Read the book: «Muy personal con... Bibiana Belsasso»
Prólogo Francisco Martín Moreno
Héctor Aguilar Camín Escritor La guerra de Galio y la memoria mitológica
Pepe Aguilar Cantante Los tatuajes del alma en el cuerpo
Carlos Almada Embajador El embajador de las mil batallas
Hiram Almeida Secretario de Seguridad Pública de la cdmx El abogado y policía que quería ser boxeador
Ricardo Anaya Candidato presidencial El joven “maravilla”, que quiere ser presidente
Óscar Arias Premio Nobel de la Paz y ex Presidente de Costa Rica El estratega de la paz
Guillermo Arriaga Escritor y guionista Letras de un espíritu cazador
Mónica Arriola Senadora e hija de Elba Esther Gordillo Abrazó la vida, hasta el último aliento
Alejandra Barrales Dirigente y candidata del prd La sobrecargo que rompió estereotipos
Raúl Cervantes Andrade Abogado y ex procurador General de la República La política derivada del derecho
Ernesto Cordero Presidente de la Mesa Directiva del Senado Un chico del itam
Lorenzo Córdova Consejero Presidente del ine De la teoría a la práctica del estado
Rubén Cortés Periodista y escritor El mexicano que nació en Cuba
José Ramón Cossío Ministro de la Suprema Corte de Justicia Un justicia con derechos
Santiago Creel Ex Secretario de Gobernación El acuerdo como forma de ser
Pati Chapoy Periodista y conductora de tv Un espíritu indescifrable
Antonio Chedraui Ex Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de México El poder que trasciende la Fe
Fernando de la Mora Tenor El éxito es la suma de varios fracasos
Juan Díaz de la Torre Líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación El líder que surgió de la raza
Eric Drickersen Agregado jurídico del fbi en México Un méxico-americano en el corazón del fbi
Juan Pablo Escobar Hijo del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria El mejor padre y del peor bandido
Paola Espinosa Clavadista olímpica El clavado de su vida
Ramiro Garza Cantú Empresario Amistad, trabajo y lealtad
Francisco Gil Díaz Economista, ex Secretario de Hacienda El presidente económico de Fox
Roberto Gil Zuarth Senador del pan El operador que no se siente
Miguel Ángel Huidobro Cantante del grupo Molotov Una molotov contra los prejuicios
René Juárez Cisneros Ex gobernador y presidente nacional del pri El político que no abandona sus raíces
Tania Libertad Cantante La voz que arma revoluciones
Paola Longoria Campeona mundial de raquetbol La campeona que no se arrepiente de nada
Ignacio López Tarso Actor De María Félix al intérprete irrepetible
Alex Lora Cantante y compositor El sobreviviente de Avándaro
Margarita Luna Ramos Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación El discreto encanto de la justica
Miguel Ángel Mancera Ex Jefe de Gobierno de la cdmx y candidato a Senador El ciudadano que volvió a nacer
Armando Manzanero Compositor y cantante El que hizo de Yucatán un mundo
Jorge Marín Escultor y pintor El escultor de vuelos y victorias
Alejandro Martí Empresario El hombre con sed de justicia
Francisco Martín Moreno Escritor La historia como una novela
José Antonio Meade Ex Secretario de Estado y Candidato Presidencial Cómo ser cinco veces secretario de Estado en dos sexenios
Eduardo Medina Mora Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación El inquieto procurador que se convirtió en ministro
Manuel Mondragón y Kalb Ex comisionado nacional de seguridad Funcionario, médico, karateca, sonero y besucón
Ricardo Monreal Ex gobernador, ex delegado y candidato a senador de morena Un todoterreno del poder
Ignacio Morales Lechuga Notario y ex procurador general de la república De procurador a notario, un hombre de poder
José Narro Robles Ex rector de la unam y secretario de salud El rector que todos quieren
Aurelio Nuño Ex secretario de educación pública Un joven educado en el poder
Enrique Ochoa Reza Ex presidente nacional del pri El técnico para el tricolor
Enrique Peña Nieto Presidente de la República Auténtico
Alberto Pérez Dayán Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación El jurista que conoce todos los datos
Rafael Pérez Gay Escritor El cerebro de Gil Gamés
Alfredo Quiñones Hinojosa Migrante y neurocirujano Doctor Q, el médico de la esperanza
Marcos Ramírez Miguel Director General de Grupo Financiero Banorte El banquero que sueña con ser fotógrafo
Laura Restrepo Escritora La escritora armada
Federico Reyes Heroles Escritor El hijo del mito con personalidad propia
Rosario Robles Secretaria de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano La izquierdista de mil batallas
Ricardo Rocha Periodista y conductor Malo para los madrazos, bueno para las palabras
Vanessa Rubio Márquez Primera mujer subsecretaria de Hacienda y Crédito Público Una mente brillante
Claudia Ruiz Massieu Secretaria general del pri La estirpe y la genética del poder
Alberto Ruy Sánchez Escritor Escritor, editor y amante
Eduardo Sánchez Vocero de la Presidencia de la República Un padre militar, la bohemia y la comunicación
José Sarukhán Ex rector de la UNAM La ciencia, la ecología y el pasado armenio
Claudia Sheinbaum Candidata a Jefa de Gobierno de la cdmx La fiel a Andrés Manuel López Obrador
Héctor Suárez Actor El actor espiritual e inconforme
Jorge Valdano Futbolista, cronista deportivo y escritor El futbol como palabras e ideas
Josefina Vázquez Mota Economista y política mexicana Dios mío, hazme presidenta
Xavier Velasco Escritor El diablo guardián que nació del rock
Francisca Viveros Barradas Paquita la del Barrio Cantante “Me estás oyendo, inútil”




Prólogo
Francisco Martín Moreno
A nadie escapa la existencia de un gran número de autores sin obra. Seres humanos con una notable capacidad creativa, dueños de una inmensa erudición y de una gran sensibilidad e imaginación, sí, pero no producen, no proyectan, no componen ni revelan, ni proponen ni aportan. Son observadores lúcidos del acontecer político, científico, cultural, económico y social, en efecto, así es, pero su inexplicable silencio, las sorprendentes dimensiones de su talento, en poco o en nada mejoran las actuales condiciones del hombre ni su experiencia enriquece las diversas fuentes que conforman el conocimiento humano.
Bibiana sí nos deja un testimonio, un ejemplo, un camino. Bibiana nos llena de alternativas con sus luminosas entrevistas, nos plantea la vida de escritores, de políticos, de funcionarios, de presidentes, de titulares de partidos políticos, de cineastas, de líderes sindicales, de directivos de la banca pública y privada, de connotados ministros del poder judicial, de actores, de cantantes, de filántropos, de politólogos, de comentaristas de radio y televisión, de ecologistas y de activistas de diversos grupos sociales.
Su libro Muy personal con... constituye, sin duda alguna, un nítido retrato de diversos personajes de México y del mundo. Bibiana es una viajera incansable en busca siempre de la nota, de la sorpresa, de la revelación. Bibiana es una periodista aguda e informada, retrata a la persona, dibuja su perfil, narra su trato, describe su físico, su aspecto, su comportamiento, analiza su mirada, sopesa sus actitudes, bascula sus respuestas, pregunta y repregunta.
Las autodefiniciones son fuentes vivas para la historia, elementos que el día de mañana serán valiosos para el investigador y para el novelista. Bibiana apunta los detalles del despacho, de la residencia, del palacio, del estudio, del café o del parque, en donde cuestiona, hurga, interroga y examina con la lupa del acucioso inspector amante de la verdad. Todo es importante: las pinturas, las fotografías, las esculturas, los recuerdos, la manera de vestir, los árboles, las flores, la atmósfera en general, todo habla del hombre o de la mujer y Bibiana los delata, los describe, los etiqueta y los precisa. Recaba opiniones, consulta, puntualiza ángulos, acerca enfoques, enmarca posibilidades y alternativas útiles y aprovechables para el lector.
Las entrevistas de Bibiana son directas. Concede poco espacio de maniobra a sus interlocutores, va al grano, al corazón de las personas. Recoge inquietudes, enfoca la circunstancia, interroga. Analiza el pasado. Exige con elegancia una explicación del presente y mide a su interlocutor de nueva cuenta, a la hora de hacer un pronóstico respecto al futuro del arte, de las comunicaciones, de la política, de la cultura, relativas a la cosmogonía de las personas a las que entrevistó en su actual libro.
Bibiana entiende a la perfección el significado de la imagenología, pues si buscamos las raíces etimológicas de dicho término nos encontraremos con un sustantivo latino “imago”, cuyo significado es retrato y la palabra griega “logia”, equivalente al “estudio de”. Bibiana conoce y domina el conjunto de las técnicas y de los procedimientos para obtener radiografías perfectas de sus entrevistados, les retrata el “alma” sin que, en ocasiones, ni ellos mismos lo perciban. Bibiana cuenta con la notable habilidad para extraer lo mejor de las personas con las que se sienta de frente para descubrir qué justifica su existencia, qué las mueve en la vida, qué esperan de ella, cómo piensan influir en la sociedad, en el cambio inaplazable, en la construcción de un mejor futuro para todos.
Bibiana nos sumerge en un mundo mágico, en donde percibimos las verdades ocultas de las diversas personalidades presentes en su trabajo, de la misma forma en que una experta interpreta una radiografía contra una pantalla luminosa y conoce en detalle las inclinaciones y los deseos encubiertos de los entrevistados que ella consigna con exquisita maestría y humor en estas páginas intensas, profundas, emotivas y bien documentadas.
Sólo le pediría un único favor a Bibiana: A tus lectores ya nos urge la edición de un nuevo libro tuyo, “Muy personal ii”.
Héctor Aguilar Camín
Escritor
La guerra de Galio y la memoria mitológica
Vamos a platicar de ti, de tu familia, de dónde vienes.
Mi mamá es cubana, hija de españoles, mis abuelos maternos eran asturianos. Tuvieron tres hijos: mi tía Luisa, que fue como mi segunda madre, nacida en Asturias; y mi madre y mi tío Raúl, nacidos en Cuba. Luego de 18 años de crianza en Cuba, vinieron a dar por azares del destino con su padre, que se había ido por segunda vez a hacer la médica. La primera, había ido a La Habana y después de la crisis del 29 en Cuba, tuvo que volver a salir. Anduvo dando tumbos hasta que encontró este pueblo pequeñito de ocho mil habitantes, en donde había mucha obra pública y a él, que era maestro de obras, le dieron un contrato. Construyó una casa privada y luego construyó aljibes. Entonces, decidió traerse a su familia a vivir a Chetumal.
¿Tu madre conoce allí a tu padre?
No, lo conoce en la Ciudad de México, en un lugar donde se reunía gente de Chetumal, que estudiaba o trabajaba aquí. Cuando mi madre llegó a Chetumal, mi padre estaba estudiando aquí y se conocen en una fiesta que hacen unos chetumalenses. Mi padre sabía quién era ella, la traía siempre en el radar, y un día que la vio pasar cuando iba para el baile, la siguió. Entonces, mi abuelo paterno, que era muy mujeriego, vio que estaba bailando con mi mamá y que la hacía reír, y le dijo: “he perdido las dudas que tenía sobre ti, si pudiste hacer bailar y reír a la cubana, vas a poder con cualquier cosa en la vida”.
El abuelo que trastocó la vida de tu padre.
Mi abuelo era un hombre de un extraordinario vigor y de un carácter increíble. Llegó a ser uno de los empresarios más fuertes de Chetumal. No es decir gran cosa, salvo porque en esos años llegó una especie de fiebre del oro, bajo la forma de fiebre de la madera, que entonces era muy demandada en el sur de Estados Unidos y en La Habana. Había un gran boom de construcción y mucha necesidad de maderas preciosas, de cedro, de caoba. Esa generación de mi abuelo es la que se rapó todas las maderas preciosas, milenarias, vírgenes que había en los maravillosos bosques centroamericanos y de la Península de Yucatán.
Hicieron muchísimo dinero.
En una temporada buena, un maderero podía levantarse un millón de dólares... era un negocio muy codiciado y muy difícil también: cuesta muy caro iniciarlo y es azaroso; cuando la temporada es buena deja mucho dinero pero, cuando es mala, se lleva todo lo invertido. Se cuenta en Quintana Roo que nadie hizo realmente una gran fortuna con la madera.
¿Tú ya habías nacido?
Nací en el 46, mis padres se casaron en el 44. Mi abuelo inicia su carrera como maderero a finales de los años cuarenta y la dificultad que tiene con mi padre es que, en un momento crítico de sus negocios madereros después del ciclón que destruye el pueblo de Chetumal, en el año 55, mi padre, a imitación del suyo, convertido en maderero también y con las buenas maneras que tenía, consiguió durante su primer viaje a Guatemala una concesión para una muy buena zona de explotación de madera.
Y eso no le gustó al abuelo.
Lo que pasa es que el abuelo le ofreció asociarse con él, le financió parte de la operación. De pronto, hubo una crisis en las finanzas, tanto de mi padre como de mi abuelo, y esa concesión maderera se volvió clave. Él, en lugar de seguirle prestando a mi papá, dejó de hacerlo y compró la concesión. Era muy duro con sus hijos y, al mismo tiempo, los mantuvo todo el tiempo bajo su férula, bajo la casa Aguilar, salvo a mi padre que se salió. Era una manera de disciplinarlo y de regresarlo. Pero las consecuencias que eso tuvo en mi papá fueron devastadoras: le quitó un gran negocio y lo destruyó moralmente.
Antes de llegar a este punto, ¿cómo fueron esos primeros años con tu padre y tu madre juntos?
Tengo una memoria doblemente mitológica de esa infancia en Chetumal. Mi recuerdo más intenso es el de una desgracia, que es justamente la noche del ciclón Janet, en septiembre del 55, que destruye el pueblo y mi casa con nosotros dentro. Mi padre no estaba, pero mi tía, mi mamá, la nana y mis hermanos, sí. Yo tenía nueve años, mi hermana tenía diez, éramos chiquitos, los adultos estaban encima de las mesas. Nos tenían cargados. El agua subió hasta que nos llegó al pecho a todos; ahí se detuvo y empezó a bajar; por 50 centímetros de agua no nos quedamos ahí.
¿Esperabas que tu padre se fuera?
