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Caída y ascenso de la democracia

TURNER NOEMA

Caída y ascenso de la democracia

Una historia del mundo desde la Antigüedad hasta hoy

David Stasavage

Traducción de verónica puertollano


A mis padres,

Barbara y Gerry

Título:

Caída y ascenso de la democracia. Una historia del mundo desde la Antigüedad hasta hoy © David Stasavage, 2021

Edición original:

The Decline and Rise of Democracy: A Global History from Antiquity to Today, Princeton University Press, 2020

De esta edición:

© Turner Publicaciones SL, 2021

Diego de León, 30

28006 Madrid

www.turnerlibros.com

Primera edición: octubre de 2021

De la traducción:

© Verónica Puertollano, 2021

Diseño de la colección:

Enric Satué

Ilustración de cubierta:

Cueva de las Manos, Patagonia, Provincia de Santa Cruz, Argentina

© Javier Etcheverry/Alamy Foto de stock

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.

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(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).

ISBN: 978-84-18428-60-9

eISBN: 978-84-18895-78-4

DL: M-25667-2021

Impreso en España

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

turner@turnerlibros.com

ÍNDICE

Prefacio

Primera parte. La democracia temprana

i Los orígenes del gobierno democrático

ii La democracia temprana

iii Los Estados débiles heredaron la democracia

iv Cuando la tecnología socavó la democracia

segunda parte. La divergencia

v El desarrollo de la representación en Europa

vi China

vii Cómo desapareció la democracia en el mundo islámico

viii Democracia y desarrollo económico en el largo plazo

Tercera parte. La democracia moderna

ix Por qué Inglaterra fue diferente

x Democracia (y esclavitud) en América

xi La expansión de la democracia moderna

xii El experimento democrático en desarrollo

Agradecimientos

Bibliografía

Prefacio

¿De dónde viene la democracia, cómo se sostiene y cuál es su futuro? Estas preguntas cobran prominencia especial en nuestra actual época de ansiedad democrática. Hace mucho tiempo que se habla de Estados Unidos como experimento democrático exitoso y lección para los demás, aunque antes se pensaba que las repúblicas debían ser pequeñas para sobrevivir, la experiencia estadounidense parecía demostrar otra cosa. En las últimas décadas, a medida que la práctica de elegir a los gobernantes mediante comicios libres se extendió por todo el mundo, la democracia adquirió un aura de inevitabilidad, como si fuera la ola del futuro, al menos para quienes quisieran escuchar. Hoy algunas personas temen que todas estas conclusiones fueran demasiado optimistas: la democracia en sí misma puede ser menos duradera de lo que se pensaba, e incluso cuando sobrevive, puede ser cooptada por los pocos a expensas de los muchos.

Para entender dónde estamos hoy –y hacia dónde nos dirigimos– debemos ampliar nuestra mirada y revisar profundamente la historia de la democracia, y eso es lo que propondré que hagamos en este libro. Llevo veinte años investigando y escribiendo sobre este tema, trabajando sobre todo en la larga evolución de las instituciones representativas de Europa. En los últimos años empecé a pensar de forma más explícita en comparar las regiones del mundo. ¿Por qué Europa ha seguido una trayectoria política esencialmente distinta a la de China u Oriente Próximo?, me pregunté. Aunque muchos académicos han escrito sobre la divergencia económica que hizo que Europa se convirtiera en la primera región en industrializarse, pocos han tratado de explicar la gran divergencia política. Este será un objetivo importante de este libro y, para lograrlo, no solo habremos de tener en cuenta la propia democracia, sino también la lógica de la autocracia, la forma de gobierno contraria.

Si consideramos una amplia variedad de sociedades humanas, resultará que los acontecimientos ocurridos en lugares “apartados” y en épocas remotas pueden a veces decirnos cosas sorprendentes sobre nuestras instituciones políticas de hoy. La democracia prosperó a menudo en los lugares más inesperados. Como parte de esto, aprenderemos que la historia de la democracia no solo ha sido la de grandes pensadores que escribieron grandes libros; también ha sido construida por gente común que trabajó pragmáticamente para gobernarse a sí misma de manera colectiva.

Por último, al repasar en este libro la evolución de nuestras democracias contemporáneas, nos haremos una mejor idea de cuáles son sus fortalezas y debilidades potenciales. Las instituciones específicas que utilizamos para gobernarnos hoy en día son, en gran medida, el resultado del largo desarrollo de unas prácticas angloestadounidenses, fruto a su vez de las circunstancias, al igual que cualquier evolución natural. La democracia que tenemos hoy es solo una de las formas posibles de organizar las cosas y, al acabar, plantearé que una vez que seamos conscientes de ello estaremos en mejores condiciones para reflexionar sobre cómo podría evolucionar en el futuro.

Primera parte

LA DEMOCRACIA TEMPRANA

i

Los orígenes del gobierno democrático

Se nos enseña que los europeos inventaron la democracia. Nos enteramos de que la inventaron los griegos, que nos dieron la propia palabra, y también de que en Grecia la democracia de­­sapareció al cabo del mismo tiempo que lleva existiendo la república de Estados Unidos. Después, la democracia resurgió de forma gradual en Europa durante una larga evolución iniciada con acontecimientos como la redacción de la Carta Magna y el nacimiento de las ciudades-­república italianas. Este proceso culminó con el establecimiento de sistemas políticos basados en las elecciones competitivas y el sufragio universal. La práctica de la democracia se extendió finalmente a otros continentes.

Un problema de este relato es que, cuando los europeos empezaron a conquistar pueblos en otros continentes, a veces se encontraron con que los lugareños tenían instituciones políticas más democráticas que las de sus países de origen. En América del Norte, cuando los misioneros jesuitas franceses entraron en el territorio del pueblo al que llamaron “hurón”, descubrieron un sistema político basado en consejos centrales y locales con una amplia participación, también de las mujeres. En 1636, un misionero afirmó que el consejo central de los hurones era como “los Estados Generales” de la región.1 En su país de origen, Francia, también había unos Estados Generales, pero llevaban más de veinte años sin reunirse y no volverían a hacerlo hasta 1789. En Mesoamérica, los conquistadores españoles se encontraron con sociedades que se gobernaban mediante sistemas políticos jerárquicos, aunque no todas. En 1519, cuando Hernán Cortés entró en el territorio de Tlaxcala, observó que, hasta donde él podía juzgar, la forma de gobierno era “casi como las señorías de Venecia y Génova, o Pisa, porque allí no hay señor general de todos”.2 En su país de origen, España, solo ha­­bía un gobernante supremo, el rey Carlos I.

Los ejemplos de los hurones y Tlaxcala no eran casos aislados. A lo largo de la historia de la humanidad, muchas sociedades de varios continentes han desarrollado de forma independiente sistemas políticos donde los gobernantes se han visto obligados a recabar el consentimiento de los gobernados. Si consideramos que esa búsqueda del consentimiento es un ingrediente básico de la democracia, entonces podemos decir que la democracia surge de forma natural entre los seres humanos, aunque no sea ni mucho menos inevitable. Por tanto, la pregunta es cuándo y por qué sobreviven y prosperan las costumbres democráticas, y por qué lo hicieron incluso en lugares donde no se había leído a Aristóteles.

La otra pregunta que debemos hacernos es: si existió alguna forma de democracia temprana en muchas regiones, ¿por qué, entonces, la democracia moderna –la selección de representantes mediante el sufragio universal– surgió primero en Europa y Estados Unidos? A este respecto sostendré que la respuesta tiene que ver con la trayectoria particular que siguió Europa en comparación con regiones como China y Oriente Próximo. Irónicamente, fue el atraso de Europa lo que sentó las bases para el surgimiento de la democracia moderna.

democracia temprana y democracia moderna

En su sentido original, como la utilizaban los griegos, la palabra democracia significaba solo que gobierna el pueblo o, más literalmente, que el pueblo tiene el poder. Participan en ella los ciudadanos a título individual y el pueblo como gobierno colectivo.3 A mediados del siglo xx, un académico señaló que las sociedades indígenas del sur de África tenían “un tipo peculiar de democracia”.4 Allí eran ajenos a la libre elección de los gobernantes, pero los caciques tribales tenían que gobernar de forma colectiva con las asambleas y los consejos, que limitaban sus acciones: el pueblo, o un subconjunto de él, participaba en el gobierno. En vez de referirme a este sistema como “peculiar”, lo llamaré “democracia temprana”. Este término es útil porque la democracia temprana difería de la forma moderna que hoy conocemos.

La democracia temprana ocupaba el lugar de la burocracia estatal. Era un sistema donde el gobernante gobernaba de forma conjunta con un consejo o asamblea compuesta por miembros de la sociedad, independientes del gobernante y no sujetos a sus caprichos. Proporcionaban información y ayudaban con la gobernanza. En algunas democracias tempranas, los gobernantes eran elegidos mediante un consejo; en otras, el factor principal era la herencia. Algunos consejos de las democracias tempranas contaban con una amplia participación de la comunidad, pero en otras ocasiones eran reuniones más elitistas. La participación, para quienes tenían derecho a ella, era profunda y frecuente.

La democracia temprana era tan común en todas las regiones del mundo que deberíamos considerarla una circunstancia que se produce de forma natural en las sociedades humanas. No soy el primero que dice algo así, pero intentaré aportar una visión nueva y más completa de esta idea, y explicar también cuándo y por qué prevaleció la democracia temprana.5 Atenas, al igual que muchas otras democracias de la Grecia antigua, nos presenta el ejemplo más extenso de democracia temprana, pero ha habido muchas sociedades en otros lugares donde la democracia temprana también estaba a la orden del día, aunque la participación no fuese tan amplia como en Atenas. Entre los ejemplos de democracia temprana se encuentran el de los hurones y el de Tlaxcala, a los que ya me he referido, pero también veremos otros en la Mesopotamia antigua, el Central precolonial, la India antigua y otros lugares.

La democracia moderna se diferencia de la temprana en varios aspectos importantes. Es un sistema político donde los representantes son elegidos mediante elecciones competitivas por sufragio universal. Con el sufragio universal adulto, la participación política es muy amplia, pero en la democracia moderna la participación popular en el gobierno también es más episódica que en la democracia temprana. Los representantes se reúnen con frecuencia para tomar parte de la gobernanza, pero la población general no participa de forma directa, salvo en el momento de las elecciones. La participación episódica es el primer punto de rotura de la democracia moderna, porque puede generar desconfianza y desvinculación entre los ciudadanos, y se deben realizar esfuerzos constantes para atajar este problema. El segundo punto de rotura de la democracia moderna es que convive con una burocracia estatal que se ocupa de los asuntos cotidianos, y esto comporta el riesgo de que los ciudadanos dejen de creer que son ellos los que gobiernan. Será menos probable que esto ocurra si las prácticas democráticas surgen antes de la creación de una burocracia estatal; entonces, los gobernantes y el pueblo podrán construir una burocracia de manera conjunta. Pero si surge antes la burocracia, será menos probable que esto suceda, lo cual significa que la burocracia puede sustituir o complementar la democracia moderna. Todo depende del orden de los acontecimientos.

Si bien la democracia temprana surgió de forma independiente en muchas sociedades humanas, la democracia moderna es un invento más específicamente europeo. La democracia temprana fue una forma de gobierno que perduró durante miles de años. La democracia moderna es mucho más reciente y deberíamos considerarla un experimento en curso. Para saber cuándo y por qué este experimento saldrá bien, primero debemos tener en cuenta cómo surgieron las democracias temprana y moderna.

los orígenes de la democracia temprana

La democracia temprana surgió cuando los gobernantes necesitaron el consentimiento y la cooperación de su pueblo porque no podían gobernar por sí mismos. El pueblo tuvo la oportunidad de expresar su consentimiento o su oposición en alguna forma de asamblea o consejo. Todos los gobernantes –tanto los democráticos como los autocráticos– necesitan al menos el consentimiento tácito de su pueblo para este no se rebele; sin embargo, en la democracia temprana no era un consentimiento tácito, sino activo.6 En la democracia temprana, incluso cuando un consejo formado por los gobernados no tenía la prerrogativa oficial para vetar las decisiones tomadas por un gobernante, aún podía ejercer el poder cuando sus miembros poseían información que este no tenía.7

Tres factores subyacentes ayudaron al surgimiento de la democracia temprana. En primer lugar, fue más frecuente en entornos de pequeña escala. Vemos que es así, ya hablemos de Europa, del África precolonial o de América del Norte antes de la conquista europea. Esa pequeña escala hizo posible que los miembros de una sociedad asistieran con regularidad a los consejos y asambleas, que eran la savia de la democracia temprana. En algunas democracias tempranas, contar con un sistema de representación ayudó a atajar el problema de la escala: en lugar de que asistieran todos, se elegía a una persona. Aun así, esos representantes tenían que viajar a la asamblea, y los electores necesitaban seguir supervisándolos, lo cual resultaba más difícil si la población se dispersaba en un territorio grande. La representación fue una adaptación para el problema de la escala, pero no una solución.8

El segundo factor que condujo a la democracia temprana fue el desconocimiento de los gobernantes sobre la producción del pueblo.9 Esto les dio un incentivo para compartir el poder y, de ese modo, saber con más precisión qué impuestos podían recaudar. Aquí deberíamos pensar en los “impuestos” en un sentido amplio: era un problema para cualquier gobernante que quisiera apropiarse de los recursos económicos o redistribuirlos. Las características del entorno natural generaban a veces incertidumbre, ya que podían dificultar la predicción de la producción agrícola.10 En otros casos, los gobernantes tuvieron el problema de la incertidumbre al carecer de una burocracia estatal que pudiera medir y tasar la producción. Este tipo de incertidumbre ha sido un gran problema tributario para los gobernantes a lo largo de la historia: si eres demasiado pesimista al juzgar cuánto puedes gravar, estarás renunciando a unos potenciales ingresos; si eres demasiado optimista, te arriesgas a provocar una rebelión o a que la población opte por otras alternativas.

El tercer factor que condujo a la democracia temprana tenía que ver con el equilibrio entre cuánto necesitaban los gobernantes a su pueblo y cuánto podía hacer el pueblo sin sus gobernantes. Cuando los gobernantes tenían una mayor necesidad de ingresos era más probable que aceptaran gobernar de forma colaborativa, en especial si necesitaban al pueblo para librar guerras. Al no contar con unos medios adecuados para obligar a la gente a luchar sin más, los gobernantes les ofrecieron derechos políticos. El reverso de todo esto era que, siempre que al pueblo le resultaba más fácil prescindir de un gobernante en particular –por ejemplo, marchándose a otro lugar–, el gobernante se veía obligado a gobernar de forma más consensuada. De hecho, la idea de que contar con opciones de salida influye en la jerarquía es tan general que también está presente en otras especies, aparte de la humana. En especies tan diversas como las hormigas, las aves y las avispas, la organización social tiende a ser menos jerárquica cuando los costes de “dispersión”, como lo llaman los biólogos, son bajos.11

Con el tiempo, la democracia temprana persistió en algunas sociedades, pero desapareció en muchas otras. Lo hizo a medida que creció la escala de las sociedades, cuando los gobernantes adquirieron nuevas formas de controlar la producción y, finalmente, cuando a la población le resultó difícil marcharse a otros lugares. Por todas estas razones, el título de este libro alude primero a la caída de la democracia temprana y después al ascenso de la democracia moderna.

¿es “democracia temprana” un término apropiado?

Quienes estén familiarizados con el pensamiento griego clásico tal vez teman que mi definición de la democracia temprana sea demasiado amplia. Los griegos distinguían entre el gobierno del uno, de los pocos y de los muchos, y, para ellos, la palabra demokratia solo se asociaba con el gobierno de los muchos, por lo general en una gran asamblea.12 El gobierno de los pocos era la oligarquía, y se llevaba a cabo mediante un consejo con una participación limitada. Aunque en una oligarquía la gobernanza tuviera cierto carácter colectivo, no era una democracia según la entendían los griegos. Los académicos se han basado en la diferencia entre asamblea y consejo para distinguir empíricamente las democracias de las oligarquías.13

Entonces, ¿por qué adopto una definición de democracia temprana que, para los griegos, habría incluido tanto a las democracias como a las oligarquías? Lo hago porque muchas sociedades humanas que, a simple vista, parecieron tener gobiernos de los pocos, también contaron con la participación de los muchos. En algunas de las democracias que describiré hubo una pequeña cantidad de personas que participaron de forma directa en la gobernanza, pero que después tuvieron que enfrentarse a una asamblea o a un consejo en su localidad de residencia. En el caso de los hurones, solo los caciques asistían a los consejos centrales, pero se enfrentaban a otro consejo en su aldea de origen. En otras sociedades modernas, por lo general eran solo los pocos los que tomaban las decisiones, pero otras veces se celebraban debates y consultas mucho más amplios.14 Este fue el caso en las ciudades del reino mesopotámico de Mari.15 El fenómeno también era conocido en el mundo griego, y se lo denominó “constitución mixta”. Quienes han catalogado los regímenes de las ciudades griegas han encontrado muchos ejemplos de constituciones mixtas, y también han atestiguado que, a menudo, es difícil clasificar una polis como claramente oligárquica o democrática: casi todas las polis griegas tenían elementos de ambos tipos de gobierno.16 El propio Aristóteles habló de ciudades que mezclaban la oligarquía y la democracia.17 A mi juicio, todo esto hace pensar que la barrera entre la oligarquía y la democracia era muy porosa.

Por todas estas razones, resulta lógico adoptar una definición amplia de la democracia temprana. Al hacerlo, tendré el cuidado de recalcar la diversidad dentro del grupo de las democracias tempranas: en algunas la participación popular fue muy extensa, mientras que en otras fue más limitada.

la alternativa autocrática

La autocracia fue la alternativa a la democracia temprana. Puesto que es imposible, en casi cualquier sociedad, que alguien gobierne realmente por sí mismo, la autocracia se vio ayudada por el desarrollo de una burocracia estatal. En lugar de depender de la ayuda de los miembros de la sociedad para recabar información y recaudar ingresos, los autócratas crearon burocracias con subordinados que ellos mismos seleccionaban y dirigían. Esto, en esencia, era distinto de depender de un consejo o una asamblea compuesta por miembros de la sociedad no sujetos al capricho del gobernante. Se podía mandar a los burócratas a tasar la producción del pueblo y calcular qué gravamen aplicarle, y también a recaudar impuestos. También se los podía utilizar para imponer el servicio militar sin tener que otorgar derechos políticos al pueblo. Detrás de todo esto se esconde la realidad de la fuerza militar: los autócratas necesitaban contratar y pagar a especialistas de la violencia. Algunas de las autocracias a las que me referiré fueron muy eficientes, y otras lo fueron mucho menos, pero en todos los casos representaron una clara alternativa a la democracia temprana.

Que se optara por la alternativa autocrática también dependía del dominio de las técnicas generalmente asociadas con la civilización. Lo más importante era contar con un sistema de escritura que permitiera a los burócratas comunicarse a través de tiempos y distancias. En el capítulo iii aportaré evidencia sobre el origen de la escritura y señalaré la existencia de algunos elementos de oferta y demanda en esta historia. Era más probable que la escritura surgiera cuando las sociedades la necesitaban; por ejemplo, cuando cultivaron cosechas almacenables que podían ser inventariadas. Pero también hubo un importante elemento de oferta, porque inventar un sistema de escritura desde cero no es una tarea fácil. Era más probable que la escritura fuese adoptada por aquellas sociedades que eran vecinas de otras que ya la habían desarrollado.

La decantación por la alternativa autocrática no solo dependió de la presencia de la escritura, sino también de otros elementos de la civilización. Entender la geometría ayudó a medir los campos con fines fiscales, y el conocimiento del suelo permitió a los funcionarios estatales clasificar la tierra de acuerdo con su fertilidad y basarse en ello para aplicar tasas impositivas diferenciales. La paradoja del avance de la civilización es que hizo que la autocracia funcionara con mayor eficacia.

La práctica de la agricultura intensiva fue otro factor que ayudó a facilitar la alternativa burocrática al hacer más legible el paisaje. Aquí, la palabra intensiva se refiere a tratar de obtener un mayor rendimiento de la misma cantidad de tierra mediante un mayor esfuerzo humano y un aumento de capital.18 Si consideramos que los burócratas, por lo general, dispondrán de menos información que la población residente acerca de la producción, cualquier proceso que haga esa producción más legible –por utilizar el término preferido por James Scott– para los forasteros facilitará la actividad de los burócratas.19 En la agricultura intensiva esto se suele hacer reordenando el paisaje de modo que la producción sea más sistemática y, a menudo, también más compacta. Esto era más factible en algunos tipos de terreno que en otros, pero la agricultura intensiva no dependía solo del medio natural, sino también del avance de la civilización, que se tradujo en las nuevas tecnologías para la rotación de cultivos, el arado, el riego y el abancalado. Esto nos lleva de vuelta a la paradoja de que el avance de la civilización pudo favorecer la causa de la autocracia.

En última instancia, si muchos autócratas que ejercieron la alternativa burocrática pudieron hacerlo fue porque no crearon una burocracia estatal, sino que la heredaron de sus predecesores. Max Weber escribió que la burocracia se encuentra “entre las estructuras sociales más difíciles de destruir”.20 En China y Oriente Próximo veremos casos donde la burocracia resistió incluso frente a grandes revoluciones. También puede ser un corolario para la afirmación de Weber: una vez que se destruye una democracia, es difícil reconstruirla desde cero. Este es el problema al que se enfrentaron los carolingios y otros gobernantes en Europa a raíz de la caída de Roma, y es una muestra de por qué Europa siguió una trayectoria distinta de desarrollo político.

por qué europa fue diferente

El desarrollo de la democracia temprana no fue ni mucho menos exclusivo de Europa. Las asambleas de la Grecia clásica, las reuniones de las tribus germánicas y los consejos de las ciudades-Estado medievales guardan cierta semejanza con la gobernanza colectiva existente en otras regiones del mundo. Sin embargo, Europa fue diferente en varios aspectos fundamentales. A diferencia de lo que ocurrió en China y Oriente Próximo, la democracia temprana continuó sobreviviendo y prosperando en Europa, en vez de ser totalmente suplantada por un Estado autocrático y burocrático. Este es el primer devenir de los acontecimientos que hemos de considerar. Los europeos también se diferenciaron en que al final lograron extender la práctica de la democracia temprana a sociedades que abarcaban grandes territorios. Por último, la democracia temprana en Europa evolucionó después, a través de una serie de pasos, hacia la democracia moderna. Hemos de preguntarnos cómo los europeos medievales desarrollaron la práctica de la representación política y cómo esta acabó dando paso a la elección de los gobernantes mediante los comicios libres y el sufragio universal adulto.

La ironía de la democracia temprana en Europa es que se desarrolló y prosperó por la precisa razón de que los gobernantes europeos fueron, durante mucho tiempo, notablemente débiles.21 A lo largo de más de un milenio tras la caída de Roma, los gobernantes europeos carecieron de la capacidad de tasar la producción de su pueblo y basarse en ello para aplicar unos impuestos significativos.22 El ejemplo más elocuente de la debilidad europea son los escasos ingresos que recaudaron. Los europeos acabarían desarrollando unos sólidos sistemas de recaudación de ingresos, pero les llevó muchísimo tiempo. En la época medieval y durante parte de la era moderna temprana, los emperadores chinos y los califas musulmanes pudieron extraer mucho más de la producción económica que cualquier gobernante europeo, con la excepción de las pequeñas ciudades-Estado.

Para ver cuál era la debilidad inicial de Europa, fijémonos en los datos de la figura 1.1, que muestra una estimación de los ingresos estatales como parte de la producción económica total en cuatro sociedades: China con la dinastía Song en el 1086 d. C., Irak con el califato abasí en el 850 d. C. y, por último, Inglaterra y Francia sobre 1300 d. C.23 Los emperadores Song y los califas abasíes pudieron extraer unos ingresos en relación con el PIB diez veces mayores que los gobernantes europeos. Estas cifras corresponden a los impuestos centrales; la cuestión de los impuestos locales europeos, y en particular la de los diezmos que fueron destinados a la Iglesia, se abordará en el capítulo v y no afectará a mi conclusión general.


FIGURA 1.1. Extracción fiscal en tres regiones (véase el texto para conocer las fuentes)

Una de las lecciones adicionales de la figura 1.1 es que, si bien la democracia temprana y la autocracia fueron vías alternativas de desarrollo político, no condujeron necesariamente al mismo resultado. Incluso después de que los monarcas ingleses hubiesen aceptado la Carta Magna, se vieron obligados a conformarse con una tasa impositiva muy inferior a la de los emperadores chinos o los califas musulmanes.

