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Colección Investigaciones
Catálogo Arquitectura Movimiento Moderno Perú Primera edición digital: noviembre, 2017
© Universidad de Lima
Fondo Editorial
Av. Javier Prado Este 4600
Urb. Fundo Monterrico Chico, Lima 33
Apartado postal 852, Lima 100, Perú
Teléfono: 437-6767, anexo 30131
fondoeditorial@ulima.edu.pe www.ulima.edu.pe
Edición: Fondo Editorial de la Universidad de Lima
Diseño: Fernando Prieto, Grafito
Diagramación: Lucía Villanueva
Diagramación de mapas: Tamara Corrales
Fotografía de portada: Vista del puente peatonal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Del archivo de Arana, C., Orrego, A. y Torres, J. (1960-1964). Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. [Fotografías]. Archivo de Antenor Orrego, Lima. Visitado el 21 de mayo de 2014.
Versión ebook 2017
Digitalizado y distribuido por Saxo.com Perú S. A. C.
https://yopublico.saxo.com/ Teléfono: 51-1-221-9998 Avenida Dos de Mayo 534, Of. 304, Miraflores Lima - Perú
Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio,
sin permiso expreso del Fondo Editorial.
ISBN 978-9972-45-415-8
© De los textos, las obras y las imágenes: archivo Agurto, archivo Alvariño, archivo Canziani, archivo Córdova, archivo De los Ríos, archivo García Bryce, archivo Llona, archivo Orrego, archivo Rodrigo Mazuré, archivo Seoane, archivo Torres, archivo Vásquez, archivo Weberhofer, Archivo Histórico de Arquitectura de la Universidad de Piura y revista El Arquitecto Peruano.
Catálogo Arquitectura Movimiento Moderno Perú es una investigación de Alejandra Acevedo y Michelle Llona con el apoyo del Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima, bajo la coordinación de Lucía Villanueva, Daniel Raygada, Tamara Corrales y Karen Vila, con el equipo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Lima: Gonzalo Castillo, Rodrigo Cieza de León, Tamara Flores, Gabriela Guevara, Paloma Nieri, Boris Pretell, Rocío Ten, y con el apoyo de Claudia Huaquisto, Alessandra Rodríguez, Diana Sifuentes y Lucía Weilg.
ÍNDICE
01 PRÓLOGO
02 INTRODUCCIÓN
03 60 EDIFICIOS MODERNOS
04 LISTADO GENERAL DE EDIFICIOS
05 MAPAS
06 ARQUITECTOS
07 FUENTES Y REFERENCIAS


PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DEL SIGLO XX
Uno de los problemas que tiene la conservación del patrimonio construido en el Perú es su extensión. Ser un país milenario nos convierte en un gran repositorio de manifestaciones culturales valiosas en épocas diversas: prehispánica, colonial y republicana, que de alguna manera reciben, por parte del Estado y de algunos privados, algún tipo de protección. A fuerza de grandes campañas se ha logrado que una parte significativa de la población tome conciencia del valor de estas manifestaciones arquitectónicas del pasado, aunque los resultados son todavía magros y se requiere indudablemente seguir enfatizando en políticas que lleven a conservar los legados de otro tiempo, testimonio de diversas épocas que es nuestra obligación valorar, recuperar y conservar.
Sin embargo, sea por su extensión o por su antigüedad, solemos identificar como patrimonio solo aquello construido antes del siglo XX. El Ministerio de Cultura, principal ente estatal de valoración y tutela de las manifestaciones culturales y artísticas del país, tiene diseñadas políticas de conservación para el patrimonio arqueológico, que contemplan lo prehispánico, y también para el patrimonio histórico que comprende las épocas colonial y republicana, pero que dejan de lado importantes obras de inicios del siglo XX, del centenario de la Independencia del Perú y de la aparición del Movimiento Moderno o International Style.
Independientemente de cronologías y períodos históricos, de cuándo empieza o cuándo termina una determinada época, está claro que la producción arquitectónica del siglo XX, especialmente en su segunda mitad, cuando aparece con nitidez la arquitectura moderna, no tiene todavía ninguna política de valoración de parte del Estado y, por supuesto, tampoco de conservación. Ser una arquitectura relativamente reciente –aunque hay muchas edificaciones que superan ya el medio siglo– no es motivo de interés, dado que quizás existe una arquitectura más antigua y, se supone, en mayor riesgo, a la que hay que atender. Tal vez porque la arquitectura más reciente está en uso y también porque debido a la calidad y resistencia de los materiales con que ha sido edificada está mejor conservada.
Sin embargo, es importante decir que se trata de un patrimonio en peligro, que al carecer de políticas efectivas de conservación, viene sucumbiendo año a año, debido, sobre todo, a la situación de bonanza económica traducida en un boom de la construcción. Este proceso ha llevado a que importantes sectores de Lima y otras ciudades del Perú hayan tenido, en los años recientes, un proceso de renovación urbana, con sustitución de edificaciones que han aumentado la capacidad edificatoria del suelo, con los consecuentes aumentos de la densidad de habitantes por hectárea, tanto de viviendas como de oficinas. En este proceso y por falta de alguna forma de protección, importantes muestras de arquitectura del siglo XX han desaparecido, y, en otros casos, sus características arquitectónicas originales han sido alteradas a partir de ampliaciones o remodelaciones. Tal es el caso de los recientemente desaparecidos Edificio Limatambo, de Enrique Seoane Ros, en la esquina de las avenidas Javier Prado con Paseo de la República; el Edificio Residencial, en la calle Juan de Aliaga, de Manuel Villarán Freire; y el remodelado Banco Continental, cuyo nuevo forro de vidrio y paneles aluminizados han cambiado sustantivamente la fisonomía de un edificio emblemático de la década de 1980, como fue el Banco Continental, de Ramírez, Smirnoff y Kanashiro.
Todos estos antecedentes sirvan para presentar el resultado del trabajo de las arquitectas Michelle Llona Ridoutt y Alejandra Acevedo de los Ríos, desarrollado para el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima (IDIC), con el apoyo de un equipo de estudiantes de la Carrera de Arquitectura. Publicado como Catálogo Arquitectura Movimiento Moderno Perú (CAMMP), es mucho más que esto, pues, en el curso del trabajo, va tomando la forma de un inventario detallado del patrimonio de una época, y termina por convertirse en una pieza fundamental para iniciar un proceso de valoración de la arquitectura moderna en el Perú.
La trascendencia de los inventarios radica en que permiten, en primer lugar, identificar y listar el patrimonio arquitectónico, ubicando a sus autores y organizando, a partir de fichas, toda la información disponible: fotografías –antiguas y modernas–, planos, perspectivas, apuntes, etcétera. Además, detallan la situación actual del edificio o monumento de estudio, si está deteriorado y si requiere labores de conservación. Esto es, precisamente, lo que han hecho Llona y Acevedo, y han recurrido a diversos tipos de fuente, desde las publicaciones de la época, tales como la revista El Arquitecto Peruano, hasta los archivos de los arquitectos, material inédito que constituye uno de los aportes más importantes del trabajo.
Todo este material reunido ha dado forma al Catálogo Arquitectura Movimiento Moderno Perú, que se presenta en varios formatos para su mejor difusión. Así, el CAMMP se podrá revisar en toda su amplitud en una edición virtual, que incluye textos, fotos y planos. Pero también puede seguirse desde la aplicación especialmente diseñada para telefonía móvil. Estas dos formas se han complementado con esta versión impresa, que contiene una selección de edificios realizada por un grupo de arquitectos del medio.
La información contenida en el CAMMP será de la mayor utilidad para tener un conocimiento sistematizado de lo que fue y significó la arquitectura moderna en el Perú. Más aún, debería servir como un instrumento que permita establecer lo que tanto reclamamos al inicio de este prólogo: las labores de protección de los edificios más significativos de la arquitectura moderna en el Perú, que, al igual que los de la época prehispánica, la colonial y la republicana, deberían ser declarados por el ente competente, es decir el Ministerio de Cultura, como monumentos históricos sujetos a protección por su carácter de piezas reveladoras de una época de nuestra historia.
Termino felicitando a las arquitectas Alejandra Acevedo y Michelle Llona, al equipo de estudiantes que las han acompañado en la realización de la investigación, en el trabajo de recolección, procesamiento y presentación de la información. Asimismo, destaco el valioso apoyo que ha brindado el IDIC en todo el proceso de investigación, hasta llegar a este momento culminante.
Lima, septiembre de 2016
MSc. Arq.
Enrique Bonilla Di Tolla
Director de la Carrera de Arquitectura
Universidad de Lima


