Read the book: «Antología 8: Felicidad comienza con fe»

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Adán Ángeles, Angélica Castillo de Rosas, Carolina Gómez, Daiana Ferreyra, David Azcurra, Ernesto González, Esther Szczerba, Fabiola García, Gustavo y Noelia Maccagno, Hernán Espíndola, Hilda de Laffitte, Iris Díaz de Munuera, Jorge y Elisabet Castellano, Lauri Schulz, Leonel Coria, Luz García, Marcelo Laffitte, María José Dávila, María Luján Barros, Marisol Castro, Milton Elsesser, Mónica Fischer, Nila Kurrle de Sparling, Olaf Smolich, Patricia Paredes Mansilla, Reynaldo “Samur” Quintanilla, Rodrigo Carvajal, Rosalina Maidana, Rosana García, Samuel López, Verónica Romero, Yaquelin Castillo, Yasna Baeza Briones

Laffitte, Marcelo

Felicidad comienza con fe / Marcelo Laffitte. - 1a ed. - Pilar : M. Laffitte Ediciones, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-48021-7-0 1. Vida Cristiana. I. Título. CDD 248.4


Copyright © 2021 - Autores Varios

mlaffitteediciones@gmail.com

M. Laffitte Ediciones

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Coordinadora de Antologías

Esther Szczerba

Todos los derechos reservados conforme a la ley. Prohibida la reproducción de esta obra, salvo en segmentos pequeños, sin la debida autorización de los autores.

Esta Editorial destaca la noble actitud de Sonia Lucero de Gilbert, Arizona, USA, por su ofrenda destinada a cubrir la participación de una feliz escritora en este libro.

Diseño & Diagramación

Slater Designer / www.slaterdesigner.com

ÍNDICE

PRÓLOGO

Felicidad en todas sus letras

Yasna Baeza Briones

Cuida Tu Corazón

Por el pastor Rodrigo Carvajal

Desde el fracaso y la oscuridad… a la restauración y la luz

Por Marisol Castro

Misionero en Misiones

Por el Pastor Olaf Smolich

El Dios de la felicidad

Por la pastora Angélica Castillo de Rosas

LA LLAMADA

Por los pastores Jorge y Elisabet Castellano

¿VAMOS PARA ADELANTE?

Por la pastora Mónica Fischer

CUANDO “NO” ES LA MEJOR RESPUESTA

Por Marcelo Laffitte

VIENTO RECIO

Por Yaquelin Castillo

PIES DESCALZOS

Por David Azcurra

¿NOS CAEMOS, MAMÁ?

Por Hilda de Laffitte

ENTERRADO PARA FLORECER

Por Adán Ángeles

EL INGREDIENTE QUE NUNCA DEBE FALTAR

Por la pastora Esther Szczerba

¿NO TE DIJE QUE SI CREES, VERÁS LA GLORIA DE DIOS?

Por Gustavo y Noelia Maccagno

FELICIDAD

Por Fabiola García

FIRME Y ADELANTE

Por Reynaldo “Samur” Quintanilla

¡TE ABRO MIS MANOS, SEÑOR!

Por Verónica Romero

HACIENDO LA OBRA DE DIOS A LA MANERA DE DIOS

Por el pastor Milton Elsesser

ACTOS DE AMOR

Por la pastora Rosalina Maidana

POCA FE PARA ATENDER SU LLAMADO

Por el pastor Lauri Schulz

DESCUBRÍ QUE ESTÁ A UN PASO... UN ESPACIO VACÍO

Por Leonel Coria

DE MUERTE A VIDA

Por Rosana García

MUJER VIRTUOSA Y HOMBRE DE VERDAD: ¿QUIÉN LOS HALLARÁ?

Por Samuel López

MORIR PARA VIVIR

Por Iris Díaz de Munuera

INFORME SOBRE EL VIAJE MISIONERO A SAN PEDRO DE JUJUY

Por el pastor Ernesto González

HOMBRE DE DIOS, AMIGO DE TODOS

Por Luz Divina García

LA PRESENCIA DE JESÚS EN LAS CÁRCELES DE MISIONES

Por el pastor Hernán Espíndola

NI UN DÍA MÁS

Por María José Dávila

CON JESÚS TENGO FE Y FELICIDAD

Por Daiana Ferreyra

AMARTE ES AMARME Y AMARME ES AMARTE

Por la pastora María Luján Barros

AVENTURAS DE FE DE LA FAMILIA KURRLE EN PARAGUAY

Por Nila Kurrle de Sparling

EMPRENDER EN CRISTO

Por Patricia Paredes Mansilla

PRÓLOGO

¿QUÉ ENCIERRA ESTE LIBRO?

¿QUÉ CUENTAN ESTOS TREINTA AUTORES?

Estoy muy feliz con la idea de nuestra editorial de publicar, cada tres o cuatro meses, un libro donde puedan volcar sus sentimientos, creyentes que nunca escribieron públicamente.

Digo esto al ver las reacciones de júbilo y de profundo agradecimiento a Dios, de aquellos que decidieron sumarse a una de nuestras Antologías o libros colectivos de treinta autores.

En esta obra, los escritores principiantes se encontraron con un título que les abría, de par en par, las puertas a mil relatos o anécdotas: “Felicidad comienza con Fe”.

Porque, ¿quién no ha experimentado la inmensa alegría de tener un encuentro personal con Cristo? ¿Quién no ha disfrutado la genuina felicidad de abrazar la fe en un Dios tan amoroso y a la vez tan poderoso? ¿Quién no ha celebrado, y sigue celebrando, haber abandonado una vida vacía y sin rumbo?

¡Todos tienen algo para contar de ese tremendo cambio de vida! ¡Todos podrían llenar muchas más páginas que las siete que le otorgamos a cada uno de ellos!

Por eso, los lectores que accedan a este hermoso libro se encontrarán con historias plenas de felicidad de quienes han experimentado lo más trascendente que pueden llegar a vivir: haber encontrado las llaves que abren todos los tesoros; haber hallado todos los planos de las riquezas más trascendentales; en definitiva, haber dado con el gran Camino, la inmensa Verdad y la nueva Vida.

Marcelo Laffitte

Director de M. Laffitte Ediciones

Felicidad en todas sus letras

Para lograr ser feliz, no alcanza con solo desearlo. Hay que estar dispuesto a completar los pasos necesarios. A continuación, veremos una didáctica manera, casi deletreando juntos, para intentar comprenderlo y aplicarlo en nuestras vidas.

Por Yasna Baeza Briones

¿Eres feliz? Cada vez que alguien nos hace esta pregunta, es como si nos sacudieran interiormente y permanecemos en silencio, para luego responder con un: “sí, soy feliz, pero…” Luego, nos justificamos porque quizás, nos sentimos infelices, aun teniendo a Cristo en nuestro corazón. Y si tenemos a Cristo en nuestro corazón, ¿por qué somos infelices? Te invito a continuar leyendo y descubrir en estas páginas el sentido de la felicidad.

Felicidad comienza con FE

¿Tienes FE? Hebreos 11:1 dice que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Certeza, significa conocimiento seguro y claro de algo; y convicción, significa estar fuertemente adherido a una idea. ¡Hermoso y conocido texto! Acompañado de definiciones claras que nos hacen empoderarnos de ellas cada vez que vemos que las cosas van bien, pero cuando las cosas no van tan bien o definitivamente van de mal en peor, ¿nos apropiamos entonces de este versículo? ¿Por qué falla nuestra fe?

La Biblia nos agrega en Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. No necesitamos ser eruditos bíblicos, ni teólogos, ni grandes pensadores para entender el versículo anterior e identificar la fórmula que nos permite adquirir fe para enfrentar todas las circunstancias que podamos vivir. Entonces si la fe viene por oír, ¿por qué somos carentes de ella? El mismo versículo da la respuesta a esta pregunta. El oír, viene por la palabra de Dios y luego la fe, es por oír.

Entonces, cuando conocemos la palabra de Dios, cuando ella se convierte en nuestro alimento diario, cuando hacemos de ella nuestra brújula, nuestro norte, y más aún, cuando conocemos al Dios de la palabra, entonces, podremos oír. Será ahí, cuando Dios perfeccione nuestro sentido de la audición y cuando nos provea discernimiento auditivo para oír lo que debemos oír y entonces, habrá fe en nuestros corazones.

Todo el mundo puede oír y ser carente de fe, pero al oír por la palabra de Dios, inmediatamente se activa la fe. ¿Y eso significa que estaremos exentos de problemas? Claro que no, significa que tendremos problemas y quizás muchos más, pero la fe es esa inyección de convicción que nos permite ver lo que aún no vemos, tener lo que todavía no tenemos, y confiar en que se hará lo que aún no es hecho.

Cuando tenemos fe, hay descanso, hay confianza, hay entrega, hay calma. ¡Confiamos! Cuando tenemos fe, tenemos la capacidad de enfrentar la vida con coraje, con valentía, con entusiasmo, con convicción. Y la suma de todo esto, traerá a nuestro corazón paz y felicidad, aún en el dolor. Entonces, habrá siempre en nuestros labios una alabanza, porque el gozo del Señor nos fortalece.

Fe, poder en dos letras; así comienza el camino de la felicidad.

Felicidad comienza con FE y continúa con LI de LIBERTAD

¿Eres libre? El pecado ata, pero Jesucristo rompe las cadenas y nos hace libres. Juan 9:10, comienza diciendo que “el ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir”. Cada vez que leemos este versículo, sabemos que se está comparando el objetivo y meta de un ladrón con la de Satanás. Pero, hay una gran diferencia entre lo que roba un ladrón común y corriente, y lo que roba este último.

Ya sabemos lo máximo que puede llegar a robar un ladrón aquí en la tierra, pero al parecer, aún no hemos dimensionado lo que el ladrón de ladrones pretende robarnos, porque si lo hubiésemos entendido, no daríamos cabida a sus estrategias sigilosas. Por algo Santiago nos lo recuerda en el capítulo 4 versículo 7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

El diablo, como ladrón de nuestras almas quiere robarnos la felicidad, el gozo, la paz, la alegría y las ganas de vivir. Quiere vernos atados y su principal estrategia desde el comienzo de los siglos es mediante el pecado, el cual, nos mata en vida y por supuesto también nos hace perder la vida eterna.

Somos hijos de Dios, comprados a precio de sangre. Aún más, lavados y justificados por ella, pero necesitamos cada día andar en el espíritu (Gálatas 5:16), ya que lo primero lo hizo Cristo, pero lo demás, es tarea diaria de cada uno de nosotros.

El mundo que nos rodea, es un mundo que nos invita a satisfacer los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16) y si estamos siendo ociosos espirituales, Satanás comenzará y terminará su obra de pecado en nuestras vidas.

Incluso siendo conocedores de las Escrituras, aun enseñándolas, ministrando a otros, sirviendo en la iglesia. Porque no se trata de cuánto hacemos, se trata de vivir a Cristo en nuestras vidas. Se trata de cuánto anhelamos estar en su presencia cada día, sumergirnos en su Palabra y no solo leyendo, sino también escuchando la voz de Dios, en silencio. Se trata de cuánto tiempo nos humillamos delante de su presencia y tal como hizo Ana, cuando pidió un hijo a Dios, derramar nuestra alma delante de Él.