Durante mucho tiempo, los gobernantes de Europa estuvieron en una posición débil porque carecían de burocracias estatales. No disponían de muchas de las tecnologías que hacen funcionar una burocracia, y los romanos no les legaron dicha institución. La consecuencia fue que aquellos que deseaban una burocracia tenían que empezar desde cero. A todo ello contribuyó que la forma de agricultura practicada en Europa –más extensiva que intensiva– dificultaba el funcionamiento de la burocracia. Con el tiempo, los Estados europeos desarrollarían burocracias estatales fuertes, en gran parte debido a las amenazas externas. Sin embargo, cuando esto ocurrió, las prácticas democráticas ya habían arraigado con fuerza, y también se habían ampliado para poder funcionar en sistemas de gobierno grandes. En este orden de los acontecimientos, la burocracia no fue una sustituta de la democracia, sino que –al igual que en la alternativa autocrática– se convirtió en su complemento.

Una muestra de la debilidad fundamental de los Estados europeos medievales es el caso de Felipe el Hermoso de Francia, que reinó entre 1285 y 1314.24 A menudo se le atribuye la creación de una administración real centralizada, pero a pesar de sus extenuados esfuerzos, Felipe siguió teniendo una burocracia central permanente compuesta por solo unas decenas de personas y careció de una fuerza militar permanente. Joseph Strayer, biógrafo de Felipe, argumentó que, por esa razón, Felipe tuvo que lograr sus objetivos por medios alternativos a la amenaza de la fuerza, ya que “tenía poca fuerza en la que apoyarse”.25 El reinado de Felipe se caracterizó por sus sucesivas negociaciones con los colectivos de cada lugar –en orden disperso– para obtener su consentimiento y su ayuda para recaudar ingresos.26

La ironía final del desarrollo político de Europa fue que el lento progreso de la ciencia y la civilización favoreció la supervivencia de la democracia temprana. Pongamos el ejemplo del efecto del conocimiento del suelo. Los gobernantes de China y Oriente Próximo desarrollaron muy pronto su conocimiento sobre la contribución de los diferentes tipos de suelo a la producción agrícola. Dotados de esta sabiduría, estaban en mejores condiciones para calcular los impuestos requeridos a sus súbditos, en lugar de tener que iniciar un proceso de negociación y acuerdo. En China, la leyenda conocida como “El tributo de Yu”, o “Yu Gong”, cuenta que Yu el Grande, el primer emperador de la dinastía Xia, inspeccionó cada una de sus nueve provincias y estableció diferentes tasas impositivas en función de la calidad del suelo. Aunque la historia de Yu es apócrifa, el conocimiento pionero del suelo entre los chinos no lo es, y no existe ningún equivalente europeo para la leyenda de Yu el Grande.

el estado llegó antes a china

El curso del desarrollo político chino se parece al europeo, pero a la inversa. Para entender sus orígenes, debemos remontarnos al segundo milenio antes de Cristo. La primera dinastía histórica de China, la Shang, surgió en la meseta de Loess, en el noroeste de China, en una región llamada así por su tipo de suelo. Una dinastía anterior, la Xia, que pudo o no ser mítica, se habría ubicado en la misma zona.

El sello distintivo de la sociedad Shang fue que, desde una fecha muy temprana, el Estado adoptó una forma autocrática. Según la costumbre Shang, los reyes debían ser elegidos de acuerdo con una estricta regla dictada por la herencia; no había referencias a ningún consejo o asamblea que tuviera voz en el asunto ni a ninguna influencia posterior. Es posible que los Shang tuvieran una protoburocracia, pero sabemos con mayor certeza que los reyes Shang movilizaron grandes fuerzas militares compuestas por decenas de miles de personas. Los Shang también tenían una capital central dominante mucho mayor que cualquiera de los asentamientos circundantes.

El entorno natural empujó claramente a la sociedad china hacia una dirección autocrática. Todas las dinastías chinas tempranas surgieron en la meseta de Loess. El loess es un tipo de suelo blando, lo que hace más fácil trabajarlo incluso con herramientas simples, y también es muy poroso, lo que asegura que el agua llegue a las plantas en crecimiento. En aquellos lugares donde también había una fuente de agua, el suelo loéssico proporcionó una excelente base para la agricultura temprana. El suelo loéssico también está presente en Europa y fue cultivado por los primeros agricultores de la Europa occidental, la cultura Linearbandkeramik (LBK). Sin embargo, en la Europa occidental, el loess tendía a depositarse en pequeñas áreas muy esparcidas, en lugar de en una llanura gigante, lo que produjo un patrón de asentamiento temprano más disperso. Esto también pudo provocar una tendencia a largo plazo hacia la autoridad política dispersa.

El desarrollo precoz de la burocracia estatal también empujó a China hacia una dirección autocrática. Por lo general, los observadores occidentales se refieren a los Qin (221-206 a. C.) como la primera dinastía que instauró un Estado burocrático en China. En realidad, las raíces de la burocracia china se remontan mucho más atrás. Nuestro primer indicio inequívoco del Estado burocrático proviene de la dinastía Zhou Occidental, que duró desde el año 1047 hasta el 772 a. C. La burocracia Zhou consistía en divisiones administrativas paralelas que contaban con un Gran Secretariado, los ejércitos Sexto y Octavo, un Ministerio y la Casa Real.27 Muchos de los cargos en esta burocracia eran hereditarios, en particular en los periodos iniciales, pero con el tiempo la promoción meritocrática se convertiría en la norma.

En la evolución posterior del Estado chino, el reclutamiento y la administración burocrática se volvieron cada vez más rutinarios en detrimento de los linajes hereditarios. En la Europa occidental los gobernantes adoptaron tras la caída de Roma una política de concesión de tierras a cambio del servicio militar. Estas concesiones solían ser transacciones unidireccionales. Con el tiempo, esto condujo a la creación de una categoría de miembros de la sociedad que disfrutaban de una considerable autonomía. La presencia de este grupo desempeñaría un papel destacado en el desarrollo inicial de las asambleas medievales. En China, las cosas iban en la dirección contraria. Con la perfección de un sistema de examen imperial durante las dinastías Tang y Song, los gobernantes chinos tenían a su disposición un medio de reclutamiento burocrático que no dependía de ninguna red ajena a su control. Ser miembro de la élite significaba entonces ser parte del propio Estado.

los gobernantes islámicos heredaron un estado

Oriente Próximo tomó un camino distinto a la autocracia de China, el cual da muestra de cómo heredar un Estado puede ser perjudicial para la democracia. La democracia temprana prevaleció como principal forma de gobierno en Arabia en el periodo preislámico: los gobernantes gobernaban de forma consensuada por medio de los consejos. Una de sus explicaciones es que, en una sociedad nómada, las personas descontentas con las decisiones de un gobernante podían marcharse a otro lugar. El otro hecho importante es que los gobernantes no tenían nada que se pareciese siquiera ligeramente a un Estado: no tenían burocracia ni fuerza militar permanente. Este es un patrón que veremos también en otras regiones tan diversas como las llanuras de América del Norte y los bosques de África central.

Una forma de interpretar lo que sucedió después en Arabia es que la llegada del islam socavó fatalmente las perspectivas democráticas, pero este punto de vista no encaja muy bien con la historia. Las pistas que tenemos sobre la gobernanza con el mismísimo Mahoma sugieren que operó de forma consultiva por las mismas razones que otros gobernantes árabes: era la única forma de hacer que las cosas funcio­­naran. Esto lo podemos ver en el texto comúnmente conocido como la “Carta de Medina”. En el islam también existe una tradición según la cual los cuatro primeros califas “justos” fueron elegidos de forma colectiva, en lugar de por herencia, y el propio Corán se refiere en dos ocasiones a la necesidad de que los gobernantes gobiernen por medio de la shura, que en árabe significa ‘consulta’.

Fue la rápida herencia de un Estado preexistente –y no el islam– lo que produjo la desaparición de la democracia temprana en Oriente Próximo. A medida que los conquistadores islámicos se expandieron desde Arabia, se encontraron con tierras más densamente pobladas donde la gente practicaba una agricultura intensiva y asentada, un entorno que difería radicalmente del de Arabia. Estas tierras, ubicadas en lo que hoy es Irak, eran parte del Imperio sasánida y, en el siglo previo a las conquistas islámicas, los sasánidas habían logrado crear una burocracia centralizada para recaudar impuestos en una fértil región agrícola que acabaría siendo conocida como Sawad, la ‘tierra negra’. Con esta herencia, y habiendo depuesto al liderato sasánida, los conquistadores árabes cooptaron su burocracia. El resultado fue que, a pesar de las protestas, los califas podían gobernar ahora de manera autocrática sin demasiada necesidad de consultar. La sucesión al califato se convirtió en hereditaria.

La rápida expansión geográfica fue el otro factor que socavó la democracia en Oriente Próximo. La democracia temprana en la Arabia preislámica, como en muchas otras sociedades humanas, tuvo un carácter reducido y presencial, donde los ancianos de los distintos grupos tribales se reunían, hablaban y llegaban a algún tipo de conclusión. El proceso era informal, por la precisa razón de que las circunstancias lo permitían. Con las conquistas islámicas, se planteó la cuestión de cómo gobernar, no en un entorno presencial, sino a través de cientos e incluso miles de kilómetros. Algunos académicos han planteado que, en esta coyuntura, lo que se necesitaba era la práctica que acabaron adoptando los europeos: una forma de representación política que permitiera la gobernanza democrática desde grandes distancias.28 Sin embargo, los europeos necesitaron siglos de ensayo y error para llegar a esta solución; los habitantes del mundo islámico habrían necesitado resolver esto en cuestión de décadas.

Lo último que se debe destacar de la desaparición de la democracia en Oriente Próximo es el importante factor de la contingencia. Los conquistadores musulmanes pudieron heredar un Estado burocrático porque los gobernantes sasánidas de Irak habían desarrollado uno recientemente. Si la expansión islámica se hubiese producido cien años antes –en el siglo vi, en vez de en el vii–, no habría existido ninguna burocracia que heredar. La historia posterior de la democracia en Oriente Próximo podría haber sido muy distinta.

la llegada de la democracia moderna

La democracia moderna evolucionó a partir de la democracia temprana, un proceso que comenzó en Inglaterra antes de alcanzar una mayor extensión –para los hombres blancos libres– en Estados Unidos. La democracia moderna es una forma de Estado donde la participación política es amplia pero episódica: los ciudadanos participan votando a sus representantes, pero solo cada cierto tiempo, y hay pocos medios de control aparte del voto, ya que los representantes no pueden estar sujetos a mandatos o instrucciones.29 Todo esto contrasta con la democracia temprana. En las democracias tempranas, la participación a menudo se limitaba a un pequeño grupo de personas, pero para quienes disfrutaban de ese derecho la frecuencia de esa participación era mucho mayor. También se daba el caso de que aquellos que elegían representantes podían vincularlos a mandatos, y las ciudades podían vetar decisiones centrales o excluirse de ellas. Esto generó un considerable poder de veto y, por tanto, la necesidad del consenso. Por esta razón, había menos problemas con la “tiranía de la mayoría”, mientras que todas las democracias modernas deben lidiar con ellos.

Que la democracia adopte una forma particular se explica en gran parte por las peculiaridades de la historia angloestadounidense. Inglaterra y después Estados Unidos se desviaron del modelo europeo común, y será importante que comprendamos cómo y por qué sucedió esto. También nos ayudará a entender los posibles puntos de fractura de la democracia moderna.

La gobernanza del consejo y la asamblea existió en Europa en los periodos medieval y moderno. En la Europa continental, las asambleas funcionaban del mismo modo observado en las democracias tempranas de otros lugares: los diputados solían estar sujetos a mandatos estrictos y los electores de cada lugar tenían la libertad de rechazar las decisiones centrales. Esto no difiere mucho de la forma en que los hurones de los bosques del noreste americano se gobernaban a sí mismos, y los gobernantes de la Europa continental que intentaron desviarse de este patrón lo consiguieron con limitaciones.

Ya en el siglo xiv, el gobierno por consejo de Inglaterra empezó a parecer muy diferente. Si bien los monarcas ingleses gobernaban de forma conjunta con el Parlamento, también lograron imponer el requisito de que los diputados fueran enviados sin el mandato de sus electores y que las decisiones de la mayoría fuesen vinculantes. La única restricción que los electores podían imponer a los diputados era no reelegirlos. Este modelo británico de diputados sin mandatos se acabaría convirtiendo en la norma para todas las democracias modernas. Ninguna democracia representativa desde finales del siglo xviii ha permitido mandatos explícitos –lo único que se puede intentar son iniciativas informales, como el “Contrato con Estados Unidos” del Partido Republicano en 1994–, y la ausencia de mandatos tiene consecuencias importantes para el futuro de la democracia.30

La ironía de Inglaterra es que fue el poder monárquico el que ayudó a impulsar el alejamiento de la democracia temprana, motivo por el cual la democracia moderna incorpora un elemento de autocracia. Fue por esta razón por la que, cuando el Parlamento hubo asumido la supremacía a partir de 1688, el famoso jurista William Blackstone escribió que tenía “un poder despótico absoluto”.31

Si bien Inglaterra inició el desarrollo de la democracia moderna, tardó más en avanzar en el proceso. Incluso después de lo que se conoce comúnmente como la Ley de Reforma de 1832, solo podía votar una pequeñísima parte de la población total.32 Aquí nos enfrentamos a un enigma: aunque los radicales ingleses del siglo xvii, como los niveladores, concibieron por primera vez el sufragio universal masculino como forma de gobernar una sociedad, sus ideas se implantaron primero en América del Norte y no en Inglaterra. Aunque solemos pensar en 1776 o 1787 como el comienzo de la democracia estadounidense, fue a partir del siglo xvii cuando un sufragio muy amplio –para los hombres blancos libres– se convirtió en la norma en las colonias de Inglaterra en América del Norte.

En la parte británica de la América del Norte colonial arraigó un amplio sufragio masculino, no por unas ideas distintivas, sino por la simple razón de que, en un entorno donde abundaba la tierra y escaseaba la mano de obra, la gente común tenía buenas opciones de salida. Este era el mismo factor fundamental que había favorecido la democracia en otras sociedades. La concesión de derechos políticos y el gobierno compartido fueron consecuencias necesarias, a causa de la débil posición de quienes estaban en el poder. Las empresas mercantiles y otras encargadas del desarrollo de las colonias intentaron, al principio, gobernar de manera jerárquica, pero no duró mucho. Al carecer de capacidad coercitiva y administrativa, fueron enseguida conscientes de que necesitaban gobernar de forma conjunta con las asambleas de colonos. La primera se celebró en Jamestown (Virginia) en 1619.

En la historia sobre la influencia de la escasez de la mano de obra en la gobernanza de América del Norte hay una segunda y trágica derivada que también comenzó en 1619. Las mismas condiciones ambientales que empujaron a los regímenes coloniales a ofrecer derechos políticos a los blancos crearon incentivos para establecer un sistema de esclavitud para los africanos. Que uno disfrutara de derechos políticos o fuese esclavizado dependía de la calidad de tu “opción externa”, como la llaman los economistas. Aparte de aquellos que fueron tomados contra su voluntad –y veremos que estos casos existieron–, los inmigrantes británicos tenían la opción de no ir al Nuevo Mundo. Los africanos que llegaban al Nuevo Mundo no tenían esta opción. Una vez allí, los inmigrantes británicos descontentos con las condiciones que se les ofrecían podían a menudo mudarse a otro lugar, pero los esclavos africanos que intentaban escapar difícilmente podían esperar fusionarse con la población general, y sabemos que, ya en el periodo isabelino, los africanos eran considerados y caracterizados de forma negativa por los ingleses.33 Los derechos políticos para los blancos y la esclavitud para los africanos se derivaron de la misma condición ambiental subyacente a la escasez de la mano de obra. Pasarían trescientos cincuenta años desde 1619 hasta que los afroestadounidenses disfrutaran de forma duradera de los mismos derechos de voto que los demás. Que los afroestadounidenses lograran votar al fin apunta a otra característica de la democracia moderna: precisamente porque se basa en la idea de una amplia participación, los excluidos tienen un argumento muy potente para exigir el voto.

La Constitución de Estados Unidos de 1787 ayudó a avanzar en la transición a la democracia moderna. Lo hizo de un modo sorprendente, ya que purgó muchos elementos de la democracia temprana presentes en las constituciones estatales hasta la década de 1780. A partir de 1787, los representantes ya no pudieron estar sujetos a mandatos o instrucciones, como había sido común en las asambleas coloniales y también en las primeras asambleas estatales. Asimismo, se celebrarían elecciones con menos frecuencia, cuando lo más habitual era celebrarlas cada año, incluso después de 1776. Cada estado, además, estaría obligado a aceptar decisiones centrales en materia de impuestos y de defensa. A diferencia de la democracia temprana, la Constitución permitió la creación de una poderosa burocracia estatal central y brindó una forma de participación política amplia pero solo episódica, y que conllevaba la gobernanza de un territorio muy grande. Todavía seguimos en el proceso de averiguar si este experimento puede funcionar.

puntos de vista alternativos sobre la democracia

Hasta ahora he aportado un relato concreto de la expansión de la democracia temprana y su transformación en la democracia moderna. Sin embargo, hay otros puntos de vista relacionados con el papel de las ideas políticas, la desigualdad y el desarrollo económico.

Ideas políticas

La explicación más directa posible del surgimiento de la democracia es que alguien necesitó inventar la práctica, y los griegos fueron los primeros. Aunque al final la democracia desapareciera en Grecia, su recuerdo no lo hizo y, desde la era medieval en adelante, los europeos occidentales pudieron recurrir a esta tradición griega, así como a una posterior romana. Este argumento tiene dos grandes problemas.

El primero es que algunos pueblos, como los hurones o los tlaxcaltecas, no habían leído nunca a Aristóteles, pero pudieron idear formas de gobierno que a los europeos les parecieron sorprendentemente democráticas. Los miembros de las asambleas germánicas descritas por Tácito tampoco habían leído a Aristóteles.

El segundo problema es que, incluso para Europa, la interpretación de las ideas políticas no funciona igual de bien. Pondré un ejemplo aquí antes de abundar en ello en el capítulo v. Sabemos que las ideas griegas sobre el Estado fueron desconocidas por los europeos occidentales desde algún determinado momento tras la caída de Roma hasta su primera reaparición en las traducciones latinas de la época medieval. El teórico político J. G. A. Pollock sostuvo que el redescubrimiento de las ideas griegas sobre las polis tuvo un profundo efecto en las ciudades-repúblicas independientes del norte de Italia, pero esto no nos ayuda mucho a entender cómo estas surgieron en primera instancia. Sabemos que la primera traducción al latín de la Política de Aristóteles apareció en torno a 1260 d. C., pero la gran mayoría de las comunas italianas se hicieron autónomas mucho antes de esa fecha. Parecería que los ciudadanos medievales tuvieron que reinventar la gobernanza democrática por su cuenta, y es sorprendente que esto sucediera primero en Europa y no en el Oriente Próximo islámico, porque las obras de Aristóteles nunca fueron desconocidas en esa región.

Las ideas sobre la democracia importan y haré hincapié en ello a lo largo de este libro. Pero la simple idea de que los europeos tenían democracia debido a la tradición clásica no resulta convincente. Los europeos promovieron la causa de la democracia incluso en aquellos momentos en que la tradición clásica había sido olvidada, como lo hicieron otros pueblos sin haber descubierto nunca dicha tradición.

Desigualdad

La idea de que la desigualdad es perjudicial para la democracia está profundamente arraigada: en una sociedad dividida entre ricos y pobres, habrá envidias que socavarán la gobernabilidad democrática pacífica. Además, los desposeídos pueden ser más susceptibles a los llamamientos de los demagogos, de modo que la democracia no sobrevivirá mucho tiempo ante una gran desigualdad.

También es lógico pensar que habrá fuerzas poderosas que fomenten la igualdad en una democracia. Puesto que los pobres son más numerosos que los ricos, pueden votar a aquellos candidatos que propongan tomar medidas contra la desigualdad. Esto podría consistir en unos impuestos o políticas de gasto progresivos, como una educación subvencionada por el Estado.

El punto de vista común sobre la desigualdad y la democracia cuenta con menos apoyos de lo que uno podría pensar. La principal prueba de esta afirmación es la Europa occidental durante los siglos xix y xx. En muchos países, la democracia moderna surgió y se mantuvo a pesar de la alta y creciente desigualdad. Al mismo tiempo, la democracia no solía contribuir demasiado, por sí sola, a atajar esa desigualdad y, con el tiempo, las élites fueron conscientes de ello. Mientras que los autores de los “Federalist Papers” estaban obsesionados con el peligro que una república podía entrañar para la propiedad a finales del siglo xix, las élites de la Europa occidental aprendieron a adoptar una actitud más indiferente: ¿por qué preocuparse por el sufragio universal, si eso no se traducía en unos fuertes impuestos o en expropiaciones? Esta conclusión tiene connotaciones positivas y negativas: la democracia puede ser más estable de lo que pensamos frente a una gran desigualdad, pero si lo que preocupa es la desigualdad, la democracia no va a proporcionar, por sí sola, una solución.

Desarrollo económico

Una de las ideas más obstinadas sobre la democracia es que solo puede existir en los países ricos. No es difícil ver de dónde surge esta idea, ya que en la actualidad los países más ricos del mundo son casi siempre democracias. La principal razón que se aduce es que cuando hay menos gente pobre, los demagogos autocráticos tendrán menos público. Los pobres pueden sentir que tienen menos que perder con las alternativas a la democracia, y también pueden estar menos informados sobre el proceso político, o al menos ese es el razonamiento.34

La idea de que el desarrollo económico fue un requisito previo para la democracia la reforzó en gran medida Seymour Martin Lipset, uno de los politólogos más destacados del siglo xx. En 1959, Lipset escribió sobre su investigación de varios indicadores de desarrollo: la renta per cápita, el número de personas por vehículo motorizado y por médico y la cantidad de radios, teléfonos y periódicos. Los datos de Lipset mostraban que a los países que puntuaban más bajo en estos indicadores les resultaba más difícil mantener una democracia estable. Desde que lo escribió ha habido mucho debate en torno a esta conclusión. Algunos creen que el desarrollo sí causa la democracia;35 otros creen que son otros factores subyacentes los que causan la democracia y también el desarrollo.36

El problema de la hipótesis del desarrollo económico es que, si consideramos el surgimiento de la democracia en Europa como un proceso muy largo que se remonta a la época medieval, e incluso antes, entonces debemos recordar que en esos siglos previos Europa no estaba más desarrollada que el resto del mundo; de hecho, a menudo era al revés. Incluso cuando hicieron la transición a la democracia moderna, muchos países eran bastante pobres, según nuestros estándares actuales. Cuando se produjo el advenimiento de la Tercera República Francesa en 1870, Francia tenía el mismo nivel de PIB per cápita que tiene hoy Tanzania.

Extraemos conclusiones con unos matices similares cuando invertimos la relación y preguntamos qué efecto tiene la democracia en el desarrollo económico. El argumento habitual es que la democracia será más favorable al crecimiento porque en una democracia la gente sentirá que su propiedad está más segura. Profundizaré en este tema en el capítulo viii. La evidencia muestra que, cuando comparamos la democracia temprana y la autocracia, cada uno de estos sistemas tenía fortalezas y debilidades en lo relativo al desarrollo económico. Precisamente porque en el gobierno democrático temprano el poder estaba descentralizado, había poco riesgo de que un gobernante central pisoteara los derechos de propiedad. Sin embargo, el poder descentralizado también puede generar barreras de entrada para los nuevos participantes en el mercado y, por esta razón, la democracia temprana pudo ser un freno a la innovación. La República Holandesa es un ejemplo de esto. Si miramos a las autocracias, vemos un patrón inverso: en China y Oriente Próximo, ayudó a crear un mercado muy amplio, a través del cual podían viajar las ideas y las innovaciones, pero el talón de Aquiles de la autocracia fue la inestabilidad. Con un poder centralizado y un Estado burocrático, el riesgo era que los gobernantes pudieran cambiar de pronto las reglas hacia direcciones no deseables.