INTRODUCCIÓN
La promoción del patrimonio material inmueble moderno en el Perú es una necesidad impostergable para la consolidación de la memoria colectiva de la comunidad y la construcción de nuestra historia. Sin embargo, según Docomomo1, la herencia arquitectónica del Movimiento Moderno:
corre hoy mayor riesgo de desaparecer, más que en ningún otro período, debido a su edad, a la frecuente innovación tecnológica con la que fuera realizada, al cambio en las funciones para las cuales fuera diseñada y debido al clima cultural imperante. (2016)
En el caso de nuestro país, este riesgo es mayor debido a que el Ministerio de Cultura define el patrimonio material inmueble como los “bienes culturales que no pueden trasladarse y abarca tanto los sitios arqueológicos (huacas, cementerios, templos, cuevas, andenes) como las edificaciones coloniales y republicanas” (2016). Esta definición preocupa, puesto que solo los edificios de las épocas en mención tendrían valor patrimonial, excluyendo a los del movimiento moderno estudiado.
Esta investigación, que ha dado como resultado el Catálogo Arquitectura Movimiento Moderno Perú (CAMMP), es la primera iniciativa por inventariar y documentar los edificios más importantes de la producción nacional comprendida en el período moderno. No obstante, no ha concluido aún, pues se seguirá enriqueciendo en la medida en que vayamos recibiendo información y accediendo a otros archivos de arquitectura. Desde hoy el catálogo queda abierto a la comunidad para que, con sus aportes, contribuya a su fin más esperado: la protección de la obra del Movimiento Moderno del Perú.
La investigación se centra, cronológicamente, en la producción arquitectónica de esta época, que tuvo su mayor producción en la década de 1950, si bien se desarrolló entre 1945 y 1965, años que cubre nuestro trabajo. Es necesario aclarar que, debido a su importancia e influencia, se han incorporado proyectos arquitectónicos pre y post Movimiento Moderno, para contextualizar el período estudiado. El Movimiento Moderno en el Perú se inicia con varios sucesos locales que marcan un cambio en la concepción del arte y la arquitectura; en particular, en su forma de enseñanza.
Los cambios empiezan en 1945, en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), cuando el Centro de Estudiantes de Arquitectura (CEA) promueve una reforma del Plan de Estudios, con lo cual se logra, un año después, la creación del Departamento de Arquitectura y el inicio del proceso de modernización de la enseñanza. Este deseo de cambio y renovación dentro del CEA fue motivado por un libro del arquitecto Luis Miró Quesada: Espacio en el tiempo, primer volumen peruano que aborda la nueva arquitectura como consecuencia de un cambio estructural en la sociedad. Posteriormente, en 1947, el grupo del CEA, bajo la tutela de Miró Quesada, forma la Agrupación Espacio, que reunió a arquitectos, intelectuales y artistas, y publicó un manifiesto en el que se plantean las ideas fundamentales sobre las que se basa este período:
La arquitectura, como arte de síntesis, producto de todos los conceptos básicos y primordiales de un tiempo a través de formas y volúmenes, ha sido –en el proceso actual–, el último de los valores estéticos en revolucionarse. No obstante, este retraso ha obedecido a una razón categórica de esencia. Era necesario que la metamorfosis se realizara plenamente en todos los planos asequibles al hombre, para que la arquitectura concretase en sí, la fórmula total de un nuevo tiempo. (Agrupación Espacio, 1947)
Otro hito lo constituye el edificio del Club Internacional de Tiro en Arequipa (1946), desarrollado por Adolfo Córdova, José Polar y Carlos Williams, activos miembros del CEA y de la Agrupación Espacio, diseñado con los principios internacionales de la arquitectura del Movimiento Moderno.
La producción arquitectónica de este período fue recogida y publicada en la revista El Arquitecto Peruano2, principal medio de difusión de la arquitectura nacional, dirigida por el arquitecto Fernando Belaunde Terry, gran promotor de las ideas modernas en arquitectura. Al revisar esta publicación observamos que la producción arquitectónica en el Perú quizás no se acercó al volumen de edificios construidos en Brasil, México o Venezuela; sin embargo, destaca la calidad de la arquitectura producida en esa época.
Es importante mencionar que durante este período se logró incluir la categoría de arquitectura al Premio Nacional de Fomento a la Cultura, otorgado por el Ministerio de Cultura, premio anual que distinguía un edificio específico por su aporte al patrimonio cultural del país. Hoy no solo no existen estos reconocimientos, sino que los edificios premiados están siendo modificados y uno de ellos ha sido demolido.
Investigar sobre el Movimiento Moderno es una idea que nace de una conversación con el arquitecto y destacado historiador de la arquitectura del Perú José García Bryce, quien nos encarga promover, ante el Colegio de Arquitectos y el Ministerio de Cultura, un listado de edificios en pro de la conservación de un patrimonio material inmueble moderno, con el fin de consolidar la historia de nuestra arquitectura. Este compromiso significaba despertar el interés por la preservación y conservación de la arquitectura moderna, incluyendo las obras precursoras y algunas posteriores al período estudiado, no solo en las entidades afines, sino también entre los arquitectos y la comunidad.
Luego de revisar la bibliografía básica, evidenciamos que este período de la arquitectura no había sido estudiado previamente y no existía información recopilada ni sistematizada. La primera tarea consistió en seleccionar y destacar los edificios y el grupo de autores. En el desarrollo de la investigación surgió, como segunda tarea, poner en valor los archivos que representaban el bagaje documental de los proyectos.
Así, a la lista inicial entregada por García Bryce, que fue vital para dar inicio al trabajo, se fueron sumando otros edificios hasta llegar al centenar, y, en poco tiempo de revisión de textos, documentos y archivos, logramos superar los 400.
Durante tres años, el trabajo estuvo dirigido a la recopilación de la información de cada edificio, a la identificación de nuevos proyectos y edificaciones representativas del período de investigación y a la organización y sistematización de los datos.
La primera fase nos llevó a revisar publicaciones y archivos privados de los autores, así como a realizar y recoger testimonios de los diversos actores. El Arquitecto Peruano, la revista DAU, la revista del Colegio de Arquitectos y la revista de la Agrupación Espacio fueron, entre otras, las fuentes principales.
Posteriormente, buscamos acceder a las oficinas de arquitectura donde se habían gestado los proyectos recopilados. Los archivos de los arquitectos de la época nos revelaron información de valor incalculable que, en su mayoría, no está preservada ni catalogada. Esto implica una tarea urgente de rescate. Con cada archivo visitado fueron apareciendo nuevos proyectos que enriquecieron el listado inicial y que empezaron a darle densidad al período moderno.
La información de cada edificio fue catalogada por tipo de documento: datos generales del edificio, descripciones, artículos, planos, fotografías y perspectivas. Todos los documentos de la época fueron procesados, redibujados y digitalizados, y estos a su vez sistematizados en una base de datos organizada por edificios.
Luego de este proceso y de la consolidación del listado general, decidimos seleccionar un grupo de edificios modernos que retrataran el período y que pudieran ser presentados en un libro. Para ello invitamos a dos arquitectos emblemáticos del período, José García Bryce y Adolfo Córdova, arquitecto moderno central y editor de revistas de arquitectura a lo largo de su carrera y su vida. Este filtro también fue realizado por dos arquitectos investigadores de la arquitectura moderna en el Perú: Elio Martuccelli, docente de historia de la arquitectura en varias universidades de Lima, y Enrique Santillana. Adicionalmente, las suscritas, investigadoras responsables del proyecto, realizamos nuestra propia selección. Culminado el proceso quedaron sesenta edificios, de los cuales 53 fueron construidos entre 1945 y 1965, y siete antes y después de este período. Parte de los edificios seleccionados cuenta con premios y reconocimientos nacionales, y los que no, forman indudablemente parte de la memoria colectiva de nuestro país.
El resultado es este libro que nos ilustra sobre el sentido de la investigación. Se inicia con dos artículos, uno de Adolfo Córdova, quien da testimonio de los grandes cambios ocurridos en la arquitectura peruana y en la reforma de los estudios de la arquitectura en el Perú a mediados de la década de 1940, y otro de Elio Martuccelli, quien nos introduce en uno de los temas que marcaron este período: la vivienda colectiva. Seguidamente, se presentan en orden cronológico los sesenta edificios seleccionados, con sus datos generales, fotografías y planos. Especialmente ilustrativos son los textos originales relativos a la mayoría de estos, que han sido transcritos y actualizados de acuerdo a las normas vigentes de la Academia. En ciertos casos, cuando no se encontraron textos de época, se elaboraron algunos con el fin de proporcionar información al lector.
A continuación se incluye un listado general de edificios del período moderno. Este listado comprende 448 edificios arquitectónicos. Al final, presentamos un resumen de la hoja de vida de los arquitectos de los sesenta edificios que aparecen en el libro, con una relación de sus obras más representativas.
La investigación, además de este libro, optó por utilizar otros medios o soportes para su difusión. Por un lado, nos interesaba mostrar y compartir toda la información recopilada; y por otro, lograr el mayor impacto. Surgió así la idea de otros tres formatos, además de este impreso: un expediente por edificio, un catálogo web y una aplicación para dispositivos móviles.
Las fichas por edificio son un formato mejorado de las que hoy utiliza el Ministerio de Cultura para inventariar el patrimonio material inmueble. Esta ficha agrupa la información técnica propia de un proyecto de arquitectura: identidad (autores, dirección, año, área, distinciones), descripción o artículo de publicación, información gráfica (planos, perspectivas y fotografías), y una evaluación del estado actual del edificio. Estas fichas están organizadas en orden cronológico y tienen como objetivo ser entregadas al Ministerio de Cultura, en cuatro volúmenes, como un aporte a la conservación del patrimonio arquitectónico moderno.
El catálogo web es una plataforma que recoge y sistematiza la información encontrada y digitalizada, y facilita una búsqueda a través de cuatro filtros: autor, lugar, período y uso. El catálogo contiene varios documentos descargables relacionados con la investigación, como mapas, artículos de la época y reglamentos vinculados a la promoción y al reconocimiento del patrimonio histórico inmueble. Este soporte permite la libre consulta y difusión del público general, incluso fuera del ámbito nacional. Asimismo, la página web del catálogo pretende abrir las puertas al intercambio de información y seguir enriqueciendo la información de este período. El catálogo web puede ser consultado en el enlace www.cammp.ulima.edu.pe.
La aplicación para dispositivo móvil (APP) se elaboró para aumentar la facilidad y rapidez de acceso a la información de la versión web, e incorpora la ubicación GPS de los edificios en la ciudad. De esta manera, buscamos promover la visita a los edificios y, con ello, generar una mayor conciencia del estado actual de nuestro patrimonio arquitectónico.
El catálogo web y la aplicación para dispositivo móvil podrán encontrarse escaneando los códigos QR al final del texto.
Este trabajo no hubiera sido posible sin la confianza y la participación del arquitecto José García Bryce, quien no solo nos concedió este encargo, sino que también revisó varias veces el listado y nos abrió las puertas de su biblioteca y archivos, y nos acompañó en todo el proceso, resolviendo consultas sobre los edificios, los autores y los datos de los proyectos.
Al arquitecto Bryce se suma un grupo de arquitectos y familiares que nos abrieron sus oficinas para poder indagar en sus archivos personales. Agradecemos a Mercedes Alvariño, José Canziani, Adolfo Córdova, Miguel Cruchaga, Jorge de los Ríos, Miguel Ángel Llona, José Orrego, Miguel Rodrigo, Gonzalo Torres, Juan Luis Vásquez, Heinz Weberhofer y al Archivo Histórico de Arquitectura de la Universidad de Piura.
Esta labor tampoco se hubiera concretado sin el apoyo constante del Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima (IDIC), que patrocinó nuestro proyecto y atendió todos nuestros requerimientos a lo largo de estos tres años de investigación.
Finalmente, expresamos nuestro reconocimiento al equipo de trabajo formado por jóvenes arquitectos que nos asistieron en el desarrollo del proyecto. Agradecemos especialmente a Gonzalo Castillo, Rodrigo Cieza de León, Tamara Corrales, Tamara Flores, Gabriela Guevara, Paloma Nieri, Boris Pretell, Daniel Raygada, Rocío Ten y Lucía Villanueva. De igual manera, nuestra gratitud a Karen Vila y Lucía Weilg.
Catálogo Web
App para dispositivo móvil
Michelle Llona Alejandra Acevedo
Notas
1. International Committee for Documentation and Conservation of Buildings, Sites and Neighbourhoods of Modern Movement. Actualmente Docomomo tiene grupos de trabajo activos en más de 55 países, diez de ellos en Latinoamérica, incluido el Perú.
2. Revista mensual de construcción y decoración interior, El Arquitecto Peruano fue publicada entre 1937 y 1977, y bajo la dirección del arquitecto Fernando Belaunde Terry hasta 1963, cuando asumió la presidencia de la República.
Referencias
Agrupación Espacio. (1947). Manifiesto de la Agrupación Espacio. Expresión de principios de la Agrupación Espacio. Lima.
Docomomo. (2016). Docomomo International. Recuperado de http://www.docomomo.com/mission
Ministerio de Cultura del Perú. (2016). Patrimonio cultural. Recuperado de http://www.cultura.gob.pe/patrimonio
LA REFORMA DE LOS ESTUDIOS DE ARQUITECTURA, LA AGRUPACIÓN ESPACIO Y LA MODERNIDAD
TESTIMONIO
El recuerdo más intenso que guardo de mi paso por la Escuela Nacional de Ingenieros como estudiante, de 1942 a 1946, fue el año vivido entre julio de 1945 y julio de 1946, período del viaje al sur del Perú, de la creación del Centro de Estudiantes de Arquitectura (CEA) y de la Reforma de los Estudios en 1945. Estos tres hechos desembocaron al año siguiente en la creación de la Agrupación Espacio, que, influyendo a su vez en la enseñanza, ocupó gran parte de mi vida durante los siguientes años.
Había ingresado para obtener el título de arquitecto constructor, según el plan de estudios establecido para la Sección Arquitectura a principios de la década. Pero terminé cinco años después, preparado para el título de ingeniero en la especialidad de Arquitectura, que obtuve después de presentar, como proyecto de grado, una unidad vecinal en Arequipa. El cambio del título que se otorgaba fue debido a dicha reforma, que cambió también el nombre de Sección por el de Departamento de Arquitectura.
El viaje al sur: la carta del Cusco y el primer encargo
Durante la carrera de Arquitectura, los estudiantes debíamos participar en dos viajes de estudio financiados por la Escuela: al norte, hasta Cajamarca el primero, y el segundo, la vuelta al sur del Perú. En el tercer año, durante las vacaciones de julio, fuimos al norte. Viajamos en el ómnibus de la Escuela, acompañados por el profesor Rafael Marquina y, como invitado, el arquitecto Enrique Seoane.
El viaje de estudios al sur instituido para los alumnos del 4.° año de Arquitectura, en nuestro caso tuvo algunas particularidades. No pudo acompañarnos el profesor Marquina, solo nos inscribimos cuatro alumnos y viajamos en el automóvil de uno de los compañeros, Julio Ferrand. Esto último nos dio flexibilidad para cumplir exitosamente con los objetivos didácticos del viaje: tomar contacto con el pueblo y el paisaje del interior, así como con el valioso patrimonio arquitectónico vernáculo, inca y colonial del recorrido, con escalas más sostenidas en Cusco y Arequipa. En estas ciudades dos acontecimientos inesperados marcaron nuestro destino: en la ciudad imperial, la carta al diario El Sol; en la Ciudad Blanca, el primer encargo profesional.
El día que llegamos al Cusco, un artículo aparecido en el periódico local postulaba, para toda obra de arquitectura que se realizara en la ciudad imperial, la obligación de expresar en su tratamiento las dos culturas de la identidad cusqueña, la inca y la colonial. Prácticamente se proponía incluir en la fachada de toda obra moderna muros de piedra y molduras coloniales a imitación de la obra histórica. Ofendidos en nuestras convicciones por el arte contemporáneo de reciente aprendizaje y de respeto a las manifestaciones del pasado, decidimos escribir una carta de oposición debidamente fundamentada, de cuya redacción quedamos encargados Carlos Williams y yo. La firmamos los cuatro, la dejamos en la sede del diario y partimos en gira a conocer los sitios y vestigios monumentales de la zona que incluía Pisac, Ollantaytambo y todo el Valle Sagrado, culminando con la ascensión a Machu Picchu, en aquel entonces solo posible a lomo de mula.
A nuestro regreso, con sorpresa y satisfacción leímos en el diario El Sol (30 de setiembre de 1946) nuestra carta, publicada con un amable comentario de la dirección1.
Después del largo periplo por las iglesias de Puno, las chullpas de Sillustani, el cruce del lago Titicaca, la rápida visita a Copacabana y el retorno por Tacna y Moquegua, tomamos un descanso en Arequipa, visitando con calma la magnífica arquitectura en sillar de iglesias, conventos y casonas.
La Ciudad Blanca nos graduó por anticipado, al iniciarnos en el ejercicio profesional por intermedio de José Polar, uno del cuarteto viajero, ligado a conocidas familias locales. En su encuentro con Carlos Cánepa Sardón, presidente del Club Internacional, se gestó la posibilidad de proponer un anteproyecto para el local institucional. Polar, quien desde hacía ya un tiempo estudiaba para los exámenes y trabajaba conmigo y con Williams los diseños de Taller en mi casa, nos involucró en el pedido, que se concretó en un encargo formal cuando visitamos el extraordinario terreno propiedad del Club, situado en Zamácola, junto al lecho del río Chili. Allí, de pie ante una hermosa vista, redactamos el Programa de Necesidades. Fue inusitado: teníamos 21 años, no habíamos terminado aún los estudios y recibíamos ya el primer encargo profesional. Antes de que terminara el año, nuestro anteproyecto, moderno naturalmente, fue entregado y aprobado por el Club. Desarrollamos los planos definitivos durante los primeros meses del año siguiente y la construcción se pudo iniciar con la solvencia de la firma Flórez y Costa.
Formación de la Junta para la Reforma, el CEA y otros antecedentes
La reforma fue impulsada por los alumnos, a quienes representé a través del Centro de Estudiantes de Arquitectura que habíamos fundado recientemente. Esa reforma comprometió en realidad a todas las especialidades de la Escuela, fue obra de una junta mixta de profesores, egresados y alumnos que se conformó cuando en el Congreso de la República se anunció una nueva Ley Universitaria.
La iniciativa partió de un docente de la Sección Minas, el ingeniero Mario Samamé Boggio, quien a través del alumno Manuel González de la Cotera convocó a un grupo de estudiantes de diversas especialidades –yo entre ellos por la Sección Arquitectos Constructores– al local de la Sociedad de Ingenieros, ubicado en La Colmena. De la primera o segunda reunión salí con la misión de invitar a dos profesores, ellos fueron Rafael Marquina y Héctor Velarde2, y, poco después, a un egresado, Juan Benites, el más famoso entre los arquitectos egresados, pues había sido jefe de la barra de la Escuela en varias de las olimpiadas interuniversitarias anuales. Los otros alumnos cumplieron misión semejante en su correspondiente sección. Quedó así conformada la junta por dos profesores, un alumno y un egresado por cada sección de la Escuela. Cuando se iniciaron las sesiones formales, el ingeniero Samamé fue elegido presidente y yo secretario de lo que en adelante denominaríamos la Junta Mixta de Reforma de la Escuela de Ingenieros.
Los deseos de reformas que los estudiantes de Arquitectura sentíamos como apremiantes, eran compartidos en cierta medida por los de todas las otras especialidades. Entre nosotros, los de Arquitectura, estos deseos se alimentaban de un insoportable contraste entre la enseñanza que padecíamos (la del modelo Escuela de Bellas Artes de París, centrada en el conocimiento y aplicación de los órdenes clásicos, que tomaba todo el segundo año de Taller3, y de su aplicación a proyectos de estilo neoclásico primero y neocolonial después, que ocupaban el tercero y hasta el cuarto de Taller) y la información que habíamos empezado a recibir a través de libros y revistas sobre la arquitectura libre de forzados estilos, practicada desde hacía buen tiempo en otras partes. Este contraste provocaba opiniones, discusiones y hasta enfrentamientos entre los alumnos de todos los niveles, que, felices sin embargo, compartíamos ese Taller Vertical tres tardes por semana, en los altos salones intercomunicados, en el segundo piso del viejo local de la calle Espíritu Santo, donde, escuchando cada hora las campanas del templo vecino, trabajábamos y dialogábamos hasta que la falta de luz eléctrica, tarde ya, nos obligaba a abandonarlos.
Se alimentaba también nuestra necesidad de cambio de lo que, desde un mundo menos estudiantil, más íntimo y amical, aprendimos en las enriquecedoras tertulias de Barranco, donde vivía Carlos Williams, Carlín, el más culto de nuestros compañeros de promoción. Allí, en una terraza enladrillada, a media ladera, en uno de los flancos de la Bajada a los Baños, con vista al mar por un lado y por sobre los ficus a la vieja Ermita por otro, se reunían los artistas amigos a compartir inquietudes y experiencias, a escuchar “Alturas de Macchu Picchu” en la voz de Neruda, a leer a León Felipe o a César Vallejo, a intercambiar La metamorfosis de Kafka por El lobo estepario de Hesse, o a leer fragmentos de El tiempo perdido, a conocer la música dodecafónica, a gozar con los móviles de Calder o la pintura de Juan Gris, y, en fin, a querer a Picasso, a Rodin o a Maillol. En Barranco se encontraban con frecuencia Jorge Piqueras y César de la Jara, Blanca Varela y Sebastián Salazar Bondy, Fernando de Szyszlo y Samuel Pérez Barreto, Pepe Bresani y Mayaya Gamio Palacio, Celso Garrido Lecca y Enrique Iturriaga, etcétera. Yo fui una vez a estudiar con Carlín para un examen de matemáticas y resulté sumándome al grupo. Después se integraron otros compañeros de la Escuela como Eduardo Neira, Pepe Polar, Guillermo Proaño. Y como allí supe lo de los Premios Nacionales de Fomento a la Cultura, entre los que faltaba el premio a la Arquitectura (como si ella no fuera testimonio edificado de la cultura de los pueblos), escribí una carta al diputado arquitecto Fernando Belaunde Terry solicitándole, en nombre del CEA, subsanara la omisión4.
Pero nuestros deseos de cambios en la enseñanza se hicieron realmente perentorios cuando, a partir de la creación del CEA y de la invitación al arquitecto Mario Gilardi, recién llegado, para que en una charla nos contara sobre la enseñanza en Chile, donde se había graduado, conocimos otro enfoque del trabajo en los talleres de diseño. También nos amplió lo poco que sabíamos de algunas figuras emblemáticas de la arquitectura moderna, especialmente del polémico Le Corbusier, cuyo libro Hacia una arquitectura no solo comentó con entusiasmo sino que nos dejó su propio ejemplar como regalo. Ese texto y el de Luis Miró Quesada, Espacio en el tiempo, aparecido por esos días, libro que Pepe Polar, conmovido, llevó al Taller, encendieron la polémica en las horas de esas tardes de 4.° año, en las cuales tomamos clara conciencia del atraso en que vivíamos con respecto a otros países de América Latina.
Hay que recordar que el CEA fue el primer centro de estudiantes descentralizado de la Escuela, pues solo existía el Centro de Estudiantes de Ingeniería (CEDEI). Las otras especialidades organizaron sus propios centros por consejo nuestro, para engrosar la representación de Ingeniería, ante la proximidad del Congreso Nacional de Estudiantes, convocado para fines de setiembre de 1945, evento al que asistimos solo brevemente5. La organización estudiantil en centros fue sin embargo beneficiosa para los fines de la reforma de cada especialidad.
El trabajo y las vicisitudes de la Junta Mixta
Conformada como expresé líneas arriba, la Junta comenzó sus planteamientos iniciales sesionando en el local de la Sociedad de Ingenieros, hasta que se acordó salir de esa especie de clandestinidad y solicitar al director de la Escuela un lugar de trabajo en la sede institucional. El ingeniero Alfredo Mendiola, inesperadamente amable con la delegación presidida por el ingeniero Samamé, nos ofreció todas las facilidades, incluido el uso del Salón del Directorio para sesionar, pero puso una condición: nombrar al presidente. Esto implicaba desconocer al presidente que habíamos elegido, pero Samamé, en el breve momento en que se nos dejó deliberar en privado, sacrificando su cargo, nos convenció de aceptar. Informado el director, nombró como presidente al profesor más antiguo, el ingeniero Roberto Valverde. Con la nueva presidencia, la Junta Mixta, instalada en la Escuela, prosiguió con sus propuestas de reformas curriculares en cada especialidad: creación de nuevos cursos y actividades, y sugerencias de posibles profesores.
El mismo ingeniero Valverde había sido nombrado antes para informar sobre los problemas y planteamientos de la Escuela ante la Comisión Legislativa encargada de preparar el Estatuto Universitario. En este punto me permito aclarar una confusión. En el texto Breve historia de la UNI se afirma:
El gobierno de Bustamante y Rivero después de dar la Ley 10555, constituyó una comisión de senadores y diputados a la que encargó elaborar el Estatuto Universitario luego de oír los informes de las universidades y escuelas de entonces. Como delegado de la Escuela… el profesor Roberto Valverde. (López Soria, 2003, p. 60)
La Ley 10555 se llamó Nuevo Estatuto Universitario; era lo mismo, no hubo dos normas sucesivas, siendo equivocado afirmar, además, que el Gobierno, el Poder Ejecutivo, hubiese constituido una comisión de legisladores. Que sí la hubo, pero conformada por sus miembros y en el propio Congreso, precisamente para elaborar y proponer la Ley. La confusión proviene de un trabajo previo, Historia de la UNI, citado anteriormente. Ese error llevó a otros, como veremos luego.
Llegó un momento, puede haber sido en marzo de 1946, en que fue conocido el texto preliminar de la nueva Ley. Supimos así que la transición al nuevo régimen iba a estar a cargo de las autoridades vigentes en universidades y escuelas:
Art. 86° El presente Estatuto entra en vigencia a su promulgación. Sin embargo las actuales autoridades continuarán en el ejercicio de sus cargos hasta la elección de las nuevas de acuerdo con el presente Estatuto.
Es decir, en nuestro caso, a cargo del régimen Mendiola, nada partidario de la nueva ley. En el sector reformista más radical de la Junta Mixta tuvimos desconfianza de esa posibilidad y consideramos como solución que esa transición fuese encomendada a la propia Junta. Con la debida reserva gestionamos que en el Parlamento se acogiera esta propuesta por la comisión autora del proyecto de ley e incluso en el Ejecutivo, donde podía ser observada.
Nuestra reservada gestión dio sus frutos: la Ley 10555, Nuevo Estatuto Universitario en su versión como proyecto final del Congreso, promulgada por el Ejecutivo el 24 de abril de 1946, en el último artículo del último capítulo, el 17 de las “Disposiciones transitorias”, estableció:
Art. 109° Durante el período de reorganización de la Escuela de Ingenieros este será regido por la Junta Mixta de Reforma.
La Ley no creó la Junta Mixta. Al encargarle la transición, a diferencia de las universidades y de la Escuela La Molina, reconoció su existencia implícitamente. Y el ingeniero Mendiola no renunció a la dirección (o si lo hizo cumplió solo como un gesto simbólico), sino que fue cesado por la Ley al encargar a la Junta el gobierno transitorio de la Escuela Nacional de Ingenieros. La disposición fue sorpresiva pero inmediatamente acatada, aunque molestara a los profesores conservadores. El ingeniero Valverde asumió la dirección y nombró al alumno Pablo Calle como secretario para los asuntos del gobierno de la institución, y me pidió que yo siguiera como secretario en los temas de la reforma.
Con la doble responsabilidad, gobierno de la Escuela y reforma de los estudios, la tarea de la Junta exigió dedicación exclusiva6. Trabajamos intensamente, pues adicionalmente había presión de los alumnos, preocupados porque no empezaban las clases hasta muy entrado el año, iniciación que se fue dando por niveles. Entre tanto se avanzó en la organización y definición de los departamentos en lugar de las secciones y en los nombramientos administrativos, así como de docentes en sus varias categorías, pues una de las medidas iniciales de gobierno había sido declarar la vacancia general del personal.
La Escuela, sin embargo, no podía sustraerse del clima político de entonces, signado por la presencia del Partido Aprista, que, proscrito de la vida nacional por décadas, legalizado al final del gobierno de Prado, y luego de su reciente triunfo electoral, presente en el poder con el Frente Democrático Nacional, inició un sistemático proceso de penetración en las instituciones, especialmente en sindicatos y universidades. Ese proceso se hizo manifiesto en varios de los nombramientos realizados, pues, a juicio de la mayoría de la Junta, la dirección y la secretaría mostraban una permisividad creciente en este sentido, permisividad opuesta a la posición estrictamente académica, independiente de tendencias políticas, que primaba en la reforma emprendida. Llegó un punto en el que se consideró necesario terminar la transición como el mejor modo de detener la penetración política partidaria.
Teniendo en cuenta los avances ya cumplidos en la reforma administrativa central, la organización de los departamentos por especialidad, incluido el nombramiento de sus respectivas autoridades, así como el de gran parte de los profesores para nuevos cursos propuestos, la Junta, en tormentosa sesión7, acordó el nombramiento de las nuevas autoridades, director y subdirector, declarar terminada la transición y, por tanto, luego de entregado el poder, su propia disolución.
La reforma en la enseñanza de la arquitectura
El año académico de 1946, iniciado con notable retraso, fue doblemente diferente para los miembros del Departamento de Arquitectura. Por un lado, aparte de algún laboratorio y servicio, fuimos la única dependencia de la Escuela que para las tareas educativas, clases y prácticas, permaneció en la vieja casona de la calle Espíritu Santo, los otros departamentos fueron a ocupar el nuevo local de la avenida Túpac Amaru, en el Rímac.
Por otro lado, las mencionadas tareas se ofrecieron con cambios muy importantes8, frutos de la Reforma. Nuestros tres únicos maestros de años anteriores, arquitectos Marquina, Malachowski, Velarde, recibieron la compañía de otros seis arquitectos y tres ingenieros incorporados a la docencia de la especialidad, según lo propuesto por nuestra Comisión y acordado por la Junta Mixta de Reforma. Es decir, el personal docente se triplicó. Los nuevos profesores fueron los siguientes:
Para el Taller de Diseño (antes Dibujo Arquitectónico):
– arquitecto Juan Benites Dubeau, Taller de Diseño, 2.° y 3.er año;
– arquitecto Enrique Seoane Ros, Taller de Diseño, 4.° y 5.° año (ambos bajo la coordinación de don Rafael Marquina);
– arquitecto Luis Miró Quesada Garland, curso Análisis de la Función Arquitectónica en 2.° año;
– arquitecto Fernando Belaunde Terry, curso Problema Nacional de la Vivienda en 4.° año;
– arquitecto Carlos Morales Macchiavello, Materiales de Construcción (2.° año) y Procedimientos de Construcción (3.er año);
– arquitecto Paul Linder, Estética de la Arquitectura (4.° año) y Filosofía del Arte (5.° año);
– ingeniero Luis Dorich Torres, curso de Planeamiento Urbano en 5.° año, como segunda parte de Urbanismo, que, a cargo siempre del ingeniero Alberto Alexander, se bajó del 5.° al 4.° año;