Solo así, el diablo huirá de nosotros. De lo contrario, cada día nos buscará y seremos presa fácil, porque él tiene una fijación con nosotros, porque nos odia, quiere vernos derribados y destruidos y, sobre todo, porque somos imagen y semejanza de Dios ¡Qué triste es pecar cuando hemos conocido a Cristo! Literalmente, nuestra alma se desgarra.

David, un hombre que pecó contra Dios, nos muestra claramente cómo la felicidad se aleja de nuestro corazón cuando nos vemos envueltos en pecado y clamamos a grito por alegría. Él lo hizo en el Salmo 51:8: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido”. Cada vez que pecamos y que el Espíritu Santo nos convence de nuestros errores, volvemos en sí, porque además el pecado nos ciega y nos damos cuenta de que hasta nuestros huesos se abaten de tristeza y culpa.

La buena noticia es que en el mismo Salmo 51 encontramos la forma de ser libres, al humillarnos, reconocer nuestro pecado y apelar a la misericordia de Dios para que, conforme a la multitud de sus piedades, borre nuestras rebeliones (versículo 1). Y mientras eso ocurre, no dejemos de alabar, no dejemos de bendecir a Dios y al igual que David, decir a nuestra alma: “Bendice alma mía a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre, porque él es quien perdona todas tus iniquidades; él es quien rescata del hoyo tu vida y el que te corona de favores y misericordias” (Salmo 103: 1,3,4).

David pecó, pero tuvo la capacidad de arrepentirse y por eso fue un hombre conforme al corazón de Dios, por su humildad de corazón y arrepentimiento genuino, ya que él por sobre todas las cosas deseaba que Dios sacara su alma de la cárcel (ser libre) para alabarle. Y una vez arrepentido, no volvió a pecar. Entendió lo que Jesús le dijo a la mujer adúltera, muchos años después: “Vete y no peques más” (Juan 8: 11).

Solo Dios puede sacar nuestra vida de la cárcel del pecado para ser libres y volver a vivir, porque como dice Salmos 103:9 “No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo”. Cuando somos libres del pecado, podemos ser verdaderamente felices.

Libertad, vida en 8 letras, un paso más en el camino de la felicidad.

Felicidad comienza con FE, continúa con LI de LIBERTAD para seguir con CI, de CÍÑETE

¿Estás ceñido? A diferencia de las otras preguntas planteadas en este capítulo, esta no es muy común escucharla. De hecho, quizás hoy sea la primera vez que alguien se lo pregunte al leer estas líneas.

Cuando nos enfrentamos a esto, quizás relacionamos inmediatamente el ceñirse con el vestirse, pero el diccionario define esta palabra como: “Rodear, ajustar o apretar la cintura, el cuerpo, el vestido u otra cosa” (RAE). Por supuesto que, si respondemos esta pregunta de manera literal, cada uno pensará en su vestimenta y cómo ha decidido usarla de acuerdo con la moda, los gustos y la comodidad, y entonces estará más o menos ceñido. Pero, la verdad es que, espiritualmente no tenemos alternativa, ya que las Escrituras nos indican de manera imperativa el que estemos ceñidos. Y entonces, espiritualmente, ¿qué significa estar ceñidos?

Efesios 6: 14 dice “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad…” Y Juan 17:17 agrega: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. De acuerdo con lo anterior, entonces ceñirse espiritualmente es estar ajustados a la verdad, que es la palabra de Dios. Cuando estamos ceñidos con ella, estamos firmes y seguros, porque estamos en la verdad.

Para poder estar ceñidos por la palabra de Dios, debemos conocer las Escrituras, pasar tiempo con y en ellas, escudriñarlas y sumergirnos en las profundidades de su verdad. De esta forma, podremos enfrentar el día malo, fortalecidos en el Señor y en el poder de su fuerza.

Cada uno de nosotros enfrentó, enfrenta o enfrentará el día malo. Nadie, viviendo en este mundo en el que tendremos aflicciones, quedará exento de aquel día, pero ciñámonos de la palabra de Dios en la que encontraremos además de muchas cosas, ese estado de grata satisfacción espiritual y física, llamado felicidad. Ceñidos para ser felices con y en Dios.

Cíñete, seguridad en 6 letras, un paso más en el camino de la felicidad.

Felicidad comienza con FE, continúa con LI de LIBERTAD para seguir con CI de CÍÑETE y terminar con DAD de PIEDAD

¿Eres piadoso? Creo que de todas las preguntas planteadas en este capítulo, esta es la que podríamos responder más rápido y quizás con mucha seguridad, ya que en la sociedad en que vivimos, llena de apariencias y de “mostrar” lo que se hace, es fácil ser piadoso por distintas razones: para ser vistos, o compensar las malas acciones con obras de caridad para que la conciencia nos permita vivir en paz, para que Dios multiplique lo que tenemos o quizás, porque nos sobra mucho de lo que tenemos, entonces esas sobras pueden ser regaladas.

La palabra piedad, de acuerdo a las Escrituras, la podemos encontrar como bondad, compasión y misericordia; mientras que en el diccionario, ésta se define como amor al prójimo, actos de amor y compasión.

No hay nada que haga más feliz al ser humano, que practicar la piedad como una forma de vida que nace del corazón, sin ninguna doble intención, como bien lo plantea el apóstol Pablo en 1 Timoteo 6: 6: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

Hoy, nos encontramos en una sociedad que gime por piedad. Y cuando hablo de piedad en este contexto me refiero no solo a las necesidades económicas sino también a las necesidades del alma. Es cierto que, con respecto a esto último, solo Jesucristo puede llenar ese vacío, pero nosotros, como representantes de Cristo aquí en la tierra, ¿qué estamos haciendo?

¿Estamos teniendo un corazón compasivo y misericordioso? ¿Estamos siendo oído para aquellos que quizás nunca han sido escuchados? ¿Estamos dando un abrazo a aquellos que quizás todos miran de lejos? ¿Estamos regalando una sonrisa a aquellos que solo conocen un rostro de amargura?

Planteo estas preguntas porque considero que son más fáciles de llevar a cabo que si pregunto: ¿Estamos compartiendo lo que tenemos por amor a aquellos que lo necesitan? Nada hemos traído a este mundo y nada podremos llevar, pero aun sabiendo esto, nos falta tanto practicar la piedad con contentamiento. Porque solo cuando es con contentamiento, es con amor: esa es la mejor evaluación de nuestro nivel de piedad.

Jesucristo dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). ¡Felices! ¡Contentos! ¡Dichosos! aquellos que somos capaces de dar sin esperar nada a cambio, con empatía, agradecidos de Dios porque estamos del lado de la bendición y podemos extender nuestra mano, sin alardes. En silencio, para bendecir a otros. Practiquemos la piedad y veremos cómo comenzaremos a ser inmensamente felices.

Piedad, amor en seis letras, el último paso del camino a la felicidad.

Yasna Baeza Briones vive en la comuna de Galvarino, Región de la Araucanía, Chile; es profesora de Educación General Básica y Licenciada en Educación. Casada con Mauricio González González, pastor de la iglesia Misión Evangélica Universal de Cristo de Chile, a quien apoya en el trabajo de la obra del Señor. Nacida en un hogar cristiano, hija del pastor que antecedió a su esposo y al que Dios llamó a su presencia. De él, aprendió el amor por las almas, la búsqueda constante de la presencia de Dios a través de la oración y la lectura de las Escrituras. De su madre, sigue aprendiendo a vivir con fe, a pesar de las circunstancias difíciles de la vida. A Yasna le encanta cantar, enseñar la Palabra de Dios y escribir. Confía en Dios en que pronto, ya tendrá su propio libro en el que trabaja actualmente, porque con Dios, los sueños se hacen realidad.

Email: yasnabaezabriones@gmail.com

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Instagram: yasna.baeza.briones

Facebook: Yasna Baeza Briones


Cuida tu corazón

“Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.”

(Proverbios 4:23, NTV)

Por el pastor Rodrigo Carvajal

Cuando salí de la universidad en México tenía una tesis con la que sentía que había develado el misterio del ser. Entonces la llevé con el encargado del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM para que la revisara. Increíblemente me recibió, hojeó el escrito y me dijo: “No puedo ayudarte por ahora. Estoy trabajando en un posdoctorado con Umberto Eco. Se ve interesante, pero mira: cuando tengas 45 años escribe algo y me lo traes”.

Así, el doctor Mauricio Beuchot me ubicó sobre lo difícil que es compartir una palabra propia. Ya tengo 48, y cuando veo mi escrito de hace 25 años me doy cuenta de cuánta razón tenía aquel sabio varón.

La experiencia en estos años me reveló la importancia de la vida interior, la cual abarca los pensamientos, los sentimientos y todo lo que creemos, lo cual tiene dos niveles:

1 Lo que crees sobre ti.

2 Lo que crees que los demás creen de ti, lo cual determina en quién confías y en quién no, y por qué sí o por qué no.

La vida interior

Es lo que está dentro de ti, lo que condiciona cómo reaccionas. Por ejemplo, si alguien en quien no confío hace algo sospechoso, me pongo a la defensiva; si alguien en quien confío hace algo sospechoso, le doy el beneficio de la duda. Así, mi comportamiento será diferente con cada uno; me enojaré con uno y platicaré con el otro.

Desde adentro viene la inmensa tristeza que nos embarga algunas veces, así como la depresión, el enojo y la alegría. Daré otro ejemplo: Me enojaba mucho cuando, siendo académico de una universidad, me trataban como si fuera un “cualquiera”; reaccionaba defensivamente, haciendo uso de los clásicos “no sabes quién soy”, o “no sabes con quién te estás metiendo”, o algo así.

La realidad es muy compleja. El corazón es traicionero, tanto como para traicionarte a ti, o a los demás, sin importar cuánto los aprecies o quieras (“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio.” Jeremías 17:9, NVI). Entonces tomamos nuestras decisiones con base en lo que creemos, porque en el fondo lo que somos capaces de corroborar por nosotros mismos es casi nada.

Un ejemplo un poco más habitual puede ser cuando un hombre o una mujer dentro de una relación tiene una aventura. El otro miembro de la pareja puede tener indicios al respecto, pero si se cree culpable de haber hecho algo a la pareja, si cree que el otro es mayor o menor, si cree que se lo merece por malo, etc., estas percepciones harán que la interpretación de los indicios que notó se convierta en algo diferente a lo que está sucediendo en la realidad.

Entonces, cuando la evidencia es irrefutable (“lo agarraron con las manos en la masa”) surge la pregunta “¿Cómo no me di cuenta antes?”. Claro que se dio cuenta, pero lo que creyó alteró su visión de lo que estaba sucediendo. No podemos no creer, es necesario creer. Los psicólogos hacen énfasis en lo que crees sobre ti. Valoran un buen concepto propio como algo saludable.

