Read the book: «Poemas I»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 180


Asesores para la sección latina: JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por LUIS RIVERO GARCÍA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1993.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO283

ISBN 9788424932121.

INTRODUCCIÓN

1. BREVES APUNTES HISTÓRICOS

Tras el desastre de Adrianópolis (378) 1 , Graciano, sintiendo la necesidad de unirse a un hombre capaz de defender el imperio, proclamó augusto a Teodosio (19 de enero del 379) y le confió la parte oriental del imperio como sucesor de Valente, que acababa de morir en la terrible batalla. Teodosio (nacido en Cauca, Hispania, en el 347 y muerto en Milán el 17 de enero del 395) era hijo del conde Teodosio, uno de los grandes generales del emperador Valentiniano I y al que Graciano mandó decapitar por falsas sospechas. Se ha supuesto que la decisión de Graciano de elegir como colega a Teodosio, a pesar de haber mandado matar poco antes a su padre, pudo obedecer a una determinada influencia procedente del sector religioso, concretamente la del papa español Dámaso, quien a través quizá de Antonio, prefecto del pretorio y padre de Flacila, esposa de Teodosio, habría tratado de introducir en los órganos del poder a un español que era ferviente cristiano. De todos modos, no debemos olvidar que Teodosio era un militar muy experto y el imperio vivía en una situación angustiosa desde el punto de vista militar.

Teodosio se dedicó sobre todo a resolver el problema godo. La acción más importante de su política con los bárbaros fue el foedus del 382. Teodosio autorizó la instalación de los visigodos al sur del Danubio, en las mismas tierras que habían saqueado pocos años antes. Conservaron allí sus estructuras de Estado independiente, puesto que seguían sometidos a sus propias leyes y no tenían que pagar los impuestos que pagaban los súbditos del emperador. El único vínculo establecido con el imperio era una alianza mediante la que se comprometían a servir como federados , es decir, no sólo con sus propios modos de combatir, sino también bajo sus propios jefes. Esta política, muy innovadora, que admitía la existencia de islotes bárbaros en el seno de las provincias romanas, tuvo sus partidarios (como Temistio, rétor oficial, que alababa al emperador por haber restablecido la paz) y sus detractores (como Amiano Marcelino, Sinesio de Cirene y Eunapio de Sardes, quienes denunciaban el peligro implantado en el seno del imperio). Lo cierto y verdad es que para defender el imperio no quedaba otra solución que llevar a cabo una política de entendimiento con los bárbaros. El ejército romano había sufrido un golpe terrible en Adrianópolis y había que reorganizarlo e infundirle un nuevo espíritu.

Al negociar con los bárbaros, el emperador logró cierta tranquilidad y pudo así firmar la paz con Persia y hacer frente a dos usurpadores occidentales, los rebeldes Máximo y Eugenio.

En Oriente, Teodosio aprovechó las disputas sucesorias de la corte sasánida para restablecer la influencia romana en una parte de Armenia (384-387) y para firmar (389 ó 390) un tratado de paz con el que la frontera oriental quedó asegurada hasta el 502.

Al final, las luchas internas ocasionaron más problemas a Teodosio que las presiones en las fronteras. En el 383, un general hispano del ejército de Britania, Máximo, se rebeló contra Graciano, que fue vencido y muerto en la Galia. Máximo quería, al parecer, defender la romanidad contra los bárbaros. Se apoderó de toda la prefectura de las Galias (Galia, Hispania y Britania). Teodosio comprendió que todo consistía en aceptar la usurpación de Máximo y reconocerlo como emperador, cosa que hizo en el 384. El imperio tuvo entonces tres emperadores: Máximo en Tréveris, Valentiniano II 2 en Milán y Teodosio en Constantinopla 3 . Pero en el 387 Máximo marchó a Italia para derrocar a Valentiniano II. El joven emperador y su madre pidieron ayuda a Teodosio. Éste vaciló en intervenir, pero finalmente lo hizo 4 y venció y mató a Máximo en Aquileya. Teodosio permaneció en Occidente del 388 al 391, casi constantemente en Milán, salvo una corta permanencia en Roma (389).

Valentiniano II fue enviado a la Galia y confiado a Arbogastes, magister militum . Las relaciones entre el poderoso general y su joven protegido se envenenaron: en mayo del 392 Valentiniano II aparecía estrangulado. Unos meses más tarde Arbogastes proclamaba emperador a Eugenio, un profesor de retórica favorable a los paganos. Teodosio nunca aceptó la alianza que le ofrecía Eugenio. La lucha entre uno y otro adoptó el carácter de una «guerra de religión», en la que las leyes de tolerancia de Eugenio, señor de Italia, recibían la respuesta de las antipaganas y antiheréticas de Teodosio. En el 394 Teodosio decidió acompañar la actividad legislativa de medidas militares y de nuevo se puso en marcha hacia Occidente, donde venció a las tropas de Eugenio y Arbogastes en el río Frígido (septiembre del 394). Esta batalla fue el último conflicto que se dio entre las fuerzas armadas de la Roma pagana y las de la Roma cristiana. La campaña afectó gravemente a la salud del emperador, que moría en Milán pocos meses después.

Fueron los deseos de Teodosio que su hijo Honorio, un muchacho de diez años todavía, reinara en Occidente, donde estaba ya instalado, y que su hijo mayor, Arcadio, a quien había dejado como regente en Constantinopla cuando se dirigió a Occidente, continuara gobernando la parte oriental 5 . Este acto no tenía nada de innovador, ya que la división de atribuciones, de responsabilidades y de zonas de acción era cosa usual desde hacía mucho tiempo. Los contemporáneos no percibieron ninguna ruptura. Pero la verdad es que entre Oriente y Occidente había profundas diferencias, esbozadas mucho antes del 395. En el plano defensivo, la parte de Honorio parecía mucho más debilitada. Desde mediados de siglo los usurpadores se habían servido en varias ocasiones de las tropas occidentales para apoyar sus pretensiones. Numerosos sectores fronterizos fueron descuidados, creándose brechas por las que no dejaron de entrar los bárbaros o zonas abiertas en las que podían instalarse. Así mismo, entre ambas partes había contrastes económicos y sociales. Es verdad que la exigencia fiscal del Estado produjo iguales fenómenos en uno y otro lado del imperio: agravamiento de la situación de los colonos y extensión del patronato. Pero estos fenómenos de conjunto no esconden el desequilibrio económico existente entre las dos mitades del mundo romano. La parte oriental era más poderosa económicamente 6 . Los grandes centros artesanales y comerciales están en Oriente, donde a su vez los campos parecen mejor explotados. Así pues, en materia económica y social era visible una diferenciación entre ambas partes. En el plano político las diferencias se detectan muy rápidamente en los años siguientes y se da, sobre todo, por el comportamiento recíproco de las cortes imperiales. Entre el 395 y el 410 se produce el cambio de la unidad a la diversidad del imperio, fruto del aislamiento de la corte occidental y de la grave falta de entendimiento entre los consejeros de ambos soberanos.

Teodosio no quiso dejar a sus jóvenes hijos sin un protector. El más apropiado para ello era Estilicón, un oficial de origen vándalo, pues estaba ligado a la casa imperial con lazos familiares por su casamiento con Serena, la sobrina preferida de Teodosio y también hija adoptiva suya. Así pues, en su lecho de muerte parece que los confió al cuidado de Estilicón 7 . Su autoridad, aceptada en Occidente, fue discutida en la corte de Arcadio, dominada por sus sucesivos ministros 8 , continuamente opuestos a Estilicón.

Estilicón consolidó su posición en la casa imperial casando a su propia hija María con Honorio (398). Su otra hija, Termancia, también se casó con el emperador (probablemente en el 407) después de la muerte de María 9 .

A pesar de su posición preeminente en el imperio, Estilicón no pudo llevar a cabo sus proyectos. El nuevo caudillo de los visigodos, Alarico, resultó ser un formidable oponente y la situación política de Constantinopla era más complicada de lo que Estilicón creyó en un primer momento.

Ya en el mismo año 395 se enfrentó a Alarico en Tesalia sin lograr derrotarlo, hecho que se repitió con el mismo resultado en el 397 en el noroeste del Peloponeso. Tuvo que enviar también rápidamente una expedición a reconquistar África, donde un jefe mauro, Gildón, nombrado conde de África por Teodosio, se había rebelado con el apoyo de la corte oriental, hasta el punto de que en Roma se sintió el hambre. Afortunadamente Gildón fue derrotado (398). En noviembre del 401, Alarico llevó a los visigodos a Italia y llegó a las murallas de Milán. Estilicón logró vencerlo parcialmente en Polentia (abril del 402). Pocos meses después (julio-agosto del 402) se enfrentó de nuevo con él en Verona, donde tampoco consiguió someterlo totalmente 10 .

Alarico regresó a Iliria y, mientras tanto, Italia fue reparando los estragos de los visigodos. En 405-406 Radagaiso, otro caudillo godo, cruzó el Danubio y penetró en Italia, donde fue derrotado por Estilicón. El mismo Radagaiso fue capturado y llevado a Roma para su ejecución.

El 31 de diciembre del 406, partidas de vándalos, cuados, alanos, suevos y burgundios cruzaron el Rin y se esparcieron por la Galia. Estilicón opinaba que debía tratarse con los bárbaros, pero tropezó con la oposición de la corte y el partido cristiano, que le reprochaban su oportunismo. Amenazado por todos lados, el caudillo occidental hizo frente a los problemas por algún tiempo, aunque sin poder contar con las fuerzas militares de Oriente 11 . El partido antibárbaro le atribuía todas las calamidades del momento. Caído en desgracia, fue decapitado el 23 de agosto del 408.

Sus adversarios procedieron a depurar de bárbaros el ejército y la administración en Italia. Ello significaba privarse de defensores fieles en un momento en que Alarico se volvía de nuevo amenazador. Del 408 al 410 el gobierno occidental, dividido y debilitado, fue incapaz de resolver el problema bárbaro. Mientras las provincias galas eran asoladas, Alarico amenazó Roma en varias ocasiones. Irritado por las demoras, las provocaciones y la duplicidad de la corte de Rávena 12 , proclamó emperador al senador Átalo y en agosto del 410 se apoderó de Roma, a la que saqueó espantosamente durante tres días.

2. VIDA DE CLAUDIANO

No es mucho lo que conocemos sobre la vida de Claudio Claudiano, el último de los grandes poetas de Roma. Los únicos contemporáneos que lo mencionan son S. Agustín y Orosio 13 , que nos dicen simplemente que fue poeta y pagano. Escasa es también la información que nos da sobre él la Suda: Kλαυδιανòς ’Aλεξανδρεύς, ἐποποιòς νεώτερος γἐγονε ἐπì τῶν χρόνων ’Aρκαδίου καì ʽOνωρίου τῶν βασιλέων.

Poseemos, no obstante, una inscripción 14 que figuraba en la basa de la estatua de bronce que fue erigida en su honor en el Foro de Trajano:

[Cl.] Claudiani v. c. | [Cla]udio Claudiano v. c., tri|[bu]no et notario, inter ceteras | [de]centes artes prae[g]loriosissimo | [po]etarum, licet ad memoriam sem|piternam carmina ab eodem | scripta sufficiant, adtamen | testimonii gratia ob iudicii sui | [flidem, dd. nn. Arcadius et Honorius | [fe]licissimi et doctissimi | imperatores senatu petente | statuam in foro divi Traiani | erigi collocarique iusserunt.

Eἰν ἑνὶ Bιργιλίοιο νóον | καὶ Mοῦσαν ʽOμήρον |

Kλανδιανòν ʽPώμη καὶ | βασιλῆς ἔθεσαν 15 .

Así pues, ocupó el puesto de tribunus et notarius al servicio del emperador, alcanzando así el rango senatorial. Es llamado también praegloriosissimus poetarum , y las generaciones posteriores lo consideraron uno de los mejores poetas latinos tardíos.

Hay que tener en cuenta que la fuente más importante para conocer el período de finales del siglo IV y los inicios mismos del siglo V es Claudiano. Su obra es inapreciable para el historiador que quiere reconstruir los agitados años que siguieron a la muerte de Teodosio el Grande. Pero desgraciadamente el poeta, siguiendo la tradición épica, nos habla muy poco de sí mismo.

Su fecha de nacimiento nos es desconocida, pero parece que era todavía joven cuando llegó a Roma en el 394. En Carmina minora (c. m.) 22, escrito a comienzos del 397, habla de su lubrica aetas (v. 6), es decir, «la tornadiza juventud». A su vez, en c. m . 40 19 se llama a sí mismo sodalis de Olibrio, que tenía apenas veinte años en la época de su consulado (395). Por tanto, nuestro poeta debió de nacer hacia el 370.

A pesar de su nombre latino, Claudiano era egipcio, como él mismo nos dice en dos de sus epigramas. En uno de ellos, dirigido a un tal Genadio, leemos:

Graiorum populis et nostro cognite Nilo 16 .

En el otro se dirige a un alto oficial llamado Adriano en estos términos:

audiat haec commune solum longeque carinis

nota Pharos, flentemque attollens gurgite vultum

nostra gemat Nilus numerosis funera ripis 17 .

Anteriormente, en el mismo poema llama a Alejandro Magno conditor hic patriae (V . 20). Ello debe de significar que nuestro poeta era natural de Alejandría. Y que Claudiano era un alejandrino está explícitamente atestiguado, según hemos señalado ya, por la Suda 18 .

En el siglo IV , Egipto había llegado a ser la fuente más prolífica de poetas de todo el imperio. Hasta tal punto es así, que resulta muy difícil encontrar en los siglos IV y V un poeta destacado en lengua griega que no sea egipcio o que no se haya educado en Egipto. De toda esta multitud de cultivadores de la poesía sólo dos son de Alejandría, Claudiano y Páladas. La ciudad que produjo más poetas en este período fue Panópolis. De aquí son Trifiodoro, Nono, Ciro y Pamprepio. Pero otros muchos poetas de estos dos siglos y de inicios del VI eran originarios de otras ciudades egipcias: Olimpiodoro de Tebas, Coluto de Licópolis, Cristodoro de Copto, Cristodoro de Tebas, etc.

Como alejandrino, la lengua de Claudiano fue el griego, y sabemos por una carta que escribió, probablemente en el 395, a Anicio Probino, uno de los cónsules de ese año, que hasta entonces había escrito su obra en lengua griega:

Romanos bibimus primum te consule fontes

et Latiae cessit Graia Thalia togae 19 .

Su primer poema publicado en latín fue el Panegyricus dictus Probino et Olybrio consulibus (enero del 395). Pero esto no quiere decir que no hubiese escrito antes nada en latín. Ello es inconcebible, ya que sus primeros poemas en la lengua del Lacio revelan un gran conocimiento de la literatura latina, un extraordinario dominio de la lengua y un perfecto manejo de las técnicas de la épica latina. Evidentemente escribía en latín al mismo tiempo que lo hacía en griego.

Sin duda, Claudiano pasaría algunos años estudiando en Alejandría. La astronomía, las matemáticas y la medicina fueron especialidades de esta ciudad, además de gozar de gran reputación en los temas más tradicionales como retórica y filosofía. Pero es también muy posible que estudiara en Atenas, Antioquía o Constantinopla.

