Read the book: «Nadie te enseña»

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A nuestros hijos,

que nos enseñaron

el maravilloso mundo

de ser madres.

Introducción

Hablar de crianza no es fácil. Hay tantas formas y métodos como familias. Así como los tiempos cambian, los modos también lo hacen, y todo lo que te contaron que “debías” hacer a la hora de estar frente a un niño/a se desvanece desde el preciso momento en el que la realidad te sorprende cargando en brazos a tu hijo/a por primera vez. Es ahí cuando te das cuenta de que ser madre o padre implica responsabilidades de todo tipo. Entender y aprender cómo manejarnos con nuestros hijos/as y despojarnos de cómo fuimos criados es, sin lugar a duda, el mayor desafío.

Criar lleva tiempo, reinvención, conocimiento y adaptación.

Criar es reconocer a los niños como individuos con derechos que deben ser respetados.

Criar es un arte y una ciencia, una oportunidad que no debemos desperdiciar.

Nadie te enseña quiere acompañarte en este proceso. Si eres madre, padre, educador/a o profesional y hay un niño/a en tu vida, eres responsable de su crecimiento y bienestar. Todos, sea cual sea el lugar que ocupemos, debemos colaborar para que así sea. Es nuestro mayor deseo que los niños y las niñas tengan en su vida a cuidadores preocupados y ocupados de su sano crecimiento y desarrollo.

Nuestra piedra fundamental es la crianza positiva, cuyo principal objetivo es fomentar la relación entre niños y adultos, desde el respeto mutuo y la autonomía para que los pequeños se desarrollen de forma adecuada, logren alcanzar metas y se sientan bien consigo mismos y con los demás.

La primera etapa de desarrollo de un niño sucede principalmente dentro del grupo familiar donde, a medida que crece, se suman otros miembros de la familia o del entorno que lo marcarán para toda la vida. Piensa en tu propia historia: todo lo que hoy eres como adulto/a tiene relación directa con lo que has vivido en tu primera infancia, cómo has sido mirado/a, cómo has sido tocado/a, cómo te han hablado, cómo has sido considerado/a, cómo has sido querido/a. Por eso, debes ser muy consciente de que tus acciones dejarán huellas para siempre en tu pequeño/a. Es tu responsabilidad impulsar su desarrollo al máximo potencial.

Pero, primero, debes conocer y aprender nuevas formas de crianza para acompañar mejor a tu hijo/a. El saber empodera.

Nadie te enseña estará ahí para ayudarte. Cuando pierdas la calma, cuando te sientas cansado/a y sin ánimos, cuando te abrume el estrés por no saber qué hacer, en esos momentos difíciles, tomarás este libro entre tus manos con todas tus fuerzas y dirás: ¡puedo hacerlo mejor!

Estamos convencidas de que este libro te será de gran utilidad para entender mejor no solo a tu hijo/a sino también a todos los niños que te rodeen. Los conocimientos, consejos y experiencias que compartimos a lo largo de estas páginas te servirán para unir la teoría con la práctica y descubrir que tu tarea como padre, madre, cuidador/a o profesional es aún más maravillosa de lo que creías. Ante todo, queremos transmitirte que puedes brindar una crianza positiva mientras disfrutas del proceso, de cada paso, de cada logro.

A diferencia de otras generaciones, hoy en día podemos aprovechar el acceso a mucha más información. Queremos acompañarte y orientarte. Para ello, te proponemos un recorrido que aborda distintos aspectos de la crianza.

Comenzaremos contándote qué es la crianza positiva y el porqué de su importancia. También te explicaremos el paso a paso del crecimiento de tu hijo/a y qué señales madurativas debes tener en cuenta.

Luego, abordaremos la alimentación, especialmente, cuándo es necesario iniciar la alimentación complementaria, qué alimentos son mejores para un desarrollo más saludable y qué puedes hacer cuando un niño/a es selectivo/a con las comidas.

Más adelante, encontrarás algunos consejos para ayudar a tu niño/a con el control de esfínteres. Entenderás sus miedos y sus emociones. Te brindaremos herramientas para gestionar los límites y castigos, además de estrategias para actuar ante los berrinches.

Algo que no puede faltar en este recorrido es explicarte por qué es importante que los niños tengan un buen descanso y menos exposición a las pantallas, aspectos imprescindibles para el desarrollo óptimo de sus potencialidades.

Luego, hacia el final, te hablaremos del cerebro infantil. Todo cobrará más sentido cuando descubras las maravillas del cerebro de tu niño/a. Entender cómo funciona te ayudará a lograr una mejor conexión y un acompañamiento más eficaz.

El crecimiento saludable de tu niño/a dependerá, en gran medida, de lo que puedas llevar a la práctica desde Nadie te enseña. Es crucial para su vida y para un desarrollo neuromadurativo exitoso. Luego de leer este libro podrás darles respuesta a todas esas preguntas que aún giran en tu cabeza.

La mejor manera de entender a un niño/a es adentrándote en su mundo. Solo así podrás influir positivamente en su desarrollo. ¿Estás listo/a? ¡Te acompañaremos en este proceso!






“Déjalo llorar, no lo tengas en brazos todo el tiempo porque se acostumbrará”.


¿Cuántas veces nos han hecho dudar de lo que hacemos? ¿Cuántas veces discutimos, peleamos y nos sentimos sumamente culpables por cómo educamos y criamos a nuestros hijos?

En primer lugar, te decimos que, si elegiste el camino de la crianza respetuosa, lo estás haciendo bien. Hay días que van a ser buenos, otros malos, pero vas por el camino correcto.

Los miles de métodos y enfoques de crianza —los viejos, los nuevos, aquellos con los que creciste y aquellos de los que quieres aprender— vienen a tu mente en ese preciso momento en que quieres dar una respuesta —que esperas sea la adecuada— para tu hijo, tu alumno o tu paciente.

Aparece un nuevo paradigma, el de la crianza respetuosa, con ideas maravillosas e intervenciones que parecen acertadas. Y aquí estamos, aprendiendo nuevamente, tratando de apagar las viejas conexiones aprendidas y de cambiar el viejo chip de la disciplina autoritaria: rincón del castigo, “tiempo fuera” o dejar al pequeño llorando, decirle que se quede “pensando” en lo que hizo, etc. Es decir, dejar atrás muchos recursos que ya no deberían ponerse en práctica y la crianza del castigo de la que venimos:

“Un buen chancletazo a tiempo y esto no pasa”.

“Lo castigué y lo envié a su habitación porque arrojó su juguete”.

“¡Te dije que no gritaras!”.

“¡Vete a la oficina del director!”.

La extinción de la conducta (dejar que llore y distraerlo con otra cosa), las fichas (dar reconocimiento mediante premios por lo que hace bien y sacárselos cuando hace algo mal) y el complejo de Edipo (ese conjunto de emociones ambivalentes hacia los progenitores) siempre nos han dejado una certeza y cierta tranquilidad: la culpa está en el afuera. Y, para ello, la mejor forma de “corregir” es utilizar herramientas externas a los adultos para poner fin a una conducta.

Pero, si todo esto no funciona como pensábamos que lo haría, ¿qué hacemos ahora?

Nosotros como padres, educadores y profesionales que acompañamos el proceso de crianza somos quienes debemos gestionar las herramientas adecuadas para comprender, acompañar, escuchar, valorar y brindar posibles soluciones.

