Read the book: «Cuerpo consciente»

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Denis Criado

Cuerpo consciente

Hacia un Yoga integral


© 2020 by Denis Criado

© de la edición en castellano:

2020 by Editorial Kairós, S.A.

Numancia 117‑121, 08029 Barcelona, España

www.editorialkairos.com

Composición: Pablo Barrio

Diseño cubierta: Carola Zerbone

Primera edición en papel: Diciembre 2020

Primera edición en digital: Marzo 2021

ISBN papel: 978-84-9988-809-5

ISBN epub: 978-84-9988-902-3

ISBN kindle: 978-84-9988-903-0

Todos los derechos reservados.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita algún fragmento de esta obra.

Al Fuego Eterno entre amaneceres, inciensos y pétalos; a todos los maestros y alumnos de Yoga que dejaron huella en mi alma.

A todos ellos, con profunda devoción, gratitud y amor.

Sumario

1  Prefacio

2  El árbol sagrado

3  Rama y Sita

4  1. De la crisis del estrés a las raíces del cuerpo

5  2. Consciencia de la respiración y del límite

6  3. Consciencia del 'prana' y de las sensaciones

7  4. Consciencia del karma y del gran corazón

8  5. Consciencia de la intuición y del espacio interior

9  6. La senda del Yoga hacia la felicidad y la libertad

10  7. Ofrendas de intención

11  Agradecimientos

12  Bibliografía

Este libro está destinado a servirte como un mapa, una guía para invitarte a que realices las posturas de Yoga desde la consciencia, cuya naturaleza vive en el presente y es compasiva, y menos desde la mente, analítica y condicionada. Como bien sabes, un mapa no es el territorio. Del mismo modo, no se debe confundir el conocimiento sobre el cuerpo con la sabiduría que la práctica consciente ofrece en sí. Este viaje lo tienes que vivir tú mismo.

Prefacio

Cuando decidí escribir Cuerpo consciente, lo hice desde la perspectiva de mi propia historia y de las enseñanzas que recibí a lo largo de los años. Muchas veces me han preguntado cuándo empezó mi andadura en el Yoga. La primera semilla la recuerdo como si fuera ayer. Tenía cinco o seis años, estaba con mis padres y mi hermano en Florencia de visita y fuimos a ver la escultura el David de Miguel Ángel Buonarotti. En silencio, me acerqué a aquel coloso –siendo un niño me debió de parecer aún más grande– y lo miré como si tuviera vida. Me dejó con la boca abierta, sobre todo al ver a tantos adultos en silencio contemplando la escultura. De repente, se acercó agachada mi madre por detrás indicándome con emoción: «Mira las venas en su mano, es increíble, es pura belleza, no ha dejado nada al azar». Tenía presencia, emanaba «algo más», era como si estuviera vivo, no parábamos de mirarlo; ¡estamos hablando de una pieza de mármol que podía crear presencia! En ese instante, algo quedó sembrado en mí para siempre. Inicié una búsqueda en relación con el cuerpo, y en ese momento emprendí un viaje sin retorno.

Muchos años más tarde, cuando leí un libro del maestro de Yoga Iyengar, me impactó un comentario suyo en relación con las venas, con la sensibilidad desarrollada en ellas y con que todo tiene que estar perfectamente integrado en la postura para crear presencia, armonía e integración, pensé: «Justo como el David de Miguel Ángel». Y fue en ese momento cuando empecé a esculpirme seriamente. La semilla del Yoga se implantó en mí desde entonces.

Desde muy temprana edad, tuve la posibilidad de observar cómo mi madre enseñaba Yoga. Por aquellos primeros años, preparaba tés, encendía velas, limpiaba y arreglaba las salas de los alumnos, les servía frutas en los descansos; en ocasiones iba a recoger a los invitados yoguis de otros países, expertos en Yoga y ayurveda, y hacía de intérprete, traduciendo del inglés o del italiano al español para los alumnos. En las prácticas me metía en la última fila, convivía con el alumnado en las comidas, en los ratos libres, y así durante muchos años. Las preguntas se repetían una y otra vez, se profundizaba en la práctica, y las inquietudes espirituales surgían.

Por aquellos años, mi motivación personal hizo que fuera a conocer las raíces del Yoga occidental. Desde el principio sentí que quería conocer a aquellos maestros de hatha yoga que fueron entrenados por grandes yoguis y que trajeron el Yoga desde la India, asentándose principalmente en Estados Unidos. No esperaba nada especial de sus «herederos», pero me quedé muy sorprendido al conocerlos. Muchos estaban en sus setenta u ochenta años, pero eran muy joviales, tenían familia, maestría de las prácticas y una gran presencia. Residían en comunidad, dentro de residencias de centros de Yoga (ashrams), algunos fundados en los años sesenta o incluso antes, ubicados principalmente en California, y que a su vez tenían «sedes» en la India. Enseguida comprendí que era la posibilidad de vivenciar el Yoga de una forma muy diferente a la de una clase de Yoga de poco más de una hora. Era como comparar una piscina con el océano.

Residí largas temporadas en ashrams de reconocidos maestros de hatha yoga de linajes provenientes de la India. El ashram fue para mí un laboratorio para profundizar más, vivir una vida holística y compartirla con otros yoguis. Aunque hice en mis primeros años varias formaciones «regladas» de hatha yoga en Estados Unidos, nada comparable con la experiencia directa de vivir el Yoga y ser guiado por maestros de linajes reconocidos. Ya no había diferencia entre formarse, practicar y vivir. Era lo mismo. Y así hice, año a año, durante quince años. Fueron decisiones espontáneas y naturales el hacerme estudiante de grandes maestros de Yoga. ¿De qué otro lugar podía absorber las enseñanzas más auténticas y puras?

Es parecido a la analogía de absorber la luz solar. Si quería experimentar realmente la luz solar, simplemente tenía que estar cerca de la luz solar, y seguramente al poco tiempo me broncearía. Del mismo modo, si quería experimentar una vida consciente y holística con base en el Yoga, profundizar en sus prácticas en la esterilla, tenía que entablar alguna relación con algún maestro de Yoga y con un grupo de personas para aprender. Estando allí pude interiorizar el conocimiento práctico que adquiría. Tuve la oportunidad de conocer maestros de hatha yoga con base en la filosofía tántrica. Estos maestros, a diferencia de los que no tienen una base tántrica, no son monjes, son personas que han pagado facturas, se han casado, y son altos conocedores de las prácticas de Yoga y de las escrituras yóguicas en relación con la vida. Algunos de ellos crearon grandes comunidades residenciales en la década de los 1960. Para mí era un privilegio tener contacto directo con ellos. Me enseñaron las posturas (asanas) en relación con el cuerpo y con la vida. La filosofía tántrica me sedujo desde el principio. Desde esta filosofía, el Yoga se convierte en una posibilidad de aprender a vivir en el mundo y no fuera de él.

