Read the book: «Cuida tus cervicales»
Dr. Jordi Sagrera Ferrándiz
Cuida tus cervicales

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con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso,
ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos
y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor
pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error
u omisión que se haya podido producir.
© del texto: Jordi Sagrera Ferrándiz, 2019.
© de las ilustraciones: Francisco Javier Guarga Aragón, 2019.
© de esta edición: RBA Libros, S. A., 2019.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición: junio de 2019.
ref.: ODBO549
isbn: 978-84-9118-205-4
depósito legal: b.13.242-2019
Coordinadora del libro: Laura González Bosquet.
Redacción: Pablo Cubí del Amo.
dâctilos • preimpresión
Impreso en España • Printed in Spain
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CONTENIDO
Introducción
1. La importancia de las articulaciones en el movimiento
¿Qué son las articulaciones facetarias?
El cojín que protege tus vértebras
¿De qué está compuesto el disco?
2. La columna y la zona cervical
¿Para qué sirven las curvas de la columna?
Los nervios de las cervicales
Tipos de respuesta frente a un nervio dañado
3. ¿Por qué duelen las cervicales?
¿Por qué se desgastan las articulaciones cervicales?
Causas del dolor de cervicales
El dolor, un tema subjetivo
Las mujeres los sufren más
¿Puede haber dolor sin que haya un problema cervical?
4. La importancia de los músculos
Una herramienta fundamental
Causas del dolor cervical de origen muscular
El latigazo o whiplash
Cómo afecta el dolor a los músculos
¿Se recupera la musculatura por sí sola?
5. ¿Cómo puede ser el dolor de cervicales?
¿Dónde está el origen del dolor?
¿Qué nos puede indicar el dolor?
6. ¿Qué especialistas tratan estas dolencias?
Un abordaje multidisciplinar
El papel del osteópata, del fisioterapeuta y del masajista
El papel del psiquiatra y del traumatólogo
No hay una regla fija
El gran debate: la regulación profesional
¿Dónde interviene el quiropráctico?
El recuperador deportivo
7. ¿Quién tiene más riesgo de sufrir de cervicales?
Agricultores, transportistas y obreros de la construcción
Algunos dependientes
Las personas que han sufrido un accidente
Las personas que usan continuamente pantallas
Las personas de vida sedentaria
Los conductores
Las personas nerviosas o con el ánimo bajo
Las personas con insomnio
8. Cómo puede alterar tu día a día el dolor cervical
El dolor pone la piel de gallina
El dolor es un indicativo de la intensidad de la lesión
Se acelera el corazón y sudas en exceso
Puede costarte más respirar
Puede provocar dolor de cabeza o fatiga visual
Puede producir mareos y vértigos
¿Cómo puedes mejorar el riego sanguíneo que llega al cerebro?
9. Las claves de un buen diagnóstico
La anamnesis, el factor humano
La exploración física
La radiografía revela tus vértebras
El escáner, la visión periférica
La resonancia magnética detecta las hernias
El electromiograma, para ver los nervios
10. Deportes para el cuidado cervical
Cuida el tono muscular
El deporte más adecuado
No te engañes con el ejercicio
Siempre hay que calentar
Evita los deportes de impacto
Cuánto deporte hay que practicar
11. Gestos para proteger las cervicales
Las tareas que más pueden dañarnos
Cómo sentarse frente al ordenador
Cómo sentarse delante del televisor
Cómo usar el móvil correctamente
La postura adecuada para leer o estudiar
La postura en las tareas domésticas
Reorganiza la cocina y la oficina
La forma correcta de caminar
Cómo transportar pesos
La postura adecuada para conducir
Cómo acostarnos de forma correcta
El colchón y la almohada más adecuados
Cómo levantarnos
La ropa también influye
La importancia de las emociones
12. Alimentos que benefician a las articulaciones
Primer objetivo: evitar el sobrepeso
El colágeno, un componente esencial
El ácido hialurónico refresca las articulaciones
El magnesio relaja tus músculos
Un menú para tus articulaciones
¿Son necesarios los suplementos?
13. La ayuda de las plantas
¿Cómo nos pueden beneficiar las plantas?
Cómo se utilizan las plantas
Productos ya preparados
Plantas relajantes musculares
14. Aromaterapia y fangoterapia
¿En qué consiste la aromaterapia?
¿Qué son los aceites esenciales?
Tratamiento con arcillas
Plantas remineralizantes
15. La importancia de las terapias manuales
El arte de combinar técnicas
16. Principales patologías de las cervicales
Desgaste cervical
Esguince cervical: forzar la articulación
Protrusión y hernia discal
Contractura o sobrecarga muscular
Pinzamiento de las vértebras
Latigazo cervical
La tortícolis
¿Cuándo debemos ir a urgencias?
17. Tratamiento para un dolor de cervicales
¿Frío o calor?
¿Ejercicio o reposo?
¿Es bueno quedarse en la cama?