No, esa es una cosa que resulta muy misteriosa cuando sucede. Uno percibe, naturalmente, que algo está roto en la familia. Mi padre se va de la casa en el 59 y esos años son muy malos para mi papá y para mi mamá; él viene con la quiebra psicológica y con la quiebra económica de Quintana Roo. Tiene deudas, está perseguido por la justicia, acusado de no haber pagado cosas…
Con la autoestima hasta el suelo.
No se atreve a ponerse de pie y a gritarle a su padre y a reclamarle el despojo, pero tampoco se pone a trabajar, anda buscando un negocio del tamaño del que perdió y obviamente no lo encuentra.
Eso va desgastando mucho su relación con mi madre y con la casa, y va volviéndolo un poco invisible. Llega un momento que ya no llega más que a dormir y finalmente se va.
Pasa muchísimo con estas figuras patriarcales tan fuertes que acaban, prácticamente, aplastando a los hijos. Tuviste otras figuras maternas, entre ellas, tu tía, la hermana de tu mamá.
Mi madre y mi tía tenían dos temperamentos muy distintos. Mi tía era una mujer muy dura, muy exigente; tenía una lengua de gitana, decía cosas que se cumplían, tenía, digamos, raptos de carácter muy intensos y fue la encarnación de la ley y de la figura de la autoridad. Y mi madre fue la mamá por excelencia: la que consentía, la que arropaba, la que atraía. Hicieron una muy buena pareja, la verdad, desde el punto de vista de la crianza de los hijos. No hace falta que tengas un papá físico o biológico, pero sí que tengas una figura de autoridad, que es la que te define.
Que eso también te lo dieron de alguna manera los jesuitas en todo el tiempo que estuviste en sus escuelas, ¿ya te imaginabas como el gran periodista, como el escritor, como el historiador?
No. Yo estudié en el Instituto Patria desde que llegamos en el 55 hasta el fin de la preparatoria. En la secundaria, cuando mi casa se derrumbó, yo traía una boruca que no entendía, pero que se reflejaba en mí. Andaba todo el tiempo con unos tics raros, sacudiendo la cabeza, había zumbidos, como si estuviera rodeado de insectos. Mi salvación en el colegio fue el basquetbol, jugaba desde la mañana hasta la noche. La pelota de basquetbol fue para mí el refugio. Una cosa tangible, redonda, exigente, que sustituía la inmensa boruca de la otra pelota caliente que tenía yo en la casa, que se estaba desmoronando. Todo ese mundo paradisiaco y feliz de la infancia estaba terminando en la Ciudad de México. Además, yo era un adolescente y traía la propia boruca de la adolescencia metida, incipientemente, en mi cuerpo y en mi cabeza.
¿Cuándo empiezas a escribir?
Muy tempranito y muy pretenciosamente. El Chetumal más intenso, más complejo y más atractivo que yo recuerdo es el de las historias que contaban mi madre y mi tía. Eran grandes contadoras de historias, grandes memorialistas de su propia vida y de la historia de lo que habían vivido en Cuba. La central era siempre, obviamente, la de la pérdida de la fortuna en mi casa.
Tu libro El resplandor de la madera es un poco tu historia, pero más novelada. Y en cambio Adiós a los padres es mucho más autobiográfica.
El resplandor de la madera es la historia ficcionalizada, novelada, de mi casa. Ese despojo de mi abuelo sobre la concesión maderera de mi padre. Adiós a los padres es la historia puntual, hasta donde la pude reconstruir, de lo que efectivamente sucedió. Es mi memoria familiar.
Es para cerrar cuentas... porque finalmente acabaste viendo a tu papá reconstruyendo la historia y escribiendo esta novela.
La mayor enseñanza que recibí de mi madre fue el no rotundo que me dio cuando, en el tercer año de la Universidad le dije que iba a dejar la escuela. Me dijo: “tú haces lo que quieras menos dejar la escuela, tú escogiste ir ahí”. Fue una enseñanza extraordinaria en el sentido de que uno no puede hacer en la vida siempre las cosas que le gustan.
Por eso los cierres son tan importantes para ti.
No hay nada peor que no cerrar algo. Hay que terminar las cosas que se empiezan, los libros que uno empieza a leer o a escribir. He tenido una gran suerte de haber podido ver el regreso de mi padre después de treinta y cinco años de ausencia, de ver el despliegue completo de su vida y de tener el tiempo, la capacidad, de escribirlo con el mayor rigor, en el momento que yo consideraba de mayor dominio de mis instrumentos como escritor. En ese sentido, es una historia terminada. Yo quise contarla desde que tenía quince años, y la pude escribir, cabal y plenamente, medio siglo después.
¿Descansaste cuando lo escribiste?
Descansar es una palabra leve, la verdad. Este libro me cambió el alma, la actitud, me dio una cosa fundamental en la vida, paciencia; me quitó la prisa.
Muchas veces tienes que hacer una gran catarsis, antes de poder llegar a la paz.
Son dos catarsis. Una, vivir las pérdidas: la de mi tía, la de mi madre, la de mi padre. Y una segunda es escribirlas y entenderlas, en el sentido de darles toda la densidad de significados. Cuando escribí este libro, lo que más me gustó y lo que más trabajo me costó fue restituir el sentido a cada momento.
Uno de tus libros que más me gusta es La guerra de Galio, obviamente porque me identifico como periodista. Esta historia del poder con el periodismo, la relación que había hace 30 años cuando se escribió, ¿cómo ves ahora, después de tantos años, esta relación del periodismo con el poder?
Entre el periodismo y el poder hay una competencia y hay unos vasos comunicantes que se espejean entre sí. Cuando oigas a un periodista decir que no le interesa el poder, duda tanto como cuando oigas a un empresario decir que no le interesa el dinero.
O a un político que tampoco le interesa el poder...
Un político dice que lo que le interesa es servir a los demás. En México ha cambiado mucho la prensa. Es mucho más libre, plural, rica…
En casos es mucho más irresponsable. Cualquiera puede escribir lo que quiera de lo que sea.
Más irresponsable y más impune también. La prensa mexicana, que ha hecho del privilegio del periodista de reservarse sus informantes una coartada para no dar nunca las fuentes en donde está fincada, es una prensa que acaba teniendo poca densidad, poca profundidad, poca credibilidad y al final, poca influencia. Una de las grandes deficiencias de la prensa mexicana es que no acabas de creerle lo que te cuenta porque nunca te dice de dónde vienen las cosas. El género por excelencia del periodismo mexicano es el columnismo, en el cual alguien, a título personal, obtiene información y la difunde. Hay dos tipos de columnistas, unos que dicen de dónde viene y hacen una tarea periodística, clásica y respetable; y otros que hacen las revelaciones más increíbles sin citar de dónde viene. Hay un director de periódico en México que hizo una carrera como director sin haber escrito nunca una línea como periodista. Hay un columnista, que tengo en la cabeza en este momento, que ha hecho una carrera divulgando cosas profundísimas y extrañísimas y muy comprometedoras del poder, sin haber citado una sola fuente. Esa libertad extrema acaba volviéndose una impunidad extrema.
También hay otros periodistas serios, columnistas serios, que tienen información que les dio alguien, pero no pueden revelar su fuente.
No creo en esto de que alguien tiene una información que no puede revelar; salvo cuando la vida de la fuente está cabalmente en peligro, lo demás me parecen coartadas mexicanas para no hacer el trabajo de decir realmente de qué se trata para que entendamos de dónde viene eso que puede o no ser cierto, de ese documento que puede o no ser verdadero. La prensa mexicana pasó de estar amordazada, a dar de gritos, pero muy poca de esa prensa hizo el trabajo de escribir con rigor, investigar con exactitud e informar. Ve cualquier periódico hoy y revisa la cantidad de noticias que son dichos.
Y se aprende a leer entre líneas cuál es la postura de cada medio.
Empezamos a leer entre líneas. Y esto qué quiere decir, que no me lo está diciendo todo y eso es una forma de quitarle credibilidad a lo que sí me está diciendo. Como antes, estamos ante la prensa y el poder en un juego de sombras.
¿No has pensado hacer una segunda Guerra de Galio, explicando noveladamente lo que está sucediendo ahora?
No sé si valdría la pena hacer algo así, pero no inventado, tomado de la realidad y documentado. Por ejemplo, tenemos muchos libros sobre el narco, debemos tener como 80 dignos de ser leídos, hechos por periodistas. De todos ellos hay muy pocos en donde tú puedes leer lo que están diciendo como un hecho y obtener el lugar exacto de donde viene esa información; padecen el mismo problema de la prensa, no acreditan sus fuentes y un periodismo sin fuentes es el principio de un género de ficción, yo no tengo nada contra eso, nada más que no me digan que es periodismo.
¿Por eso tampoco has querido hacer novelas, te has querido ir mucho más al periodismo con datos duros, con fuentes específicas?
Trato de hacerlo y trato, también se vale, de dar opiniones. Lo que no se vale es decir: les voy dar una información “que nadie sabe”, pero que sí sucedió, como si fuese un hecho: “así se escapó El Chapo y éstos lo ayudaron”, y no hay una fuente. Hay historias extraordinarias en la prensa sobre el mundo del narcotráfico en México, pero es difícil encontrar historias verdaderamente documentadas. Entonces, pasar de ahí a la novela me parece una ociosidad: no hay novela que pueda vencer a la realidad con la ficción. Lo que tendríamos es que restituir la realidad.
Hay un libro que narra la plática de dos narcotraficantes en privado.
Me interesaría muchísimo que me dijeran, esta grabación me la dio el agente de la dea, fulano, y ellos la hicieron en tal fecha. Me abrirían un mundo y lo primero que yo tendría que preguntarle al reportero es: y cuál es tu relación con la dea y qué más te dan y a cambio de qué te lo dan y tú eres parte o no eres parte de la dea, entonces empezaríamos a entrar en un mundo interesante. Hoy, como ayer, hay una relación, no sólo entre los periodistas y el poder, sino algo más importante, del público, de la sociedad, de la ciudadanía frente a los periodistas y frente al poder. Como público, no tenemos intermediarios confiables. En el gigantesco espacio de la prensa mexicana hay una prensa extraordinaria en la calidad de su opinión, pero no en la profundidad y rigor de sus reportajes. Nuestra prensa no nos ayuda a estar mejor informados y a ser más inteligentes, nos enseña a sospechar, a leer entre líneas.
Vamos de nuevo a la relación prensa-poder: detractores han dicho que fuiste el intelectual de cabecera del presidente Salinas; que eres el intelectual de cabecera del presidente Peña, ¿cómo ha sido esta relación a lo largo de tantos años con los distintos presidentes?
Quienes tendrían que explicar eso son los que lo dicen, yo no sé de dónde lo sacan. Con el presidente Peña Nieto no me he reunido una sola vez, pero, escribí un libro con Jorge Castañeda que después fue, en buena medida, la base de las reformas que puso en su propio libro, y que, por cierto, son las reformas que se han hecho, es verdad. Y es verdad, también, que en el 88 publiqué un libro que se llama Después del milagro, en donde estaban esbozados muchos de los cambios y muchas de las políticas que, durante su gobierno, Salinas llevó a la práctica. Tuve una relación personal, muy larga, muy intensa con Salinas, pero si alguien me dice que Salinas hizo algo porque yo se lo dije, lo único que me va a dar es risa. Salinas iba varios pasos adelante de mí en sus decisiones y, como todo político serio, consultaba las opiniones, pero decidía por sí mismo. Yo, lo más cerca que estuve de diseñar algo interesante para que un gobierno, el gobierno de Salinas, pudiera hacer algo, es lo que escribí en Después del milagro.
En el tema de las reformas has hecho dos declaraciones importantes. Una es, precisamente, la de los candidatos independientes y, luego, en esta Ley Electoral, has hablado de la segunda vuelta.
Eso está pendiente en la política mexicana, porque tenemos una democracia que no genera mayorías absolutas en el Congreso y, por tanto, genera gobiernos débiles, una y otra vez. La segunda vuelta sería una manera de que al presidente, por lo menos, se le eligiese siempre por mayoría absoluta, eso le podría dar una legitimidad mayor.
Lo vimos en Argentina.
Naturalmente, trae un conflicto adentro, porque un presidente con la mayoría absoluta y un Congreso fragmentado es una garantía segura de choques, pero sería una manera de fortalecer un poco el sistema presidencialista. Si no nos gusta el sistema presidencialista, pues cambiémonos a un parlamentario, pero, mientras tengamos uno presidencialista, hay que tratar de que lo sea con eficacia. Tenemos un presidente, desde el año 97, que tiene minoría en el Congreso. En el Congreso lo bloquean, lo bloquean y lo bloquean, no tiene capacidad de defenderse del Congreso, ¿qué hacen los presidentes que están así, como están en Brasil, como estuvieron mucho tiempo en Perú...? Normalmente, tratan de convencer, o mejor, de comprar al Congreso, y entonces, la relación se vuelve una relación subterránea y medio corrupta, por eso la segunda vuelta puede ser una forma de fortalecer la figura presidencial.
Y los candidatos independientes se imponen como un derecho constitucional, como un derecho humano. Un sistema de partidos no tiene por qué coartar el derecho constitucional de un ciudadano a votar y ser votado por sus conciudadanos. Salvo porque se ha quedado con este privilegio una red de partidos, de instituciones políticas, que no deja pasar y que no nos está entregando buenas cuentas, ni buenos gobiernos; nos está entregando espectáculos, a veces, de corrupción intolerables y está impidiendo que a través de sus filas aparezca lo mejor y más interesante de lo que podría ser el liderato mexicano, por tanto, hay que romper también eso.
¿Cuál ha sido el día más feliz en tu vida?
El día que nació mi hija Catalina.
¿El día más triste?
El día que murió mi mamá.
¿El amor de tu vida?
Ángeles Mastretta.
¿Qué te gusta comer?
Bueno, me gusta comer… para empezar, un whisky.
¿Para divertirte?
Para divertirme… conversar, leer, y ver series con Ángeles.
Completa esta frase, Héctor Aguilar Camín es…
Un escritor chetumalense, contra todos los pronósticos.