El enfoque optimista sobre la democracia moderna es que tiene todas las ventajas para el crecimiento de la democracia temprana sin sus inconvenientes. Los gobernantes estarán sujetos a útiles limitaciones, pero hay un gran mercado nacional con menos barreras de entrada. En el capítulo ix, compararé Reino Unido y la República Holandesa para mostrar cómo se podría formular este argumento. Pero si esta comparación nos permite ser optimistas sobre la democracia moderna, la historia de Estados Unidos podría hacernos reflexionar. Estados Unidos, como primera auténtica democracia moderna, ha tenido un mercado nacional integrado y, sin embargo, no han dejado de surgir barreras de entrada como resultado del poder monopolista. En este aspecto, uno piensa tanto en la transición al siglo xx como al xxi.37

el futuro de la democracia

La democracia temprana existió durante miles de años en un amplio conjunto de sociedades humanas: era una institución muy sólida. Una de mis principales motivaciones para contar esta historia ha sido intentar arrojar una nueva luz sobre la democracia moderna. En términos comparativos, la democracia moderna solo lleva existiendo un breve periodo de tiempo. Deberíamos considerarla un experimento en curso y, tal vez, incluso sorprendernos de que haya logrado sobrevivir siquiera. A lo largo de la extensa trayectoria de la historia de la humanidad, las sociedades han estado gobernadas de manera autocrática por alguien que dispuso de una burocracia estatal, o han tenido algo parecido a la democracia temprana allí donde no había Estado, el poder estaba descentralizado y su escala general tendía a ser pequeña. La idea de que se pudiera sostener una democracia en un sistema de gobierno tan grande como las trece colonias estadounidenses, unido a un Estado central, no tenía precedentes. Podemos utilizar las lecciones de la historia para extraer tres conclusiones sobre el futuro de la democracia.

Las nuevas democracias

La primera conclusión está relacionada con las numerosas democracias nuevas que han surgido desde 1989. Existe un gran temor justificado sobre la retracción o el “retroceso” de la democracia hoy en todo el mundo, y las noticias nos brindan un ejemplo tras otro de países que se están deslizando hacia la autocracia. Los politólogos incluso han inventado una nueva categoría para los países que ya no se clasifican como democracias, pero aún celebran elecciones: a estos casos los llaman “autoritarismo competitivo”.38

Para comprender mejor lo que está sucediendo, deberíamos dar un paso atrás. En lugar de centrarnos en los acontecimientos de los últimos años, consideremos el presente desde la perspectiva de 1988, el año anterior a la caída del muro de Berlín. Si dispusiéramos de la mejor investigación politológica del momento y alguien nos preguntara por las posibilidades de que un país como Ghana fuese una dinámica democracia al cabo de treinta años, habríamos dicho que es poco probable. Ghana era demasiado pobre y estaba demasiado dividida étnicamente para sobrevivir como democracia.

Entonces, ¿por qué las predicciones de 1988 resultaron tan equivocadas? La inesperada caída del muro de Berlín sería un gran motivo, pero la reciente ola de democratización no puede atribuirse solo a la desaparición de la rivalidad entre las superpotencias. La lección, más profunda, que ofrece la historia es que, en determinadas condiciones –que ni mucho menos son raras–, la gobernanza democrática surge de forma natural entre los seres humanos. Muchas de las sociedades que hicieron la transición a la democracia después de 1989 habían practicado formas de democracia temprana mucho antes de su encuentro con los europeos. La tecnología de la democracia moderna, con elecciones y partidos, es algo nuevo, pero el principio de la demokratia –que el pueblo debe tener el poder– no lo es.

Hay otra posible lección más en los países que se están democratizando últimamente: así como existió una democracia temprana en lugar del Estado, la democratización desde 1989 ha tenido más probabilidad de sobrevivir cuando el poder inicial del Estado central era débil. Los países africanos cuyas estructuras estatales eran más débiles en torno a 1989 tuvieron más probabilidad de ser democracias en la actualidad, mientras que en Oriente Próximo la persistencia durante siglos de las estructuras estatales coercitivas ha pesado contra la democracia.39

Una última cosa que debemos señalar sobre la expansión de la democracia moderna es que, en muchos casos, las instituciones responsables de la rendición de cuentas electoral se han superpuesto a las instituciones preexistentes de la democracia temprana. Hay motivos para pensar, como ha demostrado la politóloga Kate Baldwin, que, incluso en este nuevo contexto, las instituciones de la democracia temprana pueden seguir proporcionando importantes medios de rendición de cuentas.40

La persistencia de la autocracia

La segunda predicción que hicieron algunas personas sobre la democracia en 1989 afecta a China, y también resultó ser errónea. Algunos se preguntaron si el desarrollo económico impulsado por el mercado conduciría necesariamente a la liberalización política y a que China empezara a parecerse más a Occidente. Se pensaba que, a medida que la sociedad se enriqueciera, el pueblo estaría en una posición más fuerte para exigir la democracia. También se pensaba que el crecimiento solo podría mantenerse con la liberalización política. Ninguna de estas predicciones ha resultado cierta, al menos hasta ahora.

Las lecciones de la historia nos ayudan a entender por qué ha persistido la autocracia en China. Durante el largo periodo de los dos últimos milenios, China fue más rica que Europa, a pesar de que su Estado era autocrático y burocrático, mientras que los gobernantes europeos tenían que gobernar por medio de asambleas. A menudo se le atribuye a la Revolución Comercial de la Edad Media el mérito de impulsar el avance de la democracia temprana, pero veremos que China también tuvo su propia revolución comercial medieval. Esto se asoció con unos niveles más altos de renta per cápita que en la Europa occidental, pero no sirvió para alejar a China de la autocracia, por tanto, ¿por qué deberíamos esperar que el crecimiento chino, en épocas más recientes, vaya a producir un resultado distinto?

El otro hecho clave para comprender el caso de China tiene que ver con el orden de los acontecimientos. La autocracia es una forma muy sólida de desarrollo político si surge antes el Estado. Con esto no estoy diciendo que la experiencia previa con una burocracia estatal haga imposible un cambio posterior a la democracia moderna, ni que la ausencia del desarrollo estatal garantice el de la democracia moderna, solo que es mucho más probable.41 En Europa, el patrón fue muy distinto, ya que las formas de gobierno de la democracia temprana habían existido durante siglos antes de que se desarrollaran las burocracias.42 Al final, en vez de considerar China como una desviación de una vía estándar para el desarrollo político establecida por los europeos, hemos de verla como una vía alternativa para la gobernanza que, además, es muy estable.

El futuro de la democracia estadounidense

Las lecciones de la historia pueden, por último, decirnos algo sobre el futuro de la democracia en Estados Unidos. Según cierto punto de vista, Estados Unidos ha sido una democracia dinámica gracias a la Constitución que nos proporcionaron los padres fundadores, pero, de repente, hemos perdido el rumbo. Lo que pensábamos que eran unas normas inviolables de decoro y decencia han sido quebrantadas de pronto. Al mismo tiempo, la confianza en muchas de nuestras instituciones se encuentra en sus mínimos históricos o los roza. La trayectoria de otras democracias fallidas hace pensar que este es el punto en el que se producen las transiciones a la autocracia. Una mirada más profunda a la historia de la democracia nos revela que aún podemos tener motivos para el optimismo, pero solo si comprendemos lo que ha permitido sobrevivir a la democracia estadounidense: las inversiones continuas para mantener a los ciudadanos conectados con un Estado distante.

La Constitución de 1787 estableció el Estado en un gran territorio, mucho mayor de lo que era habitual en las democracias tempranas, y esto fue parejo a una forma de participación amplia, pero también episódica. Sin embargo, la Constitución no resolvió por arte de magia el problema de la escala. Apenas tres años después de la adopción de la Constitución, el propio James Madison, en un ensayo titulado “Opinión pública”, haría hincapié en que en cualquier república que abarque un vasto territorio es preciso realizar inversiones concretas para garantizar que la opinión pública pueda informarse sobre la administración del Estado. Por tanto, apoyó las iniciativas del Congreso para subvencionar la distribución de los periódicos. Algunos consideran que esto ayudó a estabilizar la república en sus inicios por los mismos motivos, lo cual dio origen al movimiento common school (‘escuela común’).

La lección más general del ensayo de Madison sobre la opinión pública es que en una gran democracia no hay que dar por sentada la idea de que la opinión pública puede mantenerse correctamente informada para confiar en el Estado. Lo estamos viendo hoy en que las democracias más grandes tienden a presentar unos niveles más bajos de confianza en el Estado que las democracias más pequeñas. Lo vemos también en que, en Estados Unidos y otros lugares, los ciudadanos son más propensos a confiar más en los gobiernos locales y estatales que en los centrales, y lo mismo ocurre con los medios de comunicación locales respecto a los nacionales. Al mismo tiempo, también vemos que, si bien una escala grande dificulta el mantenimiento de la confianza, no tiene por qué ser inevitable. Lo que sí significa es que, en una gran democracia moderna, debemos prestar más atención al problema y abordarlo mediante inversiones continuas en la participación ciudadana.

Aparte de por su gran territorio, Estados Unidos también se diferencia de las democracias tempranas por su fuerte Estado central. En las democracias tempranas no había muchas dudas sobre una posible vuelta al autoritarismo, ya que esto solo se podría haber logrado con un poder estatal coercitivo, el cual no existía. Cuando los gobernantes como Felipe el Hermoso de Francia intentaron seguir la senda autoritaria en ausencia de un Estado, se vieron condenados a seguir negociando. Pero ¿qué ocurre hoy con Estados Unidos?

Una posible respuesta es que corremos un gran peligro de deslizarnos hacia la autocracia, porque tenemos un Estado poderoso. La historia apunta a una respuesta más mesurada y sugiere que lo importante aquí es, sobre todo, el orden de los acontecimientos en el desarrollo político. Una vez que los autócratas han construido una poderosa burocracia estatal, es difícil hacer después la transición a la democracia, pero si el Estado –sea su gobierno por consejo o por asamblea– surge primero, y en especial si conlleva acuerdos formalizados que se extienden a un gran territorio, entonces hay más posibilidades de que surja la democracia y sobreviva al desarrollo de una burocracia.43 A través de la práctica de la democracia temprana, los miembros de la sociedad adquieren el hábito de actuar colectivamente, y existe la oportunidad de que los gobernantes y el pueblo se resistan a la autocracia y, en su lugar, construyan de forma conjunta un Estado. En Inglaterra, una larga tradición de acción colectiva ayudó al Parlamento a resistir los intentos de Enrique VIII de legislar por decreto con una burocracia recién creada. Veremos en el capítulo vii cómo este mismo proceso fracasó en Oriente Próximo porque las formas de democracia temprana, adaptadas solo a entornos presenciales, fueron de escasa utilidad para resistir la intrusión autocrática en un sistema de gobierno basado en la escala del califato.

En última instancia, aunque nuestra larga tradición de gobierno colectivo puede ayudar a proteger a Estados Unidos de la autocracia, también debemos distinguir entre la supervivencia de la democracia en general y la de una democracia con la que estemos satisfechos. Si los ciudadanos se sienten cada vez más desconectados y desconfiados, y existe la percepción de que la política democrática está dominada por unos pocos, la supervivencia de nuestra forma de gobierno puede parecer una victoria menor de lo que pensábamos al principio.

1 El pueblo que acabamos conociendo como “los hurones” se llamaba a sí mismo “wendat”. Este relato sobre su gobierno se deriva de los archivos de las Relaciones jesuitas, vol. 10, cap. 7, disponible en inglés en http://moses.creighton.edu/kripke/jesuitrelations/ [consultado el 09/05/21]. Véase una descripción similar temprana de los iroqueses en Colden, 1958.

2 Basado en el testimonio sobre Tlaxcala de Cortés en una carta al emperador Carlos V. Véase el texto en Cortés, 1978.

3 Véase Ober, 2008.

4 Véase Olivier, 1969. Él se refiere a la gobernanza entre los pueblos bantúes, un término que puede adquirir dos significados muy diferentes. En su sentido científico, la palabra se refiere a todas las sociedades que hablan las lenguas de la familia bantú. Este es el caso de todo el sur y el centro de África. En la Sudáfrica de los tiempos del apartheid, la palabra bantú se empleaba para referirse a todos los africanos negros.

5 Sobre la idea de que la democracia es una circunstancia común en las sociedades humanas, véase Goody, 2006 e Isakhan y Stockwell, 2011. Esta idea también guarda una estrecha relación con lo que Roger Congleton (2001) llamó el “modelo del rey y el consejo”. Véanse también Muhlberger y Paine, 1993 y la exploración de la gobernanza colectiva y autocrática en las sociedades humanas a cargo de Blanton y Fargher, 2008 y 2016. Los académicos dedicados a la democracia griega clásica a veces también hacen hincapié en que muchas sociedades no griegas también tenían formas de régimen consultivo. Véase como ejemplo Lane, 2014.

6 El trabajo canónico de donde procede esta idea es de Margaret Levi (1988 y 1997).

7 Abundaré en esta idea en el capítulo iii. Para una explicación formal, véase Ahmed y Stasavage, 2020. Este resultado es una ejemplificación de la idea general de que el acceso diferencial a una información puede crear una diferencia entre la autoridad oficial y la real en el seno de las organizaciones. Sobre esta cuestión, véanse Aghion y Tirole, 1997; Baker, Gibbons y Murphy, 1999, y Barzel, 2002 y 1997.

8 Véanse el argumento original en Blockmans, 1998, y la evidencia empírica en Stasavage, 2010.

9 El argumento que planteo aquí está estrechamente relacionado con el ya expuesto en Mayshar, Moav y Neeman, 2017.

10 Jared Diamond (1997) hizo mucho hincapié en la influencia del entorno natural sobre el desarrollo de los Estados y las sociedades. En lugar de en si se forma o no un Estado, me concentraré en qué tipo de regímenes existen dentro de un Estado. Stephen Haber (2012a y 2012b) ha recalcado hace poco el efecto del entorno sobre el desarrollo de la democracia. Véase Goldstone, 2009 para leer una explicación concisa sobre cómo el entorno natural, y en particular uno poco propicio para la agricultura, influyó en el desarrollo político y económico de Europa.

11 Véase el marco teórico y la evidencia expuesta por Sandra Vehrencamp (1983). Aporto una explicación más detallada sobre esto en el capítulo iii.

12 Esta tendencia a distinguir entre el uno, los pocos y los muchos estuvo muy extendida entre los escritores griegos y no era específica de Aristóteles, aunque sea famoso por esta distinción. Véase un repaso en Hansen y Nielsen, 2004, pp. 80-86.

13 Ibíd.

14 Sabemos esto por los testimonios de los misioneros franceses jesuitas, como se explica en el capítulo ii.

15 Mi relato sobre Mari se deriva de Fleming, 2004, y se trata en profundidad en el capítulo ii.

16 Esta afirmación es de Hansen y Nielsen (2004, p. 84).

17 Aristóteles, 1946, libro IV, cap. 9.

18 Véase en Boserup, 1965, un ejemplo canónico sobre el uso de este término. Como explicaré en el capítulo iii, la agricultura intensiva no implica necesariamente que sea más productiva en términos de la productividad total de los factores (la proporción del producto respecto a todos los insumos, y no solo la tierra).

19 Véanse las tres contribuciones clave de Scott relacionadas con este tema en Scott, 1999, 2009 y 2017. Véase el trabajo de Nichols (2015), que plantea este argumento en relación con la Mesoamérica antigua.

20 Weber, 1978, p. 987. El reciente trabajo de los economistas provee un marco teórico para respaldar la aseveración de Weber. Tim Besley y Torsten Persson (2011) han mostrado que la construcción de capacidad estatal conlleva un importante mecanismo compensatorio intertemporal. Los gobernantes necesitan diferir el consumo actual (los ingresos) con el fin de invertir en el desarrollo de la capacidad estatal.

21 Al centrarme en la fortaleza o la debilidad relativas de los Estados y actores sociales, el análisis que pretendo realizar aquí se relaciona con el de Daron Acemoglu y James Robinson (2019). También debo recalcar que existe una larga tradición académica que sostiene que gobernar de forma conjunta con asambleas representativas permitió a los gobernantes europeos alcanzar unos mayores niveles de extracción de ingresos y de acceso al crédito de lo que habría sido posible de otro modo. En este libro haré hincapié en que esta fue la opción lógica en un entorno de debilidad estatal. En otras regiones, como China y Oriente Próximo, los gobernantes tuvieron otra opción: gobernar mediante una burocracia y prescindir de la necesidad de una asamblea representativa. La fortaleza estatal hizo esta última opción posible, y se relacionaba con unos niveles sustancialmente mayores de extracción de ingresos. A propósito del caso europeo, véanse varios ejemplos en Bates y Lien, 1985; North y Weingast, 1989; Dincecco, 2011, y Stasavage, 2011. Para leer una crítica de esta literatura, véase Boucoyannis, 2015a y 2015b. Sostiene que las asambleas representativas surgieron cuando los gobernantes obligaron a sus súbditos, y en particular a las élites, a asistir a las asambleas y a pagar impuestos. Este argumento encaja bien con mi interpretación del caso inglés, como explicaré en los capítulos v y ix. Sin embargo, también argumentaré que Inglaterra fue una excepción entre las partes europeas en este aspecto.

22 Al hacer hincapié en la importancia de la caída de Roma, iré en paralelo a la reciente contribución de Walter Scheidel (2019), aunque él se centra sobre todo en el efecto de la fragmentación política, mientras que yo lo hago en la debilidad estatal.

23 La figura muestra los ingresos totales estimados en proporción con el PIB y para cuatro Estados distintos: China con la dinastía Song en el 1086 d. C., el sur de Irak con el califato abasí sobre el 850 d. C. y Francia con Felipe el Hermoso sobre 1300 d. C. e Inglaterra con Eduardo I sobre 1300 d. C. La cifra de ingresos correspondiente al califato abasí se basa en los datos aportados en Waines, 1977, donde los cálculos sobre el PIB per cápita son de Pamuk y Shatzmiller (2014), los datos de población de Allen (2017) y los tipos de cambio de Zarra-Nezhad (2004). Allen (2017) reporta una cifra de ingresos ligeramente inferior para el año 846 d. C. que implicaría una tasa de extracción del 6,2%. La cifra de ingresos correspondiente a Francia es de De Swarte (1885, p. 326). Esto incluye una estimación de todos los “cobros extraordinarios” de Felipe, que se pueden considerar impuestos. Felipe también recibió “cobros ordinarios” de aquellos dominios de los que poseía título, los cuales no se incluyen en la figura porque es cuestionable que se puedan llamar impuestos. Si los incluyéramos, entonces tendríamos que deducir los gastos en los dominios reales para hallar la cifra de los cobros ordinarios netos. Si lo hiciéramos empleando la cifra de los cobros ordinarios netos aportados en Swarte, 1885, p. 325, entonces los ingresos franceses serían el 0,54 del PIB, en lugar del 0,49% reportado en la figura 1.1. Si utilizáramos la cifra de los cobros netos reportados en Clamageran, 1867, p. 323, entonces los ingresos franceses serían el 0,73% del PIB –así que aun así seguiría siendo inferior al 1%–. La cifra de los ingresos franceses se expresó en relación con el PIB convirtiendo las livres tournois en plata, empleando el cálculo de la población francesa realizado por Dupâquier (1988) y los datos del PIB francés de Ridolfi (2016). La cifra de ingresos correspondiente a China fue recabada por Jason Qiang Guo, y las fuentes chinas originales se detallan en Guo, 2019. Se acerca mucho a la cifra derivada de forma independiente por Liu (2015, p. 266), así como a la reportada por Golas (2015). Elegí el año 1086 d. C. como la última fecha disponible para que fuese más próxima a los datos ingleses y franceses. En dos ocasiones anteriores el Estado chino Song llegó a recaudar unos ingresos correspondientes al 13% del PIB. La evidencia también sugiere que la dinastía Song no fue la única entre las dinastías chinas que tuvo una alta capacidad para la extracción fiscal. Véase Liu, 2015, p. 45, que compara los impuestos con los Song y con la dinastía que la precedió, los Tang. La única diferencia clave fue que los Song dependieron de unos amplios impuestos indirectos al comercio, mientras que la dinastía Tang dependió exclusivamente de los impuestos directos a la producción. La cifra de ingresos correspondiente a Inglaterra se señala en el conjunto de datos “A Millennium of Macroeconomic Data for the UK” del Banco de Inglaterra, basado en las cifras de ingresos originalmente recabadas por Patrick O’Brien y Philip Hunt (1993). La cifra del PIB proviene de Broadberry, Guan y Daokui Li, 2018, y también se reporta en el mismo conjunto de datos. Disponible en https://www.bankofengland.co.uk/statistics/research-datasets [consultado el 09/05/21].

24 N. del E.: No debe confundirse con Felipe el Hermoso de Castilla, duque de Borgoña, rey consorte de Castilla por su matrimonio con la hija de los Reyes Católicos Juana y que nació unos doscientos años más tarde que Felipe el Hermoso de Francia.

25 Véanse Strayer, 1980, p. 380 y 1970.

26 Véanse los numerosos ejemplos y el orden de los acontecimientos en Strayer y Taylor, 1939.

27 Véase Feng, 2008, p. 89. Véase Glahn, 2016, caps. 1 y 2, a propósito del Estado Zhou, donde se destacan los elementos patrimoniales frente a los burocráticos.

28 Este argumento fue planteado por Patricia Crone (2001, p. 22).

29 Bernard Manin (1997) lo considera una de las principales distinciones entre la democracia representativa moderna y las formas alternativas de gobernanza democrática del pasado.

30 Este argumento lo planteó Manin (ibíd., pp. 163-167). Los casos donde los candidatos hacen promesas explícitas o proponen algún tipo de contrato con los votantes no contarían como mandatos, ya que pueden influir en las expectativas y decisiones del votante, pero carecen de base jurídica.

31 Véase el análisis en el capítulo ix.

32 Véase Biblioteca de la Cámara de los Comunes de Reino Unido, 2013, p. 4.

33 Véanse Vaughan y Vaughan, 1997; Vaughan, 2005, y el análisis en el capítulo x. Véase también Painter, 2010 para conocer la otra cara de la historia: el invento y la celebración de la blanquitud.

34 Véase el enunciado clásico en Lipset, 1959.

35 Véase en Boix, 2011 una afirmación reciente de este punto de vista, respaldado por evidencia econométrica.

36 Véase en Acemoglu et al., 2008 una formulación completa de este punto de vista, así como resultados econométricos que apuntan en esta dirección.

37 Véase Philippon, 2019.

38 Este término fue acuñado por Levitsky y Way (2002).

39 Para plantear este argumento, me basaré en el trabajo de Lisa Blaydes (2017).

40 Véase Baldwin, 2015, así como la evidencia recopilada por Baldwin y Holzinger (2019). Magaloni, Díaz-Cayeros y Ruiz Euler (2019) proveen un análisis específico sobre esto correspondiente a Oaxaca (México), donde la prestación de servicios públicos en algunos municipios está controlada por asambleas tradicionales y, en otros, por funcionarios electos de par­­tidos políticos. De media, las asambleas tradicionales tuvieron un mejor de­­sempeño.

41 Véase Møller, 2015, a propósito de la importancia del orden de los acontecimientos en la dirección contraria. En Europa, las instituciones del consentimiento precedieron al desarrollo del Estado. Véase también Møller, 2014, acerca de cómo esto aseguró que Europa evitara tener un Estado hegemónico.

42 Véase Møller, 2015.

43 Francis Fukuyama (2011) ha recalcado la importancia del orden de los acontecimientos.

ii

La democracia temprana

Un fenómeno generalizado

Cuando hoy nos referimos a la democracia temprana, pensamos en un sistema político donde todos los adultos pueden votar a intervalos regulares en elecciones libres e imparciales en las que compiten múltiples candidatos. Esto es en su mayor parte un acontecimiento del siglo xx. Sin embargo, si pensamos en la definición original de demokratia –la de que el pueblo debería gobernarse a sí mismo o tener el poder–, se nos ocurren otras formas que la democracia podría adoptar. La democracia temprana tenía varias características comunes.

El elemento más esencial de la democracia temprana era que quienes gobernaban necesitaban que sus decisiones tuvieran el consentimiento de un consejo o una asamblea. Incluso en los regímenes más autocráticos, nadie gobierna nunca realmente por sí mismo: tiene que gobernar a través de subordinados a los que puede pedir consejo antes de tomar decisiones. Sin embargo, esto es fundamentalmente distinto de la necesidad de obtener el consentimiento de un consejo o una asamblea compuestos por personas independientes del gobernante, que pueden perfectamente ser sus iguales. Esto era la democracia temprana.

