Read the book: «Melanie Klein»

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Ricardo Antar • Susana Bidolsky • Gregorio M. Garfinkel • Betty Korsunsky • Pablo Slemenson

Melanie Klein

Surgimiento y vigencia de su pensamiento

PRIMERA EDICIÓN


Los autores

RICARDO A. ANTAR. Licenciado en Psicología. Psicoanalista. Miembro Titular con Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Psicoanalista de niños y adolescentes de APdeBA. Exdirector del Departamento de Niñez y Adolescencia de APdeBA. Docente de la Especialización en Psicoanálisis del Instituto Universitario de Salud Mental (IUSAM). Docente de la Especialización y Maestría en Psicopatología y Salud Mental del IUSAM. Maestrando en Psicopatología y Salud Mental del IUSAM. Miembro del Comité Científico de la Especialización y Maestría en Psicopatología y Salud Mental del IUSAM. Miembro del Consejo Superior del IUSAM.

antaricardo@gmail.com

SUSANA BIDOLSKY. Médica por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Psicoanalista. Miembro Titular de APdeBA. Full Member de la International Psychoanalytical Association (IPA). Especialista en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes por APdeBA e IPA. Directora de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica de Niños y Adolescentes (2014-2017) en IUSAM. Directora del Curso programático “Abordaje Psicoanalítico del Niño y del Adolescente” (2010-2014) en IUSAM. Directora de la Carrera Especialización en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes (2007-2013) en IUSAM. Coordinadora Curso a Distancia “Abordaje Psicoanalítico del Niño y del Adolescente”(2014-2018). Co-directora del Departamento de Niñez y Adolescencia de APdeBA (1996-1998). Vicepresidente de APdeBA (2004-2006). Socio Plenario de la Asociación Escuela Argentina Psicoterapia para Graduados (AEAPG). Profesora Titular del IUSAM de APdeBA. Profesora Titular de la AEAPG (1980-2000). Docente de la Unidad Hospitalaria Salud Mental II. Facultad de Medicina, UBA (1988). Docente del Servicio de Salud Mental Infanto-Juvenil Hospital Italiano (1993-1994). Profesora Titular de Posgrados en Psicoanálisis de la Universidad Nacional de La Matanza en Convenio con AEAPG (2001-2021).

bidolskysusana@gmail.com

GREGORIO M. GARFINKEL. Miembro de Honor de la Asociación Médica Argentina (AMA). Miembro Titular de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA) y Fepal. Exmiembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con Función Didáctica. Exprofesor Titular del Instituto de Formación. Miembro Fundador de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) con Función Didáctica. Exdirector General de su Instituto de Formacion (en tres períodos diferentes). Profesor del Instituto Universitario de Salud Mental (IUSAM). Coordinador de Equipos de Grupos de Psicoanálisis Multifamiliar.

gregorio.garfinkel30@gmail.com

BETTY KORSUNSKY. Docente. Especialización en Psicoanálisis de niños y adolescentes (IUSAM). Docente de Psicología Clínica II de Adolescentes, Especialización en Psicoanálisis. IUSAM. Klein I. Directora en el Sistema de Educación a Distancia (SIED) del IUSAM. Investigación en “Perfiles subjetivos predominantes en la consulta clínica inicial”, Centro Liberman de APdeBA. “Cualidades Subjetivas que la condicionan”, Horacio Rotemberg y Eliseo Storani. Centro Liberman APdeBA-IUSAM. Co-coordinadora en los Grupos de contención y acompañamiento con migrantes.

bettykor22@gmail.com

PABLO DARÍO SLEMENSON. Médico por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Psicoanalista. Miembro Titular con función didáctica de APdeBA. Full Member de la International Psychoanalytical Association (IPA). Socio Plenario de la Asociación Escuela Argentina Psicoterapia para Graduados (AEAPG). Magister en Psicoanálisis por la Universidad Nacional de La Matanza (UNLAM). Exinvestigador del Centro de Investigación en Metodología Borrosa Aplicada a la Gestión y la Economía (CIMBAGE), Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Trabajos publicados sobre Inestabilidad contextual y sobre teoría de toma de decisión intuitiva en gestión. Profesor titular en la Maestría en Psicoanálisis de UNLAM-AEAPG en varias materias. Coordinador del Seminario de Integración del Psicoanálisis destinado a investigar la integración de las líneas teóricas y su inserción en la ciencia desde 2017 al presente. Jurado de tesis en la Maestría en Psicoanálisis de la UNLAM.

pablo.slemenson@gmail.com

Presentación

Este libro comenzó siendo un curso de educación a distancia en el año 2007.

El Área de Educación a Distancia de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) organizó una serie de cursos que apuntaban a dar cuenta de las ideas centrales de las distintas corrientes psicoanalíticas. Los mismos contaban con la certificación universitaria del Instituto Universitario de Salud Mental (IUSAM).

Se nos encargó que tomáramos a cargo el centrado en las ideas de Melanie Klein.

El proyecto comenzó a desplegarse convocando espontáneamente a los que hoy son los autores de este libro. Si bien nos conocíamos por nuestras distintas tareas institucionales y docentes, en algunos casos nos encontramos sorprendidos al descubrir nuestro compartido interés en Melanie Klein.

El programa tenía un eje cronológico y el particular interés manifestado por cada uno de nosotros por distintos aspectos de la obra de Melanie Klein nos llevó a hacernos cargo de las clases correspondientes.

El desafío era evidente. Aunque sumamente estimulante.

No constituíamos un grupo con una trayectoria previa en la que hubiéramos tenido oportunidad de conocernos en nuestros acuerdos y desacuerdos, en nuestras diferencias de énfasis, de percatarnos explícitamente de la riqueza que adquirían las ideas cuando eran abordadas por el otro coautor.

Confiamos en Melanie Klein y en nosotros mismos para entregarnos entusiastamente a la tarea.

Estas circunstancias permitirán al lector entender los distintos estilos de los capítulos, las eventuales superposiciones, posibles diferencias de perspectiva y su inocultable origen en un curso universitario.

Asimismo, confiamos en que aquellas cuestiones que queden abiertas, convoquen –quizás también a algunos de aquellos que hoy se encuentran entre nuestros eventuales lectores– a reflexiones que puedan llegar a plasmarse en futuros libros.

Es que los grandes pensadores siguen escribiendo en sus textos, que si bien permanecen idénticos en la letra, son redes arrojadas a lo desconocido pero intuido.

PRIMERA PARTE 1919-1932

Capítulo 1 De la escuela inglesa a la escuela kleiniana

Ricardo Antar

De Melanie Reizes a Melanie Klein

Melanie Reizes nace el 30 de marzo de 1882 en Viena. Su padre, Moriz, proviene en una familia judía religiosa (residente en una zona que actualmente es parte de Ucrania) que lo destina a ser rabino y dispone su casamiento con una joven elegida por sus padres, a la que conoce poco antes de su boda. No obstante, estudia medicina en secreto; al finalizar la carrera rompe con la tradición (aunque no con su familia) y comienza a ejercer su profesión. Era un hombre ilustrado que dominaba varios idiomas. A los 37 años se divorcia de su primera esposa.

Poco después conoció, en Viena, a Libussa Deutsch, varios años menor que él, que provenía de una familia culta, en la cual el padre y el abuelo eran rabinos. Se casan en 1875 y viven en Deutsch-Krentz donde nace la primera hija del matrimonio, Emily (1876), Emanuel (1877) y al año siguiente Sidonie. Luego la familia se trasladó a Viena, donde nace Melanie en 1882. Moriz se dedica a la odontología y Libussa instala un comercio para contribuir con la economía familiar.

Los primeros años de la vida de Melanie Reizes estuvieron marcados por episodios sumamente significativos.

En 1886, a la edad de cuatro años de Melanie, muere su hermana Sidonie, de escrófula. Fue ella quien la inició en la lectura y las matemáticas, expresando a Melanie el deseo de transmitirle esos conocimientos antes de morir (circunstancia de la que, esta niña de nueve años, parecía tener plena conciencia).

En 1887, a los cinco años de edad de Melanie, el padre compra una clínica dental, gracias a una herencia, lo que redunda en una mayor prosperidad para la familia. Este cambio es fuente de gratos recuerdos de esta época de la vida de Melanie.

La relación de Melanie con su padre no fue de mucha cercanía emocional. Cuando nace su cuarta hija, Moriz tenía más de 50 años de edad; por otra parte, guardaba para su hija mayor, Emily, una preferencia inocultable que no dejaba de producir intensos sentimientos en la niña Melanie. No obstante, estas vicisitudes emocionales no menoscabaron jamás la profunda admiración por los logros intelectuales de su padre, al tiempo que se constituyeron en un perdurable estímulo y modelo para su vida.

En cambio, la relación con su madre fue mucho más próxima. Melanie la recordaba como una mujer mucho más joven en relación a su padre, hermosa, decidida, activa y emprendedora. Fue el sustento económico del hogar en aquellos años en que la salud de su esposo declinaba. Falleció cuando Melanie tenía cerca de 32 años (1914) habiendo vivido sus últimos años muy cerca de su hija.

Otra figura importante en la adolescencia de Melanie fue su hermano Emanuel, quien le brindó un fuerte estímulo intelectual y la apoyó cuando, a los 14 años, decidió prepararse para estudiar medicina (Psiquiatría).

A los 17 años Melanie Reizes se compromete con Arthur Stephen Klein, un ingeniero químico amigo de su hermano Emanuel. El noviazgo transcurrirá con muchas separaciones a causa de los múltiples viajes que Arthur realiza por su trabajo. A sus 18 años, a principios de 1900, fallece su padre, físicamente disminuido desde algunos años antes.

Por esta época abandonó la idea de estudiar medicina (quizás por las restricciones económicas que atravesaba la familia) y asistió a cursos de historia y de arte en la Universidad de Viena. A fines de ese año se casó su hermana Emilie.

En diciembre de 1902 muere su hermano Emanuel, quien padecía de fiebre reumatoidea. La relación de Melanie con su hermano había sido emocionalmente intensa y compleja.

Melanie y Arthur se casan muy poco después del deceso de Emanuel, el 31 de marzo de 1903, habiendo cumplido Melanie 21 años el día anterior a su boda. Durante varios años la joven pareja vive en distintas ciudades de Eslovaquia y Silesia. En enero de 1904 nace la primera hija, Melitta; en 1906 nace Hans.

Fueron tiempos difíciles para la pareja, en los que Melanie Klein encuentra felicidad en sus hijos. Si bien se dedica a la lectura y estudia idiomas, extraña la vida intelectual que encontraba en Viena. Melanie se ve aquejada de sentimientos depresivos.

Budapest (1910-1920)

En 1910 Arthur consigue trabajo en Budapest, lo que resulta un cambio favorable también para Melanie, ya que encuentra en esta ciudad el clima intelectual que añoraba.

El 1 de julio de 1914 nace Erich, su tercer hijo, pero el 6 de noviembre muere su madre, con quien había logrado reencontrarse tras un prolongado distanciamiento. Se intensifican sus sentimientos depresivos. Es en este mismo año que Melanie Klein lee Sobre los sueños (Freud, S., 1901), hecho que constituirá en un hito en su vida ya que sintió casi de inmediato que “eso era aquello a lo que yo me dirigía, al menos durante los años en los que yo anhelaba intensamente hallar lo que pudiera satisfacerme intelectual y emocionalmente. Inicié el análisis con S. Ferenczi.”1

Budapest, ciudad de intensa vida intelectual, contó desde el comienzo con un fervoroso grupo receptivo al psicoanálisis. S. Ferenczi se había puesto en contacto con S. Freud en 1908, cuando lo visitó en Viena, y surgió entre ambos un fuerte vínculo de afecto y colaboración intelectual. S. Freud admiraba la rapidez de comprensión de sus ideas por parte de S. Ferenczi, así como el entusiasmo con que las difundía. S. Freud enviaba a S. Ferenczi los originales de sus trabajos antes de publicarlos y el grupo de Budapest tenía oportunidad de conocerlos con anticipación. Al comienzo, las reuniones de este grupo eran informales y es probable que M. Klein asistiera a algunas de ellas en 1914.2

A pesar de haber vivido muchos años en Viena, M. Klein no solo no conoció a S. Freud sino que no parece haber tenido noticias de

él ni de su obra durante este período. En varias oportunidades de su vida posterior lamentó no haberlo conocido antes.

Estalla la Primera Guerra Mundial y tanto S. Ferenczi como A. Klein se incorporan al ejército austro-húngaro. En 1916 el esposo de Melanie regresa como inválido de guerra, herido en una pierna. El matrimonio enfrenta graves dificultades.

El 28 y 29 de septiembre de 1918 M. Klein asiste al V Congreso Psicoanalítico Internacional que se celebra en Budapest y en el que S. Ferenczi es elegido Presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional.3

La concurrencia a este Congreso no estuvo reservada exclusivamente a los psicoanalistas. Fue un Congreso en el que se destacaron tanto la calidad de los trabajos como la atmósfera entusiasta. Parecía inminente la posibilidad del reconocimiento oficial de psicoanálisis por las autoridades, al mismo tiempo que circulaba una petición para que se creara en la universidad una cátedra de Psicoanálisis a cargo de S. Ferenczi.

Las siguientes pueden haber sido las primeras palabras que escuchó de boca del mismo S. Freud:

“Nunca hemos presumido de que nuestros conocimientos y nuestra capacidad sean completos y concluyentes. Estamos ahora tan dispuestos como antes a admitir las imperfecciones de nuestra comprensión, a aprender cosas nuevas y a modificar nuestros métodos del modo como su perfeccionamiento exija.”4

Este Congreso, realizado en tiempos de guerra, causa una fuerte impresión en M. Klein y, según ella misma recuerda,

“Esa impresión fortaleció mi deseo de dedicarme al psicoanálisis. Durante el análisis con Ferenczi, éste me llamo la atención acerca de mis grandes dotes para comprender a los niños y de mi interés en ellos y alentó mucho mi idea de dedicarme al análisis de niños (...) No he visto (...) que la educación pudiera cubrir la totalidad de la comprensión de la personalidad y que, por lo tanto, tenga la influencia que uno desearía que tuviera. Siempre sentí que detrás había algo que nunca llegué a percibir.”5

Los acontecimientos políticos son sumamente cambiantes y potencialmente peligrosos por lo que hacia fines de 1918 y a instancias de su esposo, Melanie y sus hijos se radican a Ruzómberok (Eslovaquia), donde residen sus suegros, mientras que Arthur viaja a Suecia por razones de trabajo.

Melanie Klein hace un viaje a Budapest para asistir a la reunión de la Sociedad Psicoanalítica Húngara del 13 de julio de 1919 en la que lee Notas sobre el desarrollo intelectual de un niño6 que se basa en la experiencia que viene desarrollando con su hijo menor, Erich (pero que en el texto es presentado como “Fritz, hijo de conocidos que viven cerca de mi casa”). Su calidad suscita interés, elogios y comentarios que la ayudarán a seguir desarrollando sus ideas. Después de leído el trabajo y por su calidad es elegida Miembro de la Sociedad Psicoanalítica Húngara. No obstante, su residencia sigue estando en Ruzómberok, donde vuelve luego de esta presentación en Budapest.

1920 es un año sumamente significativo en la vida de M. Klein.

Del 8 al 12 de septiembre de ese año concurre al VI Congreso Psicoanalítico Internacional realizado en La Haya (Holanda). Asiste a la presentación del trabajo Técnica del análisis de niños, de H. von Hug-Hellmuth, la principal especialista en psicoanálisis de niños del momento.

Pero el hecho destacado es que en ese mismo Congreso S. Ferenczi le presenta a K. Abraham (Presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín), quien se siente interesado por la labor de M. Klein y la invita a radicarse en Berlín para ejercer el psicoanálisis de niños. Debemos tener en cuenta que hasta ese momento solo había tenido un paciente (Fritz-Erich) y frente a esta invitación de K. Abraham se siente dispuesta a aceptarla.

En ese mismo año publica La novela familiar `in statu nascendi´7 y en diciembre lee en la Sociedad Psicoanalítica Húngara Contribuciones al análisis de la temprana infancia.8 Las fiestas de fin de año las pasa con sus suegros en Ruzómberok y luego se traslada a Berlín con sus hijos,9 pero no con Arthur, quien permanece en Suecia (luego obtendrá la ciudadanía sueca). Esta separación, aparentemente dictada por los hechos, culminará algunos años después en divorcio.

Detengámonos por un momento antes de adentrarnos en lo ocurrido en los años berlineses de M. Klein.

Los tres trabajos que hasta ese momento había escrito (Notas sobre el desarrollo intelectual de un niño, La novela familiar `in statu nascendi´ y Contribuciones al análisis de la temprana infancia) se refieren al mismo niño, Fritz (o sea, su hijo Erich). El primero de ellos recoge las experiencias de educación sexual, orientada psicoanalíticamente, iniciadas en marzo de 1919 en Ruzómberok (que continuaban para la época de la presentación del trabajo, en julio de 1919), probablemente a instancias de S. Ferenczi. La misma se basaba en el criterio de responder lo más ampliamente posible la curiosidad sexual expresada por el niño y observar los efectos de estos esclarecimientos.

En algún momento posterior, la experiencia que está llevando adelante con su hijo Erich adquiere un giro similar al de Juanito años antes: lo que era una observación psicoanalítica necesita devenir en tratamiento a raíz de la aparición de manifestaciones psicopatológicas: inhibiciones, síntomas y angustias.

El segundo trabajo se basa en un episodio puntual extraído de la experiencia que viene desarrollando. Es recién en el tercer trabajo de esta época (Contribuciones al análisis de la temprana infancia) donde aparece una referencia a la dimensión terapéutica de la experiencia que viene llevando a cabo. De modo que la invitación para que se radique en Berlín y ejercer el psicoanálisis de niños es fruto tanto de las dotes de M. Klein como de la perspicacia de K. Abraham para intuir rápidamente el talento de esta, por ahora, principiante y aún inexperta psicoanalista.

Berlín (1921-1926)

En enero de 1921 Melanie ya se encuentra en Berlín. El 3 de febrero presenta la Segunda Parte de El desarrollo de un niño que denomina Análisis infantil.10

Continua con su trabajo terapéutico con Erich, para lo cual suele consultar a K. Abraham cuando se presentan circunstancias problemáticas. Especialmente ante la aparición de intensas ansiedades. Melanie ya sabía que la aparición de ansiedades era lo habitual en este tipo de trabajo (que luego la interpretación aliviaba); pero por momentos es la intensidad de la ansiedad la que la perturba. Karl Abraham la insta a que continúe con la modalidad de trabajo que venía aplicando, ya que, si hasta ahora las ansiedades se habían aliviado con las interpretaciones, no había motivo para cambiar. La misma M. Klein señala, muchos años después, que ya en ese momento su trabajo se desviaba de algunas de las reglas establecidas hasta entonces, pues interpretaba lo más urgente del material, focalizándose en las ansiedades y las defensas frente a ellas.

Es posible que en esta época comience a llevar a cabo una experiencia similar con sus otros dos hijos. Asimismo, atiende niños (a partir de 1922) del Policlínico recientemente inaugurado por K. Abraham. Entre 1921 y 1922 presenta varias contribuciones breves extraídas de su práctica, de las cuales las siguientes son algunos ejemplos: Trastornos de la orientación en los niños, Algunas observaciones sobre la angustia latente, Algunas observaciones sobre una composición escolar, etcétera.

Entre el 25 y el 27 de septiembre de 1922 asiste al VII Congreso Psicoanalítico Internacional de Berlín. Tiene la oportunidad de leer ante S. Freud su trabajo El desarrollo y la inhibición de las aptitudes en el niño (será el núcleo de Análisis infantil que se publicará al año siguiente).

El 20 de febrero de 1923 es elegida Miembro Titular de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín y sigue presentando breves trabajos surgidos de su clínica.

Pero el hecho destacado (que quizás pueda considerarse el comienzo del psicoanálisis kleiniano propiamente dicho) es que a mediados de ese año inicia el tratamiento de Rita (de dos años y nueve meses), que se prolongará hasta octubre de ese mismo año.11 Este tratamiento comienza en la casa de la niña. M. Klein acepta el uso de los propios juguetes de la niña e interpreta los juegos que despliega, del mismo modo que lo hacía con Erich. No obstante, ante las interferencias provenientes de algunos miembros de la familia, decide continuar en su consultorio, ofreciendo allí juguetes a la niña: lo que fuera una circunstancia espontánea deviene un desarrollo técnico trascendente de la mano de la perspicacia de M. Klein.12

Escribirá en 1955: “Este análisis era el comienzo de la técnica psicoanalítica del juego, porque desde el principio el niño expresó sus fantasías y ansiedades principalmente jugando y, al aclararle consistentemente su significado, apareció material adicional en su juego”.13

Confirma los hallazgos realizados con Erich al mismo tiempo que toma noticia de la presencia de una instancia crítica interna muy severa a una temprana edad, así como de fantasías sádicas anales y uretrales y situaciones de ansiedad específicas de las niñas. Estos hallazgos deben aguardar brevemente antes de aparecer publicados ya que los dos trabajos trascendentes que da a conocer en este año 1923 están todavía basados en materiales clínicos pre-Rita: El papel de la escuela en el desarrollo libidinoso del niño y Análisis infantil.

A principios de 1924 comienza a analizarse con K. Abraham y entre el 21 y 23 de abril asiste al VIII Congreso Psicoanalítico Internacional que se realiza en Salzburgo. Lee Sobre la técnica del análisis de niños muy pequeños, que se basa fundamentalmente, ahora sí, en la experiencia analítica que iniciara con Rita. Es probable que en esta versión mencionara la concepción oral del coito en los niños así como precisas referencias al despliegue de la transferencia en el análisis infantil.14

Ernest Jones, Presidente de la Asociación Británica de Psicoanálisis y de la Asociación Psicoanalítica Internacional,15 presente en dicho Congreso, queda sumamente impresionado ante el trabajo de M. Klein y la invita, para el año siguiente, a dar una ciclo de conferencias sobre el psicoanálisis de niños en Londres.

Durante ese año de 1924 M. Klein continúa su labor clínica y sigue presentando varios trabajos, siempre de inspiración clínica: Efectos que producen las interrupciones del tratamiento en el análisis de niños, La actividad del Superyó en el cuarto año de vida de un niño, Manifestaciones infantiles del sentimiento de culpabilidad, etcétera.

El 11 y 12 de junio de 1924 se lleva a cabo la Reunión de Psicoanalistas Alemanes organizada por K. Abraham y M. Klein presenta Extracto de análisis de una neurosis obsesiva de una niña de seis años.16 Es en esta ocasión que K. Abraham pronuncia aquellas palabras que tanto impactaron a la misma M. Klein: “El porvenir del psicoanálisis está en el análisis de niños”. La impactaron porque ella se consideraba sinceramente la continuadora de las ideas de S. Freud y de K. Abraham, que sus ideas eran el reflejo de lo que descubría en la clínica con sus pacientitos basándose en las ideas de estos dos maestros y que cualquier analista podría corroborarlas con solo seguir el camino.

Pero muy otro era el clima entre los miembros de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín con respecto a los desarrollos que M. Klein venía realizando. Más cercanos a Anna Freud, no aceptaban las ideas con respeto a la importancia del sadismo oral en el desarrollo temprano ni que M. Klein rechazara enfáticamente las medidas pedagógicas que propugnaba Anna como forma de contribuir al inicio y aún continuación del tratamiento psicoanalítico de niños. M. Klein obviamente percibe esta situación, pero sabe que cuenta con el firme respaldo de K. Abraham.

Continúa con su labor clínica. En diciembre de 1924 finaliza el tratamiento de Trude, encontrándose muy avanzados los de Peter y Ruth. Erna llevaba seis meses de tratamiento (restando todavía 18 meses más).

También durante 1924 presenta en la Sociedad de Viena el trabajo Principios psicológicos del análisis infantil, ante S. Freud y su hija Anna.

Alix Strachey, también analizada de K. Abraham, se interesa en las teorías de M. Klein. Hace llegar a su esposo, J. Strachey, noticias de los trabajos de M. Klein y por intermedio de este son informadas en la Sociedad Británica, en la que la posibilidad del análisis de niños era debatida con mucho interés. El 7 de enero de 1925 J. Strachey lee un resumen de la obra de M. Klein ante la Sociedad Británica de Psicoanálisis. En las actas de dicha presentación constan las críticas de E. Glover: hacer consciente lo reprimido en cualquier estadio de la evolución del niño puede tener resultados perjudiciales (aunque admite como excepción a los casos de aquellos niños que pueden llegar a desarrollar tendencias psicóticas).

En 1925 presenta Analogías entre ciertos crímenes y la fantasía de los niños en las habituales reuniones científicas de la Sociedad de Berlín y publica Una contribución a la psicogénesis de los tics que se basa en sus ideas de 1923 (es decir, sin incluir todavía los últimos desarrollos teóricos a los que la conducen los tratamientos de Rita, Trude, Ruth, Erna y Peter).

Un hecho aciago y de mucha trascendencia es que K. Abraham, su analista, mentor y firme apoyo a su trabajo psicoanalítico, enferma y debe suspender sus actividades en junio de 1925. Mientras M. Klein, como todos los miembros de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, esperaba su recuperación (que nunca ocurrirá),17 decide aceptar la invitación que el año anterior le hiciera E. Jones.