Su carrera poética no puede comprenderse sin tener en cuenta que fue un poeta profesional. Él es el único miembro de una floreciente escuela egipcia de poetas profesionales del que nos han sobrevivido las obras. Esos poetas estudiaron con gran detenimiento todas las técnicas de los variados géneros poéticos: panegíricos, invectivas, epitalamios, epitafios, etc. Los poetas del imperio tardío no escriben normalmente por inspiración. Eran iniciados en la poesía no por las Musas, sino por el gramático en la escuela.

Los más destacados de estos poetas abandonarían pronto Egipto e irían de ciudad en ciudad en busca de ricos protectores. No sabemos con exactitud cuándo dejó Claudiano Alejandría, pero posiblemente en algún momento del 394 decidió dirigirse a Roma y poner a prueba a su Musa latina.

A fines del siglo IV Roma no era una ciudad que acogiese bien a los forasteros. Amiano Marcelino, un exsoldado griego de Antioquía, nos ha dejado un vívido recuerdo de la recepción que tuvo al llegar a Roma 20 . La parásita plebe urbana veía con malos ojos a los extranjeros con los que compartía el alimento y exigía continuamente su expulsión, especialmente en tiempos de escasez. La alta aristocracia sólo condescendía en tratar con ellos cuando le convenía. Si invitaban a un extranjero a cenar, éste no era con seguridad un hombre de letras, sino alguien con el que podrían charlar sobre las carreras de carros o con el que se divertirían jugando a los dados.

Sin embargo, Claudiano logró a los pocos meses de su llegada a Roma el favor de los Anicios, la familia senatorial más ilustre. El primer poema recitado en Italia —el primero de los suyos que conservamos escrito en latín— fue el ya mencionado panegírico a los cónsules del 395, que eran precisamente dos miembros de la familia de los Anicios, concretamente los hermanos Olibrio y Probino. Podemos pensar que Claudiano llevó a Roma una carta de recomendación de algún protector de Alejandría o de algún otro lugar. Parece que nuestro poeta no tuvo que soportar las mismas humillaciones y frustraciones que sufrió Amiano Marcelino a su llegada a Roma. No debemos olvidar que se remonta a tiempos republicanos la tradición de los poetas griegos de buscar la protección de los aristócratas romanos. Claudiano es el último de una larga serie.

En su primer recital en Roma, Claudiano se reveló como un maestro del popular y ventajoso arte del panegírico. Aparte de las recompensas materiales que recibiría, logró también la amistad personal de ambos cónsules. Poseemos cartas (c. m . 40 y 41) dirigidas por él a ambos. En ellas se describe como sodalis de Olibrio (c. m . 40 19) y usa las palabras amor (c. m . 40 12 y 41 8) e ignis (c. m . 40 17) para referirse a su amistad con los dos hermanos. Les reprocha a ambos su retraso en escribirle 21 . Compara su amistad con Olibrio a la que existía entre Virgilio y Augusto (c. m . 40 23). Fue importantísimo para un joven poeta egipcio el poder contar entre sus amigos a dos cónsules romanos.

Después de tal éxito y con tales protectores, no nos puede sorprender que fuese Claudiano el que compusiera el panegírico para el cónsul del año siguiente, el mismísimo emperador Honorio. Según hemos visto, Teodosio había muerto a comienzos del 395 y Honorio llegó a ser el emperador de Occidente. Tal vez Claudiano pudo haber recibido una invitación inesperada de la corte, pero lo más probable es que uno de sus protectores romanos lo recomendara a la corte de Milán. Así, en la ya mencionada carta a Probino leemos:

incipiensque tuis a fascibus omina cepi

fataque debebo posteriora tibi 22 .

Ello nos lleva a pensar que fue su amigo Probino el que intercedió por él.

Así pues, al poco tiempo de su llegada a Italia, Claudiano se traslada desde Roma a Milán, residencia de la corte imperial. El poeta se alegra de que lo escuchen el palacio real y el emperador mismo:

Me quoque Pieriis temptatum saepius antris

audet magna suo mittere Roma deo .

Iam dominas aures, iam regia tecta meremur

et chelys Augusto iudice nostra sonat 23 .

Cuando Claudiano llegó a la corte de Milán en algún momento del 395, Estilicón, el verdadero gobernante de la parte occidental del imperio, estaba ocupado en intentar convencer al mundo de que Teodosio realmente lo había designado protector de sus dos hijos. A partir de este momento, Estilicón pasa a ser el tema central de toda la poesía de Claudiano. Nuestro poeta se convierte en el propagandista oficial de la corte de Honorio y más concretamente de su regente Estilicón. A través de su obra se van viendo claramente los objetivos del general de origen vándalo durante el período en que el poeta lo sirvió, es decir, desde el 395 hasta el 404, fecha de la muerte de Claudiano.

El poeta permaneció en Milán desde el 395 hasta el 400 24 . En febrero de este año lo encontramos en Roma recitando el De consulatu Stilichonis III:

Noster Scipiades Stilicho, quo concidit alter

Hannibal antiquo saevior Hannibale ,

te mihi post quinos annorum, Roma, recursus

reddidit et votis iussit adesse suis 25 .

Entre febrero del 400 (fecha en que recitó en Roma su De consulatu Stilichonis III) y mayo/junio del 402 (fecha en que recitó en la misma ciudad su De bello Getico) le fue colocada en el Foro de Trajano la estatua a la que ya hemos aludido. Ello debió de ser así porque no nos habla de ella en la primera obra, pero sí en la segunda:

Sed prior effigiem tribuit successus aenam ,

oraque patricius nostra dicavit honos .

Adnuit hunc princeps titulum poscente senatu 26 .

Sabemos además que el poeta se casó en África y que su esposa posiblemente era hija de un terrateniente del norte de ese continente. Estos datos nos los da el mismo Claudiano en su Epistula ad Serenam (c. m . 31). Este poema es, como su nombre indica, una carta a la esposa de Estilicón donde el poeta le anuncia su casamiento y lamenta que ella no pueda asistir dado que el novio se encuentra en África, lugar donde se celebrará la ceremonia.

Ahora bien, ¿cuándo escribió Claudiano esta carta? Realmente no la pudo escribir antes de febrero del 398, fecha del enlace de Honorio y María, pues en ella el emperador es ya el yerno de Serena (v. 50). Pero desde comienzos del 398 hasta comienzos del 400, Claudiano estuvo sumamente ocupado (escribió De bello Gildonico, Panegyricus dictus Manlio Theodoro consuli, In Eutropium I y II y De consulatu Stilichonis I, II y III). Sería muy difícil poder encajar en este período su viaje a África, su boda y una prolongada luna de miel.

Así pues, la Epistula ad Serenam , y junto con ella el casamiento de Claudiano, no pueden situarse antes de la primavera del 400. Y sucede precisamente que tras la primavera del 400 pasaron más de dos años hasta que Claudiano recitó su siguiente poema, De bello Getico, a comienzos del verano del 402 27 . Podemos pensar por tanto que los hechos sucedieron más o menos así: en algún momento del 400-401 viajó a África, donde tuvieron lugar su boda y su luna de miel; no retornó a Italia hasta el 402, fecha en que celebró la victoria de Estilicón sobre Alarico en Polentia.

Acerca de la novia, él mismo nos dice que la consiguió gracias a una carta de Serena:

Non ego, cum peterem, sollemni more procorum

promisi gregibus pascua plena meis ,

nec quod mille mihi lateant sub palmite colles

fluctuet et glauca pinguis oliva coma ,

nec quod nostra Ceres numerosa falce laboret

aurataeque ferant culmina celsa trabes .

Suffecit mandasse deam: tua littera nobis

et pecus et segetes et domus ampla fuit 28 .

Como hemos dicho, en el verano del 402 Claudiano estaba de vuelta en Roma, donde recitó el De bello Getico en el templo de Apolo en el Palatino. Dieciocho meses más tarde recitó el Panegyricus de sexto consulatu Honorii Augusti , también en Roma, aunque no es probable que el poeta pasara todo este tiempo en la ciudad del Tíber. Posiblemente pasaría algunos meses en la corte, en Rávena 29 , pues sus descripciones del insólito puerto de Classis y del viaje de Honorio desde Rávena a Roma (Panegyricus de sexto consulatu Honorii Augusti 494-522) demuestran con claridad que Claudiano observó todos estos lugares personalmente.

A partir del Panegyricus de sexto consulatu Honorii Augusti (recitado en enero del 404), lo único que tenemos es el silencio del poeta. Se han dado numerosas explicaciones de este silencio 30 , pero lo más probable es que Claudiano muriese en el transcurso del 404, a los 35 años de edad aproximadamente, cuando se encontraba en la cumbre de su fama.

Si Claudiano hubiese vivido después del 404, difícilmente habría dejado de celebrar el segundo consulado de Estilicón (405) y menos aún la victoria del caudillo occidental sobre Radagaiso en Fésulas (406).

3. LA OBRA DE CLAUDIANO .

En primer lugar enumeraremos las obras del poeta en cada uno de sus grupos para después analizarlas detalladamente. Podemos distinguir cuatro grupos:

Poemas históricos . Aquí se incluyen los panegíricos, las invectivas y los poemas de épica histórica, es decir, la mayor parte de su obra. Comprendería los siguientes poemas:

1)

Panegyricus dictus Probino et Olybrio consulibus (Prob.) 31

2)

In Rufinum I, II (Ruf . I, II).

3)

Panegyricus de tertio consulatu Honorii Augusti (III Cons.) .

4)

Panegyricus de quarto consulatu Honorii Augusti (IV Cons.) .

5)

Epithalamium de nuptiis Honorii Augusti (Nupt.) y Fescennina de nuptiis Honorii Augusti (Fesc . I-IV).

6)

De bello Gildonico (Gild.) .

7)

Panegyricus dictus Manlio Theodoro consuli (Theod.) .

8)

In Eutropium I, II (Eutr . I, II).

9)

De consulatu Stilichonis I, II, III, también llamado Laus Stilichonis y Laudes Stilichonis, (Stil . I, II, III).

10)

De bello Getico , también llamado De bello Gothico y De bello Pollentino, (Get.) .

11)

Panegyricus de sexto consulatu Honorii Augusti (VI Cons.) .

Poemas mitológicos . En este apartado tenemos el poema más conocido de Claudiano, su De raptu Proserpinae I, II, III (Rapt . I, II, III).

Otro poema mitológico importante es su Gigantomachia latina, pero hablaremos de ella dentro de los poemas menores de Claudiano, por ser allí donde se publicó originalmente y figurar así en la edición que utilizamos 32 .

Al conjunto de poemas que hemos encuadrado en estos dos grupos (poemas históricos y poemas mitológicos), se le da el nombre de Carmina maiora .

Poemas menores . Integran este grupo dos bloques de poemas:

1)

Los denominados Carmina minora , un conjunto de cincuenta y tres composiciones integrado por cartas en verso, epigramas, ecphraseis , etc. (c. m . 1-53).

2)

Un conjunto de poemas espurios o dudosos, el llamado Carminum vel spuriorum vel suspectorum appendix (app . 1-24).

Poemas griegos . De los Carmina graeca sólo conservamos dos fragmentos de una Gigantomachia y algunos epigramas.

El conjunto de sus obras no fue reunido por el mismo Claudiano. Él leía primero sus poemas en público, para lo que estaban destinados, y posteriormente los publicaba por separado. No obstante, los poemas latinos de Claudiano circularon en la Antigüedad en cuatro colecciones diferentes, aparte de esa primera edición de cada uno de los poemas que acabamos de mencionar:

1)

Prob ., posiblemente editado por los Anicios, la familia a la que pertenecían los dos cónsules elogiados en el poema.

2)

Todos los poemas políticos, evidentemente editados por deseo de Estilicón (y por ello antes de agosto del 408).

3)

Rapt ., que circuló aparte como poema mitológico.

4)

c. m ., editados también por deseo de Estilicón, posiblemente en el 404 o poco después.

A continuación, pasamos a estudiar con cierto detenimiento cada una de las obras anteriores.

A)

Poemas históricos

1) Prob .— Este panegírico fue recitado en Roma en enero del 395. Para este año, Teodosio les había concedido el consulado a los hermanos Olibrio y Probino, miembros de la familia de los Anicios, la familia que protegió a nuestro poeta a su llegada a Roma. Eran dos jóvenes adolescentes: Olibrio tenía aproximadamente diecinueve años y Probino era unos años más joven 33 . Su padre, Sexto Petronio Probo, fue cónsul en el año 371 y gobernó las prefecturas de Iliria, Italia, África y las Galias. Había muerto ya cuando sus hijos alcanzaron el consulado. La madre de los cónsules, Anicia Faltonia Proba, procedía también de una familia distinguida 34 .

No era un suceso de poca importancia éste al que Claudiano dedicó su primer poema. La investidura de los cónsules en Roma iba acompañada de una pompa extraordinaria. Se enviaban invitaciones a todos aquéllos que destacaban por algo en la alta sociedad. Las invitaciones se hacían en dípticos de marfil delicadamente tallados. Rechazar la invitación sin una excusa justificada era considerado un gran desprecio. Se le daban a la plebe grandiosos juegos, se gastaban fortunas para conseguir las bestias más raras y los mejores gladiadores.

Es verdad que el consulado no era ya lo que había sido en tiempos anteriores, pero seguía siendo la meta a la que deseaban llegar muchos aristócratas. Era a su vez la suprema señal del favor del emperador y sólo se concedía a muy pocos. Además, dado que el emperador desempeñaba con frecuencia este cargo, eran escasos los años que quedaban vacantes para los particulares.

Por último, la designación de los dos Anicios como cónsules para el 395 tenía un valor simbólico: mostrarles a los aristócratas paganos (todavía eran bastantes a pesar de la derrota sufrida en la batalla del río Frígido en septiembre del 394) que aún tenían un puesto en el imperio romano si, como los Anicios, eran cristianos.

El poema de Claudiano es simple y sencillo. Comienza su panegírico con el día en que los cónsules toman posesión de su cargo y pide al Sol que inicie el día con más solemnidad; pues el Sol sabe que la familia de los Anicios ha dado con frecuencia su nombre al año. El ocupar los más altos cargos es algo habitual en esta familia. El poeta pasa al elogio de ésta y alaba especialmente a Probo, el padre de los cónsules. Su fama está extendida por todo el mundo. Él se mantuvo apartado de todos los vicios y se distinguió por su liberalidad. Pero los hijos superan aún al padre, pues éste no alcanzó el consulado tan joven como aquéllos y además no fue cónsul juntamente con un hermano. Pero Olibrio y Probino comienzan donde otros terminan. ¿Cómo han llegado a ocupar tan alto cargo? Después que Teodosio había derrotado a Eugenio y a Arbogastes, Roma sube a su carro para dirigirse a su emperador. El poeta aprovecha la oportunidad para hacernos una brillante descripción de Roma. Cuando la diosa ha llegado al emperador, éste le pregunta por sus deseos. Roma le pide el consulado para los dos hermanos. El emperador le responde que ella solicita algo que él hubiera otorgado por sí mismo. Un mensajero lleva la resolución de Teodosio a la capital del imperio, donde todo estalla en júbilo. La madre se dispone a confeccionar las trábeas de sus hijos y se relatan sus excelentes virtudes. Cuando los hermanos están dispuestos para la ceremonia, resuena un trueno en el cielo. El Tíber oye el estrépito en su gruta. El dios, cuyo aspecto nos describe el poeta detalladamente, sale de su gruta y se coloca en una isla existente en medio del curso del río para contemplar a los dos hermanos, que se dirigen al foro con el acompañamiento del senado. Elogia el Tíber a los jóvenes cónsules e invita a todos los ríos de Italia a un banquete común. Finalmente el poeta alaba el año dichoso que ha contemplado a los dos hermanos como cónsules.