Se dice que no es importante lo que los demás piensen de ti. Sin embargo, tomamos una gran cantidad de decisiones tratando de influir no solo en lo que piensan de mí, sino en lo que pensarán, en la imagen que quiero crear en los demás sobre mí para lograr que actúen conforme a lo que quiero. Sí, para manipular a los demás. En todas las relaciones humanas la manipulación es una constante.

La vida interior está llena de todo esto. Conduce nuestras decisiones y caminos. Cuando la Biblia dice “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” (Proverbios 4:23, NTV) se refiere a esta vida interior. Es necesario creer, pero debemos ser muy cuidadosos en lo que creemos, y la realidad es que muchas veces le damos muy poca importancia.

En la facultad de Ciencias de la Comunicación tuve un compañero que era camarógrafo de guerra y le tocó cubrir el conflicto en la antigua Yugoslavia. Un día estaba en una carretera en la cual, alineados de forma transversal, había kilómetros de cuerpos, la gran mayoría asesinados por francotiradores. Las cabezas y los torsos estaban destruidos.

Él debía hacer una toma que revelara la masacre que estaba sucediendo en aquel lugar, pero no era respetuoso ni correcto tomar los cadáveres en el estado en que se encontraban. Entonces tomó los pies y las piernas de los cuerpos, y extendió la toma a lo largo de la carretera hasta el horizonte, en el cual no se veía el final de la línea de cuerpos.

Me enseñó que los medios de comunicación hacen tomas de televisión, fotografías, muestran cosas y dicen cosas para hacernos creer en algo. Algunos como mi amigo, para evitar una escena grotesca. Otros esperan una reacción que sea conveniente a sus intereses.

Preguntas como: ¿Por qué me lo dice? ¿Por qué me lo dice ahora? ¿Qué espera de mí? ¿Por qué esto y no otra cosa? Son preguntas que deberíamos hacernos constantemente para tomar conciencia sobre lo que estamos creyendo. Necesitamos filtros que cuiden nuestra vida interior. Y hay cosas que es mejor no saber.

Oídos sordos

En una ocasión fui a ver a mi maestro, emocionado para contarle un chisme. Antes de dejarme hablar me dijo:

 Rodrigo, ¿lo que me vas a decir es importante?

 Pues, no.

 ¿Es urgente?

Tomé unos segundos y respondí:

 No, tampoco.

 ¿Es necesario?

 Mmm, no. Tampoco.

 Entonces no me lo digas. Gracias.

 Y me acompañó a la puerta de la oficina.

No es fácil no querer saber. La curiosidad, el morbo, el poder. ¿Cómo decir “no” a las conversaciones que me llegan? Pensamos: “Podría ayudarme saber, darme ventaja”, pero puede hacerte creer cosas que dañarán tu corazón. En mi caso, traté de seguir las enseñanzas recibidas por mi maestro, pero en el momento en que me descuidé toda mi vida colapsó.

Comencé por pensar mal de las personas que eran cercanas a mí. Me volví celoso, un poco paranoico (“todos hablan mal de mí, todos me quieren dañar”). Y una profunda tristeza y desasosiego inundó mi corazón y mi vida. Y lo que veo a mi alrededor es que no soy el único. Todo se debe a los pensamientos que dejé entrar a mi corazón, los cuales me hicieron creer muchas fantasías e ignorar la realidad, la cual es cruel, porque cuando se revela destruye tu vida.

Lo que creías era mentira. Las consecuencias, espantosas. El dolor es horrible, te sientes traicionado por todo y por todos, y es culpa tuya. Dejaste entrar pensamientos que no debías. Se te rompe el corazón. No es fácil estar pendiente de lo que uno piensa y cree.

Durante mucho tiempo estuve tratando de seguir las enseñanzas de mis maestros, velando lo que pensaba y lo que creía. Sin embargo, esto socialmente también te hace pasar por distraído o por idiota. Te discrimina, no tienes tema de conversación: cuando todos critican a alguien, tú te alejas. Tienes que luchar contra el morbo de saber qué pasó, cómo pasó, quién lo dijo. Y, todavía peor, qué dijo de ti. Sin embargo, era más feliz. Saludaba a todos, no miraba a nadie con recelo, me alejaba de las personas que sólo critican.

Desearía haber seguido así. Sin embargo, en un momento de la vida, tratando de encajar con los demás, de pertenecer, comencé a dejar entrar pensamientos que parecían reales, pero que ya no filtraba. Y a prestar oído a palabras que hubiera sido mejor ignorar.

Cuando menos lo pensé, era un hombre celoso, estaba paranoico, era mentiroso, manipulador, y con una angustia y opresión en mi corazón insoportables, profundamente deprimido, con una tristeza y autocompasión horribles.

Tres cuestiones sobre la percepción

Como cristiano uno tiene que contemplar las cosas desde una perspectiva muy diferente a como lo hace la gente común. Creer en la palabra de Dios tiene que ver con nuestro corazón, con dejar que penetre en nuestros pensamientos y se convierta en el centro de lo que creemos y usamos para tomar decisiones. Es necesario darnos cuenta de algunas cuestiones:

Primero, nadie conoce la realidad como es, sino como cree que es. Solamente Dios la conoce en su totalidad de manera directa. Para conocer qué está pasando realmente nos tiene que ser revelado. No es el amigo, no son los medios de comunicación, no es la cantidad exorbitante de información que hay en las redes sociales, no es lo que dicen los chinos o los americanos, tal o cual partido político o candidato, incluso tal o cual predicador.

Todos tienen solo una ficha del rompecabezas, y a veces menos. Nadie ha visto el rompecabezas armado, solo Dios. Perdemos mucha energía defendiendo aquello que es solo una parte del todo, como si fuera el todo. ¡Cuánta frustración se cosecha cuando la realidad, que es como es, te lo echa en cara!

Segundo, la imagen, el auto concepto, el fundamento de nuestra autoestima pueden estar basados en una fantasía y no en la realidad; en lo que crees que eres, pero no eres. ¡Y cómo cuesta trabajo darse cuenta! Pensabas que no podrías traicionar a tu familia, y lo has hecho. Pensabas que no podrías hablar en público, y lo has hecho. Somos mucho más o mucho menos de lo que creemos de nosotros mismos. Resulta que el fabricante, el artesano, es el que mejor conoce su obra. Y ese es Dios, el que sabe verdaderamente quien soy.

Tercero, no tienes injerencia en lo que los demás piensen de ti, y lo que quieres que piensen de ti no va a generar lo que piensas. No controlamos la realidad. Recuerdo a Alicia, la niña que me gustaba en la escuela secundaria, cuando tenía alrededor de 12 años. Un día me armé de valor, como buen mexicano, y me propuse decírselo. No era un asunto fácil, pero al final hice un guion que practiqué en el espejo unas cuarenta veces, y elegí un día para el acontecimiento.

Iba preparado para todo. Si me contestaba “Lo voy a pensar”, “Mañana te digo”, “No”, “Tengo novio”, lo que sea, tenía una respuesta. Así que me puse de acuerdo con sus amigas y me dejaron a solas con Alicia. Solté mi discurso de treinta minutos (cronometrados exactamente), donde le exponía de manera romántica mis intenciones. Me escuchó pacientemente, y una vez que todo estaba dicho, tranquilamente dijo: “Tú también me gustas”. ¡Cielo Santo! Para esa respuesta no iba preparado, y como si me repusiera de un golpe en la cara, solo atiné a decir: “¿En serio?”.

Las relaciones humanas son complejas, totalmente incomprensibles para los humanos. Somos capaces de amarnos, honrarnos, usarnos, manipularnos, denigrarnos, etc. Y el único que sabe deshacer el nudo es Dios. Creer en Él no consiste solamente en creer en Su existencia o en Su creación. No es algo externo a nosotros.

Es algo que proviene de nuestra vida interior: creo en lo que Él tiene para mí, creo en lo que Él ha dicho de mí, creo en lo que Él me pide. Nuestra vida interior determina en qué creemos, así como nuestra fe. El cuidado que pongamos en cuidar nuestro corazón y nuestra fe nos dará felicidad. Es un reto. Inténtalo.

Rodrigo Carvajal Calderón reside en la ciudad de Valle de Bravo, en México, con su esposa Janett de Carvajal, y sus dos hijas, Emily y Yunnuén. Ha sido servidor en diferentes áreas de la iglesia durante diez años, sobre todo desempeñándose en el área de los discipulados y los estudios bíblicos, siendo llamado al pastorado hace dos años, ejerciendo como pastor adjunto en su iglesia.

Whatsapp: +52-72-2531-7193

Email: rdrgcrvjl@gmail.com


Desde el fracaso y la oscuridad… a la restauración y la luz

Satanás quería distorsionar mi identidad con un letrero de “prostituta” sabiendo que mi acta de nacimiento dice “profeta de Dios”.

Por Marisol Castro

Nací en San José, Costa Rica, en cuna de infidelidad, la cual fue el pan de cada día entre mi madre y mi padre, sin saber la marca espiritual ni cómo esto afectaría mi vida. Soy la menor de tres hermanos de una familia disfuncional, donde el alcoholismo de papá era el protagonista de peleas y escenas vergonzosas a lo largo de nuestra niñez y adolescencia.

Mi mamá se hartó de la situación así que su forma de escape era frecuentar lugares de baile en donde la presencia del alcohol y malas compañías solo venía a empeorar el escenario y causar más dolor.

A sus ángeles enviará para que me guarden

Sin tener conocimiento alguno de la palabra de Dios, esta escritura se hizo carne sobre la vida de mi hermano y la mía a los ocho años, cuando mi madre tuvo la terrible idea de dejarnos al cuidado de un tío, del cual se tenía conocimiento que había abusado de otros niños.

Recuerdo ese día como si fuera ayer, cuando mi tío entró al dormitorio donde yo estaba con mi hermano. De pronto me vino un gran temor. Salí de la habitación, busqué la plancha y la encendí a la temperatura más alta, dejé que se calentara lo suficiente, la desconecté, me llené de valor y me fui corriendo a rescatar a mi hermano.

La escena que encontré me asombró, pero no me detuvo, ya que había un fuego que ardía dentro de mí ante el peligro expuesto. Mi tío estaba haciendo demostraciones obscenas, entonces extendí la plancha hacia su cuerpo y le dije: “Atrás, atrás, aléjate de él”, tratando de poner a mi hermano a salvo. El sujeto abandonó el dormitorio y se fue de casa en ese preciso momento.

Repaso la escena y no sé cómo siendo apenas una niña tuve tanto valor y capacidad para reaccionar tan rápido. La única explicación que encuentro es que Dios envió a sus ángeles que me guiaron a actuar al instante para evitar que fuésemos violados por un familiar.

A lo largo de mi vida espíritus sexuales me asecharon, debió de ser por las prácticas deshonestas, la inmoralidad sexual y una lista de pecados que cometieron mis generaciones pasadas delante de Dios.