En el verano de 1925 viaja por seis semanas a Londres. Desarrolla una serie de seis conferencias (que constituirán la base de la primera parte de El psicoanálisis de niños) ante los miembros de la Sociedad Británica de Psicoanálisis que se llevan a cabo en la casa de Adrian Stephen. Obtiene una decidida aceptación, algunos miembros le solicitan que analice a sus hijos y E. Jones la invita a instalarse por un año en Inglaterra. Conoce a S. Isaacs y a J. Rivière, las que posteriormente serán sus colaboradoras.

Regresa a Berlín y continúa con sus actividades mientras espera la recuperación de K. Abraham, que no ocurre. En medio de un nuevo y penoso duelo, ahora sin el apoyo de K. Abraham, se le hace difícil su situación en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, por lo que reconsidera la invitación de trasladarse por un año a Londres.18 Concluye los análisis que tiene en curso y se traslada a Londres.

Aparece publicado en el International Journal of Psycho-Analysis Principios psicológicos del análisis temprano (versión más acabada de sus ideas que ya había comenzado a dar forma a través de presentaciones previas).19

Londres (1926-1960)

En septiembre de 1926 llega a Londres, con 44 años de edad, quien será una de las inspiradoras de la denominada Escuela Inglesa de Psicoanálisis. Su hijo Erich llega al poco tiempo, mientras Hans permanece estudiando en Berlín. Melitta, que se ha casado con W. Schmideberg, estudia Medicina en Berlín.

“En la década del veinte, cuando funda el International Journal y dirige con mano maestra la Sociedad Británica, Ernest Jones echa las bases de un gran desarrollo del psicoanálisis, donde aparecen ideas renovadoras y originales que comprenden el desarrollo psicosexual infantil, sobre todo la etapa anal, la sexualidad femenina, la teoría del carácter, la naturaleza de la angustia, el origen del Superyó y otros temas no menos importantes.

El punto de partida de lo que va a ser la escuela inglesa puede ubicarse en la convergencia de esas investigaciones con la llegada de Melanie Klein a Londres en 1926, invitada por Jones.”20

Estas palabras del Dr. Horacio Etchegoyen liberan de cualquier otro comentario adicional acerca de la trascendencia de este momento para el psicoanálisis.

En sus primeros años londinenses se origina en la Sociedad Británica de Psicoanálisis una fuerte corriente de interés por sus ideas, lo que justifica que en este momento su pensamiento psicoanalítico integre la denominada Escuela Inglesa de Psicoanálisis (diferenciándose del pensamiento psicoanalítico continental). Joan Rivière (analizada de S. Freud y con quien ella mantenía asidua correspondencia), S. Isaccs y P. Heimann; S. Payne, M. Brierly y E. Sharpe; A. Strachey, N. Searl, E. Glover, etcétera, se interesan por su pensamiento, al que hacen aportes clínicos, que M. Klein acepta.

Este grupo de estrechos colaboradores se preocupa, en esta época, por aportar argumentos teóricos adecuados a las convicciones de M. Klein, a la vez que la instan a que supere la reticencia con respecto a las nuevas ideas que iba gestando. Es en este lapso (1926-1932) que M. Klein también se dedica a preparar y redactar El psicoanálisis de niños, su primer libro y que será el más importante publicado, hasta ese momento, por miembro alguno de la Sociedad Británica.

Simposium sobre análisis infantil (1927)

En 1927 Anna Freud hace una exposición sobre la técnica del análisis infantil en la Sociedad de Berlín, siendo clara la oposición a las ideas de M. Klein. La contribución escrita que M. Klein enviara para esta oportunidad (todavía miembro de dicha Sociedad) no es presentada.

Por su parte, la Sociedad Británica organiza del 4 al 18 de mayo de 1927 un Simposio sobre Análisis Infantil.

“Melanie Klein lo abrió con un trabajo riguroso sobre su técnica del juego, en el que campeaba un tono fuerte de polémica frente al libro de Anna Freud, Psicoanálisis del niño, recién publicado. Todos los que hablan en el Simposio, Joan Rivière, M. N. Searl, Ella F. Sharpe, Edward Glover y Ernest Jones, se declaran en favor de la técnica lúdica y reprueban la fase pedagógica propuesta por Anna Freud para poner en marcha el análisis de niños. Ya sabemos que Freud se molestó por la publicación de este simposio y, en septiembre de 1927, se lo hizo saber a Jones (Jones, 1955-1957, 3: 152).”21

Este Simposio marca claramente la diferencia de fondo entre Londres y Viena respecto del análisis de niños. M. Klein señala fenómenos de transferencia que se pueden observar en la primera infancia por lo que la situación analítica se puede desplegar como en el análisis de adultos. Por el contrario, A. Freud no acepta que pueda darse una reedición transferencial:

“Cuando todavía no está agotada la primera −esto es, la relación del niño con los padres− y que, carente todavía de superyó, el niño necesita que el analista sea también educador. El analista debe guiar al niño, atraerlo al tratamiento, hacerlo tomar conciencia de enfermedad; sólo entonces podrá analizarlo...

La idea de que tanto la transferencia positiva como la negativa deben interpretarse equidistantemente, según aparezcan y más allá de toda estrategia, es la base de la técnica kleiniana, no sólo en el análisis del niño sino también del adulto y el psicótico. Melanie Klein se declara partidaria de la interpretación profunda, busca tomar contacto con el inconsciente del niño e interpreta el complejo de Edipo exhaustivamente.

Según Klein el complejo de Edipo se inicia mucho antes de lo que Freud señaló y con él el Superyó, tanto más severo cuanto más temprano. Aquí la discrepancia es absoluta e irreductible. Anna Freud considera, como su padre, que el Superyó es el heredero del complejo de Edipo y sólo se instituye con su disolución (Freud, 1923, 1924). Melanie Klein no pone en duda que el Superyó se origina por la introyección de los padres edípicos; pero sostiene que el proceso es gradual y empieza mucho antes. Como en otros campos de su investigación, Melanie Klein prefiere adherir aquí a las teorías de Freud antes que construir las propias, si bien es cierto que, en este caso, carece todavía de los instrumentos conceptuales necesarios, esto es, una teoría del mundo interno y de los objetos introyectados.”22

En octubre de 1927 M. Klein es elegida miembro plenario de la Sociedad Británica de Psicoanálisis.

Viena-Londres

En septiembre de 1927 se lleva a cabo el X Congreso Internacional en Innsbruck. Ernest Jones lee El desarrollo temprano de la sexualidad femenina, M. Klein Estadios tempranos del conflicto edípico y A. Freud Sobre la teoría del análisis de niños. Quedan planteadas en esos textos las diferencias que sobre la sexualidad femenina y el análisis de niños separan a los analistas de Viena y de Londres.

En 1930 su hija Melitta, ya graduada, llega a Londres y participa activamente en la Sociedad Británica de Psicoanálisis. En 1932 es elegida miembro pleno de la Sociedad e inicia un análisis con E. Glover. Comienza a generarse, de parte de ambos, una oposición a M. Klein.

En abril de 1934 muere Hans (segundo hijo de Klein) en un accidente de montañismo. Esta vivencia, sumamente dolorosa, aparecerá reflejada en El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos ([1938] 1940).

Dado que las discrepancias entre Viena y Londres cobran una fuerte tensión se propone la realización de una serie de reuniones científicas. El 24 de abril de 1935 E. Jones lee en Viena La sexualidad femenina temprana, trabajo que plantea con precisión las diferencias de las dos escuelas en cuanto al desarrollo psicosexual de la mujer. En realidad, las opiniones de E. Jones reflejaban las de otros analistas del continente (K. Horney, M. Chadwick y J. Müller) así como las de la misma M. Klein.

Aprovechando su permanencia en Viena,

“Jones habló a Freud extensamente de Melanie Klein y de sus aportes al psicoanálisis, sin lograr convencerlo. El 26 de mayo de 1935, Freud le escribió: ‘Yo no considero que nuestras divergencias teóricas sean de poca monta, pero siempre que tras de tales discrepancias no se escondan malos sentimientos, no hay por qué temer consecuencias enojosas. Puedo afirmar decididamente que nosotros, en Viena, no hemos puesto ninguna mala voluntad en esta disputa, y, por otra parte, su amabilidad ha servido de reparación por la forma en que Melanie Klein y su hija se comportaron con Anna. Es verdad que en mi opinión su Sociedad ha seguido a la Sra. Klein por un camino equivocado, pero la esfera en que ella ha hecho sus observaciones me es ajena, de manera que yo no tengo derecho a tener ninguna convicción bien establecida’.” (Jones, 1955-1957, 3: 216).23

La segunda reunión científica se llevó a cabo en Londres. A ella viajó R. Wälder (noviembre de 1935). Para la tercera J. Rivière leyó en Viena (5 de mayo de 1936) Sobre la génesis del conflicto psíquico en la primera infancia, que fuera comentado ampliamente por el mismo Wälder (1937).

Afirma J. Rivière en su trabajo.

“Mientras los analistas de Londres piensan que disponen de instrumentos para conocer el primer año de vida, los vieneses se muestran escépticos, al par que consideran que ni los impulsos oral-sádicos ni los mecanismos de introyección y proyección tienen tanto peso como se pretende en Londres: ‘Las situaciones de ansiedad que surgen del interjuego de la agresión y la libido forman el punto de partida de una gran parte del trabajo de los analistas ingleses’.”

Y agrega que

“La mente del niño responde a su medio con una interpretación subjetiva de la experiencia, que lleva a cabo a través de mecanismos de introyección y proyección, base de su vida de fantasía. Para los vieneses, y desde luego para el mismo Freud, el Yo se va organizando poco a poco y no existe en el lactante −al menos como instancia capaz de esa supuesta vida de fantasía por demás compleja.

Visto con una perspectiva actual, se podría decir que la controversia radica en el primer año de vida y adquiere una valencia doble que cuestiona el método y el contenido de la investigación kleiniana... Las objeciones de Wälder siguen teniendo cierta vigencia, si bien el progreso de la investigación psicoanalítica de todas las escuelas nos ha ido aproximando de hecho a un mejor conocimiento del primer año de la vida.”24

Se incrementa el éxodo, comenzado en 1933, de los analistas continentales que se dirige principalmente hacia Inglaterra. La Sociedad Británica y E. Jones se habían ocupado de la situación de los analistas continentales. En 1938 estos constituían un tercio de la Sociedad Británica.

Ahora, la discusión Viena-Londres comienza a darse dentro mismo de la Sociedad Británica:

“En especial a partir de la presentación de Una contribución a la psicogénesis de los estados maníaco-depresivos en el XIII Congreso Internacional de Lucerna (1934), donde Melanie Klein empieza a construir hipótesis propias para dar cuenta de sus descubrimientos. La teoría de la posición depresiva se apoya sin duda en Freud (1917) y Abraham (1924), pero va más allá en su intento de ordenar el primer año de la vida, la etapa oral, en función del yo, de la angustia y la relación de objeto. Este esfuerzo se continuará con el XV Congreso (París, 1938), con El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos (1940). Estas afirmaciones significan un cambio teórico de gran envergadura.”25

En 1937 aparece Amor, odio y reparación, de M. Klein y J. Rivière.

Alemania invade Austria en marzo de 1938 y el 6 de junio S. Freud llega a Londres. M. Klein le hace llegar una nota de bienvenida y le expresa su deseo de verlo; S. Freud le responde con un agradecimiento por su nota, pero el encuentro nunca se lleva a cabo.

“El 3 de septiembre de 1939 se declara la guerra y veinte días después muere Freud. Klein se encuentra ya en Cambridge con Susan Isaacs y al año siguiente se instala en Pitlochry, donde tiene lugar el análisis de ‘Richard’ en 1941. En ese período Jones se retira al campo y E. Glover pasa a ocupar el primer lugar en la Sociedad Británica. En septiembre del ‘41 Klein regresa a Londres. A las polémicas en relación a puntos de la teoría se sumaban discusiones en relación a las condiciones de formación y al manejo político de la Sociedad.”26

Las Controversial Discussions (1943-1944)

Como una continuación de los intercambios Viena-Londres, la Sociedad Británica decide realizar encuentros mensuales (fueron 11) dedicados a la discusión de las diferencias científicas que tenían por centro las ideas de M. Klein y su grupo de colaboradoras. Estas reuniones se extendieron desde enero de 1943 hasta mayo de 1944 y son conocidas como las Controversias. Edward Glover pretendía que tanto M. Klein como S. Isaacs fueran expulsadas de la Sociedad Británica por haberse apartado de los conceptos básicos del psicoanálisis freudiano. Con gran dolor, M. Klein observa que su hija Melitta está de parte de E. Glover.

Melanie Klein y su grupo presentaron cuatro trabajos: Naturaleza y función de la fantasía (S. Isaacs); Algunos aspectos del papel de la introyección y la proyección (P. Heimann); Regresión (S. Isaacs y P. Heimann) y finalmente el 1 de marzo de 1944 M. Klein leyó La vida emocional y el desarrollo del Yo del lactante, con especial referencia a la posición depresiva. Estos escritos son la base de Desarrollos en psicoanálisis, libro publicado en 1952. Melanie Klein no publicó el trabajo que leyó en las Controversias pero fue la base de otros conocidos escritos, entre los que se destaca Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del lactante (1952).

Las discusiones se centraron en el trabajo de S. Isaacs que es una rigurosa fundamentación de ese punto central del pensamiento de la escuela kleiniana.

“Las Controversial Discussions dieron una nueva fisonomía a la Sociedad Británica, con tres grupos bien definidos, el de Anna Freud, el de Melanie Klein y el de los analistas independientes o middle group, el más amplio, donde se alistaron los que reconocían valores en la obra de Klein, pero no la aceptaban en bloque y se reservaban el derecho a criticarla y refutarla. Como consecuencia de esta gran polémica y gracias a las gestiones conciliatorias de Silvia Payne, el Instituto de Londres se reorganizó en dos grupos, el A con los analistas kleinianos e independientes y el B, de Anna Freud. Desde ese momento (...) ya no corresponde hablar de una escuela inglesa de psicoanálisis sino de grupos o tendencias, de pensadores originales que mantienen alto el prestigio de la Sociedad [Británica].”27

Como consecuencia del resultado de estas Controversias, E. Glover renuncia a la Sociedad Británica y Melitta se traslada a Estados Unidos.

Sus nuevos desarrollos

La creatividad de M. Klein continúa aportando nuevas contribuciones al psicoanálisis. Se destaca, entre otros, Notas sobre algunos mecanismos esquizoides (1946) (que dará fuerte basamento a los desarrollos poskleinianos) con el que se completa la “Teoría de las posiciones”.

En el Congreso de Ginebra (1955) presenta un nuevo desarrollo centrado ahora en el papel de la envidia en la vida psíquica que dará lugar en 1957 a su libro Envidia y gratitud.

En 1955 se edita un número especial del International Journal of Psicho-Analysis dedicado a los 70 años de M. Klein. Los artículos publicados en esa ocasión serán la base del libro Nuevas direcciones en psicoanálisis.

El 1 de febrero de 1955 se crea la Asociación Melanie Klein para fomentar su obra. Paula Heimann, a pedido de la misma M. Klein, renuncia a dicha Asociación. Se distancia a raíz de las teorías sobre la envidia primaria que M. Klein presentara en 1957, lo mismo que D. Winnicott.

Ernest Jones muere en 1958 y M. Klein queda muy apenada. Se encuentra aquejada de osteoartritis progresiva y luego se le declara una anemia. Se le detecta un cáncer de colon. La operan a principios de septiembre de 1960, pero sufre complicaciones y finalmente muere el 22 de septiembre de 1960.

11 Grosskurth, Ph. (1986). Melanie Klein. Her world and her work, London: Maresfield Library. Melanie Klein. Su mundo y su obra, Buenos Aires: Paidós, 1990.

2 Ibídem.

3 No obstante, S. Ferenczi se verá imposibilitado de desempeñar esta función dadas las condiciones políticas que sobrevendrían a la brevedad a raíz de la derrota del Imperio austro-húngaro el 31 de octubre de 1918. Ernest Jones asumirá provisionalmente esas funciones hasta el siguiente Congreso Internacional en que será elegido Presidente de la API.

4 Freud, S., Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica; ((1919 [1918]), AE, 17, pp. 151-163). No obstante, H. Segal señala que ya en 1917 M. Klein había sido presentada a S. Freud en ocasión de un Congreso que reunía a las sociedades psicoanalíticas de Austria y Hungría.

5 Prefacio de El psicoanálisis de niños.

6 Estas Notas constituyen la primera parte de El desarrollo de un niño que se denomina La influencia del esclarecimiento sexual y la disminución de la autoridad sobre el desarrollo intelectual de los niños, publicado en 1921 en alemán en Imago, v. 7, pp. 251-309 y en inglés en 1923 en I.J.P.A., v. 4, pp. 419-474. En estas publicaciones están incluidas las dos partes del trabajo. La primera leída el 13 de julio de 1919 en la Sociedad Psicoanalítica Húngara y la segunda leída el 3 de febrero de 1921 en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín.

7 Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, 1920, 6: 151-155; Psicoanálisis, 1981, 3, pp. 301-307).

8 Mencionado en International Journal of Psycho-Analysis, 1920, I, p. 370.

9 En enero de 1921 fija como su domicilio el de la Clínica Psicoanalítica de Berlín.

10 No es el trabajo homónimo de 1923. Precisamente este último recogerá tres trabajos que presentará en 1922 (uno de ellos lo leerá ante el mismo S. Freud en el VII Congreso Internacional de Psicoanálisis llevado a cabo en Berlín. No es un detalle menor que haya podido leer un trabajo ante él. Demuestra la importancia que los discípulos más allegados a S. Freud otorgaban a dicho trabajo, lo consideraban de tal valor que justificaba que ocupara un lugar en un Congreso de Psicoanálisis en el que se encontraba presente.). Estos tres trabajos se basan en material clínico surgido de los primeros análisis llevados a cabo en Berlín entre 1921 y 1922.

Por su parte, 1923 trae cambios importantes en la clínica de M. Klein que la llevará a nuevos descubrimientos de la mano de Rita y luego, en 1924, Trude, Ruth, Peter y, fundamentalmente, Erna.

11 El 7 de octubre de 1923 K. Abraham informará por carta a S. Freud de esta experiencia que estaba llevando a cabo a cabo M. Klein.

12 En La técnica psicoanalítica del juego: su historia y significado (1955) sostiene: “Al ofrecer como introducción a este libro un trabajo dedicado especialmente a la técnica del juego lo hice impulsada por la creencia de que mi investigación con niños y adultos, y mi contribución a la teoría psicoanalítica como un todo, derivan en última instancia de la técnica del juego que desarrollé con niños pequeños. No significa esto que mi labor posterior fuera la aplicación directa de la técnica del juego; pero la comprensión que obtuve acerca del temprano desarrollo, de los procesos inconscientes y de la naturaleza de las interpretaciones por las que puede abordarse el inconsciente, ha tenido una gran influencia en mi trabajo con niños mayores y adultos”. Asimismo, “me guiaron siempre otros dos principios del psicoanálisis establecidos por Freud, que desde el primer momento consideré como fundamentales: la exploración del inconsciente es la tarea principal del procedimientos psicoanalítico, y el análisis de la transferencia es el medio de lograr este fin.” En Nuevas direcciones en psicoanálisis, Buenos Aires: Paidós, 1965, p. 21.

Como se puede apreciar, la técnica psicoanalítica del juego, tal como la ha desarrollado M. Klein, implica mucho más que el mero uso de juegos o juguetes.

13 Análisis infantil recoge tres trabajos que presentó en 1922 (uno de ellos en el VII Congreso Internacional de Psicoanálisis llevado a cabo en Berlín en septiembre de 1922). Estos tres trabajos se basan en material clínico surgido de los primeros análisis llevados a cabo en Berlín entre 1921 y 1922.

Recordemos que es recién en 1923 que aparecen cambios importantes en la clínica de M. Klein de la mano del tratamiento de Rita y luego, ya en 1924, de Trude, Ruth, Peter y, fundamentalmente, Erna.

14 De este trabajo se cuenta un resumen publicado en el International Journal of Psycho-Analysis. El mismo es el antecedente de Principios psicológicos del análisis infantil (1926) en el que agregará las tesis referidas al comienzo del complejo de Edipo inmediatamente después del destete, así como la introyección del Superyó desde el comienzo mismo del conflicto edípico. En este texto definitivo M. Klein ya incluye material clínico no solo de Rita sino de Ruth, Trude y Erna (pacientes que comenzó a analizar en 1924).

15 Hasta este mismo Congreso, en el que es elegido K. Abraham como Presidente de la API.

16 En este texto se fundamentará el capítulo 3 del libro El psicoanálisis de niños.

17 Karl Abraham fallece el 25 de diciembre de 1925.

18 M. Klein no consideraba trasladarse de Berlín a no ser por los cambios que introdujo la muerte de K. Abraham. Su análisis personal era el motivo para tal actitud.

19 El 22 de abril de 1924 en el Congreso Internacional de Salzburgo; el 13 de diciembre de 1924 en una Conferencia en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín y el 17 de diciembre de 1924 en la Sociedad Psicoanalítica de Viena ante Sigmund y Anna Freud.

20 Etchegoyen, Horacio, Notas para una Historia de la Escuela Inglesa de Psicoanálisis, Revista de la Escuela de Psicoterapia para Graduados, n. 6, p. 14, Buenos Aires, 1981, cursivas nuestras.

21 Ibídem.

22 Ídem, p. 15.

23 Ibídem.

24 Ídem, p. 20.

25 Ídem, p. 23.

26 Ídem, p. 25.

27 Ibídem, p. 25.

Capítulo 2 El desarrollo de un niño - I Una crianza basada en la actitud parental “fundada en una franqueza sin límites”

Ricardo Antar

En estas primeras experiencias de M. Klein comprobamos no solo algunos episodios del desarrollo de un niño sino también los primeros pasos de su propio desarrollo como psicoanalista. Estos muestran con claridad las coordenadas fundamentales que guían al pensador; coordenadas que la complejización posterior de la obra pueden dejar algo oscurecidas, haciendo necesario que se las rescate periódicamente.

Melanie Klein decidió emprender la experiencia de una “crianza fundada en conocimientos psicoanalíticos” que restringiera a un mínimo la “resistencia [a la autoridad] y sumisión [a la autoridad]” así como “evitar las consecuencias inhibitorias y perjudiciales para el desarrollo mental”1 que aún ese mínimo pudiera ocasionar. Es probable que esta experiencia con su hijo Erich comenzara en Budapest en el último trimestre de 1918 y que continuara en Ruzómberok en 1919.

Por lo que relata M. Klein, en la inquieta Budapest ya se desarrollaba uno de los tantos capítulos (que se seguirán eslabonando por lo menos hasta la actualidad) en los que se planteaba la necesidad de instruir a los niños sobre temas sexuales como forma de protegerlos, durante la pubertad, de los peligros cada vez mayores de la ignorancia.

Pero, los resultados del psicoanálisis, por su parte, ponían de relieve otros peligros que, si bien pueden pasar desapercibidos ante una mirada desprevenida, no son menos reales. Se trata de aquellos que surgen de la represión de la sexualidad y que se manifiestan en síntomas psíquicos tales como inhibiciones, desarrollos patológicos del carácter o dificultades en el desarrollo de la capacidad intelectual. Resultaba evidente, entonces, que los niños debían ser protegidos, dentro de lo posible, con información veraz y esta tarea podía ser llevada a cabo por la escuela. Pero, fundamentalmente, debían ser criados de forma tal que resultara innecesario, o casi innecesario, cualquier esclarecimiento especial. Y esta era una “tarea para el hogar”.

¿Cómo se lograría?

