Read the book: «Obras II»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 147

Asesores para la sección latina: JAVIER Iso y JOSÉ LUIS MORALEJO.
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANTONIO FONTÁN PÉREZ.
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1990.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO257
ISBN 9788424931865.
XVII
REPRESENTACIÓN DE LOS SIETE SABIOS
El Ludus septem sapientium es un curioso «divertimento» en el que Ausonio pone en escena a los siete sabios de Grecia para que expliquen el sentido de las frases que les hicieron famosos. Tal vez sea una de las últimas muestras, si no la última, de la dramaturgia imperial; incluso, es casi seguro que —siguiendo el remoto ejemplo de Séneca— ni siquiera fue escrito para ser representado. No obstante, posee evidentes elementos de la intención dramática con que la compuso Ausonio, desde el título donde se llama a la obrita Ludus.
La pieza va precedida por una carta dedicatoria, en nueve dísticos elegíacos, a Latino Pacato Drepanio procónsul y, por tanto, corresponde al 3901; en ella le solicita le corrija el opúsculo con toda la severidad precisa.
Tras la carta, comienza la obra: aparece en escena un Prólogo, quien en treinta y tres senarios yámbicos2 anuncia la llegada de los siete sabios vestidos de palio, lo que nos induce a pensar que se pretenden seguir los esquemas de la comedia palliata; el Prólogo aprovecha la ocasión para comparar brevemente el carácter del teatro griego con el latino, y nos hace una historia sobre los edificios destinados al teatro en Roma hasta Augusto. Finalmente, da paso a un Histrión.
El Histrión, o Ludius, en veintiún senarios yámbicos, nos presenta a los siete sabios y recuerda las máximas por las que son conocidos. Al acabar, da paso a Solón con las palabras:
Dixi, recedam; legifer uenit Solon.
Entra Solón, que pasa por ser —aunque él lo niega— el primero entre los siete, y nos cuenta la historia que justifica su sentencia; Solón, que es ateniense y por eso abusa de la palabra, acaba su largo parlamento (58 senarios) dando entrada a Quilón y solicitando un aplauso.
Quilón, espartano y por tanto «lacónico», está harto de esperar a que acabe el ateniense:
Unam trecentis uersibus sententiam tandem peregit
(vv. 4-5)
Él se despacha con dieciséis versos y para abreviar ni siquiera se queda al aplauso. Entra, entonces, Cleobulo que hace traducir a un espectador su frase griega y con otros dieciséis versos acaba. Ya llega Tales, que habla durante veintiséis senarios (falta alguno entre el 2 y el 3), y pide los aplausos de quienes estén de acuerdo con él, y el abucheo de los que piensen de otro modo. Bías de Priene, en trece versos, trata de arreglar su frase —«muchos, malos»— ante la multitud que se supone le está escuchando: en realidad, él se refería a los ignorantes, a los bárbaros y a los enemigos; su público no lo es. Se despide pidiendo un aplauso a los espectadores y les llama: plures boni «muchos buenos». Pítaco de Mitilene para ser consecuente con su frase «conoce el momento oportuno», aprovecha la primera ocasión, a los doce versos, para retirarse pidiendo un aplauso. Finalmente, entra Periandro que explica su sentencia en diecisiete senarios y se marcha solicitando el aplauso y el seguimiento de su famosa frase.
Ausonio recurre a múltiples procedimientos para hacemos creer que está escribiendo una palliata: las reiteradas alusiones en segunda persona al público presente, los insistentes plaudite, los anuncios de entradas y salidas, el humor y la seriedad alternativas, la inclusión de un espectador en el juego, la presencia de un Prologus y de un Ludius, el senario yámbico; demasiadas cosas a la vez. Probablemente no se trata más que de un «juego» de salón, de nuevo una creación destinada al restringido grupo de sus amigos de última hora.
En cualquier caso, la obra tiene más interés del que se le ha prestado hasta ahora; F. Leo creyó ver en ella el remoto antecedente de las comedias moralizantes de la Edad Media3 y recientemente D. Daube, ha sostenido la opinión de que este Ludus está en la base de la Mesa Redonda del rey Arturo, donde todos los caballeros —incluido el Rey— están a un mismo nivel; Ausonio, dice Daube, era conocido por Wace cuando compuso el Roman du Brut4.
Guarda evidente paralelismo con el Ludus septem sapientium el ramillete titulado Septem sapientium sententiae, atribuido a Ausonio desde la edición de Ugoletus (Parma, 1499)5, incluido en la nuestra tras el De rosis nascentibus, en apéndice.
1
AUSONIO CÓNSUL SALUDA A DREPANIO PROCÓNSUL
Tanto si consideras que esto merece ser olvidado como conocido6, Drepanio, léelo hasta el final con atento juicio. Yo mantendré un espíritu tranquilo, siendo tú el juez, ya consideres que estos poemas que te entrego han de ser leídos [5] o escondidos. Lo primero es haber merecido, Pacato, tu favor: mi siguiente preocupación será defender mi buen gusto. Yo puedo soportar la censura de un lector severo y puedo gozar también con una pequeña alabanza. Sabe el caballo gustar del sonido de una palmada en su cuello7 [10] y también sabe sufrir con valentía las flexibles vergas8. ¡Con qué atención estudiaron al meonio Homero su censor Aristarco y la regla de Zenódoto!9. Ponle óbelos a las gloriosas guirnaldas de los antiguos poetas10, [por [15] aplausos los tendré y no por faltas mías, y para mí estará más corregido que condenado] lo que la lima de un docto varón me señala. Mientras tanto, cuando voy a sufrir el peso de tan gran juicio, haré votos por agradarte: o al menos, por pasar inadvertido.
2
PRÓLOGO
Los siete sabios, a quienes se les dio ese nombre en siglos pretéritos y los siguientes no se lo han arrebatado, avanzan hoy vestidos con palio hacia la orquesta11. ¿Por qué te sonrojas, togado Rómulo, al entrar en escena tan [5] ilustres varones?12. A nosotros nos ha de avergonzar y no a los atenienses13: para ellos el teatro hace las veces de curia. A nuestros asuntos se han asignado, por suertes, lugares distintos: el campo para los comicios, al igual que la curia es para los senadores, el foro y los rostra quedaron [10] acotados para los pleitos de los ciudadanos14. En Atenas y en toda Grecia hay una única sede para las deliberaciones públicas15, que en nuestra ciudad construyó tardíamente el lujo16. Antaño el edil ofrecía el espectáculo en [15] tablado de madera, levantado de prisa y sin ningún elemento de piedra. Así hicieron Murena y Galio17: hablo de cosas bien sabidas. Después, poderosos y ya sin miedo a los gastos, creyeron que su nombre sería eterno con sólo [20] construir un edificio de pétreos cimientos como lugar de juegos en cualquier momento: así creció esta desmesura de teatros en forma de cuña. Pompeyo y Balbo y César Octaviano la provocaron rivalizando en gastos. ¿Mas a qué [25] viene esto? No me he presentado aquí 〈por〉 esta razón, para explicar quién construyó teatros, quién un foro, quién cada parte de vuestras propias murallas; sino para preceder a varones dignos de respeto y loados por los dioses [30] y 〈exponer〉 qué pretendían. Suelen repetirse, porque gustan a los prudentes, las sentencias de sabios como estas que van a venir. Sabéis ciertamente cuáles son; mas, si la memoria se cierra ante cosas viejas, vendrá un histrión que las irá presentando; yo lo hago peor.
3
EL HISTRIÓN
En Delfos se dice que el ateniense Solón escribió esto: γνῶθι σεαυτόυ, que se traduce por: «conócete a ti mismo». Muchos consideran que eso es del laconio Quilón. Espartano Quilón, discuten si es tuyo o no esto que aquí [5] se dice: ὅρα τέλος μακροῦ βίου; mandas que se contemple el final de una larga vida. Muchos piensan que esto se lo dijo Solón a Creso18. Y se afirma que el lesbio Pítaco dijo: γίγνωσκε καιρόν; manda que tengas el sentido de la oportunidad19. Porque ese καιρός es «el momento oportuno». [10] Bías de Priene dijo: oἱ πλεῖστοι κακοί, cuya traducción es: «muchos hombres son malos»; mas donde dije «malos» debéis entender «ignorantes». Μελέτη τὸ πᾶν es 〈una frase〉 del corintio Periandro: él piensa que todo es [15] digno de meditación. ’Aριστον μέτρον dijo Cleobulo de Lindo; esto es: «lo mejor en todo es la medida». 〈Mas〉 Tales afirmó, ἐγγύα, πάρα δ’ἄτα. Nos prohíbe prometer solemnemente, pues eso nos puede resultar dañino bien pronto. No agrada advertir esto a los deudores. He dicho, [20] me voy; viene Solón el legislador.
4
SOLÓN
Según la costumbre griega salgo a escena yo, Solón20, a quien la fama dio la palma entre los siete sabios; pero la fama no equivale a un juicio severo. No me considero [5] el primero sino uno de los siete, pues la igualdad no acepta clasificación ninguna. El dios de Delfos antaño mandó, con razón, a un bobo que le preguntaba quién era el primero de los sabios, que grabase en una bola lisa una guirnalda de nombres, para que no hubiese un primero ni ninguno [10] fuera el último. Yo, Solón, vengo desde el centro de ese círculo para que, lo que se dice aconsejé al rey Creso, lo considere dicho para sí misma cualquier clase de hombres. En griego resulta conciso: ὅρα τέλος μακρoῦ [15] βíoυ; si lo traduces21, se vuelve más largo: «mando que todos contemplen el final de la vida». Por tanto evita decir que unos son desdichados o felices, pues siempre se está sobre una situación ambigua. Así es. Si puedo, lo explicaré con pocas palabras22.
[20] Rey, o tirano de Lidia, Creso estuvo entre los felices23; rico hasta un límite de locura, daba a los dioses templos con las paredes de oro24. Él me llamó. Yo fui, obediente a su mandato. Para que los lidios pudieran tener un rey mejor, me pide que le muestre a una persona feliz si es [25] que conozco alguna. Señalo a Telena25, un ciudadano de buena cuna: luchando por su patria había muerto. Se mostró despectivo, pidió otro; encuentro a Aglao: 〈él〉 nunca había superado los límites de su propia parcela26. Y riéndose dijo «¿En qué lugar me colocas a mí, que soy el único [30] considerado feliz en todo el mundo?» Le digo que hay que esperar primero el final de su vida y luego juzgar si la felicidad permanece. Creso aceptó de mala gana mi palabra; yo dejo al rey. Él prepara una guerra contra los persas. Marcha, es vencido, encadenado; entregado al rey, [35] está él de pie en el momento de su muerte, causada por la llama que, a todo su alrededor, se elevaba hasta lo alto en ardientes nubes de humo. Y casi al final, Creso con voz poderosa dijo: «¡ah, certero adivino, Solón, Solón!». [40] Tres veces llama a Solón con gritos estruendosos. Conmovido por esa voz, Ciro manda extinguir el círculo de la hoguera y destruir la pira encendida; una lluvia venida de las nubes a tiempo apaga el fuego. Creso fue llevado rápidamente [45] ante el rey por un puñado escogido de sus servidores. Al preguntarle de qué Solón hablaba y por qué motivo gritaba ese nombre, cuenta al rey todo desde el principio al fin. Aquél, compadecido y viendo la fuerza de la [50] fortuna, alaba a Solón: 〈incluso〉 cuenta a Creso entre sus amigos y ordena que, sujeto con trabas de oro, pase el resto de su vida junto a él. Yo, según el testimonio de los dos reyes, he sido loado y reconocido por ambos. Y [55] lo que se dijo a uno en particular, cada cual debe considerar que lo dije para él27.
Yo he acabado ya con el motivo de mi presencia. He aquí que viene Quilón, que sigáis bien y aplaudid.
5
QUILÓN
Me duelen los riñones de estar sentado 〈y〉 los ojos de mirar, esperando a que Solón se retirase28. ¡[Ah] qué poco hay 〈en esto que tanto〉 tardan en decir los atenienses! [5]29. Una sola frase la soltó en trescientos versos y se va echándome una mirada. Soy el espartano Quilón30, yo que ahora me presento. Con la brevedad famosa que utilizamos los laconios, os encomiendo mi γυῶθι σεαυτόυ. «conócete a ti mismo», que ya está escrito en la columna [10] de Delfos31. Trabajo molesto es ése, del mayor provecho, discernir qué puedes o no soportar; preguntarte noche y día, qué haces, qué has hecho, hasta el más pequeño detalle32. Todos los deberes, el pudor, el honor, la constancia, [15] radican en esto, y aquella gloria que nosotros desdeñamos.
He dicho; que sigáis bien recordándolo; no me quedo al aplauso.
6
CLEOBULO
Yo soy Cleobulo33, ciudadano de una pequeña isla, mas autor de una importante frase, gracias a la cual soy famoso: ἄριστον μέτρον, que consideran mía34. Tradúcela tú que estás sentado, cerca de la orquesta, en uno de [5] los catorce escalones más próximos35; dí si ἄριστον μέτρον significa «lo mejor, la medida»; has afirmado. Gracias. Seguiré. Ya dijo, desde este lugar, vuestro poeta Terencio36: que «nada en demasía»37, y otro nuestro: μηδέν [10] ἄγαν38. Ambas frases, la latina y la griega, tienen que ver con la otra. Para hablar, callar, dormir, velar, hay una medida; para los favores, las gratitudes, la injusticia, el afecto, los trabajos; cualquier cosa que haya en la vida toda, exige esa medida para acabar perfecta39. [15]
He dicho, me voy: que haya una medida. Viene Tales.
7
TALES
Yo soy Tales de Mileto40, quien dijo que el agua es el principio de todo lo creado41, como el poeta Píndaro42 *** unos pescadores me [lo] dieron sacado del mar; por [5] mandato del Delio, ellos me habían escogido, pues él había enviado ese regalo a un sabio. Yo rechazándolo no lo acepté, y lo devolví para que se lo llevasen a otros que estimaba superiores a mí. Luego de ir y venir por cada [10] uno de los siete sabios, me lo volvieron a traer, y yo entonces lo acepté y lo consagré a Apolo43; que si Febo ordena escoger a un sabio, no se trata de creer a un hombre sino a un dios. Éste soy yo, así pues. Mas el motivo de que salga a escena ha sido el mismo que el de los dos anteriores, [15] para convertirme en el defensor de mi propia frase. No resultará grata, excepto a las personas prudentes, a quienes la práctica enseñó y volvió expertos. ᾿Eγγύα πάρα δ’ἄτα decimos en griego; traducido es: «promete solemnemente [20] mas el daño te acecha». Puedo poner mil ejemplos para probar que garantes y fiadores son culpables de castigo; mas no quiero dar el nombre de nadie. Cada cual de vosotros diga y piense dentro de sí mismo a cuántos causó daño y perjuicio el prometer solemnemente. Que este sentimiento [25] os resulte grato a unos y a otros.
Aplaudid, pues, unos; otros, si estáis molestos, abucheadme.
8
BÍAS
〈Soy〉 Bías de Priene44; he dicho: oἱ πλεῖστοι κακοί; que me parece significa: «muchos, malos». Preferiría no haberlo dicho; la verdad engendra odio45. Al decir «malos», me referí a los «ignorantes» y a los «bárbaros», que [5] ignoran el derecho, lo justo, 〈y〉 las sagradas costumbres. Mas esta gente que rodea el teatro es toda buena. Es la tierra de los enemigos, vosotros sabéis que me refiero a ellos, la que tiene muchos malos. Mas nadie sea tan mal juez, que no se junte a la parte de los buenos; o ese tal [10] es bueno de verdad o al menos se afana por ser considerado así. Ya huye ese maldito nombre de «malo». Me voy. Que sigáis bien y aplaudid, muchos buenos46.
9
PÍTACO
Nacido en Mitilene 〈yo〉 soy el lesbio Pítaco47 que dije la frase γίνωσκε καιρόν. Mas ese καιρός aconseja que conozcas el momento, y καιρόν es lo que llaman el momento [5] oportuno. Así resulta traducido: «venid a tiempo»48. También 〈aquel famoso〉 cómico nuestro, Terencio, afirma que el tiempo es lo primero de todo, cuando se llega a casa de Antifila el esclavo Dromo sin que ella se lo prohíba, [10] pues él respeta el momento oportuno49. Reflexionad todos juntos cuántas veces se produce un agravio por quien no espera su oportunidad. Es el momento de irme, para no resultar molesto. Aplaudid.
10
PERIANDRO
Aquí estoy yo, Periandro50, criado en Efira, que dije μελέτη τὸ πᾶν y muestro con este dicho que todo lo que logras hacer [bien] es fruto de la meditación. Tan sólo resulta eficaz a la hora de obrar quien, antes de emprender [5] cualquier asunto, medita. El cómico Terencio predica que todos deben meditar si las circunstancias son adversas o favorables51. Alquilar un local, hacer la guerra o concluirla, las cosas grandes y las pequeñas, por más que sean insignificantes, también conviene que quien desea hacerlas, [10] medite. Pues resultarán apáticos en exceso para las nuevas empresas aquellos que omitan la meditación a la hora de obrar. Nada hay que exija mayor cuidado, que pensar lo que se va a hacer. Por consiguiente, a los que no piensan, [15] les rige el azar, no la reflexión.
Mas yo ya me voy a mi sitio. Aplaudid y cuando hayáis meditado, preocuparos de vuestros asuntos públicos.

1 Ver los comentarios que preceden a nuestra traducción del Eclogarum Liber y del Technopaegnion.
2 PASTORINO, en su «Introduzione», pág. 90, n. 122, resume las conclusiones obtenidas por la crítica a propósito de estos senarios yámbicos: Ausonio, en homenaje a la palliata, ha pretendido transformar el trímetro yámbico en senario yámbico, pero sin poseer todavía las leyes de la métrica arcaica. Ver W. BRANDES, Beiträge zu Ausonius, II. Der jambische Senar des Ausonius, insbesondere im Ludus Septem Sapientium, Progr. Wolfenbüttel, 1895.
3 Ver, de nuevo, PASTORINO, ibidem, pág. 90. F. LEO, Gött. gelehrte Anzeigen, 1896, pág. 783.
4 D. DAUBE, «King Arthur’s Round Table», Gesellschaft. Kultur. Literatur. Rezeption und Originalität im Wachsen einer europäischen Literatur und Geistigkeit. Beiträge L. Wallach gewidmet, edit. por K. BOSL: Monographien zur Geschichte des Mittelalters, XI, Stuttgart, Hiersemann, 1975, 203-207.
5 Ver en la «Introducción», cap. III, 3. «Los manuscritos de Ausonio».
6 Evocación de TERENC., Heaut. 218: nam et cognoscendi et ignoscendi dabitur peccati locus; cf. CIC., Pro Roscio I 3; APUL., Apol. 65; PAULIN., Carm. X 136.
7 Evocación de VIRG., Geórg. III 186: plausae sonitum ceruicis amare.
8 Nueva evocación de VIRG., Geórg. III 208: uerbera lenta pati.
9 Para Aristarco y Zenódoto, ver Commem. prof. Burd. 13, n. 63.
10 El obelos «obelisco» era un signo crítico (una marca al margen del texto) que le servía a Aristarco para indicar los pasajes difíciles, dudosos o espúreos. Ver H. ZIMMER, «Eine überflüssige Conjectur im Ausonius», Hermes 29 (1984), 317-320.
