Read the book: «Manual de cultivo de la marihuana»
ELISABET RIERA
MANUAL DE CULTIVO
DE LA MARIHUANA
Siembra, cuidado y
cosecha fácil en casa

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
La primera edición de este libro se publicó en el año 2000.
Posteriormente se ha revisado y reeditado en diversas ocasiones.
© Elisabet Riera, 2012.
© de esta edición: RBA Libros S.A., 2015.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición en este formato: marzo de 2015
RBA INTEGRAL
REF.: OEBO912
ISBN: 9788416267934
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Contenido
Introducción
Nociones de botánica
El sexo de las plantas
¿Dónde cultivar?
Cultivo exterior en macetas
Problemas y soluciones
Reproducción
Cosecha
Cultivo exterior en huerto o jardín
Cultivo en interior
Cultivo hidropónico
Preguntas y respuestas
Documentos históricos
Documentos recomendados
Bibliografía y direcciones de interés
Introducción
Decidirse a cultivar una planta de marihuana por y para uno mismo te sitúa sin quererlo en un curioso proceso de maternidad/paternidad. Casi todos los cultivadores profesan hacia la planta en cuestión un mimo no menos considerable que el de un padre primerizo ante los balbuceos de su bebé. Creo que no es casual que muchos acaben hablando de sus «niñas» y que la cosecha, después de una gestación próxima a los nueve meses, merezca felicitaciones e intercambio de puros entre los orgullosos padres. «Las semillas germinaron en marzo, crecieron con fuerza, maduraron en junio, florecieron en agosto, en el otoño estaban estupendas. De salud bien, gracias. Se parecen a mamá».
Como en todo, hay parientes previsores que antes de tener siquiera la semilla se han abastecido de macetas, tierras especiales, los mejores abonos, lámparas de sodio, sistemas de irrigación por goteo y walkie-talkies por si las niñas se despiertan por la noche en la habitación contigua. Hay quienes buscan el mejor momento para germinar teniendo en cuenta las fases de la luna, la situación geográfica, los vientos y la temperatura. Otros pueden dedicar su tiempo a elegir la música más adecuada para su crecimiento, las mejores palabras, las caricias oportunas. Todo eso está bien, sobre todo para los progenitores… Es un entretenimiento apasionante.
Pero si uno es primerizo, o bastante novato, o no es especialmente aficionado a la botánica, unas palabras de tranquilidad y alivio: el niño siempre acaba saliendo adelante. De hecho, la planta de la marihuana es muy agradecida. Los consejos básicos para su cuidado no son complicados. Las instrucciones que se dan en este libro van en este sentido. Cultivar marihuana para el autoconsumo es fácil y nos evita recurrir al mercado negro en busca de cannabis si lo necesitamos. Los enfermos que hoy hacen cola en las asociaciones de consumidores, totalmente ajenos el mundo cannábico y acuden allí buscando un consuelo para sus enfermedades, tienen en el autocultivo una opción de primera para autoabastecerse de su medicina.
Luego siempre habrá tiempo para profundizar en los conocimientos, enzarzarse en procesos más complicados, cruzar especies, probar técnicas y tecnologías, convertirse en un auténtico especialista. Aquí hemos querido ofrecer de forma muy clara unas bases sólidas para asegurar a todo el mundo el cultivo exitoso de una planta. No se necesita más. La experiencia, los errores y el aprendizaje continuo harán el resto.
De todos modos, hemos decidido añadir al final del libro una guía para quienes deseen ampliar información, con páginas de internet, grupos de consumidores y grow-shops en España. Los grow-shops o tiendas de crecimiento –totalmente legales– son hoy en día un auténtico fenómeno en nuestro país. En ellas se pueden encontrar semillas de cannabis, tierras, abonos, fertilizantes adecuados especialmente para el cultivo del cannabis, lámparas para el cultivo interior, sistemas de cultivo hidropónico… Y lo más importante, al menos en los centros más profesionales, el asesoramiento de quienes más saben de cultivo.
¡Buena cosecha!