Ser un recipiente transformador para tu pequeño. Recibir esa conducta, transformarla, darle significado y devolverla de una manera que se logre cierto aprendizaje que le permita seguir creciendo. Redireccionarla en vez de corregirla.

Criar a los niños hoy exige sacarnos ese viejo y obsoleto chip de crianza y vaciar nuestras mentes de esos patrones mentales que antes pudieron funcionar (a un costo muy alto), pero que ¡ya no!

Debemos cuestionar y poner en duda los puntos de vista impuestos por un modelo de crianza antiguo. Debemos poder mirar a los niños con otros ojos que nos hagan querer buscar nuevas herramientas para ser ese educador que te hubiese gustado que fuesen contigo y que hoy tus pequeños necesitan.

Crianza positiva

Hablamos entonces de tener la mirada puesta en una crianza positiva. Este modelo no está relacionado ni con la permisividad ni con educar sin límites. Es un estilo de crianza que persigue que los hijos sepan afrontar con éxito sus desafíos vitales sin violencia y desde el respeto. Tiene como objetivo que nuestros hijos sean personas responsables, autónomas, decididas, resilientes, respetuosas, tolerantes y empáticas.

Para ello, debemos ser modelo y mostrarnos de esta misma forma.

La crianza positiva y respetuosa es una forma de criar que se fundamenta en los principios del amor incondicional, la empatía, la igualdad y el respeto. Se basa en entender al niño y sus necesidades, en la validación de sus sentimientos, en comprender la etapa de desarrollo en la que se encuentre, en su capacidad de captar —o no— la situación. Darle esa voz que aún no sabe alzar.

Educar desde el amor y el respeto comienza con el nacimiento y perdura a lo largo de toda la vida. Por ello, nunca es tarde para empezar un tipo de crianza positiva basada no solo en consejos enfocados únicamente en las necesidades de los niños, sino también en las necesidades de los adultos.

Pilares de la crianza respetuosa
AMOR INCONDICIONAL

Es el sentimiento de querer al niño por encima de todas las cosas, amar su esencia a pesar de sus equivocaciones. Tal y como es, sin pretender cambiarlo.

EMPATÍA

La empatía es la capacidad que tenemos de conectar con el otro, ponernos en su lugar y responder adecuadamente a sus demandas. Es una conexión a nivel emocional.

IGUALDAD

Entender que los niños tienen sus propias creencias y pensamientos. Dejarlos que se expresen libremente, sobre todo respecto a sus sentimientos.

RESPETO

El respeto hacia las necesidades básicas de los niños. Encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades y las de ellos. Esto tiene que ser mutuo.

Así lograremos que nuestros hijos crezcan con valores y logren una autonomía que les permita desarrollarse con su entorno siendo responsables, resilientes, respetuosos, tolerantes y, sobre todo, más empáticos.


Para tener en cuenta…

Convertirnos en un recipiente transformador para la conducta de nuestro hijo, para lograr un aprendizaje.

El objetivo es que los pequeños sepan afrontar con éxito sus desafíos vitales, sin violencia y desde el respeto.

Como adultos tenemos que entender al niño y sus necesidades, validar sus sentimientos, comprender la etapa de desarrollo y su capacidad de entender la situación.

Ser la herramienta que tu hijo necesita: comprender, acompañar, escuchar, valorar y brindar posibles soluciones para transformar esa conducta.

Los pilares de la crianza positiva son: amor incondicional, empatía, igualdad y respeto.




“Reconozco que muchas veces grito y después pido perdón. Entro en ese círculo del cual no me es fácil salir”.


¿Qué es el sentido común? Es aquello que nos ayuda a saber qué es más adecuado decir o hacer en determinadas situaciones. De allí que no sea un pensamiento individual que dependa de cada sujeto, sino que es una especie de pensamiento colectivo.

Cuando hablamos de crianza, nos cuesta, muchas veces o la mayoría de ellas, encontrar un equilibrio entre lo que nos dijeron que tenemos que hacer, lo que queremos hacer y lo que podemos aplicar. Lo que normalmente sucede es que tendemos a repetir lo que hemos visto en nuestros hogares y pensamos que, como nuestros padres nos educaron así, eso es lo correcto. A todo esto, se le suma la exigencia que tenemos como padres frente a la expectativa de cómo nos gusta que salgan esas cosas para criar “buenos chicos” ante nuestros ojos y los de los demás.

Ser fundamentalistas del modo de crianza que deseamos aplicar implica defender a muerte ese modelo y llevar encima una gran cantidad de carga de decepción cuando esto no sale como esperamos, además del rechazo hacia otras formas que nos llevan a querer aplicar solo nuestra mirada en todos los ámbitos. Esto nos hace encontrarnos con ciertas dificultades cuando no tenemos en cuenta el entorno, el contexto y la modalidad, ya sea parental, educacional o teórica si eres profesional.

Los extremos no son mejores que el término medio. Que el pequeño aprenda a esperar cuando no podemos atenderlo en ese momento es tan importante como atenderlo de forma calmada y no dejarlo llorar más de la cuenta.

Lo importante es que, en cada situación, devenga un aprendizaje mutuo donde podamos confiar en nuestro instinto, preguntarnos sobre los modos y los porqués para luego actuar de la misma o de diferente manera frente a una situación que se presenta, reforzar normas sociales y favorecer el desarrollo de comportamientos positivos en los niños.

Los adultos generalmente tenemos una mirada desde un lado muy exigente para con los pequeños: queremos que sean los mejores en todo porque creemos que eso está bien y esperamos esa retribución en base a cómo se desarrollan e interactúan con su entorno.

Desde esta perspectiva, la respuesta está dirigida a tener resultados orientados a complacer a otras personas, sin tener en cuenta las necesidades básicas de los niños y las nuestras como educadores. Suele acarrear frustración e insatisfacción no poder cumplir con lo que deseamos, ya que cuando podemos lograr algo, esto no es lo suficientemente bueno y sentimos que podemos pedir más o una mejor manera. ¡Es agotador! Nuestra mirada, pensamientos y sentimientos siempre van a estar puestos en lo que falta y esto nos lleva a estresarnos y no permitirnos actuar de manera adecuada.

Si ponemos la mirada en lo mejor que puedo ser hoy, vamos a empezar a centrarnos en el cómo y no en el fin. Aparece la posibilidad de aprender, construir y potenciar las herramientas con las que cuento para hacerlo más llevadero y disfrutar no solo del objetivo final, sino del proceso; aceptar otros puntos de vista y la posibilidad de que haya errores en cómo lo hacemos, que luego servirán de aprendizaje.

Lo mejor que puedo ser hoy es tener en cuenta cómo me siento y cómo se siente ese niño, abordando la totalidad de la situación de la mejor manera posible y aprendiendo del error que pueda cometer.

No es lo mismo dar respuesta a un pequeño que tiró su vaso y nos pide ayuda cuando estamos con la atención plena en esa situación, que hacerlo en un momento donde estamos en una llamada del trabajo o con el salón desbordado.

En cualquiera de los dos casos, lo importante es saber qué tipo de respuesta le quiero brindar para luego promover un aprendizaje recíproco, en base a esta situación.