Pepe Aguilar
Cantante
Los tatuajes del alma en el cuerpo
Todo cambia todo el tiempo. Que uno no se dé cuenta es otra cosa. Pero cuando los cambios se hacen con un propósito, a veces salen bien. Y el rodearme de gente tan capaz para este proyecto fue una gran decisión. El salirme un poquito de la zona de confort, para meterme a un lugar donde puedo crecer y aprender más.

Carlos Almada
Embajador
El embajador de las mil batallas
Tú eres de Sinaloa, creciste y estudiaste la carrera ahí, ¿cómo fueron esos años?
Fueron años muy gratos, en provincia, muy tranquila, pequeña, agrícola. Mis recuerdos más entrañables son de cuando tenía cinco años y en el pueblo de Guasave caminaba de mi casa al kínder. El pueblo entero me cuidaba, me regalaban un veinte o un dulce. Recuerdo ahora el proverbio africano que dice: “para educar a un niño se necesita toda una aldea”, fui educado por una aldea y una familia entrañable.
A Lolita, tu mamá, todo el pueblo la conocía.
Todo el pueblo conocía a mi mamá y a mi papá.
¿Lolita, sigue allá o ya está en la Ciudad de México?
Tiene una casa allá, tiene 93 años, por su edad no puede viajar; pero no le duele nada; Lolita siempre fue muy alegre, querida, simpática, y bailadora como buena sinaloense, también guapa.
¿Y tu papá?
Era un ingeniero muy lector, y agricultor. Un apasionado por la educación, cuando lograba que un muchacho saliera de aquellos pueblos y viniera a estudiar al Politécnico, le conseguía una beca, era el hombre más feliz de la vida.
Estudias la primaria, la secundaria, incluso Administración de Empresas allá en tu tierra. ¿Qué tal eran esos años de estudiar en Sinaloa?
Soy egresado de la Universidad Autónoma de Sinaloa y eran años muy gratos, a mí me tocó todavía la Vieja Casona, en la que estaba la pequeña universidad entonces, no me tocó la Ciudad Universitaria, fueron años muy felices, pero también turbulentos, de agitación social, eran los años del 68 y posteriores a éste, esos ánimos revolucionarios los había también en la universidad, una gran radicalización.
¿Y es ahí donde te empieza a interesar la política?
Sí. Inicio en el Ayuntamiento de Culiacán trabajando con una persona que ya murió, el doctor Mariano Carlón, de quien guardo un recuerdo entrañable. Puedo decir que mis cariños más profundos, a pesar de que he viajado mucho por el mundo y he vivido en muchos lugares, están en mi infancia y en mi juventud en Sinaloa.
Y también es la cuna del narcotráfico.
El narcotráfico en Sinaloa empieza desde la Segunda Guerra Mundial, cuando los norteamericanos le piden al gobierno mexicano que, en el llamado Triángulo de Oro, entre Chihuahua, Sinaloa y Durango, que reúne condiciones óptimas, se produzca opio para producir morfina para los heridos de guerra. Así inicia históricamente el narcotráfico en Sinaloa. Cuando termina la guerra, los norteamericanos dijeron “ya no produzcan”, pero ya la gente se había acostumbrado.
Sin duda llegaste a convivir y a ver a muchos narcotraficantes, porque convivían con toda la sociedad.
Era algo relativamente normal en aquella época. No había los niveles de violencia que posteriormente se dieron. En alguna zona de Tierra Blanca, en Culiacán, sabíamos todos que esto ocurría, algunas familias lo hacían y era parte del paisaje en el que vivíamos. Afortunadamente no había episodios tan duros como los que hoy conocemos.
Terminas la carrera, eres un hombre, muy culto, preparado, llegas a la Ciudad de México y después te vas a París.
Llego a la Ciudad de México y prácticamente de inmediato me voy a París. Llego a trabajar primero, por cierto, con Dionisio Meade, padre de José Antonio Meade, cuando de pronto surge una convocatoria para ir a estudiar a Francia y de inmediato presento mi solicitud.
¿Qué estudiaste en Francia?
Administración Pública. Estudié allá más de tres años, primero en el Instituto Internacional de Administración Pública y después en La Sorbona, en la Universidad de Derecho. Fueron años felices, de educación y de pobreza. Decía Hemingway que “París es el único lugar del mundo donde se puede ser pobre y feliz a la vez”, yo digo que para eso hay que ser joven y hay que ser estudiante también.
¿Fue espectacular estar allá?
Fue espectacular, el mejor campus del mundo, la ciudad de París.
¿Y regresas a México a trabajar en la función pública?
Regreso a México para ser secretario ejecutivo del Instituto Nacional de Administración Pública, en 1979. Lo hago con mucho entusiasmo cuando había aquel Programa de Reforma Administrativa, en el que se creía profundamente. Ingreso a la vida académica, soy profesor y después me voy al Banco Obrero, luego al Estado de México, como secretario de Administración.
Te conocí cuando trabajaba en Estados Unidos para cbs y tú eras vocero del presidente Zedillo.
Conocía a tu familia, como he dejado testimonio de ello, y le tuve gran aprecio y, efectivamente, ahí nos conocimos. Fui vocero del presidente, dicen que el primer vocero o el primero que tuvo tal título de manera oficial, fueron años muy intensos.
Y debe haber sido muy difícil porque el presidente Zedillo odiaba las entrevistas y no le gustaba hablar ante los medios de comunicación.
La comunicación social siempre es difícil y es complicada la Presidencia de la República, pero es un gran honor. Siempre digo, que es probablemente el más grande honor de mi vida pública, pero no quisiera volver a ser vocero.
¿Cómo le decías al presidente Zedillo “tenemos que hablar de tal tema, tiene que hacer tal entrevista”?
Había forma de comunicarme con él, había disponibilidad. Hay diferentes temperamentos en los presidentes, creo que él fue respetuoso de los medios y de la libertad de expresión.
Platícame anécdotas de esta época.
Hubo muchas, recuerdo en particular el levantamiento del epr, por ejemplo. Fue un momento de gran tensión y también recuerdo la Reforma Política, la Constitucional, el gran propósito de fortalecer la vida democrática del país. Por supuesto que el 95 fue un año durísimo.
El año de la crisis económica terrible, sobre todo para poderlo comunicar porque la gente estaba furiosa.
Efectivamente, en particular el primer semestre de 1995 fue muy duro. A partir del segundo semestre de 1996, cuando la economía empezó a repuntar, también empezaron a repuntar los números del entonces presidente.
¿Cómo se vivía en el cuarto de guerra, sobre todo el tema de comunicación?
Se vivía con gran dificultad, fueron años muy complicados, el país vivió una caída del Producto Interno Bruto, si mi memoria no me falla, del ocho por ciento, una cosa espantosa, una inflación muy alta, elevación de impuestos, pérdida de empleos, intereses altísimos; afortunadamente se superó. Pienso que las reformas que se hicieron desde el sexenio del presidente Salinas, durante el de Zedillo que fueron continuadas muchas de ellas, nos han convertido en un país con gran capacidad exportadora, manufacturera. Dependíamos en un 80 por ciento del petróleo para nuestras exportaciones, hoy dependemos en un ocho por ciento, creo que hay cosas que son difíciles en México, pero también hay éxitos, hay claros, hay puntos brillantes y éste es uno de ellos.
Si a la fecha continuáramos dependiendo del petróleo de esa manera, ahora con el precio que tiene, sería una tragedia.
Habría sido una verdadera catástrofe. Mis amigos en Japón, y los empresarios con los que trato ven a México con una óptica de simpatía y mucha confianza de largo plazo.
Termina la administración del presidente Zedillo, hay alternancia en el gobierno, ¿qué pasa contigo?
Voy a trabajar al Instituto Nacional de Administración Pública, me dedico a la academia, a algunas cosas de carácter personal y finalmente trabajo durante siete años en Nuevo León, donde tuve años muy gratos. Monterrey es una gran ciudad, la cual vivió momentos muy difíciles en los que me tocó estar presente, asumir situaciones, diría yo, de elevado riesgo.
También fuiste embajador en Portugal,¿eso cuándo fue?
Fue al final de la Presidencia de Zedillo, tuve ese gran honor. Fui antes director general de un pequeño organismo internacional de Ciencias Administrativas, el inap del mundo, digamos, en Bruselas, en años anteriores, de 1988 a 1991. Es un puesto internacional de cierta relevancia, pero embajador de México solamente lo he sido dos veces.
Estuviste como subsecretario de Comunicaciones y Transportes en México, ya en el gobierno del presidente Enrique Peña.
Así es, dos años, un tema muy complejo, la logística es fundamental para el funcionamiento de la economía, transporte ferroviario, autotransporte, aviación, aeropuertos, control de tráfico aéreo. Dos años de intenso aprendizaje.
¿Por qué te designan embajador de México en Japón?
Entiendo que las consideraciones que se hicieron es que tenía ya una experiencia internacional, me gustan mucho los proyectos estratégicos, trabajar con los empresarios extranjeros y los mexicanos.
Hay una relación muy importante entre México y Japón.
Es una relación estratégica. Japón es uno de los socios más importantes de México, 930 empresas niponas funcionan u operan en nuestro país. Han invertido mucho en la industria eléctrica, electrónica, automotriz, y también en algunos sectores de energía. La inversión japonesa en el país es de 20 mil millones de dólares, les vendemos cada año cuatro mil millones de dólares, entre ellos, mil millones de productos agropecuarios. Son socios muy importantes, gente muy seria. Vienen pensando en México con confianza a largo plazo.
¿México qué exporta a Japón?
Fundamentalmente productos agropecuarios, también algunos camiones y componentes que ellos mismos procesan en México, y productos pesqueros. Poca gente sabe que nueve de cada diez aguacates que se consumen en Japón son mexicanos.
Sí, sin duda están introduciendo muchísimo dinero a México todos estos productos agrícolas que mandamos a países tan lejanos, ¿cuánto cuesta un aguacate, un melón en Japón?
Los melones pueden parecer prácticamente obras de arte o piezas de joyería, un melón puede costar 20 o 30 dólares, ¡un solo bello melón! Pero el tema obviamente está en la cantidad, en la calidad, es un mercado, el más grande del mundo en la importación de productos agropecuarios, del mundo desarrollado, pero también es muy exigente en los temas fitosanitarios y, por ejemplo, ahora tenemos una muy buena noticia: Japón considera que toda la república Mexicana está libre de fiebre aftosa del puerco, por lo que podremos elevar sustancialmente nuestras exportaciones de carne de puerco desde toda la República a Japón, en donde ya somos uno de los principales proveedores.
Te vas a Japón, una sociedad mucho más conservadora incluso que la mexicana, tienes una novia de la cual te enamoras perdidamente y te casas rapidísimo.
Me casé por esa razón. La gente se casa porque se enamora y afortunadamente elegí bien, me casé con Mara Madero, estamos muy contentos en Japón, compartimos una experiencia y una oportunidad maravillosa y trabajamos duro, no es turismo, no es socialité, es un esfuerzo muy serio por representar dignamente a nuestro país y por trabajar en todos los temas de la relación bilateral.
A Mara, ¿cómo la conoces?
Llegué a casa de mi hermana inocentemente a comer una pizza y salí prendado de una de las chicas, y resulta después que hay un café, después una copa y después todo lo demás.
¿Cómo fue haber llegado a Japón juntos, estos primeros meses? Porque me imagino que no hablas japonés.
Unas pocas palabras, el japonés es un idioma muy arduo. Han sido meses muy interesantes, es un gran país, en el que México es muy apreciado, muy valorado desde hace siglos.
Incluso el arte mexicano es muy valorado en Japón.
El arte mexicano es muy conocido, por ejemplo, el gobernador de Tokio empieza a ser un amigo personal porque a él le interesan Siqueiros, Tamayo, Toledo, Frida Kahlo, Sergio Hernández, y está atento a la pintura mexicana. A su majestad, la emperatriz de Japón, le interesa y le gusta mucho, asombrosamente, la pintura mexicana. Hay presencia nuestra en museos, nos quieren, nos respetan, los queremos, los respetamos.
Vamos a hablar de preguntas más personales, ¿qué te gusta leer?, ¿qué estás leyendo ahora?
Estoy leyendo en este momento una historia de Japón, que es el quinto o sexto libro que leo sobre este tema, he tratado de leer sobre historia de Japón desde perspectivas diferentes, una obra de un americano, de un francés, ahora estoy leyendo la de unos profesores australianos. Soy aficionado a la lectura y siempre estoy leyendo dos o tres cosas adicionales, también estoy leyendo a Kawabata, que es uno de los grandes escritores, premio Nobel japonés, una novela sobre la antigua ciudad de Kioto.
¿En música?
En música, para nosotros, Tokio es un paraíso. Nos gusta toda la música, la popular, la internacional, la clásica. En Tokio se presentan las mejores orquestas del mundo, las mejores óperas y por alguna razón, les gusta invitar a los embajadores y siempre estamos presentes, a cinco o siete minutos de la residencia de México, en la Suntory Hall, escuchando lo mejor del mundo. Es un prodigio.
¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?
El día que nació mi nieto Mateo, ahí sentí que mi esfuerzo por sacar adelante a mis hijos, todo el amor que les había dado, se prolongaba en una generación, que seguramente llegará, así lo espero, al siglo xxii.
¿El más triste?
El más triste es el inverso, es el día en que perdí a un hijo.
Completa esta frase, Carlos Almada es…
Un mexicano de clase media que pretende ser ilustrado y servir a su país.

Hiram Almeida
Secretario de Seguridad Pública de la cdmx
El abogado y policía que quería ser boxeador
¿Qué me quita el sueño? Que no haya control en algunos temas de la delincuencia, que no alcancemos las metas como institución, pero en eso estamos trabajando, para que las cosas no me quiten el sueño y las metas sí las logremos, para que combatamos a la delincuencia.

Ricardo Anaya
Candidato presidencial
El joven “maravilla”, que quiere ser presidente
Creciste en Querétaro, ¿cómo fueron esos años?
Nací en la Ciudad de México y muy chiquito me fui a vivir a Querétaro, me siento queretano, porque en esa entidad estudié la primaria, la secundaria, la prepa, estudié en la universidad pública del estado. Le debo todo a Querétaro y le tengo una enorme gratitud.
¿Tus abuelos y tu familia se quedan aquí en la Ciudad de México?
No, eventualmente ellos también se van a Querétaro, mis abuelos maternos, dos arquitectos ya retirados. Y mis abuelos paternos, ellos sí se quedan en la Ciudad de México.
¿Tu papá en qué trabajaba en Querétaro?
Es ingeniero químico, se dedicó a esto al inicio de su profesión, después incursionó en la industria del calzado; fabrica y vende, sobre todo, zapatos. Mi mamá es arquitecta, durante muchísimos años se dedicó fundamentalmente a construir y vender casas habitación. Curiosamente en mi familia nadie se dedicaba a la política, ni se imaginaban que alguien se iba a dedicar a esto.
¿De dónde surge tu interés por la política?, porque tampoco empiezas estudiando Ciencias Políticas, inicias estudiando Derecho.
Siempre tuve claro que a eso me quería dedicar. Cuando escogí ser abogado me estaba preparando para el servicio público. Siempre pensé que desde cualquier profesión se puede hacer el bien: el médico puede curar a los pacientes que lo van a ver, y el arquitecto puede construir casas para que la gente viva. Siempre he creído que el espacio desde el que se puede hacer muchísimo bien a los demás, donde realmente se le puede cambiar la vida a miles y millones de personas desde algunas responsabilidades, o dicho al revés, donde quien ejerce mal la profesión afecta y destruye la vida de miles y de millones, es desde la política.
¿A los cuántos años acabas la carrera?, porque a los 21 años ya eres diputado.
En realidad entré a los 18, siempre combiné el trabajo con la política y muchas cosas las hice siendo estudiante.
Antes de los 21 años, para llegar a ser diputado, ¿qué hiciste?
Cuando entro a la carrera, esto es a los 18 años, trabajo con quien fue el primer presidente municipal panista en Querétaro, Paco Garrido, yo era el director del Instituto Municipal de la Juventud. Muy temprano en las mañanas iba a la facultad y saliendo me iba a la oficina. Después, en el propio gobierno municipal, en la siguiente administración, fui director de Vinculación Social de Seguridad Pública, una responsabilidad que me marcó mucho porque era responsable de hacer todas las reuniones con los vecinos, de escuchar los problemas de seguridad que vivían, toda la instalación de los módulos con un modelo que teníamos en aquel entonces que se llamaba Policía de Barrio. Me permitió entender el problema de la seguridad, no en macro sino en el problema diario, lo que la gente vive y padece todos los días.
Después llegas a la Ciudad de México, haces una maestría en Derecho Fiscal, terminas también un doctorado en Ciencias Políticas en la unam. ¿Con mención honorífica? ¿Eras muy nerd o qué?
Sí, la verdad es que siempre he sido estudioso. Soy apasionado, me meto en las cosas y cuando me propongo algo, lo hago a fondo y lo hago en serio, entonces, sí fui medio nerd en mis épocas de estudiante.
Ahora te has propuesto a hacer ejercicio, vi unas fotos tuyas donde te sostienes con una mano haciendo yoga.
Me gusta mucho, creo que el yoga es una buena combinación porque es un balance de tres cosas. No hago yoga desde ninguna creencia sobrenatural, lo hago por el ejercicio de concentración que permite el tema de la respiración; por la elasticidad, la flexibilidad que es buena para el cuerpo; y la fuerza. Creo que es un ejercicio muy completo y sí, procuro practicarlo con la mayor frecuencia posible.
También es un tema de retos, “Me voy a concentrar para poderme parar de cabeza”, así eres en la vida real, “me voy a concentrar y quiero ser diputado, quiero acabar la carrera con mención honorífica”, eres muy tenaz. ¿Se tienen que hacer las cosas como tú quieres?
Estoy convencido de que en la vida un tema fundamental es, además de ser apasionado, ser muy perseverante, creo que hay que tener objetivos clarísimos y perseguirlos con toda fuerza. Si algo pudiera transmitirles a mis tres hijos sería eso, que escojan en absoluta libertad lo que les guste y lo hagan con muchísima pasión; que cuando empiecen las cosas las terminen y que hagan un esfuerzo serio por dar lo mejor de ellos mismos en lo que quieran y, es lo que intento en mi propia vida.
¿A los cuántos años te casaste con Carolina?
Me casé joven, a los 26, fuimos novios desde la prepa.
Es administradora.
Sí, estudió Administración de Empresas, trabajó mucho con su papá al principio, él se dedica al ámbito de los hoteles y restaurantes, y ahora ella se dedica ciento por ciento a la familia, a estar al pendiente de los hijos, a la casa, eso es a lo que se dedica de tiempo completo.
¿Le gusta la política?
Le apasiona ver lo que hago, pero en la casa no nos dedicamos a hablar de eso, hablamos de otros temas, la conversación central suelen ser los niños, eso te da un buen balance.
¿Llegas en la noche, y ya a punto de dormirse no te pregunta, si has pensado en el 2018?
Siempre me pregunta y le platico muchísimo de lo que hago, se involucra en términos de apoyo, pero me permite tener el balance de poder cambiar de tema, es una relación muy equilibrada la que tenemos.
¿A qué hora ves a tus hijos?
Esa es mi fascinación en la vida. Mi debilidad, en el buen sentido de la palabra, es mi familia, el espacio, el refugio, lo que más cuido. Yo, francamente, no creo en esta idea del político tradicional, de que hay que trabajar hasta altísimas horas de la noche, tener a la familia completamente descuidada y cada vez que dan un informe abrir pidiéndole perdón por todo el tiempo que le han quitado. Creo que hay que ser equilibrados y que la familia requiere tiempo, esfuerzo, que, si uno quiere ayudar al país, lo primero que tiene que hacer es formar bien a sus propios hijos para que sean buenos ciudadanos. De tal manera que, para mí, es una altísima prioridad, en términos de convicción. No disfruto nada más en la vida, si ahorita me dijeras “tienes un día libre, ¿qué quieres hacer con él?” estar con mi esposa y con mis tres hijitos.
¿En dónde?
Nos gustan muchísimo las actividades en el exterior, si ahorita tuviera que escoger algo, se me antojaría un paseo largo en bicicleta. Santiago y Mateo, aunque están chiquitos son buenos para la bici, tienen sus bicis de velocidades y toda la cosa; Carmen en mi bici tiene una sillita especial.
¿Quiénes han sido tus grandes maestros políticos?
Sin duda, el gran ejemplo para mi generación en el pan fue don Luis H. Álvarez, porque era un político muy bien formado y que toda su vida se mantuvo con una rectitud absoluta, es decir, murió a sus más de 90 años después de haber ocupado distintos cargos importantísimos. Fue presidente nacional del pan, fue alcalde en su municipio, fue candidato a presidente de la República, sin una sola acusación de corrupción, un hombre que jamás se enriqueció de manera ilícita, no tendría duda en decirte, don Luis, como el gran referente de a lo que yo aspiraría.
Pero eso es aspiracional, generacionalmente es muy distinto, por ejemplo, alguien con quien hayas trabajado.
Paco Garrido quien fue gobernador de Querétaro, fui su secretario particular. Sin duda un referente, un hombre con un pensamiento ordenado como pocos que haya podido conocer, con una enorme capacidad para resolver problemas. La verdad es que Querétaro durante el tiempo en que él gobernó y que tuve la oportunidad de acompañarlo, estuvo muy bien en términos de seguridad, de crecimiento económico, de infraestructura. Le aprendí mucho a Paco.
Tienes otros personajes cercanos ahorita, por ejemplo, Santiago Creel, Gustavo Madero...
De todo mundo se aprende, cada vez que uno tiene la oportunidad de discutir con otra persona hay algo que aprender. No me gusta idealizar a las personas porque creo que todos tenemos algo que aportar, no creo en el blanco y en el negro, sino que son pocos los personajes como Don Luis, que son casi puras luces, la mayoría de los seres humanos son una combinación de luces y sombras con tonos de gris. Más que idealizar a un personaje y decir: “Éste es mi gran referente y yo haría todo lo que esta persona diga”, procuro ir tomando lo mejor de cada quien y en conjunto tomar las mejores decisiones en las responsabilidades que tengo.
Sí, porque finalmente en la vida, como bien dices tú, no hay ni blanco ni negro, hay muchos matices alrededor y así tiene que ser, si no imagínate qué aburrido sería.
Los seres humanos así somos, tenemos virtudes, defectos. Entre más alto sea el nivel de conciencia que uno tenga para reconocer sus propios defectos, para acompañarse de gente valiosa que ayude a tomar buenas decisiones, creo que mejor le va a uno en la vida.
Entre más alto sea el nivel que alcances, ¿más enemigos tienes?
No necesariamente, si uno se conduce con honestidad, porque en ciertas responsabilidades, por ejemplo aquí en la dirigencia Nacional, se toman decisiones dificilísimas cuando tenemos procesos internos. Déjame tomar el caso de Chihuahua, donde el candidato fue Javier Corral. Había seis aspirantes originalmente, estábamos sentados en la mesa con todos ellos que cuentan con trayectorias muy importantes, entonces ir tomando decisiones, ir encaminando los procesos, por supuesto que tiene costos. Pero cuando se le habla a la gente de frente, viéndola a los ojos, con honestidad, empeñando la palabra y cumpliendo la palabra empeñada, puede haber momentos en los que no se comprenda la decisión, pero no queda un agravio que implique una enemistad. Yo trato de no tener enemigos y no tener odios.
¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?
Es difícil escoger un día, porque sí lo asocio definitivamente a cuando me casé y cuando nacieron mis hijos. Pero no dejan de ser procesos, porque llevaba ocho años de novio con mi esposa y la boda se planea con tiempo. La boda es el momento en el que se sintetiza ese amor de novios extraordinario y el nacimiento de los hijos es el inicio de la parte más bonita de la vida. A mí no me ha pasado algo mejor, a lo mejor habrá quien diga: “El día que gané una elección”. No, para mí, por encima de cualquier logro profesional, está el tema de la familia. Después de esos dos, probablemente el día que fui electo presidente nacional del pan, porque es la responsabilidad más importante que he tenido en términos públicos y es la responsabilidad más grande que he tenido para poder construir el bien común que es a lo que siempre he aspirado.
¿El más triste?
Cuando se murió mi abuela materna, la quise muchísimo, fuimos cercanísimos, fue una mujer a la que le tuve una profunda admiración, siempre he creído que estaba adelantada a su tiempo, era una profesionista, una mujer muy brillante, arquitecta. Murió a los 80 años, todavía con una obra pendiente, ella seguía yendo a supervisar sus propias obras y fue un poquito trágico porque estaba muy bien de salud. Estaba fumigando su casa, porque hacía todo por su cuenta, se cayó y a mí me tocó encontrarla, el impacto fue muy fuerte, lo recuerdo como un día muy duro. Era un domingo e íbamos a ir a comer, fui a recogerla y cuando entré la encontré.
¿Y qué hiciste?, ¿le hablaste a la ambulancia?, ¿ya sabías que había fallecido?
No falleció en el momento, estaba completamente inconsciente, pero llamamos a la ambulancia y llegó al hospital, fue un proceso difícil de unas cuantas semanas, ya nunca recuperó bien la conciencia y finalmente se nos fue. Pero la recuerdo con enorme gusto y como alguien que fue un ejemplo de tenacidad y sobre todo de honradez, una mujer verdaderamente de primera en términos de valores.
Completa esta frase, Ricardo Anaya es…
Muy apasionado. En lo que creo que debo hacer, pongo todo mi esfuerzo, todo mi entusiasmo. Y alguien que trata de superarse todos los días.

