano dio muestras de una entereza heroica ante el martirio: mandó que al verdugo se le dieran veinticinco talentos de oro y se vendó a sí mismo los ojos.

196 Con este políptoton describe Ennodio el fenómeno de las lenguas de fuego que descendieron sobre los Apóstoles el día de Pentecostés y produjeron el milagro del don de lenguas.

197 Con esta expresión el poeta acentúa el contraste entre el Antiguo, nubilum , y el Nuevo Testamento, pero también entre el desánimo de los Apóstoles tras la muerte de Cristo y la venida del Espíritu Santo.

198 Canopo era una ciudad en el bajo Egipto, en la desembocadura del Nilo, fundada por Esparta en honor de quien había sido timonel de la nave Argos, y que según la leyenda de los Argonautas, conducidos por Menelao, había encontrado la muerte en esa región.

199 La diferencia entre MGH y CSEL —Quid!//Quot — en este pasaje, como advertimos en la Introducción, es mínima. La variante habría que traducirla: «En qué medida la redención divina...».

200 Se habla habitualmente de siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, prudencia y temor de Dios.

201 A través de los Hechos de los Apóstoles conocemos muchos detalles de la función y el martirio de Esteban en los primeros pasos de la comunidad cristiana de Jerusalén. Era el primero de los siete diáconos que los Apóstoles ordenaron por la imposición de sus manos para que les ayudaran en la predicación y en los servicios sociales (Hechos VI 1-7). Sobresalió desde el principio como hombre elocuente, lleno de sabiduría, gracia y capacidad de hacer milagros. Por todo ello fue presentado ante el sanedrín (Hechos VI 8-15), que no le dejó acabar su discurso de defensa ante las acusaciones que se habían presentado contra él. Su rostro resplandeció ante los jueces, que se taparon los oídos, y decretaron su muerte por lapidación ante las puertas de la ciudad (Hechos VII 54-60), donde murió perdonando a sus verdugos, en presencia del futuro san Pablo, que aprobó su martirio, entre los años 36-40. Su fiesta se celebra el 26 de diciembre.

202 CSEL edita aquí fit. De acuerdo con esa lectura, la traducción sería: «Esta breve loa se hace larga, si así son evocados los grandes».

203 Esta idea es frecuente en las Pasiones: el mártir trata de evitar que el perseguidor pueda tener algún mérito en la consecución de la gloria.

204 Hechos de los Apóstoles VII 55-56.

205 Ibidem VII 60. Seguimos la lectura de los manuscritos y la versión de MGH. En este pasaje CSEL conjetura eat y una puntuación distinta, que habría que entender así: «rogaba con toda su fe que la ira del cielo no fuera a perder a quienes, inconscientes, le hacían mal: que la crueldad quede sin castigo. El furor de la plebe ensalzaba al reo, el martirio avanzaba...».

206 Hijo del prefecto romano para la Galia y de madre cristiana, su nacimiento, posiblemente en Tréveris hacia el 339, está ya rodeado de leyendas. Sobre su cuna volaban abejas que depositaban sobre sus labios, sin herirlos, la miel que destilarían años más tarde sus escritos, sobre todo sus himnos salmódicos. A la muerte del padre se trasladó la familia a Roma, donde Ambrosio recibió una educación completa e hizo una rápida carrera política hasta el punto que fue enviado en 373 por el emperador Maximiliano a Milán como prefecto de la Italia septentrional. Amado por el pueblo, fue elegido obispo de esa ciudad en 374, a pesar de que aún era sólo catecúmeno. Una vez bautizado, el 7 de diciembre recibió la consagración episcopal. Tras estudiar la teología católica, aprendió pronto a ser obispo y su actividad pastoral, apoyada en la oración, fue muy fecunda, como lo prueba el hecho de que ha dado su nombre a la sede y a la liturgia de la Iglesia milanesa. Resalta en su ministerio la preocupación por los pobres, su lucha en defensa de los derechos de la Iglesia, y la predicación. Fue un gran compositor de himnos, como queda apuntado ya en la Introducción a este volumen. Murió el Viernes Santo del 397. Su fiesta se celebra el 7 de diciembre, día de su ordenación episcopal.

207 Su nombre deriva del alimento de los dioses y significa inmortal.

208 MGH adopta la lectura de los mansucritos. CSEL, sin embargo, conjetura regit , es decir: «nada carnal le domina», que responde mejor a lo que viene a continuación.

209 Su antecesor en la sede episcopal, Auxencio, había sido arriano, o al menos simpatizaba con esa herejía, que negaba la divinidad de Cristo.

210 En los versos 18-19 difieren fuertemente MGH y CSEL. Mientras la primera edición los separa por un punto —podría tratarse de un simple error de impresión— y sigue al manuscrito de Bruselas leyendo huius , la segunda adopta razonablemnte la conjetura de J. SIRMOND y A. SCHOTT nudus y entiende: «Quien combate las batallas de Cristo es temido por las espadas, a pesar de que esté desarmado».

211 Madre del joven emperador Valentiniano, conocida por sus simpatías hacia los arrianos y a la que tuvo que enfrentarse valientemente Ambrosio.

212 Signo del poder y la presencia de Dios en las primeras teofanías del Antiguo Testamento: cfr. Éxodo , 13, 22. 14, 20. 24, 16. 33, 9. 40, 32.

213 En esta primera estrofa el poeta hace alarde de sinónimos para hablar de la muerte: funus, letum, mors. A esos sustantivos añadirá a lo largo del himno otros: exitus, sors.

214 El sintagma sors pallida para designar la muerte aparece con frecuencia en la poesía ennodiana: II 5, 1. 85, 3.

215 De acuerdo con la lectura pertulit , que conjetura MGH, puntuando de forma que se refiere a lo que sigue y lleva consigo que la serpiente sea Cristo, quien ha desterrado, ha rechazado el veneno. CSEL, por su parte, conjetura propulit y lo pone en relación con lo anterior, es decir, con el demonio que inocula su veneno. A todo esto, el manuscrito de Bruselas escribe protulit , que quizás sea la lectura correcta, en la línea de CSEL.

216 Estas ideas reproducen la doctrina de buena parte de las epístolas de san Pablo, por ejemplo: I Corintios 15, 54; Hebreos 2, 14-15.

217 Cf. Salmos 23 (24), 7. 9.

218 La leyenda rodea la figura de santa Eufemia. Hija de un senador romano, se presentó ante el juez Prisco en Calcedonia y confesó en público su fe, para fortalecer a los cristianos que eran perseguidos en esa ciudad durante el imperio de Diocleciano. Prisco hizo decapitar en su presencia a todos los acusados, pero ella en vez de amedrentarse le echó en cara su injusticia. Apresada y torturada, comenzó una serie ininterrumpida de hechos prodigiosos: todo aquel que quería dañarla recibía un castigo inmediato, mientras ella misma permanecía a salvo.

Finalmente fue ejecutada con la espada y sepultada en Calcedonia, donde gracias a sus méritos se convirtieron todos los judíos y paganos, hacia el año 280. En esa ciudad y en su honor se construyó en el s. IV una gran basílica, en la que se celebró en 451 el IV concilio ecuménico. Su fiesta se celebra, junto con la de san Cipriano, el 16 de septiembre.

219 Cfr. el Himno en honor de santa Inés de san Ambrosio.

220 Cf. VIRGILIO , Eneida I 26.

221 Ennodio alude a varios tormentos a los que fue sometida la mártir, según la leyenda: fue azotada y encarcelada; Prisco mismo quiso forzarla y su mano quedó seca; el carcelero hizo intentos de convencerla e intentó matarla con un hacha, pero él mismo se volvió loco y se suicidó. Atada a una rueda de hierro, que debería calentarse al rojo vivo, ésta saltó por los aires y descuartizó al que la había fabricado.

222 Arrojada a un horno ardiendo, un ángel la salvó situándola en un lugar seguro y elevado. Cuando quisieron bajarla, los ángeles la protegían y uno de los verdugos quedó paralítico y otro se volvió loco.

223 Aunque se encuentra a veces personificado e identificado con Plutón, hermano de Júpiter, esta palabra se utiliza de ordinario, por ejemplo aquí, como sinónimo de mundo subterráneo, reino de los muertos.

224 Entre las pruebas por las que se cuenta tuvo que pasar, Prisco ordenó que los jóvenes licenciosos de la ciudad la tentaran en la cárcel, pero cuando su escribano se presentó allí para controlar lo que había pasado, se encontró con tantas vírgenes deslumbrantes alrededor de Eufemia que él mismo se convirtió.

225 Según la tradición, Nazario y su discípulo Celso fueron predicadores en Italia, Galia y Tréveris. Durante la persecución de Diocleciano fue encarcelado y allí alentó a los mártires Gervasio y Protasio. Arrojado al mar, salió a flote incólume. A ruegos de sus padres huyó a Milán, pero también allí fue encarcelado y decapitado en el año 304. Ambrosio, tras una aparición del santo según este himno, descubrió su cadáver en 395 ante las murallas de la ciudad y lo depositó en la basílica de los Apóstoles, que a partir de ese momento llevó su nombre. Su fiesta se celebra el 28 de julio.