Aunque el emperador Teodosio vivía aún, se dice muy poco acerca de él. Su gran victoria sobre Eugenio se menciona solamente para procurar un contexto apropiado para la petición de Roma. Tampoco Claudiano menciona a Estilicón ni al joven Honorio. Y es que nuestro poeta no había llegado a ser todavía el propagandista de la corte.

2) Ruf . I, II.— Nada conocemos de los comienzos de la carrera de Rufino, pero por el 388 lo tenemos en Constantinopla como magister officiorum . Rápidamente llegó a ser el ministro más fiel de Teodosio y en el 392 fue honrado con el consulado. La supremacía de Rufino no fue bien vista por todos. Los jefes militares de Teodosio (especialmente Promoto y Estilicón) vieron con recelo la influencia creciente de este advenedizo civil sobre el emperador. Así pues, Estilicón y Rufino eran ya enemigos personales antes de que la muerte de Teodosio los hiciera rivales políticos.

A la muerte de Teodosio, Rufino se convirtió en el verdadero gobernante de Oriente. Tuvo que enfrentarse con dos serias amenazas externas: la pretensión de Estilicón de llegar a ser protector de Arcadio y regente del Este, y las invasiones bárbaras. Alarico había penetrado en Grecia y Estilicón marchó contra él, pero parece ser que el Este no le permitió librar batalla. Además, Rufino consiguió de Arcadio que le ordenara a Estilicón devolver a Constantinopla el ejército de la parte oriental, ejército que Teodosio había llevado a Occidente para sofocar la revuelta de Eugenio. Estilicón, efectivamente, devolvió las tropas orientales, que fueron llevadas a Constantinopla por Gaínas. Cuando el emperador Arcadio y Rufino inspeccionaban las tropas colocadas a las puertas de Constantinopla, el ejército asesinó a Rufino. Esto sucedía en noviembre del 395.

Así perecía el hombre que se había opuesto a Estilicón. Es natural que enseguida Claudiano, el propagandista del caudillo occidental, compusiese una fulminante invectiva contra el ministro caído, una verdadera alabanza del asesinato, una justificación de la muerte de Rufino. Claudiano debió de componer y recitar Ruf . I a comienzos del 396, casi inmediatamente después del asesinato. En cambio, Ruf . II fue escrito y recitado bastante después, en el verano del año 397.

En cuanto al contenido del poema, en el prefacio de Ruf . I nos cuenta Claudiano cómo todo renació cuando Pitón fue aniquilada por Apolo. Ahora una nueva Pitón, esto es, Rufino, ha sido abatida. Una venerable multitud acude para escuchar al poeta cuando el monstruo ha sido aniquilado por Estilicón, quien protege el orbe para los dos hermanos y rige la paz con justicia y la guerra con fuerza. El poema en sí comienza con la duda del poeta acerca de si existe o no la Providencia. La contemplación de la naturaleza lo lleva a pensar que el mundo se rige por leyes fijas, pero cuando contempla los asuntos humanos imagina que es el azar el rector del universo. La muerte de Rufino lo ha sacado de dudas: los dioses existen y castigan a los culpables. Alecto, que ve con malos ojos que se extiendan las buenas costumbres y que la Justicia gobierne el mundo, convoca en asamblea a todas las Furias para poner fin a esta situación. En la asamblea se levanta la perversa Megera y propone introducir en la corte oriental un monstruo terrible, Rufino, al que ella misma ha criado y alimentado. Todo cederá y se doblegará ante su perfidia. La propuesta de Megera es apoyada por las Furias. Por el remoto litoral de la Galia, por donde se dice que Ulises invocó a las sombras del mundo subterráneo, Megera sale a la tierra, ensombreciendo así la luz del sol. Toma la figura de una anciana y se dirige a casa de Rufino en Élusa. Le promete el gobierno del mundo si está dispuesto a obedecerla. Rufino acepta y se dirige a Constantinopla. A su llegada, todo empeora. Se nos describe ahora más ampliamente el carácter del ministro oriental. Se nos muestra su insaciable codicia, que lleva consigo el desarrollo de la miseria. Se nos pinta con vívidos colores su crueldad. El salvador es naturalmente Estilicón, al que ahora el poeta comienza a elogiar. Al final aparece de nuevo Megera. La Furia se dirige a la Justicia y le pide que se retire de la tierra al cielo estrellado. Pero Justicia le responde que pronto su favorito morirá y que ella misma será encadenada en las soledades del abismo.

En el prefacio de Ruf . II, el poeta pide a Estilicón que descanse y escuche su canto, pues ya ha liberado a Grecia de los getas 35 . El poema tiene por tema principal la muerte de Rufino. Después de habérsenos pintado un cuadro desolador del imperio y de la perfidia de Rufino, se nos presenta a Estilicón en Tesalia a la cabeza de los ejércitos de Occidente y Oriente 36 . Sin duda alguna el enemigo habría sido derrotado si Rufino no hubiera tramado de nuevo un ardid. Él convence a Arcadio para que obligue a Estilicón a devolver las tropas del Este y se retire de Iliria. Estilicón obedece al emperador y dirige unas palabras al ejército que retorna al Este en contra de su propia voluntad. El ejército concibe un plan de venganza contra el artífice de la decisión de su regreso. Cuando el ejército llega a Constantinopla, Arcadio y Rufino se disponen a inspeccionar las tropas y a darles la bienvenida. Los soldados rodean al ministro oriental y lo matan. La multitud despedaza su cuerpo, que no recibe sepultura. El castigo prosigue en el mundo subterráneo.

Se pueden señalar importantes diferencias de estructura y técnica entre ambos libros. La diferencia más obvia es el completo olvido de la cronología en Ruf . I, que contrasta con la estricta observancia de la misma en Ruf . II. En el libro II se pretende una narración continua de los sucesos del 395 desde la muerte de Teodosio hasta el asesinato de Rufino. En Ruf . I no hay intento de narración cronológica; tras introducirnos a Rufino en el relato, Claudiano no intenta describirnos su gradual elevación al poder y los medios que utilizó para deshacerse de sus rivales; el poeta se lanza rápido a un retrato atemporal de Rufino en la cima de su poder, a mostrarnos a un tirano cruel y avaricioso.

3) III Cons.— En enero del 396 iba a comenzar Honorio su tercer consulado. Claudiano compuso para la ocasión un panegírico que recitó en Milán en enero de ese año. El emperador, nacido en septiembre del 384, tenía entonces once años. Dada su corta edad, no era cosa fácil hacerle un panegírico, pues no había muchas hazañas que elogiar. Pero Claudiano insertó en el poema los hechos gloriosos de su padre Teodosio y al mismo tiempo comenzó su deliberada y cuidadosa defensa de la política de Estilicón.

En el prefacio, el poeta, que ahora recita por primera vez en la corte, se compara con el aguilucho al que su padre expone a los rayos del sol para conocer su fortaleza. El poema elogia las aficiones militares del joven emperador y cómo su padre Teodosio lo educaba militarmente y le contaba las acciones gloriosas de su abuelo. Luego se relata que, cuando Teodosio movilizó contra Arbogastes a los pueblos de Oriente, Honorio, un niño todavía, quería participar en la campaña; pero su padre no se lo permitió. El poeta atribuye la victoria sobre los enemigos a los auspicios de Honorio. Vemos luego a Honorio apresurarse desde Constantinopla a Italia al encuentro de su padre. Éste, en un solemne discurso, confía sus dos hijos al cuidado de Estilicón. Tras estas palabras, Teodosio se eleva al cielo estrellado, desde donde contempla los dominios dichosos de sus dos hijos. Claudiano finaliza el poema dirigiéndose a los dos hermanos, a los que les vaticina un mandato glorioso.

4) IV Cons .— El poema se recitó en Milán en enero del 398, año del cuarto consulado del emperador Honorio. Este panegírico es su poema más largo escrito hasta ese momento (656 vv.). En él encontramos también una decidida defensa de la política de Estilicón, pues en ningún momento se habla claramente de la guerra contra Gildón (la expedición había partido de Pisa en noviembre del 397), ni tampoco se alude a las delicadas relaciones Este-Oeste (Eutropio y Arcadio apoyaban decididamente al rebelde africano), posiblemente porque Estilicón trabajaba con afán por una aproximación entre las dos cortes.

Tras comenzar su poema con una alusión al día de la ceremonia, el poeta vuelve su mirada a Hispania, de donde procedía el abuelo de Honorio. El conde Teodosio fue el que logró las victorias en Britania y en Mauritania. Posteriormente alaba a su padre, al emperador Teodosio, cuyos méritos naturalmente son aún mayores. Sólo por sus propias virtudes llegó a la cima del poder. Tanto en Oriente como en Occidente protegió al imperio vacilante. Se nos narran las rebeliones de Máximo y Eugenio y la derrota de los tiranos. El panegírico tiene palabras de reconocimiento para la clemencia y la generosidad de Teodosio. Tras un elogio del nacimiento de Honorio, sigue la parte fundamental del poema, el discurso que Teodosio dirige a su hijo y en el que le da consejos para la alta misión a la que está destinado. Se nos recuerda que, cuando Teodosio se disponía a sofocar en los Alpes la rebelión de Occidente, Honorio ansiaba acompañarlo. El padre se negó a ello, pues pronto le llegaría al niño la edad madura. Lo anima ahora a proseguir sus estudios y le muestra ejemplos de la historia de Roma, ejemplos que pueden servirle para seguir el camino recto. El poeta dirige entonces de nuevo su mirada al presente. Se nos narran las hazañas de Estilicón, al que Teodosio le había confiado sus dos hijos y se elogia el buen gobierno de Honorio y su destreza militar.

Al final del poema hay una innegable referencia al casamiento de Honorio 37 . A este acontecimiento dedicaría Claudiano su siguiente poema.

5) Nupt . y Fesc . I-IV.— El matrimonio de Honorio con María, la hija de Estilicón y Serena, tuvo lugar en Milán a inicios del 398. El casamiento fue anterior a la derrota de Gildón (marzo del 398) y posiblemente se celebró en febrero. Claudiano compuso para la ocasión un extenso epitalamio y cuatro pequeñas composiciones conocidas como Fescennina .

Resumimos brevemente el tema del epitalamio. En primer lugar el poeta alude en el prefacio a las bodas de Tetis y Peleo, en las que Terpsícore dejó oír lascivos cantos que agradaron a Júpiter y a los otros dioses, pero no a los Centauros y a los Faunos. En el séptimo día, Febo entonó con su lira un canto más noble, en el que vaticinaba el nacimiento del héroe Aquiles. El poeta había seguido en sus Fescennina un tono más o menos libre y lascivo. El séptimo día, el día de la boda, quiere entonar con su epitalamio un canto distinguido. El poema nos relata cómo se aviva en el corazón de Honorio el amor hacia María, amor que lo empuja al casamiento con ella tan pronto como sea posible. No comprende el emperador cómo Estilicón retrasa la fecha. También suplica a Serena para que se cumplan sus deseos. Luego Amor, testigo de este enardecimiento del emperador, vuela a Chipre para comunicárselo a su madre. La escena cambia, pues, al palacio de Venus en Chipre, construido de oro y piedras preciosas y que exhala los olores más diversos. Cupido sorprende a su madre cuando ésta se ocupa en su aseo y le da las noticias. Venus conoce bien a la novia, la hija del hombre que es el baluarte de la Galia e Italia. Ella lo deja todo y se encamina a Italia a lomos de Tritón, acompañada por los alados Cupidos y las desnudas Nereidas, que profesan eterna lealtad a Estilicón; cada una de ellas va montada en un animal diferente, cada una lleva un regalo distinto para la boda de María. A la llegada de Venus a Milán, los soldados se regocijan, sus estandartes florecen. Himeneo elige las antorchas festivas, las Gracias reúnen las flores, Concordia teje dos coronas y los Cupidos se disponen a adornar el lecho nupcial. Entre los adornos Venus incluye todos los despojos reunidos por Teodosio en las innumerables victorias logradas con Estilicón como compañero. La misma Venus se dirige a María, que está estudiando a los clásicos con su madre, y le pide que acepte el destino. El ejército, que ha dejado a un lado las armas, prorrumpe en alabanzas a Estilicón. Como es tradicional, el epitalamio concluye con una súplica por la fecundidad del matrimonio:

sic uterus crescat Mariae; sic natus in ostro

parvus Honoriades genibus considat avitis 38 .

Todo el epitalamio está cargado de propaganda política. Los temas políticos se introducen ingeniosamente dentro de la estructura del poema, apareciendo mezclados con Venus y sus coros de Cupidos y todos los otros elementos del género.

Los Fescennina están perfectamente ligados entre sí. El primero, el de tono más sosegado y general en el contenido, termina:

Beata, quae te mox faciet virum

primisque sese iunget amoribus 39 .

El segundo lanza la afirmación de que la madre proviene de Hispania (Fesc . II 27), lo cual comienza a revelarnos la identidad de la novia. El tercero, anunciándonos que Estilicón será el suegro, no deja mucho lugar a las dudas. Pero sólo es en el último verso del cuarto, el más apasionado y erótico de los cuatro, donde se da el nombre de la novia:

haec vox per populos, per mare transeat:

«formosus Mariam ducit Honorius 40 ».

En el primero se alaba al novio. En el segundo toda la tierra es invitada a la celebración del matrimonio. En el tercero se elogia al suegro, Estilicón. El último se refiere a las nupcias.

El tercero revela también claramente el significado político del casamiento y la razón de que se haya apresurado, es decir, la hostilidad y oposición mostradas hacia Estilicón:

Gener Augusti pridem fueras ,

nunc rursus eris socer Augusti .

Quae iam rabies livoris erit?

Vel quis dabitur color invidiae?

Stilicho socer est, pater est Stilicho 41 .

6) Gild .— En el verano del 397 la corte oriental declaraba a Estilicón hostis publicus . Ello dejaba claro que Eutropio era para el caudillo occidental un enemigo más terrible que Rufino. La influencia del eunuco Eutropio sobre Arcadio fue completa. Zósimo (V 12, 1) nos dice que lo dominó como a un buey. Además, dado que fue capaz de contar con el apoyo del ejército, fue el dueño completo del imperio del Este.

Pero su ambición no se limitó sólo al Este. En el 397, Eutropio abrió negociaciones con Gildón, un príncipe africano a quien Teodosio (imprudentemente) le confió todo el poder civil y militar de África. El eunuco invitó a Gildón a traspasar su lealtad de Honorio a Arcadio. La posesión de África era importantísima para Roma, ya que el abastecimiento de grano de ésta dependía casi exclusivamente de aquélla. Tan dependiente era Roma de África, que solo el retraso de unos días en la llegada de las naves con el grano podía provocar (y a veces lo provocó) hambre y disturbios.

Gildón y Eutropio negociaron la transferencia de África al imperio oriental. Gildón prefería naturalmente la soberanía de la distante Constantinopla a las riendas de la cercana Roma. Eutropio, cortándole el suministro a Roma, esperaba destruir el crédito de Estilicón, apartarlo del poder y llegar a ejercer sobre Honorio la misma tutela que ya ejercía sobre Arcadio.