“Podemos evitar al niño una represión innecesaria liberando –primero y principalmente en nosotros mismos– la entera y amplia esfera de la sexualidad de los densos velos de secreto, falsedad y peligro, tejidos por una civilización hipócrita sobre una base afectiva y mal informada. Dejaremos al niño adquirir tanta información sexual como exija el desarrollo de su deseo de saber, despojando así a la sexualidad de una vez de su misterio y de gran parte de su peligro. Esto asegurará que los deseos, pensamientos y sentimientos no sean en parte reprimidos y en parte, en la medida en que falla la represión, tolerados bajo una carga de falsa vergüenza y sufrimiento nervioso, como nos pasó a nosotros. Además, al impedir esta represión, esta carga de sufrimiento superfluo, estamos sentando las bases para la salud, el equilibrio mental y el desarrollo positivo del carácter. Sin embargo, este resultado incalculablemente valioso no es la única ventaja que podemos esperar para el individuo y para la evolución de la humanidad, de una crianza fundada en una franqueza sin límites. Tiene otra consecuencia no menos importante: una influencia decisiva sobre el desarrollo de la capacidad intelectual.”2

Algunas puntualizaciones sobre esta cita.

a) Las represiones intrapsíquicas del niño guardarían estrecha relación con una actitud semejante en los padres, por lo que una modificación de la actitud de ellos es una precondición necesaria (pero no suficiente, como pronto lo confirmará la misma M. Klein) para la evitación de las represiones en los niños. El denominado “medio ambiente”, el “entorno” del niño, tiene en esta actitud parental uno de sus principales componentes, si no el principal.

b) Si bien menciona factores que podríamos denominar sociales (“los densos velos de secreto, falsedad y peligro, tejidos por una civilización hipócrita sobre una base afectiva y mal informada”) no centra en ellos ninguna acción destinada a modificarlos (lo cual no quiere decir que no sea deseable una modificación beneficiosa de los mismos, pero esto dependerá precisamente del accionar del individuo). Es el adulto3 el que tiene la responsabilidad de llevar adelante el esfuerzo de (tener el coraje de −dirá M. Klein más adelante en este mismo trabajo− liberarse de esos condicionantes).4

c) Esta actitud parental debe guardar una fina sintonía con los deseos y necesidades del niño para no funcionar como una actitud “esclarecida”, “poseedora” del conocimiento. Por el contrario, su función es estimular el desarrollo del deseo de saber (que implica saber ignorar y poder ignorar), es decir, el despliegue de pensamientos y sentimientos. Todo esto sería sinónimo de “evitar al niño una represión innecesaria”.

d) “Evitar una represión innecesaria” implica, entonces,

1) Sentar las bases para la salud, el equilibrio mental y el desarrollo positivo del carácter;

2) una influencia decisiva sobre el desarrollo de la capacidad intelectual (que es uno de los principales intereses de M. Klein en estos momentos). Es necesario destacar, asimismo, la originalidad del enfoque ya que determina la capacidad intelectual en función de las vicisitudes de estos mecanismos psíquicos.

A continuación, dice que “la verdad de esta conclusión extraída de las experiencias y enseñanzas del psicoanálisis quedó confirmada en forma clara e irrefutable por el desarrollo de un niño del que tengo ocasión de ocuparme con frecuencia.”5

Obviamente no transcribiremos la referencia completa de la experiencia con Erich (que se encuentra en el texto original que forma parte de la bibliografía) sino que trataremos de señalar las principales líneas de fuerza que la ordenan (aquellas “coordenadas” a las que nos referíamos anteriormente).

Melanie Klein comienza destacando la aparición, hacia los cuatro años y medio de Erich, de un período en que se manifiestan

a) un poderoso impulso a hacer preguntas y

b) un “sentimiento de omnipotencia” que lo lleva a creer que tanto él como sus padres conocían y podían todo.

Entre ambos elementos se crea una tensión (”la lucha entre el principio de realidad y el principio de placer”) cuyas vicisitudes marcarán el desarrollo del niño.

Inmediatamente después aparecen preguntas sobre el nacimiento que, siguiendo el lineamiento propuesto para la experiencia en curso,

“eran siempre contestadas con la verdad absoluta, y, cuando era necesario, con una explicación científica adaptada a su entendimiento, pero tan breve como fuera posible. Nunca se hacían referencias a las preguntas que ya se le hubieran contestado, ni tampoco se introducía un nuevo tema, a menos que él lo repitiera o comenzara espontáneamente una nueva pregunta.”6

Estas preguntas sobre el nacimiento aparecieron bajo distintas formas: “¿Para qué se necesita un papá?”, “¿Dónde estaba yo antes de nacer?”, “¿Cómo se hace una persona?”

El niño muestra un cierto “displacer”, una falta de deseo de aceptar la respuesta que le da la madre, lo que lo lleva a dejar de formularle la pregunta para planteársela a la niñera, quien le respondió que “la cigüeña traía a los bebés y que Dios hacía a la gente, [respuestas que] lo satisficieron sin embargo solo por pocos días” por lo que volvió finalmente “más dispuesto a aceptar la respuesta de la madre como la verdad”.7 Es en este momento que Erich también logra captar “algunas ideas que habían sido repetidamente comentadas en el período precedente a las preguntas sobre el nacimiento, pero que tampoco, aparentemente, habían quedado del todo aclaradas.”8

Esto demostraba que los conocimientos no eran fácilmente asimilados ya que en torno a ellos se constituía el mencionado conflicto entre el principio de placer (que lo llevaba a preferir explicaciones mágicas que le permitieran sostener la omnipotencia propia y de su ambiente) y el principio de realidad (que le imponía explicaciones “menos bellas pero más plausibles y reales”). Se abre entonces un período en que Erich “revisa” con su madre aquellas ideas que “son cuentos” o se refieren a cosas inexistentes (la liebre de Pascua, Papá Noel, el Diablo, etcétera) y aquellas otras que son verdaderas y existen (por ejemplo, que los regalos de Navidad los traen los padres y que son ellos también los que hacen a los niños).

En este punto se le plantea a Erich una cuestión que podríamos formular así: “Existe lo que vemos, pero ¿todo lo que no vemos no existe?” Para resolverla deberá dar un sólido paso adelante en su desarrollo, al mismo tiempo que su madre deberá hacer algún ajuste en su posición frente al niño y en su relación con el padre.

Démosle la palabra al niño para tratar de captar los dilemas en que se debate:

“‘Los niños L. me dijeron que la liebre de Pascua no vino en la Pascua sino que fue la niñera quien escondió las cosas en el jardín’. ‘Tenían razón’, contestó la madre. –‘¿No hay liebre de Pascua, no es cierto?, ¿Es un cuento?’ –‘Por supuesto.’ –‘¿Y tampoco existe Papá Noel?’ –‘No, tampoco existe.’ –‘¿Y quién trae el árbol y lo arregla?’ –‘Los padres.’ –‘¿Y tampoco hay ángeles, eso también es un cuento?’ –‘No, no hay ángeles, eso también es un cuento’. Evidentemente estos conocimientos no fueron fácilmente asimilados, porque al final de esta conversación preguntó después de una breve pausa, ‘¿Pero hay cerrajeros, no? ¿Son reales? Porque si no, ¿quién haría las cerraduras?’.” 9

Más adelante:

“‘Mamá, veo lo que existe, y lo que yo veo está realmente allí, ¿no? Veo el sol y el jardín, pero no veo la casa de tía María, y sin embargo está ahí también, ¿no?’ La madre le explicó por qué no podía ver la casa de su tía María y él preguntó: ‘Mamá, ¿tú tampoco puedes ver su casa?’ Y demostró su satisfacción cuando ella replicó que no.”10

Toda la referencia a que hay cosas que no se ven y, sin embargo, existen así como la mención al “cerrajero que hace las cerraduras” (¡clarísimo simbolismo genital que a la M. Klein que todavía no ha terminado de advenir no se le escaparía!) nos hacen pensar que el niño está interrogándose (e interrogando a la madre) sobre el papel del padre en la cuestión de “¿Cómo se hace una persona?”, que a su vez implica las diferencias sexuales.

En medio de la elaboración de la cuestión del nacimiento surge esta pregunta: “¿Pero hay realmente Dios?”11 La respuesta de que solo existe lo que se ve y que Dios no se ve sigue sin satisfacer a Erich, ya que el niño sigue interrogado acerca de la casa de su tía María que si bien no se ve, no obstante, existe, cuestión que su madre le ha confirmado. Quizás no sea casual que sea el padre de Erich quien resuelva la situación, para alivio del niño y de su madre: “Mira, [...] nadie ha visto nunca a Dios y algunos creen que Dios existe y otros creen que no existe. Yo creo que existe, pero tu madre cree que no existe.”12

La evolución del niño, luego de esta explicación en la que ambos padres aparecen sosteniendo posiciones diversas ante un mismo problema, muestra que no se ha menoscabado la autoridad de ellos frente al niño y que éste no ha experimentado sentimiento de inseguridad alguno. Por el contrario, el desarrollo se ha estimulado y ahora sus indagaciones se han abierto a “la existencia en general”, ganando en amplitud:

“Cómo crecen los dientes, cómo se quedan los ojos adentro (en las órbitas), cómo se forman las líneas de la mano, cómo crecen los árboles, las flores, los bosques, etcétera; si el tallo de la cereza crece con la fruta desde el comienzo, si las cerezas verdes maduran dentro del estómago, si las flores que se sacan de la planta se pueden volver a plantar, si la semilla que se recoge inmadura madura después, cómo se hace una fuente, cómo se hace un río, cómo van los botes al Danubio, cómo se hace el polvo; además, sobre la fabricación de los más variados artículos y materiales.”13

A continuación, su curiosidad se centra en “penetrar en las profundidades”, es decir, se trata de la curiosidad (ahora sí reconocida por la madre) por “la participación del padre en el nacimiento del niño”, así como la “investigación sobre las diferencias sexuales”. Por ejemplo, pregunta si su madre y su hermana fueron siempre niñas, si él nunca fue niña, si el padre fue siempre varón, si el padre también creció dentro de su propia madre, también manifiesta interés por sus heces y su “pipatsch” (nombre afectuoso que da a su pene), etcétera.

Ahora, el siguiente paso en esta evolución consiste en los renovados

“esfuerzos por investigar la realidad y evidencia de cosas que hacía tiempo le eran familiares, de actividades que había practicado y observado repetidas veces, y de cosas que había conocido desde hacía años. En esta forma adquiere un juicio independiente propio del que puede extraer sus propias conclusiones.”14

“Por ejemplo, comía un pedazo de pan duro y decía: ‘El pan está muy duro’; después de comerlo: ‘Yo también puedo comer pan muy duro.’ Me preguntó cómo se llamaba eso que se usaba para cocinar y que estaba en la cocina (se le había escapado la palabra). Cuando se lo dije, manifestó: ‘Se llama hornalla porque es una hornalla. Yo me llamo Fritz porque soy Fritz. A ti te llaman tía porque eres tía.’ Durante una de las comidas no había masticado convenientemente un trozo de alimento y por esta razón no pudo tragarlo. Continuando su comida, dijo: ‘No bajará porque no lo mastiqué.’ Inmediatamente después: ‘Una persona puede comer porque mastica.’ Después del desayuno dijo: ‘Cuando revuelvo el azúcar en el té se va a mi estómago.’ Dije: ‘¿Es verdad eso?’ ‘Sí, porque no se queda en la taza y va a mi boca’. Las certezas y realidades adquiridas en esta forma le sirvieron evidentemente como patrón de comparación para nuevos fenómenos e ideas que requerían elaboración.”15

“Real-irreal” dejan de referirse solamente a lo que se percibe y a lo que no se percibe, respectivamente, para “adquirir ahora un significado completamente distinto por la forma en que lo usaba”. Efectivamente, cuando Erich declara “real” a la casa de su tía María a pesar de no verla, ha avanzado un paso más: “transforma la realidad de lo que solo es visto en la realidad de lo que es pensado.” “Hizo esto estableciendo como ‘real’ algo que sobre la base de su desarrollo intelectual del momento parecía esclarecedor –y solo algo adquirido de esta forma– y adoptándolo entonces.”16

Melanie Klein centra en este momento evolutivo la posibilidad de un daño específico (“en la dimensión de profundidad”) en la “capacidad intelectual” (o “el pensar”, como también lo denomina) de los niños:

“El miedo a tener que reconocer como falsas las ideas que la autoridad le impone como verdaderas, el miedo a tener que sostener desapasionadamente que cosas repudiadas e ignoradas existen efectivamente, lo ha conducido a evitar penetrar más profundamente en sus dudas, y en general a huir de la profundidad. En estos casos creo que el daño puede haber influido el desarrollo del instinto de conocer, y de ahí también el desarrollo del sentido de la realidad, debido a la represión en la dimensión de profundidad.” 17

El siguiente paso de Erich se centra sobre un problema similar pero en el campo de sus relaciones con los demás: “demostró claramente su necesidad de que se definieran en forma precisa las limitaciones de sus derechos y poderes” tratando de comprenderlo por medio de ejemplos:

“‘Nadie puede sacarme lo que me pertenece, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera mamá o papá?’ y se sintió muy contento cuando estuve de acuerdo con él. El mismo día le preguntó a la madre: ‘Mamá, tú no me prohíbes hacer cosas sólo por una razón’ (usando aproximadamente las palabras que ella había empleado). Una vez dijo a su hermana: ‘Yo puedo hacer todo lo que soy capaz de hacer, lo que soy bastante listo para hacer y se me permite’. Otra vez dijo: ‘¿Puedo hacer todo lo que quiero, no es cierto? Sólo no ser travieso’.”18

No obstante, se trata de un proceso con vaivenes, ya que el principio de realidad no se ha consolidado, lo que lleva a que aparezcan formaciones de compromiso entre ambos principios, formaciones que en general adoptan la forma de descubrir hasta dónde se extiende la propia omnipotencia y la de sus padres:

“Un día después de plantear la cuestión de la liebre de Pascua, etcétera, me preguntó cómo arreglan los padres el árbol de Navidad y si se lo fabrica o crece realmente. Después preguntó si sus padres no podrían decorar un bosque de árboles de Navidad y dárselo cuando llegaran las fiestas. El mismo día le pidió a la madre que le diera el lugar B. (adonde iría en el verano) para poder tenerlo inmediatamente.” 19

En realidad, mantiene una actitud ambivalente ante la omnipotencia atribuida a los padres: a veces parece contentarse al saber que los padres tampoco conocen ni pueden todo y otras veces esta información le desagrada.

Melanie Klein comienza a cerrar esta primera parte de su trabajo con un resumen que denomina Perspectivas pedagógicas y psicológicas. Allí pone de manifiesto cómo entiende el conflicto que se le plantea al niño en su desarrollo intelectual. Para ella existe una “curiosidad natural y un impulso a indagar sobre a) lo desconocido y b) sobre datos y fenómenos previamente supuestos.”20

Pero el niño puede encontrar obstáculos que afecten su desarrollo intelectual dañándolo tanto en la dimensión de profundidad como en la de amplitud.

En el primer caso, la indagación, la curiosidad, se desplegará solo en superficie. En este caso, la persona también fracasará en los problemas profundos que hacen a la ejecución de las distintas tareas o bien encontrará dificultades en distinguir lo verdadero de lo dogmático en las cuestiones profundas.

En el segundo caso, cuando queda afectada la dimensión de la amplitud, aparecerá una “falta de [amplios] intereses” que lleva al niño a una “aversión a atacar nuevas preguntas. En consecuencia, dirige todo el remanente de energía libre en profundidad a unos pocos problemas especiales”. Tendremos entonces al “investigador” que dedica toda su vida a un cierto problema sin desarrollar ningún otro tipo de intereses; o bien aquel otro que, pudiendo penetrar profundamente en los problemas, logra descubrir nuevas e importantes verdades, pero fracasa en las realidades mayores o menores de la vida cotidiana.

Estos daños acaecidos en el desarrollo quedan como prototipo durante toda la vida:

“Sucede a menudo que niños que manifiestan en sus observaciones (generalmente al comienzo del período de latencia) una capacidad mental extraordinaria, y parecen justificar grandes esperanzas para el futuro, más tarde quedan rezagados y luego, aunque probablemente sean adultos bastante inteligentes, no dan pruebas de poseer un intelecto superior al término medio. Las causas de este fracaso podrían involucrar un daño mayor o menor en una u otra dimensión de la mente [profundidad o amplitud]. Esto se confirmaría por el hecho de que tantos niños que por su extraordinario placer en hacer preguntas, y por la cantidad de preguntas que hacen –o por sus constantes investigaciones del “cómo” y “por qué” de todo– fatigan a los adultos, sin embargo después de algún tiempo renuncian a ellas y finalmente manifiestan poco interés o superficialidad de pensamiento. El hecho de que el pensar –afectado en total o en una u otra dimensión– no pudo en ellos extenderse en toda dirección, impidió el gran desarrollo intelectual al que, cuando niños, parecían destinados.” 21

La causa principal de esta restricción del desarrollo intelectual es el repudio y la negación de lo sexual y primitivo, aunque la imposición posterior de ideas confeccionadas (“el cúmulo de ideas éticas y morales”), presentadas de tal forma que el intelecto del niño encuentra difícil sacar conclusiones o deducciones propias, cumple un papel no menor en este daño:

“Tenemos tendencia a subrayar el ‘coraje’ del pensador que, en oposición a la costumbre y a la autoridad, logra llevar a cabo investigaciones completamente originales. No habría tanta necesidad de ‘coraje’ si no fuera que los niños necesitan un espíritu especial para pensar por sí mismos, en oposición a las más altas autoridades, las cuestiones delicadas que en parte son negadas y en parte prohibidas.” 22

Pero

“la introducción [en un momento posterior] de ideas sobrenaturales no verificables presenta un nuevo peligro para el pensamiento. La idea de una deidad invisible, omnipotente y omnisciente es abrumadora para el niño, tanto más debido a que dos cosas favorecen marcadamente su fuerza efectiva.”23

Una de estas dos cosas “es una necesidad innata de autoridad”. Esta necesidad innata de autoridad se basa en la tempranísima percepción del niño de su propio desamparo que lo lleva a concebir la existencia de fuerzas protectoras que adoptan la forma de una deidad. El segundo factor es el que se aprecia en la siguiente cita:

“Pero también el innato sentimiento de omnipotencia, ‘la creencia en la omnipotencia del pensamiento’, que [...] están tan profundamente enraizadas y por lo tanto son permanentes en el hombre, el sentimiento de la propia omnipotencia acoge la aceptación de la idea de Dios. Su propio sentimiento de omnipotencia conduce al niño a atribuirla también a su ambiente.”24

“El conflicto que el naciente sentido de la realidad tiene que emprender contra la innata tendencia a la represión, el proceso que hace que el conocimiento (al igual que las adquisiciones de la ciencia y la cultura en la historia de la humanidad) también en el individuo deba ser adquirido con dolor, junto con los inevitables obstáculos encontrados en el mundo externo, son todos sustitutos más que suficientes de la oposición, que se supone que actúa como incitante del desarrollo, sin poner en peligro su independencia. Todo lo demás que tenga que ser superado en la infancia –ya sea oposición o sometimiento–, toda resistencia externa adicional, es por lo menos superflua pero muy frecuentemente perjudicial porque actúa como restricción y barrera.” 25

Y para cerrar, otra cita:

“Mis observaciones me han convencido de que incluso con esto a menudo sólo conseguimos una parte de lo que nos proponíamos [...] aprendemos del análisis de neuróticos que sólo una parte de los perjuicios causados por la represión puede atribuirse a un ambiente nocivo u otras condiciones externas perjudiciales. Otra parte muy importante se debe a una actitud por parte del niño, presente desde los más tiernos años. El niño desarrolla frecuentemente, sobre la base de la represión de una fuerte curiosidad sexual, un rechazo indomable a todo lo sexual que sólo un análisis minucioso puede luego superar. No siempre es posible descubrir a partir del análisis de adultos –especialmente en una reconstrucción– en qué medida las condiciones adversas y en qué medida la predisposición neurótica son responsables del desarrollo de la neurosis.”26

1 Klein, M., El desarrollo de un niño, en Contribuciones al psicoanálisis, Buenos Aires: Hormé, 1964, p. 37, nota n. 18.

2 Ídem, pp. 19-20.

3 ¡Y el niño mismo!, como tendremos oportunidad de apreciar más adelante en el texto.

4 Melanie Klein afirmará en una significativa nota al pie: “Indudablemente cualquier crianza, incluso la más comprensiva, como implica cierto monto de firmeza, causará cierto monto de resistencia y sumisión. Así también es inevitable y necesario para el desarrollo cultural y la educación que haya mayor o menor monto de represión. Una crianza fundada en conocimientos psicoanalíticos restringirá a un mínimo este monto, sin embargo, y sabrá cómo evitar las consecuencias inhibitorias y perjudiciales para el desarrollo mental.”, ob. cit., p. 37, nota 18.

5 Ídem, p. 20.

6 Ídem, p. 21.

7 Ídem, p. 22.

8 Ibídem, nota 3.

9 Ídem, p. 22.

10 Ídem, p. 24.

11 Quizás sea otra forma que tiene Erich de preguntar por el papel del padre (Dios Padre, el creador) en la cuestión de “¿Cómo se hace una persona?”. En las preguntas del niño la idea de Dios está relacionada con el hecho de la creación –es decir, algo que no existía, pasa a existir a partir de un momento dado, momento cuya naturaleza y acción es necesario explicar– y la madre tiende a responderle que las cosas han sido siempre así y han estado siempre ahí.

Esto nos evoca, aunque desde otro punto de vista, la fórmula latina citada por Freud en La novela familiar de los neuróticos (1909 [1908], AE, 9, pp. 218-219): “El padre es siempre incierto, la madre es certísima”. El padre parece hacer referencia siempre a una instancia que tiene alguna dimensión de abstracción o hipotética.

12 Klein, M., ob. cit., p. 24.

13 Ídem, pp. 25-26. Este es el momento en que “la capacidad intelectual” de los niños gana en amplitud de intereses ya que “reconoce como reales cosas e ideas de todos los días, tangibles, simples...”.

14 Ídem, p. 27. Observemos que M. Klein no relaciona, al menos no en forma explícita, esta mayor actividad cognoscente, esta necesidad de penetrar en las profundidades, esta necesidad de formarse un juicio propio afrontando sus propias evidencias que le eran familiares, con el hecho de que “una vez también dijo a su padre mientras sostenía el bastón de este último entre sus piernas. ‘Mira, papá, qué enorme pipi que tengo’, manifestando así su identificación con él.”

15 Ibídem.

16 Ídem, p. 28. Podemos comparar esta situación con la del científico que declara “real” aquello que sus hipótesis lo llevan a sostener, sabiendo que en cualquier momento pueden descubrirse evidencias que llevarán a refutar esta declaración de “realidad”.

17 Ídem, p. 35.

18 Ídem, pp. 29-30.

19 Ídem, pp. 30−31.

20 Ídem, p. 35.

21 Ídem, p. 36-37.

22 Ídem, p. 37.

23 Ídem, p. 38.

24 Ídem, p. 38.

25 Ídem, p. 37.

26 Ídem, p. 41.

Capítulo 3 El desarrollo de un niño - II La posibilidad, la necesidad y el sentido del “análisis temprano”

Ricardo Antar

En esta segunda parte M. Klein propone proseguir con la tarea iniciada en la parte anterior del artículo; es decir, la profilaxis no solo de “enfermedades subsiguientes sino también (prevenir perjuicios permanentes) del carácter y del desarrollo intelectual”:

“Yo plantearé ahora la cuestión de qué aprendemos del análisis de adultos y niños que podamos aplicar al considerar la mente de los niños menores de seis años, ya que es bien sabido que los análisis de neurosis revelan traumas y fuentes de perjuicio en acontecimientos, impresiones o desarrollos que ocurrieron en edad muy temprana, es decir, antes del sexto año de vida. ¿Qué proporciona esta información para la profilaxis?”1

Luego de reiterar los enormes beneficios que surgen de una crianza con principios psicoanalíticos, señala que se ve obligada a mencionar las dificultades a que la misma se enfrenta:

a) una de ellas es la falta de posibilidad interna de llevarla adelante por parte de padres y educadores no analizados.

b) Pero la mayor limitación se encuentra en que

“solo una parte de los perjuicios causados por la represión puede atribuirse a un ambiente nocivo u otras condiciones externas perjudiciales. Otra parte muy importante se debe a una actitud por parte del niño, presente desde los más tiernos años ... No siempre es posible descubrir a partir del análisis de adultos −especialmente en una reconstrucción− en qué medida las condiciones adversas y en qué medida la predisposición neurótica son responsables del desarrollo de la neurosis.”2

En conexión con este tema, M. Klein retoma la experiencia con Erich en el momento en que el niño repetía frecuentemente preguntas3 que se tornaban estereotipadas, “en tanto que las que se debían a un evidente impulso de investigación disminuían y se tornaban de carácter especulativo. Al mismo tiempo aparecieron preguntas preponderantemente superficiales, no meditadas y aparentemente sin fundamento.”4 Más aún, después “de este reciente período (...) de creciente rumiación y preguntas superficiales, hubo un cambio. El niño se volvió taciturno y mostró marcado desagrado por jugar.”5

No obstante, aunque

“este cambio no podía menos que llamar la atención de un ojo atento, aun entonces su estado no podía considerarse como ‘enfermo’. Su sueño y estado general de salud eran normales. Aunque tranquilo y más revoltoso, como resultado de su falta de ocupaciones, seguía siendo amistoso; podía tratárselo como de costumbre y estaba alegre. Sin duda que también los últimos meses su inclinación por la comida dejaba mucho que desear; empezó a ser caprichoso y mostraba marcado disgusto por ciertos platos, pero por otra parte comía lo que le gustaba con buen apetito. Se aferraba más apasionadamente a la madre, aunque, corno ya se dijo, se aburría en su compañía. Era uno de esos cambios que por lo general o no son advertidos especialmente por los que se encargan del niño, o si son advertidos, no se los considera de importancia.”6

Pero se trata de la curiosidad inconsciente, y por lo tanto...

Aquí M. Klein realiza un desarrollo en sus planteos: “la curiosidad sexual reprimida es una de las principales causas de cambios mentales en los niños.”7 En consecuencia, una profilaxis basada en las concepciones psicoanalíticas debe abordar esta cuestión (y no solo la curiosidad consciente) en la crianza de los niños. Se trata de un desarrollo en la concepción de los hechos que obliga a un desarrollo en los medios para abordarlos.