Un segundo elemento presente en muchas democracias tempranas –aunque no en todas– era que los gobernantes no heredaban simplemente su posición: existía algún modo de recabar el consentimiento de los demás para poder ascender al liderazgo. Podía haber algún elemento hereditario que proporcionara cierta ventaja, como la pertenencia a un linaje específico, pero aun así era necesario ser elegido y reconocido como gobernante. Cuando tenemos presente la importancia de la herencia, también debemos recordar el papel que hoy de­­sempeña en nuestras sociedades. Al escribir acerca de lo que para él era el sistema democrático de los nativos americanos de las Grandes Llanuras, Robert Lowie observó que “al igual que el hijo de un Rockefeller o un Morgan tiene mayores posibilidades de llegar a ser un gran empresario que un muchacho del arroyo, también el hijo de un jefe de la tribu cree era más fácilmente aclamado como un hombre valiente de lo que sería un huérfano”.1

Hasta ahora no nos hemos referido al alcance de la participación política en la democracia temprana. En Atenas, hacia finales del siglo v a. C., la participación era muy amplia e involucraba a todos los hombres adultos libres; también era frecuente y activa. Este es un caso excepcional. Aunque hubo pocas sociedades con una participación igual de amplia, hubo otros casos donde la participación era aun así considerable. Al decir esto, hemos de recordar también que en Atenas las mujeres no desempeñaban ningún papel en la política y la población libre poseía esclavos.

El objetivo principal de este capítulo es describir, más que explicar. Detallaré, empezando por la historia democrática de Atenas, las características de cinco democracias tempranas, seguidas de las de cinco autocracias tempranas. Al final del capítulo tomaré en consideración los datos de un mayor conjunto de sociedades: las 186 sociedades de la muestra transcultural estándar (SCCS, por sus siglas en inglés). Dejaré la tarea de explicar por qué algunos de los Estados tempranos fueron democráticos y otros no para los capítulos iii y iv. No obstante, a veces mencionaré características que apuntan a una posible explicación. La democracia temprana era más propensa a prosperar en entornos de pequeña escala, en casos donde los gobernantes carecían del potencial coercitivo que proporciona una burocracia estatal y cuando les resultaba difícil estar al corriente de la producción económica y los movimientos de la población.

el precedente ateniense

Los académicos suelen decir que Atenas tuvo un sistema de gobierno democrático a partir del 508 a. C. gracias a un conjunto de reformas introducidas por un aristócrata llamado Clístenes.2 La palabra demokratia no apareció hasta un tiempo después de esa fecha, ya que Clístenes se refería a la isonomía: leyes iguales para todos.3 La democracia perduró en Atenas, aunque con interrupciones, hasta que Macedonia conquistó la ciudad en el 322 a. C.

Aunque las reformas de Clístenes corresponden a un momento determinado, la democracia ateniense fue el producto de una larga evolución, en las mismas circunstancias de fondo que veremos fuera de Grecia. También es cierto que hubo muchas democracias antiguas en Grecia, además de en Atenas. Aquí me centraré solo en Atenas de entre los casos griegos por la razón práctica de que su historia es la mejor documentada.4

La primera circunstancia de fondo de la democracia ateniense fue el colapso de un orden político centralizado y autocrático anterior. En la Grecia de la Edad del Bronce, los reyes gobernaban los Estados desde sus grandes palacios, a través de burocracias, junto con una élite militar, y estos reinos eran más sofisticados que cualquier otra cosa que hubiese existido en Grecia antes de esa fecha.5 Esta civilización colapsó en algún momento en torno al 1200 a. C. El impacto en Grecia, en el contexto de la desaparición general de la civilización de la Edad en Bronce en el Mediterráneo oriental, fue particularmente acusado. Se vinieron abajo los Estados, al igual que la economía; desapareció incluso la escritura.6 Los habitantes alfabetizados de la Grecia de la Edad del Bronce empleaban un sistema de escritura que hoy conocemos como “lineal B”. Se trataba de un lenguaje cuyo uso estaba restringido a unos pocos profesionales, y probablemente en la burocracia casi de forma exclusiva.7

En los nuevos Estados griegos que surgieron después del colapso de la Edad del Bronce, los gobernantes carecían de burocracias y, en su lugar, se vieron obligados a gobernar mediante la consulta. Podemos ver posibles indicios de esto tanto en la Ilíada como en la Odisea.8 Algunos sostienen que estos dos textos, escritos para narrar los acontecimientos de la Edad del Bronce, llevan la huella de la sociedad en la que fueron redactados, tal como era en torno al 700 a. C. En ellos se cuenta que los griegos pensaban que los cíclopes no estaban civilizados porque no celebraban reuniones, consejos o agorai. En otro ejemplo, los ancianos se reúnen, proponen decisiones y la gente común expresa sus opiniones.9

Atenas se convirtió en una polis que ocupaba toda la península del Ática (unos dos mil quinientos kilómetros cuadrados). Era un tamaño muy grande en comparación con el de la mayoría de las demás ciudades-Estado de Grecia, cuya superficie media era de cien kilómetros cuadrados, pero aun así el territorio gobernado por Atenas era pequeño comparado con otros Estados fuera de Grecia.10 Su geografía compacta favoreció el desarrollo de la democracia temprana en Grecia como lo haría más tarde en otros lugares: antes de la llegada del transporte moderno, el simple hecho de llegar a una reunión podía ser una tarea onerosa.11

Dentro de la polis ateniense, eran los aristócratas que ocupaban sus cargos por nacimiento quienes gobernaban. Había un ejecutivo, elegido de entre la aristocracia, con nueve arcontes que ejercían durante mandatos de un año, así como un consejo, conocido como el areópago, compuesto por los que antes habían sido arcontes.12

Hacia el año 594 a. C., Atenas se enfrentó a una grave crisis económica unida a una lucha de clases. Según la tradición, la élite ateniense nombró a Solón para proponer reformas. Solón abolió el sistema de esclavitud por deudas y creó un nuevo consejo, la bulé (el Consejo de Cuatrocientos), que rivalizaría con el areópago. La bulé preparaba el orden del día para una asamblea de ciudadanos más amplia, conocida como ekklesia. Después de las reformas de Solón, todos los ciudadanos varones y adultos podían participar en la ekklesia, pero solo los ricos podían ser miembros de la bulé.

Las reformas posteriores de Clístenes no solo representaron un cambio político, sino también una profunda reorganización de la sociedad ateniense. Clístenes reorganizó Atenas en 139 demos (divisiones de entre ciento cincuenta y doscientas cincuenta personas).13 Además de pertenecer a un demo, los ciudadanos se asociaban a una de las diez nuevas “tribus” creadas artificialmente, y cada una de ellas mandaba ahora a cincuenta personas, elegidas por sorteo, al Consejo de los Quinientos, que administraba los asuntos cotidianos de la ciudad. Los demos que componían una tribu determinada no procedían, a propósito, de la misma región geográfica del Ática. Esto creó lo que los politólogos llamarían un “clivaje transversal”.

La estructura de las tribus atenienses guarda un parecido asombroso con la estructura de los clanes hurones e iroqueses: uno podía ser miembro del mismo clan que otro sin vivir en la misma localidad. Este modelo transversal parece una buena estrategia para unir mejor a la sociedad.

Un aspecto por el que Atenas está en consonancia con algunas de las democracias tempranas, pero no con otras, era la completa ausencia de las mujeres en la política oficial, incluso al nivel del demo.14 Volveré a la cuestión de la participación política de las mujeres en otros puntos de este capítulo.

La evolución crítica y decisiva de la democracia ateniense tuvo lugar varias décadas después de las reformas de Clístenes. En el 462 a. C. un nuevo conjunto de reformas otorgó a las clases bajas atenienses una mayor influencia dentro de la ekklesia.15 Antes de esa fecha, los tetes, como se los conocía, podían participar de forma pasiva en la asamblea, pero no podían ocupar cargos públicos.16 Ahora su participación era mucho más directa, ya que podían intervenir y acceder a cargos públicos.

Las reformas del 462 a. C. se produjeron en un momento en que la élite de Atenas necesitaba a su pueblo. La lógica de conferir a los tetes una mayor voz política la expuso un observador ateniense que pasaría a la posteridad como “el Viejo Oligarca”. No era un defensor de la democracia, pero la veía necesaria por la siguiente razón:

Es justo que los pobres y la gente común allí [en Atenas] tenga más poder que los nobles y los ricos, porque es la gente común quien se encarga de la flota y da a la ciudad su poder; ellos proveen los timoneles, los contramaestres, los subalternos, los vigías y los carpinteros de ribera; son [todas] estas personas las que hacen que la ciudad sea mucho más poderosa que los hoplitas y los ciudadanos nobles y respetables. Siendo así, parece justo que todos compartan los cargos públicos por sorteo y por elección, y que cualquier ciudadano que lo desee pueda hablar en la asamblea.17

Antes de su enfrentamiento militar con Persia, los conflictos militares de Atenas requirieron en su mayor parte un pequeño número de soldados de infantería pesada, conocidos como los hoplitas. Desde los inicios del conflicto con Persia, la fuerza naval, compuesta por trirremes, cobró mucha más importancia. La armada ateniense requería abundantes recursos humanos: quince mil personas, según un cálculo.18 Aunque buena parte de los remeros eran esclavos, muchos otros procedían de la población libre del Ática.

Atenas pudo ser única, pero las condiciones que dieron lugar a la democracia ateniense no lo fueron: las veremos una y otra vez. La primera fue su pequeña escala. Atenas podía ser grande en relación con otras ciudades-Estado griegas, pero era pequeña comparada con otros vecinos de la región. Además, desde las guerras médicas en adelante, la élite de Atenas necesitó a la población general para el servicio militar, y esto condujo al quid pro quo por el que se ofrecieron derechos políticos a cambio de dicho servicio.19 Al final, la democracia ateniense surgió tras el colapso de un orden autocrático y burocrático anterior.

democracias tempranas fuera del mundo griego

Se dice habitualmente que, en las primeras sociedades cazadoras-­recolectoras, el sistema político natural era una cierta forma de “democracia primitiva”. También es habitual decir que esta práctica desapareció con el invento de la agricultura; lo dijo Robert Dahl en su libro de 1998 La democracia, un texto canónico entre los politólogos.20 En realidad, Dahl se precipitó demasiado al declarar el declive de la democracia temprana: muchas sociedades humanas la mantuvieron mucho tiempo después de dejar de consistir en pequeños grupos de cazadores-recolectores. A continuación, me referiré brevemente a cinco ejemplos de democracia temprana, antes de pasar a los ejemplos de autocracia temprana, y después presentaré los datos de una muestra más amplia de sociedades.

El reino mesopotámico de Mari

Uno de los ejemplos más antiguos de democracia temprana pertenece a la Mesopotamia antigua en el tercer y segundo milenio antes de Cristo. En 1943, un asiriólogo danés llamado Thorkild Jacobsen aseveró que el gobierno por asamblea fue común en Mesopotamia hasta que los gobernantes centralizadores acabaron con ese modelo. Jacobsen no disponía de evidencia directa para respaldar esta afirmación, por lo que se remite a La Epopeya de Gilgamesh, en la cual tiene lugar una conversación entre el rey Gilgamesh y un consejo de ancianos. Se dice que Gilgamesh intentó recabar el apoyo popular en un conflicto con el rey Agga de Kish. Para conseguirlo, presentó su causa ante los ancianos de la ciudad de Uruk, quienes luego la sometieron a consideración en su asamblea. Ellos accedieron a brindarle su apoyo y, según se nos cuenta, el corazón de Gilgamesh “se llenó de alegría y su hígado se dilató”.21

Aunque no hubiera un referéndum popular sobre la resistencia contra Kish, la situación aquí descrita es considerablemente más democrática que si Gilgamesh hubiese intentado gobernar mediante el miedo y la fuerza. El gran problema es que no sabemos si las cosas ocurrieron en realidad de esta manera; puede que ni siquiera existiera el propio Gilgamesh.

Desde la época en que Jacobsen escribió esto ha surgido nueva evidencia que respalda su relato.22 Mari era un antiguo reino que en sus orígenes fue una ciudad, en la actual frontera de Siria con Irak, y que fue durante algún tiempo una posesión del Imperio acadio antes de recuperar su independencia tras la caída de este. Mari perduró como reino independiente hasta que Hammurabi de Babilonia lo invadió y lo destruyó en el 1761 a. C., pocos años antes de que promulgara el código jurídico por el que es famoso.

Aunque los gobernantes de Mari eran reyes, tenían que negociar con cada localidad para recaudar ingresos, y los consejos de la ciudad tenían la responsabilidad colectiva sobre estos impuestos. Estos consejos se limitaban probablemente a la élite, pero, en algunos casos, es obvio que había una participación más amplia.23 Una de las principales formas que adoptaba esta participación eran las ocasiones en que la población de una localidad se congregaba para escuchar un decreto real. El simple hecho de que los llamaran para escucharlo no constituye una democracia temprana, pero hay un segundo ejemplo que se le acerca mucho más. En algunos casos, se convocaba a un gran número de personas de una ciudad para que dijeran con cuánto podían contribuir a las finanzas del Estado central, un modelo de autoridad política real que se entremezclaba con las tradiciones locales de gobernanza colectiva.24

Existe más evidencia de la democracia temprana en Mari procedente de los regímenes que le sucedieron. Un patrón general en Mesopotamia era que, cuando decayó el poder burocrático del Estado central, los gobernantes recurrían cada vez más a los consejos locales para que los ayudaran a recaudar ingresos. Desde el 423 hasta el 404 a. C., durante el reinado de Darío II, hubo lo que se llamó simplemente la “asamblea”, en las zonas urbanas, y la “asamblea de ancianos”, en las zonas rurales.25 Volveremos a ver las fluctuaciones entre la autocracia y la democracia tempranas en el capítulo vii, a propósito de la conquista islámica de Mesopotamia. Los musulmanes conquistaron Irak inmediatamente después de una serie de reformas centralizadoras que habían promulgado los reyes sasánidas, lo cual tuvo importantes consecuencias, ya que los invasores heredaron una burocracia estatal.

La ubicación geográfica y el entorno natural de Mari también favorecieron la democracia temprana, según un modelo al que podríamos llamar “suizo”, donde la democracia sobrevive en lugares apartados. Lo veremos más adelante, en el capítulo dedicado a las antiguas repúblicas en las laderas del Himalaya y las tierras altas de México. En el caso de Mari, no era solo la distancia de las áreas densamente pobladas del sur de Mesopotamia; además se ubicaba en una zona inhóspita para la agricultura. Se ha señalado que, con un suelo pobre, pocas lluvias y escasas posibilidades de riego, se ignora por qué se fundó la ciudad de Mari en primera instancia.26

Las repúblicas de la India antigua

En el 326 a. C., Alejandro Magno intentó conquistar la India y, a medida que avanzó, los miembros de su séquito guardaron testimonio de las diferentes sociedades que se encontraron y cómo se gobernaban a sí mismas. En numerosas ocasiones se encontraron con instituciones que se asemejaban a las ciudades-Estado republicanas que habían existido en Grecia, pero la idea de las antiguas repúblicas indias no duró mucho en la mente de los europeos. Los estudiosos posteriores ignoraron estos relatos al considerar que se trataba de unos forasteros que proyectaban la imagen de las instituciones de su lugar de origen sobre las sociedades extranjeras. El despotismo debió de ser la norma, pensaron.27

No se volvió a hablar mucho más sobre las antiguas repúblicas indias hasta el siglo xx, y esta vez el debate se vio influido por el contexto colonial. Si los indios solo se hubiesen gobernado a sí mismos por medio de la tiranía, esto podría legitimar en cierto modo el dominio británico; si, en su lugar, era la historia de varias repúblicas indias, esto podría justificar la independencia.28

En 1902, un estudioso inglés llamado Thomas Rhys Davids se dio cuenta de que algunos de los primeros textos budistas presentaban la imagen de una sociedad donde las monarquías y las repúblicas convivían codo con codo. Se retrataba el periodo de los siglos vi y vii a. C., es decir, dos o tres siglos antes de lo que vio el séquito de Alejandro Magno. Davids se encontraba en la misma tesitura que Thorkild Jacob­­sen en su relato sobre Mesopotamia: disponía de un texto posiblemente mítico con tentadores indicios de una democracia temprana, pero no había pruebas.

Davids destacó el ejemplo del Sakia, el clan del Buda. Los asuntos del clan se trataban en una asamblea con la presencia de jóvenes y mayores, y debió de incluir el de los impuestos.29 El clan elegía a un único líder, el rajá, para dirigir las sesiones de la asamblea y presidir sobre los asuntos de Estado. Davids pensó que el rajá debía de ocupar una posición similar a la de un cónsul romano: un oficial presidente, pero no un verdadero superior.30 Los mismos textos describen también la gobernanza por asamblea en la aldea, compuesta por todos los cabezas de familia.31 Sin duda, esto se parecía mucho a una democracia temprana.

Desde que Davids lo escribió por primera vez, han salido a la luz otros textos que corroboran sus afirmaciones iniciales, y en 1968 J. P. Sharma llegó a la conclusión de que la idea de la existencia de repúblicas en la India antigua estaba bien fundada.32 Existieron principalmente en las laderas del Himalaya, en el extremo oriental de lo que hoy son Uttar Pradesh y Bihar. Una vez más, la democracia temprana sobrevivió en lugares apartados.

También deberíamos preguntarnos si las mujeres de la India antigua tenían derechos de participación política. Una hipotética asamblea, la vidátha, pudo haber sido una reunión de la aldea que incluía tanto a hombres como a mujeres. Algunos se han referido a esto como “la asamblea popular más antigua” de los pueblos indoarios.33 El problema es que esta afirmación se basa estrictamente en la evidencia escrituraria del Rigveda, y un erudito señaló que había más interpretaciones de la vidátha que estudiosos que hubiesen trabajado en el problema.34 Romila Thapar, una destacada historiadora de la India antigua, planteó que, en lugar de una asamblea, la vidátha era una ocasión ritual para la distribución de obsequios, por lo que no permitía ninguna participación significativa de las mujeres en la política.35

Los hurones de los bosques del noreste americano

Consideremos ahora un caso de democracia temprana en una región del mundo muy distinta y sobre la cual disponemos de mucha mejor evidencia etnográfica. En el año 1609, durante un viaje por el río San Lorenzo, el explorador francés Samuel de Champlain se encontró con un pueblo nativo que sería después conocido por los franceses como los “hurones”, un término que, en el francés de la época, se utilizaba referido a los rufianes. Los hurones se llamaban a sí mismos “wyandotes”. En los años siguientes, los misioneros jesuitas franceses viajaron al territorio de los hurones para intentar convertir a la población al cristianismo. Como resultado dejaron un extenso testimonio que describe a la sociedad hurona, incluido el modo en que se gobernaba a sí misma.36 Gracias a ello, sabemos más sobre la sociedad hurona en el momento del contacto europeo que sobre los iroqueses, sus vecinos del sur, más famosos. Respecto a los iroqueses –que se llamaban a sí mismos haudenosaunee, o ‘gente de la casa larga’–, los mejores relatos etnográficos datan de una época posterior a la introducción de las enfermedades y las armas de fuego europeas.


FIGURA 2.1. Un mapa de Huronia

Los hurones vivían en un territorio compacto en la parte sur del actual Ontario, de unos cincuenta y seis kilómetros de este a oeste y treinta y dos de norte a sur.37 La población estaba dividida en veinte aldeas, aproximadamente, y un mapa antiguo elaborado por los misioneros franceses, mostrado en la figura 2.1, sugiere que a menudo estas aldeas se ubicaban cerca de los ríos, de tal modo que se podía llegar de una aldea a otra en tres o cuatro días.38 Las aldeas no estaban dispuestas de forma centralizada, lo cual es una importante diferencia respecto a los patrones de asentamiento de varias de las autocracias que veremos.

El maíz era la principal fuente de alimento para los hurones, y el resto de las calorías las obtenían mediante la caza y la recolección. Su tipo de agricultura requería trasladar las aldeas cada veinte años, aproximadamente. La sociedad hurona se dividía en cuatro tribus distintas, con ocho clanes diferentes; cada aldea pertenecía a una sola tribu, pero en ella estaban representados múltiples clanes: es el mismo modelo transversal que vimos en las tribus de Atenas.

Las instituciones políticas huronas ejercían la gobernanza colectiva en tres niveles. Para empezar, en cada aldea había varios jefes hurones para los asuntos civiles, uno para cada clan. Estos cargos eran hereditarios, en el sentido de que, por lo general, se derivaban de un linaje concreto. Sin embargo, los miembros del clan decidían a qué miembro del linaje se le otorgaba el puesto y, en la sociedad matrilineal y matrilocal de los hurones, eran las mujeres las que tenían la última palabra. Se entendía que los clanes podían destituir a un jefe en cualquier momento si se consideraba que su desempeño era deficiente. Según todos los indicios, a los visitantes jesuitas les sorprendió la ausencia de un gobierno jerárquico en la sociedad hurona al compararla con Francia, su país de origen. A diferencia del delfín de Francia, los jefes hurones solo accedían a sus cargos si su comunidad los consideraba lo suficientemente cualificados.39

Cada aldea hurona era gobernada por un consejo donde los jefes y un grupo al que los jesuitas llamaban “los Viejos” desempeñaban las funciones más importantes, pero también observaron que “todo el que lo desee puede estar presente, y tiene derecho a expresar su opinión”.40 El consejo de la aldea era responsable de organizar la prestación de servicios públicos, como el mantenimiento de la empalizada que protegía a los habitantes. También organizaba la redistribución de alimentos en tiempos de escasez y resolvía las disputas legales entre los miembros de los distintos clanes.

Por encima del nivel de la aldea, cada tribu hurona tenía también un consejo compuesto por el jefe de una tribu y los de los clanes. Aunque el jefe de la tribu era el supuesto responsable, tenía poco poder coercitivo; no contaba en realidad con subordinados que utilizar con esa finalidad, y los jefes de los clanes mantenían un alto grado de independencia.

El último nivel de la gobernanza hurona era el consejo de la confederación. Aquí también la autoridad central era débil y la norma era tomar las decisiones de forma consensuada. Cada tribu tenía derecho a acatar o no una decisión de la confederación, un principio de unanimidad que veremos en las democracias tempranas europeas, como la República Holandesa. La realidad subyacente era que el centro no disponía de medios de coerción independientes. El establecimiento de los hurones en una región relativamente compacta puede explicar que lograran mantener un sistema de democracia temprana no solo al nivel de las aldeas y las tribus, sino también al de toda la confederación. Habrían bastado varios días de viaje para asistir a las reuniones del consejo.

Muchas personas han sostenido que las mujeres desempeñaron un papel destacado en la política de los hurones, y se cree que también era así en el caso de sus vecinos del sur, los iroqueses. Tanto en la sociedad hurona como en la iroquesa, la madre de un clan nombraba a un jefe que luego era confirmado por los hombres del consejo.41 Bruce Trigger, el estudioso más destacado de los hurones, explicó que este poder de nombramiento no era solo un ritual: las mujeres podían elegir y destituir a los jefes, y lo hacían. Los observadores jesuitas aludieron a las mujeres que rechazaban a un nuevo jefe porque “no esperaban ver más que cabezas rotas” debajo de él.42 En opinión de Trigger, fue el carácter matrilocal de la sociedad hurona lo que hizo esto posible: al vivir desde que nacen hasta que mueren en el seno de la misma familia extensa, las mujeres estaban en una posición más fuerte cuando los hombres se emparentaban con las familias de sus esposas.43 También tenemos indicios claros de la participación política de las mujeres entre los iroqueses. En su clásico relato etnográfico, Lewis Henry Morgan señaló la misma capacidad de las iroquesas para nombrar y destituir jefes, y en otros documentos se alude a las mujeres que celebraban consejos para asesorar a los jefes.44

Entonces, ¿de dónde vino la matrilocalidad, si fue tan trascendental para la participación femenina en la política? En 1884, Friedrich Engels conjeturó que todas las sociedades empezaron siendo matrilineales y matrilocales y evolucionaron de forma gradual en una dirección patrilineal, donde las mujeres estaban subordinadas. Sabemos cómo llegó Engels a este argumento porque se había topado con la obra de Lewis Henry Morgan después de descubrir las notas etnográficas de Karl Marx tras su muerte.45 La hipótesis de Engels sobre el origen matrilocal va en paralelo a lo que otros han afirmado respecto a las deidades en las sociedades primitivas: al principio eran todas femeninas, y poco a poco fueron reemplazadas por las masculinas.46

Algunos antropólogos modernos sostienen que la matrilocalidad surge cuando las mujeres desempeñan un papel importante en la producción de los alimentos y, en el caso de los iroqueses y los hurones, esto ocurrió a través de la agricultura del maíz.47 También hay otra hipótesis: la matrilocalidad es la estrategia de un grupo dominante que se está expandiendo a un territorio con grupos subordinados. En este caso, la matrilocalidad se habría convertido por primera vez en una práctica hace mil años, cuando los hurones y los iroqueses entraron en la región.48

A diferencia de lo relativo a la selección de los jefes, la participación en el consejo oficial, tanto en la sociedad hurona como en la iroquesa, siguió siendo exclusivamente masculina. Lo era en los consejos de la confederación, de la tribu e incluso de la aldea. Los jesuitas franceses dijeron que las huronas tenían la responsabilidad de encender el fuego alrededor del cual se celebraba un consejo, pero, una vez hecho esto, salían y los hombres ocupaban sus lugares.49 Elisabeth Tooker, una destacada especialista en los grupos iroqueses, observó que, todavía en 1961, las mujeres no intervenían en las reuniones del consejo.50 Sin embargo, se dice que en épocas anteriores las mujeres mayores transmitían sus opiniones a la reunión del consejo a través de los asistentes masculinos.51

La república mesoamericana de Tlaxcala

La autocrática Triple Alianza azteca es el sistema de gobierno más conocido de la Mesoamérica del siglo xvi, pero no el único. Al lado de la capital azteca de Tenochtitlán se encontraba una sociedad organizada sobre los principios de la democracia temprana. Los europeos descubrieron Tlaxcala cuando Hernán Cortés entró en su territorio en 1519 y lo describió así:

Tiene en torno la provincia noventa leguas y más. La orden que hasta ahora se ha alcanzado que la gente de ella tiene en gobernarse es casi como las señorías de Venecia y Génova o Pisa, porque no hay señor general de todos. Hay muchos señores y todos residen en esta ciudad, y los pueblos de la tierra son labradores y son vasallos de estos señores, y cada uno tiene su tierra por sí; tienen unos más que otros, y para sus guerras que han de ordenar se juntan todos, y todos juntos las ordenan y conciertan.52

En la sociedad que vio Cortés las personas tenían diferentes estatus políticos, pero también estaba bastante lejos de ser una autocracia. Unas décadas más tarde, mientras redactaba un informe encargado por la Corona española, Diego Camargo acuñó el término “República de Tlaxcala”.