UN RECORDATORIO SOBRE LEGALIDAD
Tanto para cultivo como para consumo, sigue vigente la conocida “Ley Corucuera” (Ley Orgánica 1/92 de 21 de febrero de Seguridad Ciudadana). Como se ha tratado ampliamente en la página 25 y siguientes, la aplicación de esta ley depende por entero del juez y es muy difícil dar consejos al respecto. Lo que está claro es que en España, el tráfico es ilegal y que el consumo y el autocultivo pueden estar dentro de la legalidad, siempre que el magistrado que siga la causa lo considere así. Dado el caso de ser denunciado por consumo o cultivo, lo más práctico es dirigirse a una de las asociaciones (al final del libro hay una lista exhaustiva) para la legalización de la marihuana, donde nos podrán aconsejar.
En resumen
El autoconsumo de cualquier droga en el propio domicilio no está penalizado.
Traficar, consumir o estar en posesión de drogas en un lugar público es ilegal.
El cultivo es ilegal si es para consumo ilegal: por lo tanto, el cultivo puede estar permitido si es para el autoconsumo en un lugar privado.
Nociones de botánica
En el libro Cómo cura el cannabis ya se ha hablado extensamente de los aspectos biológicos de la Cannabis sativa. Nos limitaremos a recordar algunos puntos básicos:
La marihuana es la parte de la planta del cáñamo que se fuma o se ingiere por su contenido en THC.
El THC se concentra en las inflorescencias (cogollos) de las plantas hembras maduras que no han sido fecundadas.
La planta contiene otros cannabinoides que por si solos no tienen efectos psicoactivos.
Hay tres subgéneros: Cannabis sativa, Cannabis indica y Cannabis ruderalis que, a su vez, tienen cientos de variedades.
El sexo de las plantas
La planta del cannabis es dioica (presenta sexos separados). Hay plantas macho y plantas hembra, y sus flores son totalmente distintas. Las plantas macho son estaminíferas y portadoras de polen. Las hembras, provistas de pistilos, producen las semillas. Ocasionalmente, surge un tercer género: las plantas hermafroditas, con características de ambas y capacidad de autopolinizarse. La más apreciada es la planta hembra, pues su contenido en cannabinoides es superior a la planta macho.
En sus hojas y flores superiores la hembra presenta tricomas, unas glándulas resinosas inapreciables a simple vista que contienen la mayor parte de los compuestos terapéuticos de la planta.
Sea cual sea el tipo de cultivo que vayamos a realizar, es fundamental distinguir los machos de las hembras tan pronto como sea posible. Así podremos optar por deshacernos de los machos (y que las hembras no fertilizadas aumenten su nivel de THC) o usar parte del polen de los machos para fecundar a algunas hembras y obtener semillas para una próxima cosecha. Lo más habitual es arrancar las plantas macho lo antes posible, y volver a proveerse de semillas por otra vía para la siguiente temporada.
En cuanto a las hermafroditas, lo más aconsejable es deshacerse también de ellas, puesto que pueden llegar a fertilizar a otras plantas sin que queramos.
CÓMO DISTINGUIR ENTRE MACHOS Y HEMBRAS
Para distinguir los géneros hay que fijarse en las flores. El macho produce una flor pequeña y blanquecina en la que, si nos fijamos bien, se distinguen los pétalos. Las flores suelen colgar de la planta en forma de pequeños racimos.
La hembra, más que flores, produce filamentos que surgen de cápsulas situadas junto al tronco y ramas principales. A medida que la planta va madurando, estas cápsulas adquieren forma de uve en la punta, y de ellas sale un pistilo. Cuando la planta está en su punto óptimo de madurez, las cápsulas –si no han sido fecundadas– están cargadas de resina, que contiene una elevada concentración de cannabinoides. Son los llamados cogollos.
El aspecto general de ambos géneros es también distinto: la planta macho es más alargada y con menos hojas. Tras unas tres semanas de crecimiento normal, las plantas masculinas tienen menos color, más altura y son más delgadas, tienen menos hojas y las ramas nacen del tallo a una mayor distancia entre sí, al tiempo que producen una especie de bolitas de las cuales saldrá el polen que fecundará las hojas de las hembras. Hacia la sexta semana les crece una suerte de penacho de hojas en la punta.
La hembra es algo más achaparrada y redondeada y frondosa. Es de un color verde más oscuro, tiene muchas hojas y las ramas salen del tallo mucho más próximas entre sí.
Todas las plantas producen tanto la enzima masculina como la femenina, y son las condiciones ambientales, como la densidad de la plantación o la cantidad de luz que reciben, las que las llevan a desarrollar uno u otro sexo. La densidad de la plantación favorece el desarrollo de plantas masculinas, mientras que el espacio libre favorece el de las femeninas.