Los peligros de la automedicación
Masaje para aliviar
18. Ejercicios de prevención y recuperación
Ejercicios para destensar la musculatura
Ejercicios que deben evitarse siempre
Ejercicios isométricos: trabajar sin mover
Ejercicios de estiramientos
consejos finales
Introducción
El dolor de cervicales es el más común después del lumbago y el principal motivo de consulta médica, lo que no es nada extraño puesto que las cervicales son la parte más frágil de la columna y la más vulnerable a las lesiones. Hay que tener en cuenta que los huesos que forman la zona cervical, las siete primeras vértebras de la columna, se encargan de soportar constantemente un peso importante: nuestra cabeza. La función de las cervicales es primordial, como vamos a ver. Por ellas pasan los centros nerviosos que se ramifican para conectar el cerebro con el resto del cuerpo. La columna cervical es el sistema articular más complejo y móvil del organismo. Tiene 32 articulaciones, coordinadas entre sí, y juntas llevan a cabo los movimientos de la cabeza en relación al tronco.
Se han hecho estudios del movimiento del cuerpo humano que aseguran que el cuello puede llegar a moverse hasta 600 veces en una hora de trabajo, algo que no ocurre con ninguna otra parte del cuerpo. Se mueve mucho más de lo que pensamos al caminar, al permanecer de pie, al acostarse o al levantarse. Si a esto le añadimos que la columna cervical está sujeta a situaciones de estrés o tensión, puede que no nos resulte tan sorprendente que pueda sufrir dolor y sobrecargas con enorme facilidad. Por todo esto es una de las principales partes de nuestro cuerpo en las que aparecen problemas articulares, musculares y óseos.
Los problemas cervicales son tan antiguos como nuestra propia historia. Fíjate en que ya aparecen referencias a ellos en inscripciones encontradas en tumbas egipcias que datan de tres siglos antes de Cristo: en una de las tablillas se describen los achaques de un joven jefe nubio, cuya relación con el mal estado de sus cervicales podría ser fácilmente deducida por un médico en la actualidad —casi con seguridad sus males estaban causados por no usar un reposacabezas en sus largas cabalgatas—. Los dolores cervicales pueden alterar de modo significativo nuestra calidad de vida. Por suerte, ahora sabemos mucho más sobre ellos que los antiguos sacerdotes egipcios. Sabemos cómo evitarlos o cómo hacerles frente. Mi objetivo es que tú también lo sepas.
La tensión nerviosa o la mala postura son las principales causas de las molestias cervicales. Además, puede haber otros múltiples desencadenantes concretos, como movimientos repetitivos relacionados con el trabajo, artrosis, protrusiones o hernias discales. Al margen de cuál sea su origen, las alteraciones que provocan van a ser nuestro objeto de estudio. Así pues, espero que al final del libro hayas podido conocer no solo cómo funciona esta maravillosa estructura, sino que sepas cómo prevenir los trastornos o las sobrecargas cervicales. Y que, si sufres algún dolor, tengas nociones sobre el motivo del mismo y su posible alcance: si es una alteración sencilla o algo más importante que hay que consultar con un médico.
Yo soy médico y masajista osteópata. He crecido profesionalmente junto con mi padre adoptivo, el doctor Vicente Lino Ferrándiz, que fue el creador del quiromasaje. Además, amplié mi formación sobre técnicas más específicas para manipular las vértebras cervicales con otros médicos. El conocimiento que me transmitieron y el que he podido desarrollar a lo largo de mi carrera profesional me han servido para comprobar que no hay que desesperarse con el dolor cervical, aunque pensemos que es crónico, ya que hay técnicas muy efectivas y poco invasivas para aliviarlo.
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La importancia de las articulaciones en el movimiento
Nuestro cuerpo es una máquina increíble. En cada movimiento que hacemos al día, ponemos en marcha un sofisticado equipo mecánico, compuesto de huesos, músculos y articulaciones. No podemos llegarnos a imaginar la cantidad de elementos que se movilizan al hacer cualquier pequeño gesto.
Los huesos dan estabilidad y robustez al cuerpo, mientras que los músculos también lo ayudan a sostenerse y transmiten la fuerza para realizar el movimiento. Pero nada sería posible si entre un hueso y otro no hubiera un engranaje que nos permitiera realizar esas tareas diarias. Ese engranaje son las articulaciones: las uniones entre los huesos que permiten que estos se engarcen sin erosionarse. Sin ellas, el movimiento sería imposible.
A las articulaciones, no solemos prestarles atención y muchas veces ignoramos su existencia hasta que nos duelen. Es entonces cuando advertimos su función e importancia.
¿Qué son las articulaciones facetarias?
Hay varios tipos de articulaciones. Las articulaciones semimóviles, que son las que trataremos en este libro, tienen una capacidad de movimiento muy limitado hacia los lados o adelante y atrás. Su función es sobre todo la de ejercer de nexo y soporte entre un hueso y otro. Es el tipo de articulación que hay, por ejemplo, entre las vértebras de la columna.