La relación con mi mamá era pésima, al punto que ella me golpeaba hasta sacarme sangre por la nariz. Cada día era un infierno vivir bajo el mismo techo, así que yo buscaba pasar el mayor tiempo fuera, tratando de huir de un ambiente de borracheras y vicios. Mi casa se había convertido en una especie de bar en donde los vecinos más problemáticos eran las visitas constantes.

Odiaba regresar a casa después de estudiar así que comencé a desahogarme con amistades que el mundo me ofrecía, que incluían tragos y malas compañías. Estaba siguiendo el mismo patrón que mis padres, pero lo peor estaba por venir.

En una noche tranquila mi casa se tornó en un escenario de gritos y dolor cuando descubrí algo que nunca pensé que ocurriría: me dirigí al baño y allí vi a mi mamá inhalando una línea de cocaína. No lo podía creer, era lo que me faltaba para que mi vida fuera más desdichada. Sentí que el mundo se me vino encima, esa escena de horror que vi me destrozó, fue tocar fondo en una vida desgraciada.

Decidí que a mis veinte años era tiempo de dejar el nido e ir a nadar con tiburones en este océano llamado mundo. Hubo temporadas en las que trabajé como modelo, pero he de expresar que hay una línea muy delgada entre “modelaje” y prostitución fina.

Cualquiera que haya sido la línea, yo la cruce y aún más. Las ofertas por salir con hombres mayores, adinerados, no se hicieron esperar y en pocos años esas propuestas cruzaban las fronteras engrosando mis cuentas bancarias y llenando mi pasaporte con sellos de otras naciones.

Un pacto con el diablo

En la vida disipada que llevaba había un destino que estaba en mi lista de viajes deseados: Las Vegas, Nevada. Conocida como “la ciudad del pecado” era como si esa tierra me atrajera, y cuando finalmente llegó la invitación para ir accedí. Era como firmar un contrato con el diablo y tener que cumplirlo.

Al cabo de algunas semanas un avión rumbo a Las Vegas cumplía mi sueño y el del diablo también. La suite presidencial del Caesar Palace nos daba la bienvenida a “Sodoma y Gomorra” y una temporada de inmoralidad sexual se abría para mi agenda, ya que este destino me recibió catorce veces más. Las ligaduras del pecado te llevan a su origen. Ciertamente solo el poder de la sangre de Jesús puede anular pactos con las tinieblas.

La primera vez que me susurraste

En mi cuento de princesas no se contemplaba el sueño de ser esposa, madre o tener una familia, era inalcanzable por todas las marcas de dolor que albergaba desde mi niñez. En marzo de 2012, fui a una cafetería para comprar algo y mientras hacía fila para pagar un hombre me dijo: “Hola, ¿te he visto en el gimnasio?”

“No creo conocerle”, respondí. Entonces, una suave voz me susurró al oído diciéndome: ¡mírale a los ojos! Eso hice, pero no me pareció nada especial ni atractivo aquel hombre. La conversación continuó y la misma voz susurró una y otra vez lo mismo: ¡mírale a los ojos! No entendí el propósito de aquella voz, pagué lo que compré y salí del lugar. Lo siguiente que supe fue que había conducido kilómetros pensando en aquel hombre de ojos verdes brillosos.

Una semana después el mismo hombre apareció en el gimnasio, me saludó, pero no le di mucha importancia, no tenía interés en involucrarme sentimentalmente con nadie. Yo era una dama de compañía con pasaporte y agenda en mano que vivía entre aeropuertos y hoteles.

Inesperadamente surgió una amistad con él que continuó por meses, cuando de pronto, no sé cómo ocurrió, pero el hombre de los ojos verdes me atrajo como si fuera el único disponible en el planeta. Cada mañana mi primer pensamiento eran su rostro y su voz. Pero existía un gran problema: él era cristiano, y yo una mujer del mundo.

Ese hombre persistió en enamorarme como si hubiese tenido una reunión cara a cara con Dios y fuese un mandato del Padre. Dios sabía que la única manera para que yo abandonara el mundo era dándome unos brazos en donde refugiarme para sentir verdadero amor, bondad y paz.

Experimentar aquel amor era algo nuevo para mí, de inmediato me vi en una batalla espiritual: debía elegir entre el beso que me despertaría cada mañana o conquistar más destinos turísticos, engrosar mis cuentas bancarias y llenar mi pasaporte con más sellos como un álbum de estampitas.

Me sentía entre la espada y la pared: mi corazón quería una cosa, pero mi naturaleza pecaminosa otra, tenía dos caminos delante de mí y era hora de elegir si continuaba siendo una prostituta que daba la vuelta al mundo o convertirme en una esposa felizmente realizada.

Elegí amar y “dejar el pasado atrás” pero cometí un fatal error, no cortar de raíz todo lo correspondiente a mi vida pasada. Seguía estando en contacto con algunas personas. Cuando cierres puertas de pecado asegúrate de que no haya ventanas ni celosías abiertas porque el enemigo buscará entrar por ellas y destruirte.

Al poco tiempo ya estaba asistiendo a una iglesia cristiana, me bauticé, aprendí a adorar a Dios y leer su Palabra. Me fui interesando en saber más sobre quién era ese Jesús del que tanto hablaban. Ahora era una mujer que tenía un pie en la iglesia y otro en el mundo, pero algo en mí se despertó, me daba miedo seguir en pecado. Quería salir de ese gremio como un integrante que sale de una pandilla, era difícil, parecía como si el contrato laboral fuese inquebrantable.

Confites en el infierno

La relación con el hombre de los ojos verdes marchaba de maravilla, pero en mi interior sabía que algo no estaba bien, continuaba engañando a quien estaba a punto de ser mi esposo y eso me carcomía, no tenía tranquilidad para pecar, ya no disfrutaba ni siquiera contar los fajos de billetes. No sabía que el Espíritu Santo había venido a morar en mí y que había comenzado su obra.

Cierto día usé la computadora de él para revisar mi correo y sin percatarme dejé abierta mi cuenta, y entonces él tuvo acceso a conversaciones con clientes, reservaciones de hoteles, pasajes aéreos y todo lo referente a la doble vida que su futura esposa llevaba.

Ese lunes negro

Desperté una mañana de lunes y al poco tiempo de estar en pie simplemente supe que algo no andaba bien. Tenía un vacío en mi estómago, una sensación de susto que me alertaba que pronto una mala noticia sería parte de mi día. Transcurrió la tarde y aquel sentimiento tomaba cada vez más fuerza, me preguntaba qué era esto tan terrible que me ocurría, podía sentir palpitar mi corazón como si predijese un peligro.

Al caer la noche ese sentir se hizo carne. Al frente de mi puerta estaba mi futuro esposo con lágrimas en sus ojos y documentos en sus manos de toda la evidencia hallada en mi correo electrónico, no eran mis estados bancarios, pero sí la suficiente información para comprobar la infidelidad y el pecado de su amada.

Bastó un computador y un error humano (no cerrar la cuenta correctamente) para que la verdad estuviera frente a sus ojos y el mundo se desmoronara al descubrir y comprobar que la mujer de quien él estaba profundamente enamorado llevaba una doble vida como prostituta fina.

No necesité un abogado para defenderme, con las pruebas en sus manos solo una cosa quedaba por hacer: declararme culpable, y eso hice. En un segundo el amor, los planes de matrimonio, de construir casa juntos se derrumbaron más rápido que las torres gemelas. Simplemente él dio media vuelta y se fue para no volver. Literalmente fue como si todo el escombro hubiese caído sobre él enterrándolo vivo, juntamente con un amor que pasó a ser historia.

La muerte tocaba a mi puerta

Entré en una profunda depresión. No dormía, no comía, mis lágrimas fueron mi pan de día y de noche, mientras las risas de satanás resonaban en mis oídos burlándose de mi dolor. Después de semanas de ser un simple cuerpo que se movía por inercia, estaba débil físicamente, y decidí acabar con el sufrimiento dando fin a mi vida: pensé en el suicidio.

Rápidamente planeé mi muerte. El solo hecho de pensar que todo el dolor terminaría en pocas horas me hacía sentir alivio. La escena estaba lista, tomaría mi coche y conduciría a toda velocidad para estrellarme en la autopista. Estaba decidida y Dios lo sabía. Ese coche sería el ataúd que llevaría mi alma fragmentada al reposo que desesperadamente necesitaba, que mi ser interior clamaba.

En medio de ese plan macabro apareció Dios de forma tan sobrenatural e inexplicable que nunca olvidaré. No sé cómo ni por qué se me ocurrió encender la radio y justo en ese instante un predicador gritaba a todo pulmón un mensaje que me hizo temblar y caer de rodillas. Justo ahí en medio de mi sala, la presencia de Dios descendió.

El evangelista decía: “Hermano, si usted pierde su vida hoy sin conocer de Cristo, si usted cree que la situación que está viviendo es un infierno y pierde su vida, déjeme decirle que el verdadero infierno le espera”.

La voz de ese hombre fue como una espada penetrando mi corazón, comencé a temblar. Esas simples palabras replicaban a todo volumen en mi interior, caí de rodillas y no pude parar de llorar. Miré al cielo y dije algo poderoso que aún no tengo idea de cómo lo expresé. Exclamé gritando: “Si tú verdaderamente existes, si existes como dicen que existes, mete tu mano en mi corazón y cambia mi vida, tengo miedo de morir, pero es la única anestesia a mi dolor.”

No puedo imaginar la batalla espiritual que había en ese momento, el bien y el mal en un duelo por mi vida. Recuerdo postrarme en el piso y llorar desconsoladamente, no sabía que Jesús me estaba liberando -a través del llanto- de espíritus de muerte que habían ascendido del mismo infierno para pedir mi alma. Quedé tan débil después de esta experiencia que lo siguiente que recuerdo fue ver el sol por mi ventana anunciándome un nuevo día.

Llevaba semanas sin poder dormir ni comer, y ahora me despertaba después de nueve horas ininterrumpidas de sueño y con apetito. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué ya no sentía el deseo de morir?

Una profeta emerge de las cenizas

La primera decisión que tomé fue volver a los cultos inmediatamente. Ahí estaba yo sentada en primera fila prestando atención a la Palabra. Me involucré en actividades ministeriales: evangelismo, servicio en la radio, estudios bíblicos, semanas de adoración. Profundizaba cada vez más en las aguas del Evangelio.

El enemigo sabía que me había convertido en una aliada del reino de los cielos y en un arma letal contra el infierno porque ahora estaba ganando almas para Cristo y capacitándome en su ejército.

Respuestas que llegan de rodillas

Sabía que debía mantenerme ocupada y diligente en los caminos de Dios porque bien dice el dicho: “una mente vacía es un taller del diablo”, y no quería ser blanco de sus francotiradores. Una mañana de rodillas en mi dormitorio pedí al Señor por dirección para emprender algo que me hiciera ganar la vida honradamente.

De pronto una suave y familiar voz me habló diciendo: “¡Hornea!” Continué orando y nuevamente escuché: “¡Hornea!” ¿Yo hornear? Ni siquiera tengo horno, nunca he tomado un bolillo. Esa voz influía mucho en mí, obedecí y en pocos días compré todo lo necesario para aprender el arte de hornear.