Algunos consejos para criar con sentido común

 Céntrate en lo que haces como madre, padre, cuidador o educador. Enfócate en tomar decisiones por ti mismo.

 Ten presente que siempre puedes hacerlo mejor. Mientras aprendes, aparecerán muchas equivocaciones.

 Es normal sentirse agotado.

 No tengas en cuenta la mirada ajena.

 Sé coherente entre lo que dices y haces. Los pequeños nos imitan todo el tiempo.


Para tener en cuenta…

Ser fundamentalista del modo de crianza que quieres aplicar implica también una gran cantidad de carga de decepción cuando esto no sale como esperas.

Que el pequeño pueda esperar cuando en ese momento no podemos atenderlo es tan importante como atenderlo de forma adecuada y calmada.

Es importante que cada situación genere un aprendizaje. Cuando podemos analizar qué pasó, cómo respondimos y qué conducta tuvo el pequeño, podremos saber cómo reaccionar en otro momento.

Centrarnos en lo mejor que puedo ser hoy, en estas circunstancias, con este estado de ánimo tanto del niño como el nuestro.

Que el aprendizaje sea recíproco.




“No sé cómo sacarlo de ese enojo, me grita y se golpea, y yo le digo que no, pero lo hace peor”.


Lo primero a tener en cuenta es que debemos ser capaces de conectar emocionalmente con nuestros pequeños para poder lograr una correcta intervención ante una conducta que no es adecuada. La relación que tengamos con ellos es clave para cualquier tipo de acción.

Conectar significa prestar atención, transmitirles que entendemos cómo se sienten, independientemente de que su comportamiento nos guste o no. Cuando peor se portan es cuando más nos necesitan.

Cuando no podemos reconocer nuestras propias emociones, no es fácil conectar con las del otro. Poder identificar, nombrar, reconocer y transmitir lo que nos pasa suele ser una tarea difícil.

Conectar con los niños desde lo emocional va a ser el primer paso para dar lugar a todo un aprendizaje en cada conducta que aparezca. Tenemos que poner el foco en que lo que queremos corregir tiene que ver con la situación que se desencadenó, no con la relación que tenemos con el pequeño.

Conectar es darle ese lugar donde puedan sentirse seguros de transmitir sus sentimientos, sentirse apoyados, respetados y comprendidos, aunque no nos agrade su forma de comportarse.

Cuando hablamos de conexión hablamos de empatía. Ya dijimos que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente y acompañarlo. A la hora de dar una respuesta empática, es importante estar en la misma frecuencia, conocer la emoción propia para poder empatizar con la ajena y lograr entender esa intensidad para poder conectar.

Si el niño está llorando porque se le rompió su juguete, no podrás empatizar con él gritándole o retándolo por haberlo roto. Decirle que estás enojado no es estar en su misma sintonía ya que, seguramente, el sentimiento que él tenga sea de tristeza. Lo mejor que podemos hacer es reconocer ese sentimiento que él tiene y decirle: “estás muy triste porque se te rompió el juguete” y acompañar con el cuerpo esa situación (un abrazo podría servir).

Tenemos que tomar a la empatía como la herramienta más poderosa que tenemos a disposición y usarla para darles a los niños seguridad y reforzar su autoestima. Si como adultos entendemos que todas las emociones son positivas y somos capaces de reconocerlas y darles el lugar en el mundo del niño, vamos a poder ayudarlo a identificar sus sentimientos y los nuestros. Cuando usamos esta herramienta y evitamos la corrección mediante castigos o gritos, podemos ayudarlo a hacer frente a toda situación que se le presente y calmarlo o lograr la reacción adecuada ante situaciones que lo desborden.

Conectar con el niño para calmar las emociones que él no puede regular por sí solo.

La conexión profunda y empática tiene que ir acompañada de límites claros y firmes. Entender que el momento de peor comportamiento es cuando más nos necesitan. Si, al contrario, solo estamos atentos a la corrección de la conducta y no a lo que realmente les pasa, no lograremos nada.

En su libro El cerebro del niño, Daniel Siegel menciona tres beneficios de conectar con tu hijo antes de corregir o, mejor dicho, redirigir la conducta inapropiada:


 Hace que los hijos pasen de un estado reactivo a uno receptivo para aprender

Para que ocurra un aprendizaje, los niños tienen que estar receptivos. La receptividad es el resultado de la conexión. La sensación de conexión surge cuando nos sentimos importantes y tenidos en cuenta. Por lo tanto, si un niño se siente importante y escuchado, se sentirá aceptado y conectado de tal manera que estará más receptivo a escuchar, pensar, aprender y tomar mejores decisiones.

Muchas veces queremos redirigir o buscar una solución a una conducta inadecuada de manera inmediata e inminente. Y entonces nos saltamos el primer paso, que es también el más importante y el que predispondrá el aprendizaje.

Cuando conectamos, recién ahí pueden empezar a calmarse y, en consecuencia, ser más receptivos para lo que queremos transmitir. Desde este lugar es donde podremos modificar esa conducta inapropiada hacia una apropiada. Cuando conectamos con el pequeño y podemos conseguir la calma, logramos que realmente escuche lo que le estamos diciendo.

 Ayuda a construir el cerebro de una manera más positiva y eficaz

Conectar antes de redirigir la conducta hace que se refuercen las conexiones neuronales entre el cerebro reptiliano (que se encarga de las reacciones instintivas de supervivencia) y el cerebro frontal (encargado de funciones como la autorregulación, la atención, el equilibrio emocional, la empatía, etc.) que modifican, literalmente, el cerebro. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).

Lo que pasa en el cerebro de nuestros pequeños cuando conectamos con ellos es que sus numerosas partes se integran. Estas actúan como equipo para desactivar esa parte más impulsiva, ayudan a crear más y mejores redes neuronales, y benefician la región prefrontal. A medida que esta última se va desarrollando, los niños son más capaces de llevar a la práctica destrezas sociales y emocionales que queremos que adquieran, entre ellas, ¡la autorregulación!

 Mejora e intensifica la relación con tu hijo

Una de las formas más fáciles de demostrar nuestro amor hacia los hijos y conectar con ellos es cuando todo está tranquilo, cuando todo está en calma, cuando todo está bien. ¡Qué fácil se nos hace en esas circunstancias! Pero cuando se portan mal, contestan de forma grosera, están descontrolados o estallan en un berrinche, es muy difícil que los padres nos sintamos dispuestos a conectar. En momentos tensos es probablemente lo último que nos pase por la cabeza. ¡Queremos que se termine el conflicto lo más rápido posible! Sin embargo, es allí cuando la conexión es más necesaria.

Conectar es una habilidad que requiere de muchísimo esfuerzo, constancia, práctica y paciencia. No saldrá al principio, pero vale la pena intentarlo una y otra vez.

Cuanto más respaldo, empatía y atención les demostremos en los peores momentos, más se favorecerá nuestra relación y sentirán así la sensación de que son importantes, de que los tenemos en cuenta y de que pueden contar siempre con nosotros.


Para tener en cuenta…

Conectar desde el punto de vista emocional será el primer paso para dar lugar al aprendizaje en toda conducta que aparezca.

Cuando peor se portan es cuando más nos necesitan.

La empatía es la principal herramienta para poder conectar con nuestros pequeños.