– ingeniero A curso de Topografía, 3.er año;
– ingeniero B cursos Instalaciones I y II en 4.° y 5.° año.
Se agregó además un tercer curso de Historia del Arte, a cargo del arquitecto Héctor Velarde, así como Planos de Obra I y II en 2.° y 3.er año.
La inclusión de las nuevas materias exigió, naturalmente, la eliminación de cursos prescindibles para los estudiantes de Arquitectura, llevados en común con la especialidad de Ingeniería Civil hasta antes de la Reforma, tales como Hidráulica, Química Orgánica, Física II, Construcciones Especiales, etcétera.
Para quienes terminábamos los estudios no había grandes mejoras en el programa de cursos de 5.° año, pero con gusto varios nos matriculamos adicionalmente en cursos nuevos de años inferiores. Yo lo hice en cuatro de ellos: Análisis de la Función Arquitectónica, Problema Nacional de la Vivienda, Estética y Filosofía del Arte, los dos cursos de Paul Linder.
En su curso, Miró Quesada –inseguro y aún tímido al comienzo, brillante finalmente y siempre de una sencillez ejemplar– reafirmó los conceptos expuestos en su libro, que ya conocíamos, pero además incidió con profundidad en dos aspectos técnicos nuevos para nosotros: asoleamiento y acústica, en cuyo dominio demostró la amplitud de su versación. El curso de Belaunde sobre vivienda nos abrió un nuevo panorama con la teoría de la unidad vecinal, cuyo primer intento de realización en el Perú, además, ya estaba en trabajos preliminares por la comisión que había creado el Congreso. Pero fueron los cursos de Linder los que nos cautivaron especialmente, no solo por el contenido sino también por la calidad de sus exposiciones. Además, había estado en la Bauhaus como discípulo de Gropius, conoció a Albers, Kandinsky, Klee… era, pues, un testigo de los primeros momentos de la modernidad, que nos transmitió con entusiasmo.
Terminamos los estudios de arquitectura entrado ya el año 1947, puesto que habíamos iniciado el 5.° año con gran retraso, envidiando a los alumnos de ciclos inferiores que iban a gozar de las reformas introducidas. Pero, sin falsa modestia, contentos de haber contribuido a esas mejoras. Dejamos el CEA a la nueva directiva presidida por Jorge de los Ríos, y nos alistamos para emprender otra tarea: editar una revista de arquitectura y arte moderno. No estábamos de acuerdo con la línea de El Arquitecto Peruano, porque publicaba eventualmente, por ejemplo, la nueva arquitectura de Brasil o alguna casa moderna norteamericana, pero prefería en sus páginas las casas estilo Tudor, californiano o neocolonial, proyectadas por ingenieros y arquitectos peruanos9. Y para dirigir la revista que soñábamos pensamos, naturalmente, en Miró Quesada y en Linder.
La Agrupación Espacio y la profundización de la Reforma
Más de una vez he contado acerca del memorándum que tres delegados –Neira, Biber y Córdova– eleváramos a los dos profesores para que dirigieran nuestra revista. También de cómo Miró Quesada nos persuadió de conformar primero una agrupación (no grupo, que evoca algo cerrado) que pudiese encontrar, mediante el diálogo y otras actividades, puntos de vista comunes acerca de la arquitectura y del arte, para pensar después en una publicación, empresa difícil en un medio pequeño para dos revistas de parecida especialización. No voy a detenerme en las reuniones preliminares ni en la conformación definitiva de la Agrupación Espacio ni en la publicación del Manifiesto del 15 de mayo de 1947.
Sobre las actividades públicas de la Agrupación Espacio se ha estudiado e informado en artículos y en investigaciones, especialmente acerca de las campañas sobre arquitectura y urbanismo10, aparecidas en la página semanal que se publicaba en El Comercio. Pero poco se ha destacado el ciclo inicial de conferencias sobre las manifestaciones de la modernidad en las artes plásticas, la física, la filosofía, el psicoanálisis, etcétera, expuestas por los especialistas más reconocidos de entonces en nuestro medio (Paul Linder, Oscar Miró Quesada [Racso], Augusto Salazar Bondy, Carlos Alberto Seguín, entre otros), valiosa serie que desgraciadamente no se publicó. Tampoco se han destacado suficientemente las cuatro temporadas de música moderna en los veranos de 1948 a 1951 (Garrido Lecca, 1997), organizadas por Celso Garrido Lecca y Enrique Iturriaga en el hermoso patio de una casona en la Bajada de Baños de Barranco, actividad que el último año obligó a solicitar un sitio en el Club Regatas Lima, cuando más de 300 personas abarrotaron el local inicial. Con el apoyo de músicos del Conservatorio Nacional de Música se pudieron escuchar notables piezas modernas, algunas de las cuales en primera audición en Lima.
La revista Espacio, nuestro primer objetivo, pudo salir finalmente, paralelamente a la publicación de las colaboraciones semanales en El Comercio. Con mucho trabajo llegamos a publicar ocho ediciones de periodicidad variable por las dificultades de su financiación por avisaje comercial, que no pudimos o supimos manejar.
Poco se ha dicho en cambio de una labor más silenciosa de la Agrupación Espacio, su influencia en la formación de arquitectos, mejor dicho en la profundización de la Reforma, de cuyo primer esfuerzo, 1945-46, había sido su producto inmediato. Y a ello quiero referirme para terminar.
En 1948 se incorporaron a la plana docente del Departamento los arquitectos Santiago Agurto, Mario Bianco y Javier Cayo, quienes, aunque no estuvieron en el nacimiento de la Agrupación Espacio, fueron desde muy temprano miembros y colaboradores destacados. El primero, llegado de Estados Unidos, donde había cursado estudios de posgrado, fue asignado a uno de los cursos de historia, en reemplazo de Héctor Velarde, quien se retiró a fines de 1947, y al año siguiente se encargó del Taller de 2.° año. Por su parte, Bianco, llegado de Italia en 1947, quedó muy impresionado por la conferencia de Paul Linder, a quien buscó luego de escucharlo, y por su intermedio se relacionó con la oficina que teníamos Williams y yo, acogido como socio nuestro en 1948. Descubiertas sus cualidades, lo propusimos para el 5.° Taller de Diseño. Finalmente, ese año Javier Cayo, formado en Chile, se asoció con Santiago Agurto y Eduardo Neira y fue propuesto por ellos para colaborar en el Taller. Antes, en 1947, recién egresado yo, había sido amablemente conminado por Linder y Miró Quesada a dictar un curso de Composición Plástica, para lo cual me prestaron su apoyo. Este curso solo duró dos años, pues en 1949, cuando Agurto reemplazó a Benites en el Taller de 2.° año, se fusionó con este para conformar un verdadero nivel de Diseño Básico, del cual formé parte como profesor asociado, hasta 1955.
Los primeros años del Departamento, siempre bajo la dirección de Rafael Marquina, fueron de reajuste permanente de la Reforma, con el liderazgo de Miró Quesada, especialmente en el eje de los Talleres de Diseño: Juan Benites, inicialmente nombrado para Talleres de 2.° y 3.° renunció por razones de salud, y Enrique Seoane, encargado de los de 4.° y 5.°, excelente maestro en su Oficina Profesional11, no pudo soportar, como lo dijo, la disciplina horaria que exigía el ejercicio de la docencia institucionalizada. El Taller, eje de la formación, que conocimos Vertical, con un solo profesor de 2.° a 5.°, fue dividido, desde 1946, en dos etapas, que, por lo expuesto, devino finalmente en cinco talleres independientes que, para 1955, año en el que el Departamento logra incorporar el 1.er año, antes de formación común, estaban dirigidos como sigue: 1.er año, Adolfo Córdova; 2.°, Santiago Agurto; 3.°, Luis Miró Quesada; 4.°, Javier Cayo; y 5.°, Mario Bianco (Álvarez, 2006). Todos ellos, integrantes de la Agrupación Espacio.
Creo que la enseñanza práctica en los talleres adquiere en esta época no solo cierta unidad de enfoque, sino sobre todo calidad. Lo han afirmado egresados de esa época de brillante trayectoria, como Enrique Ciriani o Frederick Cooper, y lo han descrito distinguidos ex alumnos, como Miguel Cruchaga y Oswaldo Núñez12. Es necesario precisar que este período estuvo acompañado y reforzado por la obra profesional realizada por los profesores y, entre ellas, el local de la propia Facultad, ejemplo notable de arquitectura moderna debida al diseño de Mario Bianco y al impulso de Fernando Belaunde Terry, sucesor de Rafael Marquina como jefe de Departamento en 1951, y primer decano de la nueva Facultad en 1955.
Fue también apoyado por visitas de maestros de alta presencia internacional como Gropius, Sert, Tedeschi, Albers, Neutra. Y también por el convenio de intercambio con la Universidad de Chile, que permitió refrescar mutuamente los métodos de enseñanza.
No debería extenderme más, pero no puedo dejar de mencionar que los siguientes decanos, después de Belaunde, fueron todos miembros de la Agrupación Espacio. Con distintos acentos en su gestión, ellos fueron sucesivamente: Santiago Agurto (La encuesta escolar), Luis Miró Quesada (La Escuela de Artes Visuales), Adolfo Córdova (Vivienda Rural, Taller de Asistencia Técnica) y, más tarde, Carlos Williams (Planeamiento Urbano Regional). Sin duda el más representativo de la Agrupación Espacio fue el ejercicio de Luis Miró Quesada: la creación de la Escuela de Artes Visuales. Trajo un numeroso cuerpo de profesores encabezados por Adolfo Winternitz, para cursos de pintura, grabado, fotografía, cerámica, escultura, etcétera, que, por unos años, permitieron una visión integradora de la cultura y de las artes. No duró mucho pero dejó, además de una experiencia extraordinaria, la expresión “Artes” (Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes) en el nombre de nuestra Facultad, aspecto que espera ser nuevamente honrado.
La Agrupación Espacio, hija de la Reforma, contribuyó sustancialmente a profundizarla, como cerrando un ciclo.
Septiembre de 2016
Adolfo Córdova Valdivia
Notas
1. Con sorpresa también leímos 50 años después que el Dr. José Ignacio López Soria, director de varios estudios sobre la Agrupación Espacio, ha considerado el contenido polémico de esta carta como un antecedente de ese movimiento. Ver en 1/2 de Construcción, 126 el comentario y la reproducción de la carta.
2. Don Rafael era el jefe de la sección y profesor de Dibujo Arquitectónico (nombre que se daba al Taller Vertical de Diseño) y del curso de Arquitectura de la Habitación. Don Héctor enseñaba el curso de Geometría Descriptiva en el 1.er. Año General, y en la especialidad dictaba los cursos de Historia del Arte I y II, Sombras y Perspectiva, y Estereotomía de la Piedra y de la Madera. Benites, además de lo dicho, había sido nuestro profesor de Dibujo Técnico en el 1.er. Año General.
3. Durante el primer semestre había que dibujar cinco láminas con los órdenes toscano, dórico, jónico, corintio y compuesto, a las cuales, en el segundo semestre, debíamos aplicar sombras a tinta aguada, según el curso de Sombras que había dictado don Héctor Velarde.
4. Por Ley 10869 del 17 de marzo de 1947, se aprobó el proyecto presentado por el diputado Belaunde Terry para crear el Premio Chavín a la mejor obra anual de la arquitectura. Fue una disposición complementaria de la Ley 9614 de 30 de setiembre de 1942, que había creado 12 premios, otorgados por primera vez el 28 de julio de 1944, muy comentados en las tertulias de Barranco.
5. El CEDEI tuvo un papel protagónico en la crisis de la Escuela de 1930-1932, en que precisamente el estudiante Mario Samamé Boggio fue representante de los alumnos ante la Dirección de la Escuela (Rodríguez V.). En nuestro tiempo el CEDEI, presidido por el estudiante de Arquitectura Santiago Agurto Calvo, desempeñó destacado papel en la huelga general “única y exclusivamente estudiantil” en apoyo a los universitarios de Trujillo, lográndose la renuncia del rector Meave Seminario.
La asistencia al Congreso de 1945 (setiembre 29-octubre 10) se redujo a la primera asamblea plena, en la cual la delegación de San Marcos, de mayoría aprista, propuso denominarlo con el nombre de su líder, Haya de la Torre. Hubo áspero desacuerdo de varias delegaciones. Finalmente, abandonamos el evento con los representantes de las universidades La Molina, la Universidad Católica y San Agustín de Arequipa.
6. Se me asignó a dos comisiones, la de Reglamento General de la Escuela y la de Reforma de la Sección Arquitectura, en la que se integró además al alumno Jorge de los Ríos, miembro del CEA.
7. A la presentación de la moción, el presidente, ingeniero Valverde, manifestó su completo desacuerdo, y luego de airado debate, se negó a ponerla al voto, renunció a la dirección de la Junta y, por tanto, de la Escuela, y se retiró. Tomó su lugar el profesor que le seguía en antigüedad, el ingeniero Morales Macedo, quien solidarizándose renunció igualmente y se retiró también. Don Rafael Marquina, tercer sucesor en antigüedad, aceptando en cambio la responsabilidad, puso al voto la propuesta, que fue aprobada. Este episodio, que me enorgulleció por el gesto de mi profesor, no figura en la historia oficial. Tampoco consta en ella la dirección interina de la Escuela ejercida por Marquina, mientras comunicó oficialmente y puso en vigencia los nombramientos del ingeniero Enrique Góngora como director y Ricardo Valencia como subdirector, acordados por la Junta Mixta.
Anécdota. Uno o dos días después, el ingeniero Valverde vino por sus pertenencias y documentos y cuando salía a tomar el automóvil que lo esperaba en la puerta, cuatro miembros de la Junta lo acompañamos en su recorrido porque un grupo de alumnos vociferaba en el patio. Don Héctor Velarde, humorista siempre, caminando a mi lado, al ver mi preocupación me dijo en voz baja: “No tema usted, Córdova, esos alumnos no nos van a dar de ladrillazos… esta casona es de adobe…”.
8. Ver Plan de Estudios antes y después de la Reforma de 1946 (Álvarez Ortega, 2006).
9. Nuestra entusiasta y juvenil militancia moderna nos impedía ver que la única revista dirigida por un arquitecto tenía que dar a conocer preferentemente la obra de sus colegas, que, además, eran relativamente pocos.
10. Ver, por ejemplo, Ludeña Urquizo (2004) y Alegre (2001).
11. De allí salieron sus dibujantes Carlos Williams y Walter Weberhofer, brillantes arquitectos después.
12. Homenaje a la FAUA-UNI, CAP 2011.
Referencias
Alegre Freyre, R.L. (2001). “La Agrupación Espacio en El Comercio”: aproximaciones al proceso moderno en el Perú. Tesis de maestría. Lima: Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Arte, Universidad Nacional de Ingeniería.
Álvarez Ortega, S. (2006). La formación en arquitectura en el Perú. Antecedentes, inicio y desarrollo hasta 1955. Lima: Universidad Nacional de Ingeniería.
Garrido Lecca, C. (1997). La Agrupación Espacio en el mundo musical de Lima. 1/2 de Construcción, 126.
López Soria, J.I. (2003). Breve historia de la UNI (p. 60). Lima: Universidad Nacional de Ingeniería/UNIPETRO ABC SAC.
Ludeña Urquizo, W. (2004). Tres buenos tigres. Piqueras, Belaunde y la Agrupación Espacio. Vanguardia y urbanismo en el Perú del siglo XX. Huancayo: Colegio de Arquitectos del Perú.
LA VIVIENDA COLECTIVA Y EL MOVIMIENTO MODERNO
EL CASO DE LIMA
Introducción
La historia de la arquitectura ha reconocido en el Movimiento Moderno una producción variada de edificios. Diversas tipologías funcionales están presentes a lo largo del siglo XX como parte de una etapa histórica que soñaba transformar la realidad, atendiendo demandas sociales de la población y mejorando el entorno construido. Esta transformación se ve reflejada en ejemplos emblemáticos como fábricas, estaciones de tren, mercados, hospitales, locales educativos, aeropuertos, laboratorios, cines y, como nunca antes se había dado a gran escala, en la vivienda colectiva. El presente texto aborda la producción arquitectónica vinculada a este tema, desde sus orígenes hasta su llegada al Perú. El reto de diseñar para dar cobijo a nuevos sectores sociales fue tomando distintos nombres en el proceso, con diversos tamaños: barrios obreros, unidades vecinales, agrupamientos, residenciales y conjuntos habitacionales.
Al final del texto nos parece imprescindible una reflexión sobre lo que se logró décadas atrás en relación con este tema y lo que actualmente se realiza en Lima y otras ciudades del Perú.
Vivienda colectiva
La vivienda colectiva fue tema de gran interés y preocupación en la arquitectura del Movimiento Moderno durante el siglo pasado. Un arquitecto influyente, décadas atrás, pasaba por haber enfrentado el desafío proyectual de diseñar viviendas de bajo costo.
Ser arquitecto moderno en Europa durante la década de 1920 era dedicarse a la vivienda social. Ejemplos notables de esos años encontramos en Alemania y Holanda, así como en Inglaterra y Francia, donde se desarrollaron al respecto obras importantes. Esa preocupación se extendió rápidamente a otros países europeos y luego a otros lugares del mundo, incluyendo el Perú.
Podríamos decir que la vivienda colectiva, social y económica es asunto de arquitectos recién a partir del siglo XX. Como gremio comenzó a prestar atención a un tema de diseño que durante siglos no consideró. Es decir, desde entonces, existe una inquietud como ciuda-
danos de no solo hacer obras públicas, edificios singulares, grandes residencias o casas temporales, sino también multifamiliares. En este tema de la vivienda colectiva encontramos la que se denomina vivienda “social”, aunque en el fondo todas lo son. Cuando se utiliza dicho adjetivo es para hacer referencia a ciertos límites en el costo del resultado final. Está claro que la vivienda económica sigue siendo un tema crucial y un reto por atender, en sociedades que aspiran a cierta justicia.
El tema del multifamiliar enfrenta y entrena al arquitecto a economizar esfuerzos y aumentar posibilidades dentro y fuera del lote, considerando aspectos vinculados al espacio interior de los departamentos, el resultado del conjunto y la relación del edificio con la ciudad.
En la arquitectura del Movimiento Moderno es posible ver una correspondencia directa entre las formas y las ideas que parten de una causa: la modernidad como proyecto, como ideal, como experiencia, como forma de pensar. Tiempo de “compromisos”, de una arquitectura que quería seguirle los pasos a la sociedad en su conjunto.
Nuevos ambientes dentro de las casas, nuevos accesorios, nuevos hábitos de limpieza marcan la historia privada y pública de la humanidad. Ellos son el reflejo de conceptos que siempre ha buscado la modernidad: bienestar, progreso, higiene, eficiencia, finalmente felicidad. Una época en que los arquitectos no tenían necesariamente poder, sino algo acaso más importante: autoridad. Hoy, la arquitectura ligada al espectáculo prefiere otro tipo de edificios.
Así como la arquitectura y las tipologías de vivienda son indesligables, la relación entre esta y la ciudad también lo es. Es decir, uno puede tomar el pulso de la arquitectura y el urbanismo a través de la vivienda, que es la que origina y teje la ciudad. Más allá de edificios singulares, la vivienda es una de las mejores maneras de registrar el devenir de una sociedad. Una historia de la arquitectura debe ser, en buena cuenta, una historia de la vivienda. Es extraño que edificios espectaculares cobren tanta y exclusiva trascendencia o que la ciudad termine subordinándose a ellos.
Los grandes conjuntos habitacionales del Movimiento Moderno fueron criticados a partir de las décadas de 1960 y 1970. Eran parte de un debate en el que nuevas formas de entender la arquitectura y la ciudad cobraban importancia: nos referimos a la postmodernidad. Es verdad, algunos conjuntos, en su escala exagerada o en la cantidad desmesurada de departamentos, trajeron problemas de habitabilidad, hacinamiento y, en algunos casos, violencia.
El lado más oscuro de la arquitectura moderna se vuelve sinónimo de estilo internacional, poco amable y mal ubicado. En esos casos, los espacios se tornan impersonales, no ayudan a crear identidad, los volúmenes son demasiado grandes, los módulos se repiten hasta el hartazgo y el aburrimiento. Ese grupo de proyectos ya fue criticado en su momento, no hace falta insistir más. Algunos, incluso, tuvieron que demolerse.
Pero no todos eran así. Sería injusto colocar la totalidad de estas experiencias en un mismo nivel. Hay matices y excepciones en lo que concierne al tema de la vivienda colectiva, construida entonces y ahora. Veamos, de manera muy breve, lo ocurrido en Lima.
Lima
Lima fue siempre una ciudad baja y poco densa, ciudad de barro, como la vio Héctor Velarde hasta las primeras décadas del siglo XX, de azoteas oscuras, que escupía luces desde abajo, de los patios y las teatinas. Ciudad subterránea en el desierto, mágica y oscura. Las casas alineadas a la calle se convirtieron en una de las primeras versiones de vivienda económica. La otra es el callejón.
Así mismo, en la década de 1920 aparecen en Lima lo que se denominó barriadas, nuevos asentamientos populares en Chorrillos y Callao. Otras, muy pronto, en lugares céntricos como el Cerro San Cristóbal. Esta historia paralela, que recién empezaba, constituye la alternativa habitacional para un porcentaje creciente de la población: una vivienda precaria entre medianeras, pero de mayor amplitud si la comparamos con los tugurios de la ciudad.
Mientras, estratos bajos tradicionales siguieron ocupando durante décadas los callejones. Esta tipología se agrandó, con mayores áreas libres comunes, convirtiéndose en quintas.
Rafael Marquina, en la década de 1930, encargado por la Beneficencia Pública de Lima, intenta mejorar las condiciones del callejón. Pero es cierto, también, que las Casas de Obreros, con apenas una o dos habitaciones, guardan demasiada semejanza con lo que pretende mejorar, sin lograr un cambio en la situación.
Los Barrios Obreros, varios diseñados por Alfredo Dammert durante el gobierno de Benavides, tienen que ver con un cierto intento de modernidad, no del todo adecuado. Son viviendas generosas, unifamiliares, de dos pisos, que asombran hoy por ese cierto exceso espacial. En realidad eran tan pocas que no ayudaban mucho a resolver el déficit de viviendas.
Hasta que llega en esta historia un punto de inflexión: la Unidad Vecinal N.° 3, cuando Fernando Belaunde es diputado, en el gobierno de Bustamante y Rivero. La UV3, obra de la Corporación Nacional de la Vivienda, era la alternativa de una vida que en el ámbito privado no podía ser holgada, pero sí digna y sana. Las áreas abiertas del conjunto son enormes, el intento de hacer una ciudad dentro de la ciudad, con todos los servicios resueltos: una isla de felicidad para más de mil familias.
Poco después, en el gobierno de Odría, vinieron los agrupamientos y las nuevas unidades vecinales. Dos modelos de solución para un mismo problema. En la década de 1950, los proyectos de vivienda colectiva seguían siendo desarrollados por la Corporación Nacional de la Vivienda, dentro de la cual cumplió un papel destacado Santiago Agurto Calvo.
Los agrupamientos son volúmenes medianos compactos, que en total alcanzan las cien familias. Son bloques de tres pisos, que generan espacios abiertos comunes y no pretenden ser conjuntos autónomos. Las unidades vecinales construidas entonces intentaban ser un grupo de agrupamientos: volúmenes sobre pilotes, bloques alargados, con un poco más de altura. Hay que ser justos: unos y otros han soportado bastante bien el paso del tiempo. En ambos, arquitectónicamente hablando, el balance es positivo.
La Corporación Nacional de la Vivienda se transforma en Junta Nacional de la Vivienda desde 1963. La figura de Fernando Belaunde, convertido en presidente del Perú, sigue presente en el tema, alentando planes de vivienda en sus dos gobiernos. Además se da la convocatoria de PREVI, un concurso internacional importante, de carácter experimental, con innovaciones técnicas y tipológicas.
En la década de 1960 se hicieron realidad varios conjuntos de vivienda y las llamadas residenciales. En estas aparecieron edificios de altura considerable, lo que era una novedad en las construcciones habitacionales del Estado.
Es cierto que todas estas propuestas de vivienda colectiva estatal no resolvieron el enorme déficit habitacional en la ciudad y que estuvieron destinadas, casi todas, a la clase media limeña. Pero también es cierto que, luego de varias décadas, uno siente que el balance en términos de espacio urbano es más que positivo. Es lo que se percibe al visitar la UV3, las unidades de Matute y Mirones, los agrupamientos Angamos y Risso, las residenciales de San Felipe y Santa Cruz o el conjunto Palomino.
Todos estos lugares siguen albergando usuarios, con las diversas mudanzas que se han dado en el tiempo y el respectivo cambio generacional en los habitantes de estos conjuntos. En todos se notan transformaciones; por supuesto, en unos más que en otros. Pero eso es normal, tiene que ver con las necesidades de los usuarios a lo largo del tiempo.
Cuando se construyeron, los conjuntos formaban parte de la ciudad, en sus flujos y en su circulación. Es un tema reciente el que muchos hayan querido poner rejas en sus puertas, alrededor de sus edificios y en las zonas de estacionamiento. Así también, con el deseo de protegerse y de distanciarse, los espacios públicos se han privatizado. Los pasajes, en algunos casos invadidos, se sienten estrechos y muchos ambientes al interior de los departamentos también han variado en el tiempo. Son cambios normales e inevitables cuando se trata de viviendas. Sin embargo, aun así, las estructuras sobreviven a las numerosas transformaciones.
Algunas reflexiones sobre el pasado y el presente
1.
Los conjuntos habitacionales con equipamiento se vuelven, en el proyecto moderno, pedazos de ciudad. La vivienda multifamiliar del Movimiento Moderno no es exactamente un ejemplo de adaptación a la trama urbana, no se somete a ella. Algunos son bloques, otras son torres. Vemos fachadas largas, algunas densas y ricas, que irrumpen en el contexto, con el deseo de mejorar la calidad de vida en comunidad.
El lenguaje moderno de estos conjuntos hace uso de rampas y corredores, escaleras aisladas, estructuras que vuelan. Se busca pureza y verdad en el diseño. Es el espacio abstracto, distinto al de la naturaleza.
Así mismo, se intenta en la repetición cierta variedad. Muchos buscan el espacio fluido y la luz natural, algunos el color, jugando con la composición de llenos y vacíos.
2.
Un aspecto decisivo es la manera como un multifamiliar puede absorber las transformaciones de los usuarios en el tiempo y que esas necesidades puedan satisfacerse dentro de un esquema dado. Para eso sirven los diseños en que se dejan partes vacías que luego se ocupan, pero dentro de una trama estructural, lo que termina generando variedad dentro de la unidad.
Es lo que ocurre en Matute, en Mirones y en varios edificios de la Residencial San Felipe. Los volúmenes tienen la virtud de absorber las modificaciones de los usuarios. No sé si en todos los casos fue pensado, pero eso les ha dado la posibilidad de resistir mejor el paso del tiempo. Con estas transformaciones, los vacíos demuestran que eran, en realidad, espacios en compás de espera.
Esa es, me parece, una opción válida cuando se habla de vivienda económica, casas con la virtud de crecer, como las del concurso PREVI, que sí contemplaba dicha posibilidad. PREVI nació con esa premisa, en la que el tiempo y los usuarios harían lo suyo.
Cuando de viviendas se trata, lo sensato no es hablar de metros cuadrados, sino de metros cúbicos, no de áreas sino de un volumen de aire con posibilidades de intervención. Lo dijo el mismo Le Corbusier luego de ver las transformaciones de sus casas en serie construidas en Pessac, al sur de Francia, durante la década de 1920: es la vida la que tiene razón.
3.
La vivienda social o económica tiene distintas maneras de hacerse: lo construido por el Estado, lo construido por la inversión privada y lo construido por los propios pobladores. Además pueden haber experiencias concertadas, de diversos tipos.
En los sucesivos gobiernos del presente siglo, el Estado peruano no ha construido grandes conjuntos habitacionales. Ahora se otorgan préstamos y se promueve la inversión particular: el Estado como intermediario para que las familias accedan a viviendas económicas, que construye y vende el sector privado.
La intención puede ser buena. Es la oportunidad de densificar esta ciudad tan baja y extendida, y de llenar vacíos. La propaganda oficial habla de miles de viviendas nuevas desde que empezó el programa, hace ya más de una década (Programas del Fondo Mivivienda). Las cifras son ciertas, pero dejan un sabor ambiguo: algunos proyectos resultan desmesurados. En ellos, las áreas de los ambientes se reducen, los departamentos se multiplican, baja la calidad de la construcción, resulta arquitectura banal. Y todo en la vida debería tener límites.
Esos problemas ocurrieron ya cuando el capital privado, movido por la especulación, construyó densos edificios en el barrio de El Porvenir, La Victoria, durante la década de 1940, departamentos mal iluminados y mal ventilados, que rápidamente se deterioraron. Esos bloques luego tuvieron que ser renovados, para hacerlos mínimamente habitables.
La especulación no es buena consejera, no se hicieron bien las cosas entonces, me pregunto si se harán bien ahora. Ojalá no estemos construyendo para tener que demoler y renovar en pocos años.
4.
Los conjuntos habitacionales construidos por el Estado más de medio siglo atrás, en contraste con lo actual, muestran nobleza y desprendimiento. Frente a lo que se hace hoy, es evidente que lo que se hizo en décadas pasadas es mejor. Mayor generosidad con el usuario y la ciudad.
La densificación es deseable e inevitable, pero el programa de departamentos económicos (y no tan económicos) está dejando murallas de edificios, con un promedio arquitectónico que no es bueno. Siempre hay excepciones: en algunos puede notarse el talento del diseñador, ejemplos en los que el arquitecto ha demostrado poder salir airoso de encargos complicados. Esos nuevos edificios también existen en Lima y es un placer verlos en la ciudad.
Pero muchos otros edificios son convencionales, poco originales, simple acumulación de recintos. El diseño se vuelve un ejercicio en el que se trata de construir más, tener menos área libre y lograr más metros cuadrados que se puedan vender.
El arquitecto pierde autoridad y se vuelve un apéndice menor en la industria de la construcción. La máxima ganancia se impone como única variable del proceso.
5.
Otro problema más. El primer piso de una ciudad es una franja que debe trabajarse con especial cuidado. Actualmente, las torres de departamentos embutidas en lotes solo generan, en el nivel de la vereda, casetas de vigilancia, muros ciegos, espacios cercados y estacionamientos. El paisaje para el peatón es triste: interminables muros, rejas y puertas de garaje configuran un espacio urbano degradado, un límite muy duro entre lo público y lo privado. Lima se ha acostumbrado a las barreras, que parecen tan normales.
El capital privado expresa, generalmente, el no querer dialogar ni vincularse con la calle. La fachada de ese primer piso refleja hoy la esquiva relación entre la vereda y el edificio.
Vuelvo a pensar en la generosidad de los viejos edificios modernos y parecen más nuevos que nunca. Definitivamente, mejores.
6.
Cuando veo las propuestas actuales, pienso en el Movimiento Moderno, en la fe profunda que este tiene respecto a las creaciones mentales y la potencia de estas para transformar la realidad. No dudo de que, en el fondo, la modernidad intenta siempre construir un mundo mejor.
Se podrá decir que esos conjuntos no fueron suficientes y que beneficiaron a clases medias con capacidad de pago, nunca a los estratos más humildes. Entonces otra modernidad, popular e informal, se impuso en el Perú. Lo cierto es que ambas han corrido paralelas y una no borra la otra. Aunque esta última es la mayoritaria, la ocupación de tierras y la autoconstrucción sin asesoría ni control tampoco pueden ser el futuro deseable de una ciudad.
En el angustioso panorama de viviendas precarias extendidas hacia todos los puntos cardinales de la capital, así como en el mediocre panorama actual de edificios multifamiliares, nos encontramos en las calles de Lima con lo que se construyó décadas atrás, como vivienda colectiva estatal.
Los planteamientos lanzados entonces por los arquitectos del Movimiento Moderno al futuro, desde el Estado, refrescan las posibilidades diversas que actualmente puede tener un mismo tema, con diferentes retos y actores. Es que siempre, ayer y hoy, la vivienda colectiva debe entenderse y asumirse en su definición básica, la más importante: como contenedora de vida para la ciudad y la sociedad.
Septiembre de 2016
Elio Martuccelli