Las articulaciones no están formadas por un solo elemento, sino que son una combinación de varios que trabajan juntos para conseguir encajar un hueso en otro y facilitar el movimiento.
Las vértebras cervicales se conectan entre sí por medio de tres articulaciones. Hay dos pequeñas en la parte lateral de la vértebra que se llaman articulaciones facetarias. Además de conectar una vértebra con la otra, guían la espina dorsal, que es el tubo de nervios que conecta la cabeza con el cuerpo, permitiendo que acompañen el movimiento hacia delante o atrás. De esta manera, la columna y la espina dorsal se mueven al unísono.

Al igual que otras articulaciones del cuerpo, como la rodilla o el codo, permiten unos movimientos de columna reducidos. Pueden inflamarse a consecuencia de una lesión o por el desgaste como otras articulaciones, y provocar dolor y rigidez.
El cojín que protege tus vértebras
El otro tipo de articulaciones de las vértebras son los discos intervertebrales, que actúan como cojín entre ellas, y además sirven como ligamento para mantenerlas juntas. El disco intervertebral no es homogéneo: tiene un núcleo pulposo, como un gel o una clara de huevo, alrededor del cual hay un disco, llamado anillo fibroso.
¿De qué está compuesto el disco?
El principal elemento de estos anillos es agua, por lo que su abundancia en el núcleo pulposo lo convierte en un amortiguador extraordinario. En el disco encontramos también grandes cantidades de colágeno, la molécula responsable de la firmeza y la elasticidad del anillo. A medida que el cuerpo envejece, la producción de colágeno se va reduciendo gradualmente. Por eso la edad es un factor determinante para saber el estado en el que están nuestras articulaciones y para explicar varias de las dolencias que pueden presentarse.
El ácido hialurónico es otra molécula presente tanto en las articulaciones como en los cartílagos y la piel, que ayuda a retener agua dentro de los tejidos, actuando como lubricante. Al igual que el colágeno, también va desapareciendo con los años. Así, se calcula que a los cincuenta años el ser humano ha perdido la mitad del ácido hialurónico.
En el núcleo del disco también hay, en una proporción que varía entre el 30 % y el 60 % de su composición, gel proteoglicano, otra clase de proteína, con la función de conservar el agua de los tejidos.
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La columna y la zona cervical
La columna o espina dorsal es la línea central de nuestro esqueleto que acompaña y potencia cualquiera de nuestras acciones, como, por ejemplo, lanzar una piedra o empujar una silla. También contribuye a mantener estable el centro de gravedad de nuestro cuerpo, tanto en reposo como, sobre todo, en movimiento.
La columna está formada por 33 vértebras. Los siete huesos cervicales son más pequeños que las demás vértebras de la columna. Además de proteger la médula espinal, la función de la zona cervical es aguantar el peso del cráneo y permitir los movimientos de la cabeza, adelante y atrás y hacia los lados. Para ello, las dos primeras vértebras son diferentes: tienen una forma y una función única. El cráneo se apoya en la primera vértebra, denominada atlas, que sirve de eje y cuyo diseño permite que la cabeza se mueva adelante y atrás, como al asentir. La siguiente vértebra, el axis, se sitúa detrás del atlas y sirve para girar el cuello hacia los lados, como cuando negamos con la cabeza. Cada una de las cinco vértebras restantes tiene una forma muy igual —la séptima, un poco más prominente— y está destinada a aguantar el peso de la cabeza. Además, las vértebras cervicales están rodeadas por un complejo sistema de músculos, ligamentos y tendones, que ayudan a sujetarlas y estabilizarlas.
Los músculos son los principales responsables de mantener el equilibrio y la estabilidad, y permiten el movimiento. Cuanto más musculado tengamos el cuello, las cervicales se aguantarán con mayor firmeza. Existen diferentes tipos de músculos, algunos de los cuales van ligados en pares. Así, cuando el de un lado se contrae, el otro se relaja. Por otro lado, los ligamentos evitan que giremos en exceso la cabeza y que nos provoquemos lesiones graves.
Si miramos una espalda a través de rayos X veremos que las vértebras están perfectamente alineadas. Pero si la miramos de perfil, la columna ya no es recta, sino que forma dos zonas de curvas. La curvatura superior corresponde a la zona cervical, que va desde la base del cráneo hasta la altura de los hombros, mientras que en la parte inferior se forma la curvatura lumbar.
¿Para qué sirven las curvas de la columna?
El ser humano ha evolucionado, desde que empezó a erguirse, para que su columna sea lo más eficiente posible a la hora de transportar cargas y trabajar sujetando objetos con los brazos.