Los estudiosos han podido saber más sobre el sistema político de Tlaxcala gracias a los relatos de la época de la conquista española y los datos arqueológicos.53 Ambas fuentes apuntan a que Cortés tenía razón en términos generales: un consejo de entre cincuenta y cien miembros de la nobleza gobernaba la república, con cuatro gobernantes principales.54 La pertenencia a la nobleza no era estrictamente hereditaria, porque podían ascender a ella personas de cualquier categoría social si proporcionaban un servicio excepcional, y en particular en la guerra. Los tlaxcaltecas sí tenían burocracia, pero también había cierto grado de descentralización en sus acuerdos fiscales. Cada miembro del consejo era responsable de un distrito administrativo llamado teccalli.

Hay otro rasgo de la República tlaxcalteca que la diferencia de los otros ejemplos de democracia temprana considerados aquí. En muchos casos, la democracia temprana surgió cuando varias comunidades locales se unieron para formar una sola entidad, pero precisamente porque el proceso de centralización no se había completado, las autoridades locales pudieron seguir teniendo bastante voz en la toma de decisiones. En Tlaxcala fue distinto: las estructuras tradicionales fueron rediseñadas por completo y, sin embargo, la democracia temprana se mantuvo.55 Esto recuerda al modo en que Clístenes reformó la sociedad ateniense.

El estilo de agricultura que practicaban sus habitantes puede ser una de las razones de la supervivencia de la democracia temprana en Tlaxcala. Los aztecas del valle de México practicaban una forma de agricultura intensiva, con la ayuda del riego, que facilitaba a los gobernantes seguir la pista de cuánto podía producir el pueblo. Las descripciones de la agricultura tlaxcalteca sugieren que esta era más primitiva.56 La severidad y variabilidad de las lluvias pudieron dificultar que los gobernantes conocieran el volumen de producción del pueblo.

El republicanismo en África central

La democracia temprana también existió en muchas sociedades africanas precoloniales, pero a menudo los europeos tardaron mucho en reconocerlo. En 1940, dos antropólogos llamados Meyer Fortes y Edward Evan Evans-Pritchard describieron dos formas de sistema político en el África precolonial: sociedades sin Estado o Estados centralizados.57 En la primera categoría había poca autoridad por encima del nivel de la aldea. La segunda categoría era la autocracia: un gobernante supremo que no era sometido a ningún control sobre sus acciones y que gobernaba por medio de la burocracia.

Antes de Fortes y Evans-Pritchard, un administrador colonial británico, Frederick Lugard, había presentado una imagen aún más descarnada de las autocracias africanas. Parecían haberse convertido en regímenes despóticos caracterizados por un despiadado desprecio por la vida humana. Las víctimas de los holocaustos eran sacrificadas para apaciguar a la deidad o por capricho del déspota. Estos eran los reinos de Uganda y Bunyoro en el este, y los de Dahomey, Ashanti y Benín en el oeste.58

Fortes, Evans-Pritchard y Lugard ignoraban que la democracia temprana pudo haber existido en el África precolonial. Podemos utilizar el trabajo pionero de Jan Vansina, que extrajo lecciones de la tradición oral y llegó a una conclusión distinta sobre los pueblos de la región.59 En toda África central –una región cuyo centro es hoy la República Democrática del Congo–, cada comunidad local era gobernada por una sola persona –un hombre– que, en algunos casos, gobernaba con la ayuda de un consejo de aldea. Los jefes, por lo general, alcanzaban sus puestos mediante la acumulación de riqueza, no por herencia. Los antropólogos se refieren a esto como sociedades del “gran hombre”.60

Una vez que empezaron a formar entidades mayores por encima del nivel de las aldeas, las organizaciones políticas de África central adoptaron dos formas distintas. Algunas evolucionaron en una dirección autocrática, donde una persona gobernaba a través de subordinados elegidos por ella. En otras, los jefes locales lograron resistir a la centralización: estas fueron las democracias tempranas.

Los hablantes de la lengua chiluba, en Kasai –una región al sur de la actual República Democrática del Congo– establecieron un sistema de gobierno llamado lwaba. En este sistema de gobierno republicano, un “gran hombre” era elegido como jefe por sus pares para un mandato de dos o tres años. Se esperaba que, a cambio, él les pagara generosamente.61

El pueblo luimbi, ubicado en la actual Angola, también resistió a la centralización de sus jefes. Los líderes por encima del nivel de las aldeas eran nombrados por un consejo y para un mandato inicial de dos años que podía prorrogarse, pero no más de ocho años.62

Ya en el siglo xv, el pueblo songye, también de Kasai, estableció una “república aristocrática” basada en el sistema de la eata. La población se dividía en dos clases; los de la clase alta elegían a un presidente por un periodo de cinco años. Como en el caso de los hablantes del chiluba, el jefe electo pagaba a sus pares con valiosos objetos. El presidente, que no podía ser reelegido, se iba a vivir cerca de una arboleda sagrada, conocida como eata. Puesto que aún sobreviven varias de estas arboledas, es posible datar la institución, que habría surgido en el siglo xv o xvi.63

La ironía de los tres casos anteriores es que parte de la evidencia etnográfica que los respalda procede de un funcionario colonial que se lamentaba de que el Estado belga hubiese impuesto un sistema de jefes hereditarios en todo el Congo. Auguste Verbeken sostuvo en 1933 que esta ignorancia sobre las instituciones locales ayudaba a explicar por qué los pueblos africanos eran hostiles al control externo, y que tenía más sentido adaptar las normas a las realidades de cada lugar. La costumbre de los colonizadores europeos de convertir en hereditarios los principales cargos públicos no se limitaba a esta parte del Congo, en realidad, ni a este colonizador en concreto.64

Algunas sociedades de África central desarrollaron un sistema donde la autoridad central era hereditaria y pertenecía a un solo clan o linaje, pero incluso en estos casos sobrevivió la democracia temprana. En el reino de Kuba, los jefes centrales disfrutaban de muchos atributos reales, incluidas las ceremonias funerarias que duraban un año entero. No obstante, estaban obligados a que sus propuestas fuesen consideradas por un consejo de nobles que pudiera opinar sobre ellas, y lo hacían agitando sus cinturones arriba y abajo.65 Si bien el consejo central del reino de Kuba era de las élites, dentro de cada aldea la participación era más amplia y contaba con un cacique o kubol, un portavoz y un consejo.66

Hemos visto cinco ejemplos de democracia temprana en regiones tan diversas como Mesopotamia, la India antigua, los bosques del noreste americano, Mesoamérica y África central. Dada esta gran variedad, es difícil sostener el argumento de que la práctica de la democracia fue inventada en un lugar y un momento determinados: en realidad es algo que surge de forma natural entre los seres humanos. Sin embargo, que la democracia temprana surgiera de forma natural no significa que fuese inevitable, y en la sección siguiente veremos que la autocracia también estuvo presente en muchas regiones.

ejemplos de autocracia temprana

En su sentido literal –el gobierno de una sola persona–, el término autocracia resulta inadecuado, ya que, salvo en los grupos humanos más pequeños, nadie gobierna verdaderamente solo. Lo que distinguió a la autocracia temprana de la democracia temprana fue que los gobernantes no tenían que compartir el poder con un consejo o asamblea. En las autocracias tempranas, quienes gobernaban lo hacían por medio de subordinados dirigidos por ellos mismos.

La tercera dinastía de Ur

Comencé la exposición sobre la democracia temprana con el reino de Mari en el norte de Mesopotamia. Aquí me referiré a un reino en el sur de Mesopotamia que se organizó de una manera muy distinta. Si en Mari vimos que el entorno natural dificultaba a los autócratas la imposición de un régimen burocrático, el entorno del sur de Mesopotamia, más propicio, tuvo el efecto contrario.

Al igual que otros reinos de la región, los gobernantes de la tercera dinastía de Ur (2112-2004 a. C.) empezaron con una ciudad y después construyeron un reino más grande. Con él también desarrollaron el Estado más centralizado que ha existido en la región, según lo expresó un académico.67 Los gobernantes de Ur controlaban un territorio dividido en diferentes provincias, con un sistema de administración doble: en cada provincia había un gobernador que respondía ante el monarca y que provenía de una familia dominante en el lugar. Esto, por sí solo, podría haber supuesto un alto grado de autonomía local, pero en cada provincia de Ur había también un general que era un forastero y solo leal al rey.68

La mayoría de las reformas institucionales durante la tercera dinastía de Ur fueron llevadas a cabo por un gobernante llamado Shulgi. Reinó durante cuarenta y ocho años, y su lista de reformas sirve de prototipo de lo que habría que hacer para lograr transformar una sociedad en una autocracia temprana:

1 Crear un ejército permanente.

2 Crear un sistema administrativo unificado.

3 Introducir un sistema tributario para la redistribución.

4 Crear escuelas de escribas para burócratas.

5 Reformar el sistema de escritura.

6 Introducir nuevos procedimientos contables.

7 Reorganizar los pesos y las medidas.

8 Introducir un nuevo calendario.

9 Convertirte en una deidad.69

La ironía de estas reformas es que, si bien comportan un control vertical de arriba abajo, en muchos aspectos también conllevaron el avance de la civilización. La reforma de un sistema de escritura, los nuevos métodos de contabilidad, la capacitación general para los burócratas y un sistema reorganizado de pesos y medidas parecen cosas positivas. Sin embargo, al hacer más legible la sociedad, estas innovaciones también pudieron facilitar el control autocrático.

La Triple Alianza azteca

Consideremos a continuación el caso de los aztecas, donde la autocracia suplantó a la democracia temprana. La Triple Alianza azteca consistía en una confederación de tres ciudades, Tenochtitlán, Tetzcoco y Tlacopan, que dominaban lo que antes habían sido una serie de ciudades Estado independientes.70

Cada ciudad-Estado del Imperio azteca se denominó altépetl. En su forma inicial, estas ciudades eran gobernadas por un rey, el tlatoani, seleccionado por un consejo de nobles compuesto por los familiares del gobernante fallecido. Los tlatoanis ocupaban un gran palacio y disfrutaban de un estatus exaltado, aunque también había elementos de la democracia temprana. Un consejo de nobles ayudaba a los tlatoanis, y hay quien afirma que el gobierno, en el nivel de la ciudad, conllevaba un proceso de negociación entre el rey, la nobleza y grupos de plebeyos. Es posible que esta tradición de gobierno con consejos fuese heredada de otras sociedades anteriores en la región, pero no existe ningún registro histórico que pueda confirmar esta interesante idea.71

El principal impuesto municipal que cobraban los aztecas era de carácter territorial, tasado por hogares, y los plebeyos también estaban sujetos a impuestos laborales. Las comunidades aztecas practicaban una forma de agricultura intensiva con abundante riego. Las mejoras agrícolas como esta ayudaron a mantener una densidad de población que, según se estima, era de entre cien y ciento cincuenta personas por kilómetro cuadrado en la época de la conquista española.72 En este entorno, la salida era más difícil y, en consecuencia, facilitaba la capacidad de los gobernantes para controlar a su pueblo. La Triple Alianza también recaudaba impuestos de cada una de sus ciudades constituyentes. Un documento conocido como el Códice Mendoza (figura 2.2) muestra los impuestos correspondientes a la provincia de Huaxtepec. Las filas de símbolos en la parte izquierda e inferior son las ciudades constituyentes, mientras que en la parte central se representan los tipos y cantidades de bienes recaudados.


FIGURA 2.2. Una sección del Códice Mendoza. Fuente: Smith, 2015, p. 77, publicado originalmente en Berdan y Rieff Anawalt, 1992, vol. IV, pp. 54 y 55

Cuando la Triple Alianza conquistó otras ciudades, el modelo de gobierno se volvió más autocrático a medida que la población local perdía la mayor parte del control sobre sus propios asuntos. Un tlatoani conquistado que mostrara una actitud hostil podía ser sustituido por medio de una intervención externa a favor de otros nobles del lugar que fueran más obedientes. La alianza también estableció un nuevo sistema de provincias tributarias –aparte de los gobiernos municipales existentes– que administraba una burocracia de recaudadores de impuestos imperiales. Según algunas fuentes, esta burocracia consistía en un funcionario en cada cabecera de provincia y uno por cada provincia en la capital imperial de Tenochtitlán. Otras indican que había un recaudador de impuestos imperial en cada pueblo de provincia.73 En cualquier caso, esta burocracia era eficaz, porque, con la ayuda de unos extensos registros fiscales, la recaudación de impuestos no era solo anual, sino que a veces era semestral e incluso trimestral.74

En cada una de las tres principales ciudades aztecas (Tenochtitlán, Tetzcoco y Tlacopan) también había un tlatoani y, en principio, cada uno tenía el derecho de aprobar o rechazar la elección de un nuevo gobernante para las otras dos ciudades.75 En la práctica, Tenochtitlán acabó siendo la dominante.

Ha habido cierto debate sobre la naturaleza del Estado imperial azteca. La tradición más antigua de los estudios aztecas hacía hincapié en una forma de gobierno estrictamente autocrática. Los académicos más recientes sostienen que siguieron existiendo ciertas limitaciones al poder de un gobernante.76 La autoridad suprema del imperio era un órgano compuesto por un consejo interno que incluía a los gobernantes de las tres ciudades principales y a cuatro primeros ministros. Este consejo interno formaba parte a su vez de un consejo externo, al igual que “todos los señores del imperio”. Este tipo de consejo no se caracterizaba por una democracia temprana, porque se refería principalmente a los subordinados burocráticos.

¿Por qué el Imperio azteca evolucionó hacia una autocracia cada vez mayor? La experiencia azteca plantea dos posibilidades a las que dedicarnos en capítulos posteriores. La primera es que la presencia de la burocracia central redujo la ventaja informativa de los productores respecto a los gobernantes centrales de Tenochtitlán. La segunda es que el aumento de las presiones demográficas hizo menos factible la opción de salida.

La experiencia azteca también apunta a otra característica de la democracia temprana que veremos una y otra vez. Antes de la era moderna, cuando las democracias tempranas de pequeña escala sufrieron la conquista externa y se integraron en un Estado mayor, se produjo a menudo una transición hacia un régimen autocrático ayudado por una burocracia. Por alguna razón, la burocracia resultó más fácil de manejar a escala que en la democracia temprana.

Los incas

En el apogeo de su poder, los incas dominaban un área mayor incluso que los aztecas con entre diez y doce millones de habitantes en alrededor de un millón de kilómetros cuadrados.77 En muchos sentidos, el ejemplo inca contradice lo que hemos explicado hasta ahora sobre los orígenes de la democracia y la autocracia tempranas. Aunque la democracia temprana tendía a sobrevivir en los lugares apartados, muchos de esos lugares fueron conquistados por los incas; si bien la imprevisibilidad de los rendimientos agrícolas favorecía a la democracia temprana, los incas dominaban una región donde esos rendimientos variaban mucho de un lugar a otro, debido sobre todo las diferentes altitudes. La autocracia inca prosperó en última instancia porque una burocracia estatal superó estos obstáculos.

Para comprender cómo pasaron los incas de ser un pequeño grupo de agricultores de maíz a gobernar el mayor imperio de América, primero debemos considerar la institución del lugar, llamada ayllu, sobre la cual fue construido su imperio.78 En la época de la conquista espa­­ñola, el ayllu era la estructura comunitaria básica en todos los Andes: una agrupación de alrededor de mil personas que poseían la tierra de manera comunitaria y contraían una serie de obligaciones recíprocas. Los miembros de un ayllu podían estar emparentados o no: lo esencial era que, tuvieran lazos de sangre o no, actuaban como una familia donde todos cooperaban y se protegían mutuamente de los riesgos. Algunos dicen que el ayllu surgió hace miles de años como parte de una adaptación humana a un entorno natural incierto, pero, según otros, surgió durante el periodo preinca a raíz de la formación del Estado.79 En cualquier caso, el ayllu constituyó la piedra angular del Estado inca.

El gobierno del ayllu era la administración central inca, y nos quedaríamos cortos si la calificáramos de organizada. El imperio estaba dividido en cuatro partes administradas por un apu, o señor, y cada una de ellas comprendía provincias de veinte mil hogares administradas por un gobernador de etnia inca nombrado por el centro. Los burócratas ayudaban al gobernador, a los cuales se les habían enseñado el sistema de nudos quipu para llevar un registro de los acontecimientos, las transacciones y otros mensajes.80

El concepto más común sobre la obtención de ingresos en la economía inca es que los gobernantes se servían de una ideología donde la obligación mutua dentro de cada ayllu se aplicaba a todo el imperio. En la práctica, esto significaba que eran las personas las que se trasladaban, en vez de los bienes, para cumplir con sus obligaciones derivadas del sistema de corveas. Más tarde, esto ayudaría a formar la base de los sistemas de mita y encomienda de trabajo forzoso utilizados por los conquistadores españoles. Los incas también reubicaron a un gran número de habitantes: entre tres y cinco millones, según un cálculo.81 Es una cifra asombrosa si se tiene en cuenta que hablamos de una sociedad sin medios de transporte y comunicación modernos, ni siquiera la rueda.

Aunque sabemos que el Estado central inca era autocrático, sabemos menos respecto a cómo el control imperial afectaba a lo que ocurría en cada ayllu. ¿Fue como el caso azteca, donde las ciudades originalmente autogobernadas al estilo de la democracia temprana perdieron este rasgo? El ayllu sigue siendo una destacada institución social en las comunidades andinas hoy en día, y muchos lo señalan como un ejemplo de igualitarismo. Sabemos que el ayllu, en la época preinca, estaba organizado en torno a una figura prominente a la que se veneraba después de su muerte, pero esto, por sí solo, no nos dice gran cosa sobre la gobernanza.

Los cacicazgos del Misisipi

Entre las comunidades de América, la autocracia no existió solo al sur del río Bravo. A principios del siglo xvi, los conquistadores españoles entraron en lo que hoy es el sureste de Estados Unidos. Al hacerlo vieron ejemplos de sociedades misisipianas que diferían radicalmente de los hurones o los iroqueses: se trataba de las sociedades del Misisipi que existían desde alrededor del año 1000 d. C. Los misisipianos construyeron los túmulos que, tras su desaparición, dejaron la huella en el paisaje que tanto impresionó a los posteriores conquistadores europeos. Sus sociedades se caracterizaban por poblaciones sedentarias que practicaban formas de agricultura intensiva, por lo general basadas en el maíz y a menudo ubicadas en valles fluviales densamente poblados. El mayor asentamiento misisipiano conocido, Cahokia, emplazado al este de lo que hoy es San Luis, tenía una población de unos quince mil habitantes.82 Las sociedades misisipianas eran más avanzadas, según los parámetros normales, que los pueblos nativos de los bosques del noreste americano, como los hurones. Su agricultura era más intensiva, sus poblaciones eran mayores y nos han dejado evidencia de un mejor desarrollo artístico. Las sociedades misisipianas también resultaban ser considerablemente más autocráticas.

Los arqueólogos han excavado los túmulos que dejaron los misisipianos para entender mejor cómo estaban organizadas sus sociedades. Desafortunadamente, debido a que los misisipianos no tenían un sistema de escritura, no dejaron ningún rastro directo sobre cómo se gobernaban. Algunas personas quizá infieran que la construcción de túmulos conllevaba una autocracia. Sin duda esto lo motiva el ejemplo del Egipto antiguo, cuando pensamos en el trabajo esclavo utilizado para construir las tumbas faraónicas. Otros sugieren que no nos apresuremos a asumir esta interpretación negativa. Tal vez la población quiso participar en una gran iniciativa, de modo similar a cómo la población de París construyó voluntariamente los Campos de Marte durante la Revolución francesa.83

El problema de esta idea es que la evidencia arqueológica apunta a que los jefes de Cahokia tenían un tipo de estatus exaltado muy desagradable. En un yacimiento que hoy recibe la anodina denominación de “Túmulo 72” se ve a una serie de individuos selectos enterrados con una gran cantidad de abalorios; junto a ellos se encuentran los restos de muchas jóvenes ejecutadas por estrangulamiento o degollamiento.84

Podemos reunir una evidencia más directa sobre las sociedades misisipianas a partir de los relatos de la expedición de Hernando de Soto. Entre 1539 y 1541, durante sus viajes por América del Norte, De Soto y sus acompañantes se encontraron con una poderosa tribu conocida como los coosa. Se cree comúnmente que los coosa vivieron en lo que ahora es el norte de Georgia, en un lugar conocido como el “Pequeño Egipto”.85 Como en el caso de los hurones y los iroqueses, los coosa eran una sociedad agrícola que cultivaba sobre todo maíz. Aparte de esa similitud, todo lo demás era distinto.

Nuestro relato de la expedición de De Soto proviene de un compañero de viaje que pasó a la posteridad como “el caballero de Elvas”. A su llegada, la expedición de De Soto fue recibida por el cacique coosa, llevado en litera por sus varios de sus hombres y rodeado de gente que tocaba la flauta y cantaba.86 Esto, por sí solo, no prueba nada, pero sin duda la exaltación del jefe coosa sugiere que no era un simple primus inter pares. En otros cacicazgos del sureste también era habitual que los gobernantes fuesen llevados de esta manera.

La evidencia arqueológica posterior corrobora la idea de que los jefes coosa tenían un estatus exaltado. En el yacimiento del Pequeño Egipto se encontraron rastros de varios túmulos de plataforma que datan de diferentes épocas. En general se cree que estos túmulos servían para poner de relieve el poder de los gobernantes de los cacicazgos misisipianos. La residencia del cacique se ubicaba en el túmulo, donde llevaba a cabo sus deberes ceremoniales.87

El jefe coosa gobernaba de forma directa un área relativamente pequeña, pero De Soto y sus acompañantes viajaron durante veinticuatro días y se encontraron varias aldeas cuyas poblaciones, se decía, le habían declarado su lealtad mediante el pago de tributos, como maíz y otros bienes. Desafortunadamente, tenemos poca evidencia directa de cómo se gobernaban los coosa porque, a diferencia de los jesuitas franceses en el territorio hurón, Hernando de Soto no tenía interés en escribir relatos de carácter erudito.