226 Se refiere sin duda a la caída de los primeros padres en el jardín del Edén, que fue el origen de la Redención, pero en plural son también los pecados del género humano.

227 Esta frase, así como la noticia de algunos manuscritos medievales, según los cuales fue bautizado por el papa Lino, el sucesor de Pedro en la sede romana, ha llevado a algunos —por ejemplo, la Catholic Encyclopedie —, a concluir que Nazario fue martirizado en tiempos de Nerón. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que para Ennodio Nerón es el prototipo de los perseguidores. Véase también P II 51,2.

228 Al pie de la letra, Ennodio dice: «rechazó la ruina de su cuerpo».

229 En efecto, narra PAULINO , en su biografia de san Ambrosio (XXXII-XXXIII), que su cuerpo y el de Celso fueron descubiertos por el obispo milanés en los últimos años de su vida en un jardín, fuera de los muros de la ciudad, y trasladado a la basílica de los Santos Apóstoles.

230 La idea desarrollada en este himno se encuentra también en P I 7, 25-26 y en M 9 y 10. Tiene su antecedente en SEDULIO , Poema pascual II 67 —gaudia matris habens cum uirginitatis honore («Experimenta el gozo de maternidad, junto con el honor de la virginidad»)— y en el himno del mismo A solis ortus cardine («Desde la línea de salida del sol»).

231 Esta contraposición —Fit porta... pervia... et permanet clausa — domina la primera estrofa del himno que actualmente se canta o recita en la Hora de Laudes el 1 de enero en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

232 Traducimos el texto de MGH. CSEL puntúa de modo diferente: pone la interrogación después de ordinem : «que las palabras sean como un milagro: ¿para qué, mente, vas a buscar un orden? La naturaleza lo perdió por completo».

233 A través del anuncio del arcángel.

234 Cfr. el himno de Navidad de san Ambrosio.

235 Lo que profirió la boca podrían ser las palabras de Gabriel, la respuesta de María, pero sobre todo el Verbo mismo.

236 Entre madre e hijo. En la edición de J. SIRMOND , el himno mariano acaba aquí. CSEL y MGH añaden tres versos, tomados del manuscrito de Bruselas.

237 Estos tres últimos versos faltan inicialmente en el manuscrito de Bruselas, de ahí que tampoco aparezcan en las ediciones de A. SCHOTT y J. SIRMOND . Un amanuense posterior los añadió, aunque de la primera parte del v. 30 sólo es segura una q inicial. Mientras MGH deja la laguna, G. HARTEL en CSEL conjetura quae laude , que recogemos en la traducción.

238 Martín es uno de los santos más famosos del mundo antiguo. Basta recordar el soberbio cuadro del Greco, que se halla en la National Gallery de Washington, o los templos y basílicas edificadas en su honor por toda Europa. Hijo de un tribuno romano-pagano, fue educado en el cristianismo en Pavía, la ciudad natal de su padre. A los quince años entró en el servicio militar en la Galia. Con dieciocho recibió el bautismo a manos de Hilario, futuro obispo de Poitiers, y dos años después, no sin antes haber protagonizado, según la leyenda, la célebre escena del encuentro con el pobre a quien regaló la mitad de su capa, abandonó la milicia.

Acudió a Hilario, entonces paladín de la fe ortodoxa, y partió hacia la Panonia para misionar. Allí se vio envuelto en las disputas con los arrianos. fue expulsado y, entre milagros y aventuras, pasando por Milán donde se encontró con el obispo Ambrosio, se retiró a la isla Galinaria, en el golfo de Génova, donde llevó durante algún tiempo una vida de ermitaño. En 360, Hilario, a su vuelta del destierro, le llamó a Poitiers, donde Martín fundó el primer monasterio de la Galia.

En 371/372 fue nombrado obispo de Tours a instancias del pueblo y contra su voluntad, así como con las reservas del clero. A la vez que ejercía las funciones de su cargo, su vida llena de ascetismo transcurrió primero en una celda de la catedral y luego en el monasterio de Marmoutier, fundado por él, donde habitaba junto con ochenta monjes, entre ellos miembros de la nobleza gala.

Realizó múltiples viajes de misión por los territorios de su diócesis, fundando parroquias según el modelo monástico, entre la adversidad del clero ante su ascetismo. Su vida está llena de leyendas, que resaltan precisamente esta austeridad junto con su humildad, así como los milagros que realizaba y que se multiplicaron a su muerte.

Ésta acaeció durante uno de esos viajes, el 8 de noviembre de 399; a su entierro, el 11 de noviembre —día en que se celebra su fiesta— acudió una multitud, que desde entonces no dejó de visitar su tumba, de modo que allí tuvo que construirse una capilla, desde donde su devoción se difundió pronto a todo el mundo católico.

239 He aquí un lugar común de la literatura panegírica, que Ennodio utiliza repetidas veces en su obra: D I 11.

240 Se refiere a la leyenda según la cual la misma noche en que partió su capa con el pobre se le apareció Cristo vestido con ella.

241 En vez de ostrum , otras copias del manuscrito de Bruselas transmiten astrum , es decir, el cielo.

242 Se sabe muy poco de este Dionisio, obispo de Milán hacia 350. Por su oposición a la herejía arriana fue pronto depuesto por el emperador Constancio II (337-361) y desterrado a Armenia, donde murió poco después de 355. Uno de sus sucesores en la sede milanesa, Ambrosio, recuperó sus restos en el 375/376 y erigió una basílica en su honor. Se conmemora su fiesta el 25 de mayo.

243 Véase esta expresión, también típica de la lengua panegírica, en M 1, 5.

244 CSEL conjetura dat , en vez del dic de los manuscritos: «Éste es el fruto de la santa profesión de fe».

245 No está de más recordar que, en los primeros siglos, el concepto de santidad en la Iglesia se había limitado a los mártires y sólo a partir del siglo IV se amplió.

LIBRO II

II 1 (46). EPITAFIO A UN HOMBRE BUENO 1

Resumen. Comienza jugando con el nombre, para resaltar el duro contraste entre la grandeza moral del difunto y la pequeñez de su sepultura (1-4). La muerte no conoce ni respeta límites de edad. Se comportó como un hombre maduro, a pesar de su juventud. La muerte de Bueno fue muy llorada (5-8). A la vez que lamenta su desaparición, pondera el hecho de que gracias a Dios no ha conocido el pecado (9-10) Interpela al lector joven que teme las dificultades de esa edad adulta y le presenta el ejemplo de Bueno, quien muestra a los creyentes el camino recto. Un destino funesto le ha arrebatado con veinte años (11-16).

Traducción

Habla, ¡oh dolor!, quien era bueno de carácter, ilustre por su honradez, y hasta respondía a su nombre 2 , ¡yace así en un angosto sepulcro!

¡La esperanza de una casa grande está recluida en una modesta tumba, grandes aspiraciones, encerradas en unas insignificantes briznas de hierba!

[5] ¿Qué cuenta el respeto a los niños, qué ventaja suponen las puertas de la vida? 3 La muerte acude en un orden inesperado 4 .

¿De qué le sirve a éste haber adelantado a los ancianos, ya en sus años de infancia 5 ? Recogió muchos llantos en sus funerales.

[9] Ha muerto 6 , ¡ay! el joven que ha cubierto los pecados de su vida, en la edad de las culpas, gracias al Dios que da la vida 7 .

Mira 8 , tú que temes quizás los años de la primera edad: la juventud no ha impedido a un niño la victoria.

Dejando su ejemplo al mundo, raptado a las estrellas, ¡qué bien muestra el camino recto a los fieles!

Veinte inviernos y otros tantos veranos 9 ha sobrevivido [15] éste, a quien un destino adverso ha arrebatado de repente a nuestros ojos.

II 2 (50). EPITAFIO DE ABUNDANCIO, VARÓN ILUSTRE

Resumen. Todo aquel que hace el bien sobrevive a la muerte porque ésta es superada por las cualidades del difunto (1-4). El hombre bueno no sufre los inconvenientes del sepulcro (5). Las Parcas hilan destinos diversos para la plebe y para los nobles (6-8). Compara los tiempos paganos con la era cristiana (9-10).

Traducción

Jamás perece con la muerte quien sobrevive a la ceniza por sus méritos; la tumba no retiene a un alma sublime.

El linaje, el honor, el carácter, la honradez, la constancia, la riqueza, con sus múltiples dones, hacen desaparecer la muerte.

Por lo general 10 , un hombre bueno no siente los daños del [5] sepulcro.

Las Parcas devanan los hilos que habían entregado a los míseros mortales. Penden las hebras que mantienen en vida a la plebe, los trenzados resistentes atañen a las almas nobles 11 .

[9] Costumbres dignas de veneración 12 renovaban los siglos antiguos y éste ha traído corazones puros, en vez del templo pagano.