Aguantamos mejor la cabeza —que, aunque pueda sonar cómico, no es precisamente ligera, ya que de media pesa entre 4 y 6 kilos— y cualquier cosa que llevemos sobre ella, si las vértebras cervicales forman esa suave curva, en lugar de ser una línea recta. Esa curvatura se denomina lordosis cervical y se forma gracias a que los mullidos discos intervertebrales cervicales no son completamente planos, sino que tienen forma de cuña. La altura anterior de los discos cervicales es aproximadamente un 40 % mayor que la altura de los discos en la parte posterior. Como veremos más adelante, por el desgaste, por malos hábitos o por un esguince, se puede producir la rectificación de la lordosis cervical o pérdida de parte de esa curvatura.
Si la forma de las cervicales es correcta, su perfecto diseño nos permitirá que la carga de la cabeza esté bien repartida y equilibrada, con el centro de gravedad bien distribuido. En cambio, si la curva no es la adecuada, el centro de gravedad se desplaza hacia delante, con lo que los músculos del cuello y de las articulaciones trabajan más para soportar esa inclinación.
Autoevaluación: ¿cómo saber si tengo la curvatura cervical correcta?

Esta sencilla prueba te puede servir para comprobar tú mismo si tienes las cervicales rígidas o no; es decir, si has perdido algo de la curvatura natural que forman las cervicales.
Sitúate de pie con la espalda recta y apoyada en una pared. Después, levanta la cabeza hasta que estés erguido y mirando al frente. No se trata de ir subiendo la cabeza hasta que toques la pared, sino de que mantengas una postura natural para ti. A continuación, pasa la mano por detrás de la cabeza. Si no puedes, porque tocas la pared o hay como máximo dos dedos de distancia entre la cabeza y la pared, la curvatura es correcta.
Los nervios de las cervicales
El sistema nervioso central parte del cerebro, desciende a través de la médula espinal y se va ramificando a medida que baja por todo el cuerpo, como una red eléctrica que va suministrando señales a cada punto de nuestro cuerpo y les manda información. Esta red ramificada es el sistema nervioso periférico.
Los nervios cervicales controlan muchas de las funciones del cuerpo y de sus actividades sensoriales. Los médicos los enumeramos del 1 al 8. De una manera muy simplificada, y solo como orientación, podemos resumir las conexiones que establecen cada uno de ellos como veremos a continuación.
C1 y C2: la cabeza y el cuello.
C 3: el diafragma.
C 4: los músculos superiores del cuerpo, como los deltoides, situados en los hombros y los bíceps, al principio de los brazos.
C5 y 6: los músculos extensores de la muñeca.
C7: los músculos tríceps (situados en la parte posterior de los brazos).
C8: las manos.
Estos nervios, como ves, son vitales para numerosas funciones de toda el área superior del cuerpo. Un daño en un nervio cervical se manifiesta de muchas maneras, dependiendo de cuáles de ellos se vean afectados y de la gravedad del daño que se haya producido.
Tipos de respuesta frente a un nervio dañado
Cuando se daña un nervio se pueden producir las respuestas que explicaremos a continuación.
1 Pérdida de la función muscular. Por ejemplo, un accidente de coche o caer mal de cabeza en el agua pueden provocar la fractura de las vértebras cervicales y afectar también los nervios. Si el nervio dañado es el C7, pueden quedar debilitados los músculos que conectan con las manos, mientras que si el afectado es el C4, los brazos pueden quedar atrofiados y sin movimiento.
2 Dolor. También el dolor en zonas en teoría alejadas del cuello puede estar relacionado con las cervicales, por causa de las conexiones nerviosas. Si sufrimos una hernia discal —un problema de los discos intervertebrales, que explicaremos más adelante— por la cual se ve constreñido el nervio C6, el resultado puede ser un dolor que irradia desde el brazo hasta el dedo pulgar.
3 Entumecimiento. En otras ocasiones, la parte dañada por el nervio queda entumecida. El C6 del ejemplo anterior puede verse afectado de otra manera, y entonces sentimos el brazo y el pulgar tumefactos, como si se nos quedaran dormidos.
4 Dificultad para respirar. Es una reacción lógica cuando los nervios afectados corresponden a las primeras vértebras, desde donde se ramifica el nervio C3. El diafragma puede verse debilitado hasta el punto de que el paciente necesite respiración asistida.
5 Hormigueo. Lo que conocemos popularmente como cosquilleo u hormigueo tiene un nombre técnico: parestesia. Los médicos a veces encuentran en ese hormigueo en la mano una pista para establecer qué nervio cervical se ha visto afectado.
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¿Por qué duelen las cervicales?
Dolor cervical o cervicalgia es el nombre médico con el que se conoce el dolor proveniente de las cervicales y significa simplemente eso. Por lo tanto, no es un diagnóstico o la denominación de ninguna patología en concreto. Se trata meramente de un término descriptivo para referirse al dolor de cuello y al de la zona cervical, en concreto.
Normalmente ese dolor está causado por problemas mecánicos. Por ejemplo, las malas posturas, los traumatismos, el estrés y la tensión nerviosa y los esfuerzos pueden dañar e inflamar las articulaciones, los músculos, los ligamentos y los nervios del cuello, dando lugar a dolor, contracturas, pérdidas de movilidad, dolores de cabeza, mareos, vértigos, dolor referido a los brazos y hormigueos en las manos, entre otros síntomas.