Abriendo camino donde no lo hay

Aprendí un par de recetas, y salía a vender lo que preparaba, era cansador pero el favor y la gracia de Dios me respaldaban en las ventas. Puertas de bendición rápidamente comenzaban a abrirse delante de mí. Tuve la oportunidad de asistir al detrás de cámaras de un programa de televisión en vivo, pensé que sería una muy buena ocasión para llevar unas cuantas galletas de las que horneaba y regalárselas a los presentadores del programa.

Así lo hice, sin saber que Dios tenía una sorpresa preparada para mí. El productor degustó las galletas y en ese instante me ofreció la sección de repostería completamente en vivo por televisión nacional. Con temor de lo que fuera a ser esa nueva experiencia, accedí y ahí estaba yo en 3,2,1, saliendo al aire.

¿Quién podía imaginarse que la mujer en pantalla hacía dos meses atrás planeaba atentar contra su vida? Ahora una sonrisa engalanaba mi rostro porque Dios estaba haciendo maravillas conmigo. Al corto tiempo otra puerta de bendición volvió a abrirse. Esta vez, una llamada de la producción del programa número 1 en gastronomía en Costa Rica. Me extendían la invitación para grabar con la chef de mayor renombre a nivel nacional. ¡Daba gloria a Dios por los tiempos de bonanza que estaba viviendo!

Una encomienda de Dios

En un día cualquiera surgió un de repente de Dios: entré en una boutique y ahí estaba una mujer mirando vestidos. Me dispuse a salir de la tienda y en ese instante ella me abordó para decirme que era pastora y que tenía una palabra de Dios para mí. Me sorprendí mucho porque nadie me había dicho que Dios hablaba a través de personas.

La mujer se dejó usar por el Espíritu Santo como si ella viviera conmigo día y noche, era increíble cómo describía todo el proceso que estaba atravesando, me quedé perpleja. Ella terminó su encomienda, me despedí y salí del lugar impactada. ¿Acaso ella era un ángel?

Al poco tiempo aprendí lo que la Biblia describe como profetas, entonces entendí que Dios había enviado una profeta para hablarle puntualmente a mi corazón. Cosas que ella me dijo que ocurrirían acontecieron en pocas semanas de aquel encuentro.

Sabía cómo contactarla, la llamé y acordamos que me recibiría para consejería y sanidad interior. Dios hizo con ella y conmigo lo que llamaríamos “una conexión de reino”: ella pasó a ser mi pastora, el Espíritu Santo la usaba para sanarme, restaurarme y formarme como profeta. Hasta el día de hoy ella es mi madre espiritual, mi amiga y compañera de viaje en los caminos del Señor.

Ahora entiendo que satanás quería distorsionar mi identidad con un letrero de “prostituta” sabiendo que mi acta de nacimiento dice “profeta de Dios”. Siete años han pasado de aquel episodio -doloroso pero necesario- para transformar mi vida para siempre. Hoy puedo decir que experimenté en carne propia la palabra de Romanos 8:28: “A los que aman a Dios todas las cosas les ocurren para bien, a los que conforme a su propósito son llamados.”

No sé si usted está buscando esperanza en este libro o simplemente se interesó en los testimonios, lo que le puedo decir es que todos tenemos un destino, y es tener un verdadero encuentro con Jesús. Le aseguro que Él no desampara a aquellos que le buscan, y usted podría ser usado como instrumento en las manos de Dios para impactar al mundo a través de su historia de vida. Tal vez su testimonio pueda ser esa voz que clama en el desierto para algún alma desesperada por ser rescatada.

Marisol Castro reside en Heredia, Costa Rica. Trabaja en diferentes áreas de la iglesia desde hace siete años. Actualmente sirve en el “Ministerio Gloria de Sion” como profeta y en el área de consejería, y es ministra de danza. Está escribiendo su libro titulado “De prostituta a profeta”, en el que relata su vida entera, con deseos de publicarlo en distintos idiomas. Marisol es amante de los congresos de mujeres. También es empresaria, chef pastelera, y tiene sus propios negocios en la industria gastronómica.

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Misionero en Misiones

Siguiendo mi llamado, recalé en Argentina, tierra que amo y siento como mía, y donde pude experimentar Su amor, Su providencia y Sus milagros, hasta el día de hoy.

Por el pastor Olaf Smolich

Argentina para toda la vida; así dice una imagen que colgué en mi oficina. Ya se van a cumplir cuarenta años desde que contraje matrimonio conscientemente con una argentina. Tenía 27 cuando me casé, y había tenido muchas oportunidades de elegir alguna otra mujer con el objetivo de que sea la mejor de todas. Con sólo decir que durante cuatro años estudié en una facultad donde, de los ciento treinta estudiantes de mi curso, cien eran mujeres (hermosas mujeres).

Pero sin duda, cuando conocí Argentina y los diferentes matices, la variedad de razas y, especialmente, el espíritu de sus mujeres, me enamoré de ellas y de esa tierra. Son las más hermosas, no solamente por sus atributos físicos, sino más aún por su actitud, porque vi a las mujeres argentinas muy diferentes a las europeas. Están orgullosas de su patria, de su tierra, y más aún de su condición de mujeres.

Lamento tanto el movimiento feminista, el cual pude vivir de cerca en Alemania en la facultad, y en el cual parecía que ninguna mujer estaba orgullosa de serlo. Todas querían competir con los hombres, aún hasta el día de hoy. Es en ese punto donde pierden mucho, cuando no están orgullosas de lo que realmente tienen para agradecerle a quien las hizo: Ser mujer les permite ser madres, lo que para mí es lo máximo que Dios pudo crear.

Donde todo comenzó

En abril del año 1981 dimos el sí con mi esposa. Para el momento en que escribo esto, estamos por cumplir cuarenta años de casados y, todavía hoy, debemos aprender cada día a convivir, porque somos muy diferentes. Viví veintitrés años en Alemania, tres años en Brasil como misionero, y el resto del tiempo prácticamente en Argentina, el país más hermoso que he conocido. Visité muchos países, porque pude viajar bastante, pero sin dudas Argentina robó mi alma.

No hay país con tantas diferencias en sus paisajes, sus dialectos, su idiosincrasia, su cultura. Tiene varias cosas europeas, pero también mucha influencia indígena. Debo confesarlo: Estoy enamorado de Argentina. Muchos de los que lean esto probablemente tienen el privilegio de haber nacido aquí. No es mi caso. Pero sí la elegí, la abracé y la abrazo hasta hoy. Y muy probablemente, si Dios quiere, me van a enterrar en Argentina y será un orgullo para mí.

¿Cómo llegué a este país y cómo fue mi vida antes? Bien, nací en julio de 1953 en Berlín, la capital germana. Era la Alemania Oriental, en la cual, después de la Segunda Guerra Mundial, la URSS (fingiendo elecciones) impuso el sistema comunista.

Soy único hijo, y por un milagro mi padre sobrevivió a la guerra, y en especial a una muy seria enfermedad del estómago después de regresar de los campos de batalla. Creo que fue la providencia de Dios la que lo sanó. Él capitalizó ese milagro, y en cuanto tuvo la oportunidad salió con su esposa, su único hijo y su suegra, y se escapó a la parte libre de la nación, a Alemania Occidental.

Allí fue donde pude crecer y donde mi padre trató de darme la mejor escuela, buscando excelencia para mi educación. Puede ser que eso lo haya logrado, pero lamentablemente no supo prepararme para mi llamado. Durante mi niñez Dios me llamó tres veces. En tres oportunidades tuve experiencias extraordinarias (que ahora no vienen al caso) donde sentí Su llamado, y sabía que un día iba a servirle. El problema es que no hubo nadie que me explicara cómo tenía que vivir con esto y prepararme.

Conceptualmente perdido

Así que, en la escuela, que era científica, no cristiana, nadie entendía nada de esto y nada me preparaba para mi llamado. Me empecé a rebelar contra la hipocresía de mis maestros y también de mis padres. Todo el mundo a mi alrededor se decía “cristiano”, pero en el fondo nadie lo era realmente.

Mi maestro de teología de la secundaria, un profesor que hablaba perfectamente hebreo, griego y muy cultivado en su especialidad, cuando le pregunte si él creía en la existencia del diablo, me dijo “No. Es un concepto”. Entonces, en mi corazón decidí que, si ese era un concepto y no una persona, no un poder, entonces tampoco Dios existía, todo era una mentira.

Para mí el cristianismo se había convertido en la religión más mentirosa e hipócrita de todas. Una creencia en la que tanto hablaban del amor, pero lo que no se ve entre las iglesias y entre los pastores es amor; donde tanto hablaban de paz, pero ninguna otra religión causó dos guerras mundiales, sino los pueblos cristianos. Así que, con rechazo en mi corazón, comencé a buscar el sentir de la vida lejos de la cultura occidental.

Comenzó en esa época el movimiento hippie, y me volqué totalmente a esta novedosa corriente, basada en la protesta contra la cultura, la política y la religión occidental. Regalábamos flores a policías y soldados. Nuestro slogan era “Haz el amor, no la guerra”. Obviamente, tampoco éramos mejores. En ese tiempo empecé a experimentar con drogas, primero hachís, luego LSD, y me perdí totalmente.

La verdad revelada

Todo se volvió extremo. Tres de mis mejores amigos se suicidaron, y yo estaba muy cerca de eso, cuando un pastor argentino de visita en Alemania oró conmigo. Durante su oración tuve una experiencia que es imposible ponerla en palabras. Vi la gloria de Dios y entendí que Jesucristo murió por mí. Tuve que reconocer mi horrendo pecado. Había atentado contra todas las leyes de Dios. Estaba totalmente pervertido. No hay expresión para describir mi culpa y mi pecado.

Pero en un momento me mostró que Él, y solamente Él, murió en mi lugar y me lavó con Su sangre. En el mismo instante me habló, y me dijo “Tú predicarás mi palabra”, lo que me humilló hasta el polvo. Hasta ese día había blasfemado contra el Dios cristiano, me había burlado de Él en público, había hablado en Su contra palabras que no puedo repetir. Lo odiaba. Pero Él me puso en el ministerio. Y como si fuese poco, en ese tiempo estaba muy enfermo, había perdido mucha sangre y Él me sanó. Nunca más volvió esa enfermedad.

Pude terminar mis estudios en la facultad católica y entendí que la teología era la peor enemiga de mi nueva fe. Los teólogos no creen que Jesús resucitó y que volverá a buscar a Su Iglesia. Toda la Biblia comenzaba a tener sentido para mí. Me daba cuenta de que es la palabra de Dios revelada, inspirada totalmente por el Espíritu Santo.

Después de terminar mis estudios, el Señor me guio para ir como misionero a Brasil, donde alguien experimentado me introdujo al trabajo de campo. Tuve que aprender a trabajar con mis manos. Edificamos muchas casas, templos, pero también hicimos evangelismo, seminarios, enseñanzas. En el año 1981 me casé en Oberá, Misiones, con la hija de aquel pastor que había orado conmigo.