Primero, debes conocer la emoción propia para poder empatizar con la ajena y lograr entender esa intensidad para poder conectar.

Conectar como habilidad requiere práctica y constancia, pero mejora la relación con tu pequeño desde el primer momento.




“Cuanto más nerviosa me ve, peor se comporta. Pareciera que lo hace a propósito, cuanto más necesito que esté tranquilo por todas las cosas que tengo que hacer, más demandante es”.


Para poder conectar con nuestros pequeños y dar paso a redirigir la conducta inapropiada, primero necesitamos estar en calma. Nunca se va a dar una verdadera conexión si nos sentimos desbordados por la situación. Tomar como referencia la frase “tu calma, calma” será de gran ayuda en estas circunstancias. Si estamos calmados en momentos de crisis y de mayor dificultad, lograremos —por efecto de las neuronas espejo— que nuestros pequeños también se calmen.

Las neuronas espejo son un tipo de células nerviosas responsables de que imitemos algunas conductas que realizan otras personas delante de nosotros. Se les atribuye la particularidad de activar esas mismas áreas de nuestro cerebro que se activarían si estuviésemos realizando la conducta de verdad, solo por el mero hecho de observarla en una tercera persona.

Estas neuronas se inhiben o se excitan, es decir, se encienden o se apagan, ante la presencia de emociones, y se pueden activar al oír, ver, hacer o pensar una acción. Cada una de ellas tiene un impacto distinto, por eso, a veces, al ver algo podemos reconocer mejor la situación que al oírla.

Las neuronas espejo les proporcionan a los niños la posibilidad de interpretar las emociones de los padres y a estos últimos de acceder al mundo mental de sus hijos.

Los niños aprenden básicamente por dos mecanismos: por observación (imitación) y por ensayo y error. Sin embargo, el primer mecanismo es más efectivo que el segundo, ya que no es necesario poner a prueba nada, solo observarlo. Las neuronas espejo ya se encargan de captar lo que siente el otro al hacerlo sin necesidad de experimentarlo.

Dicho esto, suponemos que ya sabes por qué es importante que estés en calma: porque gracias a las neuronas espejo, tu pequeño buscará sentirse del mismo modo.

¿Qué puedes hacer para calmarte ante una situación que desborda? Tres pasos infalibles:

1 Respirar

2 Beber un vaso de agua fría

3 Cantar

Te preguntarás ¿por qué esos tres y no otros? La respuesta es sencilla: al realizar esos ejercicios activamos el nervio vago. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil). Cuando se estimula este nervio, se producen los efectos de relajación y tranquilidad mental de forma eficaz y profunda.

No hace falta que realices los tres a la vez. ¡Puede ser el que te salga primero!

Entonces, para encontrar la calma, puedes alejarte por breves instantes para respirar, beber un vaso de agua o cantar para, una vez en calma, volver y conectar con tu peque.


Para tener en cuenta…

Nunca se va a dar una verdadera conexión si nos sentimos desbordados por la situación.

Las neuronas espejo le proporcionan al pequeño la posibilidad de interpretar las emociones de los padres y les permite a los adultos acceder a él.

Los niños aprenden por imitación, ensayo y error.

Si estás en calma —por efecto de las neuronas espejo— tu pequeño buscará sentirse del mismo modo.

Tu calma, calma.




“Antes de ir a la escuela, jugamos con masa. Es un juego que a él le gusta ya que pasamos ese tiempo juntos antes de despedirnos por unas horas”.


Por rituales nos referimos a las formas que tenemos de propiciar un encuentro con los pequeños mediante ciertas actitudes y acciones que nos permitan fomentar el vínculo y, de esta manera, generar oxitocina en el cuerpo de nuestros niños, que son quienes lo experimentan.

La oxitocina es la hormona del amor, la hormona del vínculo, es la que provoca sensaciones placenteras y ¡reduce el estrés! Favorece también el sentimiento de permanencia, desde el vínculo primario con la madre para después trasladarse a otros vínculos sociales en el futuro. Es la verdadera responsable de que se establezcan y mantengan las relaciones humanas basadas en la generosidad, el altruismo y la compasión.

¡Es justo lo que necesitamos fomentar entre los niños y sus cuidadores!

Los rituales amorosos tienen cuatro componentes:

1 Contacto visual

2 Contacto físico

3 Presencia

4 Juego

Así de simple y así de complejo. Si llevamos a la práctica estos cuatro componentes, aumentaremos en nuestros pequeños, y en nosotros mismos, los niveles de oxitocina.

El contacto visual es la capacidad de estar presentes en un momento de juego. No es lo mismo estar con el teléfono la computadora mientras el niño juega, que prestar atención a lo que está haciendo, aunque no estemos incluidos. Cada tanto vamos a poder observar que nos mira, nos busca, observa nuestra atención hacia lo que está haciendo.

El contacto físico es necesario siempre. Cuando los bebés nacen, lo primero que buscan es el contacto con la mamá, el papá o el cuidador. Ese contacto calma. Es un factor fundamental para su seguridad afectiva y emocional, además de beneficiar las áreas motriz, cognitiva y psicológica. Es la mejor forma de facilitar un apego seguro.

La presencia es estar aquí y ahora, cuando el niño se acerca a mostrarnos algo, cuando el niño llora y necesita ser consolado, en el día a día de las rutinas, en el sentarse a comer, bañarse, irse a dormir. Es estar ahí en todos esos momentos.

El juego, tan fundamental en su desarrollo y, por ende, sumamente necesario en las primeras etapas de la vida. En él se fomentan capacidades como el afecto, la motricidad, la inteligencia, la creatividad y las habilidades sociales. Todas estas se activan y estimulan cuando juega. Es importante que, mientras lo hace, tengamos en cuenta todos los ítems mencionados anteriormente que se deben dar, en especial, en ese momento (contacto visual, contacto físico y presencia).

Estos rituales se desprenden de cada familia, cada cuidador, comunidad educativa y espacio terapéutico.

Si en cada uno de estos lugares podemos propiciar el desarrollo de estos rituales —no hace falta que sea solo en uno—, estamos reforzando los vínculos que generan el espacio propicio para todo aprendizaje necesario. En su libro Disciplina sin lágrimas, Daniel Siegel nos dice que “cuando un niño está separado de su cuidador primario, estos cuatro componentes le envían el mensaje de que está en un lugar seguro donde lo aman y lo van a cuidar. De esta forma el niño genera un vínculo con sus cuidadores secundarios y puede mantenerse en un estado de alerta relajado a pesar de estar separado de su mamá o de sus cuidadores primarios. El estado de alerta relajado le permite al niño explorar, aprender y crecer”.


Para tener en cuenta…

La oxitocina es la hormona que provoca sensaciones placenteras y reduce el estrés.

Tratamos de generar oxitocina en nuestro hijo con algunos rituales.

Estos rituales se componen de contacto visual, contacto físico, presencia y juego.

Son particulares de cada familia, cada cuidador, cada espacio.

Propiciar estos rituales en todos los ámbitos para generar vínculos.




“Ella sabe que estoy aquí, a pesar de que está jugando con otros niños, ella sabe que estoy esperando a que quiera venir a decirme algo; es la libertad que le doy de conocer ese contexto nuevo que es la plaza, pero siendo consciente de que aquí la espero para cuando me necesite”.