Como el dolor de cuello o cervicalgia puede producirse por diversos tipos de lesiones que producen síntomas parecidos, es preciso identificar la causa concreta del dolor de cada paciente para poder aplicar el tratamiento adecuado de acuerdo con origen del problema y no solo tratar los síntomas que produce. De este modo, se evita que la lesión empeore y se cronifique.
¿Por qué se desgastan las articulaciones cervicales?
Cualquier mecanismo de una maquinaria acaba desgastándose por el paso del tiempo, el mal uso y el rozamiento. Nuestro cuerpo no es una excepción, por mucho que tengamos unos sistemas muy efectivos para reparar, en lo posible, las erosiones que padece. No todo se puede arreglar ni todas las reparaciones que realiza nuestro cuerpo son siempre beneficiosas, por contradictorio que pueda parecer. Esto, que se puede aplicar a cualquier parte de nuestro organismo, es especialmente significativo en la zona del cuello. Estamos tan acostumbrados a mover el cuello que no somos conscientes de todas las veces que lo hacemos. Se calcula que, de media, lo movemos 600 veces por hora. El cuello no se mueve solo cuando giras la cabeza sino que con cada gesto, con cada risa, con cada acto de levantarse, de sentarse o de caminar estás moviendo inconscientemente la columna cervical.
Las articulaciones cervicales, o discos intervertebrales, están cubiertos por un cartílago liso y brillante. Las propiedades resbaladizas del cartílago favorecen que las dos superficies de las vértebras se muevan fácilmente entre sí, mientras que el disco intervertebral que funciona como un cojín y que está bien adherido a las dos vértebras entre las que se sitúa, resiste la tendencia de estas a desalinearse. Con el paso del tiempo y con el uso, el cojín puede achatarse ya que va perdiendo parte del agua de la que se compone. Por tanto, el disco ya no brinda un acolchado adecuado entre las vértebras, con lo que los huesos se van acercando cada vez más.
Como el disco ya no frena como antes la acción de las fuerzas a las que está sometido normalmente, las otras articulaciones deslizantes de la columna —las articulaciones facetarias— sufren las consecuencias. Como mencionamos antes, estas articulaciones tienen sobre todo la función de guía. Ahora se les encomienda una tarea extra: se ven obligadas a soportar una carga adicional mucho mayor. Pero ni las articulaciones facetarias ni el cartílago que envuelve las vértebras están tan lustrosos como años atrás y también sufren. Se establece así un círculo vicioso de desgaste. Cuanto más se degeneran las articulaciones facetarias, menos ayudan en el movimiento y en el soporte de pesos, lo que repercute en el disco intervertebral ya gastado que, a su vez, se va a degenerar todavía más.
En la actualidad, los cambios en el disco intervertebral y en las articulaciones facetarias no son reversibles, por lo que hay que cuidarlas para que ese desgaste sea lo más lento posible.
Está comprobado que si tuviéramos una buena higiene postural se evitarían muchos de los dolores de la zona cervical. Se trata de mantener una buena postura y los músculos de la zona más relajados, a pesar del estrés al que nos somete el día a día, que pasa factura especialmente al cuello. Fíjate cómo cuando estás en una situación de tensión, los primeros músculos que se sobrecargan son los de esa zona. Vivimos alerta ante cualquier sonido, como hacían nuestros antepasados nómadas cuando presentían un peligro; dispuestos siempre a girar la cabeza rápidamente en cualquier dirección por donde pueda aparecer un animal peligroso, o para oír mejor un sonido extraño. Hoy ya no tememos la presencia de una bestia en los alrededores. Sin embargo, esa tensión puntual se ha convertido en algo permanente, por la continua cantidad de estímulos que nos invaden y el estrés sin fin.
Causas del dolor de cervicales
El desgaste de las articulaciones no es algo a lo que tengamos que resignarnos como un pago inexorable por el paso de los años. Más adelante veremos que existen muchos recursos que nos ayudan a cuidarlas: desde los cambios de hábitos, los ejercicios para mejorar la postura y los estiramientos a los consejos nutricionales y los tratamientos de fitoterapia. De todas formas, el desgaste no sería un problema tan acuciante si no fuera porque además es una causa frecuente de dolor. De hecho, el dolor cervical es una de las causas habituales de consulta médica.
Son los llamados receptores del dolor los que nos avisan de este, cuyo origen último puede ser muy variado. Al igual que en muchas partes del cuerpo, tenemos receptores del tacto, del frío, del calor o de la presión, también tenemos receptores del dolor. Todos estos receptores son pequeñas estructuras, como nódulos, de tejido nervioso. En los aproximadamente dos metros cuadrados que ocuparía nuestra piel estirada se acumulan unos cinco millones de estas diminutas antenas. Son como las alarmas de las casas, que están ahí a la espera de recibir una señal.