11 Es decir, por ser un ludus de argumento griego, los personajes no van vestidos con la toga romana, sino a la griega.
12 «Togado Rómulo» equivale a decir «ciudadano romano»; ver un pasaje similar en CORN. NEP., praef. 5.
13 Evocación de LIV., XXIV 24: nec ars, quia nil tale apud Graecos pudoris est, ea deformabat.
14 El foro era el lugar destinado a los asuntos legales y los rostra —donde estaban las columnas rostrales, columnas adornadas con las proas y espolones (rostra) de los navíos enemigos capturados en combate— para los discursos públicos.
15 De acuerdo con PASTORINO, ed. ya cit., 556-557, n. 4, la afirmación de Ausonio es inexacta, pues en Atenas, además del teatro existía el «buleterio», donde se reunía la «bulé» para tratar los asuntos públicos. Pero es cierto que los griegos utilizaron en casos de emergencia los teatros como lugares de reuniones públicas; ver DIOD. SÍC., XVI 84, 3; VAL. MÁX., I 2, 5.
16 Como es sabido, el primer teatro estable en Roma fue construido por Pompeyo (55 a. C.), es decir, pasada la época mejor de las representaciones escénicas; luego levantaron otros Cornelio Balbo y Octavio Augusto (ambos en el 13 a. C.; este último, dedicado a la memoria de su nieto Marcelo); ver infra, vv. 40-41. El Senado prohibió la construcción de un teatro el 154 a. C.
17 Ver CIC., Pro Muren. 19; PLIN., Nat. hist. XXXIII 53; ASCON., In orat. in toga cand., pág. 88 (Or). Lucio Galio dio, siendo edil, un espectáculo de gladiadores en honor de su padre.
18 Para Creso ver De hered., n. 4; Epitaphia 30. Para los nombres de los siete sabios, vid. infra. Cf. el libro reciente de C. GARCÍA GUAL, Los siete sabios (y tres más), Madrid, Alianza Ed., 1989, donde se presta, no obstante, poca atención, a este opúsculo de Ausonio.
19 Evocación de OVID., Trist. IV 10, 5: ut tempora noris.
20 Solón fue un célebre legislador ateniense, cuyas máximas políticas y morales en verso, aún conservadas en parte, le procuraron, entre sus convecinos y luego entre todos los griegos, una fama enorme de hombre sabio. Vivió entre los siglos VII (nació hacia el 640-630 a. C.) y el VI a. C.
21 Literalmente, «si lo dices en latín».
22 Solón, contra lo que es habitual en los atenienses, intenta hacer un discurso corto pero no puede: su estilo es conciso, pero la narración excede con mucho la de cualquier otro sabio.
23 A pesar de la lectura del manuscrito V, his in beatis, seguida por los editores, E. BADIAN, «Additamenta Ausoniana», Amer. Jour, of Philol. 98 (1977), 139-140, prefiere leer nimis beatus «feliz en demasía».
24 Ver HERÓD., I 50, donde se narra el envío de 170 lingotes de oro (el lingote y el ladrillo tienen la misma forma) a Delfos.
25 Ver HERÓD., I 30.
26 Evocación de VAL. MÁX., VII 1, 2: terminos agelli sui numquam excesserat; Schol. luuen. XIV 120: beati: qualis Apollinis oraculo declaratus est felicissimus Aglaus Arcas, qui numquam pratium agellum excesserat.
27 Evocación de TERENC., Adelph. 96: haec quom illi Micio, dico, tibi dico.
28 Parodia de PLAUT., Menaech. 882 ss.: lumbi sedendo, oculi spectando dolent manendo medicum, dum se ex opere recipiat; cf. TERENC., Phorm. 462: ibo ad portum quoad se recipiat.
29 Réplica a la promesa anterior de Solón; ver n. 22.
30 Quilón fue éforo (magistrado) de Esparta, capital de Laconia, a mitad del siglo VI a. C. La rivalidad entre Atenas y Esparta fue intensa y duradera, con momentos tan dramáticos como la Guerra del Peloponeso en la segunda mitad del siglo V a. C. Es característico de los lacedemonios o laconios su modo de expresarse breve y conciso ( = lacónico).
31 Según PAUSAN., X 24, 1, los siete sabios colocaron en Delfos una columna dedicada al dios Apolo con las máximas de Quilón y μηδὲv ἄγαυ (vid. infra, Cleobulo).
32 Ver Eclog. 2, 3.
33 Cleobulo, hijo de Evágoras, fue tirano de Lindo, en Rodas, hacia el siglo VII ó VI a. C.; tanto él como su hija, Cleobulina, alcanzaron la fama por sus adivinanzas.
34 La versión latina aparece en PLAUT., Poen. 238: modus omnibus in rebus, soror, optimum est habitu.
35 Según SUET., Iul. 39, los magistrados tenían reservadas las catorce filas de asientos más cercanas al escenario.
36 Ausonio emplea, para referirse a Terencio, y como es frecuente, su cognomen Afer, «el africano».
37 Cf. TERENC., Andr. 61.
38 Cf. EURÍP., Hippolyt. 264 ss.
39 En este verso y en el siguiente hay una evocación de HORAC., Sát. I 1, 106: est modus in rebus.
40 Tales de Mileto, que vivió entre los siglos VII y VI a. C., es el más antiguo de los filósofos griegos; según él, el agua era el principio de todo; además, está considerado como el iniciador de la geometría (alguno de sus teoremas aún sigue vigente) y de la astronomía.
41 Cf. DIÓG. LAERC., I 1, 6.
42 Cf. PÍNDAR., Olimp. I 1; a continuación falta un verso; Escalígero lo suple a partir de VAL. MÁX., IV 1, ext., 7, de este modo: cuique olim iussu Apollinis tripodem aureum, «a quien en otro tiempo por orden de Apolo un trípode de oro…». La hipótesis, si bien sugestiva, no parece posible, pues el verso siguiente (iubente Delio) sería redundante.
43 Según DIÓG. LAERC., I 1, 7, fue Solón el que ofreció el trípode a Apolo.
44 Bías de Priene fue también un político, que vivió el siglo VI a. C. y al que se atribuyen numerosas anécdotas y dichos célebres.
45 Evocación de TERENC., Andr. 68: obsequium amicos, ueritas odium parit.
46 Ausonio añade en este caso al tópico final de los prólogos de la comedia romana (ualete et plaudite), una parodia de PLAUT., Capt., prol. 67: abeo, ualete, iudices iustissimi.
47 Pítaco gobernó la ciudad de Mitilene entre los siglos VII y VI a. C., tras haber vencido al tirano Melandro; su actuación política estuvo llena de sabiduría y se retiró a la vida privada voluntariamente.
48 La frase está en TERENC., Andr. 758: ueni in tempore; los manuscritos dudan entre diversas adaptaciones de la forma terenciana, que algunos editores respetan literalmente. Prete prefiere, siguiendo a Tollio, uenito in tempore.
49 Ausonio se refiere a TERENC., Heaut. 364-5: in tempore ad eam ueni, quod rerum omnium primum. Véase también, TERENC., Heaut. 275.
50 Periandro, hijo de Cipselo, sucedió a su padre como tirano de Corinto hacia el 627 a. C. Fue famoso al mismo tiempo por su crueldad y por haber engrandecido y enriquecido a su ciudad; además protegió las artes y las letras.
51 Se refiere Ausonio a TERENC., Phorm. 241 ss.: omnis, quom secundae res sunt maxume, tum maxume meditari secum oportet, quo pacto aduorsam aerumnam ferant.
XVIII
GRIFO DEL NÚMERO TRES
El Griphus ternarii numerii es otro de los opúsculos en que Ausonio se divierte poniendo dificultades a su habilidad versificatoria. Cuenta él, en la carta dedicatoria a Símaco1, que durante una campaña bélica (sin duda la del 368-369 contra los alamanes, la única en la que estuvo, según todos los indicios), se hizo en su mesa una invitación para beber a la griega, tal y como describe Horacio en Odas III 19 ss., es decir, brindando tres veces tres. Ausonio reconoce que su «famosa desazón por la poesía», nostra illa poetica scabies, le hizo rumiar durante el banquete, y concluir antes de levantarse de la mesa, estos noventa hexámetros —que el número también cuenta— sobre el tres.
Tal diversión la guardó en su escritorio y tiempo después decidió enviársela a Símaco, muy probablemente —y a falta de otra mejor— para compensarle de no haberle enviado el Mosella; en efecto, Símaco se había quejado en su carta I 14, que es del 370 o posterior, de esa grave omisión de su amigo. Por tanto, el poema fue compuesto una noche de juerga del 368 ó 369; pero la carta de envío y la publicación deben situarse a finales del 370 o en años siguientes2; en cualquier caso, dada la similitud con Epist. 11 —escrita durante la cuestura de Ausonio—, sería preferible suponer que el envío se haya realizado post 372.
Merecería la pena estudiar con cierto detalle las referencias al tres o múltiplos de tres en el poema porque, si bien no guardan más unidad de pensamiento o doctrina que la existencia del tres, algunas de las noticias recogidas tiene interés, como que son tres las sirenas de Sicilia3, o los versos referentes al número perfecto4.
Ausonio es, en lo que conocemos, el primer latino en titular un poema griphus (del gr. γρῖφος) «enigma»5 y al suyo le viene como anillo al dedo la definición del gramático Sacerdote: aenigma uel griphus est dictio obscura, uulgaris, allegoria difficilis antequam fuerit intellecta, postea ridiculam (KEIL, VI, 462, 19-20).
AUSONIO A SÍMACO
Estaba escondido entre mis naderías este indigno librito6: ojalá se hubiese quedado así y no hubiera muerto, como el ratón, por ponerse a la vista7. Yo, como el gallo de Euclión8, lo he desenterrado de la suciedad de mis polvorientos papeles, lo he sacudido y lo leí, prefiriendo, cual ávido usurero, invertir esta insignificante moneda a ocultarla. [5]
Luego, pensando para mis adentros, no en aquel verso de Catulo:
¿A quién voy a dar este simpático y nuevo librito? 9
sino más bien en algo «menos poético»10 pero más cierto:
¿A quién le voy a dar este librito antipático y tosco?,
no investigué demasiado; en efecto, tú me saliste al encuentro, precisamente quien, si yo tuviera que escoger entre [10] todos, siempre escogería. Por eso te he enviado estas frivolidades, más inútiles que los cañizos sicilianos11, de modo que, cuando no hagas nada, leas esto y evites estar sin hacer nada. Así pues, este librito lleno de naderías, castigado largo tiempo por una lectura secreta, si bien de mucha gente, llegará finalmente a tus manos12. Y tú, cual Esculapio13, le devolverás la vida o bien, cual Platón, con [15] la ayuda de Vulcano lo librarás de la infamia, si no debe llegar a la fama14. Este fue el motivo que tuve para escribir tal insignificancia: durante una campaña bélica, tiempo que, como sabes, es propicio a la licencia militar, se hizo en mi mesa una invitación para que se bebiese a la moda griega, mas no como se hizo en el banquete de Rubrio15, sino como la de la égloga de Horacio, en la que para brindar [20] por la media noche, la luna nueva y el augurado de Murena, pide tres veces tres copas el poeta aturdido16. Esa famosa desazón mía por la poesía comenzó desde aquel momento a rumiar el tema del número tres: y ya que es bien fácil el contagio de tal enfermedad, ojalá pase también a ti esa comezón y, utilizando la tinta de tus correcciones, uses tu esponja para limpiar la obra imperfecta de un caballo que suelta espuma con dificultad17. Y para que no me consideres falto de gloria, te diré que esos versillos, [25] comenzados durante el banquete, los rematé antes de acabar la cena, esto es, mientras estaba bebiendo y poco antes de haber bebido. Sea, pues, tu examen acorde con el motivo y la ocasión. Y léelo también tú con una chispa de sentido del humor y distensión: que resulta injusto que un lector abstemio enjuicie la labor de un poeta apenas sobrio. No se me escapa que alguien vendrá con sus narices [30] puntiagudas18 y su frente fruncida19 a condenar este pasatiempo mío y a decir que no está todo lo que tiene que ver con los números tres y nueve. Yo, entonces, confesaré que dice la verdad, mas diré que no es justo. Porque si es bienintencionado, considerará que lo omitido no se me ha olvidado sino que lo he pasado por alto. Luego, sea quien sea, pensará para sus adentros cuántas cosas se le habrían escapado a él, si las hubiera buscado por su cuenta. [35] Que sepa que yo no he hecho uso de todo lo que he encontrado pero sí abuso de algunas de las cosas que se me han presentado. ¡Ah, cuántas cosas bien sabidas por mí sobre el número tres he dejado olvidadas! Los tiempos20 y las personas21, los géneros22 y los grados de comparación23, los nueve metros normales con trímetros24, toda la gramática y la música y los libros de medicina, Hermes trismegisto [40]25 y el primer amante de la filosofía26 y los números de Varrón27 y todo lo que ignora el vulgo profano. Por último, cuán fácil le va a resultar, si él halla muchos más ejemplos, compararse conmigo, es decir al ocupado con el ocioso, al recién comido con el sobrio, mi juego y pasatiempo con su búsqueda diligente y tendenciosa. Cualquiera puede encontrar más que otro: nadie, todo. Y si a alguien le resulto además oscuro, de él me defenderé así: [45] en primer lugar, epilios28 de este tipo nada serán si no son oscuros; luego, la naturaleza de los números no es la de un junco, para no tener ningún nudo29. Finalmente si también te resulto oscuro a ti, para quien nada hay que no hayas leído y no entendido, entonces me sentiré feliz porque me propuse, y así lo voy a conseguir, que tú me investigues, me desees, pienses sobre mí30. Adiós.
GRIFO SOBRE EL NÚMERO TRES
Bebe tres veces o tres veces tres31; así es la ley mística para quien bebe tres veces o para quien multiplica tres veces tres: formar un cubo con el número impar tres, repetido nueve veces32. La misma propiedad hay en tres que en tres veces tres; todo está ahí: la forma del hombre engendrado [5] y la expulsión de un parto cumplido y quien alcanza, tras nueve veces nueve, el fín postrero del destino33. Tres hermanos nacieron de Ops34, tres hermanas fueron paridas consecutivamente, Vesta, Ceres y Juno, de sexo femenino35. Además, son triples los rayos de Júpiter, y Cerbero, y el tridente y el triple huevo de Helena con [10] sus hermanos36. Tres veces renovada púrpura tiñó los husos de Néstor37 y tantas veces tiene la muy vivaz corneja una triple edad38. A ella, que reúne los siglos nueve veces en un espacio de tiempo triplicado, le superan los ciervos de broncíneos pies tres veces el tiempo de un triple Néstor [15]39: mas sus años los sobrepasa tres veces el ave agorera de Febo40, a la cual vence nueve veces la muy longeva ave del Ganges, ave coronada de rayos en su nido de canela41. Trigémina es Hécate, tres rostros posee la virgen Diana42; tres son las Gracias43; tres las Parcas44; triple es la voz45; tres son los elementos46. Tres son las Sirenas [20] en la isla Trinacria, y triple es todo en ellas47: tres veces aves, tres semidiosas, tres semimujeres están obligadas a competir con las tres veces tres Camenas48 por la palma de la gloria: con su voz, con su mano, con su soplo, con la flauta, con la lira, con la voz cantando. Tres son las partes de la sabiduría49. Tres las Guerras Púnicas50, cada tres meses las estaciones del año y del cielo, y, por las [25] noches, triples son los vigilantes en la oscuridad51. Tres veces canta las claras señales de Eos que se aproxima, el tardo servidor, cuando Marte había sido sorprendido52. Y quien fue concebido en la penumbra de una noche triple, clavó los despojos obligados en tres veces cuatro trofeos [30]53. Y los poetas líricos son iguales al número de las Mnemónidas54, a tres de las cuales tan sólo sujetó antaño la diestra de Febo; mas Citerón consagró tantas veces tres en bronce de acuerdo con la creencia de los antepasados, que habían temido rechazar seis55. Tres veces al año se celebran tres noches con la fiesta de Tarento56: al igual [35] que en Tebas las trietéricas en honor del doblemente nacido Baco57. Los tres primeros combates de tracios, en tres espectáculos sucesivos los hicieron los hijos de Junio como honras fúnebres en honor del sepulcro paterno58. También aquel ser que, con un triple enigma (quién es el que, él solo, tiene dos, cuatro y tres pies), buscaba matrimonio, atemorizó Eonia, siendo al mismo tiempo ave, león y doncella, [40] la triforme Esfinge, de alas de pájaro, pies de fiera y cabeza de mujer59. Tres dioses juntos relumbran en el templo tarpeyo60. Tres diferentes artes construyen las casas de los hombres: una coloca piedras en las paredes, otra [45] maderos en el techo y la otra recubre el estuco con los últimos toques. Asimismo, el cuadrantal de Bromio y los medimnos sicilianos: su uso los divide en tres partes a uno y a los otros en dos veces tres partes61. En física, hay tres cosas principales: dios, el mundo y la forma que se le ha dado. Tres intervienen en toda creación: el engendrador, [50] la que concibe y lo engendrado. La figura de los triángulos está sujeta a tres modelos: equilátero, de dos lados iguales, o de todos desiguales. El número perfecto62 se forma con tres partes, de modo que, si se suma tres veces tres, puede también dividirse en tres veces tres. El número tres63 es el primero que tiene un número par, otro impar y un centro. Y tal como hace con el tres, el uno64 también [55] divide al cinco y al siete; y colocado justo en el centro del número completo, separa grupos de tres, que forman un cubo, dividiendo partes iguales a partir de un triple impar. Y un triple centro hay en los números pares, cuando [60] corta, a modo de ombligo, al cuatro, al seis y al doble de cuatro65. Triple es también el derecho que sancionaron las cuatro por tres tablas: el sagrado, el privado y el que es común del pueblo66. Hay tres clases de interdicciones: unde ui he sido expulsado, o utrubi lo ha sido o quorum [65] bonorum67. La libertad es triple68 y triple la pérdida de derechos69. Hay tres modos de hablar: el sublime, el modesto y el de ‘hilo delgado’70. También es triple la forma de curar: la razón, el método y la experiencia71. Incluso [70] la medicina es triple: conservar, preservar y curar72. Tres tipos de educación para los oradores: la que ofrece Rodas, regida por el Coloso; la que amaste tú, Atenas del Ática, y la que desde los escenarios llevó a los severos escaños de los tribunales la prosa de Asia, reproduciendo en los pleitos los ritmos de los coros73. De ahí, los Trípodes de Orfeo, que son triples: tierra, agua, llama74. Triple es para [75] los astros su posición, distancia y forma75. Triples son los modos76 y también la música, madre de las modulaciones: mezclada en los libros, secreta en los astros, pública en los teatros. Triple es la Roma de Marte: con el orden ecuestre, la plebe y el senado. Ese fue el número de las tribus77 y el de los tribunos tras el suceso del Monte Sagrado78. Tres son los escuadrones de la caballería79, tres [80] los nombres de los nobles80. Tres son los nombres de las cuerdas de la lira81, tres los nombres del mes82. Triple es Gerión83, triple el organismo de la Quimera84. Escila es triple, formada por tres especies animales: de can, doncella y pez85. Las Gorgonas, las Harpías y las Erinias forman [85] grupos de tres86, y tres son, aunque llevan el mismo nombre, las fatídicas sibilas, cuyos poemas fatales forman libros triples, que guarda el triple celo de cinco varones87. Bebe tres veces. Tres es el número que está sobre todo, tres es el dios único88. Y para que este pasatiempo no [90] transcurra hasta un número de versos irrelevante, que tenga tres veces diez por tres y diez veces nueve.