II 3 (70). DE LOS EPIGRAMAS COMPUESTOS PARA LA BIBLIOTECA DE MI AMIGO FAUSTO 13

Resumen. Ennodio describe la biblioteca de Fausto, que es un reflejo de la obra literaria de éste: todo lo que ha escrito está inspirado en los libros de su biblioteca (1-4). Los libros ayudan a mantener viva la tradición, que de otro modo sería olvidada (5-6). Le ruega que lea con simpatía estos versos; si así lo hace, en lo sucesivo Ennodio será testigo de que Fausto tiene razón, al no ocuparse de cosas sin importancia (7-8). A continuación pasa revista a los libros cuya lectura refleja Fausto en sus poemas: los poetas (9), los escritores de retórica, entre ellos san Pablo (10-11), autores griegos y romanos (13-14), moralistas, físicos (15), historiadores (16). autores de comedias y tragedias (17). Todas esas lecturas se reflejan en su obra, que por eso merece sólo alabanzas, si bien todo eso es ya conocido (18-20).

Traducción

Has producido poemas en consonancia con diferentes libros; acoja la literatura, gozosa, lo que ella te ha concedido.

No conozco, Fausto, a nadie que sea capaz de no alabar tanto pundonor, puesto que devuelves todo lo que las lecturas te han proporcionado.

La mente desconocedora de lo que es recto 14 , pierde siempre [5] lo que se le ha entregado en depósito; documentos de este tipo nos devuelven a las buenas costumbres 15 . Si, a pesar de todo, aceptas propicio mis palabras, daré testimonio de que uno como tú, que se ocupa en cosas importantes, con razón rechaza las pequeñas.

Sean alabados los poetas, a quienes tu pintas con bien torneado [9] poema; resuene la voz viril, de acuerdo con el esquema propio de la retórica, como cuando Pablo anunció a Cristo, Dios y hombre a la vez 16 .

Goce de elocuencia lo que está por encima de todo: enriquézcanse [12] los dogmas del Ática con los tesoros griegos y asómbrese la docta Grecia ante nuestra elegancia.

Sea expuesta la moral con sus leyes, la física con sus certezas; [15] que la historia nos enseñe, mostrándola, la historia; sean contados los sucesos cómicos con medida correcta, los importantes con aplauso 17 ; expresiones brillantes van de acuerdo con tu obra.

[19] Ningún otro es capaz de todo esto; pero, si digo bien algo conocido de todos: siempre será un placer que Fausto exprese cosas sublimes 18 .

II 4 (469) 19

Resumen. Interpreta el regalo del obispo como un buen augurio.

Traducción

VERSOS 20

El reverendísimo obispo te regala un elegante carro. Abre el camino para grandes empresas, te presagia buenos augurios.

II 5 (462) 21 .EPITAFIO DE RÚSTICA 22

Resumen. La muerte le ha dado acceso al cielo. Fue una mujer honesta, porque al quedar viuda, se dedicó a educar a su hijo.

Traducción

¡Oh Rústica!, el pálido destino no te ha privado de la vida eterna, ni el fin de esta vida te ha condenado a la desaparición. Purificada, sin la carne, te mueves por las esferas celestes.

De ese modo la sepultura ennoblece la vida de una mujer [5] casta; porque, ¡cosa admirable!, cuando el paso del tiempo te situó en la viudez, el amor a tu marido se dirigió venturosamente a vuestro hijo.

II 6 (465) 23 . EPITAFIO DE MELISA 24

Resumen. No la desintegración del cuerpo, sino el pecado es lo que mata. El alma de una virgen como Melisa resucita la carne. Su muerte no es motivo de duelo, sino paso de esta vida a la eterna.

Traducción

Todo aquel que muere, porque es vencido el cuerpo, sobrevive; sólo los pecados dictan la ley de la muerte al hombre. Para tí, ¡oh virgen!, nada perece: un alma pura, que nunca vivió al servicio del mundo, reintegra a la carne.

[5] Cesen llantos, funerales, duelos que son tributos al pecado: resulta agradable este tránsito de la vida a la Vida.

II 7 (470) 25 . VERSOS 26

Traducción

¡Oh vencedor de la muerte, paladín de la vida, árbol de salvación! Míranos, pues he aquí que la serpiente pone en fuga los peligros y aquello que otrora fue para los miserables fuente de suplicio y símbolo de muerte, es para mí salvación segura 27 .

II 8 (96) 28 . VERSOS COMPUESTOS E INSCRITOS EN LA BASÍLICA DE SAN SIXTO, QUE CONSTRUYÓ EL OBISPO LORENZO 29

Resumen. Se ensalzan las dotes de Lorenzo, el obispo de Milán, superior de Ennodio, que ha reconstruido esta basílica, antes deteriorada (1-4). Pero lo que da más valor al edificio son las reliquias de san Sixto (5-8).

Traducción

Un obispo de poderoso ingenio, probidad, modestia adornó este don con sus méritos y, uniendo al valor del edificio el resplandor de sus costumbres, erigió este templo, en decadencia —la fama no lo difunde— por sinuosos caminos 30 .

[5] Mas, vigorizado por el transcurso del tiempo, permanece vivo el orden establecido por un acto antiguo, una ley que ojalá acepte propicio Sixto, como ofrenda de Lorenzo.

Así perdura el menester que antaño desempeñaron los santos. El uno ofreció el templo; el otro, viniendo a él, lo hizo sagrado.

II 9 (97). VERSOS COMPUESTOS EN OTRO LUGAR, EN LA BASÍLICA DE LOS SANTOS 31 , PORQUE HABÍAN ARDIDO LOS EDIFICIOS QUE ANTES ESTABAN ALLÍ Y POR ESO FUE HECHA DE NUEVO

Resumen. El fuego que destruyó estos edificios fue una suerte porque ha hecho posible que se reconstruyan con más esplendor y sean devueltos al culto (1-4). La virtud del obispo Lorenzo ha hecho posible esta obra meritoria: ha superado el deterioro del paso del tiempo y las consecuencias del incendio (5-10). Acaba con una oración para que Dios, quien ha profetizado la purificación de todo lo creado por el fuego, instruya y fortalezca a las almas en el bien (11-13).

Traducción

Los modestos edificios de antes cayeron víctimas de un fuego venturoso, si el esplendor actual procede del desastre, si las torres que van a cobijar a Dios surgen de las llamas, si lo perdido renace de un fuego que ha sido inocuo, si lo que se ha invertido da origen al culto.

¿Quién será capaz de reconstruir lo que ha ardido, cuando [5] aún crepitan las ruinas 32 ?

¡Oh Lorenzo!, domina los incendios, haciendo la guerra a tu manera. La humedad de la tierra los habría hecho desaparecer con su acción demoledora, si aquellos antros hubieran mantenido el aspecto de su primitivo estado.

Pero, después de que los cielos enviaron las llamas bienhechoras, [9] las cenizas nos han traído esta basílica para que disfrutemos de su luminosidad.

¡Oh. Padre!, que has profetizado que todo será purificado por el fuego 33 , vuelve hacia aquí tus ojos misericordiosos e instruye con nuestro ejemplo a quienes deben ser enseñados, a fin de que, sólo con palabras, no yerre la mente, ignorante de lo que es justo 34 .

II 10 (99) 35 .VERSOS ESCRITOS EN LA CATEDRAL DE MILÁN 36

Resumen. Una casa puede ser famosa por su belleza decorativa o por los méritos de su dueño (1-2). Lo primero se consigue siempre que el artificio —ars — no desfigure la naturaleza: natura. Describe unos mosaicos de la catedral, ponderando el realismo de esa obra de arte, concretamente la hierba (3-4). Ayuda a captar y admirar la realidad que hay detrás (5-8). Pero lo más importante es lo segundo: toda la belleza del edificio vale menos que las virtudes del hombre (9-10). El dístico final contiene una exhortación a perseverar en el esfuerzo por progresar en ellas (11-12).

Traducción

Dos son las cosas que prestan carácter a un templo a través de los tiempos: brillar por su riqueza decorativa o por las virtudes del dueño.

Que las verdes piedrecillas que simulan verde pasto atraigan los ojos, que la obra de arte reclame la atención con un noble [5] engaño 37 , pero que la naturaleza prevalezca sobre esas figuras artísticas, mientras representa en imágenes la realidad profunda de la piedra; que ella (la naturaleza) sea la que con maestría infunda el color con un rubor rosáceo 38 , y pinte con rasgos precisos los miembros en sus justas proporciones; el oro, el techo, el [9] marfil, las vigas policromadas, el artesonado, las piedras preciosas, es imposible que brillen más que las virtudes del hombre.

En cuanto al valor de un edificio, quizás se bromea sin sopesarlo. [11] Créeme, afianzarse en las buenas costumbres será fruto de tu esfuerzo 39 .

II 11 (100). EN LA BASÍLICA DE LOS APÓSTOLES DE NOVARA 40

Resumen. Todo el epigrama se basa en el contraste entre la antigua dedicación a los dioses paganos y la actual consagración al Dios verdadero. Los dioses han sido expulsados, este templo tiene ahora a Dios (1-4). Interpela a los dioses para que lo abandonen (5). Ensalza a los dos obispos de Novara, Víctor y Honorato, que han llevado a cabo la obra y con cuyos nombres juega, en el sentido de que el primero ha vencido a los dioses y el segundo ha honrado a Dios (6-8), y concluye con una reflexión moral (9-10).