También me impactó la forma de enseñar, muy diferente al estilo occidental, que siempre quiere comprender conceptualmente la práctica en sí. Hay una historia que ilustra justo este punto:

Había un científico que quiso comprender la esencia de las prácticas de Yoga y su impacto en el cuerpo. Solía ser adicto a la lectura de libros, y esto consumía la mayor parte de su tiempo. Una noche, poco después de conocer al maestro, estaba sentado en la sala de recepción principal del ashram leyendo un libro sobre Yoga. El maestro se había retirado por la noche, y pensó que estaba solo. Sin previo aviso, el maestro entró en la habitación, caminó hacia él y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?». El joven científico respondió: «Estoy leyendo este libro». El maestro entonces dijo: «¿No lo entiendes? Las mentes hacen libros; pero los libros no hacen mentes». El joven científico entendió: no se puede alcanzar cierta comprensión al leer o al pensar o examinar, porque es mucho más grande que la mente. Se dijo que ese joven abandonó la lectura después de ese incidente, y se dedicó a las prácticas yóguicas durante años: experiencia primero, comprensión conceptual después.

Enseguida aprendí que un maestro genuino de Yoga no es solo alguien que responde a tus preguntas, sino alguien que simultáneamente brinda una experiencia energética y una presencia directa, vivida, de lo que se busca en la práctica. Hablan poco y lo justo, y en ocasiones permanecen en silencio profundo. Muy pocas veces he vivenciado tal campo energético de un ser humano de forma tan clara y palpable. Por separado, solo tres grandes maestros de Yoga, de los muchos que conocí, irradiaban esa presencia. Aunque suene esotérico, había luz en sus rostros y alrededor de sus cuerpos. Hubo ocasiones en las que su sola presencia hacía que inmediatamente los presentes entráramos en un profundo silencio, en un estado meditativo, se sentía amor incondicional, no había atisbo de pensamiento, se sentía un baño de energía envolviendo el cuerpo, difícil de explicar con palabras.

Es como la barra de metal que tiene billones de electrones que se anulan, pero tiene el potencial de ser una barra magnética. Si otra barra magnética se acerca a la barra de metal, tiene el poder de realinear todos sus electrones. Los grandes yoguis, como una barra magnética, tienen la poderosa presencia magnética de realinearte con tu verdadera identidad; espíritu, consciencia pura. Esto es a lo que se refiere el Yoga con transmisión directa.

Por otro lado, a nivel humano, no son perfectos ni quieren serlo. Con los años comprendí que el verdadero maestro de Yoga ni se considera maestro ni tampoco alguien especial, ni se compara ni cree tener la verdad única, pero sí transmite plena consciencia y compasión, tanto en la práctica de las posturas como en la vida.

Seguí mi camino para practicar distintos métodos y linajes de Yoga. Todos ellos me marcaron. Incluso iba a retiros intensos de varios meses, donde se hacían diez horas de asanas al día y dos horas de pranayama. Transcendía el tiempo, exploraba cada rincón del cuerpo; era belleza en movimiento. Era explorar el cuerpo a través de las posturas, la respiración, conectar con algo más grande a través de ceremonias, de la meditación y de los círculos de fuego sagrado. El caso era esculpirse, mirar dentro, ese era mi compromiso. Me abandoné al proceso.

De alguna forma vivencié aquello que una vez escuché en un satsanga (reunión de yoguis que crea una poderosa atmósfera espiritual y que permite una experiencia de meditación muy profunda). Se leyó esta historia:

En la India hubo una vez un escultor encargado de construir un templo. Cuando se acercó a un bloque de granito y comenzó a desprenderse, el escultor sintió una extraña resistencia, como si a la roca le molestara que la empujaran y la cortaran. El escultor se asustó, dio un paso atrás y se trasladó al siguiente bloque de granito. Esta segunda roca estaba más dispuesta a ser astillada y esculpida para convertirse en una estatua de una hermosa deidad. Cuando el escultor terminó, colocó la estatua de granito en un altar mayor. Utilizó el primer bloque de granito como la plataforma sobre la que se levantaban los peregrinos cuando hacían sus ofrendas a la deidad. Más tarde, la primera piedra se quejó a su amigo, la piedra tallada. La primera piedra lamentó su propio destino bajo los pies sucios de los fieles, mientras que la otra piedra ahora estaba siendo venerada y bañada en leche, miel y agua de rosas. La segunda piedra respondió: «Si recuerdas, no quisiste que el maestro te tocara, esculpiera y te hiciera una bella estatua».

El Yoga me mostró muy pronto que elegir un estilo de vida consciente es elegir un camino de gratitud, de paz, de paciencia y bienestar. Y que elegir una vida no consciente es elegir un camino de dolor, confusión, enfado y manipulación. Desde la consciencia empecé a valorar más a los demás que a mí mismo. Y entendí que, desde la perspectiva de la consciencia, el cuerpo está vivo, tiene inteligencia, sabe amar y es compasivo. Envía señales constantemente.

Desde la perspectiva de la mente el cuerpo no tiene inteligencia, no sabe amar o, incluso, sentir o percibir a los demás. El cuerpo puede sentir rabia, odio, tristeza, culpa, frustración o soledad. Puede también sentir contracción cuando la mente hace juicios, critica o manipula. El cuerpo puede sentir vitalidad, sabiduría y amor. Descubrí desde la práctica de Yoga que me enseñaron que la vitalidad, la sabiduría y el amor no vienen de la mente, sino del alma; la consciencia que en esencia somos.

Descubrí muy pronto que pasar de una práctica mental a una práctica consciente en las posturas me permitía desarrollar una vida con propósito, entusiasmo y significado. El cuerpo no miente. El cuerpo habla el idioma del alma. Ama. Y únicamente desde la mirada introspectiva, desde el silencio interior, desde dentro hacia afuera, podía darme el poder de sentirme vivo y transformar mi vida.