1 Para Símaco y su amistad con el poeta, ver en la «Introducción», el cap. I, 6. «Ausonio junto al poder» y 8. «El círculo de Ausonio».
2 R. P. H. GREEN, «The correspondence of Ausonius», AC 49 (1980), 191-211, sostiene la opinión de que primero fue la dedicatoria del Griphus y luego el Mosella y la queja de Símaco (págs. 198-199); pero es poco sostenible por cuanto en ese caso difícilmente podría decir Ausonio, como dice, que el Griphus compuesto tiempo atrás (pero siempre post 368-9), se le ha llenado de suciedad, enterrado entre polvorientos papeles.
3 Tris in Trinacria Siredones, v. 20. Según H. DE LA VILLE DE MIRMONT, «Σειρηδόνες», Rev. d’Étud. Grec. 31, 83-87, esa lectura dudosa de dos manuscritos ha sido comúnmente aceptada, a pesar de su rareza, gracias a la autoridad de Escalígero.
4 Vv. 52-60. Ver M. FRANÇON, «Ausonius’ riddle of the number three», Speculum 18 (1943), 247-248; «Ausone et le premier nombre parfait», Isis 42 (1951), 302-303.
5 Distinto de gryphus «grifo», animal fabuloso o ave rapaz. La palabra griega significa en realidad «red de juncos» y, de ahí, «cosa compleja, enmarañada».
6 Aquí, como un poco más abajo expresamente, Ausonio evoca a CATUL., 1, 4: meas esse aliquid putare nugas.
7 Evocación de TERENC., Eun. 1024: egomet meo indicio miser quasi sorex hodie perii.
8 Nueva evocación cómica, esta vez de PLAUT., Aulul. 465-469, donde el avaro Euclión acusa a un gallo de pretender robarle su tesoro, al escarbar con sus uñas.
9 CATUL., 1, 1.
10 Esta expresión está en griego; literalmente se dice «más carente de Musa», es decir, «sin inspiración poética». En realidad, Ausonio replica a Símaco usando su misma expresión de Epist. I 14: aut ἀμουσότερος tibi uidebar.
11 Al parecer se refiere Ausonio a esta anécdota transmitida por FEST., De uerb. sign. 83 LINDSAY: Athenienses cum Syracusas obsiderent et crebro gerras poscerent, irridentes Siculi gerras clamitabant. La palabra gerra significa, en singular, «cañizo» y en plural, con sentido figurado, «bromas»; de modo que el texto de Ausonio podría traducirse también como «más inútiles que las bromas sicilianas».
12 La lectura es «secreta» porque el libro no ha sido publicado; «castigar un libro» es «anotarlo» a medida que se va leyendo, «marcar» en el margen las indicaciones que el lector crea precisas.
13 Para Esculapio, ver Praef. 1 n. 8. Se dice que fue capaz de resucitar con unas yerbas a Hipólito, tras ser destrozado por sus caballos; ver Cupido cruciatus n. 26; cf. SERV., Eneida VI 398; VII 761.
14 Ausonio hace alusión a la anécdota, contada por APUL., Apol. siue De mag. 10 (cf. DIÓG. LAERC., III 8), según la cual Platón, tras haber escuchado a Sócrates, echó al fuego (= Vulcano) todas sus poesías y tragedias; al parecer sólo quedó una elegía de amor.
15 Alusión a un pasaje de CIC., Verr. II 1, 26: Rubrius istius comites inuitat… mature ueniunt, discumbitur… fit sermo inter eos et inuitatio, ut Graeco more biberetur. «Beber a la griega» consiste en beber una copa de vino puro a la salud de cada comensal, o beber varias copas, cada vez mayores; ver ASC., Verr. II 1, 26.
16 HORAC., Odas III 19, 9 ss.: da lunae propere nouae, / da noctis mediae, da, puer, auguris / Murenae… Ternos ter cyathos attonitus petet / uates.
17 Ausonio hace alusión a esta anécdota transmitida por PLIN., Nat. hist. XXXV 104: el pintor Nealces, que vivió en Sición y en Egipto en el siglo III a. C., quiso borrar con una esponja la espuma que había pintado en la boca de un caballo por no estar contento con el efecto conseguido; mas al primer toque con el borrador, logró sin habérselo propuesto el resultado que buscaba. Esta anécdota se cuenta también de otro pintor, Protógenes (cf. ibidem, 102); ver VAL. MÁX., VIII 11, Ext. 7.
18 Evocación de HORAC., Sát. I 3, 29: acutis naribus.
19 Evocación de NEV., apud VARR., De ling. Lat. VII 107: frons caperata.
20 Presente, pasado y futuro.
21 Primera, segunda y tercera.
22 Masculino, femenino y neutro.
23 Positivo, comparativo y superlativo.
24 Es decir, yámbico, trocaico y anapéstico —formado cada uno de sus metros por dos pies—, dactílico, coriámbico, antispástico (
--
), jónico a maiore (--
), jónico a minore (
--) y peonio (l.°, 2.°, 3.° o 4.° según la situación de la sílaba larga: -

); ver PRISC., Part. duod. uersuum Eneida princ., 459-461 KEIL, III.
25 Hermes Trismegisto, o Hermes tres veces maestro, reveló contra la voluntad de Asclepio (= Esculapio) los secretos de la sabiduría física y, por tanto, humana y divina; se le atribuyen los libros del Corpus Hermeticum, del que se conserva la versión latina.
26 El primero en llamarse «filósofo» fue Pitágoras.
27 Ausonio se refiere a De principiis numerorum libri nouem. Al aludir a Hermes trismegisto, Pitágoras y Varrón, el poeta no hace sino indicar otras tantas fuentes de sabiduría de donde podría haber obtenido, a manos llenas, tríadas para su grifo.
28 En el original epyllia; nótese el uso de esa palabra para designar un poema tan alejado de los cánones tradicionales que definen ese género literario. En el siglo IV las fronteras de los géneros están desdibujadas.
29 Evocación de PLAUT., Menaech. 247: in scirpo nodum quaeris; y de TERENC., Andr. 941: nodum in scirpo quaeris.
30 Evocación de TERENC., Eun. 193: dies noctisque me ames, me desideres, me somnies, me expectes, de me cogites.
31 Evocación de HORAC., Odas III 19 11 ss.: tribus aut nouem miscentur cyathis pocula commodis.
32 Cf. MARC. CAP., II 105: numeri (ternarii) triplicatio prima ex imparibus κύβον gignit. Se trata de beber veintisiete veces; así quedará el cubo completo.
33 Ver Eclog. 7 nn. 65 y 66; cf. CENSOR., De die nat. 14-15: Plato… qui quadrato numero annorum uitam humanam consummari putauit, sed nouenario, qui complet annos octoginta et unum.
34 Ver Eclog. 23 n. 155; Technopaegnion 8, 2 n. 27. Ops (= Rea) tuvo como hijos a Hades, Poseidón y Zeus; cf. HESÍOD., Teog. 453 ss.
35 También hijas de Rea; sus nombres griegos son Hestia, Deméter y Hera.
36 Ver Epitaphia 33 n. 46 y Epigr. 66. Leda puso un número variable de huevos después de su unión con Zeus en forma de cisne; también es variable el número y la distribución de los hijos nacidos en ellos, pero tanto en este pasaje como en el Epigr. 66, Ausonio parece seguir la ilustración del mosaico de la Kornmarkt de Tréveris.
37 Ver Epitaphia 8; Gratiarum actio IV 19; Epigr. 40, 5.
38 Ver Eclog. 4, 3 n. 41; Epist. 20, 8.
39 Ver Eclog. 4, 4. Evocación de MARCIAL, XI 56, 13: ter uincere Nestoris annos; y de VIRG., Eneida VI 802: aeripedem ceruam.
40 Ver Eclog. 4, 5. El cuervo es un «ave oscena» (oscen), es decir, profética (ver CIC., Fam. VI 6, 7: oscinem coruum prece suscitabo) y está ligado a Apolo por haberle anunciado la infidelidad de su amada Coronis («la Corneja») preñada ya del hijo de ambos, Asclepio; la joven prefirió al mortal Isquis, temiendo que el dios se cansara de ella en su vejez; Apolo cambió el color blanco del cuervo por el negro y también castigó la infidelidad de Coronis, matándola a ella y a su marido; ver OVID., Met. II 542 ss.
41 Ver Eclog. 4, 6 n. 42.
42 Evocación de VIRG., Eneida IV 511: tergeminamque Hecaten, tria uirginis ora Dianae. En los cruces de los caminos —lugares propicios para la magia, cuyos secretos poseía Hécate—, se levantaban estatuas en su honor, representándola con tres cuerpos o con tres cabezas, pues su poder no estaba limitado a dominios concretos —como sucedía con los dioses olímpicos— sino que se extendía por la tierra, el cielo y el mar (o cielo, tierra e infiernos) o al nacimiento, la vida y la muerte de todos los seres. Diana se identifica con Sémele (= la Luna), Ártemis (diosa de los bosques) y Lucina (que preside los partos).
43 Aglaya, Eufrosine y Eunomía.
44 Ver Parentalia 13 n. 32.
45 Barítono, tenor y bajo.
46 Aire, agua, fuego; ver LUCREC., V 93: trina elementa.
47 Este pasaje está poco definido pues los manuscritos ofrecen diversas lecturas; la crítica puede verse en H. DE LA VILLE DE MIRMONT, ya cit. en n. 3. Las Sirenas, monstruos marinos, medio aves, medio mujeres, hijas de una Musa (Melpomene o Terpsícore; aunque hay otras versiones) y de Aquelao (divinidad fluvial; también hay otras versiones a propósito del padre), son dos en la Odisea, cuatro en algunas tradiciones, y tres en otras: Parténope, Leucosia y Ligia (o Pisínoe, Agláope y Telxiepia); eran excelentes músicos y, según Apolodoro, una tocaba la lira, otra la flauta y la tercera cantaba. Se cuenta que rivalizaron con las Musas pero éstas, irritadas, las desplumaron y se coronaron con sus despojos; ver PAUSAN., IX 34, 2; la isla Trinacria es Sicilia.
48 Las Camenas son las Musas griegas; ver Commem. prof. Burd. 2 n. 35; eran nueve, hijas de Mnemosine y Zeus (o de Harmonía; o de Urano y Gea —el Cielo y la Tierra—), y sus nombres: Calíope, Clío, Polimnia, Euterpe, Tersícore, Érato, Melpómene, Talía y Urania. Son conocidas por sus dotes musicales, si bien en época tardía se atribuyó a cada una de ellas el dominio de una parcela del conocimiento y de las bellas artes.
49 Según QUINT., XII 2, 10: in tris diuisa (sophia) partes: naturalem, moralem, rationalem.
50 Entre Roma y Cartago (fundación púnica, es decir, fenicia). La primera tuvo lugar entre los años 264-241 a. C.; la segunda, entre los años 218-202 a. C. y la tercera, entre los años 149-146 a. C. En esta última, Cartago fue destruida por completo.
51 La noche está dividida en tres partes para los turnos de vigilancia.
52 Marte había colocado a Alectrión, su hijo, para que le advirtiera la llegada del día (Eos = la Aurora), mientras amaba a Venus (cf. Cupido cruciatus n. 42); pero Alectrión despertó tarde, cuando ya Febo (= el Sol) había visto el adulterio, poniéndolo en conocimiento de Hefaistos ( = Vulcano); Marte convirtió a Alectrión en gallo.
53 Se refiere a Hércules; ver Eclog. 24. En una «noche triple» se unió Zeus a Alcmena, y de esa unión nació Heracles (= Hércules); el padre de los dioses había prolongado la duración de la noche, sea porque su deseo apasionado así lo exigía, sea porque se preparaba el nacimiento de un ser excepcional, sea, en fin, para retrasar la llegada del marido de Alcmena, Anfitrión. Ver PLAUT., Amph. 113, 271 ss.; LUCIAN., Dial, deor. X.
54 Las Musas son llamadas Mnemónidas por su madre (ver n. 48); los poetas líricos son Alcmán, Íbico, Estesícoro, Simónides, Píndaro, Baquílides, Safo, Alceo y Anacreonte.
55 Según PASTORINO, ed. cit., pág. 622, n. 24 y 25, Ausonio se refiere a una antigua estatua de Apolo, obra de Tecteo y Angelión, situada en Delos y que figura en algunas monedas griegas (cf. PLUT., De Mus. XIV); según alguna tradición, las Musas tan sólo eran tres, como las Gracias: una había nacido del agua, otra del sonido del viento y otra de la voz (VARR., ap. SERV., ad Ecl. VII 21); pero en una ciudad de Beocia encargaron a tres escultores distintos que representaran cada uno a las Musas; las nueve estatuas resultaron tan bellas que se tomó la decisión de consagrarlas todas; cf. VARR., ap. AUG., De doctr. Christ. II 16; PAUSAN., IX 29, 2. Citerón fue un rey de Platea, en Beocia, que dio su nombre a un monte de la región; Helicón era su hermano, se encontraba junto a él y en él habitaban las Musas.
56 Se trata de unos juegos en honor de Perséfone y Dis (ver Technopaeg. 8 n. 28; ambos son dioses infernales) que se celebraban en un lugar llamado Tarento, cercano al Campo de Marte, junto a Roma; no se trata de la ciudad griega del mismo nombre al sur de Italia. Los hijos de un tal Valerio habían caído gravemente enfermos; su padre preguntó a los dioses qué debía hacer para salvarlos y éstos le respondieron que debía bajar el curso del Tíber hasta Tarento y allí darles a beber agua del altar de Dis y Proserpina; el padre, profundamente contrariado por la aparente incongruencia del mandato divino pues de ninguna manera el curso del Tíber llevaba a Tarento, comenzó —a pesar de todo— el viaje; al amanecer del segundo día, y encontrándose en un recodo del río muy cercano de su ciudad, preguntó cómo se llamaba aquel lugar; «Tarento», fue la respuesta. Valerio comprendió el sentido del oráculo y dio de beber a sus hijos agua del Tíber, con lo que éstos curaron; agradecido, quiso levantar un altar a Dis y Proserpina; pero tan pronto comenzó a cavar, descubrió una inscripción en honor de ambas divinidades: era el altar a que hacía mención la profecía. Desde entonces, en aquel lugar —el altar de Tarento— se celebraban los Juegos Seculares.
57 Evocación de VIRG., Eneida IV 302: trieterica Baccho. Las fiestas en honor de Dioniso (= Baco) que se celebraban en Tebas, tenían lugar cada tres años. Para el doble nacimiento del dios, ver Cupido cruciatus 16 n. 20.
58 Marcio y Decio Bruto celebraron los primeros combates de gladiadores tracios en honor de su padre el 265 a. C. Para los gladiadores tracios, ver Technopaeg. 12 n. 66.
59 Ver Technopaeg. 10 n. 63; la Esfinge ofrecía en matrimonio a la reina Yocasta a quien descifrase su famoso enigma (se trata del hombre, cuando anda a gatas, normalmente y en la vejez —ayudado de un bastón—); Edipo descifró el enigma y se casó con su madre Yocasta, sin que ninguno de los dos conociera las relaciones de parentesco que les unían. Eonia es sinónimo de Beocia, región en que se encuentra Tebas.
60 Júpiter, Juno y Minerva poseían un templo en la roca Tarpeya, sobre el monte Capitolio, consagrado por Rómulo tras su victoria sobre los sabinos; ver DION. HALIC., Ant. Rom. IV 61.
61 Bromio es un epíteto de Baco; el cuadrantal es una medida de capacidad equivalente a tres modios (aprox. 25 litros); como medida de peso, ver Eclog. 6 n. 54. Por su parte, el medimno siciliano es también una medida de capacidad equivalente a seis modios.
62 Para Ausonio el «número perfecto» es el seis; ver Epist. 11, 20 ss. No obstante, este pasaje resulta enormemente confuso; de ahí que, los distintos estudiosos que se han enfrentado a él, aduzcan otros textos paralelos. Así EVELYN-WHITE, en su ed. ya cit., I, 364, n. 3, siguiendo a Toll recuerda el siguiente pasaje de MARC. CAP., VII 733: trias uero princeps imparium numerus perfectusque censendus. Nam prior initium, medium finemque sortitur, et centrum medietatis ad initium finemque interstitiorum aequalitate congruit; y de acuerdo con él, sería el tres el número perfecto; a partir de él explica algunos de los versos siguientes pero no otros y menos la Epist. 11, 20-24. Pero para Escalígero (y al parecer, pero no esta nada claro, para Pastorino) era el seis. M. FRANCON, «Ausonius’s riddle of the number three», Speculum 18 (1943), 247-248, y «Ausone et le premier nombre parfait», Isis 42 (1951), 302-303, sostiene que Ausonio recoge el significado tradicional, que se encuentra en los escritos de Nicómaco de Gerasa —a su vez inspirados en Euclides y otros matemáticos—. Así, el número perfecto se forma con tres partes (1 + 2 + 3); sumado tres veces tres (6x9), se puede dividir tres veces tres (54:3= 18:3 = 6). Hasta aquí llega el pasaje referido al número perfecto; a partir del verso 54 comienza una nueva serie, referida en esta ocasión al número tres; si se mezclan ambas, como normalmente se hace, la confusión es total.
63 Comienza el pasaje sobre el número tres; está formado por el primer número impar (1) y por el primer par (2); además, tiene un centro (1+2).
64 Tal como sucede con el tres, el uno también divide al cinco y al siete: 1 + 1 + 1 ( = 3); 2 + 1 + 2 ( = 5); 3 + 1 + 3 ( = 7). El «número completo» —totus numerus— es el nueve; el I situado en el centro del nueve, divide este número en grupos de tres que forman un cubo:
I I I
I I I
I I I
65 En el caso de los números pares, éstos quedan también divididos en grupos iguales (2 + 2= 4); (3 + 3= 6); (4 + 4= 8) por su centro. Debo advertir una vez más que para la adecuada comprensión del pasaje es preciso distinguir entre los versos referidos al «número perfecto» (52-53); al tres (54); al uno (final del 54-58, incluyendo el concepto de «número completo»); y al «centro» de los números pares (59-60). Por tanto, me permito corregir la puntuación de la ed. de PRETE.
66 Alusión a la Ley de las XII Tablas, la más antigua codificación romana del derecho, que remonta al año 450 a.C.
67 Se trata de las tres acciones legales.
68 Un esclavo podía alcanzar la libertad o bien por acción del pretor (que lo golpeaba ligeramente con una vara), o por la consecución de un patrimonio propio, o por disposición testamentaria de su dueño: ver CIC., Top. II 10: si neque censu nec uindicta nec testamento liber factus est, non est liber.
69 El ciudadano podía perder sus derechos civiles si los perdía su ciudad, su familia, o él como individuo.
70 Ver QUINTIL., XII 10, 58 ss.; GEL., VI 14; se trata de los tres «géneros» o estilos al escribir: el sublime correspondería a la épica o a la tragedia; el modesto (aunque la terminología es variada), a la comedia; el de «hilo delgado» o subtilis, a la poesía lírica; la expresión tenui filo está tomada de HORAC., Epíst. II 1, 225: tenui deducta poemata filo.