Óscar Arias
Premio Nobel de la Paz y ex Presidente de Costa Rica
El estratega de la paz
¿Cuánto tiempo se tardaron en salir?
Fueron horas de mucha discusión. Estábamos los cinco presidentes solos, no había cancilleres, teníamos que ceder, nosotros; teníamos que ser flexibles, saber transigir; porque teníamos el destino de 40 millones de centroamericanos en nuestras manos. Yo apelé a esa responsabilidad y les dije: “Si fracasamos, si no llegamos a un acuerdo, la guerra continúa, y ya han muerto suficientes hermanos centroamericanos, es hora de que firmemos un plan de paz para comenzar a negociar ceses de fuego”. Creo que toqué la conciencia, la responsabilidad, el corazón de cada uno de ellos como para no salir de ese cuarto sin haber llegado a ese acuerdo.

Guillermo Arriaga
Escritor y guionista
Letras de un espíritu cazador
Escritor, guionista, periodista, has trabajado en México, en Estados Unidos, con los artistas más importantes. ¿Dónde nació Guillermo Arriaga y cómo fue su infancia?
Crecí en una familia en la que mis padres tenían dos obsesiones: la cultura y la naturaleza. De chicos, para nosotros los sábados eran eventos culturales, y los domingos eventos de naturaleza, de montañismo o de pesca, siempre había un equilibrio entre las dos cosas y eso me marcó. Mis padres, que aún viven, son gente muy culta, que ha viajado mucho, que está al tanto de lo que sucede en el mundo. Te pueden hablar del concepto de Roger Waters o de Katy Perry, luego te hablan de personajes como Kant, o de Le Hussard o de un restaurante en Nueva Zelanda. Son personas que tienen un gusto natural por la cultura, y parte de mi amor por la naturaleza viene de ellos. Mis padres siempre nos empujaron a leer, a ir a museos, galerías, conciertos. Y la naturaleza es fundamental en mi vida, yo sin salir a la naturaleza realmente me siento muerto.
¿A qué se dedicaba tu padre?
Mi papá trabajaba como comerciante, y mi mamá tenía una empresa que importaba máquinas de tejer. Cuando mi papá se retiró se dedicó a ser director de un centro de cultura en un pueblito en el Estado de México, el Centro Cultural Sor Juana Inés de la Cruz, donde nació Sor Juana.
La primaria, ¿dónde la hiciste?
En la Escuela Moderna Americana.
¿Cómo un niño con déficit de atención entra a la Moderna Americana?
Por eso me reprobaban en todas las materias. La Moderna Americana para mí fue una muy mala experiencia, realmente no es una escuela que a me haya gustado. Me expulsaron y de ahí me pasé a la Mexicana Americana y esa sí fue una gran escuela para mí.
Tú que eres maestro sabes que hay escuelas para todo tipo de niños. Me decías que en tu casa había muchísima cultura, a tus papás les encantaba leer, pero tu amor a la lectura empieza en la universidad.
Mira, a mí de chico, como tenía déficit de atención, me costaba muchísimo trabajo leer libros completos, pensaban que necesitaba una escuela de educación especial, porque no entendía nada, nada, nada; reprobaba todas las materias. Lo que sí me fascinaba desde chiquitito era leer como loco enciclopedias y compendios.
Porque eran fragmentos cortos y muy concisos.
Yo aprendí a jugar ajedrez a los ocho años, nada más viendo cómo se movían las piezas en la enciclopedia, a mí no me enseñaron. Entonces la enciclopedia se convirtió en una fuente importante para mi conocimiento, pero no fui de esos niños que dicen que leían muchos libros y que eran muy nerds, yo realmente era bastante desmadroso.
Te puedo decir que de las mejores clases que tuve en la Ibero fue tu clase, que era una clase de literatura, donde aprendías a leer, aprendías a devorarte los libros, y nunca voy a olvidar que nos decías: “lean ahora, si dicen ahora que no tienen tiempo, después menos tiempo van a tener, porque van a iniciar una vida laboral, una vida personal, mucho más complicada”. ¡Qué gran consejo!
La carrera es un momento para absorber, para absorber puntos de vista de tus compañeros; la universidad, más que lo que ofrecen los profesores, es un espacio de reflexión con los libros que te dan a leer o que te recomiendan los mismos compañeros y los diálogos que tengas. Un momento importante para leer, es cuando estás en la preparatoria y en la universidad. Luego viene esta vorágine de cosas y ya no tienes el tiempo para sentarte a leer con calma. Yo sí lo busco, por lo menos busco media hora al día para leer.
Y ahí leíamos una de tus primeras novelas: Un dulce olor a muerte.Nos las dabas de tarea y luego ya uno estaba feliz leyendo la novela de su maestro.
No, no la dejaba de tarea, nunca les iba a dejar de tarea un libro mío, se la daba a gente de la que yo quería saber su opinión, como tú. Estaba todavía en manuscrito, ¿no?
Pero era espectacular. Y aparte de todo nos llevabas escritores, ese fue mi primer acercamiento con la literatura y los escritores, porque llegaban grandes escritores a dar la clase contigo.
Sí, me gustaba invitar escritores, porque creo que era muy importante para los alumnos vincularse con un escritor, y para un escritor vincularse con los lectores. Ellos también ganaban, no solamente los alumnos.
Es precisamente lo que escuchas de niño lo que te acaba formando. Pero también platicas que vivías en un barrio rudo, donde incluso tuviste peleas callejeras que te dejaron sin olfato. Platícame esa historia.
Crecí en un barrio que se llama la Unidad Modelo, que quiero muchísimo, me la pasé muy divertido en esa colonia, yo no sé si el barrio era complicado o el complicado era yo, porque tenía déficit de atención y me gustaba meterme a las partes más oscuras, todo barrio tiene partes oscuras. Pero también tenía sus partes luminosas, no puedo decir que todo era malo, porque la verdad me peleaba mucho, sí, había que pelearse, no me quedaba de otra, y bueno, perdí el olfato después de muchas peleas.
¿Cómo pierdes el olfato?, ¿cómo percibes que ya no hueles?
Pues, tuve muchas, muchas, muchas broncas. Me pegaban mucho en la nariz y me la rompieron. A los 13 años me operaron para arreglármela y ahí ya el olfato desapareció por completo. Lo poco que me quedaba ahí desapareció. Puedo oler un poco con la lengua. Puedo oler un perfume con la lengua. Puedo oler comida con la lengua.
Has declarado que todas las vivencias que has tenido, incluso un problema cardiaco que te hizo aferrarte a la vida y a vivir el aquí y el ahora, te han formado y te han hecho ser el escritor que eres.
Yo siempre he creído que hay dos tipos de influencias en un escritor, una puede ser la vida misma o pueden ser otras obras. Por ejemplo, Borges es alguien que está inspirado en los libros, yo estoy más vinculado a lo que me ha pasado en la vida, he tratado de narrar experiencias que, si bien no son exactas, sí recogen pedazos de una cosa u otra. Escribí una novela que se llama El salvaje. Está basada en el barrio en que crecí, en la colonia en que crecí, en la calle donde crecí, en Retorno 201. Y digo que está basada en hechos reales que nunca sucedieron. El salvaje es quizá mi obra más personal. Estoy muy satisfecho, la verdad, son 700 páginas.
Y tardaste cinco años en hacerla.
Cinco años y medio. Tiene que ver con muchas vivencias que acontecieron cuando yo era adolescente en la colonia Unidad Modelo. Cuenta la historia de un muchacho que se queda huérfano, asesinan a su hermano cuando tiene 14, y a partir de ahí la depresión de su abuela y demás. Toda su familia muere, él se queda solo a los 17 y entra en el proceso de poder sobrevivir, tras perder todo lo que tiene, ¡hasta el perro se muere! Y también hay una historia de un cazador inuit, mestizo, en el Yukón en Canadá, que se obsesiona con perseguir un lobo determinado. Su abuelo, cuando él era joven, le dice: “de todos los lobos que vas a cazar uno va a ser tu dios, y si no lo cazas vas a estar todas tus vidas sucesivas tratando de cazarlo”. Entonces, tiene que ir a cazarlo, y se obsesiona.
¿Tú tienes un lobo? Tú eres cazador.
Soy cazador, y eso es quizá lo que define quién soy. Veo el mundo a través de la cacería, desde niño, y si me preguntas por qué soy cazador, la verdad no sé. La palabra pasión viene de padecimiento, entonces, pues, es una pasión y algo que me rebasa y algo que necesito fisiológicamente.
¿No te duele matar a un animal?
Me da una tristeza y una pena enorme matar a un animal, pero todos matamos animales, hasta los veganos, lo que pasa es que ellos no ven cómo los matan. Para poder sembrar hay que quemar o destruir bosques, las aves no se dan entre los bosques, hay que destruir para crear campos de cultivo.
A ti te gusta llegar siempre al límite de las cosas.
Creo que es importante llegar al límite, que tenemos un espacio muy corto de vida como para no llevar las cosas a los extremos.
Tienes un matrimonio muy bonito con Maru.
Llevo 30 años casado. Tengo dos hijos maravillosos.
Que han seguido tus pasos, los dos son cineastas.
Mariana ya dirigió un cortometraje. Fue seleccionado en Venecia. Me dio mucho orgullo, porque no me utilizó para meterla al festival, ella sola hizo su inscripción y en algún momento me preguntó Alberto Barbera, el director al que asistía mi hijo: “¿Mariana Arriaga es tu hija o es algo tuyo?” Me dio mucho orgullo que llegara sin que yo le ayudara, entre mil 400 cortometrajes, seleccionaron 14 y ella fue un milagro y, pues, llegó a Venecia con su primer trabajo.
¿Y Santiago?
Santiago está por filmar su primer cortometraje. En ambos casos yo escribí. El primero está basado en un cuento mío que escribí a los 26 años y el de Santiago es una historia suya que yo le ayudé a desarrollar.
¿Sabías que iba a ser un gran éxito Amores perros?
Yo jugaba basquetbol y tú sabes desde que tiras la pelota desde media cancha que va a entrar, ya desde que la sueltas, y eso sentí yo con Amores perros. Trabajé con un gran escritor español, Rafael Azcona, quien es así como el “papá de los pollitos”. Le di Amores perros, él era un tipo con mucha trayectoria y había ganado Cannes, había ganado Berlín, Venecia, el Óscar. Cuando lo fui a ver, Azcona debe de haber tenido 78 años, yo tendría unos 39, y trabajamos, y un día le di el manuscrito de Amores perros y se molestó muchísimo: “por qué me haces perder mi tiempo, me obligas a darte un comentario, no me gusta esto, esto es abusar de la amistad”. Entonces se lo dejé en su casa y como a las cuatro horas nada más me dijo: “¿puedes venir?”. Voy. Me dice: “siéntate, ¿tú escribiste eso?” Le dije: “sí”. “¿Sabes lo que va a pasar con tu vida?, prepárate porque esto va a cambiar tu vida”; “¿De verdad?”; “De verdad. Nunca he leído nada como esto”. Eso me animó mucho.
¿Cómo cambió tu vida?
Cambió. Yo habá sido siempre un papá muy presente. A la fecha sigo jugando, desayunando, comiendo y cenando con ellos, pero de repente empecé a viajar cantidades, mi vida se convirtió en estar arriba de un avión. No me puedo quejar de llevar mi obra por todo el mundo, he podido trabajar en muchos países, he filmado y dirigido en Brasil, en Estados Unidos, en México. He dado charlas en universidades de todo el mundo.
Has dirigido a grandes artistas como Charlize Theron, Kim Basinger, ¿quién te ha impactado más?
Jennifer Lawrence. Tenía 17 años cuando trabajó conmigo y yo le escribí una carta y le dije: “prepárate porque vas a ser la actriz más importante de tu generación, vas a ganar muchos Óscares, tantos como Meryl Streep”. Me llamó un día y me preguntó que cómo sabía. Era obvio.
Igual que te dijeron a ti.
Igual. Pero Jennifer es muy impactante, es el talento natural más impresionante que he visto en mi vida. Sean Penn también, es muy impresionante trabajar con él.
¿Hablaste con Sean Penn después de su visita a El Chapo Guzmán aquí en México?
No, no he visto a Sean desde hace muchos años, de vez en cuando me ha echado una llamada, pero realmente no lo veo. Charlize es muy impresionante también, es una mujer muy inteligente. Y de los que no son actores, hay gente muy importante, como Robert Elswit, John Toll, Janusz Kaminski, que ha ganado tres Óscares, fotógrafos con los que he trabajado.
Eres piscis. Dicen que los de ese signo soñamos mucho y concretamos poco, pero has concretado muchas cosas, me imagino que te ha costado trabajo tener tantas ideas, llevarlas al papel y de ahí al cine y más.
Este es un trabajo de concreción, un trabajo donde tienes que poner toda tu disciplina y todo tu rigor, porque si no, no se acaba. Y tienes que tener la certeza de que vas en esa dirección.
¿Trabajas aquí en tu casa? Me imagino que tienes que haber encontrado una estructura para tener horarios.
No tengo horarios. Ahora que estuve escribiendo El salvaje, podrían ser hasta 21 horas seguidas de escribir. Cuando sientes que tienes la energía no puedes parar, y yo no me levanto de mi mesa de trabajo si no tengo determinado número de líneas. Luego se empieza a hacer adictivo.
Pero con déficit de atención debe ser complicadísimo.
Por eso me tardo cinco años en escribir una novela, si no me tardaría un año, me distraigo muy fácilmente. Voy mucho a la cocina, como el cerebro gasta mucha energía, me la paso comiendo. A veces me salgo a pasear con el perro a las dos de la mañana.
¿Cuál es el día más triste de tu vida?
El día que murió mi abuela paterna.
¿El más feliz?
La verdad es que casi todos mis días son felices, pero tengo que reconocer que los días que nacieron Mariana y Santiago fueron extremadamente felices.
Completa esta frase, Guillermo Arriaga es…
Cazador.

Mónica Arriola
Senadora e hija de Elba Esther Gordillo
Abrazó la vida, hasta el último aliento
Tengo una mamá muy fuerte con convicciones sociales y profesionales. A veces crees que puedes ser juzgada por cualquier cosa que acontezca, precisamente por eso, y la verdad es que te das cuenta de que la vida es mucho más simple de lo que crees, puedes tener un hijo, puedes hacer una carrera, puedes hacer lo que quieras si realmente te esmeras en hacerlo.