Melanie Klein encuentra en las palabras de A. von Freund, pronunciadas en Budapest en ocasión de la discusión de la Primera Parte de este trabajo, un claro apoyo en la determinación del camino a seguir:

“[El] Dr. Anton Freund había argumentado que mis observaciones y clasificaciones eran ciertamente analíticas, pero no así mi interpretación, ya que yo sólo había considerado las preguntas conscientes y no las inconscientes. En ese momento repliqué que creía que bastaba considerar las preguntas conscientes en tanto no hubiera razones convincentes para lo contrario. Sin embargo, después vi que su opinión era la correcta, que considerar sólo las preguntas conscientes había resultado insuficiente.”8

... hay que llevar a cabo un “análisis temprano”.

Melanie Klein introduce, entonces, un giro en la experiencia con Erich que va a culminar en la postulación de la posibilidad del “análisis temprano” (early analysis). Este análisis temprano, que tiene una dimensión tanto preventiva como terapéutica, es el que se lleva a cabo con niños menores (¡bastante menores!) de seis años. Melanie Klein parece dejar reservada, por ahora, la denominación de “análisis infantil” (child analysis) para la modalidad que H. von Hug-Hellmuth presentó en 1920, con niños mayores.

Veamos ahora los pasos que se pueden observar luego de que M. Klein llegara a la conclusión de que “era conveniente dar al niño la información restante, que hasta entonces no se le había proporcionado.”9

1) La madre aprovecha una de sus preguntas poco frecuente

“cuáles plantas crecían de semillas (...) para explicarle que los seres humanos también provienen de semillas y para esclarecerlo sobre el acto de la fecundación. Pero estaba abstraído y no atendía. Interrumpió la explicación con una pregunta irrelevante y no mostró ningún deseo de informarse sobre detalles. (...) Dio la impresión de que no había entendido de ningún modo esta nueva información y que no deseaba entenderla.”10

La experiencia parece estar empantanada. ¿Qué hacer?

Si se trata de acceder al inconsciente...

2) En este momento M. Klein imprime otro giro a la experiencia, consecuente con el anterior: 11

“Sin embargo, la madre se las arregló con un chiste con el que se conectaba un pequeño cuento, para lograr su atención y reconquistar su aprobación. Le dijo, al darle una confitura, que ésta lo había estado esperando largamente e inventó una pequeña historia sobre ella. El niño se entretuvo mucho con esto y expresó su deseo de que se la repitieran varias veces; y luego escuchó con placer la historia de la mujer en cuya nariz creció, ante el deseo de su esposo, una salchicha. Entonces empezó a hablar espontáneamente, y desde entonces relató historias fantásticas, largas y cortas, a veces originadas en otras que había escuchado, pero la mayoría enteramente originales, que proporcionaron una cantidad de material analítico. Hasta entonces el niño había mostrado tan poca tendencia a contar historias como a jugar. En el período que siguió a la primera explicación había mostrado, es cierto, una fuerte tendencia a contar historias e hizo varios intentos de hacerlo, pero en general había sido una excepción. Estas historias, que no tenían nada siquiera del arte primitivo que generalmente emplean los niños en sus cuentos en imitación de las realizaciones de los adultos, producían el efecto de sueños a los que faltaba la elaboración secundaria. A veces empezaban con un sueño de la noche anterior y luego continuaban como historias, pero eran exactamente del mismo tipo cuando las empezaba desde el principio como historias. Las contaba con enorme deleite; de cuando en cuando, al aparecer resistencias −a pesar de cuidadosas interpretaciones− las interrumpía, pero sólo para reanudarlas poco después con placer.”12

Melanie Klein pasa a ser coherente con algo que ella misma había postulado anteriormente: primero hay levantar las resistencias en el adulto. Es ella, entonces, la que tiene el coraje de salirse del rígido esquema de brindar información “anatómica”, “científica”, que “corrigiera” las “concepciones fantásticas e inexactas” del niño, para dar lugar al despliegue de esa otra dimensión de la mente en la que encontrará las “teorías sexuales infantiles”.

... hay que contar con medios adecuados a los mecanismos del inconsciente, aquellos que se observan en el sueño, el chiste, el fantasear.

No parece casual que haya usado un “chiste” para ello, siendo que este fue objeto de muchísimo estudio por parte de S. Freud, demostrando su relación con el inconsciente. Sigmund Freud es el claro trasfondo inmediato de estas líneas, tal como lo evoca “la historia de la mujer en cuya nariz creció, ante el deseo de su esposo, una salchicha”.

Ahora M. Klein descubre en las producciones del niño otra dimensión, aquella que las muestra como “material analítico”. Es decir, como expresión del inconsciente y por lo tanto... ¡hay que interpretarlo!, aunque cuidadosamente.

Y confirma algo que forma parte de las originales pre-concepciones de M. Klein: el material se despliega en varias dimensiones, y con él “el desarrollo del niño”, ya que no solo se manifiestan fantasías sumamente claras en cuanto a su significado inconsciente sino que también juega más y muestra un auténtico y ardiente deseo por conocer:

“Sus juegos, como sus fantasías, mostraban extraordinaria agresividad contra el padre y también, por supuesto, su ya claramente indicada pasión por la madre. Al mismo tiempo se volvió conversador, alegre, podía jugar durante horas con otros niños, y luego mostró un deseo tal de progresar en toda rama del conocimiento y aprendizaje que en poco tiempo y con muy poca ayuda aprendió a leer. Mostró tanta avidez en esto que casi parecía un niño precoz. Sus preguntas perdieron el carácter compulsivo y estereotipado. Este cambio fue indudablemente el resultado de haber liberado su fantasía; mis cautas y ocasionales interpretaciones sirvieron sólo hasta cierto punto como ayuda en esta cuestión.”13

Citemos:

“Está sentado en la bacinilla por la mañana temprano y explica que las ‘cacas’ están ya en el balcón, han corrido arriba otra vez y no quieren ir al jardín (como designa repetidamente a la bacinilla). Yo le pregunto: ‘“¿Son éstos los niños que crecen en el estómago?’”14

Melanie Klein, como primera actitud frente al material del niño, ahora “acepta” la teoría anal del niño, sin apresurarse a “refutarla” con la verdad “anatómica”. Vemos también que el niño “sabe” muchas cosas, pero se muestra sumamente atento cuando se ve ante la perspectiva de encontrar una explicación al enigma del papel del padre en la gestación de bebés, que su teoría del “estómago” le explicaba insatisfactoriamente:

“‘Papá puede hacer algo con su pipí que se parece bastante a la leche y se llama semen; lo hace como haciendo pipí pero no en tanta cantidad. El pipí de mamá es diferente del de papá.’ (Me interrumpe.) ‘Ya sé eso.’ Yo digo: ‘El pipí de mamá es como un agujero. Si papá pone su pipí en el pipí de mamá y hace su semen allí, entonces el semen corre muy adentro de su cuerpo y cuando se encuentra con algunos de los huevitos que están dentro de mamá, entonces ese huevito empieza a crecer y se transforma en un niño’.

Fritz escuchaba con gran interés y dijo: ‘Me gustaría mucho ver cómo se hace un niño adentro así’. Le explico que esto es imposible hasta que sea mayor porque no puede hacerlo hasta entonces y que entonces lo hará él mismo. ‘Pero entonces me gustaría hacérselo a mamá.’ ‘Eso no puede ser, mamá no pude ser tu esposa porque es la esposa de tu papá; entonces papá no tendría esposa.’ ‘Pero podríamos hacérselo los dos a ella’; yo le digo: ‘No, eso no puede ser, cada hombre tiene sólo una esposa. Cuando tú seas mayor tu mamá será vieja. Entonces tú te casarás con una hermosa joven y ella será tu esposa.’ Él (casi llorando y con temblorosos labios): ‘¿Pero no viviremos en la misma casa junto con mamá?’ Yo: ‘Sí, seguramente, y tu mamá siempre te querrá, pero no puede ser tu esposa.’ Él preguntó entonces sobre varios detalles: cómo se alimenta el niño en el cuerpo materno, de qué está hecho el cordón, cómo sale, estaba muy interesado y no se notó mayor resistencia. Al final dijo: ‘Pero por solo una vez me gustaría ver como entra y sale el niño’.”15

Este hermoso fragmento muestra muchos de los nudos de la existencia humana y cómo un niño, frente a ellos y de la mano de un adulto valiente y sincero, se comporta con mucha más sensatez de la que algunos esperan. Más adelante, en este mismo trabajo, sostendrá que:

“siempre [y no sólo ahora que se nos propone hablar con el niño sobre estos temas] ha sido tarea de la crianza, incluso la habitual hasta ahora, enseñar al niño la diferencia entre fantasía y realidad, entre verdad y falsedad. La diferencia entre desear y hacer (y después también la expresión del deseo) puede vincularse fácilmente con estas diferencias. Los niños en general son tan fáciles de enseñar y tan culturalmente dotados que seguramente aprenderán con facilidad que, aunque puedan pensar y desear todo, sólo una parte puede llevarse a cabo.

Por consiguiente, pienso que no hay necesidad de tener indebida ansiedad sobre estas cuestiones. No hay crianza sin dificultades, y seguramente las dificultades que actúan más bien desde afuera hacia adentro representan una carga menor para el niño que las que actúan inconscientemente desde adentro. Si uno está internamente convencido de que este método es correcto, entonces con poca experiencia se superarán las dificultades externas. Pienso también que un niño psíquicamente fortificado por un análisis temprano, puede tolerar con más facilidad y sin perjuicio los problemas inevitables.”16

Melanie Klein dice que en “conexión con esta conversación que hasta cierto punto resolvió sus teorías sexuales, mostró por primera vez verdadero interés por la parte hasta entonces rechazada de la explicación, que solo ahora asimiló realmente”.17 No obstante, reconoce que en “este caso la adhesión parcial a esta teoría podría deberse también al hecho de que [a] yo sólo había interpretado una parte del rico material analítico, y que [b] aún estaba activa una parte del erotismo anal inconsciente.”18

3) El desarrollo del niño continúa ahora con renovado impulso:

“Después de esta elaboración y reconocimiento de los procesos reales, apareció muy en primer plano el complejo de Edipo” (p. 48) y aumentó el placer de jugar y relatar fantasías, tornándose permanente: ‘decía directamente: ‘Ahora jugaré a lo que te conté’ o ‘No contaré esto sino que lo jugaré’. Así como las fantasías inconscientes se expresan generalmente en los juegos, parece probable que, en este caso, como sin duda en otros casos similares, la inhibición de la fantasía era la causa de la inhibición del juego y ambas desaparecieron simultáneamente.”19

Melanie Klein realiza, en estos párrafos, una distinción semiológica entre aquellos juegos compulsivos del niño, los que lleva a cabo con desinterés, a los que denomina “sustitutos del juego” (p. 50) de aquellos otros que manifiestan las características de llevarse a cabo de las formas más variadas y con un poderoso desarrollo de la fantasía. Estamos ya ante las primerísimas intuiciones que la conducirán a la formulación de una teoría psicoanalítica del juego:

“Últimamente, cuando mostraba tan marcado aburrimiento, también había abandonado este sustituto del juego. Cuando, simultáneamente con fantasear se le dio por jugar, o más exactamente, hizo realmente su primera iniciación en el juego, algunos de sus juegos (que él principalmente tramaba con la ayuda de figuritas, animales, personas, carros y ladrillos) consistían, es cierto, en paseos y cambios de casa; pero éstos sólo constituían una parte de su juego, que llevaba a cabo en las formas más variadas y con un poderoso desarrollo de la fantasía, que nunca antes había mostrado.”20

Anticipos de una nueva teoría de la ansiedad en psicoanálisis

4) Detengámonos ahora en otro episodio:

“Otra vez relata: ‘Un caballero perdió su corbata y la busca mucho, por fin la encuentra’. Otra vez relató que le habían cortado el cuello y los pies al diablo. El cuello sólo podía caminar cuando se le habían dado pies. Ahora el diablo sólo podía estar acostado, ya no podía ir por el camino. Entonces la gente creyó que se había muerto. Y una vez él miró por la ventana; alguien lo sostenía, un soldado, que lo empujó fuera de la ventana, y entonces se murió. Me pareció que esta fantasía explicaba un temor (inusitado en él) que había aparecido pocas semanas antes. Estaba mirando por la ventana y la sirvienta estaba parada detrás de él y lo sostenía: manifestó miedo y sólo se tranquilizó cuando la muchacha lo dejó solo. En una fantasía subsiguiente el miedo se mostró como la proyección de sus deseos agresivos inconscientes en un juego en que un oficial enemigo es muerto, maltratado y después resucita.”21

En una nota al pie agrega:

“Hace poco, especialmente durante este período de observación, mostró en forma ocasional, tanto en sus fantasías como en sus juegos, que se apartaba, alarmado, de su propia agresividad. Decía a veces en medio de un juego excitante de ladrones e indios, que no quería jugar más, que estaba asustado, y por cierto que al mismo tiempo mostraba un tremendo esfuerzo para ser valiente. Además, en esa época, si se había golpeado decía: ‘Está bien, este es el castigo porque me porté mal’.”22

Destaquemos dos elementos de estas citas:

a) La relación de las fantasías inconscientes tanto con un sueño como con un hecho sintomático de la vida de vigilia;

b) los esbozos de una teoría de la ansiedad centrada en la propia agresión y su proyección en objetos externos (juguetes o personas), teoría que podemos definir como de neto cuño kleiniano.

El siguiente capítulo de este camino despliega, por su propia dinámica, un proceso que M. Klein propone denominar “análisis temprano”.

Deben interrumpirse las observaciones por un intervalo de más de dos meses (M. Klein no menciona los motivos) y nuevamente aparece la ansiedad en el niño; ansiedad que estaba preanunciada por el rechazo a jugar solo y con otros niños. Melanie Klein piensa que podría deberse a que el niño debería estar reprimiendo más cosas (aquellas que estaban surgiendo por el progreso del análisis) que se estaban haciendo conscientes.23 Asimismo, el hecho de la interrupción de las observaciones facilitó la conversión de libido (aplicada al vínculo intenso con la madre) en ansiedad. Aparecen diversos síntomas.

5) Al reanudarse el vínculo, Klein encuentra al niño con fuertes resistencias y asustado de un sueño (incluso de día) que había tenido.24 El análisis muestra el componente homosexual “hasta entonces poco advertido”.25

Queremos destacar, en este tramo del trabajo de M. Klein, la mención a la “división de la imago materna” (cursiva nuestra). Erich escindió “la imago de la mujer con pene” de “la imago de su madre amada”, para conservarla como amada. De la imago de la mujer con pene (de la que surge la bruja de la fantasía de Erich) se desprende el camino hacia su homosexualidad.

Asimismo, es interesante observar la sutil captación que M. Klein hace de los símbolos que el niño despliega: la vaca (en los juegos y fantasías de Erich) sería una versión menos ansiógena (ya que le produce desagrado) de la bruja (que le produce fuerte ansiedad), en última instancia de la mujer con pene (reprimida).

A partir del trabajo realizado con este nuevo material es que desaparece la ansiedad, por completo (salvo, quizás una ligera fobia a los niños de la calle).

Esta fobia no puede ser analizada, por encontrarse nuevamente de viaje M. Klein, pero el niño la resuelve por un procedimiento que se podría denominar “autocuración”. La mejoría del niño es notable y solo resta una “falta de inclinación por el análisis y también aversión a contar historias y escuchar cuentos.”26

Finaliza aquí el relato de la experiencia.

Varios y muy importantes son los puntos que M. Klein aborda en lo que podríamos considerar las conclusiones de este trabajo.

Podemos apreciar que M. Klein denomina decididamente “análisis” a la experiencia llevada a cabo con Erich.

“Esto me lleva a la conclusión que extraeré de este caso. Creo que ninguna crianza debe hacerse sin orientación analítica, ya que el análisis proporciona una ayuda muy valiosa y, desde el punto de vista de la profilaxis, hasta ahora incalculable. Incluso, si puedo fundamentar esta pretensión en un solo caso en que el análisis resultó de mucha ayuda para la crianza, me baso también en muchas observaciones y experiencias que pude hacer en niños criados sin ayuda del análisis.”27

b) Melanie Klein demuestra conocer profundamente, respetar mucho y basarse en ella mucho más de lo que quizás nos imaginamos, a la pedagogía de su época:

“Incluso si reconocemos la necesidad de introducir el psicoanálisis en la crianza, esto no implica deshacerse de los buenos principios educativos aceptados hasta ahora. El psicoanálisis tendría que servir a la educación como una ayuda −para completarla− sin tocar las bases hasta ahora aceptadas como correctas.28 Los pedagogos realmente buenos se han esforzado siempre −inconscientemente− por lo correcto, y con amor y comprensión trataron de ponerse en contacto con los impulsos más profundos, a veces tan incomprensibles y aparentemente reprensibles, del niño. No es a los pedagogos sino a sus recursos a los que hay que culpar si no tuvieron éxito o sólo lo tuvieron parcialmente, en este intento.”29

El psicoanálisis ofrece a los pedagogos nuevos recursos para lograr, precisamente, aquello por lo que han esforzado siempre.

a) “¿Con qué justificación se introdujo el psicoanálisis en la crianza de este niño?”30

“El niño sufría de una inhibición de juego acompañada de inhibición a escuchar o contar historias. Había también creciente taciturnidad, hipercriticismo, ensimismamiento e insociabilidad. Aunque el estado mental del niño en general no podía ser descrito en este estadio como ‘enfermedad’, de cualquier modo se justifica suponer por analogía desarrollos posibles. Estas inhibiciones con respecto al juego, contar historias, escuchar, y además el hipercriticismo sobre cosas sin importancia y el ensimismamiento, podían haberse convertido en rasgos neuróticos en un estadio posterior y la taciturnidad e insociabilidad en rasgos de carácter.”31

Más aún:

“Sin embargo, pude aprender algo más de este caso; a saber, qué ventajoso y necesario es introducir muy temprano el análisis en la crianza, para preparar una relación con el inconsciente del niño tan pronto como podemos ponernos en contacto con su conciencia. Probablemente así podrían removerse fácilmente las inhibiciones o rasgos neuróticos, en cuanto empiezan a desarrollarse. No hay duda de que el niño normal de tres años, probablemente incluso el niño más pequeño, que tan a menudo muestra intereses muy vívidos, es ya intelectualmente capaz de captar las explicaciones que se le dan, tanto como todo lo demás. Probablemente mucho mejor que el niño mayor, que ya está perturbado afectivamente en esas cuestiones por una resistencia más enraizada, mientras que el niño pequeño está mucho más cerca de estas cosas naturales mientras la crianza no haya extendido demasiado lejos sus influencias perjudiciales. Esta sería entonces, mucho más que en el caso del niño que ya tiene cinco años, una crianza con ayuda del análisis.”32

d) “la influencia de los deseos e impulsos instintivos sólo puede debilitarse haciéndolos conscientes (...) puedo afirmar por mis observaciones que, como en el caso del adulto, también en el niño pequeño esto sucede sin ningún peligro.”33

Esta es una conclusión en alguna medida inesperada ya que el argumento del sentido común dice que si levantamos las represiones los impulsos se encontrarían sin los frenos de la moral y la razón:

“No hay razón para temer (...) un efecto [por el análisis] que pueda hacer peligrar el desarrollo cultural del individuo y con ello la riqueza cultural de la humanidad. Por lejos que podamos ir hay siempre una barrera ante la que forzosamente debemos detenernos. Mucho de lo que es inconsciente y entretejido de complejos seguirá activo en el desarrollo del arte y la cultura. Lo que el análisis temprano puede hacer es procurar protección de graves shocks y superar inhibiciones. Esto ayudará no sólo a la salud del individuo sino también a la cultura, porque la superación de inhibiciones abrirá nuevas posibilidades de desarrollo.”34

e) Precursores del encuadre

* El niño desarrolla el sentido de qué se puede hablar y con quién (encuadre interno):

“Tampoco he sabido de muchas dificultades que puedan surgir del análisis temprano de un niño en contacto con un ambiente que piensa de otro modo. El niño es tan sensible incluso a los desaires más suaves, que sabe muy bien cuándo puede ser comprendido y cuándo no. En este caso el niño renunció completamente, luego de unos ligeros intentos infructuosos, a confiar en nadie más que su madre y yo misma, en estos asuntos. Al mismo tiempo siguió confiando mucho en otros con respecto a otras cosas.”35

** No obstante, es necesario un encuadre témporo-espacial, que el niño también aprende a respetar:

“Un consejo que me dio el doctor Freund me proporcionó una excelente ayuda en este asunto. Establecí cierto horario −incluso aunque tuviera que cambiarlo ocasionalmente− destinado al análisis y aunque a causa de nuestro estrecho contacto diario yo estaba mucho con el niño, en seguida hubo adhesión a esto. El niño accedió perfectamente después de unos pocos intentos infructuosos. En forma similar desalenté firmemente su intento de descargar en cualquier otra forma algo de la agresividad hacia sus padres y hacia mí misma revelada por el análisis, le exigí la norma habitual de modales; en estas cosas también accedió pronto.”36

f) ¿Todo niño requiere esta asistencia?

Es una cuestión delicada, pero hay muchos argumentos para tenerla muy en cuenta para la crianza de los niños. Por ejemplo, M. Klein cita a S. Freud (palabras del caso Juanito):

“No puede trazarse una neta línea divisoria entre los niños nerviosos y los normales, que la enfermedad es una idea recapituladora puramente práctica, que la disposición y la experiencia deben combinarse para llegar a esta suma, que en consecuencia muchas personas sanas pasan a la categoría de nerviosas. (...) Escribe [Freud] en De la historia de una neurosis infantil: ‘Se objetará que pocos niños escapan a perturbaciones tales como rechazo temporal de la comida o fobia a un animal. Pero éste es un argumento bienvenido. Estoy preparado para afirmar que toda neurosis del adulto se erige sobre la base de la neurosis infantil, pero que esta última no siempre es lo bastante grave como para atraer la atención y ser reconocida como tal’.

Sería entonces aconsejable prestar atención a los incipientes rasgos neuróticos de los niños; pero si queremos detener y hacer desaparecer estos rasgos neuróticos, entonces se convierte en una necesidad absoluta la intervención más temprana posible de la observación analítica y ocasionalmente del análisis.”37

g) “¿Cómo poner en práctica una crianza con principios psicoanalíticos?”38

* Melanie Klein denomina “piadoso deseo” el que los padres, niñeros y maestros estén analizados; pero, aunque se lo llegara a lograr, sólo tendríamos relativa seguridad de que se lleven a cabo las medidas recomendadas para una crianza fundada psicoanalíticamente. No aseguraría la posibilidad de un análisis temprano.

** Melanie Klein sugiere que temporariamente, hasta que otros tiempos traigan nuevas posibilidades, puede ser transitoriamente eficaz la fundación de jardines de infantes dirigidos por mujeres analistas. “No hay duda de que una analista que tiene bajo sus órdenes algunas niñeras entrenadas por ella puede observar a muchos niños como para reconocer la conveniencia de una intervención analítica y llevarla a cabo.”39

*** Pero acá M. Klein comienza a visualizar una dificultad a la que el psicoanálisis hasta ese momento no había encontrado una acabada respuesta:

“Por supuesto que entre otras cosas puede objetarse que de este modo el niño en cierta medida y en edad muy temprana quedaría psíquicamente apartado de su madre. Pienso sin embargo que el niño tiene tanto que ganar de este modo, que la madre recuperaría en otros sentidos lo que quizás haya perdido en éste.”40

Todavía es necesario recorrer un trecho del camino que llevará a M. Klein a fundamentar sólidamente al psicoanálisis de niños como una práctica que no interfiere en las relaciones de nuestros pacientitos con sus padres.

1 Klein, M. El desarrollo de un niño; Segunda Parte. Análisis Temprano; Contribuciones al psicoanálisis, Buenos Aires: Hormé, 1964, p. 40. Cursivas nuestras.

2 Ídem, p. 41, cursivas nuestras.

3 Obviamente no transcribiremos por completo las experiencias que se relatan en el texto. Si bien en varias oportunidades citamos textualmente a M. Klein, no debe sorprender al lector que para terminar de comprender acabadamente lo que en este texto se intenta transmitir debe remitirse a El desarrollo de un niño.

4 Klein, M., ob. cit., p. 42.

5 Ídem, p. 43.

6 Ídem, p. 43, cursivas nuestras.

7 Ídem, p. 44, cursivas nuestras.

8 Ibídem, cursivas nuestras.

9 Ídem, p. 44.

10 Ídem.

11 Que consistía en atender a la “curiosidad sexual reprimida”.

12 Ídem, pp. 44−45, cursivas nuestras.

13 Ídem, pp. 46.

14 En esta época “el estómago tenía para este niño una significación peculiar. A pesar de la información y de repetidas correcciones, se aferraba a la concepción, expresada en diversas oportunidades, de que los niños crecen en el estómago de la madre. En otras formas también el estómago tenía para él un significado afectivo peculiar.” (Ídem, pp. 46-47)

15 Ídem, p. 47.

16 Ídem, p. 61, cursivas nuestras.

17 Ídem, p. 47

18 Ídem, p. 48, diferenciación de a y b nuestra.

19 Ídem, p. 50, cursivas nuestras.

20 Ídem, p. 50, cursivas nuestras.

21 Ídem, p. 51, cursivas nuestras.

22 Ídem, p. 51, nota 31.

23 Ídem, p. 52.