71 Cf. MARCEL., de med. 6: quod logos aut methodos simplexque empirica pangit.
72 Ver JERÓN., Cont. Pelag. 21.
73 Son las tres grandes escuelas de oratoria en la antigüedad; ver CIC., Brut. 51; QUINTIL., XII 10, 8.
74 Según PASTORINO, ed. cit., 626, n. 40, los Trípodes es una obra atribuida a Orfeo; el trípode simboliza los tres elementos.
75 Parece correcta la interpretación de PASTORINO, ed. cit., 626, n. 41, basada en DE LA VILLE DE MIRMONT, L’astrologie…, ya cit., 35 ss.: triple se refiere a cada sustantivo por separado; así, triple posición: dentro del Zodíaco, más acá o más allá; triple distancia; longitud, latitud, declinación; triple forma: esférica, cónica o clavada a la bóveda del cielo.
76 Los modos musicales son el dórico, el frigio y el lidio.
77 Las tres tribus primitivas de Roma fueron las de los Ramnes, los Tities y los Luceres.
78 Alusión a la secesión de la plebe en el Monte Sagrado el año 494 a. C., reivindicando sus derechos frente a la clase senatorial; como consecuencia, obtuvieron dos —no tres— magistrados con prerrogativas especiales, que los representaban: los tribuni plebis.
79 Evocación de VIRG., Eneida V 560: tres equitum numero turmae; correspondía uno a cada una de las tribus de la n. 77.
80 Es decir, praenomen (o nombre propio), nomen (o apellido = nombre de la familia paterna) y cognomen (a modo de apodo); los plebeyos tan sólo tenían dos en época republicana.
81 Grave, mediana y aguda.
82 Calendas, nonas e idus; ver Eclog. 11.
83 Evocación de VIRG., Eneida VIII 422: tergemini… Geryonae. Gerión era un ser monstruoso, dotado de tres cabezas y tres cuerpos (y seis alas), al que dio muerte Hércules; ver Eclog. 24, 10 n. 175.
84 Otro ser mitológico, con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón, al que dio muerte Belerofonte con la ayuda de Pegaso; cf. HOM., Il. VI 181; OVID., Met. IX 647. Ver Epitaphia 33, 9 n. 46.
85 Ver VIRG., Eneida III 426 ss.; OVID., Met. XIII 730 ss.
86 Las Gorgonas eran Medusa, Euríale y Estenio; las Harpías, Hellopoda, Celeno y Ocípete; las Erinias, Alecto, Tisífone y Megera.
87 Las sibilas son fatídicas porque conocen y predicen el fatum, «los hados». Ausonio piensa seguramente en las sibilas de Cumas, Eritrea y, tal vez, Tíbur; su fuente para este pasaje puede haber sido TIBUL., II 5, 68 ss., según A. KURFESS, «Die drei Sibyllen bei Ausonius», Rhein. Mus. 97 (1954), 191-192. Los libros sibilinos, donde estaba recogida toda la sabiduría y el futuro de Roma, eran guardados por los Quindecemuiri sacris faciundis, colegio sacerdotal formado por quince hombres.
88 Referencia a la Trinidad, presente en otras composiciones de Ausonio, como en Ephem. 3; o en Versus Paschales.
XIX
CENTÓN NUPCIAL
El Cento nuptialis es, sin duda, una de las obras más nombradas de Ausonio, y, a pesar de ello, se ha vertido algún error a propósito del mismo que, por la insistencia con que se perpetúa, parece denunciar que, en muchas ocasiones, las lecturas o son poco atentas o, simplemente, no se hacen.
Me refiero a la afirmación constante de que fue escrito durante una expedición militar, como el Griphus, y que, por tanto, corresponde a los años 368-3691. Pero en ningún lugar del centón, ni en la carta dedicatoria a Paulo, se afirma nada semejante. Sí que lo hizo a petición de Valentiniano I, que, con su peculiar gusto por las letras, había compuesto él mismo un poema festivo sobre una boda; Ausonio aceptó el trabajo simulando haberlo rechazado, por temor a herir al Emperador si lo sobrepasaba y temiendo parecer adulador si lo hacía peor; de un tirón y en un solo día acabó su empeño. Luego, el centón se quedó, como ocurría tantas veces con sus escritos, en el cajón, hasta que decidió enviarlo a su amigo Axio Paulo, que tanto gustaba de los jeux d’esprit de Ausonio.
Hay, es cierto, al final de la carta dedicatoria una frase que, leída a la ligera, puede haber sido la que ha motivado el error; dice el poeta; et quia sub imperatore meo tum merui, procedere mihi inter frequentes stipendium iubebis, que sólo debe entenderse en sentido metafórico, pues la paga que solicita Ausonio a Paulo, como buen soldado que ha servido —que ha obedecido— a su Emperador es simplemente el reconocimiento del lector y crítico hacia su obra. Y no es posible más interpretación que ésa, pues sigue diciendo: sin aliter, aere diturum facies, ut cumulo carminis in fiscum suum redacto redeant uersus unde uenerunt; es decir, si no ha cumplido, si su obra no ha alcanzado el mérito suficiente, basta con no pagarle la soldada, haciendo que los versos tomados de Virgilio regresen al mantuano, con lo que su obra quedará deshecha.
De modo que tampoco puede el Cento nuptialis fecharse con precisión; en cualquier caso, ha sido compuesto tras la llegada del poeta a la corte y antes de la muerte de Valentiniano, dicho de otro modo, entre el 367 y el 375; de esos años, es cierto, parecen más probables los situados en torno al 370, por estar animado el Cento nuptialis de un gusto similar al Griphus y por haberse ocupado poco después de una obra de más empeño, el Mosella.
En la carta en prosa de envío a Paulo, que sin duda es posterior a la muerte del Emperador, e incluso podría corresponder al momento de retiro de Ausonio, cuando disfrutaba jugando a poeta de lo imposible con Axio Paulo, define con una precisión de profesor qué es un centón y marca las precisas reglas de composición; además, nos enseña en qué consistía el juego griego llamado «ostomaquia»2, por su técnica, similar a la que debe poseer quien hace un centón.
El centón consta de ciento treinta y un hexámetros dactílicos, distribuidos en escenas de la boda: prefacio (11 versos), cena nupcial (21), descripción de la novia al salir (13), descripción del novio (11), los regalos (10), el epitalamio (13), la entrada en la habitación (21). Y aquí se produce un corte lleno de suspense, donde el poeta anuncia en prosa que lo siguiente está lleno de procacidad; tras permitir la lectura tan sólo a los curiosos, continúa con la escena de la desfloración (31 versos). Al acabar, incluye, de nuevo en prosa, la justificación del tratamiento del tema afrontado por orden del Emperador: cualquier lector puede sonrojarse por dos graves motivos; primero, por la crudeza y desvergüenza de las descripciones; luego, por haberlas compuesto con palabras del casto Virgilio. Pero los ejemplos de Juvenal, Marcial, Plinio, Sulpicia, Apuleyo, Cicerón, Platón, Aniano, Levio, Eveno, Menandro… y, ¡qué caramba!, del propio Virgilio vienen en su ayuda. Todos ellos fueron de vida honesta, pero no se cuidaron de hablar con tapujos cuando las ocasiones lo requerían. Y acaba Ausonio: «Así pues, a quien no le guste nuestro juego, que no lo lea, y si lo ha leído, que lo olvide, y si no lo olvida, que lo perdone. Al fin y al cabo es la historia de una boda y, quiera o no quiera, estas solemnidades no son de otra manera»3.
La palabra cento significa, de acuerdo con la definición que de ella dan los glosarios antiguos, «vestido hecho con muchas pieles»4, «vestido hecho de retales». Ausonio afirma al principio de la carta dedicatoria: «los primeros que con esta manera de componer (poemas) se divirtieron, la llaman centón». Sin duda, a finales del siglo IV debía de ser una práctica relativamente frecuente5, que arrancando de los Homerocentones helénicos y helenísticos, tuvo en latín un cultivador temprano en Hosidio Geta (fines del siglo II o principios del siglo III; cf. TERTULIANO, De praescr. haeret. 39, 5); poco después de Ausonio, debió de hacer el suyo la noble Petronia Proba. En cualquier caso, solían construirse los centones griegos con retazos preferentemente de Homero, a veces de Hesíodo u otros autores; y los latinos, con Virgilio, mucho menos con Ovidio u otros autores. JERÓNIMO, contemporáneo de Ausonio, en Epist. 103, 7, dice: legimus Homerocentones et Virgiliocentones, y en eso mismo insiste ISIDORO, Oríg. I 38, 25: «suelen llamarse entre los gramáticos, ‘centones’ los (poemas) que, a partir de Homero y Virgilio, se componen en un único conjunto como obra propia, siguiendo la costumbre de los retaleros, y para tratar cualquier materia»6.
Normalmente, los centones tenían carácter paródico, como ocurre con el pastiche que ARISTÓFANES incluye en Ranas 1285 ss.; y ése es el sentido del centón de Ausonio. Pero a finales del período helenístico cobró vigor otra manera de hacer centones, no paródica, cuya máxima representante latina es Proba, autora de un centón cristiano, confeccionado con retazos de Virgilio7.
AUSONIO SALUDA A PAULO
Lee hasta el final también, si es que lo merece8, esta obrita frívola y poco valiosa, que ni forjó mi trabajo ni la repasó la lima, sin agudeza de ingenio y sin madurez reposada. Los primeros que con esta manera de componer se divirtieron, la llaman ‘centón’. Sólo es fruto de la memoria [5] el recoger lo disperso y unir lo desunido; bien puedes reír más que elogiar esto. Si en los Sigillaria9 se pusiera a subasta, ni Afranio daría por tal cosa una cáscara de nuez, ni Plauto ofrecería una tartana suya10. En efecto, avergüenza haber deshonrado la dignidad de la obra de Virgilio con un asunto tan chocarrero. Mas, ¿qué podía hacer? Era una orden: pues me lo pedía —y ésa es la más [10] poderosa forma de obligar— quien podía obligarme, el sacro emperador Valentiniano, persona a mi juicio erudita. Él había narrado tiempo atrás una boda, sirviéndose de un pasatiempo similar, con versos apropiados, en efecto, y con una composición festiva. Al querer luego comprobar en cuánto le aventajaba mi capacidad, me instó a componer algo por el estilo. Date cuenta de cuán embarazoso pudo [15] ser esto para mí. Ni quería superarle ni quedar por detrás, pues podía tomarse a juicio de los demás como una necia adulación si perdía, y una insolencia si, compitiendo con él, quedaba por encima. Así pues, inicié el trabajo simulando haberlo rechazado, y felizmente conservé así su favor sin molestarlo con mi triunfo. Al encontrar entre mis borradores lo que había hecho a vuela pluma en un solo día hasta bien entrada la noche, siento tanta confianza en [20] tu lealtad y afecto que ni siquiera voy a privar a tu severidad de estas líneas dignas de risa. Recibe, pues, una obrita compuesta con fragmentos inconexos, una sola hecha con variados elementos, un objeto de chanza hecho con frases serias, algo nuestro sacado del prójimo, para que no te extrañes de que, en las leyendas sagradas y en los mitos, el hijo de Tione y Virbio sean rehechos, aquél a partir de Dioniso, éste de Hipólito11. Y si me permites que te enseñe —yo que debo ser enseñado—12 qué es un centón, lo haré. Con pasajes variados y sentidos diferentes se suelda [25] una estructura de poema, de modo que estén unidos, en un solo verso, dos cortados, o uno cortado y 〈la mitad〉 del siguiente con otra mitad. Pues colocar dos unidos es una torpeza, y tres de un tirón, una bobada completa. Se cortan, en efecto, los versos por todas las cesuras que recibe el verso heroico, de modo que puede unirse un hemistiquio hasta la penthemímera (-
-
-) con el anapéstico restante [30] (
-
-
-
), o un trocaico (-
-
-
) con el segmento posterior (
-
-
-
) o siete medios pies (-
-
-
-) con el anapéstico coral (
-
-
), o 〈sigue〉 tras un dáctilo y medio pie (-
-) lo que queda del hexámetro (
-
-
-
-
): es similar al juego que los griegos llamaron «ostomaquia»13. Son unos huesecillos: en conjunto tienen [35] catorce figuras geométricas. En efecto, los hay de lados iguales o triangulares con lados desiguales, o con ángulos rectos u oblicuos: a esos los llaman isósceles o «isopleura», y también ortogonales y escalenos. Con diferentes uniones de estas piezas se componen figuras de mil tipos: un elefante salvaje o un jabalí, un ganso volando y un mirmilón armado, un cazador emboscado y un perro ladrando, o [40] bien una torre y un cántaro, y otras innumerables figuras de modo semejante, que varían si un jugador es más hábil que otro. Son asombrosas las combinaciones de los expertos; ridículas las uniones de los inexpertos. Dicho lo anterior, sabrás que yo he imitado lo segundo. Y así, esta obrita, el centón, se trabaja igual que aquel juego, a fin de que lo que tiene diferentes sentidos se una, lo que ha sido adoptado, parezca propio, y que no se deje ver lo ajeno; [45] que los materiales escogidos no se subleven con fuerza, que lo denso no abulte por encima de la media y que no se vean bostezos. Si te parece que todo esto es conforme a las reglas, podrás decir que he compuesto un centón. Y puesto que he servido bajo mi Emperador, me mandarás mi paga como a los soldados regulares; si es de otro modo, harás que el dinero se reingrese14, es decir que regresen [50] los versos devolviendo la totalidad del poema al tesoro público de donde salieron. Adiós.
1
PREFACIO
Recibid estos versos en el corazón y dirigid a ellos jovial atención, / |14bis vosotros dos, ilustres de espíritu, y por vuestras armas poderosas; / | ambos llenos de esplendor, / linaje invencible en la guerra. / | Y tú el primero, / pues que has de llegar a lo más alto | resulta evidente [5] según los mejores auspicios; / nadie hubo más justo que tú / | por su piedad, ni mayor en la guerra y las armas; / | tú y tu hijo, / la otra esperanza de la gran Roma, / | ñor y orgullo de nuestros antepasados, / mi mayor inquietud, / | que recuerdas a tu abuelo por tu nombre, por tu espíritu y manos a tu padre. / | Canto según vuestros [10] mandatos. / A cada cual le traerán esfuerzo | y fortuna sus empresas: / para mí comenzar lo ordenado es mi deber. / |
2
LA CENA NUPCIAL
El día ansiado había llegado / y al digno himeneo / | madres y hombres, / jóvenes a los ojos de sus padres / | vienen y se tiende15 sobre lecho de púrpura. / | Dan los [5] criados agua a las manos / y cargan en cestos | los dones de la amasada Ceres16 / y de caza suculenta / | las asadas entrañas traen. / Gran cantidad de platos: / | la raza de las aves y animales domésticos, / y cabras gregarias / | no faltan allí, / ni ovejas ni cabritos topadores, / | ni la raza [10] acuática, / corzos ni ciervos huidizos. / | Ante los ojos y en en las manos hay / frutas maduras. / | Cuando el hambre está calmada y el deseo de comer satisfecho, / | se colocan grandes crateras / y ofrecen vino de Baco17. / | Cantan sacras canciones, / aplauden a los coros de danzantes y recitan [15] poemas. / | Y el sacerdote tracio18, de largo vestido, | hace hablar los siete intervalos de las notas con ritmos. / | Desde otro lugar / la flauta ofrece su canto de doble agujero. / | Un descanso común para todas las fatigas / y juntos de las solitarias | mesas se levantan, / por los alegres alrededores numerosos / | pasean y se cruzan a su vez / el pueblo y los senadores, / | las matronas, los niños, / y [20] llenan de voz los amplios | atrios: cuelgan lámparas de los techos dorados. / |
3
DESCRIPCIÓN DE LA NOVIA AL SALIR
Finalmente avanza / de Venus la muy justa ansiedad, / | ya madura para varón, ya del todo núbil por su edad, / | mostrando rostro y porte de virgen; / un gran rubor | le prende fuego y corre por sus mejillas ardientes; /| al [5] dirigir en derredor sus ojos atentos, / quema con su mirada. / | A ella toda la juventud repartida por la casa y el campo, / | y la nube de matronas la admiran. / Señales blancas | de su primer paso, / y había dejado sus cabellos sueltos al viento. / | Lleva vestidos recamados de oro bordado, / | adorno de la argiva Helena; / ¡de qué manera | [10] y cuánto suele ser admirada por los celestes / la áurea Venus! /| tal era su aspecto, / así alegre se acercaba / | a sus suegros / y, apoyada en un sillón, tomó asiento en alto. / |
4
DESCRIPCIÓN DEL NOVIO AL SALIR
Y por otra parte, / cruza las altas puertas / | un mozo que muestra el rostro intonso de su primera juventud / | ornado gracias a la aguja / con clámide áurea, a cuyo derredor abundante / | la púrpura de Melibea19 corre en [5] deble meandro, / | y con una túnica, que su madre había tejido con delgado oro: / | en el rostro y los hombros a un dios parecido / y en su joven mirada. / | Igual que cuando el lucero del alba, húmedo por el agua del océano, / | eleva su rostro sagrado hasta el cielo, / así mostraba su rostro, | así sus ojos / y, sin pensar, dirige su paso al [10] umbral de la casa. / | Le conturba el amor y posa su rostro en la virgen; / | libó besos / y tomó prieta su diestra. / |
5
OFRENDA DE REGALOS
Avanzan los mozos y a la vez ante la mirada de los padres / | llevan los dones, / un vestido endurecido por adornos y oro, / | otros regalos20 y talentos de oro y marfil [5] | y una silla / y un velo teñido de azafranado acanto, / | una enorme vajilla de plata para la mesa / y para el cuello un collar | de perlas y una doble corona de gemas y oro. / | A ella21 una esclava le dan / y sus hijos gemelos al pecho; / | a él cuatro jóvenes / y otras tantas doncellas; / | [10] todos, según costumbre, con los cabellos cortados; / en lo alto del pecho | un aro flexible de oro alrededor del cuello. / |
6
EPITALAMIO PARA AMBOS
Entonces, llenas de afán las matronas / los llevan al umbral de la casa; / | mas un coro igualado, / mozos y doncellas, / | juegan con versos sin freno / y cantan canciones: / | «Oh, unida a un hombre digno, / gratísima esposa, / | feliz seas, / al conocer por vez primera los [5] esfuerzos de Lucina, / | y madre. Toma unas copas22 de meonio Baco23. / | Esparce, marido, las nueces /; ata a estos altares la cinta, / | flor de los ancianos y gloria de los hombres: / a ti se entrega una esposa, / | para que contigo por tales méritos todos sus años / | pase y te haga [10] padre de una hermosa prole. / | Afortunados ambos, / si pueden algo las deidades piadosas, / | vivid felices». /«¡Corred!», dijeron a sus husos, | acordes con la inmóvil voluntad de los hados, las Parcas. / |
7
ENTRADA EN LA HABITACIÓN
Luego que, bajo los techos del tálamo, hechos de piedra pómez, / | entran, / disfrutan por fin de lícita plática. / | Juntos unen sus diestras / y se ponen en la cama. / | Mas Citerea24 a nuevas acciones / y Juno, que preside los himeneos [5]25, / | incitan y aconsejan emprender desconocidos combates. / | Él, entonces, con abrazo / tierno la acaricia, y de pronto | recibe la llama natural / y el lecho conyugal26: / | «Oh doncella, rostro nuevo para mí, / gratísima esposa, / | por fin llegaste, / mi único y ya retardado placer. [10] / | Oh dulce esposa, esto contra la voluntad de los dioses no / | sucede. / ¿Todavía lucharás con un amor que te agrada?» / | Al decir estas palabras, ella, vuelta tiempo atrás, lo mira / | y duda por el temor y tiembla ante el dardo27 amenazador, / | y entre la esperanza y el temor [15] / hace salir de su boca estas palabras: / | «por ti, por tus padres, que de tal condición te engendraron, / | oh joven hermoso, / por no más de una noche, / | te lo suplico, consuela a esta28 desgraciada / y compadécete de quien ruega. / | Desfallezco. No tiene fuerzas mi lengua, no alcanza a mi cuerpo / | el vigor que solía, ni la voz ni las palabras [20] acompañan». / | Mas él: «En vano entrelazas inútiles excusas». / | Y apresura todas las esperas / y deshace su pudor. / |
8
DIGRESIÓN
Hasta aquí he ocultado el misterio nupcial a los castos oídos con rodeos y eufemismos. Mas, como la fiesta nupcial ama los versos fesceninos29 y este juego conocido por su vieja existencia admite el descaro de las palabras, saldrán también a la luz los demás secretos de la alcoba y del lecho, recogidos en el mismo autor, de modo que nos [5] sonrojaremos dos veces, por hacer del propio Virgilio un desvergonzado. Vosotros, si os parece, abandonad aquí la lectura: dejad lo demás a los curiosos30.