En el curso del 397 Gildón comenzó a reducir el suministro a Roma y en el otoño lo suspendió totalmente. Estilicón estaba en una posición embarazosa, dada su condición de hostis publicus para el Este. ¿Cómo conducir una expedición contra Gildón en nombre de Honorio cuando el rebelde africano era un leal servidor de Arcadio? Por otra parte, la actuación tenía que ser rápida.

Pero Estilicón tuvo más suerte de lo que él mismo esperaba. Por fortuna, pudo utilizar los servicios de Mascezel, un hermano de Gildón. Mascezel había buscado recientemente asilo en Milán para escapar a las garras de Gildón. Éste había intentado asesinar a su hermano y de hecho había logrado matar a sus dos sobrinos.

Mascezel logró la victoria sobre Gildón en un cortísimo espacio de tiempo. Su expedición dejó Pisa en noviembre del 397 y Gildón fue derrotado unas semanas después de la llegada de Mascezel a África en febrero del 398. El asunto fue tan rápido que Eutropio no tuvo tiempo de considerar si debía enviar un refuerzo para ayudar al rebelde.

Gild , fue recitado en Milán, probablemente en abril del 398, tan pronto como llegaron a la ciudad las noticias de la victoria. La concepción del poema responde claramente a consideraciones políticas y a motivos propagandísticos. Claudiano muestra poca preocupación por la verdad. A lo largo del poema vemos cómo omite unos hechos o tergiversa otros con la finalidad de favorecer al general occidental y su política.

En cuanto al contenido, podemos resumirlo así: Roma, agobiada por el hambre y sintiendo miedo de su destrucción, aparece escuálida ante Júpiter en el Olimpo. Se queja de Gildón y pide angustiada alivio para el hambre. A continuación llega África ante el soberano de los dioses y relata en qué triste situación se encuentra su tierra a causa de la codicia y la lujuria de Gildón. Júpiter les promete ayuda a ambas y proclama que África sólo servirá a Roma; Honorio abatirá al enemigo común. Luego los dos Teodosios, el padre y el abuelo de Arcadio y Honorio, les llevan a los emperadores las órdenes divinas. El padre se dirige a Arcadio y el abuelo a Honorio. El padre defiende la opinión de la corte occidental acerca del problema; critica duramente a Gildón y habla en favor del respeto y la unión entre los dos hermanos; también inserta un elogio de Estilicón. Arcadio obedece de buen grado los mandatos de su padre y acepta que África sea devuelta a su hermano. El conde Teodosio anima a Honorio a comenzar la guerra contra Gildón. Honorio convoca a su suegro Estilicón para saber su parecer acerca del asunto. Estilicón piensa que Honorio no debe participar en la batalla y propone que sea enviado a África un ejército bajo las órdenes de Mascezel, ya que éste ansía vengarse de su hermano Gildón. Honorio acepta los consejos de Estilicón y comienza a equiparse una flota. Antes de la partida, el emperador pronuncia un discurso ante el ejército. La tempestad arroja la flota a Cerdeña, donde espera anclada vientos favorables.

Se ha pensado a veces que Gild , constaría de dos libros y que sólo conservamos el libro I. Pero parece demostrable que Claudiano o nunca escribió un libro II o entregó el borrador a las llamas sin haberlo publicado. Pues al describir la campaña misma y la batalla, Claudiano habría tenido que concederle los mayores méritos a Mascezel y esto no habría sido del agrado de Estilicón. Hay que tener en cuenta además que Mascezel sostuvo, al retornar a Milán, que debía su éxito a una intervención póstuma de S. Ambrosio 42 . Ya Mascezel había revelado su ortodoxia reteniendo la expedición mientras ayunaba y rezaba con algunos monjes en la isla de Cabrera 43 . Parece como si estuviese intentando congraciarse con el poderoso partido cristiano en la corte de Milán, un grupo que comenzaba a apartarse de Estilicón por su indulgencia hacia herejes y paganos. Estilicón solucionó fácilmente las ambiciones de Mascezel: se deshizo de él 44 .

Pero Claudiano nos narra la campaña en otro poema posterior, en Stil . I 246-385. El hecho de que el poeta dedicase una gran atención aquí a la campaña confirma la hipótesis de que nunca recitó un Gild . II. Es por ello por lo que aprovecha la oportunidad para volver a algo que no había terminado.

Sea como fuere, Gild , es una muestra excelente del arte de Claudiano como poeta y de su habilidad como propagandista.

7) Theod .— El año 399, una vez que se había derrotado a Gildón y se había recuperado África, parecía el momento adecuado para que ocupase el consulado Estilicón, quien a pesar de ser miembro de la familia imperial y regente de la parte occidental del imperio, no había desempeñado nunca el cargo. Pero tampoco este año quiso ser cónsul, tal vez temiendo que Arcadio no lo reconociera como tal, dado que todavía era un hostis publicus a los ojos del Este.

El cónsul de Occidente de ese año fue Manlio Teodoro, un jurista, filósofo y hombre de letras que había hecho una sobresaliente carrera administrativa. Para este cónsul nuestro poeta compuso el panegírico que nos ocupa, panegírico recitado en Milán en enero del 399. Podemos pensar que Claudiano escribió este poema por su amistad con el cónsul o por respeto hacia él. Como atestiguan sus Carmina minora y su De raptu Proserpinae , la pluma de Claudiano no estaba reservada exclusivamente para el servicio de Estilicón.

El contenido del poema podemos resumirlo así: Claudiano pregunta tímidamente en el prefacio a Talía si ella se atreverá a cantar ante la distinguida asamblea que reúne a la flor y nata de los próceres de todo el mundo. Pero el amor por el cónsul empuja al poeta. En el comienzo del panegírico se nos expone que la gloria sigue a la virtud; de ello es un ejemplo claro Teodoro. Al ser un joven destacado en la elocuencia y en la defensa de los reos, se le fueron concediendo los cargos uno tras otro; se nos enumeran detalladamente todos ellos. La retirada de la vida pública le permite a Teodoro dedicarse al estudio, al cultivo de la ciencia y de la filosofía. Entonces se le presenta la Justicia, que lo encuentra absorto en sus investigaciones astronómicas. La diosa le pide que vuelva de nuevo a ocupar cargos públicos. Teodoro le expone cuán duro es esto para él, apartado durante tanto tiempo de la política; pero a pesar de ello, no puede negárselo a la diosa, la madre de la civilización y de las leyes. Se elogian entonces sus virtudes y su gran capacidad para el desempeño de sus nuevas tareas. El emperador, juez de sus méritos, lo honra con el consulado. Todo se alegra con el año que comienza. Urania invita a sus hermanas a preparar juegos para tan dichosa ocasión y termina su discurso con felicitaciones al cónsul.

El panegírico de Teodoro es un poema elegante. Nos presenta la carrera del cónsul a través de todos sus estadios de acuerdo con el modelo tradicional, deteniéndose especialmente en sus conocimientos filosóficos. Es un poema de gran interés que nos informa sobre la actitud cultural y los conocimientos de Claudiano.

El poema no tiene un contenido político, pero encontramos también en él algo de propaganda. El cónsul de Oriente en el 399 fue el eunuco Eutropio. A una parte importante de la opinión pública le chocó la designación de un eunuco como cónsul, pues ello iba contra el mos maiorum . Por ello, hacia el final del poema Claudiano nos dice:

Nil licet invidiae, Stilicho dum prospicit orbi

sidereusque gener. Non hic violata curulis ,

turpia non Latios incestant nomina fastos;

fortibus haec concessa viris solisque gerenda

patribus et Romae numquam latura pudorem 45 .

Aunque no se menciona su nombre, la alusión a Eutropio y al escándalo de su consulado es indiscutible.

8) Eutr . I, II.— Como acabamos de decir, Eutropio ocupó el consulado en Oriente el año 399. Frente a Manlio Teodoro, cónsul de Occidente en el mismo año, hombre destacado en las letras y en la administración, se nos presenta a Eutropio como un eunuco corrupto, lujurioso, traicionero y de bajo nacimiento. Había surgido en Occidente una corriente de hostilidad hacia el cónsul oriental, corriente que Estilicón podía explotar. Claudiano se puso a trabajar inmediatamente. El resultado fue Eutr . I y II, la invectiva más cruel de toda la literatura antigua.

El tema dominante de Eutr . I es la aberración, la prodigiosa monstruosidad que supone el hecho de que un eunuco ocupe el consulado. Se hacen otras acusaciones, pero la mayor es el simple hecho de que un eunuco se haya atrevido a ser cónsul. Eutropio es presentado como una fuerza primitiva, un poder de la oscuridad. Es algo repugnante, un bufón. Sencillamente Claudiano explota al máximo la aversión y el desprecio universal hacia los eunucos. Esta actitud era más acusada en Occidente donde los eunucos eran menos comunes. El poema sería recitado en Milán en la primavera del 399.

Exponemos brevemente su contenido. El poeta contempla el suceso como una monstruosidad. El cónsul ha tenido, como esclavo, numerosos dueños y todos lo han rechazado. Se nos cuenta cómo fue castrado poco después de su nacimiento por un armenio. El soldado Ptolomeo, que había tenido durante largo tiempo con él relaciones lujuriosas, se lo regaló a Arinteo. Sigue un lamento del eunuco despreciado. Sirvió como alcahuete eficaz a Arinteo, hasta que éste lo entregó como regalo de bodas a su hija. Pero su fealdad y su deformidad física eran tales, que provocaba terror en todas partes. Como todos lo despreciaban, consiguió la libertad e incluso logró el poder en la corte oriental. Abundancio lo elevó a los altos cargos; el eunuco le pagó el favor con la expropiación de las riquezas y el exilio. El gobierno de Eutropio es algo terrible, especialmente su codicia, que causa inmensas desgracias. Es grave también que imparta justicia y deshonre las armas actuando como general. Engreído, se queja todavía de la envidia de la que es objeto. ¡Un castrado toma parte en la guerra y se entrega a tales ocupaciones de los hombres! Pero lo más horrible es que Eutropio exige el consulado por sus hazañas guerreras. Han sucedido cosas muy terribles, pero nunca en el mundo fue cónsul un eunuco. Hubiera sido mejor que una mujer hubiese alcanzado las fasces, prohibidas para el sexo femenino. Al principio nadie creía que Eutropio hubiese alcanzado el consulado. Un hombre serio opina que ello es algo inimaginable; otro, más bromista, cree que el eunuco logró el consulado con sus habituales uniones y con la vivacidad de su mano. Ahora la diosa Roma se encamina a Milán, a la corte imperial, y dirige a Honorio un largo discurso: la corte oriental tiene envidia de la occidental; la elevación de Eutropio al consulado es una deshonra para Oriente; un suceso tal no puede ocurrir en Occidente, debido a su glorioso pasado; pide a Honorio y Estilicón que aparten del imperio la deshonra.

En su ataque al gobierno de Eutropio, Claudiano tiene pocos argumentos originales. Sus acusaciones acerca de la perversión y el vicio tal vez podamos ignorarlas. La rectitud de Eutropio fue grande y lo que Claudiano nos dice eran tópicos característicos de las invectivas. Es posible que en ocasiones fuese cruel, pero ello no consta en otras fuentes, y durante su gobierno se promulgaron muchas leyes humanitarias. La misma brevedad de las acusaciones atestigua la falta de fundamento de nuestro poeta.

Eutr . II no fue escrito al mismo tiempo que Eutr . I. El poema fue recitado en Milán en septiembre del 399, es decir, unos seis meses después que el libro I. Es interesante la opinión de A. Cameron 46 sobre la composición de este poema. Se ha supuesto normalmente que Eutr . II fue inspirado por la caída de Eutropio (agosto del 399). La verdad es que el prefacio demuestra que Claudiano tenía conocimiento del exilio del eunuco. Pero el prefacio es, normalmente, lo último que se escribe y nuestro poeta también lo compuso con posterioridad al cuerpo primordial del poema. El poema en sí supone que Eutropio está en el poder, que es la fuente de todos los problemas del Este y el único obstáculo para la paz y concordia entre las dos cortes. Al mismo tiempo intenta ofrecer a Estilicón un pretexto para su intervención en los asuntos de la corte oriental, ya que ésta sería la única manera de salvar a Oriente del desastre total.

Claudiano había completado la mayor parte de su poema cuando llegaron a él las noticias de la caída de Eutropio. Fue entonces cuando compuso el prefacio, un verdadero himno de triunfo por la caída del eunuco. Pero también entonces (tal vez unos pocos días después) añadió unos versos en el inicio del poema (vv. 1-23), que constituyen el llamado «proemio». El tono del proemio es diferente del que hemos señalado para el prefacio. En el proemio, la caída de Eutropio es demasiado tardía, remedio demasiado pequeño para recuperar la salud de la corte. Y es que el exilio del eunuco no trajo consigo la deseada mejora en las relaciones de Estilicón con el gobierno del Este. Es por ello por lo que los versos del proemio son menos triunfalistas que los del prefacio. Así pues, Claudiano habría compuesto su poema por este orden: 1) cuerpo fundamental del poema (vv. 24-602); 2) prefacio; 3) proemio (vv. 1-23).

Resumimos brevemente el contenido de Eutr . II. En el prefacio se nos habla de la caída y del exilio del eunuco, que de nuevo tendrá que volver a ser esclavo y a soportar los fastidiosos grillos. En el comienzo del poema se nos dice que la corte no se purifica sólo con el destierro de Eutropio. Son necesarios remedios mayores. Retrocede entonces el relato y se nos enumeran los prodigios que aconsejaban no concederle el consulado a un eunuco. Cuando alcanza el cargo, todos lo felicitan y adulan. Se erigen estatuas para recuerdo de sus hazañas. Llega la primavera: Eutropio promueve un viaje a Ancira para pasar el verano ociosamente. Marte contempla la afeminada multitud y sonríe; se dirige a Belona lamentándose de la molicie de Oriente y le pide que provoque la guerra incitando a los bárbaros a la rebelión; así podrá salvarse la honra de Roma. La diosa se dirige al jefe de los godos, Tarbígilo, tomando la figura de la esposa de éste. Por casualidad Tarbígilo regresaba de Constantinopla sin haber conseguido nada de Eutropio. Así pues, las sarcásticas palabras que le dirige su esposa caen en un terreno ya abonado. El jefe godo incita a sus hombres a la rebelión; saquean Frigia, cuya geografía nos describe el poeta, y capturan las ciudades. Cibeles, al darse cuenta de que Frigia se derrumba, se despide desconsoladamente de su tierra. Al principio Eutropio no cree el asunto tan peligroso y divulga que se trata de una pequeña banda de ladrones. Igual que el avestruz, no quería ver el peligro. Cuando el eunuco comprende que la situación es grave, convoca en su palacio al consejo. Llegamos así a la parte más dura de la invectiva. Los miembros del consejo son personas corruptas, interesadas por sus mansiones, por la vestimenta y la comida. En la cima del poder están Eutropio y Hosio, un alcahuete y un cocinero. En lugar de hablar de la guerra, estos próceres conversan sobre circo y teatro. Eutropio los reprende. Se levanta el obeso León, un antiguo cardador, que se compromete a vencer a Tarbígilo. Pero en la batalla, la suerte estuvo contra él y murió mientras huía. Cuando el palacio estaba confundido por la victoria de Tarbígilo, llegó una noticia más funesta: la invasión del imperio por parte de los partos. Todos dirigen su mirada a Estilicón, el único que puede proporcionar la salvación. La Aurora se dirige a Italia para pedir la ayuda del caudillo occidental: tras el terror de Rufino llegó el gobierno aún peor de Eutropio; Oriente está desolado por los continuos saqueos, mientras la corte se entrega a la danza y al banquete; Estilicón puede ser defensor de ambos imperios.