Alejandra Barrales
Dirigente y candidata del prd
La sobrecargo que rompió estereotipos
¿Cómo fue tu infancia en Michoacán? ¿Cómo era tu relación con tus papás?
Bueno, yo nací en la Ciudad de México, en una colonia del Centro.
¿Quiénes son de Michoacán, tus papás?
Mi mamá. De pequeña viví en Michoacán, nací aquí pero prácticamente a las dos o tres semanas de nacida nos fuimos a Michoacán por una cuestión de trabajo de mi papá. Entonces yo digo que tengo doble nacionalidad, porque he pasado largas temporadas en Michoacán y en la Ciudad de México.
¿En qué trabajaba tu papá?
Mi papá era conductor de un autobús y se esforzaba por sacarnos adelante, la verdad es que siempre fue muy trabajador. Logró hacerse dueño de un autobús, después se hizo dueño de dos, se asoció con el que era en ese entonces su jefe y esa fue la forma en que nos sacó adelante.
Tu madre tuvo que trabajar siempre…
Sí, siempre, desde muy chica yo me hacía cargo de mis dos hermanos, yo soy la mayor. Trabajaban mi papá y mi mamá.
Empezaste a trabajar muy joven…
A los 15 años empecé a trabajar, siempre pensé en ser sobrecargo, en aquel entonces se decía aeromoza, quería ser diputada y quería dar noticias en la tele. Busqué alternativas y a esa edad inicié mi trabajo como asistente de la secretaria particular del director de Recursos Humanos de Aeroméxico, con la idea de luego ingresar como sobrecargo.
¿Y cómo contratan a una menor de edad?
Pues no supe cómo, pero sé que fui a buscar la oportunidad, a tocar la puerta. Recuerdo que primero la secretaria, una señora llamada Coco Prado, me dijo que no, y la convencí. Tenía una personalidad fuerte pero insistí y de repente me decía: “bueno, ahorita platicamos, ayúdame, haz esto y ahorita platicamos”. Ya no dejé que me dijera que no.
¿Y cómo empiezas ya de aeromoza?
A partir de tener ese contacto estuve poco más de dos años y apenas cumplí los 18 años ya tenía la preparatoria, que era lo que se requería para poder ingresar como sobrecargo. El inglés lo hice mientras trabajaba y una vez que concluí, prácticamente al día siguiente, ya estaba volando con Aeroméxico.
Es un trabajo pesado. Tantos vuelos, la presión…
Muy, muy pesado. Es un trabajo que tiene mucho desgaste físico y lejos de lo que se piensa, que únicamente es glamur, hay detrás un esfuerzo importante. El estrés es fuerte cuando haces un viaje: llegar a tiempo, la maleta, todo lo que implica, ahora imagínate cuando lo haces todos los días por muchos años, pero también es una experiencia maravillosa.
¿Cuántos años estuviste de aeromoza antes de entrar al sindicato y a toda tu otra labor?
Estuve como tres años y vino la quiebra de lo que era entonces Aeronaves de México; cuando eso pasó, no recuerdo cuál fue el momento exacto, empezamos a ayudar a compañeros a defenderse del propio sindicato que no nos ayudaba, nos dejó sin apoyo y así empezó mi interés por las leyes y por conocer mis derechos. Varios compañeros me impulsaron y de repente ya encabezaba un grupo de oposición al interior del sindicato.
Hace unos 20 años, cuando comencé mi labor periodística, hablé contigo varias veces, eras rudísima.
Sí, hace varios ayeres. En parte era por lo que la gente estaba exigiendo, nuestras demandas no eran necesariamente económicas, lo que pedíamos era, sobre todo, respeto a las mujeres. Es un gremio mayoritariamente de mujeres y no teníamos derecho a embarazarnos, no teníamos derecho a usar pantalones cuando íbamos a lugares bajo cero o con nieve. Dimos una buena batalla en favor de los trabajadores y logramos buenas prestaciones.
Y te acabas casando con un piloto…
Primero era sobrecargo, después se hizo piloto, duré 17 años casada.
¿Entre viaje y viaje, cómo le hacían para verse?
Ayuda que sea alguien del mismo medio laboral, porque debe entender un poco esas dinámicas: casi nunca estás en el mismo lugar o casi nunca en casa. Cuando ya estás en ese ambiente lo más sencillo es tomar un avión y alcanzar a tu esposo en Guadalajara, en Nueva York, o donde esté.
¿Y simultáneamente te dio tiempo de hacer otra carrera?
Sí, abrí un espacio para continuar con mis estudios, entré a Aeroméxico y los dejé temporalmente, luego me interesó convertirme en abogada por temas como mi contrato colectivo, la Ley Federal del Trabajo, el sindicato, y finalmente concluí mi carrera como abogada y posteriormente una maestría en Administración Pública.
¿Cuándo te afilias al prd?
Cuando estaba en el sindicato tuve la oportunidad de convivir con muchos líderes a partir de defender a los trabajadores, porque tuve contacto con prácticamente todos los partidos. Yo recibí la invitación del pri, del pan, del prd para ingresar en una elección a la Legislatura 58 y hacerme diputada federal. No me veía con ningún partido pero fue en el prd donde encontré más coincidencias. Me convencieron al darme la alternativa de ser externa, es una figura que tiene nuestro estatuto y permite que puedas participar sin ser militante. Entonces entré al partido y era secretaria general, volaba como sobrecargo, como dirigente sindical y como diputada.
Y te encantó la carrera legislativa, ¿no?
Pues es otra faceta. Te encuentras herramientas importantes en el ámbito legislativo. A mí me ayudó mucho para apoyar al sindicato. Cuando estaba como diputada varias veces intentaron dividirnos, y estando en la Cámara de Diputados logramos posponer la quiebra de Mexicana de Aviación, que se venía anunciando desde muchos años atrás. Por lo menos cuando yo estuve como diputada ayudamos a nuestras aerolíneas.
Has legislado sobre asuntos que se podrían llamar muy liberales, de avanzada; por ejemplo, el tema de la maternidad subrogada, que puedas tener un bebé en el vientre de otra mujer.
Son temas en los que creo de origen, los que tienen que ver con los derechos de las mujeres, con la posibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos, con las pensiones de los hijos; aún cuando no era mamá me interesaban mucho.
Lo de las pensiones es un tema importantísimo, porque un juez puede estipular una pensión, pero si el ex marido no la quiere pagar, ni modo que lo demandes todos los meses.
Precisamente, conociendo esas complicaciones, y que por desgracia es un tema recurrente en nuestro país, ideamos un listado de morosos que obliga al Registro Civil, en este caso en la Ciudad de México, a que si tú tienes una pensión como papá o como mamá y no la estás pagando apareces con una deuda. Cuando te vas a casar forma parte de los requisitos, es decir, tu pareja tendría que demostrar que no está en dicha lista y así te enteras si tiene otros hijos, y si paga o no la pensión; por lo menos ya no hay ese desconocimiento.
¿En el tema de maternidad subrogada no pensaron mantenerla así para parejas monoparentales?
En principio. Mucho de lo que he trabajado tiene que ver con entender la realidad que vive la gente y en ese entonces a mí me llamaron muchas mujeres que buscaban la posibilidad de ser mamás, algunas mujeres mayores o mujeres que físicamente no tenían la posibilidad de embarazarse, pero que tenían todo el interés, tenían pareja, y contaban con casi todas las condiciones para poder formar una familia. Buscamos información, platicamos con muchos médicos e instituciones, y nos dieron la certeza de que podíamos seguir con este plan para las mujeres y las familias. Logramos hacer esas reformas pero no estábamos pensando, al menos en ese momento, en el otro tema.
Alejandra, desde muy joven eres madre adoptiva para tu sobrina.
Era un tema que yo creía tener resuelto, yo ya había tomado la decisión, estuve 17 años casada y decidí no embarazarme, seguramente en principio por consecuencia de ser mamá obligada desde muy pequeña; me hacía cargo de mis hermanos a los diez u once años, tenía que hacer de comer, llevarlos a la escuela y una serie de cosas que no me dejaban con muchos deseos de ser mamá. Era un tema resuelto hasta que mi hermano se convirtió en papá soltero y una de sus hijas me adoptó como su mamá, ya no quiso separarse de mí. Desde que tenía 10 años llegó con nosotros, se quedó conmigo.
¿Con quién vives ahora?
Ahora con mi hija, y con mi sobrina semivivo porque regresó con su papá, ya va a la universidad, la casa de mi hermano le queda más cerca de la escuela.
¿Y cómo le hacías con la sobrina, trabajando, siempre movidísima?
Era como mi hija. Veía cómo ingeniármelas para que estuviera conmigo, para no faltar a la casa, para que hubiera alguien cuidándola, y bueno, ahí entiendes el esfuerzo de muchas madres, de muchas mujeres que tienen que hacerla de papá, mamá, vigilante, chofer, de todo para tratar de acompañar a los hijos.
Después de tantos años de haber dicho “yo creo que no quiero tener hijos”, ¿cómo llegas a decir “sí quiero”a los 40?
Creo que parte de lo que sucede en la vida te lleva a ciertos escenarios que no tienes contemplados. Una vez que llegué al Senado, una etapa donde la vida me obligó a caminar con más lentitud, con una dinámica más tranquila, de repente se presentó una relación que me dio esa posibilidad. No fue una relación larga, duró un par de años. De repente un día desperté con el deseo de ser mamá y fue muy importante averiguar si físicamente tenía esa posibilidad, lo mejor es que sí se pudo.
¿El tema fue que nació el deseo de ser mamá o de pensar “o tengo un bebé ahora o ya no lo voy a tener”?
En realidad fue un deseo, ahí aprendí lo que era un deseo. Yo pensé que siempre había tenido muchos deseos: deseaba ser sobrecargo, ser diputada, tener un coche, deseaba muchas cosas, pero hasta que quise ser madre entendí que ese deseo estaba en el corazón y siempre buscaba cosas con la cabeza. Ahí lo sentí de manera inexplicable, exploré la posibilidad de hacerlo realidad, vi que sí se podía y me convertí en mamá.
Siempre has terminado bien con tus parejas, ¿cómo lo haces?
Yo creo que tiene que ver con tu convicción, con tu forma de ser, la vida es una oportunidad para disfrutarla y relacionarte. Cuando algo no va bien o que no me hace sentir bien, no le veo mucho sentido continuar. Creo que lo más importante es que difícilmente me tomo algo personal, pienso la vida no es una consigna, es una oportunidad, y creo que eso ayuda.
¿Te sientes más segura en este momento para buscar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México?, ya tienes una hija, tienes tu vida personal completamente resuelta. ¿Te sientes diferente, en algún sentido, a como te sentías hace seis años?
Sin duda muchas cosas te cambian la vida, no solamente la maternidad, ése es un cambio. Las mujeres renacemos cuando nos convertimos en mamás, pero también lo que has vivido, las experiencias que te ha dado la vida, te colocan en una condición donde no tienes duda que lo más importante es ser parte de los cambios, ser parte de lo que pueda mejorar a este país, más allá de pensar en los encargos, más allá de pensar en los espacios.
Además de tu hija, además del tema político, ¿qué te gusta hacer para divertirte? Mucho ejercicio.
Sí, me gusta mucho correr, esa es otra de mis pasiones que trato de no descuidar.
¿Corres diario?
Procuro hacerlo, en ocasiones depende más de la agenda, a veces empiezas muy temprano y no te da tiempo, aunque últimamente prefiero estar un ratito más con mi pequeña. Si tengo que decidir entre salir a correr o quedarme con ella, sin duda me quedo con ella.
Alejandra, ¿cuál es el día más feliz de tu vida?
Sin duda alguna, el día en que nació mi hija. Recibirla en mis brazos me dio el día más feliz de mi vida.
¿El más triste?
El día que murió mi papá.
Completa esta frase, Alejandra Barrales es…
Parte del cambio en este país.

Raúl Cervantes Andrade
Abogado y ex procurador General de la República
La política derivada del derecho
No sé si mi papá aplicó la psicología inversa, porque siempre decía: “no quiero que sean abogados, no quiero que sean abogados”, y fíjate: los cuatro lo somos. En mi caso nunca tuve duda. Tal vez si no hubiera sido abogado podría haber sido arquitecto, amo la arquitectura, amo el arte, me gusta curar los espacios, me gusta diseñar el lugar donde vivo o donde trabajo, pero la abogacía para mí ha sido todo, ha sido un instrumento de crecimiento personal, económico, social. Ejerciendo bien la profesión puedes hacer mucho bien. Nunca he entendido la mala práctica en la profesión. Necesitamos subir el nivel de colegiación en México, ese es un tema ético, y no tanto el examen, sino la conducta ética de las profesiones que representan intereses de terceros, un abogado, un médico, un arquitecto.

Ernesto Cordero
Presidente de la Mesa Directiva del Senado
Un chico del itam
Te vas con Felipe Calderón cuando nadie se imaginaba que fuera a ser presidente. En las encuestas estaban más arriba Marta Sahagún, incluso Jorge Castañeda como independiente, que el presidente Calderón y tú decías: “No, yo les apuesto a que vamos muy bien” y tus amigos te decían: “¿Cómo que vamos muy bien?; ¡si tienes como el seis por ciento de aprobación!”.
Sí, nos veían como si estuviéramos loquitos. En esa época salimos de la Secretaría de Energía junto con el secretario Felipe Calderón, que en ese momento renunció.

Lorenzo Córdova
Consejero Presidente del ine
De la teoría a la práctica del estado
Tuve una niñez muy rica, en una familia de intelectuales, marcada por un contexto de mucha cultura, de mucha cercanía con la Universidad, que era mi segunda casa, mis dos padres eran investigadores de la unam. Entonces tuve, sobre todo, una infancia en la que aprendimos muy pronto a discutir y argumentar.