9
DESFLORACIÓN
Una vez que están juntos /en la noche solitaria a través de las sombras /| y la propia Venus les dio valor, /se aprestan a nuevos combates. /| Él se levanta derecho: / aunque ella intenta en vano muchas cosas, / | él alcanza su [5] boca y su rostro, / ardiente la acosa pie con pie, / | buscando pérfido lugares más arriba: / una rama, que bajo el vestido se ocultaba, / | enrojecida como las sanguinolentas bayas de eneldo y como el minio, / | con la cabeza desnuda / y con los pies unidos mutuamente, / | monstruo horrendo, deforme, enorme, y falto de luz, / | salta de su pierna31 y ardiente se aprieta contra la trémula esposa. / | [10] Hay en un lugar apartado, / a donde conduce un estrecho sendero, / | una hendidura de fuego que brilla: / exhala oscura un hedor intenso. / | No es lícito a ningún ser pudoroso penetrar en este umbral maldito. / | Hay aquí una cueva horrenda: / tal hálito, que de sus negras | fauces, [15] emana / alcanza con su pestilencia las narices. / | Ahí se dirige el joven por una región de caminos conocidos / | y, tumbándose encima, / llena de pliegues y de tosca corteza, | blande con la ayuda de todas sus fuerzas una lanza. / | Se clavó y llevada hasta lo más profundo bebió el crúor virginal. / | Resonaron las cavidades y un gemido dieron las [20] cavernas. / | Ella, sintiéndose morir, intenta sacar con su mano el dardo, pero entre los huesos / | muy profunda penetró en carne viva / a través de la herida la punta. / | Tres veces, incorporándose y apoyada en el codo, se levantó; / | tres veces se desplomó en el lecho. / Permanece él impasible. | Ni pausa ni descanso: / manteniendo sujeto el timón [25] e hincado, / i no lo soltaba y fijaba sus ojos en las estrellas. / | Fue y regresó por ese camino una y otra vez / y, con un movimiento de vientre, / | perfora los flancos / y32 los pulsa con su peine de marfil33. / | Ya, casi en la meta y cansados, al mismísimo | final se acercaban: / entonces un agitado jadeo sus miembros sacude / | y sus [30] bocas resecas, fluye el sudor con ríos por doquier, / | cae exangüe, / destila semen de su miembro. / |
10
Date por contento, querido Paulo, con esta página, Paulo, lasciva: que rías, nada más te pido34.
Mas cuando la hayas leído, ayúdame contra esos que, como dice Juvenal, «fingen ser Curios y viven Bacanales» [5]35, no sea que crean que mis costumbres son como mi poema.
«Lasciva es mi página, honrada mi vida», como dice Marcial36. Que recuerden también, pues además son eruditos, al más que honrado Plinio, que introdujo la lascivia en sus poemas, la limpieza en sus costumbres37; que la [10] obrita de Sulpicia ardía de prurito, mas su frente estaba fruncida38; que Apuleyo fue en su vida un filósofo, en sus epigramas un erótico39; que hay en todos los preceptos de Tulio severidad, mas en sus cartas a Cerelia había un fondo de descaro40; que El Banquete de Platón contiene epilios compuestos para efebos41. ¿Y qué diré de los Fesceninos de Aniano42, qué de los libros del Erotopaegnion [15] del vetusto poeta Levio43? ¿Y qué de Eveno, a quien Menandro llamó sabio44? ¿Qué del propio Menandro? ¿Qué de los cómicos todos? Su vida es severa y su profesión, de contenido festivo. ¿Qué de Marón, llamado «Partenio» a causa de su recato45? En el octavo libro de la Eneida, cuando describía el coito de Venus y Vulcano46, introdujo «verdulerías»47 de un modo decente. ¿Y qué? En el libro tercero de las Geórgicas48, ¿acaso no veló al [20] tratar de los machos sueltos en la vacada el obsceno asunto con un honesto cambio de palabras? Y, si la severidad que viste a algunos hombres, condena algo en nuestro juego, que sepa que todo se ha tomado de Virgilio. Así pues, a quien no le guste nuestro juego, que no lo lea, y si lo ha leído, que lo olvide, y si no lo olvida que lo perdone. Al fin y al cabo es la historia de una boda y, quiera o [25] no quiera, esta solemnidades no son de otra manera.

1 Ver en nuestra «Introducción», cap. I, 6. «Ausonio junto al poder». Para Axio Paulo, ver ibid. 11. «Los últimos momentos».
2 H. G. EVELYN WHITE, en su ed. ya cit., reconstruye con erudición y exactitud el juego, también llamado loculus Archemedius; ver vol. I, Appendix 395-397.
3 Igitur cui hic ludus noster non placet, ne legerit, aut cum legerit, obliuiscatur, aut non oblitus ignoscat. Etenim fabula de nuptiis est et, uelit nolit, aliter haec sacra non constant.
4 Ex multis pellibus uestes confectae; ver ThLL, s. v. cento. Ver J. L. VIDAL, «Sobre el nombre del centón en griego y en latín», Anuar. de Filol. 4 (1978), 145-153; para todas las cuestiones relacionadas con el Cento nuptialis, ver la introducción, traducción y notas de E. MONTERO CARTELLE, Priapeos. Grafitos amatorios pompeyanos. La velada de la fiesta de Venus. Reposiano: el concúbito de Marte y Venus. Ausonio: Centón nupcial, Madrid, Gredos, 1981, 217-243.
5 J. FONTAINE, «La poésie chrétienne ‘mondaine’ du centon de Proba aux petits vers d’Ausone», en su libro Naissance de la poésie dans l’Occident chrétien. (Esquisse d’une histoire de la poésie latine chrétienne du IIIe au VIe siècle), París, Études Augustiniennes, 1981, 95-110, asegura que «ces centons virgiliens sont contemporains de l’opus sectile en fragments de marbres divers, de la mosaïque polychrome, des remplois de sculptures classiques ou du Haut Empire en de nouveaux ensembles architecturaux qui leur donnent un nouveau sens» (pág. 103).
6 Centones apud grammaticos uocari solent, qui de carminibus Homeri uel Vergili ad propria opera more centonario in unum sarciuntur corpus ad facultatem cuiusque materiae.
7 Para la historia del centón, ver O. CRUSIUS, «Cento», PWRE III (1929-1932). También, W. B. SEDWICK, «Ancient jeux d’esprit and poetical eccentricities», ya cit., en especial pág. 156; M. F. A. BROK, «Litteraire lappendecken», Hermeneus XXII (1950), 46-52; R. LAMACCHIA, «Dall’arte allusiva al centone», Atene & Roma, n. s. 3 (1958), 193-216; una excelente visión de conjunto —que, en buena medida, sigue los estudios de J. L. VIDAL— en OSIDIO GETA, Medea, introducción, texto crítico, trad. e índice a cargo de G. SALANITRO, Roma, Ed. dell’Ateneo, 1981, 5-60; G. POLARA, «Un aspetto della fortuna di Virgilio. Tra Virgilio, Ausonio e l’Appendix Vergiliana», Koinonia 5 (1981), 49-62; F. E. CONSOLINO, «Da Osidio Geta ad Ausonio e Proba. Le molte possibilità del centone», A & R 28 (1983), 133-151. Deben conocerse también los siguientes trabajos de J. L. VIDAL (además del citado en n. 4): «Observaciones sobre centones virgilianos de tema cristiano», Bol. Inst. Est. Helén. 3 (1973), 53-64; «Sobre reminiscencias de Virgilio en la literatura de la época claudia», Unidad y pluralidad en el mundo antiguo (Actas del VI Congreso Español de Estudios Clásicos), vol. II, Madrid, Gredos, 1983, 237-243; «La technique de composition du Centon virgilien Versus ad gratiam Domini siue Tityrus (Anth. Lat. 719 a Riese)», Rev. d’Étud. August. 29 (1983), 233-256; «Christiana vergiliana I: Vergilius Eucharistiae Cantor», Actes del VIè Simposi (Barcelona 11-13 de febrer del 1981), Secció Catalana de la Societat Espanyola d’Estudis Clàssics, Barcelona, Univ. de Barcelona, 1983, 207-216. Sobre las mutaciones semánticas del léxico en los centones y sobre todo en el de Ausonio, véase E. MONTERO CARTELLE, «Transformaciones semántico-literarias en el Cento nuptialis de Ausonio», Actas del V Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, SEEC, 1978, 599-602; Aspectos léxicos y literarios del latín erótico, Santiago, Univ. de Santiago, 1973; J. N. ADAMS, «Ausonius, Cento nuptialis 101-131», Stud. Ital. di Filol. Clas. LIII (1981), 199-215. El interés del Cento nuptialis afecta también, de algún modo, a Virgilio; M. BONARIA, «Appunti per la storia della tradizione virgiliana nel IV secolo», Vergiliana. Recherches sur Virgile, publ. por H. BARDON Y R. VERDIÉRE: Roma aeterna III, Leiden, Brill, 1971, 35-40, ha mostrado cómo los fragmentos recortados por Ausonio coinciden de manera casi absoluta con las lecturas del códice virgiliano conocido con la sigla M; de modo que en Tréveris, hacia el 370, había un ejemplar completo de la obra de Virgilio de donde deriva la tradición representada en nuestros días por el manuscrito M. Por su parte, el centón de Proba y los epigramas del papa Dámaso reflejan, más bien, las lecturas de P, que, por tanto, debía de encontrarse él, o un antepasado suyo, en Roma a fines del siglo IV.
8 Evocación de ENNIO, ap. Pers. VI 9 (= Ann., fr. 16 VAHLEN2): Lunai portum, est operae, cognoscite ciues; y de PLAUT., Cas. 879: est operae auribus accipere.
9 Sobre los Sigillaria, o fiesta de las Figurillas, ver Eclog. 23 n. 163.
10 Alusión a una expresión de AFRANIO (fragm. inc. 24 [431] RIBB.) y a otra de PLAUT., Rud. 580: ciccum non interduim (ver también PLAUT., apud VARR., De ling. Lat. VII 91: ciccum non interduo).
11 Tione pasa por ser el nombre divino de Sémele, madre de Dioniso (ver Cupido cruciatus, n. 20); Ausonio alude al doble nacimiento del niño, primero sacado por Zeus del seno de su madre, muerta a los seis meses de la concepción; luego, nacido del muslo del dios al cumplirse el noveno mes. Dioniso bajó a los Infiernos para recuperar a su madre Sémele y llevarla a los cielos, donde adquirió su nuevo nombre.
En cuanto a Virbio, es el nombre de Hipólito, resucitado por Esculapio; ver Griphus, n. 13. Cf. VIRG., Eneida VII 761-782; OVID., Met. XV 533-544.
12 Evocación de HORAC., Epíst. I 17, 3: disce docendus adhuc.
13 «Combate de huesos»; es un juego comparable a nuestro puzzle, que fue descrito, con el nombre de loculus Archemedius, por CES. BAS., De lustris, pág. 217 KEIL, y por MAR. VÍCTOR, Ars gram. III 1, pág. 100 KEIL. EVELYN WHITE reconstruye así el juego (ver también PASTORINO, ed. cit., 654-655, n. 8 y fig.)

Y, de este modo, el elefante a que alude Ausonio:

14 Cf. FEST., De uerb. sign., pág. 61 LINDSAY: dirutum aere militem dicebant antiqui cui stipendium ignominiae causa non erat datum, quod aes diruebatur in fiscum, non in militis sacculum.
14bis Marco con raya vertical ( | ) el final de cada verso; con raya oblicua (/), el final de cada fragmento virgiliano —cada tésera del mosaico—: la referencia de cada uno de ellos puede verse en la ed. de PRETE.
15 En Eneida I 700, el sujeto es iuuentus; de ahí el verbo en singular y no en plural, como exigiría la concordancia en la composición de Ausonio; respetamos, no obstante, el anacoluto en la traducción como expresión del pequeño error del poeta.
16 Ceres (= Deméter) es la diosa maternal de la Tierra, protectora de las cosechas (en particular de los ‘cereales’).
17 Es el Dioniso griego, el primero en saber hacer vino.
18 Alusión al mito de Orfeo, cuyo sacerdote interviene en la fiesta; Orfeo, según antiguas tradiciones, inventó la lira de siete cuerdas.
19 Melibea era una ciudad de Tesalia famosa por su púrpura.
20 Ausonio no ha logrado en los versos 58 y 59 un buen ensamblaje de los versos virgilianos; la traducción exige ciertas libertades, pero procuramos conservar el desorden y las repeticiones.
21 Los deícticos usados, olli en el primer caso, huic en el segundo, no permiten distinguir el sexo de los obsequiados; no obstante, el deíctico de lejanía se aplica, sin duda, a la novia, de quien se ha hablado antes; y el de cercanía, al novio, cuyo aspecto se acaba de describir. Igualmente, los regalos ofrendados convienen a esta interpretación.
22 La palabra utilizada es carchesium, copa con asas; la cratera del v. 23 es un recipiente de gran tamaño donde se mezclaba el vino con agua, pues tomarlo puro se consideraba propio de bárbaros.
23 Epíteto frecuente de Baco; hace referencia a Meonia (o Lidia), región del Asia Menor.
24 Epíteto frecuente de Venus (= Afrodita) por ser adorada en Citerea, isla del Mar Egeo consagrada a la diosa.
25 En cuanto esposa de Júpiter y madre celeste.
26 Tampoco parece aquí, como en otros lugares que omito señalar, muy afortunada la juntura; en cualquier caso, la hendíadis resulta demasiado fuerte.
27 La lectura de algunos manuscritos de Virgilio en Eneida XII 916 es letumque («la muerte») y así leen también los mejores editores; no obstante, otros antiguos manuscritos ofrecen la lectura telumque, que es la recogida en Ausonio; según M. BONARIA, «Appunti per la storia della tradizione virgiliana nel IV secolo», ya cit., tal elección supone que en Tréveris habría un manuscrito perteneciente a esa familia (la M); ver n. 7.
28 Hay, de nuevo, en este caso una variante entre el texto de Ausonio (hanc), que es el de varios códices del siglo IX, y el de los restantes códices virgilianos (at).
29 Los versos fesceninos, licenciosos y burlescos, pertenecen a la más antigua tradición folklórica de la Península Itálica; eran compuestos y utilizados en festividades, generalmente de carácter agrario.
30 Puro juego retórico, dentro del sentido del humor con que Ausonio produce y contempla sus obras más artificiosas. El paréntesis que constituye, en medio del Cento nuptialis, esta Parecbasis (latín, egressus o egressio, que traducimos por ‘digresión’) es una medida estratagema para aumentar la curiosidad y el suspense, con un efecto teatral de indudable eficacia.
31 De nuevo, los manuscritos de Virgilio presentan aquí la lectura femine, que siguen los editores modernos, mientras que Ausonio es testigo de una tradición distinta con su femore.
32 Otra variante con respecto al texto virgiliano, que ofrece iam y no et, como Ausonio; iam no hubiera molestado, en absoluto, para lograr este hexámetro.
33 Confieso que, a pesar de la claridad incluso cegadora del texto, no entiendo bien esta imagen: pecten es «peine» pero también «pelos» y «huesos del pubis»; en este caso, no parece adecuado el adjetivo eburnum.
34 Estas palabras iniciales del párrafo X están escritas en dímetros yámbicos; el resto, en prosa.
35 Cf. JUVENAL, 2, 3. Es decir, aparentan la seriedad y la severidad de los viejos romanos y, luego, a escondidas celebran orgías en honor de Baco.
36 Cf. MARCIAL, I 4, 8; de este epigrama de Marcial ha debido tomar Ausonio la expresión lasciua pagina que utiliza en los dímetros yámbicos un poco más arriba; la misma idea, en CATUL., 16, 5-6: nam castum esse decet pium poetam ipsum, uersiculos nihil necesse est; y también en OVID., Trist. II 354: uita uerecunda est, musa iocosa mea.
37 Ver PLIN., Epíst. IV 14, 8.
38 Sulpicia es una de las pocas escritoras romanas de nombre conocido; Marcial habla de ella en X 35 y 38; al parecer, compuso epigramas eróticos dirigidos a su esposo Caleno a fines del siglo I d. C.; por tanto, no debe confundirse —si su existencia no es un puro invento de Marcial— con la Sulpicia del Corpus Tibullianum.
39 Cf. APUL., Apol. siue de magia 9.
40 No se ha conservado esta correspondencia, pero DIÓN CAS., XLVI 18, da una versión poco ejemplar de las relaciones entre Cicerón y esa dama Cerelia, de más edad que el orador. Ver QUINTIL., VI 3, 112.
41 Ver, de nuevo, APUL., Apol. siue de magia 10; cf. Griphus, n. 14.
42 Aniano es un escritor del siglo II d. C., autor de unos Fescennini versi (ver n. 30); cf. GEL., VII 7.
43 Para Levio, autor de poemas eróticos sobre temas mitológicos, ver Technopaegnion n. 7.
44 Se trata de Eveno de Paros, escritor también de versos eróticos que vivió en el siglo IV a. C.
45 Cf. DONAT., Vita Verg. 22: uita et ore et animo tam probum fuisse constat ut Neapoli Parthenias appellaretur; παρθένος es, en griego, «la virgen»; Partenio significa, por tanto, «virginal», «sin mancha ninguna».
46 Cf. Eneida VIII 404 ss.; ver Cupido cruciatus, n. 42.
47 Ausonio usa aquí una palabra griega, αἰσχροσεμνίαν, neologismo y aparentemente un hápax, pero de sentido evidente: «señal obscena»; por eso me permito una traducción que oculta de un modo tan ineficaz como la palabra griega el pensamiento de Ausonio.