ÍNDICE DE EDIFICIOS
1. BAÑOS DE MIRAFLORES
2. BARRIO OBRERO N.° 1
3. MERCADO DE SURQUILLO
4. EDIFICIO LA FÉNIX
5. UNIDAD VECINAL N.° 3
6. CLUB INTERNACIONAL DE TIRO
7. EDIFICIO FERRAND
8. CASA HUIRACOCHA
9. EDIFICIO IRMA
10. AGRUPAMIENTO ANGAMOS
11. CLÍNICA STELLA MARIS
12. EDIFICIO ROMA
13. GRAN UNIDAD ESCOLAR MELITÓN CARVAJAL
14. ESTADIO NACIONAL
15. CENTRO VACACIONAL HUAMPANÍ
16. EDIFICIO OSTOLAZA
17. UNIVERSIDAD NACIONAL DE INGENIERÍA - FACULTAD DE ARQUITECTURA
18. MINISTERIO DE EDUCACIÓN
19. EDIFICIO GUZMÁN BLANCO
20. UNIDAD VECINAL RÍMAC - I ETAPA
21. UNIDAD VECINAL MATUTE - I ETAPA
22. UNIDAD VECINAL MIRONES - I ETAPA
23. EDIFICIO DIAGONAL
24. EDIFICIO RADIO EL SOL
25. EDIFICIO LIMATAMBO
26. EDIFICIO DE SEGUROS ATLAS
27. HOTEL SAVOY
28. CINE ROMA
29. EDIFICIO SAN JUAN
30. CLUB ESMERALDA
31. EDIFICIO DE SEGUROS EL SOL
32. CASA FERNANDINI
33. EDIFICIO EL PACÍFICO
34. BANCO WIESE
35. HOSPITAL CENTRAL DEL EMPLEADO
36. EDIFICIO NEPTUNO
37. EDIFICIO COMERCIAL MOGOLLÓN
38. CINE TAURO
39. RESIDENCIAL FAP CHICLAYO
40. EDIFICIO LA FÉNIX PERUANA
41. CASA CHÁVEZ
42. EDIFICIO LAS GAVIOTAS
43. HOSPITAL REGIONAL DE AREQUIPA - HONORIO DELGADO
44. EDIFICIO DEPARTAMENTOS GRANDA
45. AEROPUERTO INTERNACIONAL JORGE CHÁVEZ
46. EDIFICIO INDUSTRIAL PARKE DAVIS & CÍA. DEL PERÚ
47. CASA MATOS
48. ESCUELA NAVAL DEL PERÚ - EDIFICIOS DE ADMINISTRACIÓN Y DE ALOJAMIENTO PARA OFICIALES
49. BANCO COMERCIAL
50. EDIFICIO DEPARTAMENTOS ÁLVAREZ CALDERÓN
51. RESIDENCIAL SAN FELIPE - I ETAPA
52. RESIDENCIAL SANTA CRUZ
53. CONJUNTO HABITACIONAL BARRANCO 65
54. EDIFICIO SENATI
55. CONJUNTO HABITACIONAL PALOMINO
56. CENTRO CÍVICO DE HUANCAYO
57. AEROPUERTO INTERNACIONAL VELASCO ASTETE
58. CENTRO CÍVICO Y COMERCIAL DE LIMA
59. CONJUNTO DE CASAS PREVI
60. EDIFICIO VOLKSWAGEN