¿Cuál es entonces el propósito de Eutr . II, es decir, del poema en sí, exceptuado el prefacio y la adición del proemio? Pintar una situación oscura de Oriente, producto del consulado de Eutropio, e igualmente ofrecer a Estilicón un pretexto para su intervención en los asuntos del Este.

9) Stil . I, II, III. No mucho después de la aparición de Eutr . II, Claudiano recibía un nuevo encargo: la composición de un panegírico para el consulado de Estilicón (400). Si en el caso de los Anicios, del emperador Honorio y de Teodoro fue suficiente con un solo libro, Estilicón fue honrado con tres. Los libros I y II forman un todo; el primero alaba las hazañas guerreras de Estilicón y el segundo sus virtudes en la paz; ambos fueron recitados en Milán en enero del 400. El libro III es realmente un libro aparte y fue recitado en Roma un mes más tarde aproximadamente con ocasión de la entrada triunfal de Estilicón en la ciudad.

Resumimos el contenido de los tres libros. El libro I comienza hablándonos de la grandeza de Estilicón. En el caudillo convergen juntas todas las virtudes, las cuales aparecen repartidas en los demás hombres. El poeta se dispone a contarnos la vida de su héroe hasta la elevación al consulado. Ya desde niño tuvo un espíritu sublime e infundía respeto a todo el mundo. Apenas había llegado a su juventud y ya participó en la embajada que fue a Babilonia para pactar un tratado. Pero el suceso más importante en la vida de Estilicón es su matrimonio con Serena; con este casamiento se introdujo en la corte imperial, logrando así una posición influyente. El poeta comienza ahora a elogiarnos las hazañas guerreras del héroe: sus luchas contra los bastarnas, los visigodos, etc. El imperio no se tambaleó a la muerte de Teodosio, pues Estilicón controló con seguridad el ejército, formado por una multitud de tropas provenientes de numerosos pueblos. Se nos habla a continuación de la pacificación del Rin por parte del caudillo. Sigue un amplio relato sobre la guerra contra Gildón, claramente apoyado por el Este. Es curioso que no se mencione a Mascezel, quien había guiado la expedición a África y había derrotado a Gildón, pero al que había asesinado Estilicón tras su regreso a Milán. Por el contrario, se exageran los méritos del caudillo vándalo.

Si el libro I alaba las empresas guerreras de Estilicón, el II elogia sus cualidades éticas. Se ensalzan sus diferentes virtudes: clemencia, lealtad (que da pie a que se muestre la relación de Estilicón con Honorio y Arcadio), imparcialidad, perseverancia. Por otro lado, los vicios (codicia, ambición, lujuria y soberbia) están totalmente apartados de él. Todas las provincias admiran a Estilicón y desean que acepte de una vez el consulado. Hispania, Galia, Britania, etc. aparecen personificadas ante la diosa Roma y le solicitan su ayuda para convencer al héroe. Roma vuela hacia Estilicón y le pide en un discurso que deje a un lado su negativa a ser cónsul; la oposición entre Estilicón y el eunuco Eutropio es explotada extensamente por el poeta; Estilicón es a su vez el único capaz de hacer desaparecer la deshonra que ha traído consigo el consulado del eunuco. Roma le hace entrega de la trábea bordada por Minerva y del bastón de marfil. Después que Estilicón ha aceptado ser cónsul, la diosa habla otra vez: expresa su alegría y pide al héroe que vaya a Roma, donde lo recibirán multitudinariamente. Para terminar, el poeta glorifica en una bella alegoría el año del consulado del caudillo.

En el prefacio del libro III, Claudiano hace un elogio de la poesía. Escipión Africano el Mayor se preocupó por la poesía y tuvo a su lado a Ennio. Nuestro poeta ve a Estilicón como su Escipión. En el libro III, Estilicón se encuentra en la misma Roma. El poeta expone la suerte de la ciudad por poder tener al héroe, pero en lo esencial no aparecen ahora nuevas facetas de Estilicón. El elogio de Roma está disperso por el poema y al final aparecen bellas escenas de caza. Estilicón había ofrecido juegos en Milán, pero debía hacer también lo mismo en Roma. Diana se dirige junto con sus Ninfas a capturar las fieras para los juegos en las regiones más diferentes. El poeta llega incluso a describirnos cómo son transportadas las fieras a Italia.

10) Get .— Estilicón se enfrentó a Alarico en cuatro ocasiones: en el 395, en el 397, en abril del 402 (batalla de Polentia) y julio o agosto del mismo año (batalla de Verona). En todas ellas el jefe visigodo logró salvarse y escapar con su ejército casi intacto, aunque en las dos últimas fue derrotado parcialmente. No estamos bien informados acerca de las campañas del 395 y del 397. Dado que las dos fueron infructuosas, Claudiano nos habla de ellas con su retórica habitual y de un modo falso. Afortunadamente, conocemos mucho mejor las campañas del 402. Claudiano nos dice ahora mucho más que antes, ya que Estilicón logró, relativamente, la victoria.

Get . es junto con Gild , el otro gran poema de épica histórica de Claudiano. Fue recitado en Roma en mayo o junio del 402, es decir, casi inmediatamente después de la batalla de Polentia.

Contenido: Claudiano nos dice en el prefacio que el poema va a ser recitado en el templo de Apolo en el Palatino, donde también había recitado su Stil . III. Menciona la estatua que le erigió la corte a instancias del senado en el Foro de Trajano. Reconoce que un premio tal le exige aún más; pero la grandeza del asunto que va a cantar alivia su miedo. En el poema, Claudiano considera gloriosa la hazaña de Estilicón y piensa que ésta ha superado a las demás empresas brillantes de la historia de Roma. También se destaca la rapidez de la victoria. Cundía el desánimo en todos; solo Estilicón permaneció firme y tranquilo. El héroe consiguió mediante un discurso calmar la excitación del pueblo e infundirle confianza; también hizo desistir de la huida a la corte. En medio del invierno, Estilicón se dirige a Retia; con su llegada restaura de nuevo la calma. Su regreso a Italia infudió otra vez ánimo a todos; también la corte se alegra. Entre los getas se celebra una asamblea. Uno de los ancianos más influyentes toma la palabra y le suplica a Alarico que se retire de la parte occidental del imperio. Irritado por ello, Alarico reprende al anciano y manifiesta que entrará en la ciudad de Roma, pues está destinado a ello. Estilicón dirige un discurso a su ejército. Sigue la descripción de la batalla. El jefe de los alanos cayó en la contienda y su muerte provocó el desconcierto entre la caballería, pero acude una legión guiada por Estilicón y evita el desastre. Roma consiguió la victoria y cayó en sus manos un rico botín. El poeta alaba a Polentia, el lugar de las derrotas bárbaras, y equipara la victoria de Estilicón sobre los getas con la de Mario sobre los cimbros.

En la batalla de Polentia se luchó duramente y hubo grandes matanzas en ambos bandos. La batalla terminaría con unas tablas favorables para Roma. Alarico se retiró con su ejército poco dañado. El mismo Claudiano admitirá esto abiertamente más tarde 47 , cuando Estilicón había derrotado ya a Alarico en Verona. Es decir, tras Polentia los visigodos siguieron siendo una fuerza peligrosa y permanecieron dentro de Italia.

11) VI Cons .— Este poema fue recitado en Roma en enero del 404. Su primer propósito era celebrar la obtención del sexto consulado por parte de Honorio 48 . Pero Claudiano, como siempre, dedica una parte importante del poema a elogiar las hazañas recientes de Estilicón, especialmente la batalla de Verona.

Resumamos el contenido del poema. En el prefacio parte el poeta de la idea de que las ocupaciones de los hombres tienen su reflejo en el sueño. Nos cuenta que también él en sueños les recitaba a los dioses en el cielo estrellado y era el tema de su canto la victoria de Júpiter sobre los Gigantes. Pero su sueño no había forjado ninguna ilusión, pues ahora lo escuchan el emperador y su corte, una venerable asamblea de dioses. En el panegírico en sí el tema central es la visita del emperador a Roma. La diosa Roma se aparece ante Honorio y le pide que se dirija a la ciudad del Tíber. El emperador acepta y marcha con su ejército desde Rávena a Roma. Destaca la descripción del recibimiento y de la fiesta, en la que despiertan nuestro interés los juegos celebrados. Pero Claudiano toca también otros temas. La batalla de Polentia no había traído la paz; Estilicón debió luchar nuevamente con el invasor. La batalla de Verona supuso la segunda derrota para Alarico; como posteriormente intentaba todavía alcanzar Retia y Galia, Estilicón tuvo de nuevo que hacerlo desistir de su intento. Alarico comprendió al fin que estaba derrotado y dirige entonces un discurso a Ausonia en el que expone la historia de su desgracia.

La inutilidad de Verona nos la muestra a su vez el mismo Claudiano. Nos describe cómo Alarico, con su espíritu sin quebrantar, intentó pasar de nuevo los Alpes y caer repentinamente sobre Galia o Retia 49 . Estilicón, por supuesto, lo detuvo, aunque el poeta no nos da detalles. Indudablemente los visigodos quedaron con grandes fuerzas tras Verona, aunque Claudiano nos hable de desertores que abandonaron a Alarico mientras éste los llamaba en vano llorando. No sabemos dónde pasó Alarico los dos años siguientes, pero por 404-405 era todavía el jefe indiscutible de los visigodos y estaba a la cabeza de una fuerza tan formidable como antes.

VI Cons . fue el último poema de Claudiano. Para los últimos cuatro años de la supremacía de Estilicón estamos privados de la valiosa información que nos proporciona la obra de nuestro poeta.

B)

Poemas mitológicos

Según hemos dicho anteriormente, trataremos aquí sólo del poema más famoso de Claudiano, Rapt . Es su obra más ambiciosa, aunque está inacabada. Sólo conservamos tres libros, de los cuales el I y el II tienen un prefacio. Son 1172 versos en total.

Mientras que los poemas históricos pueden ser fechados con más o menos precisión por las referencias que hay en ellos a sucesos históricos, la falta de tales referencias en Rapt . ha hecho que surjan diferentes teorías sobre la fecha de su composición. Exponemos a continuación brevemente las teorías de Birt y Cameron al respecto 50 .

El prefacio del libro I describe cómo el primer hombre que se confió al mar en una nave comenzó primero navegando por el borde de los litorales, afrontó luego las bahías y se fue retirando poco a poco de tierra hasta adentrarse finalmente en alta mar. El poeta está utilizando sin duda un símil y nos viene a decir que con su Rapt . está embarcándose en una empresa más ambiciosa que las que hasta entonces había acometido. Birt argumenta (pág. XV) que Claudiano no podría haber escrito esto «post magnae molis carmina quae sunt de Rufino, de bello Gildonis, de Eutropio vel. post amplam laudem Stiliconis». Así pues, piensa que Rapt . fue comenzado en el 395, después de la aparición de Prob .

Al final del prefacio del libro II, después de describir con bastante extensión cómo Orfeo cantó las hazañas de Hércules, Claudiano concluye:

Thracius haec vates. Sed tu Tirynthius alter ,

Florentine, mihi: tu mea plectra moves

antraque Musarum longo torpentia somno

excutis et placidos ducis in orbe choros 51 .

¿Quién es Florentino? Se trata del prefecto de la ciudad de Roma entre 395 y 397. Birt piensa que Rapt . fue dedicado a este Florentino durante su prefectura de la ciudad y su opinión ha sido aceptada generalmente. Sugiere que Claudiano escribió el poema para elogiar el buen desempeño por parte de Florentino de su deber de suministrar grano a Roma durante la crisis con Gildón 52

Birt explica incluso, por qué Rapt . está inacabado. Florentino fue destituido de su cargo a finales de diciembre del 397 porque no era suficientemente activo en reunir tropas para la ofensiva de Estilicón contra Gildón. Naturalmente Claudiano no podía terminar un poema comenzado en honor de un hombre que ahora era persona non grata para Estilicón. Por tanto, para Birt el poema se compuso entre 395 y 397.

De modo muy diferente piensa Cameron. Para él, el símil del prefacio del libro 1 implica más bien que Claudiano había escrito ya no un poema solamente, sino un cierto número de ellos, aunque menos ambiciosos que Rapt . Claudiano pudo muy bien pensar que escribir un poema mitológico en numerosos libros era componer algo más elevado que un simple panegírico o poema épico en honor de un general victorioso. Desde este punto de vista Rapt . es más ambicioso que todo lo restante que escribió Claudiano.

Para Cameron hay bastantes paralelismos entre Rapt . y Ruf 53 . En su opinión, Claudiano repitió en Rapt . ideas que había ya utilizado en Ruf . Cameron sugiere entonces que el terminus post quem para la publicación de Rapt . I es el verano del 397, es decir, la fecha de aparición de Ruf . II. Concretamente Rapt . I debió de escribirse a finales del verano o a principios del otoño del año 397, después que recitara Ruf . II y antes de ponerse a trabajar en IV Cons . y la larga serie de poemas que lo siguieron.

Pero del prefacio del libro II se deduce claramente que los libros II y III se publicaron algún tiempo después que el I. Claudiano nos dice en este prefacio:

antraque Musarum longo torpentia somno

excutis et placidos ducis in orbe choros 54 .

Además, cuando Claudiano pone un prefacio a un libro posterior de un poema, ello significa que este libro fue escrito y recitado con posterioridad al libro o libros anteriores de dicho poema 55 . Ello significa que Rapt . II y III se publicaron conjuntamente, dado que Rapt . III no tiene prefacio.

Pero ¿a qué se refiere el poeta con este «largo sueño»? Sin duda alguna debe de significar que ha pasado más tiempo que el acostumbrado desde que recitó su último poema. Existe además un paralelismo exacto entre lo dicho en este prefacio y lo que el poeta nos dice en el prefacio a Get ., recitado alrededor de mayo del 402, cuando habían transcurrido casi dos años y medio desde que Claudiano había recitado su último poema, Stil . I-III, en enero-febrero del 400:

Post resides annos longo velut excita somno

Romanis fruitur nostra Thalia choris 56 .

Para un escritor rápido y prolífico como Claudiano, dos años y medio eran un largo vacío. De hecho es el único vacío de tal extensión en el breve período de su actividad literaria, pues entre los sucesivos poemas escritos desde enero del 395 hasta enero del 404 no hay más de un año de separación (y en algunos casos, como hemos visto, el vacío es mucho menor). Parece por tanto lógico asumir que el longus somnus de los dos prefacios se refiere al mismo período de tiempo. Así pues, Rapt . II y III aparecerían también en el 402, aproximadamente por las mismas fechas que Get . Lo cual quiere decir que Claudiano compuso estos libros entre el 400 y el 402, pues, según hemos dicho ya anteriormente, en el período 398-400 el poeta estuvo muy atareado con los poemas históricos en defensa de Estilicón y su política.