48 Cf. Geórg. III 123 ss.; concretamente en el v. 137 dice de la vaca rapiat sitiens Venerem interiusque recondat.
XX
EL MOSELA
El Mosella es el poema más extenso y que más fama ha dado a Ausonio. En este caso nadie ha cuestionado la paternidad de la obra, por más que esté ausente de los códices de las familias V y B y de buena parte de Z1. Pero, por si no bastaran otros elementos externos al poema moselano, en especial la carta I 14 de Símaco a Ausonio, el propio autor ha dejado su firma, a modo de los poetas griegos, en la sphragís de los vv. 438-443:
Yo, Ausonio, que traigo mi linaje de raíz vivisca, unido en hospitalidad a los belgas y no precisamente con pactos recién concluidos, de nombre latino, de patria y casa situadas entre los confines de los galos y la elevada Pirene, allí donde la alegre Aquitania suaviza sus costumbres nativas, canto, audaz, con mi débil lira2.
Se trata de 483 hexámetros dactílicos en los que Ausonio narra un viaje que él realizó desde Bingen, a orillas del Rin, a Neumagen, que baña el Mosela; probablemente los escribió entre finales del 371 y el 3723, con el objetivo político y propagandístico de ensalzar la paz y la civilización romanas que de la mano de Valentiniano I se extienden en el limes septentrional del Imperio; Ausonio quiere, modestamente, emular el genio de Virgilio al servicio de Augusto. Pero lo cierto es que al regresar del otro lado del Rin, tras la campaña contra los bárbaros, lejos de todo vestigio de la civilización greco-romana, los ojos del poeta se han llenado de luz, a la vista del valle del Mosela, y con ellos su espíritu, para crear un poema que al tiempo que describe el país moselano, lo ensalza en una laudatio tensamente mantenida y justifica su grandeza ante las incrédulas miradas de la aristocracia romana4.
El Mosella presenta, en general, una composición nítida: distintas unidades bien diferenciadas, con transiciones cuidadas entre unas y otras, forman un conjunto armónico donde prevalecen las escenas sobre la historia narrada. Precisamente, esa intensidad en los detalles, en detrimento de la totalidad, es la que ha llevado a numerosos investigadores a negar la unidad del poema. No obstante, cada vez es más fuerte la convicción de que esa unidad existe, y que esa técnica compositiva no responde sino a la estética general del siglo IV en las bellas artes5. J. FONTAINE se ha referido6, a mi entender con acierto, a esas distintas partes, a las que llama médaillons (como si de relieves de un arco triunfal se tratase), que, sin embargo, no empañan la unidad hímnica del poema; por su parte, M. ROBERTS insiste7 en el hecho de que «el poema revela un complejísimo sistema de referencias internas cruzadas y una sorprendente regularidad de estructura»; pero al igual que ocurre con buena parte de la poesía de la Baja Latinidad, sigue Roberts, «el Mosella no se adecúa a los cánones clásicos de unidad y proporción»; y es que, las artes visuales de este período muestran el mismo gusto, hoy diríamos manierista, por la elaboración minuciosa de los detalles a costa de la composición del todo y de la proporción entre cada una de sus partes; mas, para Roberts, la unidad existe, si bien basada en un elevado nivel de abstracción. A ello volveré más adelante. Pero, tal vez, convenga ya referirnos a las partes del poema. Naturalmente, también aquí se dan opiniones diversas, pero aun haciendo las matizaciones que se estimen convenientes, pueden considerarse como generalmente admitidas las que ya fijó F. MARX en 19318.
El poema se abre (vv. 1-22) con la descripción rápida que Ausonio hace de su viaje por el Hünsruck desde Bingen, a orillas del Rin, hasta Neumagen, a orillas del Mosela: el bosque brumoso y solitario, de funestos presagios para las armas romanas9, deja paso a la claridad diáfana y risueña del valle del Mosela, rodeado de suaves colinas cubiertas de vides, y salpicado de granjas florecientes; el paisaje hace venir, como si de un ensueño se tratase, el recuerdo de los campos de Burdeos, patria del poeta, que siente el agridulce sabor de la nostalgia:
Entonces, en este suave paisaje, todo me trajo al recuerdo el campo de Burdeos, mi floreciente patria: los tejados de las granjas elevados sobre riberas inclinadas y colinas verdes de vid y, a sus pies, las corrientes alegres del Mosela que se desliza con murmullo silencioso10.
El suave murmullo del Mosela, con cuyo nombre —título del poema—, se cierra esta primera parte, parece despertar al viajero que, exultante por la belleza del paisaje, entona un himno, la laudatio Mosellae, en el que, tras una vigorosa salutación, se elogian, con acentos emotivos e intensos, las tranquilas aguas del río, navegable como un mar; abundan expresiones felices en la descripción de las transparencias y la limpieza de la corriente, pues las orillas del río no están cubiertas de sucio barro ni de ovas cenagosas (vv. 47, 53-54). Ausonio se recrea en la descripción de conceptos inasibles con un gusto refinado y gozosa sensibilidad; así, la insólita transparencia de las aguas queda condensada en una comparación afortunada, en los vv. 55-62.
¡Salve río, renombrado por tus campos, renombrado por tus habitantes, a quien deben los belgas que sus murallas sean dignas del Imperio; río de viñosas colinas sembradas de Baco perfumado, de riberas herbosas sembradas, verdegueante río!11,
Esas límpidas aguas permiten contemplar el infatigable movimiento de los peces juguetones; y con esta referencia a los habitantes del río se pasa, en suave transición, a la tercera parte del poema (vv. 82-149), tal vez la más celebrada de todas y que ya impresionó jocosamente a Símaco, el primer lector conocido del Mosella12, el catálogo de los peces del río; y al igual que Homero comienza su no menos famoso catálogo de las naves (Il. II 484) con una invocación a las Musas para que la memoria no le falle, Ausonio invoca a la deidad fluvial para que le ayude en su empresa (vv. 82-84). Ante los ojos sorprendidos del viajero, desfilan, minuciosamente descritos, el cacho, la trucha, la anguila, el barbo, el salmón, la perca, el lucio, la tenca, el sábalo, el reo, el gobio, entre otros, y, por último, el inmenso siluro, donde la descripción gradual y retórica llega al paroxismo y la fantasía traiciona ridículamente la realidad; por querer convertir las modestas dimensiones del Mosela en anchuroso mar, también quiere que en él habite un ser comparable a la ballena (vv. 135-147). El disparate no arredra al poeta que, en vez de modificar esos versos más desbordados que las aguas movidas por el «cetáceo», añade, para curarse en salud, estos otros, con sano sentido del humor:
Hic tamen, hic nostrae mitis ballena Mosellae exitio procul est magnoque honor additus amni.
(vv. 148-149)
Tras un breve pasaje, que ha de entenderse como de transición, en donde se abandona la descripción de las aguas del río y de sus habitantes, y se dirige la mirada a las verdes colinas que lo circundan, con una nueva evocación de las viñas que adornan el rubio Garona, el bullicio del valle fija la atención del viajero: los colonos cantan dispersos en los montes durante la vendimia, los navegantes gritan a los campesinos que regresan a sus aldeas, el eco multiplica los sonidos (vv. 150-168).
Los tres medallones que siguen están unidos, a mi parecer, por un denominador común: la pelea, la lucha entre dos bandos contrarios, siempre con carácter lúdico. El primer medallón (vv. 169-188) contiene los juegos de Sátiros montaraces que bajan de los bosques, con las Náyades de ojos verdes, sus persecuciones, sus bailes frenéticos, cuando el sol ardiente del mediodía obliga a los mortales a refugiarse en sus moradas, dejando el campo libre para los juegos de las deidades13.
El segundo medallón (vv. 189-239) nos muestra a los navegantes que, al atardecer, invadidos por una paz natural, olvidan sus preocupaciones y, extasiados por la belleza que los rodea y por las aguas que, mansas, reflejan la grandiosidad serena del paisaje, se sienten dichosos, mientras se entregan a naumaquias fingidas, comparadas a las grandes naumaquias de la historia romana; el juego, de nuevo, lo invade todo. Hay aquí alguno de los pasajes más acertados del poema (vv. 189-199); y, más adelante, con un artificio épico, la comparación, se obtiene uno de los cuadros más románticos de toda la literatura latina tardía (vv. 230-239): el de la niña que por vez primera se mira al espejo y, sorprendida, cree encontrarse ante otra muchachita, como los navegantes del Mosela, al mirarse en sus aguas14.
El tercer medallón de esta serie de imágenes lúdicas (vv. 240-282) narra los combates entre pescadores y peces. Las escenas de pesca aquí descritas han gozado del aplauso unánime de los lectores que, en especial, se han sentido conmovidos por la muerte del pez narrada en los vv. 250-266; que estas palabras cuidadas, por un pez que muere, evidencien una aversión de Ausonio por la pesca, como pretende M. Roberts15, extrayendo de ahí aventuradas propuestas sobre la intencionalidad del poema, no me parece de recibo. A mi modo de ver, la humanización de los peces en este pasaje y la descripción detallada de los últimos momentos de uno de ellos, no hacen sino situar una escena de pesca en el plano del combate épico entre dos guerreros. La muerte de uno de ellos, el pez, es descrita con tanta minuciosidad y tanta simpatía como pueda hacerlo Homero. Y para que la situación sea análoga, se introducen en el poema moselano también unas comparaciones míticas que comienzan, ambas, por el esperado sic (vv. 267 y 276). Conviene señalar que se trata del medallón central del poema.
Toda esta naturaleza privilegiada, que brinda sus encantos a dioses, hombres y seres animados en general, multiplica su paz por efecto de la civilización venida de la mano de Roma, frente a los bosques tenebrosos y los duros paisajes del otro lado de la frontera. Así, el poder civilizador se plasma en las múltiples mansiones que pueblan las orillas del río. Es el medallón consagrado a las villae del Mosela y a sus anónimos constructores, equiparados a los más famosos de la Antigüedad (vv. 283-348); nada tienen que envidiar los que en ellas viven a los propietarios de Bayas, pues sus casas son dignas de rivalizar con las mejores construcciones de Eubea, Siracusa o Faros.
Pero el Mosela no sólo es un río hermoso habitado por prósperos colonos; es, además, un gran río, digno de recibir numerosos afluentes (vv. 349-374) y su importancia es tal que «se ha hecho merecedor del mar» (v. 350), o sea, que es una injusticia de la naturaleza que él a su vez no sea más que un afluente de otro río, más grande aún, el Rin. En cualquier caso, el catálogo de los afluentes, que da la réplica en esta segunda mitad del poema al catálogo de los peces, alcanza diez nombres (incluidos los subafluentes, para acrecer la importancia del Mosela).
En los vv. 375-380, Ausonio compara su río a los de Homero, el Símois, y Virgilio, el Tíber, asegurando que de ser ellos los cantores del Mosela, sería más grande que los ríos por ellos celebrados. Por tanto, merece bañar las murallas de la nueva capital del Imperio: ¡lejos la envidia hacia Tréveris! ¡Roma fue la capital de antaño! Es justo que así sea. Las gentes del país de Tréveris lo merecen: Roma ya no es la primera en elocuencia, ni en justicia, en gobierno ni administración; los belgas la superan. Incluso uno de ellos —y aquí las hipótesis son variadas— ha regido a Roma, su pueblo y su Senado, sin ser el primero, mas la Fortuna va a reparar su error en sus nobles nietos16. Ausonio promete, cuando el ocio de la vejez se lo permita, escribir las hazañas de ese pueblo grande y sus costumbres (vv. 381-414).
El poeta ha llegado al final de la descripción, pero, antes de acabar, anuncia un deseo —portavoz de las esperanzas imperiales—: al juntar el Mosela sus aguas a las del hermosísimo Rin, hace llegar a él los frutos inmensos de la civilización recién evocada; Rin y Mosela, hermanos hasta el mar (¡«no temas parecer más pequeño», le dice Ausonio al Rin, v. 428!), formarán una frontera segura y harán florecer las tierras por ellos regadas.
Tras encomendar el Mosela al Rin, el poeta introduce la sphragís (vv. 438-468) y vuelve a anunciar que, al regresar a su Burdeos natal para gozar de un descanso merecido en su vejez, cantará de modo más extenso al país, a las ciudades y a las gentes belgas. Nadie podrá entonces anteponer río ninguno al Mosela.
Y así, el poema entra en la laudatio final asegurando al río una gloria eterna si la fortuna acompaña a su obra, al tiempo que en el último verso Ausonio vuelve a evocar su tierra natal (vv. 469-483).
Muchas han sido las hipótesis propuestas para la cronología, la intencionalidad y la estructura del Mosella. Pero tal vez sean superadas por las que se han aventurado sobre el género literario al que pertenece17 o sobre las cualidades artísticas que lo animan18.
Con respecto al género literario, la dificultad mayor estriba en que el poema, como buen representante de la literatura latina bajoimperial, presenta eso que J. Fontaine ha llamado, en el título de uno de sus artículos citados, mélanges de genres et de tons. Para Marx el poema era esencialmente un himno, con lo que quedaban desdibujados otros aspectos notables, como son las descripciones o la aemulatio Vergiliana; en cualquier caso, tampoco la extensión parecía propia de un himno. Illuminati, poniendo en relación el Mosella con otros especímenes de Lucilio, Horacio o el Iter de César, acuñó la expresión de satura odeporica, con la que se quiere definir un tipo de poemas en los que, aprovechando preferentemente la realización de un viaje por parte de su autor, se introducen numerosas descripciones o reflexiones sobre asuntos variados; mas de tal apreciación queda casi excluida la intencionalidad política del poema. Hay quienes prefieren llamarlo idyllium19, bajo cuyo marbete figura en manuscritos de Ausonio, como si ese título pudiera servir para definir un género; pero R. Martin hace notar ajustadamente que, entre los latinos, idyllium o edyllium «ne désignait en aucune façon un genre ou une forme littéraire caractérisé(e) par son contenu»20. Sin duda ha conseguido mayor fortuna la consideración del Mosella como un epilio21, epilio ciertamente particular, pues si formalmente está escrito en hexámetros dactílicos y alcanza una extensión digna de ser considerado como tal, no es menos evidente que su contenido e incluso su estructura está lejos de lo que la literatura latina clásica entiende como tal22. A veces da la impresión de que el Mosella no es más que un espléndido «poema de circunstancia», anticipo o borrador —al menos en las buenas intenciones del poeta— de un gran poema, épico posiblemente, que es anunciado en dos ocasiones, sobre asunto semejante al contado en esta ocasión. Sería preciso añadir que a ninguna de las propuestas les falta razón; simplemente, al tratar de encuadrar determinadas obras en una teoría literaria forjada con textos y retóricas distintos y distantes, es preciso meter clavos redondos en agujeros cuadrados y la realidad acaba forzándose.
De igual modo, el arte del Mosella resulta esquivo; no son pocos quienes, como decíamos más arriba, conceden poco valor al poema, por carecer de unidad. Hoy, sin embargo, se piensa que es preciso entender ese arte desde la posición creativa del siglo IV; nadie discutiría seriamente que en el poema los elementos descriptivos y, en concreto, las descripciones del paisaje —viñedos y colinas— o de los detalles minúsculos —la muerte de un pez—, o de las realidades intangibles —claroscuros y transparencias— carezcan de plenitud artística; y, sin embargo, responden a una estética cuyos antecedentes no pueden encontrarse en la edad dorada, sino entre los escritores de los Flavios o entre los novelli del siglo II. Es una estética que asume e integra el conocimiento de los clásicos, y desde esa posición cuasi filológica, crea sus obras con un gusto manierista en ocasiones, romántico en otras, impresionista o modernista las más, siempre desbordado y excesivo, lleno de limitaciones, pero no hasta el punto de negarle sensibilidad, emoción o incluso sinceridad; en cualquier caso, esta manera de sentir y de escribir también tiene, por sus formas, mucho de novedad.
Al fin y al cabo, la edad de Ausonio era también así23.
1
De Vinco a Noviomago
Había cruzado yo, en medio de las brumas del río, el Nava24 rápido, mientras contemplaba admirado las murallas recién ampliadas de la vieja Vinco25, donde en otro tiempo se equiparó la Galia con la Cannas del Lacio26, y yacen aún no lloradas sobre los campos tropas deshechas27. Desde allí, tomando a través de [5] parajes boscosos un solitario camino28 y sin contemplar ya huella ninguna de presencia humana29, paso de largo la sedienta Dumnisso, de tierras secas por doquier30, y Tabernas, bañada por fuente inagotable31, y los campos [10] de los saurómatas, poco ha acotados por colonos32; y por fin alcanzo a ver, la primera en la región de los belgas, Noviomago, ilustre cuartel del divino Constantino33. Aquí, un aire más diáfano sobre los campos y Febo ya seco, con su luz apacible, descubren un Olimpo brillante34; ya no hace falta buscar a través de las ramas, entrelazadas con nudos mutuos35, el cielo, velado por una niebla verde36; [15] más bien, la brisa suelta de un día transparente se aúna con una claridad límpida y una atmósfera cegadora para los que la contemplan. Entonces, en esta suave visión37, todo me llevó a evocar la imagen de mi patria y la brillante hermosura de Burdeos: los tejados de las granjas elevados [20] sobre riberas inclinadas38 y colinas verdes de Baco39 y, a sus pies, las corrientes alegres del Mosela que se desliza con murmullo silencioso40.
2
Salutación del Mosela
¡Salve, río, renombrado por tus campos, renombrado por tus habitantes, a quien deben los belgas que sus murallas [25] sean dignas del Imperio41; río de viñosas colinas sembradas de Baco42 perfumado, de riberas herbosas sembradas, verdegueante río43! Navegable como el mar, cual caudal de ondas que van descendiendo44, semejante a un lago de profundo cristal45, puedes igualarte a los arroyos con tu curso alegre46, e incluso [30] superar las fuentes heladas con tu líquida bebida47: eres, tú sólo, fuente y arroyo y río y lago y mar que refluye en vaivén incesante48. Tú, al paso de tus aguas tranquilas, ni sufres murmullos algunos del viento49, ni obstáculos de roca oculta50; no te ves obligado, por culpa de un bajío [35] agitado51, a avanzar con rápido curso, no tienes en el centro de tu superficie tierras que se opongan a tu paso52: para que no se te arrebate la gloria de tu justo título53, por dividir alguna isla la corriente repelida. ¡Tú, que has elegido vías de ida y vuelta54, pues con favorable corriente [40] te deslizas55, de modo que golpean los remos rápidos en los agitados vados56 y también, cuando jalan los marineros —sin soltar en ningún momento la maroma desde la orilla— con su cuello las cuerdas de los mástiles57, cuántas veces sorprendido tú mismo miras el regreso de tu propio curso y casi consideras demasiado cansado que [45] corran tus legítimas corrientes! Tú ni ocultas con ovas cenagosas tu ribera58, ni tiñes perezoso las orillas con barro sucio59: los pies alcanzan secos las aguas primeras60.