PLANTA PRIMER PISO
1. Cafetería
2. Cocina
3. Depósito
4. Cambiadores mujeres
5. Cambiadores hombres
Los Baños de Miraflores
El establecimiento de Baños de Miraflores ha sido proyectado, en su parte arquitectónica, por el arquitecto señor Héctor Velarde, habiendo sido diseñada su estructura por la firma Gramonvel S.A., quienes conjuntamente con el arquitecto Velarde obtuvieron la buena pro en el concurso promovido por el Concejo Distrital de Miraflores para la construcción de esa obra.
Ese establecimiento está totalmente cimentado sobre pilotes de cemento armado, cuya hinca se ha realizado con toda la precisión necesaria estando los pilotes en perfecto alineamiento, tanto en el sentido longitudinal como transversal.
El local consta de un cuerpo central destinado a un amplio restaurant, cantina, servicio de administración y de cocina; teniendo a ambos lados dos alas simétricas en las que están ubicados los cuartos para los bañistas, que son de tipo individual y colectivo. El establecimiento tiene actualmente una capacidad para más de 500 bañistas.
Las líneas modernas del edificio, que están de acuerdo con la calidad de la construcción y con el ambiente marino en que está situado, le dan un aspecto sobrio, alegre y estético, y sus amplias terrazas y pasarelas permiten a los concurrentes dominar la playa y el lugar preferido para el baño.
En las fotografías adjuntas pueden apreciarse las características del edificio y el adecuado conjunto que forma éste con el complemento natural de los acantilados.
Fuente: REVISTA: Los Baños de Miraflores (1938). El Arquitecto Peruano, 16, p. 22.