Recuerdo aquel atardecer en la India, cuando escuché en el ashram otra historia que refleja la diferencia entre una exploración del cuerpo analítica y mental, y una que te invita a observar desde los ojos de la consciencia:

Hubo una vez un artista famoso que también fue bastante esclarecedor en cómo apreciar una pintura desde la mente y desde la consciencia. Acababa de completar una nueva pintura, y se exhibió públicamente. Era una escena de la naturaleza de un jardín sereno. En el centro del jardín había una puerta. Los expertos en el arte vinieron a revisar esta pintura, y con análisis meticuloso y lleno de conocimiento, uno de ellos le dijo: «Esta es una pintura hermosa. Tu técnica es muy buena, pero no es impecable. Hemos encontrado un error. ¡Olvidaste poner una manija en la puerta!». El artista sonrió de una manera esclarecedora y respondió muy pacíficamente: «Esta es la puerta del corazón humano. Solo se puede abrir desde dentro».

¡Qué gran mensaje! Todavía me conmueve como si fuera la primera vez que escucho la historia: Esta es la puerta del corazón humano. Solo se puede abrir desde dentro. Qué belleza.

Quiero compartir contigo desde lo profundo de mi corazón que las enseñanzas que vas a recibir en relación con la práctica de asanas me fueron transmitidas a través de mi principal maestro, gran hatha yogui de un ancestral linaje tántrico de la India. Estas enseñanzas fueron transmitidas de forma oral de generación en generación, son muy poderosas, tántricas en su esencia; cambiaron mi práctica por completo y mi vida. Mi rol es intentar ser un canal sin filtros para que las recibas tal como yo las recibí.

Deseo verdaderamente que tu recorrido por este libro abra tu corazón para que explores las profundidades de tu cuerpo y tu alma. Que la práctica de Yoga te ofrezca un estilo de vida enriquecedor, nacida desde la eterna consciencia y tu propio interés en florecer a través de su ciencia y arte.

Con todo mi amor y gratitud.

DENIS CRIADO

Primavera de 2019

Pacífica, California

na jāyate mriyate vā kadācin nāyaṁ bhūtvā bhavitā vā na bhūyaḥ ajo nityaḥ śāśvato ’yaṁ purāṇo na hanyate hanyamāne śarīre. I II.20

Para el alma no existe el nacimiento ni la muerte. Tampoco llega a ser cuando el cuerpo viene creado. El alma no nace, es eterna, permanente y atemporal, nunca deja de ser cuando el cuerpo muere. I II.20 Bhagavad Gita

Sthira sukham āsanam. I II.46

La postura debe ser estable y con buen espacio. I II.46 Patanjali, Yoga Sutras

haṭhaṁ vinā rājayogo rājayogaṁ vinā haṭhaḥ Na sidhyati tato yugmamāniṣpatteḥ samabhyaset. I II.76

No hay éxito en el raja yoga sin el hatha yoga, ni éxito en el hatha yoga sin el raja yoga. Por eso el yogui ha de practicarlo por igual para alcanzar la libertad. I II.76 Svatmarana, Hatha Yoga Pradipika

El árbol sagrado

Cuando somos capaces de trabajar las posturas de Yoga (asanas)desde la consciencia, se potencian cambios significativos en nuestra forma de ver y asumir la vida y lo reflejamos a través de la postura; de hecho, las cosas más importantes para nosotros se hacen visibles con solo cambiar nuestra postura corporal, puesto que esta siempre se encuentra influenciada por las experiencias que logramos vivir y por cómo las hemos enfrentado.

Si, por ejemplo, permanecemos de pie o nos sentamos de manera erguida, proyectamos seguridad, sin embargo, mostramos inseguridad al encorvar la espalda. Siendo conscientes, podemos cambiar todas esas posturas inconscientes que bloquean cambios favorables en nuestra vida.

Cuando aprendes el arte del Yoga y te haces yogui, desarrollas herramientas que puedes aplicar para mejorar tu salud y bienestar; empiezas a estar presente, aprendes a habitar en tu cuerpo en un estado de armonía, integridad y equilibrio.

Su esencia yace en la vivencia de un camino personal que comienza con el aprendizaje de su práctica. Desarrollas un estilo de vida holístico y consciente para facilitar tu encuentro con la felicidad y el amor.

La sociedad nos modela y nos condiciona, lo que fácilmente nos puede llevar por el camino del sobreestímulo, el estrés y el sufrimiento. Y seguir los patrones de la sociedad, adaptarnos a esta, puede hacer que perdamos nuestras propias tendencias, las más naturales.

He visto cómo en los últimos años se ha incrementado la cantidad de personas que desean aprender esta práctica ancestral. En las sesiones comentan las razones por las cuales están allí: «Mi médico me ha recomendado que practique Yoga», «Me han dicho que esta práctica me puede ayudar a relajarme», «Me desconecta de la vida acelerada», «Me aporta paz…», «Aún no sé por qué estoy aquí, pero me hace sentir bien»… Estos son solo algunos comentarios.

Con el tiempo, generalmente, buscan «algo más» que les permita mejorar su calidad de vida y surgen preguntas como estas: ¿De qué trata el Yoga específicamente? ¿Qué puede aportar a mi vida la práctica de las posturas corporales o asanas? ¿Existe algo más allá de las posturas? ¿A qué me invita la respiración a la que tanto se hace referencia en una clase de Yoga? ¿El Yoga es una práctica espiritual? Y si es así, ¿cómo puedo saberlo? ¿Qué beneficios puede aportar esta práctica a mi vida?

Hoy en día el Yoga es difícil de definir, ya que no podemos pensar en términos de un estilo de Yoga con una serie de ramificaciones claras. Más bien, es una tradición proveniente de la India que abarca una enorme diversidad de métodos y prácticas, desarrollados todos ellos durante milenios. Puede ayudar a formarse una idea de la naturaleza y gran diversidad del Yoga evocar la imagen de un antiguo árbol de higuera, también conocido como baniano (Ficus benghalensis).

El baniano es el árbol nacional de la India, se considera sagrado. El baniano de Calcuta, que se estima tiene más de dos siglos de antigüedad, cubre aproximadamente cuatro hectáreas. Parece no tener un tronco o segmento central; no obstante, es un solo árbol. Con el tiempo, los brotes de las ramas colgantes alcanzan el suelo y echan raíces y acaban creciendo fuertes hasta que esos brotes finalmente parecen propiamente troncos del árbol. De manera similar, podemos entender el Yoga como una entidad única, pero cuya diversidad casi desafía la descripción.