Ahora Claudiano dedicó esta continuación a su amigo Florentino. Dado que Rapt . era un asunto puramente literario, no había razón para que ello ofendiera a Estilicón. Habían pasado además muchos años desde que el caudillo occidental había destituido a Florentino.

No obstante, Claudiano se vio obligado a posponer una vez más la composición de Rapt . Tuvo que escribir VI Cons . para enero del 404 y se dedicó también al panegírico prometido a Serena (c. m . 30) y a la Gigantomachia latina (c. m . 53). La muerte le interrumpió sus planes. Por tanto la explicación de Cameron acerca de por qué Rapt . está inacabado es bastante simple: la muerte le impidió terminarlo.

Veamos ahora el contenido del poema. En el prefacio del libro I leemos, según hemos visto ya, el símil del primer marinero. Claudiano comienza el poema exponiendo el tema y suplicando la ayuda divina. Se nos presenta a Plutón quejándose de su destino, que le ha negado incluso una esposa. Piensa entonces en rebelarse y luchar, pero intervienen las Parcas y lo apaciguan. Láquesis exhorta al dios de los muertos a que pida una esposa a Júpiter. Se hace venir a Mercurio, el intermediario entre el cielo y el mundo subterráneo. En tono amenazador el dios de las tinieblas manifiesta que está harto de permanecer sin esposa. Se le encomienda a Mercurio comunicar a Júpiter los deseos de Plutón. El mensajero cumple el encargo. El padre de los dioses reflexiona sobre el asunto y decide que sea Prosérpina la esposa de Plutón. Su madre Ceres estaba orgullosa de su única hija. La negaba a los pretendientes y, temiendo que se la raptaran, la ocultó en un lugar apartado en Sicilia; el poeta aprovecha la ocasión y nos describe la isla. Ceres se había dirigido en un carro tirado por dragones a Frigia, junto a Cibeles. Esta ausencia de la madre es oportuna para Júpiter, quien habla del asunto con Venus. Su plan es que la diosa del amor se dirija a Sicilia y consiga que Prosérpina abandone su morada y salga a la campiña. Venus comienza a ejecutar el plan; la acompañan Minerva y Diana, ignorantes del engaño. Las diosas encuentran en un palacio a Prosérpina, que se nos presenta bordando una tela para su madre. A la llegada de la noche, Plutón se prepara en el mundo subterráneo para su subida a la tierra.

El prefacio al libro II cuenta que la lira de Orfeo, que permanecía ya en silencio durante largo tiempo, se avivó con la presencia de Hércules en Tracia y provocó de nuevo los conocidos efectos en la naturaleza. Orfeo cantaba las hazañas de Hércules. Claudiano dedica el poema a Florentino, al que considera su Hércules, pues ha sido él quien ha despertado el plectro del poeta, adormecido ya por un largo sueño. El poema en sí comienza con la mañana. Guiada por Venus, Prosérpina se encamina a la campiña; la siguen también Minerva y Diana. El padre de las flores, el Etna, hace venir al Zéfiro para pedirle que lo haga florecer todo. El grupo, disperso, coge flores a iniciativa de Venus. De pronto suena un gran ruido. Plutón, intentando la salida al mundo superior, sube en su carro desde los Infiernos. Sigue el rapto de Prosérpina. Minerva y Diana se oponen al raptor sin éxito. Prosérpina rompe en lastimeras quejas sobre su destino; Plutón la consuela. En el mundo subterráneo se le hace un solemne recibimiento; es un día de júbilo para todos los muertos. Prosérpina es conducida al lecho nupcial y el libro termina con una felicitación.

El libro III comienza con una asamblea convocada por el soberano de los dioses. Júpiter expone cómo apartó de la raza humana la Edad de Oro. Pero ahora la Naturaleza le pide insistentemente que alivie al género humano. Por ello Júpiter ha determinado que Ceres, contenta cuando encuentre a su hija, conceda los cereales a los hombres. El requisito indispensable es que Ceres no sepa quién ha raptado a su hija; el soberano de los dioses amenaza con castigar duramente a cualquiera que revele el secreto. El poeta nos conduce ahora a Frigia, junto a Ceres. Prosérpina se le aparece angustiada en sueños a su madre. Ceres le comunica a Cibeles que no puede permanecer allí por más tiempo. Se dirige a Sicilia, donde no encuentra a su hija en el palacio. Por Electra, nodriza de Prosérpina, se entera de que su hija, guiada por Venus, salió del palacio y la ha raptado un desconocido. Ceres corre delirante por todo el Olimpo, pero nada le dicen allí sobre el destino de Prosérpina. No le queda otra solución que recorrer toda la tierra para encontrarla. Al punto se dirige al Etna para preparar dos antorchas que la guíen en su marcha nocturna. Se queja una vez más de su triste suerte y emprende su búsqueda.

C)

Poemas menores

1) c. m .— Se incluyen aquí un grupo de cincuenta y tres poemas más pequeños. Esta colección fue publicada tras la muerte de Claudiano, por orden de Estilicón y en honor del caudillo occidental, posiblemente en el 404 o poco después. Las composiciones que integran la colección pertenecen a tipos de poesía muy variados. Epigramas, epitalamios, panegíricos, ecphraseis , cartas en verso, etc. aparecen juntos sin orden aparente. Algunas de estas composiciones están incluso inacabadas. Todo ello nos sugiere que el editor publicó todo lo que encontró entre los apuntes de Claudiano.

En primer lugar hay que destacar dentro del grupo la Gigantomachia latina (c. m . 53), a la que dedicaremos especial atención.

La fecha de composición de la Gigantomachia ha sido también motivo de discusión. Podemos, no obstante, señalar dos hechos fundamentales: que el poema está inacabado y que, a pesar de su estado inconcluso, fue publicado en los póstumos c. m . junto con otras obras también sin terminar. Estos dos hechos nos sugieren que Claudiano lo dejó inconcluso cuando murió. Si ello es así, dado que nuestro poeta componía fácilmente y escribía con rapidez, la deducción lógica es que lo comenzó poco antes de morir.

Es éste un tema típico de los siglos IV y V . La lucha entre Olímpicos y Gigantes es una representación alegórica de los constantes enfrentamientos entre romanos y bárbaros. Los poetas se sienten atraídos por el tema y lo hacen objeto de su interés. Nono de Panópolis introducirá al principio y al final de sus Dionisiacas sendas Gigantomaquias 57 . En las obras de Claudiano son continuas las alusiones al tema y es precisamente en las obras recitadas en los años 402-404 (Get., Rapt . II-III y VI Cons.) donde las alusiones son más frecuentes 58 . Así pues, se trata de un tema que siempre le había interesado a nuestro poeta. Tal vez fue ese interés creciente por el tema el que lo llevó a escribir una Gigantomachia en latín a semejanza de la que, hacía ya tiempo, había escrito en griego.

Resumamos el contenido. La instigadora de la lucha es la madre Tierra que, envidiosa del imperio celeste y llena de dolor por el sufrimiento de sus hijos los Titanes, producía nuevos monstruos para luchar contra los dioses. Los Gigantes se muestran dispuestos para el combate. La madre Tierra les aviva sus deseos de lucha: la victoria les proporcionará el dominio sobre el mundo; es hora de que Júpiter experimente el poder de la Tierra; pone a disposición de sus hijos sus miembros, los mares y las montañas. En su arrogancia, los monstruos piensan que tienen ya la victoria en sus manos y se imaginan sus uniones con las diosas. Los dioses, a los que Iris ha convocado de todos lados, acuden a la morada de su padre dispuestos para la defensa. Júpiter se dirige a la asamblea: el cielo está destinado a las divinidades; los monstruos que la Tierra envía contra ellos, deben serle devueltos como cadáveres. Comienza la batalla. Uno de los Gigantes blande el Eta, otro agita en sus manos el Pangeo, otro se arma con el Atos, etc. Los dioses acometen a su vez. Marte se lanza con sus caballos sobre el enemigo y traspasa con su espada a Peloro. Mimante corre en ayuda de su hermano y arranca Lemnos del mar dispuesto a arrojarla, pero el dios de la guerra le salta los sesos con su jabalina. Se lanza al combate Tritonia mostrando en su pecho la Gorgona. Palante es petrificado. Damástor lanza contra los enemigos el cuerpo de su hermano convertido en piedra. También es petrificado Equíon. A Paleneo lo hiere Minerva con su lanza, en tanto que las serpientes de su cuerpo quedan inertes por el frío de la Gorgona. Porfirión intenta arrancar Delos. Se estremecen Egeo y Tetis. Gritan las Ninfas, las que enseñaron a Apolo a cazar y le dispusieron el lecho a Latona. Delos misma, aterrada, implora ayuda a Apolo.

Al igual que la Gigantomachia , destacan dentro del grupo dos poemas también emparentados con los Carmina maiora: el Epithalamium dictum Palladio v. c. tribuno et notario et Celerinae (c. m . 25) y la Laus Serenae (c. m . 30). Hay además otra composición de tema mitológico que sobresale sobre las demás: Phoenix (c. m . 27).

En cuanto al epitalamio en honor de Paladio y Celerina, el poeta nos dice en el prefacio que un doble compromiso le obligó a componerlo deprisa: Paladio, el novio, era su colega (tribunus et notarius) y el suegro de éste era su jefe. La estructura del poema es sencilla. Primero se nos presenta un delicioso cuadro de Venus y su séquito. Luego vemos a Himeneo ante la diosa; a las preguntas de ésta, él le habla de la fama de las familias de los novios. Venus se encamina a los prometidos en su carro tirado por palomas y sanciona el casamiento.

Laus Serenae , que el poeta compuso después de una larga relación con ella, está inacabado. Se nos relata en este panegírico el origen hispánico de Serena y las gloriosas hazañas de su abuelo, su adopción posterior por parte de su tío Teodosio y el influjo ejercido sobre el emperador. Finalmente se nos narra su casamiento con Estilicón y su apoyo como esposa a los planes del héroe.

En Phoenix el poeta tuvo como modelo el poema del mismo nombre de Lactancio. En él nos describe Claudiano el momento principal del mito: la vida del ave en un bosquecillo, su deseo de morir cada mil años, la preparación para la muerte, la incineración, el nacimiento del hijo a partir de las cenizas y el viaje de la joven ave con los restos de su padre a la ciudad egipcia de Heliópolis.

Interesantes son también las cinco cartas incluidas en la colección, pues aluden a cuestiones personales del poeta. Por la Epistula ad Serenam (c. m . 31), de la que ya hemos dicho algo, llegamos a saber que la esposa de Estilicón respaldó con una carta de recomendación la solicitud de la mano de la que llegaría a ser esposa del poeta. En la carta le dice a Serena que se sentiría muy dichoso si ella participara en su boda, como Juno lo hizo en la de Orfeo. Pero la ceremonia se va a celebrar en África y el mar separa a Claudiano de la esposa del caudillo occidental. Así pues, suplica el favor de Serena y termina el poema pensando en el regreso.

Humildemente pide el poeta perdón en otra de estas cartas, la que conocemos como Deprecatio ad Hadrianum (c. m . 22). En su arrogancia juvenil, Claudiano había ofendido duramente en un epigrama (c. m . 21) a este poderoso paisano suyo. Adriano hizo sentir su cólera sobre el poeta; éste, que quedó totalmente desamparado, se reconoce culpable y pide perdón.

En la pequeña Epistula ad Gennadium (c. m . 19), el poeta le responde a éste exprocónsul de origen sirio deseoso de sus versos que no tiene ninguno en casa, pues tan pronto como los compone, abandonan el hogar para no volver más.

Ya hemos aludido anteriormente a la Epistula ad Olybrium (c. m . 40) y a la Epistula ad Probinum (c. m . 41). Claudiano les pide en ambas a sus amigos que rompan su largo silencio.

Ocupan además en la colección un espacio más amplio una serie de relatos sobre diferentes temas. Así, en De piis fratribus et de statuis eorum quae sunt apud Catinam (c. m . 17) Claudiano intenta hacernos entender este grupo escultórico, en el que el artista había representado a los hermanos Anfínomo y Anapis llevando sobre sus hombros a sus ancianos padres a través de un mar de llamas provocado por una erupción del Etna.

El poeta nos ofrece un cuadro paisajístico en Aponus (c. m . 26), fuente termal de aguas sulfurosas que se encontraba cerca de Padua y que curaba a muchísimos enfermos. Claudiano siente la obligación de elogiarla.

Nilus (c. m . 28) es una composición dedicada a este río de la tierra del poeta. En Hystrix (c. m . 9) y en Torpedo (c. m . 49) el poeta nos alaba las capacidades defensivas del puerco espín y del pez torpedo respectivamente. En Magnes (c. m . 29) se fija Claudiano en el imán por su extraño poder de atracción.

En De sene Veronensi qui suburbium suum numquam egressus est (c. m . 20) se nos describe a un anciano que nunca se separó en toda su vida de su hogar natal, situado en las proximidades de Verona.

Se recogen también en la colección numerosos epigramas. Algunas de estas pequeñas composiciones defienden su propia obra. En dos de ellas arremete Claudiano contra los que critican sus versos: en el titulado In podagricum qui carmina sua non stare dicebat (c. m . 13) contra un gotoso que critica los pies métricos de sus poemas y en el denominado In Iacobum magistrum equitum (c. m . 50) contra un devoto de los santos que ultraja sus versos.

También Claudiano criticó la obra de otros poetas. Y en su Deprecatio ad Alethium quaestorem (c. m . 23) el poeta pide perdón por haber criticado los versos del cuestor Aletio.

De Theodoro et Hadriano (c. m . 21) es un epigrama mordaz al que ya hemos hecho referencia.

Por último, tenemos siete epigramas (c. m . 33-39) sobre el curioso tema de «un cristal que contiene en su interior una gota de agua».

2) app .— Se discute si son de Claudiano los poemas incluidos en este apéndice, ya que, aunque a veces aparecen en los manuscritos junto con los poemas menores originales, no aparecen sin embargo en la mayoría de esos manuscritos, surgiendo así la sospecha de que no figuraron en la edición oficial de los c. m 59 .

En la edición de Hall, que manejamos, son un total de 24 composiciones, si bien los poemas 16-19 se han perdido y aparece sólo el título de la composición. Algunos de los poemas aparecen en estado fragmentario. Los tres últimos no tienen título.

Si nos fijamos en esta serie de poemas espurios o dudosos, rápidamente nos llaman la atención dos composiciones de tema cristiano: Laus Christi (app . 20) y Miracula Christi (app . 21); en el primero se nos elogian las peculiaridades del Salvador y su obra redentora; en el segundo, que sólo es un fragmento, se enumeran diversos milagros.

In Sirenas (app . 1) nos habla del dulce peligro que representan estos seres alados. Laus Herculis (app . 2) es la composición más larga de la serie, con un total de 137 versos.

Destacan también el Epithalamium dictum Laurentio (app . 5), donde el elogio de los novios constituye la parte principal. En De zona a Serena Arcadio Augusto missa (app . 4) Serena le envía a Arcadio una cincha para su caballo, prenda labrada con un arte admirable. Tienen un carácter destacadamente pagano De Liberalibus (app . 6), De Iunonalibus (app . 8) y De Vinalibus (app . 13). De aquila quae in mensa de sardonyche lapide erat (app . 10) nos describe una mesa artística.