Rubén Cortés
Periodista y escritor
El mexicano que nació en Cuba
Un periodista al que admiro y quiero mucho, mi amigo Rubén Cortés. Qué mejor manera de conocerte en lo personal que a través de este nuevo libro Un bolero para Arnaldo.
Un bolero para Arnaldo, ¿ya lo leíste, verdad?
Ya lo leí, completito.
Arnaldo era mi padre, un bolero es una música muy cubana, bueno, mexicana-cubana, como la quieras ver y nace de algo muy íntimo entre mi padre y yo. Había una telenovela en Cuba, acuérdate que Cuba es un pueblo muy telenovelero. La primera telenovela de la historia es El derecho de nacer, aquí la conocemos mucho, es la de Albertico Limonta, la escribe Félix B. Caignet, un cubano. En Cuba es donde primero hay televisión en América Latina, televisión en blanco y negro, televisión en colores; primero radionovela y después telenovela.
Y, En Cuba, mi papá y yo, veíamos una telenovela que se llamaba Un bolero para Eduardo. Era un personaje que nos encantaba, porque era surrealista en aquella Cuba, era un tipo que vivía solo en un departamento, tenía coche. No se supo nunca en la telenovela de qué vivía el tipo, ni nada, pero tenía coche, y decíamos: “oye, ¡qué bueno ser como él, ¿no?!”. Mi papá ya no podía ser como Eduardo y yo todavía era muy joven y decía: “un día yo quiero ser como Eduardo”.
Esta telenovela es una manera en la que estás con tu padre y los días que no podías verla tu papá te la contaba. Me imagino que debe de haber sido tan buen narrador como tú.
Claro, al extremo de que yo la dejaba de ver y él me la contaba todos los días. Por ahí viene el título. El libro también es un ajuste de cuentas, es un pase de lista. Yo creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hacemos un informe, un checklist, un pase de lista, como le quieras llamar. Ahora le llaman en la literatura autoficción, que es lo mismo que hacía Truman Capote en A sangre fría y le decían entonces literatura de no ficción… las etiquetas para el negocio. Es un informe en el que paso revista a una Cuba que ya se fue, una Cuba que no existe, de ninguna manera existe, una Cuba de principios de la Revolución, caballada en dos sistemas: el sistema que se fue, el sistema capitalista, el sistema democrático, el sistema republicano; y el sistema que nace del sistema autoritario, el sistema dictatorial, el sistema clientelar, y un sistema que, bueno, será otro momento para analizarlo con sus pros y sus contras. El libro narra esto, cómo los padres de esta familia, bueno, mi padre, que es un padre de cuatro hijos, tres mujeres y yo, defiende los valores morales anteriores a la Revolución. Los valores, pues, conservadores, que defendían una moralidad que la Revolución se encargó de cambiar.
Hay una parte del libro que a mí la verdad me llega muchísimo porque dices: “el régimen acabó con todo, tenía hasta un perro que era mi mascota, que me acompañaba a jugar pelota y el régimen lo envenenó con vidrios y yo me quedé con un pedacito de colita del perro, porque era mi adoración”.
Acá la tengo en el estudio, ¿eh?, tengo la cola del perro ahí.
¿Cómo fue ese momento de vivir en un régimen que acabó con todo lo tuyo?
En Cuba ha habido cuatro revoluciones muy fuertes. Cuando en otros países ha habido una, si acaso, o no ha habido, en Cuba ha habido cuatro en un lapso muy pequeño, históricamente, de 150 años, y cada cual más radical: la Revolución de 1868, la de 1895, 1930 y 1959, que es la que se convirtió en el sistema comunista actual y es la más radical de todas. Esta revolución cambió un país por completo y había muchos perros callejeros en Cuba. Los perros transmiten enfermedades, y la mejor manera de que no transmitan enfermedades es matándolos. Hay un dicho que dice: “muerto el perro se acabó la rabia”. Entonces había grandes campañas cíclicas, que hay todavía para matar a los perros para que no transmitieran enfermedades, pero finalmente eran tus perros. Era una época muy rural, todavía, en la que el perro era un perro callejero, pero era tuyo, un perro que andaba en la calle, pero que iba a dormir a tu casa. Entonces se comió esas postas de vidrio molido y era horrible porque veías cómo se inflaba, se inflaba como un globo, y se moría.
Tu padre era ganadero en Cuba.
Bueno, tenía una vaca. Acuérdate que las vacas no son propiedad de nadie en Cuba. Digamos que el Estado te la usufructúa, tú tienes una vaca, pero el Estado es dueño de todas las vacas, de todos los caballos en Cuba y entonces tú lo que haces es que aprovechas la leche. El Estado te deja que aproveches la leche, pero la vaca es del gobierno, tienes que inscribirla. Hay una inscripción de nacimiento de la vaca y una del ternero. Cuando a ti se te muere la vaca, tienes que ir a informar que se te murió la vaca y demostrar que está ahí. Entonces, mi papá, ¡ojalá que hubiese sido ganadero!, tenía una vaca, siempre tuvimos una vaca en la casa, a lo sumo dos. Y así era, cuento en el libro cómo es en Cuba incluso matar una vaca. A una vaca la matas tú solo y es cárcel normal, diez años, quince; pero la matas con otro y es banda organizada y son treinta años de cárcel.
Sí, porque dice el gobierno que te estás robando la carne del Estado.
Claro, es del Estado. El libro lo cuenta. La Revolución es muy radical, incluso le quita de facto la patria potestad a los padres de los hijos, no por ley. Porque cuando el niño tiene cinco, seis años se va a un internado.
En el libro explicas que esto –el que los niños se vayan a los internados– genera en parte, una promiscuidad, y se pierden muchos valores que antes existían en Cuba.
Claro, que son los valores que los padres de esta familia defienden, los valores anteriores a la Revolución, valores como que la niña se debía casar en su momento, que las relaciones amorosas debían tener una edad normal para ello, tenías que tener un novio primero en tu casa, llevabas al novio con permiso… Eso se perdió, la Revolución lo quita, ¿por qué?, porque cuando el niño va creciendo, pasa a un internado. Entonces, tú, como padre, lo ves una vez a la semana, lo ves el sábado. Ese día llega a la casa, deja sus cosas y se va con los amigos en la noche a una fiesta o algo, entonces pierdes el contacto con tus hijos. La estructura familiar se quiebra y estos hijos, a los 18 años, que terminan la prepa, después van para la Universidad.
Pero, ¿en qué momento se le ocurrió a Castro hacer esto?, ¡porque es el Estado robándote hasta tus propios hijos!
Claro. ¿Qué pasa?, ¿qué provocó esto?, que en Cuba ahora no hay nada que una a los cubanos, lo único que une a los cubanos es a la fuerza, es el sistema, es el Partido Comunista, el partido único, porque no hay una Iglesia que una a los cubanos, la Iglesia es tolerada y eso es ahora. Pero la Iglesia es una institución que, bueno, en América Latina siempre ha unido a los ciudadanos. La Virgen de Guadalupe nos une aquí a nosotros, o sea, hay muchas cosas que nos unen, la comida. En Cuba no hay nada que una a los cubanos y la familia siempre es el núcleo esencial de una sociedad.
Hablas mucho de mestizaje en el libro.
Ah, claro. No soy antropólogo, pero finalmente como periodista soy un observador de la realidad, de la sociedad, y Cuba tiene eso: Cuba era un país que aceptaba migrantes, era un país de inmigrantes, mejor dicho, por eso la composición racial de los cubanos es tan diversa. Es una isla muy mestiza, ¿por qué?, porque a partir de que se convierte en la azucarera del mundo, después de que lo dejó de ser Haití, después de la revolución negra haitiana, Cuba alcanza una prosperidad, a través del azúcar, inconmensurable. Cuba fue uno de los países más prósperos del mundo, y entonces vienen las grandes legiones de inmigrantes judíos, árabes, yucatecos, y los esclavos africanos, una mezcla de razas hasta el año 59. En el año 59, Cuba se empieza a convertir en un país emisor de emigrantes, al extremo de que viven tres millones de cubanos fuera. Entonces, la mezcla ya es una mezcla entre los cubanos, finalmente con los rasgos raciales de aquella época y nosotros, nietos, hijos de españoles. Ahora hay otros rasgos raciales. Cuba sigue siendo muy mestiza, y esa es su riqueza, la música, la cultura; pero la pigmentación de la piel, los rasgos han cambiado mucho en estos sesenta años, porque además vienen de este tipo de promiscuidad en estas escuelas en las que no hay control ninguno. Incluso la prensa oficial se ha quejado, le llaman emulaciones eróticas, digamos, al sexo en grupo. No hay padres, no hay maestros, los maestros tienen casi la misma edad que los estudiantes y eso ha provocado que haya una nueva raza cubana. Antes los cubanos en el mundo eran estas imágenes que salen en las cajas de tabacos Romeo y Julieta, un tipo rubio, un tipo quizás mulato como Cecilia Valdés, el personaje emblemático de la literatura cubana, y ahora creo que existe otro tipo de cubano. Lo digo sin ser antropólogo, le paso un ojo a esa parte de la realidad cubana actual.
Para cerrar esta parte en Cuba, falleció tu madre cuando era joven.
Sí, bueno, para los estándares de vida actuales, sí, porque mi madre muere con apenas 59 años, yo tengo 51, ¿cuántos tenía yo en el 98?, tenía pocos comparados con ahora. Y viene un rollo freudiano también ahí, porque cuando muere tu madre, inevitablemente sientes que se corta un cordón umbilical entre tú y ella. Yo, además, lo cuento en el libro, soy muy cercano a mis padres, a mis hermanas. Somos una familia muy, muy funcional, yo creo que muy aburrida de tan funcional que somos. Entonces se corta un cordón umbilical y yo me siento muy solo. Ya yo vivía en México, pero me empiezo a sentir muy solo, por suerte, encontré una mujer ideal para casarme, me casé enseguida.
¿La mamá de Santino?
La mamá de Santino. Yo creo que incluso por eso digo que es un rollo freudiano, porque uno empieza a buscar la terneza que tenías con tu madre en otra mujer. Después muere mi padre, años después, en el 2012, una diferencia de 15 años, y me siento abandonado y viene este asunto freudiano de que muere la civilización del padre y entonces tú ya estás por tu cuenta.
Muere tu padre, sacas a tus hermanas de Cuba.
Claro, es lo mismo, hay una cadena, un llamado de los genes, ellas también se empiezan a sentir solas en la Isla, dicen “¿aquí, qué hacemos?”. ¡Y se van!
Por supuesto. Hay algo en el libro que me llamó muchísimo la atención, la transición de cómo empezaste en un mundo muy humilde, te labraste a base de mucho trabajo en Cuba, hablabas muy cubano y hoy acabas siendo un hombre muy exitoso, director de un diario importante en México, y tu lenguaje, tu manera de escribir, tu manera de transmitir, es completamente diferente.
No hay mejor ficción, se ha dicho mucho, que la realidad. A esto que yo escribo le llaman autoficción, es una manera autorreferencial de escribir. Si escribes sobre la realidad, ella misma va haciendo todo esto que tú viste en el libro. Bueno, es inconsciente, pero lo va haciendo de una manera natural. Yo he evolucionado, yo digo que es evolucionar, me he vuelto más ceremonioso que efusivo, que es ser más mexicano que cubano. La patria es la colita del perro que tengo guardada.
¿Hoy te sientes más mexicano que cubano?
Sí, me siento más mexicano que cubano, me gusta ser mexicano, me gusta la manera de ser de nosotros los mexicanos, me gusta nuestra corrección, somos comedidos, somos cuidadosos, somos ceremoniosos, me gusta. Y yo escogí México; la verdad que como cubano, viven en Estados Unidos tres millones de compatriotas, yo podría haber hecho una carrera como periodista en Estados Unidos, pero elegí México.
Por supuesto, para los cubanos en Estados Unidos es más fácil, aquí en México es mucho más complicado. Empiezas como redactor.
Sí, yo era corresponsal de Prensa Latina en México, vengo, me enamoro de México, fui corresponsal en otros lugares de América Latina pero me enamoro de México como de una mujer y digo como Onassis con Jackie Kennedy: “ésta es mi última nave y aquí me quedo”. Yo escogí México para vivir, me enamoré de México, de lo marcadas que son las estaciones, del otoño mexicano, dorado, así, a las seis de la tarde, que entra la luz por la ventana, y ese tipo de cosas. Por eso me hice mexicano. A mí si me oyes hablar, a veces se me va el acento cubano, si me ves escribir nada más, yo soy muy mexicano. Cuando me hicieron el examen éste que hacen para naturalizarte, la chica de la Secretaría de Relaciones Exteriores me dijo: “ya, ya, me da pena que sepas más de México que yo”. O sea, no hay mejor manera de predicar que con el ejemplo propio, y yo me he hecho un mexicano, sé mucho de México y cada día estudio más. Y sí, yo cuento en el libro que cuando gana Calderón en el 2006, yo digo que uno de esos 250 mil votos con los que ganó de diferencia Calderón sobre López Obrador, uno de esos es mío, no hay quién me lo quite de la cabeza, me siento útil en la sociedad, voto. En Cuba hace casi 60 años que no votan los cubanos, aquí voto, aquí siento, que participo en algo, en una sociedad, que colaboro. México me hizo una mejor persona.
Con Un bolero para Arnaldo, entierras a tu padre, entierras a Cuba.
Sí, yo digo que cierro un ciclo. Cierro un ciclo, abro otro, no sé qué va a pasar con este otro ciclo, pero sí, no tengo añoranza de Cuba, no tengo nostalgia de Cuba, yo digo que toda la Cuba que quiero ya la tuve, y la que quiero la tengo un poquito conmigo. Esa es la que necesito; mi cubanía está en otro lugar, yo creo que está muy adentro, en un lugar inaccesible dentro de mí, y que está conmigo a donde quiera que voy. Yo soy mexicano.
¿Tu libro favorito?
Mi libro favorito es de Sándor Márai, El último encuentro, me gusta mucho. Es un libro que leí en el 2006. Es un libro que va bien con todas estas historias de las personas que se van de casa. Porque Sándor Márai también se va de casa, huye del comunismo húngaro y bueno, muere en San Diego, se suicida dos o tres días antes de que caiga el comunismo en Hungría. Y mi libro mexicano favorito es Batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, quien vivía aquí enfrente.
¿La música?
Me gusta la música cubana, me gusta el son cubano, no lo bailo, soy un cubano atípico, no tengo ritmo para bailar, pero me gusta el son cubano.
¿La comida?
Me gusta mucho el chicharrón en salsa verde, es mi comida favorita.
¿El día más triste en la vida de Rubén Cortés?
El día más triste en la vida fue un día que vi a mi hermana de en medio, Koky, bañando a mi mamá, en los últimos días de su vida. Yo acababa de llegar de México y la estaban bañando en la casa, allá en Cuba; había dos baños, uno delante y uno más atrás y la estaba bañando en el baño de adelante. Bueno, nos hemos criado en Cuba, siempre de una manera, en la familia todavía nos vemos y nos bañamos juntos mis hermanas y yo, todos, los sobrinos, los hijos, todos, y vi a mi hermana bañando a mi mamá en los últimos días que el cáncer la devoraba, y era tan delgadita, flaquita, era una vela apagándose. Ese es el día más triste de mi vida.
¿El día más feliz de tu vida?
Cuando nació Santino, cuando lo vi nacer, aquí te dejan, en Cuba no, no puedes ver cómo nace tu hijo, Vi cuando nació y me sentí feliz porque sólo terminas de ser una persona completa cuando te ves en los ojos de un hijo tuyo y ese fue el día más feliz de mi vida.
Completa esta frase, Rubén Cortés es…
Trabajador, yo soy trabajador.

José Ramón Cossío
Ministro de la Suprema Corte de Justicia
Un justicia con derechos
Entramos a su oficina y vemos la cantidad de asuntos, de expedientes que tiene que leer, y me decía que esos los lee de atrás para adelante. Explíquenos un poco esto.
Llegué a la Corte en el año de 1989 y lo primero que a uno le enseñan es que no se lee el expediente así: México, Distrito Federal... No, no empieza así porque no se acaba. Lo que uno ve son los puntos resolutivos; es decir, qué se decide. La Justicia ampara y protege, uno va buscando la información para respaldar esa cuestión. Y es ahí cuando uno, como en todos los entrenamientos, empieza a encontrar inconsistencias, errores, defectos. Es una forma de leerlo. Es una habilidad que se genera con los años.

Santiago Creel
Ex Secretario de Gobernación
El acuerdo como forma de ser
En casa siempre nos enseñaron, es parte de nuestra educación familiar, tradición, querer a México, a nuestra tierra, nuestro entorno y tratar de contribuir cada quien, en su propia responsabilidad y circunstancia, a ver un México que vaya adelante. Para mí, sí es muy importante el ejemplo que tengo de mis mayores, trato de tomarlo cuando estoy asumiendo responsabilidades como lo he tenido que hacer en el gobierno, ahora en mi partido.