El Yoga tiene muchos centros de vida y crecimiento, algunos están orgánicamente relacionados y otros aparentemente son independientes, y a menudo hacen referencia a textos sagrados distintos, estilos diferentes en sus secuencias de asanas, diferentes maestros de linajes, distintos rituales, nuevas adaptaciones o aplicaciones a sectores de la sociedad, etc., pero en un escrutinio más detallado, como un gran baniano, se puede ver que estos diferentes centros, directa o indirectamente, se unen. Esto también explica cómo, mientras otras prácticas físicas y espirituales han ido y venido, el Yoga continúa prosperando y sacando nuevos brotes y raíces, incluso cuando las viejas ramas se han extinguido.

Cuando los rishis, grandes yoguis, hablaban de la práctica del Yoga hace miles de años, remitían a una ciencia espiritual y un arte en su práctica. Para ellos el Yoga significaba conectarse con la fuente interna de la vida misma. A través del tiempo, algunos grandes yoguis renovaron y revitalizaron el Yoga como práctica espiritual para ponerlo a disposición del mundo en la primera mitad del siglo XX, enseñaron acerca de la unidad y lo sagrado de la vida desde la renuncia al mundo, y de lo que podría constituir los fundamentos del Yoga.

En la actualidad, la práctica del Yoga también ha sido asumida, por un gran número de personas, como un tratamiento alternativo de gran eficacia, que no solo aborda los problemas físicos, sino también los emocionales; de ahí la rápida proliferación de enfoques de Yoga que incluyen el aspecto personal.

Como referencia, muchos profesionales de distintas áreas han logrado innumerables beneficios por medio de los programas y prácticas del Yoga que se enfocan en áreas específicas: fascia, dolencias o género, por mencionar unos ejemplos.

Durante las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI, han surgido Yogas más «técnicos» y muy enfocados en el «conocimiento» del cuerpo, en lugar de en una comprensión más sabia del mismo, que es la esencia real del Yoga, y aun así ha seguido evolucionando como ha sucedido a lo largo de los siglos.

Y esto nos lleva a comprender la importancia de practicar Yoga desde una mirada consciente, porque, como se está constatando por instituciones de referencia como la Universidad de Harvard, hay una necesidad de prácticas que centren nuestra atención en el momento presente y que nos ayuden eficazmente a reducir el estrés. Debido a esta necesidad causada por nuestro estilo de vida moderno, las prácticas de las tradiciones espirituales están evolucionando hacia prácticas más holísticas y meditativas, con una visión más integral que incluye todos los aspectos de nuestro ser y de nuestra vida, tal como sucede en el budismo, que está respondiendo a esta necesidad; el Yoga no es una excepción. Lo curioso es que el Yoga en su esencia ya ofrece esa visión holística y consciente. Y aquí la vía tántrica, no tan conocida en Occidente, aplicada al hatha yoga resulta clave. Porque el tantra es una filosofía gracias a la cual, a través de las prácticas yóguicas, aprendes a vivir en el mundo, y no fuera de él.

Para recoger los frutos que ofrece el Yoga, de la forma que se me enseñó en el linaje tántrico, resulta fundamental pasar de una práctica mental, que condiciona o tiene conocimiento del cuerpo, a una práctica consciente, que te permite acceder a la sabiduría del cuerpo.

Según la visión tántrica, el raja yoga es tomar consciencia o ser consciente, es la práctica de prestar atención sin juicio o crítica, reactividad o análisis, de todo aquello que sucede dentro de nuestro cuerpo y mente en el momento presente, así como en nuestro entorno inmediato. Siendo consciente, tienes la sensación de que estás profundamente bien, aunque las cosas a tu alrededor no lo estén, y sufres menos. Desde la consciencia, la felicidad habita en los momentos, esos en los que estás profundamente conectado contigo mismo y experimentas paz, sinceridad y calma.

Practicar las posturas, hatha yoga, desde la consciencia, raja yoga, es abrirse al cuerpo y a su inteligencia desde la observación y escucha, desarrollando de esa forma compasión hacia ti y hacia lo demás.

Al practicar un Yoga más consciente se cubren principalmente cuatro áreas clave: despertar (consciencia abierta y libre), crecer (desarrollo de una mayor compasión y no crítica), limpiar (liberar aquellos aspectos somáticos ocultos e inconscientes) y manifestar (cultivar una vida alineada con nuestro propósito vital).

Por lo tanto, los siguientes cambios que podrás experimentar con tu práctica de Yoga más consciente y menos mental a través del cuerpo son:

 Reconocer tu rendimiento y graduar el nivel de intensidad de cada sesión sin necesidad de compararte. Algunas veces será más sencillo que otras, sin embargo, podrás satisfacer las necesidades de tu cuerpo sin necesidad de medir si se alcanza o no el objetivo que te has propuesto, y experimentarás un estado de profunda relajación.

 Entender el cuerpo como una entidad única y que no existe una postura perfecta, sino que las posturas se adaptan a tus necesidades. Se han de concebir como herramientas para liberar la tensión crónica, estirar y fortalecer los músculos.

 Activar la energía vital que fluye dentro del cuerpo. Según la visión del Yoga, en el cuerpo fluye energía vital (prana) vinculada a la respiración y que se equilibra gracias a las posturas, distribuyéndose de forma uniforme por todo el cuerpo, ofreciéndote vitalidad y serenidad.

 Cultivar un estilo de vida saludable, modificando hábitos insanos; desarrollas sensibilidad hacia las necesidades de tu cuerpo, facilitándote conseguir una transformación exitosa. Practicando Yoga desarrollas la sabiduría corporal, la gran autoridad que te permite decidir qué es mejor para ti mismo.

 Aun fuera de la sesión de Yoga, sus beneficios pueden proyectarse en la conexión a la vida cotidiana. Cuando asumes el Yoga como parte de tu vida, permaneces abierto a los cambios que la vida impone, te aceptas y aceptas a los demás; no existen juicios ni críticas.

 La autoaceptación te alivia en las posturas y gradualmente aquieta al crítico interior. Esto es esencial para poder adentrarte más profundamente en el cuerpo tal como es. Al liberarte de los condicionamientos y miedos de «cómo» exactamente deberías hacer la postura, puedes calmar la mente y su voz crítica. Te abres a la sabiduría del cuerpo que ofrece la postura.

 Tu crecimiento espiritual y psicológico aumenta, y ello favorece que las emociones intensas puedan vivirse con gran plenitud, permitiéndote observar la actividad de la mente con compasión, mejorando la habilidad para relacionarte desde la expresión y la capacidad de escucha a los demás, y haciendo posible que lleves una vida consciente y contemporánea.