PLANTA VIVIENDA – DOS DORMITORIOS
1. Sala
2. Comedor
3. Cocina
4. SSHH
5. Dormitorio
6. Patio
7. Jardín
El primer Barrio Obrero en el distrito de La Victoria
Iniciada, por el Gobierno, en febrero de 1936, la construcción de casas para obreros, se edificó este primer barrio en el distrito popular de La Victoria, sobre un terreno de propiedad del Estado, que tiene una extensión de 50,000 m2 aproximados.
Para su construcción se ejecutaron las obras de saneamiento y urbanización, dejando el terreno con calles pavimentadas, veredas, redes de agua, desagüe y luz eléctrica.
El barrio comprende dos manzanas, donde se ha construido 60 casas de distinta capacidad:
16 casas de 4 dormitorios, sala-comedor, baño, cocina y patio.
26 casas de 3 dormitorios, sala-comedor, baño, cocina y patio.



18 casas de 2 dormitorios, sala-comedor, baño, cocina y patio.
La manzana más grande tiene al centro un campo de deportes, el que queda rodeado por las casas.
En las obras se ha empleado materiales nobles y sólidos, tienen cimientos y sobrecimientos de concreto, muros de ladrillo, techos de concreto aligerado, fachadas de mezcla de cuarzo, pisos de madera y de losetas, instalación eléctrica empotrada; todos ellos aseguran su larga duración y evitan mayores gastos de mantenimiento.
Fuente: REVISTA: El primer Barrio Obrero de La Victoria (1939). El Arquitecto Peruano, 26, p. 25.