Ve ahora y une pulidos suelos de incrustaciones frigias61, levantando un campo de mármol en los atrios artesonados62: yo, por mi parte63, desprecio lo que bienes [50] y riquezas regalaron y admiro la obra de la naturaleza, donde la preocupación63bis de los herederos y la pobreza bien llevada no se excede en despiltarros. Aquí, arenas seguras cubren las orillas húmedas64 y no conservan las huellas impresas el recuerdo de sus formas65. Te miran a través [55] de tu lisa superficie, en el profundo cristal, y no ocultas nada de tu cauce: igual que el aire nutricio se extiende en un espacio abierto a las miradas claras, y los vientos serenos no ponen obstáculos a los ojos en el aire, así, fijando la mirada a través de tus íntimos secretos, te vemos [60] y queda descubierto el fondo de tu profundo misterio, mientras dulcemente se deslizan tus ondas y el paso de las límpidas aguas refleja con su luz azulada66 formas bien distintas: la arena ondulante se riza con tu paso suave67, las [65] plantas dobladas tiemblan en tu fondo verde; incluso bajo sus libres manantiales las hierbas agitadas sufren aguas que se mueven, y luce y se esconde68 el guijarro, y la grava separa el verde musgo. El mismo cuadro se contempla en las británicas Caledonias69, cuando el mar desnuda las algas [70] verdes y los corales rojos y las perlas que blanquean el interior de las conchas, delicias de los hombres70, y bajo las olas fecundas falsos collares71 simulan ser obra nuestra. No de otro modo, en los alegres vados del tranquilo Mosela, la hierba de variados colores descubre las piedrecillas [75] mezcladas. Sin embargo los peces juguetones, cual escurridizo enjambre, cansan con su incesante movimiento los ojos que les miran. Mas no han permitido conocer tantas clases de peces72 y su deslizar de costado (todos esos ejércitos remontan el río contra corriente), sus nombres, ni los vástagos todos del múltiple linaje73, ni la ley divina [80] ni aquel a quien tocaron en suerte el cuidado del lote segundo74 y la custodia del tridente marino.
3
Catálogo de los peces
Muéstrame tú, Náyade75 que moras en las riberas del río, esos coros de rebaños escamosos y háblame de los tropeles que ondean bajo la líquida cavidad en la corriente azulada76. Reluce cubierto de escamas [85] el cacho77 entre las herbosas arenas, de blandísimas carnes, lleno de espinas, y que no va a durar en las mesas más de seis horas; y la trucha, cuyo lomo centellea con gotas de púrpura como las estrellas78; y la anguila, que [90] no daña con la punta de espina ninguna79; y la sombra ligera, que huye a las miradas con rápido nado80. Y tú, barbo81, golpeado en las hoces del Saravo que se desliza por seis bocas que resuenan en rocosos pilares82, tras alcanzar este río de fama mayor83, practicas más libre tus amplios desplazamientos: tú eres más exquisito en la peor [95] edad84, a ti te ha correspondido, de entre todos los mortales, una vejez gloriosa. No te pasaré por alto85, salmón86, de carne roja y brillante; los golpes fluctuantes de tu ancha cola87 se transmiten desde lo hondo de la corriente hasta la superficie de las ondas88, cuando aparece un secreto [100] impulso en el agua tranquila; tú, de pecho protegido por escamas, de cabeza escurridiza y futuro plato de una cena dudosa89, puedes pasar sin estropearte largo tiempo, notable por las manchas de la cabeza; a ti tus entrañas abundantes y tu vientre que cuelga por efecto del grasiento abdomen [105] te hacen vacilar. Y tú, comadreja90, que eres cazada en el Ilírico, en los estanques del Histro de dos nombres91, por las señales de las espumas que flotan y que fuiste traída a nuestras aguas, para que las corrientes del [110] Mosela no fueran privadas de vástago tan ilustre: ¡Qué color de la naturaleza te tiñó! Puntos negros manchan tu lomo por arriba, rodeados por un arco amarillento92, un tono azul recubre tus escurridizos lomos; eres gruesa por el centro de tu cuerpo, mas tu seca piel aparece áspera [115] desde ahí hasta bajo el final de la cola. Y no dejaré de hablar de ti93, perca94, delicias de las mesas, digna tú, entre los peces fluviales, de vivir también con los marinos, la única capaz de rivalizar con los encendidos salmonetes 95: pues no careces de sabor, y además en tu fuerte cuerpo, las carnes se aprietan en bloques separados por las espinas. También el lucio96, a quien por diversión se [120] le dio un nombre latino, habitante de las lagunas, el enemigo más hostil de las quejumbrosas ranas, acecha los remansos oscuros entre ova y cieno. Aquí se mueve excitado sin que se le escoja como plato de mesa ninguna en tabernas cargadas de humo maloliente97. ¿Y quién no conoce [125] las verdes tencas98, consuelo del pueblo, y los alburos99, presa de los anzuelos de los niños, y los sábalos100, que crepitan en los hogares, comida de pobres? ¿Y a ti, reo101, que entre dos especies hermanas no eres ninguna de las dos y eres las dos a la vez102, tú que, sorprendido en el no centro de la vida de ambas, todavía no eres salmón y ya no eres trucha? Tú también, gobio103, eres digno de mención entre las cohortes de los ríos104, a pesar de no ser mayor que dos palmos sin pulgares, y has copiado, gobio, rollizo, redondeado, y aún más gordo cuando tu vientre está lleno de huevos, las barbas peinadas hacia adelante [135] del barbo. Ahora serás celebrado, gran siluro105, ganado más propio del mar106; para mí eres delfín habitante de los ríos, cuyo lomo parece embadurnado con aceite del Ática: así, a través de las corrientes, te deslizas enorme y apenas puedes dejar libres los resortes de tu largo cuerpo107, protegidos por los vados poco profundos o por las ovas [140] fluviales108. Mas cuando efectúas movimientos tranquilos en el agua, quedan atónitas ante ti las verdes riberas, ante ti la muchedumbre azulada que nada, ante ti las límpidas corrientes109: se extiende por toda la superficie el oleaje y alcanzan las ondas más lejanas la orilla. Igual que cuando la ballena en el profundo Atlántico es empujada por el viento o por su propio impulso a las costas de la [145] tierra110: se derrama el mar repelido y se alzan inmensas las olas111 y temen los montes más cercanos perder su altura112. Aquí, sin embargo, aquí la mansa ballena de nuestro Mosela está lejos de tal desastre y es un honor que se añade al gran río.
4
El paisaje del Mosela
[150] Ya hemos contemplado los líquidos caminos y los peces —tropel escurridizo— y hemos descrito con amplitud esas variadas muchedumbres: que presenten los espectáculos113 de las vides solemnidad distinta y provoquen los regalos de Baco114 miradas libres, por donde una cima elevada se remonta, [155] en un amplio tramo, sobre las montañas115, y también las rocas y las solanas del collado y los entrantes y salientes con sus vides y su escenario natural116. Del mismo modo los viñedos nutricios cubren la cumbre del Gauro y Ródope, y resplandece el Pangeo con su propio vino; del mismo modo verdeguea la colina Ismaria sobre la llanura de Tracia117; del mismo modo mis viñas adornan [160] al rubio Garona118. Y es que la ribera del río está sembrada de verde vino119 en sus altos montes hasta los confines de la inclinada pendiente.
El pueblo y los colonos presurosos aceleran lo agradable de los trabajos120, ahora en lo alto de las cumbres, [165] ahora en la ladera inclinada, compitiendo con necio griterío121. Por aquí el viajero que recorre los caminos de las orillas, por allí el navegante que se desliza, lanzan pullas cantando a los campesinos retrasados122: les responden los peñascos y el bosque tembloroso y el cóncavo río123.
5
Sátiros y Náyades
El espectáculo de esos lugares no sólo alegra a los hombres124: no me cuesta [170] creer que los Sátiros montaraces125 y las Náyades de ojos verdes126, acuden aquí, a estas apartadas orillas, cuando la alegre audacia incita a los Panes de patas de cabra127 y saltan por los vados y asustan a sus miedosas hermanas en el río128, golpeando el agua con movimientos desordenados [175] 129. Además, con frecuencia, la fluvial Panope, que ha robado de la ladera de las colinas unas uvas130, huye entre sus amigas, las Oréades131, de los lascivos Faunos, divinidades campestres132. Y se dice que, cuando el ardiente Sol se detiene en el centro de la bóveda celeste, los Sátiros [180] y sus cristalinas hermanas133 celebran en las aguas comunes bailes fraternales, al tiempo que la calina ardorosa ha ofrecido unas horas de reposo, que no propician el encuentro de la gente: entonces, jugando entre burlas a lo largo de sus aguas, las Ninfas sumergen a los Sátiros en los vados y escapan a las manos de esos nadadores inexpertos134 que buscan, con engaño, sus escurridizos [185] miembros y abrazan en vez de cuerpos las líquidas aguas135. Mas no me sea permitido, por mi parte, revelar lo que nadie ha visto y ninguna mirada conoció136: manténganse ocultos los secretos y quede a resguardo el respeto debido a sus riberas.
6
Los navegantes
Da gozo contemplar aquel paisaje137, cuando el verde río contesta a la colina [190] umbrosa: las aguas fluviales parecen cubrirse de hojas y la corriente semeja sembrada de sarmiento. ¡De qué color se tiñe aquél en sus vados una vez que la estrella vespertina ha empujado las tardas sombras y cubre al Mosela con el verdor del monte! Los collados todos flotan con rizados movimientos y tiembla el lejano pámpano y el viñedo se [195] agranda en las ondas cristalinas. Cuenta el navegante burlado también esas verdes vides, el navegante que flota, en su barquilla cavada en un tronco, por el centro de la superficie, allí donde el reflejo confunde río y colinas, y enlaza [200] el río los límites de las sombras. ¡Y qué agradables cortejos presentan también estos espectáculos, cuando las barquillas de pies de remos138 luchan con el corazón del río y penetran en los distintos meandros y rozan a lo largo de las verdes orillas los retoños tiernos139 de los prados [205] segados! Van los alegres patronos de proa a popa, y su gente, que, aún imberbe, camina sobre las espaldas de la corriente, mientras ven cómo se marcha el día140, haciéndoles posponer sus serias ocupaciones con el juego: el nuevo encanto disipa las antiguas preocupaciones. Juegos de ese tipo son los que contempla Líber en la bahía de Cumas141, cuando avanza a través de los collados sembrados del sulfúreo Gauro y por los viñedos del vaporífero [210] Vesubio142 mientras Venus, alegre por los triunfos de Accio conseguidos por Augusto, manda a los desenfrenados Amores jugar fieros combates, iguales a los que llevaron a cabo las escuadras del Nilo y las trirremes del Lacio bajo los acantilados de Léucade, morada de Apolo143; o bien [215] las naves de Eubea vuelven a contar los peligros de Mila en la guerra contra Pompeyo en el sonoro Averno144; combates de navios sin daño y luchas de naumaquias festivas, cual se ve en el Péloro siciliano, refleja el mar brillante [220] bajo verde imagen145; no es otro el espectáculo que inspira a los jóvenes descarados146 el floreciente río y los esquifes de rostros pintados147. Cuando los coloree el Sol con el fuego de Hiperión148, devolverá las imágenes de los navegantes bajo el fondo cristalino y hará regresar las alargadas sombras del cuerpo al revés149. Y del mismo [225] modo que por la diestra y la siniestra se multiplican150 los ágiles movimientos y alternan el peso con el cambio de remos, la onda refleja otros marineros, imágenes en el agua151: los propios jóvenes marinos152 se divierten con su representación, admirados de que vuelvan del río sus figuras engañosas. Igual que cuando153, al mostrar los cabellos [230] bien peinados a la brillante estima del espejo que todo lo observa, tan pronto como la nodriza lo ha acercado al rostro de su pupila, se regocija alegre la muchachita con el juego aún desconocido y cree que está viendo el [235] retrato de una niña hermana; da besos que no regresan al brillante metal o pretende coger los alfileres fijos o trata de extender con los dedos los pelos rizados de la frente hasta su boca: igual se divierten los jóvenes marinos con las imágenes verdaderas o engañosas que ya se confunden para regocijo de las sombras.
7
La pesca
[240] Pero una turba devastadora, por donde la orilla proporciona cómodos accesos, escudriña bien a fondo154 a los peces que, ¡ay!, mal se pueden defender en el interior del río155. Uno, arrastran do lejos en medio de la corriente sus hilos mojados156, se lleva en trampas nudosas abundantes capturas; aquel [245] otro, por donde el río se desliza con tranquilo curso157, extiende las redes que flotan gracias a las boyas de corcho158; el de más allá, sin embargo, echado en unas rocas sobre las ondas que bajan159, inclina las puntas ligadas de una rama flexible160, dejando caer sus anzuelos bien dirigidos con cebos mortales. Después, la errante muchedumbre [250] que nada, sin sospechar el engaño, los introdujo en sus bocas, y sus fauces abiertas sintieron en lo más profundo las tardías llagas del hierro oculto161; al cimbrearse, sube la señal a la superficie y la caña, cabeceando, asiente al rizado temblor de la cerda que vibra; sin pérdida [255] de tiempo162 y sacudido el pez con un golpe ruidoso, el diestro muchacho lo recoge tirando de través; el aire recibe el efecto163 igual que cuando la brisa resuena entre las ramas por el viento y silba el vendaval al levantarse. Saltan sobre las secas rocas las presas aún mojadas164 y temen [260] los dardos mortales del día lleno de luz165. Y la que bajo las aguas conservaba el vigor, consume, acabada, su vida bajo nuestro aire, entre brisas deseadas. Ya un golpeteo desganado nace de su cuerpo indefenso, ya su cola enervada sufre los últimos temblores; y no se cierra la boca: la [265] branquia, que expira soplos mortales, devuelve los alientos tomados a bocanadas. Igual que cuando el aire aviva los fuegos artesanos, el fuelle de lana recibe los vientos por una abertura y los guarda en otra, jugando con las cavernas [270] de haya. Vi yo mismo166 cómo algunos peces concentraban sus fuerzas temblorosas, ya en el límite de la muerte y, de pronto, saltaban en el aire para dar de cabeza con sus cuerpos tensos en la corriente todavía cercana, buscando de nuevo las aguas que ya no se esperaban. El imprudente [275] muchacho, que no se resigna a esa pérdida, se lanza a buscarlo desde arriba e intenta atraparlo con una zambullida necia. Del mismo modo, Glauco el antedonio167, luego de probar las plantas funestas de Circe168, tomó en el mar de Beocia las hierbas que comían los peces moribundos y entró bajo las aguas de Cárpatos como un [280] nuevo vecino169. Y él, que era dueño de anzuelos y red, visita el secreto de Nereo, acostumbrado a barrer a la marina Tetis170, y nadó el ladrón entre los rebaños que cautivar solía.
8
Las villas del Mosela
Tales cosas171 en esa inmensa comarca contemplan las granjas que se inclinan en rocas de cumbres amenazantes, a las [285] que separa el centro de la corriente, que viaja haciendo tortuosos meandros172, y las villas adornan sus orillas alternativamente173. ¿Quién se contentaría con admirar tan sólo el Mar de Sestos174, la llanura de la nefelida Hele, quién, el estrecho del muchacho abideno? ¿Quién, el camino entarimado desde la costa Calcedonia —obra inmensa de un rey—, allí donde [290] un euripo prohíbe, interponiendo sus olas, que se fundan las tierras de Europa y Asia175? No es el Mosela lugar para la furia cruel de un estrecho176, no sirve para los combates violentos de los cauros embravecidos177: aquí se dejan intercambiar las lenguas178 y se teje una conversación [295] con frases alternativas. Entremezclan las amistosas riberas palabras de saludo, palabras y casi, casi, las manos179: el eco, que corre en medio de las ondas, devuelve a uno y otro lado las voces que resuenan180.
¿Quién es capaz, descubriendo sus innumerables bellezas y disposición181, de abrir las formas arquitéctonicas [300] de cada una de esas propiedades? No despreciaría este trabajo el alado gortinio, constructor del templo de Eubea, a quien sus sufrimientos de padre lo abrumaron cuando intentaba modelar en oro la caída de Ícaro182; ni tampoco Filón el cecropio, ni quien, encomiado incluso por su enemigo, prolongó los famosos combates de la guerra de Siracusa183. Quizá también aquí la hebdómada, celebrada en [305] el décimo volumen de Marco, cumplió enormes tareas por sus hombres y sus obras184, aquí cobraron fuerza las artes del famoso Menécrates185 y la mano prodigiosa de Éfeso o en la fortaleza de Minerva Ictino, cuya lechuza, recubierta [310] con un tinte mágico, atrae aves de cualquier especie y las mata con su mirada186. Tal vez estuvo aquí Dinocares, el arquitecto del palacio de Tolemeo187, cuya pirámide se levanta, en forma de cono, hasta su cobertura a cuatro aguas y devora ella misma sus propias sombras188; él fue quien, obedeciendo en otro tiempo un pacto de amor incestuoso, dejó suspendida a Arsínoe en el aire del templo [315] de Faros; en efecto, un cauro de ágata respira en la bóveda del techo y atrae a la muchacha, que se eleva, por su cabello de hierro189.
Merece la pena creer que estos arquitectos, u otros parecidos, [320] levantaron en tierras de los belgas escenarios magníficos: las villas, adornos del río. Una está, por su situación, colgada del aire en lo alto de una roca; otra, levantada en la base que le ofrece la orilla al meterse en el río; ésta se retira y reclama para sí la corriente, recogiéndola en un remanso. Aquélla, dominando una colina190 que se [325] alza enorme sobre la corriente, consigue fáciles perspectivas sobre los campos cultivados o sobre los yermos y así goza feliz con la contemplación de sus propias tierras. Además, la que está construida con humildes cimientos en los prados regados, compensa las ventajas naturales de un monte elevado y se alza amenazante hasta los cielos con su [330] tejado soberbio, mostrando una torre alta cual la menfítica Faros191. Ésta se ocupa de capturar los peces aprisionados en una garganta cercada de rocas entre unos barbechos soleados192; aquélla, que se asienta en lo más alto de los collados sobre los ríos que se deslizan, mira con tenebrosa mirada.
¿He de recordar los atrios sembrados de verdes prados [335]193 y los tejados resplandecientes sobre innúmeras columnas? ¿Los baños cuyos suelos humean por sus regueros, cuando Múlciber, sacado de su ardiente profundidad, hace rodar sus llamas deseadas a través de las tuberías de estuco, acumulando el vapor encerrado por el calor que [340] se despide?194. Vi yo mismo195 cómo gentes cansadas de los muchos sudores del baño, desdeñaban los estanques196 y los fríos de las piscinas para disfrutar de las aguas vivas; luego, reanimados por la corriente, golpeaban [345] el helado río con su ruidoso nadar197. Porque si llegase aquí un forastero desde las costas de Cumas198, creería que la euboica Bayas había regalado copias pobres a estos lugares199: tanto refinamiento y tanta elegancia seducen, mas el deleite no se excede en lujo ninguno200.