 Por medio de la práctica del Yoga, el cuerpo experimenta una transformación profunda, impulsando el máximo potencial del cuerpo, nutriéndolo, alimentando el corazón y aclarando la mente. El Yoga te abre paso a un camino donde los obstáculos que bloquean y dañan el progreso natural de tu propio desarrollo humano se deshacen con mucha más facilidad. La práctica constante estimula el proceso de cambio positivo.

El Yoga te abre la posibilidad a través de una mirada consciente del cuerpo, e independientemente del método y estilo de Yoga que practiques, a desarrollar tu máximo potencial. Porque si te alejas del cuerpo, te alejas de la vida. En esencia, el Yoga te enseña a vivir, a estar plenamente vivo, a abrirte a la vida con todo el esplendor que puede llegar a ofrecerte en cada momento.

Te invito a que reconectes con la sabiduría innata, aquella que convierte la propia práctica en la misma meta, y como en muchas ocasiones he escuchado: «Si el Yoga que practicas no cambia cada aspecto de tu vida, no es considerado Yoga».

Como se ha hecho durante generaciones en la tradición tántrica, comencemos nuestro acercamiento a la comprensión sabia del cuerpo con un cuento épico y milenario.

Rama y Sita

Hace muchos siglos, el poeta y sabio Valmiki escribió en sánscrito la historia de Rama y Sita, contada en el poema épico Ramayana, que además de ser una gran historia de aventuras, amor, intrigas, luchas, héroes y dioses, está impregnada de sabiduría yóguica.

Rama es un profeta del hinduismo, considerado como el séptimo avatar del dios Vishnu en la Tierra, nacido en la aún existente ciudad sagrada de Ayodhya; primogénito del rey Dasharatha y la reina Kausalya, príncipe heredero del reino. Sita es la fiel esposa de Rama, considerada una encarnación de la diosa Lakshmi; hija del rey Janaka, que reinaba sobre lo que en nuestros días es Nepal.

La historia cuenta que cuando el rey Dasharatha anuncia la próxima coronación de Rama como nuevo rey, el pueblo acepta esta decisión y la celebra, pero no así la reina Kaikeyi, otra de las esposas de Dasharatha, que, bajo la influencia de una sirvienta despiadada, teme por la suerte del siguiente hijo menor del rey y hermano de Rama, Bharata.

Kaikeyi había salvado la vida del rey Dasharatha años atrás, y en agradecimiento el monarca le prometió concederle dos deseos. Aprovechándose de la situación, Kaikeyi decide gozar de esa recompensa y le pide al rey que, primero, envíe a Rama al exilio en la jungla durante catorce años y, segundo, corone al hijo menor, Bharata, como nuevo rey.

Aunque nadie estuvo de acuerdo, incluyendo Bharata, el rey cumple los deseos de su esposa, justificándose con el argumento de Rama de que un hombre jamás debe romper sus promesas. Así es como Rama emprende su viaje al exilio, en compañía de su esposa Sita, que hizo caso omiso a su negativa, creyendo en todo momento que el deber de una esposa es estar siempre junto a su esposo. El hermano menor de Rama, Lakshmana, también se une a ellos y los tres parten.

Dasharatha, al día siguiente, ante el inmenso dolor de no poder soportar la pérdida de su hijo amado, fallece. A pesar de la tristeza y el ruego de todo el reino, Rama insiste en cumplir las palabras de su padre y ordena a Bharata gobernar en su ausencia, en lugar de permitirle unirse al exilio, como deseaba el hermano menor.

Durante su permanencia en el exilio, Rama y Sita se enfrentan a una serie de obstáculos y dificultades; el más duro es el rapto de Sita por parte del demonio de diez cabezas Ravana, rey de Lanka. Durante todo un año, Rama la busca sin desfallecer y sin conocer su paradero o la identidad de su secuestrador, mientras ella resiste en cautiverio, sin noticias del mundo exterior, para conservar su castidad y honor.

Rama decide pedir ayuda al Dios Mono, Hanuman, y después de muchas batallas, finalmente se entera de dónde está Sita (en la isla de Lanka), y logra rescatarla desde un casi vuelo, casi salto. El Ramayana cuenta este episodio así:

Fue el mayor salto jamás dado. La velocidad del salto de Hanuman dejó flores y pétalos en el aire tras su paso que parecían pequeñas estrellas ondeando en las copas de los árboles. Los animales de la playa nunca antes habían visto nada parecido. Todos aclamaron a Hanuman, entonces el aire ardió y nubes rojas iluminaron el cielo…

Tras catorce años de exilio, regresan juntos a Ayodhya, donde Rama es coronado rey y comienza un reinado de prosperidad y felicidad para su pueblo.

Los dioses bendicen a los nuevos monarcas haciendo llover flores, celebrando el regreso de su rey. El pueblo de Ayodhya, la capital de Rama, ilumina el reino con miles de diyas (lámparas de aceite) para festejar igualmente su unión y dando sentido a lo que se conoce en la actualidad como el Festival de las Luces o Diwali, una palabra que viene de la sánscrita Dipavali y significa «fila de lámparas encendidas». Diwali recuerda y conmemora el regreso de Sita junto a Rama y el fin de sus catorce años de exilio, venciendo así a Ravana.

El Ramayana es más que una historia. Desde una perspectiva yóguica, la historia de Rama y Sita es simbólicamente parecida a lo que sucede dentro de nosotros. Tiene un significado filosófico, espiritual, y contiene una verdad profunda que se escucha en los ashrams de linajes tántricos, apuntando a la esencia de nuestra práctica de Yoga. Su autor, Valmiki, no era solo un poeta, era también un gran yogui. Para entender esta alegoría, es conveniente explicar quiénes son sus protagonistas y de alguna forma al leer el libro los tendrás presentes.

La historia comienza con el rey Dasharatha, que significa «diez carros», los cinco órganos de los sentidos y los cinco órganos de acción. Él es el rey de Ayodhya, ciudad del norte de la India, en los Himalayas, donde no pueden ocurrir conflictos; representa el séptimo chakra. Rama representa la forma pura del alma (consciencia) que vive en Ayodhya. Sita significa «la tierra», el Yo encarnado o el Yo individual. En lenguaje simple, Sita representa la energía, porque toda dualidad en el universo, toda materia, en esencia, es energía.