Traducción

He aquí que resplandece un templo, que antes era en el mismo lugar un baldón 41 y al que una luz nueva ha hecho renovar su viejo aspecto.

¿Quién ha dado por perdido por sus cultos al anterior santuario, que, una vez expulsados los dioses, ahora posee al verdadero Dios?

[5] ¡Oh dioses!, para quienes otrora este espacio estuvo abierto, abandonad los asientos, ahora ocupados. Lo que ha hecho Víctor 42 , lo ocupa por completo el Vencedor.

Su sucesor dio esplendor al culto con el mérito de sus obras: tú, Honorato, que por ello llevas el nombre que mereces por tu conducta 43 .

[9] A uno que arrastra un corazón turbio por el veneno de la serpiente, no le es permitido realizar espléndidos templos para Dios.

II 12 (101) 44

Resumen. Comienza con una interpelación al lector para que sea consciente de que la catedral, en su modesta apariencia, supera a los palacios porque se ha abastecido de un gran río, Lorenzo, que la ha dotado de su propio esplendor (1-4). A pesar de los ruinosos tiempos, el edificio se alza espléndido y gracias a su patrón no conocerá la decadencia (5-6). Una casa bien hecha no envejece, contribuye a dar gloria a quien la ha construido (7-8).

Traducción

Escucha 45 a partir del caudal, de qué abundante corriente se ha abastecido esta estrecha casa, puesto que supera a los palacios con sus modestos pórticos.

Ella, construida gracias al celo del gran pontífice, resplandece y posee la luz propia de Lorenzo.

En medio de la ruina del erario público, se levantan muros [5] esplendorosos de riqueza; no conoce ocaso lo que proviene del Señor.

Difícilmente alguna vez la decadencia que acompaña a la vejez destruirá lo que la gloria del fundador ha construido firmemente.

La fama, que nunca pasa en silencio a los grandes hombres, [9] mantiene, superando el paso del tiempo, el nombre que ella misma elevará hasta las estrellas 46 .

II 13 (102) 47

Resumen. Versos en honor de un obispo, cuyo nombre no se cita, pero que seguramente es Lorenzo, y cuya principal cualidad fue la expresividad de su mirada: con ella corregía o alentaba (1-5). Rezaba por los secretos de conciencia (6). Su madre lo destinó al servicio sagrado (7-8). Los siglos le veneran porque brilló por sus virtudes, más que por el oficio que desempeñó (9-10).

Traducción

Este varón fue siempre observador riguroso de la honestidad 48 , terrible con los culpables, piadoso para quienes suplicaban.

Nunca le doblegó el vicio, siempre la compasión; doquiera lo expresó, su modo de pensar se transparentaba en su cara.

[5] Con la mirada corrigió los pecados, alentó a los arrepentidos, confió a la oración lo que llegó a saber de secreto 49 .

Desde el vientre, su madre lo entregó a la corte celestial; sustrayéndolo a sus pechos, lo entregó a otros senos.

[9] Los siglos pasados se asombraron ante el venerable obispo: fue antes por su talante, lo que después hizo por su ministerio.

II 14 (103) 50

Resumen. La muerte de una persona que ha detentado largo tiempo un cargo no es de ordinario un buen augurio para su sucesor (1-2). El caso de Ambrosio es diferente: fue elegido por sorpresa, dadas sus cualidades (3-4), y su grandeza hace que aún hoy permanezca vivo su recuerdo (5-8). El cargo —y los edificios en que se desempeña— obligan a la santidad (9-10).

Traducción

¿Quién ha abandonado con buen auspicio una morada que ha poseído largo tiempo? ¿Qué casa abandonada por su dueño se ha hecho así más grande?

Al tomarla aquel que fue raptado del gobierno de los asuntos civiles, obtuvo, sin haberlo comprado, lo que se confiere por dotes espirituales 51 .

Ahora este lugar retiene lo que bebió con una sed acuciante 52 , [5] custodiando los bienes que una vez degustó en su paladar.

Desde entonces, a quien ha heredado como estable sucesor, esta casa le ha tributado, una vez entrado, una acogida propicia 53 .

[9] Aprended lo que vale un compañero para llevar una vida santa, cuando hasta los edificios sagrados hacen santos a los que en ellos habitan.

II 15 (104) 54

Resumen. Oración a Dios Padre expresando la esperanza de la salvación eterna para los habitantes de la casa (1-4). Pide resucitar a la vida, por la gracia (5-8), y acaba con una metáfora agrícola, que aparentemente nada tiene que ver con lo anterior, salvo que simboliza la profusión y eficacia de los dones divinos (9-10).

Traducción

Concede 55 , Padre omnipotente, te rogamos, que por siglos duraderos, se derrame una esperanza segura sobre nuestros huéspedes; que los cándidos hilos 56 no se ensucien por nuestros pecados y que no falte la palma que me ha sido preparada al llegar a la meta.

Resucite quien, alimentado en el seno de su propia madre, [5] llegue a gustar de la Vida a través de tus dones. Tú inundas mi corazón como con un delicioso sabor, Tú haces que mi lengua sea testigo de tu sangre.

Brindan su sombra, con frondosa magnificencia, los altos [9] arbustos que el labriego jamás podó con su hoz.

II 16 (105)

Resumen. Contiene una exaltación del don de la lengua y los estudios liberales (1-3). Los siguientes versos abundan en las ideas, ya conocidas, porque Ennodio las expone con profusión en sus declamaciones y epístolas: la nobleza de nacimiento debe ser cultivada, así como el oro debe ser extraído (4-8). Concluye con una invocación a la Musa (9-10).

Traducción

La elocuencia es un indicador cierto de la naturaleza de aquel que se afana por buscar la fuente de la perfección 57 .

Un hombre libre está siempre abierto a los estudios que lo hacen culto 58 ; la nobleza de nacimiento, no educada, yace oculta en las tinieblas.

La tierra habría conservado prisionero al metal en sus venas, [5] si no hubiera mediado el buscador que lo extrajo al exterior.

El pálido minero nos ha regalado el rubio oro 59 ; del mismo modo, el que cultiva una inteligencia, la convierte en algo propio.

[9] ¡Oh Talía! 60 , dirige hacia el puerto mi barquilla, que hasta ahora ha surcado el mar Jónico con débiles remos.

II 17 (112). SOBRE LA PUERTA DEL TRICLINIO EN LA CATEDRAL 61

Resumen. El marinero, el cazador, el soldado decoran sus casas con elementos que aluden a su profesión (1-5). Los clérigos llevan en la frente la señal de su oficio divino (6). Los dos últimos dísticos interpelan, el primero a la retórica para que haga fructífero su estudio a los servidores de Dios, y el segundo a los alumnos, que deben emprenderlo con veneración (7-10).

Traducción

El marinero cuelga de postes los dones del mar, exponiendo en sus propias puertas lo que ha rescatado a las aguas. El cazador expone ante su morada su arma arrojadiza 62 ; el casco decora el vestíbulo del guerrero.

De los dinteles se aprende profesión, valor, nombre, prosapia. [5] Nosotros damos fe de que somos de Dios por la señal en la frente 63 .

Tú, literatura, guía del camino recto, muestra nuestra cultura de modo que la casa del Señor no haga callar al ingenio del dueño.

Tú, que llevas en tu alma saciada el licor del Lacio, contempla [9] aquí las aguas serpenteantes del Helicón 64 .

II 18 (126). VERSOS A PROPÓSITO DE UNA BANDEJA QUE TIENE UN JOVEN ECUESTRE CON CORAZA AGARRANDO EN SU MANO UNA VICTORIA 65

Resumen. Describe una bandeja redonda, decorada con una escena guerrera: un caballo con un guerrero godo como jinete.

Traducción

He aquí que la diestra vencedora esgrime una divinidad alada; ha llegado y no tiene medios para emprender el camino de vuelta.

El corcel que lleva al guerrero se yergue sobre sus patas traseras y la figura terrible, exótica, es agradable de ver en la obra de arte 66 .

[5] Al contemplar esta representación, aprenda una generación ávida de fama el temple de la naturaleza en las regiones hiperbóreas 67 .

II 19 (127). VERSOS A PROPÓSITO DEL LEÓN DE MÁRMOL QUE CONDUCE AGUA A LA CATEDRAL

Resumen , Construido en base al contraste entre la ferocidad de la fiera —que presagia muerte— y el hecho de que, a través de sus fauces abiertas, fluyan las aguas que llegan hasta la catedral para ser utilizadas allí en el bautismo, fuente de vida.

Traducción

Contempla cómo el manso león, deponiendo su ferocidad 68 , vomita de su boca las aguas para el bien de las almas. La onda brota de las fauces, el diente mortífero mastica una bebida salvadora: revocando su naturaleza, la bestia nos alimenta.