Hembra en 1a fase

Flor hembra con pistilos

Cogollo

Macho en 1a fase

Flor masculina

Racimo de flores

Planta hembra

Planta macho
¿POR QUÉ LAS HEMBRAS PRODUCEN RESINA?
La resina es el «adhesivo» que usan las plantas femeninas para recoger el polen que producen los machos. Pero si retiramos los machos, y evitamos la fecundación, las hembras no producirán semillas, sino que seguirán produciendo resina. Cuando no se efectúa la fecundación, la planta femenina comienza a recurrir a sus reservas para desarrollar pistilos cada vez más grandes y bonitos y resina cada vez más pegajosa. Así las flores se ponen cada vez más gordas y pesadas a causa de la resina, que a su vez es muy rica en cannabinoides, entre ellos el THC.
En resumen
Las plantas femeninas producen pelos y resina. Las hembras sin fecundar producen marihuana.
Las plantas macho producen flores y polen. Debemos arrancarlas si no queremos que fertilicen a las hembras.
¿Dónde cultivar?
El cannabis siempre ha crecido al aire libre, pero en la actualidad se puede cultivar perfectamente en interiores. A lo largo de los años, las semillas y la tecnología para adaptar este cultivo al interior se han desarrollado de forma espectacular y ahora existen semillas especialmente seleccionadas para ello, así como lámparas, termómetros, humidificadores, ventiladores y una larga lista de accesorios que hacen posible su crecimiento en condiciones artificiales. Pero teniendo en cuenta nuestro clima privilegiado, lo más recomendable es siempre recurrir a la naturaleza; el sol y el aire son la mejor lámpara y el mejor ventilador.
Lo que nos hará decidir finalmente por uno u otro sistema serán las posibilidades de que dispongamos, principalmente el espacio físico que podamos dedicar al cultivo. Éstos son los requisitos básicos de los diferentes sistemas de cultivo:
Cultivo exterior
En un huerto, jardín, en medio del campo… Para el autoconsumo será suficiente un espacio similar al que se emplea para una hilera de tomateras. Es el medio ideal para que crezca la planta. Pero si plantamos a campo abierto lejos de donde vivimos, quizá no le podamos prestar la atención adecuada. El material necesario se limita a las herramientas de horticultura y el abono. A tener en cuenta: la tierra deberá prepararse con unos meses de antelación al sembrado. El riego puede ser un problema según el lugar elegido (y nuestro clima no es precisamente abundante en lluvias…). También se puede considerar la opción invernadero.
Cultivo exterior en macetas
Es el medio preferido por los cultivadores urbanos. En la terraza, balcón e incluso el alféizar de la ventana. La planta crece perfectamente y los cuidados que precisa son sencillos. Las macetas recomendadas para cada planta miden unos 30 cm de diámetro y otros 30 cm de altura, por lo que el espacio necesario es poco. Las plantas se pueden podar para que crezcan a lo ancho y no a lo alto y el cultivo sea más discreto.
Cultivo en interior
Se pueden obtener resultados verdaderamente magníficos, pero necesitamos adecuar una habitación sólo para este fin. El espacio puede ser pequeño (desde un metro cuadrado, en el llamado cultivo de armario), pero debe estar bien acondicionado: una salida de ventilación, extractor, humidificante del ambiente, control de temperatura e iluminación especial. El lugar ha de mantenerse siempre perfectamente limpio y a salvo de animales domésticos. La ventaja es que, una vez realizada la instalación, los cuidados necesarios son mínimos, pues muchas funciones estarán automatizadas.
Cultivo hidropónico
En las ferias internacionales del sector los avances técnicos en este sistema son cada vez mayores. En este caso la planta no crece en tierra, sino en agua; en un bote de crecimiento que contiene vermiculita (que hace de sustrato) y al que se va administrando una solución nutritiva líquida de oligoelementos. Puede usarse este sistema en exterior o interior, pero deberemos hacernos con un pequeño equipo y con la mezcla de minerales adecuada.
Cultivo exterior en macetas
Es ideal para el cultivador de ciudad que dispone de terraza o balcón, e incluso el alféizar de una ventana si le da suficiente sol. El cultivo se inicia en marzo y en octubre ya se puede cosechar. Es un sistema sencillo, que requiere muy poca inversión y el buen resultado está casi asegurado si se siguen los cuidados que exige cada etapa del crecimiento.