Milagro macroeconómico

En julio de 1982 nos asentamos definitivamente en Misiones, Argentina. En esa época terminaba la guerra de las Malvinas y al poco tiempo, Alfonsín asumía el gobierno en la vuelta de la democracia. El dinero que había llevado a ese país para comenzar mi existencia como misionero en Misiones, no alcanzaba para comprar ni siquiera un auto económico, como lo era un Renault 6.

Así que oré y clamé al Señor una noche, y le prometí “Si Tú cambias la economía en Argentina de tal manera que pueda comprar el auto que realmente necesito, un terreno para la iglesia y para mi casa, y algunos muebles para empezar la vida aquí, lo que me pueda ahorrar lo voy a dar para Tu obra, donde no lo aproveche yo”. Pensaba en hacer un pozo de agua en el hogar de niños de Oberá.

La mañana después de esa oración mi suegro trajo el periódico: Alfonsín había liberado el mercado económico. El dólar a las dos semanas valía mucho más. Tanto que podía comprar un buen auto, dos terrenos (uno para la iglesia y otro para mí), muebles para empezar a vivir una vida digna y hasta alquilar una casita para empezar una obra en Jardín América, donde abrimos una iglesia que se llama Peniel.

Comenzamos con lo que yo llamaba “sana doctrina de Alemania”, pensando que lo que había aprendido en mi país era mejor. ¡Oh, cuánto tenía que aprender! Mi choque cultural no demoró mucho. No voy a contar cuántos problemas tuve con mi mentalidad alemana, pero recién cuando me frustré totalmente con mi “sana doctrina” fue que empezó un pequeño avivamiento. Acepté que algunos hermanos argentinos me ayudaran con una carpa, y de ese evento unas cincuenta personas se convirtieron. Fue un pequeño avivamiento que terminó formando el núcleo de la nueva iglesia.

Alicia

Quiero contar una sola historia, la que más me quedó e impresionó. Hace poco la conté a mis amigos en Gobernador Virasoro, Corrientes, donde vivo ahora. Una vez vino una mujer muy pobre, tanto como no he conocido nadie en toda mi vida. Vivía en una casita afuera de Jardín América. Había tenido ya dieciséis hijos, y con los dos o tres que ahora convivía, compartía una gran necesidad.

Así que tenía que decidir cómo ayudarla, porque muchas veces no tenía para comer. En invierno no tenían cómo calentarse y estaban casi desnudos. En una ocasión le llevé algunas cosas y me preguntaba qué iban a decir los vecinos cuando me vieran con mi auto llevar leña, comida, etc., siendo ella más o menos de mi edad. Temía por mi testimonio, pero por otro lado no podía dejarla sola, porque los niños y ella necesitaban ayuda.

Oré frente a su casa y pregunté a Dios qué tenía que hacer, si debía cuidar mi testimonio, o a una de las primeras almas de la iglesia. Entonces, tuve una visión: Vi a esta persona, llamada Alicia Sosa, en ropas blancas resplandecientes. Y escuché una voz que me dijo: “Quiero que ella esté conmigo en el cielo”. Esto me humilló terriblemente; ¿por qué había dudado en atenderla? ¿Qué importaba lo que decían los vecinos? Había que ayudarla, por lo que seguí asistiéndola.

El milagro de Cristóbal

Pronto, después de bautizarse, tuvo otro hijo, y este nació paralítico. Un día la visité con un pastor amigo de Alemania que tenía el don de profecía. Mientras orábamos con la familia, él dijo “Este niño, Cristóbal, va a caminar”. Me lo guardé bien, porque soy muy crítico con las profecías; si no se cumplen, los profetas deben ser denunciados. Así que observé a este niño durante años, y no caminaba.

Un día, Alicia llegó a la iglesia con Cristóbal en su carrito, quien más o menos tenía tres años. Mi suegro predicó y al finalizar oró por el niño. Le dijo “Cristóbal, levántate y anda”, y el niño, que nunca había caminado, se levantó de su carrito e hizo los primeros pasos.

Al tiempo ella tuvo que dejar a este niño en el hogar de mi suegro, y lo vi allí durante un tiempo, y experimenté algo maravilloso: él era el guía de un niño ciego, caminaba y lo tomaba de las manos, llevándolo por todos lados. Nunca me olvidaré de esa pareja, Cristóbal y el cieguito. Lamento haber perdido el contacto con Alicia, porque ella se fue a vivir a Posadas, donde una vez más la visité, y fue la última vez que la vi.

Luego de contarle esto a mis hermanos en Corrientes, me arrodillé junto a mi cama y pedí a Dios: “Señor, tú sabes dónde está Alicia, si vive, y si Cristóbal está bien. No quisiera contar historias que no son verídicas”. Hacía más o menos 35 años que no había visto ni escuchado nada sobre ella. Después de esa oración, pasaron dos semanas y un tal César me escribió un whatsapp: “Usted es mi pastor, quien en Jardín América tocaba la trompeta”.

“Si” le dije “Eso es verdad. Pero ¿quién eres?”.

“Soy César Sosa”, respondió.

Le pregunté “¿Cómo se llama tu mamá?”.

“Alicia Sosa” me contestó. Dios había hecho un milagro. César Sosa, el hijo mayor de Alicia, milagrosamente se comunicó conmigo. Nunca habíamos tenido contacto, ni por teléfono ni por whatsapp ni por nada. La última vez lo había visto en Jardín América treinta años atrás.

Comencé a tener contacto con Alicia, con Cristóbal (que sigue caminando, y tiene una fábrica de ladrillos y lajas en Posadas), y con muchos de los otros hijos. Pensamos encontrarnos en Posadas después de la pandemia y agradecer a Dios por sus milagros, y sobre todo por haberme elegido para ser misionero en Misiones.

Proyecto “Misión Guaraní”: Fase Uno

Entre los años 1983 y 2003 visité semanalmente las aldeas Cuñá-Pirú, Línea Cuchilla y Sapukái, donde hicimos amistad con varias familias, la cual perdura hasta hoy. En 1985 se inauguró la primera casita de oración, y en el mismo día los creyentes fueron expulsados violentamente de su aldea y se dispersaron. Durante veinte años hubo varios avivamientos pequeños y bautismos, siempre con el triste resultado de una expulsión y dispersión de los creyentes. El fruto no se podía preservar en una iglesia autóctona.

En el año 1992 atravesé una profunda crisis en mi ministerio, durante la cual tuve que rendir cuentas ante mi propia conciencia sobre mi trabajo y tomar una decisión respecto a si iba a volver a Alemania o seguiría ministrando en Argentina. Después de varios meses de intensa oración tuve la siguiente visión: sobre una plataforma estaban parados los miembros de mi Iglesia Misionera de Alemania. No reconocí a nadie en especial, mas sabía que era mi iglesia, aquella que me había enviado junto a nueve misioneros y nos había sustentado con mucha perseverancia y amor durante tantos años.

En la visión pude ver sobre sus cabezas una inmensa corona. Entendí en mi corazón que esta corona pertenece a las iglesias misioneras en todo el mundo, las cuales se jugaron por el último gran mandato de Jesús y así probaron la más desinteresada consagración, los mayores sacrificios, la mayor disposición a sufrir, y demostraron unidad, paciencia y madurez espiritual.

Entendí que los verdaderos héroes y vencedores que engrandecieron países y continentes delante de Dios fueron gente como ellos. Por causa de estos cristianos verdaderos, en su época Dios engrandeció países como Inglaterra, Alemania, Suecia, Estados Unidos y Corea.

Después cambió la visión, y vi multitudes de hermanos latinoamericanos en un movimiento creciente, como niños entusiasmados. Dentro de mí percibí la voz de Dios que decía: “Ayuda a mi pueblo en Sudamérica a hacer misión. También a ellos quiero alcanzar esta corona”. Junto con estas palabras fueron renovadas mis fuerzas, mi fe y mi unción. Sé que la mayor bendición espiritual o material no es la que recibimos, sino la que damos.

A partir de esta experiencia, como iglesia hemos podido realizar muchos cultos misioneros, conferencias, proyectos y misiones en Cuba, Paraguay, Bolivia y muchos lugares de Argentina. Se abrieron puertas como nunca lo habíamos soñado. No todas las congregaciones se abren a la visión, pero las que lo hacen experimentan una renovación de su mente, como dice Romanos 12:2. Son cambiados en su mentalidad teológica, trasladados de una laguna de sal a la rivera de un río maravilloso como dice Ezequiel 47.

En Mateo 24 el Señor predice el desenvolvimiento de la historia cristiana. En los versículos 1 al 13 muchas señales negativas asustan y paralizan. Desde afuera: guerras, terremotos, pestes, etc.; desde adentro: seducción, traición y enfriamiento. Muchos movimientos cristianos a lo largo de la historia se transformaron en lagunas de sal.

Mas Mateo 24:14 nos da esperanza: habrá cristianismo verdadero, vivo, no solo teológicamente limpio. Este río se caracteriza por cumplir el mandato de Jesucristo de predicar el evangelio en todos los grupos étnicos de esta tierra. Sabemos que recién hemos puesto los pies en el borde del río. Dios nos dio pruebas de su fidelidad y bondad. Debemos avanzar los próximos mil codos.

Entonces, el Señor llamó nuestra atención a la necesidad de los aborígenes guaraníes Mbyá. Fue como si Él nos hubiera dicho: “Si ustedes no logran implantar un verdadero y permanente testimonio, una iglesia autóctona en este grupo étnico de los guaraníes Mbyá, vuestra visión de misión permanecerá en el nivel del deseo, del sueño de un niño”. La primera conferencia de Misión Guaraní se realizó en la iglesia Peniel, en Jardín América en 1997.

Fase Dos

Sucedió entre los años 2003 y 2013. El número de comunidades Mbyá registradas y permitidas en la provincia de Misiones aumentó de veinticinco a más de cien. Durante la “Fase Uno” y a pesar de una creciente frustración, Dios confirmó la visión de “hacer misión en y desde Argentina”, especialmente entre etnias menos alcanzadas, es decir, sin iglesias autóctonas.

La impotencia nos llevó a reconocer que no se puede lograr el objetivo de una iglesia “autóctona” sin obreros que dediquen su vida entera primeramente a aprender la cultura y el idioma Mbyá. En 2001 nuestra desesperada oración fue: “Dios, danos una pareja joven y algo de tierra cerca de las aldeas donde no puedan expulsarnos más”. Al cabo de dos meses, Dios respondió esta oración y llamó a una pareja joven, mientras unos amigos nos prestaron terrenos pegados a varias aldeas.

Aquella joven pareja de misioneros, Jorge y Marilina Kelm, escribieron lo siguiente: “Luego de casarnos en el año 2003, realizamos juntos la Capacitación Misionera Transcultural en Córdoba y decidimos renunciar a nuestra vida y dedicarla al Señor en la obra misionera para servir y acompañar al pueblo guaraní Mbyá, que es el menos alcanzado de nuestro país”. Para más información, se pueden visitar los videos del canal de YouTube “MGM, Misión Guaraní Mbyá”, programas cuatro al seis.