[5] Mientras la garganta de la fiera deja correr las cristalinas ondas, los corazones culpables son lavados por las aguas de la salvación.

II 20 (128). VERSOS EN EL BAPTISTERIO DE UGELLO 69 , DONDE ESTÁN PINTADOS LOS MÁRTIRES, CUYAS RELIQUIAS ESTÁN ALLÍ DEPOSITADAS

Resumen. Alaba al que ha mandado construir el baptisterio, un padre, a quien el poeta considera un hermano, y exhorta al lector a guardar la gracia del bautismo (1-4). El pintor de los frescos ha dado vida a los cuerpos y así ha vencido a la muerte (5-6). Ese lugar guarda también las reliquias de los mártires representados en la pared (7-8).

Traducción

El fundador, Armenio 70 , que es digno de la gloria suprema, hizo surgir aquí una fuente de agua vivificante. Llenemos nuestras entrañas de estas linfas salutíferas. Esta onda trajo consigo que quien la bebe una sola vez no tenga más sed 71 .

El pintor, robándolos a la sepultura, dio vida a los cuerpos. [5] Que la muerte, al ver vivos a los muertos, se vaya a la tumba.

Este lugar, además, guarda los miembros de aquellos cuyo rostro mantiene vivo la pared y cuya fe vivificadora retiene el corazón.

II 21 (129). EPIGRAMA SOBRE SIETE ESCUDILLAS QUE TENÍAN GRABADAS FIERAS O UNA DIANA 72

Resumen. En este epigrama, que llama la atención por su virtuosismo —el hexámetro presenta el objeto, mientras el pentámetro interpela al dueño—, el poeta habla de una batería de cocina —un juego de siete copas o platos— decorados con temas alusivos a Diana, la diosa de la caza.

Traducción

Delia 73 , el ciervo, el jabalí, el tigre, el león, la ternera, el leopardo, te traen, ¡oh, hombre sabio!, los alimentos a la mesa.

II 22 (130). EPIGRAMA SOBRE EL RECIPIENTE QUE TENÍA SIETE APARTADOS 74

Resumen. Se resalta el hecho de que en este recipiente de plata se pueden servir diversos alimentos sin mezclarlos entre ellos.

Traducción

Conserva límites contiguos para diferentes alimentos, mientras contiene muchas viandas en espacios separados. ¡Qué hermoso de ver es el único vientre de plata, que divide lo que es un orden único con claras fronteras!

II 23 (131). VERSOS A PROPÓSITO DE UNO QUE COMETIÓ UN HURTO PARA RECONCILIAR A UN HIJO CON SU MADRE 75

Resumen. Los cinco primeros versos presentan la aporía del bien logrado por medios ilícitos. Los dos últimos revelan el engaño de tal planteamiento. Un mal no se cura con un crimen. Por tanto, se puede alabar a quien lo intenta (1-5), pero en realidad siembra una paz ficticia en un campo dominado por el odio (6-7).

Traducción

Me pregunto, ¿quién ha satisfecho alguna vez un mal con un crimen? Yo aplaudo ardides santos que dan buenos frutos, siempre que interrumpan crueles querellas con un beneficio logrado con pericia. Quien devuelve a un hijo al amor de su madre por medio de una culpa, es evidente que deposita semillas de paz en medio del odio.

Una paz fingida, con un orden pervertido, es en realidad un [6] conflicto armado, puesto que es un rostro engañoso el que presenta el apaciguamiento de la guerra.

II 24 (132). VERSOS SOBRE UNO QUE SE DECÍA ERA HIJO DE UNA PROSTITUTA Y UN BORRIQUERO 76

Resumen. Critica ferozmente a los padres de este personaje, un borriquero y una prostituta —un borrico y una loba—, que no pueden engendrar más que un monstruo (1-4). Ese engendro no alcanzará ninguna nobleza, salvo renunciando a esos parientes (5-8). Pero éstos ya le han reconocido como suyo por su conducta degenerada (9-13).

Traducción

¡Oh, dioses!, impedid las desgracias 77 que presagia una criatura horrorosa, que una loba, tras haber concebido, ha parido para un sórdido borrico. Aquel alimento del cónyuge colmó de prole las vísceras y la fiera, despreciando la ley, dio a luz una cría para su rebaño 78 .

[5] ¿Qué hará este engendro discordante, que rompe las leyes de la naturaleza? ¿De dónde va a extraer ese hijo la conducta a seguir? ¿Quién se lo puede decir?: ¿el padre, que ha engendrado a un estúpido?, ¿la madre malvada, que ha dado la vida a un ladrón? Renunciando a semejantes parientes, habría obtenido un nivel noble.

Mas, créeme, esos padres te han reconocido como suyo por [9] tus vicios: nulo en la lengua, inconstante, farolero, propenso al engaño, de un paladar insaciable, que come cualquier cosa allí donde esté; tú, que una vez que has saciado tus fauces con sangre humana, las mantienes abiertas y no vuelves el pico a unos viles novillos 79 .

II 25 (133). VERSOS SOBRE LA COPA DE UN INDIVIDUO, QUE REPRESENTABA A PASIFAE Y EL TORO 80 . IMPROVISADO

Resumen. Pondera el realismo de la imagen, grabada en una copa de plata, que representa a lo vivo la pasión contra natura de estas dos figuras mitológicas.

Traducción

Pasifae, ni siquiera en figura abandonas al blanco novillo 81 ; con los brazos rodeando su cuello suplicas caricias; en efigie engañas, más hermosa que las doncellas de carne y hueso.

[4] El toro blanco supera a la plata con el esplendor de su colorido; está vivo el amor, el toro, la mujer, aún sin un verdadero cuerpo.

II 26 (134). SOBRE AQUEL QUE JAMÁS ME INVITÓ A COMER, SALVO EN EL ENTIERRO DE SU HIJO 82

Resumen. En estos tres epigramas se ridiculiza la actitud de este padre de familia, en cuyo comportamiento se mezcla la mezquindad, el dolor y la glotonería.

Traducción

Quien prepara en medio del llanto manjares opíparos para los invitados, que celebre todos los años solemnes funerales con muchas lágrimas.

II 27 (134a). DE OTRA MANERA

Mientras su casa estaba en pie, creedme, nunca dio de comer a tantos, este que llena las sepulturas de hijos y las mesas de amigos.

II 28 (134b). DE OTRA MANERA

Miserables comensales 83 , implorad múltiples duelos: vendrán tantos banquetes cuantos funerales se presenten.

II 29 (136)

Resumen. En los tres siguientes epigramas se comenta la escena de Pasifae, fecundada por el toro, presentándola, como en un ciclo, desde diferentes perspectivas: la mujer, el toro, el artista.

Traducción

ASIMISMO VERSOS SOBRE UNA COPA QUE TENÍA

A PASIFAE Y EL TORO

La mujer se ofrece, el toro se excita, los miembros vibran. El arte aporta las figuras; ¿quién puso aquí el alma?

II 30 (136a). DE OTRA MANERA

¡Oh Venus funesta!, incluso pintado, el toro conserva fría su mente hasta el punto de que levanta el hocico ante los labios que se le ofrecen.

II 31 (136b). DE OTRA MANERA

Pintor, si dominas las almas de aquellos a quienes infundes tu arte, te ruego que si es que no se puede pintar a la pobre muchacha con ánimo fuerte, al menos infunde en el rostro del toro un aire más tierno.

II 32 (140). EPIGRAMA A PROPÓSITO DE QUE EL CÓNSUL MESALA ADOPTÓ EL APELLIDO ENNODIO 84

Resumen. En estos dos dísticos, Ennodio bromea al dar más importancia a su propio nombre que al cargo consular obtenido por Mesala.

Traducción

A la dignidad primigenia del cónsul añadí yo, como un adorno, mi nombre: dando lustre a los haces consulares, soy más digno de respeto que la toga purpúrea.

¡Oh, toga palmeada!, ¿en qué sirves de adorno tú sola con tu púrpura? La nuestra te confiere un color rojo mucho más vivo.

II 33 (143). SOBRE EL ABOGADO QUE SE CONTRADECÍA

Resumen. Le reprocha su maestría en tergiversar las palabras y simular sentimientos que no tiene.

Traduccón

Sinvergüenza, ¿por qué lo confundes todo, tergiversando las palabras? Tu lengua depravada es reflejo de tus costumbres. Condesciendes, suplicas, argumentas, rechazas, te inflamas. Conviertes hechos tristes en jocosos, inconsistentes en aguerridos 85 .

Al mismo tiempo ira, temor, rabia, paciencia: presentas mil [5] caras, con el corazón vacío 86 .

II 34 (147). VERSOS ESCRITOS PARA EL BAPTISTERIO DE UGELLO 87 , DONDE LOS ÁNGELES OFRECEN A CRISTO AL HIJO DE ARMENIO, QUE HIZO PENITENCIA 88

Traducción

Jesús, que ya le había concedido el perdón, recibe ahora a quien le es ofrecido. Holocaustos para Dios son las almas, después de liberadas de sus culpas.