El pueblo natchez nos proporciona un último ejemplo que apunta a un régimen autocrático entre los pueblos misisipianos. Los natchez era un pueblo misisipiano tardío, ubicado en el territorio de la actual ciudad homónima, que sobrevivió con su cultura intacta durante algún tiempo después del contacto europeo. Un viajero francés llamado Antoine-Simon le Page du Pratz vivió varios años entre los natchez en la década de 1720, aprendiendo su lengua. Dejó un extenso relato etnográfico de estos viajes en su Histoire de la Louisiane. Le Page du Pratz cuenta lo que sucedió cuando un jefe natchez llamado Stung Serpent cayó enfermo y murió. En su funeral, dos de sus esposas fueron estranguladas y enterradas con él, al igual que su médico, su principal sirviente, su portador de pipa y otros criados.88 Le Page du Pratz no se mordió la lengua al calificar el sistema político de los natchez de despótico.89

Deberíamos considerar la posibilidad de que Le Page du Pratz tuviera una visión sesgada para favorecer los intereses franceses. Algunos observadores han cuestionado esta descripción de la autocracia natchez y dicen que, sobre todo, pretendía impresionar: es posible que los natchez tuvieran unas “maneras autocráticas”, pero no un “régimen autocrático”.90 Es cierto que Le Page du Pratz se refiere en su crónica a un consejo de guerra convocado en una ocasión, pero no hay indicios de que se mantuvieran reuniones periódicas.91 El funeral de Stung Serpent sugiere que las maneras autocráticas de los natchez podían ser a veces muy desagradables.


FIGURA 2.3. El reino de los azande. Fuente: Evans-Pritchard, 1971, p. 170. Reproducido con permiso del propietario de los derechos de autor a través de PLSclear

Los azande de África central

El reino del pueblo zande en África proporciona un claro ejemplo de régimen autocrático en el África central precolonial.92 Al igual que vimos en Mesoamérica, en el África central precolonial convivieron las democracias y autocracias tempranas. Un rey zande elegía a los administradores de su territorio y no estaba sujeto a ningún principio o práctica de consentimiento. Por lo general, los reyes nombraban a sus primogénitos gobernadores de una provincia, y también había una considerable corte central que incluía a burócratas y guerreros.93 Esta corte subsistía con los alimentos que la población entregaba como tributo. Los reyes azande celebraban audiencias públicas, pero su fin era transmitir el poder real, no obtener el consentimiento. Los reyes no eran estrictamente hereditarios, pero tampoco eran elegidos mediante ningún tipo de proceso consensual: cuando un rey moría, los gobernantes de cada provincia se convertían en reyes por derecho propio, lo que solía provocar una lucha violenta entre ellos.

Podemos saber más sobre los azande echando un vistazo al diagrama de la figura 2.3. El trazado geográfico del reino –dibujado por Edward Evan Evans-Pritchard– refuerza la idea de autocracia. La “R” en el centro representa la corte real, mientras que las “G” señalan las cortes de los gobernadores regionales nombrados por el rey. Los vínculos entre las distintas cortes representan caminos despejados en el bosque. La responsabilidad de que los caminos estuviesen siempre despejados era responsabilidad de los gobernadores regionales, y para su mantenimiento se utilizaban postes manejados con los pies para apisonar la hierba alta. En la situación representada en la figura, todos los caminos conducen al rey, de modo que, a menudo, los gobernadores tenían que pasar por la corte del rey para poder visitar a otros gobernadores.

una visión más amplia de la democracia y la autocracia tempranas

Para ir más allá de las democracias y autocracias tempranas vistas hasta ahora, podemos servirnos de los datos etnográficos de la muestra transcultural estándar. En las décadas de 1960 y 1970, un grupo de antropólogos dirigido por George Peter Murdock desarrolló dos grandes bases de datos de las culturas del mundo. Emplearon los relatos etnográficos existentes para crear un registro de las prácticas culturales, económicas y políticas de las diferentes sociedades. La política no era el interés principal de este grupo, pero le dedicó cierta atención al tema. Codificaron un pequeño conjunto de prácticas políticas que representaban a más de mil sociedades en el Atlas etnográfico de Murdock, así como otro más extenso para las otras 186 sociedades. Este segundo grupo es el denominado muestra transcultural estándar o SCCS.94 Cada sociedad incluida en ella es representativa de una microrregión concreta, y el propósito es comparar las sociedades que evolucionaron de forma independiente. La correcta codificación de las prácticas de un número tan grande de sociedades diferentes es una tarea abrumadora incluso para un grupo de investigadores expertos, por lo que deberemos tener en cuenta que puede haber errores de medición en la SCCS, pero aun así es muy útil como indicador de las tendencias generales.

Para cada sociedad, los antropólogos establecieron un punto específico en el tiempo, en función del año en que se había llevado a cabo el principal trabajo etnográfico. Las fechas señaladas varían mucho: desde los relatos españoles del siglo xvi sobre los incas y los aztecas hasta una descripción del pueblo yanomami en el Amazonas a partir de 1965. La mayor parte de la evidencia data de finales del siglo xix y las primeras décadas del xx, por lo que no deberíamos pensar que este conjunto de datos solo tiene en cuenta las sociedades “tempranas”.

Debido a que muchas de las sociedades de la SCCS fueron estudiadas después del contacto europeo, algunas personas podrían preguntarse si las prácticas democráticas observadas fueron importadas por los europeos o desde Europa. La evidencia lingüística no lo corrobora: las sociedades que habían adoptado más palabras extranjeras en su idioma no eran más propensas a tener un gobierno por consejo.95 Otra forma de enfocar este problema es centrarse solo en las sociedades con fechas señaladas más tempranas, y me referiré a esto a continuación.

Una primera cosa que nos pueden decir los datos es cuándo y dónde existió alguna forma de gobernanza. En el 6% de las sociedades no había gobernanza por encima del nivel del hogar: cada familia se defendía por sí misma. En el 38% de las sociedades había gobernanza al nivel de la comunidad, pero no por encima. En la práctica, esto significaba que los grupos de entre unos pocos centenares y unos pocos millares funcionaban de forma independiente. Por último, en las sociedades restantes –poco más de la mitad– existía alguna forma de Estado central que unía a las distintas comunidades.


FIGURA 2.4. Gobierno por consejo en todas las regiones. Basado en los datos de la muestra transcultural estándar, como se explica en el texto. En las sociedades marcadas con un aspa había un gobierno por consejo de ámbito local o central. En las marcadas con un círculo, no había gobierno por consejo. Se muestran las fronteras de país modernas para ayudar a identificar la ubicación

Los datos también pueden decirnos si el gobierno consistía en una persona que gobernaba por su cuenta a través de subordinados o si lo hacía, en cambio, por medio de un consejo. En las sociedades con distintas comunidades y un Estado central, los consejos podían ser de ámbito municipal, central o ambos.96 Recordemos que en la democracia temprana de los hurones había consejos para cada comunidad y también para toda la confederación. En la democracia temprana del reino de Mari había consejos para cada ciudad, pero no de carácter central. Estas eran dos variantes distintas de la democracia temprana.

La figura 2.4 es una muestra visual de la democracia y la autocracia tempranas en todo el mundo. Las aspas señalan aquellas sociedades donde había gobierno por consejo de ámbito comunitario, central o ambos: estas son las democracias tempranas. Las otras sociedades son aquellas donde no había consejo: las autocracias. Estos hallazgos refuerzan las conclusiones del resto de este capítulo. La democracia temprana estaba muy extendida en las sociedades humanas.

El otro patrón claro del gobierno por consejo, que no se muestra en la figura 2.4, es que era más común en el nivel comunitario. El gobierno por consejo estuvo presente en poco más de la mitad de los casos en el nivel comunitario, pero solo en el tercio de los casos en el nivel central.97 Una vez más, vemos que la democracia temprana era más común en los entornos de pequeña escala.

Los investigadores que recopilaron la muestra transcultural estándar no dedicaron mucho tiempo a analizar lo que habían descubierto sobre la organización política. Uno de los posibles motivos es que su principal interés era establecer que las diferentes sociedades se podían organizar a lo largo de una única vía evolutiva, desde las más simples hasta las más complejas. La historia de la democracia y la autocracia tempranas se alejan de una única vía evolutiva, y presenta dos trayectorias de desarrollo político muy distintas, como posteriormente pusieron de relieve los antropólogos Richard Blanton y Lane Fargher.98

Participación política

Eran pocos los consejos de las sociedades de la SCCS donde la participación fuese tan amplia como en la ekklesia ateniense, pero distaban de ser un mero asunto de la élite, en particular en el ámbito local, donde, según una estimación, en dos tercios de los consejos había una base amplia de participación comunitaria.99 Los datos también proporcionan evidencia sobre cómo eran elegidos los gobernantes, pero codificar esto es una empresa complicada.100 En lugar de clasificarse con claridad en dos grupos –uno basado en las elecciones y el otro en la herencia–, las prácticas de muchas sociedades se situaban entre los dos casos: las decisiones se tomaban sobre la base de un consenso informal.

Merece la pena dedicar más tiempo a la cuestión de la participación política de las mujeres en las sociedades de la SCCS, porque sabemos mucho menos de ella que respecto a los hombres. El sesgo puede haber llevado a quienes escribieron los primeros relatos etnográficos a no interesarse por ella. La participación política femenina también pudo ser de carácter informal y, por tanto, ser más difícil de distinguir para los forasteros. Aquí debemos recordar que entre los hurones y los iroqueses las mujeres desempeñaban un importante papel indirecto en la política, pero no participaban de forma directa en las deliberaciones del consejo. La evidencia de la SCCS aporta cierto fundamento a esta idea: si se amplía la definición de participación política femenina de modo que incluya su influencia indirecta, son más las sociedades que presentan esta característica.101

Un argumento de toda la vida es que, cuando las mujeres desempeñaban un papel destacado en la producción de alimentos, era menos probable que las marginaran en los acuerdos sociales generales. Los antropólogos han sostenido que el control femenino de la producción de alimentos fue un factor importante en los orígenes de la matrilocalidad (el traslado del esposo al lugar de la familia de la esposa) y el matrilinaje (la herencia por la línea femenina).102 Como vimos antes, esto concuerda con el caso de los hurones y los iroqueses, pero estas sociedades también fueron una de las inspiraciones originales de este argumento. Para valorarlo debidamente, necesitamos una evidencia más amplia, y aquí hay menos apoyo: la contribución promedio de las mujeres a la subsistencia en las sociedades de la SCCS era solo ligeramente mayor en los casos donde las mujeres participaban en la política.103

Aparte de la producción de alimentos, otra forma en que las mujeres pudieron haber adquirido influencia política fue luchando en las guerras. Sabemos que en escenarios tan diversos como la Atenas antigua y la Europa del siglo xix la participación militar tuvo ese efecto para los hombres, por lo que quizá pudo ser igual para las mujeres. Consideremos el caso de las amazonas, las guerreras que los griegos pensaban que vivían al norte del mar Negro. Heródoto narró un enfrentamiento donde un grupo liderado por hombres, los escitas, quisieron desposar a las amazonas, pero ellas respondieron en los siguientes términos:

Nosotras no podríamos convivir con las mujeres de vuestro país, pues no tenemos las mismas costumbres que ellas. Nosotras manejamos arcos, lanzamos venablos y montamos a caballo, y no hemos aprendido las labores propias del sexo femenino.104

Aunque a menudo ha sido criticado por sus historias fantasiosas, Heródoto no se equivocaba aquí. La evidencia arqueológica moderna indica que las mujeres participaron en la guerra en la estepa centroasiática. Lo sabemos por los restos de mujeres que fueron enterradas con numerosas armas y cuyos esqueletos presentan a menudo señales de heridas de guerra. La prevalencia de piernas arqueadas en estas sepulturas apunta a que se pasaron toda su vida sobre la silla de montar, y las mujeres enterradas con armas constituyen más del tercio en algunos yacimientos específicos.105

También tenemos evidencia procedente de las sagas centroasiáticas de que las mujeres guerreras desempeñaron un papel directo –e incluso dominante– en el gobierno. Según una de las sagas de los nartas acerca de un pueblo conocido hoy como los circasianos, la organización original de la sociedad era matriarcal antes de convertirse en patriarcal:

En los viejos tiempos, existía el Consejo de las Matriarcas, formado por mujeres maduras, sabias y con visión de futuro. El consejo trataba los problemas cotidianos de los jóvenes nartas y promulgaba leyes y costumbres que los jóvenes debían cumplir en su vida mundana. Los miembros del consejo se servían de su dilatada experiencia y su perspicacia para la formulación de los edictos pertinentes.106

Se dice que el Estado matriarcal de los circasianos terminó cuando la reina de las amazonas puso fin al conflicto con los hombres circasianos al casarse con el príncipe de estos. Después, aconsejó a sus seguidoras que hicieran lo mismo.

La evidencia funeraria no nos ayuda mucho a saber si alguna vez existió tal Consejo de Matriarcas, pero aunque no hubiese existido nada parecido deberíamos preguntarnos por qué el autor de la saga sintió la necesidad de inventarse esa parte de la historia. Del mismo modo que antaño se creía, erróneamente, que los cuentos griegos sobre las amazonas eran puros mitos, no deberíamos precipitarnos al juzgar este caso.

Hay otra conclusión fundamental que podemos extraer de la SCCS: al igual que la propia democracia temprana, la participación política femenina era mucho más destacada en las sociedades de menor escala. Con cada uno de los sucesivos peldaños de la gobernanza –desde los hogares que se defendían por sí mismos hasta la gobernanza de la comunidad local y la aparición de un Estado central– la participación femenina en el gobierno se hizo menos visible.107 Casi parece que la invención de la política supuso la exclusión de las mujeres.

Desigualdad

Una última pregunta que tal vez debamos hacernos es si la democracia temprana tenía unos niveles de desigualdad económica más bajos que las autocracias. Hasta ahora, los escritores que trabajan en los Estados tempranos se han centrado, por lo general, en la pregunta previa: si la existencia de alguna forma de Estado determina el nivel de desi­­gualdad de una sociedad. El punto de vista recibido es que el establecimiento de un orden central produce estratificación social. Algunos señalan que la creación de un orden político entre los seres humanos es, inevitablemente, una historia de desigualdad y sometimiento: una imagen bastante deprimente.108

Un primer enfoque sobre la desigualdad es consultar las medidas de “estratificación social” que los antropólogos han elaborado. Los datos de la SCCS respaldan el punto de vista recibido sobre la relación entre la gobernanza central y una mayor estratificación, y los resultados son sorprendentes. Entre las sociedades sin ningún tipo de gobernanza por encima del nivel comunitario, el 63% no tenía estratificación social, frente a solo el 13% de las sociedades con gobernanza central. Esta es una gran diferencia. En cambio, si consideramos la estratificación social en sociedades con y sin consejos, vemos que la diferencia entre estos dos subgrupos es mucho menor.109 Se desprende que los Estados centrales se asociaban a la estratificación, pero su forma de gobierno –democrática o autocrática– influyó mucho menos.

Para entender mejor la conclusión sobre la gobernanza central, debemos observar más de cerca cómo se construyó la medida SCCS de estratificación social.110 En el conjunto de datos, las sociedades son codificadas como estratificadas cuando tienen una “amplia diferenciación de estatus ocupacional” o, dicho con otras palabras, gente que trabaja en cosas distintas. La existencia de múltiples tipos de trabajo apunta a una sociedad más compleja, pero no nos dice nada sobre cuánto variaba en realidad el estatus de las personas con diferentes ocupaciones. Tampoco nos dice nada acerca de si era posible que una persona cambiara de ocupación. Cabe recordar aquí que la República de Tlaxcala estaba estratificada, pero también había una importante movilidad social.

Para tener una mejor visión sobre la desigualdad es posible que debamos mirar más allá del SCCS. Un grupo de antropólogos y arqueólogos propuso recientemente una nueva e ingeniosa medida de desigualdad de la riqueza. Al carecer de mediciones directas de la riqueza, utilizan las medidas de dispersión de los planos de planta de las casas.111 El coeficiente de Gini para esta distribución –que adquiere un valor de cero cuando hay una igualdad perfecta y de uno cuando hay una desigualdad perfecta– sirve, por tanto, como medida indirecta de la desigualdad de la riqueza.112

Los datos de los planos de planta de las casas apuntan a una enorme variabilidad en la desigualdad de la riqueza en las sociedades antiguas. En el yacimiento de Teotihuacán, en Mesoamérica –una sociedad que vivió aproximadamente un milenio antes que los aztecas– el coeficiente de Gini para la dispersión del tamaño de las casas era de 0,12, un valor sumamente bajo. Si el coeficiente de Gini para el tamaño de las casas se traduce directamente en la riqueza, esto supondría un nivel de desigualdad muy inferior al observado en cualquier economía de mercado moderna. La situación no podría haber sido más distinta en el Imperio Medio del Egipto antiguo, donde, en un yacimiento, el coeficiente de Gini para la dispersión del tamaño de las casas era de 0,68, una cifra más cercana a los niveles de desigualdad de la riqueza en las actuales sociedades europea y estadounidense. Esto es extraordinario, dado el nivel de desarrollo del Egipto antiguo; en una sociedad muy pobre, la desigualdad tendrá un techo natural siempre y cuando no se cobre a la población unos impuestos que la sitúen por debajo del umbral de subsistencia.113 A medida que se enriquece una sociedad, aumenta el nivel máximo posible de impuestos.

La comparación entre el Egipto antiguo y Teotihuacán también plantea la pregunta de si el modelo de gobernanza influyó en el nivel de desigualdad de la riqueza. El Egipto antiguo era una autocracia, y aunque los arqueólogos no saben con exactitud cómo se gobernaba Teotihuacán, muchos piensan que no era una autocracia.114 Los arqueólogos que han recopilado los datos de los planos de planta de las casas también han codificado las diferentes sociedades en función de si su régimen era colectivo o autocrático. En el conjunto de sociedades mesoamericanas, la gobernanza colectiva se asoció nítidamente con una menor desigualdad de la riqueza.115 Por tanto, esto es un indicio de la clara relación entre la democracia temprana y una menor desi­­gualdad, pero debemos considerarlo parcial y preliminar.

conclusión

Hemos visto que la democracia temprana estaba muy extendida en las sociedades humanas; de hecho, era tan común como la autocracia. Que los seres humanos fuesen gobernados de estas dos formas tan distintas a lo largo de varios milenios y en múltiples regiones del mundo debería llevarnos a una conclusión clara: no había un único camino común de desarrollo político. También deberíamos prescindir de la idea de que la democracia fue inventada en un lugar y un momento concretos antes de extenderse a otras partes. Más bien, la democracia parece ser algo natural entre los seres humanos, aunque no sea ni mucho menos inevitable. Hasta ahora hemos visto indicios de que la democracia temprana tenía más probabilidades de sobrevivir en entornos de pequeña escala, en ausencia de burocracias estatales fuertes y, por último, en ausencia de muchos desarrollos tecnológicos que solemos asociar con la civilización. Ahora podemos explorar a fondo lo que llevó a las sociedades por el camino de la democracia temprana o por el de la autocracia.

1 Véase Lowie, 1954, p. 112.

2 Véase en Hansen, 1986, el debate sobre cuándo apareció por primera vez la palabra demokratia. Véase en Hansen, 2006 un enfoque más general de la polis griega.

3 Véase Raaflaub, 2007, p. 112.

4 Véase un estudio en Robinson, 2011 y 1997.

5 Véase en Ober, 2015, p. 125 una descripción concisa de estos Estados y su ascenso y caída.

6 Ibíd., pp. 126 y 127. Véase en Cline, 2014 el contexto más general en todo el Mediterráneo y Oriente Próximo.

7 Véase Carpenter, 1957.

8 Aquí me baso en los puntos de vista de Raaflaub (2013, pp. 85 y 86). Véanse también Raaflaub, 2004 y Ober, 1989, p. 55.

9 Citado en Raaflaub, 2013, p. 85.

10 Véase Hansen, 1991, pp. 55-58.

11 Deberíamos tener en cuenta también que, en términos de población total, Atenas era varias veces mayor que cualquier otra polis de Grecia, con una población máxima de alrededor de trescientos mil habitantes en el 431 a. C. Véase Hansen y Nielsen, 2004.

12 Los clasicistas han discrepado sobre la importancia relativa de estos dos órganos. Véase Ober, 1989, p. 57 a propósito del debate.

13 Sobre los demos del Ática, véase Whitehead, 1986.

14 Ibíd., p. 77.

15 Véase una explicación detallada en Raaflaub, 2007.

16 Ibíd., p. 149.

17 La cita (en inglés) es de Raaflaub (ibíd., p. 123). Aristóteles adoptaría más tarde un punto de vista similar. Véase en Andreski, 1968 un argumento más general sobre la organización militar y la desigualdad social. Él argumenta a favor de un vínculo entre estos dos rasgos en muchas sociedades, al igual que Ferejohn y Rosenbluth (2017), que se centran en la participación en la guerra y la democratización.

18 Garland, 1987, p. 68.

19 Ferejohn y Rosenbluth (2017) han hecho hincapié en la importancia de este caso.

20 Véase Dahl, 1998, pp. 10 y 11.

21 Anónimo, 1994. Véase Jacobsen, 1943.

22 Véanse más detalles en Durand, 2003; Fleming, 2004; Seri, 2004; Evans, 1958, y Yoffee, 1995. Véanse también Bailkey, 1967 y Barjamovic, 2004.

23 Véase Fleming, 2004, p. 233.

24 Véase ibíd., en particular las pp. 60, 138 y 165-171.

25 Véase el extenso análisis en Kleber, 2017. Esta observación particular sobre las asambleas corresponde a la p. 704 de su contribución.

26 Véase Fleming, 2004, p. 6.

27 Véase en Thapar, 1984 un recuento de las diferentes formas en que ha sido retratada la historia india temprana. Muhlberger (2008) aporta un repaso de la democracia en la India antigua.

28 En su libro de 1968 sobre el tema, J. P. Sharma observó que el contexto político impidió a veces la objetividad académica.

29 Davids, 1922, p. 199.

30 Ibíd., pp. 17-19.

31 Ibíd., p. 20.

32 Romila Thapar (1984) llegó a las mismas conclusiones sobre la importancia de las asambleas, basándose en parte en la evidencia de Sharma.

33 Sharma, 1952.

34 Sharma, 1965.

35 Thapar, 1984, p. 55.

36 Jesuit Relations. Véase también Gendron, 1660 y las referencias en Heiden­­reich, 1978.

37 Este cálculo es de Trigger (2002, p. 15).

38 Ibíd., pp. 15 y 16. El mapa está disponible en https://www.oashuroniachapter.com/p/archaeologists-in-huronia.html [consultado el 11/05/21].

39 Relaciones jesuitas, vol. X, parte II, cap. 6, pp. 231-233.

40 Ibíd. Elisabeth Tooker (1991, p. 48) afirma que los jóvenes de entre veinticinco y treinta años no participaban, a menos que fuese un consejo general, en cuyo caso se hacía un anuncio especial.

41 Tooker, 1991. Véase también Tooker, 1984.

42 Véase Relaciones jesuitas, 17, p. 161.

43 Véase Trigger, 2002, pp. 141 y 142.

44 Morgan, 1851. Véase también Morgan, 1985 y Tooker, 1978.

45 Véase Engels, 2010, cap. 2. Véase también Marx, 1974.

46 Véase Stone, 1976.

47 Véanse Trigger, 1978a-b y Hart, 2001.

48 Véase el caso iroqués en Snow, 1994, p. 15 y el argumento más general en Divale, 1974 y 1984.

49 Véase Relaciones jesuitas, 10, p. 175.

50 Tooker, 1991, p. 48, que cita a Shimony (1961, p. 89).

51 Trigger (2002, p. 87) hace hincapié en esta cuestión, y dice que, por su posición dentro de la familia, las mujeres mayores podían asegurarse de que los asistentes masculinos al consejo transmitieran sus opiniones.

52 Cortés, 1978.

53 Aquí me basaré en el trabajo de Fargher, Blanton y Heredia Espinoza (2017a) y Fargher, Heredia Espinoza y Blanton (2011), que han hecho un gran trabajo para defender que Tlaxcala era gobernada de manera colectiva. Véase también el trabajo anterior de Gibson (1952).

54 Fargher, Blanton y Heredia Espinoza, 2010, p. 238. El grupo que llegó a ver Cortés era de cincuenta personas, pero quizá era solo una parte del consejo.

55 Véase Fargher, Blanton y Heredia Espinoza, 2017a.

56 Gibson (1952, p. 148), que trabajó con evidencia posterior a la conquista, apunta que “una agricultura simple y doméstica, con pocos cultivos y las herramientas más rudimentarias, constituía la economía de subsistencia para la mayor parte de la población india durante el siglo xvi”.