Los receptores del dolor también están presentes en las articulaciones de las cervicales y se caracterizan por un umbral del dolor muy bajo, mucho más que en otras partes del cuerpo. Así, en cuanto notan una pequeña alteración, se estimulan y te avisan. Aunque, depende de cada persona, en general, son muy sensibles.
El dolor, un tema subjetivo
El dolor, en sí, no es palpable. Hay especialistas que se han dedicado a medirlo y han aplicado grados de dolor para poder realizar un estudio. Sin embargo, no se puede ver claramente. Podemos examinar el daño que ha hecho una herida en la piel o los problemas que el deterioro ha provocado en una articulación. Eso sí se puede fotografiar y estudiar. Pero no podemos hacer una descripción clara de cuánto dolor causa esa herida o ese deterioro articular.
Se trata del mismo tipo de subjetividad que se observa en los receptores del calor y del frío. Por ejemplo, para mí la temperatura del agua de la ducha puede ser agradable, mientras que para otra persona puede estar demasiado caliente. Hay unos mínimos y unos máximos, y en esa franja las opiniones pueden variar mucho. Este mecanismo también explica por qué hay gente que consigue soportar mejor el dolor. Además, la concentración puede influir en el dolor. Así, si relajas el cuerpo, fabricas sustancias calmantes en todo tu organismo, con lo que los receptores se vuelven menos sensibles.
Las mujeres los sufren más
Las mujeres son más proclives a sufrir dolores cervicales crónicos. No es una percepción subjetiva, sino una evidencia científica comprobada por varias investigaciones, como el reciente estudio llevado a cabo por el Centro Médico de la Universidad Loyola, en Estados Unidos. Las diferencias no son muy grandes, pero sí significativas. De los pacientes que acudieron al médico aquejados por este problema, los casos de dolor crónico y recurrente entre las mujeres alcanzaban el 12 %, mientras que entre los hombres no llegaba al 11 %. Las diferencias se incrementan si se trata de consultas puntuales. En este caso, el porcentaje es del 68 % entre las mujeres, frente al 32 % entre los hombres.
Se han dado varias explicaciones para justificar estas diferencias, algunas de las cuales son sociológicas, como el hecho de que las mujeres tienen más costumbre de ir al médico a consultar cualquier problema. Otra causa reconocida son las diferencias hormonales. Cuando los investigadores del estudio analizaron los casos en los que el dolor se debía a un desgaste de las articulaciones, comprobaron que efectivamente se daban más en mujeres (4,5 % de mujeres frente a un 3,3 % de hombres). Descartadas otras posibles causas, como el tabaquismo, la edad o el peso, la conclusión lógica fue que, efectivamente, las diferencias hormonales influían en el mantenimiento de las articulaciones.
Hay también una explicación más general. Como sabemos, la mujer, dentro de su ciclo, sufre alteraciones hormonales. Cada tipo de hormona provoca a su vez otros cambios, como retención de líquidos, estrés, tensión muscular, etc. Por esa razón suelen sufrir con más frecuencia dolores, en general, como migrañas o dolores en los músculos. Y por eso también sufren dolores en las cervicales, que no tienen una patología de base, es decir, no se deben a una enfermedad concreta. En cambio, los hombres siempre tienen las mismas hormonas; aunque con los años van bajando poco a poco, no hay alteraciones, por lo que no es un factor que favorezca que sufran dolor, al menos no con la frecuencia con el que lo sufren las mujeres.
Es curioso cómo se invierten los términos cuando hablamos de la percepción del dolor. Los hombres, menos acostumbrados a sentirlo, cuando experimentan dolor tienden a quejarse más y a percibirlo como incapacitante en más ocasiones que las mujeres. Ellas, pese a que estadísticamente sufren más tipos de dolores, como migraña, dolores de cabeza en general o fibromialgia, entre otros, los exteriorizan menos y suelen sobrellevarlos con mayor entereza.
Lo vivo muy a menudo en la consulta. Un hombre se preocupa en seguida; a la mínima que siente un dolor tiene que averiguar cuál es su causa. En cambio, cuando le preguntas a las mujeres si tienen dolor te suelen responder con un «lo normal», lo que significa que ya están acostumbradas a convivir con él, y no le dan más importancia. Es, por tanto, un tema de percepción. No es que los hombres, en general, sean más sensibles al dolor que las mujeres, sino que están menos acostumbrados a sentirlo.
¿Puede haber dolor sin que haya un problema cervical?
Pues sí. En ocasiones el origen del dolor cervical, o incluso craneal, está fuera de la columna. Por tanto, a primera vista no resulta tan evidente. La tensión arterial elevada puede acabar provocando dolores en las cervicales o dolor de cabeza. En este caso estamos ante un dolor reflejo. La patología no implica las cervicales, sino que, al haber más presión en las arterias, estos conductos están más cerrados, por lo que hay menos riego y más tensión circulatoria. Esa circunstancia causa dolor por causa de una disminucion del riego sanguíneo.