Avanza, muchacho, superando los pocos años con tu inteligencia: la pureza de tu vida mereció los seres piadosos que te acompañan.

II 35 (148). DE AQUEL QUE, TRATÁNDOSE DE UN DETRACTOR VÉNETO, CRITICÓ, ESTANDO PRESENTE ENTRE GALOS, A LOS GALOS

Resumen. En estos dos dísticos el poeta sale en defensa de sus paisanos galos y arregla cuentas con un veneciano que los había criticado en su presencia 89 .

Traducción

Te ríes de los galos, estirpe mal teñida del Véneto 90 . No tienes ningún pudor; tu mente responde a tu cuna. Menosprecias a los inocentes, tú, indígena de una tierra deshonrosa. Por el contrario, el candor de la honradez se ha apoderado de los hijos del Ródano.

II 36 (156). EPIGRAMA AL PIE DE UN DOCUMENTO 91

Traducción

Amigo, ojalá el hijo que a ti te ha concedido la ley de la naturaleza, me lo entregue a mí la fuente de esta agua vivificadora.

II 37 (162). EN LA CATEDRAL, ANTE EL ORATORIO 92

Traducción

De los males sacas bienes, del llanto alegrías, si tienes una fe inquebrantable en Cristo.

II 38 (I62a). ANTE EL DEPÓSITO DEL ACEITE

Traducción

Es ésta la parte del edificio 93 que está llena de óleo puro: nada conviene mejor delante de puertas santas.

II 39 (162b). DELANTE DEL GRANERO

Traducción

Aunque el granero sea pequeño, el corazón es más grande que él. No escatimando sus productos, he merecido acumular riquezas 94 .

II 40 (162c). DELANTE DE LAS ESCALERAS

Traducción

Accedan quienes descubren sus intenciones poniendo por testigo la cara, en la que siempre se intuyen los deseos 95 .

II 41 (I62D). ANTE LA DESPENSA

Traducción

Ninguna preocupación de sufrir penuria de víveres, propia de un ánimo pesimista, te angustie: se difunde en forma de dádivas todo lo que se oculta en mis almacenes 96 .

II 42 (162E). ANTE LA COCINA

Traducción

Las amplias cocinas no me proporcionan suculentos banquetes, ni mi vientre atormenta a muchos cocineros. Damos pocos platos, cuyo número es superado por lo cuidados que están, y el lujo de la mesa no supone ningún peligro para la salud.

II 43 (162F). ANTE LA BODEGA

Traducción

Esta modesta bodega conserva en odres repletos un vino que robustece a los cuerpos para que cumplan con sus deberes.

Es posible que las copas infundan en muchos pechos las llamas de la ira; los ánimos belicosos se suavizan con nuestro vino.

II 44 (163). A LA ENTRADA DEL HUERTO

Resumen. La entrada al jardín da pie al poeta para entonar un himno de alabanza a las letras. Quien domina la lengua vive en una eterna primavera (1-5). Ante la palabra las serpientes bajan la cabeza, los corazones rejuvenecen (6-10). El hombre culto domina los bienes de la naturaleza (11-12).

Traducción

¡Oh tú, que pones el pie en estos amenos jardines 97 , mira el modo de aprender a preferir a estos cultivos la ilustración de un hombre docto.

Sonríe el brote que se adorna con la púrpura de la lengua. Posee la primavera en medio de la bruma invernal, quien hace que surjan flores con sus poemas.

Las palabras difunden a través del hielo brisas templadas. [5] Versos embriagadores se impregnan de brillante múrice 98 .

Por doquier reina la púrpura de la elocuencia: las serpientes venenosas someten sus cuellos ante el imperio de la palabra.

[9] Cuando corazones insensibles rejuvenecen con una oleada de roja sangre, las letras transforman en jóvenes a personas con miembros ya gélidos.

[11] El hombre culto pone a su servicio los bienes de la naturaleza: edad, belleza, espacio, tiempo, forma.

II 45 (164). DENTRO DEL HUERTO, SOBRE EL DINTEL

Resumen. El poeta se declara partidario de pequeños jardines, en vez de grandes dimensiones de terreno. Cierra esta primera reflexión con una sentencia (1-4). La diosa de la alegría prefiere un jardín a grandes extensiones (5-6). Lo describe, empezando por la entrada donde hay una parra que proporciona sombra y frescura (7-10). Variedad de plantas, que mezcladas adornan la tierra (11-14). Que otros opten por mayores riquezas, a él le basta lo que es auténtico (15-16).

Traducción

Ensalce las múltiples ventajas de huertas con amplias dimensiones, aquel cuya hambre sólo sacian numerosas yugadas de cultivos 99 : el fruto generoso de un pequeño espacio es superior en su riqueza a grandes extensiones de terreno.

La nobleza auténtica es la que brilla bajo apariencias modestas.

La Gracia 100 llega a este espacio cerrado, anteponiéndolo a [5] los campos abiertos; ella desterró de estas pequeñas dimensiones todo lo que origina esfuerzo 101 .

Acoge en la entrada un pórtico de umbrosa verdura, al que presta su carácter el dios del vino en persona.

Suma al frescor estival la utilidad, adornando la enramada [9] con espesos racimos de hojas.

En efecto, a base de cultivo, ha hecho que los lirios, el laurel, los olivos, mezclados con las rosas, tengan una luz propia.

Las coronas del triunfador, la fronda que se ofrece acogedora, la tierra dorada las ha añadido a sus frutos 102 .

Que el hombre pródigo busque 103 mayor premio a sus ambiciones: [15] a nosotros nos basta esto, que agrada sin engaño.

II 46 (165). EPIGRAMAS A PROPÓSITO DEL COLLAR DE LA ILUSTRE DAMA FIRMINA, QUE SE ENCIERRA EN UN COFRECITO, TAN FINO ES 104

Resumen. Estos cuatro cortísimos epigramas juegan con la finura de este collar, más bien una cadena, que en su pequeñez se volatiza como el viento.

Traducción

Un soplo, sumamente ligero, se volatiliza al difuminarse el oro; el metal delicado apenas toca los delicados miembros. La fuerza del horno jadeante ha aniquilado su peso.

II 47 (165a). DE OTRO MODO SOBRE EL MISMO

Traducción

El artífice disolvió en las nubes los hilos de oro; manos expertas se divirtieron al entrelazar las hebras doradas 105 .

II 48 (165b). DE OTRO MODO

Traducción

Aquí el viento ha unido los miembros del precioso metal; los ojos tienen miedo y no captan lo que han forjado.

II 49 (165c). DE OTRO MODO

Traducción

No es nada, y lo tengo en la mano: mi diestra convence a los ojos. Las articulaciones unidas de mis dedos aprietan el viento.

II 50 (169). DE UNO QUE ENVIÓ HIGOS 106 COMO REGALO JUNTO A UNA TABLILLA 107

Resumen. Reprocha a esa persona que le haya regalado los frutos que provocaron el pecado original (1-3). La conmina a que no lo repita, porque ya ha tenido lugar la Redención (4-5). Canta al árbol de la Cruz que devolvió la vida al mundo (6-7).

Traducción

Tu tablilla acompaña al envío de los frutos del árbol maldito. Ellos fueron los crueles alimentos que despojaron al primer hombre y tú, ¡oh, serpiente!, después de aquel engaño, amenazaste con la muerte a los que estaban desnudos 108 .

Guárdate, por favor, de hacer regalos; ahórrame caídas perniciosas.

[5] ¿Qué tipo de daños piensas que esta fruta causará a la salud de un inocente? El árbol que produjo el desastre, expulsó la muerte en el momento en que la Vida, clavada, pendió de sus ramas triunfadoras.

II 51 (179) 109

Resumen. Se dibuja el contraste entre la atracción que ejercen las riquezas, personificadas en las sedas, y la fortaleza del mártir.

Traducción

Todas las épocas están cautivadas por los tejidos de Menfis 110 . Nunca sacrificó Lorenzo 111 ante una estatua de Nerón, ni sintió temor quien venció llamas terribles con su cuerpo.

II 52 (180). EPIGRAMA SOBRE UN ADÚLTERO Y HOMOSEXUAL

Resumen. En los siguientes cuatro brevísimos epigramas, Ennodio critica cruelmente a esta persona, que, más que estar claro que es heterosexual, no se sabe si es hombre o mujer; por eso lo llama liebre, que se da aires de león. Le aconseja que se corte la barba, para aumentar sus ingresos con el ejercicio de la prostitución. En su caso, se duda si es de género masculino o femenino. Tampoco es posible conocer su sexo 112 .

Traducción

Varón de cara, mujer por tus gestos; mas, entre las piernas lo de ambos; puesto que no resuelves con las diferencias impuestas por la naturaleza 113 este conflicto, eres una liebre, ¡y pisoteas el cuello de un enorme león! 114

II 53 (180a). DE OTRO MODO

Córtate, querindonga de todo el mundo, las traicioneras barbas, a fin de que los labios de hombre no disminuyan tu ganancia.

II 54 (180b). DE OTRO MODO

Contempla este portento, creado por una ley confusa: es del género común o, por decirlo con más propiedad, de ambos géneros 115 .