57 Fortes y Evans-Pritchard, 2016.

58 Lugard, 1922, pp. 75 y 76.

59 Al decir esto, debo señalar que los elementos de la democracia temprana no eran específicos de África central. También existían en el este de África (véase Legesse, 2000), así como en el sur (Olivier, 1969) y el oeste. Véanse Wilks, 1975 y McCaskie, 1995 a propósito de la gobernanza mediante consejos entre los asantes.

60 Vansina, 1990, p. 75. La formulación clásica sobre las sociedades del “gran hombre” sigue siendo la de Sahlins (1963).

61 Esto se explica en Vansina, 2004, p. 234. La fuente original de esta observación es el relato coetáneo de Auguste Verbeken (1933). A propósito de la evolución política de Kasai, véase Vansina, 1998.

62 Véase Vansina, 2004, p. 247. Él conjetura que la periodicidad observada aquí dependía del momento de iniciación en el grupo de varones adultos.

63 Esto se plantea en Vansina, 1990, p. 182, donde se señala que el sistema de la eata fue suplantado por un modelo alternativo a partir de 1820.

64 Véase este punto de vista y evidencia al respecto en Baldwin, 2015, p. 30 y también en Mamdani, 1996.

65 Véase Vansina, 1978, pp. 129-131.

66 Ibíd., pp. 111 y 112.

67 Véase Steinkeller, 1991.

68 Ibíd.

69 Esta lista la proporciona Steinkeller (ibíd.). Él también incluyó la reorganización de los templos en la lista de reformas, pero yo no lo hago porque no se adapta bien a muchas otras sociedades.

70 Esta explicación se basa principalmente en Smith, 2012, cap. 7; Blanton, Fargher y Heredia Espinoza, 2017b, y Berdan, 2017.

71 Sin embargo, hay restos arqueológicos que muestran un patrón de asentamiento similar. Esto ha sido señalado por Fargher, Blanton y Heredia Espinoza (2017b, p. 146).

72 Smith, 2012, pp. 69-77; Smith, 2015, p. 74.

73 Smith, 2015, pp. 78 y 79.

74 Smith, 2012, pp. 164 y 165; Smith, 2014.

75 Véase una descripción de este proceso en Berdan, 2017, p. 444.

76 Véase el argumento en Blanton y Fargher, 2008.

77 Cálculos reportados por D’Altroy (2015b).

78 Véase la evidencia arqueológica sobre los orígenes incas en Covey, 2008.

79 Véase el debate en Isbell, 2010.

80 Véase D’Altroy, 2015a y 2015b.

81 Véase D’Altroy, 2015a y 2015b.

82 Basándose en la evidencia arqueológica, Pauketat (2004, p. 79) señala que el crecimiento de la población también fue muy rápido, y que creció en una o dos generaciones: de entre 1.400 y 2.800 habitantes pasó a tener entre 10.200 y 15.300. El cálculo más bajo ya representaba una población mayor que la de los asentamientos iroqués y hurón. El cálculo más alto supondría que Cahokia era mayor por más de un orden de magnitud que los asentamientos hurón e iroqués.

83 Esta interpretación ha sido propuesta por Dalan et al. (2003, pp. 173 y 174). Los autores hacen hincapié en esto, aunque también admiten la posibilidad de que la construcción de túmulos pudiera haber reflejado tanto un cierto grado de coerción como una expresión celebratoria. Su interpretación sobre los Campos de Marte deriva de Schama, 1989.

84 Véase el contexto en Pauketat, 2004. Véanse más detalles sobre el sacrificio humano como medio para mantener la estratificación social en Watts et al., 2016.

85 Véanse los detalles completos en Boyd y Schroedl, 1987.

86 Elvas, 1993, p. 93.

87 Hally, 1994, pp. 241 y 245. Véase también el artículo de revisión de Cobb (2003) sobre los cacicazgos misisipianos.

88 Véase Le Page du Pratz, 1774, pp. 335-340.

89 Según sus palabras: “Los natchez son educados para la completa sumisión a su soberano; la autoridad que ejercen sus príncipes sobre ellos es absolutamente despótica, y no se puede comparar sino con la de los primeros emperadores otomanos”. Esto reflejaba el incorrecto punto de vista europeo de la época sobre el despotismo de los emperadores otomanos. Véase ibíd., p. 318.

90 Esta afirmación es de Muller (1997, p. 173).

91 Muller (ibíd.) presenta, de nuevo, un punto de vista discrepante.

92 Para este relato me basaré en la extensa etnografía proporcionada por Evans-Pritchard (1971). Él mismo utilizó varios relatos etnográficos anteriores.

93 Evans-Pritchard (ibíd., p. 234) se refiere a “los gobernantes y diputados visitantes, los miembros de las compañías de reclutas, los pajes, los interlocutores de los oráculos, los demandantes, las partes implicadas en una disputa legal, etcétera”.

94 Antes de publicar el Atlas etnográfico (Murdock, 1967) y la muestra transcultural estándar (Murdock y White, 1969), Murdock había puesto en marcha el proyecto de Archivos del Área de Relaciones Humanas de la Universidad de Yale.

95 Ahmed y Stasavage, 2020.

96 El gobierno por consejo en ámbitos superiores a la comunidad fue codificado por Tuden y Marshall (1972). Definieron dos casos de gobierno por consejo. El primero era donde “la autoridad suprema para tomar decisiones recae en un consejo, asamblea u otro órgano deliberativo sin ningún ejecutivo salvo un oficial presidente, como máximo”. El segundo era donde “la autoridad suprema para tomar decisiones es compartida de forma más o menos igualitaria por un ejecutivo (en solitario o colectivo) y un órgano deliberativo”. El caso alternativo clave era cuando “la autoridad suprema para tomar decisiones se concentra en un único líder autoritario”. El gobierno por consejo en el ámbito de la comunidad fue codificado por Murdock y Wilson (1972). Definieron dos casos de gobierno por consejo. El primero era cuando “la comunidad carece de un único líder político, pero es gobernada colectivamente por un comité, un consejo, una organización basada en la edad y el rango o similares”. El segundo era cuando “la comunidad tiene un único líder o jefe con uno o más asistentes operativos y/o un consejo oficial o asamblea, pero carece de una organización política desarrollada o jerárquica”. El caso alternativo clave cuando había gobierno al nivel comunitario era donde gobernaba un único líder.

97 Los porcentajes precisos son el 55 y el 34%. El contraste es aún mayor si solo consideramos las sociedades observadas en fechas más tempranas. Entre las sociedades observadas antes de 1900, vemos consejos de ámbito local en el 54% de los casos, pero los de ámbito superior representan solo el 23% de los casos.

98 Véase Blanton y Fargher, 2016 y 2008.

99 Marc Howard Ross (1983) codificó un conjunto de sociedades de la SCCS y llegó a la conclusión de que en aquellas donde la toma de decisiones era de carácter colectivo había una amplia participación en el consejo en el 67% de los casos. Ember, Russett y Ember (1993) reconsideraron y ampliaron la muestra de Ross y llegaron a una conclusión muy similar.

100 Véase en Bentzen et al., 2019 un intento de utilizar la codificación de la SCCS para analizar si las sociedades que antes de la colonización habían tenido la tradición de elegir a sus gobernantes eran más propensas a ser democráticas hoy. Sus resultados indican que así es. Véanse también Giuliano y Nunn, 2013 y Sanday, 1981.

101 Véanse las diferentes frecuencias de la participación política femenina proporcionadas por Ross (1983) y Sanday (1981). Sanday descubrió que en el 57% de las sociedades que codificó había una participación política femenina, al menos como influencia informal. Ross descubrió que la participación política de las mujeres era igual o mayor a la de los hombres en el 10% de los casos; una participación significativa, pero no tan alta como la de los hombres, en el 34% de los casos; una influencia pequeña en el 24% de los casos, y, finalmente, las mujeres eran excluidas en el 32% restante de las sociedades.

102 Véase un exponente temprano de este punto de vista en Lippert, 1931, p. 237.

103 La contribución promedio de las mujeres a la subsistencia era del 35% en las sociedades con una participación política femenina moderada o alta, según como la definió Ross (1983). En las sociedades con una participación política femenina baja o nula, era del 32%. Esta diferencia no es estadísticamente significativa. Tampoco se encuentran diferencias significativas cuando se utiliza la medida de participación política femenina elaborada por Sanday (1981).

104 El relato sobre las amazonas se puede leer en Heródoto, 2000, libro IV, p. 387.

105 Mayor, 2014, p. 63.

106 Relato citado en Jaimoukha, 2001, p. 165.

107 Véase Whyte, 1978, pp. 36 y 135.

108 Véase en Flannery y Marcus, 2012 una fascinante exposición de este punto de vista.

109 En los datos brutos, las sociedades con consejos están estratificadas en el 72% de las veces, y las sociedades sin consejos, el 57% de las veces. Esta diferencia no es estadísticamente significativa en ninguna regresión que incluya controles para detectar efectos regionales no observados.

110 La estratificación social de las sociedades de la SCCS fue codificada por Murdock y Provost (1971). En su artículo afirman que trabajaron a partir del anterior esquema de clasificación de Murdock (1967).

111 Estos datos son los reportados en Kohler et al., 2017 y Smith et al., 2014. Véase también Kohler y Smith, 2018 y las colaboraciones incluidas.

112 Esto se aplica solo a las estructuras que sobreviven, por lo que aquí podría haber una fuente de sesgos.

113 La limitación a la que se refieren Milanovic, Lindert y Williamson (2011) tiene que ver estrictamente con los impuestos sobre la renta. Sin embargo, esto también debería extenderse, lógicamente, a una limitación a la desigualdad de la riqueza.

114 Cowgill (2015) señala que una forma de gobernanza colectiva temprana que pudo ser desbancada por una pauta despótica posterior.

115 Véase Kohler y Smith, 2018, cap. 11.

iii

Los Estados débiles heredaron la democracia

Si estamos de acuerdo en que la democracia y la autocracia tempranas fueron dos vías de desarrollo político alternativas, entonces la siguiente pregunta es qué llevó a una sociedad por una vía en vez de por la otra. En este capítulo argumentaré que era más probable que la democracia temprana prevaleciera cuando los gobernantes no tenían certezas sobre la producción, cuando al pueblo le resultaba más fácil marcharse y, finalmente, cuando los gobernantes necesitaban a su pueblo más de lo que este los necesitaba a ellos. La evidencia de múltiples regiones del mundo en diferentes momentos respalda estas afirmaciones. La práctica de la democracia temprana fue para los gobernantes un modus operandi frente a estos problemas, pero también veremos una vía alternativa: el desarrollo de una burocracia estatal para sustituir el gobierno por consejo. Por último, veremos que, a veces, las burocracias y los consejos también podían ser un complemento.

qué entendemos por un estado débil

Douglass North, el famoso historiador económico, definió el Estado como una entidad que obtiene ingresos a cambio de protección.1 Se puede pensar en esta protección en términos muy amplios: podría ser la defensa contra invasores externos, un seguro frente a contingencias como el hambre o incluso lo que hoy entendemos por “protección social”. También se puede pensar en los ingresos en términos amplios: podrían ser impuestos en moneda, en especie o cualquier otra medida para la redistribución del excedente económico. Los kwakiutl de la costa noroeste de América del Norte no tenían un sistema de impuestos oficial, pero, según informó Franz Boas, los caciques se apropiaban habitualmente de hasta la mitad de lo obtenido en la caza y la pesca.2

Los gobernantes que quieren obtener ingresos se enfrentan a un problema fundamental: cuanto menos saben sobre cuánto produce el pueblo, más difícil les resulta diseñar una estrategia fiscal. Se cuenta que Jean-Baptiste Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV, comparó el problema de los impuestos con desplumar un ganso para obtener la mayor cantidad posible de plumas sin que este emita un solo graznido. La incertidumbre sobre la producción dificultó a algunos gobernantes saber cuántas plumas podían arrancar. Cuanto mayor sea la incertidumbre, mayor será la posibilidad de exigir un nivel de impuestos tan alto que provoque las protestas del pueblo, o inferior a lo que el pueblo estaría dispuesto a pagar.

El segundo problema –vinculado al primero– es que el pueblo pueda tener opciones si siente que se le están arrancando las plumas con demasiada fuerza. Pueden tener los medios para protestar con violencia, marcharse a otro lugar o, simplemente, negarse a pagar si un gobernante tiene poca capacidad coercitiva. A lo largo de la historia, la situación de los gobernantes ha sido más precaria en aquellos entornos donde la población descontenta podía recoger sus cosas y marcharse sin más.

De hecho, el problema del riesgo de salida es tan general que no se limita a las sociedades humanas. La ornitóloga Sandra Vehrencamp, motivada por sus observaciones sobre distintas especies de aves en diferentes hábitats, desarrolló un modelo teórico para ejemplificar esa posibilidad.3 En el caso de los animales, no se trata de la riqueza, los impuestos o el consentimiento, sino de quién puede reproducirse y quién es relegado a ayudar a otros mientras se reproducen. Vehrencamp estudió varias especies para mostrar la relación entre unos costos de “dispersión” altos y una mayor jerarquía. La dispersión significa la posibilidad de que los individuos se establezcan en un nuevo lugar para reproducirse.

A lo largo de la historia, la democracia temprana ha sido una forma de acometer el doble problema de la salida y la incertidumbre. La solución de la democracia temprana pasaba por reconocer que uno estaba en una posición débil y gobernar de forma colectiva con varios miembros de la sociedad. Un consejo o asamblea –la piedra angular de la democracia temprana– proporcionaba un foro donde los gobernantes y los gobernados pudieran discutir cuánto se podía pagar realmente. Los miembros del consejo también podían ayudar a recaudar ingresos y con otras tareas más generales de la gobernanza. Para creer que las deliberaciones del consejo pudieran revelar algo más que falsedades, no es preciso confiar en la bondad de la naturaleza humana: la comunicación sincera sería posible siempre que los gobernantes y el pueblo tuvieran un interés común, como la necesidad de la protección. También se vería reforzada por el deseo mutuo de la resolución pacífica de los conflictos.4

Una de las características más notables de la solución del consejo para la gobernanza es que, para ejercer su influencia, sus miembros no necesitaban un poder de veto oficial sobre las propuestas de un gobernante: bastaba con que poseyeran una mayor información sobre la producción. La verdadera autoridad no depende solo de la autoridad oficial –las reglas escritas–, sino también de quién tiene mejor información.5

La alternativa a la democracia temprana era tomar decisiones sin consultar a un consejo y después prepararse para las posibles consecuencias negativas. Esta solución era más factible en aquellos casos donde el entorno natural hacía más predecible la producción agrícola. También era más fácil cuando el pueblo tenía menos medios para marcharse o para protestar. A esto se le añade que era mucho más fácil gobernar sin un consejo o una asamblea si se contaba con una burocracia que resolviera los problemas de la falta de información o los incumplimientos.

Existe un método definitivo para resolver los problemas de la incertidumbre para la recaudación de ingresos, y es contratar a recaudadores: particulares que acceden a recaudar ingresos a cambio de un pago único. Al igual que la democracia temprana, la recaudación de impuestos economiza la necesidad de que un gobernante tenga una burocracia que pueda calcular cuántos ingresos se pueden recaudar. La idea es que, si los recaudadores de impuestos tienen mejor información que el gobernante sobre las circunstancias de un lugar, y si compiten entre sí por el derecho a recaudar ciertos impuestos, esto revelará una información útil.6 Como ocurre con la burocracia, deberíamos considerar la recaudación de impuestos como un posible sustituto de la democracia temprana.

aptitud agrícola y formación del estado

Se ha establecido la idea de que las sociedades con un Estado central surgieron en las regiones más adecuadas para la agricultura. Según la historia tradicional, la producción agrícola generó un excedente que permitió el surgimiento del Estado central unido a la jerarquía social. Otra variante de este argumento es que la agricultura permitió una mayor densidad de la población, que a su vez hizo más probable la formación de un Estado central.7

A continuación, emplearé un indicador de la aptitud agrícola para exponer dos cosas. La primera es que la aptitud agrícola predice si existe un Estado central por encima del nivel de la comunidad. La segunda es que la aptitud agrícola no predice, por sí sola, si el Estado es autocrático o democrático. Dicho de otro modo: la cantidad de calorías que uno puede extraer del suelo determina si existe un Estado, pero no de qué tipo es. Para responder a esa pregunta tendremos que buscar en otra parte.

Para trazar la aptitud agrícola, podemos servirnos de los datos producidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Estos datos son un registro de la cantidad de los diferentes cultivos que se pueden producir en todas las regiones del mundo. Dos economistas, Oded Galor y Ömer Özak, han empleado estos datos para formular la siguiente pregunta: suponiendo que uno sabe qué cultivos se pueden cultivar y su contenido calórico, ¿cuál es la cantidad máxima de calorías que se pueden producir en un terreno determinado?8 Realizaron este cálculo para cada conjunto de celdas en una cuadrícula que abarcaba todo el planeta a una resolución de cinco minutos de longitud por cinco de latitud (aproximadamente diez por diez kilómetros). Llamaré a su medida “potencial calórico”. Para maximizar la probabilidad de que el potencial calórico refleje las características del entorno natural –y no de la intervención humana–, Galor y Özak construyeron su medida asumiendo que no se aportaron insumos al suelo ni al riego.9

Para medir la gobernanza, utilizaré los datos de la SCCS para elaborar una medida binaria que divide las sociedades en dos categorías. A la primera pertenecen aquellos casos donde solo hay gobierno al nivel de la comunidad, o a uno superior pero muy sencillo, donde alguien, como un cacique, vincula entre sí a un pequeño número de comunidades. La segunda comprende todos los casos donde existían formas más complejas de gobernanza central.

Resulta que el potencial calórico es, en efecto, un predictor fiable de la gobernanza central. Si nos fijamos en el conjunto de sociedades de la SCSS con un potencial calórico superior a la media, veremos que había un Estado central en el 40% de los casos. En las sociedades con una aptitud inferior a la media, había un Estado central en solo una cuarta parte de los casos.10 Algunos sostienen que es sobre todo la aptitud para el cultivo de cereales la que propicia este resultado, y no los tubérculos almacenables como el ñame o la yuca. El argumento, entonces, es que el Estado central no surge porque haya solo un excedente, sino porque hay un excedente almacenable.11

La aptitud agrícola predice la presencia del Estado, pero no nos ayuda mucho a predecir si el gobierno es autocrático o democrático. Para ello, podemos utilizar la SCCS para distinguir entre las sociedades donde los gobernantes gobiernan solos o con un consejo. Cuando el potencial calórico es superior a la media, el gobierno del consejo está presente en el 66% de los casos; cuando es inferior a la media, está presente en el 55% de los casos. Es una diferencia, aunque no muy grande.12

variabilidad agrícola y democracia temprana

Que una sociedad tomara el camino democrático de desarrollo político o el autocrático dependía menos de la cantidad de calorías que se podían extraer del suelo que de la variabilidad de este indicador entre un lugar y otro. A lo largo de la historia, la incertidumbre sobre la producción agrícola ha sido un escollo importante para los gobernantes a la hora de saber qué cantidad de impuestos pueden cobrar a su pueblo. Este problema será mayor en las zonas donde la producción agrícola sea más impredecible, a menos que los gobernantes encuentren algún modo de acceder a la información. La imprevisibilidad de la producción agrícola dependerá de algunos aspectos del entorno natural, como la variación localizada de los suelos, la aspereza de la tierra y las precipitaciones. También dependerá de las formas en que los seres humanos hayan alterado el medio natural, por ejemplo, con la introducción del riego. A continuación, me centraré en los factores naturales y dejaré aquellos que dependan de la intervención humana para el capítulo iv, que trata sobre tecnología y democracia.


FIGURA 3.1. Variabilidad calórica y gobierno por consejo. La figura muestra los niveles de variabilidad calórica en las sociedades con y sin gobierno por consejo

Para medir la incertidumbre agrícola, podemos volver a los datos recopilados por Galor y Özak y analizar cómo los niveles de potencial calórico variaron de un lugar a otro.13 Esta información nos permite construir un indicador llamado “variabilidad calórica”: la desviación estándar del potencial calórico en un área localizada en nueve celdas de la cuadrícula.14 Con esto podemos considerar la relación entre la variabilidad calórica y la democracia temprana, como se muestra en la figura 3.1. En los diagramas de caja y bigotes de este tipo, la línea horizontal en el medio de cada categoría representa el nivel medio de variabilidad calórica, y cada una de las cajas por encima y por debajo de esta línea representan una cuarta parte de las sociedades en esta categoría. Los dos “bigotes” representan después el resto de observaciones en cada categoría, con la excepción de los valores atípicos. Aquí vemos con claridad que la variabilidad calórica era mayor en las sociedades con un gobierno propio de la democracia temprana.15

La figura 3.1 indica que la variabilidad calórica condujo al gobierno por consejo, pero, sin más evidencia, podría preocuparnos que la relación que aquí se observa sea una mera coincidencia. Una forma de avanzar en esta pregunta es ver qué otros datos podrían utilizarse para mostrar la misma relación. Gracias al monumental trabajo de Joseph Jorgensen, el antropólogo pionero estadounidense, disponemos de una exhaustiva base de datos que comprende las prácticas de los 172 grupos de nativos del oeste de América del Norte; en esencia, todos los grupos ubicados al oeste de las Grandes Llanuras.16 Jorgensen descubrió que el gobierno por consejo estaba presente en alrededor de la mitad de los casos. Para medir las condiciones ambientales de estas sociedades, podemos usar de nuevo los datos de Galor y Özark para elaborar un indicador de variabilidad calórica. Resulta que, entre las sociedades de este grupo que realizaban actividades agrícolas, se asoció una mayor variabilidad calórica a una mayor probabilidad de un gobierno por consejo.17 Por tanto, esta relación deja de parecer una coincidencia.

Tal vez la relación entre los consejos y la variabilidad calórica obedezca a algo más que la necesidad de los gobernantes de obtener información. La variabilidad de la producción agrícola también podría significar que había mayores incentivos para que las personas se dedicaran al comercio, o tal vez para compartir alimentos como forma de protegerse del riesgo, y quizá esto fuese gestionado por un consejo. Resulta que aun después de tener en cuenta estos factores adicionales, seguimos viendo una estrecha relación entre la variabilidad calórica y la presencia del consejo.18 También es cierto que el comercio y el riesgo compartido pueden ser gestionados por una autocracia, y no solo por un consejo. En la antigua y autocrática Sumeria, este tipo de asuntos se gestionaban en los graneros de los templos.

Hay una última cuestión sobre la relación entre la variabilidad calórica y la presencia del consejo que nos puede interesar tener en cuenta. Hasta ahora, solo he analizado la variabilidad de la producción agrícola en el espacio, no en el tiempo. Si quienes gobiernan se sirven de un consejo para saber más sobre la variabilidad de este tipo, ¿no acabarían sabiendo lo suficiente para poder prescindir del consejo? De hecho, también podemos mostrar que la relación entre el consejo y la variabilidad calórica se sigue manteniendo si nos centramos en un indicador de variabilidad temporal. Para ello podemos aprovechar los cambios inducidos por el intercambio colombino, la difusión recíproca de nuevas plantas, animales y enfermedades entre las regiones del mundo tras el “descubrimiento” europeo de América.19 Podemos elaborar un indicador para cada una de las sociedades de la SCCS –basado en la variación localizada– que refleje el cambio en la cantidad de calorías que podían extraerse del suelo antes y después del intercambio. Con este método, vemos que las sociedades de la SCCS que experimentaron una mayor variación temporal localizada a consecuencia del intercambio eran más propensas a tener un gobierno por consejo.20

opciones de salida y democracia temprana

La capacidad de salida fue una segunda característica fundamental que favoreció la democracia temprana por la presión que se generaba sobre los gobernantes. Ya hemos visto una pista de este efecto al comparar diferentes sociedades de América del Norte antes de la conquista. Los hurones y los iroqueses –que se gobernaban democráticamente– eran sociedades móviles, mientras que la movilidad era menor en las sociedades autocráticas misisipianas. Se pueden hacer observaciones similares sobre las sociedades nativas de las Grandes Llanuras americanas, los mongoles y el África precolonial.21

La circunscripción frente a la salida

Cuando los antropólogos y arqueólogos escriben sobre las opciones de salida, a menudo emplean la palabra circunscripción. En 1970 Robert Carneiro propuso la “teoría de la circunscripción” en la formación del Estado. La idea era que los Estados tempranos se formaron en aquellas regiones donde la densidad de la población era lo suficientemente alta y alguna característica del entorno natural hacía que la salida fuese costosa o imposible para la gente. El valle del Nilo, en Egipto, ejemplifica esta posibilidad. La población se estableció al principio en pequeños grupos en diferentes lugares del valle, pero, a medida que creció, el asentamiento se volvió más uniforme. Debido a que el valle del Nilo era una franja de tierra estrecha flanqueada por el desierto a ambos lados, al final no hubo más espacio para moverse, y se formó un Estado organizado de forma jerárquica.22 Carneiro también señaló que las fuerzas sociales podían propiciar la circunscripción. En lugar de un imponente desierto, podía ser la presencia de sociedades hostiles cercanas las que impidieran las posibilidades de salida.