Tener los niveles de colesterol muy elevados también puede ocasionar molestias en las cervicales por un motivo similar al anterior. Además, no es la única parte del cuerpo en la que pasa. Un problema de vesícula, por ejemplo, puede provocar dolor en el hombro.
Existe una sencilla autoevaluación, que presentamos al final del siguiente capítulo, que te ofrece la posibilidad de realizar una primera aproximación a las causas del dolor. Si al hacerla no notas ningún cambio en las molestias que sufres, se puede deducir que el problema no viene de las cervicales. Es decir, si no hay disminución de la movilidad y de la de rotación pese al dolor y, en general, este no empeora con ningún movimiento, podemos deducir que su origen está, como decimos los médicos, extrarraquis, es decir, fuera de la columna.
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La importancia de los músculos
Los músculos del cuello son, en un número elevado de casos, los culpables del dolor cervical. Aunque lo primero que relacionamos con este dolor, por su nombre, son las cervicales, estas están íntimamente engarzadas con los músculos que las sujetan y las ayudan a girar. Por eso, cuando se produce un dolor en la zona del cuello, los músculos deberían estar entre los primeros puntos analizados. Suelen sufrir contracturas con facilidad cuando se realiza cualquier movimiento brusco y generan entonces lo que se conoce como puntos gatillo o pinchazos. Estos se manifiestan a veces en zonas alejadas del lugar donde se localiza la contractura, porque estas lesiones irradian el dolor hacia las terminaciones nerviosas de la espalda, del hombro, e incluso más lejos, hasta el codo o la mano. También pueden repercutir en la cabeza y provocar cefaleas. Ante cualquier problema de cervicales, aunque no ataña directamente a los músculos, hemos de tener presente que la musculatura se contractura siempre. Es una reacción natural para protegerse y proteger la zona, independientemente de la causa que haya provocado el dolor.
Una herramienta fundamental
En nuestro día a día exigimos mucho a los músculos del cuello y rara vez pensamos en él, si no nos advierte antes que lo hemos forzado. Basta observar cómo los usuarios de los gimnasios ejercitan toda la musculatura del cuerpo y solo una minoría realiza ejercicios específicos para esa zona. Se puede creer erróneamente que no lo trabajan cuando, en realidad, se moviliza con gran parte de los ejercicios que hacen. Por otro lado, encontramos un buen ejemplo de ejercitación del cuello en el gran trabajo específico que realizan los pilotos de Fórmula 1, ya que, en el coche, están a merced de fuerzas muy potentes y, pese a ello, no sufren lesiones gracias a su entrenamiento.
Un cuello fatigado reduce nuestra movilidad por causa de posibles tirones, no ayuda a proteger bien las vértebras cervicales a la hora de cargar pesos y, al mismo tiempo, reduce nuestro equilibrio. Hay que tener en cuenta que es el único grupo muscular que tiene contacto directo con el sistema nervioso, por lo que es importante que lo conozcamos y ejercitemos adecuadamente.
El cuello está formado por 54 músculos en movimiento permanente, ya que ayudan a realizar todas las acciones de la cara (sonreír o sorprendernos, por ejemplo) y a usar cualquiera de nuestros sentidos (vista y olfato). Por eso, se están moviendo continuamente y solo descansan cuando nos estiramos en la cama y relajamos nuestra expresión. Por tanto, están en constante riesgo de sufrir una contractura por un mal gesto —los músculos que las padecen con más frecuencia son los de la región lateral del cuello.
Causas del dolor cervical de origen muscular
Una de las causas de dolor en el cuello o en la nuca, que puede ser agudo y presentarse de forma brusca, es forzar los músculos de esta zona. El motivo más habitual es un tirón o un movimiento fuerte. El tipo de lesión que se produce, si se limita a un daño muscular, no debería durar más de dos semanas, siempre y cuando se guarde reposo y se sigan los cuidados debidos.
Si se trata de un dolor crónico que aparece de forma recurrente, y muchas veces continuada, debemos buscar su origen en nuestros hábitos o en accidentes más importantes. Los más habituales son los siguientes:
una mala postura al dormir
una mala posición continuada en el trabajo
un movimiento brusco mal curado
una lesión o traumatismo repetido resultado de la práctica de algún deporte
el uso prolongado del ordenador
el sedentarismo
La mayoría de casos de dolor de cuello agudo se deben a una distensión de los tejidos del músculo, como los ligamentos o los tendones. Esta lesión, conocida popularmente como esguince o whiplash, puede ser causada por un estiramiento del cuello, por haber cargado un peso excesivo, por haber adoptado una mala postura o por un golpe violento.
El latigazo o whiplash
El esguince o latigazo cervical se sufre en muchas ocasiones como consecuencia de la colisión entre vehículos. Lo causa un repentino movimiento de la cabeza hacia atrás (hiperextensión), hacia delante (hiperflexión) o en ambas direcciones. Si el asiento del vehículo no dispone de reposacabezas, ese es el desplazamiento normal de la cabeza que provoca un choque a cierta velocidad.