Como vimos en el capítulo 5, “Rituales amorosos”, la oxitocina se relaciona con los vínculos, con los lazos afectivos, por eso también es llamada la hormona del apego.

Pero ¿qué es el apego?

La palabra apego no tiene que ver con estar apegados, aunque al escucharla nos remontemos a ese concepto. El apego al que hacemos referencia tiene que ver con una relación afectiva y duradera cuya base está en que el cuidador sintonice y cubra las necesidades que presenta, en un primer momento, el bebé y, luego, los niños en general.

Si hablamos de apego, no podemos dejar de nombrar a John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista infantil. Fue el primero en formular una teoría referida al apego y estudiar la relación y el vínculo que se establecía entre un hijo y su madre. Él concluyó que tanto la capacidad de resiliencia de los niños como su conducta y desarrollo emocional posterior estaban directamente relacionados con el tipo de vínculo que estos establecían con sus progenitores en los primeros años.

El ser humano nace inmaduro y necesita de ese cuidador de forma casi dependiente para poder sobrevivir. Es una relación fuerte-débil. Cuando los adultos a cargo entendemos que nosotros somos los fuertes, comprendemos cuánta responsabilidad tenemos en esa relación.

El primer momento en que forjamos el apego que da lugar al primer vínculo que tenemos es en la panza de la madre. A partir del sexto mes de embarazo, el bebé ya reconoce la voz de ella. Y empezamos a nombrarlo, sentirlo y acariciar el vientre como si esos brazos llegaran a él. No lo conocemos todavía, pero el vínculo ya se estableció.

Cuando nace, ese momento en el que sale de esa guarida, se vive la primera separación. Pero nada puede con esa unión tan fuerte que se vive en ese instante. El niño sabe que su mamá está ahí, aunque esté en otro cuarto. Está ahí. Toda esta situación se da gracias a esta hormona del apego, la oxitocina, que aparece durante el parto y que permite soportar todos esos dolores y miedos. Y, como también es la hormona del amor, suele tener niveles muy elevados durante las primeras horas postparto.

Esta hormona se vuelve a activar cuando amamantamos o le damos el biberón o cuando estamos cerca de nuestro bebé. Esta unión con su madre o cuidadora es tan fuerte que, a través de estos encuentros, el bebé se fortalece y es capaz de desarrollar vínculos con otros.

El apego es tan importante que influye en la organización del sistema límbico (clave en la gestión de emociones), en el aprendizaje y en la capacidad de adaptación. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).

Tipos de apego

Según John Bowlby, existen cuatro tipos de apego:

1. APEGO SEGURO

Es el apego más sano de todos y se da cuando el niño siente la incondicionalidad por parte de sus progenitores y tiene la certeza de que no van a fallarle.

Este apego sucede cuando el cuidador proporciona seguridad y se preocupa por establecer una comunicación y un contacto con ese pequeño, no solamente por cubrir las necesidades de limpieza y alimentación. Los niños se sienten validados emocionalmente y seguros para relacionarse con lo que les rodea.

Esto será muy beneficioso para su vida adulta, es decir, podrán llegar a una vida adulta independiente, sin prescindir de sus relaciones interpersonales y los vínculos afectivos.

Pero no todos los tipos de apego son buenos. Los que nombraremos a continuación son los que debemos tratar de evitar, ya que traerán consecuencias negativas en el desarrollo de los niños y en su posterior vida adulta. Estos son:

2. APEGO ANSIOSO Y AMBIVALENTE

La ambivalencia emocional genera angustia. En este tipo de apego, el niño no confía en sus cuidadores y crece con una sensación de incertidumbre e inseguridad, debido a la inconstancia e inconsistencia en los cuidados o a la ambivalencia de ellos.

Estos niños tienden a presentar miedo y gran angustia ante las separaciones, así como también suelen tener dificultades para calmarse cuando el cuidador reaparece (presentan crisis de angustia). Tienden a estar pendientes de su cuidador y la exploración del medio ambiente es poco relajada, están siempre con el temor de alejarse de la figura de apego.

En este tipo de apego, los niños necesitan la aprobación de los cuidadores y vigilan de manera permanente que no los abandonen.

Lo que esto provoca en la adultez es dependencia emocional, es decir, son personas que siempre están con la sensación de temor de no ser queridos por el entorno, en especial por sus parejas.

3. APEGO EVITATIVO

El apego evitativo aparece cuando los cuidadores no proporcionan la seguridad suficiente para el niño, es decir, hacen que desarrolle autosuficiencia compulsiva y distanciamiento emocional.

Estos niños no suelen llorar cuando se separan de su cuidador, evitan el contacto y buscan jugar solos sin incluir a los padres en ningún momento.

La despreocupación por la separación puede confundirse con seguridad, pero en distintos estudios se ha demostrado que, en realidad, estos niños presentan signos fisiológicos asociados al estrés, cuya activación perdura por más tiempo que en los niños con un apego seguro.

Los niños con apego de tipo evitativo han asumido que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provoca sufrimiento. Son niños inseguros con tendencia a reacciones impulsivas o explosivas y con mala gestión de sus emociones.

Generalmente, esto repercute en la vida adulta al tener dificultades para relacionarse. Estos adultos suelen presentar grandes cuotas de estrés, se sienten poco valorados y tienen problemas de intimidad con los demás.

4. APEGO DESORGANIZADO

Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo. Es causado por una conducta insegura o negligente por parte de los progenitores o cuidadores. Se trata del extremo contrario al apego seguro.

Casos de abandono temprano, cuya consecuencia en el niño es la pérdida de confianza o, incluso, sentimientos constantes de miedo hacia su cuidador o figura vincular.

Se observa que, en su vida adulta, se suele presentar una carga muy alta de frustración e ira. Son personas que tienen relaciones conflictivas constantemente, aunque paradójicamente, son su mayor anhelo.

La importancia de un apego seguro

Como vimos, la calidad del apego determinará tanto el modelo mental del adulto como sus relaciones con los demás, sus miedos o la gestión emocional que haga.

La sensación de seguridad que tiene el niño cuando está en brazos de su mamá, su papá o cualquier adulto referente será la base donde se empiece a formar el desarrollo emocional que dará lugar a aprendizajes de todo tipo. Es importante hacer actividades que disfruten juntos y que se conviertan en algo habitual, predecible e integral en sus vidas.

El primer vínculo (la relación que los pequeños establecen con los adultos referentes) son los padres, abuelos, tíos, primos y miembros de la familia que suelen estar presentes y ser parte de esa crianza. Pero no podemos dejarlo ahí. La escuela es un lugar donde esos primeros vínculos también se empiezan a desarrollar de una manera más extensa y amplia al encontrarnos con otras formas y otros tipos de vínculos. Y nosotros, los terapeutas, no podemos dejar de insistir en la importancia de este vínculo en todas las dimensiones donde se desarrolle ese pequeño.

¿Cómo mejoramos el vínculo con los niños?

 Hablar, no gritar

 Abrazar mucho

 Poner límites con amor y firmeza

 Investigar sus intereses

 Jugar con ellos

 Reconocer sus esfuerzos

 Cumplir con lo que prometemos

 Decirles cuánto los amamos

Un vínculo positivo y seguro es necesario para el desarrollo cerebral y emocional del niño.