D)

Poemas griegos 60

Aparte de la Gigantomachia latina poseemos también dos fragmentos (uno de 17 versos y otro de 60) de una Gigantomachia griega. En el primero de estos fragmentos el poeta compara su creación poética con un viaje por el mar. Éste es claramente el prefacio con el que se abría la obra. Desgraciadamente no poseemos el inicio del poema. En él la Tierra expondría por qué guardaba en su corazón rencor a los dioses e incitaría a sus hijos a la lucha. En el segundo fragmento tenemos un cuadro de la contienda entre Gigantes y Olímpicos. Un Gigante se bebe un río, otro se bebe el mar. Del lado de los dioses aparecen Atenea y Cipris. La primera lleva su lanza y la Gorgona, la segunda triunfa sólo con su belleza. Finalmente leemos cómo Encélado es abatido por Zeus.

Claudiano pudo escribir esta obra en Alejandría, antes de su partida para Roma.

Entre los poemas griegos contamos además con siete epigramas atribuidos a un poeta llamado Claudiano: Anth. Pal . V 86; IX 139, 140, 753 y 754; I 19 y 20. De ellos, Anth. Pal . I 19, IX 139 y I 20 son posiblemente de un Claudiano posterior; los dos primeros por ser posteriores a Nono y el tercero por motivos métricos. Los restantes pueden ser todos de nuestro poeta, aunque nada seguro puede decirse al respecto. Por ejemplo, V 86 no es propiamente un epigrama y puede ser un fragmento de un poema más largo, probablemente de un discurso de un poema épico (hay muchos discursos que comienzan como éste en Nono).

Casi con toda seguridad, IX 753 y 754 son epigramas de Claudiano. Ambos describen un cristal que contiene agua en su interior. Ya hemos visto que éste es el tema de los epigramas (con toda certeza de Claudiano) que aparecen en c. m . 33-39. Si comparamos c. m . 34 1-6,

Lymphae, quae tegitis cognato carcere limphas ,

et quae nunc estis quaeque fuistis aquae ,

quod vos ingenium iunxit? Qua frigoris arte

torpuit et maduit prodigiosa silex?

Quis tepor inclusus securas vindicat undas?

Interior glacies quo liquefacta Noto?

con Anth. Pal . IX 754, 2, τίς πῆξεν Bορέης ἤ τίς ἔλυσε Nóτος, vemos que qua frigoris arte torpuit coincide exactamente con τίς πῆξεν Bορέης y que quo liquefacta Noto es idéntico a τίς ἔλυσε Nóτος.

4. PROPAGANDISTA DE ESTILICÓN

Claudiano fue el propagandista oficial de Estilicón. Sus poemas pueden usarse, con las debidas precauciones, para reconstruir la política de Estilicón, o lo que es más importante, para reconstruir cómo Estilicón deseaba mostrar ante sus contemporáneos sus objetivos y acciones. A través de sus poemas vemos cómo un gobierno romano justifica su política a sus súbditos año por año, y en ocasiones mes por mes.

Tal vez la prueba más clara del compromiso de Claudiano para con la política de Estilicón es la consistencia y coherencia de los mecanismos que emplea para hacer públicos y justificar los actos y propósitos del caudillo occidental. Continuamente recurre en sus poemas históricos a una serie de motivos:

1) Claudiano alude continuamente al tema de la regencia de Estilicón. El tema aparece por primera vez en el 396. Allí nuestro poeta es clarísimo en las palabras de Teodosio a Estilicón:

tu curis succede meis, tu pignora solus

nostra fove: geminos dextra tu protege fratres 61 .

El tema vuelve a aparecer en el 397:

iamque tuis, Stilicho, Romana potentia curis

et rerum commissus apex, tibi credita fratrum

utraque maiestas geminaeque exercitus aulae 62 .

En el 398 encontramos:

...quem fratribus ipse

discedens clipeum defensoremque dedisti 63 .

Y también:

Dignus quem legeres, dignus cui pignora tanti

principis et rerum commendarentur habenae 64 .

Y en el 399 nos dice:

defensor utrique

sufficis. Armorum liceat splendore tuorum

in commune frui; clipeus nos protegat idem

unaque pro gemino desudet cardine virtus 65 .

En el 400 nos lo vuelve a repetir:

nec pignora curas

plus tua quam natos dederat quos ille monendos

tutandosque tibi 66 .

El mismo hecho de que Claudiano vuelva continuamente sobre este tema levanta las mayores sospechas sobre la verdad de esta designación del caudillo occidental como regente. Debía de haber mucha gente que no creyera en ello y habría que recordárselo continuamente.

Pero llama la atención que el tema no aparezca en los dos últimos poemas, recitados respectivamente en el verano del 402 y en enero del 404. ¿A qué puede ser debido? La respuesta es que por el 402 Estilicón había desechado toda esperanza de establecer su regencia sobre Arcadio. En el 404 Claudiano escribe dirigiéndose a Estilicón:

...illumque diem sub corde referres

quo tibi confusa dubiis formidine rebus

infantem genitor moriens commisit alendum 67 .

Dado que en sus anteriores poemas siempre había unido los nombres de Arcadio y Honorio en lo relativo a la regencia de Estilicón, hay que deducir que el héroe había renunciado por el momento a sus pretensiones.

2) La repetida insistencia de Claudiano en la unidad de las dos mitades del imperio está relacionada con el tema anterior.

La realidad fue que después de la muerte de Teodosio las dos partes fueron administradas separadamente: Occidente por Estilicón en nombre de Honorio y Oriente por los ministros de Arcadio —Rufino, Eutropio, Aureliano, Antemio—, quienes rechazaron firmemente las pretensiones de Estilicón, muchas veces resistiendo activamente.

El objetivo supremo de Estilicón era unir ambas mitades bajo su regencia. Así pues, Claudiano enfatiza las excelentes relaciones existentes entre los dos hermanos. En el 396 ellos son unanimi fratres (III Cons . 189). En el 398, después de la conclusión de la guerra contra Gildón, el poeta proclama en Gild . 4-5:

Concordia fratrum | plena redit .

Anteriormente, en el 398, antes de que se conociese el resultado de la guerra, anunciaba que los dos hermanos llegarían a ser cónsules conjuntamente como símbolo de unidad:

Tempus erit, cum tu trans Rheni cornua victor ,

Arcadius captae spoliis Babylonos onustus

communem maiore toga signabitis annum 68 .

En el 399, refiriéndose al período inmediatamante posterior a la caída de Rufino, nos dice:

Fraterno coniungi coeperat orbis | imperio 69 .

De acuerdo con ello, Claudiano nos presenta siempre a los enemigos de Estilicón como auténticos demonios, cuyo único propósito es destruir esta unidad. El ejército del Este se niega a separarse de Estilicón y a someterse al cruel Rufino:

Quid consanguineas acies, quid dividis olim

concordes aquilas 70 ?

En un poema posterior leemos:

Rufinus origo

prima mali: geminas inter discordia partes

hoc auctore fuit 71 .

Y a Eutropio se le pregunta amargamente:

Geminam quid dividis aulam

conarisque pios odiis committere fratres 72 ?

El mismo reproche se le hace a Gildón:

In fratres medio discordia Mauro

nascitur et mundus germanaque dissidet aula 73 ?

Pero el motivo de la concordia no aparece tampoco en los dos últimos poemas de nuestro autor.

3) Claudiano elogia constantemente las habilidades militares de Estilicón. Ya en el 396 acentuaba que Estilicón había estado al lado de Teodosio en todas sus victorias:

Quid enim per proelia gessi

te sine? Quem merui te non sudante triumphum?

Odrysium pariter Getico foedavimus Hebrum sanguine ,

Sarmaticas pariter prostravimus alas 74 .

Y aparecen de nuevo asociados en la guerra en Nupt . 220-221:

quidquid ab innumeris socio Stilichone tremendus

quaesivit genitor [Theodosius] bellis ...

Y en el 398, Teodosio pronuncia estas palabras cuando se dirige en la noche a Arcadio:

Ut sileam varios mecum quos gesserit actus ,

quae vidi post fata loquar 75 .

Claudiano insinúa aquí sutilmente que las anteriores hazañas de Estilicón junto con Teodosio son tan bien conocidas que no es necesario recordarlas. La verdad es que, con la única excepción de la expedición contra los bastarnas en el 392, expedición que terminó con un tratado y no con una batalla, no existieron anteriores hazañas guerreras. Parece ser que Teodosio no tenía a Estilicón en gran estima como general. Sólo en los últimos meses de su vida lo designó comandante de todas las fuerzas occidentales y ello ocurrió porque había decidido hacerlo protector de Honorio, inducido más por su conexión con la casa imperial que por sus habilidades militares.

Al parecer formaba parte de la propaganda oficial de Estilicón el enfatizar sus virtudes militares y el reconocimiento de dichas virtudes por parte de Teodosio. Pues es así como aparece en las inscripciones oficiales, donde es descrito en el 398:

comiti divi Theodosii Augusti in omnibus bellis adque victoriis 76 .

E igualmente en el 406:

socio bellorum omnium et victoriarum [de Teodosio] 77 .

A su vez, en Laus Serenae (c. m . 30) 177 ss., Claudiano nos dice que Teodosio eligió a Estilicón como esposo de Serena por sus hazañas militares. Pero parece que fue Serena misma, no Teodosio, quien eligió a Estilicón por esposo (un matrimonio por amor, uno de esos acontecimientos raros en una familia real). Teodosio daría su consentimiento, pero no le dio a Estilicón especiales muestras de favor hasta algunos años después del casamiento. Sin embargo, era muy necesario para Claudiano el representar las hazañas pasadas de Estilicón como algo totalmente favorable, dado que en los años siguientes a la muerte de Teodosio sus intervenciones militares habían sido lamentables. No logró una victoria decisiva hasta Fésulas en el 406.

Además Claudiano nos habla constantemente de la continuidad de la política de Estilicón con respecto a la de Teodosio. Estilicón es representado siempre como el leal servidor de Teodosio mientras éste vivió y como el fiel ejecutor de sus deseos después de su muerte. Nuestro poeta hace decir a Teodosio acerca del caudillo occidental:

Hunc solum memorem solumque fidelem | experior 78 .

4) Claudiano concede gran importancia al tópico de la lealtad y disciplina de las tropas de Estilicón. Es sorprendente ver con qué frecuencia y con qué énfasis llama la atención sobre el asunto.

En Ruf . II 104 ss., el poeta describe cómo Estilicón sale para Tesalia a la cabeza de sus dos ejércitos; acentúa el carácter muy diferente de las tropas orientales y occidentales y los conflictos existentes entre ambos ejércitos, pero a pesar de ello todos se sometieron al caudillo. El pasaje implica que sólo las excepcionales cualidades de Estilicón evitaron el enfrentamiento entre las tropas orientales y occidentales.

A la muerte de Teodosio, la situación de estos dos ejércitos era complicada. Así se lo confiesa Teodosio a su hijo Arcadio en Gild . 292 ss.:

Cum divus abirem ,

res incompositas (fateor) tumidasque reliqui .

Stringebat vetitos etiamnum exercitus enses

Alpinis odiis, alternaque iurgia victi

victoresque dabant .

Una vez más, según se desprende del pasaje completo (Gild . 288-308), Estilicón fue capaz de mantener bajo control los dos ejércitos.

En Stil . I 151 ss. vuelve al tema. Describe aquí la diversidad de los contingentes poniendo gran énfasis en la total ausencia de cualquier signo de disensión a la muerte de Teodosio:

Nil inter geminas acies, ceu libera frenis ,

ausa manus 79 .

En Ruf . II 237 ss., Claudiano exagera absurdamente la lealtad de los ejércitos hacia Estilicón cuando le llegó el mensaje de Arcadio para que devolviera las tropas orientales:

Quid consanguineas acies, quid dividis olim

concordes aquilas? Non dissociabile corpus

coniunctumque sumus. Te quo libet ire sequemur 80 .

Es natural que se alabe a un general por la disciplina de sus tropas y por el hecho de que sus hombres le sean fieles. Pero tanta insistencia en el tema por parte de Claudiano nos lleva a pensar que Estilicón tuvo en su ejército problemas de indisciplina y deslealtad. Y ello parece lógico, dada la alta proporción de elementos bárbaros en el ejército que Teodosio había dirigido contra Eugenio. Estilicón tuvo problemas al amalgamar esas tropas con los restos del mucho más romanizado ejército occidental. Zósimo (V 7, 2) nos dice que el fracaso de Estilicón en la campaña del 397 contra Alarico fue debido a la indisciplina de sus tropas.

De Get . 579-597 podemos deducir también esta falta de lealtad y disciplina en el ejército de Estilicón. Allí nos relata Claudiano que en la batalla de Polentia murió un jefe alano que estaba al frente de sus tropas auxiliares. A la muerte del jefe, la tropa estaba a punto de desertar, cuando Estilicón llegó a tiempo para reunirla. Por lo que nos cuenta Claudiano 81 , podemos deducir que había sospechas antes de la batalla de que los alanos serían desleales; en la batalla misma intentaron retirarse. Aunque el poeta vuelve el asunto en gloria para Estilicón, parece como si el desastre hubiera sido evitado en el último momento.

5) Naturalmente Claudiano no pierde oportunidad de referirse constantemente a los lazos familiares que unen a Estilicón con la corte imperial. Continuamente alude al matrimonio de Estilicón con Serena, así como al de María y Honorio. No sólo fue Estilicón yerno de un emperador, sino también suegro de otro:

Gener Augusti pridem fueras ,

nunc rursus eris socer Augusti 82 .

Teodosio suplica a Arcadio que respete los deseos de Estilicón con estas palabras:

at soceri reverere faces, at respice fratris

conubium pignusque meae regale Serenae 83 .

Cuando Estilicón intentaba en Get . 267 ss. calmar al pueblo, excitado por la invasión de Alarico, pronuncia estas palabras en su discurso:

nec ferro sic corda rigent ut nosse recusem

quam sanctum soceri nomen, quam dulce mariti 84 .

Y más adelante:

Hic coniunx, hic progenies, hic carior omni

luce gener 85 .

6) Para terminar, diremos también que la omisión es un mecanismo importantísimo en la propaganda de Claudiano. Muchas veces lo que el poeta calla es tan significativo o más aún que lo que dice. Pongamos dos ejemplos. El suceso más importante del 397 fue la declaración de hostis publicus hecha a Estilicón por parte de Eutropio en nombre de Arcadio. Esta declaración puso a Estilicón en una situación embarazosa. En ninguno de los poemas que escribió Claudiano en los años 397 y 398 menciona las serias dificultades que atravesaban las relaciones entre Arcadio y Estilicón. Y tampoco aparece en sus poemas el godo Gaínas, que desempeñó un papel importante en la caída de Rufino y Eutropio. En las notas a la traducción haremos referencia a las diferentes omisiones que encontramos en la obra de Claudiano.

5. CLAUDIANO Y ROMA

Los que han estudiado la actitud de Claudiano hacia Roma están divididos en dos grupos. Unos lo encuentran totalmente optimista. Fargues 86 lo ve como víctima de las mismas ilusiones que la aristocracia. Marsili 87 piensa que Claudiano fue incapaz de ver que el mundo estaba cambiando. Romano 88 destaca su lealtad a una tradición que no podía ser adaptada a su época. De otro lado, Paschoud 89 señala que Claudiano estaba perfectamente enterado de la decadencia política. Para Cameron 90 hay que tener muy presente la posición de Claudiano como propagandista; señala que nuestro poeta era consciente de los tiempos de crisis y declive en que vivía.