El latigazo o whiplash lesiona varias estructuras del cuello como músculos, ligamentos y articulaciones, rectificando incluso la lordosis cervical (la curvatura natural de las vértebras) en muchos casos. Los síntomas que produce van desde dolor cervical hasta dolor irradiado a los hombros, los brazos y las manos. También causan hormigueos en las manos, dolores de cabeza, disminución de la movilidad del cuello, mareos y vértigo. A veces estos síntomas no aparecen hasta días, semanas o meses después del traumatismo, por lo que la detección precoz del posible daño producido y un apropiado tratamiento son esenciales para prevenir secuelas permanentes graves.
Un estudio publicado en la revista científica de traumatología Journal of Orthopaedic Medicine por los doctores G. Bannister y S. Kahn concluía que el tratamiento de osteopatía del esguince cervical obtiene mejores resultados que el convencional —al que consideran «decepcionante»—. Incluso observaron que, en los casos crónicos, el tratamiento de osteopatía fue el único que probó su efectividad. En cualquier caso, volveremos a tratar este tema cuando hablemos de los diferentes especialistas que se ocupan de los problemas cervicales.
Cómo afecta el dolor a los músculos
Varios estudios establecen que las personas que han sufrido un problema cervical mueven los músculos del cuello de manera diferente de quienes nunca han tenido dolor en esa zona. Es una reacción lógica, puesto que si una parte del cuerpo nos duele, intentaremos moverla lo menos posible para evitar que se reproduzcan las molestias.
Una buena musculatura es fundamental para ayudar a las articulaciones y protegerlas, por lo que la inmovilidad total de los músculos no es recomendable. Es mucho más interesante que el paciente se vaya conociendo a sí mismo y que sin forzar la musculatura, para evitar el dolor, mantenga el cuello erguido por sí mismo. Por esta misma razón, en las lesiones en las que se recomienda el uso de collarín, se dan pautas para que solo se lleve unas horas determinadas.
Por otro lado, como apuntó un estudio dirigido por el doctor Uhlig en el Journal of Orthopedic Research, el tipo de fibras que forman los músculos cambian significativamente cuando hay dolor. Así, en los pacientes analizados, tras sufrir dolor durante un año de forma frecuente, el estudio observó un cambio en los tejidos de su musculatura del 6 %. Dos años más tarde, si el dolor seguía siendo recurrente, se podía comprobar que el 44 % de las fibras se habían transformado. El estudio planteaba que esta puede ser la razón por la que hay una mayor fatiga muscular en los pacientes con dolor de cuello.
¿Se recupera la musculatura por sí sola?
Los estudios dan a entender que no. La mayoría de las heridas leves de los ligamentos, los tendones y los músculos del cuello dejan de doler en poco tiempo —unos días o un par de semanas—. Pero las personas que no realizan ningún tipo de ejercicio terapéutico no recuperan su función muscular simplemente con la desaparición de los síntomas. Aunque los masajes en la zona afectada pueden ser de gran ayuda para mejorar los problemas de dolor, para tener una buena recuperación de la función muscular la persona tendrá que contar con un entrenamiento específico de los músculos que se hayan visto afectados, lo que significa que solamente un profesional especializado podrá tratar y aconsejar los ejercicios adecuados.
Autoevaluación: ¿cómo averiguar la tipología de tu dolor cervical?
Aquí tienes una sencilla prueba que puede ayudarte a diferenciar el tipo de dolor cervical que tienes. Es conveniente que para hacer este movimiento estés sentado, con los pies separados y las manos a los costados. De esta manera, nos aseguramos de no caernos si nos mareamos al hacerlo.
Ha de quedar claro que esta prueba no debe suponer ningún esfuerzo. Si notamos más dolor del que ya tenemos, pararemos en seguida. Tampoco forzaremos el movimiento.
Una vez sentados y con la espalda y la cabeza rectas, moveremos lentamente la cabeza hacia atrás, como si quisiéramos mirar el techo.
Si al hacer este movimiento notas que el dolor empeora, seguramente se trata de un problema en las articulaciones, por lo que, al forzarlas, te avisan de que las dañas más. La visita al médico se vuelve obligatoria para que te especifique el origen concreto del problema y el tratamiento adecuado. Podría ser artrosis, que los músculos están débiles y la articulación sufre, o algún otro trastorno que el doctor te aclarará.
Si, por el contrario, al levantar la cabeza, notas un cierto alivio en el dolor cervical, es muy probable que este sea de origen muscular. Los músculos del cuello pueden sufrir una sobrecarga y ese simple gesto ayuda a relajarlos. Por eso sientes alivio. En ese caso, puede que unos cuantos ejercicios de relajación muscular basten para calmar el dolor. En cambio, si este perdura, no está causado por tensión en los músculos, y conviene ir al médico para que evalúe que no sea una contractura y necesites un tratamiento más específico.

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