La confianza en sí mismo que este vínculo le proporcione da lugar a una buena inteligencia emocional. Cuando el niño se siente seguro, fomentamos su autonomía y su capacidad de investigar. Dejará de ser tan dependiente y será más autónomo.

Más adelante, podrá desarrollar vínculos sanos y ser consciente de sus fortalezas y limitaciones, que le permitirán entender el error como aprendizaje. Lo ayudará en el desarrollo de la autorregulación emocional, fortalecerá la empatía y será capaz de resolver conflictos.

Si de niños desarrollamos un concepto positivo de la figura de apego y de nosotros mismos, los sentimientos que experimentaremos serán de seguridad, confianza, alegría y bienestar, mientras que, si el modelo mental es negativo, nuestros sentimientos serán de inseguridad, desconfianza, ira y miedo.

Es por ello que resulta de suma importancia prestar atención a los primeros años de vida de los niños y establecer vínculos fuertes y seguros en los que ellos puedan sentirse cuidados y protegidos.


Para tener en cuenta…

El apego es la base de una relación afectiva y duradera. El cuidador sintoniza y cubre las necesidades que presenta el niño.

La oxitocina, u hormona del amor, es la que genera esa unión fuerte con la mamá, el primer vínculo.

El apego es tan importante que influye en la organización del sistema límbico, en el aprendizaje y en la capacidad de adaptación.

Tipos de apego: seguro, ambivalente, evitativo y desorganizado.

Cuando el niño se siente seguro, fomentamos su autonomía y su capacidad de investigar.







“Por las dudas, yo le enseño todo lo que puedo, no vaya a ser que avance más lento que otros niños de su edad”.


La estimulación es un proceso natural en el que los niños exploran con sus sentidos (vista, oído, gusto, olfato y tacto) y ponen en práctica sus capacidades físicas, emocionales, sociales y cognitivas para optimizarlas de acuerdo con su ritmo de evolución, mientras ejercen mayor control sobre su mundo.

El objetivo de la estimulación no es acelerar su desarrollo y forzarlo a alcanzar metas para las que no está preparado, sino trabajar y reconocer el potencial de cada niño en particular.

Un niño que, durante sus primeros años de vida, vive en un ambiente estimulante física y emocionalmente desarrollará un mayor número de conexiones cerebrales necesarias para procesar la información del entorno y aprender. Y, si hablamos de estimular, el juego será la herramienta principal de aprendizaje desde el momento del nacimiento mismo. Por eso, procura que cada actividad que realices sea divertida, entretenida (independientemente de la edad de tu hijo) y haz del juego una rutina, de modo que no pase un día en el que tú y tu hijo no jueguen y se diviertan.

Tu función como adulto es proporcionarle diversas oportunidades para que pueda explorar por él mismo. Lo importante no es que le presentes muchos estímulos, sino que generes interacciones en las que él participe activamente y actúe sobre su entorno, con o sin tu ayuda, para aprender.

A tener en cuenta:

 Cada niño es diferente, es decir, cada uno tiene sus tiempos y su ritmo de desarrollo.

 No forzar, no exigir. Se debe crear una situación placentera de juego.

 Es importante que descubras lo que le gusta o le disgusta a tu hijo y permitas que te guíe y dirija en el juego. Solo tienes que observar sus respuestas ante los diferentes estímulos, él te hará saber lo que necesita y lo que quiere.

 Adapta y regula los estímulos que le proporcionas a tu hijo para que sean apropiados para su nivel de desarrollo, de modo que apoyes su aprendizaje sin forzar su curso de maduración. La clave está en que le proporciones experiencias en las que haya un balance entre el reto y el apoyo.

 Respeta al niño en todo momento.

Por el contrario, la sobreestimulación es cuando proporcionamos al niño estímulos superiores a los que puede tolerar en relación a su edad de manera que no puede procesarlos adecuadamente.

Los procesos perceptivos y atencionales se pueden ver afectados como consecuencia de la sobreestimulación. Por ejemplo, se potencian la poca tolerancia a la frustración, la falta de concentración en una actividad determinada y la dificultad para aprender en general.

Sobrecargar al cerebro de estímulos produce, además, que no sepa a qué estímulos atender y que, ante la ausencia de estímulos, no se active, es decir, que el nivel de estimulación deba ser muy alto para que se ponga en marcha. Lo que se traduce también en dificultades o problemas atencionales.

Por eso, es importante conocer cuáles son las distintas etapas de los niños para tener los parámetros de las capacidades que se desarrollan en cada una y no forzarlos a realizar actividades que no les corresponden.

Estimular, entonces, quiere decir: exponer a los niños a experiencias reales significativas para su sano crecimiento y aprendizaje en los distintos períodos del desarrollo. Estas experiencias marcarán su personalidad, comportamiento, actitudes y aptitudes en la vida futura

En los próximos capítulos desarrollaremos cada una de estas etapas.


Para tener en cuenta…

Todo niño debe recibir una estimulación adecuada y segura para desarrollar al máximo sus potencialidades.

La estimulación debe ser gradual. Cuando los obligamos a realizar actividades que no desean hacer porque se sienten cansados o aturdidos, o porque todavía no han desarrollado totalmente las capacidades para realizarlas, entonces, no sentirán la motivación de hacerlas más adelante.

No sobreestimular. Cuando un adulto está saturado de tareas, esto le genera estrés. Lo mismo sucede en los niños y es muy perjudicial para su desarrollo.

Es de vital importancia conocer a tu hijo, su personalidad, qué le gusta y reconocer cuándo se cansa. Este es un parámetro para saber cuándo parar.

Respetar la etapa por la que atraviesa tu niño para saber a qué debes apuntar para una correcta estimulación.




“Mi hijo caminó a los 11 meses y a los 3 años ya sabía leer”.


Durante los primeros años de vida, el niño va adquiriendo, de forma progresiva y constante, diversas habilidades en las distintas áreas de desarrollo, tales como las habilidades sensorio-motoras y las conductas sociales y de interacción con el medio. Estas extraordinarias adquisiciones que el niño va experimentando mes a mes, año a año son una manifestación de cómo el sistema nervioso central (SNC) va madurando de forma adecuada.

Los hitos del desarrollo son comportamientos o destrezas físicas observadas en lactantes y niños a medida que crecen y se desarrollan. Podríamos decir, entonces, que un hito del desarrollo es lo que se espera (de manera general) que los niños logren adquirir e incorporar según su edad cronológica y estado de desarrollo evolutivo.

Darse vuelta, gatear, caminar y hablar se consideran dentro de estos hitos o acontecimientos fundamentales. Pero, además, hay otros hitos diferentes para cada rango de edades.

Los seis primeros años de vida de un niño son un maratón espectacular del desarrollo, tanto a nivel físico y cognitivo como a nivel psicológico y social. Los niños aprenden a gran velocidad y desarrollan habilidades motoras, sociales y cognitivas que marcarán su personalidad en el futuro.

Para considerar un hito como alcanzado, debe estar de forma permanente y no solo casual. Es decir, la habilidad debe ser identificable ya que, a su vez, marcará el inicio de una nueva etapa.

Cada niño es diferente y también lo es la experiencia de cada madre o padre, por ello, cada proceso será único. Los hitos del desarrollo te servirán como guía con respecto a tu hijo en crecimiento.