Adoptados como Misioneros por la iglesia de Virasoro, Corrientes, en el año 2005 nos mudamos a Cuñá Pirú comenzando la tarea pionera en la Misión Guaraní, viviendo en el contexto al lado de las comunidades. A partir del año 2008 conocimos a Erich Bertuzzi y el equipo misionero de la Iglesia del Centro (Rosario). Desde entonces nos apoyan junto con otras iglesias. Actualmente desarrollamos la revisión y adaptación de la Biblia en el idioma guaraní Mbyá con dos traductores de Wycliffe: Bob Dooley y Ralph Reed, y Rodolfo Senn como consultor.

Es el tercer año consecutivo que recibimos del CCMT alumnos, futuros misioneros, por tres meses para realizar la parte práctica o inmersión transcultural, de los cuales tres actualmente están en el equipo de misión guaraní.

Pedimos oración por el trabajo de revisión, por el crecimiento espiritual de los líderes Mbyá que estamos discipulando en diferentes aldeas de la provincia, por las aldeas que abren sus puertas al evangelio, por los encuentros de familias que realizamos una vez al mes con hermanos guaraníes de más de diez aldeas y por el proyecto del primer instituto bíblico en el contexto guaraní en Cuñá Pirú.

A continuación, un resumen de los sucesos más importantes en esta segunda fase:

 2002: Hicimos una oración decisiva para que Dios envíe una pareja joven de misioneros y a la vez podamos conseguir un terreno para las reuniones.

 2003-2004: Hicimos la preparación transcultural de los Kelm.

 2004: Tuvimos contacto con los Mbyá en Brasil, y junto con Manfred Weidh y Bob Dooley presentamos la Biblia Mbyá en Brasil.

 2004-2005: Edificamos la Casa de los Misioneros en el terreno MG.

 2005: Llegada del evangelista Mbyá, Brígido, desde Paraguay.

 2006: Edificación del albergue en el terreno MG.

 2007: Conseguimos agua para la comunidad de Cuñá-Pirú, donde también edificamos la Casa de oración.

 2013: Expulsión de Brígido y el proyecto de la comunidad de “Nueva Esperanza”.

 2015: Comienza la revisión de la Biblia “Mbyá” por el equipo Bob Dooley y Ralph Reed.

 2016: El puente, albergue, escuela y futuro instituto bíblico para Nueva Esperanza.

Fase Tres

Se dio en el período comprendido entre 2013 y 2021, y si bien la fase dos significaba una intensificación enorme del trabajo, la meta de una iglesia autóctona Mbyá no se realizó. Las expulsiones y desaparición de los creyentes seguían, quienes eran vistos como una minoría. En 2009 me había retirado del pastorado de la iglesia Elías y comencé prioritariamente a supervisar Misión Guaraní. La iglesia local Peniel, de Jardín América, me llamó nuevamente al pastorado.

El número de comunidades Mbyá en la provincia se multiplicó a más de doscientas. Nuevamente surgió una oración desesperada: una sola pareja de misioneros no podía promover un movimiento. Las iglesias en Argentina difícilmente envían misioneros para un ministerio a largo plazo, que aun después de tres a cinco años no pueden sustentar su propio pastor. “¡Señor, envíanos más misioneros!”.

A partir del 2014 comenzaron a llegar más misioneros para formar un equipo interdenominacional e intercultural. Desde Alemania vinieron los Friese (2014-2020), desde Bolivia vino Orfa, desde Perú llegó Lorena (2017-2021), desde La Rioja, Argentina, Daniel Martínez y Rafael Montivero, con su esposa Ivi. En ese momento esperábamos desde Mendoza a Daniel Lezcano y Mónica, que nos escribieron lo siguiente:

“Fuimos llamados al ministerio de misiones en el 2018. Nuestro corazón está puesto en el pueblo Mbyá guaraní, en la provincia de Misiones, Argentina. Hemos tomado capacitaciones transculturales y alfabetización. Nuestro anhelo es poder capacitar y discipular un grupo de nativos Mbyá para que ellos mismos puedan levantar una iglesia autóctona dentro de su pueblo, y sientan de esta forma el llamado a las misiones. Si Dios quiere, que misioneros salgan desde el pueblo Mbyá.

A partir del mes de marzo del año 2021 nos trasladaremos a Misiones desde Mendoza, que es nuestra ciudad natal. Hemos estado esperando este momento con muchas ansias y expectativas, y confiando en los pasos que el Señor nos va mostrando para dar.”

Este es un resumen de los sucesos más importantes en esta tercera fase, durante la cual los seminarios de “Transformación integral comunitaria” (“TIC”) han sido de gran importancia para nuestro trabajo:

 Junio 2016: Tuvimos un seminario de visión “TIC” en la iglesia Peniel, en Jardín América, con treinta participantes de dos aldeas Mbyá y dos iglesias.

 Septiembre 2017: Participamos de un nuevo seminario “TIC”, CDC 1 (Capacitación de Capacitadores), con veinticinco participantes de seis comunidades Mbyá y miembros de la etnia Qom.

 Noviembre 2017: Otro Seminario, CDC 2, con dieciséis participantes de cuatro comunidades y dos iglesias.

 Abril 2017: Cumplimos el sueño de muchos años y pudimos formar la fundación “MG, Misión Guaraní Mbyá”.

 Abril 2018: Tuvimos otro seminario CDC 1, con quince participantes de cinco comunidades, y tres misioneros.

 Marzo 2019: Hicimos un nuevo seminario lingüístico llamado “Letra”, para el aprendizaje del Mbyá. Con 5 mentores Mbyá nos ha dado otra herramienta sumamente importante.

Pedimos a Dios en este año 2021 poder terminar con la traducción del Nuevo Testamento en Mbyá y el comienzo de un instituto bíblico para futuros líderes Mbyá. Rogamos nos acompañen en oración, intercediendo por el nacimiento de una iglesia autóctona Mbyá en la provincia de Misiones.

Agradecimientos

Agradecemos que ya no estamos solos, sino que varias otras instituciones apoyan, cooperan o tienen un acuerdo con nosotros como:

 IEPyM (Iglesia Evangélica Pentecostal y Misionera).

 Iglesia “Peniel” de Jardín América.

 Iglesia Bautista de Aristóbulo Del Valle.

 Iglesia Bautista de Rosario.

 Iglesia de los Libres de Mendoza.

 Iglesia FCG Aachen de Alemania.

 Iglesia Arche de Hamburgo, Alemania.

 Velberter Mission Alemania.

 Embajadores Médicos.

 IDD (Iglesia de Dios), de Virasoro.

 Iglesia Luz a las Naciones, de Virasoro.

Responsables de la Fundación Misión Guaraní Mbyá:

Presidente: Olaf Smolich

Mail: smolicholaf@gmail.com

Teléfono: +54 9 3756-465032

Secretario: Jorge Kelm

Mail: jormarkelm@yahoo.com.ar

Teléfono: +54 9 3743 435529

Canal de YouTube: MGM Misión Guaraní Mbyá.

Olaf Smolich nació en Berlín, Alemania. Estudió en la Facultad Católica de Aachen. Está casado con Gladys Menge y tienen una hija, Hadassa, quien les ha alegrado la vida con tres nietos. Fue misionero en Brasil (1976-1979), fundador de la iglesia Peniel en Jardín América (1982-1998), pastor en Virasoro, Corrientes (1998-2009), supervisor de Misión Guaraní (desde 2005) y presidente de la Fundación Misión Guaraní Mbyá (desde 2017).

Email: smolicholaf@gmail.com

WhatsApp y Telegram: +54(3756)46-5032


El Dios de la felicidad

La felicidad no se encuentra en lo externo, sino solamente en Dios: Él es la felicidad.

Por la pastora Angélica Castillo de Rosas

¿Felicidad? ¿Qué es felicidad? ¿Existe la felicidad? Y si es que existe, ¿dónde la busco? ¿Cómo la encuentro? Todas estas preguntas estallaban en la mente de Mara después de leer un titular en la revista que hojeaba, el cual decía: “¡Compra tu casa con nosotros y encuentra la felicidad!” Pero después de unos segundos, arrojando la revista al piso exclamó en voz alta: ¡La felicidad no existe!

Mientras estaba sentada en ese viejo sofá, se quedó con la mirada perdida dando rienda suelta a sus pensamientos, los cuales se volcaron como un torbellino de recuerdos tristes, desoladores, con imágenes de aquellos momentos desagradables que aparecieron como una bomba estallando en sus entrañas: la traición de su esposo después de casi 20 años de matrimonio que partió su corazón, la tristeza dibujada en el rostro de sus dos hijos, traía una vez más esos sentimientos de desilusión, ira y frustración, acompañados de impotencia y soledad.

De pronto, escuchó que alguien tocaba a la puerta, abruptamente volvió en sí, limpiando las lágrimas que sin darse cuenta habían rodado por sus mejillas. Se levantó, con mucha cautela, se asomó por la ventana, aunque apenas movió un poco la cortina para no ser vista.

¡Mara! –gritaba una mujer desde afuera.

¡Lo que me faltaba! –exclamó Mara para sus adentros.

Mara se volvió a sentar quietamente hasta que aquella mujer se fue. Su nombre era Lizy, quien después de varios intentos de llamar a la puerta, se dirigió a su auto y se fue.

Lizy había sido la mejor amiga de la secundaria de Mara, mantuvieron comunicación por algún tiempo, pero se perdieron la pista por varios años y hacía apenas unos meses que se habían reencontrado. Las dos habían estado muy contentas, gastaron largas horas en llamadas para ponerse al día, se contaban una a la otra qué había sido de sus vidas en esos últimos años. En una de esas interminables pláticas acordaron verse un día.

Entonces Mara comenzó a recordar que, aunque moría de ganas por ver a su amiga, al mismo tiempo no quería hacerlo ya que le parecía que Lizy tenía la vida perfecta a diferencia de ella, quien sentía pena por sí misma y vergüenza por su reciente divorcio. Aun así, y después de mucha insistencia por parte de Lizy, se vieron en un café donde platicaron por largas horas.

¡Fue un gran día!, pensó Mara con un largo suspiro, se recostó en el viejo sofá y recordó la alegría que sintió cuando volvió a ver a su amiga, revivió la emoción de ese caluroso abrazo que se dieron después de tantos años y el cariño que el tiempo no había podido menguar en absoluto.

Una pequeña sonrisa apareció cuando recordó su eufórico encuentro en la cafetería, a tal grado que los comensales voltearon a verlas, y eso no les importó. Pero la sonrisa y alegría que expresaba el rostro de Mara fue disminuyendo a medida que recordaba el gran estilo de vida que tenía Lizy, la ropa tan elegante que vestía y sus hermosas zapatillas color rosa que combinaban perfectamente con su bolsa. A Mara le parecía que su amiga había salido de un aparador.