Al casarse Rama con Sita, la consciencia se fusiona con la energía, la dualidad manifestada en polaridad energética, que da origen al cuerpo humano. Sin embargo, cuando se casa con la energía, Rama no puede vivir en la ciudad sin conflictos (Ayodhya), porque allí la energía no se manifiesta; necesitan bajar al bosque, al sexto chakra, el punto de unión entre la energía y la consciencia, para vivir en equilibrio, plenitud y unión.

Rama y Sita entran a vivir en el bosque oscuro, que representa la vida o el mundo en el que vivimos, lleno de estímulos y distracciones.

Ravana representa la mente con sus voces (cabezas); él se enamora de Sita (energía) al verla en el bosque. Sintió por ella un gran deseo. Él supo que Sita es energía y que meditaba en Rama, que es la consciencia pura, para no dispersarse o estar confundida, entonces se camufló bajo un bello ciervo dorado, que representa una especie de distracción mundana o maya, y consiguió que Sita empezara a sentirse atraída al verlo, lo que simboliza que Sita, que como hemos dicho es energía, empieza a distraerse por el mundo y deja de estar centrada.

Rama dejó a Sita con Lakshmana, quien representa la consciencia individual dentro de nosotros. Lakshmana dibuja una línea para proteger a Sita, un límite que significa la protección contra los males y los peligros en este mundo lleno de provocaciones. Sin embargo, muy desafortunadamente, ella sale de esa protección y es capturada por Ravana, quien, como ya hemos dicho, representa la mente.

Según las creencias en Oriente, la mente tiene diferentes formas de distraernos; Ravana no tiene una cara, sino que podemos quedar atrapados fácilmente por él en forma de lujuria, orgullo, engaño, perversión, obstáculo, adversidad, etc., motivo por el cual es representado con diez caras.

En Lanka, hoy en día la isla de Sri Lanka, el punto más sur de la India y más lejano de los Himalayas, la tierra del materialismo gobernada por el rey de la Mente, o el primer chakra, Ravana toma a Sita, y ella comienza a meditar nuevamente en Rama, es decir, la consciencia, porque sabe que había quedado atrapada por algo muy poderoso, de lo que solo Rama puede salvarla.

Rama reúne al ejército de monos, que representan al ejército de pensamientos que nunca pueden permanecer en silencio. Desesperado por conseguir que estos se organicen, le pide ayuda a Hanuman, quien representa la respiración al ser el hijo del dios del viento y puede controlarlos. El poderoso mono Hanuman es una encarnación, también muchas veces denominada «expansión» del dios Shiva, quien es la misma consciencia a través de la respiración. El mismo dios Shiva se encarna en mono para asistir al príncipe Rama, una encarnación de Vishnu en la Tierra.

Para salvar a Sita (la energía), Hanuman utiliza la respiración y logra alcanzar Lanka, el primer chakra, y llevar a Sita al norte de la India, al sexto chakra, para centrar la energía en unión con Rama, la consciencia, en el punto del entrecejo, y así vivir en unión y en equilibrio.

Toda la historia del Ramayana gira alrededor del reencuentro de nuestra energía con nuestra consciencia. Nuestra energía, por culpa de la mente, se siente atraída por estas distracciones mundanas, y acabamos atrapados por la mente y el entorno ilusorio en el que vivimos. Estamos tan incrustados en este océano de maya que tendemos a provocar la ruptura de la conexión con nuestro ser interior. Para dominar Ravana, es decir, la mente, Rama tiene que dispararle al ombligo, lo que significa que para dominar nuestra mente tenemos que profundizar en sus raíces.

Cuando Rama y Sita regresaron a Ayodhya, tuvieron lugar las celebraciones de Diwali. Cuando desenfundas tu esterilla, celebras la unión de Rama y Sita dentro de ti, y de esta forma logras iluminar tu vida, tu camino, tu mirada, tu ser, siendo más feliz y sintiéndote lleno de bienestar.

Son estas alegorías las que sostienen nuestra práctica de Yoga, porque cuando no hay una comprensión profunda del porqué practicamos asanas, se pierde la esencia de la práctica de Yoga; no hay consciencia.

Por eso, las estatuas de Hanuman están en la entrada de los templos donde se venera a Shiva, el dios que representa la consciencia pura que somos en esencia. Cuando nuestra consciencia puede volar junto con la respiración a lugares lejanos de nuestro cuerpo, allá donde la energía se haya quedado atrapada, estamos frente a la puerta de la transformación, esa que nos antepone a una práctica no mental, sino consciente, liberadora, porque, como se dice en el linaje en el que me entrené: Sita siempre va a querer volver con Rama, el amor incondicional.

Practicamos Yoga para rescatar a Sita, esa energía dispersa y atrapada por el estilo de vida moderno, por el estrés y la ansiedad que nos ha causado nuestra propia mente, por las innumerables distracciones y estímulos a los que estamos sometidos y que seducen nuestras decisiones, haciendo que nuestro cuerpo esté estancado y sin vitalidad.

Esta interpretación tántrica del cuento de Rama y Sita, poco conocida, te servirá como simbolismo y mapa para lograr que tu energía fluya como el río Ganges por las llanuras de los Himalayas; tiene el potencial de cambiar tu práctica de Yoga al expandir la consciencia a través de tu cuerpo, y de iluminar –como la celebración de Diwali– toda tu vida.

«El que planta árboles, sabiendo que nunca se sentará a su sombra, ha empezado a comprender el significado de la vida.»

RABINDRANATH TAGORE

1. De la crisis del estrés a las raíces del cuerpo

Vamos a adentrarnos ahora en las consecuencias que tiene para nosotros no ser conscientes de Ravana y de sus poderes de seducción, así como de mantener a Sita alejada de Rama.

Las exigencias diarias a las que nos sometemos pueden llevarnos a la conocida enfermedad del siglo XXI: el estrés.

La recepción de información excesiva desde el exterior a través de los sentidos y los requerimientos multitareas, propios de la vida actual, tienen el potencial de modelar e influir en nuestro estilo de vida. Y muchos de nosotros podemos ser prisioneros de lo que ocurre a nuestro alrededor si no prestamos atención.

Si no entrenamos el mantener la calma viviendo en el presente, estaremos girando en un círculo constante de estados de alerta que desequilibran todos los niveles de nuestro cuerpo; sobre todo cuando tenemos malos hábitos alimenticios y rutinas adictivas.