CALENDARIO DE CRECIMIENTO
Un rápido recorrido por el ciclo vital de la planta nos ayudará a tener una visión global de lo que es el cultivo exterior en maceta. Después nos detendremos con detalle en cada paso.
Siembra
Se realiza en el mes de marzo. La semilla puede plantarse directamente en la maceta o podemos hacerla germinar primero en un algodón húmedo para asegurarnos de que es activa y crece bien. La germinación puede durar entre cuatro días y dos semanas. Después de este tiempo, podemos trasplantarla a la maceta, si hemos optado por el algodón.
Plántula
Durante las seis semanas siguientes, nuestro cultivo tendrá forma de plántula: tallo todavía débil y sólo las dos primeras hojas en la punta.
Período vegetativo
El más largo, en que toda la planta crece en altura y frondosidad. Necesitará la ayuda de fertilizantes para crecer con más vigor. Antes del verano podremos detectar los órganos sexuales de cada planta y, por lo tanto, saber si son macho o hembra y actuar en consecuencia.
Es un momento clave para la cosecha; si queremos obtener plantas con semillas, dejaremos que ambos géneros crezcan juntos. El polen contenido en las flores de los machos fertilizará a las hembras, que son las productoras de semillas. Si lo que deseamos es un cannabis más potente, con mayor concentración de cannabinoides y, por tanto, de efectos terapéuticos y psicoactivos, debemos arrancar las plantas macho antes de que empiecen a polinizar a las hembras. Una hembra sin semillas produce cannabis de mejor calidad.
Floración
Suele ser hacia el mes de agosto. Es el momento en que los órganos sexuales de las hembras ya dejan ver el pistilo y pelillos característicos y los de los machos, si los hemos dejado llegar hasta este punto, pequeñas flores blancas que cuelgan en forma de racimo.
Cosecha
Hacia octubre, las plantas han llegado a su estado de máximo desarrollo y madurez. Los cogollos están en su máximo esplendor (lo que se aprecia por su perfume, consistencia y tamaño). Si cosechamos demasiado tarde, el producto final perderá calidad.
Secado
Una vez cosechadas, las plantas deben secarse en un lugar oscuro, colgadas boca abajo. Al cabo de un par de semanas, estarán a punto.
Para el cultivo exterior en maceta, lo fundamental es, después de haber elegido una buena semilla:
1 Preparar la maceta: una tierra rica en nutrientes y con buen drenaje.
2 Germinado en el semillero.
3 Trasplante a la maceta definitiva.
4 Crecimiento: controlando el riego, fertilización y poda.
5 Separación de machos y hembras.
6 Cosecha en el momento adecuado.
LOS PREPARATIVOS
Es el momento de prepararse para recibir «al niño» y de ponerlo todo a punto para cuando llegue. En este aspecto estaremos manipulando dos factores clave para la vida futura de la planta y el éxito de la cosecha: la semilla, que es su ADN, y el medio en el que crecerá y se alimentará (la tierra y la maceta).
Semilla
Elegir una buena semilla puede asegurarnos el 50% del éxito de nuestra cosecha. Normalmente las semillas las conseguimos porque algún otro cultivador nos las ha pasado, porque las hemos obtenido nosotros mismos de cosechas anteriores o porque las compramos. Existen varias grandes casas de semillas, sobre todo holandesas, que venden sus productos por catálogo, disponible por correo o internet (véanse direcciones en el apéndice). También pueden comprarse en las tiendas de crecimiento (grow-shops).
Hoy existen cientos de variedades de semillas que se han creado a partir de la sativa y la indica. Como resultado del cultivo selectivo, estas especies se adaptan perfectamente al cultivo en casa, y muchas se han adaptado a la luz artificial. Por ejemplo, la famosa Skunk o la Northern Lights. También hay otras más indicadas para el cultivo exterior. En los catálogos comerciales encontraremos cientos de nombres de semillas, con una pequeña descripción de cómo es la planta resultante: efectos más euforizantes o relajantes, estimulantes de la mente, sabor de la hierba, etc. Podemos elegir según nuestros gustos o necesidades; generalmente una semilla garantizada siempre dará buenos resultados y en algunos casos incluso nos aseguran que todas las plantas serán hembras.