La teoría de la circunscripción nos presenta dos posibilidades: o el pueblo prescinde de cualquier forma de gobierno o vive con estrecheces en un territorio pequeño donde un gobernante supremo lo explota. Ninguna de estas dos opciones parece muy agradable. Pero los registros históricos también apuntan a una tercera posibilidad: si las presiones de la circunscripción son débiles, aún podría haber un Estado central, pero los gobernantes tendrían que gobernar por consentimiento para evitar la salida de su población.

La evolución de las sociedades nativas en el actual sureste de Estados Unidos nos provee un enfoque más amplio sobre cómo la circunscripción puede conducir a una forma de gobierno más autocrática. Cuando los arqueólogos hablan del periodo anterior al 1000 d. C. en el este de Estados Unidos, se refieren al periodo silvícola. Estos años se caracterizaron por unas comunidades de subsistencia que inicialmente dependieron de los alimentos silvestres, pero que acabaron desarrollando formas de agricultura temprana. Hay evidencia de presiones demográficas considerables, guerras endémicas y escasez de recursos hacia el final de este periodo.23

Desde alrededor del año 1000 d. C., los registros arqueológicos proporcionan evidencia de un drástico cambio cultural en el sureste de Estados Unidos. Las sociedades practicaban entonces una forma de agricultura intensiva del maíz. Había grandes asentamientos con túmulos como los que se ven en Coosa y mayores indicios de jerarquía. Al igual que con los coosa, no tenemos relatos de primera mano sobre cómo se gobernaban exactamente estas sociedades, pero hay evidencia arqueológica que atestigua la jerarquía política.

En el noreste de Estados Unidos no hubo ningún cambio drástico después del 1000 a. C.: el periodo silvícola continuó. Recordemos el modelo de la sociedad hurona que descubrieron los jesuitas franceses en el siglo xvii. El pueblo hurón era agrícola y, al igual que los misisipianos, cultivaba maíz, pero no practicaban una forma de agricultura intensiva. Tenían caciques, pero carecían de la prominencia observada en el sureste, y sabemos que la política era consensuada tanto en el ámbito de la aldea como en niveles superiores.

¿Puede la teoría de la circunscripción ayudar a explicar la diferencia entre las instituciones políticas de los bosques del noreste americano y las del sureste? Y, en ese caso, ¿por qué tuvo lugar la circunscripción en el sureste? La geografía proporciona una posible explicación. Las sociedades misisipianas tendían a ocupar los valles fluviales con ricas tierras agrícolas rodeadas de otras menos adecuadas para el tipo de agricultura intensiva que practicaban. En estas circunstancias, si uno o su familia o su aldea estaban descontentos con su gobernante, les podía resultar difícil marcharse a otro lugar. En los bosques del noreste americano, las aldeas de pueblos como el iroqués y el hurón solían trasladarse en intervalos de entre diez y cuarenta años. Lo requería el tipo de agricultura que practicaban, de modo que el pueblo conservó una opción de salida.


FIGURA 3.2. Densidad de población y gobierno por consejo entre los nativos americanos. La densidad de población representa el número de personas por milla cuadrada. Los datos fueron recopilados por Jorgensen (1980)

Densidad de población y gobierno por consejo

Otra forma de evaluar el impacto de las estrategias de salida es observar la densidad de la población de forma más directa. Es posible que, en las regiones con una mayor densidad de población, la gente tenga menos oportunidades de marcharse, por lo que la democracia temprana habría sido menos probable. En la figura 3.2 se traza la frecuencia del gobierno por consejo entre los grupos nativos americanos cruzando los datos de Jorgensen y la densidad de población calculada. En los niveles muy bajos de densidad de población (menos de una persona por cada cinco millas cuadradas), había gobierno por consejo en alrededor del 40% de los casos. Presumiblemente, la logística de organizar un consejo habría sido más difícil en estas circunstancias. En los niveles más altos de densidad de población (entre 0,2 y 1 persona por milla cuadrada) había gobierno por consejo en más de las tres cuartas partes de los casos. A partir de aquí, con cada aumento sucesivo de la densidad de población se observa una disminución de la probabilidad de un consejo. Al llegar a las cinco personas por milla cuadrada, la probabilidad de la presencia de un consejo no es mayor que en otras zonas menos pobladas. Una vez que la densidad de población supera las veinticinco personas por milla cuadrada, desaparecen los consejos, un dato muy llamativo.

Debemos tener en cuenta que las densidades “altas” en el conjunto de datos de Jorgensen son aquellas con veinticinco personas o más por milla cuadrada. Esto no es una densidad alta según los estándares modernos: veinticinco personas por milla cuadrada es la misma densidad que tiene la actual Nebraska, el octavo estado menos poblado de Estados Unidos. Es lógico que, entre los grupos de nativos americanos, los aumentos de la densidad de población influyan en la gobernanza por consejo, incluso en niveles muy bajos, porque estos pueblos hicieron un uso extensivo de la tierra, también los que practicaban una forma incipiente de agricultura.24 La densidad de población promedio observada en el conjunto de datos sobre los nativos del noroeste americano se acerca a la estimada para el África precolonial, otra región donde, según sostienen los académicos, la baja densidad de población facilitó que la gente intentara marcharse.25 También vemos una relación clara –y similar– entre la densidad de población y la presencia del consejo en las sociedades de la muestra transcultural estándar.26

la democracia militar: cuando los gobernantes necesitaron a su pueblo

Vimos en la sección anterior que, cuando la gente podía recoger sus cosas y marcharse a otro lugar, la democracia temprana se volvía más probable. La otra cara de este problema era que, en algunas circunstancias, la necesidad que tienen los gobernantes de su pueblo es especialmente imperiosa. A lo largo de la historia, las amenazas externas han llevado a los gobernantes a dar voz a su pueblo como compensación por el servicio militar. Esto era particularmente probable cuando la tecnología militar dominante hizo necesario movilizar a un gran número de personas. Lo vimos en Atenas durante el periodo clásico con el Viejo Oligarca: si se necesita a las masas para remar en los barcos, entonces se les debería permitir asistir a la ekklesia e intervenir en ella y ocupar cargos políticos remunerados.

El concepto de “democracia militar” fue inventado por Lewis Henry Morgan, el antropólogo estadounidense pionero citado en el capítulo ii. En su estudio sobre los iroqueses, publicado en 1851, Morgan vio un vínculo obvio entre todos los hombres adultos que participan en la guerra y todos los que también tienen derecho a asistir a los consejos e intervenir en ellos. Morgan abundó en esta idea un cuarto de siglo después, en su libro La sociedad primitiva. En él, analizó una gran variedad de sociedades de Europa y América para plantear que la democracia militar era una etapa temprana del desarrollo político que atravesaron todas las sociedades. Karl Marx y Friedrich Engels se aprovecharon de las conclusiones de Morgan, y el antropólogo británico Herbert Spencer hizo unas afirmaciones similares sobre los orígenes del gobierno por consejo entre los grupos de nativos de las Grandes Llanuras americanas.27

Dentro de las sociedades de la muestra transcultural estándar existe una llamativa correlación entre el prestigio del que disfrutaban los guerreros y la presencia de la democracia temprana. Vemos en la figura 3.3 que cuando a los guerreros se les confería un gran prestigio la probabilidad de tener un gobierno por consejo era de alrededor del doble que cuando no se les confería ninguno concreto. No debemos interpretar en la figura 3.3 que es el prestigio de los guerreros lo que da lugar a la democracia temprana. La mejor interpretación es que conferir prestigio a los guerreros y darles un papel en el gobierno son formas complementarias de afianzar un acuerdo entre los que gobiernan y los que luchan. En el capítulo xi veremos otro ejemplo de este fenómeno en la Europa del siglo xix, donde la gente aludía al principio de “un hombre, un arma, un voto”.


FIGURA 3.3. Democracia militar. Datos de la muestra transcultural estándar que muestran la prevalencia del gobierno por consejo en las sociedades en función del prestigio conferido a los guerreros

la alternativa burocrática

Había una alternativa a gobernar de forma conjunta con un consejo: desarrollar una burocracia estatal. En lugar de depender de los miembros de un consejo para la obtención de información y la recaudación de impuestos, podían ocuparse de ese trabajo los subordinados burocráticos capacitados para ello. Para las sociedades de la muestra transcultural estándar, disponemos de un indicador sobre la presencia de burócratas, definidos como subordinados elegidos por el gobernante y que no son miembros de su familia.28 Se juzgó que los burócratas estaban presentes en alrededor del tercio de los casos, y una llamativa característica de estos datos es que su presencia se limitaba casi exclusivamente a las sociedades donde había alguna autoridad más allá del ámbito comunitario. Esto puede deberse simplemente a que estas sociedades tenían un mayor nivel de desarrollo económico, pero también podría reflejar un efecto de la escala. Una vez más, parece que algún elemento relacionado con la burocracia hacía más fácil el escalamiento que en el caso de la democracia temprana.


FIGURA 3.4. Burócratas y consejos como alternativas. La figura muestra los niveles de variabilidad calórica distinguiendo entre las sociedades con y sin consejos y con y sin burócratas (véanse las definiciones en el texto)

Consideremos ahora un modelo empírico que vimos al comienzo de este capítulo: las sociedades con una mayor variabilidad en el potencial agrícola eran más propensas a tener un gobierno por consejo. Si los burócratas y los miembros de un consejo pueden desempeñar funciones sustitutivas en el suministro de información y el cumplimiento de las normas, entonces deberíamos ver el siguiente patrón en los datos: sin burocracia, debería haber una correlación positiva entre la variabilidad calórica y la presencia del consejo; con burocracia, no debería haber correlación entre ambas.

Los dos recuadros superiores de la figura 3.4 muestran la relación entre la presencia del consejo y la variabilidad calórica en ausencia de burócratas. Vemos una variabilidad calórica considerablemente mayor en las sociedades con consejos, lo que concuerda con lo que vimos en la figura 3.1. Ahora consideremos los recuadros inferiores de la figura 3.4: muestran la misma relación para las sociedades que sí tienen burócratas. Aquí vemos una relación muy diferente: los niveles de variabilidad calórica en las sociedades con y sin consejos son casi idénticos. Los burócratas y los consejos podían ejercer a veces de sustitutos.29

Si bien los consejos y las burocracias podían a veces actuar como sustitutos, también podían ser complementos. Hoy en día, muchos países combinan la gobernabilidad democrática con la administración burocrática, y este es uno de los sellos distintivos de la democracia moderna. Es posible que la burocracia socave o no la democracia en función del orden de los acontecimientos: si la burocracia surge primero, los gobernantes tendrán poca necesidad de democracia, pero si la democracia surge primero, es posible otro resultado. Al asistir periódicamente a un consejo o una asamblea, la gente desarrollará el hábito de la acción colectiva. Una vez desarrollado, es posible que puedan poner límites a un gobernante incluso con la existencia de una burocracia, y también que puedan administrar esa burocracia. Por tanto, un consejo y una burocracia pueden ser complementos, porque los burócratas tendrán una mayor habilidad para ciertas tareas.

orígenes de la burocracia

¿Qué factores hicieron más probable que se pudiera desarrollar una burocracia? Un punto de referencia es la forma de agricultura que practica una sociedad. La agricultura intensiva conlleva a menudo el reordenamiento del paisaje –y una mayor legibilidad para los gobernantes– a medida que la producción se vuelve más sistemática. Si los burócratas tienen menos conocimiento del lugar que los miembros de la sociedad, hacer la producción más legible les facilita el trabajo. En muchos casos, pero no en todos, los burócratas también han participado en el diseño de los sistemas de agricultura intensiva.30

Una forma de medir el grado de intensidad de un sistema agrícola es considerar las cosechas por parcela. Teniendo esto en cuenta, veamos la figura 3.5.31 En el Egipto y la Sumeria antiguos y en China, las cosechas por hectárea eran entre tres y cuatro veces mayores que en la Inglaterra medieval. Veríamos lo mismo si comparásemos las tres primeras sociedades con cualquier otro lugar de la Europa medieval o con las partes de Sicilia y España bajo dominio musulmán. Resulta que las tres primeras sociedades del gráfico 3.5 tenían burocracias fuertes, a diferencia de la Inglaterra medieval. La agricultura intensiva de alto rendimiento no significa necesariamente más productividad en un sentido general. Para valorar esto, necesitaríamos saber qué se podría producir después de tener en cuenta todos los insumos, la mano de obra, la tierra y el capital.32 Lo que planteo es que en estas cuatro sociedades la intensificación agrícola estuvo asociada a una forma distinta de organización política.


FIGURA 3.5. Rendimientos agrícolas en las primeras sociedades en litros por acre (véanse las fuentes en el texto)

Si queremos saber cómo, por qué y dónde se desarrolló la agricultura intensiva, un lugar donde buscar es en el influyente trabajo de Ester Boserup. En 1965 planteó que las presiones demográficas incitan a las sociedades a adoptar formas de agricultura cada vez más intensivas para alimentar a un mayor número de personas con la producción de una misma parcela.33 Si esto es así, entonces las sombrías predicciones de Thomas Malthus –que solo se podría mantener a raya el aumento de la población mediante el hambre y las enfermedades– no siempre serían ciertas.34

Boserup también consideró lo contrario del círculo virtuoso de la presión demográfica que estimula la innovación agrícola. Fue lo que llamó “círculo vicioso de las poblaciones dispersas y las técnicas primitivas”.35 En las sociedades donde la gente hacía un uso muy extensivo de la tierra –por ejemplo, cambiando el cultivo de un campo a otro con mucha frecuencia–, la población tendría que dispersarse en pequeños asentamientos a lo largo de un área grande. Pensaba que las sociedades como esta podrían quedarse atrapadas en un nivel bajo de desarrollo económico, cultural y social. La ironía del círculo vicioso de Boserup es que este es precisamente entorno donde cabe esperar que prospere la democracia moderna.

La cuestión fundamental que debemos recordar sobre el modelo de Boserup es que la intensificación agrícola depende del desarrollo de nuevas técnicas. La propia Boserup puso mucho empeño en recalcar que las presiones demográficas no conducían inevitablemente a los avances tecnológicos. Esto significa que, para entender de dónde viene la democracia, en el siguiente capítulo deberemos analizar las innovaciones en las técnicas agrícolas, así como en otras tecnologías, y cómo se produjeron.

conclusión

Hemos visto una evidencia variada en este capítulo que apunta a una conclusión clara: cuando los gobernantes estaban en una posición débil respecto a sus gobernados, floreció la democracia temprana. Las características del entorno natural fueron un factor determinante de esta debilidad: cuanto más difícil era para un gobernante observar lo que estaba produciendo el pueblo y cuanto más fácil era para el pueblo marcharse a otro lugar, más probable era que los gobernantes compartieran el poder con un consejo. Las características de la organización estatal también desempeñaron un papel fundamental. Cuando los gobernantes tenían la suerte de contar con una burocracia, su posición respecto a la sociedad se vio fortalecida. La siguiente pregunta es cómo influyó la tecnología en que una sociedad desarrollara o bien una democracia temprana, o bien la alternativa burocrática.

1 Véase North, 1981. Véase en Kiser y Karceski, 2017 una explicación más general de la economía política de los impuestos.

2 Véase Boas, 1913.

3 Véase Vehrencamp, 1983.

4 Véase en Ahmed y Stasavage, 2020, un modelo de la teoría de juegos que ejemplifica este fenómeno.

5 Véase en Aghion y Tirole, 1997 una explicación de cómo la información puede conferir así un poder no oficial a alguien, aunque carezca de poder oficial. Aghion y Tirole asumen, de un modo poco realista, que quienquiera que reciba la información puede comprometerse con una acción. Baker, Gibbons y Murphy (1999) consideran la misma cuestión en ausencia de compromiso. Véanse también los comentarios relacionados de Barzel (1997 y 2002).

6 Por tanto, se ha sostenido que la recaudación de impuestos surgió donde la burocracia era débil. Véase Levi, 1988, pp. 71-74. Johnson y Koyama (2014) consideran un elemento más de la recaudación de impuestos: los gobernantes recurrían a menudo a camarillas de recaudadores para otorgar préstamos. Un sistema como este permitía la financiación de la deuda, pero a expensas de que se revelara menos información debido a una menor competencia entre los recaudadores.

7 Esta idea ha sido puesta de relieve por Diamond (1997). Véase en Childe, 1950 una propuesta anterior de este punto de vista. Véase en Ang, 2015 un ejercicio estadístico reciente. Olsson y Paik (2016) aportan evidencia econométrica para sostener que las regiones que hicieron antes su transición a la agricultura son hoy más pobres que aquellas que experimentaron una transición más tardía.

8 Véase Galor y Özak, 2015 y 2016.

9 En todos los análisis donde utilice el potencial calórico, utilizaré el logaritmo natural de valor de Galor y Özak, y le añadiré uno de modo que las áreas con un potencial calórico de cero sigan teniendo un valor definido. La alternativa de utilizar una transformación seno hiperbólica (en vez de log+1) produce unos resultados casi idénticos. Otro problema de esta medida es que excluye las posibles contribuciones del ganado, que se pueden considerar una fuente natural de insumos agrícolas por su estiércol. Los resultados que presento en esta sección no se ven afectados de forma significativa al restringir los análisis a las sociedades donde no se utilizaba el ganado para el abono.

10 Esta diferencia es también estadísticamente significativa. En una regresión de mínimos cuadrados ordinarios (OLS, por sus siglas en inglés) del Estado central (binario) sobre una medida continua de potencial calórico, el coeficiente sobre el potencial calórico es 0,27 y el error estándar es 0,009. En este entorno, un incremento estándar del potencial calórico se asocia con un aumento de ocho puntos porcentuales de la probabilidad de tener un Estado central.

11 Véanse en Mayshar et al., 2017 el argumento teórico y los resultados empíricos.

12 En una regresión de mínimos cuadrados ordinarios (OLS) de una variable para el Estado central sobre la medida continua del potencial calórico, el coeficiente sobre el potencial calórico es estadísticamente significativo (p = 0,044) en una regresión que no incluya variables de control, pero la adición de controles tanto para los efectos fijos de la región o las coordinadas geográficas (o ambos) produce un coeficiente sobre el potencial calórico que ya no es estadísticamente significativo.

13 Huning y Wahl (2016) adoptan una estrategia similar.

14 La SCCS provee una única ubicación señalada para cada sociedad, pero no información sobre las delimitaciones geográficas más generales en que existía la sociedad. Por tanto, el indicador de la variabilidad calórica se construyó utilizando la variación localizada entre cada celda y después promediando esta variación en una zona de veinte kilómetros alrededor de la sociedad señalada. Todos los resultados estadísticos relativos a la correlación entre la presencia de un consejo y la variabilidad calórica fueron insensibles a la elección entre zonas más grandes de hasta doscientos kilómetros y zonas más pequeñas de hasta cero kilómetros.

15 Véase el trabajo de Ahmed y Stasavage (2020), que muestra que esta correlación entre la presencia del consejo y la variabilidad calórica es estadísticamente significativa en un gran abanico de especificaciones de regresión.

16 Véase en Jorgensen, 1980 una descripción del conjunto de datos sobre los nativos del noroeste americano.

17 En las sociedades nativas americanas que no practicaban la agricultura, debemos esperar, lógicamente, que la variabilidad calórica afecte menos a la presencia del consejo y, en efecto, este es el caso. Si acotamos la muestra a aquellas que sí practicaban la agricultura, entonces observamos una correlación estadísticamente significativa entre la variabilidad calórica y la presencia del consejo en una regresión que controla por coordinadas geográficas.

18 Véanse los resultados estadísticos en Ahmed y Stasavage, 2020.

19 El término se deriva del título de Crosby (1972).

20 Véanse los resultados estadísticos en Ahmed y Stasavage, 2020.

21 Véanse Ayittey, 1991, p. 176; Greer Smith, 1925, y Lowie, 1927. Véase también Asiwaju, 1976 y Barfield, 1993.

22 Véase en Allen, 1997 una explicación de la circunscripción en el Egipto antiguo. Trigger (1993) describe los patrones de asentamiento anteriores y su posterior transformación.

23 Véase Knight y Steponaitis, 2007 a propósito de Moundville. Gramly (1977) explica que también pudieron surgir las presiones de la circunscripción entre las sociedades forrajeras.

24 Esto sería respaldado por la evidencia descubierta en Gramly, ibíd., aunque lo cierto es que deriva de los bosques del noreste americano, y no del oeste del continente norteamericano.

25 Esto se basa en los cálculos de la población en Durand, 1977.

26 En el caso de las sociedades que se alimentaban principalmente de la producción agrícola, no deberíamos esperar que los aumentos de la densidad de población se asocien con una menor presencia de consejos hasta que no se alcanzaran unos mayores niveles de densidad. En la muestra transcultural estándar, encontramos un resultado similar al que vemos entre los nativos del oeste de América del Norte. La presencia del consejo se vuelve menos probable una vez que la densidad de población supera el bajo umbral de las cinco personas por milla cuadrada. Entre las sociedades que sí practicaban la agricultura, la presencia del consejo solo es más probable una vez que se alcanza la densidad de quinientas personas por milla cuadrada. Esta es una evidencia más de que la democracia temprana era más probable cuando la gente tenía la posibilidad de marcharse.

27 Véanse Engels, 2010 respecto a lo primero y Greer Smith, 1925, pp. 73-77 respecto a las Grandes Llanuras.

28 La presencia o ausencia de burócratas fue codificada por Martin Whyte (1978). Por razones de viabilidad, Whyte codificó esta variable solo para la mitad de las sociedades de la muestra transcultural estándar. Puesto que eligió esta submuestra al azar, debería preocuparnos menos el sesgo de selección de la muestra que en el caso contrario.

29 Véase el trabajo de Ahmed y Stasavage (2020), que aportan pruebas estadísticas para respaldar esta conclusión.

30 Véase Erickson, 2006 a propósito del debate sobre esta cuestión. Él hace hincapié en que, si bien existían estos casos “verticales”, en muchos otros casos la población local desarrollaba por su cuenta un sistema de producción agrícola intensiva. Que la agricultura intensiva surja como parte de un proceso vertical de arriba abajo o de abajo arriba no tiene relevancia para el argumento que planteo aquí, ya que en ninguno de los casos la intensificación hace la producción más legible para los forasteros. Algunos han sostenido también que la agricultura intensiva, en especial si incluye riego, requiere la presencia de un Estado burocrático para gestionarla. En lo sucesivo tenderé a alejarme de dichos argumentos, porque, históricamente, muchos sistemas de riego han sido gestionados de manera centralizada. Ostrom, 1990 es una referencia clave al respecto. Véase también en Boix, 2015 su crítica a Wittfogel, 1957, pp. 89 y 125. Veremos a Wittfogel en mayor profundidad en el capítulo vi.

31 El rendimiento del trigo de la Inglaterra medieval proviene de Titow, 1972; el de Egipto (ca. 2000 a. C.), de Miller, 1991, y el rendimiento de la cebada de la tercera dinastía de Ur, de Maekawa, 1974. Estos son rendimientos en bruto que no tienen en cuenta cuántas semillas se necesitaban para producir resultados. Para tener en cuenta esto necesitaríamos considerar lo que comúnmente se llama “proporción de semillas”. Si se piensa en los términos de la proporción entre el rendimiento agrícola obtenido y las semillas sembradas, entonces esta cifra era entre tres y cinco veces más alta en Sumeria y China que en la Inglaterra medieval, y no hay razones para pensar que Inglaterra no era representativa de la Europa de la época. El rendimiento chino de la dinastía Tang provienen de Liu, 2015, p. 27.

32 Si bien muchos autores pioneros, desde Bloch (1966) y Duby (1972) en adelante, retrataron una agricultura europea atrasada debido al bajo rendimiento de las cosechas, otros trabajos más recientes han matizado esta conclusión, en particular para el periodo moderno temprano. Hoffman (2000, p. 99) reporta un aumento constante de la productividad total de los factores en muchas provincias francesas durante esta época.

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Release date on Litres:
22 October 2025
Volume:
590 p. 34 illustrations
ISBN:
9788418895784
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