Pati Chapoy
Periodista y conductora de tv
Un espíritu indescifrable
Platícame sobre tus primeros años. Tus papás vivían en Cuernavaca, ¿tú naciste en la Ciudad de México?
Vivían en Cuernavaca, mi mamá vino a que yo naciera aquí y luego regresamos a Cuernavaca. Ahí vivimos seis años, de ahí nos fuimos cuatro años a Torreón, Coahuila; pasamos uno en Apaxco, Estado de México, y el resto de mi vida en la Ciudad de México.
¿Cómo fueron esos años con tus papás, con tus hermanos?
De mucha aventura, porque mi papá trabajó en Cuernavaca como obrero en una fábrica de cemento y en Torreón, Coahuila, como campesino. Vivíamos a las afueras de Torreón y era algo realmente fascinante. Recuerdo mucho cómo salíamos mi hermana y yo a caminar al campo, que más que campo eran terregales en esa época y era divertido, entretenido, sin tener el exceso de juguetes o el exceso de distracciones que hoy puede tener la mayoría de los niños. Yo me divertía en los árboles, me divertía en el pajar, me divertía en el gallinero, subiéndome a una trilladora o a un tractor. La primera vez que fui al cine en Torreón mi hermana y yo tuvimos que juntar dinero y salimos a buscar fierro viejo, literalmente, a la calle; en un costal íbamos metiendo lo que encontrábamos, luego fuimos a venderlo, nos ganamos una cantidad de dinero y pudimos pagar las entradas del cine.
En algún lugar leí que en esa época en Torreón también tú y tu hermana iban a recolectar huevos.
Claro, mi papá tenía un corralón que rentaba atrás de la casa donde había gallinas y gallos y todas las mañanas íbamos a recolectar los huevos para el desayuno de la casa.
Y de estar acostumbrada a esa vida, tan libre, en el campo, llegar a la Ciudad de México, debe haber sido un cambio grande.
No lo sentí de esa forma. Vengo de una familia muy grande, somos siete hermanos y en la medida en que vives con la familia se te facilita todo, porque de la misma forma que en Torreón caminaba de la casa a la escuela, en la Ciudad de México caminaba de mi casa a la escuela y estamos hablando que en esa época era muy diferente la ciudad: no eran tantos habitantes, supongo que eran la mitad. Vivíamos en la colonia Clavería y estudiábamos en la calle de Azcapotzalco, después fue la secundaria y después nos mudamos a la colonia Juárez, donde empecé a tomar camiones.
Estudiaste periodismo en la Carlos Septién, que es una escuela a la fecha muy reconocida.
Tenía interés en conocer muchas cosas y la única carrera que me lo permitía era ésa, si yo me hubiera dedicado a estudiar Nutrición, iba a ser desde mi punto de vista muy limitado. La carrera de periodismo me ayudó a conocer lo que es la vida, que había pintores, que existía la antropología, que existía la medicina, la moda, un mundo increíble. ¿Y cómo me dedico al mundo del espectáculo? A partir de una entrevista que le hago a Raúl Velasco trabajando como directora del “Pliego de México” de la revista Vanidades, que en ese entonces la dirigía una colombiana. No sé cómo me localizó, seguramente por lo que yo había escrito en la revista Contenido y en el periódico Novedades, y empecé a trabajar ahí.
Ahí conoces a Cristina Saralegui.
Así es. Cristina Saralegui en ese momento era la reportera de Vanidades en Miami y yo hacía el “Pliego de México” y en una ocasión, Elvira Mendoza, que era la directora, me envió a Miami para reestructurar el “Pliego de México” y llegué a vivir a la casa de Cristina Saralegui.
Si bien el día de hoy, el centro, la capital de América Latina para el espectáculo puede ser Miami, México siempre ha sido importantísimo, y en ese momento a quien triunfaba en México le iba bien en toda América Latina.
Así es, sobre todo en cuestión de música, porque el liderazgo en cuanto a espectáculos siempre lo ha tenido México. Primero fueron las películas lo que conquistó a toda América Latina y España y a algunas otras partes del mundo y después la música, la plataforma era México para que se pudiera triunfar.
Pati, entre tus primeras entrevistas importantes está la que hiciste al ex presidente Echeverría y a su esposa, ¿cómo fue ese día?, estabas muy joven.
Sí, tan joven que nadie creía que estaba yo pidiendo esa entrevista y fue muy interesante, la señora Echeverría me trató con mucha delicadeza, con mucho cuidado. Yo le hice preguntas muy simples: cómo se habían conocido ellos, cómo lograban mantener esa relación, qué le gustaba al presidente que le cocinara, y me dijo que le gustaba la sopita de fideos, por ejemplo, y fue algo muy sencillo, pero tuvo una buena repercusión.
Tan buena que acabaste entrevistando a todos los grandes pintores, a Tamayo, a Siqueiros, a O”Gorman. ¿Tienes esas entrevistas todavía?
No. No soy afecta a guardar las cosas que he hecho. Me pasó una cosa muy curiosa: uno de mis hijos quería comprar una casa en la colonia Roma, fuimos a verla y entrando estaban algunas pertenencias de la antigua dueña y entre ellas había una pila de revistas enorme. Dije: “yo escribí ahí”, tomé esa revista la hojeé y pensé, “¡¿cómo!?, sí, aquí está lo que yo escribí”; les solicité que me las vendieran, no se pudo, no tuve yo el valor de quedarme con ellas, mi hijo tampoco quiso finalmente comprar esa casa. Ahí me di cuenta de que no soy afecta a guardar lo que he hecho.
Hay entrevistas que pueden tener un valor histórico, las de María Félix, Dolores del Río ya son patrimonio de México.
Pues sí, nada más que en esa época en algunas ocasiones se usaba grabadora. Hoy es demasiado fácil lograr una entrevista, entonces no, cuando llegué yo a entrevistar a Dolores del Río y prendí mi grabadora lo primero que me dijo fue: “no quiero que me grabes”, y yo me fui de espaldas. Le dije: “¿entonces?”. Me dice: “no te preocupes”. Se levantó, sacó un cuaderno y me lo dio. Yo sí tenía una pluma, porque lo primero que te dicen en la escuela es que debes tener siempre un bolígrafo o un lápiz, por cualquier cosa, y me dijo: “No te preocupes, voy a hablar muy despacito para que tú puedas anotar todo”, y así fue. “Primera pregunta”, y ella me hablaba todo el tiempo despacito y me preguntaba: “¿En qué vas?”, “¿En qué te quedaste?”, “¿Quieres que regrese?”, todo el tiempo. Fue muy generosa conmigo, Dolores.
Y empiezas a co-conducir con Raúl Velasco, que era el más grande en ese momento en Siempre en Domingo.
De pura chiripada Te voy a contar una cosa: Raúl Velasco empezaba a trabajar a la una de la tarde. Originalmente el programa de Siempre en Domingo se iniciaba a las 12 del día y terminaba a las 10 de la noche, conforme fue pasando el tiempo fue achicándose ese horario, pero Raúl era el único conductor, no había reporteros, no había nadie, y yo era simplemente su asistente, lo alimentaba de información, de qué era lo que estaba ocurriendo con el artista o el invitado, pero de repente le daban ganas de ir al baño y no llegaban los comerciales, entonces me soltaba el micrófono y me decía: “Tú síguele”.
Dicen que la suerte es de quien la trabaja.
Por supuesto, pero también había muchos que estaban trabajando ahí y sin embargo, como yo era el pegote permanente de Raúl, en cuanto a la información, pues me soltaba el micrófono y yo estaba en ese momento sin peinar, sin maquillar, sin estar presentable para la televisión. Así aprendí.
¿Cómo te corren de Televisa? Debe de haber sido durísimo para ti.
No, no fue duro. Fue decepcionante, que es muy diferente, y siempre que sucede una cosa así simplemente te das cuenta de que ya terminó algo y que vas a continuar con otra cosa.
Tú que eres budista, que te encanta lo espiritual, decía el Dalai Lama que cuando se te cierra una puerta puede significar un golpe de suerte maravilloso.
Siempre.
Regresas un día del súper y te encuentras a tu vecino, el señor Ricardo Salinas Pliego, y te dice: “acabo de comprar una televisora, vente conmigo”.
Pues sí, exactamente así fue.
Aparte de todo, hace 25 años eras, yo creo que de las pocas, si no es que la única persona que sabía hacer televisión en esta empresa.
Que entonces era Imevisión. Sí, así fue, exactamente. Te voy a platicar una anécdota de lo más encantadora, porque no hay otra palabra para definirlo. Cuando Ricardo gana la concesión de Televisión Azteca, nosotros teníamos ya muchos años de conocernos, de llevar en la mañana yo a sus hijos a la escuela, y su esposa de recoger a los nuestros y a los suyos al mediodía. Entonces, cuando le hablé para felicitarlo me dice: “vente, vamos a platicar”, llegué a su casa y me preguntó, porque le dije que lo primero que tenía que tomar en cuenta era el costo de la producción, “¿qué es la producción?”. Entonces prendí la tele y le dije: “todo lo que ves ahí es producción y todo cuesta, la luz, los muebles, las personas, las ideas, todo cuesta, pero también es muy fácil que te cobren de más”. Eso fue todo. Y velo, hoy día da clases.
A la fecha eres la única mujer en esta empresa que se sigue moviendo en un mundo de hombres en todos los consejos editoriales, en todas las grandes juntas…
También está Elisa Salinas, ya hay muchas mujeres jóvenes… y he sido terca, también.
¿Muy terca?
Sí, como no, por supuesto. En el momento en que necesitas organizar, necesitas algo para un programa de televisión y no lo puedes conseguir y no eres terca, no tienes nada qué hacer ahí.
Bueno, decía un político, Ruiz Massieu, que él como amigo era el mejor amigo, pero que como enemigo, igual, ¿te queda esta frase?
No, para nada. Yo no sé si tengo enemigos, yo no soy enemiga, no me dejo llevar ni por la venganza, ni por el odio, ni por el rencor, son emociones que no me gustan y que no me ayudan en nada.
Pero cuando alguien deja de ser leal contigo sé que se te cierra el corazón y ya no hay forma de llegarte.
Eso sí, porque cuando se acaba algo, se acaba, pero eso no tiene que ver con lo otro.
Sé que te encanta el budismo. Tengo amigas que han viajado contigo y que me dicen: “estamos en las peores condiciones, desierto, sin dormir 48 horas, sin bañarnos, y ves a Pati y sigue con una paz y una tranquilidad, y con una felicidad que no sé cómo lo logra”. ¿Es verdad esto?
Pues sí, porque se tiene que trabajar para lograr estar en el aquí y en el ahora, para lograr esa estabilidad o esa paz o esa ecuanimidad.
¿Y cómo se trabaja?
Bueno, de muchas formas. Una: jamás he pensado que soy mejor o peor que cualquier persona; otra, cualquier cosa que suceda no tiene nada que ver con lo personal y me refiero a cuestiones de trabajo. ¡Ojo!, muchas veces cuando sucede algún terremoto emocional en tu familia, sí tiene que ver con algo personal, pero en el trabajo las cosas no son personales, son cosas que tienes que solucionar. A lo mejor yo hago una propuesta y en ese momento a la otra persona no le interesa, y pues si no le interesó ahí quedó.
No está peleado tener una parte muy profunda, muy espiritual, con estar en un programa de chismes, porque el otro día también me comentaban: “es que es un programa de chismes, pero si tú te fijas, Pati jamás va a insultar”.
Tienes que tener cierta línea de respeto hacia la gente.
¿Y cómo lo has podido lograr?
Es obligatorio. Tú puedes ser de lo más crítico sin insultar a una persona y eso es parte de ser humano, a lo mejor puedes no estar de acuerdo con la crítica, pero a veces la crítica es muy buena. Cuando inició Ventaneando, la crítica tenía mucho que ver con la forma en que hacían televisión muchas empresas, incluyendo obviamente Televisión Azteca, y criticábamos mucho la escenografía, y la ropa, etcétera, etcétera, y un día platicando con varios compañeros de Televisa, productores, me decían: “¡qué bueno que te diste cuenta de esto, Pati, en la escena fulana de tal, porque lo pude corregir!”
Pero se necesita madurez para poder aceptar la crítica.
Pues sí, pero hay personas a las que no les gusta y, pues ni modo. Estamos en un medio público y en el momento en que es público como periodista puedo tener la habilidad de hacer una crítica o no.
Eres una mujer de trabajo, trabajas tu parte personal para poder estar en paz, trabajas tu parte profesional aquí en Televisión Azteca y trabajas para tener una familia estable. Eso no se da gratis.
No, por supuesto que no. Desde que nos casamos mi marido y yo teníamos clarísimo que queríamos tener una buena vida y una buena vida en pareja, una buena vida en familia y nos permitimos lograrlo. En su momento Álvaro se psicoanalizó, en su momento yo me psicoanalicé, después vinieron las prácticas de meditación, después vino nuestro interés por el budismo, que seguimos fomentando, y es válido que cada quien quiera tener una buena vida. No tiene que ver con el dinero, no tiene que ver con la posición, ni con el reconocimiento, tiene que ver con que tú quieras tener una buena vida y eso implica ser una persona saludable, tener buenos pensamientos.
Y también tener una buena comunicación, porque si bien no trabajan en lo mismo, sí tienen muchos puntos en los que coinciden.
Sí, pero aun cuando tenemos trabajos muy diferentes mi marido y yo, sí tenemos mucha comunicación. La comunicación en una pareja o en un trabajo o en una amistad es fundamental.
¿En la educación de tus hijos, ustedes siempre estuvieron de acuerdo? Ahora ya son dos jóvenes.
Rodrigo desde secundaria se interesaba por la música, todo el tiempo, entonces cuando iba a estudiar preparatoria lo mandamos a un lugar en Estados Unidos para que estudiara música, quiso ir a Berklee y se fue a Berklee; en Idyllwild estudió varios años, si era lo que él quería, por qué no apoyarlo. En el caso de Pablo, quiso estudiar cine, también es un artista plástico, y pues qué maravilla.
Y que sean lo mejor en lo que quieran ser.
No importa si son lo mejor o no, lo importante es que estén haciendo lo que realmente quieren. Mira, yo no creo en una meta, yo creo en el camino que te lleva a donde tú quieres. Tú no quieres ser periodista o no quisiste ser periodista para estar dentro de quince años haciendo no sé qué cosa. Tú quisiste ser periodista por el camino que te estaba llevando a donde querías.
Pero tú eres de metas, ¿ahorita dónde te ves?, ¿quieres seguir trabajando muchos años más?, ¿piensas retirarte algún día?
No sé, trato de no abrumarme con un futuro que puede ser incierto porque igual mañana ya no estoy aquí, ¿qué tal que hoy en la noche me muera?, ¿o al ratito? Soy muy práctica en eso, procuro resolver lo que me pasa en este instante y en este momento y así es la televisión, la televisión tiene que ver con disciplina, con tiempos muy específicos, y en eso estoy.
Te doy la razón, muchas veces estás crucificado viendo qué hiciste en el pasado o viendo hacia el futuro y dejas de vivir tu presente.
No existe el pasado ni el futuro, lo que existe es lo que estamos platicando en este momento, es lo único valioso. Si no lo hiciste ahorita, ya no lo hiciste.
¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?
Éste.
Yo pensé que me ibas a decir que había sido el día que nació Martina, tu nieta.
Ese es uno de muchos. Yo creo que el día más feliz fue cuando Manne y Rodrigo me dijeron: “te trajimos unas fotos, ma”, y era la fotografía del ultrasonido de Martina, ahí pegué un grito, me puse realmente muy feliz y recuerdo que Álvaro comentó: “pero, ¿por qué gritas tanto?, ¿qué tienen las fotos?”, y le dije: “mira lo que tienen las fotos, a tu nieta”.
¿Y cuál es el día más triste?
Definitivamente cuando se murieron mis papás.
Completa esta frase, Pati Chapoy es…
¡Ay! ¿Qué te puedo decir? Pues, una mujer, nada más.

Antonio Chedraui
Ex Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de México
El poder que trasciende la Fe
Cuando llega a México en los 60, había ortodoxos aquí, pero no tenían una Iglesia como tal y se empiezan a mezclar y entran a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ¿cómo funda usted y cómo empieza a recuperar la Iglesia Ortodoxa?
Nosotros teníamos una iglesia cuando yo llegué, que era la Catedral de San Jorge, en la colonia Roma, en la calle de Tuxpan 30, construida en 1944. Llegué a México en 1966 y la comunidad ortodoxa fue la primera que empezó la construcción de su templo y después de su centro cultural. Cuando nosotros construimos nadie lo había hecho. Antes nos regalaron una iglesia que está donde se ubicaba Policía y Tránsito, junto a 20 de Noviembre, la arreglamos y todo, después llegó la Iglesia Romana, había mucho fanatismo, y nos la quitaron.