II 55 (180c). DE OTRO MODO

Un continuo engaño juega en su sexualidad ambivalente: es mujer cuando es pasiva; cuando comete acciones torpes es macho.

II 56 (181). VERSOS QUE COMPUSO EN EL BAPTISTERIO DE MILÁN 116

Resumen. Todo el que se propone realizar una obra digna de Dios debe resplandecer por sus virtudes (1-2). Como el mártir Lorenzo resistió a los tormentos, el obispo del mismo nombre brilla por su honradez: por eso ha sido digno de añadir mármoles, mosaicos, cuadros, cubierta al edificio (3-6). Dos comparaciones, cada una de un dístico, completan este epigrama (7-10).

Traducción

Más brillante que la luz del metal fundido resplandezca todo aquel que se dispone a hacer donativos dignos de Dios.

La vida de Lorenzo se mantuvo firme frente al fuego ardiente 117 para ennoblecer esta hermosa obra. Él misino, que brilla [5] por su virtud, dotó al templo de mármoles, mosaicos, cuadros y el sublime techo.

Así el fundador ha sumado al valor del edificio sus virtudes; como cuando se visten telas de seda teñidas del color de la púrpura 118 , como cuando la luz exterior hace brillar las joyas incrustadas, [9] cada vez que la nieve blanca de la piedra preciosa se colorea con más belleza gracias a la artesanía.

II 57 (182). VERSOS SOBRE JOV1NIANO, QUE TENIENDO UNA BARBA GÓTICA SE PASEA VESTIDO CON UNA CAPA ROMANA. IMPROVISADO

Resumen. Estos tres epigramas toman el pelo a un personaje que, llevando una barba a la manera de los godos, usa una capa a la romana y es paradigma de todos aquellos que quieren compaginar actitudes contrarias y estar a bien con todos.

Traducción

Me maravillo de que asuman hábitos romanos una cara de bárbaro y gentes que se distinguen por un cuerpo desmesurado.

II 58 (182a). DE OTRO MODO

La oscura noche de la cara ensombrece la túnica romana 119 , el rostro con su tenebrosa cubierta esconde los vestidos.

II 59 (182b). DE OTRO MODO

¡Oh malvestido!, desnaturalizas la nobleza de la capa 120 , mezclando en un hostil acuerdo razas que son discordes 121 .

II 60 (183). EN LA BASÍLICA DE SAN CALIMERO, CUANDO FUE RESTAURADA 122

Resumen. En realidad, es un canto de alabanza en honor de la tarea de restauración de templos en ruinas, que había emprendido Lorenzo. El poeta aprovecha esa actividad para cantar sobre todo las virtudes de su obispo.

Traducción

La techumbre, libre, ha merecido captar la luz del sol; sonríe la fachada, presentándose sin nube alguna.

Aquí, desde poco ha, se ofrece a la vista un don próximo al estrellado Olimpo, realizado por obra del obispo Lorenzo.

[5] El templo y su vida presentan ahora el mismo aspecto, como la belleza y el color del sol son semejantes a sus rayos.

¡Gloria a ti!, restaurador de antiguos templos. ¡Adelante!, constructor de nuevos, preclaro por tu aspecto y por tu carácter.

[9] Bajo tu episcopado los templos deponen su vieja decrepitud y un genio desconocido restaura a los que van a caer.

II 61 (184). DE CIERTO VIEJO ENEMIGO, ESTÚPIDO Y BUEN COMILÓN

Resumen. En la serie siguiente, el poeta arremete contra el vicio de la gula. En el primero critica a un hombre que insulta, no sólo con su actitud derrochadora, sino con su lengua intrigante. En el segundo, le reprocha además su avaricia, a costa de los pobres y en el último le compara al cíclope Polifemo.

Traducción

Preparas opíparos banquetes, pero los estropeas con la sordidez de tu lengua, si te portas como un anfitrión indolente en la sucesión de los platos 123 . Una voracidad intrigante, derrochadora de un patrimonio inoportuno, insulta con su ostentación, aunque el dueño se calle 124 .

II 62 (184a). SOBRE EL MISMO, PORQUE DEVORABA LOS BIENES DE LOS POBRES

¡Oh tú, que engordas con las vísceras de los miserables y la sangre del pobre 125 ! ¿Por qué son para ti ocasión de banquetes las muertes de tantos? Trufas, perdices, grullas, tordos, pichones, erizos, mil cuerpos no alcanzan a llenar tu vientre.

Infausto para muchos, se dice que sólo a tí mismo eres útil, [5] miserable, porque tu propio vientre será el heredero.

II 63 (184b). SOBRE EL MISMO

Polifemo se alimentó de carne humana y encontró sus delicias en aquellos a quienes descuartizaba en su negra sangre 126 . Renuevas la escena, repitiendo una atrocidad semejante, tú a quien sirven de alimento las multitudes de pobres.

II 64 (185). DE AQUEL QUE, PARA ATRAER A SUS AMIGOS, LES DABA DE COMER 127

Resumen. Quienes se declaran amigos de Ennodio, alabando sus trabajos, sucumben a la tentación de un banquete ofrecido por este personaje, como en el paraíso. A partir de ahí se alejan de él, para depender de quien les ha dado de comer.

Traducción

La serpiente presentó un manjar para sumergir en la muerte a los que eran felices y, cruel, con su regalo quitó la vida. Del mismo modo quien alaba mis trabajos, sufre los estragos de un banquete, como al comienzo del paraíso.

[5] A partir de ahí se aparta el amigo querido, y se hace dueño suyo quien ha satisfecho su gula 128 .

II 65 (186). SOBRE UN DEFENSOR ASTUTO 129

Resumen. Critica la hipocresía de este hombre, cuyas intenciones es imposible escrutar (1-4). Su lengua es engañosa y su persona actualiza casos famosos de la Antigüedad, como la Hidra y Prometeo. En vez de pacificar, provoca litigios que le enriquecen (5-10).

Traducción

Es imposible adivinar tus intenciones y ocultas tu nebuloso corazón, cuando estás cara a cara, por más que uno escrute en tu rostro. Y dominas el arte de no darte a conocer a nadie, por medio de juegos de palabras, mientras suministras veneno con labios melifluos 130 .

Quiero lo que tú no quieres cuando juras que no quieres lo [5] que estás deseando; agitas de diversos modos la crueldad en los corazones, experto en superar a la Hidra en el número de cabezas, a Prometeo en sus figuras, para que la leyenda no vuelva a hablar de los antiguos 131 .

Siendo un abogado defensor, desencadenas guerras, te haces [9] grande con los despojos que consigues. Arrogante, a tu nombre el botín escapa 132 .

II 66 (187). PREFACIO QUE COMPUSO PARA TODA SU OBRA POÉTICA 133

Resumen. Pinta el contraste entre los negocios de este mundo azaroso como las aguas del mar y el cultivo de la poesía. Él sólo puede dedicarse a ella en medio de los primeros, pero le atrae de continuo y entonces se siente libre de preocupaciones y trasportado a la eternidad.

Traducción

Mientras mi espíritu inquieto aguanta las sucesivas olas y me convierto en esclavo del vítreo océano, mientras el proceloso viento africano, portador del flujo y reflujo de las ondas, me [5] lleva a la deriva como a los restos de un naufragio 134 , el fuego de las Piérides asalta mi mente 135 y pronto el laurel de Apolo rodea mis sienes, ansiosas de ceñir la corona.

Entonces, sobre mi frente colorearon racimos de verde hiedra 136 y bebí en la dulce fuente de la miel de Castalia 137 .

Al punto, alejando de mi pecho las preocupaciones lacerantes, [9] abrazo la gloria, la poesía, la alegría.

II 67 (188). DE LO QUE ESCRIBIÓ AL TIEMPO DE LA VENDIMIA

Resumen. Escribe estos cinco dísticos por llenar el tiempo mientras los esclavos proceden a las operaciones de la vendimia. Con ellos pretende también pasar a la posteridad. Metafóricamente presenta embriagadas a sus palabras y así justifica los defectos de composición: las Musas no se casan con el vino.

Traducción

Mientras los fieles siervos llenan de nuestra uva las espuertas y la pisotean, saltando con pies intrépidos; mientras tiñen sus plantas con la sangre del rojo Baco, y se rompe la tierna piel de la uva, yo, que no aguanto el ocio, he escrito estos versos en [5] papiro del Nilo, para no ser recluido en la tumba cuando muera. Profiriendo estas ebrias palabras de la vacilante Talía, estoy exento de culpa si sus pies se tambalean 138 .

Las reglas del arte, las sílabas, el ritmo plieguense a quien [9] está sobrio: ninguna de las Camenas se une a Bromio 139 .

II 68 (189). A PROPÓSITO DE CIERTO GLOTÓN,QUE EN SU IGNORANCIA CRITICABA SU OBRA

Resumen. Es incompatible criticar inteligentemente y devorar alimentos de modo insaciable (1-4). Puede seguir satisfaciendo su apetito, que no le aprovecha para nada (5-8). El poeta prefiere seguir con su sobriedad, componiendo en ayunas (9-10).