Aparte de la variedad que elijamos, debemos tener en cuenta el aspecto de la semilla –y más si no procede de una casa comercial– para asegurarnos de que va a crecer bien. Las semillas que están en buen estado son redondeadas, oscuras, rechonchas y duras. De aspecto liso, grueso, brillante al frotarlas, sin agujeros.
Cómo conservar las semillas
Las semillas se pueden guardar de una cosecha a otra, incluso es recomendable que así sea; se dice que las semillas de segunda o tercera generación son mejores que las primeras porque han desarrollado una adaptación al entorno. Pero para ello hay que tener en cuenta:
Deben descansar entre tres y cuatro meses antes de volver a plantarse.
Conservar en un lugar fresco y oscuro, si es posible al vacío.
Su principal enemigo es la humedad.
No almacenar muchas semillas juntas.
En cualquier caso, no las guardes más de tres años. Pasado este tiempo, seguramente habrán «caducado», es decir, no germinarán.
La maceta
Las raíces del cannabis –como toda la planta– crecen muy rápidamente, pero si topan con el contenedor, este ritmo se detendrá. Por eso es importante que la maceta sea grande. También es fundamental que los pelillos que crecen en las raíces, y que son los que absorben los nutrientes y el agua, no toquen las paredes interiores de la maceta.
Elegir un tiesto
Lo principal a la hora de elegir un tiesto es su tamaño. Debe tener un diámetro mínimo de unos 30 cm y también un mínimo de 30 cm de altura; lo ideal es calcular que cada planta «consumirá» 8 litros de tierra por cada mes que esté allí.
Es preferible que los tiestos sean de color blanco.
Hay distintos materiales adecuados para nuestra maceta. Las de arcilla tienen el inconveniente de que son pesadas y, además, el barro puede absorber rápidamente la humedad de la tierra. Si vamos a plantar en un lugar con mucho sol y calor, quizá no sean la opción más conveniente. La madera y el poliestireno son materiales válidos, y también las de plástico común. En cualquier caso, no importa su forma, pueden ser de las clásicas circulares o una jardinera, siempre que entre planta y planta dejemos un espacio mínimo de 30 cm. Lo que sí puede influir en nuestro cultivo es el color de la maceta. Si la planta se sitúa en una azotea o balcón muy soleados, la temperatura de la maceta y, por tanto, de la tierra que contiene, puede llegar hasta tal extremo que los pelillos de las raíces se quemen. Es mejor elegir tiestos blancos o de colores claros.
También es conveniente, para evitar el exceso de frío o calor, no colocar las macetas directamente sobre el suelo. Podemos situarlas sobre algún soporte de madera que las separe unos diez centímetros del suelo, como si fuera una pequeña banqueta, o sobre una base de porexpán. Están a la venta macetas con cámara de aire (es decir, como si fuera una maceta dentro de otra maceta) que aíslan a la planta del calor. Si no, podemos simplemente colocar nuestra maceta dentro de un contenedor mayor.
Cómo prepararla
Como el cultivo en maceta supone limitar la zona de donde el cannabis puede obtener agua y alimento, es esencial que la maceta pueda retener al máximo los nutrientes y la humedad, pero sin llegar a encharcarse. Por eso debemos asegurarnos de que el tiesto tenga un buen sistema de drenaje y, a la vez, de retención. Hay que preparar la maceta un día antes de sembrar, y regarla abundantemente. Al día siguiente estará a punto para introducir la semilla directamente o la plántula si hemos decidido hacer germinar antes la semilla.
Lo principal es que la maceta tenga agujeros en su parte de abajo, dos por cada 30 cm de diámetro. Estos agujeros medirán 1 cm de diámetro. Por aquí saldrá el agua sobrante del riego. Pero para que no desaparezca también la tierra, en el fondo de la maceta colocaremos un papel de periódico. Encima del papel dispondremos una capa de grava de unos 2 cm. Esto hará que el drenaje sea más lento, es decir, que la maceta mantenga mejor la humedad.
LA TIERRA
El sustrato es el medio en el que la planta va a enraizar, alimentarse y crecer. Por lo tanto la tierra debe ser de calidad.
Para la planta del cannabis, una tierra de calidad significa:
Composición: la tierra base debe ser capaz de retener la humedad, pero también ha de poder drenar bien el agua de riego y facilitar la oxigenación. Para que esto se realice de forma adecuada existen los llamados mejoradores de la tierra.