24 “Había estado mirando libros de grabados con jinetes en ellos y el libro se abrió y dos hombres salieron de él. El, su hermano y sus hermanas se aferraron a la madre y querían escaparse. Llegaron a la puerta de una casa y allí una mujer les dijo: ‘No pueden esconderse aquí.’ Pero de cualquier modo se escondieron para que los hombres no pudieran encontrarlos. Me contó este sueño a pesar de grandes resistencias que aumentaron tanto cuando empecé la interpretación, que para no sobreestimularlas, la hice muy corta e incompleta. Conseguí pocas ideas asociadas, únicamente que los hombres tenían palos, escopetas y bayonetas en sus manos. Cuando le expliqué que esto significaba el gran pipi de su padre que él tanto desea como teme, contestó que “las armas eran duras y en cambio el pipi es blando”. Le expliqué que sin embargo el pipí también se pone duro justo en relación lo que él mismo quiere hacer, y aceptó la interpretación sin mayor resistencia. Relató después que le pareció algo así como uno de los hombres se había metido en el otro, ¡y quedaba sólo uno!” (Ídem, p. 53)

25 Ídem, p. 53.

26 Ídem, p. 56.

27 Ídem, p. 56.

28 “En mi experiencia he encontrado que externamente es poco el cambio que parece sufrir lo educacional. Han transcurrido alrededor de dieciocho meses desde la terminación de las observaciones aquí relatadas. El pequeño Fritz va a la escuela, se adapta en forma excelente a sus exigencias, y es considerado allí, como en todas partes, un niño bien educado, desenvuelto y espontáneo, y que se comporta adecuadamente. La diferencia esencial, difícilmente notable para el observador no iniciado, yace en una actitud básica completamente distinta con respecto a la relación maestro-alumno. Así, aunque desarrolló una relación absolutamente franca y amistosa, cumple con bastante facilidad las exigencias pedagógicas que de otro modo a menudo sólo actúan cuando se las utiliza autoritariamente, y con dificultades; ya que las resistencias inconscientes del niño ante esto fueron superadas por el análisis. Por consiguiente, el resultado de la educación ayudada por el análisis es que el niño cumple con los requerimientos educativos habituales pero sobre la base de presupuestos enteramente diferentes.” Ídem, p. 57.

29 Ídem, p. 57, cursivas nuestras.

30 Ídem, p. 58, cursivas nuestras.

31 Ídem, p. 58, cursivas nuestras.

32 Ídem, pp. 58−59.

33 Ídem, p. 59.

34 Ibídem.

35 Ídem, p. 61.

36 Ibídem.

37 Ídem, p. 62.

38 Ídem, p. 63.

39 Ibídem.

40 Ibídem.

Capítulo 4 El niño en el aula La escolarización y su interacción con el desarrollo libidinal

Betty Korsunsky

Aquí abordaremos el desarrollo cronológico del pensamiento kleiniano respecto de la relación del niño con su escolaridad, con sus juegos. Lo haremos a partir de dos trabajos que están articulados y escritos en el mismo año: 1923. Melanie Klein en su artículo Análisis infantil coloca el acento en la relación entre síntomas, inhibiciones y sublimaciones, en tanto que en El papel de la escuela en el desarrollo libidinoso del niño, elaborado a partir de la clínica con niños, plantea cómo las inhibiciones para el juego y en la escuela (en el aula, con los útiles de trabajo, en la relación con los maestros, en el aprendizaje de distintas materias) dependen del significado simbólico sexual que adquieren.

Según Petot,1 las concepciones protokleinianas de 1923 incluyen una teoría de la psicología normal y consideraciones psicopatológicas, que son la consecuencia de explicar el desarrollo de la personalidad en general y, sobre todo, de las funciones del yo, en términos de cargas libidinales.

El punto de partida de la autora son los modelos freudianos acerca de las pulsiones sexuales-pulsiones de autoconservación (también denominadas pulsiones del yo) y la teoría de la libido objetal y narcisista. También se nutre de E. Jones y S. Ferenczi, sumando ideas propias, centrada en el tema del aprendizaje y del desarrollo yoico. Busca conocer la mentalidad infantil y sus dificultades de desarrollo, abarca lo que considera el desarrollo normal, incluyendo la sublimación y la psicopatología, considerando las inhibiciones y los síntomas neuróticos.

Un modo de pensar hasta ahora la inhibición es que se halla determinada por represiones de las ideas libidinales asociadas con el juego y la actividad en la escuela. Clínicamente se manifiestan como inhibiciones: la torpeza en juegos y gimnasia, la aversión por ellos, poco o ningún placer en las lecciones, falta de interés por una materia especial, distintos grados de la llamada pereza; así como capacidades o intereses más débiles de lo que es común.

Considera que en la base de estas inhibiciones existe un intenso placer primario que había sido reprimido debido a su carácter sexual. Jugar a la pelota o con aros, el patinaje, deslizarse en el tobogán, bailar, hacer gimnasia, la natación resultaron tener una catexia libidinal y el simbolismo genital representa siempre un papel en ellos. Del mismo modo, comprende las dificultades con el camino para ir a la escuela, la relación con maestros y maestras.

Melanie Klein sostiene que el fundamento de las inhibiciones, tanto las reconocidas como las que no, se halla en el placer y en su significado simbólico−sexual y considera la sexualidad (en algunos párrafos) como equivalente de la genitalidad. Privilegia el significado simbólico−sexual, que atrae la represión sobre sí, porque la represión se dirige contra el matiz de placer sexual genital asociado a la actividad y conduce a la inhibición de esta actividad.

En la tarea de revertir el estado inhibitorio, la autora encontró que la angustia y, especialmente, el miedo a la castración (cuando se resolvía) hacía posible progresar en la remoción de la inhibición. Con Fritz pudo establecer que la ansiedad seguía de tal modo el curso del análisis que era siempre un indicio de que las inhibiciones estaban por ser removidas. Cada vez que la ansiedad era resuelta, la importancia del éxito en hacer desaparecer inhibiciones estaba en proporción directa con la claridad con que la ansiedad se manifestaba como tal y podía ser resuelta. El hecho de que la supresión de estas inhibiciones y síntomas ocurriera por medio de la ansiedad le demuestra con seguridad que su fuente es la ansiedad.2

El lugar de la ansiedad lo retoma en la teoría de las posiciones.

Por eliminación exitosa no quiere significar únicamente que las inhibiciones disminuyan o se supriman, sino que el análisis logra restablecer el placer original en la actividad. Desde el psicoanálisis se sostiene que la ansiedad es uno de los afectos primarios.3 En correspondencia con esto, la angustia en los niños precederá invariablemente a la formación de síntomas y será la primera manifestación neurótica que allana el camino, por así decirlo, para los síntomas.

Da la impresión de que M. Klein se está adelantando a la segunda teoría de la angustia que S. Freud planteará en 1926.

Melanie Klein cita a S. Freud:

“Recordamos el hecho de que el motivo y propósito de la represión es simplemente el de evitar el ‘dolor’. Se deduce que el destino de la carga de afecto perteneciente a la representación es mucho más importante que el de su contenido ideacional y es decisivo para la opinión que nos formamos del proceso de represión. Si la represión no consigue evitar que surjan los sentimientos displacenteros a la angustia, podemos decir que ha fallado, aun cuando haya alcanzado su propósito en lo que se refiere al elemento ideacional.”4

Si la represión falla, el resultado de la angustia (del montante de afecto) es la formación de síntomas.

Melanie Klein se pregunta: ¿Cómo es posible que se suprima la carga de afecto en la represión exitosa? Parece justificado suponer que siempre que tiene lugar la represión (sin exceptuar los casos en que es exitosa), el afecto se descarga en forma de ansiedad, cuya primera fase a veces no se manifiesta o pasa inadvertida. Este proceso es frecuente en la histeria de angustia y también presumimos su existencia cuando esta histeria no se desarrolla realmente. El mecanismo por el que se posibilita la ligazón y descarga de esta ansiedad (o la disposición a la ansiedad) sería el mismo que el que hemos visto dar por resultado la inhibición y los descubrimientos del psicoanálisis nos han enseñado que la inhibición interviene en mayor o menor grado en el desarrollo de todo individuo normal, si bien también en esto es solo el factor cuantitativo el que determina si será sano o enfermo.

Observamos, en estas ideas de M. Klein, el encabalgamiento entre el desarrollo desde la psicología normal y la psicopatología.

Surge, entonces, la pregunta: ¿Por qué una persona sana puede descargar en forma de inhibiciones lo que a un neurótico lo ha llevado a la neurosis? Las siguientes características pueden formularse como distintivas de las inhibiciones que estamos tratando:

 ciertas tendencias del yo reciben una poderosa catexia libidinal

 una cantidad de ansiedad es distribuida en tal forma entre estas tendencias que ya no aparece como ansiedad, sino como displacer, desasosiego mental, incomodidad, etcétera.

El análisis, sin embargo, demuestra que esas manifestaciones representan ansiedad. Por consiguiente, la inhibición implicaría que cierta cantidad de ansiedad ha sido incorporada por una tendencia yoica que ya ha tenido una catexia libidinal previa. La base de una represión satisfactoria sería entonces la catexia libidinal de los instintos del yo y la inhibición como resultado.

Cuanto más perfectamente realiza su trabajo el mecanismo de la represión exitosa, menos fácil resulta reconocer la ansiedad, aun en la forma de aversión. En las personas enteramente sanas y apariencia completamente libres de inhibiciones, aparecen en última instancia solo en forma de inclinaciones debilitadas. En lo que respecta a la teoría del proceso de defensa, M. Klein vinculó la angustia, en todas sus formas, con la represión del complejo de Edipo. La psicopatología que esta ocasiona le permitió postular una psicogénesis de la histeria, la inhibición y la sublimación que constituye un sistema coherente, destaca Petot.5

Si equiparamos la capacidad de emplear la libido superflua en una catexia de tendencias del Yo, con la capacidad de sublimar, podemos suponer que la persona que permanece sana logra hacerlo por su mayor capacidad para sublimar en un estadio muy temprano del desarrollo del yo.

Para M. Klein toda sublimación requiere un predominio genital, está implícito ya en este momento de su obra, lo que luego se hará explícito: el Edipo temprano. No obstante, también adelanta otro argumento: la ansiedad preexistente a la que proviene de la represión del complejo de Edipo se debe a las “primeras castraciones”.

“Lo que he denominado previamente catexia simbólica−sexual de una tendencia o actividad perteneciente a los instintos del yo corresponde al componente libidinoso. Llamamos ‘sublimación’ a este proceso de catectización con libido y explicamos su génesis diciendo que provee a la libido superflua, para la cual no hay satisfacción adecuada, de la posibilidad de descarga y que de este modo disminuye o termina el estancamiento de la libido.”6

Aunque, en realidad, debiéramos decir que puede haber sublimaciones primarias o no, o mejor dicho, puede haberlas según una gradiente que va desde las numerosas y bien encaminadas hasta aquellas que casi no logran establecerse por la precocidad de la represión. La represión actuaría entonces sobre las tendencias del Yo elegidas para ese fin y así surgirían las inhibiciones. En otros casos, los mecanismos de las neurosis se movilizarían en mayor o menor grado dando como resultado la formación de síntomas.

El complejo de Edipo hace que la represión surja en forma particularmente intensa y moviliza al mismo tiempo el miedo a la castración. Podemos quizás suponer también que esta gran “oleada” de ansiedad es reforzada por la ansiedad preexistente (como una disposición en potencia) a consecuencia de represiones tempranas: esta última ansiedad puede haber operado directamente como angustia de castración originada en las “primeras castraciones”. Melanie Klein ha descubierto muchas veces en el análisis la angustia del nacimiento como angustia de castración que revivía material temprano y ha encontrado que resolviendo la angustia de castración se disipaba la angustia del nacimiento.

Por ejemplo, encontró en un niño el temor a que estando sobre hielo pudiera ceder debajo de él o a caer a través de un agujero en un puente −expresiones evidentemente de angustia de nacimiento. Repetidamente ha encontrado que estos temores estaban movilizados por deseos menos evidentes (activados como resultado del significado simbólico-sexual de patinar, de los puentes, etcétera), de forzar el regreso a la madre por medio del coito y esos deseos originaron el miedo a la castración. Esto también hace más fácil entender por qué la procreación y el nacimiento son concebidos frecuentemente en el inconsciente como un coito del niño, quien, aunque sea con ayuda del padre, penetra de este modo en la vagina materna.

No parece arriesgado, por lo tanto, considerar el pavor nocturno que aparece a los dos o tres años como ansiedad originada en el primer estadio de represión del complejo de Edipo, cuya ligazón y descarga prosigue posteriormente por diversos caminos.7

El temor a la castración que se desarrolla cuando se reprime el complejo de Edipo se dirige ahora a las tendencias del Yo que ya han recibido una catexia libidinal y luego, a su vez, es ligado y descargado por medio de esta catexia.

Con los niños Fritz y Félix la autora pudo comprobar que las inhibiciones del placer en los movimientos estaban estrechamente conectadas con las del placer en el estudio y con varias tendencias e intereses yoicos. En ambos casos lo que hizo posible este desplazamiento de la inhibición o angustia de un grupo de las tendencias del yo hacia otro fue, evidentemente, la catexia principal de carácter simbólico−sexual común a ambos grupos.

En Félix, 13 años, la forma en que apareció este desplazamiento fue la alternancia de sus inhibiciones entre juegos y lecciones. En sus primeros años escolares había sido un buen alumno, pero por otra parte era muy tímido y torpe en toda clase de juegos. A partir de la intervención de su padre, Félix llegó a ser bueno para los juegos y apasionadamente interesado en ellos, pero junto a este cambio se desarrolló en él una aversión por la escuela y todo estudio o conocimiento. Esta aversión se convirtió en manifiesta antipatía, que tenía cuando llegó al análisis. La catexia simbólico-sexual en común estableció una relación entre las dos series de inhibiciones y fue en parte la intervención de su padre, conduciéndolo a considerar los juegos como una sublimación más en consonancia con su yo, la que lo capacitó para desplazar la inhibición de los juegos a las lecciones.

Piensa que el factor de “consonancia con el yo” es importante para determinar contra qué tendencia investida libidinalmente se dirigirá la libido reprimida (descargada como ansiedad) y qué tendencia sucumbiría de este modo, en mayor o menor grado, a la inhibición.

Podemos considerar la inhibición como la restricción de un peligroso exceso de libido. En un principio, entonces, la primera reacción del yo ante un peligro de estancamiento de la libido debe ser la angustia: “la señal para huir”. Pero la incitación a la huida da lugar al “aferrarse al propio terreno y tomar medidas defensivas apropiadas”8 que corresponde a la represión y la formación de síntomas. Otra medida defensiva puede ser el sometimiento, restringiendo las tendencias libidinales, es decir, la inhibición, pero esto solo puede ser posible si el sujeto triunfa en desvirtuar la libido dirigiéndola hacia las actividades de los instintos de autoconservación, dando así una salida en el campo de las tendencias del yo al conflicto entre energía instintiva libidinal y represión.

Destaca como conclusión que la ausencia o presencia de capacidades, aunque parezcan determinadas simplemente por factores constitucionales y formando parte del desarrollo de los instintos del Yo, demuestran estar determinadas igualmente por otros factores, como los libidinales, y ser susceptibles de cambiar a través del análisis.

Uno de estos factores básicos es la catexia libidinal, como preliminar necesario de la inhibición. Esta conclusión está de acuerdo con hechos ya observados repetidamente en psicoanálisis. Pero existe la catexia libidinal de una tendencia del yo aun cuando la inhibición no se ha producido. Es (como aparece con especial claridad en el análisis de niños) un componente constante de todo talento e interés. Si es así, debemos suponer que, para el desarrollo de una tendencia del yo, no solo tendría importancia una disposición constitucional sino también lo siguiente: ¿Cómo, en qué período y en qué cantidad (bajo qué condiciones) tiene lugar la alianza con la libido? De modo que el desarrollo de la tendencia del yo depende del destino de la libido con la cual está asociada, es decir, del éxito de la catexia libidinal. Esto reduce la importancia del factor constitucional en el talento.

Considera que, en el estadio narcisista, los instintos del yo y los sexuales están todavía unidos porque en un principio los instintos sexuales entran en el terreno de los instintos de autoconservación. Aunque aceptamos como válida la diferenciación posterior entre instintos del yo e instintos sexuales, sabemos, por otra parte, gracias a S. Freud, que una parte de los instintos sexuales permanece asociada a lo largo de la vida con los instintos del Yo y les provee componentes libidinales. Lo que ha denominado previamente catexia simbólico−sexual de una tendencia o actividad perteneciente a los instintos del yo corresponde al componente libidinal. De este modo se refiere a la sublimación.

Pero, al mismo tiempo, los factores que condicionan el desarrollo del lenguaje están activos en la génesis del simbolismo.9 Desde este vértice también nos acercamos al mecanismo de la sublimación.

De acuerdo con esto, vemos que la identificación es un estadio preliminar no solo de la formación de símbolos sino al mismo tiempo de la evolución del lenguaje y de la sublimación. Esta última se produce por medio de la formación de símbolos: las fantasías libidinales quedan fijadas en forma simbólico-sexual sobre objetos, actividades e intereses.

Podemos sintetizar sus afirmaciones del siguiente modo: en los casos que he citado de placer en el movimiento (juegos y actividades atléticas) debemos reconocer la influencia del significado sexual del campo de deportes, del camino, etcétera (como representación de la madre), en tanto que caminar, correr y toda clase de movimientos atléticos representan la penetración dentro de la madre. Al mismo tiempo, los pies, las manos y el cuerpo que llevan a cabo estas actividades y que, como consecuencia de identificaciones tempranas, están relacionadas con el pene, sirven para atraer sobre ellos algunas de las fantasías que realmente están en relación con el pene, las situaciones y gratificaciones asociadas con dicho órgano. Destaca que el eslabón que conectó esto fue probablemente el placer por el movimiento o, más bien, los primeros sonidos hablados eran los llamados seductores a la pareja y que este lenguaje rudimentario se desarrolló como acompañamiento rítmico del trabajo, el que quedó asociado al placer sexual. Pero, al mismo tiempo, los factores que condicionan el desarrollo del lenguaje están activos en la génesis del simbolismo.

En esta formulación M. Klein presupone que hay represiones y sublimaciones previas al complejo de Edipo freudiano.

El placer del habla y del movimiento del niño pequeño son las primeras sublimaciones. De todos modos, el destino final de estas primeras sublimaciones se juega en el Edipo.

Al examinar el problema de la sublimación, sugirió que un factor determinante de su éxito era que las fijaciones destinadas a la sublimación no hayan sufrido una represión demasiado temprana, porque esto impide la posibilidad de desarrollo. De acuerdo con esto, tenemos que postular una serie complementaria entre la formación de síntomas, por una parte, y la sublimación eficaz, por otra. Nos encontramos que la fijación que conduce a un síntoma estaba ya en vías de sublimación, pero fue apartada de ella por la represión. Cuanto más pronto ocurre, mayor será el grado en que la fijación retendrá el verdadero carácter sexual de la situación placentera y tanto más sexualizará la tendencia en la que ha colocado su catexia libidinal, en vez de fusionarse con esa tendencia. También será más inestable esa tendencia o interés porque estará continuamente expuesta a la arremetida de la represión.

Entonces tenemos que las inhibiciones están formadas por la transferencia de libido superflua en camino hacia la sublimación. La sublimación, cuando es reprimida, su efecto es la inhibición. Diferencia la sublimación fracasada (en la cual las fantasías se topan con la represión en su camino hacia la sublimación y en esta forma quedan fijadas) de una sublimación inhibida que tiene que haber existido realmente como sublimación.

Entonces, podemos suponer que, en la medida que tengan éxito las sublimaciones y, por lo tanto, queda una parte pequeña de la libido estancada dentro del yo, lista para ser descargada como angustia, menor será la necesidad de inhibición. Y cuanto más exitosa sea la sublimación, menos estará expuesta a la represión.

De todas las mencionadas por M. Klein transcribo una ilustración del efecto de las fantasías de masturbación sobre la sublimación.

Félix produjo la siguiente fantasía: estaba jugando con hermosas niñas desnudas cuyos pechos frotaba y acariciaba. No veía la parte inferior de sus cuerpos. Jugaban al fútbol entre ellos. Esta fantasía sexual, que para Félix era un sustituto del onanismo, fue seguida durante el análisis por muchas otras fantasías; algunas aparecían en forma de ensueños diurnos; otras, durante la noche, como sustitutos del onanismo y todas referidas a juegos. Estas fantasías demuestran cómo algunas de sus fijaciones fueron elaboradas en un interés por los juegos. En la primera fantasía sexual, el coito fue reemplazado por el fútbol. Este juego, junto con otros, había absorbido enteramente su interés y ambición, porque esta sublimación estaba reforzada reactivamente, como protección contra otros intereses reprimidos e inhibidos que estaban menos en consonancia con su yo.

La fijación a escenas o fantasías “primarias” (primordiales para S. Freud) es poderosa en la génesis de la neurosis.

Voy a dar un ejemplo de la importancia de las fantasías primarias en el desarrollo de las sublimaciones.

Fritz, que tenía casi siete años, contaba varias fantasías acerca del “General pipí” (el órgano genital) que conducía los soldados “gotas de pipí” a través de las calles. Fritz dio una descripción exacta de la situación y lugar de estas calles y las comparó con la forma de las letras del alfabeto. El general conducía a los soldados a un pueblo, donde eran acuartelados.

El contenido de estas fantasías era el coito con la madre, el movimiento que acompaña al pene y el camino que toma. Del contexto surgió que eran al mismo tiempo fantasías de masturbación. Cuando corría con su “monopatín” atribuía especial importancia a dar vueltas y curvas, tales como había descrito en varias fantasías sobre su “pipí”. Una vez, por ejemplo, dijo que había inventado una patente para el “pipí”. La patente consistía en poder hacer aparecer el “pipí” con un salto a través de la abertura de sus pantalones, sin tocarlo con las manos, enroscando y torciendo todo el cuerpo.

Tenía repetidamente fantasías de inventar tipos especiales de motocicletas y autos. Lo importante de esas construcciones de su fantasía era invariablemente conseguir mayor destreza, especialmente en la dirección y en las curvas. Era evidente que la raíz de la patente de invenciones y construcciones que fantaseaba yacía siempre en los movimientos y funciones del “pipí” al que sus invenciones tenían como objetivo mayor perfeccionamiento. “Las mujeres −decía− tal vez puedan conducir, pero no pueden girar rápidamente”. Una de sus fantasías era que tanto las niñas como los varones tuvieran enseguida de nacer su pequeña motocicleta. Cada niño podría llevar a tres o cuatro en su motocicleta y dejarlos en el camino donde ellos quisieran. Los niños malos se caerían de la motocicleta al tomar una curva muy cerrada y los demás descenderían al llegar a término (nacerían). Hablando de la letra S, con la cual tenía varias fantasías, decía que los hijos de dicha letra, las pequeñas s, pueden hacer arrancar y conducir motos estando todavía en pañales, que todos ellos tenían motocicletas, con las que podían ir en un cuarto de hora mucho más lejos que lo que las personas mayores podían en una hora y que los niños eran superiores a los mayores en correr y saltar y en todo lo que se refiera a destreza del cuerpo.

Recordemos qué le sucedía durante los primeros años de su vida, alrededor de los cinco años: sentía un marcado desagrado por salir a caminar. Asociado a este disgusto estaba su completa falta de interés por conocer el lugar donde había ido y su total falta de sentido de orientación.

El intenso interés por los vehículos adquirió la forma de quedarse horas mirando pasar los carros desde la ventana o desde el pasillo de la casa y también la pasión por conducir. Su principal ocupación era jugar a ser cochero o juntar las sillas para formar el vehículo. A este juego, que realmente consistía en sentarse y quedarse quieto, se dedicaba en tal forma que parecía compulsivo, especialmente porque tenía una total aversión por cualquier otro tipo de juego. Momento que empezó su análisis.

Hubo un gran cambio y al mismo tiempo desarrolló un mayor sentido de orientación en el espacio. Al comienzo, su interés se dirigía especialmente a las estaciones, las puertas de los coches de los trenes y después las entradas y salidas de los lugares, cuando llegaba a ellos. Empezó a interesarse por las vías de los trenes eléctricos y las calles por donde pasaban. El análisis desvaneció su disgusto por el juego, que resultó tener varios factores determinantes. Su interés por los vehículos, que se desarrolló temprano y que tenía carácter obsesivo, se manifestó en diferentes juegos, que, en contraste con el anterior juego monótono del chofer, practicaba con gran riqueza de fantasías. Desarrolló también un apasionado interés por los ascensores y por subir y bajar en ellos.

Durante esta parte de su análisis, teniendo 7 años, el rechazo y la ansiedad hacia el camino de la escuela se acrecentó y se reveló claramente como inhibición, hasta que la ansiedad latente se hizo después manifiesta y pudo ser resuelta. Una de las razones por las que no le gustaban las calles que lo conducían a la escuela era que tenían árboles. A las calles que tenían terrenos sin edificar a ambos lados, por otra parte, las encontraba muy hermosas porque se podía hacer senderos y se los podía convertir en jardines, si se plantaban flores y se las regaba. Su antipatía por los árboles, que por algún tiempo tomó la forma de temor a los bosques, demostró estar determinada en parte por fantasías sobre un árbol derribado, que podía caer sobre él. El árbol representaba para él el enorme pene del padre, que deseaba cortar y que por eso temía.