9
Catálogo de los afluentes
Pero a mí, sin embargo, me corresponde describir qué final tienen tus claros [350] afluentes201 y recordar al Mosela, que se ha hecho merecedor del mar, porque a ti, por bocas distintas y abundantes, te llegan innúmeras corrientes. Aunque pudieran llevar por separado sus cursos, se apresuran, no obstante, a dejar su nombre dentro de ti. Pues unido a las corrientes del [355] Promea202 y del Nemesa203, el Sura204 va rápido, a pesar de su importancia, bajo tus ondas, el Sura que te favorece con esos afluentes que arrebató: más noble se considera por mezclarse bajo tu nombre, que si una desembocadura olvidada lo uniera al padre Océano. A ti el rápido Celbis205, a ti el Erubris206, renombrado por su mármol, tratan de lamerte cuanto antes con sus aguas sumisas: el [360] Celbis, famoso por sus magníficos peces, aquel que, dando vueltas a las piedras molineras con rápido movimiento y arrastrando las sierras chirriantes al través de los mármoles pulidos, escucha desde ambas orillas los ruidos incesantes207. Dejo atrás el pequeño Lesura y el cristalino [365] Drahono y no menciono las corrientes despreciadas del Salmona208. Hace algún tiempo, el navegable Saravo, agitando toda su vestimenta, me llama con su grandeza de ondas que resuenan209, él, que detuvo su larga corriente para dejar libres sus bocas cansadas bajo los muros del Emperador [370]210. Y no le es inferior el feliz Alisontia211, que, deslizándose callado por campos fecundos, roza fértiles riberas212. Mil otros, en la medida que su propio ímpetu apresura a cada cual213, quieren ser tuyos: por ese deseo tan intenso, o por ese amor214, corren sus ondas.
10
Las gentes del país
[375] Porque si a ti, divino Mosela, te hubiesen dado su poeta Esmirna, o la ilustre Mantua, te dejaría su lugar el Símois, recordado en las costas de Troya y ni siquiera se atrevería el Tiber a anteponer sus propios honores215. ¡Concede este favor, concédelo, poderosa Roma! Que se alejen, te lo ruego, la envidia ya desterrada y Némesis216, no conocida en la lengua del Lacio: nuestros padres tuvieron en Roma la sede del Imperio [380]217.
¡Salve, Mosela, padre inmenso de frutos y hombres!218 Te adornan ilustres varones, te adorna una juventud experimentada en la guerra, una elocuencia rival de la lengua del Lacio219. Es más, también la naturaleza concedió unas costumbres y una inteligencia despierta, en una frente [385] prudente220, a tus hijos. Porque no es Roma la única que alardea de antiguos Catones221, ni tampoco Arístides222 destaca y da lustre a la vieja Atenas como único árbitro de lo justo y de lo bueno. Mas, ¿por qué yo, distraído un [390] tanto por culpa de unas riendas flojas223, estropeo tu encomio a pesar de estar rendido a tu amor?224 Guarda, Musa, tu lira, después de pulsar al final de la canción tu cuerda prima. Llegará un tiempo en que, mientras calmo mis cuitas con los afanes de un ocio que no da gloria225, y busco los soles de mi vejez, la importancia del tema me dará valor; y entonces cantaré una a una las hazañas [395] de los belgas y las costumbres de su patria, que son sus más excelsos adornos226; las Piéridas me tejerán con hilo fino cantos suaves227 y acabarán a la carrera telas apropiadas de trama delicada228: también darán púrpura a nuestros husos. ¿Quién, entonces, no será mencionado por mí? Recordaré a esos tranquilos campesinos, hábiles para las [400] leyes y poderosos con la palabra, defensa sublime de los acusados229: a ellos la asamblea de sus conciudadanos los reconoció como sus magistrados supremos y su senado propio; a ellos, la célebre elocuencia de su escuela de jóvenes los llevó hasta gozar del elogio del viejo Quintiliano; cada [405] uno gobernó su propia ciudad y un tribunal limpio de sangre230, y engrandecieron sus segures, que no causaron ningún daño, o rigieron, como vicarios de las prefecturas, a los pueblos de Italia y a los britanos hijos del Aquilón231; hubo quien rigió, como cabeza de todo a Roma232, su pueblo y su Senado233, aunque sin ostentar el título más [410] elevado, por más que fuera igual a los primeros: mas la Fortuna se apresura a deshacer el error, que sólo es suyo, y, reparando los premios arrebatados, ya va a devolver las cimas del verdadero honor, que se merecen sus nobles nietos234.
11
El Rin
[415] Y así como la obra empezada finaliza también con la alabanza retardada de los hombres, cantemos a este río feliz que atraviesa campos verdeantes a lo largo de su alegre país y consagrémoslo a las on das del Rin. Abre ahora, Rin, tus regazos azules235 y el peplo verdeante de tu vidrio, y fija los límites de este joven [420] río, llenándote de sus aguas hermanas236. Que no son sus únicos trofeos las ondas: viniendo él de las murallas de la ciudad augusta237, contempló los triunfos unidos de hijo y padre, tras haber sido vencidos sus enemigos sobre el Nicro y Lupoduno y junto a la fuente del Histro, desconocida [425] para los anales del Lacio238. Poco ha llegó el laurel que celebra la guerra a punto de terminar: luego conseguirá otros y otros. Vosotros continuad juntos y haced retroceder el mar purpúreo con vuestra carrera gemela239. No temas, hermosísimo Rin, parecer más pequeño: ninguna envidia siente el huésped; conquista un nombre eterno: [430] adopta tú, seguro de la gloria, a tu hermano. Rica en aguas, rica en Ninfas240, tu cuenca espléndida alargará ya con uno y otro la separación entre orillas gemelas y marcará caminos comunes a través de bocas distintas. Se unirán las fuerzas que temen Francia, los chamaves y los germanos: [435] ¡entonces tendremos una auténtica frontera! ¡De una corriente tan hermosa te vendrá un doble nombre, y aunque saliste sólo de tu frente, te llamarán ‘bicorne’!241.
12
El sello del poeta
Yo, que traigo mi linaje de raíz vivisca, unido a los vínculos hospitalarios de los belgas, y no precisamente con pactos [440] recién concluidos, Ausonio242 de nombre latino, de patria y casa situadas entre los confines de los galos y la elevada Pirene243 allí donde la alegre Aquitania suaviza sus costumbres nativas, canto, audaz, con mi débil lira. Séame permitido haber tocado esta corriente sagrada con la libación delicada de mi Musa. Que no quiero alcanzar la gloria; pido tu favor: muchos [445] hay, río fecundo, que por ti suelen recabar los sagrados efluvios de las Aónidas y apurar la Aganipe entera244. Mas yo, en la medida que la inspiración me dé su licor, una vez me envíen Augusto padre y sus hijos, ahora mi preocupación [450] mayor245, a Burdeos, patria mía y refugio de mi vejez246, premiado con las fasces ausonias y el honor curul247, tras los deberes del cargo cumplido, intentaré con más amplitud los elogios de esta corriente boreal248. Hablaré de sus ciudades, bajo las que te deslizas con tu callado [455] curso, y de sus murallas, cuyos antiguos lienzos te contemplan249; hablaré de las defensas levantadas para ocasiones difíciles; de los campamentos de quienes están sin peligro, y también de los graneros de los belgas; hablaré de los alegres colonos de ambas riberas250 y de ti, que rozas tus riberas por en medio de los trabajos de los hombres [460] y de los bueyes, y cortas sus hermosos cultivos251. No se te pondrá por delante el Líger, ni el rápido Axona, ni tampoco el Matrona que marca el límite entre los galos y los belgas, ni siquiera el propio Caratono que refluye con el calor santónico252. Se retirará la corriente del Durano [465] que baja desde el helado monte y la Galia pospondrá el aurífero Tarnis, y, lanzándose por entre piedras que ruedan al purpúreo y alborotado mar, el tarbélico Aturro irá, sin embargo, ante la venerada divinidad de su dueña, la Mosela253.
13
Salutación final
¡Ah, cornígero Mosela, digno de ser celebrado hasta los confines de la tierra254, y no sólo en aquellos lugares, en los que [470] alzas el áureo honor de tu testuz de toro255 desde la última de tus fuentes, y por los que deslizas sinuosamente tus tranquilas corrientes a través de campiñas, o donde, al pie de los puertos germanos256 das suelta a tus bocas; si alguna gloria quisiera [475] secundar a mi delicada Camena257, si alguien se dignase pasar sus ocios con estas Musas, irás por las bocas de los hombres y las halagarás con tu canto alegre. Las fuentes y los manantiales vivos258, los ríos azulados te conocerán, y también los viejos bosques, gloria de las aldeas; el Druna259, el [480] Druentia mal definido por sus riberas abiertas y los ríos alpinos te venerarán, y el Ródano, que pasa a través de la doble ciudad y da nombres a la orilla derecha; yo te recomendaré, por tu grandeza, a las azuladas lagunas y a las sonoras corrientes260, y también al marino Garona261.

1 Ver en la «Introducción» el cap. III, 3. «Los manuscritos de Ausonio».
2 Mosella 438-443.
3 Para la datación y la intencionalidad del poema, ver en la «Introducción» el cap. I, 6. «Ausonio junto al poder».
4 Frente a las motivaciones para la elaboración del poema, expuestas por CH. M. TERNES (vid. supra, en el cap. I), R. MARTIN, «La Moselle d’Ausone est-elle un poème politique?», Rev. d’Étud. Lat. 63 (1985), 237-253, hace unas precisiones que resultan del todo adecuadas; disiento, tan sólo, en la consideración del poema como un resumen de las intenciones de Ausonio futuro «primer ministro»; dice Martin: «elle n’est pas un simple texte de propagande, mais vise à délivrer un message qui résume parfaitement les convictions personnelles d’Ausone en la matière, et qui annonce la politique que suivra son élève Gratien dans les premieres années de son régne» (pág. 253). Si bien el poeta esperaba alcanzar un cercano consulado, según confiesa en los vv. 449-452 —y no es seguro que esos versos no sean un añadido posterior—, sería excesivamente pretencioso por su parte pretender organizar la política de Valentiniano y menos, desde entonces, la de Graciano, cuya hora de gobernar por esos años ni siquiera se veía cercana. Graciano tendría que esperar cuatro años y Ausonio, ocho, antes de ser «primer ministro». En esta interpretación de Martin, hay, me da la impresión, una lectura de los hechos de atrás hacia delante.
5 Para la composición del Mosella, ver: F. MARX, «Ausonius’ Lied von der Mosel», Rhein. Mus. 80 (1931), 368-392; L. DEUBNER, «Zum Moselgedicht des Ausonius», Philologus 89 (1934), 253-258, donde se insiste en el cuidado con que Ausonio trata las transiciones entre cada parte del poema; W. JOHN, «Zur Gliederung der Mosella des Ausonius», Hermes 78 (1943), 97-105; D. KORZENIEWSKI, «Aufbau und Struktur der Mosella des Ausonius», Rhein. Mus. 106 (1963), 80-95; R. MAYER, «A note on Ausonius’s Mosella», Agon 1 (1968), 72; J. FONTAINE, «Unité et diversité du mélange des genres et des tons chez quelques écrivains latins de la fin du IVe siécle: Ausone, Ambroise, Ammien», Christianisme et formes littéraires de l᾿Antiquité tardive en Occident, Entretiens sur l’Antiquité classique, t. 23, Fond. Hardt, Vandoeuvres-Ginebra, 1977, 425-482 (recogido en Études sur la poèsie latine tardive: d’Ausone à Prudence, París, Les Belles Lettres, 1980, 25-82); M. ROBERTS, «The Mosella of Ausonius. An interpretation», Transact. Amer. Philol. Asoc. 114 (1984), 343-353.
6 Art. cit., págs. 41 ss. (cito por la ed. de París, Les Belles Lettres, 1980).
7 Art. cit., págs. 344 ss.
8 Art. cit., 374-386.
9 Este pasaje, sabiamente glosado por R. MARTIN, art. cit., págs. 250 ss., ha sido comparado con la bajada de Eneas a los Infiernos y la llegada a los Campos Elíseos; incluso hay expresiones coincidentes con las virgilianas; ver W. GOERLER, «Vergilzitate in Ausonius’ Mosella», Hermes 97 (1969), 94-114.
10 Mosella 18-22.
11 Mosella 23-26.
12 SÍMAC., I 14, 4 (ed. de J. P. CALLU, París, Les Belles Lettres, 1972, vol. I, pág. 79):
Vnde illa amnicorum piscium examina repperisti quam nominibus uaria tam coloribus, ut magnitudine distantia sic sapore, quae tu pigmentis istius carminis supra naturae dona fucasti? Atqui in tuis mensis saepe uersatus, cum pleraque alia, quae tunc in praetorio erant esui obiecta, mirarer, numquam hoc genus piscium deprehendi. Quando tibi hi pisces in libro nati sunt, qui in ferculis non fuerunt? Para los peces del Mosella hay un estudio muy antiguo y poco conocido de W. FLORENCOURT, «Die Moselfische des Ausonius», Jahrb. d. Rheinl. V-VI, Bonn, 1844, 202-218. R. MARTIN, art. cit., 247-248, compara, a mi modo de ver forzando mucho las cosas, esta gradación a la de las clases y los órdenes de la sociedad romana, sobre los que se alza la figura del Emperador.
13 Este pasaje de Ausonio debe ponerse en relación con las creencias románicas, más que germánicas, de la vetula, espíritu maligno y solar que puede dañar a quienes se dejan atrapar por sus rayos. Ver G. ROHLFS, Estudios sobre el léxico románico, reelab. parcial y notas de M. ALVAR, Madrid, Gredos, 1979, 79-103. Véase ESTAC., Silv. II 2, 100-106.
14 Sic ubi compositos ostentatura capillos candentem late speculi explorantis honorem cum primum carae nutrix admouit alumnae, laeta ignorato fruitur uirguncula ludo germanaeque putat formam spectare puellae: oscula fulgenti dat non referenda metallo aut fixas praetemptat acus aut frontis ad oram uibratos captat digitis extendere crines: talis ad umbrarum ludibrio nautica pubes ambiguis fruitur ueri falsique figuris.
15 M. ROBERTS, art. cit., págs. 345 ss.
16 Ver R. P. H. GREEN, «The eminence grise of Ausonius’ Moselle», RPL 1 (1978), 89-94; sugiere que es Probo ese personaje, pero sin acierto, a mi modo de entender, pues el perfil biográfico de Probo no se adecúa al descrito en estos versos.
17 Pueden verse, además de la bibliografía citada anteriormente, los siguientes estudios: L. ILLUMINATI, La satira odeporica latina, Milán, 1938; E. CESAREO, La Mosella di Ausonio, Palermo, 1942; L. NAVARRA, «A propósito del De navigio suo di Venanzio Fortunato in rapporto alla Mosella di Ausonio e agli Itinerari di Ennodio», Studi Storico Religiosi 3 (1979), 79-131.
18 Pueden verse los siguientes estudios específicos: C. HOSIUS, «Die literarische Stellung von Ausons Mosellied», Philologus 81 (1926), 192-201; A. TATTERSALL, «A Roman river and a Roman poet», G & R 10 (1940), 36-40; W. JOHN, «Zur Gliederung der Mosella des Ausonius», ya cit.; M. R. POSANI, «Reminiscenze di poeti latini nella Mosella di Ausonio», Stud. Ital. di Filol. Class. 34 (1962), 31-69; H. TRÄNKLE, «Zur Textkritik und Erklärung von Ausonius Mosella», Museum Helveticum 31 (1974), 155-168; J. FONTAINE, «Unité et diversité du mélange de genres et de tons…», ya cit.; CH. M. TERNES, «Éléments de rhétorique dans la Mosella d’Ausone», Colloque sur la rhétorique. Calliope I, ed. por R. CHEVAILIER, Caesarodunum XIV bis, París, Les Belles Lettres, 1979, 153-160; E. J. KENNEY, «The Mosella of Ausonius», G & R 31 (1984), 190-202; M. ROBERTS, «The Mosella of Ausonius. An interpretation», ya cit. Naturalmente, son muchos más los estudios en donde se recogen ideas útiles en este sentido.
19 Además de Ternes, N. TERZAGHI, Storia della letteratura latina, Milán, 1934, pág. 513; o A. ROSTAGNI, Storia della letteratura latina III, Turín, 19643, pág. 569.
20 R. MARTIN, «La Moselle d’Ausone, est-elle un poème politique?», ya cit., pág. 238.
21 Así, E. CESAREO, La Mosella di Ausonio, op. cit., 37 ss.
22 L. ALFONSI, en la reseña al libro de Cesareo, Aevum, 1942, pág. 178, y anticipando las ideas desarrolladas por Fontaine, concluye que si es un epilio por la forma, el contenido es más propio del idilio. Ver M. PRINCIPATO, «Poesia familiare e poesia descrittiva in Ausonio», ya cit., pág. 413, n. 56.
23 Junto a los valores literarios señalados, el Mosella también ha proporcionado interesante información para la arqueología del país y, por descontado, para conocer algo mejor la geografía antigua o el ambiente económico y cultural de la región. Esos datos, que tienen que utilizarse con sumo cuidado, han sido estudiados por Ch. M. Ternes en la bibliografía citada; como resumen de todo ello, véase su Ausone, Mosella. (La Moselle), ed., introd. y com. de CH. M. TERNES, París, PUF, 1972
24 Actualmente es el Nahe, afluente del Rin por la izquierda, de curso casi paralelo al del Mosela, al sur de éste. Nace en los bosques de Eberswald y alcanza al Rin en Bingen.
25 Los manuscritos ofrecen la lectura uico «aldea»; Minola propuso leer Vinco (la Bingen actual) y así se acepta en las ediciones de Ausonio; había sido amurallada de nuevo por el emperador Juliano, el 359; ver AMIAN. MARC., XVIII 2, 3 y 5; el 369, Valentiniano I había hecho reforzar las defensas de la frontera renana; ver AMIAN. MARC., XXVII 10. Para el nombre del lugar, ver, no obstante, TÁCIT., Hist. IV 70; Tab. Peutin., segm. III 2-3 MILLER; Notit. dign. oc. XLI 10, 22: Bingium; Itin Anton. 371 y 374: Vincum y Vingium; AMIAN. MARC., XVIII 2, 4: Vingo.
26 Pasaje de difícil interpretación, pues Ausonio se refiere a una grave derrota de las tropas romanas en esa región (como ocurrió en Cannas cuando Aníbal, el año 216 a. C., destruyó el ejército de Roma). En general, los comentaristas (Pastorino, Ternes) suponen que se trata de una referencia a la batalla de Bingen del año 71 a. C., narrada por TÁCIT., Hist. IV 70; en ella, Sextilius Felix derrotó a Tutor, que mandaba los contingentes trevirenses; el autor de la Gesta Treuirorum (ed. PERTZ, VIII 143, 8) supone —muy probablemente basado en el verso de Ausonio— una gran batalla, en la que Druso, hermano de Tiberio, habría encontrado la muerte, y Tiberio habría conseguido una victoria llena de pérdidas. Pero esta interpretación no parece correcta, pues el resultado de la batalla no es comparable a Cannas: aquí ganan los romanos; además, está demasiado alejada en el tiempo (tres siglos de distancia), lo que no conviene al v. 4. Por eso, me parece más plausible la sugerencia de J. J. HATT, Histoire de la Gaule Romane (120 a. C.- 451 d. C.). Colonisation ou Colonialisme?, París, Payot, 1959, pág. 293: tal vez Ausonio se refiere a la invasión germánica del 352, que logró, después de derrotar a las tropas del César Decencio en una batalla decisiva, instalar numerosos contingentes humanos en la orilla derecha del Mosela y en la Alsacia. Si esto es así, el lugar del combate debe situarse, siguiendo a Ausonio, en un lugar entre Maguncia y Bingen, sobre la vía que conduce a Tréveris.
The free sample has ended.