Nutrientes: debe ser rica en sales y minerales. Principalmente, en nitrógeno, fósforo y potasio. Para ello se le añaden abonos.
pH: la acidez o alcalinidad de la tierra. Un pH equilibrado permite que la planta absorba correctamente los nutrientes de la tiera que hemos preparado. Es decir, que se alimente bien.
En algunos centros de jardinería y grow-shops venden mezclas de tierra ya preparadas que respetan los principios anteriores. Pero en caso de no encontrarlas, o de que queramos experimentar, podemos fabricar nuestra propia mezcla.
Composición
La tierra en que crecerá la planta debe ser similar al terreno propio de las huertas: poco húmeda y algo arenosa, con algo de humus y muy poca arcilla. Ésta será nuestra tierra base.
La tierra ha de estar lo bastante esponjada como para que la planta pueda obtener de ella oxígeno suficiente. Para realizar esta función existen los mejoradores del suelo, que no aportan nutrientes, sólo nos ayudan a esponjar la tierra y a retener agua, a regular el drenaje. Los mejoradores del suelo son: arlita, perlita (bolitas de vidrio expandido), arena, vermiculita (mica expandida), arcilla expandida, lava o piedra volcánica, arena gruesa, porexpán, espuma, lana de roca o grava. Algunos de estos compuestos –como la arlita, porexpán o grava– podemos usarlos también para construir una capa de drenaje de un par de centímetros en el fondo de la maceta.
Nutrientes
Para crecer, la planta necesita absorber una serie de minerales que le resultan indispensables:
Nitrógeno (N): para el crecimiento general de la planta, fundamental para la formación de su «esqueleto», tallo, ramas, hojas… y la producción de clorofila. Es muy importante en la etapa de crecimiento vegetativo de la planta, es decir, desde que la plantamos en la maceta hasta su floración. En este período, el nitrógeno debe predominar en cualquier composición que suministremos al cannabis para estimular su crecimiento.
Fósforo (P): vital en la etapa de floración, pues hace que crezcan más flores y más potentes. Necesario para realizar la fotosíntesis.
Potasio (K): interviene también en el crecimiento, haciendo que las raíces se desarrollen más y que la planta pueda absorber más agua. Aumenta las defensas frente a plagas y enfermedades.
Azufre.
Calcio.
Magnesio.
Hierro.
Manganeso.
Boro.
Cobre.
Cinc.
Los más importantes para el crecimiento de la planta son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K): los macronutrientes. Los demás minerales se consideran micronutrientes, es decir, que la planta los necesita en muy pequeña cantidad. La tierra no suele contener los minerales necesarios para la planta en la cantidad y la proporción adecuadas. Por eso enriquecemos la tierra con estos nutrientes mediante los abonos. Esto lo hacemos al preparar la tierra antes de sembrar –mezclamos abono con una tierra base y algún mejorador del suelo– y durante el crecimiento de la planta, a través de fertilizantes que mezclamos con el agua de riego (véase el apartado «Fertilizantes»).
Existen dos grandes grupos de abonos: los naturales (compost, estiércol, pelos y plumas, guano, humus de lombriz, fosfato natural…) y los sintéticos (productos químicos en cuyo envase figuran las proporciones de N-P-K). En ambos grupos los hay sólidos y líquidos, pero los sólidos siempre pueden prepararse en forma de solución para aplicarse también mediante el agua de riego.
Tanto los abonos sintéticos como los naturales dan buenos resultados, pero es recomendable el uso de los naturales, menos agresivos con el entorno y con la planta y, además, mucho más acordes con la filosofía ecológica que comparten muchos cultivadores de cannabis.
pH
El pH del suelo determinará la capacidad de la planta para absorber los elementos que le resultan indispensables, recién comentados.
Llamamos pH (partículas de hidrógeno) a la cantidad de iones positivos de hidrógeno que se concentran en determinado medio, en nuestro caso, en la tierra de cultivo. Se miden en una escala que va de 0 a 14. Si esta concentración es igual a 7, el medio del que estamos hablando será neutro. Si es más alto, el medio se considerará alcalino o básico, y si es menor que 7, ácido. Un terreno muy ácido quemará la planta; en uno muy básico la planta no crecerá con suficiente fuerza. El pH ideal para nuestro cultivo se sitúa entre 6,5 y 7,5.