PLANTA PRIMER PISO
1. SSHH público
2. Tienda
3. Frigorífico
4. Zona de carnes
5. Control y pesas
6. Administración
7. Portería
El Mercado de Miraflores
El nuevo Mercado de Miraflores abarca una extensión total de 4,300m2 aproximadamente, con frente a las calles Gral. Recavarren, Colina y Huáscar, y tiene en su perímetro, convenientemente distribuidas, 31 tiendas. De esa extensión se ha reservado para mercado propiamente dicho alrededor de 2,700 m2, sobre los que se han distribuido además de 325 puestos diversos, los diferentes servicios necesarios para el eficiente e higiénico funcionamiento de un mercado moderno, como son: administración, frigorífico, cámara de descuartizamiento de carnes, horno crematorio de basuras, servicios higiénicos de hombres y mujeres, puesto central de control de pesas y medidas, cuna, departamento del portero, depósito, etc.
Para asegurar un amplio recinto desprovisto de columnas que habrían dificultado la circulación del público y la distribución de los puestos, se proyectó y construyó una estructura asimilable a una figura geométrica, cuya generatriz, una parábola de 14 m de flecha, se hubiera desplazado para engendrarla sobre una directriz ovalada de 52 m de eje mayor y 36 m de eje menor.
Los arcos que constituyen la parte principal de la estructura tienen 36 m de luz teórica y están directamente empotrados en sus zapatas, teniendo éstas diferente inclinación, pues los planos de cimentación se han conservado normales a las resultantes de las cargas axiales de los arcos con las transmitidas por los pilares que sostienen los techos planos, evitando de ese modo posibles desplazamientos. Según las cargas que soportan, hay varios tipos de arcos cuyas reacciones fluctúan entre 54 y 68 toneladas, las que combinadas con las que los pilares transmiten a las zapatas originan cargas que varían entre 73 y 84 toneladas. Estas reacciones totales son trasmitidas al terreno, debidamente repartido en un área de cimentación tal que los esfuerzos unitarios medios no exceden de 3 kg/cm2.
Para reducir en lo posible los esfuerzos excéntricos en los arcos, que originan tracciones considerables obligando a un refuerzo metálico excesivo y antieconómico, y para asegurar además un solo tipo de arco, no se les ha dado la forma curva sino que se ha hecho coincidir su eje con una línea que representa la media de las líneas de presiones originadas por los diferentes tipos de carga en los diversos arcos.
No ha sido posible evitar esta excentricidad en los arranques donde las cargas debidas a la presión del viento producen tracciones considerables, que han obligado a esos lugares a reforzar los arcos con 3,5 % de acero en sección, refuerzo que disminuye notablemente en los otros tramos. La sección de los arcos es rectangular de base constante e igual a 0,50 m, pero de altura variable, teniendo en los arranques 0,65 m, en los riñones 0,75 m y en la clave 0,50 m.
El número total de arcos es de 10, estando distribuidos en la siguiente forma: 4 arcos paralelos y los 6 restantes divididos en 12 medios arcos con dirección radial y cuyas reacciones se equilibran dos a dos por intermedio de las dos vigas columnas que unen las claves de los arcos paralelos. Con el fin de asegurar la rigidez de la estructura se han ejecutado varios sistemas de vigas que arriostran los arcos en los sitios más fatigados. Las losas que forman la cubierta y que son también de concreto armado aumentan la rigidez de la estructura.
Debido a la diversidad de las luces de los techos planos y con el fin de no aumentar las columnas se han proyectado y ejecutado vigas de variadas características, cuya vista desde el interior del recinto le hubiera restado armonía al conjunto, decidiendo por este motivo hacerlas superiores, asegurando de este modo un cielo raso de acuerdo con el moderno estilo del edificio.
Difícil y delicado ha sido el procedimiento empleado para la ejecución de la obra. Por razones técnicas, es decir, para evitar que tensiones parásitas considerables provenientes de la fragua del concreto produjesen rajaduras en la estructura, fue necesario ejecutarla por partes, dando a cada una su tiempo de concentración necesario y procediendo durante toda la construcción en forma de que cada elemento de un lado fuese equilibrado con el simétrico del lado opuesto, para evitar posibles momentos de derribo y esfuerzos secundarios para los que no estaba calculada la estructura, ya que una vez terminada es imposible que se presenten. Las anteriores condiciones se han conseguido mediante el empleo de dos cimbras isostáticas de madera, de dos apoyos y del tipo ideado por Freyssinet, con bloques de concreto armado en las uniones de los principales elementos. De estos bloques, los que servían de apoyo iban provistos de un dispositivo de rieles capaz de descansar la cimbra sobre rodillos de fierro apoyados a su vez en rieles, mediante los cuales la cimbra pudo ser desplazada todas las veces necesarias con sólo el esfuerzo de ocho hombres provistos de barretas, a pesar de que el peso total de cada cimbra llegaba a doce toneladas. La cantidad de madera usada en estas cimbras ha sido de 16,839 pies cuadrados.

Para poder ejecutar las cimbras, eran articuladas en el centro, pudiendo girar alrededor de un poste de fierro de 16 m de altura, que servía como charnela.
Esta obra ha necesitado ser ejecutada sin equipo mecánico considerable, pues las máquinas elevadoras existentes en plaza no habrían dado resultados prácticos por requerirse en este caso pequeñas cantidades de concreto repartidas en una gran extensión de encofrado, el que por ser inclinado no podía ser aprovechado como andamio para carretillas. La cantidad de cemento empleado en esta obra asciende a un total de: 3,278 barriles, de los que 218 son de tipo doble Dyckerhoff y el resto nacional El Sol.
La cantidad empleada en los arcos, sus vigas, losas, columnas y patas es de 783 BB; habiéndose empleado el resto en los techos aligerados, vigas superiores, cimientos, sobrecimientos, muros, tarrajeos, pisos, etc. La cantidad total de concreto empleada en los arcos es de 159 m3 y el fierro empleado en ellos es de 21,372 kg, lo que hace un promedio aproximado de 135 kg por m3. La cantidad total de fierro empleado en la obra es de 74 toneladas.
Fuente: REVISTA: El Mercado de Miraflores (1940). El Arquitecto Peruano, 38, p. 37.


PLANTA PRIMER PISO Y PLANTA PISO TÍPICO
1. Hall
2. Sala
3. Comedor
4. Cocina
5. SSHH
6. Dormitorio
7. Dormitorio de servicio


El premio nacional de fomento a la cultura “Chavín” en arquitectura, en el año 1950, le fue otorgado a Seoane básicamente por el diseño de este edificio. Son importantes los conceptos de adecuación al entorno urbano que se han manejado en el diseño de este edificio, pues ha sido un aspecto logrado en la consolidación y conformación del espacio urbano de la ciudad en este lugar.
Hacia la Plaza de la Salud se han usado los mismos criterios en la expresión de las ventanas corridas del cuerpo central que fueron utilizados en el edificio Wilson, paralelo en diseño pero anterior en construcción. Los cuerpos laterales más bajos que simétricamente flanquean al cuerpo central, se encuentran desfasados hacia delante del plomo general del plano curvo y contienen terrazas.
El último piso de los cuerpos laterales es coronado con una pérgola de madera, recurso que usará Seoane en muchos otros edificios, y el cuerpo central tiene un friso decorado con rombos que hace las veces de coronación de esta parte.
La distribución de los departamentos en la planta típica está constituida por unidades pequeñas, algunas de un solo ambiente, baño y cocinilla; y otras de dos dormitorios. Las soluciones de disposición de los ambientes de algunos departamentos es muy forzada funcionalmente.
La primera planta tiene una gran fluidez en el diseño de la tienda y en el hall de ingreso, en donde destaca la escalera circular contenida en un cilindro parcialmente vidriado con bloques de vidrio y balaustrada de diseño muy elaborado en fierro.
Fuente: LIBRO: Bentín Diez Canseco, J. (1989). ENRIQUE SEOANE ROS: Una búsqueda de raíces peruanas (p. 160). Lima: Índice Editores Asociados.


PLOT PLAN
1. Escuela
2. Centro Cívico
3. Centro Recreativo
4. Mercado1
5. Iglesia
6. Edificio cuatro pisos
7. Edificio dos pisos
El plan de vivienda del Gobierno Peruano
La Unidad Vecinal N.° 3, con sus 1,115 viviendas, con todos los servicios de barrio para sus seis mil habitantes, fue un hito. La idea había sido desarrollar una serie de 4 o 5 unidades a lo largo de la ruta al Callao, frente a la zona industrial, y fue la signada con el número 3 la que encontró primero facilidades prácticas de ejecución. Las viviendas rodeaban un área central para recreación activa y pasiva y para servicios comunales, desde escuelas hasta centros de compras, cine e iglesia, comisaría y biblioteca. La circulación vehicular externa, con calles ciegas de servicio, logró una radical defensa del tráfico, y la barrera verde del bosque frontal una eficiente protección del ruido de la avenida. El eficaz diseño urbano, que logró una densidad de 200 hab. x ha, con 88 % de área libre, también fue acertado en el de los departamentos para diversos tamaños de familias y en los austeros sistemas constructivos propuestos.
Fuente: REVISTA: El plan de vivienda del Gobierno Peruano (1945). El Arquitecto Peruano, 98, p. 17.
Una obra en marcha
El problema de la vivienda constituye una de las preocupaciones más hondas de los Poderes Públicos y ha sido encarado tanto por el Gobierno como por el Congreso, con el profundo interés que merece un asunto de tanta trascendencia social. Por intermedio del Ministerio de Fomento y de la Comisión Nacional de la Vivienda se confeccionó, en los dos meses iniciales del actual régimen, un vasto plan de edificaciones domésticas inspirado en las más progresistas y humanitarias tendencias del urbanismo moderno.
Sin tardanza, se mandó ejecutar las obras de urbanización de la Unidad Vecinal N.° 3, en setiembre de 1945, y en mayo del año siguiente, se empezaban a elevar los edificios del proyecto más vasto en su índole jamás realizado en el Perú. No ha transcurrido un año de aquel acontecimiento y ya se encuentran en pleno desarrollo todos los edificios de la Unidad Vecinal.
Sus mil ciento doce casas –unas más avanzadas que otras, pero todas en trabajo– ofrecen ya un aspecto impresionante. Su imponente Centro Comercial, próximo a terminarse, con una veintena de tiendas y un gran mercado moderno; su compacto Centro Cívico, que comprende la Agencia Municipal, el local de Correos, el Puesto de la Guardia Civil y la Posta Sanitaria; sus dos escuelas, modelo de la más progresista arquitectura académica, y su Edificio Recreacional con teatro, restaurant popular y club, obras todas en proceso simultáneo de edificación, dan una idea del gigantesco proyecto.
Y no es esto todo. Dentro del revolucionario plan hay una honrosa nota tradicional. Con la nueva ciudad surge el templo. No se ha esperado que las limosnas, en dilatado proceso, traigan tardíamente a la Iglesia. Ella forma parte del proyecto inicial, nace y crece con él. En estos momentos se construye el techo del templo donde se bautizará a nuevas generaciones; allí se celebrarán los matrimonios y se recordará a los seres desaparecidos. Como en la Lima de Pizarro, que se eleva con la catedral, el nuevo suburbio, hogar de trabajadores honrados y laboriosos, se forma junto a su Iglesia, parte integrante de un proyecto que no ha hecho caso omiso de las nobles inclinaciones de nuestro pueblo.
Las casas individuales serán atractivas y decorosas. Ya podemos pasear centenares de ellas. Una gran independencia en el acceso y en los dormitorios pone atajo a la promiscuidad interna y externa. Excelentes servicios sanitarios y una ventilación generosa, que cruza transversalmente cada vivienda y que lleva el rayo de sol hasta el más apartado rincón, dan seguridad plena de que allí la tuberculosis no ganará, como en los tugurios, todas las batallas. La ventana “teatina”, vergüenza de nuestra arquitectura doméstica, es reemplazada por grandes vanos, a través de los cuales se capta una enorme, intocable y subyugante perspectiva.
Y la ciudad, hogar común, con su trazado funcional, con sus redes separadas para peatones y vehículos, asegurará el bienestar y la salud de los niños. Para ellos habrá docenas de campos infantiles. Las madres de familia encontrarán en el Centro Comercial, organizado cooperativamente, un sitio adecuado donde obtener provisiones y ropa. Por todo ello tal vez, con el tiempo, se dé a esta Unidad Vecinal y a cada una de las que han de seguir en Lima y provincias, el justificado nombre de “Ciudad Feliz”.

PLANTA PRIMER PISO CENTRO RECREATIVO
1. Estrado
2. Cafetería
3. Taquillas
4. Cocina
5. Repostería
6. SSHH
7. Despensa
8. Depósito
9. Frigorífico

PLANTA PRIMER PISO MERCADO
1. Tiendas
2. Frigorífico
3. Depósito
4. Oficinas
5. Mercado
6. Plataforma de descarga


Este gran esfuerzo, realizado al margen de todo propósito político, debe merecer el respaldo moral de todos los ciudadanos conscientes de un deber cívico. Del hombre modesto, porque será el beneficiario directo, viendo crecer a sus hijos sin amarguras ni taras; del hombre poderoso, porque sólo se es merecedor de conocimientos, riquezas e influencias cuando se pone esas ventajas al servicio de los demás.
Dando pruebas de la sinceridad de sus propósitos y deseando que el esfuerzo realizado se multiplique en el tiempo y en el espacio, los Poderes Públicos han creado una nueva entidad, la CORPORACIÓN NACIONAL DE LA VIVIENDA, que dentro de su organización autónoma, que recibe del Estado un respaldo sin interferencias, ha iniciado sus labores en manos de hombres en su gran mayoría ajenos a las contiendas políticas.
Es de esperar que este procedimiento, rotundamente comprobado por la ciudadanía, despierte un espíritu de cooperación general para resolver el problema de la habitación insalubre, clave de muchos de nuestros grandes males. Es de esperar que nadie conspire con informaciones tendenciosas o falsas, desvirtuando el criterio público y obstaculizando las gestiones que se realizan dentro y fuera del territorio nacional, para facilitar la construcción de nuevas unidades. Sí, es de esperar que nadie se cruce en el camino de un pueblo que pide techo decoroso, porque eso sería traicionar a ese pueblo en una de sus más justificadas aspiraciones.