¿Qué temía en el camino a la escuela? Lo manifestó en varias fantasías. Una vez habló acerca de un puente (que existía únicamente en su imaginación) que estaba en el camino a la escuela. Si el puente hubiera tenido un agujero, él podría haber caído por ahí. Otra vez fue un pedazo de cordel grueso que vio tirado en el campo lo que le causó angustia, porque le hizo pensar en una víbora. En esa época también acostumbraba ir saltando sobre un pie una parte del camino, diciendo que le habían cortado un pie.

En relación con un dibujo que había visto en un libro, tuvo fantasías sobre una bruja que encontraría en su camino a la escuela y que vaciaría un jarro de tinta sobre él y su cartera. En este caso, el jarro representaba el pene de la madre. Entonces añadió espontáneamente que lo temía, pero que al mismo tiempo era lindo. Otra vez fantaseó que se encontraba con una bruja hermosa y miraba fijamente la corona que ella llevaba sobre su cabeza. Como la miraba tan fijamente (kuckte) él era un cuco (Kuckuck) y ella hizo desaparecer su cartera y lo transformó de cuco en paloma (un animal femenino, según pensaba).

Melanie Klein habla cómo tenía fantasías, de las cuales se infiere el significado placentero original del camino. Fritz tendría placer en ir a la escuela tan sólo si no fuera por el camino. Fantaseó, para evitarlo, que tendería una escalera desde la ventana de su cuarto hasta la de la maestra, así él y su madre podrían ir juntos, trepando de un peldaño a otro. Después habló de una cuerda, también tendida de ventana a ventana, por la cual él y su hermana podrían llegar a la escuela. Había una señorita que los ayudaba tirando de la cuerda y los chicos que ya estaban en la escuela también ayudaban.

Durante su tratamiento, se volvió mucho más activo y contó la siguiente historia que él denominó “robo en el camino”.

Había un caballero muy rico y feliz y, aunque era muy joven, quería casarse. Iba a la calle, veía allí a una hermosa dama y le preguntaba cómo se llamaba. Ella contestaba: “Eso no le importa a usted”. Entonces le preguntaba dónde vivía. Ella contestaba nuevamente que eso no le importaba. Hacían cada vez más ruido al hablar. Entonces llegó un agente, que los había estado observando, y llevó al joven en un gran carruaje, el tipo de carruaje que un caballero así debería tener. Fue llevado a una casa con barrotes de hierro en la ventana: una prisión. Fue acusado de robo en el camino. “Así es como lo llaman”.

El placer original por los caminos corresponde a su deseo de coito con la madre y por esto no pudo llegar a actuar completamente hasta que fue resuelta la angustia de castración. Igualmente vemos que, en estrecha conexión con esto, su interés por explorar caminos y calles (que formaba la base de su sentido de orientación) se desarrolló con la liberación de la curiosidad sexual que había sido reprimida a causa del miedo a la castración.

A medida que estas y otras fantasías fueron interpretadas, su sentido y facultad de orientación inhibida se desarrolló notoriamente. Estaba determinado por su deseo de penetrar en el cuerpo de la madre e investigar su contenido, con los pasadizos para entrar y salir de él y los procesos de fecundación y nacimiento.

Melanie Klein dedujo en Fritz una estrecha conexión entre su falta de orientación en el espacio y en el tiempo. Correspondiendo con su interés reprimido por el lugar de su existencia intrauterina estaba su falta de interés por detalles sobre el tiempo que había estado allí. Así, ambas preguntas: “¿Dónde estaba yo antes de nacer?” y “¿Cuándo estaba allí?” estaban reprimidas.

Melanie Klein dice que la inhibición del sentido de orientación es de gran importancia. Encontró en el niño que su resistencia a instruirse (que resultó estar tan estrechamente conectada con su inhibición del sentido de orientación) nacía de su retención de la teoría sexual infantil del “niño anal”. El análisis demostró, sin embargo, que tenía esa teoría anal como consecuencia de la represión debida al complejo de Edipo y que su resistencia a instruirse no estaba causada por una incapacidad para comprender el proceso genital debido a que no había alcanzado aún el nivel de organización genital. En realidad, sucedía lo contrario: era esta resistencia la que impedía su progreso hacia ese nivel y fortificaba su fijación al nivel anal.

Es interesante destacar cómo en este artículo M. Klein plantea una organización como defensa de otra, la teoría del bebé anal –organización narcisista− como defensiva de la genitalidad, de concebir un bebé genital

La actitud de Fritz frente al estudio estaba determinada también por la misma catexia sexual simbólica. El análisis demostró que su marcado disgusto por el estudio era una inhibición muy compleja ante diferentes temas escolares, determinada por la represión de distintos componentes instintivos. Como en la inhibición para caminar, los juegos y el sentido de orientación, el determinante principal era la represión −basada en angustia de castración− de la catexia simbólico-sexual, común a todos estos intereses, principalmente la idea de penetrar en la madre en el coito.

Durante su análisis esta catexia libidinal (y con ella, la inhibición) avanzó claramente de los primeros movimientos y juegos de movimiento al camino a la escuela misma, a la maestra y las actividades de la escuela. Porque en sus fantasías, las líneas de su libro de ejercicios eran caminos, el libro era el mundo y las letras cabalgaban sobre motocicletas, esto es, sobre la lapicera. Otras veces, la lapicera era un bote y el cuaderno era un lago.

Por su parte, en Félix, que contaba con 13 años y hasta ese momento no había demostrado ningún talento musical, desarrolló gradualmente durante el análisis un marcado amor por la música. Esto ocurrió cuando el análisis estaba haciendo consciente su fijación a las tempranas observaciones infantiles del coito. Encontramos que los sonidos, algunos de los cuales había oído provenir de la cama de sus padres y otros había fantaseado, formaron la base de un intenso (y muy tempranamente inhibido) interés por la música, que fue liberado nuevamente durante el análisis. Este determinante del interés por la música y del talento musical lo encontró M. Klein presente (junto con el determinante anal) en otros casos y es típico.

Voy a dar un ejemplo más del significado de los cuadros como hijo y pene, sentido que M. Klein encontró repetidas veces en el análisis. Fritz, a los cinco años y medio, dijo que quería ver a su madre desnuda, añadiendo: “Me gustaría ver tu barriga y el retrato de adentro”. Cuando ella le preguntó “¿Quieres decir donde estuviste tú una vez?”, contestó “Sí, me gustaría mirar dentro de tu barriga y ver si no hay otro chico adentro”. En esa época, bajo la influencia del análisis, su curiosidad sexual se manifestó más libremente y su teoría del “niño anal” apareció en primer plano.

Resumiendo: M. Klein concluye que las fijaciones artísticas e intelectuales, que pueden conducir a la neurosis, tienen como algunos de sus más poderosos factores determinantes la escena primaria o fantasías sobre ella. Un punto importante es cuál de los sentidos es más fuertemente excitado; si el interés se aplica más a lo que se ve o a lo que se oye. Esto, probablemente, también determinará (y, por otra parte, dependerá) de que las ideas se presenten para el sujeto visualmente o auditivamente.

En Fritz era el movimiento del pene a lo que él estaba fijado; en Félix eran los sonidos que había oído; en otros, los efectos de los colores. Por supuesto, para que se desarrolle el talento o la inclinación intervendrán los factores especiales nombrados anteriormente. En la fijación a la escena primaria (o fantasías), el grado de actividad, que es tan importante para la sublimación misma, indudablemente determina también si el sujeto desarrolla talento para la creación o para la reproducción. Hay que tener presente que el grado de actividad influye en el modo de identificación. Quiero decir, es cuestión de si se volcará en la admiración, estudio e imitación de las obras maestras de los demás o si hará un esfuerzo para sobrepasarlos con sus propias obras.

Melanie Klein encontró en Félix que el primer interés por la música que se manifestó en el análisis consistía únicamente en críticas a los compositores y directores de orquesta. A medida que fue liberando su actividad, trató de imitar lo que oía. Pero en un estado aun mayor de actividad aparecieron fantasías en las que el joven compositor era comparado con los viejos. El análisis de Félix demostró que la crítica y/o el miedo a la misma tiene su origen en la observación y crítica de la actividad genital paterna. Por otra parte, también dedujo que las fijaciones mismas que lo condujeron a las inhibiciones podían formar la base de espléndidas capacidades.

Es de destacar que M. Klein plantea, en estos artículos de 1923, que el habla y el placer en el movimiento tienen siempre un catexia libidinosa de carácter genital y que esta se efectúa por identificaciones de las distintas partes del cuerpo, con el significado de coito.

Los instintos sexuales hacen uso de los de autoconservación tanto de la función de nutrición como del lenguaje y del placer en el movimiento. Concluye que el lenguaje no solo ha concurrido a la formación de símbolos y de la sublimación sino que es el resultado de una de las primeras sublimaciones y, posteriormente, en las demás actividades e intereses del yo.

Plantearía como motor del desarrollo la simbolización y la sublimación, retomado en 1930. También planteó la curiosidad dirigida dentro del cuerpo de la madre, basándose en S. Ferenczi como motor de la identificación y de la formación de símbolos. Parece cambiar el sentido del miedo a la castración: no es el pene sino el desarrollo de la capacidad simbólica, del desarrollo yoico.

Como mencioné al comienzo, M. Klein, en la tarea de revertir el estado inhibitorio, encontró que la angustia y, especialmente, el miedo a la castración, cuando se resolvía, era posible progresar en la remoción de la inhibición. La íntima conexión entre ansiedad e inhibición guía su pensamiento y su técnica. Muchos años después formulará la importancia de la ansiedad, los puntos de máxima ansiedad como guía de la interpretación. Ha tratado de demostrar que las fijaciones libidinales determinan la génesis de las neurosis y también de la sublimación y que, por algún tiempo, las dos siguen el mismo camino. Es la fuerza de la represión la que determina cuándo ese camino conducirá a la sublimación o se desviará hacia la neurosis. En ese punto es donde el análisis infantil tiene posibilidades.

Lo desarrollado hasta aquí muestra la necesidad de análisis en la temprana infancia como ayuda al desarrollo psíquico. No podemos alterar los factores que conducen al desarrollo de la sublimación o de la inhibición y la neurosis, pero el análisis infantil hace posible, en una época en que este desarrollo está aún en marcha, influir en su dirección en forma fundamental.

Me pregunto por qué dice esto M. Klein de influir en la dirección del desarrollo psíquico. Está descubriendo el efecto de verdad que produce las interpretaciones que va dando al paciente. Descarta el nivel consciente educativo para avanzar hacia intervenir en el nivel inconsciente, el de las fantasías. ¿Busca ese otro saber que el niño crea?, ese saber inconsciente acerca de la sexualidad.

Su técnica, la búsqueda junto al niño hace que relate, juegue, narre con él. Acompaña la curiosidad sexual y el miedo a la castración o a la muerte que tejen las fantasías infantiles. Con la interpretación llevaba a Fritz a la simbolización.

No duda de armar sus propios relatos, palabras en la tensión entre el deseo y la represión. El intercambio lúdico establecido la ubicará como la creadora de la técnica de juego. En lo desarrollado podemos empezar a observar a una M. Klein que se va alejando de S. Freud y de su seguidora, A. Freud.

1 Petot, J.-M., Melanie Klein. Primeros descubrimientos y primer sistema (1919-1932), Buenos Aires: Paidós, 1982.

2 “En muchos análisis pude establecer el hecho de que los niños a menudo ocultan a los que los rodean considerables cantidades de ansiedad, como si advirtieran inconscientemente su significado. En los varones está también el hecho de que creen que su ansiedad es cobardía y se avergüenzan de ella, y en realidad éste es un reproche que generalmente se les hace si la confiesan. Estos son probablemente los motivos para olvidar fácil y completamente las ansiedades de la niñez, y podemos estar seguros de que cierta ansiedad primaria está siempre escondida detrás de la amnesia de la infancia, y puede ser únicamente reconstruida por un análisis realmente profundo.” Análisis infantil (1923); Obras Completas, Buenos Aires: Paidós, 1990, t. 1, p. 90.

3 “He dicho que la conversión en angustia, o mejor, la descarga en forma de angustia, es el destino inmediato de la libido que tropieza con la represión. El Yo trata de defenderse del desarrollo de la angustia “es decir que los síntomas están formados exclusivamente por el propósito de escapar al desarrollo, de otro modo inevitable, de la angustia.” Freud, S. (1915-1916). Conferencias de introducción al psicoanálisis, Obras completas, Buenos Aires: Amorrortu, t. XV.

4 Freud, S. (1915). La represión, Obras completas, Buenos Aires: Amorrortu, t. XIV.

5 Petot, J.-M., obra citada.

6 Klein, M. (1923). Análisis infantil. Obras Completas, Buenos Aires: Paidós, 1990, t. 1, p. 96.

7 “El resultado de la represión aparece entonces en forma notoria algo después (a los tres o cuatro años, o aun siendo mayores) en ciertas manifestaciones, algunas de las cuales son síntomas plenamente desarrollados, efecto del complejo de Edipo. Es claro (hecho que requiere aún verificación) que, si fuera posible emprender un análisis del niño en el momento del pavor nocturno o poco después, y resolver su ansiedad, se disolvería el terreno subyacente a la neurosis y se abrirían posibilidades de sublimación. Mis observaciones me llevan a creer que no es imposible hacer investigaciones analíticas en niños de esa edad.” M. Klein, ídem, p. 93.

8 Ídem, p. 94.

9 Aclaremos el concepto de identificación que está usando M. Klein. S. Ferenczi había llamado identificación a un proceso distinto al que solemos referirnos cuando habitualmente usamos ese término. Este autor postulaba que, en una primera etapa, el niño trata de establecer una comparación dentro (within) de su propio cuerpo, probablemente ve en la parte superior de su cuerpo un equivalente de cada aspecto afectivamente importante de la parte inferior. Se “identifican” entre sí distintas partes de su cuerpo en este proceso de descubrimiento de nuevas fuentes de placer. En una segunda etapa, el niño trata de “redescubrir los órganos de su cuerpo y las actividades de éstos” no ya solo en los otros órganos y actividades de su cuerpo sino “en cada objeto que encuentra”. Ahora, la identificación a la que S. Ferenczi (y, por extensión, M. Klein) se está refiriendo, tiene una nueva dimensión: se identifican órganos y actividades de cuerpo con objetos del mundo exterior. Estos objetos del mundo exterior así “identificados” reciben, por desplazamiento, un interés sexual.

“Melanie Klein supone que el proceso identificatorio es abarcativo y que paulatinamente iría englobando objetos y actividades que en su origen no tenían tonalidad placentera sexual”. El concepto de identificación [de S. Ferenczi] es así enriquecido por M. Klein ya que permite incluir toda una serie de fenómenos asimilativos donde la coincidencia es accesoria y no libidinosa, por ejemplo, coincidencias espaciales, temporales, analógicas, etcétera. El incentivo de la identificación sería, de todos modos, la búsqueda del placer o la evitación del displacer. Cuando la represión comienza a actuar y se progresa de la identificación a la formación de símbolos, es este último proceso el que proporciona una oportunidad a la libido de desplazarse a otros objetos y actividades de los de autoconservación, que originariamente no poseían una tonalidad placentera.” Del Valle, Elsa, La obra de Melanie Klein, Buenos Aires: Kargieman, 1979, t. 1.

Capítulo 5 Las distintas concepciones del niño en el psicoanálisis infantil - I Principios psicológicos del análisis infantil

Ricardo Antar

En este capítulo vamos a dedicarnos a Principios psicológicos del análisis infantil, ese “verdadero manifiesto de las ideas kleinianas” (Jean-Michel Petot) cuya versión final fue publicada en 1926.

Se trata de un escrito que tiene varias redacciones previas en las que se puede ir observando la evolución de sus ideas.1

Berlín, 1923-1926

Algunas aclaraciones sobre este primer subtítulo:

a) “Berlín”, no sólo por ser el lugar de residencia de M. Klein en estos años sino fundamentalmente por el influjo de Karl Abraham (Presidente e inspirador de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín), mentor y analista de M. Klein

b) “1923” porque desde mediados de ese año (y hasta octubre) lleva a cabo el tratamiento analítico (83 sesiones) de Rita 2 3

c) “1926” no sólo porque es el año en que aparece publicada la versión final de este trabajo sino porque es cuando deja Berlín para radicarse en Londres, cerrando un ciclo para abrir otro.

Melanie Klein presenta así los objetivos de Principios psicológicos del análisis infantil 4

“En el siguiente artículo me propongo:

[a] examinar en detalle ciertas diferencias entre la vida mental de los niños pequeños y la de los adultos. Estas diferencias requieren que usemos una técnica adaptada a la mente del niño pequeño, y

[b] trataré de demostrar que hay una cierta técnica de juego analítica, que cumple con este requisito. Esta técnica está planeada de acuerdo con ciertos puntos de vista que examinaré con algún detalle en este artículo.”5

Podemos apreciar la estrecha relación que M. Klein establece entre este desarrollo técnico que nos propone (“una cierta técnica de juego analítica”) y la concepción del funcionamiento mental de los niños pequeños.

“Trude, una niña de tres años y tres meses, se fue de viaje con la madre luego de una única sesión de análisis. Seis meses después reinicié el análisis. Fue sólo después de tiempo considerable que habló de algo que había pasado en ese intervalo, y la ocasión en que lo hizo fue durante el relato de un sueño. Soñó que estaba nuevamente en Italia con su madre, en un restaurante familiar. La camarera no le daba jarabe de frutilla, porque no quedaba más. La interpretación de este sueño mostró, entre otras cosas, que la niña sufría aún de la privación del pecho materno impuesta por el destete; además, reveló su envidia a su hermanita. Por lo general, Trude me contaba toda clase de cosas aparentemente irrelevantes, y también mencionaba repetidamente detalles de su primera sesión analítica, seis meses atrás, pero era sólo la conexión con las frustraciones que había experimentado lo que le hacía pensar en sus viajes, que por otra parte no tenían interés para ella.”6

En esta cita comienza refiriéndose (aunque no menciona explícitamente el término transferencia) a una privación en el vínculo analítico: luego de la primera entrevista media un viaje de seis meses hasta el reinicio del tratamiento. Recomenzado el mismo, Trude “cuenta cosas aparentemente irrelevantes”, hasta que aparece un sueño cuya interpretación remite al sufrimiento de la niñita por la privación del pecho materno impuesta por el destete y la envidia a su hermanita (a la que podemos suponer estando en período de lactancia del pecho materno). Recién ahora (es decir, luego del sueño y de su interpretación) la niña puede comenzar a hablar “de algo que había pasado en ese intervalo”; en otros términos, recién en este momento pudo superar el repudio a la privación que la realidad le habría impuesto y “conocer la realidad [precisamente] a través de las privaciones que ésta les impone.” No obstante, “lo fundamental y el criterio de toda capacidad ulterior de adaptación a la realidad, es el grado en que [los niños] son capaces de tolerar las privaciones que resultan de la situación edípica”;7 grado variable y en el que juega un importante papel la intervención de otro (en este caso, M. Klein y su interpretación del sueño).

Rita pudo pasar de

a) contar “toda clase de cosas aparentemente irrelevantes, y [mencionar] repetidamente detalles de su primera sesión analítica, seis meses atrás” a

b) “pensar en sus viajes” en “conexión con las frustraciones que había experimentado.”

Podríamos extendernos en comentarios sobre esta cita, pero preferimos destacar sólo algunos de los elementos de la argumentación que Melanie Klein necesita presentar:

a) presencia y significatividad de fenómenos transferenciales en tratamientos con niños pequeños

b) la frustración es la que pone en marcha el proceso de conocer (pensar) la realidad (que no es lo mismo que “contar cosas irrelevantes” ni “mencionar detalles” de esa “realidad”).8

c) el destete es el prototipo de dicha frustración y la reacción primera es “repudiarla”;

d) “lo fundamental y el criterio de toda capacidad ulterior de adaptación a la realidad, es el grado en [los niños] que son capaces de tolerar las privaciones que resultan de la situación edípica.”9 Por lo tanto, entre destete y situación edípica parece darse una articulación que todavía está por determinarse en el presente trabajo.

“Tendencias edípicas incipientes”

Precisamente hacia ese punto se dirige M. Klein en los siguientes párrafos:

“Podemos observar que los niños muestran a menudo, ya al principio de su segundo año, una marcada preferencia por el progenitor del sexo opuesto y otros indicios y tendencias edípicas incipientes.

Cuándo empiezan los conflictos subsiguientes, es decir, en qué punto el niño llega a estar realmente dominado por el complejo de Edipo, es menos claro, ya que deducimos su existencia sólo de ciertos cambios que advertimos en el niño.”10

Con mucha cautela (ya que diferencia entre “tendencias edípicas incipientes” y “estar realmente dominado por el complejo de Edipo”) comienza a introducir en la teoría lo que su clínica le muestra como observación (“Podemos observar...”): las manifestaciones del complejo de Edipo se pueden apreciar antes de lo que S. Freud pensaba. “En ellos el complejo de Edipo ejerció una profunda influencia ya en su segundo año de vida.”

Cautela que, en el siguiente párrafo, ya deja su lugar a una firme conclusión. Lo que eran

“ciertos cambios que advertimos en el niño [ahora son] una profunda influencia ya en su segundo año de vida: El análisis de un niño de dos años y nueve meses, otro de tres años y tres meses, y varios de alrededor de cuatro años, me ha llevado a la conclusión de que en ellos el complejo de Edipo ejerció una profunda influencia ya en su segundo año de vida. Ilustraré esto con el desarrollo de una pequeña paciente.”11

Quizás para retornar a la cautela es que anuncia en forma de nota al pie de página lo que bien podría formar parte central de texto (y lo será en dos años más en Estadios tempranos del conflicto edípico), ya que contiene importantes ideas:

“Con esta conclusión está estrechamente conectada una segunda, que sólo puedo indicar aquí.

En una serie de análisis de niños descubrí que la elección de la niñita del padre como objeto de amor seguía al destete. Esta privación, que es seguida del aprendizaje de hábitos higiénicos (proceso que se presenta al niño como un nuevo y penoso retiro de amor), afloja el vínculo con la madre y hace que empiece a funcionar la atracción heterosexual, reforzada por las caricias del padre, que son ahora interpretadas como seducción. Como objeto de amor, también el padre sirve en primera instancia al propósito de gratificación oral. En el artículo que leí en el Congreso de Salzburgo en abril de 1924, di ejemplos para mostrar que los niños conciben y desean el coito al principio como acto oral.

Creo que el efecto de estas privaciones en el desarrollo del complejo de Edipo en los varones es a la vez inhibitorio y propulsor. El efecto inhibitorio de estos traumas se ve en el hecho de que es a ellos a los que el niño retrocede en seguida, cuando trata de escapar a su fijación a la madre, y refuerzan su actitud edípica invertida. La circunstancia de que estos traumas, que preparan el camino para el complejo de castración, procedan también de la madre es, como he podido ver, la razón de por qué en ambos sexos es la madre la que en los estratos más profundos del inconsciente es especialmente temida como castrador.

Sin embargo, por otra parte, las privaciones orales y anales de amor parecen promover el desarrollo de la situación edípica en los varones, ya que la impulsa a cambiar su posición libidinosa y a desear a la madre como objeto de amor genital.”12

Las siguientes son algunas de las puntualizaciones que podríamos hacer:

a) El destete, primero, y el aprendizaje de hábitos higiénicos, después (procesos que aparecen al niño como un penoso retiro de afecto), promueven las tendencias edípicas (positivas y/o negativas) en las niñas y en los niños.

b) Asimismo, M. Klein está planteando, entre otros puntos, que en las niñas estos primeros momentos del desarrollo comienzan también bajo el complejo de Edipo y no solo bajo el complejo de castración, para luego acceder al complejo de Edipo, como pensaba S. Freud.

c) Nos está describiendo un panorama en que las pulsiones y deseos se imbrican, en las relaciones objetales, de formas complejas. Por ejemplo, en las niñas, se afloja el vínculo con la madre y empieza a funcionar la atracción heterosexual (diferenciación masculino/femenino) con el padre; aunque el coito (genitalidad) es concebido y deseado como acto oral.

d) En la medida en que estos primeros traumas (destete y aprendizaje de hábitos higiénicos) son vividos como procediendo de la madre, es esta la que aparece en los estratos más profundos de la mente como castradora.

e) Es probable que sea el panorama tan cambiante de estos primeros momentos el que la lleva a usar la expresión “posición” para referirse a la relación libidinosa (oral, anal, genital homo o heterosexual) que en un momento dado los niños mantienen con sus objetos edípicos. Quizás también por esto mismo es que utiliza la expresión “situación edípica”.13

A continuación, M. Klein ilustra estas ideas con material del análisis de Rita (dos años y nueve meses):

“Mostró una llamativa preferencia por el padre. Por ejemplo, a los quince meses repetidamente pedía quedarse sola con él en la habitación, sentarse en sus rodillas, mirar libros junto con él. Pero a los dieciocho meses, su actitud cambió nuevamente, y prefirió otra vez a la madre. Simultáneamente empezó a sufrir terrores nocturnos y miedo a los animales.