Esta conducta inconsciente nos puede provocar estados de ansiedad, depresión, frustración y enfado que acompañan una variedad de respuestas físicas que incluyen palpitaciones, sudoración excesiva, diarrea, indigestión, dolores de cabeza frecuentes y debilidad. Estas respuestas son el resultado del proceso complejo al que tienen que adaptarse los sistemas fisiológicos del cuerpo durante los períodos de estrés crónico. Este proceso fue denominado «respuesta de estrés» por investigadores pioneros como el doctor Hans Seyle de Canadá e incluye aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea, de la tensión musculosquelética y de los niveles de cortisona y noradrenalina en sangre.

Si las condiciones que generan el estrés persisten, los desequilibrios del sistema nervioso autónomo, de las glándulas endocrinas y de la composición química y hormonal en la sangre se convierten en permanentes, con un funcionamiento cada vez más alterado de todos los órganos y sistemas vitales del cuerpo.

El trabajo del doctor K.N. Udupa, de la Universidad Hindú de Benarés (India), sugiere que los trastornos relativos al estrés crónico evolucionan de forma gradual en cuatro fases reconocibles.

Inicialmente, surgen cambios psicológicos: ansiedad, irritabilidad e insomnio, debido a la sobreestimulación del sistema nervioso simpático. En una segunda fase, aparecen diferentes síntomas físicos como hipertensión arterial, ritmo cardíaco acelerado o aumento de la motilidad intestinal. En la tercera fase, se establece un desequilibrio físico y/o bioquímico mayor, y se manifiesta clínicamente la evidencia del mal funcionamiento de los órganos. Finalmente, aparecen lesiones detectables y, a menudo, irreversibles, con frecuencia con síntomas graves que requieren cirugía o tratamiento farmacológico a largo plazo.

Los condicionamientos sociales y culturales son también vistos como productores de estrés y pueden filtrar las experiencias vitales como una amenaza a la autoimagen creada, produciéndose el instinto de supervivencia. Es por su causa que la persona trata de tener una vida que encaje con la «imagen» que la sociedad quiere que tenga. Hay decisiones inconscientes que conllevan un sobreesfuerzo para cuidar esa imagen y que producen ansiedad y preocupación en exceso.

Si no somos conscientes, esta sensación de amenaza nos puede crear pensamientos de conflicto e impedir que disfrutemos de la vida, desarrollando los eternos «algún día», «después», «más adelante», «en el futuro».

Las investigaciones sobre el impacto del estrés en el psicocuerpo son alarmantes. El estrés crea puntos ásperos en los vasos sanguíneos que obstaculizan la circulación de la sangre; la respuesta inmune aumenta al matar los glóbulos blancos y se debilita el sistema de manera crónica. De igual forma, compromete la capacidad de producir anticuerpos y combatir infecciones, pudiendo hacer que el sistema inmune actúe sin control sobre el propio cuerpo. Si el estrés se cronifica, a largo plazo puede haber sobrepeso en la parte central del cuerpo, más azúcar en la sangre, retención de líquido, disfunción eréctil, pérdida de interés sexual debido a la disminución de hormonas sexuales, colesterol y aceleración del envejecimiento.

El estrés también puede influirnos en el aprendizaje al dañar gravemente la memoria a largo y corto plazo, y nuestras habilidades matemáticas, e incluso puede influir en nuestro lenguaje. Según diversos estudios, adultos con alto nivel de estrés procesan un 50% menos de información que adultos con menos nivel de estrés. El estrés nos crea hipersensibilidad. Una pequeña cantidad de estrés puede producir angustia y favorecer una mayor respuesta de sobresalto. También se ha comprobado que causa depresión al haber una baja regulación de procesos como: comunicación, razonamiento y percepción espacial.

Por todas estas razones graves, muchas personas anteriormente tensas, y frustradas, manifiestan haber modificado su estilo de vida para alcanzar uno más saludable. Por ejemplo, con los años se ha comprobado que la ingesta de alimentos ha determinado muchos de los problemas de salud actuales. A pesar de que las grasas tenían relación con la supervivencia en tiempos de hambruna, en la actualidad muchas de las deficiencias y trastornos de nuestro cuerpo se deben a los excesos en su ingesta y en la de otros macronutrientes.

Según la visión del Yoga, para emprender un viaje hacia lo saludable no es suficiente con llevar una dieta equilibrada, comer el 80% de lo que se necesita, consumiendo comida orgánica rica en vegetales, ingiriendo las cantidades calóricas y debidas de alimentos «con alto aporte energético» que todavía no han muerto. Tampoco basta con hacer ayuno. Ayunar, según el Yoga, no significa abstenernos totalmente de la comida. Existen procesos de ayuno diferentes para darle descanso al sistema digestivo y desintoxicar nuestro cuerpo, como, por ejemplo, el que es a base de zumos de frutas y verduras durante todo el día; también podemos practicar la monodieta, que consiste en ingerir por un tiempo alimentos de un solo tipo, como fruta o arroz integral.

Son ejemplos de cómo el Yoga sugiere prestar atención a todas las áreas de la vida, porque todas están estrechamente interconectadas entre sí. Pero el gran secreto en el Yoga está en entender que no solo se trabaja la salud al trabajar sus síntomas; en este sentido, el concepto occidental de salud es, en muchos casos, limitado, pues se cree que solo se trata de la ausencia de enfermedades. La raíz etimológica del término salud significa «entero», «íntegro», «sagrado» o «santo». La salud es estado de bienestar profundo, completo, holístico. Y la clave es cuidar las raíces de nuestro cuerpo.

Existe una historia yóguica que refleja este punto con claridad:

Mil años atrás, un maestro de la India contaba una historia de un granjero muy próspero para explicar cómo el Yoga mejora la salud. Este granjero hizo un hueco en el centro de su huerto y lo llenaba de agua. Regaba el huerto con paciencia a través de una serie de canales de riego, y una vez removida de la tierra la mala hierba y cultivadas las semillas, crecían sus cultivos de forma sana, llenos de vitalidad y en abundancia. Los yoguis cuidan su cuerpo de manera parecida. Lo abastecen de energía vital (prana) mediante las posturas de Yoga y las prácticas de respiración (pranayama) y canalizan su energía y la distribuyen por todo el cuerpo, actuando así de forma preventiva sin necesidad de esperar que aparezcan síntomas y el cuerpo empiece a padecer. De este modo, aumenta la vitalidad, se previenen enfermedades y se potencia la capacidad de curación.