Tener la información al alcance es de real importancia para que los padres o cuidadores puedan educarse frente a la evolución de su hijo, dado que las brechas de adquisición de habilidades pueden orientarlos a considerar cuándo se requiere una valoración de algún profesional capacitado del área para poder definir si hay algún comportamiento “atípico” en el niño. La consulta temprana ante cualquier dificultad marcará la diferencia en el futuro.

En definitiva, es de gran importancia respetar los ritmos de maduración propios de cada niño y observar cuándo ocurre la adquisición de cada una de las habilidades evolutivas, es decir, de los hitos del desarrollo.


Para tener en cuenta…

Los hitos del desarrollo son las distintas habilidades que los niños adquieren según la edad evolutiva.

Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, por eso, estos hitos no son lineales.

Sirven como guía para que los padres o cuidadores sepan si su hijo está creciendo de manera adecuada.

Si tenemos sospechas de que algo no anda bien en cuanto a lo esperado en el desarrollo de nuestro hijo, debemos consultar con un profesional.




“Me encanta cuando pongo a mi bebé frente al espejo y trata de tocarlo como si fuera otro niño”.


La manera en que tu hijo juega, aprende, habla y actúa nos ofrece pistas importantes sobre cómo se está desarrollando.

Los indicadores o hitos del desarrollo que esperamos entre el nacimiento y los 9 y 10 meses de edad son los siguientes.

A los 2 meses de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Empieza a sonreírle a la gente.

 Puede calmarse sin ayuda por breves momentos (se pone los dedos en la boca y se chupa la mano).

 Trata de mirar a sus padres o adultos cuidadores.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Hace sonidos como de arrullo o gorjeos.

 Mueve la cabeza hacia los sonidos.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Se interesa por las caras y las reconoce a distancia.

 Comienza a seguir las cosas con los ojos.

 Comienza a demostrar aburrimiento si no hay un cambio de actividad (llora, se inquieta).

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Puede mantener la cabeza alzada y trata de levantarse cuando está boca abajo.

 Mueve las piernas y los brazos con mayor soltura.

A los 4 meses de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Sonríe espontáneamente, especialmente a las personas.

 Le gusta jugar con la gente y puede ser que hasta llore cuando se terminan los juegos.

 Copia algunos movimientos y gestos faciales, como sonreír o fruncir el ceño.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Comienza a balbucear.

 Balbucea expresivamente e imita los sonidos que escucha.

 Llora de diferentes maneras para mostrar cuándo siente hambre, dolor o cansancio.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Responde ante las demostraciones de afecto.

 Trata de alcanzar los juguetes con una mano.

 Usa las manos y los ojos al mismo tiempo, como cuando ve un juguete y trata de alcanzarlo.

 Sigue con la vista a las cosas que se mueven y mueve los ojos de lado a lado.

 Observa las caras con atención.

 Reconoce objetos y personas conocidas desde lejos.

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Mantiene la cabeza fija sin necesidad de soporte.

 Se empuja con las piernas cuando tiene los pies sobre una superficie firme.

 Si está boca abajo, puede voltearse hacia arriba.

 Puede sostener un juguete, sacudirlo y golpear otros juguetes que estén colgando.

 Se lleva las manos a la boca.

 Cuando está boca abajo, levanta el cuerpo hasta apoyarse en los codos.

A los 6 meses de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Reconoce las caras familiares y comienza a darse cuenta de si alguien es un desconocido.

 Le gusta jugar con los demás, especialmente con sus padres o cuidadores.

 Responde a las emociones ajenas y parece feliz.

 Le gusta mirarse en el espejo.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Responde a los sonidos produciendo otros sonidos.

 Une varias vocales cuando balbucea (“a”, “e”, “o”) y le gusta hacer sonidos por turno con los padres o cuidadores.

 Reacciona cuando se menciona su nombre.

 Emite sonidos para demostrar alegría o descontento.

 Comienza a emitir sonidos de consonantes (parlotea y usa la “m” o la “b”).

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Observa a su alrededor los objetos que están cerca.

 Empieza a llevarse las cosas a la boca.

 Comienza a pasar cosas de una mano a la otra.

 Demuestra curiosidad sobre los objetos y trata de agarrar los que están fuera de su alcance.

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Se da vuelta para ambos lados (boca arriba o abajo).

 Comienza a sentarse sin apoyo.

 Cuando se para, se apoya en sus piernas y hasta puede ser que salte.

 Se mece hacia adelante y hacia atrás, a veces gatea primero hacia atrás y luego hacia adelante.

A los 9 meses de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Puede que tenga miedo a los desconocidos.

 Puede que se aferre a los adultos conocidos.

 Tiene juguetes preferidos.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Entiende cuando se le dice “no”.

 Hace muchos sonidos diferentes como “mamamama” y “tatatatata”.

 Copia los sonidos y gestos que hacen otras personas.

 Señala objetos con los dedos.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Observa el recorrido de un objeto cuando cae.

 Va en busca de las cosas que alguien esconde.

 Juega a “¿dónde está el bebé?” (cucú, peek-a-boo, tapadita).

 Se lleva objetos a la boca.

 Pasa objetos de una mano a la otra con facilidad.

 Levanta cosas entre el dedo índice y el pulgar (dedos en forma de pinza).

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Se para sosteniéndose en algo.

 Puede sentarse solo y sin apoyo.

 Hace el intento de ponerse de pie por su cuenta.

 Gatea.

Aunque todavía es muy pequeño, en estos primeros meses de vida comienza a forjarse su personalidad, empieza a desarrollarse su inteligencia y aparecen las primeras bases de su comportamiento. Aun así, cada bebé se desarrolla a su propio modo, por lo que es imposible decir con exactitud cuándo perfeccionará tu hijo una destreza determinada. Aprovecha estos períodos de crecimiento con tranquilidad para disfrutar de tu bebé. Confía en tus instintos. Y si detectas un problema, podrá tratarse pronto. Luego, puedes esperar las alegrías y los desafíos que vendrán.


Para tener en cuenta…

Entre el nacimiento y los 10 meses de vida, los bebés adquieren muchas habilidades, sobre todo en las áreas cognitiva y motora.

Cada niño es particular y tiene su propio ritmo de desarrollo.

La etapa de los 6 a los 10 meses es la etapa del descubrimiento. El bebé comienza a gatear y a explorar su entorno.

Aumenta su independencia y su curiosidad por explorarlo todo. De ahí que se lo lleve todo a la boca. Es una etapa de riesgos y por ellos hay que preparar la casa para evitar accidentes.

Si tienes alguna duda respecto al desarrollo de tu hijo, consulta a tu médico.




“Me emocioné mucho al escucharlo decir sus primeras palabras”.


En el capítulo 9, “Hitos del desarrollo de 0 a 10 meses”, vimos cómo nuestro hijo se desarrolla y adquiere nuevas habilidades hasta alrededor de los 10 meses de edad. En este capítulo, continuaremos con los hitos del desarrollo esperados desde los 12 meses de vida hasta los 2 años de edad.

Veamos:

Al año de vida
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Actúa con timidez o nerviosismo en presencia de desconocidos.

 Llora cuando la mamá, el papá o el cuidador se va.

 Tiene objetos y personas preferidas.

 Demuestra miedo en algunas situaciones.