Fernando de la Mora
Tenor
El éxito es la suma de varios fracasos
Pocos días antes de que nacieras, tu padre fallece, tu mamá queda viuda con dos hijitos.
Sí, una gran tragedia. Fue un momento muy difícil para mi familia, pero contrario a lo que la gente pudiera pensar, la vida de mis hermanos y mía fue una maravilla porque nuestras familias se volcaron para atendernos, amarnos, darnos educación, una calidad de vida verdaderamente notable. Yo agradezco el amor de mi abuelo, de mis tíos, de mi madre, de mi nana, de la gente que me rodeó. Nacimos en una tragedia, éramos muy pequeños para entenderlo, pero sí nos dimos cuenta del amor de la familia. Doy gracias por la infancia, la adolescencia y las oportunidades que tuve. Tomé muchas buenas y malas decisiones: las malas se convirtieron en las mejores porque aprendí de ellas y he podido resolver situaciones que en cierto momento no fueron muy favorables.
Has declarado que nunca te hizo falta la figura paterna porque ahí estaba tu abuelo.
Definitivamente. Mi abuelo es el ser humano más maravilloso con el que me topé. Desgraciadamente desaparece de mi vida cuando tengo 32 años, un momento difícil porque justo ese día hago mi debut en La Scala de Milán…
No pudiste regresar a México.
No. Volví varios meses después, ver a mi abuela fue difícil; ya no encontrarlo, peor. Aunque nadie es eterno y todos sabemos que vamos a morir, no lo tenemos asimilado, la educación que recibimos es que la muerte es como un enemigo, un pasaje tétrico, sórdido.
Es algo de lo que nadie nos vamos a librar...
Porque no lo vemos como algo natural, no lo vemos como la gran oportunidad de cambiar de traje o de trascender. Nadie sabe qué viene después, pero lo que sí tenemos cierto es lo que podemos lograr en este momento que estamos aquí. Hicimos una rueda de prensa de la Fundación Comparte Vida, invitando a la gente a la cultura de la donación, a la importancia de dar, de compartir y eso yo creo que es parte fundamental, creo que puede ser la razón de vida de mucha gente.
¿Cómo fueron tus primeros años de escuela?
Como los de cualquier otra gente. Fui inquieto, querido y apapachado, caprichoso en cierto momento, también un alumno difícil en la escuela, me costaba trabajo concentrarme, tenía problemas de atención, ese síndrome que en aquel momento se llamaba “flojo”.
He entrevistado a mucha gente que me dice: “la escuela en la que estaba no me entendía”; la escuela debe de encauzar.
Siento que la docencia ha avanzado enormemente, los alumnos con ese síndrome pueden mejorar con atención y medicamentos.
Has dicho que tuviste errores y aciertos. ¿Cuáles fueron los errores de adolescencia?
Haberme casado tan joven.
A los 22 años.
Fue realmente una osadía, pero ese error fue maravilloso. Los dos fuimos muy osados, pero ese cariño era genuino. De esa pasión surgieron Fernando y Rodrigo, mis hijos, fundamentales en mi historia, cambiaron mi vida y me permitieron crecer como ser humano. Fueron el incentivo para evolucionar. Son mis amores más antiguos, porque después volví a casarme. Vuelvo a tener dos hijos maravillosos, que también cambian mi vida: Gabriel y Andrea.
La mamá de Gabriel y Andrea ha declarado que no estás muy presente porque viajas por todo el mundo, pero que eres un muy buen papá.
Me encantan mis hijos, estoy pendiente de ellos ahora con los medios de comunicación. Cuando tenía 30 años y estaba cantando en La Scala de Milán pagaba hasta cuatro mil dólares al mes de teléfono por no poder ver a mis hijos físicamente ni por video, no existían esos aparatos en los que los pudiera ver en tiempo real, ahora es totalmente diferente.
¿Cuándo descubres que eres tenor?, porque empezaste a estudiar la carrera de Administración de Empresas.
Así es, porque de alguna forma me di cuenta que los números me eran gratos.
¿Ya te gustaba la música?
Totalmente. Ya estudiaba Administración de Empresas en la uam Azcapotzalco y empecé a tomar clases en el Conservatorio Nacional de Música. Tuve el privilegio de conocer el mundo del canto de otra forma, yo no quería ser cantante.
¿No tenías el deseo porque todavía no sabías que tenías ese don?
Me gustaba cantar, pero no sabía que mi voz era especial, o sea, mi voz es la que me hace cantante, es lo que siempre he dicho. Cuando la empiezo a educar y crece, se hace enorme, y veo las posibilidades por primera vez de convertirme en un cantante... y de ópera.
La voz es un instrumento más, tienes que aprender a utilizarlo.
Primero tienes que desarrollar el instrumento, antes de educarlo. Una cosa es emitir sonidos puros y la extensión de tu voz y otra es saber cómo utilizarlo y aplicarlo intelectualmente por el gusto del canto, por el gusto del compositor.
¿Dejaste la carrera de Administración?
La dejé justamente en el séptimo trimestre y seguí en el conservatorio, después me casé, dejé todo, y empecé a trabajar con algo que también ha sido una de mis pasiones: la música popular. Me convierto en cantante popular y sigo tomando clases de ópera.
La ópera era difícil para que pudieras sostener a una familia y dos bebés.
En ese momento sí, y más viendo el pequeño mundo de la ópera en México. Yo no sabía en aquel entonces sobre la cantidad de teatros de ópera que había en el resto del mundo y el panorama enorme que existe para los cantantes mexicanos en el extranjero. Si nos quedamos en México el panorama es muy pequeño, hay muy pocas funciones para peleárselas entre unos cuantos cantantes.
La gente en México no está acostumbrada a escuchar ópera.
Ahora un poco más, gracias a la gran difusión de don Plácido Domingo, Pavarotti y Carreras, en los años 90. Ahí se abre un panorama enorme no solamente para México, sino para el mundo.
¿Qué se siente cantar en La Scala de Milán?
Es una maravilla. Una de las joyas de mi carrera es haber tenido la oportunidad de recibir ovaciones en La Scala de Milán, para mí fue fundamental, pero también lo fue La Fenice de Venecia, El Comunale de Bolonia, la Ópera Estatal de Viena, en Berlín, en todos esos teatros.
¿Qué idiomas hablas? Imagino que tu italiano es perfecto.
Hablo italiano, francés, inglés y español.
¿Y las óperas en alemán, cómo las cantas?
Gracias al maestro Nico Castel. Con él aprendí la fonética en alemán y tomé muchas clases de alemán cuando estuve cantando en Alemania y lo mastico; comprendo poco pero me doy a entender.
Para cantar ópera además debes tener una cultura impresionante.
Esta carrera te obliga, no tienes opción. Debes modificar tu vida intelectualmente. Si te vas a vivir treinta años a países que no son el tuyo requieres aprender el idioma para poder comunicarte. Si vas a estar metido en una producción de dos meses de La traviata, La bohème, Fausto, Romeo y Julieta o Madame Butterfly, requieres comunicarte con tus colegas, con la producción y mostrar tu interés en acercarte a ellos, el inglés es universal y con él me defendí todo el inicio de mi carrera, yo salí de México sin hablarlo, tenía conocimientos pero no era mi idioma.
Tu historia es la cultura del esfuerzo, a los 22 años tienes dos niños, cantas música popular y piensas en destacar.
Tuve la gran suerte de conocer a personajes como don Rafael Baledón y doña Lilia Michel, que fueron mis suegros y un apoyo fundamental en el inicio de mi carrera.
Empiezas tu carrera en una época en la que no se utilizaba tanta ecualización, si funcionabas te quedabas, y si no, no.
Así era. Cuando di el brinco a la ópera, un personaje muy importante, en ese momento mi pareja, Teresa Rodríguez, madre de mis dos hijos menores, fue fundamental también para mi crecimiento como artista y de alguna forma fue vital para mi desarrollo como cantante.
¿Era concertista?
Pianista. Dimos conciertos por muchos lados y seguimos teniendo muy buena relación.
Luego te volviste a casar.
Sí. Y la verdad estoy muy contento, llevo veinte años con mi pareja actual. Es un privilegio poder desarrollarte e ir descubriendo cosas nuevas en el panorama y no quedarte en las cosas negativas; hay que ir sumando en la vida.
Como ser humano eres el resultado de lo que viviste, lo que aprendiste de tus ex parejas, de las personas que te rodearon.
Definitivamente. Mucha gente se queda lamiéndose las heridas, doliéndose de los fracasos, cuando éstos son parte fundamental del éxito, porque es conocimiento, información. El fracaso debes utilizarlo como un escalón para lo que sigue, como dice Beckett: “el éxito es la suma de varios fracasos”.
Ahora regresas a la música popular.
Vale la pena. México es un gran país y estoy convencido de que somos muchos más los buenos que los malos. Hay poquitos malos, muy poderosos, pero creo que los mexicanos tenemos que sumarnos en la conciencia y señalar lo que no está bien y lo que podemos mejorar día con día.
¿Con qué te encuentras cuando vas al extranjero presentando esta música mexicana?
Con la emoción y con el interés de otros países, de otra gente que está ávida de conocer lo nuestro. Te sorprendes de lo mucho que conocen y el nivel de penetración de nuestra música. También la pintura, de todos estos grandes pintores como Diego Rivera, Frida Kahlo, Orozco, Siqueiros, Tamayo, Toledo o nuestros reconocidos poetas, escritores, Octavio Paz, y tantos otros grandes que nos han puesto en alto. México tiene que ser recordado por ellos y no por El Chapo Guzmán, no por los Beltrán Leyva, que son gente que ha aprovechado su oportunidad de desarrollarse de una forma negativa; si ellos supieran el mal que se hacen a ellos mismos y a su tierra, harían otra cosa.
¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?
Han sido muchos. No me quedo con uno solo, el nacimiento de mis hijos ha sido maravilloso, aunque el nacimiento de Andrea, mi hija, fue doloroso porque la conocí quince días después de nacida, estaba yo cantando en El Liceo de Barcelona, supliendo a Pavarotti, una situación complicada, mi hermano se apiadó de mí, le tomó video y yo me fui a comprar una cámara para poderla ver en una pantallita.
Te ha tocado compartir escenario con Pavarotti, con los grandes, pero tú también ya estás en esas ligas.
La verdad Pavarotti era un encanto de persona, lo que tenía de gordo y grandote, lo tenía de linda gente, pero más lo es Plácido Domingo, un tipazo, sencillo, un hombre muy sensible, muy aplicado, un ejemplo a seguir, en todos los aspectos, compartido, generoso. También tuve el privilegio de conocer en un viaje de Viena a Frankfurt a José Carreras. He tenido la dicha de conocer a contemporáneos míos, a artistas con los que he mantenido una amistad muy entrañable como Roberto Alagna, como Angela Gheorghiu, como Anna Netrebko, todos estos artistas que han hablado maravillas de la excelencia del ser humano.
Tenías un dueto pendiente con Juan Gabriel que ya no pudiste hacer.
Sí, qué lástima, pero tuve la gran oportunidad de cantar cuando llegaron sus restos a Bellas Artes, sinceramente no gocé ese momento, me costó ver a tanta gente triste y angustiada, el público no estaba inmerso en una euforia colectiva, sino en el dolor, en el duelo, lo que me tocó vivir ese día fue doloroso, yo subestimé mi emoción, porque iba preparado para cantar “Amor Eterno”, que he cantado miles de veces, pero allí en el Palacio de Bellas Artes en el momento en que llegaron las cenizas, en ese instante yo empecé a cantarlo con emoción, pero entraron las primeras personas que habían hecho cola por días para entrar a ver las cenizas y se me hizo un nudo en la garganta. No pude continuar y dejé de cantar por una frase, me recompuse, terminé de cantar y le di gracias a Dios. La verdad sí me angustié, se me fue la onda por la emoción, fue difícil, no fue un buen momento.
¿Y cuál ha sido el momento más difícil, más triste de tu vida?
Probablemente el nacimiento de Andrea, mi hija, conocerla quince días después fue muy difícil, y la muerte de mi abuelo el día que hice mi debut en La Scala de Milán, de ahí me tengo que ir a cantar Rigoletto a Bolonia y luego a cantar La traviata en Israel con Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel y hasta después regresar a México. Tres meses después, fueron momentos que no me gustaría volverlos a pasar.
Completa esta frase, Fernando de la Mora es.
Un luchador. Sí, la verdad me gusta resolver y me gusta partirme el alma por mis sueños, les pongo fecha a mis sueños y me gusta México, creo en México, creo en los mexicanos, creo en el amor de los mexicanos y creo que amor no es solamente cachondeo, creo que amor significa atención, admiración y respeto, en todos los sentidos.

Juan Díaz de la Torre
Líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
El líder que surgió de la raza
Naciste en Santa Gertrudis, un pueblo de Jalisco, ¿cómo fueron tus primeros años?
Nací ahí, en el municipio de Huejuquilla, El Alto, en Jalisco, en un caserío donde vivían los familiares, pero no tengo recuerdos porque a los tres años nos salimos de ahí. Mi padre, campesino, siempre muy rebelde, entendió que ahí no había destino. Nos fuimos para poder estudiar. Esa migración trajo como consecuencia la política pública educativa más antigua de México, la de los libros de texto gratuitos: soy de los mexicanos que los recibieron el primer año.
Cuando sales de Santa Gertrudis, ¿a dónde se van?
A Mexicali, pero por poco tiempo porque para mi papá el ambiente social y moral de aquel entonces no era el más adecuado, migramos entonces a Guadalajara, donde cursé mi primaria y la secundaria.
Un padre campesino, pero visionario, siempre buscando las mejores oportunidades para sus hijos.
Sí, muy visionario, a pesar de que sólo estudió la primaria tuvo una visión social y participativa.
¿Y tu mamá?
Mi mamá también estudió nada más la primaria. En el caso de ella, fui marcado, todo mi desarrollo lo debo fundamentalmente a las mujeres, mi madre y mi maestra de primaria, en la Escuela Normal de Jalisco.
¿Te acuerdas de la primera gran maestra que tuviste?
Sí, cómo no, Socorro. Una maestra que traía muchas pulseras y joyas, bien vestida siempre, peinada, estricta. Tuve el privilegio de ser “el consentido de la profesora”.
¿Qué te enseñó?
Primero, mucha disciplina. Imposible que a pesar del aprecio que me expresaba, me permitiera hacer cosas que no estuvieran marcadas en ser responsable.
Se dice que en la educación a los jóvenes y a los niños, los límites les dan mucha seguridad.
Creo que eso y el amor con el que creces, con el que naces. Tengo el privilegio, lo digo muy seguido, de que toda mi vida he sido querido por mi madre, mis maestros, la gente con la que he convivido. Eso me dio una autoestima muy alta, está muy mal hablar en primera persona, pero yo siempre me he sentido muy seguro de lo que soy.
No importa si fuiste hijo de un campesino que sólo terminó la primaria, si tu mamá tampoco tuvo mucha instrucción escolar, te dieron amor y seguridad y la posibilidad de ir a la escuela. Y hoy eres el presidente del sindicato magisterial más grande de toda América.
Ya lo dijo Freud, no sólo lo dijo, lo estudió: “infancia es destino”. En el evento que tuvimos con la líder de los maestros de América, ella nos decía: “Somos mucho más que nuestros derechos y nuestras reivindicaciones, tenemos la posibilidad de poner a millones de niños en una condición de un futuro que les permita salir adelante”. Yo soy un privilegiado de eso, salí de ahí donde nací y no tengo mucho que decir de eso, pero a los 24 años regresé cuando ya no vivía nadie de mi familia ahí porque es como la mayoría de muchos pueblos de Jalisco en que hay una diáspora permanente a Estados Unidos.
¿Qué pasó con esos niños que no tuvieron la oportunidad de salir?
Si antes era un caserío, ya no era nada: todo derrumbado, caído, no vive gente ahí. Estuve un día ahí, dormimos en una casa de campaña y no he vuelto.
En Jalisco estudias Pedagogía.
Estudié la primaria y la secundaria en Guadalajara. Un hermano mayor que yo, estudiaba en la Escuela Normal de Jalisco, yo la verdad no tenía esa vocación. Cuando terminé la secundaria me sugirió que ingresara a la Normal. Fui y presenté el examen, pero no lo aprobé. Sin embargo, con la fortaleza que tengo me presenté improvisadamente con la directora de la escuela, otra de mis grandes maestras, la esperé tres o cuatro días, afuera de su oficina y por fin me recibió: “¿qué quieres, niño?”, yo era un niño, francamente, muy chaparrito. “Maestra, necesito que me dé la oportunidad de ingresar”, le dije. “¿Cómo te llamas?”, me preguntó y sacó el expediente, creo que se requerían 120 puntos. “Tienes 119”, dijo. “Tengo la vocación, la necesidad y el deseo de estudiar, aquí estudia mi hermano”. “No, estás muy chiquito, vete y el próximo año vienes y te garantizo que te ingreso”. “No, maestra, quiero ingresar y usted tiene la posibilidad de ayudarme”. Y ahí me quedé. Me dijo: “No tienes remedio, vente”, y me ingresó. “Pero voy a estar al tanto de ti, ¿eh?”. Y efectivamente, era de esas maestras de antes que observa si vas a la escuela y si tienes buena conducta.
Y en cierto modo tenías ese compromiso de ser mejor.
Sí, por supuesto, pero además la Normal de Jalisco, cuando ingresé en 1969, era un edificio, para las escuelas donde yo había estudiado, maravilloso. Lo veía como una verdadera obra de arte arquitectónica, como una maravilla. Ahí empiezo a conocer a mis maestros de la Normal, que fueron extraordinarios, con vocación y disciplina. Mi admiración es profunda por ellos.
Recuerdas mucho más a los maestros duros, a los que te exigen, que a los que te decían “ya pasaste”.
Los que te aprueban sin trascendencia no te marcan. Yo tuve el privilegio de recibir de esos maestros una formación que me abrió a la vocación, entonces sí me apasioné, al punto de que cuando terminé la Normal Superior, no había concurso para las plazas y me otorgaron una de maestro de primaria en la zona metropolitana, pero voluntariamente dije: “yo quiero ir al rancho”. Estudié en una escuela urbana, me la pasé en las canchas deportivas, era un joven que hasta el primer año de servicio traje el pelo largo, era la moda, pero se requería mucho valor porque pocos se animaban, era muy señalado. Cuando terminé la Normal renuncié a esa plaza y vine a México a conseguir una plaza federal y me mandaron a la región cañera en Jalisco. Recuerdo muy bien que llegué con el pelo largo a una comunidad en 1973, con un blazer azul marino, muy propio yo. Empecé a vivir en la casa de otro maestro, los adultos se burlaban un poco de mí, este niño qué hace aquí, pero los alumnos…
Te admiraban.
Que llegara un chavo, un profe así, con el pelo largo, muy diferente a lo que uno puede ver de un maestro rural, y me hice su ídolo.
¿Eras muy duro con ellos?
No, al contrario, ahí aprendí lo primero. Terminas la Normal y recibes el título de maestro, pero tu escuela de profesor inicia el día que llegas a la escuela, los alumnos me hicieron maestro.
¿Recuerdas a algún alumno?
Un alumno que después fue maestro en la Normal Superior de Jalisco. Nombrando lista un día, al puro nombre me acordaba muy bien de él, porque el día que lo dejó su padre en la escuela, me dijo: “maestro, se lo dejo, nomás le encargo los ojos, pero bájele vara”. Los padres te los entregaban y se disciplinaban o se disciplinaban. Ese muchacho fue muy buen alumno, no hubo necesidad nunca de reprenderlo. Cuando era maestro de la Normal Superior nuevamente me sentí orgullosísimo, porque ahí seguía y luego, para rematar, cuando llegué a ser secretario general del sindicato en Jalisco, el día que me eligieron, lo nombraron a él en una comisión del sindicato. Esas son historias que te dicen que ha habido congruencia.
¿Cuándo entras en el sindicato?
Ingresé desde el día en que entré en el servicio, en términos de como es la relación laboral aquí.
¿Cómo pudiste escalar de maestro rural hasta arriba?
Estuve seis años en muchas comunidades dando clases. El sindicato me ayudó a obtener mi cambio a la escuela primaria Emiliano Zapata, en Zapopan, Jalisco. Ahí la directora, María Jesús Navarro, de una profunda convicción sindicalista, me dijo: “maestro, no sé qué le parezca, pero quisiera que pudiéramos trabajar con el resto de los compañeros y que usted sea el representante sindical de la escuela”. “Maestra, pero de eso yo no conozco”. “Usted tiene con qué”, me dijo. Me dijeron que fuera el representante de nuestra escuela en el comité delegacional, y lo fui, cuando terminó esa gestión me propusieron mis compañeros: “Ahora tú tienes que ser el secretario general de la delegación”. “No, no. Son muchas escuelas y maestros”. Hicieron el cabildeo y fui el candidato contendiendo contra el de la autoridad: gané por un voto, y ahí inició todo: me empezaron a llamar de la sección sindical para dar el curso del Reglamento de Promociones, y empecé a machetearle, me preparé. Como me llamaban de la sección empecé a faltar a la escuela o no regresaba a tiempo.
Estabas en la disyuntiva.
La maestra me llama y le digo: “maestra, tengo esta comisión que me dieron, pero el sábado termina todo eso y le prometo que el lunes ya no hay ningún...”. “Ay, maestro, usted no tiene ni idea de dónde está parado, usted no va a regresar nunca a esto”.
¿Extrañas dar clases?
Sí, si hoy diera clases sería un extraordinario maestro, por lo que he aprendido en el camino. Me fui a la sección, a ayudar sin ningún cargo. Hubo luego un congreso para elegir a los dirigentes y quedé como presidente de la sección juvenil y ahí estuve haciendo mi trabajo. En otra ocasión me hicieron coordinador de una región.
¿Te imaginaste algún día ser presidente del snte?
Jamás, ni lo tuve como objetivo. Desde todas esas comisiones lo que siempre he hecho es servir a mis compañeros, tengo acreditada mi conducta y mi trabajo. Si me preguntas cómo llegué a ser secretario general de Jalisco y después lo otro, a nadie se lo pedí, jamás.
¿Cuál es tu libro favorito?
Varios, pero de un mismo autor, me apasioné con Emil Cioran. Tengo toda su obra y toda la he leído y sigo aprendiendo de él; lamentablemente su obra, sólo por decir los títulos me vas a entender qué contienen: Breviario de podredumbre, En las cimas de la desesperación, Adiós a la Filosofía y otros textos, una visión catastrofista de la condición humana, pero me ha servido para entender el otro lado, el lado que te permite conocer la miseria humana.
¿Tu música favorita?
Los Beatles.
¿Alguna película?
Me gustaron durante mucho tiempo las de personajes atormentados internamente. Taxi Driver, pero no dejo admirar Lo que el viento se llevó.
¿Qué te gusta comer?
Comida japonesa, no me gustan los antojitos mexicanos.
¿Qué haces en los pocos tiempos libres que te quedan?
Toda mi vida he hecho deporte, juego raquetbol.
¿Todos los días?
No, qué esperanzas, nada más cuando voy a Guadalajara, que es donde viven mis hermanos y mi familia, tenemos una canchita de raquetbol.
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