Desarrolló una excesiva fijación a la madre y una muy profunda identificación con el padre. Al comienzo de su tercer año manifestó creciente ambivalencia, y era tan difícil criarla que cuando tenía dos años y nueve meses fue traída al tratamiento analítico. En esta época había mostrado por algunos meses una considerable inhibición en el juego, incapacidad para tolerar frustraciones, excesiva sensibilidad al dolor y marcado malhumor.”14

Este desarrollo neurótico de Rita se encontraba relacionado con significativas experiencias en relación con sus padres:

“Hasta la edad de casi dos años Rita durmió en la habitación de sus padres, y los efectos de la escena primaria se mostraron claramente en su análisis. Sin embargo, la ocasión de la irrupción de su neurosis fue el nacimiento de su hermanito. Poco después de esto se manifestaron dificultades aún mayores que aumentaron rápidamente.”15

La conclusión que se impone es evidente:

“No puede haber dudas de que hay una estrecha conexión entre la neurosis y efectos tan profundos del complejo de Edipo experimentados en edad tan temprana. No puedo determinar si es a niños neuróticos a quienes la actuación temprana del complejo de Edipo afecta tan intensamente, o si los niños se vuelven neuróticos cuando este complejo se instala demasiado pronto. Es, sin embargo, seguro que experiencias como las que he mencionado aquí hacen el conflicto más grave, y que por consiguiente o incrementan la neurosis o provocan su irrupción.”16

Asimismo, los análisis que M. Klein está llevando a cabo también con otros pequeños pacientes les van mostrando los “rasgos típicos”:

“En varios casos en los que analicé ataques de angustia en niños muy pequeños, estos ataques resultaron ser la repetición de un terror nocturno que había ocurrido en la segunda mitad del segundo año y al comienzo de su tercer año. Este temor era a la vez un efecto de una elaboración neurótica del complejo de Edipo. Hay muchas elaboraciones de este tipo, que nos llevan a establecer conclusiones firmes sobre los efectos del complejo de Edipo.

Entre estas elaboraciones, en las que era muy clara la vinculación con la situación edípica, debe recalcarse la forma en que los niños frecuentemente se caen y se lastiman, su hipersensibilidad, su incapacidad de tolerar frustraciones, sus inhibiciones de juego, su actitud ambivalente hacia ocasiones festivas y regalos, y finalmente diversas dificultades en la crianza que a menudo hacen su aparición a una edad sorprendentemente temprana. Pero encuentro que la causa de estos fenómenos muy comunes es un sentimiento de culpa particularmente fuerte, cuyo desarrollo examinaré ahora con detalle.”17

De esto se desprende una consecuencia que, de acuerdo con nuestro criterio, resulta trascendente para el psicoanálisis: “el efecto inhibitorio de los sentimientos de culpa fue evidente a una edad muy temprana. Lo que encontramos aquí corresponde a lo que conocemos como el superyó en adultos.” “El análisis de niños muy pequeños muestra que éstos, en cuanto surge el complejo de Edipo, empiezan a elaborarlo y de ahí a desarrollar el superyó.”18

Estas afirmaciones hacen a una concepción del niño.

Melanie Klein está planteando la necesidad de antedatar el complejo de Edipo e investigar las características de sus “estadios tempranos”.

Es necesario antedatar también el superyó

Más aún, y aquí se encuentra un punto central, este superyó “temprano” incide de manera decisiva en las relaciones que el niño mantiene con sus padres reales. No solo el superyó está relacionado con los padres reales (afirmación que ningún analista dejaría de suscribir) sino que las relaciones del niño con estos se ven determinadas también por la naturaleza del superyó infantil; “las imagos internas”, suele decir M. Klein. Y esta es una afirmación que, en 1926, pocos o ningún analista suscribiría.

Estas ideas tienen consecuencias no solo en la forma de concebir la naturaleza de las relaciones del niño con su ambiente sino que, asimismo, adquieren particular importancia para el abordaje psicoanalítico de ese niño así conceptualizado. Porque las relaciones que los niños mantienen con sus padres se aproximan, en su naturaleza, a las que mantiene con el psicoanalista: en todas ellas se pueden apreciar la “transferencia” de sus imago u objetos internos o superyó sobre los objetos reales (padres y analista). En consecuencia, no hay “primera edición” con los padres reales, que luego se transferiría sobre el analista, sino que ambas son distintas reediciones.

No se le escapa a M. Klein que debe hacer alguna aclaración en cuanto a la relación, planteada por S. Freud, del superyó como heredero del complejo de Edipo tras su sepultamiento:

“El hecho de que supongamos que el complejo de Edipo alcanza su punto culminante hacia el cuarto año de vida y que reconozcamos el desarrollo del superyó como el resultado final del complejo, me parece que no contradice de ningún modo estas observaciones. Esos fenómenos definidos, típicos, cuya existencia podemos reconocer en la forma más claramente desarrollada cuando el complejo de Edipo ha alcanzado su punto culminante y que precede a su declinación, son solamente la terminación de un desarrollo que dura años.”19

Si bien los materiales clínicos que M. Klein aporta en este texto son por demás elocuentes, citemos un material de Rita:

“Ya en su segundo año, los que estaban en contacto con Rita se sorprendían de su remordimiento por cualquier travesura, por pequeña que fuera, y de su hipersensibilidad a cualquier tipo de reproche. Por ejemplo, estallaba en lágrimas cuando su padre, jugando, amenazaba a un oso de un libro de láminas. Aquí, lo que determinó su identificación con el oso fue su miedo al reproche del padre real. También su inhibición de juego procedía de su sentimiento de culpa. Cuando tenía dos años y tres meses declaraba repetidamente, cuando jugaba con su muñeca (juego del que no disfrutaba mucho), que ella no era la madre de su muñeca-bebé. El análisis reveló que ella no se animaba jugar a ser la madre porque la muñeca-bebé representaba para ella entre otras cosas, a su hermanito, que habla deseado arrebatar a su madre, incluso durante el embarazo. Pero aquí la prohibición del deseo infantil ya no provenía de la madre real, sino de la madre introyectada, cuyo rol representó ante mí en diversas formas, y quien ejercía una influencia más severa y cruel sobre ella que lo que su madre real hubiera hecho nunca.”20

Algunas puntualizaciones sobre este fragmento:

a) Se constata las manifestaciones de la existencia de intensos sentimientos de culpa: “remordimiento”, “hipersensibilidad a cualquier tipo de reproche”.

b) Estas manifestaciones aparecen ante las figuras reales de los padres (episodio del padre y el libro de láminas) pero también por acción de las imago introyectadas (la madre introyectada que ejercía “una influencia más severa y cruel sobre ella que la que su madre real hubiera hecho nunca”; “El elefante (imago paterna) tenía que tomar la parte del que ponía obstáculos”).

c) Destaquemos la importancia que adquieren los deseos, fantasías, ansiedades, relacionadas con la figura materna, en especial ligadas al embarazo como parte de la sexualidad femenina.

d) La mayor severidad de las figuras introyectadas se concentra en la imago materna, siendo el padre introyectado alguien que “se opone”.

e) En esta fluida y dramática vida de fantasías, el niño desempeña también por momentos el papel de los padres severos.

f) Como consecuencia de todo esto el niño se encuentra expuesto a figuras internas “que ahora lo atormentan con su severidad [mucho mayor que la de cualquier figura parental real].”21

¿Qué puede hacer el niño frente a esta situación interna?

“Un mecanismo fundamental y universal en el juego de representar un papel 22 sirve para separar estas identificaciones operantes en el niño, que tienden a formar un todo único. Por la división de roles el niño logra expulsar al padre y a la madre que en la elaboración del complejo de Edipo ha absorbido dentro de sí, y que ahora lo atormentan internamente con su severidad. El resultado de esta expulsión es una sensación de alivio, que contribuye en gran medida al placer extraído del juego.”23

Entendemos este “placer extraído del juego” como una primera dimensión terapéutica del juego; otra dimensión sobreviene con las modificaciones subsiguientes a la interpretación y la elaboración de la misma. Pero para ello tenemos que esperar que M. Klein explique algunos puntos todavía pendientes.

Hasta ahora tenemos un niño con imagos internas u objetos internos o superyó, fruto de sus intercambios con los objetos parentales externos teñidos por sus propias pulsiones. La presión que estas figuras internas ejercen lo llevan a externalizarlas a través del juego, lo que le produce alivio.

“Aunque este juego de representar parece a menudo muy simple y ser expresión sólo de identificaciones primarias, ésta es sólo la apariencia superficial. Es de gran importancia en el análisis de niños penetrar detrás de esta apariencia. Sin embargo, puede tener un pleno efecto terapéutico sólo si la investigación revela todas las identificaciones y elementos subyacentes y, ante todo, si hemos encontrado el camino hacia el sentimiento de culpa que está aquí en acción.”24

Entonces, es necesario investigar, es decir, analizar (para lo cual tenemos que tener en cuenta que no se trata de un mero juego de representar directamente situaciones cotidianas) las identificaciones (substanciadas en los objetos internos, el superyó) y el sentimiento de culpa subyacente que se encuentra en acción y se expresan en el juego. Apoyado en la externalización aliviadora, el analista interpreta los elementos del juego como si fuera, por ejemplo, un sueño.

Antes de continuar con la argumentación de M. Klein cabe citar más o menos extensamente dos notas al pie de página:

“En el Octavo Congreso Psicoanalítico Internacional, celebrado en Salzburgo en 1924, mostré que un mecanismo fundamental en el juego de los niños y en toda sublimación subsiguiente es la descarga de fantasías masturbatorias. Esto subyace a toda actividad lúdica y sirve como estímulo constante del juego (compulsión de repetición). Las inhibiciones de juego y aprendizaje se originan en la represión exagerada de estas fantasías, y con ellas de toda fantasía. Experiencias sexuales están asociadas con fantasías masturbatorias y, con éstas logran expresión y abreacción en el juego. Entre las experiencias dramatizadas, juegan un papel prominente las representaciones de la escena primaria, que regularmente aparecen en primer plano en el análisis de niños pequeños.”25

“Mis análisis revelan una y otra vez cuán distintos significados pueden tener las cosas, por ejemplo, muñecos, en el juego. A veces representan el pene, a veces el hijo robado a la madre, a veces el paciente mismo, etcétera. Es sólo examinando los mínimos detalles del juego, y su interpretación, que pueden hacérsenos claras las conexiones y eficaz la interpretación. El material que los niños producen durante la sesión, a medida que pasan de juego con juguetes a dramatizar en su propia persona y a jugar con agua, cortar, o dibujar, el modo en que hacen esto, la razón por la que cambian de un juego a otro, los medios que eligen para sus representaciones, toda esta miscelánea de factores, que tan a menudo parece confusa y sin sentido, es vista como coherente y plena de significado, y se nos revelan las fuentes y pensamientos subyacentes, si los interpretamos exactamente como los sueños. Además, los niños a menudo representan en su juego lo mismo que ha aparecido en algún sueño que narraron antes, y con frecuencia producen asociaciones por medio del juego que le sigue, y que es su forma más importante de expresarse.”26

De interpretar los elementos del juego en forma adecuada, teniendo en cuenta el modelo del sueño, se logrará lo que M. Klein considera la meta terapéutica psicoanalítica en este momento de su obra:

“Los efectos de este superyó infantil sobre el niño son análogos a los del superyó del adulto, pero pesan mucho más sobre el débil yo infantil. Como nos enseña el análisis de los niños, fortificamos este yo cuando el procedimiento analítico frena las exigencias excesivas del superyó.”27

¿Por qué y cómo ocurre esto en el tratamiento analítico de los niños aún pequeños?

a) “Así como la mente de los niños pequeños difiere de la de los niños mayores, así también su reacción al psicoanálisis es en la temprana infancia diferente de la reacción posterior. Nos sorprendemos a menudo de la facilidad con que en ciertas ocasiones son aceptadas nuestras interpretaciones: incluso a veces los niños expresan considerable placer ante ellas. La razón por la cual este proceso es diferente del que encontramos en análisis de adultos es que en ciertos estratos de la mente infantil hay una comunicación mucho más fácil entre la conciencia y el inconsciente, y por consiguiente es mucho más fácil volver sobre los pasos del uno al otro. Esto explica el rápido efecto de nuestra interpretación, que por supuesto nunca es formulada excepto sobre la base de material adecuado.”28

b) “Los niños a menudo producen este material con sorprendente rapidez y mucha variedad. El efecto, además, es a menudo sorprendente, incluso cuando el niño no ha parecido recibir de ningún modo la interpretación. Se reasume el juego interrumpido a causa de la instauración de las resistencias; se lo transforma y amplia, y se expresan estratos más profundos de la mente, se restablece el contacto entre el niño y el analista; el placer en el juego, que sigue visiblemente a la formulación de una interpretación, se debe también al hecho de que el gasto requerido por la represión no se necesita ya luego de la interpretación.”29

c) No obstante, debemos tener en cuenta que no se trata de un proceso lineal:

“Pero pronto encontramos otra vez resistencias durante algún tiempo, y aquí el asunto ya no es tan fácil como he descrito. En realidad, en esos momentos tenemos que luchar contra grandes dificultades. Esto sucede especialmente cuando encontramos un sentimiento de culpa.”30

d) Es necesario interpretar el material teniendo en cuenta todos los detalles del mismo ya que de ello dependerá el insight y la elaboración que logremos:

“En su juego los niños representan simbólicamente fantasías, deseos y experiencias. Emplean aquí el mismo lenguaje, el mismo modo de expresión arcaico, filogenéticamente adquirido con el que estamos familiarizados gracias a los sueños. Sólo podemos comprenderlo plenamente si lo enfocamos con el método que Freud ha desarrollado para descifrar los sueños. El simbolismo es sólo una parte de él; si queremos comprender correctamente el juego del niño en conexión con todo su comportamiento durante la sesión, debemos tener en cuenta no sólo el simbolismo que a menudo aparece tan claramente en sus juegos, sino también todos los medios de representación y los mecanismos empleados en el trabajo del sueño, y tenemos que tener en cuenta la necesidad de examinar el nexo total de los fenómenos.”31

e) En realidad, mucho de lo que denominamos “material” depende de la técnica que utilice el analista:

“Si empleamos esta técnica pronto encontramos que los niños producen no menos asociaciones con los rasgos distintos de sus juegos, que lo que hacen los adultos con los elementos de sus sueños. Los detalles de su juego señalan el camino para un observador atento; y entretanto, el niño cuenta toda clase de cosas que deben valorarse plenamente como asociaciones.”32

Observemos de paso que a M. Klein no se le escapa (y valora en gran medida) el hecho, obvio, de que ¡los niños también hablan, además de jugar!

“Si tomarnos en cuenta las diferencias psicológicas entre niños y adultos y recordamos el hecho de que en los niños encontramos el inconsciente actuando aún junto al consciente, las tendencias más primitivas junto a los desarrollos más complicados que conocemos, como el Superyó, es decir, si comprendemos correctamente la forma de expresión del niño, desaparecen todos estos puntos dudosos y factores desfavorables, ya que encontramos que con respecto a la profundidad y amplitud del análisis, podemos esperar tanto de los niños como de los adultos.”33

f) ¡Más aún!

“Y más aún, en el análisis de los niños podemos retroceder a experiencias y fijaciones que en el análisis de adultos solo podemos reconstruir, mientras que en los niños se las representa directamente. Tomemos por ejemplo el caso de Ruth que, de bebé, había sufrido hambre durante un tiempo porque la madre tenía poca leche para darle. A los cuatro años y tres meses, al jugar con el lavatorio, llamó al tapón de agua, tapón de leche. Declaró que la leche iba a parar a las bocas (los agujeros de la cañería) pero que sólo corría muy poco. Este deseo oral insatisfecho apareció en innumerables juegos y dramatizaciones y se manifestó en toda su actitud. Por ejemplo, aseveraba que era pobre, que sólo tenía un abrigo, y que tenía muy poco que comer; ninguna de estas afirmaciones tenía el más mínimo acuerdo con la realidad.”34

En una nota al pie M. Klein aclara: “Es sólo luego de considerable análisis, habiéndose revelado parcialmente la escena primaria y el desarrollo genital, que llegamos a representaciones de experiencias y fantasías pregenitales.”35

Pasos en la elaboración de las interpretaciones en el análisis de niños

Detengámonos en la interesantísima descripción que M. Klein da de los pasos que sigue la elaboración de la interpretación por parte de los niños pequeños en la sesión analítica.

Si bien es

“un hecho llamativo que, aunque haya numerosas indicaciones inequívocas [del efecto de las interpretaciones] (el desarrollo del juego, la consolidación de la transferencia, la disminución de la angustia, etcétera), sin embargo, durante bastante tiempo el niño no elabora conscientemente las interpretaciones. Al principio la interpretación sólo es inconscientemente asimilada. Es sólo después cuando la relación de ésta con la realidad penetra gradualmente en la comprensión del niño.”36

Una indicación de esta paulatina elaboración es que “los niños empiezan a distinguir entre la madre ‘imaginada’ y la madre real, y entre el muñequito de madera y su hermano como bebé vivo. Entonces insisten firmemente en que querían hacer tal o cual daño sólo al bebé de juguete; dicen que por supuesto aman al bebé real”.37 Vemos que aceptan sus pulsiones, aunque dirigidas a objetos que implican menos compromiso emocional. Si bien en el texto M. Klein subraya el deseo del niño de “separar”, por ejemplo, la madre “imaginada” de la madre real, debemos presuponer un importantísimo momento previo en la elaboración en que en el análisis se estableció la relación entre la madre “imaginada” y la madre real.

“Sólo cuando han sido superadas resistencias muy poderosas y de larga data los niños se dan cuenta de que sus actos agresivos estaban dirigidos hacia los objetos reales. Entonces, cuando se admite esto, el resultado, incluso en niños muy pequeños es generalmente un paso notable hacia la adaptación a la realidad.”

Lo primero que sucede como resultado del psicoanálisis es que mejoran las relaciones emocionales con los padres; la comprensión consciente sólo surge cuando esto ha tenido lugar. Esta comprensión es admitida ante el mandato del superyó, cuyas exigencias son modificadas por el análisis de modo que puede ser tolerado y complacido por un yo menos oprimido y por consiguiente más fuerte.”38

Las “exigencias excesivas del superyó” son modificadas a lo largo de las distintas etapas del análisis, por lo que éste pierde su carácter de extrema severidad que no guarda, precisamente, relación con la realidad de los padres. Es el superyó el que va ganando en su adaptación a la realidad y con él el yo gana en fortaleza al encontrarse ante exigencias “realistas”. “Siempre ha sido mi experiencia que el efecto de tal conocimiento gradualmente elaborado, es en realidad aliviar al niño, establecer una relación fundamentalmente más favorable hacia sus padres e incrementar así su capacidad de adaptación social.”39

“Cuando esto ha tenido lugar los niños son también bastante capaces de reemplazar en cierta medida la represión por un rechazo razonado. Vemos esto en que, en un estado posterior del análisis, los niños han avanzado tanto desde los diversos anhelos sádico−anales o canibalistas (que en un estadio anterior eran aún tan poderosos), que ahora pueden adoptar a veces una actitud de crítica humorística hacia ellos. Cuando esto sucede oigo incluso a niños muy pequeños hacer chistes sobre que, por ejemplo, hace un tiempo ellos realmente querían comerse a su mamita o cortarla en pedazos. Cuando tienen lugar estos cambios, no sólo está disminuyendo inevitablemente el sentimiento de culpa [por la disminución de la excesiva severidad del Superyó], sino que al mismo tiempo los niños son capaces de sublimar los deseos [porque su Yo ha ganado en fuerza] que previamente estaban totalmente reprimidos. Esto se manifiesta en la práctica en la desaparición de inhibiciones de juego y en la iniciación de numerosos intereses y actividades.”40

Y finalmente abordemos la cuestión del lugar de la técnica psicoanalítica del juego dentro del método analítico general delineado por S. Freud:

“Se trata sólo de una diferencia de técnica, no de los principios del tratamiento. Los criterios del método psicoanalítico propuestos por Freud (...) se mantienen íntegramente en la técnica del juego. El método del juego conserva todos los principios del psicoanálisis y lleva a los mismos resultados que la técnica clásica. Sólo que en los recursos técnicos que utiliza está adaptado a la mente de los niños.”41

Cronología de circunstancias que rodean a Principios psicológicos del análisis infantil

* Enero de 1921. Se radica en Berlín.

* 3 de febrero de 1921. Presenta Análisis temprano (Segunda Parte de El desarrollo de un niño) en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín.

* 1921-1922. Presenta en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín varias contribuciones breves extraídas de su práctica.

* A partir de 1922 comienza a atender niños en el policlínico recientemente inaugurado por Karl Abraham.

* Septiembre de 1922. VII Congreso Internacional de Psicoanálisis (Berlín). Lee El desarrollo y la inhibición de las aptitudes en el niño (núcleo de Análisis infantil de 1923).

* Mediados de 1923. Comienza a analizar a Rita hasta octubre de ese mismo año (83 sesiones, se interrumpe porque los padres deben viajar al exterior). Confirma los hallazgos hechos con Erich y comienza a percibir la presencia de

a) una instancia crítica interna muy severa a una edad temprana;

b) fantasías sádicas anales y uretrales y

c) situaciones de ansiedad específicas de las niñas.

* A principios de 1924 comienza a analizarse con K. Abraham. El análisis se prolongará hasta mayo de 1925.

* Abril de 1924. VIII Congreso Psicoanalítico Internacional (Salzburgo). Lee Sobre la técnica del análisis de niños muy pequeños que se basa fundamentalmente en la experiencia que viene llevando adelante con Rita.

Habría mencionado por primera vez:

a) la concepción oral del coito y

b) habría hecho referencias precisas al despliegue de la transferencia en el análisis infantil.

Todavía no habría podido mencionar en esta versión:

a) el comienzo del Edipo a partir del destete;

b) la introyección del Superyó desde la aparición del conflicto edípico y

c) el despliegue de la transferencia en niños muy pequeños es comparable a los adultos.

* Junio de 1924. Reunión de psicoanalistas de lengua alemana. Melanie Klein presenta Extracto de análisis de una niña de seis años (tomado del caso Erna). Este escrito será la base del Capítulo 3 de El psicoanálisis de niños. Abraham dice, al terminar Melanie Klein de leer este trabajo, “El futuro del psicoanálisis está en el análisis de niños.”

* Diciembre de 1924. Finalizó el tratamiento de Trude (82 sesiones; se interrumpe por razones externas) y tiene en tratamiento a Peter (278 sesiones totales) y el de Ruth se encuentra muy adelantado (190 sesiones; se interrumpe porque los padres deben viajar al exterior). El tratamiento de Erna lleva seis meses y le restan 18 más (durará 2 y medio años; 575 sesiones; 1924−1926; se interrumpe por razones exteriores)

* 13 de diciembre de 1924. Lee una conferencia leída en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín y publicada en Imago (en alemán, 1926) y en IJPA (en inglés; 1927). En esta conferencia se basa Principios psicológicos del análisis infantil.

* 17 de diciembre de 1924. Presenta en Viena, encontrándose con S. y A. Freud, presentes en dicha reunión, Principios psicológicos del análisis infantil.

* Septiembre de 1925. Está una semana en Londres con gran éxito. Las conferencias constituirán la primera parte del libro El psicoanálisis de niños

* 1926. En la primera mitad de este año concluye los análisis en curso para trasladarse a Londres

Aparece publicado en el IJPA Principios psicológicos del análisis de niños.

Septiembre: Se radica en Londres.

1 Por ejemplo, en 1924, presenta en distintos eventos científicos (entre los que se cuenta el VIII Congreso Internacional de Psicoanálisis, realizado en Salzburgo) trabajos con títulos similares (por ejemplo, Sobre la técnica del análisis de niños muy pequeños) en los que podemos observar muchas de estas ideas en distintos estados de evolución ya que reflejan los hallazgos que realiza en los distintos tratamientos que lleva a cabo.

2 “Este análisis señala (...) el punto de partida de la ingente labor clínica y teórica que se refleja en sus escritos desde 1926 en adelante. Sabemos que Karl Abraham no se engañó al respecto y que anunció a Freud la proeza que [Melanie Klein] acababa de cumplir...” Petot, J.-M. (1979) Melanie Klein. Primeros descubrimientos y primer sistema (1919-1932), Buenos Aires: Paidós, 1982; p. 99.

3 En 1924 tomará en análisis varios pacientitos más (Trude, Erna, Peter, Ruth) de cuyos tratamientos surgirán los decisivos desarrollos teóricos y técnicos que constituyen las ideas centrales de Principios psicológicos del análisis temprano.

4 “[El] célebre artículo de 1926 sobre Principios psicológicos del análisis infantil, al que por lo general se considera como el primer texto en que se exponen las ideas kleinianas.” Petot, J.-M., op. cit., p. 25. Este artículo “ha sido considerado un verdadero manifiesto de las ideas kleinianas.” Ídem, p. 26.

5 Klein, M. (1926) Principios psicológicos del análisis infantil. En Contribuciones al psicoanálisis, Buenos Aires: Hormé, 1964, p. 127.

6 Ídem.