 Puede alcanzar un libro a una persona que se encuentre cercano a él para que se lo lea.

 Repite sonidos o acciones para llamar la atención.

 Levanta un brazo o una pierna para ayudar a vestirse.

 Juega a “¿dónde está el bebé?” (cucú, peek-a-boo, tapadita) y hace palmaditas con las manos.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Entiende cuando se le pide que haga algo sencillo.

 Usa gestos simples, como mover la cabeza de lado a lado para decir “no” o mover la mano para decir “adiós”.

 Hace sonidos con cambios de entonación (suena como si fuera lenguaje normal).

 Dice “mamá” y “papá” y exclamaciones como “oh-oh”.

 Trata de imitar las palabras que escucha.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Explora los objetos de diferentes maneras (los sacude, los golpea o los tira).

 Encuentra fácilmente objetos escondidos.

 Cuando se nombra algo, mira en dirección a la ilustración o cosa que se nombró.

 Copia gestos.

 Comienza a usar distintos elementos correctamente, por ejemplo, bebe de una taza, se cepilla el pelo, etc.

 Golpea un objeto contra otro.

 Mete y saca cosas de un recipiente.

 Deja caer o suelta objetos (comienza a experimentar causa-efecto).

 Toca a las personas y a las cosas con el dedo índice.

 Sigue instrucciones sencillas como “recoge el juguete”.

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Se sienta sin ayuda.

 Hala para ponerse de pie y camina apoyándose en los muebles.

 Puede que dé unos pasos sin sostenerse en nada.

 Puede ser que se ponga de pie solo.

A los 18 meses de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Le gusta darles cosas a los demás como un juego.

 Puede empezar a manifestar berrinches. (Para más información, ver Parte 6: Berrinches).

 Puede que tenga miedo a los desconocidos.

 Demuestra afecto a las personas conocidas.

 Inventa juegos simples con su imaginación (por ejemplo, emite sonidos de animales con peluches).

 En situaciones nuevas, puede que se aferre a su cuidador o adulto referente.

 Señala para mostrarles a otras personas algo interesante.

 Explora solo, pero con la presencia cercana de los padres o cuidadores.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Puede decir varias palabras individuales.

 Dice “no” y sacude la cabeza como negación.

 Señala para mostrarle a otra persona lo que quiere.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Sabe para qué sirven algunos objetos, por ejemplo, teléfono, cepillo, cuchara, tenedor, etc.

 Señala para llamar la atención de otras personas.

 Señala una parte del cuerpo.

 Hace garabatos por sí solo.

 Puede seguir instrucciones verbales de un solo paso sin que se le haga ningún gesto.

 Demuestra interés en una muñeca o peluche y finge darle de comer.

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Camina solo.

 Arrastra juguetes detrás de él mientras camina.

 Puede subir escalones y correr.

 Puede ayudar a desvestirse.

 Bebe de una taza.

 Come con cuchara y tenedor.

A los 2 años de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Imita a otras personas, especialmente a los adultos y a los niños mayores.

 Se entusiasma cuando está con otros niños.

 Demuestra ser cada vez más independiente.

 Demuestra un comportamiento desafiante (hace lo que se le ha dicho que no haga).

 Comienzan los berrinches y celos. (Para más información, ver Parte 6: Berrinches).

 Juega principalmente al lado de otros niños, aunque empieza a incluirlos en juegos como correr y perseguirse.

EN EL ÁREA DEL HABLA Y LA COMUNICACIÓN:

 Señala objetos o ilustraciones cuando alguien los menciona.

 Sabe los nombres de personas conocidas y partes del cuerpo.

 Dice frases de 2 a 4 palabras.

 Sigue instrucciones sencillas.

 Repite palabras que escuchó en alguna conversación.

 Señala las cosas que aparecen en un libro.

EN EL ÁREA COGNITIVA (APRENDIZAJE, RAZONAMIENTO, RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS):

 Encuentra objetos aun cuando estén escondidos debajo de dos o tres cosas que los cubran.

 Empieza a clasificar por formas y colores.

 Completa frases y rimas de cuentos que conoce.

 Juega con su imaginación de manera sencilla.

 Construye torres de 4 bloques o más.

 Puede que use una mano más que la otra.

 Sigue instrucciones para hacer dos cosas.

 Nombra las ilustraciones de los libros, como un gato, un pájaro o un perro, etc.

 Puede empezar a controlar esfínteres (aunque este proceso puede ser esperado hasta alrededor de los 4 años de edad). (Para más información, ver Parte 4: Control de esfínteres).

EN EL ÁREA MOTORA Y DE DESARROLLO FÍSICO:

 Se para en las puntas de los pies.

 Patea un balón.

 Empieza a correr.

 Se trepa y baja de muebles sin ayuda.

 Sube y baja las escaleras mientras se sostiene de la pared o barandilla.

 Tira un balón por encima del hombro.

 Dibuja o copia líneas rectas y círculos.

En esta etapa, los niños pequeños mostrarán mayor independencia, comenzarán a tener conductas desafiantes, se reconocerán en las fotos o en el espejo e imitarán los comportamientos de los demás, especialmente de los adultos y niños mayores.

Tener en cuenta que en esta etapa tu hijo se va a mover más por todas partes, lo que conlleva enfrentarse a más peligros. Las situaciones peligrosas se pueden dar rápidamente, por lo que es indispensable tener actitud de alerta hacia tu hijo además de prever situaciones que puedan generar un problema. Tapar los enchufes o quitar objetos que se puedan romper y que estén al alcance de él.

Como venimos sosteniendo en capítulos anteriores, los logros importantes del desarrollo te darán una idea general de los cambios que puedes esperar a medida que tu hijo crece, pero no te alarmes si toma un curso ligeramente diferente. Puedes consultar a tu pediatra de confianza si no ha logrado adquirir las señales de desarrollo antes nombradas para este rango de edad.


Para tener en cuenta…

En este período, el niño al fin comienza a andar.

Su autonomía aumenta y se da cuenta de que es capaz de hacer muchas cosas por sí mismo.

Sin embargo, se acerca a la etapa de los berrinches y los celos.

Aún es incapaz de entender ciertas normas y límites.

Ante todo, ¡paciencia y acompañamiento!




“¡A mi hijo le encanta treparse a todos lados! Tiene una destreza que es envidiable para nosotros los adultos”.


Los niños aprenden a gran velocidad y desarrollan habilidades motoras, sociales y cognitivas que marcarán su personalidad futura. En este capítulo seguimos descubriendo qué habilidades adquieren entre los 3 y 6 años aproximadamente.

A los 3 años de edad
EN EL ÁREA SOCIAL Y EMOCIONAL:

 Imita a adultos y amigos.

 Demuestra afecto por sus amigos espontáneamente.

 Espera su turno en los juegos.

 Demuestra preocupación si ve llorar a un amigo.

 Entiende la idea de lo que “es mío”, “de él” o “de ella”.

 Expresa una gran variedad de emociones.

 Se separa de su mamá, su papá o cuidador con facilidad.

 Puede que se moleste cuando hay grandes cambios de rutina.

 Se viste y desviste solo.

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Age restriction:
0+
Release date on Litres:
15 November 2024
Volume:
245 p. 143 illustrations
ISBN:
9789500212496
Copyright Holder::
Bookwire
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