Traducción

No sé, estúpido, por qué no dejas en paz esa obra respetable 140 , cuando conservas tu costumbre de atacar con los dientes. Tú continúas devorándonos, pero tu vientre no saca ningún provecho, pues muerdes el aire con imágenes vacías.

[5] El depósito de los alimentos, nada recibe del murmullo de los bocados que engulles, ni se llena con los movimientos de tus mandíbulas. Trinchando un faisán, un ave, peces o cochinillos, sacia tu húmedo paladar con exquisitos alimentos.

[9] A mí me gusta, sin eructos, componer poesías con el estómago vacío. Que a tí te sigan saciando alimentos de un lujo regio 141 .

II 69 (190). DE UN TRIBUNO EUNUCO, DE NOMBRE PEREGRINO, QUE ANDA POR DOQUIER

Resumen. Estos cuatro epigramas juegan con el nombre del destinatario, Peregrino. Le reprocha ser un desconocido, arrojado por las olas del océano, a quien le gustaría ser tratado como persona egregia (1-6). Como no cuenta con nadie que avale su personalidad, debe contentarse con ser insultado (7-10). Los tres siguientes, más breves, giran en torno a la misma condición del personaje: puede decir falsedades sobre sí mismo, puesto que nadie puede contradecirle y las palabras se las lleva el viento. Los dos últimos se encarnizan con la inestabilidad de su domicilio y con su condición de eunuco: de ahí que no tenga raíces ni pueda dar fruto.

Traducción

Con testigos, ¡oh tribuno!, se documentan origen, hacienda, vida, siempre que abandonamos el antiguo lugar de residencia. Tú, a quien un vagar continuo por diversos pueblos ha traído hasta aquí —ni siquiera te retiene una casa cómoda por un día entero—, quieres ser tenido por rico, egregio, hermoso, amigo, enviado como nos has sido por las olas del ignoto Océano.

Los dimes y diretes vuelan, ningún defensor llega; ninguna [7] noticia fidedigna hace patente el sexo o la patria. Dando por perdido tu verdadero nombre, utiliza éstos: mendigo, vejestorio, tímido, perturbado, fluctuante.

II 70 (190a). DE OTRO MODO SOBRE EL MISMO

Traducción

¡Oh tribuno!, con toda seguridad puedes decir falsedades, sin que nadie te contradiga: el viento tiene la lengua con el peso del vacío 142 .

II 71 (190b).DE OTRO MODO SOBRE EL MISMO, PORQUE EN NINGÚN SITIO ESTÀ QUIETO

Traducción

Desgracias naturales hacen inestable al tribuno: vuela de aquí de nuevo, no vaya a ser que vínculos le retengan. ¡Desgraciado!, cuando llega el céfiro, quítate esa leve carga: ninguna raíz es útil para ayudarte.

II 72 (190c). DE OTRO MODO SOBRE EL MISMO

Traducción

El eunuco pide su inmundo alimento por las encrucijadas de los caminos; no tiene de donde aportar simientes a la tierra. El campo reserva grandes cosechas, una vez arados sus miembros y devuelve la mies, multiplicada en cosechas.

[5] En vano hiende este castrado las tierras con el arado, a no ser que, abriendo la tierra, deposite ya un trigo granado.

II 73 (191). A PROPÓSITO DE QUE A ÉL LE GUSTABA COMER PATOS, A PESAR DE QUE TENÍA PADRES GALOS

Resumen. Bromea sobre su preferencia por comer patos a gallos, rompiendo una tradición romana que veneraba a esas aves porque, según cuenta la tradición, habían salvado al estado romano. Juega a la vez con su procedencia de la Galia.

Traducción

Aquí tienen lugar una lucha entre aves, en la que el gallo vence al pato; un ave de corral, sufre el castigo de una vieja traición 143 .

Matado, ¡oh malvado!, recibes la compensación por los gritos de otro tiempo: muere aquel que salvó la vida a los romanos.

II 74 (192). SOBRE LA MUTABILIDAD DEL CLERO

Resumen. Epigrama en el que el poeta bromea sobre la facilidad con la que el clero cambia de hábitos, nombre, costumbres: es más fácil conocer el aspecto del mar, contar los granos de arena, confiar en el juramento de una mujer, conocer las estrellas del firmamento.

Traducción

Uno que conozca los rostros del mar, el número de los granos de arena; uno al que no pueda engañar ningún juramento de mujer, que contemple el mundo de las estrellas y los caminos de los amantes, y a quien Cintia 144 se dio a conocer con sus certeros cuernos.

Ése no es capaz de retener las caras, los nombres, las costumbres, [5] que el clero cambia en un tiempo mínimo.

II 75 (193). DE UN BRIBÓN QUE AMABA A LOS CABALLOS 145

Resumen. Juega con la paronomasia equus/aequus —caballo/hombre justo—, para salvar la buena índole de un hombre, que es injusto pero ama a los caballos hasta tal punto que les pone nombres de seres humanos (1-3). No lo hace por mala voluntad, sino que sigue la tradición de su familia (4-5).

Traducción

Goza con los equinos este adversario de la rectitud y necesitado de equidad que, superándoles en fogosidad, quita a los caballos sus respetables nombres, poniendo una grupa a nombres cristianos.

Pero está lejos de pensar que los animales tengan una mente [5] inicua: es él quien mantiene firme el comportamiento de una raza que está fundada en el árbol genealógico.

II 76 (194). DE UN ASTUTO QUE SE DABA A SÍ MISMO EL TÍTULO DE DEFENSOR 146

Resumen. El fingimiento es el arma de este hombre que, en vez de defender, acusa y que mata con un aspecto pacífico.

Traducción

La imagen de la muerte 147 se esconde bajo el aspecto de un juego, a fin de que un engaño desconocido capture los reptiles con ténicas ocultas. Una astuta sombra produce funestas persecuciones y se desencadena una guerra a partir de inofensivos comienzos.

Creedme, no de otro modo trata los pleitos este Justino 148 , [5] que acusa sonriendo, que mata con placidez.

II 77 (195). DE LOS HECHOS Y VIDA DE SAN AMBROSIO, OBISPO

Resumen. Hizo lo que predicó y por eso se mantiene su fama. Brilló por su lengua, adecuada a la corona de esmeraldas que ceñía su frente (1-6). Fue pastor con su silencio o con sus intervenciones, según las circunstancias (7-10). También con su actitud combativa ante la herejía arriana (11-14).

Traducción

El obispo Ambrosio hizo lo que enseñó y sobrevive por sus méritos y su gloria, por sus costumbres, por su ingenio. Su lengua jugosa brilló con regia púrpura, pintando con sus primaverales colores los temas que quiso.

Llevaba la frente ceñida por una corona de esmeraldas, con [5] su boca trenzaba una obra cuajada de piedras preciosas 149 .

Instruyó a las multitudes con la actitud, la honradez, el pudor; con la mirada consoló, castigó, advirtió. Como los grandes peligros exigen el ejercicio de la voz, así el silencio sigue a las culpas leves.

[11] Armado de espada, protegido por el peso de su escudo, encerraba su pecho con tejidos de acero. Una espada hostil y quebrantadora de los vicios tiene fuerza. El dragón infernal no llega a tocar el dorso de este hombre.

II 78 (196). DE (LOS HECHOS Y VIDA) DEL OBISPO SAN SIMPLICIANO, SU SUCESOR

Resumen. A la muerte de Ambrosio, Simpliciano recibe la cura pastoral del pueblo. Sus virtudes hacen que crezca el rebaño, que como un árbol bien protegido se fortalece en paz durante los años que duró su episcopado (1-6). Recibe el cargo ya anciano, sin temor y sin desdecir de su predecesor. Fue virtuoso, realista y un hombre de gran cultura (7-12).

Traducción

Simpliciano, al dejar Ambrosio el cuidado de un pueblo huérfano, lo traspasó a tus desvelos. Las virtudes del sucesor hicieron que, gracias a la época que siguió, creciera el núcleo [5] del rebaño que había sido despojado, y, como un olmo cargado de años al resguardo de los vientos, una prolongada calma lo fortalece de modo que no teme la lucha.

Soldado bisoño, y sin embargo esforzado, llamado a trabajos nuevos ya anciano, a pesar de las presiones no renegó de su glorioso predecesor. No sintió temor, porque su alma ardía en miembros ya helados.

La virtud de este pontífice presenta la madurez de una flor, [10] él que surcó los mares terrenos a pecho descubierto 150 , mientras tocó las estrellas con sus costumbres y su cultura.

II 79 151 (197). DE (LOS HECHOS Y VIDA) DEL SIGUIENTE, SAN VENÉRIO

Resumen. Contrapone la vida pura de este hombre a su nombre, derivado de Venus, gracias a la disciplina con que vigorizó sus miembros desde niño bajo la severa mirada del anciano Simpliciano (1-4). Elegido obispo en su juventud, su enseñanza fue tradicional y brillante, alimentada en la doctrina de los Apóstoles (5-10).

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