Nosotros resumiremos brevemente las opiniones de C. H. Moore 91 , de A. Cameron y de P. G. Christiansen 92 .

Para Moore, ninguno de los escritores de la época de nuestro poeta muestra un aprecio tan grande por Roma como Claudiano. A pesar de ser de origen griego, el poeta ha expresado el sentimiento de su época más adecuadamente que cualquier otro. Cuando se ocupa de la grandeza de Roma, Claudiano es sincero. Como Rutilio Namanciano 93 , nuestro poeta ha comprendido el servicio que Roma ha hecho a las naciones. Así, cuando en su primer panegírico, ataviada a la manera de Minerva, se aparece a Teodosio para pedirle el consulado para los hijos de Probo, el emperador se dirige a ella con estas palabras:

Prior hic «o numen amicum»

dux ait «et legum genetrix longeque regendo

circumfusa polo consorsque adiuncta Tonanti ,

dic agedum, quae causa viae? Cur deseris arces

Ausonias caelumque tuum? Dic, maxima rerum 94 !».

A su vez, en un grandioso pasaje (Stil . III 130-160), Claudiano enumera las glorias de Roma. Comenzando con sus espléndidas construcciones y su situación sobre las siete colinas, pasa luego a celebrar sus logros. Él la llama «madre de las armas y de las leyes» para todos los pueblos:

armorum legumque parens, quae fundit in omnes

imperium primique dedit cunabula iuris 95 .

Cuenta cómo partiendo de un comienzo pequeño ha extendido su poder a los dos polos y ha hecho su imperio tan grande como el curso del sol. Se ha enfrentado a numerosos enemigos y los ha conquistado a todos. Ningún revés le ha hecho ceder. Ni Cannas ni Trebia la desalentaron. Siempre ha avanzado en su dominio. Pero únicamente ella entre los vencedores ha tratado a los pueblos conquistados como una madre y los ha hecho pacíficos miembros de una nación 96 . El pasaje termina con la afirmación de la permanencia del imperio:

Nec terminus umquam | Romanae dicionis erit 97 .

Sin embargo, junto a todas estas orgullosas manifestaciones sobre la eternidad de Roma, Claudiano no oculta el sentimiento de los peligros. En su Gild ., cuando Italia estaba amenazada por el hambre, el poeta nos presenta a Roma, cansada y con mal aspecto, suplicando a Júpiter. Anhela entonces ella su pasado grandioso y repleto de victorias; entre tantas calamidades, desea ser la ciudad que fue en sus inicios 98 .

Pero Claudiano expresa más a menudo sus sentimientos acerca del gran pasado de Roma poniéndonos en sus poemas a los héroes de la tradición, cuyos nombres han sido por siglos el orgullo de generaciones de romanos. No sólo aparecen los reyes, el belicoso Quirino y el pacífico Numa, sino también Bruto, Camilo, Serrano, los Decios, los Curios, Metelo, los Escipiones, los Catones, Cocles, Fabricio, etc.

En resumen, Claudiano vio señales de malos presagios para el futuro: los lazos del imperio estaban debilitándose, los godos estaban dentro del territorio romano; una capital rival en el Bósforo amenazaba al antiguo centro del imperio; una nueva religión se había abierto camino contra los viejos dioses. Pero a pesar de ello, Claudiano encontró en el heroico pasado de Roma algo más que un medio para adornar sus versos; como otras muchas personas de su tiempo, encontró consuelo en el recuerdo del pasado y sintió satisfacción con el poder presente. Incluso en sus tiempos de decadencia, nuestro poeta fue consciente de que Roma había dominado a los pueblos convirtiéndolos en una sola nación. Ella había sido en verdad armorum legumque parens .

Según Cameron, no podemos olvidar que Claudiano no expresaba sus propias ideas personales, sino que estaba al servicio de Estilicón. La actitud de Claudiano hacia el imperio fue más perspicaz que la ciega admiración que se le ha atribuido generalmente.

En primer lugar, el conocimiento que tiene Claudiano de la historia de Roma es mucho menor de lo que se ha supuesto normalmente. Cuando nos habla de los personajes republicanos, se basa en los poetas y en los libros de retórica. No es ninguna exageración decir que para nuestro poeta la república era poco más que una antología de exempla virtutis et vitii .

El pasaje más admirado en todo Claudiano es su ya citado elogio a Roma en Stil . III 130-160. Pero todo lo que aquí nos dice Claudiano ya se había dicho anteriormente muchas veces. Lo que el pasaje manifiesta no es tanto una opinión personal sobre la gloria de Roma como la habilidad de Claudiano para reunir los topoi de un género. No podemos olvidar que los siglos IV y V fueron la época de los poetas errantes, dispuestos a escribir panegíricos para cada ciudad que visitaban.

Además Claudiano, exceptuado el pasaje de Stil . III, ignora el imperio y se interesa casi enteramente por la república. Hay sólo otro escritor griego de su tiempo que manifiesta un interés similar en el conocimiento y en la admiración de la república: Amiano Marcelino. Al igual que nuestro poeta, Amiano vivió largo tiempo en Occidente y también escribió en latín. No es una coincidencia que Amiano y Claudiano combinen su amor a Roma con un extenso conocimiento de la literatura romana. Ambos se adentraron en esta literatura y por ello la Roma que conocieron fue la Roma del pasado. Y tan pronto como comenzaron a escribir en latín, debían asumir los puntos de vista romanos y también sus exempla . Al tener como modelo a Virgilio, Lucano y Juvenal, Claudiano tenía que mirar con ellos a la república romana.

No nos sorprende el hecho de que la magnificencia decadente de la ciudad eterna hechizara todavía a ambos escritores griegos. Amiano nos ha dejado una inolvidable descripción del efecto que causó en el emperador Constancio II su visita a Roma 99 . Era lógico que este esplendor sorprendiera también a nuestro poeta, que no tenía todavía treinta años. Podemos pensar que Claudiano nos describió sinceramente las enormes multitudes que llenaron la pendiente entre el Palatino y el puente Mulvio para contemplar un instante la entrada de Honorio en Roma en el 404 100 . Y también nos dice en el 400:

Septem circumspice montes ,

qui solis radios auri fulgore lacessunt ,

indutosque arcus spoliis aequataque templa

nubibus et quidquid tanti struxere triumphi .

Quantae profueris, quantam servaveris urbem ,

attonitis metire oculis 101 .

Podemos aceptar que Claudiano habla aquí con sinceridad, pero sin duda tenía que comprender que Roma era insignificante a fines del siglo IV , pues desde hacía tiempo había sido reemplazada por Tréveris, Milán y finalmente Rávena como capital administrativa de Occidente. A pesar de ello, muchos estudiosos han juzgado sinceras tales palabras de VI Cons . 39-41:

Non alium certe decuit rectoribus orbis

esse larem, nulloque magis se colle potestas

aestimat et summi sentit fastigia iuris .

Es sorprendente que alguien pudiera abrigar tales ilusiones doscientos años después de Adrianópolis y solamente diez antes del saqueo de Roma por los godos. Como propagandista de Estilicón, Claudiano debe de haber conocido mejor que nadie que el centro del poder y de las decisiones no estaba en Roma sino en el lugar en el que se encontraba el caudillo occidental.

Gran importancia tiene en los poemas de Claudiano la figura simbólica de Roma personificada. Roma aparece por primera vez en la literatura al comienzo del período augústeo, pero es una mera sombra de lo que llegó a ser en los siglos posteriores. Puede ser que Roma, tal como aparece en Claudiano, sea hasta cierto punto una creación propia de nuestro poeta. Seguramente es por influencia de Claudiano por lo que ocupa un puesto importante en Prudencio, en Rutilio y en Sidonio. Pero para Claudiano ello era sólo una creación literaria, una personificación semejante a la que nos hace de África en Gild . 132 ss., o a la de la Aurora en Eutr . II 526 ss. y semejante también al grupo de provincias personificadas —Hispania, Galia, Britania, África e Italia— que piden a Roma en Stil . II 218 ss. que convenza al héroe para que acepte el consulado del 400. Además Roma aparece a menudo en la obra de Claudiano como una suplicante, como la ciudad digna de respeto por su edad y por sus hazañas pasadas, pero que no puede actuar ya independientemente.

Se ha dicho a menudo que Claudiano sólo tenía ojos para el pasado glorioso de Roma y que no veía la debilidad del imperio en sus días ni los peligros que lo acosaban. Pero la verdad es que Claudiano estaba perfectamente enterado de que vivía en tiempos de crisis y declive. Las palabras con las que Estilicón exhorta a sus hombres antes de Polentia así lo atestiguan:

Romanum reparate decus molemque labantis

imperii fulcite umeris 102 .

Y en la misma línea nos dice en Stil . II 204-205:

solo poterit Stilichone medente

crescere Romanum vulnus tectura cicatrix .

Para Christiansen no se puede negar fácilmente ni el idealismo acerca de Roma, ni su comprensión del desastre. Ello implica que Claudiano adopta varias actitudes. Pero nuestro poeta nunca cambia su posición optimista hacia la supervivencia de Roma, a pesar de estar enterado de los problemas existentes.

Una señal de la actitud de nuestro poeta son las palabras que usa para referirse a este tema. En muchas ocasiones aparece claramente su posición hacia Roma: maiestas Romana (Theod . 37) acentúa el poder romano, mientras que Romanum vulnus (Stil . II 205) implica debilidad romana. Christiansen examina las diferentes expresiones favorables y desfavorables en la obra de Claudiano 103 y llega a la conclusión de que en todas sus obras las primeras superan a las segundas.

Parece que en Claudiano no ha habido pérdida de confianza en el futuro del imperio romano. Ahora bien, ha habido un cambio en su concepción de la idealizada Roma, primero vista como una guerrera y luego más tarde como una madre. Nuestro poeta comienza concibiendo a Roma como Minerva (Prob . 75 ss.). También aparece como una diosa belicosa en Gild . 17-132. Tal vez ningún otro pasaje muestra esta colérica belicosidad de la diosa tan claramente como Eutr . I 371-513.

En Stil . II 269-408 Roma intenta convencer a Estilicón para que acepte el consulado. Y ella, según Claudiano,

Constitit ante ducem tetrica nec Pallade vultum

deterior nec Marte minor 104 .

Que ella ofrezca una trábea a Estilicón, revelando su habilidad en el arte de bordar (Stil . II 330 ss.), la ablanda por primera vez en Claudiano. Stil . marca la transición de Roma personificada como Minerva a Roma personificada como madre de la humanidad. La alteración más asombrosa es la descripción de Roma como madre de la raza humana en Stil . III 150-153.

En Get ., Roma es la veneranda parens (v. 52) y la urbs aequaeva polo (v. 54). En VI Cons . es llamada legum mater (v. 428).

6. LA RELIGIÓN DE CLAUDIANO

La actitud de Claudiano hacia el cristianismo ha sido largamente discutida. Para unos, nuestro poeta fue un cristiano; para otros, fue un propagandista del paganismo, portavoz de la aristocracia pagana 105 .

La llegada de Claudiano a Italia en el 394 coincidió con la derrota del último intento de restauración pagana en Occidente. Tras su victoria sobre Eugenio en el Frígido, Teodosio visitó Roma en triunfo y exhortó a la aristocracia pagana a abrazar el cristianismo. Se dejó claro que había un lugar para la aristocracia romana en el gobierno del imperio, pero sólo si abandonaban su paganismo. Y como prueba de que ello sería así, se designaron como cónsules para el año 395 dos miembros de la familia senatorial más ilustre de Roma, pero una familia cristiana: los Anicios.

A su llegada a Roma, Claudiano sirvió a los Anicios y fue él quien compuso el panegírico de los cónsules cristianos del 395. En este panegírico rechazó como furiae rebelles (Prob . 138) a los paganos que habían luchado y muerto en el Frígido por sus creencias.

Después de los Anicios, Claudiano transfirió sus servicios a la corte cristiana de Milán. Honorio fue muy devoto. Estilicón fue también un cristiano 106 . Serena fue incluso una fanática. A todos ellos los alaba Claudiano. Así pues, cualquiera que fueran las creencias religiosas de nuestro poeta, debemos siempre pensar que políticamente estaba unido al partido de Estilicón. Y esto es una objeción importante a los que creen que Claudiano fue el portavoz de la aristocracia pagana. Él debe de haber sido identificado totalmente con el partido cristiano.

S. Agustín 107 considera a Claudiano como a Christi nomine alienus . Orosio 108 lo llama paganus pervicacissimus . En realidad Orosio sigue en este pasaje a S. Agustín, pues cita los mismos versos de Claudiano que había citado el santo y en el mismo contexto. Por tanto, Orosio seguía aquí la opinión de S. Agustín, aunque no podemos negar la posibilidad de que uno y otro tuvieran un acceso independiente a la información en que S. Agustín basaba su juicio.

¿En qué se basaba S. Agustín? Se ha dicho con frecuencia que esta opinión no es más que una deducción del «carácter pagano» de la poesía de Claudiano. Es decir, que él sólo se basaba en lo que nosotros nos basamos, en los textos. Pero S. Agustín fue un rétor y poeta él mismo y no habría sido tan ingenuo como para deducir esto de su poesía. Es posible que el santo hablase con personas que conocían bien a nuestro poeta.

Pero lo que la gente pensara acerca de Claudiano no tiene por qué ser verdad. Sabemos que los enemigos de Estilicón esparcieron rumores de que su hijo Euquerio era un pagano (una historia improbable, pero que Orosio 109 , por ejemplo, acepta). Podían haber extendido los mismos rumores para desacreditar a su propagandista y tendrían incluso mayores posibilidades de éxito, dado que los poetas de Egipto eran normalmente paganos y el «carácter pagano» de su poesía proporcionaba un pretexto claro para tales acusaciones.

Por tanto, lo dicho por S. Agustín y Orosio nos puede demostrar lo que pensaban de Claudiano sus contemporáneos, es decir, que era un pagano, pero ello no quiere decir que lo fuese.

Acerca del «carácter pagano» de su poesía, tenemos que decir que ello no prueba que nuestro poeta fuese un pagano. Muchos de los poetas cristianos de los siglos IV y V continuaron adornando sus versos con el antiguo aparato épico. Ello era inevitable, dado que Virgilio continuaba siendo el modelo estudiado en la escuela del grammaticus . Este aparato épico no tenía un significado religioso en los autores cristianos.

Tomemos como ejemplo un género bien representado tanto en Claudiano como en los poetas cristianos del período: el epitalamio. Conservamos dos de Claudiano, de los que uno, el del casamiento de Honorio y María, es de especial interés. Honorio es cristiano, al igual que María y sus padres. Sin embargo el poema es enteramente pagano en su inspiración. Claudiano era un poeta de la corte y no hubiera escrito algo semejante si hubiera pensado por un momento que ello ofendería a los cristianos de su audiencia. La respuesta es que él escribió de este modo, no porque fuese pagano, sino porque éste era el modo usual de escribir un epitalamio. Que ello es así puede comprobarse fácilmente leyendo los epitalamios de Sidonio, Draconcio y Ennodio. La forma y el tratamiento son exactamente iguales que en Claudiano y Estacio, modelo de Claudiano: los amantes son siempre reunidos por Cupido y Venus, quien va a través del aire en carros tirados por palomas, seguida por multitud de Ninfas y Amores.

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