Cómo controlar el pH
Existen varios métodos para controlar que el pH de nuestra mezcla sea adecuado: papel de tornasol, reactivo para el acuario, pH tester electrónico (un aparatito bastante económico que se deja clavado en la tierra de cultivo y marca el nivel de pH). Podemos conseguir estos productos en centros de jardinería, grow-shops o tiendas para animales.
Normalmente el terreno pecará de ácido. Si es así, podemos rectificarlo si le añadimos un poco de calcio disuelto en agua. Luego, volvemos a medir el pH, hasta conseguir el nivel adecuado.
Cómo preparar nuestra mezcla
Para una mezcla sencilla, pero que seguro que da buenos resultados, normalmente se usará una parte de humus y otra de estiércol o compost, y lo mezclaremos con un poco de alguna de las otras sustancias drenantes.
Por ejemplo:
1/3 de humus,
1/3 de perlita,
1/3 de compost
Si quieres mejorar esta mezcla, puedes combinar diversos abonos naturales; la variedad hace que esté presente un mayor número de micronutrientes. Pero ten cuidado: un exceso de abono puede quemar la planta (esto suele suceder más frecuentemente con los fertilizantes químicos).
La mezcla
Para preparar nuestra mezcla, podemos partir de una tierra base neutra (pH7), un sustrato universal sin añadidos químicos, de venta en todos los centros de jardinería, que llene la mayor parte de la maceta, y luego mezclarla con mejoradores del suelo que contribuyen a la vez a su drenaje y oxigenación, así como algún abono natural que la enriquezca.
MANOS A LA OBRA
Una vez conseguidos los elementos de jardinería necesarios, y habilitado el lugar donde crecerán las plantas, llega el momento de empezar a trabajar con la semilla. Para el cultivo exterior, este momento llega con las lunas crecientes de marzo y hasta principios de abril. Es el inicio del ciclo de crecimiento del cannabis.
Unos días antes de la fecha elegida, es bueno «despertar» a las semillas, es decir, humedecerlas para que la radícula (que después dará lugar a la raíz principal) y los cotiledones (primer par de hojas de la planta) que contienen empiecen a crecer. A este proceso se le llama germinación.
Germinación
La germinación puede hacerse de forma directa o indirecta.
El primer método consiste en plantar las semillas directamente en tierra, en la maceta definitiva, que antes habremos preparado según lo explicado en apartados anteriores.
Simplemente se entierra la semilla a medio centímetro de la superficie y después se riega abundantemente, pero sin que la tierra quede encharcada. En un período de tres a diez días, debería empezar a asomar el tallo de la planta y los cotiledones (el primer par de hojitas). Si no sucede así, probablemente la semilla no estaba en buen estado. Inténtalo de nuevo con otra semilla.
La germinación indirecta consta de varias fases: primero se humedecen las semillas, sin tierra; luego se siembran en una maceta pequeña o vasito biodegradable, y, finalmente, se trasplantan a la maceta definitiva.
Germinar directamente resulta más cómodo (nos ahorramos varios pasos), pero germinar indirectamente nos permite proteger bien la planta en sus primeras semanas de vida, asegurarnos de que todo el ciclo se está realizando correctamente y, sobre todo, de que las semillas que vamos a plantar son fértiles. De todos modos, si hemos elegido una semilla garantizada, es casi totalmente seguro que la planta crecerá bien, y además le ahorramos a ésta demasiados cambios de medio. Los trasplantes son un poco traumáticos si no se realizan con cuidado.
Germinación indirecta, paso a paso
Es un método más laborioso, pero más agradecido. Todos los cuidados que le profeses a la planta se verán recompensados con buenos resultados.
Las semillas deben humedecerse con agua y colocarse en un lugar cálido y sin luz. Un sistema muy común es colocar cada semilla entre dos algodones mojados, y esto dentro de una huevera, por ejemplo. También puede ponerse un trozo de papel de cocina sobre un plato, humedecerlo, dispersar encima unas cuantas semillas, y tapar con otro plato vuelto del revés.
Sobre todo, colocar el contenedor en un lugar cálido y oscuro.
Normalmente, en tres días podremos observar cómo de las semillas asoma una raíz blanca (es la radícula, que posteriormente dará lugar a la raíz principal).
Es el momento de sembrarla en tierra, en un jiffy o vasito de papel, a un centrímetro de profundidad, con la raíz hacia abajo. En un par de días, habrá empezado a salir el tallo y los cotiledones.
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