Mediante las posturas de Yoga, cuidas las semillas de la salud al abastecerlas de prana, fortaleciendo tu equilibrio mental y emocional, manteniendo de esta manera el cuerpo en excelentes condiciones, permitiéndole que pueda responder a cualquier obstáculo o situación de estrés.

Trabajar las raíces del cuerpo te permite que mejore tu circulación sanguínea y que tus órganos funcionen mejor, facilitándoles el trabajo de eliminación de elementos físicos que le restan vitalidad a tus tejidos. Verás cómo empiezas a sentirte ligero y limpio.

Desde el Yoga se proponen varias formas de trabajar las raíces del cuerpo. Por ejemplo, debido a que nuestros cuerpos están continuamente expulsando desechos a través de los riñones, pulmones, intestinos y glándulas sudoríparas, para mantener una armonía interior y un correcto funcionamiento, resulta importante conocer los mecanismos de limpieza (kriyas) que establece el Yoga en su práctica, sobre todo porque el agua, la comida y el aire, aunque están disponibles en el mundo donde vivimos, pueden estar contaminados.

Son seis los kriyas descritos en el Hatha Yoga Pradipika, y resultan especialmente beneficiosos realizados en ayuno, pues aceleran el proceso de desintoxicación y liberación energética: limpieza nasal (neti), fortalecimiento abdominal y limpieza del sistema digestivo (nauli), limpieza del tracto digestivo superior (dhauti), limpieza de colon (basti), limpieza de los pulmones y bronquios (kapalabhati), y limpieza ocular (tratak). Son ejemplos de cómo el Yoga purifica el cuerpo y permite gozar de una mayor vitalidad y una mayor energía. También purifica los órganos de percepción, tal como podemos leer en la primera descripción del Yoga que se encuentra en la Katha Upanishad, hacia el siglo V a.C.: «Se considera que el Yoga es la purificación constante de los órganos de percepción».

Como hemos visto en el cuento de Rama y Sita, liberar la energía vital es el objetivo de cualquier práctica de Yoga para cuidar las raíces del cuerpo, revitalizarlas y fortalecerlas. De este modo el Yoga es válido a modo preventivo y no solo curativo. Ese es el secreto. De ahí que necesitemos limpiar nuestros órganos sensoriales para procesar con mayor claridad la experiencia que tenemos en el mundo, porque el prana a nivel biológico actúa como cinco vientos (pancha vayus). Se encarga de la nutrición e inhalación, rige la eliminación de desechos y la exhalación (apana), gobierna la asimilación de la nutrición y del intercambio de gases en los pulmones (samana), administra la distribución de la alimentación digerida y de la distribución de oxígeno a cada célula del cuerpo (vyana) y facilita la expresión exterior y la expresión del habla o del movimiento del aire como la tos (udana). Y veremos como a nivel más sutil el prana actúa mediante los órganos de percepción haciendo que la experiencia que se vive se experimente a través de nuestros sentidos. Asimismo se encarga de descargar la misma experiencia (apana); de asimilarla, ya sea una experiencia positiva o negativa (samana); de integrarla en el cuerpo como emoción, sentimiento o memoria, y de tomar acción en respuesta a la asimilación de la experiencia (udana).

Con el Yoga, tu belleza interior mejora porque tus raíces están sanas y fuertes. Piensa en una flor: sí, sus ramas o flores están débiles, enseguida buscas la causa en sus raíces. Les pones abono, alimento y agua. Con las posturas y otras prácticas yóguicas, a través del cuerpo buscas que tus raíces estén sanas, te recargas constantemente de energía abundante, esa que estabiliza tu metabolismo cuando respiras y que se mantiene estable cuando tu sistema nervioso trabaja de forma equilibrada con tu sistema endocrino, y que no consumes al tensar los músculos ni al somatizarla en dolores crónicos.

Al trabajar tus raíces en el cuerpo te sientes más joven en la piel, en el cabello, en cada elemento de tu cuerpo, y ello se manifiesta en una actitud jovial. El Yoga te ayuda a desactivar la reacción «lucha /huida» y a activar la respuesta a la relajación, por lo que resulta un recurso eficaz para salir del círculo vicioso del estrés.

Y la clave para abastecer las raíces de energía vital (prana) es practicar las posturas de Yoga (asanas) desde la consciencia, porque, al practicar desde la consciencia (atención plena al cuerpo, a su respiración, a sus sensaciones), con el tiempo desarrollas el pilar yóguico más importante para cultivar una vida en equilibrio: desarrollar el punto medio (mitahar). Gracias a mitahar, haces que todos tus hábitos de vida se concentren en permanecer dentro del equilibrio que el cuerpo en sí te pide. Solo la consciencia puede percibir el sabio equilibrio del cuerpo y brindarte la suficiente vitalidad energética para estar plenamente presente en el aquí y ahora.

La práctica de las posturas desde la consciencia persigue cinco principios básicos para desarrollar mitahar dentro de la esterilla y fuera de ella cuando te encuentres en situaciones de alta tensión. Estos son: respirar, relajarte, sentir plenamente, observar y permitirte ser. La Bhagavad Gita justo nos indica una práctica de Yoga en equilibrio: «El Yoga desarrolla moderación en la alimentación, moderación en el disfrute, moderación en el trabajo y moderación en el sueño, el Yoga reduce todo sufrimiento».

Al aprender a estar en sintonía con las necesidades de tu cuerpo, seguramente podrás elegir la mejor opción ante una amplia carta de posibilidades. Profundizar en esta práctica te hace más sencillo el trabajo de observar cómo reaccionas ante momentos difíciles y te revela una gran cantidad de información acerca de ti. Practicar Yoga no significa conseguir cuerpos perfectos, posturas perfectas o tener un estilo de vida sin errores, eso es justo sobrepasarse del punto medio. La práctica del Yoga te ayuda a vivir la vida, independientemente de la forma en que se presente. Te enseña a ser feliz y pleno con lo que eres y tienes. Y las posturas te acercan a ese propósito.

Poco a poco, aprenderás a responder conscientemente, y tu cuerpo responderá de forma sabía. Como dice el antiguo proverbio hindú: «El que es capaz de dominarse hasta sonreír en la mayor de sus dificultades es el que ha llegado a poseer la sabiduría de la vida».

Conectarte con tu interior a través del cuerpo y su sabiduría te enseñará y te transformará; accederás a una vida llena de vitalidad y gozo.

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Release date on Litres:
03 November 2025
Volume:
155 p. 26 illustrations
ISBN:
9788499889023
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