¡Yo nunca podría verme así!, pensó en voz alta Mara. Es más, ni trabajando horas extras por un año podría comprarse una bolsa como esa. Mara continuó recordando el momento cuando miró el reloj y le dijo a su amiga que tenía que volver a casa, entonces Lizy le preguntó si tenía auto.

Mara sintió como un balde de agua fría. “No, no tengo, pero ahorita todavía encuentro transporte”, respondió sintiendo una especie de humillación y tristeza al pensar que no tenía el estilo de vida de su amiga.

- ¡Yo te llevo! –inmediatamente le dijo Lizy.

- ¡No, gracias, no te preocupes! –replicó Mara.

- ¡No dejaré que mi mejor amiga se vaya a esta hora sola! ¡Vámonos, te llevo! -insistió Lizy.

Mara terminó por aceptar la oferta de su amiga y para terminar de sorprenderse, el auto más bonito de los que estaban ahí era el de Lizy. Desde la perspectiva de Mara, y a pesar de que sentía un cariño sincero por Lizy, se sintió infeliz y menospreciada, asumiendo que Lizy era muy feliz. Después de ese día Mara dejó de contestar sus llamadas.

Por otra parte, Lizy se había sentido muy contenta de haber visto a su amiga, también sentía un gran aprecio por ella, pero a diferencia de Mara, ella ni se percató del tipo de ropa o zapatos que vestía; toda la atención de Lizy estuvo en la alegría de volver a ver a su mejor amiga y recordar tantas cosas que vivieron juntas.

Recordaba las travesuras que le hicieron al maestro de matemáticas en segundo grado, los apodos que tenían sus compañeros, la última excursión en tercer grado donde hicieron su pacto de amistad para jamás olvidarse; tantos y tantos recuerdos que brotaron de sus memorias en ese café hicieron que el tiempo transcurriera como un dulce parpadeo.

Verdaderamente Lizy disfrutó al máximo esos momentos con su amiga, quien exclamó con un tono de añoranza: - ¡Éramos felices!

- ¡Sí, éramos muy felices! –Después de una breve pausa preguntó Lizy- ¿Y ahora? ¿Eres feliz Mara?

- ¡La felicidad no existe! ¡Ésta es la vida real amiga! –dijo Mara con un tono muy seco y firme.

- ¡Pues yo sí que estoy un poco feliz ahora, después de mucho tiempo!

Pero Mara pensó que se trataba por su encuentro y no quiso preguntar más. Lo que no se enteró, aunque lo haría después, fue que esa noche cuando Lizy llegó a su casa, algo inesperado apagaría esa felicidad.

Pasaron algunas semanas después de su reencuentro en las cuales Lizy le estuvo llamando a Mara con mucha insistencia, pero sin éxito y poco a poco fue desistiendo hasta que dejó de buscarla. Mara ignoraba que Lizy quería verla para contarle lo que le había sucedido. Esta era la razón por la que Lizy había tocado la puerta de Mara una vez más, esa tarde en que Mara sumida en su depresión no logró ver la tristeza que embargaba el rostro de su amiga.

Después de varios meses, Mara seguía sumergida en sus propios problemas, lidiando con una hija adolescente que cada día era más rebelde y quien le exigía ropa de marca, inconsciente de que su mamá estaba batallando por encontrar un trabajo, lo cual a su edad y sin experiencia no le había sido fácil; ya llevaba tres empleos en el último año y culpaba a todos por sus fracasos, pensaba que todos estaban en su contra. Realmente Mara estaba sumergida en un océano de desprecio por ella misma y una enorme ausencia de autoestima.

Un domingo cuando regresaban a casa de la iglesia, Mara estaba enojada, renegando de todo y maldiciendo su situación. Minutos después, cuando estaban sentados a la mesa, cambió el tono de voz e hizo una breve oración por los alimentos. Luego, regresó ese tono molesto al contestarle a su hijo quien le preguntó: - ¿Por qué estás enojada mami?

- ¡Cómo no voy a estar enojada si me regañaron por volver a llegar tarde, son unos desconsiderados, como si no supieran que Dios no me ha querido dar un auto!

Cambiando un poco a un tono burlón, continuó diciendo- ¡Ah, pero no fuera la hermanita Lolita porque a ella no le dicen nada! ¡Claro, porque ella es del grupo preferido del pastor, por eso la pusieron de líder! –Se quedó pensando por unos segundos y continuó: - Me cae mal porque aparenta felicidad con su sonrisa hipócrita. Su hija asintió: - Tienes razón mamá, esa hermana es una hipócrita al igual que su hija, me cae muy mal, es una presumida.

Desafortunadamente todo lo que salía de la boca de Mara estaba impregnado de amargura. Lo que no se había dado cuenta era que ella misma estaba contaminando a sus hijos. Cuando terminaron de comer tocaron a la puerta y el hijo de Mara corrió para abrir.

- ¿Está tu mamá? –preguntó una voz dulce.

- ¡Sí! –respondió el niño.

Mara se asomó para ver quién era y, para su sorpresa, vio a su amiga Lizy en la puerta. Un poco sorprendida y apenada la invitó a pasar y mientras tomaban té, Lizy le contó: - Resulta que aquella noche cuando nos vimos en aquel café, tenía apenas unas semanas de embarazo y una gran esperanza de que por fin ese bebé sí se lograra, para darnos la felicidad que tanto estábamos buscando.

Lizy y su esposo tenían buenos trabajos, económicamente tenían una vida holgada, pero tenían un vacío que les hacía sentirse infelices, además de la presión familiar y social que los abrumaba, lo cual en los últimos años había desgastado su relación en la búsqueda obsesiva por especialistas y tratamientos que, en lugar de ayudar, los había distanciado cada vez más el uno del otro.

- ¿Y qué sucedió? –preguntó Mara con inquietud.

- Pues, lo que me temía, esa noche se fue mi sueño, se desvaneció mi última esperanza, ya que el médico nos había dicho que sería el último intento, pues mi vida estaba en peligro–conteniendo las lágrimas, continuó- ¡Me sentí la mujer más infeliz de la tierra!

- ¡Cuánto lo lamento Lizy! ¡Perdóname por favor!, ¡Perdóname, por no contestar tus llamadas! –Con los ojos llenos de lágrimas, Mara se disculpaba con mucha vehemencia.

- No te preocupes amiga, todo quedó perdonado– Con una sonrisa y un fuerte abrazo Lizy continuó- Los primeros días mi esposo y yo nos sentimos devastados, nada nos consolaba, ni siquiera las oraciones del pastor–Guardó silencio unos segundos y con la voz quebrada continuó- Incluso me enojé con Dios, le grité y le reclamé, le pregunté por qué nos hacía esto, culpándolo por mi desgracia, pero no obtuve respuesta en ese momento, y pienso que si me la hubiera dado, de todas maneras no lo habría escuchado.

- ¿Y cómo estás ahora? –preguntó Mara tiernamente sosteniendo sus manos entre las suyas.

- ¡De eso quiero hablarte precisamente! ¡Mi esposo y yo tuvimos un encuentro con el amor de Dios y pudimos conocerlo y aceptarlo como nuestro Padre! – Al hablar, sus ojos destellaban una paz celestial- ¡Hemos aprendido a confiar y descansar en Él como sus hijos!

- ¡A ver, a ver, espérame!, desde que nos conocimos ya éramos cristianas, por eso nos hicimos amigas, ¿cómo es que ahora me dices que acabas de aceptar a Dios como Padre?

- Todos estos años sólo tuve una religión llamada “cristianismo”, pero no conocía realmente a Dios. Mi esposo y yo nos tomamos el tiempo para sumergirnos en su Palabra, estudiando, buscando la verdad, y como dijo Jesús: “el que busca encuentra”, ¡Nosotros la encontramos! La verdad es que Dios es un buen Padre que no da piedras a sus hijos que le piden pan, aprendimos que Dios no es quien manda enfermedad o tragedias a sus hijos, ni siquiera para corregirlos. Nos dimos cuenta de que estuvimos buscando la felicidad equivocadamente.

Lizy continuó muy emocionada - Te voy a compartir lo que descubrimos: la palabra “feliz” es un sinónimo de “bendito” y pude entender que Dios siempre ha querido que seamos felices ya que recordé cuando le dijo a Abraham “Te bendeciré” y “serás bendición”, también le dijo: “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra”; en otras palabras, le estaba diciendo: “Te haré feliz, serás felicidad y las familias que procedan de ti serán felices”.

También mi esposo descubrió un texto que dice: “…con el glorioso mensaje evangélico que me ha confiado el Dios de la felicidad” (1 Timoteo 1:11, PHA) y entendimos que, al tener a Dios, teníamos la felicidad, ¡Solamente Dios puede dar verdadera felicidad!

- ¿El Dios de la felicidad? –preguntó con asombro Mara.

- ¡Sí!, solo que algunos no se han dado cuenta y la están buscando afuera, como yo, o como tú. –Concluyó Lizy- ¡Yo decidí vivir esa felicidad!, ¡No por lo que tengo sino por lo que soy! ¡Soy hija del Dios de la felicidad! Mara, tú eres muy bendecida porque tienes a Dios, tienes salud, tienes hijos, pero, no pareces ser feliz, Mara ¿quieres ser feliz?

Mara le respondió: ¡Claro! pero ¿cómo?

- ¡Yo te voy a ayudar! –respondió Lizy con mucho entusiasmo.

Después de ese día Lizy estuvo compartiendo con Mara y sus hijos todo lo que había estado viviendo, ayudándoles, por medio de las Escrituras, a conocer realmente al Padre amoroso que Dios es.

Al poco tiempo Mara comenzó a valorar y a agradecer a su Padre Eterno todo el amor y cuidado que había tenido con ellos. Ese amor sanó su corazón y le enseñó a experimentar poco a poco la felicidad que sólo hay en Él.

Existen muchas Maras que se sienten infelices por no tener esto o aquello, también hay otras tantas Lizys que creen que la felicidad se las puede dar “alguien”, llámese hijo, novia o esposo, pero la felicidad no se encuentra afuera, la felicidad se encuentra en Dios, Él es la felicidad, por eso: ¡Felicidad comienza con FE porque sin FE es imposible vivir la verdadera felicidad!

Angélica Janet Castillo Arenales nació en la Ciudad de México, contrajo matrimonio con Alfredo Rosas Castro, originario de la ciudad de Veracruz, en 1992. Juntos fundaron la iglesia “ROCA: Centro de Avivamiento Mundial” en la ciudad de México donde pastorean desde 1993. Procrearon tres hijos llamados Jedidías, Alfredo y Hepsiba quienes, por la gracia de Dios, lo aman y le sirven. También es presidenta del “Centro de Respuestas y Solución Integral Familiar Club de Valores la Familia A. C.”

Email: angie.rosas2811@gmail.com

Teléfonos: + 55-2271-2773 y +55-5369-6254

Facebook: Pastora Angélica Castillo de Rosas


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Release date on Litres:
22 October 2025
Volume:
284 p. 41 illustrations
ISBN:
9789874802170
Copyright Holder::
Bookwire
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