Los que desde las esferas gubernativa, legislativa y técnica han asumido la responsabilidad de llevar adelante la Unidad Vecinal ubicada a lo largo de la avenida Colonial, entre Lima y La Legua, no desean incurrir en exageraciones a su favor sobre la marcha de las obras. Pero tampoco permitirán que, en innoble propósito, se falsee en su contra la realidad. Por eso invitan al Pueblo de Lima a visitar los trabajos de edificación para que capte una idea precisa, veraz, de su volumen y trascendencia, y para que vigile día a día, hasta el final ya próximo, el desarrollo de un proyecto que aspira a ser una de las más halagüeñas páginas de la historia de la familia peruana.
Fuente: REVISTA: Una obra en marcha (1947). El Arquitecto Peruano, 116, p. 23.


PLANTA PRIMER PISO
1. Vestuario damas
2. Bowling
3. Sala de espera
4. Administración
5. Depósito
6. Guardianía
7. Sala ping pong
8. Sala billar
9. Bar
10. Vestuario hombres
11. Terraza
12. SSHH
Club Internacional en Arequipa
El terreno para el local está ubicado en una de las zonas más bellas de Arequipa, entre el malecón y el río, y vecino al viejo pozo de Zemanat. Se ha proyectado el local social aproximadamente al centro de la propiedad, lográndose independizar de este modo al malecón, teniendo acceso desde éste por un desvío que utiliza la existente bajada de Zemanat. Esta posición, además de ser central, permite ganar las mejores vistas para la zona de recepción del edificio.
Hacia el sur y oeste del local están los campos de deporte; al norte, la piscina y amplia zona verde para parque infantil alrededor de una sugestiva laguna. Al fondo, las majestuosas formas de los nevados.
El edificio proyectado en dos pisos está pensado como una estructura simple de concreto armado, utilizándose para los muros de relleno el sillar, piedra volcánica de la región cuya interesante textura ha sido aprovechada.



La planta alta constituye la parte social, con la gran sala de estar y comedor vidriados; gozan de excelentes vistas, administración, sala de trofeos y sesiones, bar y servicios, además de amplias terrazas. El acceso a este nivel se efectúa directamente del exterior por una rampa de moderada inclinación, existiendo circulación interior por la escalera. Además, existe entrada independiente para el bar.
La planta baja, de carácter deportivo, se conecta fácilmente con los campos y posee, además de servicios y vestuarios para caballeros y damas, espacios para billar, tenis de mesa, galería de bowling y bar de refrescos.
Fuente: REVISTA: Club Internacional en Arequipa (1956). El Arquitecto Peruano , 226-227, p. 37.


PLANTA PRIMER PISO
1. Sala de exhibición
2. Sala de venta de carros
3. Sala de espera
4. Oficina central
5. Gerencia
6. Hall de ascensores
7. Oficina
8. Sala de repuestos
9. Caja
10. Almacén
Finalidad del inmueble
La Compañía “Inmobiliaria Moderna S.A.”, propietaria de un importante lote de terreno, situado entre las avenidas Wilson, Zepita y Quilca, decidió elevar en él un importante edificio comercial destinado a alojar en planta baja, sótano y mezzanine a su arrendataria, la firma Ferrand Hermanos, concesionarios autorizados de los automóviles y camiones Ford; y, en los superiores, a dar cabida a importantes instituciones.
La firma Ferrand Hermanos
Esta entidad comercial inició sus labores, como concesionaria autorizada de la Ford Motor Company, en 1925, y, tres años más tarde, contribuyendo al ornato local, obtuvo de la firma Edificio Belén S.A. la construcción de un local ad hoc, cuya planta baja, de 1,300 m2, ha constituido su sede, desde 1929 hasta la fecha.


Bajo la atinada orientación de su directorio, compuesto por los señores Eduardo Ferrand, Enrique Ferrand, Julio Ferrand y Oscar Ferrand, la firma Ferrand Hermanos, ascendiendo gradualmente de escalón en escalón, ha logrado llegar al primer plano entre las entidades dedicadas a la importación de los vehículos, siendo actualmente la más antigua Agencia Ford en todo el país.
Su decisión de instalarse en un local más amplio y moderno ha sido el factor determinante que llevó a la Inmobiliaria Moderna S.A., a emprender, en un momento difícil para la edificación, una verdadera obra de aliento. El espíritu progresista de la firma Ferrand Hnos. S.A., que la llevó a no reparar mayormente en el monto del nuevo arriendo, ha hecho posible agregar a la zona central de Lima una valiosa escultura.
La entidad constructora del inmueble
La construcción ha corrido a cargo de la prestigiosa firma Flórez y Costa S.A., que ha llevado a término la obra con todo éxito a pesar de las enormes dificultades de la época, afirmando su alta competencia en el ramo, que la coloca en primera fila. Los cálculos estructurales estuvieron a cargo del distinguido ingeniero señor Malatesta, quien interpretó fielmente el sentido de la inusitada estructura de este edificio, fruto de un plano poco común.
Concepción arquitectónica
Tempranamente pudo captarse la importancia urbana del lote de terreno en que habría de edificarse la obra y el futuro, evidentemente halagüeño, de la Plaza de la Salud, hoy centro de una gran actividad edificadora y punto focal del comercio de automóviles.
El lote tenía marcada irregularidad, con tres frentes, ninguno de los cuales formaba ángulo recto. El encuentro agudo en una de las esquinas y obtuso en la otra, planteaba un complejo problema estético, tanto exterior como interiormente. El salón de ventas de la Agencia Ford, que debía ocupar la planta baja, era, sin duda, el elemento principal de la obra.
El arquitecto observó el carácter asimétrico de la Plaza de la Salud y la presencia de un eje principal de la misma, en dirección este a oeste, que coincidía con la obra la bisectriz del ángulo formado al prolongarse los dos lados del terreno. Se adoptó, entonces, un perímetro curvilíneo que encajaba perfectamente en la forma del lote. En un punto de la bisectriz el compás se apoyó para dibujar un arco de círculo, dejando, apenas, una pequeña parte del lote sin edificar en el lado sur, que se agregó al área de veredas. Con clara visión del ornato urbano y comprendiendo las ventajas evidentes de una regularización, la entidad propietaria y la firma Ferrand Hnos. S.A. aceptaron gustosas el sacrificio que hacían, en provecho de la vía pública de esa pequeña superficie triangular. En el sótano, empero, se empleó debidamente esa fracción de terreno.
El resultado ha sido una sala de ventas de gran amplitud, de línea definida, que permite una exhibición de automóviles en forma de “abanico”, dejando, gracias a sus 12 m de ancho, libre de columnas, la posibilidad de desplazar fácilmente los vehículos. En los pisos del segundo al sexto, donde ha instalado sus diversos despachos la International Petroleum Company, se ha dividido las plantas en oficinas, adoptando algunas de ellas la forma circular, que ha dado un excelente resultado en cuanto a iluminación, por ser el exterior el muro de mayor longitud, aumentándose así el área de vanos. Las oficinas tienen, en realidad, la forma del cono de luz.

Esta concepción de la obra se debe al arquitecto Fernando Belaunde Terry, con quien ha colaborado el arquitecto Alejandro Alva, en el detallado de la misma y en la distribución de las dos plantas en receso que sirven de coronación a la estructura y que se encuentran disponibles para ser arrendadas a una entidad que requiera de amplios y bien iluminados espacios y de una vasta superficie de terrazas. Estos pisos son muy apropiados para establecer centros sociales, cabarets, restaurants, galerías de artes o modas o la sede de alguna institución.
La nueva sede de Ferrand Hnos.
El sótano de un área de 2,000 metros cuadrados, está dividido en dos secciones, una para el depósito de autos y camiones, con capacidad para 60 vehículos, y la otra como almacén de repuestos y accesorios. El acceso al sótano se hace mediante una suave rampa, y se moviliza las mercaderías a los pisos superiores mediante un montacarga. En el primer piso está el salón de exhibición, de forma circular y amplias vitrinas, con un área de 1,000 metros cuadrados, zócalos de mármol e iluminación indirecta. Contigua al salón se halla la sección repuestos, con un área de 600 metros cuadrados, equipada con los más modernos elementos. Las oficinas ocupan la parte central del local, convenientemente dispuestas, de manera tal que la comunicación entre ellas se efectúa internamente. En este vasto ambiente formado por el salón de exhibición, el departamento de repuestos y las oficinas, cuyo conjunto es totalmente visible desde el primer golpe de vista a la entrada al local, llama la atención el decorado central, intencionalmente único en todo el salón para no distraer demasiado la observación del visitante de los fines de exhibición perseguidos, consistente en seis columnas color guinda oscuro mate, con ornamentaciones de bronce.
El Sr. Enrique Ferrand ha dado personal atención a la obra desde sus comienzos y la ha orientado, contribuyendo también acertadamente en la parte decorativa.
Fuente: REVISTA: El nuevo Edificio Ferrand (1948). El Arquitecto Peruano, 128, p. 8.

PLANTA DEL SEGUNDO AL SEXTO PISO
1. Sala de exhibición
2. Sala de venta carros usados
3. Sala de espera
4. Oficina central
5. Gerencia
6. Hall de ascensores
7. Oficina
8. Sala de repuestos
9. Caja
10. Almacén
11. SSHH



PLANTA PRIMER PISO
1. Sala
2. Comedor
3. Cocina
4. Oficio
5. Estudio
6. Depósito
7. Patio
8. SSHH
9. Garaje
Inicios de la arquitectura moderna en Lima
Permítaseme aquí una digresión. Tanto porque para mí constituyó una realización de principios cuanto porque algunos hechos que se suscitaron ilustran bien el clima cultural en que trabajábamos.
Cuando presenté el expediente para licencia municipal a mediados del 47, éste fue rechazado, la razón era que había un dispositivo que disponía que dentro de la circunscripción de Magdalena Vieja, hoy Pueblo Libre, todas las edificaciones debían ser “neo-colonial”. No cejé en mi porfía, pues para mí constituía un caso de principios, finalmente después de casi un año logré mi propósito y se pudo iniciar la construcción.
Lo más lúcidamente pretendí enfocar el proyecto como un problema a resolver en el que participaban factores funcionales y elementos constructivos, para lo que era necesario superar esquemas, hechos y patrones convencionales.
a) El tratamiento del espacio interior se libera de la práctica de los espacios estancos –cada puerta como un impedimento de circulación– en busca de un solo ambiente muy fluido y dinámico, pero en el que se asegure un aislamiento visual entre los sub-espacios. Ello especialmente en la zona de recepción, pero también en el servicio donde se integra la cocina, el oficio y el comedor de diario; y en menor grado, en la zona de dormir, donde se unifican la cámara, la recámara y el tocador.

b) Como necesidad de aislarse del registro de extraños, el frente a la calle deviene cerrado, abriéndose totalmente hacia el jardín posterior, integrándose la recepción, funcional y visualmente, a este. Para enfatizar el planteamiento y abarcar lo máximo del jardín, se gira el eje del ambiente comedor, formando un ángulo obtuso con el reticulado básico.
c) Con el mismo propósito del máximo aprovechamiento del jardín, se elimina de la planta baja el usual patio de servicio. Para ello y dentro de un esquema previo de zonificación, el sector servicio se dispuso a un extremo y en tres pisos de menor altura, conectados en medios pisos a los dos principales. El primer nivel fue dispuesto como zona de depósito (garaje y almacén); el segundo, para las funciones de mantenimiento (cuarto de costura y patio techado de doble altura); y el tercero, a la vivienda del personal de servicio.
d) Razones propias de Lima, tanto climáticas como de práctica constructiva, han determinado, por lo económico, el uso generalizado de un techado horizontal resistente a sobrecargas normales, una superficie construida, no considerada arquitectónicamente y dedicada a arrumar trastos viejos. Mi propósito fue el de revalorizar la azotea como parte del planeamiento de la casa; para ello le di acceso por las dos escaleras, construí un ambiente de recreación infantil, y se zonificó su uso en la parte norte, de mejor asoleamiento, y en la del sur para los menesteres de servicio.
e) Por razones de las condiciones y limitaciones del terreno disponible, el planteamiento volumétrico fue el de un paralelepípedo paralelo al frente de la calle, lo que fijaba una orientación poco conveniente. Como otro requisito era el que los altos gozaran de la vista hacia el Hipódromo de San Felipe, que, precisamente delante de la casa, ofrecía bosquezuelo de eucaliptos, los ventanales abrían prácticamente hacia el oeste; esto determinó el dispositivo de un balcón techado a lo largo del frente, que protegiera del asoleamiento.
f) En cuanto el plano era muy abierto y, por lo tanto, en parte desaparecían los amarres de muro con muro, la albañilería de ladrillo se diseñó en consideración a asegurar su rigidez y estabilidad utilizando muros de planta curvilínea, concordante con el sentido de fluidez espacial buscado; ensanchando en otros casos el muro, sin aumentar mayormente su volumen, mediante la introducción de alveolos como chimeneas, recesos, hornacinas, etc.
A mi entender, todas las anteriores consideraciones, y algunas más que sería largo enumerar, constituían elementos condicionantes de la expresión arquitectónica que debiera nacer del ordenamiento y composición plástica de ellos y la verdad de los elementos constructivos, como el ladrillo cara vista, las planchas corrugadas de Eternit, la calamina de aluminio, etc. Lo que por entonces resultó bastante chocante.
Fuente: REVISTA: Miró Quesada Garland, L. (1987). Inicio de la arquitectura moderna en Lima. DAU, 2-3, pp. 46-47.


PLANTA PRIMER PISO
1. Farmacia
2. Oficina
3. SSHH
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