7 Ídem, p. 127. Acá hemos encontrado una diferencia en la traducción castellana. En los Writings of Melanie Klein leemos: “The fundamental thing, however, and the criterion of all later capacity for adaptation to reality, is the degree in which they are able to tolerate the deprivations that result from the Oedipus situation.”, (vol. I, p. 129, cursivas nuestras).

En cambio, en castellano (Contribuciones al psicoanálisis, Buenos Aires: Hormé, 1964) no se hace referencia a la “situación edípica”. Dice: “Sin embargo lo fundamental y el criterio de toda capacidad ulterior de adaptación a la realidad, es el grado en que son capaces de tolerar las privaciones que resultan de las situaciones mismas.” (pp. 127−128).

8 Del texto de M. Klein surge neta la distinción entre “adaptación” y “aparente adaptabilidad”. La “adaptación” surge de la capacidad del niño de volver sobre el repudio inicial de la privación de modo de transformarlo en un conocimiento de esa realidad, que al principio se le aparece sólo como frustrante; en cambio, la “adaptabilidad” es fruto de un “repudio exagerado” y se manifiesta, entre otras formas, como “docilidad”.

Recordemos lo tratado en capítulos anteriores acerca del “coraje” necesario para avanzar en el conocimiento de las realidades más allá de las ideas preformadas y sobrenaturales que apabullan el impulso al conocimiento del niño. “Adaptación” sería lo que surge de un conocimiento logrado con un espíritu activo de indagación que debe sobreponerse no solo a los obstáculos externos sino también a los internos (“tendencia a la represión”, en aquellos primeros textos; “repudio” en este texto); “adaptabilidad” sería el resultado de sucumbir a las ideas preformadas, entre otras.

9 Ídem, pp. 127-128; cursivas nuestras.

10 Ídem, p. 128.

11 Ídem, p. 128; cursivas nuestras.

12 Ídem, nota al pie n. 1, p. 128. El contenido de esta nota al pie forma parte del núcleo de ideas que M. Klein desarrollará en Estadios tempranos del conflicto edípico (1928).

13 Cursivas nuestras. Es evidente que el término “posición” es usado en parte como sinónimo de “fase”, pero estoy plenamente de acuerdo con W. Baranger quien, en su libro Posición y objeto en la obra de M. Klein, insiste en que “el cambio de término no parece fortuito, posición implica ya algo más que un momento de la evolución instintiva. Por tanto, se refiere a una ubicación determinada del sujeto dentro de una situación objetal completa.” Al quedar así vinculada a la relación objetal predominante en un momento dado, la posición (englobando el impulso, la fantasía, la ansiedad específica y las defensas actuantes) es algo eminentemente inestable y fluido, mucho menos rígido que el concepto de fase. Pero por el momento M. Klein introduce el término sin justificarlo y posiblemente sin que las sugerencias que van implícitas fueran del todo claras para ella. Sin embargo, no deja de ser elocuente que use en el mismo párrafo las palabras “situación” y “objeto”.

El término “objeto” designa por ahora, al igual que en S. Freud, un objeto exterior, pero difiere en parte de la concepción freudiana. Para él el objeto de amor genital es un objeto exterior semejante a la propia persona, sobre el cual se concentra el investimiento libidinoso global, posterior a la unificación de los instintos parciales. Para M. Klein la constitución del objeto, aunque sea exterior y total, no requiere la unificación de los impulsos, y la aparición de pulsiones genitales no implica la subordinación de los pregenitales bajo predominio genital. Al contrario, su presencia es compatible con la catectización sucesiva y también simultánea de las distintas zonas erógenas en un nivel de homologación. La aparición del factor genital anuncia de todos modos una tendencia a la integración.

En cuanto a la palabra “situación” sugiere una relación compleja, que va mucho más allá de lo instintivo. Como dice W. Baranger, “inclusive M. Klein llega a concebir la posición, más allá de la referencia libidinal o tanática, como una situación involucrando la totalidad de la vida psíquica”: elección de objeto, sentimientos, identificaciones, angustias, defensas.

Con respecto a la angustia, no hay referencia directa en el párrafo, pero todo el proceso evolutivo edípico surge como resultado de privaciones o frustraciones que tienen un doble efecto (propulsor e inhibidor) sobre el desarrollo libidinoso. En trabajos posteriores ampliará las motivaciones, pero es indudable que el motor principal será siempre la angustia, que aquí aparece desdibujada tras el término “privación → agresión→ angustia → culpa.” (Del Valle Echegaray, E., La obra de Melanie Klein, vol. I, pp. 59-60; Buenos Aires: Lugar, 1986).

14 Ídem, pp. 130-131.

15 Ídem, p. 129.

16 Ídem, p. 129.

17 Ídem, p. 129.

18 Ídem, p. 131.

19 Ídem, p. 131; cursivas nuestras.

20 Ídem, p. 130.

21 Ídem, p. 131.

22 Este mecanismo será ampliamente estudiado por M. Klein, en sus diversas consecuencias para la teoría y técnica psicoanalíticas, en La personificación en el juego de los niños (1929).

23 Ídem, p. 131, cursivas nuestras.

24 Ídem, p. 131.

25 Ídem, nota al pie n. 8, p. 133.

26 Nota a pie de página, n. 6, pp. 132-133.

27 Ídem, pp. 131-132, cursivas nuestras.

28 Ídem, p. 132, cursivas nuestras.

29 Ídem, p. 132.

30 Ibídem.

31 Ibídem, p. 132.

32 Ídem, p. 133.

33 Ídem, p. 133.

34 Ídem, pp. 133-134, cursivas nuestras.

35 Ídem, nota al pie n. 8, p. 133; cursivas nuestras.

36 Ídem, p. 135, cursivas nuestras.

37 Ídem, p. 135.

38 Ídem, p. 135, cursivas nuestras.

39 Ídem.

40 Ídem, p. 135.

41 Ídem, p. 136.

Capítulo 6 Las distintas concepciones del niño en el psicoanálisis infantil - II Londres, 1927

Susana Bidolsky

La serie de trabajos que se han analizado hasta aquí muestran el pasaje de una aproximación al niño desde el interés profiláctico sobre la neurosis, basado primero en una crianza de orientación psicoanalítica y luego en la indicación de análisis temprano, hacia el campo clínico así como la evolución que fueron teniendo sus ideas y las hipótesis sobre las que las construye en la medida en que ese pasaje se realiza. Se ha trabajado también la comprensión psicoanalítica que aportó tanto a los trastornos de aprendizaje en el niño como a los problemas vinculados con la inhibición intelectual.

En 1927 A. Freud publica en Viena Psicoanálisis del niño, su primer libro, una serie de 5 conferencias dictadas en el Instituto de Psicoanálisis de dicha ciudad durante 1926. Agrega en la segunda parte el trabajo que había presentado en el Congreso de Innsbruck en septiembre de 1927.

En estos trabajos no solo expone sus ideas acerca del análisis infantil, herederas de la posición de su maestra y líder del psicoanálisis de niños hasta ese momento, H. von Hugh-Hellmuth, sino que emprende una frontal crítica a la técnica y a las ideas kleinianas sobre análisis temprano.

Melanie Klein, en ese entonces ya radicada en Londres, acusa recibo y responde a las críticas fundamentando su desacuerdo con el grupo vienés, en ese momento encabezado por Anna y respaldado por el mismo S. Freud.

Su escrito Simposium sobre análisis infantil fue leído en mayo de 1927 en la Sociedad Psicoanalítica Británica, en el marco de un simposium sobre el tema que había organizado E. Jones con el fin de promover la discusión científica. En última instancia, una confrontación Londres−Viena que S. Freud no dejó de advertir.

Ambos textos más una corta contribución, La importancia de las palabras en el análisis infantil, del mismo año, constituyen la bibliografía de referencia para el desarrollo de este trabajo.

Abordaré en primer término las hipótesis más importantes que plantea A. Freud en su libro y alrededor de las que gira la polémica con M. Klein, para luego desarrollar las respuestas que dio esta última.

El niño en la concepción de Anna Freud

Esta autora considera que la condición central para llevar adelante un psicoanálisis, “la sólida instalación de la transferencia”, no es posible en el niño pequeño, o sea, en el niño de menos de 6 años. Esta idea se apoya en las diferencias que encuentra entre la organización psíquica del niño y la del adulto.

El niño antes de los 6 años no ha completado la estructuración de su psiquismo en términos de desarrollo yoico, integración instintiva (Eros-Tánatos) y fundamentalmente no alcanzó la internalización del superyó como consecuencia del sepultamiento del complejo de Edipo y, por tanto, tampoco el funcionamiento psíquico organizado por represión.

Estos requisitos suponen haber completado tanto la organización de la neurosis infantil, o sea, la primera edición, como la operatoria de la represión secundaria promovida por el superyó.

¿Cuáles son para Anna Freud las implicancias de estas falencias?

1) El niño no tiene conciencia de enfermedad y por tanto tampoco voluntad de curarse.

El conflicto, al no estar internalizado, es con los objetos externos.

Padres y educadores,

“con sus desmesuradas exigencias impulsaron al niño a la excesiva represión y con ello, a la neurosis. La decisión de analizarse nunca parte del pequeño paciente, sino siempre de los padres o de las personas que lo rodean, sin que para ello se recabe su conformidad (...) en muchos casos ni siquiera es el niño quien padece, al punto que con frecuencia él mismo no percibe ningún trastorno; sólo quienes lo rodean sufren por sus síntomas o sus arrebatos de maldad. Así, en la situación del niño falta todo lo que consideramos indispensable en la del adulto: la conciencia de enfermedad, la resolución espontánea y la voluntad de curarse.”1

2) No hay representación final de estar en análisis

Por otra parte, el paciente adulto es capaz de asociar libremente, o sea,

“ha excluido toda orientación e influencia consciente sobre el curso de sus pensamientos, pero, sin embargo, están regidas al mismo tiempo por una determinada representación final: la de que él, el sujeto que las asocia, se encuentra en análisis. El niño, en cambio, carece de esta representación final.”2

Si bien reconoce interés observacional a la técnica del juego, incluso como método investigativo de impulsos, defensas, expresión de deseos, afectos positivos y negativos, etcétera, no son para ella base segura para la interpretación: “Melanie Klein (...) pretende que todas estas asociaciones lúdicas del niño equivalen exactamente a las asociaciones libres del adulto y (...) procura averiguar la significación simbólica oculta tras cada acto del juego.”3

Continúa sosteniendo que

“si las asociaciones lúdicas del niño no están regidas por las mismas representaciones finales que las del adulto, quizá tampoco se tenga derecho a tratarlas siempre como tales, y en lugar de corresponderles invariablemente una significación simbólica, podrían aceptar a veces explicaciones inocentes.”4

El tema central aquí es la concepción de la transferencia que sustenta la autora, ya que es aquella la que autoriza la interpretación en el trabajo analítico. Volveremos enseguida sobre el tema.

En cuanto a la relación con el analista, plantea:

1) La dependencia del niño hacia sus objetos externos (padres) hace que su relación con el analista este mediatizada por estos. Son los padres los que autorizan al analista ante el niño. Es cierto que son los padres los que traen al niño y lo mantienen en tratamiento, por lo que la transferencia de los padres hacia el análisis y el analista tiene su importancia en cualquier tratamiento analítico que se emprenda con un niño.

Para hacer justicia, creo que la perspicacia de Anna había detectado esto, aunque adjudicándoselo al niño como obstáculo intrínseco.

En la medida en que la autora utiliza el análisis de adultos como referente y centralmente la organización mental adulta con las producciones derivadas del retorno de lo reprimido en la estructuración mental neurótica, no puede pensar una transferencia infantil genuina antes de que tal organización se alcance. De allí que hable de reacciones transferenciales (sustentadas en represiones parciales) y, por lo tanto, de ausencia de la capacidad para constituir una neurosis de transferencia, nudo privilegiado de la cura psicoanalítica.

Es decir, no hay síntoma de la transferencia. Algo del inconsciente del niño se puede articular a la figura del analista, pero este rasgo, si bien es del orden de la repetición, no logra por sí que se organice la neurosis artificial preconizada por S. Freud, ya que la neurosis infantil no puede haberse constituido antes del sepultamiento del Edipo.

El procesamiento de la neurosis infantil es el responsable de la aparición de síntomas transitorios en el niño, lo que ya habían sido señalados por S. Freud.

2) La función de la transferencia

“Podemos aducir dos razones teóricas por las cuales no es fácil provocar este proceso [se refiere a la neurosis de transferencia] en el niño pequeño. Una de ellas reside en la misma estructura infantil, la otra debe buscarse en el analista.”5

Señalemos lo que hemos desarrollado de la primera razón teórica en palabras de Anna:

“El pequeño paciente no está dispuesto (...) a reeditar sus vinculaciones amorosas, porque (...) aún no ha agotado la vieja edición. (…) Los padres todavía existen en la realidad y no sólo en la fantasía (...) el niño mantiene con ellos todas las relaciones de la vida cotidiana y experimenta todas las vivencias reales de la satisfacción y el desengaño.”6

Ese ligamen a los padres, deduce, impide que el analista sea ubicado por parte del niño en el lugar de aquellos. El analista (como objeto nuevo) generará una serie de afectos en el pequeño paciente, pero eso no autoriza a tomarlos como transferenciales.

Las objeciones de Anna apuntan a rechazar el análisis de niños con fines profilácticos, preconizado entusiastamente por M. Klein, pero a indicarlo en casos determinados, aquellos en que el niño presenta marcados rasgos neuróticos durante la latencia.

“Melanie Klein, de Berlín (...) sostiene que toda perturbación del desarrollo anímico o mental del niño podría ser eliminada o, al menos, mejorada por el análisis (...) Opina que también tiene grandes ventajas para el desarrollo del niño normal y que con el tiempo llegará a convertirse en un complemento indispensable de la educación moderna. (…) La mayoría de los analistas vieneses defienden otro punto de vista, opinando que el análisis del niño sólo se justifica frente a una verdadera neurosis infantil.”7

Se refiere aquí a la neurosis del niño como cuadro psicopatológico y no a la neurosis infantil estructural y estructurante del psiquismo, precondición para el desarrollo del cuadro neurótico

3) La “fase pedagógica”

“Expondré seis casos, de seis a once años de edad, demostrando cómo logré hacer ‘analizables’, en el sentido del adulto, a mis pequeños pacientes; es decir, cómo pude establecer en ellos la conciencia de su enfermedad, infundirles confianza en el análisis y en el analista, y convertir en interior la decisión exterior de analizarse”.8

Aclara que este “período de preparación” nada tiene que ver con el trabajo analítico, no se trata de “hacer consciente lo inconsciente”, sino de acercar al niño a las condiciones requeridas para el análisis del adulto. Únicas condiciones que conforman para ella una base sólida al método analítico.

Quiero resaltar el hecho de que su base empírica la constituyen niños, cronológicamente, en el período de latencia.

¿Cuáles son los métodos, no analíticos, que dispone A. Freud para alcanzar su cometido?

1 catarsis

2 sugestión

3 manipulación

4 personificación

En la primera conferencia se explaya sobre el tema aportando diversas viñetas que ilustran con claridad los diferentes métodos.

Es evidente que la necesidad de dar una sólida apoyatura teórica al análisis de niños, impide a Anna, una lúcida y comprometida joven analista, sacar conclusiones novedosas de sus experiencias clínicas, las que ya emergían del genio kleiniano.

Sabemos que S. Freud otorgaba central importancia para el sostenimiento del análisis a la transferencia positiva sublimada, resto desexualizado del vínculo afectuoso con los objetos primarios. Resulta coherente que Anna pensase que era necesario desarrollar en el niño un fuerte apego a la figura del analista, la famosa alianza de trabajo, para recién entonces emprender la labor analítica propiamente dicha. No deja, sin embargo, de advertir que esa fase preparatoria pone al terapeuta en una posición no abstinente.

El analista no puede, de este modo, ser neutral: “Las finalidades pedagógicas (…) hacen que el niño sepa muy bien qué considera conveniente o inconveniente el analista, qué aprueba o reprueba.”9

Y más adelante afirma que “Cualquiera sea el designio que se tenga con el niño, ya se quiera enseñarle aritmética y geografía, educarle o analizarle: siempre será preciso establecer primero determinada relación afectiva entre él y nosotros.”10

El lugar que ocupan los padres en el desencadenamiento de la neurosis, la conduce a proponer hogares sustitutos para los niños muy perturbados, así como la conducción de la educación del niño por parte del mismo analista.

De los medios que dispone el analista para realizar el análisis infantil

He aquí un listado de los recursos a los que apela el analista una vez que ha conseguido instalar la situación analítica con el niño luego de la fase o etapa pedagógica:

1 Recuerdos conscientes que operan como encubridores.

2 Interpretación de sueños y ensueños diurnos. Anna Freud encuentra que los niños aceptan fácilmente los significados inconscientes de los mismos. Nótese cómo esta observación, aguda por otra parte, que podría haberla inducido a la reflexión respecto a otras producciones del niño, queda sin mayores consecuencias.

3 La asociación libre. (No la considera un recurso habitual).

4 Las reacciones transferenciales.

5 El dibujo. En muchos niños es el medio de comunicación privilegiado.

Trabajadas las ideas de A. Freud, pasaremos a las respuestas de M. Klein a las objeciones annafreudianas.

El niño en la concepción de Melanie Klein

Anteriormente se trabajaron las hipótesis teóricas que M. Klein había desarrollado y sintetizado en su escrito Principios psicológicos del análisis infantil, de 1926. Ellas están en el fundamento de sus críticas a la posición annafreudiana. Las enuncio para tenerlas como telón de fondo:

1 En el inicio, los investimientos del niño son narcisistas.

2 El Edipo surge a comienzos del segundo año de vida.

3 Superyó y Edipo coexisten. El superyó está constituido por diferentes identificaciones operantes en distintos momentos y organizaciones libidinales.

4 Teoría del objeto introyectado

5 Culpa temprana

6 Objetivo del análisis: modificación del superyó, descrito como muy severo.

7 El juego es análogo al sueño, lo que permite interpretarlo como manifestación de situaciones inconscientes.

8 Estratificación fantasmática. Las experiencias y fantasías pregenitales subyacen a las edípicas. No utiliza el concepto de après−coup freudiano.

9 Agresión al objeto primario. Importancia de los impulsos oral y anal sádicos en la génesis de la patología.

El artículo que la autora presentó en el marco del Simposium de 1927 tuvo agregados muy posteriores (1947), que no se tomarán aquí ya que nos interesa seguir sus ideas con un criterio cronológico.

En su Simposium sobre análisis infantil, M. Klein ubica a S. Freud como referente en el desarrollo de las ideas sobre análisis de niños. Así el Análisis de la fobia de un niño de cinco años11 se constituye en eje alrededor del cual progresarán sus propias ideas.

En aquellos momentos fundacionales, las dudas y temores acerca de los efectos del trabajo analítico sobre las mentes infantiles eran enormes. Es sobre ese fondo que debemos leer los interrogantes que M. Klein retoma tanto de S. Freud como de otros autores como H. Hug-Hellmuth y se propone responder. Sin embargo, su principal interlocutor es A. Freud y las ideas que expone en su libro.

Citando a S. Freud y apoyándose en sus afirmaciones, M. Klein rechaza categóricamente la fase pedagógica, considerándola incompatible con la actitud analítica, tanto como lo es eludir la exploración profunda del Edipo en los análisis de niños.

La controversia que estas ideas funda, divide aguas en el campo del análisis infantil, aunque, como la misma M. Klein aclara en nota de 1946, ambas posiciones se fueron acercando algo en las décadas posteriores.

Los puntos alrededor de los cuales se organizan las diferencias implican modos diversos de teorizar la constitución psíquica del niño y, por ende, su abordaje psicoanalítico.

Los temas se refieren a:

- la exploración analítica del complejo de Edipo

- análisis del niño con o sin etapa preparatoria no analítica

- indicaciones y contraindicaciones del análisis infantil

Melanie Klein cuestiona las hipótesis que sirven de fundamento a los planteos de A. Freud. Es en esto taxativa: no hay situación analítica, o sea, instalación de la transferencia, si no se emplean medios analíticos. La intimidación, persuasión, sometimiento, etcétera, no son medios válidos para un analista. Este no puede hacer un uso autoritario del poder que le confiere la transferencia. Solo debe analizarla, es decir, hacerla consciente.

“Todos los medios que juzgaríamos incorrectos en el análisis de adultos son especialmente señalados por A. Freud como valiosos en el análisis de niños; su objetivo es la introducción al tratamiento que estima necesaria y que llama la ‘entrada’ en el análisis.”12

Melanie Klein cuestiona este modo de “entrar” en análisis (momento de instalación de la transferencia) por distorsivo y esta distorsión que introduce el analista al asumir un lugar no analítico deviene obstáculo al desarrollo del análisis.

Es de notar cuán tempranamente en su pensamiento se expresa su profunda comprensión del método e hipótesis psicoanalíticas.

“Anna Freud coloca el consciente y el yo del niño y del adulto en primer plano, cuando indudablemente nosotros debemos trabajar en primer lugar y sobre todo con el inconsciente (aunque acordamos todas las consideraciones necesarias al yo). Pero en el inconsciente (y aquí baso mi afirmación en trabajo analítico profundo tanto con niños como con adultos), los niños no son de ninguna manera fundamentalmente distintos de los adultos. Lo único que sucede es que en los niños el yo no se ha desarrollado aún plenamente y por lo tanto (…) están más gobernados por el inconsciente.” 13

El inconsciente es la meta del análisis y M. Klein dice que hay que dirigirse a él. El inconsciente es el “soporte del análisis”. Desde su perspectiva, lo que hace A. Freud apelando a sus métodos pedagógicos es explotar de algún modo la angustia de castración y la culpa inconscientes del niño (cosa que en sí misma no critica) sin darle cabal resolución. Es decir, no las analiza hasta sus últimas consecuencias como propone M. Klein.

Por otra parte, “un propósito consciente (...) ni siquiera en los adultos se mantendría por mucho tiempo como único soporte del análisis.”14

Lúcida observación que muestra una vez más cuánto más cerca de la clínica que de la teoría están sus respuestas. Es por ello que reformula las teorías vigentes.

Las dificultades iniciales en los análisis de niños, como ha visto en sus pequeños pacientes, son pensadas como modos de expresión de la transferencia negativa ligada a la angustia y culpa inconscientes. Es sólo su interpretación lo que logra aliviarlas, o sea, “retrotraerlas al objeto de origen”.

Esta angustia y sentimiento de culpa inconscientes están íntimamente ligados a la situación edípica.

El trabajo analítico, interpretativo, permite el despliegue y alternancia de la transferencia tanto positiva como negativa. De esto se trata cuando se habla de la situación analítica. “Mi método presupone que desde el comienzo quiero atraer hacia mí tanto la transferencia positiva como la negativa, y además de esto investigarla hasta su origen, en la situación edípica.”15

Melanie Klein insiste en el sostenimiento del trabajo analítico con niños, en los mismos fundamentos que el de adultos: neutralidad analítica, análisis de la transferencia, utilización de verbalizaciones, fantaseo, juegos, dibujos y sueños. “El niño nos traerá muchas fantasías si en esta senda lo seguimos con la convicción de que lo que nos relata es simbólico.”16

¿Cómo fundamenta M. Klein esta aseveración en la observación clínica? Detalla ampliamente la técnica que utiliza y los medios que pone al alcance del niño para favorecer la externalización de sus creencias y fantasías. Señala también la importancia que tiene para ella que el niño repita con distintos medios el mismo “material psíquico”, lo que le permite detectar la organización fantasmática en juego e interpretarla. Quiero resaltar la importancia que Klein atribuye aquí desde la clínica al concepto de repetición y también a las

“manifestaciones del sentimiento de culpa expresado ya sea por angustia o en representaciones que implican sobrecompensación, que son la expresión de formaciones reactivas –suponiendo (…) que yo haya logrado insight en ciertas conexiones: (...) interpreto estos fenómenos y los enlazo con el inconsciente y con la situación analítica [transferencia].”17

Nuevamente, la respuesta a la crítica por hacer interpretaciones simbólicas de las expresiones del niño sin contar con asociaciones parte de su clínica. Melanie Klein no atribuye la dificultad para asociar en el niño a una cuestión evolutiva (como lo hace A. Freud) sino a la angustia (referente clínico) ya que “la angustia se resiste a las asociaciones verbales”.

Con el niño, la tarea del analista es favorecer la producción de representaciones mediatizadoras (indirectas) que lo alejen de las situaciones y objetos primitivos, simbolizándolos. Estas representaciones que el niño logra a través del juego y del dibujo son menos ansiógenas que las verbales y operan como asociaciones. De este modo se representa a sí mismo sus conflictos permitiendo al analista su interpretación, lo que genera alivio.

Cuando la ansiedad es más tolerable el niño puede verbalizar sus fantasías y temores en el nivel de desarrollo que ha alcanzado su lenguaje.

En este trabajo como en los anteriores vemos la insistencia de la autora sobre ciertos elementos que jerarquiza en su clínica y que serán un sello distintivo de su escuela: la transferencia negativa, el sentimiento de culpa inconsciente, los modos de expresión de la angustia.

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Volume:
524 p. 8 illustrations
ISBN:
9789878362465
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